Hume

Filosofía empirista. Empirismo. Experiencia. Asociación de ideas

  • Enviado por: Ana Mari
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL EMPIRISMO

Se conoce con el nombre de empirismo (del griego empeiria, que significa experiencia) a un movimiento filosófico que se desarrolla en las Islas Británicas a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII y cuyos principales representantes son Bacon, Locke y Hume.

El empirismo en cuanto a corriente filosófica mantiene la primacía en cuanto conocimiento sensible de la experiencia sobre el conocimiento racional. Va en la Edad Media, se inicia con Bacon y llega hasta nuestros días por el neopositivismo, positivismo lógico o empirismo lógico.

De los principales caracteres señalamos:

Negación de cualquier tipo de ideas innatas: no hay conocimiento independiente de la experiencia, del dato sensible. Para los empiristas, el entendimiento humano es como una tabula rasa, un papel en blanco, en el que nada hay escrito antes de que la experiencia escriba en el.

El establecimiento de la evidencia sensible como criterio de verdad, frente a la idea clara y distinta del racionalismo, mantienen que el criterio que nos permite diferenciar lo verdadero de lo falso es la claridad o evidencia del dato sensible.

El principio fundamental del conocimiento es: hay que rechazar como ilegítimo cualquier contenido que no tenga un correlato previo en la experiencia. Este principio mantendrá la legitimidad de la idea del color azul, que ya tiene un precedente sensible puesto que yo he visto objetos de color azul.

Por esta razón el empirismo tendrá que rechazar la validez, ilegitimidad de ideas como sustancia, alma, Dios, causalidad ya que en ninguna hay una percepción sensible.

Negación de la posibilidad de un conocimiento de validez universal. Puesto que mediante el conocimiento sólo percibimos los seres concretos y singulares es lógico que el empirismo mantenga que todo conocimiento es fluctuante y cambiante.

La experiencia sensible nunca puede agotarse, quedando siempre la posibilidad de otras experiencias que invaliden las tenidas anteriormente. De ahí que todo juicio en el ámbito del empirismo sea provisional.

BIOGRAFÍA

David Hume (1711-1776), nació en Edimburgo. Inició los estudios de derecho por consejo paterno, pero pronto se dedicó al cultivo de la Filosofía; estuvo en Francia, y volvió a Escocia en 1937, solicitó una cátedra de moral en la universidad de Edimburgo, pero el clero anglicano consiguió que fuera rechazada su petición por tener fama de ateo y escéptico. Ocupó posteriormente diversos cargos diplomáticos, una vez adquirida fama como pensador. Murió en Edimburgo.

Psicológicamente Hume se presenta como un típico hombre de la Ilustración, es un hombre con los ideales propios del siglo XVII: confianza en el progreso y en la razón del hombre.

Obras: “Tratado sobre la naturaleza humana”, “Ensayos morales y políticos” e “Investigación sobre el entendimiento humano”.

ORÍGENES Y MODOS DEL CONOCIMIENTO

ORIGEN DE LAS IDEAS

Hume se plantea el clásico problema empirista del génesis y origen de las ideas. Para aclarar este asunto hay que empezar definiendo la percepción: “es cualquier cosa que pueda presentarse a la mente, sea empleando nuestros sentidos, o que nos impulse la pasión, a que ejercitemos nuestro pensamiento y reflexión” (percepción es todo contenido de nuestra mente).

Las percepciones se dividen en dos importantes categorías, que son: impresiones e ideas.

Cuando sentimos una pasión o emoción, o tenemos las imágenes de objetos externos transmitidos por nuestros sentidos, la percepción de la mente es lo que él llama impresión.

Cuando reflexionamos sobre una pasión o un objeto que no está presente, esta percepción es una idea. Las percepciones son impresiones vividas y fuertes, las ideas son más pálidas y suaves.

