Impacto evolutivo de las relaciones de amistad durante la adolescencia

Psicología evolutiva. Intimidad y romanticismo. Emparejamiento. Selección de amigos

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UAB

Facultad de Psicología

Asignatura: Psicología Evolutiva II.

Segundo Año. Q-1º. Curso 2004 - 2005

Profesora: Ibis Marlene Alvarez Valdivia

Apuntes para el estudio del tema 3.

IMPACTO EVOLUTIVO DE LAS RELACIONES DE AMISTAD DURANTE LA ADOLESCENCIA

Primera parte

La amistad es una relación diádica afectiva, estable, marcada por la preferencia, la reciprocidad y por la inclinación a compartir afectos positivos (Howes, 1983). Es una relación duradera que se caracteriza por lealtad, intimidad y expresión mutua de afectos.

La selección de los amigos

Los amigos no se seleccionan fortuitamente. Un factor esencial que determina la selección del amigo es la similitud consigo mismo, aunque también resultan ser seleccionados como amigos aquellos que son más populares, los vecinos o quienes tienen mejor estatus económico (Epstein, 1989). Cuestiones de género también determinan en edades tempranas, donde se establecen amigos dentro del mismo sexo. En la adolescencia, aun cuando emerge la relación romántica, continua predominando la amistad entre el mismo sexo (Hartup, 1993).

Estar atento a una persona y ser atento con ella, potencian de modo esencial la relación amistosa.

Rasgos que definen la relación de amistad

En la comunión afectiva con el amigo que crea el compartir intencionalmente una misma emoción se articula la confidencialidad, es decir en la conversión de lo mío en lo nuestro, que da lugar a la co-ejecución o ejecución simultánea, conjunta y solidaria de una misma experiencia.

El intercambio que se produce en esta relación conduce a buscar la compañía de la otra persona, a esperar de él apoyo, a desearle el bien, procurando ocasiones para hacérselo, es por eso que se busca bastante su proximidad - co espacialidad.

La co espacialidad - estar en un mismo lugar y vivir la misma situación es intensa en la relación de amistad durante la adolescencia. Este espacio que denota la temporalidad amistosa posee cuatro notas principales, singularmente acusadas cuando la amistad se une al enamoramiento: incondicionalidad a las exigencias del otro; ilimitación - carencia de límites de tiempo y espacio para compartir - ; plenitud - durante el momento de la relación amistosa no cabe la “vivencia del vacío” - y el acogimiento como condición hospitalaria.

La expresión de co espacialidad más propia y más estrecha de la coexistencia entre los amigos es el abrazo amistoso, con el cual ambos se demuestran simbólicamente y físicamente, no el propósito de ocupar el lugar del otro, sino el deseo de que su respectivo lugar personal en el mundo ocupe un lugar en el mundo del otro, en su más inmediata y benevolente proximidad (Entralgo, 1985). Pero el abrazo no es sólo físicamente y simbólicamente co espacialidad, es también físicamente y simbólicamente, contemporaneidad. Expresión deliberada de que en un “ahora”, el instante del abrazo, se convierta si ello fuera posible, en un “siempre”.

En cada periodo evolutivo son típicos unos matices de esta relación. Por ej. para los adolescentes consideran amigos a aquellos que los comprenden y con quienes pueden compartir sus pensamientos y sentimientos íntimos. Con ellos establece una relación a largo plazo basada en la compatibilidad de intereses y de rasgos personales. (Damon, 1977).

Los logros en el desarrollo cognitivo permiten mejores lecturas de su conocimiento social y de cómo hacer para mantener e incrementar amigos.

La vinculación interindividual de los amigos adolescentes es más bien vital y anímica, - por tanto pasional, externamente afectiva. La nota más propia es la apropiación de lo vivido en el seno de la intimidad.

La conducta social de los adolescentes es diferente con los amigos que con los que no lo son. Concretamente estas diferencias se manifiestan en la expresión de comportamientos prosociales, en las formas de resolución de conflictos y en las cuestiones de intimidad.

