Iberos

Historia de España. Territorio ibérico. Arquitectura. Construcción. Sociedad. Jerarquía. Colonizadores. Servidumbre. Etnias. Cerámica ibérica

  • Enviado por: Ivan Abanades
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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1. DE TIPOS OBJETOS A TIPOS PRODUCTOS

1.-LA DIFÍCIL CONSECUCIÓN DE UNA TIPOLOGÍA PARA LA CERÁMICA IBERICA.

Podemos diferenciar tres niveles de trabajo tipológico.

a) En un primer nivel, la investigación de la cerámica ibérica definido dos líneas una sincrónica y otra diacrónica.

b) En un segundo nivel el ámbito de la muestra, se trata de una secuencia exclusiva de un yacimiento de una región o zona bien delimitada o si, por el contrario, se trata de una tipología general del mundo ibérico.

c) El Tercer nivel del trabajo tipológico trata la diferenciación de la cerámica en grupos referidos a conjuntos amplios, o a escalas más restringidas.

1.1 PRIMER GRUPO: LA CERÁMICA CLARA.

1.2 SEGUNDO GRUPO: LA CERÁMICA GRIS.

1.3 TERCER GRUPO: LA CERÁMICA DE BARNIZ ROJO-CERÁMICA DE ENGOBE ROJO.

2. POR AHORA, SOLO EL TIEMPO

División del territorio ibérico en ámbitos diferente: Andalucía, Valencia-Murcia y Cataluña-Languedoc, objetivo en un próximo capitulo será valorar, a partir del factor espacial, la existencia de áreas culturales y políticas entre los iberos.

1.- ANDALUCÍA.

Las primeras casas de forma rectangular, siglo VIII a.n.e., cabañas prehistóricas, clara muestra de la transición hacia formas de casas compartimentadas, la generalización de la misma, supone el distanciamiento de elementos arqueológicos estratificados del mundo prehistórico del bronce final; el hierro y la cerámica producida a torno se suman a los nuevos cambios económicos y sociales. La cerámica a torno supone un mayor control del grupo familiar para la comunidad, exclusivo de un sector profesionalizado y con conocimientos técnicos.

Productos de filiación fenicia, relaciones indigenas-colonizadores, cronología en torno al 800 a.n.e., cratera ática del MG-II (Shefton, 1982; Roulliard, 1975), primeras importaciones fechadas entre el 800 y el 750 a.n.e., se articulan a un mundo indígena más o menos desarrollado, propio del bronce final.

1.1 CERÁMICA DE BARNIZ ROJO.

Los platos, de 4 a 5 cm de borde, las pateras y las lucernas de dos piquetes constituyen los tipos fundamentales del grupo.

1.2 CERÁMICA GRIS.

Sus producciones son importadas, este es el caso de Acinipo cuya producción reproduce las mismas formas abiertas del barniz rojo. Sin embargo, durante el siglo VII a.n.e., esta cerámica va asumiendo formas propias como ocurre en Cerro Macareno con los cuencos de borde engrosado al interior, pero el problema está en fijar cuándo estas producciones pasan a ser fabricadas a torno localmente. Pellicer les sitúa ya en un momento del siglo VI a.n.e. y la de Roos que las localiza en los inicios del Siglo VII o finales del siglo VIII a.n.e., lo cierto es que en casos como Pinos Puente, Acipino o la Campiña de Marmolejo se han hallado hornos locales que hacen pensar que estas producciones están fabricadas localmente, antes del siglo VI a.n.e.

1.3 CERÁMICA POLICROMA.

En un primer momento es poco significativa, pero poco a poco, llegará a definir el arranque de lo que será en su momento la gran tradición de la producción ibérica.

Especial significación tienen las decoraciones fitomorfas y zoomorfas bien documentadas en el área del Bajo Guadalquivir y en zonas relativamente alejadas como Acinipo.

Hacia el 600 a.n.e. y hasta el 450 a.n.e. se localiza una etapa que supone una unidad cronológica solo rota porque algunos investigadores prefieren fijar el final del periodo algo antes, entre el 550-500, para la zona de Huelva y que ha de suponerse general para el Bajo Guadalquivir, en atención un hecho histórico como es la caída de Tartessos y un dato arqueológico: el brusco corte de las importaciones de cerámicas griegas focenses a la zona de Huelva.

En Andalucía occidental, Ruiz Mata, destaca la continuidad de las formas anteriores hasta crear definitivamente lo que el autor llama "tipos turdetanos". En esta fase y a mediados del siglo VI a.n.e., el autor fija la aparición de los platos de pocillo central, que se interpretan como evolución de los antiguos de barniz rojo, entre las formas cerradas, se abocinan o desarrollan los cuellos de los cuencos de cuello estrangulado y cazuelas en esta fase, coincidiendo en ello con la secuencia de San Isidoro, con los tipos característicos del alto Guadalquivir.

En general todos estos elementos constituyen, por el momento, un conjunto de gran interés para fijar los ajustes cronológicos de este período.

Serán también los productos griegos, pero sobre todo tres elementos, la copa de Cástulo, el vaso de San Valentín y el Kylix Pintor de Viena, los que definan el periodo entre el 450 a.n.e. y el 350 a.n.e., período que en algunas secuencias podría alcanzar hasta finales del siglo VI a.n.e.

En general, las secuencias andaluzas muestran un conflicto en la etapa final de este período; así, en Puente Tablas la secuencia se corta a finales del siglo VI a.n.e. Las secuencias muestran un momento que sólo puede seguirse en algunos yacimientos con grandes secuencias, en general, se observa la continuidad de los grupos anteriores aunque sensiblemente modificados.

La última etapa que culturalmente define una producción cerámica ibérica se inicia sobre el 40-50 a.n.e., y abarca todo el siglo I. Es Precisamente del final de esta última fase de la conocemos la evolución de las formas cerámicas gracias al estudio de Choclán (1984) sobre las formas ibéricas tardías del Horno de los Villares de Andújar.

2.- VALENCIA, MURCIA Y LA MANCHA.

En una primera etapa de la investigación, de asentamientos encastillados como La Bastida de Mogente, o el Puig D´Alcoi, en Alicante, ofreció una secuencia que desarrollaba un estrato característico del bronce valenciano que daba paso a otro propio de los momentos clásicos. La segunda posición toma forma partir de la excavación de Los Sadaladares por Arteaga y Serna y la revisión de Los Villares de que Caudete. El planteamiento de estos autores arrinconó la primera posición al documentar secuencias que paralelizaban los resultados obtenidos con las estratigrafías de Andalucía; pero además la estructura topográfica de los asentamientos es asimismo muy particular y desde luego éstos muy diferentes a los oppida encastillados que se conoce.

Otro problema hace referencia a la aparición del hierro en las secuencias investigadas, comenzando definirse dos posiciones. La primera hace iniciar su explotación en un momento del siglo VII a.n.e., en el que los contactos con el comercio fenicios son efectivos, objeto de esta comercialización. La segunda articula la aparición del hierro con las primeras casas angulares, efecto de los primeros contactos con la cultura de los campos de urnas, que podría haber antecedido a los contactos fenicios.

El horizonte que tradicionalmente se define como ibérico antiguo tiene su lectura directa y completa en dos de los asentamientos citados . Ensaladares, que ha sido subdividida en tres periodos. El primero entre el 625-600 y el 575-550, el segundo entre esta fecha y el 525-500 y por último el tercero hasta el 450 a.n.e., en Cazalilla. En los Villares, fechada desde mediados del siglo VI a.n.e. Señala Aranegui, las primeras importaciones griegas en la zona tienen su límite en las necrópolis de Orleyl y Sagunto, materiales del siglo VI a.n.e. pero es de finales de este siglo cuando se generaliza la importación de la copa jonia B2, de las ánforas y de las copas áticas de tipo C.

El cambio procesado, que, en el caso de la cerámica, sigue produciendo la misma forma que se documenta en la alta Andalucía, abre asimismo las vías hacia el interior de la península. De este modo, comenzamos a documentarse las primeras secuencias ibéricas en La Mancha. A partir de mediados del siglo V, coincidiendo con la imposición de la monocromía en la decoración y con el desarrollo contrastado del poblamiento en los asentamientos de altura, se inicia una nueva etapa que tanto Arteaga como Mata u Oliver califican como inicios del ibérico pleno, en tanto que otros autores como Abad los retrasan hasta el 425 a.n.e. Es el momento de las decoraciones clásicas ya registradas en Andalucía, en el que se definen las formas del ibérico pleno, unas limitaciones de productos griegos como Kylix, Skiphos, caliciformes, crateroides,...

Otro elemento de gran interés desde el punto de vista de la producción cerámica es la extensión, desde esta fase, de las producciones de engobe rojo en formas ibéricas que en su extensión por el área, según los diferentes estudios realizados, ocupaba hasta un límite que hacia norte corresponde al río Júcar, parece constituirse en un límite cultural que define lo que en las fases anteriores no pudo haber sido el área de máxima influencia tartésico-fenicia. Ha de entenderse que este grupo de cerámica se extiende por el área Mancha tal y como se ha estudiado en Alarcos y se comprueba en otros puntos de la zona.

El final de siglo IV refleja también en la alta Andalucía signos de crisis que quedan demostrados en yacimientos como Puente de Tablas o Colina de los Quemados. Estos hechos coinciden con un cambio significativo en el desarrollo de la producción cerámica, así como la constatación de nuevos asentamientos que hacen su aparición en esta fase o al menos que responden a una fuerte reestructuración casos como Amarejo O el Puntal dels Llops.

