Ilustración y Kant

Filosofía ilustrada racionalista siglo XVIII. Kantismo. Pensamiento kantiano. Pensamiento filosófico ilustrado. Religión. Existencia de Dios. Deberes morales

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LA ILUSTRACIÓN: KANT

1.- ¿ES POSIBLE UNA METAFÍSICA CIENTÍFICA?

Según Kant el conocimiento por el que nos preguntamos es un conocimiento riguroso proporcionado por la ciencia.

El primer paso que da Kant es, asegurarse de si existe una metafísica científica. Kant dice que, si esta metafísica científica aspira a ser ciencia, debe tener dos características fundamentales:

  • acuerdo: los científicos se ponen de acuerdo en sus teorías.

  • progreso: las teorías modernas mejoran las precedentes.

Pero el problema es, si existe un acuerdo y un progreso en el ámbito de la metafísica. Kant lo responde argumentando que no hay tal acuerdo entre los filósofos (polémicas racionalistas y empiristas); y que tampoco está claro que haya progreso. La metafísica, no es por tanto, científica.

Para saber si puede llegar a ser ciencia debemos estudiar que es ciencia y cómo es posible dicha ciencia.

La ciencia es un sistema de juicios sintéticos a priori, según Kant. Para saber en qué consiste este tipo de juicios, es necesario recordar que son los juicios analíticos a priori y los juicios sintéticos a posteriori :

Juicios analíticos a priori Juicios sintéticos a posteriori

No extensivo Extensivo

No empírico o a priori Empírico o a posteriori

Universal y necesario Contingente

Sin embargo, según Kant, existen otro tipo de juicios que son los denominados sintéticos a priori. Se caracterizan por ser extensivos, pues el concepto que funciona como predicado aporta una información no incluida en el concepto que funciona como sujeto. Además son necesarios, y es esta necesidad la que nos llega en física a indagar la causa de los fenómenos, ya que necesariamente la tienen pero, esta necesidad no puede ser la misma que la existente en los juicios analíticos. Finalmente, el juicio es a priori, es decir, su verdad no se deriva de la experiencia, y eso es por ser necesario y universal.

Estos juicios no provienen de la experiencia pero sí hablan de ella. Si esto es posible debemos conocer su fundamento, forma en la que el sujeto experimenta el mundo. El problema ahora es, cual es la forma de experiencia humana. Esta experiencia del ser humano se configura a través de un ejercicio simultáneo de tres facultades: sensibilidad, entendimiento y razón, responsables, a su vez, de tres dimensiones consecutivas de la experiencia humana, presentar los fenómenos, sintetizarlos y sistematizarlos.

Esta experiencia lo es de algo. Según Kant, la facultad humana encargada de hacernos presentes las cosas es la sensibilidad, mostrándolas en el tiempo y en el espacio, siendo ambas forma de nuestra sensibilidad.

Esta experiencia lo es de algo definido. Kant llama a la facultad humana encargada de definir las cosas que la sensibilidad nos presenta como el entendimiento que, funciona sintetizando lo presentado por la sensibilidad de acuerdo con las categorías del entendimiento.

Esta experiencia lo es de algo sistemático. Para Kant, toda experiencia lo es de algo definido y sistemático, es decir, algo que se nos presenta como un fenómeno físico o químico. La facultad humana responsable de esta sistematización es la razón, que funciona sistematizando, de acuerdo con sus ideas regulativas, lo que fue previamente sintetizado por el entendimiento.

Si estudiamos la sensibilidad en la parte de la crítica de la razón pura denominada “estética trascendental” como hace Kant, llegaremos a la conclusión de que duración y extensión son condiciones necesarias y universales de los objetos de la experiencia sensible humana: la duración en el caso de los fenómenos psíquicos y la extensión en el de los físicos.

