Incendios forestales

Cortafuegos. Catástrofes ambientales. Quemas agrícolas. Pirómanos. Caza. Vandalismo. Impacto paisajístico. Pistas forestales. Negligencias

  • Enviado por: Zanta Bárbara
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Incendios forestales

Sydney se ahoga entre el humo y fuego (31- XII-02)

Sydney vive una situación límite asediada por un denso humo que cubre toda la ciudad como consecuencia de los pavorosos incendios que arrasaron seís días antes, los bosques limítrofes.

Los cortafuegos preparados para frenar el avance del incendio que arrasó al estado de Nueva Gales del Sur, resistieron el primer embate del temido cambio en la dirección del viento.

Sin embargo, los aproximadamente 15.000 bomberos y voluntarios que participaron en las labores contra los incendios, avisaron de que el incendio <<aún está descontrolado>> . Con lo que quieren estar preparados para cualquier eventualidad.

Nueva Gales del Sur ha perdido estas navidades miles de hectáreas de bosque y con ellas un número indeterminado de animales de granja. Además de las costosas pérdidas en el ganado se produjo la catastrófica desaparición de miles de animales salvajes, como los emblemáticos canguros, las zarigüeyas y los ulabíes, que solamente habitan en Australia en estado salvaje.

El mayor fuego de Australia amenaza el corazón de Sydney (2-I-02)

Los violentos incendios forestales que rodean Sydney desde la pasada Nochebuena se situaron ayer a unos escasos 15 kilómetros del centro de la ciudad australiana. El fuego se sigue multiplicando y ayer llegó a superar las barreras de contención, impulsado por los fuertes vientos, de hasta 80 kilómetros por hora y por el intenso calor, con temperaturas de hasta 30 grados.

Estas condiciones meteorológicas que, según los expertos, se repetirán en los próximos días, provocaron ayer la aparición de un nuevo foco del incendio que complica aún más la labor de los Servicios de Bomberos.

Veintiún detenidos, 14 de ellos menores, por provocar los incendios que asolan Australia. (3-1-02)

La Policía australiana ha detenido a una veintena de sospechosos, 14 de ellos niños y adolescentes, como presuntos causantes de los incendios declarados en Australia.

Miles de personas fueron evacuadas a causa de las llamas, que arrasaron viviendas y prosigue su avance hacia Sydney, pese a los esfuerzos de 20.000 bomberos y voluntarios. Nuevos focos se sumaron a los existentes, mientras que el fuego, que avanza desde el norte, se acerca a la ciudad.

En el sur, las llamas se introdujeron en Sussex Inlet, a cien kilómetros de Sydney, destruyendo residencias y provocando el caos.

El incendio de Australia ha arrasado ya medio millón de hectáreas y 170 casas (4-1-02)

La ciudad de Sydney vivió ayer otra madrugada de pánico por el fuego que arrasa el sureste de Australia desde la pasada Navidad. Ya son cerca de 500.000 hectáreas de bosque y matorral destruidas y unas 170 viviendas destruidas en un desastre ecológico que las autoridades consideran como el mayor incendio de la historia de Australia.

Aunque no ha habido que lamentar víctimas mortales, las destrucciones provocadas ayer elevaron a 70 millones de dólares australianos (unos 40 millones de euros) el coste provisional del siniestro.

CAUSAS DE LOS INCENDIOS FORESTALES

Analizando los datos referentes a causalidad de incendios publicados desde el año 1986 hasta 1999 en la faz mundial, observamos que alrededor del 80% son causados por el ser humano, bien de forma intencionada o bien por negligencia. Del 14% de los incendios se desconoce su causa y el 3% tienen su origen en los rayos.

Más de la mitad de los incendios son intencionados, es decir, tienen su origen en la utilización deliberada del fuego por parte del ser humano. Una sexta parte de los siniestros son por causas desconocidas, que en muchos casos pueden ser también intencionados. El resto de los casos se deben básicamente a negligencias y, en menor medida, a incendios reproducidos y a rayos, la única causa de origen natural, aunque en ocasiones propiciados por la existencia de tendidos eléctricos aéreos.

A continuación se estudian las principales motivaciones de los incendios intencionados.

Quemas agrícolas

Las quemas agrícolas suponen entre el 35 y 40 % de los incendios intencionados cada año. Estas prácticas se realizan para eliminar los restos (rastrojos) de las cosechas ya segadas y recogidas, y así facilitar la preparación del suelo para la siembra de la siguiente temporada. Estas quemas no benefician en nada al suelo sino todo lo contrario al contribuir a su progresivo empobrecimiento.