Como puede apreciarse la única diferencia que media entre una y otra es un distinto grado de fuerza y vivacidad, en todo lo demás coinciden de manera perfecta.

Esta equivalencia entre impresionismo e ideas se conoce con el nombre de “principio de correspondencia” que establece que a toda idea le corresponde una impresión en la que se origina, (fundamental en el empirismo).

El principio de correspondencia tiene una decisiva importancia dentro de su filosofía, pues funciona como un auténtico criterio de certeza, gracias al cual podemos establecer qué ideas son verdaderas y legítimas (las que tengan una impresión previa) y cuales son ficciones. Con este principio Hume descalificará las nociones de la filosofía tradicional.

ASOCIACIÓN DE IDEAS

Las ideas que se originan en la experiencia, pueden cambiarse y asociarse entre sí enriqueciendo nuestra capacidad de conocimiento.

Hume pensaba que la asociación funcionaba como una especie de fuerza de atracción que originaba en el mundo mental un efecto similar al de la ley de gravitación universal.

Cree que la asociación es la ley psíquica decisiva, gracias a la cual puede entenderse que las ideas no sean átomos aislados, sino estructurados y agrupados según unas leyes.

LEYES DE ASOCIACIÓN DE IDEAS

Las ideas no se asocian entre sí caprichosamente, ni tampoco al azar, sino que establece asociaciones siguiendo tres leyes fundamentales:

La ley de semejanza

La ley de contigüidad en el espacio o en el tiempo (espacio- temporal).

La ley de causalidad (la admite a nivel de ideas).

Ley de semejanza: tienden a asociarse entre sí aquellas ideas que mantienen relaciones de semejanza como por ejemplo la fotografía de una persona conocida lleva inmediatamente a la mente a representarse a esa persona.

Ley de contigüidad: establece que las ideas que han estado juntas en el espacio o en el tiempo tienden a asociarse. La sensación de determinado aposento de nuestra cosa, dice Hume como ejemplo, llevará insensiblemente a nuestra mente a representarse los aposentos colindantes.

Ley de causalidad: aquellas ideas enlazadas causalmente tienden a asociarse. Así pues, por ejemplo, la percepción del humo arrastrará a nuestra mente a formarse la idea del fuego que lo ha causado.

VERDADES DE RAZÓN Y VERDADES DE HECHO

Hume llama verdades de razón a aquellos juicios cuya verdad es indudable, universal y necesaria, porque del análisis del sujeto se obtiene el predicado (tal sería el juicio: todos los cuerpos son extensos). Las ciencias que se ocupan de tales relaciones, -geometría, álgebra y aritmética- son absolutamente ciertas. No se dan en ellas la menor duda.

Las verdades de hecho son aquellos juicios cuya verdad tiene que ser comprobada experimentalmente (por ejemplo el juicio: el sistema planetario solar está compuesto por nueve planetas). Por tanto, cualquier verdad de hecho que quiera adquirir legitimidad debe esperar el veredicto de la experiencia.

LA EXPERIENCIA

Todas las ciencias que se ocupan del mundo exterior no pueden alcanzar otra verdad que la propia de las verdades de hecho (matter of fact): la verdad empírica.

La noción de experiencia la entiende Hume como una asociación de ideas por contigüidad espacio-temporal. La repetición de cosas en el pasado nos ha puesto de manifiesto, por ejemplo, que el agua siempre que alcanza los 100ºC de temperatura se evapora. Como no hemos encontrado jamás un contraejemplo, podemos establecer una verdad empírica que podríamos formular: el punto de evaporación del agua es de 100ºC. Esta asociación provoca en el sujeto una costumbre o hábito que lo empujará a dar validez a la verdad también en el futuro, aunque ésta sea por su propia naturaleza inexperimentable. Si no fuera por la costumbre ((la costumbre de percibir habitualmente dos objetos o más, contiguos en el espacio y/o en el tiempo hace que demos por hecho que así va a seguir sucediendo en el futuro)) no podría establecerse ninguna verdad de hecho. ((La verdad de hecho procede de la costumbre del sujeto de unir objetos contiguos, en el espacio o en el tiempo, en el pasado)).

