Hombres Víctimas de Acoso Sexual

Evolución histórica. Comunidad. Violación masculina. Síndrome del Trauma por Violación. Violación en la Cárcel. Diagnóstico. Tratamiento

  • Enviado por: David
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 14 páginas
publicidad
cursos destacados
Química Orgánica
Química Orgánica
En este curso de Química Orgánica o también conocida como Química del Carbono, nos...
Ver más información

Cálculo Diferencial
Cálculo Diferencial
En este curso se tratan temas básicos del cálculo diferencial como son: Límites, Derivación...
Ver más información

publicidad

VARONES VÍCTIMAS DE ABUSO SEXUAL

DESDE LAS VÍCTIMAS A LOS AGRESORES PASANDO POR LAS VÍCTIMAS CONVERTIDAS EN VERDUGOS: HACÍA UNA VISIÓN COMPRENSIVA DEL PROBLEMA Y UNA PROPUESTA DE INTERVENCIÓN Y/O TRATAMIENTO.


PREFACIO:

Antes de abordar el objeto de estudio de este trabajo se hace necesario aclarar algunos aspectos y conceptos que pueden inducir, descontextualizados, a errores o falsas interpretaciones.

No es ninguna sorpresa decir que la agresión sexual contra varones adultos resulta una idea cuando menos difícil de asimilar como posible o libre, por parte de quien la aborda o estudia, de interés personal, o incluso morbo. Y es que, tampoco debe de extrañar, este tema está profusamente rodeado de un aura de estigma social que hace difícil, e incluso comprometido abordarlo.

Otro aspecto no menos importante se refiere a las propias fuentes bibliográficas las cuales son en su mayoría de autores de habla inglesa y, también, con cultura anglosajona. No tendría relevancia este aspecto de no ser porque la violación masculina tiene diferentes implicaciones según las ideas que tenga cada sociedad al respecto y según las características de esa sociedad algunos aspectos se ven mediatizados en uno u otro sentido. Por ejemplo la palabra manhood que se traduce por hombría, siendo esta una acepción que no sólo incluye a la masculinidad del sujeto sino además a su orientación sexual; heterosexual. De esta forma un hombre violado, según la falsa creencia popular, pierde su condición de heterosexual además de su propia masculinidad pasando a ser afeminado. Esta distinción no ocurre en otras lenguas y culturas, tal es el caso del español.

La bibliografía no sólo es escasa sino que además muchas veces está centrada en niños, todo lo más adolescentes jóvenes o sólo restringida al caso especial de las cárceles. Abunda la simple exposición de casos únicos, raro es encontrar referencias al tratamiento específico para varones y, muchas veces, la información se halla englobada y/o diseminada en materias o tópicos más extensos.

Por último se hace notar que hasta que la violación masculina no tenga entidad propia, tanto jurídica como terapéutica, esta seguirá siendo un tema marginal, y por ende sus víctimas también.


ÍNDICE

Prefacio.

Resumen.

  • Introducción.

  • 1 a). Historia.

    1 b). Actitudes públicas actuales hacia la violación masculina.

  • Incidencia de la violación masculina en la comunidad.

  • El agresor/es; perfil medio en la comunidad.

  • La víctima; Síndrome de Trauma por Violación.

  • El caso de la violación en la cárcel.

  • Tratamiento.

  • 6 a) Asesoramiento y consejo. Actuación en la crisis. Criterios diagnósticos.

    6 b) Apreciaciones generales en tratamientos posteriores.

  • Conclusiones.

  • Bibliografía.


  • 1. INTRODUCCIÓN:

    La violación es un acto sexual impuesto a una pareja que no consiente. El método de imposición a menudo es violento aunque en muchos casos se consigue por medio de amenazas, intimidaciones o abusos de posición de poder. La agresión sexual es uno de los crímenes más incomprensibles (Dynes, R.W., 1990).