La aparición de esos asentamientos con un nivel de finales del siglo III exige una doble reflexión:

1.- La presencia de cerámica campaniense en la base las estructuras no implica que la fundación de la estructura que la contiene tenga que ser, necesariamente, de este mismo momento, sino que pudiera ser de un momento anterior al que habría que adjudicar las producciones de pequeñas estampillas, tampoco frecuentes en la zona.

2.- esta misma valoración se podía hacer para la presencia de la cerámica ática de figuras rojas, complejos culturales de El Amarejo o el Puntal dels Llops muestran significados cambios respecto período anterior aunque entre ellos existen a su vez diferencias, común a ambos el enriquecimiento de los elementos decorativos, por que ahora se añaden semicírculos, o a las bandas, los tallos serpentiformes.

Otra producción de gran interés es la de cerámica gris que si en la fase anterior mostraba el desarrollo de formas abiertas, preferentemente, además de botellas y vasos bitroncocónicos, en la fase que se despliega desde el siglo III destacan especialmente, en las formas, los vasos caliciformes y sobre todo las jarritas carenadas con un asa, que muestran un mayor florecimiento.

3.- CATALUÑA, ARAGÓN Y LANGUEDOC.

La importancia del factor fenicio en el proceso que condujo a la iberización de Cataluña ha fijado así tres grupos culturales que inciden sobre la población indígena a lo largo de los siglos VII y VI. Si el tema es incuestionable en los tres factores señalados campos de urnas, fenicios y griegos hoy se ha generado un debate de difícil solución, extraído del contexto indígena.

Pons resume en tres corrientes las posiciones referidas al hacer relación a la aparición del hierro.

La primera corriente destaca la conexión estratigráfica de los primeros productos en hierro y las primeras producciones de cerámica a torno. La aparición del hierro que, sin duda, de ser un proceso ligado a la evolución del siglo VII, de detener una clara incidencia en la estructura espacial de la sociedad que la obtiene lo trabaja.

La segunda corriente representada por la vinculación de la aparición del hierro y los primeros productos a torno, se asienta firmemente a partir de la proyección que en el ámbito de la investigación tienen los trabajos de Saladares Vinarraguell o Penya Negra.

La tercera vía planteaba la base del reconocimiento de los productos fenicios, de una parte, y su supuesta articulación con las fuentes historiográficas, de otra. En consecuencia, son samnios y focenses los que actúan en la zona no colonizada del levante y en las áreas de las factorías fenicias en un momento inmediatamente anterior a la consolidación de su posición en la zona con la fundación de Massalia en el 600 a.n.e.

Hacia el 550 a.n.e. se produce la consolidación de estos primeros contactos respecto al mundo indígena tras un corto periodo en el que parece producirse el retroceso fenicio y el impacto masiliota señalado. Sobre la base de tres secuencias localizadas en dos diferentes .

En lo que se refiere a la producción cerámica, las valoraciones globales son de gran interés por cuanto el grupo predominante es el de la cerámica ibérica sin pintar, siempre después de la producción a mano, en tanto que se documenta en claramente las pintadas y la gris; por debajo se sitúa el grupo de las ánforas, compuestos mayoría por las de difícil valoración de su procedencia. Entre la cerámica torno pintada, se documenta los bordes de cabeza de la anade y las orejetas, así como la decoración dominan las bandas estrechas y se registra la bicromía. En el grupo de los Grises se señalan los recipientes cerrados y las cazuelas de labio exterior.

Hacia el 250, se constata una nueva fase con la aparición de nuevos asentamientos. De norte a sur hay que citar como caso tipo el Puig Castellet, cerca de Lloret de Mar, al sur de Emporion y Ullastret, muchos investigadores subdividieron la producción en tres grupos: el primero formado por las anforas; cerámica ibérica con morteros, jarras y kalathos; cerámica ampuriana con las clásicas jarras con asas y patera de borde reentrante y por último una poderosa producción a mano con formas de tradición indígena o imitación de formas claras. En el Estuario de Llobregat, el yacimiento de Mas Boscà, hacia el interior el yacimiento de Margalef en la comarca del Les Garrigues.

El conjunto de secuencias citadas se corta repentinamente con la presencia dominante de Roma que reduce bruscamente la en información.

4.- EL TIEMPO DE LA CERÁMICA.

La cultura ibérica el viejo esquema ideológico de que una cultura tienen una etapa de formación inicial, un momento de máximo desarrollo y una etapa de decadencia degeneración, a este esquema se han incorporado los resultados estratigraficos al hacerlo sobre la base del difusionismo, construido sobre la presencia de un material importado, dándose la circunstancia de que el horizonte que mayor cantidad de producto griegos de figuras rojas acapara se ha convertido en el horizonte pleno, en tanto que la decadencia ha surgido partir del siglo III, coincidiendo con la brusca caída de las importaciones en un inevitable proceso de degeneración de la cultura.

En consecuencia para plantear una estructuración en etapas de tiempo de la cerámica, tendremos que hablar de:

Ibérico I (600/580 -540/530 a.n.e.). caracterizado por una uniformidad tipológica en toda el área, vasos trípodes, vasos con asas triples que parten de la boca y van a hombro formas de barniz rojo y ánforas fenicias, que vincula el periodo claramente con la tradición del mundo fenicio.

Ibérico II(540/530 - 450/425 a.n.e.). caracterizada esta fase por la fijación de nuevos prototipos a veces con la clara vinculación con la etapa anterior, urnas de orejetas, vasos a chardón, unas del Cruz del Negro evolucionadas, cuencos de borde engrosado, y desde luego la policromía.

Ibérico III(450/425 - 350/300 a.n.e.). La primera diversificación bien definida de los grupos cerámicos, que ya no están presentes en toda las áreas, como la pintura blanca en el área indikete, la gris ampuriana en el área catalano-valenciana, barniz rojo ibérico de Andalucía, Murcia, sur de Valencia y La Mancha. La policromía desaparece en general. La fase coincide con el apogeo de las cerámicas áticas de figuras rojas.

Ibérico IV(350/300 - 175/150 a.n.e.). muy desconocida, en general, la evolución cerámica de este periodo salvo en los finales del siglo III, fijado su principio por la producciones griegas de las colonias occidentales y su final por la campaniense.

Ibérico V(175/150 - 60 d.n.e.). claramente ligado a las producciones romanas que acceden a la zona. La fase se define por la continuidad y el desarrollo de la producciones de la fase anterior. La etapa se corresponde con el ibérico tardío .

Ibérico VI(60 d.n.e. - siglo II oIII d.n.e.). se trata ya de una producción marginal, y se caracteriza por la práctica desaparición de los estilos diversificados.

3. ACERCA DE LA ECONOMIA Y DEL TERRITORIO DE LOS IBEROS

1.-ELEMENTOS BASICOS EN EL PAISAJE IBÉRICO.

Gran importancia del cereal en la zona., Seguida del trigo duro y la cebada vestida y en menor proporción por el mijo y la esprilla.

El territorio que esta producción debió de ocupar seguramente se repartió sobre las zonas de encinas y sobre el bosque de galerías, únicas áreas que ofrecen condiciones adecuadas para el desarrollo de esta producciones como las especies arbóreas del río tienden a reducir sus porcentajes desde inicios del siglo VI, con una brusca caída desde finales del V e inicios del IV a.n.e.

Segundo, valorar la estructura paisajistica del asentamiento ibérico ha sido Castellanos de Ceal, Jaén. La región es la más árida y pobre de la zona, pues presenta los suelos muy erosionados. La sequedad del clima y un pastoreo excesivo han propiciado la aparición de un clásico paisaje de "badland" con una vegetación de tomillar y abundancia de especies esteparias.

Castellones de Ceal muestra un predominio del pino, que incluido en sus niveles inferiores alcanza el 40 por 100 del total. Su presencia parece relacionarse con la proximidad de la sierra de Cazorla y con las largas distancias, el resto de las especies arbóreas nos muestra la población del río, que debía vincularse al curso del Guadiana Menor, sin excluir la explotación del aceite.

El Tercer paso en la zona Valenciana, Puntal del Llops, asentamiento localizado en el borde de una zona montañosa compuesta por pinos, al oeste se extiende la gran llanura cuaternaria de Liria. Los suelos son ácidos y rojos y solo el 28 por 100 de los suelos puede ser cultivado, el paisaje vegetal de la zona no ha sufrido grandes modificaciones con el paso del tiempo, el paisaje arbóreo dominado por el pino y con baja representación de la encina, con un conjunto de especies húmedas, como el fresno, el aliso, el nogal o el avellano, destaca en el conjunto de las herbáceas la frecuente presencia de achicoria, que también se documentaban en Castellones; dada su utilidad como forraje, apunta al desarrollo de la cabaña animal, sin menos preciar una agricultura que se articula mejor a la producción del secano. Muestran tres modelos diferentes de paisaje vegetal, el primero más dispuesto para un fuerte desarrollo agrícola, una economía de dominio ganadero se observan los siguientes rasgos comunes:

Presencia del bosque mediterráneo, con un clima que en los tres casos apunta a una situación no muy diferente a la que conocemos actualmente, si bien con un paisaje menos degradado por la acción antrópica, producciones agrícolas de cereal y su articulación con las leguminosas, paralelamente se desarrolla otras especies como vid y el olivo, economía mixta que exige la presencia de pastizales.

Los altos valores del ganado vacuno en el sur de la península no son nuevos, en lugares como Monachil o el Cerro del Real en Granada, ya venía ocurriendo. Si bien esta especies representada en segundo lugar en cuanto porcentajes, después de los ovicapridos, tal y como ocurrió en las fases iniciales de la baja Andalucía. El doble papel que la ganado vacuno ha representado como animal de carga y tiro y como productor de materias primas básicas como la leche o la carne consolida en el ganado vacuno como especie básica de modelo ganadero.