La experiencia queda reducida a un puro hecho psicológico. Con ello Hume hace un mal servicio a la ciencia, pues la fundamenta en un frágil principio gnoseológico, la costumbre, que a todas luces no cuadra con la necesaria objetividad de la ciencia. Por eso Hume desemboca en una actitud de escepticismo.

CIENCIA Y PROBABILIDAD EN HUME

Hume sólo reconoce categorías de saber científico, es decir, válido a aquellos saberes que están constituidos por verdades de razón (como es el caso de las matemáticas) o por verdades de hecho comprobadas por la experiencia (caso de la física).

Ahora bien, mientras las matemáticas se presentan como un saber universal y necesario, la física es cosa muy distinta. Al juicio físico, en cuanto verdad de hecho, Hume le reconoce un mero valor de probabilidad, ya que tales juicios se basan en la experimentación y en el principio de causalidad, que él criticará posteriormente. Las ciencias que tratan sobre hechos, como la física, no nos pueden ofrecer nunca una demostración rigurosa y necesaria de sus proposiciones, sino únicamente una prueba en el sentido que tiene tal término en Hume, es decir, de argumento probable.

Es necesario que el cuadrado de la hipotenusa sea igual a la suma del cuadrado de los catetos; pero sólo es probable (pues hasta ahora no ha sucedido, pero mañana no sabemos si sucederá) que los cuerpos se atraigan en razón directa del producto de sus masas y en razón inversa del cuadrado de sus distancias.

CRÍTICA A LA IDEA DE CAUSA Y A LA IDEA DE SUSTANCIA

PRINCIPIO DE CAUSALIDAD

Es el que establece la relación entre causa y efecto, se formula “todo lo que comienza a existir” y la idea de “debe tener una causa de su existencia” no está ligada por una causa de necesidad que haga inconcebible la una sin la otra.

Ahora intentemos averiguar si este principio es una verdad de hecho. Analicemos con Hume la relación causa-efecto entre dos fenómenos (por ejemplo, poner en contacto la mano con el fuego ((causa)) y tener en la mano ((efecto)) la sensación de dolor):

Los fenómenos causa ((tiene prioridad temporal)) y efecto ((es posterior)) se hallan contiguos, próximos el uno al otro; siempre concebimos la causa cercana al efecto, como el fuego y la mano.

El fenómeno causa y el fenómeno efecto, están relacionados sucesivamente; es decir, la causa es anterior al efecto, tiene prioridad temporal; el efecto sigue o es posterior a la causa. Primero acerco la mano y posteriormente siento dolor.

Esta relación de contigüidad (relación espacial) y de sucesión (relación temporal) no es suficiente para delinear lo que es causa de un efecto dado. Es preciso otro factor fundamental, el de la regularidad y constancia. Si decimos que el fuego es causa del dolor, es porque tantas como acerquemos la mano al fuego sentiremos el dolor.

Hasta ahora hemos establecido que lo que llamamos causa de un efecto tiene que tener tres características: contigüidad, sucesión y regularidad. ((Prioridad)).

Hume afirma que con esto no queda demostrado que sea una verdad de hecho porque el principio de causalidad establece que necesariamente el efecto tiene una causa. Y esta necesidad de la relación causa-efecto es inadmisible. La experiencia acredita que hay una sucesión regular entre tal y cual fenómeno, pero no que haya una sucesión necesaria. Por la experiencia podemos comprobar que el fuego siempre en el pasado ha quemado la mano, pero no podemos de ahí concluir que la quemará en un futuro tantas veces como la acerquemos.