El término conducta prosocial se refiere a las formas de conducta que la sociedad considera deseable: cooperar, ayudar, compartir con los otros y animarlos en situaciones de distrés, entre otras.

El conflicto ocurre cuando una persona hace algo que entra en contradiccicón con otra. El centro de esta noción es una oposición entre ellas, que se expresa en rechazo, negación, objeciones y desacuerdos. El conflicto es un componente frecuente en las interacciones de los adolescentes, sin embargo es más frecuente entre amigos (Hartup, 1993). Los conflictos ocasionales son parte inevitable de la amistad. En parte esto es resultado de que pasan mucho tiempo juntos. También refleja la libertad y seguridad que los amigos sienten entre sí para criticarse y para discordar sin amenazar la relación.

Entre amigos los conflictos son menos acalorados. Usan modos más “suaves”para conducirse en el conflicto, prefieren intentar razonar con la otra persona y evitan caer en la prolongación de los desacuerdos. Procuran modos equitativos, mutuamente satisfactorios, para resolver los conflictos y restaurar la relación estrecha y positiva que identifica la relación de amistad.

La adolescencia es un momento que supone tensiones en sus interacciones sociales. De acuerdo con Sullivan (1953), estas relaciones reflejan ansiedad, debido a que los sistemas de necesidades principales, denominadas por Sullivan dinamismos, a menudo entran en conflicto.

Concretamente, en sus interrelaciones los adolescentes presentan agudas demandas a tres necesidades básicas: la seguridad, la intimidad y el deseo sexual.

La necesidad de sentirse seguro implica sentimientos de autovalía en las interacciones con los otros, en particular con aquellos que son significativos e importantes en varias áreas de sus vidas como son los padres y los amigos. Este sentimiento de seguridad interpersonal incluye la sensación de autoestima y de autovalía. Sentirse seguro es sentirse valorado y necesitado debido a las cualidades que uno posee y que los demás le reconocen.

El reclamo de intimidad representa la necesidad de compartir con otras personas significativas. Los adolescentes necesitan sentir que las emociones fuertes pueden aceptarse libremente sin que se adopte ninguna postura o actitud que limite su expresión auténtica y sin miedo a ser rechazado. A esta necesidad, como a la anterior, se vincula el deseo de tener experiencias sexuales, derivadas también de los impetuosos cambios físicos que en este sentido están ocurriendo en la etapa, los cuales son necesarios que se vivan dentro de una experiencia social enriquecedora, más allá de las conductas a las que incita la maduración biológica de sus regiones genitales.

Todas estas necesidades, se satisfacen fundamentalmente a través de las interrelaciones con los coetáneos, en mayor medida con los amigos.

Segunda Parte

Intimidad y Romanticismo: El emparejamiento como forma de interacción social en la adolescencia

¿Qué es la intimidad y como se vive este vínculo en la adolescencia?

La idea de la intimidad es central en la amistad, emerge como un rasgo prototípico de la relación de amistad en la adolescencia (Bernd, 1990). Entre los amigos conversan sus sentimientos, se revelan a sí mismo. Las manifestaciones de intimidad son a su vez un indicador de calidad de la amistad.

La intimidad implica una interrelación donde dos o más personas se revelan pensamientos o información entre sí. Son típicos sentimientos que revelan una reconfortable relación entre estas personas, porque básicamente se constituyen una a otra en importantes apoyos sociales. La intimidad ocurre usualmente en lugares cerrados o no públicos. La interrelación mental y emocional que caracteriza la intimidad conlleva a frecuentes roces y abrazos.

Además de estas naturales, humanas y estrechas interacciones físicas, si dos personas sienten que pueden relacionarse a nivel personal profundo, se revelan a sí mismo.

Si bien la necesidad principal que gobierna la interacción social en la niñez es la seguridad, en la adolescencia es predominante la necesidad de intimidad. Esta necesidad que se satisface solo en las relaciones interpersonales con otra persona que se establece una relación muy estrecha, en la adolescencia, como regla, nace en la relación con un amigo íntimo, un tipo de relación que se mantiene con un miembro del grupo, del mismo sexo y de la misma edad. Por primera vez se experimenta la sensibilidad por las cosas que le interesan y le ocurren a otra persona, y este logro es muy importante para su desarrollo social. Estudios empíricos han encontrado que los adolescentes que tienen un amigo íntimo eran significativamente más altruistas que los que no lo tenían (Manmarino, 1978).