Una economía articulada entre los cereales y ganado vacuno puede ser aceptable siempre que no se rompa el equilibrio demográfico que precipita la necesidad de aumentar el número de cabezas de ganado o de tierras tanto para pasto, como para el cultivo del cereal. En el momento en el que este equilibrio se rompe la necesidad de tierra conduce a un inevitable debilitamiento de la masa de la producción cárnica en un proceso, que por el aumento paralelo del cereal, está conduciendo a una reducción de la tierra vegetal y lógicamente el de la potencialidad agraria del suelo. Este planteamiento hace inevitable la referencia al cambio señalado en Puente Tablas VIII, producido después de un momento en que el porcentaje de restos óseos de ganado vacuno alcanza una de sus cotas máximas, el porcentaje de polen de cereal alcanzarse un mínimo niveles y aparentemente se está actuando sobre el bosque galería para ganar tierras. la respuesta de puente tablas VIII fue la práctica de un cambio estrategia económicoagraria, porque el desarrollo de la oveja, no de la cabra, posibilita adecuar en el mismo espacio la producción de cereales y la cabaña animal ya que la oveja puede obtener su alimentación en el mismo campo de cereal. Cerdos ovejas y cereales podrían constituir un perfecto terceto estratégico capaz de sustituir la economía fundamentada en el ganado vacuno.

el ganado vacuno.

En cuanto a la existencia en las tareas de pesca se constata, no sólo a la costa Cádiz sino incluso en Sevilla donde se documenta moluscos como la chirla, el berberecho, la peregrina, la ostra o la almendra de marzo. Sevilla sufre frecuentemente inundaciones con crecidas del río procedentes del estuario. Más al interior se documentan estas producciones de recolección, el rodamiento sufrido por la concha antes de su recogida indica que su función es ornamental y no de consumo alimenticio.

Diferentes modelos económicos:

a) un modelo agrario caracterizado por el dominio del cereal y articulado al desarrollo del ganado vacuno, que en determinados puntos está compensado con un importante desarrollo de la caza (San Isidoro de Sevilla, Setefilla, Carambolo Bajo, Puente Tablas III-VII, Saladares o Penya Negra). Se observa en algún caso una crisis del mismo a finales del siglo IV.

b) Un segundo modelo agrario fundamentalmente cerealista, es el definido por el auge de la oveja, con una presencia menor de la caza. Los Villares de Caudete se localiza en las proximidades del mar, desarrolla asimismo la pesca y la recolección de moluscos (como en Arguilera del Mar o Sant Just Desvern)

c) modelo de carácter más pastoril dominado por los ovicapridos que se articula a una producción básica de la que no está excluido el cereal, en zonas de difícil desarrollo agrícola tal y como se precisa en Castellones de Ceal o El Puntal de Llops

d) Especializados a partir del siglo III en Torre de Doña Blanca , con un fuerte desarrollo en la Pesca en la industria de salazones u otras especializaciones.

2.- EL ASEMTAMIENTO EN EL TERRITORIO.

2.1 UNA PRIMERA REFLEXIÓN.

Las sociedades precapitalistas el papel de la naturaleza es la primera condición objetiva del trabajo, pero también la tierra es el gran laboratorio que proporcionan medios y materiales de trabajo. El carácter del asentamientos en su entorno, la particularidad del proceso de trabajo en relación a las nuevas tecnologías y los espacios de producción .

2.2 ANDALUCIA: HACIA LA CONSOLIDACIÓN DE UN MODELO NUCLEAR.

La distribución de las asentamientos en este área muestra en la zona oriental una disposición preferente próxima a los grandes ríos, con tres niveles de diferente tamaño: uno interior a la hectárea como Castellanos de Ceal, otra entre tres y seis, como Puente del Obispo, y por último otro de gran tamaño por encima de las dieciséis hectáreas, como Giribaile.

Durante el siglo VI la distribución de las asentamientos grandes-medianos frente a los pequeños es casi alternada. Con el paso ibérico III se observa la desaparición de estos pequeños núcleos con el consiguiente aumento de la distancia media entre asentamientos y un marcado carácter de concentración longitudinal.

Clark y Evans han definido por el momento cuatro tipos para siglo IV:

a) Asentamiento en meseta, bien fortificada, dotado de amplia visibilidad, con escasa distancia a los vecinos más próximos, que domina preferentemente tierras de potencialidad agrícola media y media alta.

b) Asentamientos en meseta, bien certificados, con visibilidad unidireccional (sólo apoyarse contra un cerro de superior tamaño), semejante distancia sus vecinos más próximos y tierras de potencialidad agraria media, y media alta o alta en sus dos lados, en tanto que el otro la tierra es de baja o nula productividad .

c) Asentamientos en meseta fortificado, con escasa o nula visibilidad y mayor distancia a su vecino más próximos, articula tierras de alta y baja productividad pero suele excluir las de media y media alta.

d) Asentamientos en terraza, fortificado, con escasa visibilidad, a gran distancia de sus vecinos más próximos, articula unas pocas tierras de alta productividad, en tanto que el resto es absolutamente inútil y sale para la práctica agrícola.

La ocupación del valle del Guadalquivir permiten observar un tipo de asentamiento alejado de las orillas del río, en la ubicación asentamientos como Carmona o Mesas de Gandul, localizadas en posición destacada entre las terrazas del Guadalquivir y las vegas de los ríos Corbones y Guadaira que fácilmente un modelo de ocupación extensiva de unas tierras como las de Las Vegas que se extienden al este de los Alcores.

Especial interés tiene el mundo o onuvense donde la incidencia de los centros mineros genera, aparentemente, un modelo de poblamiento lineal que, con anterioridad al 500, se observa en la zona occidental, a través del curso del Tinto y el Odiel, en la localización de los dos extremos del eje de Huelva y cerro Salomón en Río Tinto. Al este se constituye una segunda zona que conectar con las minas de Aznacollar con un centro amesetado y fortificado como es Tejada la Vieja. Desde aquí se alcanza ver el poblado de San Bartolomé de Almonte, en una ruta que conduce hacia Torre de Doña Blanca y Cádiz, se ha valorado, de una parte la vinculación de puntos mineros a asentamientos, de otra parte la existencia de dos tipos asentamientos: unos al norte, de clara especialización minera, Tejada la Vieja, y otros predominantemente agrícolas, Huerta Tujena el más alto índice de potencial de población. En

2.3 EL TRANSITO ESPACIAL HACIA UN MODELO MIXTO.

El noroeste, al otro lado de Andalucía, en Murcia y Alicante.

En Murcia, Santos Velasco ha fijado tres tipo asentamientos: un hábitat en llano o en pequeños cerros inferiores a la hectárea; poblados en torno a 2,5 y 3 hectáreas, frecuentemente sin fortificar con defensas naturales, y un tercero en nivel caracterizado por los grandes asentamientos encastillados que se asimilan a centros de refugió al desconocer la asociación de los diferentes tipos.

El Segura genera en torno a su curso medio y bajo un sistema de poblamiento y ligado al curso del río principal, y sus afluentes, y, aun cuando todavía se escapa la complejidad de modelo, apunta un poblamiento, para la fase de los siglos V y IV a.n.e., con asentamientos fortificados de altura, o pequeños centros sin estructura defensiva, muy diferente al conocemos en el alto Guadalquivir.

2.4 EL CASO DE LIRIA: UN MODELO MIXTO “OPPIDA”-ATALAYAS-CASERIOS

Este sistema de poblamiento con asentamientos sin defensa y localización en llano, articulado a otros encastillados, que se apunta en el área levantina, está documentado hacia el norte, siguiendo la vertiente mediterránea. Uno de los modelos para estudiar es el caso del territorio Edeta-Liria. se corresponde a ciudades superiores a 8 hectáreas, oppida, grandes entre 3 y 5 hectáreas , oppida medianos 1 y 1,5 hectáreas, oppida pequeños 0,7 y 0,5 hectáreas y atalayas y caseríos inferiores a 0,25 hectáreas.

Existencia de una estructura piramidal. En la diferenciación Atalayas-caseríos se ha practicado una comprobación en la base a la visibilidad, observando que la media de visualización de otros asentamientos desde las Atalayas es de 12,27 kilómetros, mientras que en el caserío es de 3 kilómetros, además de mostrar estructurar defensivas como la torre. Las Atalayas constituyen un entramado de redes visuales que generan tres vías de control respecto a Liria. Tendencia a pasar del punto alto y fortificado al llano. La mayor parte de las categorías oppida y Atalayas desaparecen en el paso al ibérico V, quedando sólo dos oppida medianos, uno pequeño y una Atalayas. Asentamientos del ibérico IV presentan fortificaciones, con dos excepciones de caseríos. Relación directa entre la Atalayas, como centro de refugio, y un caserío, que se acogería a la Atalaya en momentos de crisis.

Durante la segunda mitad del siglo II a.n.e., se provocará el abandono del encastillamiento y la ocupación de las zonas más bajas. Esto debió exigir un gran trabajo previo si tenemos en cuenta la existencia de marismas, buena prueba de ello es la poca presencia asentamientos que antes de la fase romana hay en estas llanuras, teóricamente muy fértiles.

