Homosexualidad

Iglesia Católica. Homosexuales. Sexualidad. Pecado

  • Enviado por: Charlygar
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 5 páginas
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PONTIFICIA UNIVERSITAS LATERANENSIS

¿Existe verdadero amor en el acto homosexual?

SEMINARIO: HOMOSEXUALIDAD: ALTERIDAD, INTINIMIDAD Y CASTIDAD

Introducción

Llegando al final de este seminario, sobre la Homosexualidad, es hora de darle la palabra a los clásicos, en este caso concreto a San Tomás de Aquino. Busco conocer que entiende por pecado contra natura, amor y placer; y bajo esta luz analizar si el practicum homosexual puede constituir una comunión interpersonal. Para esto preguntaré al Aquinate qué es el verdadero amor y qué entiende por plenitud del placer para constatar, después, si puedo encontrarlos en los actos homosexuales. Para esta investigación seguiré el presente esquema:

Esquema de la investigación

  • El pecado contra natura (S.Th II-II q. 154): Qué entiende y cuales son para el Aquinate los pecados contra natura. Verificar si entre ellos se encuentran los actos homosexuales.

  • De los efectos del Amor (S.Th I-II q. 28): Averiguar qué entiende Santo Tomás por verdadero amor y qué lo caracteriza como tal. Comprobar si hay verdadero amor en el acto homosexual.

  • Del Placer (Delectatio) en sí mismo (S.Th I-II q. 31. 32.): Entender qué es el placer para el Aquinate y en donde encuentra éste su plenitud, para confrontarlo con el placer en los actos homosexuales. Comprobar si las causas del placer pleno que expone Santo Tomás coinciden con las del acto homosexual.

  • 1. El pecado Contra Natura

    En la II-II q. 154 Tomás nos habla de las especies de la lujuria tomando la misma clasificación de Las Decretales de Graziano: fornicación simple, adulterio, incesto, estupro, rapto y vicio contra natura. Pero le altera algo, añade la especie de sacrilegio y detalla formas del pecado contra natura, no presentes en el primero.

    Tomás dice, “el pecado de lujuria consiste en el uso del placer venéreo en contra de la recta razón... la disconformidad con la recta razón puede tener su origen por no ordenarse al fin del acto venéreo. Y así, si se impide la generación de la prole, se da el vicio contra la naturaleza, como en todo acto venéreo del que no puede seguirse la generación.”.

    Añade también el Aquinate que “existe una determinada especie de lujuria en la que hay una razón de torpeza que hace que el acto venéreo sea malo. Esto puede darse bajo un doble aspecto. Porque choca contra la recta razón, como sucede en todo vicio de lujuria. O porque se opone también al mismo orden natural de acto venéreo apropiado a la especie humana, y entonces se llama vicio contra la naturaleza”.

    Los vicios contra natura -continúa Tomás-- pueden darse de diversos modos: Primero, si se procura la polución sin coito carnal, por puro placer, que constituye el pecado de inmundicia, al que suele llamarse molicie . Segundo, si se realiza el coito con una cosa de distinta especie, lo cual se llama bestialidad. Tercero, si se realiza el coito con el sexo no debido, sea de varón con varón o de mujer con mujer, como dice el Apóstol en Rom 1,26-27, y que se llama vicio sodomítico. Cuarto, cuando no se observa el modo natural de realizar el coito, sea por que se hace con un instrumento no debido o porque se emplean otras formas bestiales y antinaturales .

    Tomás cita a San Agustín al afirmar categóricamente que de todos los pecados pertenecientes a la lujuria, los peores son los que van contra natura, dado que en estos vicios el hombre obra contra lo que la misma naturaleza ha establecido, sobre el uso del placer venéreo, por lo que un pecado en tal materia es gravísimo y, entre ellos, el pecado sodomita “pues se viola la familiaridad que debemos tener con Dios, ya que se mancha, con la perversidad del placer, la naturaleza de la que El es autor” .

    2. De los efectos del Amor

    Partiendo de la cita de Dionisio, de que todo amor es una fuerza unitiva, el Aquinate afirma que “la unión del amante con el amado es doble: Una real, cuando lo amado está presencialmente junto al amante, aquí entra en juego la voluntad de elección. Otra, cuando el movimiento apetitivo sigue a la aprehensión, al que llamaremos amor afectivo. Ciertamente es doble el amor, a saber, de concupiscencia y de amistad, ambos proceden de una cierta aprehensión de la unidad de lo amado con el amante” . Entiéndase el amor de concupiscencia como el amor que quiere el bien para la persona amada (relativo); y el amor de amistad, aquél que ama al otro por lo que él es (absoluto).

    El amor como pasión comienza siempre en un bien exterior que seduce al hombre, pero que seduciéndolo le conduce hacia ese bien que le inmutó. En el proceso del amor como pasión se va pasando por distintos momentos que el Aquinate llama: Inmutatio, afectación pasiva de “algo” que nos toca y transforma. Coaptatio, afinidad entre amantes, mutuo compenetrase. Complacentia, efecto que el bien amado produce en el amante, amor natural que hace surgir el deseo por el amado. Intentio, toma de conciencia y tendencia de unión con el amado. Gadium, la comunión como unión real con el amado. Los primeros tres momentos implican una unión afectiva, más interior. En la última nos encontramos ya en una comunión mutua, una unión real. El amor, luego de producir la primera unión, afectiva, porque mueve a desear y buscar la presencia de lo amado como algo que le conviene, produce formalmente a la segunda unión, la real que implica elección.

