Homo Sapiens

Antropología. Estructura. Fisiología. Anatomía. Comportamiento. Atributos culturales. Hombre de Cro-Magnon

  • Enviado por: Reinoso
  • Idioma: castellano
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HOMO SAPIENS

Clasificación:

El Homo sapiens está caracterizado, desde el punto de vista taxonómico, como un animal (reino Animal), dotado de una espina dorsal (filo de los Cordados), segmentada (subfilo Vertebrados); la madre da de mamar a sus crías (clase de los Mamíferos), cuya gestación se realiza en el útero dentro de una placenta (subclase de los Euterios); está provisto de extremidades que tienen 5 dedos, posee clavícula y un único par de glándulas mamarias situadas en el pecho (orden de los Primates). Los ojos se encuentran emplazados en la parte frontal de la cabeza, lo que facilita la visión estereoscópica (capacidad de apreciar el relieve y la distancia a la que se encuentran los objetos); el cerebro es grande en relación con el tamaño del cuerpo (suborden Antropoideos). La especie pertenece a la familia de los Homínidos, cuyas características generales se describirán más adelante.

Estructura y fisiología.

Las características del esqueleto que distinguen al Homo sapiens de sus parientes primates más próximos —el gorila, el chimpancé y el orangután— son consecuencia de una adaptación muy temprana a una postura erecta y a una forma de caminar que utiliza sólo las extremidades posteriores (bipedación). Gracias a la columna vertebral que poseen, el centro de gravedad se sitúa justo encima de la superficie de soporte que constituyen los pies, lo que proporciona la estabilidad necesaria para caminar. Hay otras modificaciones mecánicas imprescindibles para conseguir la bipedación: una pelvis ancha, una rodilla que puede doblarse en un solo sentido, un hueso del talón alargado y un pulgar largo alineado con el resto de los dedos del pie. Aunque otros antropoides presentan grados de bipedación diferentes, todos tienen en común la presencia de una columna vertebral recta o arqueada, pies prensiles, piernas arqueadas y manos utilizadas como apoyo cuando caminan.

La bipedación perfecta del ser humano conlleva la liberación de las manos, que se convierten de esta forma en instrumentos muy sensibles, capaces de manipular los objetos de forma muy precisa. El detalle estructural más importante de esta adaptación es el pulgar humano, que es alargado, puede rotar con bastante libertad y puede oponerse al resto de los dedos de la mano. Los requerimientos fisiológicos necesarios para el desarrollo de la capacidad de habla aparecieron como consecuencia de la adquisición de la postura erguida, que permitió la ubicación adecuada de las cuerdas vocales, y de la utilización más compleja de las manos. Por último, el habla se desarrolló por completo gracias al aumento de tamaño y especialización de un área determinada del cerebro (la circunvolución de Broca), lo cual es un requisito previo para conseguir el control preciso de los labios y de la lengua.

El cerebro del Homo sapiens es grande (capacidad media de 1.400 cc) y tiene más o menos el doble del tamaño que el cerebro de sus antepasados prehistóricos. Este espectacular aumento del tamaño cerebral en tan sólo 2 millones de años se consiguió en virtud de un proceso denominado neotenia, que consiste en la retención de características propias de estados juveniles durante más tiempo. El estado juvenil del cerebro y el desarrollo del cráneo se prolongan en el tiempo de forma que crecen durante un periodo de tiempo más largo que el habitualmente requerido para alcanzar la madurez sexual. A diferencia del cráneo adulto de los humanos primitivos, que tenían una frente poco prominente y una mandíbula dirigida hacia delante, el cráneo del hombre —con variaciones de poca importancia desde el punto de vista biológico— conserva un tamaño grande en comparación con el resto del cuerpo, tiene una bóveda craneana redonda y elevada, una cara aplanada y una mandíbula de tamaño reducido, lo que en conjunto recuerda a las características del cráneo del chimpancé joven. El agrandamiento del cráneo requiere a su vez modificaciones anatómicas para que el feto pueda pasar a través del canal del parto; en consecuencia, la pelvis se ensancha al llegar a la madurez (con la consiguiente pérdida de velocidad en la locomoción), y el niño nace en un estado de desarrollo prematuro. La capacidad cerebral de un chimpancé al nacer es el 65% de la que posee un chimpancé adulto; el Australopithecus, un homínido que existió hace 3 millones de años, que ya caminaba en posición erecta, nacía con una capacidad cerebral del 50% de la del adulto. Por el contrario, los recién nacidos del hombre actual tienen sólo el 25% de la capacidad cerebral del adulto, lo que se traduce en un periodo más largo de dependencia del cuidado materno. El desarrollo neurológico del cerebro humano joven, que crece a gran velocidad, se produce gracias a un periodo prolongado de estimulación y dependencia de los adultos; se ha comprobado que en aquellos casos en que el ser humano carece de estos lazos externos en sus primeros años de vida, el desarrollo del cerebro es incompleto.