2.5 UN MODELO EXPANSIVO PARA EL BAJO EBRO

En el siglo VI a.n.e., el área muestra una serie de puntos con pequeños asentamientos que, en la zona del Matarranya-Algar , oscilan en tamaño entre las 0,018 hectáreas de la Gessera y las 0,6 de San Antonio de Calaceite, sin orden que implique un complejo modelo jerárquico una dependencia entre asentamientos; sin embargo a partir del siglo V a.n.e., se observa un nuevo sistema fortificación con bloques rectangulares unidos en seco y una tendencia al aumento del tamaño de los poblados (0,8 hectáreas para San Antonio), así como la creación de una serie de satélites defensivos entre los que cabe incluir un grupo de asentamientos del siglo VI a.n.e. reconvertidos función y otros que se desarrollan preferentemente en el margen oeste del Matarranya, Les Escondines, esto hace, y en todo caso, que ninguno de los asentamientos destaquen en el contexto territorial estudiado, pero sí que formen parte de una unidad territorial mayor, cuyo referente podría ser Gandesa.

En conjunto sorprende, respecto a otros modelos analizados,, el reducido tamaño de los asentamientos.

2.6 EL MODELO COSTERO

Muy diferente, hacia la norte a partir de la desembocadura del Ebro; de una parte, porque la proximidad del mar favorecía un modelo económico diferente, de otra, porque los investigadores que han fijado el análisis lo han hecho con un planteamiento teórico fundamentado en los modelos conceptuales agrícolas de Henshall que oponen la agricultura campesina a la agricultura plantación.

Hacia el noroeste se dibujan, desde el punto de vista geográfico, varias áreas que pese a sus peculiaridades muestran un modelo mixto del tipo Edeta-Liria:

a) Entre el bajo Llobregat y el río Tordera se dibuja un modelo costero con distribución longitudinal y un gran centro localizado en Burriac, que en su máxima expansión alcanza las diez hectáreas, Turó d`en Boscà, la Penya del Moro fortificados y atalayas como el Puig Castellet, asentamientos agrarios como Turo del Trens Pins y campos de silos. Se Ordena como tal durante la segunda mitad del siglo IV a.n.e., y alcanza su máximo nivel de defensa del territorio a finales del siglo III, coincidiendo con la segunda guerra Púnica (Zamora, Guitart y García,1991).

A partir del siglo II hay una tendencia a la nuclearización, avalada por el crecimiento de Burriac y la desaparición de Atalayas y asentamientos rurales.

b) El alto Llobregat muestra su sistema también y mixto, con los tres tipo asentamientos distribuidos en los diferentes valles que llegan a permitir hasta dos poblados siguiendo pautas de tamaño muy reducidas, siendo el Cogullo el mayor con 0,5 hectáreas. Especial en Cataluña interior tiene la Plana de Vic al sur del curso medio del río Ter, donde se vuelve a repetir un modelo mixto, aunque con un importante centro de 9 hectáreas en el Turó Montgròs, que es además el punto más distante del río. El proceso de fortificación y ordenación del espacio se realiza en tres cines del siglo V inicios del siglo IV, sufriendo una fuerte crisis a finales del siglo III.

c) El Ampurdán, al noroeste de la zona citada. Allí toma una posición privilegiada Ullastret, único asentamiento fortificado con anterioridad al siglo IV, el modelo contaría con un grupo de asentamientos de segundo orden como Sant Julià de Ramis que muestra un tipo asentamientos de terraza que está presente en el área ibérica-languedociense de la zona de Narbona. La zona ampurdanesa ofrece también un sistema de Silos organizado en las áreas más bajas, que se hace presente en el área de la factorías de Roses y Ampurias, aunque ha de considerarse que esta zona no sólo se ha conservado, sino que la influencia de la factoría griegas, desde el exterior hacia el interior, para definir su kora, debió de actuar sustancialmente sobre el paisaje.

2.7 LOS MODELOSDE LAS ÁREA PERIFÉRICAS

Zonas interiores del Guadiana, el modelo de poblamiento reproduce un esquema lineal asimilado a las vegas de los principales ríos y a las rutas que conducen a la zona minera o a las principales vías ganaderas.

La estructura del poblamiento muestra asimismo un esquema que recuerda el que ya siendo habitual viene siendo habitual en los modelos recogidos. Un nivel de poblados de gran tamaño superiores a las 4-5 hectáreas.

Un nivel de poblados menores de un tamaño entre 1-3 hectáreas. Asentamientos en llano de claro carácter agrícola. Fortificaciones, pequeñas asentamientos reforzado por fortificación y recintos-torres de características semejantes a las halladas en Córdoba y Jaén.

2.8 VALORACIÓN GLOBAL

El marcado carácter agrícola la economía ibérica, no sólo por la escasa incidencia de la cabra, estructura de los modelos.

4. LA REPRESENATCIÓN DEL PROCESO DE PRODUCCIÓN EN EL ASENTAMIENTO

1.- A MODO DE INTRODUCCIÓN

Relación artefactos-contexto. El artefacto a los revela las relaciones sociales de las coyunturas analizadas, metodología arqueológica. El contexto hace legible la actuación individualizada o colectiva del grupo social y su relación con los medios de trabajo.

2.- UNIDADES CONSTRUCTIVAS

La definición espacial de los lugares y áreas de producción no siempre es posible en arqueología; sólo lo es cuando encontramos estructuras construidas y en otros casos en los que , las coyunturas de la hallazgo permiten el reconocimiento de actividades, algunas actividades económicas, como la práctica agrícola, podrán ser analizadas a partir del instrumental utilizado, de los restos del producto de otras actividades relacionadas con la que implique nuevos procesos de trabajo y por lo tanto nuevos lugares su áreas de producción-consumo, pero difícilmente podrá determinarse el lugar específico de su localización espacial, salvo en términos generales y siempre por aproximación.

En relación con los espacios construidos, en las distintas fases ibéricas se constata que en el módulo cuadrangular es casi exclusivo, aunque con diferentes niveles de complejidad constructiva y estructura. Este carácter cuadrangular es consecuencia de un importante desarrollo de la fuerza productivas, que se relacionan con una gran variedad y simultaneidad de actividades. El espacio cuadrangular permite un mayor aprovechamiento del espacio interior por su mayor facilidad para la compartimentación del espacio útil, esto permite que aún menor coste, un más fácil desarrollo urbanístico y un aprovechamiento más integral del espacio habitado por una comunidad. Por el contrario la estructura circular apenas permite compartimentación interior y responde a modelos económicos elementales, bien por un escaso nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, bien por ser ámbito de actividades de carácter elemental y homogéneo, y, por lo tanto, con una división del trabajo escasamente desarrolladas.

Habría que indicar que la estructura cuadrangular, por sí misma y sin referencia a su compartimentación, no tiene porque suponer una concepción espacial diferente a la que implica el esquema circular, sino que es en su relaciones con otros aspectos de la construcción y con su propia dinámica interna en lo que estriba su diferente conceptualización.

2.1 ANDALUCÍA

Sólo conocemos parcialmente el carácter cuadrangular de las construcciones y algunos aspectos de la técnica constructiva ( muros con zócalo sin cimentar, en piedra caliza, alzados de adobe con revocó generalizado, pavimentos de tierra aprisionados con guijarros y fragmentos cerámicos).

Fernández jurado ha dividido en dos grupos las estructuras del área, de una parte ha definido las viviendas, paralelamente señalan la existencia de unos almacenes: estaría justificada por la abundancia de ánforas , pero asimismo por una distribución interior más racionalizadora y un mejor acabado de la construcción (en el Oppidum del Cerro de la Cruz), espacios abiertos de carácter público (calles en terrazas, basureros , etc.), espacio de uso productivo en los que se observa la existencia de un molino asociados a un telar, en algún caso, como la estancia o espacios para el almacén.

2.2 REGIÓN MANCHEGA

el conocimiento de las estructuras construidas es aquí muy limitado. Sólo las excavaciones como El Amarejo nos informan sobre algunos aspectos relacionados con la distribución y características de los lugares de habitación. Las excavaciones ha localizado una serie departamento, todas ellas rectangulares y bien trazados, constituidos por muros de piedra en zócalo y levantamiento de adobes, que aprovecha la roca base, bien como parte de los paramentos, bien como pavimentos.

Lo limitado de la zona excavada impide por el momento determinar aspecto funcionales.

2.3 VALENCIA

la realidad de la arqueología del hábitat en Valencia se caracteriza por la variedad de los asentamientos y de sus estructuras constructivas.

El poblado del Puntal dels Llops es una asentamientos de planta alargada y de reducida dimensión. Su estructura es muy básica, con dos elementos que definen el espacio, como son la torre asentada en el punto más alto de la ciudad y una calle, que atraviesa todo el asentamientos hasta la torre y que disponen a ambos lados las diferentes estancias.

Esta articulación de espacios y lugares de actividad llegaba a los autores a concluir que la suposición del Puntal dels Llops pudiera ser, no un poblado, sino una asentamientos estructural y funcionalmente uniforme resulta una hipótesis atractiva, tanto por la distribución espacial de las áreas de actividad en el yacimiento, por la suposición de que se trata de una atalaya, punto de vigilancia y control del territorio.

La Bastida de Alcuses, la amplitud de las excavaciones, con más de 200 unidades departamentales excavadas, proporcionó una amplia información sobre su urbanismo, la estructura de las unidades menores del hábitat. Los departamentos agrupan en viviendas o unidades mayores , que a su vez forma agrupaciones separadas por calles de desigual e irregular trazado, que contrasta con el Modelo de Puente Tablas. la tipología de las unidades mayores de los departamentos no es uniforme, dando la impresión de una estructuración que no sigue un esquema general previo. En relación con la definición de los distintos lugares de actividad y áreas de la misma, la distribución de los materiales en su ubicación espacial crea correlaciones que permiten distinguir departamentos destinados al almacenamiento, a la producción doméstica y al consumo.