Las características necesarias y universales de los objetos de la sensibilidad tienen su fundamento en la forma de la sensibilidad. Luego, el tiempo y el espacio constituyen la forma de la sensibilidad del ser humano y su forma de tener presentes las cosas. Entonces, todas las cosas de la experiencia sensible son temporales o espacio-temporales, lo que según Kant, explica que las matemáticas sirvan para describir la realidad; ya que, para Kant, la aritmética estudia el tiempo y la duración de los fenómenos en el tiempo, y la geometría es la encargada del estudio del espacio. Luego las afirmaciones válidas sobre el espacio que la geometría describe, son válidas para la extensión de los cuerpos de la experiencia, esto es, para un trozo de espacio que los cuerpos de esta ocupen.

Así llegamos a la conclusión que las proposiciones verdaderas de la aritmética serán propiedades necesarias y universales de todos los fenómenos de la experiencia, mientras que las proposiciones verdaderas de la geometría serán propiedades necesarias y universales de los fenómenos físicos. Como consecuencia de esto, espacio y tiempo, como formas de la sensibilidad, hacen posible que los fenómenos se hagan presentes en la experiencia sensible y que las matemáticas sean aplicables al mundo de los fenómenos.

Además Kant añade que el conocimiento basado en la sensibilidad no alcanza la realidad íntima de las cosas. Puesto que, de éstas sólo conocemos aquello que se hace presente en la sensibilidad y que se sintetiza en el entendimiento. Así, Kant denomina fenómeno a ese aspecto de las cosas que conocemos de forma sensible, y noúmero al que se nos escapa, este es el misterio irrevocable que habita en la naturaleza íntima de las cosas, inaccesible a nuestro trato sensible con ellas.

El entendimiento:

Lo que la sensibilidad nos presenta en un espacio-tiempo, se nos presenta como algo concreto y algo definido. Analizando esta afirmación destacamos que, definir las cosas de la experiencia es organizar los datos presentes a nuestra sensibilidad basándonos en unos esquemas, o conceptos, o categorías. Estas categorías o conceptos puros reúnen unas impresiones y desbocan otras. Definir, conceptuar, es juntar sobre la base de conceptos los datos presentes a la sensibilidad. A esta actividad de reunión de datos presentes a la sensibilidad Kant le llama síntesis.

Características:

  • Actividad propia del entendimiento. Los datos presentes a muestra sensibilidad son, propios, siempre dispersos, inconexos entre si. Sin embargo, nuestra experiencia de las cosas no es una experiencia de instantes y puntos inconexos porque algo los reúne. La facultad que los reúne no es la sensibilidad, cuya función es hacernos presente en el tiempo y en el espacio los datos de la experiencia, datos, por temporales y espaciales, inconexos entre si. Esta facultada que reúne, que sintetiza el presente a la sensibilidad, se llama entendimiento.

  • Síntesis categorial. Anteriormente, reunir impresiones es agrupar datos basándose en conceptos o categorías. Así desde este punto de vista, sintetizar es emitir juicios. De ahí que Kant defina el entendimiento como la facultad encargada de emitir juicios, estos es, facultad de juzgar.

  • Síntesis categorial de acuerdo con las doce categorías del entendimiento. Este sintetiza los datos de la sensibilidad según una serie de conceptos o categorías que se encuentra el mismo.

  • Síntesis categorial necesaria y trascendental. Es necesaria porque el entendimiento no puede juzgar de otro modo, es decir, sólo puede “definir-juzgar-sintetizar” lo presente en la sensibilidad de acuerdo con las doce categorías. Como para Kant, eso es lo que identifica con pensar, las categorías del entendimiento son las condiciones de posibilidad del conocimiento de lo presente a nuestra experiencia sensible; y, a este carácter se le denomina trascendental, puesto que, las categorías constituyen condiciones trascendentales del conocimiento.

  • La síntesis categorial está necesariamente referida a lo que se hace presente en la sensibilidad, puesto que les afecta a todos los contenidos de nuestra sensibilidad y a todos los hombres (universal).

  • Es el fundamento de los juicios necesarios y universales con los que la física describe los fenómenos del mundo físico.

