Igualdad de oportunidades en el trabajo

Economía y empresa. Mujeres. Inserción laboral femenina. Desigualdad. Tareas domésticas. Paro. Discriminación salarial

  • Enviado por: Tasmania
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 40 páginas
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  • Evolución de la situación de la mujer: Interrelación trabajo familiar/trabajo profesional.

  • 1.1. La mujer en el trabajo familiar.

    Ocuparse del “trabajo femenino” en esta sociedad, en esta fase, significa ocuparse de todo el trabajo que realizan las mujeres, esto es, del trabajo familiar y del trabajo profesional que, según se desprende de los estudios sobre la ocupación femenina de los últimos 20 años, forman parte uno y otro, en diversas proporciones, de la experiencia de la mayoría de las mujeres.

    El trabajo familiar es el trabajo asignado en y para la familia. Comprende obligaciones y tareas asociadas a:

    • La reproducción: Relaciones sexuales, procreación, crianza de los hijos, desarrollo de la comunicación y de la afectividad.

    • Las tareas domésticas: Mantenimiento de la casa y del vestuario, compras, preparación de la comida, etc.

    • Las tareas burocráticas: Relaciones con los servicios, las entidades, instituciones.

    • Las tareas asistenciales: Cuidado de las personas enfermas, ancianas o inválidas.

    El trabajo familiar es un trabajo destinado a la reproducción, ausente del mercado laboral, y por tanto, gratuito; lo cual no significa su supervivencia como fenómeno precapitalista en estado puro, ni como residuo social del valor de uso.

    La discriminación todavía existe:

    La inmensa mayoría de los jóvenes están a favor de la plena igualdad entre los sexos. Hoy las condiciones para esta igualdad están dadas: no hay ninguna base objetiva que permita argumentar que las mujeres son inferiores a los hombres, al contrario, en estos años se han pulverizado todos aquellos obstáculos que, al menos, formalmente, impedían los ejercicios de esta igualdad.

    1.1.1. Las tareas domesticas como raíz de la desigualdad.

    Entre los 15 y 16 años, las adolescentes trabajan un promedio de 1,2 horas más que los chicos de estas edades, tiempo que restan de su ocio ya que dedican las mismas horas que los jóvenes a lo que podríamos llamar su mantenimiento personal -como dormir, comer, etc.

    El 86,5% de los chicos entre los 15-16 años, no dedica ni un solo minuto a los quehaceres domésticos. Para las chicas, las cosas son muy distintas: la mitad de ellas debe dedicar algo de tiempo a estas tareas; y un 24% más de dos horas diarias.

    15/

    16

    17/

    19

    20/

    24

    25/

    29

    V

    M

    V

    M

    V

    M

    V

    M

    Actividades / Día

    %

    %

    %

    %

    %

    %

    %

    %

    Mantenimiento.

    11,7

    11,6

    11,2

    11,2

    10,8

    11,2

    10,9

    11,1

    ~ Físico (1).

    10,4

    10,5

    10

    10,2

    9,7

    10,1

    9,5

    9,9

    ~ Social (2).

    0,1

    0,1

    0,1

    0,2

    0,2

    0,3

    0,4

    0,3

    ~Desplazamiento.

    1,1

    1

    1,1

    0,9

    0,9

    0,9

    1

    0,8

    Trabajo.

    6,5

    7,7

    7,2

    8,2

    7,4

    8,3

    7,9

    9

    ~Económico.

    1,2

    0,8

    2,9

    1,7

    4,8

    2,8

    6,4

    3,1

    ~Académico.

    5

    5,8

    4,1

    4,8

    2,3

    2,6

    0,9

    0,9

    ~Doméstico.

    0,2

    1,2

    0,2

    1,8

    0,3

    2,9

    0,6

    5

    Ocio.

    5,9

    4,8

    5,7

    4,7

    5,8

    4,6

    5,3

    4,1

    ~Asociativa / Religiosa.

    0,1

    0,1

    -

    0,1

    0,1

    0,1

    0,1

    -

    ~Específico (3)

    4,2

    3,2

    3,8

    3,1

    3,5

    2,9

    3,1

    2,6

    ~Inespecífico (4).

    1,7

    1,5

    1,9

    1,5

    2,2

    1,6

    2,2

    1,5

    Fuente: Encuesta Juventud / 88

  • Dormir, comidas, aseo personal.

  • Compras y gestiones personales.

  • TV, radio, lectura de libros y prensa, baile, audición de música, juegos, <<hobbis>>.

  • Paseo, charlar, ir de copas, no hacer nada.

  • Entre los 15 y 19 años, el 94,6% de las jóvenes vive en casa de sus padres, es decir, que no se ocupan del hogar por el hecho de vivir solas o de estar casadas. La mayoría, por el mero hecho de ser mujeres se encuentran responsabilizadas de unas tareas que, por lo general, sus hermanos no comparten. Las hijas siguen trabajando para que sus hermanos puedan tener más tiempo para otras cosas, estar más tiempo fuera de casa dedicándolo al ocio o al remunerado lo que les permite disponer de más recursos económicos.

    'Mujeres y trabajo: igualdad de oportunidades en el trabajo'

    Cada vez menos mujeres quieren dedicarse exclusivamente a tareas domésticas. Las jóvenes quieren un empleo, pero las estadísticas esconden esta otra realidad: que el número de mujeres que se dedican a las tareas del hogar como actividad principal es bastante superior.

    Entre los 17-19 años solo un 4,3% aparece bajo el epígrafe de “sus labores” pero, en cambio, un 17,7% dedica más de 4 horas a las tareas domésticas.

    En definitiva: un joven parado es alguien cuya obligación es buscar trabajo. Si no lo hace es un “parásito” un marginado ya que es socialmente inaceptable que un hombre pudiendo trabajar no lo haga. A una joven parada también se le anima y apoya en la búsqueda de un empleo, pero mientras tanto, siempre podrá echar una mano en casa “que trabajo no falta”

    • ¿Qué ocurre con las jóvenes parejas?

    Según un estudio realizado por el Instituto de la Mujer sólo un 26% de los jóvenes varones entre los 18 y 24 años está de acuerdo en que “las labores del hogar son cosas de mujeres”. En la misma encuesta se refleja que un 95% de los hombres esta de acuerdo en que, cuando la mujer trabaja fuera de casa, es justo repartir los trabajos domésticos entre los dos.

    La dedicación a las tareas domésticas ha disminuido notablemente en estos últimos 5 años. Según la encuesta realizada en 1983 entre jóvenes de 15 a 24 años el 16,7% de jóvenes varones y el 66,5% de mujeres dedicaban algún tiempo a las tareas domésticas e invertían un promedio de 1,5 y 4,3 horas respectivamente.

    En 1988 la proporción de dedicación diaria ha disminuido ligeramente (15,6% y 62%) pero lo que si ha sufrido una importante reducción es el promedio de tiempo 1,32 para los jóvenes y 3,30 para las jóvenes, lo que significa para estas una hora menos en estos últimos años.

    El reparto desigual de las tareas domésticas es la causa y el efecto de la discriminación que hoy aun sufren las jóvenes. La causa, porque les impide hacer otras cosas, y a la vez, permite que otros hagan más. El efecto porque es la consecuencia de que, por muy mitigado que parezca, por mucho que se diga lo contrario, sigue muy enraizada la creencia de que estas tareas son más propias de las mujeres que de los hombres como si aquellas tuvieran un gen que les marcara para toda su existencia y les orientara hacia este papel en la vida.

    1.2. Formación de agentes de igualdad: Dos trabajos por un solo salario.

    La complejidad del doble trabajo reside en la continua necesidad de mediar entre conflictos profundos y tensiones más superficiales. Los conflictos más profundos están ligados a la relación histórica de disparidad de poderes entre los sexos y a la profunda contradicción existente en el sistema entre los procesos de reproducción de las personas y el proceso de acumulación del capital.

    En particular, aun en aquellos casos en que se reconocen los dos trabajos de las mujeres, el domestico y el asalariado, sigue sufriéndose un estrabismo que lleva a conceder mayor importancia a uno u otro. La izquierda considera el trabajo asalariado como la vía para la emancipación; la derecha considera el trabajo doméstico como la vía de la santificación o de la autenticidad femeninas.

    El auténtico problema consiste en superponerlos y descubrir un espesor fundamental del sistema social que hasta ahora se ha mantenido sumergido. Solo así podrá abandonarse finalmente la mistificación de tratar como problema específico de las mujeres lo que, en realidad, es el problema social fundamental, la relación entre acumulación del capital y reproducción social de las personas.

    Las repercusiones del trabajo domestico sobre el trabajo asalariado resultan aun mas evidentes cuando el análisis de la ocupación femenina va más allá de las tasas de actividad para abarcar también los horarios de trabajo. A escala internacional, el trabajo a tiempo parcial es un fenómeno principalmente femenino. También los demás acuerdos y practicas relacionados con el tiempo de trabajo, como turnos, trabajo nocturno, horario flexible, horas extras, disponibilidad para ser llamada, son utilizados de distinta manera por los hombres y por las mujeres y esta diversidad se debe una vez mas a su diferente dedicación en el sector de la reproducción.

    El mercado de trabajo femenino se ha modificado mucho en los últimos decenios. Las mujeres tienen menos criaturas y una parte cada vez más grande de su vida no está sujeta ya a los ritmos biológicos de la maternidad. Se ha ampliado su período de permanencia en el puesto de trabajo, aunque esto no quiere decir que se haya reducido su trabajo domestico.

    Los salarios de las mujeres constituyen actualmente un componente esencial de la renta familiar y las familias presentan estructuras muy diversas, lo cual no modifica la relación conflictiva entre producción y costes de reproducción tal como la expresa la teoría del beneficio como plusvalía; solo significa que el salario masculino ya no basta para asegurar el nivel de vida de la familia.

  • La mujer en el trabajo profesional.

  • La concentración en ciertos sectores y profesiones es uno de los mecanismos de concentración de la fuerza de trabajo femenina. Los otros son:

    • Concentración en los niveles retributivos más bajos y en las cualificaciones inferiores.

    • Concentración en sectores productivos atrasados y en especializaciones “obsoletas”.

    • Concentración en las unidades productivas de dimensiones reducidas (pequeñas oficinas, empresas, laboratorios, etc.)