Tan sólo facilitan la labor de la maquinaria agrícola en la preparación del suelo.

Los cultivos de almendro, olivo y viñedo suelen estar lindando con masas forestales y el hecho de que cada vez estén, en mayor medida, en manos de agricultores a tiempo parcial es un factor que incrementa el riesgo de incendio. Las principales razones para justificar este hecho son que los nuevos agricultores poseen menor cultura del uso del fuego y de las precauciones que deben tomarse al emplearlo, además de que realizan las quemas cuando tienen tiempo (fines de semana) y no cuando las condiciones metereológicas lo permiten.

Los incendios provocados por quemas agrícolas son más numerosos en primavera, durante el mes de marzo, y a finales de verano y principios de otoño, en los meses de septiembre y octubre.

Quemas para obtención de pastos

Las quemas en zonas de pastoreo se producen para favorecer el desarrollo de herbáceas tras la eliminación de vegetación leñosa, normalmente matorral espeso, en zonas a las que el ganado no puede acceder debido al desarrollo de dicha vegetación. Suelen estar asociados a zonas de ganadería extensiva de ovino, caprino y vacuno. Tras un incendio el rebrote de tallos tiernos y el desarrollo de herbáceas que aprovechan la fertilidad temporal del suelo supone un buen pasto para el ganado. Estos incendios son más frecuentes en primavera y finales de verano pero, si las condiciones meteorológicas lo permiten, pueden darse en cualquier época del año. Estas prácticas ocasionan cada año entre el 35 y el 40% de los incendios intencionados, porcentajes similares a los de las quemas agrícolas.

Se trata de incendios especialmente dañinos, al afectar a áreas naturales, ocupadas por matorral o bosque, por lo que su recuperación puede implicar bastantes años. Además, estas prácticas suponen el estancamiento e incluso la involución en el desarrollo de los ecosistemas afectados, especialmente si se realizan de forma reiterada en una misma superficie.

Pirómanos

La actuación de pirómanos, entendiendo como tales a personas con alguna alteración psíquica, supone alrededor del 15% de los incendios intencionados.

Caza

Los conflictos relacionados con la caza suponen el 6% de los incendios intencionados. En unos casos estos incendios se provocan por estar en contra de los acontecimientos de caza o por discusión de lindes entre cotos, mientras que otras veces se emplean para facilitar la caza.

Daños producidos por animales

Estos incendios se provocan para ahuyentar animales que producen daños en los ganados o en los cultivos, y suponen alrededor del 2% del total de los incendios intencionados. Hay algunas áreas donde estos incendios adquieren una cierta importancia, al ir dirigidos hacia las zonas de bosque y matorral, que sirven de refugio a estas especies.

Otras causas

Dentro de otras causas, que suman el 7 % del total de los incendios intencionados, se incluyen, entre otras, las siguientes:

-Venganzas.

-Vandalismo.

-Incendios de masas forestales con el fin de obtener luego la madera a bajo precio.

-Obtención de la recalificación urbanística de suelos que por su valor natural se mantienen con la calificación de suelo no urbanizable.

-Obtención de la modificación en el uso del suelo (de forestal a agrícola).

-Disensiones en cuanto a la titularidad de los montes públicos o privados.

EFECTOS DE LOS INCENDIOS FORESTALES

El problema de los incendios forestales reviste una gravedad extrema, tanto por su magnitud como por las consecuencias que de ellos se derivan. Los incendios forestales, aparte de producir enormes daños ambientales por la destrucción de la cubierta vegetal, la muerte o huida de miles de animales, la pérdida de suelo fértil y el avance de la erosión, suponen también todos los años la pérdida de vidas humanas y grandes daños en explotaciones, cultivos y viviendas. Las pérdidas económicas y las fuertes inversiones necesarias para paliar los efectos de los incendios son otras de las consecuencias.

A continuación se describen con más detalle las principales consecuencias de los incendios.

Efectos ambientales

Son varios los efectos ambiéntales que se derivan de un incendio: destrucción de la masa vegetal, desaparición de ecosistemas, pérdida y/o emigración de fauna, procesos erosivos, alteración del ciclo hídrico, aumento de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y desertificación.

