Huella africana en el mestizaje de Cuba

Historia de América. Etnias y razas americanas. Negros cubanos. Mestizos. Tradiciones, arte y folclore mestizo

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'Huella africana en el mestizaje de Cuba'

LA HUELLA AFRICANA EN EL MESTIZAJE DE CUBA

INTRODUCCIÓN

A la llegada de los españoles a Cuba (27 de octubre de 1492) predominaban los grupos neolíticos de origen arawak (taínos), las mayores poblaciones se concentraban en la zona oriental del país y convivían con los siboneyes y guanahatabeyes (localizados estos en el extremo occidental), grupos marginados del Mesolítico. Los españoles reclamaron la isla, establecieron haciendas de ganado, y esclavizaron a los indígenas. El tratamiento de los nativos fue terrible, y el genocidio casi hizo desaparecer a los pueblos indígenas. Hoy en día su huella racial apenas se puede notar en algunas zonas de la región oriental, y su huella cultural permanece en algunos vocablos en el lenguaje de la isla y en la toponimia del país (Cuba, Barbacoa, Bayamo, Sagua, Habana, son ejemplos de estos vocablos).

En 1542, los españoles empezaron a introducir en el Caribe a miles de esclavos arrancados de las tierras africanas. Llegaron trayendo como único equipaje la religión y su música. La trascendencia de sus costumbres fue el elemento fundamental que les permitió sobrellevar el cautiverio. Su bagaje intelectual, el recuerdo de haber sido libres, aunadas a costumbres propias de su suelo, en íntima relación con la naturaleza y la cosmovisión del universo, no mellaron con el forzado traslado, su personalidad y dignidad. Sus pervivencias se sincretizaron, lo que les permitió que las diferentes "reglas" (lucumí, congo, carabalí, arará y otras menores), se unieran con la religión católica y la música de los conquistadores como un último recurso, a fin de perdurar como etnia y su descendencia producto del mestizaje. El criollo, de indio, negro y europeo, son lo multiétnico y pluricultural de la sociedad cubana.

AFRICANISMO EN CUBA

El elemento africano en la isla de Cuba contribuyó económica y socioculturalmente a la formación e idiosincrasia del pueblo cubano desde el siglo XVI. La introducción de esclavos a Cuba fue el origen de la influencia africana en la cuba conquistada.

Durante el siglo XV, la conquista tuvo como base la explotación y exterminación de los indígenas. Aniquilando casi en su totalidad la población de nativos. Frente a la falta de mano de obra, se sucedió la primera ola de africanos. En el lento desarrollo de la colonización, la corona otorgó, a finales del siglo XVI, el asiento a los portugueses para que trajesen cierta cantidad de africanos a las Antillas y a Tierra Firme. Pasado un siglo, la economía inició un desarrollo impetuoso, y el esclavismo vio su momento culminante en 1840, con la presencia de 436 mil esclavos, los cuales representaban más del 50 por ciento de la población de la isla. La etapa de crisis se dio con el decreto de abolición de la esclavitud en Cuba en 1886.

Entre la población africana importada a Cuba se han identificado varios grupos étnicos. El historiador cubano, Ortiz (1916: 24), incluye una nómina de 99 regiones africanas de donde provenían las diferentes etnias, destacándose los negros mandingas, gangás, minas, lucumíes (yorubas), carabalíes y congos. Sin embargo, entre los estudiosos del tema, existe desconfianza acerca de esta lista. Por su parte, Moreno Fraginals (1978: 9) defiende que el grupo Lucumí, procedente de un área cercana al Golfo de Guinea llamado Ulcami, asociado con el grupo Yoruba, poseía casi la mitad de la población esclava en las haciendas cubanas durante mediados del siglo XIX.