    El tipo de concentración que aquí nos ocupa representa un aspecto particularmente contradictorio e interesante. La presencia masiva de mujeres en determinados sectores y actividades no es solo un efecto directo de la selección de la demanda en el interior del mercado laboral, sino que además también contiene elementos de elección individual. Las características comunes a las profesiones de este abanico son la transmisión, recuperación y reelaboración de los contenidos tradicionales de la producción femenina.

    En el caso de algunas profesiones, la feminidad adopta la forma de un rol prefijado en el marco de una “pareja profesional”: medico-enfermera, jefe-secretaria, abogado-ayudante, etc. En estas profesiones femeninas, la relación de subordinación resulta más aceptable por la co-participación de la mujer en una relación de colaboración, en un objetivo común, de acuerdo con una lógica y una organización del trabajo que reproducen las conyugales/familiares.

    Existen luego una serie de otras profesiones todavía más estrechamente ligadas al atributo sexual, cuyo requisito básico es el cuerpo-mercancía de la mujer (maniquís, modelos fotográficas, dependientas de boutique, etc.) utilizado como símbolo del deseo y de su materialización en el consumo de mercancías.

    Existen asimismo sectores productivos (textil, electromecánica, etc.) que ocupan exclusivamente a mujeres en todos los tipos de trabajo que requieren precisión, destreza manual, paciencia. En este caso lo que se explota en la producción industrial son las capacidades manuales, la costumbre de manipular con delicadeza cosas pequeñas y frágiles, asociadas a la experiencia del trabajo familiar. En estas situaciones, la relación hombre-mujer se reproduce de manera todavía más evidente como relación de autoridad/dependencia.

    Las profesiones consideradas más típicamente femeninas se realizaban exclusivamente en el marco de la familia o que siguen formando parte del trabajo familiar, pero de manera complementaria (por ejemplo maestra de jardín de infancia, enfermera) y a veces todavía se desarrollan íntegramente en el seno de la familia cuando la mujer se dedica al trabajo familiar a jornada completa. Existen asimismo una serie de profesiones, de contenido análogo, que han ido feminizándose progresivamente coincidiendo con la pérdida de prestigio y de remunerabilidad (niveles inferiores de la enseñanza, las diversas profesiones asociadas a la asistencia social, al cuidado de la infancia, etc.)

    1.3.1. Las desigualdades en el mercado de trabajo.

    Son ya pocas las jóvenes que no se plantean tener, o al menos buscar un trabajo remunerado. El 86% de los hombres dice que el trabajo es tan importante para ellos como para las mujeres. El ambiente que se ha creado para esta incorporación de la mujer al mercado de trabajo parece que ha despejado los múltiples obstáculos legales y prácticos que existían hasta hace muy poco.

    En estos últimos años un buen número de mujeres ha encontrado un empleo remunerado y muchas otras lo están buscando. Para muchas mujeres ya no se trata solo de trabajar mientras son solteras y abandonar el puesto de trabajo al casarse, lo que era corriente en épocas no tan lejanas.

    La presencia de mujeres en todas las profesiones es hoy un hecho indiscutible. Ver a una mujer juez o taxista, ingeniera o fontanera, inspectora de trabajo, directora de empresa, policía o médica no produce ninguna extrañeza ni en general rechazo social.

    Pero la realidad no se corresponde con esta imagen: persisten las diferencias entre los dos sexos en su relación con la actividad productiva remunerada con una clara desventaja para las mujeres.

    2. Situación de las mujeres españolas en el mercado de trabajo.

    2.1. Introducción.

    La evolución del mercado de trabajo español a lo largo de los últimos veinte años se ha caracterizado por la creciente incorporación de las mujeres al mundo laboral. Esta incorporación se ha dado debido a los cambios experimentados en los patrones de nupcialidad y fertilidad, en el tamaño de la familia, en las relaciones familiares y en el aumento del nivel educativo de las mujeres.

    Pero en España la participación laboral femenina es más baja que en los países de alrededor, ya que muchos de nuestros cambios han tenido lugar con cierto retraso y en un periodo más corto.

    En la última década ha aumentado el número de ramas productivas consideradas femeninas y las mujeres han aumentado su incorporación a las actividades económicas. Pero aún así, las mujeres siguen permaneciendo menos tiempo en los puestos de trabajo y tienen tasas mas elevadas de permanencia en el paro.

    Ante estos cambios, los economistas y sociólogos intentan verificar, si las transformaciones contribuyen a reducir o aumentar las desigualdades y la discriminación del género en el acceso al empleo.

    Para estos estudios se plantean varias preguntas sobre la situación laboral de la mujer en la actualidad, cuyas respuestas se basan en estadísticas reales y estudios sociológicos:

  • ¿Existen diferencias relacionadas con el sexo o género de los individuos en la creación y destrucción de empleo?

  • ¿En qué actividades productivas se genera empleo para las mujeres y cuales son las principales ocupaciones femeninas?

  • ¿Qué influencia tiene el estado civil y la situación profesional sobre el comportamiento de la mujer en el empleo y su comparación con el hombre en los mismos puestos de trabajo?

  • ¿Cuál es la incidencia del nivel de estudios como instrumento para reducir las diferencias entre sexos en el acceso al empleo, así como en la mejora de las retribuciones salariales?

  • ¿Cómo influye la situación familiar en las decisiones laborales de las mujeres?

  • ¿Cuál es el efecto de la participación laboral femenina sobre los presupuestos y gastos familiares?

  • ¿Cuáles son las causas de la discriminación salarial?

  • ¿La difusión de las tecnologías de la información contribuye a crear condiciones mejores o peores para el empleo de mujeres?

  • Leyes sobre la igualdad de oportunidad.

  • Puesto que hay varias leyes que nos hablan sobre la igualdad de oportunidad de las mujeres en el empleo, seguidamente las expondremos en forma de tabla, para poderlas comparar mejor:

    Leyes /órdenes ejecutivas.

    Año

    Finalidad

    Cobertura.

    Ley de igualdad de retribuciones.

    1963

    Prohíbe la discriminación por razón del sexo en las retribuciones d hombres y mujeres que ocupan puestos de trabajo iguales o semejantes.

    Empresas privadas dedicadas al comercio o a la producción de bienes para el comercio, con dos o más empleados; organizaciones laborales.

    Titulo VII de la Ley de derechos civiles (modificada en 1972)

    1964

    Prohíbe la discriminación por razón de la raza, sexo, color, religión u origen nacional.

    Empresas privadas con 15 o más empleados durante 20 o más semanas por año, instituciones, gobiernos estatales y entidades locales, oficinas de empleo, organizaciones laborales y comités conjuntos de formación.

    Orden ejecutiva 11246

    1965

    Prohíbe la discriminación por razón de la raza, sexo, color, religión u origen nacional; exige la adopción de medidas de acción positiva en relación con estos factores.

    Contratistas y subcontratistas federales con contratos por valor superior a 10.000dolares; empresas con 50 o mas empleados o contratos de mas de 50.000 dólares.

    Orden ejecutiva 11375

    1967

    Prohíbe la discriminación salarial por razón de sexo.

    Contratistas y subcontratistas públicos.


    Leyes /órdenes ejecutivas.

    Año

    Finalidad

    Cobertura.

    Orden ejecutiva 11478

    1967

    Sustituyo a la Orden ejecutiva 11246 y modifico algunos de los procedimientos existentes.

    La misma que la Orden ejecutiva 11246

    Ley de discriminación por razón del embarazo (PDA)

    1978

    Dispone que las empresas deben tratar el embarazo exactamente igual que cualquier otro estado medico en relación con las prestaciones complementarias y los permisos.

    La misma que la del titulo VII de la Ley de derechos civiles.

    Ley de derechos civiles.

    1991

    Autoriza a las mujeres, minusválidos y personas pertenecientes a minorías religiosas a presentar una demanda judicial de indemnización de daños, en caso de discriminación intencionada con la contratación o en lugar de trabajo. Dispone asimismo que las empresas deben probar que la práctica impugnada no era discriminatoria, sino que estaba relacionada con el empleo en el puesto y era congruente con sus propias necesidades.

    Empresas privadas con 15 o mas empleados.

    2.2. Análisis económico de la participación laboral de la mujer.

    A partir de que la mujer se incorpora al trabajo asalariado, los economistas empiezan a preguntarse porque lo hacen, si existen diferencias entre los comportamientos laborales masculinos y femeninos y las posibles actitudes discriminatorias en contra de las mujeres.

    Pero los elevados costes de oportunidad que derivan para las mujeres el hecho de trabajar en casa, o trabajar fuera del hogar, no se ve hasta que no aparece una incorporación masiva de la mujer al trabajo asalariado.

    Tanto los investigadores de la realidad económica demandando información, como la lucha de las mujeres por su incorporación a la vida publica y al trabajo remunerado también ha obligado a instituciones publicas y privadas a mejorar la información acerca de la situación sociolaboral de las mujeres.

    Las estadísticas socioeconómicas internacionales se desagregan en función del sexo, lo que nos permite comparar la situación de hombres y mujeres en los distintos países.

    También los Informes sobre el Desarrollo Mundial que emite la ONU dedican apartados especiales a las mujeres, los informes de la OCDE sobre empleo y paro, capital humano e influencia de las tecnologías de la información hablan sobre la situación de las mujeres, los Informes sobre el Empleo en Europa redactados por la Unión Europea también lo hacen.

    PROMOCIÓN DEL EMPLEO DE LA MUJER

    FORMULACIÓN DE POLÍTICAS . PROGRAMAS CONTRA EL DESEMPLEO

    Promoción para el logro de la Igualdad de Oportunidades en el empleo y en la formación. (Sacado de La Igualdad y Protección de la Mujer en la Normativa de la OIT).

    En España, la labor del instituto de la Mujer hay resultado muy positiva para la obtención de estadísticas socioeconómicas en función del sexo y para el desarrollo de programas de investigación dedicados al estudio de la situación de la mujer y la comprobación de su discriminación salarial. El Consejo Económico y Social de España, hace público el Boletín Panorama Sociolaboral de la Mujer en España, y también existen revistas económicas que dedican temas a la mujer.

    2.2.1. La Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC).

    Este organismo junto con la Oficina de Programas de Cumplimiento de los Contratos Federales (OFCCP), son los principales organismos que se ocupan de la igualdad de oportunidades en el empleo. Todas las organizaciones con 20 o más empleados han de mantener registros de datos a disposición de ellas.

    La EEOC ha dictado normas sustantivas que interpretan el titulo VII de la Ley de derechos civiles de 1964, la ley de discriminación en el empleo por razón de edad (ADEA), la ley de igualdad de retribuciones, la Ley de americanos con minusvalías (ADA) de 1990, y la Ley de derechos civiles de 1991.