La mayoría de los adolescentes tienen sus “mejores amigos”, con quienes comparten sus secretos e intereses y con los que hacen sus planes amorosos entre los 13 y 15 años. Durante estas edades se produce un cambio desde la amistad íntima con el mismo sexo a la amistad íntima con el sexo opuesto.

La amistad caracterizada por el intercambio de información íntima acerca de sí se percibe en las dimensiones siguientes (Berndt, 1986):

  • Franqueza y espontaneidad - libertad para expresar al amigo casi todo.

  • Sensibilidad y complicidad - percibir los sentimientos que el otro manifiesta. Empatía manifiesta en la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de la otra persona.

  • Apego - sentimientos estrechos con la otra persona

  • Selectividad (exclusividad) - realizar actividades con esta persona, las cuales no haría con otra.

  • Entregar y compartir tiempo y recursos.

  • Disponibilidad, presencia y dedicación.

  • Comunidad sentida - seguridad de poder compartir, sentimientos, intereses y actividades.

  • Confianza, lealtad y protección del otro.

La intimidad entre los amigos en la adolescencia es definida como “la habilidad para compartir pensamientos y sentimientos propios con un amigo” (Berndt & Williams, 1990, p. 278).

La relación íntima se convierte más en una comunidad individual porque ellos sienten que la expresión de sus sentimientos y pensamientos es una segura. Los adolescentes solicitan aprobación y atención de los adultos, pero están menos inclinados a revelarse con ellos, esencialmente por temor “al que dirán” de los amigos. (Berndt & Williams, 1990).

Básicamente los adolescentes se inclinan a la relación íntima con otros adolescentes porque sienten que al ser de la misma edad pueden tener experiencias y sentimientos comunes que relatarse. Esto puede hacer que los adolescentes seleccionen los amigos con similares “intereses, valores, creencias y actitudes” porque entre ellos pueden ser capaces de darse confort y apoyo entre sí” (Cole & Cole, 1993, p. 584).

¿Por qué es importante la intimidad en la adolescencia?

El desarrollo de la interrelación íntima proporciona apertura al sí mismo (Sullivan, 1953). A través de la discusión de ideas, valores y metas cada cual busca en el otro un sentido de pertenencia, una identidad propia. La relación íntima representa un apoyo emocional, que contribuye a que cada parte incremente la autoestima del otro. Estos intercambios ofrecen las mejores oportunidades para la expresión de los sentimientos, al estar fuera de la crítica y del ridículo que puede representar su comunicación en el grupo de amigos.

La interrelación íntima también contribuye a la formación de la identidad del adolescente, que es una de las cuestiones más importante en esta edad. En esa apertura al otro que marca la relación íntima, los adolescentes pueden ser capaces de comprender sus propios pensamientos y sus emociones; definir aquellos atributos o cualidades personales que los identifican en lo más personal, que los hacen “únicos”.

La realización de confidencias en una estrecha relación de amistad les permite identificar que es relevante en su experiencia personal y a la vez pueden hacerse más sensibles a las necesidades de la otra persona. Todo ello, ayuda al adolescente a adquirir una comprensión profunda de la otra persona ubicada en la ponderación del mundo interior de este.

Existen estudios que han considerado los efectos de la intimidad en la adolescencia en la vida adulta. Estas investigaciones han demostrado que las habilidades sociales ganadas para interactuar con otra persona en una relación íntima a lo largo de la adolescencia tiene importante impacto en el posterior desarrollo social de la persona. La intimidad que se vive en edades tempranas permite a las personas aprender a expresar sus sentimientos y desarrolla la capacidad de sentirse conectado con otra persona (empatía). La habilidad para hablar con franqueza y para comprender la perspectiva del otro puede hacer surgir, debido a la apertura que implica, el sentimiento de compasión mutua (Sullivan, 1953). La calidad de la amistad durante la adolescencia sin dudas determina la calidad de las interrelaciones en la adultez.