La razón:

La experiencia humana no solamente es la experiencia de algo definido, sino que además lo es de algo sistemático. Esto significa que los resultados de la síntesis categorial de lo presente a nuestra sensibilidad, que realiza el entendimiento, son organizados para que adopten una forma sistemática,

Alma y mundo son ideas a partir de las cuales el ser humano sistematiza los juicios realizados a través de la síntesis categorial del entendimiento. No hay que confundir esta sistematización con la síntesis; antes se trataba de la organización de sus resultados. De ahí que esta nueva actividad no sea propia del entendimiento, sino de otra facultad que Kant denomina razón, y que realiza su labor de sistematización a partir de las ideas que se encuentra en sí misma: la de alma y la de mundo. Pero, ¿se puede pensar en una idea que incluya la totalidad absoluta de lo que puede darse en nuestra experiencia, es decir, en una idea infinita? Para contestarla Kant está inmerso en la idea de Dios. Puesto que Dios es la idea de lo infinito, de lo que incluye todo en sí, la sistematización de la síntesis categorial del entendimiento que realiza la razón culmina en ella. Kant llama ideas regulativas a las de Dios, alma y mundo, pues su contenido consiste en regular el conocimiento del ser humano sobre los fenómenos. Estas ideas solamente son eso.

Si conocer científicamente algo es juzgarlo sobre la base de las categorías del entendimiento, estas solamente son aplicables a lo presente a la experiencia sensible. Pero las ideas de Dios, alma y mundo no pueden estar presentes en esta experiencia sensible; luego no es posible un conocimiento científico de Dios, del alma y del mundo, luego no es posible una metafísica científica.

2.- ¿En donde encuentra Kant el deber necesario y universal y como viene expresado?

El ser humano además de una actividad teórica, desarrolla una praxis en convivencia con los demás.

Para poder contestar a la pregunta formulada es necesario saber de que se ocupa la moral. Ésta se ocupa de lo que está bien y de lo que está mal. Las corrientes éticas que comprenden la moral como determinación de lo bueno y de lo malo para el ser humano se denomina, según Kant, éticas materiales.

Las éticas materiales comprendieron el bien y el mal de dos formas que presentan claras diferencias entre sí:

  • Éticas hedonistas: definen como bueno lo que produce placer y como malo lo que causa dolor o que nos hace infelices.

  • Éticas eudemonistas: consideran moralmente bueno lo que produce felicidad y malo lo que nos hace infelices.

En función de la comprensión de su contenido moral estas éticas presentas una serie de características:

  • Son empíricas: sus principios se determinan a posteriori. Afirman que lo que está bien es el placer o la felicidad, pero ¿cómo sabemos cuando somos felices? Sólo existe una manera; probando. Únicamente a través de la experiencia se puede determinar si algo produce placer o felicidad.

  • Son hipotéticas: sus principios no son válidos para todo el mundo, lo que viene a reforzar la crítica de Kant a la característica anterior. Las éticas materiales ordenan hacer el bien y evitar el mal. Pero el bien (placer y felicidad) no es lo mismo para todo el mundo. No todos encontramos placer o felicidad en las mismas cosas, no todos tendremos los mismos deberes: solamente tendrán que hacer las mismas cosas aquellos que coincidan en su concepción del placer o de la felicidad.

  • Son heterónomas: sus principios generan dependencia, promueven la claudicación de la voluntad. El que estas éticas sean empíricas e hipotéticas no produce mayor problema; que sean heterónomas es un asunto de mayor complejidad y de enorme trascendencia filosófica. Y esto es que cuando tenemos que hacer algo (estudiar) y no nos apetece nada de nada, tenemos que tener fuerza de voluntad para poder hacerlo. Esto supone que la voluntad se rija por sí misma y que no sucumba al gozo de los objetos y de las actividades que la sensibilidad nos presenta: esos objetos o actividades en cuyo gozo reside nuestro placer y felicidad. Cuando la voluntad, carente de fuerza, sucumbe a los placeres, la felicidad de los sentidos, se deja dominar por la otra cosa (ver la tele): es heterónoma siendo esta heteronimia la pérdida de libertad.