    El titulo VII dispone que las empresas, oficinas de empleo y organizaciones laborales sujetas a la ley coloquen en lugares públicos los comunicados de la EEOC, en los que se resumen los requisitos de las leyes que busca cumplir la EEOC. Para ello esta organización ha preparado el correspondiente comunicado para su exposición al público, y su incumplimiento puede sancionarse con una multa.

    En caso de que exista discriminación, cualquier persona puede presentar una demanda por discriminación ante cualquier oficina de la EEOC. Para determinar si ha habido discriminación, la EEOC tiene dos métodos: la paridad de empleo (situación en la que la proporción de minorías y mujeres empleadas por una organización es igual a la proporción en el mercado de trabajo pertinente), y la paridad ocupacional (situación en la que la proporción de minorías y mujeres empleadas en varias ocupaciones dentro de una organización es igual a su proporción en el mercado de trabajo pertinente) las grandes diferencias de paridad (ocupacional o de empleo se denomina discriminación global.

  • Participación de las mujeres en el mercado de trabajo: tasa de actividad y tasa de paro.

  • La participación laboral se mide mediante la tasa de actividad o proporción de mujeres activas respecto a la población total femenina que ha superado la edad mínima laboral. La población activa esta constituida por todas las personas que aportan su trabajo en la producción de bienes y servicios económicos o están disponibles para ello, incluyendo con empleo u ocupadas y a las desempleadas o paradas. El resto de población que ha superado la edad labora y que no esta dentro de la poblaron activa, constituye la población inactiva, formada mayoritariamente por mujeres dedicadas a las tareas del propio hogar, jubilados e incapacitados y estudiantes.

    Los principales documentos estadísticos que nos ofrecen esta información están elaborados por el Instituto Nacional de Estadística, y son:

    Base de datos TEMPUS.

    Encuesta de Población Activa.

    Encuesta de Salarios

    2.3.1. Tasa de paro

                                          

    Ambos sexos (2001)

    Varones (2001)

    Mujeres (2001)

                                          

    Ambos sexos (2005)

    Varones (2005)

    Mujeres (2005)

    Total

    10,55

    7,54

    15,22

    9,16

    7,04

    12,16

    De 16 a 19 años

    29,11

    23,71

    37,65

    29,15

    24,54

    36,25

    De 20 a 24 años

    18,86

    14,54

    24,32

    17,04

    14,32

    20,37

    De 25 a 29 años

    13,12

    10

    16,97

    11,18

    9,13

    13,63

    De 30 a 34 años

    10,2

    7

    14,79

    8,11

    6,11

    10,8

    De 35 a 39 años

    8,64

    5,57

    13,3

    7,7

    5,46

    10,85

    De 40 a 44 años

    7,71

    4,84

    12,08

    7,07

    4,68

    10,38

    De 45 a 49 años

    7,08

    4,83

    10,95

    6,56

    4,56

    9,45

    De 50 a 54 años

    6,67

    4,85

    10,44

    5,95

    4,62

    8,15

    De 55 a 59 años

    6,8

    5,89

    8,99

    6,34

    5,49

    7,98

    De 60 a 64 años

    5,72

    5,2

    7,01

    5,69

    5,35

    6,44

    De 65 a 69 años

    1,87

    0,74

    4,2

    3,03

    2,45

    4,19

    De 70 y más años

    0,29

    0

    0,95

    1,23

    0,67

    2,46

    (Tasa de paro: 2001; 2005)

    • La tasa de paro se mantiene por encima de la masculina, pero vemos como en 2005, lo hace en una proporción menor, es decir que los índices de la mujer se van reduciendo más y afecta sobre todo las edades más jóvenes.

    2.3.2. Tasa de actividad

    Analizaremos brevemente la tasa de actividad en estos años:

    • El mercado de trabajo ha experimentado transformaciones importantes debido a que la mujer ha decidido entrar en la economía remunerada, pues vemos que de 2001 a 2005 ha elevado su tasa de actividad (40,43% a 46,41%), mientras que los hombres la han elevado en proporción menor. Y si lo analizamos por tramo de años, vemos que las diferencias son mayores, y las proporciones en las que aumenta la tasa de las mujeres es aun mayor.

    • Por nivel de estudios, la tasa de actividad femenina para enseñanza universitaria de primer y segundo ciclo crece en mayor proporción en las mujeres (75,20%-78,90%), que en los hombres (81,01%-83,31%), afirmación que más o menos se mantiene cuando las personas tienen estudios, mientras que en personas sin estudios es al revés.

                                             

    Ambos sexos (2001)

    Varones (2001)

    Mujeres (2001)

                                             

    Ambos sexos (2005)

    Varones (2005)

    Mujeres (2005)

    Total

    52,99

    66,23

    40,43

     

    57,35

    68,78

    46,41

    De 16 a 19 años

    25,59

    30,62

    20,3

     

    28,86

    34,08

    23,35

    De 20 a 24 años

    60,24

    65,7

    54,53

     

    67,04

    72,11

    61,74

    De 25 a 29 años

    81,35

    88,05

    74,36

     

    84,9

    89,88

    79,62

    De 30 a 34 años

    81,02

    94,19

    67,46

     

    84,97

    94,46

    74,89

    De 35 a 39 años

    78,68

    94,2

    63

     

    82,69

    94,77

    70,14

    De 40 a 44 años

    77,17

    93,35

    61,05

     

    81,18

    93,72

    68,49

    De 45 a 49 años

    72,41

    91,82

    53,14

     

    77,53

    91,9

    63,25

    De 50 a 54 años

    64,33

    87,62

    41,48

     

    70,07

    88,32

    52,19

    De 55 a 59 años

    51,27

    73,9

    29,51

     

    56,16

    75,44

    37,74

    De 60 a 64 años

    30,96

    46,04

    17,02

     

    34,09

    48,78

    20,38

    De 65 a 69 años

    3,95

    5,79

    2,39

     

    4,67

    6,93

    2,82

    De 70 y más años

    0,53

    0,91

    0,27

     

    0,98

    1,62

    0,53

    (Tasa de actividad: 2001; 2005)

    • Para finalizar con este pequeño análisis, diremos que según el estado civil, la tasa de actividad de las mujeres casadas también vemos que ha aumentado (39,04 %-44,69%), en mayor proporción que la de los hombres (67,96%-68,46%), debido a que ya no abandonan el mercado de trabajo al casarse o al tener hijos.

    2.4. Características personales y profesionales de las mujeres ocupadas.

    2.4.1. Características personales.

    • De forma general, la presencia de mujeres en el empleo total ha evolucionado de forma favorable, aunque muy lentamente. Pero consideramos 3 variables personales que explican el comportamiento femenino:

    • Por edades, las mujeres de 25 a 34 años, son las que alcanzan mayores porcentajes en la participación de empleo, mientras que las mayores de 55 años pierden presencia.

    • Según el nivel de estudios, las mujeres universitarias alcanzan en 2001 situaciones parecidas a la de los hombres, con lo que los estudios constituyen una herramienta muy útil para luchar contra la desigualdad y especialmente cursando carreras de ciclo corto.

    La educación aumenta la probabilidad de que la mujer forme parte de la población activa. Este mayor nivel, frena la salida de la misma de la actividad económica. Parece claro que a medida que la mujer incrementa su nivel educativo, aumenta su participación en el mercado laboral.

    Las mujeres con estudios más bajos muestran un porcentaje menor a la media en el empleo total.

    • Por estado civil, en la última década, ha aumentado la importancia de las mujeres casadas, frente a los hombres casados, y han descendido las solteras que continúan estudios en mayor medida que los solteros.

    2.4.2. Características profesionales.

    • Entre los asalariados del sector público hay una igualdad entre ambos sexos. Las mujeres encuentran ventajas en este sector a través de los procesos de selección más objetivos y a mejores posibilidades para compatibilizar vida profesional y responsabilidades familiares. También ha mejorado en empleo en el sector privado, aunque el número de mujeres empresarias ha crecido, su peso relativo aumenta muy poco, con lo cual no acceden en la misma medida a los puestos de decisión económica.

    • Disminuye la participación de las asalariadas en la contratación temporal y aumenta el empleo indefinido, lo que parece indicar que la inestabilidad del empleo femenino se debe al momento en que se han incorporado al mercado de trabajo. En cuanto a los contratos parciales y duración de la jornada, cada vez hay menos diferencias con los hombres pero todavía se puede considerar territorio de las mujeres, lo que nos indica de nuevo que las condiciones sociales y culturales condicionan un trato discriminatorio contra las trabajadoras.

    2.5. Obstáculos y limitaciones en el acceso al trabajo.

    A pesar de que en la última década la participación de hombres y mujeres en el mercado de trabajo se ha igualado en gran medida, todavía persisten desigualdades que se manifiestan por la permanente segregación en el tipo de trabajos desarrollan las mujeres.

    La mujer se enfrenta con el problema de conciliar la práctica de una carrera profesional con las responsabilidades familiares: cuidado de los hijos, atención del hogar y desempeño de tareas domésticas. Por este motivo muchas mujeres aceptan puestos de trabajo a tiempo parcial restringiendo su acceso a puestos de responsabilidad. Debido a ello, en la empresa tradicional la mujer aparece siempre dependiendo jerárquicamente del hombre.

    Además, existe una estrecha relación entre las actitudes de la mujer ante el trabajo y el nivel salarial que consigue, que se explica a través de dos factores:

    • Las moderadas pretensiones y ambiciones profesionales de la mujer.

    • Los ingresos de la mujer complementan a otros que se producen en la economía familiar sin pretender sustituirlos.

    Los problemas específicos de la mujer para hacer frente a la promoción interna y a la movilidad en el trabajo vienen marcadas por dos tendencias.

    En primer lugar, las mujeres trabajan en ocupaciones inferiores de las diversas escalas profesionales, especialmente en puestos de trabajo administrativos y de servicios.

    En segundo lugar, las mujeres acceden a puestos de niveles elevados concentrados en el sector público o en profesiones liberales donde encuentran un trato paralelo al hombre.

    En resumen, los problemas de inserción laboral femenina se pueden explicar desde el lado de la oferta y desde el de la demanda:

  • Desde la oferta, por la definición previa de ciertas desigualdades en función del sexo:

    • Diferencias en las capacidades físicas: favorecen a los hombres en las tareas supuestamente masculinas o que requieren un esfuerzo físico.