2.4 CATALUÑA-ARAGÓN

La zona de Cataluña ofrece un importante volumen información arqueológica referida a la estructura y distribución del hábitat en el interior de los asentamientos. Durante el siglo VI a.n.e. se aprecia la aparición de las primeras casas cuadradas en la Moleta de Remei, de final del siglo VII hasta la mitad del siglo VI a.n.e., el hábitat se caracteriza por cabañas circulares de tres metros de diámetro, con sus fondos excavados en la roca, en una ambiente histórico claramente preibérico. El caso de Aloda park nos informa de la evolución de un pequeño asentamiento con especiales características funcionales desde principios del siglo V a.n.e.. Durante esta evolución y hasta el último momento de la ocupación, situado alrededor de finales del siglo II a.n.e., se observa la permanencia de algunos aspectos de trazado primitivo. A modificaciones que no sólo afectan a la estructura de las unidades de hábitat, sino que se refieren a cambios importantes en la funcionalidad de alguna de ellas. La definición de los lugares de actividad adquiere, sobre todo durante el siglo III a.n.e., una gran complejidad. Las dimensiones de la diferentes estructuras y su articulación llevan a concluir La escasa importancia que el sector primario debía de tener en este asentamiento, al menos en lo que respecta a la agricultura, tipología del hábitat, que vienen a denomina como casa-bloque sin capacidad de almacenamiento, o al menos muy limitado, con una estancia destinada a dormitorio hogar y otra ligada a la producción y almacenaje para el consumo. Algunas de las estancias si parecen responder a una producción especializada, la actividad más notable que seduce para asentamientos es la relacionada con la recolección de mariscos por medio de ese rastrillo con red acoplada, y posiblemente, la pesca de altura, deducida de la localización de escamas de pescado azul de grandes dimensiones, así como de algunos útiles que pueden estar en relación con esta actividad.

A menos de tres kilómetros de Alorda Park, el yacimiento de Arguilera debió de ser un pequeño núcleo compensatorio al anterior dedicado a la explotación agrícola de los llanos de su entorno. El descubrimiento de una serie de silos excavados en arcilla, en un perfecto ambiente para la conservación del grano, demuestra una economía basada en el cereal , con una producción que sobrepasa claramente el ámbito doméstico. Mucha más funcionalidad y productiva es el caso de Moleta de Remei, su urbanismo responde a un modelo evolutivo denominado “poblado divididos en dos barrios separados por una calle central” y supone un estado previo a la adopción de sistemas inspirados en trazados hipodámicos. El urbanismo de la Moleta, es una fortificación de singular complejidad constructiva, en su interior se articulan una serie de calles que definen barrios constituidos por estructuras de habitación y otras construcciones consideradas como singulares. Los edificios del siglo IV a.n.e. tienen una estructura trapezoidal que se apoya en la línea interior de la fortificación.

En el asentamiento destacan tres conjuntos definidos como edificios singulares. El edificio singular nº1 presenta una forma rectangular de 4X5 metros y se dispone sobre un podium de losas planas rectangulares perfectamente trabajadas hasta dejar las caras vistas uniformes. La nº2 es como un lugar comunitario de fabricación de alimentos, habida la existencia de dos hogares gemelos de notables dimensiones y de un horno delimitado por adobes, presenta una zona de almacén y un conjunto de cuatro molinos de tipo barquiforme. Estaríamos en presencia de una serie de ares productivas de notoria entidad, dedicadas a la transformación de grano para su posterior comercialización.

La estructura de la vivienda, su compartimentación y la distribución y variedad de materiales nos permiten hablar de una compleja pero limitada área de actividad doméstica y productiva. Variada en cuanto se refiere a la multitud de actividades definidas.

3.- DEFINICION DE LOS PROCESOS PRODUCTIVOS

La vivienda ibérica, como de un importante ámbito de carácter residencial-doméstico, pero también productiva. La casa, articulada con ámbitos más amplio y particularmente con el asentamiento, nos indica el nivel espacial de la estructura económica con la localización de diferentes lugares y áreas donde se expresan procesos de trabajo. esto nos lleva a la consideración de la familia como una unidad productiva fundamental, pero también a la existencia de otras unidades que sobrepasan este ámbito, como pudiera ocurrir con algunas asentamientos especializados en funciones económicas o estratégicas, en una doble relación coordinada entre economía doméstica y determinada especialización suprafamiliar del asentamiento.

3.1 CERAMICA

En las sociedades ibéricas la fabricación de cerámica es un proceso de capital importancia en sí mismo, por su relación con otros sectores y prácticas económicas de los constituyen media de trabajo fundamental, que responden a un elevado desarrollo tecnológico, que se realizan mayoritariamente a torno y que presenta una variedad técnico-funcional y tipología muy amplia. Su fabricación es resultado de un complejo proceso productivo bien reflejado en el registro arqueológico..

El proceso de producción:

a) Obtención de las arcilla: localización de arcillas idóneas, tiene un carácter especializado. Tras la extracción, la arcilla debe sufrir un proceso de transformación de carácter mecánico que implica, al menos, una fase de trituración y otra de depuración mediante decantado.

b) Torneado: de suma especialización, la manipulación de la arcilla y del objeto torneado antes de la cocción es quizá la fase más compleja de proceso.

c) Cocción: exige un dominio empírico del fuego, la pura experiencia la indicadora del estado del horno, de los recipientes y del ambiente interior.

e) Decoración: esta fase, optativa, pueda realizarse previamente a la cocción, con posterioridad o incluso puede exigir una segunda cocción especifica. El carácter de la decoración influye también en su técnica de elaboración.

3.2 METALURGIA

El proceso minero-metalúrgico, bastante desconocido en la actualidad. Se ha elaborado más lo referente a fases anteriores de la edad de bronce y en relación con la metalurgia del cobre, bronce y menas de minerales preciosos, particularmente, plata.

La metalurgia exige el desarrollo de una serie de trabajos concurrentes que se inician con la extracción de mineral, continúan con el proceso de beneficio del metal y concluyen con la elaboración del producto manufacturado. Todo el proceso exige al menos un cierto nivel especialización, que en algunos casos deriva la necesaria existencia de artesanos de plena dedicación, sobre todo en lo referente a la elaboración de algunos productos manufacturados presentes en la arqueología ibérica.

La relativa abundancia de este metal en los horizontes ibéricos contrasta con la escasez de yacimientos metaliferos rentables en términos actuales. Sin embargo, señalan los afloramientos de Almagra son a abundantisimos y este mineral sometido a un proceso de lavado y posterior escorificación permitiría abastecer de hierro en unos límites razonables, a un asentamiento de la envergadura del de Cástulo.

3.3 INDUSTRIA TÉXTIL

las referencias de las fuentes, y la documentación arqueológica nos informan de la importancia de este sector productivo. La variedad de materias primas, de origen vegetal y animal utilizadas en el hilado y posterior concepción de tejidos, y del carácter especializado que en algunos asentamientos llegó a alcanzar.

Destaca especialmente la abundancia de referencias al lino en casos como los alrededores de Ampurias. Las referencias al algodón son muy escasas, por otro lado, en las excavaciones arqueológicas resulta frecuente la localización de una serie de elementos comúnmente asociados a estructuras de tela. La constatación de los procesos específicos aquello nos conduciría están aún poco definidos, salvo en lo referente al carácter doméstico, calidad de algunas concepciones, atestiguan multitud de representaciones figuradas, y su presumible tamaño, caso de algunos velos y mantos que acompañan a aquellas, que podrían relacionarse con un tipo de producción más industrializada, pero de la que no tenemos constatación arqueológica.

5. LA SOCIEDAD IBERICA

1.- ARISTOCRATAS O CAMPESINOS

Los modelos económicos o territoriales, la presencia de ricos materiales productivos en otras sociedades, los análisis sobre las necrópolis apuntan a una marcada diferencia social queda lugar en el plano social a grupos de muy diferentes niveles de riqueza o poder.

  • JERARQUÍA EN LOS ASENTAMIENTOS

  • La sociedad ibérica, si atendemos al nivel funcional, definen el territorio, un cuádruple sistema de poblamiento. En tres de los sistemas la presencia del fortificación se convierte en un elemento fundamental, el oppidum es el elemento clave del sistema y jerárquicamente superior. El papel del oppidum, protagonista del sistema de poblamiento y es en el dónde deben definirse mejor el marco de los conflictos sociales y la representación espacial de los distintos grupos, ya que el carácter funcional de la atalaya, y el de la factoría agrícola como representación de una unidad familiar más o menos extensa, hacen, en general poco precisos los análisis planteados en los asentamientos de menor rango o de funcionalidad muy definida.

    Palacios o Templos

    Su ubicación ha de fijarse fuera o dentro del asentamiento, en consecuencia, la fortificación que define el espacio habitado y defendido. A finales del siglo VII a.n.e., en un momento anterior a la consolidación del modelo ibérico, se conocen el asentamiento de la Muela una estructura que ofrece una clara función de extraeconómica, complejo del que se excavó un patio de perímetro irregular, al este del cual se localizan dos estancias; la primera ocupa prácticamente todo el frente del patio y se yuxtapone a la estancia interior como una construcción independiente con muros adosados, ha supuesto que se interprete como un recinto de culto para la práctica de ritos de banquetes, cuyos restos fueron con posterioridad recogidos en una “fosa de consagración”.

    Los “oppida”

    La cuestión que se define en torno al problema de la articulación en un mismo espacio de funciones religiosas y politicas, plantea el problema de la aparición de la ciudad, este hecho, unido a la ausencia por ahora de espacios públicos políticos como el ágora, no nos permite hablar de modelos urbanos al estilo de los que se definen en el mundo mediterráneo (griego o romano).