De la intimidad a la relación romántica

Especialmente durante la adolescencia la relación entre ambos sexos es muy complicada. En la pubertad o adolescencia temprana, se experimentan deseos, sentimientos y pensamientos que no se han tenido antes. Básicamente, la intimidad en la relación romántica se experimenta con el cuerpo, en una relación física estrecha con el otro sexo (Katchadourian, 1990).

La interrelación íntima romántica surge en el final de la adolescencia, en este transcurso ellos aprenden que la intimidad implica experiencias primarias, también intimas, en la relación entre amigos, con los que discuten y comparten sus experiencias y preocupaciones. Entre los amigos aprenden a expresar y a buscar su identidad sexual. Estos intercambios les ayudan a descubrir las cuestiones que son más agradables a los otros y a sí mismo en estas interacciones estrechas que supone la intimidad, en otras palabras los amigos los “equipan” para la relación romántica e íntima (Cole & Cole, 1993).

Emparejamiento y Romanticismo

Durante la adolescencia comienza a desarrollarse la tendencia a interpretar las situaciones que implican comunicación entre los dos sexos en términos románticos. El propósito del noviazgo no se relaciona con el de contraer matrimonio, este emparejamiento en la adolescencia temprana cumple la función de diversión y de competición social.

Dentro del contexto de las normas sociales que rigen para el vínculo de parejas, el emparejamiento y las citas permiten a los adolescentes asistir a funciones sociales tales como fiestas, bailes, eventos deportivos y otros espectáculos culturales. El emparejamiento con amigos también puede ser una forma de buscar identidad y un modo de experimentación de las relaciones sexuales. Salir con chicas o chicos da más estatus dentro del grupo de iguales, teniendo valor simbólico bastante notable. El solo hecho de salir con alguien y que los demás lo sepan es más excitante que la persona con la que se sale (Elkin, 1980).

Es lógico suponer que después de varios encuentros con la misma persona pueda establecerse una relación seria. Los estadios del emparejamiento manifiestan movimientos desde razones más superficiales hasta razones más significado psicológico para el hecho de mantener citas.

El primer estadio en la selección de una pareja, denominado flirteo o seducción, se manifiesta en los dos sexos por marcado interés en la apariencia física - base superficial del emparejamiento. Durante las interacciones en este primer momento es notable cierto atildamiento nervioso, como arreglo del pelo, compostura de la cara; alzar airadamente la cabeza; elevar las cejas y pestañear, signos todos ellos que indican interés por el otro y revelan pistas de disponibilidad e impulsan a iniciar la interacción, a su vez representan solicitud de respuesta afectiva.

En el segundo estadio - aproximación - la apariencia física no es tan crítica como al principio, pero aun se considera importante. Ahora adquiere importancia la personalidad y el grado de sofistificación social. En este estadio aun no se ha desarrollado plenamente el sentimiento de intercambio emocional, la comunicación verbal empieza a ser importante, aunque al principio se apoye en tópicos irrelevantes.

El tercer estadio - evaluación - es el estadio final y supone una evaluación de los rasgos psicológicos más profundos de la persona, tales como la honestidad, la confianza y la estabilidad.

El grado de ajuste y el desarrollo evolutivo del emparejamiento se relaciona íntimamente con la experiencia real de salir con alguien y con el grado de implicación emocional volcado en ella.