Frente a la concepción que las éticas materiales tienen de la formal como determinación de lo que está bien o mal, Kant la entiende cómo conciencia del deber ya que, considera que la naturaleza de la moral se revela en la experiencia del “conflicto moral”, consistente en que no nos guste, que no resulta placentero o que no nos acerque la felicidad, pues el deber es universal.

La ética tendrá que ser, entonces, el análisis de cómo es posible la conciencia del deber necesario y universal de la moral. Este deber se expresa en lo que Kant denomina un imperativo categórico, una de cuyas formulaciones es la siguiente: “obra según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se vuelve en ley universal.”

Este imperativo exhorta (deber) siempre (necesidad) a todos (universalidad). Este imperativo incluye tres nociones básicas: máxima, querer y ley universal.

Primeramente analizaremos el querer que, significa que pretendo algo, es decir, me dirijo a él, tener interés en él... , pero hay algo que me mueve a mi hacia ese algo, eso el la voluntad. El hecho de querer algo es cuestión de voluntad, puesto que es ella la que mueve al ser humano hacia algo determinado que es la finalidad de nuestro comportamiento. Pues bien, esta representación del fin de nuestro comportamiento es lo que Kant denomina máxima. Todos nos movemos pensando en lo que queremos, esto es, a partir de máximas. Las hay que, representan fines particulares y no necesarios y hay máximas que representan fines en los que los hombres coinciden, fines universales y necesarios, son las llamadas leyes morales. Para llegar a la conclusión de nuestra pregunta debemos conocer en que consisten estos fines.

En primer lugar. Debemos descartar aquellos que son auto contradictorios. Y es que, según Kant, algunos fines se vuelven imposibles al elevarlos a la ley universal.

Por otro lado, estos fines tendrán que expresarse de tal modo que traten a todos los hombres por igual.

Estos fines además tendrán que ser tales que podamos quererlos. Si no fuese así, no podrían ser universales.

Por ultimo, son necesarios, no pueden cambiarse por ninguna otra cosa.

Llegados a este punto debemos establecer si hay fines que se ajustan a las características anteriores y cuales son. Como dijimos anteriormente, si un fin es necesario, significa que no se puede cambiar por otra cosa y, cuando algo se cambia por otra cosa, lo que se hace es darle un precio, un valor. Nosotros decimos que el ser humanos no tiene precio, no tiene valor incalculable, ni se compra, ni se vende. Ya tenemos un fin necesario y universal, ya que es un fin que todos quieren y porque les exige a todos preocupación por todas las personas.

La ley moral es aquella que determina que el fin de nuestro obrar será siempre y para todos la persona. Pero la persona es “ser racional”; luego, la ley moral es aquella que establece a todos los seres racionales como el fin de todo comportamiento de los seres racionales.

¿En qué está fundado el respeto entre los seres racionales?

Si nos fijamos en la primera formulación del imperativo, se trataba de poder querer que las máximas por las que se rigen las acciones humanas fuesen leyes; es decir, que lo que queremos se convierta en unos fines necesarios y universales. Esto hace reflexionar a Kant:

En primer lugar ratifica que hay fines necesarios y universales las cuales tienen como fundamento la razón.

Kant denomina razón teórica al conjunto de las facultades humanas en su labor cognoscitivo, esto es, aplicadas al conocimiento de las cosas de la experiencia sensible. Pero, el hombre non sólo conoce el mundo, sino que además actúa en él.

Así determinamos que, lo que hay de universal y necesario en el deber del ser humano tiene su fundamento, no en la razón teórica, sino en la razón práctica: en la aplicada, no en el conocimiento del mundo, sino en la orientación de nuestra actividad en él.