    • Diferencias en los caracteres personales: tradicionalmente a los hombres se les atribuye un carácter dominante, ambicioso y competitivo, mientras que las mujeres se las percibe como más conservadoras, poco agresivas laboralmente y de más fácil taro personal.

    Por esto es por lo que se otorgan los puestos directivos a los hombres y los puestos de relaciones públicas a las mujeres.

    • Diferencias sociales y familiares ya que las mujeres están especialmente condicionadas por su entorno familiar y por los hijos, lo que hace que sus carreras profesionales ocupen un segundo lugar.

  • Desde la demanda: las limitaciones profesionales que se imponen a sí mismas algunas mujeres y que se derivan de las cargas familiares, impiden la movilidad física y geográfica y la movilidad dentro de la organización de trabajo.

  • Además las cargas familiares y la maternidad son dos factores que influyen negativamente en la inserción laboral femenina, obstaculizando el empleo, la promoción interna y hasta su permanencia en sus puestos de trabajo.

    A pesar d esto, últimamente los problemas de compatibilizar hogar y profesión se han ido suavizando gracias a los mayores niveles de educación de las mujeres. Además la caída de la natalidad está incidiendo notablemente en el tiempo disponible de las mujeres.

    Aún así, la situación laboral de la mujer está marcada por el desigual reparto de las tareas del hogar y eso interfiere en su plena incorporación laboral.

    Al respecto, los expertos coinciden en que, solo en la medida en que se registre en la familia una distribución sexual igualitaria de las tareas, podrá generarse una equiparación laboral de la mujer con respecto al hombre.

  • Análisis de la discriminación salarial en España.

  • Para analizar esta cuestión tomamos como referencia la Encuesta de Presupuestos Familiares que es una encuesta que permite abordar con garantías suficientes el estudio de la actividad laboral de la mujer frente a su situación personal y familiar, así como el análisis de las diferencias en los ingresos.

    Además de esta Encuesta de Presupuestos Familiares, el instituto nacional de estadística elabora con intervalos de diez años aproximadamente, las denominadas Encuestas Básicas de Presupuestos familiares (EBPF) de las que se puede extraer información acerca de la situación laboral de la mujer y su relación con aspectos no solo personales (edad, nivel educativo, profesión, educación, etc.) sino también familiares (estado civil, situación laboral de la pareja, edad de los hijos,...).

    La encuesta más reciente se elaboró hace tiempo y cubre el período anual comprendido entre Abril de 1990 y Marzo de 1991 (EBPF-91).

    Junto con esta base estadística, también encontramos información útil en:

    • Encuesta de Estructura salarial (1995)

    • Encuesta de Salarios de la Industria y Servicios

    • Informes específicos elaborados por el Instituto de la mujer

    Conclusiones:

  • Los salarios o ingresos medios de las mujeres son inferiores a los de los varones

  • La distribución de ocupaciones es desfavorable a las mujeres en un doble sentido, por una parte se encuentran concentradas en un número de ocupaciones relativamente pequeño, y por otro, su participación en los puestos de trabajo mejor pagados es muy inferior a la de los hombres.

  • Las explicaciones que dan al respecto los economistas pueden resumirse en:

      • La teoría de la discriminación en el mercado de trabajo. El comportamiento de los agentes económicos genera diferencias de productividad, ya sea porque tienen gustos discriminatorios diferentes o porque los empresarios al intentar maximizar los beneficios en condiciones de incertidumbre aplican criterios de discriminación estadísticas a la selección y promoción de hombres y mujeres.

      • La teoría del capital humano. Según esta teoría las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres reflejan diferencias de productividad. Estas diferencias responden a una elección que la mujer desarrolla de forma voluntaria y racional ya que las mujeres dedican menos tiempo al trabajo en el mercado y de una forma más discontinua. Las diferencias salarias aparecerán en este caso en le lado de la oferta.

    Lo cierto es que en España existe discriminación salarial y según las estimaciones la diferencia bruta de los ingresos entre hombres y mujeres pueden descomponerse en tres partes:

    • Un 53% se origina por las diferencias de productividad relacionadas con las características personales.

    • Un 12% se debe a los efectos negativos que tiene la división familiar del trabajo.

    • El 35% restante tiene su origen en la discriminación salarial propiamente dicha, es el decir, el pago de ingresos diferentes a individuos igualmente productivos.

    Los ingresos femeninos suponen solo un 76% aproximadamente de los que perciben los hombres y resultan siempre más bajos para las mujeres.

  • Variables que influyen en la discriminación salarial.

  • La educación. Constituye un elemento fundamental para el empleo femenino. En el caso de las mujeres la educación resulta un elemento importante para la mejora de sus ingresos, sin olvidar que estas parten de niveles más bajos y que sus ingresos quedan siempre por debajo de los de los hombres. Esto no debe entenderse como una discriminación positiva hacia la mujer ya que se trata de un requisito para acceder a un puesto de trabajo y que actúa como condicionante de los ingresos que percibirán.

  • Por tanto, como conclusión podemos afirmar que las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres no pueden explicarse por el número medio de años de educación recibidos ya que éste es superior para las mujeres.

  • La situación familiar. Como punto de partida hay que tener en cuenta que para los varones el matrimonio y la carrera laboral son complementarios, mientras que para las mujeres son sustitutivos.

  • El varón casado tiende a especializarse generalmente en el mercado de trabajo, mientras que la esposa se especializa en el trabajo doméstico, incluyendo el cuidado de los hijos. Esto también influye en que la mujer no invierta en formación de carácter general en aquellos períodos que prevea permanecer apartada del mercado de trabajo, por lo que su productividad y sus ingresos serán menores.

    Por otro lado, si los empresarios aplican una discriminación estadística al considerar que los efectos del matrimonio sobre el salario pueden ser diferentes para hombres y mujeres. Los empresarios pueden percibir y asociar matrimonio e hijos con estabilidad laboral en el caso de los varones. Si esto se traduce en un nivel de formación más elevado los varones casados con hijos percibirán ingresos más elevados. En el caso de las mujeres, el matrimonio y los hijos están ligados a un aumento de la probabilidad de absentismo y a una tasa de abandono que se traduciría en una menor formación y en consecuencia un menor salario.

    En conclusión, la convivencia en el hogar de hijos menores de 2 años supone un freno importante para la participación laboral de las mujeres y esto suele producirse en los tramos de edad que son más favorables para el empleo femenino.

  • La educación y el nivel cultural de la familia. Así, cerca del 20% de las mujeres trabajadoras convivan con un hombre de estudios universitarios y solo lo hagan el 7% de las que no trabajan es muy significativo. Además hay que señalar que la especialización de la mujer en las tareas domésticas ejerce una influencia negativa sobre los ingresos.

  • Sector de actividad. Existen diferencias de ingresos entre hombres y mujeres en función de si son asalariados del sector público o privado.

  • Independientemente del sexo, los ingresos medios son mayores para los asalariados del sector público lo que podría deberse a un mayor número de años de educación y experiencia. Además las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres son menores con respecto al sector privado. En el público los ingresos medios femeninos ascienden al 84% de los de los varones, en el privado se sitúan en el 59%. Parece que la discriminación en contra de las mujeres es mucho menor en el sector público, pero también existen.

  • Impacto de las tecnologías de la información.

  • En los países industrializados el empleo está experimentando transformaciones importantes como consecuencia de la innovación tecnológica y de la introducción de las tecnologías de la información.

    Estas innovaciones tecnológicas pueden favorecer la participación femenina en el empleo ya que el desarrollo de innovaciones reduce o hace desaparecer el esfuerzo físico, la automatización y robotización de tareas peligrosas pudiendo las mujeres así, desempeñar tareas tradicionalmente asignadas a los hombres.

    Además, el aumento de los requerimientos de cualificación para acceder a cualquier puesto de trabajo permite reducir la posibilidad de discriminación por sexo a la hora de realizar contrataciones.

    También hay que tener en cuenta el aumento considerable de empleos relacionados con la atención a personas, actividades tradicionalmente realizadas por mujeres de forma gratuita en el seno del hogar y que ahora debido a la incorporación de la mujer al trabajo, se adquieren en el mercado y son realizadas por mujeres pero de forma remunerada.

    A pesar de todo, resulta difícil analizar los efectos exclusivos del cambio tecnológico y organizativo sobre el empleo de las mujeres ya que esos cambios se están introduciendo paulatinamente y además la incorporación de las mujeres en el mercado de trabajo avanza muy deprisa.

    En resumen, el empleo femenino es cada vez más importante, especialmente en las actividades relacionadas con la economía y la sociedad de la información.

    Así mismo se confirma que aunque las mujeres parecen ser favorecidas por la difusión de este tipo de tecnologías, mayoritarias en trabajos de oficina, este proceso las ha conducido principalmente hacia ocupaciones subordinadas.

  • Ventajas e inconvenientes del nuevo sistema de producción.

  • El sistema tecnológico-organizativo de las tecnologías de la información parece abrir nuevas posibilidades que favorecen el empleo femenino aunque también aparecen nuevas barreras que se unen a las ya existentes.

    Como ventajas podemos destacar:

    • En un sistema productivo cuyos objetivos son la variedad, la innovación de producto y la calidad, requiere una organización del trabajo flexible y que permita turnos de trabajo más reducidos, horarios personalizados y trabajo desde casa. Todos estos elementos pueden facilitar la incorporación de las mujeres con responsabilidades familiares. Con este sistema también se requiere movilidad funcional que puede favorecer el desarrollo de las capacidades de la mujer mientras que la exigencia de movilidad geográfica puede limitar la incorporación de mujeres con responsabilidades familiares.

    • La automatización flexible, apoyada en sistemas de robots y máquinas de control numérico, facilita la reducción o desaparición del esfuerzo físico favoreciendo considerablemente el empleo de mujeres en condiciones de igualdad. Esta reducción de la participación directa y manual de los operarios en la producción y el aumento de las labores indirectas (control de calidad) también favorece su incorporación en pie de igualdad, especialmente si se tiene en cuenta que, en la actualidad, cada vez hay más mujeres que superan a los hombres que superan a los hombres en preparación académica y profesional.

    • El hecho de que las cuestiones relativas a la mano de obra se aborden desde el enfoque de recursos humanos se puede considerar positivo para promocionar el empleo femenino en condiciones de estabilidad, frente al predominio de los contratos temporales que, hoy todavía, las afecta más que a los hombres. Asimismo, la exigencia de mayor cualificación y niveles e niveles educativos mayores también pueden favorecer el empleo de las mujeres más formadas.

