Impresionismo

Arte contemporáneo del siglo XIX. Pintura impresionista. Luz. Manet. Desayuno sobre la hierba

  • Enviado por: Nazaret Escobedo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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IMPRESIONISMO

La trayectoria del arte pictórico del s. XIX está presidida por la preocupación por la luz, desde la luminosidad vibrante del romanticismo hasta los poéticos paisajes de la escuela de Barbizón. En el último cuarto de siglo, el impresionismo culmina esta tendencia de unir visión y luz y se enfrenta al problema de representar el paisaje con sus elementos fluctuantes y sus circunstancias atmosféricas.
El impresionismo, corriente estética iniciada y desarrollada sobre todo en Francia, consiste, de hecho, en una última etapa del naturalismo, porque agudizó la búsqueda de una realidad más auténticamente reflejada que en la pintura anterior. Centrándose en temas tan cotidianos como los del realismo, los impresionistas los pintaban «in situ», como en una instantánea fotográfica y, a menudo, en una sola y rápida sesión, y lograban visiones fugaces que, al ser expuestas, acabaron con la diferenciación convencional entre esbozo y obra definitiva. Por otro lado, el conocimiento y la valoración del arte japonés y de su concepción decorativa contribuyó a revolucionar los encuadres, a romper la simetría convencional, a despreocuparse por el espacio y la perspectiva...
Los impresionistas nos muestran la momentaneidad de la expresión óptica, la precariedad de nuestras sensaciones, la relatividad de nuestras apreciaciones estéticas, una captación auténticamente temporal de la impresión óptica; representan un objeto moviéndose en el tiempo. Su estética es la de la movilidad: no hacían cuadros para verse a distancia, sino cuadros móviles, inquietantes, no porque se muevan ellos, sino porque no se ven con nitidez y porque obligan al espectador a moverse.

Se considera que el impresionismo nació con la unión de Monet y Renoir, quienes entre 1869 y 1874 trabajaron juntos a orillas del Sena, decididos a acabar con todas las reglas de taller (perspectiva, composición, claroscuro), y a encontrar una pintura que proporcionara la impresión visual en su inmediatez. Renoir fue, no obstante, el primero en desertar del grupo y buscar el éxito en los salones oficiales.



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Características del impresionismo

El grupo reivindica una pintura al aire libre, lo que les lleva a pintar paisajes del natural con tonos claros y luminosos. Se proponen dar, de la forma más inmediata y con una técnica rápida y sin retoques, la impresión luminosa y la transparencia de la atmósfera y del agua con puras notas cromáticas, independientemente de toda gradación de claroscuro. Los protagonistas de sus cuadros son, casi siempre, los árboles, las nubes, bañistas, veleros, trigales, las carreras de caballos o el gesto ágil de unas bailarinas. Para ellos no hay temas insignificantes, sino cuadros bien o mal resueltos.

La luz (y sus efectos cambiantes) es, de hecho, el tema de sus cuadros. Afirman que los objetos sólo se ven en la medida en que la luz incide sobre ellos. Practican un realismo absoluto y por ello suprimen el color negro (que no existe en la naturaleza y que es la negación de la luz). Sólo es real la relación aire-luz: por ello los personajes se diluyen en la atmósfera luminosa que les rodea. Utilizan una paleta de colores claros y puros, en la que no existen contrastes agudos de claros y oscuros.

Su técnica es de toque, ligera y pincelada corta, evitando el contraste entre la figura y su fondo. Usan puntos de color para reproducir la atmósfera vibrante o el movimiento del agua. Aplican los descubrimientos de Rood y Chevreul en sus obras: existen tres colores primarios (amarillo, rojo, azul) y tres complementarios (violeta, verde, naranja); asociados los colores primarios dan el complementario del tercero. Pero los colores no tienen que mezclarse en la paleta, sino que es el ojo humano el que los fusiona.

Músicos como Claude Debussy, Maurice Ravel y Manuel de Falla; escultores como Auguste Rodin o Medardo Rosso, y escritores como Mallarmé, Verlaine o Azorín son otras manifestaciones culturales de este movimiento.


Édouard  Manet: «Desayuno sobre la hierba» (1863)

Esta obra es, junto con «Olimpia», la que marcaría el comienzo de la pintura moderna. Manet suscitó, sin querer, un escándalo con la misma, la cual está inspirada en un boceto de Marco Antonio Raimondi y recuerda al «Concierto campestre» de Giorgione en colaboración con Tiziano (aunque se considera en la actualidad obra en exclusiva de Tiziano).
El cuadro fue rechazado por el jurado del Salón, ante la indignación de muchos, por lo que no fue admitida esta obra el Salón de ese mismo año (1863). Este rechazo por el jurado seleccionador de las obras, provocó un gran escándalo en los medios artísticos de París, principalmente entre los jóvenes que tenían a Manet por al mejor artista de su generación. Pero Napoleón III, accediendo a las quejas de los artistas rechazados, autorizó la creación de una sala en la que pudieran exhibir sus obras rechazadas en el salón oficial (de ahí el nombre de Salon des Refusés -salón de los rechazados-), y fue entusiasticamente acogida en éste. La crítica del público no sólo fue dirigida a  la libertad de las pinceladas, sino que consideró de mal gusto el desnudo femenino, que no era ni una figura alegórica ni ninguna diosa clásica. Manet declaró que el verdadero tema del cuadro era la luz, y esa fue la idea que dio el origen al impresionismo

Influido por Monet, practicó la pintura al aire libre sin abandonar su fidelidad por el tema de la figura. A simple vista, el cuadro en sí no parece de lo más impresionista, quizá sea porque perteneció a la escuela de Couture, retratista notable. Sus primeros trabajos fueron testimonio de la influencia realista de la que aún no pudo desprenderse, pero progresa del realismo hasta el impresionismo.
La obra combina varios géneros: paisaje, bodegón y retratos. Presenta una composición piramidal clásica donde una serie de triángulos de diferentes tamaños sostiene el grupo central. Usa efectivamente los contrastes, en particular, como en varias de sus obras, la proximidad de blancos y negros. Muestra un "instantáneo" de preferencia a una "pose" de los personajes y subraya sabiamente el erotismo en la escena mediante ese cuerpo desnudo...