  • Impacto paisajístico y pérdida de masa vegetal. Atendiendo a sus implicaciones ecológicas , el efecto más fácilmente apreciable tras un incendio forestal es la pérdida de calidad paisajística debido a la destrucción de la cubierta vegetal y a una evolución de ésta hacia series regresivas. La supresión de la vegetación inicia un ciclo de alteraciones que desemboca en disminución de diversidad , merma de hábitats y aparición de procesos erosivos.

  • Afección sobre la fauna. El efecto inmediato de los incendios forestales sobre la fauna es la muerte de aquellos animales que no pueden escapar del fuego, como: insectos, invertebrados, vertebrados menores, crías con escasa movilidad, así como grandes herbívoros y carnívoros atrapados entre el fuego y las alambradas o mallas cinegéticas. Otra consecuencia es la migración, bien definitiva de larga duración, de la fauna que habita el espacio incendiado y la ruptura de la cadena trófica por ausencia de estrato vegetal.

  • Otro efecto muy negativo para la fauna silvestre, derivada de los incendios forestales es la pérdida de pastos naturales. Como resultado de ello, las especies de herbívoros se ven obligadas a pastar en cultivos agrícolas. Esta situación es grave, no tanto cuantitativamente por el valor de los daños, sino porque alienta entre los propietarios agrícolas el sentimiento de acabar con la presión sobre sus tierras exterminando a esos animales.

  • Efecto sobre el suelo. El efecto sobre el suelo viene determinado por una mineralización acelerada de sus componentes ,un enriquecimiento en bases y en consecuencia una elevación del pH; en resumen ,una alteración de la estructura edáfica y un aumento considerable del riesgo de degradación, ya que se hace más erosionable. Además la pérdida de la cubierta vegetal implica la desprotección del suelo y el aumento de la escorrentía superficial, facilitando los procesos y las pérdidas por erosión.

  • Alteración del ciclo hídrico y de los cursos del agua. Como consecuencia de la pérdida de suelo ,se altera drásticamente el ciclo hídrico. La infiltración disminuye y , con ello, menguan las reservas hídricas subterráneas (que constituyen los acuíferos de los que depende buena parte del consumo agrícola y urbano). Asimismo, al reducirse la infiltración de agua en el suelo, se incrementa notablemente la escorrentía, acentuando su efecto erosivo, siendo responsable en buena medida de las crecidas que se producen después de fuertes lluvias torrenciales en arroyos y vaguadas, con gran arrastre de materiales sólidos.

  • Por otro lado, el arrastre de áridos y arcillas hacia los ríos incrementa la turbidez, afectando gravemente a los hábitats y especies piscícolas y originando ,en algunos casos, la generación de importantes depósitos de sedimentos en los cauces y desembocaduras.

  • Aumento en las emisiones de dióxido de carbono: En el proceso de combustión de la materia orgánica, durante un incendio forestal, se desprenden dióxido de carbono, metano y partículas sólidas en suspensión. Se estima que en los períodos en los que los incendios forestales alcanzan mayor intensidad, las emisiones de CO2 pueden llegar a un 5% del total de las que se producen en la totalidad del Estado por la acción humana. Estas emisiones contaminantes producen daños ambientales evidentes, contribuyendo al efecto invernadero y, por tanto, al cambio climático.

  • Efectos sociales

    Además de las consecuencias ambientales, los incendios, tienen una importante y negativa repercusión social. El trabajo de extinción de incendios forestales es una actividad de riesgo que todos los años es causa de accidentes mortales. El riesgo del personal que interviene en la extinción es generalmente alto, como consecuencia del elevado número de incendios que se producen y ,sobre todo, como consecuencia de las condiciones extremas en las que se desarrolla su trabajo.

    Pero las víctimas de los incendios no sólo se encuentran entre el personal de lucha contra incendios. También afecta a personas ajenas a la extinción pero que quedan atrapadas por el fuego. En numerosas ocasiones, estas víctimas ajenas a la extinción, son personas de edad avanzada que fallecen por infarto o por inhalación de humo al tratar controlar el fuego que ellos mismos originan al eliminar restos de cultivo.

    En general, los accidentes mortales del personal que interviene en la extinción se pueden clasificar en cuatro grupos según la causa a la que pueden ser atribuidos

    • Accidentes por deficiente preparación física de los combatientes.

    • Accidentes por no utilización del equipo personal de protección o por utilización incorrecta.

    • Accidentes por desconocimiento del comportamiento del fuego.