Respecto a las variedades lingüísticas habladas en las regiones de donde procedían los mencionados grupos étnicos, existen enormes discrepancias entre los investigadores. Las cifras que dictan fluctúan entre 173 dialectos (Westermann y Bryan, 1952) y 300 o más modalidades diferentes, si se consideran otras áreas geográficas de África (Ladefoged, 1968). La identificación de las lenguas que hablaban los inmigrantes esclavos, así como las particularidades de cada una de ellas, es otra de las muchas dificultades con las que tropiezan los estudiosos de la influencia africana en el español de Cuba. A base de estos hallazgos generales, la presencia africana en la sociedad cubana de aquel periodo es considerable, hecho que, sin tener en cuenta otros factores, nos permite postular la existencia de fuertes vínculos afrohispánicos en la formación de la sociedad y la lengua cubana.

Todos los rasgos típicamente caribeños reflejan un transfondo afrohispánico. Es cierto que cuando una sociedad domina y esclaviza a otra población, las lenguas del grupo esclavizado sufren una desventaja lógica; No obstante, cuando la clase mestiza empezó a alcanzar números considerables, la influencia de las lenguas de origen africano sobre el español llegó a ser realidad. Los africanos de cada etnia se comunicaban dentro del grupo en su propia lengua, y sus aproximaciones al español compartían unas bases comunes, que reflejaban la gramática de su lengua nativa.

Las relaciones entre el español que se hablaba en cuba y las lengua africanas fueron muy complicadas. En primer, lugar, los barcos de los traficantes esclavistas recogían dotaciones de esclavos que hablaban diversos idiomas nativos, de familias lingüísticas muy diferentes entre sí: atlántico, made, Kru, Kwa, Congo-Benue y Bantú (por citar algunas). Eran escasísimos los casos de grupos significativos de esclavos que compartiesen el mismo idioma.

Una novedad que produjo el boom azucarero en Cuba a principios del siglo XX fue la importación masiva de esclavos africanos de una sola etnia, que compartían la misma lengua, religión, y prácticas culturales. La presencia de una masa crítica de lucumíes, de habla yoruba, conducía al sincretismo afrocubano, conocido como santería. Asimismo los carabalíes del sureste nigeriano- de habla Igbo y Efik- contribuyeron a la formación de la sociedad secreta afrocubana de Abakuá. Los Congos -hablantes del KiKongo y otros idiomas semejantes- formaron el palo mayombe, mientras que los araás, de la agrupación Fon-Gbe de Benín y Togo, aportaron algo de su música y creencias religiosas, sobre todo en Matanzas.

Si la huella africana en la lengua cubana no fue algo del todo consumado fue porque, además de la heterogeneidad y dispersión de la influencia africana, muchos de los nuevos trabajadores estaban concentrados en haciendas, aislados. Los africanos bozales raramente hablaban con los amos ni con los peones blancos; Los interlocutores más frecuentes eran los negros y mulatos libres. Estos negros libres, llamados ladinos, hablaban el español como lengua nativa.

El sincretismo africano facilitó la conservación de algunas de sus prácticas religiosas, así como su música y su cosmovisión, que fueron transmitidas y asimiladas por la población cubana, generación tras generación.

'Huella africana en el mestizaje de Cuba'

El debate sobre un `criollo' en Cuba

Desde la conquista, Cuba fue el destino de miles de personas con lenguas y culturas diferentes: los negros bozales, los negros ladinos, los colonizadores (de diferentes países de Europa) y los inmigrantes de otras regiones de Sudamérica se unieron a los nativos indígenas (la pequeña representación que aún sobrevivía). Durante medio siglo hubo las condiciones demográficas necesarias para que naciera, sobre todo entre los negros bozales, una lengua que posibilitara el entendimiento con el resto de la población.

El debate sobre la existencia de una lengua criolla en Cuba está todavía en activo. La vivencia de una situación semejante en otros países de Sudamérica donde han nacido lenguas criollas, ha dado pie a los estudios de una posible lengua llamada lengua bozal. Las dos posturas opuestas sobre el tema se encuentran, por un lado, en la propuesta de una lengua `criolla' en tierras cubanas y caribeñas en el pasado (Granda, 1968, 1970-71, 1976 y 1978), como resultado del contacto etno-sociolingüístico entre africanos importados y conquistadores españoles y, por otro, en la defensa de un proceso de asimilación y adquisición lingüística inmediato en los negros bozales y criollos respectivamente (López Morales, 1980).