    En el caso de la violación masculina ésta no es reconocida en el ámbito legal en muchos países aunque se usan términos como “sodomía forzosa” o “abuso infantil” . El caso de España es sintomático; hasta principios de los ochenta legalmente un varón, incluso un niño, no era nunca violado y, hasta los noventa, no se consideraba delito sexual las felaciones o tocamientos hechos sobre varones a no ser que fuesen menores de edad, tipificándose como un caso de estupro; figura jurídica usada para referirse a la relación sexual con una persona menor de trece años, consienta o no la víctima.

    Esta omisión legal hace que estos delitos queden a menudo en silencio, siendo los casos conocidos más comunes de lo que habitualmente se cree. Posiblemente si los casos que se dan entre la población reclusa se sumaran podrían haber más hombres violados que mujeres, ( Donaldson, S., 1990).

    Aunque casos de mujeres violadas por mujeres han sido documentados, estos son muy raros y es muy poco lo que se sabe sobre ellos.

    Se argumenta que estos delitos están protegidos por el silencio ante todo porque existe la creencia popular de que “un hombre de verdad” no puede ser violado, y de hecho estos delitos son nombrados como “violación homosexual” por los legos, camuflando el hecho de que la mayoría de los violadores, así como sus víctimas son generalmente heterosexuales.

    Este tipo de falacias se encuentran incluso en la bibliografía sobre abusos sexuales donde, aparte de estar circunscrita a ambientes carcelarios, la agresión sexual es descrita como producto de la “homosexualidad recidivante”, esto es, hombres con orientación heterosexual que violan a otros hombres en la cárcel y que cuando salen vuelven a ser plenamente heterosexuales, explicándose este fenómeno de forma etológica dado que se sabe que en determinadas condiciones de aislamiento los machos de algunos animales desarrollan conductas homosexuales. Este concepto se encuentra sobre todo en bibliografía anterior a la década de los ochenta.

    1 a). Historia:

    La historia de la agresión sexual a varones se remonta incluso a la mitología griega en el mito de Ganímedes; bello pastor secuestrado por Zeus transmutado en águila que lo llevó hasta el Olimpo para que fuera copero de los dioses, ( tiene relación con los efebos o muchachitos que servían bebidas durante algunas fiestas orgiásticas del calendario religioso de la época). También se encuentran referencias en el mito de Oedipo a la guerra y la violación masculina, conceptos íntimamente ligados, en este caso el hijo de este rey se suicida avergonzado por la violación sufrida a manos de dos enemigos de su padre y este suceso desencadena una guerra y la muerte como justa dádiva de los hijos de los dos agresores.

    En general las sociedades guerreras han usado siempre la violación como un arma psicológica ya que es un medio para producir el temor en el enemigo o su aniquilamiento moral, ya que, incluso en los tiempos antiguos se pensaba que el hombre penetrado perdía toda su virilidad y esencia guerreras siendo un enemigo menos a combatir y la violación también es en muchas ocasiones un premio o botín de victoria. Incluso en los conflictos actuales tales prácticas siguen existiendo, dirigidas tanto a mujeres como a hombres.

    Para comprender mejor esto se puede hacer referencia al caso más famoso que se conoce, el del inglés T.E. Lawrence (Lawrence de Arabia); capturado por los turcos durante su juventud, tenía unos dieciséis años, fue violado por un capitán turco a expensas de lo cual desarrolló lo que hoy conocemos como Síndrome del Trauma por Violación. En su época su actitud asombró a sus contemporáneos dado que durante la I Guerra Mundial fue capaz de aunar a las escindidas tribus de Arabia y acaudillarlas para vencer a los turcos con un arrojo y odio hacia sus enemigos que le granjearon la fama de noble salvaje. Sin embargo tanta valentía y arrojo no eran óbice para que sus relaciones con las chicas fuesen para él fuente de gran estrés, secuelas de aquel suceso vital.

    2 b). Actitudes públicas actuales hacia la violación masculina:

    La violación masculina es un tema tabú en una discusión pública, incluso para muchos/as simplemente no existe. A nivel popular abundan las falsas creencias al respecto, siendo más comunes precisamente entre la población masculina, así podemos oír cosas como que la violación masculina es muy rara, sólo se da en las cárceles por causas de fuerza mayor, ser violado indica que uno no sólo se lo ha merecido sino que además le ha pasado por no ser un hombre de verdad, es decir, ser un afeminado, que el violador es necesaria y exclusivamente homosexual de forma que si uno es violado automáticamente se convierte en homosexual también, y lo más importante; un hombre violado pierde su masculinidad y hombría.