    • Accidentes por desconocimiento del terreno.

    Efectos económicos

    A los efectos ambientales y sociales de un incendio, hay que añadir toda una serie de implicaciones más o menos cuantificables de orden económico. Después de un incendio, se produce la pérdida de importantes recursos naturales directos e indirectos. Para estimar estas pérdidas económicas se valoran las pérdidas en productos primarios como productos maderables, leñas, corcho, resinas, frutos, pastos, caza y pesca.

    a)Pérdidas en productos primarios.

    Los productos maderables incluyen las masas arbóreas con aprovechamiento comercial en el momento del incendio y las que todavía no habían alcanzado la madurez.

    Las pérdidas en leñas de copas se estima como un porcentaje de las pérdidas en madera. Las leñas de matorral y monte bajo se valoran por la depreciación que sufren en el incendio.

    Los pastos se valoran de acuerdo con el lugar, cabezas de ganado que lo aprovechan, precio anual a efectos de arrendamiento, etc. Si se encuentran mezclados con arbolado y es preciso acotar la zona después del incendio para favorecer la regeneración de aquél, se suma al valor de los pastos existente en el momento del fuego y el valor actual de las rentas que no se van a percibir por efectos de acotamiento.

    Las pérdidas en aprovechamientos cinegéticos se derivan de la pérdida de hábitats. Su destrucción obliga a emigrar a los individuos que poblaban determinada zona, al suprimirles el alimento que aprovechaban y el refugio que encontraban en ella.

    Los daños producidos por los incendios a la pesca se derivan de las variaciones en el régimen hidrológico de los cursos de agua por alteración de la cubierta vegetal y de la modificación de la composición de las aguas por los aportes de cenizas.

    b)Pérdidas en beneficios ambientales.

    Dada la complejidad de las funciones ambientales del monte la valoración se hace sobre modelos simplificados en los que se tienen en cuenta efectos fácilmente cuantificables. Unas de las acciones del monte que se valora es la función protectora, y para ello se mide la capacidad en metros cúbicos de los embalses. La pérdida de masa vegetal en las cuencas protectoras favorece el aterramiento de los embalses.

    Por otro lado, también se valoran las pérdidas derivadas de la no utilización del monte quemado con fines recreativos.

    SOLUCIONES

    1.Cortafuegos:

    La finalidad de los cortafuegos es introducir discontinuidades artificiales en masas vegetales, de manera que se dificulte el avance del fuego, disminuya su velocidad y facilite el acceso de las cuadrillas terrestres al incendio. Generalmente los cortafuegos se realizan con maquinaria pesada siguiendo la línea de máxima pendiente en los montes. Así, la apertura del cortafuegos conlleva la eliminación de todo tipo de vegetación y la remoción de las capas superficiales del suelo en una franja de terreno de varios metros de ancho.

    La oposición que se ha manifestado contra este tipo de infraestructuras se debe a que los cortafuegos constituyen importantes vías de erosión, al eliminar cualquier tipo de vegetación en una amplia franja de terreno con fuerte pendiente producen un gran impacto paisajístico. Sin embargo, su eficacia se ha puesto en duda numerosas veces desde el sector ecologista y, en ocasiones, por los propios técnicos forestales, ya que es frecuente que un fuego intenso salte con facilidad las fajas cortafuegos. Además crean una falsa sensación de seguridad convirtiéndose, en algunos casos, en auténticas trampas para el personal de extinción.

    Aunque la construcción de cortafuegos pueda ser necesaria en las masas artificiales monoespecíficas de repoblación, especialmente en los cultivos forestales, también es cierto que en zonas donde su eficacia es bastante dudosa se realizan sin valorar los posibles perjuicios que puede acarrear. Además, habría que tener en cuenta que en la mayoría de los montes existen suficientes infraestructuras, como carreteras o pistas, que manteniéndolas en buenas condiciones podrían funcionar como cortafuegos sin necesidad de abrir nuevos trazados. Igualmente, muchas formaciones vegetales pueden funcionar como cortafuegos al crear discontinuidades naturales y seminaturales, como por ejemplo cauces, zonas pedregosas, cultivos, praderas, etc.

    Dado que la mayor capacidad de ignición y propagación del fuego esta en las masas monoespecíficas de repoblación, una alternativa a la apertura de cortafuegos sería la realización de aclareos. Una vez creada la primera etapa de creación del suelo, la apertura de claros entre estas masas posibilitaría la aparición de otras especies, al entrar luz en el suelo del bosque.