Antes de exponer las diferentes posturas, definimos la lengua criolla como la lengua que nace a partir de un pidgin y llega a ser lengua nativa o materna. Un pidgin es un lenguaje de contacto surgido por razones de urgencia en medio de grupos de personas que no comparten una lengua mutuamente conocida. Este lenguaje es reducido, carece de toda inflexión, conjugación, concordancia o complejidad sintáctica..

Según la hipótesis de la existencia de una lengua criolla, la combinación del aislamiento de los esclavos del español regional y la necesidad urgente de emplear alguna variedad del español en la vida diaria creaba las condiciones para la formación de un pidgin o lenguaje reducido. Los esclavos nacidos en los ingenios fueron despojados de la oportunidad de aproximarse a los auténticos modelos nativos del español; a la misma vez, era necesario emplear el español con los mayorales y demás trabajadores libres, pues pocos de éstos podían hablar lenguas africanas.

El investigador español Germán de Granada (1971) postula que Cuba ha poseído y posee aún entre su población negra rastros y manifestaciones lingüísticas criollas uniéndose así al papiamento y otras. Si se puede demostrar que el español pidginizado denominado habla bozal se transmitía a generaciones sucesivas, mezclado ya con el español regional pero todavía reducido estructuralmente, queda abierta la posibilidad de que el habla bozal se haya convertido en un verdadero criollo, hablado a la par del español en el entorno cubano.

El erudito alemán Matthias Perl afirma que los hablantes del español relexificado y pidginizado incluían no sólo los esclavos de plantación nacidos en África, sino también los esclavos de plantación domésticos nacidos en cuba y personas libres de color.

El filólogo Rafael Lapesa escribe: “las postreras supervivencias del criollo español parecen ser el habla bozal que se usaba entre negros de Puerto Rico en el siglo XIX y todavía entre los de Cuba en el XX”.

Para los defensores de un `criollo' en escenario cubano/caribeño, fueron factores extralingüísticos y lingüísticos los que contribuyeron a la formación de las variedades `criollas': 1) los datos demográficos acerca de la gran concentración de inmigrantes africanos en la zona del Caribe desde principios de la conquista y colonización española; 2) algunos tempranos testimonios lingüísticos emitidos por aficionados del

lenguaje, destacándose el del diccionarista Esteban Pichardo (1849), sobre "Otro lenguaje relajado y confuso" escuchado en Cuba, y el del cubano Bachiller y Morales (1883) en torno a un “castellano hablado de un modo distinto por los negros bozales”; 3) la presencia de rasgos considerados 'criollos' en textos de autores de la región (textos recopilados por Alvarez Nazario, (1974)), y 4) el panorama de lenguas en contacto que prevalece en el resto de la región del Caribe, tan similar a la situación cubana.

La hipótesis `criolla' defiende una etapa lingüística intermedia entre el contacto y la aprendizaje de la variedad hispánica en Cuba, llamada habla 'criolla'. Esta modalidad está relacionada con unas lenguas que manejaban los esclavos transportados a este territorio y sus descendientes, y cuyo origen se remonta a las hablas desarrolladas en un 'continuum' geográfico en las costas africanas, como resultado de las actividades, fundamentalmente comerciales, dirigidas por los portugueses a partir del siglo XV.

Por lo tanto, defienden el aprendizaje del español por parte de los esclavos africanos mediante un 'criollo' de base portuguesa, que evolucionó de forma progresiva hasta un fuerte proceso de asimilación a partir del siglo XIX.

Otheguy (1973: 323-39), por su parte, considera que el habla bozal fue una modalidad 'criolla' durante la época colonial, cuyas raíces son comunes a las demás variedades caribeñas, desarrolladas mediante un proceso de relexificación. Mientras que para Ziegler (1981), el español bozal afrocubano constituyó un `criollo' definible, producto del portugués del siglo XV y con influencias tardías de lenguas africanas occidentales, de dialectos del español no estándar y del `criollo' inglés jamaicano.