    Un espejo donde se reflejan perfectamente estas ideas son los relatos eróticos insertos en pornografía al uso en el mercado donde el tema de la violación masculina es tratado como un medio para castigar al hombre que se ha portado mal por algún motivo con su mujer o grupo de referencia, siendo la violación el vehículo perfecto para que él se sienta víctima y se arrepienta, de forma que la violación se convierte también en vehículo de expiación de pecados o desviaciones del sujeto. Por supuesto que cualquier consecuencia negativa se omite, y es que “se lo merecía y le hizo mucho bien”.

    No es extraño que estas concepciones sumerjan en un aura de total humillación a la víctima siendo raro que las víctimas, especialmente adolescentes jóvenes, lo pongan en conocimiento de sus familias o amigos, y mucho menos a la policía. De esta forma es uno de los crímenes más ocultos que se cometen, siendo el estigma social un impedimento que recuerda a otros delitos como pudiera ser el maltrato familiar o el incesto.

    Esto hace que muchas víctimas cuando salen de la cárcel se sientan casos únicos, incomprendidos y solos y que odien llamar la atención sobre sí mismos rechazando en consecuencia cualquier tipo de ayuda o tratamiento.

    Este círculo vicioso hace que no se demanden programas de tratamiento específico para ellos, que no haya iniciativas de tipo legal al respecto ni que estos delitos sean perseguidos estando así a salvo el agresor. Tanto es así que se han dado numerosos casos en los que allanadores de morada o carteristas violentos no sólo perpetran el robo sino que además violan a la víctima para evitar que éste denuncie, quedando así impunes ambos delitos.

    2. Incidencia de la violación masculina en la comunidad:

    La mayoría de los estudios efectuados en la década de los ochenta (Porter, E., 1986) concluyen que tienen las mismas probabilidades tanto las chicas como los chicos de ser candidatos a víctimas sexuales durante su temprana adolescencia.

    Sin embargo ya en la adolescencia tardía y adultos el consenso de los investigadores desaparece y generalmente se acepta que de los delitos sexuales cometidos en la comunidad al menos entre uno de cada siete o cuatro casos incluyen como víctima a un varón.

    En EE.UU. una encuesta anónima efectuada por el FBI reveló que un 25.9% de los encuestados eran varones, extrapolando esto al censo de población se calculó estadísticamente que aproximadamente 12300 violaciones se cometen contra varones cada año. Se sospecha que estos datos son sólo la punta del iceberg dado que se detectó una gran reactancia a completar las encuestas o ser identificado.

    En España existen datos pero referidos no a adultos sino a niños o limitados al contexto carcelario.

    3. El agresor/es; perfil medio en la comunidad:

    Las investigaciones señalan como lugares más frecuentes para cometer la violación de adolescentes en lugares apartados o descampados y en coches, dado que muchos agresores aprovechan que sus víctimas hacen autoestop . En el caso particular de España si hemos de hacer caso a la casuística de los informativos es posible que un medio de captación de víctimas potenciales sean los anuncios por palabras, aunque ese extremo no se pueda asegurar.

    Se sabe que los chicos en la adolescencia temprana son más propensos que chicos más mayores, de hecho la media en EE.UU. de edad de las víctimas está situada en los 17 años.

    La forma de asalto incluye por lo general penetración anal y oral, aunque en víctimas más jóvenes a veces la agresión consiste en la estimulación del pene de la víctima o del agresor, es decir, en una masturbación.

    Comparando las violaciones contra mujeres y contra varones se observa que estas últimas se caracterizan por incluir más frecuentemente las “violaciones en grupo”, es decir, varios individuos perpetran o colaboran en la agresión, las prácticas a las que se somete a la víctima son más variadas incluyendo penetración anal, bucal, tocamientos, introducción de objetos analmente, uso de mordazas, cuerdas y/o similares. También hay un mayor uso por parte del violador de armas blancas y de fuego y de la violencia física y verbal, con lo que se deduce que las lesiones físicas suelen ser más considerables que en el caso de las agresiones a mujeres.