    El oppidum, cerrado respecto del campo, pero dependiente de él, y , por lo tanto, definido en un espaciourbano y residencial aristocrático, se convierte no sólo en la tumba del sistema parental sino asimismo en la definición del poder aristocrático.

    Con marcadas diferencias cronológicas los oppidas célticos son fundamentalmente expresiones del poder de la aristocracia, pero que a la vez en general en su interior un sistema de servicios que en algunos momentos pudieron haber dado lugar a auténticos barrios que especialmente fomentaran posicionamientos de clase de tipo gremial, semejante a los modelos feudales en los momentos inmediatamente anteriores al desarrollo de las ciudades tardomedievales. Quizá ello justifique la práctica frecuente de definir los oppida como protocomunidades, pero ello se hace con un proyecto evolucionista que ofrece el estatus de tal a la ciudad griega y en concuencia, valora en el oppidum solo aquellos elementos que pueden conducir a ese modelo.

    El problema debe articularse con la relación entre este sistema de estructuras y su territorio económico. La sustentación del modelo económico ibérico en la producción agraria hace indisoluble la relación oppidum-campo. Pero con todo, tampoco ello puede disociarse de la sociedad clásica, pues aunque, es una “historia de ciudades”, sus fundamentos seguirán siendo la propiedad de la tierra.

    Una segunda clasificación, en función de la fortificación, ha sido planteada por Maluquer para Cataluña:

    a) Poblados en plataformas.

    b) Poblados con barrera o en península.

    c) Poblados en ladera.

    Asimismo, se ha elaborado un modelo para valorar la evolución de los poblados ibéricos en Cataluña, partiendo de dos conceptos; la existencia de barrios, que se describe y basa en la exclusiva articulación de muros medianeros y en la separación del grupo de casas por espacios públicos.

  • JERARQUÍAS EN LA MUERTE

  • La complejidad social queda reducida a un efecto mecánico entre el rango de la posición social del muerto y el segmento social del grupo que efectúa el ritual.

    Pozo Moro, se ha utilizado la terminología “sepulturas turriformes monumentales”, siendo su dispersión característica propia del sur este y la baja Andalucía, apareciendo estos monumentos aislados en puntos estratégisocs, como Pozo Moro o Alcoy o agrupados en necrópolis, como Osuna o La Alcudia de Elche. La segunda escala, son “sepulturas de pilares-estela monumentales”, que quedan rematadas por figuras de animales (toros, leones, esfinges, etc.) desde Sagunto a la baja Andalucía y alcanzando su cronología hasta el siglo IV. Estos modelos contrastan con las cámaras de tipo documentada en La Bobadilla, que suponen, por el modelo constructivo del contenedor, una escala inferior, ya sea por el hecho mismo de la ausencia de la escultura, ya por otro concepto diferente en función de su localización espacial.

    Respecto al ajuar, descontando el de Pozo Moro por su expolio, en los dos casos conocidos se advierte la presencia de oro/plata y de productos importados, orientalizantes en el caso de Cástulo, procedentes del comercio griego en Pozo Moro. Estos productos importados, por otra parte, nos permiten valorar un hecho presente en la articulación de (jarra-copa) que se asocia al consumo del vino en el rito de la libación, tal y como ya se documentaba en algunos elementos de la fase anterior con los jarros de bronce, el lekythos se asocia al ritual del perfume, asimismo corroborado en el aryballos de fayenda de La Bobadilla.

    La presencia del conjunto de armas de la tumba de Cástulo, compuesta por la asociación espada de antenas-lanza-puñal, nos muestra el segundo nivel de información del ajuar, que contrasta por la asociación señalada con las tumbas comunes de Setefilla o Frigiliana, donde sólo aparecen cuchillos afalcatados, que ni siquiera cabe fijarlos conceptualmente como parte de armamento.

    El armamento pasa por ser, en el siglo VI a.n.e., otro elemento definidor del grupo social dominate y como tal debe ser entendido. El conjunto escultórico de Porcuna, se compone de 1288 piezas catalogadas, todas destrozadas y enterradas en un espacio sagrado. El conjunto muestra un complejo con múltiples escenas de lucha, con figuras estáticas . Todo permite advertir y definir la imagen del guerrero y su armamento, tal y como se comprueba en la cabeza con casco con carril de penacho y espirales a ambos lados.

    Ahora bien, la aceptación de estos elementos de tradición griega de finales del siglo VI, o de la primera mitad del V, no son en modo alguno ni la demostración de que la elite social ibérica se encaminaba en un proceso semejante al de las polis griegas ni, por el contrario, la asunción de unos productos “raros” que son aceptados sin entender el papel que juegan en el marco de la sociedad que los produce, como si se tratara de una mentalidad “infantil-primitiva” que solo encontrase en estos elementos el factor extraño de distinción social por su aparición. La elite ibérica, asume estos ritos de heroización estructuralmente, como ha demostrado Olmos, pero, eso sí, asumidos desde el propio proceso histórico que sigue un grupo aristocrático, sus clientes y familiares, que encuentran en el gusto helénico, la forma de reproducir el sistema de relaciones sociales que se define en el seno de su sociedad.

    El paso al ibérico III, momento mejor conocido en las necrópolis ibéricas del sur este y la alta Andalucía. La fase coincide con la aparición y consolidación de nuevos tipos de enterramiento, como el túmulo principesco o la cámara. Presentan dimensiones superiores a los 16 metros cuadrados y se sitúan sobre el lugar de la cremación. La cámara, por el contrario, se localiza preferentemente hacia el sur de la provincia de Jaén y en Granada, y puede ser continuación del modelo documentado en La Bobadilla en la fase anterior.

    Estos enterramientos de grupos sociales destacados muestran diferencias significativas con la fase anterior, orientalizante, del siglo VI a.n.e. De hecho, respecto a la estructura constructiva sin duda volvemos a encontrarnos con la identificación ajuar más rico-construcción más costosa en horas de trabajo, tanto la cámara como el empedrado tumular lo son en referencia a los demás tipos. El paso de un primer nivel a un segundo escalón, la gran diferencia entre los enterramientos turriformes del tipo de Pozo Moro, o los pilares estela monumentales, y la siguiente escala de enterramientos, en su nivel constructivo, muestra ahora una fase intermedia que viene avalada por las llamadas sepulturas tumulares, que continúan la escala de las sepulturas “tumulares principescas”. Los ajuares muestran cambios importantes respecto a la etapa anterior, en el armamento, ya comienzan a cobrar importancia los conjuntos de falcata-soliferrum-lanza-caetra-casco, a los que se añade en algún caso el carro.

    1.3 SIGNOS DE ISONOMÍA EN EL PODER ARISTOCRÁTICO EN EL MUNDO DE LA MUERTE DEL SIGLO IV A.N.E.

    Si valoramos la presencia de armas en necrópolis del siglo VI o inicios del V a.n.e., se advierte la estructura asociativa que el arma tiene en estos grupos de enterramientos, ya que sólo se encuentran en porcentajes inferiores a un 15 por 100 y con la presencia de puntas de lanza o soliferrum, siendo inexistente la espada, o en pequeños porcentajes.

    Coincidiendo con el paso al ibérico III, la presencia de armas aumenta en relación al numero de tumbas, oscilando entre el 25 por 100. Sea con lanza o espada, como factor dominante, o con el conjunto falcata-lanza, la extensión de este producto en la necrópolis , sin prestar especial atención al tipo de tumba, es decir, sin forzar en su distribución a una asociación con las construcciones más complejas, nos lleva a concluir que ha habido un enriquecimiento del valor del trabajo depositado en los ajuares de tipo medio. Esta alza de nivel del funeral del enterrado supone reconocer un enriquecimiento general de la comunidad, ya que no un reparto equitativo, como lo demuestra al observar el brusco corte de producido, en un plano cuantitativo, entre las 200 y 277 de El Cigarralejo y el resto.

    El sistema de dependencia de aristócrata y guerrero es ahora definidor básico de su relación, la espada jugaría un papel más selectivo en su distribución. La aparente reducción de tumbas con armas en la zona occidental de Jaén podría ser indicativo asimismo de un proceso histórico diferente, reflejo de una sociedad más orgánica.

    Un segundo elemento de especial interés lo ofrecen la importaciones de cerámicas áticas de barniz negro y figuras rojas.

    2.- INDIGENAS Y COLONIZADORES

    Hay que indicar que si los aristócratas se definen en el área indígena, sin duda lo hacen en función de la existencia de un campesinado que en su relación de dependencia con ellos dibuja el sistema de ordenamiento socioeconómico del caso. El colonizador no es el único definidor de la aristocracia, aunque también tiende a fijar la naturaleza y el carácter de ésta; actúa definitivamente en el proceso de su interrelación con el grupo social indígena al generar un segundo sistema de contradicciones que cabría definir en los términos de centro y periferia.

    Los términos en que se produce el encuentro entre ambos mundos no se dan las condiciones propiciadas desde el historicismo, por las que colonizador e indígena representan dos pueblos en diferentes niveles o escalas de civilización y cultura o de desarrollo económico. Este contacto se produce en función de intereses de diferente grupos sociales de uno a otro lado; de tal modo, que no todos los colonizadores se relacionan en las mismas condiciones sociales con los indígenas. El positivismo, el historicismo, el difusionismo han generado un proyecto teórico de la colonización que sólo incide en aspectos normativos y culturalistas retomando, en el mejor de los casos, las tradiciones polanyianas, que manifiestan el contacto entre ambos sectores en función exclusivamente de reglas de reciprocidad o redistribución.

    En tercer lugar, los términos que definen el contexto del encuentro no son culturalistas, pero tampoco son efectos mecánicos de unos modelos mercantiles y por ende solo económicos.