Perl (1982, 1985), defiende que el español cubano contemporáneo es el resultado de una lengua `criolla' en el pasado, cuyo estado actual demuestra un proceso de descriollización. Más recientemente, Figueroa Arencibia (1992, 1995) ha apoyado la influencia de sistemas morfológicos de las lenguas africanas, así como algunas huellas del habla bozal cubana en la formación y evolución del español suroriental de Cuba, y Schwegler (1996) ha defendido la formación de un `criollo' en el Caribe hispánico a base de la presencia de los "(Afro)Portuguese pronouns (ele, elle, nelle) in (Black) American Spanish dialects".

Por el contrario, la negación de una lengua “criolla” cubana, también tiene sus representantes.

Según John M. Lipski La población bozal cambiaba constantemente, no tenía un substrato constante ni contaba con la continuidad de su comunidad lingüística, ya que los esclavos eran destinados a diversos lugares de trabajo. A diferencia de los pidgins extendidos en otras zonas de conquista, los hijos de los bozales adquirían el español como lengua nativa, no necesariamente sin retener algún deje o variedad etno-lingüísticamente marcada.

El estudioso postula que no hay posibilidad de que el lenguaje bozal haya sido un “criollo”, puesto que el habla bozal no era ni siquiera una lengua completa, ni mucho menos la lengua nativa de una población estable. Además, niega la existencia de un habla bozal criolla porque la gran importación de bozales sólo ocupó las primeras décadas del siglo XIX; posteriormente, disminuyó la llegada de bozales africanos por causa de los movimientos abolicionistas, y por temor a las sublevaciones. En Cuba el fin de la trata africana coincidió con el inicio de la importación de obreros chinos y la llegada de colonos blancos. Finalmente, se une el deseo de la población negra libre y mulata de superarse adoptando las costumbres y el lenguaje de los blancos.

López Morales (1980) ha objetado mediante datos, y siguiendo las mismas fuentes utilizadas por los propios defensores del la lengua “criolla”. Defiende, primero, que hubo una imposición del castellano frente a las variedades muy heterogéneas de la población africana; segundo, existió una menor presencia de negros en proporción con el resto de los habitantes y, tercero, prevaleció un intercambio comunicativo entre amos y esclavos. Además, la libertad que obtuvieron muchos de los negros les permitió una pronta integración sociolingüística.

Otros argumentos de este grupo de autores son: primero, la sobrepoblación del elemento blanco frente al negro; segundo, la ausencia de focos de aislamientos entre los esclavos; tercero, la presencia del negro en oficios diversos; y finalmente, la falta de autenticidad de los textos literarios por medio de los cuales se promulga el habla bozal.

Sin embargo, la polémica está aún por resolver, y la lengua “criolla” y sus características están aún por estudiar. Hay que aceptar que las condiciones durante la importación de esclavos entre el siglo XVI y XVII eran propicias para la creación de una lengua “criolla”, aunque esta información sólo nos permite hacer hipótesis.

Hoy los estudios se encaminan a la búsqueda de hallazgos lingüísticos que documenten, más que la existencia de una lengua `criolla', elementos en el español que hablan los cubanos, como resultado del contacto etno-sociolingüístico que vivió la isla. Surge, entonces, la necesidad de examinar el español no estándar, es decir, las modalidades con un fuerte influjo esclavista.

HABLA BOZAL

 La etnolingüística cubana llama negro bozal al esclavo nacido en África. Su origen proviene de bozo, que significa “labio”. Los diferencia de los negro ladinos, el significado antiguo del cual fue "latinizado," o simplemente, alguien conocedor de la cultura y del idioma hispánicos. Éstos eran esclavos acompañantes de las familias de los colonos, nacidos en España o, posteriormente, en Cuba.

El aporte africano o haitiano tiene gran presencia en el habla, como nombres de comestibles como ñame, qimbombó, el nombre de uno de los platos típicos cubanos  o el congri, vocablo venido de Haití donde a los frijoles colorados se le dice congos y al arroz riz, como en francés, por citar algunos casos.