    • Pero lo más importante es que se establece una nueva cultura de las relaciones entre empresa y trabajador en la que priman los valores no autoritarios teniéndose así en cuenta la responsabilidad, la comunicación, la participación, la formación y la relación.

    Por su parte, los inconvenientes más destacados son:

    • En un sistema de redes de empresas flexibles con mano de obra cualificada, las relaciones laborales son más complejas e individualizadas y esto puede afectar negativamente a las mujeres.

    • En las relaciones de subcontratación entre empresas son frecuentes los casos de deterioro de las condiciones de trabajo en aquellas actividades cuya realización requiera poca cualificación donde es muy probable que la presencia femenina sea importante. Así aumenta el empleo femenino, pero en condiciones más precarias.

    3. Empleo femenino por sectores de actividad.

    La evolución de la mujer en el trabajo en España no difiere mucho con en el resto de Europa en los últimos 50 años, con algunas excepciones propias de la historia de cada país.

    El aumento cuantitativo de trabajadoras no se ha traducido en un desarrollo paralelo de su peso en el mercado. La fuerza de la tradición y el pensamiento socialmente mayoritario sobre las capacidades del sexo femenino dirigen a sus integrantes hacia determinadas profesiones.

    En las primeras décadas del siglo XX, el trabajo femenino tiene un carácter «secundario, transitorio y no cuantificado»; y en la sociedad española prevalece todavía la idea de que las mujeres tienen como único fin la casa y la familia, y son numerosas las voces que alientan la postura de que las jóvenes deben esperar con paciencia «al que ha de graduarlas con el título de esposa».

    Poco a poco se abrirá paso un nuevo concepto de trabajo femenino que tiende a despojarlo de su carácter eventual, ya que a las razones exclusivamente económicas que obligaron a las mujeres a salir de su casa, se le fueron uniendo otras de carácter personal: las satisfacciones de distinto orden que se derivaban de su acceso al mundo laboral.

    Obviamente, estos cambios de mentalidad, fundamentados en unos cambios económicos y sociales, se vieron acompañados de una legislación que permitía el acceso de las mujeres al mercado de trabajo. Me refiero, ante todo, a unas medidas que tuvieron lugar en las tres primeras décadas del siglo XX; medidas de las que se beneficiaron fundamentalmente las clases medias.

    En el caso de España después de la crisis económica que sufrió después tras la Guerra Civil, la política natalista que se tomo, y la ideología del franquismo fueron algunas de las causas con más relevancia, que hicieron que se frenara la evolución de la mujer en el mundo laboral.

    En lo referido a la economía, se puede decir que la época de desarrollo iniciada en los años setenta, supuso un aumento de la demanda de mano de obra, hecho que ayudó a la incorporación de la mujer al trabajo, en especial al sector terciario, esto vino acompañado de una necesidad de entrada de más dinero a los hogares debido a esa sociedad de bienestar.

    En lo referido a las transformaciones sociales, se dan dos puntos de gran relevancia:

      • Por un lado se da el caso de la escasa difusión de los electrodomésticos en España durante la década de los setenta, con lo que a la mujer tenía que dedicar más tiempo al ámbito domestico, y se reducían su tiempo para dedicarlo al ámbito laboral.

      • Por otro lado se da la ley aprobada en 1961, sobre los derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer, la cual supone un punto de inflexión importante. Dicha ley mantenía unas profesiones en las que se excluía el acceso de la mujer, como es el caso del ejército, los cuerpos armados, justicia, e impone la autorización marital e el caso de las casadas para desempeñar algunos cargos. Dichas discriminaciones se irán eliminando en años sucesivos.

    Desde la década de los setenta hasta el año 1995 la mujer ha duplicado el número en lo que se refiere al trabajo, situándose en 6.050.9000, cifra que ha ido aumentando con el pasar de los años.

    En lo referente a comunidades autónomas señalaremos las que menos mujeres empleadas tienen, como es el caso de Castilla la Mancha que solo cuenta con un 28.1%. En el polo opuesto esta Cataluña y Baleares con 41 %.

    En lo referido a la edad de las trabajadoras se observa que, como antes hay una edad con un mayor índice de trabajadoras (en 1995 esa edad era de 25-29 años) y otra edad que es en la que se da un descenso en el número de las trabajadoras (30-35 años) que corresponde a la edad en la que se conciben normalmente los hijos. Esto significa, que al igual que antes el cuidado de los hijos supone una de las principales razones del abandono del trabajo.

    Si cambiamos de ámbito en nuestro análisis de la situación laboral de la mujer a la educación apreciamos que, tres cuartas partes de las mujeres que tienen títulos universitarios están trabajando o tienen intención de ello, algo menos las de posesión de títulos técnicos y así según van bajando el nivel de educación.

    La evolución del desempleo ha sufrido un importante aumento, pues el afán por lograr acaparar puestos de empleo, significa también un aumento del número de desempleadas. Entre la edad en la que oscila el mayor número de desempleadas, destacan las jóvenes de entre 15-24 años, de ahí que el paro juvenil sea el de mayor incidencia.

    Por último, el estado civil predominante entre las trabajadoras, abunda el de las solteras, aunque en los últimos años ha sufrido un aumento de las mujeres trabajadoras casadas, hasta significar algo más del 40%.

    Las tres cuartas partes de las activas se dedican al sector servicios. En este aspecto como procesos más significativos señalaremos: la imparable pérdida de mujeres por parte de la agricultura y del servicio doméstico; el mantenimiento de las cifras de quienes se dedican a la manufactura; el crecimiento notable del sector terciario y el acceso a profesiones y puestos superiores.

    En el primer tercio del siglo XX desciende el porcentaje de mujeres activas en el sector primario, mientras crece el del sector secundario, tal y como corresponde a una sociedad en proceso de modernización; en cuanto al sector terciario aun deduciendo las empleadas al servicio doméstico, crece también el número de mujeres trabajadoras, si bien se mantiene una discriminación en la clase de trabajos que desempeñan y en el sueldo que perciben.

    La actividad femenina se centrará prioritariamente en el comercio y en menor medida en las profesiones liberales; preferentemente en la docencia en sus niveles elementales y en las carreras auxiliares de la medicina. En el ámbito de las profesiones liberales, la actividad se orientará hacia aquellas actividades que resultan más adecuadas a la naturaleza femenina. También dentro del sector terciario, aunque con muy escasa presencia, hay que referirse al sector del Transporte-Comunicaciones y a los trabajos de oficina. Conviene insistir y no perder de vista, que su posición dentro de la escala general correspondía siempre a los puestos más bajos.

    • Las remuneraciones

    Antes de nada tenemos que partir de que España es un país que parte con el principio de igualdad salarial, como se ve en el artículo número 14 de la Constitución de 1978, aunque esta desigualdad salarial continua, por los mismos motivos que en el resto de los países, esto se ve representado en el porcentaje que significa el salario de la mujer, el cual representa algo más de un 60% comparado con el de los hombres. Algunos de los motivos primordiales de esta desigualdad los veremos a continuación.

    Uno de los primeros motivos que justifican esta desigualdad salarial la vemos en el número de horas que emplean en el trabajo; tres horas en el caso de las empleadas al día y algo más de cinco horas por parte de las obreras y si a esto se le une la ausencia de horas extras deja justificado el primer motivo de desigualdad salarial.

    Otro de los factores que justifican esta desigualdad salarial recae en el nivel de estudios, como es de suponer las mayores remuneraciones son las de empleos que requieren titulación y las que tiene un salario más exento son las de sin titulación, pero las mayores diferencias se dan en estos casos, lo cual puede ser debido a que ocupan los puestos menos cualificados y ocupan puesto inferiores a su titulación.

    Si nos centramos en los sectores económicos, es el sector de la construcción el que representa un panorama más igualitario, por el contrario la industria y los servios presentan un panorama mucho más desigual en lo referente a la remuneración, aunque hay que decir que el salario en el caso del sector servicios es algo mayor que en la industria.

    Si consideramos los cargos que ocupan, los de mayor redistribución corresponden a aquellas con cargos de mayor responsabilidad y de mayor cualificación, la contrapartida la ponen las que acaparan el puesto de peón manufacturero y el transporte, las cuales apenas superan el millón. Otro ejemplo de salario bajo lo ponen las dependientas de comercio que están en torno al millón medio. Para terminar, cabria decir que las menores discriminaciones salariales corresponden a aquellas que ocupan puestos del sector publico.

    3.1. La situación de la mujer en el sector primario.

    El papel de las mujeres en este sector, ha crecido entre los años 85 y 95 aunque en el Norte y en los Pirineos su importancia es mayor que en otras zonas de España. En general no son titulares de las explotaciones y son pocas las solteras que trabajan en la agricultura familiar. El trabajo de la mujer en este sector le proporciona un mayor status; no obstante, debemos tener en cuenta que ya prácticamente no existe la familia agraria como unidad económica entendida en el sentido tradicional.

    El perfil típico en esta profesión es el de una mujer casada de 50 años. Tiene una media de 2,3 hijos y dedica diariamente ocho horas a las tareas domesticas, quedándole alrededor de cinco horas para sus actividades profesionales restantes. En muchas explotaciones agro-familiares se observan nuevos modelos de matrimonios formados por jóvenes agricultores casados con mujeres no agricultoras; Cataluña sería un buen ejemplo de este modelo mientras que en el Centro, el modelo continúa siendo parecido al de antaño aunque ahora, en líneas generales, la mujer trabaja en mejores condiciones laborales. En el Sur, debido a la combinación de empresa agraria con explotación familiar y a la abundante mano de obra, existe una dicotomía entre las féminas jornaleras por un lado y el trabajo “participativo” femenino en explotaciones familiares, por otro.

    En general, España cuenta con casi 5 millones de mujeres que viven en las zonas rurales, lo que representa el 15% de la población total española.

    Es importante diferenciar entre mujeres que viven en zonas rurales y mujeres que ejercen una actividad agrícola. En este sector, junto a casi un millón de hombres agricultores, no se registran más de 250.000 mujeres como titulares, jefas de explotación y asalariadas. La presencia femenina en el sector agrario se ha mantenido escasa durante los últimos años, a pesar de su incremento.

    La denominación “mujer rural” abarca una serie de colectivos diferenciados según su conexión familiar con el sector agrario. Las situaciones laborales en las que pueden encontrarse las mujeres raramente son únicas, siendo lo más frecuente la compatibilización de varias situaciones laborales o actividad a tiempo parcial en cualquiera de los sectores o en varios de ellos, incluido en trabajo en la casa y en la explotación agraria.