    El marco de las relaciones indígena-colonizador no puede hoy realizarse desde el plano cláscico del difusionismo, porque la generada por este contacto no es una relación de carácter cultural, de proyecto civilizador o de exclusiva circulación de productos y/o mercancías. El caso debe ser planteado en los siguientes términos:

    a) En la lógica interna de la naturaleza de las relaciones sociales indígenas y dentro de ellas, en el marco del conflicto entre los sectores sociales dominados y dominantes, fracciones de clases o subgrupos, y en el desarrollo que se deriva del proceso histórico estudiado

    b) En la lógica de la contradicción centro-periferia, marco de oposición de contrarios en el espacio, al tratarse de formaciones sociales diferentes y en el marco de la circulación de determinados productos que a su vez están en relación directa con sus procesos de trabajo y con la naturaleza de las relaciones de intercambio que se derivan de la articulación con el factor anteriormente señalado.

    2.1 COLONIAS Y EMPORIOS

    Torelli ha destacado la diferencia entre el modelo de emporio y el clásico de las colonias griegas de la Magna Grecia, porque la diferenciación entre el asentamiento para el comercio y los de implantación territorial no reside solo en lo que ello supone en el seno organizativo de la estructura colonizadora, sino que define un diferente sistema de articulación con el indígena. De hecho, al referirse al sistema colonial Torelli señala:

    El modelo de los emporios nos muestra un efecto inmediata sobre los grupos indígenas a nivel del fortalecimiento de las relaciones y el aumento del nivel de incidencia ideológica o económica del colonizador sobre aquellos.

    2.2 COLONOS FRENTE A COLONOS

    2.3 COLONIZADORES FRENTE A ARISTÓCRATAS

    Un análisis detallado de la dispersión de los productos fenicios durante el siglo VII nos demuestra la existencia de varios circuitos diferentes en relación con la calidad de los productos comercializados. Marfiles, se documentan en un ámbito de expansión amplio, que alcanza las tierras más interiores; sin embargo su frecuencia disminuye de más a menos conforme se produce el alejamiento de las costas.

    La proyección comercial del colonizador-mercader hacia el mundo indígena se realiza, al menos, en dos niveles, según el grupo receptor. De una parte, se definen receptores de productos excepcionales una clase social dirigente y directora del sistema de contactos; de otra, a partir de los productos más frecuentes o comunes, el receptor se amplía hasta alcanzar a toda la comunidad.

    En el primero de los casos la actuación no sólo se restringe a la clase dirigente que puede asumir procesos de identificación con el colonizador, sino que desde la posición de éste puede ser intermediaria entre el proyecto y su propia comunidad.

    El segundo nivel de circulación de productos afecta sin duda a todo el conjunto de la comunidad y en realidad, se asocia a un amplio efecto cultural que conduce a la transformación interna de la sociedad. Los rápidos efectos observados en la comunidad indígena a nivel de los asentamientos resaltan el efecto de impacto que sobre el modelo autóctono tiene la nueva tradición cultural, conversión de la cabaña circular en la casa rectangular y compartimentada, la asimilación de nuevas técnicas como el hierro o el torno alfarero, el factor mercantil presente en el inicio del modelo fenicio justificaría el rápido contacto producido entre el mundo indígena, en términos globales y el colonizador,

    Son en consecuencia, los circuitos de objetos para los grupos privilegiados los que facilitan la apertura al cambio cultural que nunca será producida por el colonizador, sino que se articulará en la dinámica interna del sistema indígena, donde la aristocracia se ve ahora reforzada por un modelo que se le aparece común en muchos puntos del mediterráneo y donde muchos resortes han sido experimentados con éxito. La aristocracia indígena, reforzada económica e ideológicamente por el primer modelo de contacto con el colonizador, se erige en rectora del proceso transformador que se produce en el mundo indígena y que se muestra en casos puntuales, como las construcciones de fortificaciones en puntos tan alejados como Puente de tablas, en Jaén, o Tejada, en Huelva, y en ese proceso común advertido que modifica el modelo de hábitat en el interior de los asentamientos produce un auténtico planificado en el seno de los mismos como claro efecto de su poder. El segundo circuito, por tanto no es un circuito étnico, sino un circuito de distribución de productos que se dirigen asimismo hacia la aristocracia para, con el consentimiento de ésta, pasar a grupos sociales más amplios, que viven así el cambio cultural y económico que consolidará a los grupos sociales dominantes. El caso se complica y a la vez se hace más clarividente en un momento posterior, cuando la aristocracia alcanza su definición social como grupo en el que hemos dado a definir a partir de una cierta isonomía que coincide con un enriquecimiento de la base social de los clientes o siervos. Esto permite observar como mientras el primer circuito sigue manteniendo ciertos productos importados como propios de una clase social dominante, el segundo circuito, en cambio, ha aumentado la cantidad y calidad de los productos, haciendo participes de este proceso a un grupo social más amplio, permitiendo que el modelo siga funcionando y sea efectivo para la reproducción del sistema aristocrático.

    Esta tendencia al contacto con el indígena a través del refuerzo de la aristocracia, anunciada en el inicio del modelo fenicio y focense, que es un constante en las etapas posteriores.

    6. ETNIAS, ESTADOS... FORMACIONES SOCIOECONÓMICAS

    1.- FUENTES HISTÓRICAS ESCRITAS ENTRE LOS SIGLOS VI Y IV A.N.E.

    a) La existencia de grandes unidades poblacionales a fines de siglo VI a.n.e., como iberos, tartesios, beribraces o ligures.

    b) La existencia de un segundo rango de unidades, definidas frecuentemente como tribus por la fuentes, y vinculadas a un rango de población inferior.

    c) Una tercera conclusión, las categorías utilizadas en la primera evaluación no parecen responder a un mismo concepto, el termino iberos podría representar una unidad étnica que abarcase otras subunidades, el caso de los Tartessos se presenta como una unidad política en fase de expansión.

    2.- NUEVAS ETNIAS EN EL SIGLO III (SANTUARIOS, LENGUAS Y OTROS PROBLEMAS)

    2.1 LOS IBEROS DEL SUR

    Los textos escritos destacan tres grandes núcleos. Los dos primeros, turdetanos-túrdulos y bastetanos-bástulos, se corresponden con los tartesios-mastienos de la fase anterior. El tercero queda bien definido en los oretanos y las citas de régulos controlando un determinado número de oppida como Orrison o Culchas, e incluso casos de asentamientos que por si mismos pudieron constituir un modelo de estado. Todo nos lleva a pensar que hacia esta fecha del siglo III volvemos a encontrar la reconstrucción de nuevas etnias que, sin embargo y a pesar de su inicial pujanza, veran truncado su desarrollo con la conquista del territorio por Roma. La aparición de nuevas etnias o nominaciones grupales asimiladas a oppida, refuerza la idea de una realidad generadora o reforzada políticamente a lo largo del siglo III, pero que culminada en la lógiaca de un proceso por la sucesivas interrupciones: la de los Barcas, por parte de Cartago, Escipiones por parte de Roma.

    Es importante matizar la importancia que la escritura juega en el mundo ibérico como factor cultural y exponente étnico de primer interés. Básicamente los autores han valorado esta cuestión en diferentes términos:

    a) Para De Hoz, el origen de la escritura en la península ibérica hay que seguirlo en los gráficos de las cerámicas de retícula bruñida, fechada con anterioridad al siglo VII y documentada asimismo en Crevillente, aunque en fecha tardía (inicios del siglo VI), el caso produce como consecuencia de los cambios producidos a fines del bronce final en el Mediterráneo oriental, que dan lugar a la presencia en la península de escribas.

    b) Untermann, lo interpreta como una combinación entre la escritura fenicia y la griega, que mejora aquélla por la incorporación de vocales a las consonantes.

    c) En ambos casos hay un acuerdo al situar la escritura en una fase antigua, siempre con anterioridad al desarrollo de la cultura ibérica.

    2.2 LOS IBEROS DEL NORTE

    Edetanos, el área se ajusta a la Edetania no sólo se localiza entorno al triángulo Edeta, sino que se identifica a partir de un elemento cultural bien definido como es la producción de cerámica del grupo Liria, con significativas ausencias, como la escultura o los exvotos en los santuarios. Sus limites son entre el río Júcar, al sur, y el Mijares al norte; y se cierra al oeste por las estribaciones subbético.

    La vinculación del grupo a la vieja etnia se debe relacionar, además, con la existencia de un topónimo como Edeta, e incluso con las citas de personajes como el régulo de Edecón, lo que no hace sino reforzar el papel unitario de área que parece entrever una línea histórica.

    Ya destacó Beltrán el desdoblamiento hacia el interior de los dos grupos costeros (edetanos e ilercavones). Burillo descarta la existencia de otras vías alternativas, atraves de la Meseta y la Sierra, conecten con la alta Andalucía con Aragón, utilizando rutas de la trashumancia que aún no existen.

    Los cosetanos parecen cerrar hacia el norte, el mundo de la tradición ibérica del bajo Ebro, no solo como expresión de un modelo económico, sino también cultural, a modo en que se hará en Ampurdán.

    El cerco que se define en el área, de una firme influencia del mundo griego, por la activa presencia de los focos de Ampurias y Rosas, lo constituye una serie de grupos de los que cabe citar, en la costa y siempre de sur a norte, a layetanos, indiketes, sordones, y elisices; en tanto que hacia el interior en una primera linea y en el curso del rio Llobregat y su afluente el Cardener se localizan los lacetanos, con lo layetanos y en el valle del Ter los ausetanos, en contacto con los indiketes.

    Un elemento significativo es el que hace presuponer como factor cultural el almacenaje en silosm que ya se constataba en el mundo cosetano, pero que ahora se hace frecuente entre layetanos, lacetanos e indiketes.