Los emigrantes que llegaron a Cuba dejaron su huella en mayor o menor medida. Teniendo en cuenta la cantidad de influencias de diversos orígenes, es una lengua rica en préstamos. Algunos de los vocablos que aún persisten son, por ejemplo, de origen gallego, palabras como: chubasco( se refiere a un intervalo corto de lluvia no intenso) o achantarse( que se utiliza cuando una persona o animal se sienta o se acomoda en un lugar sin deseos de trabajar). También se puede hablar de influencias aruacas, mayas, quechuas, entre otras comunidades cercanas, que aportaron sus vocablos como es el caso de jaba (objeto donde se introduce cualquier tipo de alimento para transportarlo, puede ser de naylon o tela). O también la tan mencionada Pizza o el espaguetis, herencia italiana.

  Al Español de Cuba también le son distintivas características que posee el Español de América, por lo tanto no es de extrañar que en Cuba y México se use el usted (aunque en la lengua oral se ha acortado la palabra a un monosílabo), mientras que en otros países americanos como Argentina y en América Central se utilice el vos. También se destaca el empleo de ustedes en lugar de vosotros, característica que es prácticamente general en América. La pronunciación de la s en lugar de la z y c de Castilla (fenómeno lingüístico del seseo) y la y en lugar de ll ( fenómeno de yeísmo)

Las fuentes fundamentales, a partir de las cuales se estudia el habla bozal, son cuatro:
- los textos recogidos por Lydia Cabrera
- los textos recogidos por José García González
- García Herrera
- y el Catecismo para negros bozales

Las tres primeras fuentes son recogidas por etnólogos, la cuarta es un texto cuya finalidad fue la evangelización de los negros bozales y que pretende mantener una clara comunicación entre el catequista y los catecúmenos. Este último ha suscitado polémicas, pues da solo la percepción del catequista hispano y, al igual que las demás fuentes, está mediada por la percepción del que las recoge.

En el Catecismo encontramos, junto a expresiones muy poco hispánicas, otras tales como cosa bueno o lo que quisiere y como quisiere, que difícilmente las hallaríamos en boca de un negro bozal de finales del siglo XVIII pero, a pesar de ello, no pierde su legitimidad como fuente.

MÚSICA CUBANA

La música cubana es una clara evidencia de la multiculturaridad de esta población mestiza. Los movimientos, el ritmo, los instrumentos, y la alegría desvelan la huella de un pasado africano. Es el resultado de la fuerza de la música popular, cuyos orígenes humildes fueron trascendiendo a medida que la juventud de clase media adoptó sus ritmos y sus palabras.

En el rastreo por los orígenes de la música cubana encontramos la importante presencia en Cuba de aventureros entre los que se cuentan músicos y cantores, que llegaron durante la colonización española junto a explotadores y verdugos recién salidos de la Península. Muchos de ellos tocaban la vihuela y/o la viola.

Al mismo tiempo, la alta nobleza española de la época de la Colonia traía en sus barcos cantores y músicos para amenizar los domingos, pascuas y otras fiestas.

El europeo impuso su religión junto a sus costumbres y su cultura, y cambió los templos y construcciones indígenas por iglesias donde se enseñaba, entre otras cosas, la tradición musical con el canto coral y la interpretación de otros instrumentos traídos del Viejo Continente.

En Cuba este cambio cultural se produjo de forma más rápida que en otros países del Caribe, principalmente porque el exterminio de sus indígenas fue más rápido y fácil por la relativa pasividad y docilidad de los mismos.

De ahí que se dieron en Cuba las condiciones propicias para el desarrollo de un lenguaje musical más distintivo y singular, donde se funden elementos de dos polos opuestos, que no fueron precisamente Europa y América, sino Europa y África, pero en suelo americano.

Fueron realmente los esclavos de origen africano, quienes sembraron esa “azúcar negra” que le dio el sabor característico a la música del Caribe.


Durante los siglos de la esclavitud, los africanos, escondidos en sus barracones crearon un sincretismo en el que adoraban a sus dioses originales, pero vestidos con la indumentaria impuesta por los europeos, a la vez que seguían entonando de forma furtiva sus vivos cantos y golpeando los sonoros tambores traídos de África. Un ritmo de tal fuerza unido a tal ferviente devoción, que no pudieron acallar los blancos. Para poder llevar a cabo su culto, empezaron a rezarle a Cristo Rey, a la Virgen y a los Santos en las Iglesias, lo que motivó la sorpresa del colonizador. En el fondo, pensaban en "sus dioses", camuflando sus verdaderas creencias, llamándolas de acuerdo al rito católico, pero identificando a cada uno de sus patrones de culto, con sus deidades (orichas).