Comportamiento.

Las adaptaciones fisiológicas que hicieron de los seres humanos animales más flexibles que otros primates, permitieron el desarrollo de una amplia variedad de capacidades y una versatilidad en el comportamiento que no tiene comparación en el resto del mundo animal. El gran tamaño del cerebro, su complejidad y maduración lenta, junto con el desarrollo neurológico a lo largo de los doce primeros años de vida, proporcionó la base para que el comportamiento estereotipado e instintivo pudiera ser modificado a través del aprendizaje. Los cambios en el medio se afrontaron mediante ajustes rápidos y no a través de una selección genética lenta, con lo que la supervivencia se hizo posible en condiciones extremas y en una amplia variedad de hábitats sin necesidad de una diferenciación adicional de la especie; sin embargo, cada recién nacido, que nace con pocos rasgos innatos y con una gran potencialidad de desarrollo del comportamiento, debe tener un proceso de aprendizaje para alcanzar su desarrollo completo como ser humano.

Atributos culturales.

La especie humana es la única que posee un espacio que conocemos con el nombre de cultura. Se entiende por cultura la capacidad de planificar y de desarrollar pensamientos conscientes, la transmisión de las técnicas y del sistema de relaciones sociales de una generación a otra, y por último, la capacidad de modificar el medio ambiente. Los modelos de comportamiento integrados requeridos para la planificación y creación de herramientas se desarrollaron hace al menos 2,5 millones de años; además, también pudo haber existido en esa época alguna forma de código avanzado para la comunicación verbal. Las organización de cacerías, la utilización del fuego, el uso de ropa y los enterramientos con un cierto carácter ritual, estaban ya bien establecidos hace 350.000 años. Hay evidencias que datan desde hace 30.000 o 40.000 años algunos rituales religiosos, registros sistemáticos de datos y la existencia de un lenguaje avanzado y unas ciertas normas necesarias para la organización social. A partir de entonces, el género Homo comenzó a conformarse en el actual Homo sapiens

¿De dónde venimos?

Los primeros humanos eran básicamente como nosotros. Tenían algunos rasgos arcaicos, pero eran claramente homo sapiens sapiens. Nuestra especie es muy homogénea desde sus comienzos. Parece ser que procedemos de una población muy reducida, de hace entre 300.000 y 100.000 que pertenecía a otra más amplia y variada. Esta población tenía caras parecidas a las nuestras, cráneos menos robustos y volúmenes cerebrales superiores a 1.350 cc.

Cuando nuestra especie salió de África convivió con otros homínidos, como el homo erectus en Asia y el neanderthal en Europa, pero poco a poco fue quedándose sola.

Hace entre 90.000 y 120.000 años ya nos encontrábamos en Oriente Próximo (los yacimientos de Skul y Qafzeh así lo atestiguan) y también en el sur de África. Sin embargo no existen muchos fósiles de hace un millón de años en este continente de algún antecesor, pero si en Europa, donde el homo antecessor evolucionó al homo heidelbergensis y de ahí al neanderthal (según los científicos del Proyecto Atapuerca). Los antecedentes directos fósiles más antiguos encontrados en África tienen entre 600.000 y 250.000 años.

'Homo Sapiens'

La búsqueda de fósiles depende mucho del azar y la suerte. En teoría deberíamos encontrar al homo antecessor en África, pero por el momento no ha sido así y habrá que seguir esperando para que se confirme la hipótesis de su orígen. A pesar de todo tenemos otra herramienta muy eficaz que nos puede ayudar mucho a encontrar nuestros orígenes aunque no tengamos fósiles que es la genética. Todos hemos oído hablar del ADN, la molécula que contiene de forma codificada toda la información sobre un ser vivo. Se organiza en unidades denominados cromosomas alojados en el interior del núcleo cerebral. Pero existe otro ADN, el mitocondrial, que se aloja no en el núcleo sino en las mitocondrias de la célula. Este ADN no sufre modificaciones, únicamente las propias de las mutaciones, por lo que se mantiene prácticamente intacto. De esta forma, podemos remontarnos en el tiempo por vía materna hasta la antecesora más remota, porque se transmite de madre a hija. Si una mujer tiene como hijos solo a varones, la transmisión del ADN mitocondrial se parará de golpe.

¿"Homo sapiens sapiens" o "Cro-Magnon"?