    Dice también el Aquinate que el amor no es una pasión lesiva, sino mas bien, conservativa y perfectiva. Ya que significa una cierta coadaptación de la potencia apetitiva a un bien. Más nada que se adapta a una cosa que le es conveniente, sufre lesión por ello, sino más bien, sale ganancioso y mejorado. En cambio, lo que se adapta a una cosa que no le es conveniente, sufre por ello daño y deterioro. Luego el amor del bien conveniente perfecciona y mejora al amante, y el amor del bien que no conviene, le daña y deteriora. De ahí que el hombre se perfeccione y mejore por el amor de Dios, y sufra daño y deterioro por el amor del pecado, según aquello de Oseas 9,10: se hicieron abominables como las cosas que amaron .

    Si toda experiencia de amor verdadero implica siempre un bien, ya que amar es querer el bien para la persona amada. Habría que preguntarse ¿qué bien puede implicar el acto homosexual? ¿acaso el hecho de ser una acto contra natura no lo descalifica como bien?. Nos encontramos pues en el acto homosexual con el amor de un bien no conveniente, que daña y deteriora al hombre.

    3. Del Placer (Delectatio) en sí mismo

    Es importante estudiar el placer y cómo lo entiende Tomás, ya que los homosexuales sostienen que el fundamento de su acción es el encontrarse juntos y que el bien que los une es el gozo de la mutua gratificación. ¿tiene esta afirmación sustento?

    Dice Tomás que la delectatio es un movimiento en el apetito animal que sigue a la aprehensión del sentido, es por tanto una pasión del alma. Que aunque el nombre de pasión convenga mas propiamente a las pasiones corruptivas; sin embargo, también se ordenan al bien y en este sentido es que la delectatio se llama pasión y nos es común con los animales. Se encuentra en el bien ya conseguido, es el termino del movimiento.

    Citando a Avicena, dice que el gozo es una especie de delectatio. En efecto, es de observar que así como hay concupiscencias naturales y no naturales; así también respecto de las delectaciones, unas son naturales y otras no naturales, o bien unas son corporales y otras animales. “Porque nos deleitamos no sólo en las cosas que deseamos naturalmente, consiguiéndolas, sino también en las que deseamos según la razón. Pero el nombre de gozo no se aplica sino a la delectatio que sigue a la razón. Por eso no atribuimos el gozo a los animales” . Ahora bien, en la aprehensión de la razón no solo se mueve el apetito sensitivo por su aplicación a una cosa particular, sino también el apetito intelectivo llamado voluntad. Y, según esto, en el apetito intelectivo o voluntad se da la delectatio que se llama gaudium, que no nace de la satisfacción de una carencia, sino de la comunicación de la propia riqueza personal por lo que es de naturaleza espiritual y no sólo una delectación corporal.

    En cuanto a la naturaleza del placer, dice Aristóteles que ciertas delectaciones son morbosas y contra natura. Así, pues, sucede que lo que es contra la naturaleza del hombre, ya en cuanto la razón, ya en cuanto la conservación del cuerpo, se hace connatural a un determinado hombre a causa de alguna corrupción natural existente en él. Esta corrupción puede ser a causa del cuerpo, bien por enfermedad o complexión; o también por parte del alma como algunos por costumbre se deleitan en comer hombres, o en el coito con las bestias o con varones o en otras cosas similares que no son conformes a la naturaleza humana .

    Apreciamos pues que las delectaciones no naturales por ser de origen patológicas o antinaturales -donde se ubican las homosexuales— son incapaces de producir el gozo. En contraposición las delectaciones naturales, que lo son tanto las corporales como las espirituales, son la únicas capaces de producir el gozo del placer pleno.

    Conclusión

    Iluminados por la reflexión del Aquinate constatamos que: Primero, los actos homosexuales se encuentran entre los pecados contra natura. Segundo, que si el verdadero amor implica el bien para la persona amada, esto no lo encontramos en la relación homosexual que por el contrario deteriora al hombre al no tomar en cuenta la diferencia y alteridad de la persona amada. Tercero, como afirma Santo Tomás el pleno placer se da solo en el gozo que sigue a los placeres naturales que deseamos según la razón. En el acto homosexual no puede darse un verdadero gozo ya que la intimidad que se crea es una ficción que no se apoya en la diferencia corporal sino en la complacencia afectiva, en el juego sexual cerrado en donde el cuerpo es usado como objeto por la satisfacción afectiva que produce.

    Por lo tanto podemos afirmar que no existe verdadero amor ni pleno placer en el acto homosexual.

    GRACIANO, Decretum,P.II causa 31 q.1, append. ad can.2 Lex illa (FR I 1288).

    S.Th. II-II q.154 a.1 sol. obj.

    S.Th II-II q.154 a.11 sol. obj.

    cita de alejandro de hales en S.Th II-III n.674.

    Ibid. q. 154 a.11 sol. obj.

    SAN AGOSTINO, III Confess. C.8 ML 32,689

    S.Th I-II q.28 a.1 sol. obj.

    S.Th I-II q.28 a.5 sol. obj

    S.Th I-II q.31 a.2 sol. obj

    Ibid. q.31 a.3 sol. obj.

    ARISTOTELE, VII Ethic. 1.4 c.5 n.2

    Ibid. q.31 a.7 sol. obj.