    Poco antes de la entrada de España en la UE, las principales oportunidades de trabajo de las mujeres rurales se ceñían a las siguientes:

    • Las tareas encomendadas como ayuda familiar en la explotación agraria, generalmente esporádicas, salvo en ganadería.

    • Diversas tareas manuales de la agricultura y ganadería en calidad de asalariadas. Su reducción ha ido apartando a la mujer de este mercado.

    • La elaboración de los productos artesanales para el mercado local o el autoconsumo.

    • El trabajo en el domicilio o en pequeños talleres en sectores como textil, calzado o juguetes con un peso alto de la economía sumergida.

    • La participación en el negocio familiar, normalmente comercios o pequeños talleres, con carácter también de ayuda familiar.

    • El trabajo en la industria o el comercio mayorista alimentario local, generalmente muy estacional.

    Todo esto pinta un panorama muy poco atractivo del que han huido las mujeres, manteniendo las corrientes migratorias durante más tiempo que los hombres. De hecho, en aquellas zonas donde esta situación no es tan grave o donde se ha dado un cierto desarrollo de áreas de interés para las mujeres, la inmigración femenina se ha reducido drásticamente. Esto explica que en buena medida sean las madres las que alejan a sus hijas de un sector agrario que resulta duro y poco satisfactorio para ellas.

    Si nos referimos a las mujeres en las explotaciones agrarias, podemos destacar como aspectos negativos:

    • Las explotaciones más pequeñas de las que son titulares las mujeres apenas tienen entidad, ni como unidades de producción, ni como centros de trabajo ni como aportadoras de renta a las unidades familiares.

    • Existe un colectivo de explotaciones en las que la mujer figura como titular debido a que el marido está trabajando en otro sector, que compatibiliza con la gestión de su pequeña explotación, o está jubilado. En estos casos, la titularidad de las mujeres es más bien formal.

    • En algunos casos se gestiona la incorporación de mujeres jóvenes a la explotación por motivos de conveniencia, ya que la subvención es algo mayor, pero la gestión de la nueva actividad sigue básicamente en manos de los hombres de la familia.

    • Una parte importante de las titulares de las explotaciones más pequeñas son mujeres de edad avanzada y escasa formación.

    • Tanto en la categoría de titular como de ayuda familiar, el grado de profesionalización de las mujeres en la actividad agraria es muy baja, lo que indica una situación laboral precaria.

    • La falta de definición y reconocimiento de la figura de ayuda familiar, en la que son mayoría las mujeres, precariza aún más la situación profesional de las mujeres en el sector agrario. Si nos referimos a la ayuda familiar proporcionada en las explotaciones agrarias, las mujeres representan sobre el 80%, lo cual motiva que alrededor del 60% de las mujeres se beneficien de la seguridad social de su marido, sin cotizar ellas nada.

    Además, en las explotaciones agrarias cuyo/a titular es una persona física no existe una remuneración directa del trabajo de ninguno de los miembros de la familia que trabajan en ella, esta remuneración conjunta a todo el trabajo aportado es la diferencia entre la venta del producto (más las subvenciones) y los gastos más las amortizaciones. La remuneración del trabajo aportado por las mujeres también entra en ese monto; el problema es que no cuenta con reconocimiento social ni, frecuentemente, legal y el conflicto se traslada del ámbito productivo al doméstico.

    A pesar de este oscuro panorama, hay, sin embargo, una serie de elementos positivos a destacar:

    • Está subiendo el número de mujeres titulares de explotaciones viables, con una adecuada dimensión económica.

    Según el resultado del trabajo de campo mencionado, son mujeres cualificadas que dirigen efectivamente su explotación, muchas de las cuales tienen otra experiencia laboral previa.

    • La mujer, con bastante frecuencia, es la que pone en marcha nuevas actividades de la explotación en las áreas de producciones tradicionales mecanizadas: granjas de pollos, naves de champiñón, o ahora el turismo rural entre otras.

    Aunque el número de las que inician estas actividades aún no es alto, el colectivo ya es significativo y juega un papel fundamental en los programas de desarrollo rural.

    • En las áreas de agricultura extensiva y mecanizada, a pesar del escaso trabajo real aportado por las mujeres, se detecta un interés creciente por conocer la gestión de la explotación familiar y que existe una cierta colaboración de las mujeres en la gestión de la explotación.

    • En la mayor parte de España, en buena medida las mujeres son “copropietarias” de la explotación, ya que aportan a ella su herencia. Esto hace que se sientan más vinculadas, independientemente de su trabajo.

    El número de paradas femeninas en el sector agrícola, es algo mas elevado que el masculino. Los empleos se caracterizan por una gran precariedad, como ilustra la elevada tasa de trabajo temporal y a tiempo parcial (17% para las mujeres frente al 2,7% para los hombres).

    Las estadísticas oficiales no recogen aun los trabajos que las mujeres realizan en las explotaciones familiares, ni se tiene en cuenta su contribución al PIB. Al carecer de un estatuto jurídico y social valido, no pueden cobrar salario, ni beneficiarse de una cobertura social apropiada, ni percibir indemnización de paro, accidente o maternidad.

    Es muy difícil acotar el número de mujeres asalariadas en el sector agrario. La mayoría de las mujeres asalariadas, lo son en trabajos de corto periodo de tiempo .La existencia de una cifra de mujeres que trabajan cortos períodos se debe a múltiples motivos:

    • Su participación se limita en la mayoría de los casos a labores manuales eventuales en determinados cultivos (frutas, hortalizas, flores, viña, etc.).

    • Su presencia es muy alta en la manipulación de frutas, hortalizas y flores.

    • Prácticamente nunca realizan labores mecanizadas.

    • Las preferencias de los empresarios limitan el acceso de las mujeres asalariadas a otras tareas.

    • Las tareas realizadas generalmente por mujeres a todos los efectos (incluidos los convenios) se consideran menos cualificadas que las realizadas mayoritariamente por hombres, incluso las que son altamente especializadas.

    • Existe un número muy pequeño de asalariadas fijas, categoría que supone la mejor situación laboral dentro del conjunto de asalariados.

    • La mayor parte de las asalariadas son eventuales, sufren cifras de paro muy altas y, al igual que el conjunto de eventuales, tienen salarios muy bajos, relaciones laborales precarias y, en la mayoría de los casos, falta de cobertura homologada del desempleo.

    • Una buena parte de las mujeres que trabajan como asalariadas ven su trabajo como una “ayuda” a la economía familiar, no como una aportación esencial a la misma, lo que facilita que su participación en el mercado de trabajo se dirija a cubrir los trabajos temporales y eventuales.

    • Una parte de las asalariadas agrarias están vinculadas familiarmente a explotaciones agrarias pequeñas o muy pequeñas, en las que también trabajan.

    De todas formas, las mujeres rurales españolas han impulsado en los últimos años transformaciones muy positivas para mejorar su situación social y económica:

      • Han establecido sus propias normas sociales para romper los roles de una sociedad tradicional, que limitaba su participación en asuntos públicos y privados, ocupando, un papel cada vez mas protagonista en su entorno.

      • Ha apostado por su formación, información y por el mundo de las nuevas tecnologías, rompiendo esquemas con su carácter emprendedor y encabezando numerosas empresas aprovechando las políticas de desarrollo rural.

      • Ha perdido el miedo a la reivindicación de sus derechos y ha vencido los temores para denunciar las discriminaciones.

      • Participa en asociaciones, sindicatos y partidos políticos, desempeñando cargos de responsabilidad.

      • Ha sabido compaginar su vida laboral con su vida familiar.

    3.2. La situación de la mujer en el sector secundario.

    3.2.1. El papel de la mujer en la industria

    La industria es un sector que ha decaído en los últimos años ya que ha pasado de representar en 1970 algo más de la quinta parte del trabajo desempeñado por mujeres, a tan solo el 17.5% que representa en la actualidad.

    Entre los factores que han favorecido este fenómeno cabe destacar la mecanización y la fuerte competencia productiva del Tercer Mundo.

    En cuanto al reparto del sector secundario entre sexos podemos decir que las mujeres han representado una quinta parte dentro de este sector experimentando un leve aumento.

    Dentro de las ramas de la industria cabe destacar el alto nivel de participación en la industria textil, alimentación, cuero calzado y confección.

    Otras ramas en las cuales ha aumentado la demanda de mujeres han sido las químicas y los ordenadores donde las mujeres casi siempre desempeñan trabajos de tipo manual y no mecanizados, lo que provoca una gran segregación.

    Sin embargo, con la llegada de las nuevas tecnologías, las mujeres han podido alcanzar trabajos más técnicos y con un grado superior.

    Aún así, hubo un gran número de subordinadas a otros cargos más altos ocupados por hombres.

    3.2.2. Principales ramas con participación femenina.

    • La mujer en el sector de la construcción.

    El sector de la construcción, aunque en los últimos años ha avanzado cualitativamente en la mejora del acceso de las mujeres al desempeño de dicho trabajo, todavía su participación sigue siendo minoritaria.

    Existe al respecto la convicción de que la construcción no es un trabajo adecuado para mujeres.

    Aun así, el empleo femenino en la construcción ha avanzado significativamente en los últimos años. En este sector la mujer desempeña principalmente tareas relacionadas con la dirección o con las áreas de seguridad y salud laboral.

    No obstante, aun hay que trabajar mucho sobre todo en formación para que las mujeres puedan asumir en la construcción tareas hasta ahora sólo desempeñadas por hombres.

    Con respecto a este tema se ha publicado recientemente que solo entre un 3 y un 4 por ciento de las mujeres se ha decantado por hacer de la construcción su modo de vida.

    Como primer paso para incrementar su presencia, se van a poner en marcha cursos para formar a mujeres en oficios como encofradores o gruístas y que supondrán contratos para el 60% de las participantes.

    En cuanto a las posibles razones que pueden estar detrás de este reducido porcentaje se encuentra el hecho de que se vincule a este sector con la figura del hombre,

    Pero en respuesta a esto se afirma que las mujeres no solo son capaces de realizar este trabajo igual que los hombres, sino que además son menos temerarias lo que permite una reducción en los altos índices de siniestralidad laboral que suele registrar este sector.

    A pesar de la escasa presencia femenina, se destaca que el sector de la construcción es uno en los que “mejor se vive” ya que el salario mínimo no baja de los 750 euros trabajando 217 días laborables con una jornada de 8 horas, menos días que un funcionario.