En los inicios, los colonos se escandalizaron por los movimientos inmorales de sus bailes. Eran los orígenes del son cubano. Esto refleja la sensualidad de sus movimientos. Con el tiempo se autorizaron dichos bailes que permitían al negro volver con más ánimo al trabajo, aunque se veía con desconfianza su forma de idolatrar a sus dioses, en su empeño por extirparles sus creencias.

Sobre la base latente de la cultura africana, sumada a la tradición musical traída por los españoles, empezó a tejer sus hilos la música cubana, naciendo así de una mezcla de etnias, culturas, ritmos y lenguajes, y dando fruto a través de la nueva raza criolla que poblaba la isla.

De esta forma esta música heredó instrumentos de los africanos y de los españoles, y con la creatividad desplegada por el criollo cubano, se dio luz también a nuevos instrumentos, ritmos y formas musicales que hasta hoy sobreviven.

La forma de música más popular en Cuba es el son, que usa las guitarras, el tres (un instrumento de música que tiene tres cuerdas), bongos, claves, maracas, y voz.  La música de mambo, bombero, salsa, y chachachá proceden de este estilo.  El baile en Cuba es asociado con la religión Santería de los afro-cubanos (origen lucumí).  Ya que en el nuevo suelo, el negro perseveró en desarrollar su religión y su música. Lograron a través del canto y el baile, de los simbolismos y las funciones, de los rezos y otras manifestaciones, a contactarse con sus dioses.

El patrimonio folklórico cubano registra formas tan disímiles que van, desde las supervivencias africanas, hispánicas y haitianas, hasta las expresiones totalmente decantadas que, como el son, el danzón y la rumba (guaguancó, yambú y columbia) en que se equilibran estas tres raíces, sin olvidar el toque lírico proveniente de la ópera italiana y el teatro vernáculo.

A través de los años, el pueblo cubano ha conservado de una manera sorprendente la expresiones musicales más populares que ya desde el siglo XIX eran posible detectarlas, ritmos como el guaguancós, sones montunos, boleros, guarachas, rumbas…

  No obstante la influencia de los ritmos foráneos, matuvieron en la música cubana los valores creados por el pueblo ; así surgieron el mambo, el cha-cha-cha y otras formas musicales. 

CONCLUSIÓN

La conquista de América fue una invasión. Los europeos empeñaron sus esfuerzos en imponer su dominio en todos los ámbitos sociales, políticos y económicos, arrasando con la población indígena. Sin embargo, la introducción del esclavismo dio un nuevo giro a la formación de la sociedad cubana, en que se mezclan todos los elementos de la convivencia de diferentes pueblos. El colono y el esclavo fueron intercambiando, inconscientemente, costumbres, modos de actuar y de ver las cosas. La TRANSCULTURACIÓN permitió, a pesar de ello, mantener también algunas de las costumbres y prácticas religiosas de los esclavos, así como la música. De esa interrelación, apareció lo que podríamos llamar CRIOLLO, que el Inca Gracilazo de la Vega, en 1617, describió como: "….criollos llaman los españoles a los nacidos en el Nuevo Mundo; sería entonces una raza de hombres surgida en América".

En Cuba la cultura criolla fue breve, y aún se discute si dio paso a una lengua propia. Es indudable, sin embargo, que la población africana, más proclive al sincretismo que la indígena, intentó mantener todo aquello que les definía como pueblo, luchando por su autodeterminación. Su cultura se unió al mestizaje del pueblo cubano. .

" Cuba es uno de los pueblos más mezclados, mestizos, de todas las progenituras" según afirmó el reconocido cultorólogo cubano Fernando Ortiz, por lo tanto, esta particularidad no es exclusiva del componente etnológico, en esa mezcla de lo español, de lo africano, lo chino, entre otras mezclas, del pueblo cubano, sino que su lengua también es fiel exponente de esta afirmación del mencionado intelectual.

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