Ahora bien, de hecho, el hombre tiende a creer que el fuego es la causa necesaria del dolor. ¿A qué se debe? La explicación de Hume es psicologística, es decir, la basa en factores psicológicos. Se debe al ((“)) hábito ((“)): es la costumbre de ver una sucesión regular entre dos fenómenos la que nos lleva a creer que el primero es causa necesaria del segundo. La primera observación tiene poca fuerza, la segunda aporta algún aumento de ella, y a fuerza de pequeños avances, nuestro juicio llega a la seguridad plena.

En resumen, la idea de causa necesaria de un efecto se debe a la conjunción de cuatro factores: ((1)) la contigüidad, ((2)) la sucesión, ((3)) la regularidad y ((4)) el hábito psicológico. Pero ninguna validez objetiva podemos obtener de ello. No podemos saber si en la realidad hay o no causas necesarias de efectos necesarios. Aparece así el escepticismo de Hume.

CRÍTICA DE HUME A LA METAFÍSICA

El Método de Hume es sencillo y consiste en lo siguiente. Ante cualquier noción de saber metafísico Hume se hace la siguiente pregunta ¿de qué impresión deriva? A continuación encamina su razonamiento e investigación a la búsqueda de la impresión original y como no la encuentra se siente autorizado a decir que las nociones en cuestión son vacías, carentes de significado auténtico, ilegítimas, producidas por la vanidad humana, no frutos de una investigación filosófica que se atenga al único dato seguro y que garantice la verdad de las ideas, es decir, la impresión. El hallazgo de la impresión sensible se convierte en la condición de posibilidad de la validez de las ideas.

Este singular procedimiento ha sido denominado “método de desafío” pues como puede apreciarse, la aceptación de las nociones metafísicas va precedida de un reto: el descubrimiento de la impresión original en la que la idea debe hundir sus raíces.

CRÍTICA DE LA IDEA DE SUSTANCIA ((a la idea de Aristóteles (sujeto de inhesión (aquello en lo que se da algo) de los accidentes))

Para Hume las ideas compuestas, al no poderse encontrar de ellas un origen directo en la experiencia, y de acuerdo con lo que llamamos el principio gnoseológico fundamental del empirismo, son de validez nula, nunca podemos estar ciertos de que tales ideas tengan un correlato real.

((Para entender esto, hay que partir de la idea de sustancia de Aristóteles))

Dentro de esas ideas compuestas está la de sustancia material (es el concepto de sustancia primera de Aristóteles) a la que concebimos como un sustrato de la multiplicidad de cualidades.

Pero dado que lo único que captamos por las impresiones son tales cualidades (color, sonido, olor, figura) no podemos saber si a tal idea compuesta de sustancia material responde algo real. Lo real para nosotros sólo puede ser concebido como una multiplicidad ((un haz de fenómenos)) de cualidades, de fenómenos, sin que podamos, racional y lógicamente saber si existe una sustancia material o no. Hume no niega que exista tal sustancia lo que dice es que no podemos demostrar que exista o que no exista. De aquí que se hable del fenomenismo escéptico de Hume.

Algo análogo sucede con la sustancia psíquica, con el yo pensante (Descartes), con el alma. Lo que yo capto en mis impresiones es una sucesión de estados de conciencia, no una sustancia espiritual subyacente en ellos, de ahí que nada pueda saberse si existe o no un alma. Mi yo es una colección sucesiva de estados de conciencia, de fenómenos psíquicos; así del alma nada puedo saber. Mi yo se presenta, dice Hume, como un haz de percepciones, las cuales están en perpetuo fluir.

ÉTICA DE HUME ((NO CONFUNDIRLO CON LA ILUSTRACIÓN, NO PERTENECE A ELLA))

EMOTIVISMO MORAL

El principal empeño de Hume se centró en la moral. Pretendía convertirse en un Galileo: esto es aplicar a la moral los nuevos métodos científicos para convertirla en un nuevo saber necesario.