"Homo sapiens sapiens" es lo mismo que "Cro-Magnon", es decir, somos nosotros, aunque hay que decir que existe un pequeño matíz. Con el nombre de “homo sapiens sapiens” se hace referencia al nombre específico de nuestra especie, y con el de “Cro-Magnon” se denominan nuestros restos más antiguos encontrados en Europa. Cuidado, porque los neandertales no son de nuestra especie pero sí son "homo sapiens". Si os dais cuenta, nosotros tenemos añadido otro “sapiens” más a nuestro nombre, porque nos consideramos a nosotros mismos como el "humano que no sólo sabe sino que es consciente de ello", o lo que es lo mismo: sabemos que sabemos. En la actualidad somos la única especie de "homo" que existe en el planeta, aunque con anterioridad coexistieron varias al mismo tiempo.

¿Por qué a nuestros restos más antiguos en Europa se les llamó “Cro-Magnon”?. Bueno, le pusieron ese nombre a estos restos por el lugar donde los encontraron, que pertenece a la Dordoña (Francia), una zona riquísima en yacimientos de muchas épocas distintas. Encontraron 4 adultos y 3 niños, y con ellos industria lítica de tipo Auriñaciense. Tenían una altura media de 1,75 m (que no está nada mal) y las características craneales (que son la base a la hora de distinguir entre las distintas especies de homo) son totalmente diferentes a las de los neandertales, que ya vivían en el continente, e iguales a las nuestras.

Al igual que hoy en día las distintas razas humanas poseen diferencias en el cráneo (fijaos en la cabeza y cara de un asiático, africano o europeo) también en la antigüedad existían diferencias entre las personas de nuestra especie. Así, las características de los Cro-Magnon se encontraron también en los restos de otros individuos de Europa y norte de África, y hoy en día siguen vivas en el Magreb. Los guanches, primeros habitantes de las Islas Canarias, también poseían estas características. Por cierto, que en el Museo Etnológico de Madrid se pueden encontrar algunas momias de los mismos.

'Homo Sapiens'
Homo Sapiens.

Sapiens arcaico.

Inicio: Año 500000 A. C.

Fin: Año 200000 D.C.

Antecedentes

Género Homo

'Homo Sapiens'

A partir de los Homo erectus, la diversidad y la variabilidad aumenta, lo que ha causado numerosos problemas de clasificación dentro de los Homo sapiens. Así nos encontramos con fósiles cuyas denominaciones han oscilado entre Homo sapiens arcaicos, presapiens, Homo erectus, anteneandertales y preneandertales. Si muchos de los fósiles africanos, se han asociado dependiendo de los restos a presapiens, para muchos restos europeos A. de Lumley ha propuesto el término anteneandertales, recogiendo una constelación de los mismos vinculada a los rasgos que recuerdan al Homo erectus. Estos problemas aumentan con las diferentes circunstancias de los hallazgos, especialmente los más antiguos, que ofrecen muchas dificultades a la hora de establecer una cronología y las características del contexto. En resumen, por áreas geográficas a fin de no recargar el texto definiendo cada espécimen, podemos decir que, en general, estos restos superan los 1.000 centímetros cúbicos de capacidad endocraneal. Su cronología oscila, probablemente, entre los 500.000 y 200.000 años, aunque algunos pueden ser más antiguos, y presentan una gran mezcla de atributos diferentes, incluso dentro de las mismas regiones.

Quizá su caracterización radica en la enorme diversidad que presentan, a lo que se suma un probable dimorfismo sexual, por lo que sólo comentaremos algunos de los especímenes. En Africa, los restos que presentan mayor tendencia hacia los rasgos del Homo sapiens, lo constituyen los hallazgos de Elandsfontein (Africa del Sur), Broken Hill (Zambia) y Kébibat y Salé en Marruecos. Con tendencia mixta entre Homo erectus y Homo sapiens tenemos los de Cave of Hearths (Africa del Sur), el lago Ndutu (Eyasi, Tanzania) y Kapthurin (Kenia). Los restos de Bodo, que proceden de Melka Kunturé (Etiopía), según muchos paleoantropólogos deben ser incluidos dentro del Homo erectus, para otros a pesar de sus rasgos muy arcaicos, tiene algunos muy evolucionados que los sitúan entre ambos. El problema de Bodo es que se trata de un hallazgo ocasional, con una cronología incierta. En Asia los restos de Dali, Xuujiayao (norte de China), Yinkou (noreste de China) y Maba (sur de China) y Narmada (centro-norte de la India) muestran los rasgos más cercanos al Homo sapiens, mientras que Ngandong (río Solo, Java), casi todos los autores lo engloban entre los Homo sapiens arcaicos, si bien otros prefieren considerarlos Homo erectus.