    En tanto que la agresión contra chicas jóvenes usualmente implica a un familiar o conocido los chicos son forzados más habitualmente por extraños o figuras de autoridad en las organizaciones de la comunidad como pueden ser las iglesias, las escuelas, los club deportivos o los campamentos.

    Los hombres que violan a chicos tienen en su haber por término medio unas tres veces más víctimas que un violador de chicas, (Groth, A.N. & Burgess, A.W., 1979). A este respecto se cita el caso de un sujeto que a lo largo de un verano violó a unos trescientos chicos con el método del autoestopista siendo detenido sólo cuando su última víctima denunció: Los demás habían guardado silencio y sólo se supo porque el propio agresor lo confesó.

    Muchas violaciones a varones son cometidas por sujetos que se declaran heterosexuales en su orientación e identidad; sólo un 7% de violadores en el estudio de Groth-Burgess (1979) se declararon homosexuales. Se ha comprobado que los hombres que se declaran homosexuales cometen muchas menos agresiones sexuales que los heterosexuales y, aunque los varones homosexuales también son violados no hay evidencias de que sean una mayor proporción que los heterosexuales, es decir, la mayoría de las víctimas son también heterosexuales.

    Los violadores de hombres no suelen ser exclusivos sino que eligen víctimas de ambos géneros.

    La relación exacta entre la cuestión del poder y la dominio por un lado y el impulso sexual por otro es todavía poco comprendida y probablemente varía grandemente de un sujeto a otro . Es claro que a menudo no hay una atracción erótica por parte de los violadores hacia sus víctimas habiendo numerosos casos en los que el agresor presenta disfunciones y problemas sexuales ( impotencia, imposibilidad para eyacular, etc).

    También son conocidos los casos ya comentados de violaciones hechas como castigo por parte de las bandas donde este castigo es visto como la peor humillación y la muerte en vida del miembro del grupo así castigado.

    De todo esto lo más sorprendente y preocupante es que cerca del 80% de los violadores actuales de mujeres (el porcentaje varía según los estudios) tienen una historia de agresión sexual en la infancia con ellos como víctimas; esto implica que se establece un círculo vicioso en el cual chicos violados proyectan su propio trauma a sus víctimas. Este tipo de violador es muy reacio al tratamiento en estadios avanzados y cada vez va a más, de ahí la importancia de un tratamiento temprano para estos sujetos. El círculo, como se ve, se cierra cuando estos delitos no se denuncian ni se saben.

    4. La víctima: Síndrome del Trauma por Violación.

    La violación es una traumática experiencia porque la víctima pierde el control sobre su propio cuerpo y, como se sabe, consideramos a nuestro cuerpo como el espacio íntimo más sagrado. En la fase más cercana en el tiempo a la agresión los varones experimentan la experiencia de inversión de su rol sexual que les hace plantearse su identidad sexual, su actuación durante el ataque u otros aspectos que pueden ser evaluados de una forma negativa y punitiva por el propio sujeto a la luz de su propia atribución e ideas preconcebidas que pudiera tener al respecto, en especial aquellas ligadas a la creencia popular de la pérdida de su hombría y la posibilidad de haber provocado al agresor merced a su supuesta homosexualidad.

    Aunque estas ideas puedan parecer peregrinas o faltas de un mínimo de base no deben ser tomadas como algo baladí dado que se sabe que la empatía con estas víctimas es particularmente difícil. Esto se debe a que el Síndrome de Trauma por Violación (STV) es una variante del Trastorno por Estrés Post-Traumático (TEPT); en general sino se ha vivido una experiencia en la que se haya sentido peligro objetivo contra la vida, la comprensión de un suceso traumático es difícil.

    Como se sabe este tipo de trastorno sin tratamiento persiste durante varios años, incluso toda la vida y llega a alterar esferas importantes del funcionamiento del sujeto.