En segundo lugar ratifica que podemos desear fines necesarios y universales. Es posible también desear fines de otro tipo: contingentes y particulares que provienen del anhelo universal de felicidad que habita en el querer humano, esa felicidad que nuestro autor define como la coincidencia absoluta entre lo que se quiere y lo que se logra. Cuando la voluntad se deja llevar por el anhelo de felicidad, por fines contingentes y particulares, se vuelve heterónoma. Por el contrario, si se atiene a fines necesarios y universales, se entrega al amor generoso al prójimo. Es entonces cuando la voluntad obra libremente, pues al obrar el ser humano movido por la razón, lo hace de acuerdo con la ley, lo que hay en nosotros es “auto-nomía”, y quién obra de acuerdo a su propia ley actúa libremente. En consecuencia, el cumplimiento del deber descubre la dimensión fundamental de la voluntad humana: la libertad.

Si existe el deber de someterse a fines necesarios y universales, en lugar de dejarse llevar por las propias inclinaciones, es porque el ser humano tiene la capacidad de resistirse a sus inclinaciones: es libre.

¿A qué da lugar esa razón práctica?

El análisis ético de Kant desveló, que ser hombre es tener el corazón dividido entre: la ley moral y la felicidad, ambos necesarios.

Kant, al preguntarse por lo que debe hacer el ser humano esboza una ética, cuyas características son contrapuestas a las éticas materiales tal y como el filósofo las entiende. Al no tratarse de una ética material, Kant la denomina ética formal, que significa lo mismo que la ética racional, aquella en la que la razón es el fin del comportamiento de las personas. Esta razón es una razón humana, de seres racionales. Por eso, afirmar que la razón tiene que considerarse como fin en si misma equivale a decir que los seres racionales tienen que ser fines para los seres racionales.

3.- ¿Cuál es la esperanza del hombre sobre Dios, alma y mundo?

Se manifiesta la situación humana del deber y la felicidad. Para Kant, éstas no van de la mano, sino que concibe el cumplimiento del deber como una renuncia a la felicidad; ya que la virtud no garantiza que seamos felices, ni la felicidad garantiza que seamos virtuosos, no hay relación casual entre felicidad y deber. Nos gustaría que el deber cumplido fuese causa necesaria y suficiente de la felicidad; y para Kant, esta es precisamente la íntima esperanza del ser humano.

¿Qué hace posible que el cumplimiento del deber sea condición necesaria y suficiente de la felicidad? El cumplimiento del deber es doblemente problemático:

  • ¿Puede el hombre cumplir la ley moral? Kant le llama voluntad santa a aquella en la que el querer y la ley moral coinciden; pero la humana no es una voluntad santa. Puede llegar a serlo mejorando progresivamente en su cumplimiento del deber, pero a su vez no puede porque éste nunca será absoluto. Además, este perfeccionamiento moral lleva su tiempo, necesita una eternidad, que es la que le proporciona al hombre el tiempo necesario para cumplir su tarea moral de cumplimiento de la ley, por consiguiente, el alma tiene que ser eterna, es decir, inmortal.

  • Otro aspecto problemático: el reconocimiento de su cumplimiento, ya que ignoramos la medida en la que nuestra voluntad cumple el deber. Kant distingue entre acciones contrarias al deber, acciones conformes al deber y acciones por deber. El deber consiste en la obligación de cumplir la ley moral. El obrar moral exige que la motivación de los actos humanos sea exclusivamente el cumplimiento de la ley moral; sólo el que actúa por respeto a la ley (por la convicción en la necesidad de su cumplimiento) obra moralmente. Pero cómo saber si actuamos por respeto a la ley o por algún interés oculto. Kant piensa que el hombre no conoce los motivos de su obrar, lo único de lo que podemos estar seguros es de que incumplimos la ley. Para calibrar la medida exacta de nuestro cumplimiento del deber y alcanzar la felicidad, es necesaria una ojeada a la que no escape ninguna esquina del corazón del ser humano.

No está en nuestras manos proporcionarnos una felicidad a la medida de nuestro grado de cumplimiento del deber, porque optar por el deber supone renunciar a la felicidad. Y porque ser feliz supone satisfacer a todos los deseos, la felicidad exige que todo lo que nos pase, acontezca de acuerdo con lo que queremos, para conseguir eso, tendríamos que tener un poder absoluto sobre todo lo que nos ocurre, pero esto no acontece. Choca el hombre con la limitación de su poder. La reconciliación del deber y la felicidad exige un poder al se someta la totalidad de la orden natural: un poder que todo lo puede.