    Por otro lado, la forma de evitar los efectos erosivos tan negativos de los cortafuegos, sería mantener una cubierta vegetal herbácea que sirviera de zona de pasto, de manera que no obstaculizase la acción de los cortafuegos, pero, a su vez, se redujeran los efectos erosivos de los mismos.

    2· Pistas forestales:

    Se justifican por el hecho de que sirven para llegar con mayor facilidad y rapidez a los incendios forestales. Sin embargo, también facilitan la penetración de personas en los bosques con lo que se incrementa su degradación, las molestias a la fauna y aumenta el riesgo de incendios, ya que el 55% de los incendios se originan junto a los caminos.

    Al igual que con los cortafuegos, el problema de las pistas forestales es que se abusa de ellas. Su apertura no siempre esta justificada ni evaluados los daños que su construcción puede provocar, especialmente sobre la fauna. En algunos casos, la influencia de algunos sectores sociales sobre la administración empuja a esta a consentir la apertura de pistas en zonas altamente sensibles.

    Una forma de evitar este tipo de actuaciones sería obligar a los propietarios de los montes a realizar planes de ordenación en los que se incluyera la justificación de la apertura, tanto de pistas forestales como de cortafuegos. Además estos proyectos deben de ser sometidos al procedimiento de evaluación de impacto ambiental.

    3· Limpias de matorral y monte bajo:

    Las limpias tienen por objetivo eliminar los restos de matorral y monte bajo que puedan ser fácilmente inflamables. Sin embargo, estas prácticas pueden ser problemáticas, ya que después de efectuadas desaparece el sotobosque que protege de la erosión y de un exceso de insolación al suelo. Este tipo de prácticas producen un impacto ambiental considerable, reduciendo la biodiversidad, artificializando los bosques y, en definitiva, convirtiendo los montes en paisajes que se asemejan más a cultivos forestales que los bosques que pudieran ser originalmente.

    Es cierto que los incendios forestales se propagan con mayor facilidad en un monte cubierto de vegetación que en un monte limpio, pero el matorral y monte bajo cumple unas funciones ecológicas muy importantes. Además, si no existiera una mano, en la mayoría de los casos, que prendiera ese matorral, por si solo no ardería. Por tanto, el matorral no es la causa de los incendios y aunque algunas zonas si deben de ser aclaradas, no debe convertirse en una práctica preventiva generalizada.

    Estas limpias deben reducirse solo a fajas longitudinales que discurrieran en paralelo a las carreteras, vías férreas, caminos y pistas forestales ya existentes, de forma que se disminuya la posibilidad de inicio de incendios.

    4· Construcción de depósitos de agua:

    La construcción de depósitos de agua es importante para acceder de forma rápida a este elemento. Aún así hay que cuidar el lugar donde se ubican y eliminar los restos amontonados de excedentes y demás materiales utilizados en su construcción.

    SOLUCIONES PUNTUALES A CADA CAUSA DE INCENDIO

    Actualmente la mayoría de las actuaciones englobadas dentro del término prevención no son preventivas, ya que no inciden sobre las cartas de los incendios. La verdadera prevención consiste en evitar las causas que originan los incendios, no en intentar controlar uno ya hincado que sería extinción. Cuando el 90% de los incendios tienen su origen en causas humanas, la prevención estriba en conocer el origen de los incendios, actuar sobre las causas que los motivan y así evitar que se produzcan, y sancionar a los responsables de acuerdo a la gravedad del siniestro.

    Para atajar las causas, es necesario conocer en cada zona cuales son los principales motivos por los que se queman los montes. Por ello, las diferentes administraciones competentes deberían dotar de los medios económicos y humanos a los cuerpos que se encargan de estas tareas, los agentes forestales y, en algunas zonas, la policía autonómica. Asimismo, debería incentivarse la formación de los agentes encargados de la investigación a través de cursos de formación.

    Es imprescindible que exista una auténtica colaboración y cooperación entre diferentes administraciones y cuerpos competentes en la investigación de las causas para optimizar al máximo los resultados.

    Una vez conocidas las causas, habría que tomar las medidas adecuadas para evitar que se ocasionen. Si actualmente más de las dos terceras partes de los incendios intencionados se inician por quemas agrícolas y para obtención de pastos, se hace imprescindible y prioritario atajar directamente estos dos problemas.