    Aparte del escaso número de terapeutas especializados en esta clase de trastorno ocurre que pocos de ellos están familiarizados con la literatura sobre este tema y es corriente que las víctimas, sobre todo las masculinas, refieran esto cuando comentan experiencias en centros de crisis . Esta dejadez también la sufren allegados a la víctima, amantes o familiares, que también son “víctimas secundarias” de este tipo de agresión.

    Típicamente el primer estadio de un STV incluye una negación y un descreimiento de lo sucedido en los adultos mientras que en los niños se experiencia amnesia parcial o total sobre el suceso pero suele “regresar” este recuerdo más adelante. Seguidamente las sensaciones de vergüenza, culpa y humillación son comunes en las víctimas en concordancia con lo expuesto en la descripción del trastorno por estrés post-traumático que se recoge en el DSM IV pero en el caso de los varones exacerbados por la tendencia común a culpabilizar a la víctima ( “si le pasó fue por algo, ¿no?”).

    Los varones heterosexuales supervivientes muestran una enorme ansiedad y confusión sobre su hombría y los tópicos sobre la homosexualidad, pudiendo experimentar su sexualidad severas disfunciones o distorsiones. También se presenta depresión y comúnmente ideas suicidas que pueden ser llevadas a cabo o manifestar conducta agresiva de una forma impredecible y explosiva.

    Otras manifestaciones del STV son un aumento de la sensación de vulnerabilidad y pérdida de control, ansiedad, desamparo, pesadillas, paranoia, trastornos del sueño, fijación en la agresión, escasa concentración, dependencia de los otros, miedo a situaciones de intimidad, relaciones con los demás caóticas, desarrollo de personalidad múltiple, abuso de drogas y alcohol y re-victimización.

    A menudo los chicos que han vivido esta situación en ambientes institucionales no han sido objeto de abuso una sola vez sino varias; en estos casos la víctima se adapta a esta situación y el STV acaba por manifestarse en un patrón mucho más estable y rico en sintomatología, a la vez que resistente al tratamiento ( caso Sleepers ). Se ha comentado que algunas de estas víctimas luego se convierten a su vez en violadores; no hay datos al respecto de cual es la proporción que así lo hace o qué factores predisponen especialmente pero sí se sabe que es más probable que esto ocurra entre aquellos varones que sufrieron el abuso siendo más jóvenes. También se ha sugerido que las bandas “anti-maricones” son producto y están constituidas al menos en su origen por víctimas de abuso sexual que trabajan bajo la idea equivocada de que sus agresores eran homosexuales.

    5. El caso de la violación en la cárcel:

    Mientras que en la comunidad la violación masculina es un problema relativamente poco conocido aunque serio, en las instituciones mayoritariamente masculinas aún siendo la violación masculina más común también es, curiosamente, más aceptada como incluso una parte de la vida institucional que no gusta pero está. Incluso alguna de estas instituciones hacen referencia a ella o incluso disponen cláusulas de funcionamiento interno al respecto.

    La violación de varones en confinamiento difiere de las que se cometen en la comunidad en que las primeras están aceptadas en la institución como parte de su sub-cultura y usualmente siguen un patrón de repetidas agresiones donde a una primera siguen varias, el objetivo no es contra lo que se piensa racial sino que más bien se relaciona con convertir a jóvenes reclusos en esclavos sexuales para ser percibidos en su grupo de referencia, la cárcel, como hombres más poderosos los agresores, de tal forma que desarrollan un perfil “depredador” donde buscan con ese método más acólitos.

    Este ciclo es mantenido por las propias víctimas puesto que estas desarrollan la necesidad de protegerse de más agresiones sexuales, al menos no consentidas, y aceptan la protección de su primer agresor.

    Estas víctimas cuando salen de la cárcel a menudo son más violentos que cuando entraron y pueden desarrollar conductas delictivas como la violación, o si están recluidos largo tiempo algunos de ellos se convierten en nuevos violadores a la caza de nuevas víctimas. En este sentido la institución ayuda a perpetuar la práctica de la violación de hombres y mujeres, ( Donaldson, S. 1992).

    Stephen Donaldson es presidente de la Asociación para la Detención de la Violación de Presos, en su artículo Rape trauma syndrome in male prisoners (carpeta links) describe con detalle este síndrome y considera como “urgencia psiquiátrica” este problema.