    • La mujer en la industria pesquera.

    Para el análisis de este sector nos centraremos en el Litoral de Galicia donde la industrialización de la pesca y su transformación tanto en salazón como en conserva han provocado la expansión de dichos mercados.

    Como notas características de este sector podemos destacar:

    • El establecimiento y crecimiento de las industrias marítimas conllevó cambios estructurales en el empleo, creciendo la ocupación en el sector secundario, especialmente el trabajo femenino estacional.

    • La organización del trabajo en la industria conservera y su segmentación por género, fueron elementos clave en las estrategias competitivas del sector. Uno de los factores determinantes para la localización de la industria era el precio del factor trabajo. Las conserveras se instalaban preferentemente allí donde la mano de obra era barata. Por este motivo, los empresarios optaron por un uso intensivo de mano de obra femenina poco conflictiva y con salarios bajos.

    • Las obreras del sector pesquero, recibían una formación general que las capacitaba para desempeñar as múltiples tareas exigidas por el proceso del pescado mientras que los obreros recibían una formación más específica. La segmentación por sexos también se plasmó en las modalidades de contratación. Así las obreras de la planta de fabricación tenían contratos extremadamente flexibles no solo por la duración de las campañas sino porque las obreras podían verse relegadas a trabajar dos o tres jornadas por semana en función de las necesidades de la actividad industrial, lo que permitía a los empresarios poder controlar los costes laborales.

    • La formación del mercado de trabajo en la industria de transformación del pescado implicó la creación de escaleras laborales que relegaron a las mujeres a los primeros peldaños ocupacionales y salariales, en los cuales se mantuvieron durante todo el periodo. Entre las principales causas que relegaron a las mujeres a la base de la pirámide laboral, caben destacar las siguientes:

  • La segregación ocupacional por sexos

  • Las barreras para las mujeres en la educación institucional se traducen en barreras ocupacionales y salariales en el mercado laboral.

  • La promoción interna no funcionaba para las mujeres, las cuales no veían incrementados sus salarios con la antigüedad en la empresa.

    • Las mujeres jugaron un papel clave en la mejor de los niveles de vida de las familias conserveras de la costa Gallega durante el primer tercio del siglo XX.

    La reconstrucción de salarios, consumos y precios de varias de las poblaciones costeras permite indicar que las familias obreras de las conserveras superaban los niveles de subsistencia por dos razones fundamentalmente:

  • La naturaleza de los obreros era mixta ya que se dedicaban a faenas agrarias y pesqueras fuera de la época de transformación de la sardina.

  • No solo existía un ganador de pan masculino, sino que las mujeres e hijos contribuían también a incrementar el presupuesto familiar.

  • En definitiva, el trabajo femenino artesano, cualificado, flexible y barato, además de contribuir enormemente a las economías familiares de las villas costeras, fueron factores clave par el crecimiento del sector conservero Gallego y su competitividad internacional.

    • La mujer en el sector agroalimentario.

    Las nueve provincias de castilla y León reúnen a cerca de 3000 empresas agroalimentarias y 34000 trabajadores que desarrollan su actividad fundamentalmente en el medio rural.

    Se trata por tanto, de la primera industria regional con mayor número de empleados y la segunda en cuanto a producción bruta.

    Un dato significativo es que el 35% del trabajo que se desarrolla en el medio rural está en manos de la mujer, lo que demuestra su creciente incorporación al mundo laboral.

    Castila y León es la despensa agroalimentaria nacional en materia de producción ya que esta encabeza la producción de cereal, con un 30%, al igual que otros productos como la patata con un 33% y el azúcar con la mitad de la producción. En cuanto al sector lácteo, es la primera comunidad en producción de leche de oveja.

    Por sectores, los cinco más importantes (cárnico, lácteo vinos y otras bebidas, azúcar y derivados, pan y galletas) representan el 82% de la facturación total de la industria agroalimentaria de Castilla y León.

    3.3. La situación de la mujer en el sector terciario.

    El sector terciario experimentó una gran expansión a partir de la II Guerra Mundial, y hasta hoy en día se ha convertido en el gran impulsor del empleo femenino. Las mujeres que están trabajando dentro del sector terciario, ya sea en cualquiera de sus ramas representa tres cuartas partes del total de ocupadas (representan un 49´6% aproximadamente del total).

    Si se tiene en cuenta la categoría socio- económica, ocurre algo similar que en los otros sectores, ya que el número de mujeres que ocupan altos cargos es muy escaso. Así pues desde este punto de vista se puede explicar la existencia de una clara desventaja para la mujer, ya que estas se encuentran concentradas en cargos de un nivel inferior.

    La mayoría de las mujeres ocupadas en este sector posee estudios primarios, aunque cabe destacar que este nivel se ha ido aumentando, dándose mujeres con estudios medios y cada vez es más común ver mujeres con estudios universitarios. De este modo, este aumento cultural de la población femenina ha conducido a un ligerísimo aumento de mujeres en categorías socio- económicas que no acaparaban en el pasado.

    En lo referido al sector público y sector privado cabe destacar, en ambos casos que la educación y la fuerza individual continúan siendo elementos claves para asignar el puesto de empleo. Desde este punto de vista en las categorías socio- económicas, la situación es peor en el sector privado que en el público, esto es debido a que en las empresas privadas la mujer esta ocupando cargos no cualificados y muy pocos cargos cualificados, mientras que en el sector publico hay más mujeres en altos cargos.

    Dentro de las mujeres que ostentan niveles educativos elevados están ocupando cargos como: educación, investigación, cultura y sanidad.
    La evolución en el empleo se verá dentro de unos años, cuando la equiparación sea mayor y estos estudiantes se conviertan en profesionales, ya que se podrá observar el efecto de la elevación del nivel de formación en las mujeres así como la elevación de los cargos que ostentaran en un futuro equiparándose con los hombres.

    Los restaurantes y hoteles son otro ámbito que se desliza hacia la contratación femenina, juntos ocuparon, en 1990, casi a un tercio de las trabajadoras del sector terciario.

    En el mundo de la enseñanza, continua el dominio femenino de la primaria. En la universidad, los integrantes de este sexo cada vez tienen mas peso (más en carreras humanísticas que en las científicas o técnicas.) De las restantes profesiones liberales, las relacionadas con el campo de la salud tienen una creciente participación de la mujer.

    La segregación ocupacional de los sexos es también un hecho en los servicios, algo menor que respecto a la industria.

    En el sector privado, la educación recibida y la fuerza, siguen siendo elementos clave para decidir el puesto; Ninguno de los dos es favorable para la mujer.

    En las empresas privadas, es mayor el porcentaje de mujeres en trabajos no cualificados que en los cualificados.  

    3.3.1. La mujer en el puesto directivo.

    En la última década, la participación de las mujeres en el empleo ha aumentado casi seis puntos porcentuales hasta alcanzar el 40%. Pero este incremento no ha tenido reflejo en los puestos de dirección, en los que la participación femenina ha permanecido estable en torno al 30%.

    La participación de las mujeres en los puestos directivos cae drásticamente a partir de los 25 años, pero las mujeres que no abandonan la carrera directiva después de esa edad no renuncian tampoco a la maternidad: los porcentajes de mujeres directivas con hijos menores de 3 años y de 12 años son ligeramente inferiores a los de los hombres directivos, pero no se aprecian grandes diferencias.

    En dos sectores: “Comercio” y “Hostelería” trabajan el 63,3% de las directivas. En “Construcción” y “Producción y distribución de energía eléctrica, gas y agua” sólo el 10% de los directivos son mujeres. También es muy escasa su presencia en las manufacturas, incluso en subsectores con muy alto grado de empleo femenino como la alimentación y el textil.

    En los sectores de servicios, en general, la participación femenina es más igualitaria. En “Educación” y “Comercio” se sitúa en torno al 45%. En cambio, aunque el 73,4% de los empleados del sector sanitario son mujeres, éstas sólo ocupan el 36% de los puestos directivos.

    Dos directivos por cada directiva en las empresas españolas.

    Según datos de la Encuesta de Población Activa, 1.264.200 trabajadores (el 6,7% de los ocupados) desempeñan tareas de dirección en las empresas españolas. El porcentaje de mujeres en este colectivo es del 32,3%, un porcentaje inferior a la participación de las mujeres en el empleo total (40,1%).

    El salario femenino medio es casi un 30% menor que el masculino. Y peor aún en los grupos más jóvenes y con menor antigüedad.

    Según datos de la Encuesta de estructura salarial referidos al año 2002, la ganancia media anual de las mujeres asalariadas en España se sitúa en el 71,1% de la ganancia media de los hombres, es decir un 28,9% menos. Las diferencias son especialmente acusadas hasta el percentil 10 y desde el percentil 90; es decir, en los salarios más bajos y en los más altos. Las cifras indican que los “salarios bajos” en el empleo femenino equivalen al 56,6% de los “salarios bajos” del empleo masculino. De forma similar, los “salarios altos” en el empleo femenino equivalen al 72,5% de media de lo que se considera “salarios altos” en el caso de los hombres.

    La brecha salarial por sexo para las directivas españolas se sitúa en el 26,2% de la ganancia media anual. Es decir, los salarios de las mujeres en puestos directivos equivalen, en promedio, al 73,8% de la ganancia de los hombres, una diferencia algo menor (casi tres puntos porcentuales) que la del conjunto de las asalariadas, pero todavía muy significativa. La brecha salarial disminuye a medida que nos desplazamos hacia los salarios más altos, a la vez que aumenta el poder de decisión y, normalmente, también la edad y la experiencia.

    Estas diferencias pueden deberse a ciertas características relacionadas con las mujeres (edad, cualificación, años de experiencia…) o con los puestos de trabajo (tamaño de la empresa, sector de actividad, etc.) e inicialmente no pueden atribuirse a la existencia de discriminación. Sin embargo, distintas investigaciones empíricas confirman la hipótesis de “techos de cristal” en las empresas españolas; es decir, desigualdades salariales que no se explican por diferencias en las características personales ni en las tareas y responsabilidades y, por tanto, se deben a la discriminación por sexos.

    4. Mirando hacia el futuro: Conclusiones.

    La situación actual de la mujer ha sido consecuencia de la industrialización. La evolución de la mujer en el trabajo también hay que asociarla a una multitud de factores, como: los demográficos, económicos, familiares, sociales, ideológicos y educativos.