Para que el ser humano sea feliz en el cumplimiento de su deber, exige un alma inmortal, una ojeada que tiene que ser eterna, igual que aquello a lo que se dirige, y un poder que nada escape, eterno como aquello que tiene que reconciliar: deber y felicidad. Dios, poseedor de un saber omnisciente y un poder omnipotente, junto con la inmortalidad del mundo constituyen la posibilidad de la realización de nuestra esperanza. Ésta no es una quimera, se ha ce cumplir porque existe un Dios eterno, omnisciente y omnipotente, así como un alma humana inmortal y el mundo como lugar de reconciliación, que hacen posible esta esperanza.

¿Qué tipo de conocimiento es el que nos ofrece el análisis de las condiciones de cumplimiento de la esperanza humana sobre Dios y alma? Es la fe racional, en dos sentidos:

  • Negativamente, porque es conocimiento científico: la razón teórica es agnóstica, este conocimiento recae en los objetos que se nos hacen presentes a través de la experiencia sensible; y ni Dios ni el alma lo son.

  • Positivamente, porque es un comportamiento que tiene su fundamento en la esperanza. La esperanza es la fe en que llegará a ser esperado.

¿Por qué es racional esta fe? Todo individuo se pregunta qué puede conocer, que debe hacer y qué le cabe esperar; y trata de encontrar una respuesta. Toda cultura configura una teoría sobre la realidad, dilucida qué comportamientos tenemos que asumir y define en qué debemos depositar nuestra esperanza. Pero el hombre es un ser racional, la razón es el conjunto de las preguntas y respuestas formuladas y, por eso, es conocimiento deber y esperanza. La esperanza es constitutivo intrínseco de la razón, no hay razón sin esperanza, una esperanza ineludible, irrenunciable.

La política

Según Kant, la esperanza supone que ocurrirá lo que esperamos; remite su cumplimiento al futuro, que es un futuro compartido, pertenece a la comunidad humana animados por la misma esperanza: reconciliar deber y felicidad. Se trata de configurar un proyecto de convivencia que salvaguarde la dignidad de las personas y la felicidad que han de gozar en consecuencia. Ya que el ser humano es digno a medida que respeta las leyes morales (leyes de la razón en su uso práctico), la comunidad se regirá por las leyes de la razón; es, por lo tanto, una comunidad racional. Ya que somos libres en la medida que somos racionales (nos atenemos a las leyes morales), la comunidad será una comunidad de ciudadanos libres. Esta comunidad se constituye mediante relaciones a través de un trato pactado; y lo que tenemos es un contrato entre seres libres y racionales de donde surge una comunidad política; por éste, los seres libres y racionales asumen comportarse recíprocamente como medios y como fines en si mismos.

Las comunidades políticas se configuraron como estados, la forma de esta de una comunidad, según Kant, es la de una república, porque es la única forma de gobierno que garantiza la racionalidad de las leyes y que prevé su arbitrariedad como expresión de la voluntad de un soberano. Los fines que tiene que perseguir la republica son:

  • Reconocer en sus miembros libertad legal e igualdad civil.

  • Federarse con otros estados para lograr una paz perpetua.

  • Proporcionarles felicidad a sus miembros en la medida en la que cumplan la ley, aunque no se les puede garantizar la felicidad a quien cumpla con su deber, pero si la infelicidad., por medio del castigo, a quien lo incumpla. La esperanza humana acaba justificando el régimen carcelario, al servicio de la persuasión.

Nuestra esperanza es humanizar el mundo.

4.- Kant y Descartes llegan a conclusiones similares sobre Dios, alma y mundo, ¿Cuál es el camino que realizan para llegar hasta ellas?