Como buen empirista Hume parte de los hechos de experiencia que para él son en este caso las pasiones. Para Hume, pasión es toda emoción o afecto ((afección)) (es decir, acto de la voluntad) que se detecta frente a un hecho. Son el objeto de la moral.

Hume distingue dos tipos:

Aquellas que son reacciones inmediatas a los hechos externos.

Las posteriores que tienen una mezcla de reflexión. Entre estas últimas coloca Hume el orgullo. La humildad, el amor y el odio.

Hume pretendía explicar la compleja vida moral a través de las pasiones. En principio éstas tienen una base natural, responden a unos motivos en nosotros, que se relacionan con los naturales y por medio de las leyes de asociación las entendemos como si fuesen similares. Algo parecido ocurre en nuestra vida con los demás ((hombres)), y a esa relación directa con la vida moral de uno con la de otros, la llamamos simpatía (( con;  -  padecer)). Nosotros no podemos conocer por nuestros sentidos las pasiones que mueven a los demás; sólo conocemos sus efectos. Ahora bien, puesto que todos los hombres tenemos la misma naturaleza, podemos hacernos la idea de lo que le pasa al otro. Esa idea produce una sensación que, si es viva, puede provocar en nosotros una sensación parecida a la de otra persona. Eso es la simpatía ((( con;  padecer)= tener los mismos sentimientos que otro, sentir-comprender). Las pasiones son el escenario de la actuación humana; pero cabe preguntarse qué papel tienen la razón y la voluntad en la vida moral.

Una vida moral no puede entenderse sin libertad (que Hume definiría como azar, falta de causa y de necesidad; es decir, espontaneidad). Con relación al papel de la razón, no produce los actos de voluntad; ésta no se puede oponer a la pasión en el camino de la elección. Esto es así porque la calificación moral de los actos no es (para Hume) objetiva, sino un sentimiento interno del sujeto hacia ellos, es decir, lo que se capta es el placer o dolor que su experiencia pasada nos produce. Para Hume, la ética se funda en los sentimientos; la razón sólo actúa de manera auxiliar de consulta, por lo que desemboca en un relativismo. Para superar el relativismo, Hume propondrá la existencia de un sentimiento de moralidad común a todos los hombres que será infalible ((infalible = que no se equivoca)) (como en Locke).

En sus líneas generales la ética de Hume, sigue el pensamiento de los ilustrados. El punto de vista empírico que había adoptado para abordar la metafísica va a mantenerse intacto ((que lo sigue usando)) al enfrentarse con la ética.

Siguiendo el método empírico de la observación, Hume acomete en primer lugar el problema de determinar las cualidades espirituales y humanas que en la vida ordinaria confieren al que las posee cierta estimabilidad personal.

Después tratará de determinar las notas o rasgos característicos de las cualidades valiosas ((virtudes)) (“virtudes”, según la terminología clásica y valores según la contemporánea) y los de las cualidades reprobables ((vicios)). Con esta determinación, habremos encontrado los sólidos fundamentales de la ética, y estaremos en condición de acometer la indagación de los principios universales de los que en último término, deriva la aprobación y la desaprobación.

Por lo que respecta a las cualidades valiosas, Hume se esfuerza en clasificarlas. Para ello dirige su mirada sobre la conducta de los hombres, y observa que las cualidades que éstos estiman como valiosas se pueden agrupar en cuatro clases:

Cualidades que son útiles para la comunidad: benevolencia y justicia.

Cualidades que son útiles para nosotros: fuerza de voluntad, diligencia ((pereza)), frugalidad ((frugalidad, por ejemplo, en las comidas, ser frugal es comer poco)), vigor corporal, etc.

Cualidades inmediatamente agradables a nosotros mismos: alegría, valor, grandeza de alma, sosiego, bondad, etc.

Cualidades inmediatamente agradables a otros: modestia, cortesía, ingenio, etc.

Relación necesaria entre causa-efecto

Verdad de razón relación de ideas