    El crecimiento de la incorporación de la mujer al trabajo se acelero después de la II Guerra Mundial en la que la mujer tuvo un importante papel. Si a esto se le añade la expansión económica en los años sesenta y ochenta, en el que las familias necesitaban mayor aporte monetario debido a la sociedad de bienestar que se creo, aunque esta evolución se vio interrumpida por las crisis de 1973 y 1980/81.

    Con el aumento numérico de trabajadoras, la población activa femenina cambió su composición interna. Paralelo a este aumento se produce otro cambio de importancia, ya que aumenta el número de trabajadoras casadas que antes era minúsculo.

    En cuanto a los sectores económicos, se ha producido un “abandono” de la agricultura, industria y servicio domestico a otros sectores, sobre todo el terciario que es debido entre otras cosas a la terciarización que sufre los países avanzados, muestra de la riqueza de un país.

    En cuanto a la educación, cabe destacar la mejora de la formación profesional de la mujer, que ha favorecido a que la mujer pueda acceder a puesto de una mayor responsabilidad y de mayor cualificación (mayor remuneración), y una mayor consideración social.

    Aunque en estos últimos años han abundado los cambios en la situación laboral de la mujer, también han permanecido algunas cosas, las cuales abordaremos a continuación. Entre ellas cabe destacar la atención familiar, la segregación existente en algunos sectores, la discriminación salarial perdura hoy pero con menos acentuación.

    Al perdurar hoy en día algunas discriminaciones que ponen en desventaja a la mujer, hace que continúen los esfuerzos por hacer más viable la situación de la mujer en el ámbito laboral con: igualdad de oportunidades, igualdad salarial, etc.

    Todo estos cambios y esfuerzos no persiguen otro fin que el conseguir una sociedad igualitaria en la que no haya ningún tipo de preferencias ni desigualdades sin tener en cuenta del sexo de las personas y sí sus cualidades.

    4.1. Noticias de actualidad sobre la situación de la mujer trabajadora.

  • Reciente perfil de la mujer trabajadora.

  • Según un reciente articulo del periódico 20 minutos en el mes de marzo, se destaca el perfil de la mujer trabajadora.

    El perfil de la mujer trabajadora española es la de una joven de entre 18 y 30 años que posee estudios elementales y que trabaja en servicios, según un estudio realizado por la Fundación Adecco.

    Además, suelen desarrollar su carrera profesional en una jornada completa.

    De acuerdo con el informe, que se basa en las contrataciones realizadas por la empresa de trabajo temporal Adecco, las Comunidades con mayor representación femenina en sus plantillas son Murcia y Canarias con un 57,06% y 53,85% respectivamente. En el extremo opuesto se sitúan Extremadura (34,82%) y País Vasco (37,93%).

    De las mujeres que fueron empleadas por Adecco en 2006, tres de cada cinco poseían estudios elementales (59,6%) mientras que sólo el 14,3% tenían estudios universitarios, y más de la mitad tenían menos de 30 años.

    En cuanto a la procedencia de las mujeres trabajadoras, que se concentran sobre todo en el sector servicios, el 18,27% son extranjeras.

    Los profesionales más demandados

    Los perfiles profesionales más demandados: camarera, limpiadora y dependienta

    Dentro del sector servicios, los perfiles profesionales más demandados son el de camarera con un 33,6% del total de mujeres que trabajan en este sector, seguido por el de limpiadora, con un 15,15%; dependienta y teleoperadora, con un 12,33% y un 9,87%, respectivamente.

    También son muy demandadas las profesionales que trabajan como promotoras, reponedoras y cocineras.

    El perfil industrial que más ocupan las mujeres, con casi la mitad de estos puestos, es el de peón, con un 47,62% del total, mientras que en el perfil administrativo es el de administrativa con un 82,14%.

    Por último, entre las mujeres con títulos universitarios destacan las contrataciones como delineantes (29,02%), seguidas de ingenieras (14,9%), profesoras y enfermeras (con un 13,73% y un 10,6% respectivamente).

    2006: un buen año para ellas

    El informe destaca que 2006 ha sido un buen año para ellas: en septiembre se superó por primera vez la marca de ocho millones de mujeres trabajadoras y en ese año, las mujeres han captado algo más de la mitad de los nuevos empleos que se han creado.

    La tasa de paro femenino sigue duplicando a la masculina

    Este crecimiento no ha impedido que la tasa de paro femenino siga siendo casi el doble que la masculina, que se sitúa en el 6,1%.

    Respecto a la situación de las mujeres españolas en contraste con el resto de mujeres europeas, esta continúa arrojando resultados poco satisfactorios: mientras que la tasa media de empleo de las mujeres en Europa alcanza el 57,4%, en España se sitúa en el 54,1%.

    De la misma forma, la tasa de desempleo de las españolas (11,4%) supera en varios puntos a las de sus compatriotas de la UE (8,5%).

  • La mujer cobra un 30% menos que el hombre.

  • Otro reciente artículo del periódico 20 minutos nos habla de la remuneración actual de las mujeres.

    Lo dice un informe presentado ayer por CC OO.

    La media salarial de las mujeres andaluzas es un 30% inferior a la de los hombres. Además, el 99% de los trabajos no cualificados existentes en nuestra comunidad están desempeñados por féminas.

    Se trata de ocupaciones relacionadas con los sectores de servicios, agrario o doméstico. Y eso, a pesar de que la tasa de ocupación de la mujer supera a la del hombre. Lo malo es que la calidad de su empleo es más precario y por tanto, con menos retribución.

    4.1.3. El empleo femenino en España se sitúa un 20% por debajo del masculino.

    Por último, destacar un articulo que nos muestra como a pesar de la integración de la mujer, cada vez mayor en el mercado laboral, todavía hay que seguir luchando para poder igualar el empleo femenino con el masculino en España.

    El empleo femenino en España se sitúa un 20% por debajo del masculino, a pesar de que la tasa de empleo de las mujeres se ha incrementado en casi diez puntos porcentuales desde el año 2000, según se desprende del informe 'El empleo en Europa 2006' presentado por la Comisión Europea.

    Aunque se han producido avances en materia de género en el conjunto de la UE, persisten grandes diferencias entre los Estados miembros y, si se exceptúan los casos de Estonia, Finlandia y Suecia, las tasas de empleo femenino siguen por debajo de las de los hombres. Así, además de España, en Italia, Grecia y Chipre esta distancia es de 20 puntos porcentuales y hasta del 40% en el caso de Malta, donde sólo trabaja una de cada tres mujeres.

    Por otro lado, la Comisión alerta también de que el ritmo de creación de empleo en la Unión Europea sigue por debajo de Estados Unidos aunque en el último año se haya recortado en casi medio punto porcentual la tasa de paro, que pasó de un 9,1% a un 8,7 %. "Europa no avanza suficientemente y seguimos estando lejos de Estados Unidos en términos de empleo y productividad", sentenció el comisario de Empleo, Vladimir Spidla.

    El comisario reclamó, por tanto, amplias reformas, mayor flexibilidad a las empresas y que los trabajadores puedan cambiar de trabajo con facilidad. La UE se ha fijado como meta lograr una tasa de empleo del 70% en 2010.

    El informe muestra los aumentos constantes de las tasas de empleo de las mujeres y de las personas de edad avanzada (55-64 años), que refleja el éxito de las políticas orientadas para atraer y retener en el mercado laboral a un mayor número de mujeres y de trabajadores de este tipo.

    Desde el año 2000, la tasa de empleo de las mujeres se ha incrementado en unos cinco puntos porcentuales o más en Chipre, Estonia, Letonia e Italia, y en casi diez puntos porcentuales en España.

    4.1.4. La participación de la mujer en el sector agroalimentario.

    En relación con la participación de la mujer en el sector agroalimentario, se ha publicado recientemente un artículo cuyo titular decía:

    AGUIRRE AFIRMA QUE FOMENTARÁ EL EMPLEO FEMENINO EN LA INDUSTRIA ALIMENTARIA”

    Según el artículo, la presidenta de la comunidad de Madrid, destacó el alto nivel de competitividad de la industria agroalimentaria madrileña y afirmó que es el sector productivo de la economía madrileña que más mujeres ha empleado.

    Recordó además que esta industria ha demostrado su capacidad de iniciativa, al afrontar de forma muy positiva el reto de mejorar las exigencias de calidad y excelencia del mercado madrileño, además de mejorar los cauces de distribución y los formatos de presentación de los productos finales.

    Manifestó también que, gracias a la iniciativa de las empresas alimentarias de la comunidad de Madrid, y al apoyo del gobierno regional, la industria madrileña se ha convertido en el mejor referente en el ámbito nacional por la incorporación de las nuevas tecnologías y de innovación.

    Reiteró que es el sector productivo de la economía que más mujeres ha empleado y subrayó que el empleo femenino en el sector alimentario supera en cinco puntos a la media del sector industrial.

    Por último explicó que su compromiso con esta industria será afrontar la puesta en marcha de políticas firmes de fomento y desarrollo y favorecer el empleo de calidad y estable, en especial el de las mujeres.

    5. Bibliografía.

    • Las mujeres de los 90: el largo trayecto de las jóvenes hacia su emancipación.

    J.M. Riera; E. Valenciano.

          • Las mujeres y el trabajo. Rupturas conceptuales.

    Cristina Borderías; Cristina Carrasco; Carmen Alemany.

    • Agentes de igualdad de oportunidades para las mujeres: Acciones positivas en el marco de la cooperación.

    Rosa Martínez Segarra; Celia Parcero Torre; Tomasa Luengo Rodríguez.

    • Gestión de Recursos Humanos.

    Lloyol L.; Byars; y Leslie W. Rue.

    • Diario 20 minutos.

    Las mujeres y el trabajo: Igualdad de oportunidades en el trabajo. - 32 -

    Políticas para la igualdad de oportunidades en beneficio de los hombres y de las mujeres

    Igual derecho de los hombres y de las mujeres al trabajo.

    Utilización plena y óptima de las aptitudes y calificaciones de la mujer.

    Generales, regionales y locales que respondan a necesidades reales.

    Aplicación de los mismos criterios en despidos, supresión de puestos de trabajo.

    Mujeres inmigrantes, refugiadas, minusválidas, hogares con un solo progenitor, mujeres que recurren a la prostitución,..

    Mujeres rurales ante las nuevas oportunidades de empleo y nuevas tecnologías.

    Promoción del trabajo por cuenta propia.

    Acabar con la segregación profesional.

    Prohibición de la discriminación por sexo.

    Acceso de las mujeres a todas las profesiones.

    Campañas de información y sensibilización en los papeles y eliminación del sexismo.