Ambos autores se encuentran configurando una filosofía moderna. A pesar de que Descartes es racionalista, Kant también comparte esta corriente (aunque la configure con el empirismo, que ambas conforman la Ilustración). Surge ahora una pregunta fundamental importante: ¿Qué puedo conocer? Cada uno da argumentos diferentes para contestar esta pregunta, nosotras los expondremos relacionando ambas posturas.

Descartes contesta que se trata de descubrir los contenidos de la conciencia. Afirma que no podemos llegar a conocerlos a través de los sentidos, ya que estos nos engañan y carecemos de un criterio que nos permita diferenciar el sueño de la vigilia; ni de los procedentes del pensamiento ya que al pensar, a veces nos equivocamos, y además podría ser que Dios nos creara con un pensamiento defectuoso, la única idea que escapa a esta duda metódica es el cogito (pienso, luego existo), de las otras ideas carecemos de certeza e ignoramos su verdad mientras quepa la posibilidad de que el pensamiento sea defectuoso; por tanto, es necesario mostrar que Dios existe y que nos ha creado con un pensamiento fiable. Ya que tenemos la idea de Dios como perfección infinita en acto, esta idea no puede proceder de la experiencia de las cosas del mundo ni de nuestro pensamiento (imperfectos y finitos), sino que sólo puede proceder de Dios. Por tanto, Dios existe y nos ha creado con un pensamiento fiable siempre y cuando se atenga al método.

Descartes ha demostrado la existencia de Dios. Ahora bien, volviendo al conocimiento, postula que es posesión, por parte de la razón, de la idea correcta, con la importancia de la voluntad en este conocimiento; éste no solo procede de la razón, sino que también de la voluntad. Así, establece una relación entre teoría y praxis: el sentido de la teoría es la fundamentación de la praxis más correcta posible que se atiene a lo real; y la praxis solo se puede fundar en el conocimiento verdadero, pero esta verdad exige también razón y voluntad. Pero de este filósofo francés nos llega el problema de los límites de la voluntad en el pensamiento cartesiano. Para él, la razón humana es una razón finita, porque no puede extraer de si misma, por deducción, los modos particulares de las sustancias y, además, duda. En cuanto a la voluntad, afirma su omnipotencia que se constata en su capacidad para oponerse a la voluntad divina, por tanto, nos ofrece una comprensión de la voluntad autónoma frente a la razón y a Dios. La voluntad humana se determina a si misma sin ningún límite: ni los de la razón, ni los de Dios, ésta es facultad del “querer”;luego, la omnipotencia de la voluntad implica que el ser humano es soberano a la hora de determinar lo que quiere y lo que no.

Dicho esto, analizaremos lo que piensa Kant al respecto. Primeramente coincide con Descartes al afirmar el carácter finito de la razón humana, ésta se encarga del conocimiento y de los fines, facilita la organización de la ciencia y la moral. Esta finitud de la realidad provoca en Kant la escisión de la realidad: decir que la razón es finita, es lo mismo que decir que es limitada, por lo tanto hay un ámbito de la realidad que se sustrae a la racionalidad. La finitud de la razón es causa de la triste condición humana: ni el conocimiento de lo real anhelado por el hombre ni el cumplimiento de su esperanza están en sus manos. En cuanto a lo que Descartes dice sobre la autodeterminación de la voluntad humana y su consecuencia, la soberanía del ser humano para determinar lo que quiere y lo que no; Kant llega a una conclusión con un matiz diferente, lo explicaremos con un ejemplo: debes hacer algo que no te apetece, para hacerlo, necesitas fuerza de voluntad, capacidad de hacer lo que debe realizarse (deber), aunque no te apetezca. Este “hacer mi deber” supone que la voluntad se rija por si misma y que no sucumba al gozo de las actividades que la sensibilidad nos presenta, aquellos en los que reside nuestro placer o felicidad. Cuando la voluntad sucumbe a ellos, se deja mandar por otra cosa: es heterónoma, supone la pérdida de libertar, por lo tanto el hombre deja de ser soberano para determinar lo que quiere y lo que no, deja de ser libre.