    Los dos grandes grupos citados, es decir, el que se articula entorno a Emporion y el que algo más al sur dibujan los grupos de edetanos, a ilergetes, responden al área de expansión de la escritura ibérica nororiental o levantina, caracterizada por una mayor influencia griega. De entre los textos cabe citar los localizados en plomos, como el de Orleyl, encontrado en una crátera ática de figuras rojas fechada a mediados del siglo IV; así como los localizados en Ampurias o Ullastret y los grafitos cerámicos, como el del caso de los letreros de Liria, asociado a las figuras de varios caballeros.

    7. MODELOS DE SERVIDUMBRE PARA ANALIZAR LA HISTORIA DE LOS IBEROS

    1.- DE LOS PRINCIPES ORIENTALIZANTES A LOS RÉGULOS

    Espléndido conjunto de esculturas de Porcuna, fechado a mitad del siglo V, nos muestra la figura de un soldado ante su caballo, pertrechado de todo el equipamiento que le define por su actividad más característica: la guerra. Escenas aisladas, un hombre se enfrenta a un grifo, lucha contra otro guerrero, se define en las diferentes formas en que se expresa la aristocracia.

    Rasgos de un complejo proceso de definición territorial que hacia finales del siglo VII el área de la vega del Guadalquivir, entre Mengíbar y Montoro, se ve ocupada por pequeños enclaves rurales, existen por toda la campiña y vega grandes núcleos fortificados desde inicios del siglo VII o fines del VIII a.n.e., primeras décadas del siglo VI, comenzó a construirse un sistema de fortines, como el de Cazalilla, dibujan una línea que aisla el mundo de la campiña, donde los enclaves rurales de pequeño tamaño apenas se documentan, de ese mundo, de la vega, que podría articularse en torno a oppida, como lo Villares de Andújar. A mediados-finales del siglo VI, los habitantes de los enclaves rurales los abandonan y se retiran, supuestamente, a los oppida más próximos. Algún tiempo despues, las torres defensivas y fronterizas son desmontadas.

    El proceso iniciado a fines de siglo VIII a la sombre de la articulación Tartessos-colonias fenicias ha producido, no solo un nuevo sistema sino que además ha generado un grupo aristocrático que encuentra en esos modelos su forma de expresión política, económica y cultural, algunos grupos de aristócratas alcanzan determinado nivel de poder y llegan a entra en contradicción con el centro político del área territorial. El hecho es que es el proceso que define el mundo del alto Guadalquivir no está exento de efectos, tensiones y conflictos, como lo muestra la aparición de la citada frontera o la conocida destrucción de la escultura de Porcuna,

    Siglo VI a.n.e. se había construido territorios gobernados por un aristocracia, y que aquellos mastienos o temaneos que las fuentes citan plantearon ya en estas fechas un reflejo del concepto de poder aristocrático que mejor definido se debía presentar en el mundo tartésico.

    La articulación comunidad-aristocracia mantiene y potencia, factores como el parentesco en el culto a los antepasados, pero también abre la vía a un futuro conflicto entre la comunidad, segmentaria socialmente y estructurada en unidades parentales y una aristocracia que cada vez tiende a fortalecer más la ruptura social de la igualdad en un marco transicional en el que hasta la propia estructura política existente puede llegar a se su enemiga.

    Modelos de poblamientos de la alta Andalucía del siglo V a.n.e., la concentracion en el oppidum, no debe entenderse sino como la paulatino sustitución de los viejos príncipes orientalizantes tipo Argantonios, proceso que conducirá al dominio de una aristocracia contraria a los viejos conceptos comunitarios y étnicos y defensora de un modelo social de la servidumbre, tal como se expresa de forma suavizada en la institución ibérica de la fides y más radicalmente, en la devotio.

    Desaparición de la torres fronteriza, ya que el oppidum pasa a ser la frontera real de cada unidad social, destrucción de las esculturas de Porcuna, exponente de la cultura orientalizante.

    El grupo aristocrático gentilicion se define así:

    Modificación del concepto gens (antiguo culto familiar del antepasado), que ahora adopta la forma de servidumbre hacia un personaje, el aristócrata a partir de la citada institución, construyendo un modelo no consanguíneo en el que el siervo se reconoce en el culto a los antepasados del señor y no de los suyos. Poder de un sector de la sociedad sobre otro.

    Este hecho tiene un origen en el punto más débil del sistema comunal: la familia, que por su autonomía es la única institución capaz de generar desigualdad, imposición de antepasado propio sobre el del resto de las familias.

    Nuevos métodos de articulación institucional basados en la fidelidad a los aristócratas, que aseguran protección y asistencia y clientes que prometen obediencia.

    El modelo principesco genera por su control parcial del sistema, una fuerte contradicción con la unidad superior, la comunidad étnica territorial, que desde este momento pasa a ser el objetivo a controlar.

    Servidumbre gentilicia nuclear: Implica una absorción por parte de una gens aristocrática de unidades familiares dispersas o incluso de otras comunidades consanguíneas a partir de un sinecismo forzado.

    Servidumbre gentilicia territorial: un modelo diferente al sinecismo forzado del caso anterior, el sistema no provoca la nuclearización, pero si establece fórmulas de dependencia comunal que documentaban el desarrollo de una estructura piramidal de gens.

    2.- LA CRISIS DEL SIGLO IV A.N.E. Y LOS INICIOS DEL CONFLICTO EXTERNO

    El reajuste de la fronteras en función del tratado pudo haber precipitado tal situación. A fines del siglo VI se abandonan e incluso destruyen algunos lugares como Cabezo Lucero, el caso de Puente Tablas, entendimos que pudo tratarse de un problema local, por agotamiento del modelo económico proyectado desde la aristocracia de los oppida. La generalización del caso a diferentes puntos del área ibérica, del mismo modeo que constatamos , no debe excluirse explicaciones concretas y conflictos locales, pero tampoco reajuste en escalas más amplias, la posibilidad de valorar el caso ampliamente en el valle del Guadalquivir es coincidente con el brusco corte de importaciones de materiales griegos que ya no volveremos a documentar en el área.

    Paralelamente el factor cartagines se hace en esta época muy latente, del eje económico creado, Ebussus-Gades, con un punto intermedio en Cartagena, había diseñado un sistema de redes comerciales que se intuyen a través de la investigación sobre el Pecio de El Sec siglo V a.n.e. constata la presencia cada vez más activa del la potencia militar-comercial en el Mediterráneo, moviendo productos de toda procedencia y ejerciendo de centro redistribuidor con puntos secundarios en Ibiza, la isla que forma parte del citado eje, constata un auge de asentamientos costeros y un desarrollo urbanístico de la ciudad, la colonización completa de sus territorios a partir del siglo V a.n.e.

    La crisis del siglo IV, tiene un factor que vincula los diferentes casos al problema del comercio cartaginés, cuando se advierte la ruptura de las rutas y redes que cubrían de productos griegos el eje Baleares-Levante-Andalucía, que desde este momento y aunque los productos púnicos siguen alcanzando la vieja área colonial focense, se aísla del marco que definía el estatus económico de los siglos V-IV.

    3.- ROMA Y LOS IBEROS: DE LA SERVIDUMBRE TERRITORIAL A LA OLIGARQUIA CIUDADANA CÁSICA

    Con la frase “los gaditanos se sometieron a Roma” finaliza el conflicto romano-cartaginés. A partir de este momento la investigación ha fijado el inicio de la romanización como una inflexión social y étnica uniformadora, como un fenómeno cultural que unidireccionalmente conducía a la civilización. Este mismo proceso ha asumido viejos tópicos a la hora de interpretar el encuentro entre indígenas y conquistadores, como si el grado de mayor o menor desarrollo, o conceptos como la riqueza o el pacifismo, contribuyeran mejor a la adaptación cultural a Roma. Uno de los elementos que han despertado más interés ha sido el desarrollo de la ciudad en tanto puede ser valorado como elemento catalizador de las transformaciones que conducían a una economía agraria esclavista dentro de un marco de especialización regional creciente y de potenciación del intercambio de mercado.

    Hay signo formales de urbanismo que posibilitan hablar de ciudades. La trama ortogonal, elementos comunes de rango urbano o la misma ordenación del espacio interior de las fortificaciones demuestran que los asentamientos indígenas ya habían adoptado estos elementos con anterioridad.

    La aristocracia es la que ha encontrado Roma en los campos de batalla, con quien se firma un foedus, en el 197 a.n.e. se inician en la futura Bética las primeras reacciones de la aristocracia contra Roma. Culchas, que en el 208 es proromano, se presenta ahora en el bando de la rebelión. En el año 195 son los turdetanos quienes se levantan, en192 L. Flaminio entra en conflicto con los oretanos, algunos años antes es Indíbil, las referencias muestra una tendencia a resaltar más conflictos de los iberos del sur que los del norte.ás conflictos de los iberos del sur que los del norte, análisis diferentes de ordenación del territorio por un lugar asentamientos rurales y el proceso de urbanización del campo o lo que es lo mismo el nuevo concepto de ciudad, finales de siglo II, aparición de la economía de villae, según sus investigadores, economía de plantación, que no todos los asentamientos estudiados en la época romana cabe adscribirlos a la definición de villae.

    En consecuencia hasta que no acabe de imponerse el sistema allí donde sea posible organizar un modelo agrícola excedentario, el modelo disperso ibérico se adecuará al nuevo modelo económico a partir del desmonte del modelo tan denso de poblados, que no es compatible con la nueva realidad y articulando un doble sistema de pequeño asentamiento rural que tenderá a ser engullido por un modelo dominante de villa.

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