    A continuación se desarrollan las medidas que para cada causa de incendios sería necesario adoptar:

    INCENDIOS INTENCIONADOS

    Quemas agrícolas

    En el caso de quemas agrícolas, hay que tener presente que desde le punto de vista agronómico no son necesarias y que incluso son medioambientalmente negativas, al deteriorar progresivamente la calidad edáfica del suelo. Para impedir la lacra medioambiental y económica que supone esta práctica, las Administraciones ambientales deberían prohibir, durante todo el año, las quemas con fines agrícolas. Al mismo tiempo, la Administración ambiental competente, sobre la base de la protección y recuperación del suelo y, por tanto, por motivos ambientales, debería poder prohibir el cultivo en la zona agrícola quemada durante un período de cinco años, especialmente cuando se ha producido reincidencia, al incrementarse el daño ambiental. Igualmente podría retirar cualquier tipo de subvención que se viniera concediendo a las explotaciones, sobretodo en casos de reincidencia.

    Como alternativa a la quema agrícola la administración debería fomentar el astillado de los restos de las podas para producir serrín. Este material sería muy apropiado para distribuirlo en los campos de cultivo e incrementar a medio plazo el contenido de materia orgánica y por lo tanto su productividad. La Administración debería estudiar la posibilidad de subvencionar, tanto a grupos de agricultores que no formen entidad jurídica como a cooperativas, la compra de la maquinaria necesaria.

    Con respecto a las pajas del cereal, arroz o maíz cultivados habría que fomentar su empleo, por la industria, como ya se hace en el Delta del Ebro en Cataluña. El volteo en el terreno de los restos de cereal, sería otra alternativa. Esta práctica aporta materia orgánica, sobretodo en suelos que durante años se han fertilizado con abonos inorgánicos pudiendo llevar a una excesiva mineralización de la tierra.

    Este tipo de prácticas alternativas se deberían tener en cuenta a la hora de priorizar la concesión de cualquier tipo de ayuda y subvención.

    Quemas para la obtención de pastos

    similares medidas deberían tomarse para evitar las quemas para la obtención de pastos. Las Administraciones ambientales deberían prohibir, durante todo el año, las quemas con fines de obtención de pastos. Asimismo, la Administración ambiental competente, con la finalidad de favorecer la recuperación de la cubierta vegetal y la protección del suelo frente a los procesos erosivos, y por tanto también por motivos ambientales, debería prohibir el pastoreo en la zona quemada hasta un periodo de diez años o, en su defecto, el periodo de tiempo que se considere necesario para conseguir una recuperación adecuada de la cubierta vegetal natural. En casos excepcionales y sólo con fines agrícolas y ganaderos, la Administración ambiental podría autorizar quemas controladas en pequeñas parcelas. Estas quemas requerirían de una normativa estricta que regulase el tamaño de las parcelas, la época del año y personal autorizado para realizar estas tareas.

    Este tipo de medidas debería ir acompañado de otras que promocionasen un desarrollo ganadero sostenible con el medio. Para ello, entre otros aspectos habría que promover el desarrollo de razas autóctonas más rústicas y menos exigentes y realizar estudios de carga ganadera, especialmente en las zonas de mayor sensibilidad ecológica. Las concesiones de ayudas y subvenciones, igual que en el caso anterior, deberían priorizar que la actividad ganadera garantice la conservación del medio.

    Pirómanos

    Aproximadamente el 15% de los incendios intencionados se atribuyen a pirómanos. Se debe entender pirómano a aquella persona que por alguna alteración patológica se ve empujado a prender fuego al monte. Estas personas deben ser tratadas por especialistas en centros adecuados y, en cualquier caso, continuar el tratamiento hasta que su curación sea completa y no exista, por tanto, riesgo de que vuelvan a provocar nuevos incendios. No hay que olvidar que se han producido numerosos casos de reincidencia.

    Caza

    Para evitar los incendios producidos para facilitar la caza, las Administraciones ambientales deberían prohibir la caza en los terrenos libres. En el caso de los cotos privados, la Administración ambiental competente, con el fin de favorecer la recuperación de la fauna afectada por el incendio, y por tanto por motivos meramente ambientales, debería poder prohibir la caza en la zona quemada por un periodo de hasta diez años, dependiendo de la fauna presente en la zona.

    Incendios de masas forestales con el fin de obtener luego la madera a bajo precio.