En cuanto al alma, los dos filósofos llegan a la misma conclusión: el alma es inmortal, pero siguen caminos totalmente diferentes para llegar a esa conclusión.

Descartes dice que el alma es sustancia pensante y que esta carece de extensión porque el pensamiento también carece de ella. Lo que no tiene extensión, tampoco tiene partes; y ya que la muerte no es más que la disgregación de las partes que lo componen, se puede concluir que el alma es inmortal. Kant, en cambio (enlazando con lo dicho anteriormente), le llama voluntad santa a aquella en la que el querer y la ley moral coinciden, la que sólo pretende cumplir la ley moral; pero la humana no es una voluntad santa, aunque podría llegar a serlo si mejoramos progresivamente en el cumplimiento del deber, pero este cumplimiento nunca será absoluto. Para este perfeccionamiento moral, se necesita todo el tiempo del mundo: una eternidad, ésta le proporciona al hombre el tiempo necesario para cumplir su tarea moral de cumplimiento de la ley, por consiguiente, el alma tiene que ser eterna; y para que sea eterna, tiene que ser inmortal.

En cuanto al mundo, Kant afirma que Dios, poseedor de un saber omnisciente y un poder omnipotente, junto con la inmortalidad del mundo constituyen la posibilidad de la realización de nuestra esperanza. Ésta no es una quimera, se ha ce cumplir porque existe un Dios eterno, omnisciente y omnipotente, así como un alma humana inmortal y el mundo como lugar de reconciliación, que hacen posible esta esperanza. Mientras que Descartes afirma que Dios (perfección infinita en acto), crea un Mundo material (extensión), que es homogéneo, sin átomos, sin vacío y sin límites; que tiene un movimiento que se rige con el principio de inercia y el principio de conservación de la cantidad de movimiento.

5.- ¿Qué argumentos enfrentan, desde el punto de vista de la metafísica, a Hume y a Kant?

La visión que tiene Hume de Dios, alma, y mundo son contradictorias a las de Kant, pues Hume dice que del mundo no existe un orden deductivo en el acontecer fenoménico y que de su conocimiento no tenemos certeza teórica, sino práctica, es decir, no sabemos casi nada de él, pero lo poco que sabemos nos permite vivir en él.

En lo que se refiere a Dios, Hume dice mediante una serie de argumentos que su existencia no puede demostrarse teóricamente. Los argumentos son los siguientes:

  • Ontológico: es un error porque la negación de la existencia no produce contradicción lógica.

  • Cosmológico: es un error porque la relación causal no establece la existencia de nuevos seres, sólo relaciones entre seres experimentados previamente.

  • Teleológico: es un error porque el desorden y el mal en el mundo contradicen la idea de un organizador bondadoso y omnipotente.

En lo referente al alma Hume dice que no cabe afirmar la inmortalidad del yo.

A diferencia con Hume, Kant piensa que no es posible tener un conocimiento científico de Dios, alma, y mundo, pues la ciencia se basa en la aplicación de las categorías del entendimiento a aquello que puede darse en nuestra experiencia sensible, y Dios, alma y mundo no cumplen esta condición.

6.- ¿Cuál es la verdadera esperanza de los seres humanos? ¿Estáis o no de acuerdo con Kant?

Nosotras creemos que Kant está en la idea acertada en cuanto a la esperanza humana, ser feliz en la medida en que seamos virtuosos. Aunque podríamos hacer una observación, ya que en la realidad suceden otras cosas: el ser humano lo que busca es la felicidad absoluta, y si el deber es causa necesaria y suficiente de ésta, mejor; pero como no es así, el ser humano evita ese deber que lo hace infeliz para procurar la felicidad en otros medios, aunque esto suponga la pérdida de libertad, ya que la voluntad deja de regirse por sí misma y sucumbe a las tentaciones en donde reside nuestro placer. Y generalmente, nuestra felicidad reside en el cumplimiento de los sueños. Éstos, a veces irrealizables, se convierten en utopía y pasan a ser la esperanza del ser humano: la realización de los sueños imposibles.

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