En Europa, el panorama es distinto. Durante mucho tiempo los defensores de una evolución continua hacia el Homo sapiens sapiens, creyeron ver rasgos en algunos especímenes que podían acercarse más a esta subespecie y que denominaron presapiens, diferenciándolos de los que presentaban características más en la línea de los neandertales, y que denominaron preneandertales. Las revisiones actuales han llevado a considerar todos los restos antiguos dentro de la categoría de sapiens arcaicos mucho más cerca de la evolución hacia el neandertal, por lo que en la actualidad predomina la descripción de anteneandertales, propuesta, como ya dijimos, por A. de Lumley. Los anteneandertales son un fenómeno europeo y se distinguen por tener caracteres arcaicos, que el neandertal habrá olvidado, de especies más antiguas y otras comunes con la especie Homo sapienes sapiens, como es el que la anchura máxima del cráneo esté a nivel del parietal. El estado de conservación es muy fragmentario en estos individuos anteriores a la glaciación würmiense por lo que resultaría de excepcional valor el hallazgo de un cráneo completo. Los caracteres derivados (que representan el fósil director) puede aparecer indistintamente y al mismo tiempo dada la evolución en mosaico, por lo que se considera que el neandertal posterior es el resultado de una evolución incierta divergente con el Homo sapiens sapiens, aunque tienen un origen común, por lo que es difícil situarse para la interpretación de los fósiles, ya que cuando son antiguos, ¿están en la línea del neandertal, o en la del hombre sapiens moderno?, o ¿hay que situarlos antes de la separación divergente? Todos los fósiles son europeos y muy difíciles de datar en su mayoría, o muy imprecisos. Entre los especímenes destaca La Caune de l'Arago (Tautavel, Francia), con cerca de 50 restos, de los cuales el más conocido es que presenta una porción de cráneo con la cara.

La cronología ha suscitado muchas discusiones, aunque la mayoría de los prehistoriadores admiten una antigüedad entre los 300/400.000 años. Primero fue clasificado como Homo erectus, por sus muchos caracteres arcaicos, pero el predominio de un carácter neandertal en la región infraorbital ha llevado a considerarlo como un anteneandertal. Para algunos autores se encuentra ya una vez pasado el punto de divergencia entre neandertal y sapiens, ya en la línea que deriva hacia los neandertales. Otros restos de l'Arago, como las mandíbulas, tienen rasgos arcaizantes que podrían muy bien pertenecer al erectus, pero la aparición del cráneo mantiene la tendencia a clasificarlos como anteneandertales. La mandíbula de Mauer es un resto aislado, mal datado, que parece situarse en algo más de 400.000 años.

'Homo Sapiens'

Un resto descubierto accidentalmente, y cuya datación, también discutida, se encuentra entre los 700/200.000 años, es el cráneo de Petralona (Grecia), que presenta rasgos neandertales como en la cara y otros más arcaizantes como es mantener la anchura máxima del cráneo en el occipital, rasgo típico del erectus. Vertesszöllos (Hungría), yacimiento al aire libre, en las orillas del Danubio, presenta un occipital asociado a industrias líticas y cuya datación oscila alrededor de 300.000 años. Retiene características arcaizantes, pero presenta una capacidad endocraneana de 1.470 centímetros cúbicos, claramente sapiens. Otros yacimientos como Steinheim, Bilzingsleben (Alemania), Swanscombe y Pontnewydd (Reino Unido), Fontechevade, La Chaise, la Biache-Saint Vaast, Montmaurin, Le Lazaret (Francia) y Atapuerca (España) presentan también rasgos hacia los neandertales. El complejo kárstico de Atapuerca, Burgos, viene ofreciendo desde hace años en una sima de Cueva Mayor una cantidad de restos humanos considerable, más de cien, entre dientes aislados, mandíbulas, fragmentos de cráneo y restos postcraneales.

Como en los casos anteriores presentan rasgos arcaicos, unidos a otros en la línea del neandertal. Las dataciones obtenidas oscilan entre 350/200.000 años, y los restos se encuentran asociados a fauna del Pleistoceno Medio. Así en el desarrollo de los neandertales clásicos se observan tres períodos consecutivos: En el primero, situado en una cronología entre 350/200.000 años, aparecen los caracteres neandertales independientes, aunque lo más frecuente es que se den dentro de una estructura craneal arcaica, cuya morfología general no es neandertal. En el segundo período, que oscila entre 200 a 100.000 años, los caracteres aún no están claramente definidos, pero la arquitectura general de los neandertales se va observando en la morfología, por ejemplo, en La-Biache-Saint-Vaast, con una cronología alrededor de 220.000 años. Por último, y a partir del 100.000, aproximadamente, se encuentran ya los neandertales clásicos.