    Con el fin de evitar que se produzcan este tipo de incendios, las Administraciones ambientales deberían poder proceder a la expropiación inmediata de la madera quemada a precio de coste, cediéndosela a su vez a una empresa pública para su transformación. De esta manera, esta causa que en determinadas áreas y momentos puede ser el origen de importantes incendios, desaparecería por completo.

    Especulación urbanística

    Con el fin de evitar que se produzcan incendios cuya finalidad es reducir el valor ambiental de una zona, para poder conseguir después más fácilmente su recalificación a suelo urbanizable, deberían adoptarse medidas para evitar que esto se produzca, aunque sin perjudicar a personas propietarias de estos terrenos y que no tengan nada que ver con el incendio, ya que puede suceder que alguien lo haya producido con el fin de perjudicarles. Para ello, se considera adecuada la norma establecida en la Comunidad de Madrid, que determina que cualquier reclasificación de suelo que se haya visto afectado por un incendio durante los treinta años siguientes al mismo deberá ser aprobada por el Parlamento regional. Ello permite examinar con detalle caso por caso, y adoptar las medidas que se consideren adecuadas. La adopción de esta medida en la Comunidad de Madrid, en vigor desde hace varios años, ha sido bastante positiva, habiéndose reducido sustancialmente en los últimos años los incendios con fines urbanísticos en esta región.

    Por otro lado, en los últimos veinte años, la frenética expansión y desarrollo de zonas residenciales en terrenos forestales, hasta entonces sin habitar, se está configurando como un importante agente productor de incendios forestales, especialmente en las zonas próximas a las grandes urbes. La construcción de infraestructuras que requieren estos asentamientos (líneas eléctricas, carreteras, ferrocarriles, basureros) o la simple presencia humana (fumadores, hogueras, juegos) son las principales causas desencadenantes de los siniestros en estas áreas.

    Cambios de uso de suelo

    Para evitar los incendios que persiguen el cambio de uso de suelo proponemos, al igual que en el caso anterior, que cualquier cambio de uso que se solicite en un área que ha sido afectada por un incendio, en los treinta años siguientes al mismo, deba ser aprobado por el Parlamento de esa Comunidad Autónoma.

    Negligencias

    Como ya se ha señalado anteriormente, otra de las causas importantes de incendios forestales es lo que se conoce como negligencias. Dentro de este término se incluyen incendios causados por quemas autorizadas con fines agrícolas y para la obtención de pastos, trabajos forestales, hogueras, fumadores, quema de basuras y escape de vertederos. En el caso de incendios causados por quemas autorizadas con fines agrícolas o de obtención de pastos, dicho riesgo desaparece con la adopción de las medidas descritas en el apartado anterior.

    A continuación, pasamos a enumerar algunas medidas que consideramos deberían adoptarse

    Trabajos forestales

    En relación con los trabajos forestales, las Administraciones ambientales deberían prohibir cualquier tipo de trabajo forestal que entrañe peligro de incendio durante los períodos de riesgo. En caso de llevarse a cabo, la responsabilidad debería recaer sobre el máximo responsable que autorice los trabajos.

    Hogueras

    Las Administraciones ambientales deberían prohibir durante todo el año hacer fuego en el campo, salvo en zonas acondicionadas por esa misma administración con cocinas o barbacoas. Estas áreas deberían contar con suministro permanente de leña para evitar que los usuarios dañen la vegetación del lugar. Además, tendrían que ser objeto de revisión todos los años para comprobar que cumplen las condiciones adecuadas para su uso.

    Lanzar cigarrillos desde vehículos

    Lanzar cigarrillos desde vehículos es también una causa frecuente de incendios, especialmente en zonas bastante pobladas. Con el fin de paliar esta situación, la administración competente debería prohibir y sancionar este tipo de prácticas durante todo el año, incluyéndolas en el Código de Circulación. Asimismo, debería ir acompañado de una intensa campaña de sensibilización ciudadana a través de los medios de comunicación, insistiendo en que no deben arrojarse colillas desde los coches en ninguna época del año.

    Quema de basuras y vertederos

    Las Administraciones ambientales deberían prohibir las quemas de basuras pues, aparte de suponer la emisión de gases contaminantes y tóxicos a la atmósfera, los vertederos son todos lo años causa de incendios. Consideramos que las Administraciones ambientales competentes deberían sancionar esta actividad, haciendo responsables a los titulares de los vertederos, que en una buena parte de los casos suelen ser los ayuntamientos.