La tradición social que considera al noviazgo más como un medio de selección de una pareja ha ido dejándose a de lado, al considerar que el emparejamiento tiene por propio derecho un valor social. Actualmente el salir con alguien del otro sexo es un aspecto fundamental en la adolescencia, tales prácticas dan lugar al desarrollo de competencias claves para el ajuste social. Manifiestan mejor ajuste social aquellos adolescentes que han tenido más experiencia de emparejamientos; es para ellos una actividad muy deseada. Los que tienen estas experiencias de emparejamientos - chicos y chicas que salen juntos - son más propensos a pertenecer a grupos sociales organizados, emplean mejor el tiempo en actividades de ocio y esparcimiento e incluso tienen más oportunidades de obtener un empleo que otros adolescentes que no establecen citas (Dowan y Adelson, 1966)

Las citas: ganar o perder

Concertar citas toma importancia para los adolescentes. Como resultado de este interés pasan un considerable tiempo lo mismo haciendo citas que pensando en la cita. Este fenómeno en esta edad, más que una cortesía social es una forma de recrearse, un recurso para obtener estatus y para enmarcar el aprendizaje acerca de las interacciones en relaciones estrechas: aprender a intimar u a explorar la subjetividad del otro (Dickinson, 1975).

La mayoría de los adolescentes tienen su primera cita entre los 12 y los 16 años. Estas citas, por lo general, se constituyen en un escenario en el que se intensifican las expectativas relacionadas con el género (Standley; Plaut; Merrit & Spragins, 1992). Los varones se sienten presionados a ejecutar formas “masculinas” y las hembras se sienten presionadas a desempeños “femeninos”. Especialmente en la adolescencia temprana, cuando ocurren cambios puberales, los varones desean mostrarse lo más masculinos posible y las hembras lo mismo en su género.

A su vez, el contexto sociocultural ejerce una poderosa influencia en la cita entre los adolescentes (Xiaohe y White, 1990). Creencias y valores, determinan ciertas actitudes y comportamientos durante las citas, por ej. en relación con la edad en que se admiten y con los roles de género involucrados en estas.

¿Qué puede ganar el adolescente con las citas?

Los adolescentes se pueden beneficiar de muchas maneras desde las citas. La cita contribuye a su desarrollo social, su participación en ellas le permite adquirir habilidades para las relaciones interpersonales, sobre todo con el sexo opuesto. A su vez puede ser un auxilio en la búsqueda y evaluación de la identidad.

El adolescente puede establecer y afirmar su status social con su compañero o compañera a través de la cita. La cita también le permite explorar y desarrollar habilidades en el proceso de comenzar y terminar bien una relación social. Además, tener cita con el partner (compañero o compañera del sexo opuesto) proporciona significativa gratificación, lo mismo respecto a la relación sexual que en cuanto a la necesidad de sentirse acompañado.

¿Cuáles pueden ser los efectos dañinos de las citas que tienen los adolescentes?

Las citas también pueden tener efectos negativos para los adolescentes. La cita, principalmente, facilita la iniciación de la actividad sexual, por lo que si ocurre antes de que el adolescente tenga suficiente preparación física y emocional probablemente deje vivencias y experiencias, de insatisfacciones y frustraciones, con consecuencias negativas para su buen desenvolvimiento posterior.

Otra cuestión que interesa en el sentido apuntado se relaciona con los comportamientos antisociales que pueden acompañar el propósito de mantener y hacer efectiva la cita. Entre estos pueden mencionarse la exigencia a la otra parte de conductas tales como ocultarse, disimular, mentir y, en el peor de los casos, el uso de la fuerza para obligar al compañero o compañera a asistir o permanecer en la cita concertada.

Algunos estudios han demostrado la tendencia a establecer citas que implican violencia entre los adolescentes. Este comportamiento es más peligroso por el daño físico y psicológico que puede ocasionar en la víctima, que por lo general son las chicas. Una investigación realizada por un centro de estudios de los derechos de las mujeres (Centre County Women's Resource Center) reveló que el 35% de las adolescentes parejas de adolescentes han estado implicadas en una interacción violenta y que la experiencia de la cita violenta ha sido vivida aproximadamente por 1 de cada 4 adolescentes.

Un estudio que abarcó 123 niñas adolescentes, cuyas edades estaban entre 15-19, encontró que un 24% de las encuestadas expresaron que habían sido víctimas de citas violentas al menos en una ocasión y el 14.6% manifestó haber sido víctima en varias ocasiones. La mayoría de las razones aludidas en relación con los comportamientos de violencia se relacionaron con los celos (Burcky, Reuterman, and Kopsky, 1988).

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