    Otras causas

    Un pequeño porcentaje, alrededor de 2 %, se debe a lo que se conoce como otras causas. El origen de estos incendios está en los ferrocarriles, líneas eléctricas, motores y máquinas, maniobras militares, etc..

    En estos casos, las Administraciones ambientales deberían actuar sobre las entidades responsables como puede ser Renfe en el caso de España, las compañías eléctricas o el Ministerio de Defensa. En un primer momento, solicitando la adopción de medidas por parte de estos organismos encaminadas a reducir el riesgo de que se produzcan incendios, así como para minimizar sus efectos, pero también sancionándoles cuando estos incendios se produzcan de manera reiterativa y dichas medidas preventivas no se hubieran adoptado.

    Es imprescindible que Renfe mantenga los márgenes de las vías férreas en buen estado, procediendo a la eliminación de la vegetación inflamable y de restos de basura en una anchura mínima de diez metros (como así lo indica el reglamento de la Ley de incendios, en su artículo 26).

    En cuanto a los tendidos eléctricos que atraviesan espacios forestales, gran parte de los riesgos desaparecerían enterrando las líneas de media y baja tensión. En los tendidos de alta tensión se debería mantener unas distancias mínimas de los conductores a las masas de arbolado, como así establece el Reglamento Técnico de Líneas Aéreas de Alta Tensión. Además, debería obligarse a las empresas eléctricas, antes de concederles autorización (como ya se esta haciendo en comunidades autónomas como la catalana), a la presentación de planes de limpieza y mantenimiento de la línea.

    Finalmente, referente a los incendios provocados por las maniobras del ejército, éstas deberían quedar prohibidas durante los periodos de riesgo de incendios.

    Resumen, en diez puntos, de las medidas propuestas para reducir el número de incendios

    Tras analizar las principales causas de incendios, éstos son los diez puntos clave se deberían llevar a cabo para solucionar la principal amenaza para los bosques de todo el mundo en la actualidad: los incendios forestales.

  • Mayor dotación de medios económicos y humanos en la investigación de las causas de los incendios al Servicio de Protección de la Naturaleza propio de cada país, y a los agentes forestales dependientes de cada zona.

  • Prohibir las quemas con fines agrícolas durante todo el año. Tras un incendio provocado por estos motivos la Administración ambiental competente, y por motivos ambientales, podrá prohibir el uso agrícola o ganadero durante un período de cinco años.

  • Prohibir las quemas para obtención de pastos durante todo el año. Tras un incendio provocado por estos motivos las Administración ambiental competente, y por motivos ambientales, podrá prohibir el uso ganadero durante un período de hasta diez o quince años, dependiendo del daño producido.

  • Prohibir durante todo el año hacer fuego fuera de las zonas acondicionadas con cocinas o barbacoas. Será necesario revisar todos los años las instalaciones recreativas para comprobar que cumplen las condiciones que permitan su uso.

  • La Administración competente deberá prohibir y sancionar el lanzamiento de colillas desde los vehículos e incluirá esta prohibición en el Código de Circulación.

  • Prohibir quemar basuras y hacer fuego en los vertederos responsabilizando de tales actos a los ayuntamientos.

  • La Administración competente, por motivos ambientales, deberá prohibir, durante un período de diez años, la caza en las zonas quemadas para facilitar su regeneración.

  • De los incendios provocados por los ferrocarriles se debería responsabilizar a la empresa propia de la dirección de esos ferrocarriles. En caso de vías con cierta peligrosidad y reincidencia la sanción deberá ser tramitada por vía penal.

  • La Administración ambiental y la urbanística deberían impedir a través de las respectivas normativas autonómicas el cambio de uso de suelo y la construcción de cualquier zona quemada durante 30 años. Esta prohibición sólo podrá ser revidada por el parlamento de cada comunidad. Igualmente la administración con competencias urbanísticas debería impedir los asentamientos residenciales en zonas forestales.

  • La Administración ambiental competente encargará la vigilancia y las tareas de pronto ataque a trabajadores conocedores de la zona, habituados al monte y al uso y control de técnicas de extinción de incendios forestales.

  • Como se puede comprobar, la mayoría de estas medidas son regulaciones legales, por lo que su puesta en marcha no exigiría grandes inversiones y, sin embargo, reducirían el número de incendios y generarían un importante potencial de puestos de trabajo.

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