    En su artículo señala que el Síndrome por Trauma de Violación (STV) ha sido distinguido de otros síndromes de estrés post- traumático y descrito en función a víctimas femeninas. Teniendo las mismas reacciones los varones en su caso se añade además una serie de características específicas de género que hacen más disruptivo este síndrome en ellos: La reclusión en sí misma actúa de potenciador del trauma puesto que la víctima no puede escapar de sus agresores, estando incluso expuestos a repetidas violaciones o a un continuo estado de estrés intentando evitar ser víctimas de esas agresiones. La literatura sobre terapia encuentra como denominador común en los testimonios de víctimas varones esta característica, siendo además una de las que más les afectan.

    Este factor es tan importante que provoca el siguiente paso en este síndrome; la indefensión aprendida. Muchos de estos reclusos acaban “dejándose” de sus agresores convencidos de que así otros no les atacarán y estarán relativamente protegidos, empezando a generar una imagen distorsionada de sí mismos percibiéndose débiles, incapaces, incluso afeminados, agravándose aún más su estado. Donaldson insiste en que todos los que estén en contacto con estas víctimas deberían “enfatizar su estado de masculinidad y hombría verbalmente y con lenguaje corporal”.

    Un tercer aspecto es que estas víctimas se cuestionan su identidad sexual preguntándose si son o han sido siempre homosexuales sin saberlo, y por eso les han atacado en la cárcel, de forma que este argumento se convierte en su propia justificación de porqué se han dejado dominar y adoptar un papel pasivo. Desgraciadamente el personal de prisiones contribuye a esta impresión burlándose de ellos.

    Sólo un adecuado entrenamiento consigue cambiar estas cogniciones.

    Las ideas suicidas son comunes entre estos presos siendo necesaria una evaluación cuidadosa de este aspecto por parte del terapeuta.

    El RTS sigue una serie de fases que se pueden describir en orden temporal:

    Primeramente la víctima, sobre todo si ha sido apartada del lugar de la agresión, tiende a estar entumecido, abotargado y habla despacio si es que lo hace, negando y no creyéndose el haber sido víctima de un ataque sexual. Algunas víctimas sin embargo reacciona violentamente entrando en un estado que puede llegar a la autolesión: Estos estados pueden alternarse.

    Se produce un sentimiento de desamparo, soledad y extrema vulnerabilidad. Se observa en aquellos que no son apartados de sus agresores un estado de parálisis facial que hace inexpresivo al sujeto y si este es agredido de nuevo “parece que no le importa”, interpretando el personal que la víctima consiente dócilmente.

    Las pesadillas, la culpa, la vergüenza y la humillación como sentimientos son comunes. Baja su capacidad de concentración, pudiendo producirse disociaciones o lagunas némicas.

    Este estado dura una semana aproximadamente. Según el autor debe de animárseles a expresarse ellos mismos.

    El segundo estadio se caracteriza por la autoculpabilización, autoavergonzarse, y la autocontemplación de lo sucedido; la víctima busca racionalizar o explicar lo que le ha sucedido. Sentimientos de fracaso, vergüenza, depresión severa, pánico homofóbico, ansiedad, extrema inseguridad, agotamiento, necesidad de escapar, movimientos compulsivos, disfunciones sexuales varias, resistencia a intimidad de ningún tipo, ambivalencia hacia las mujeres, miedo a los hombres, miedo de estar volviéndose loco, manía persecutoria, actitud cínica, aislamiento social, baja motivación, rabia y pudor o rechazo por ciertas zonas de su cuerpo se presentan durante esta fase pudiendo persistir durante largas temporadas si no se tratan.

    También en este estadio se produce a veces un proceso de identificación con su agresor, sobre todo cuando no puede escapar de su situación de confinamiento de forma que busca la protección de su agresor que pasa a convertirse en su “maestro”, o bien busca la protección de otras hermandades . Esto provoca profundos conflictos en la víctima al cabo del tiempo, sobre todo por los conflictos de asunción de un rol pasivo o incluso femenino. Estos conflictos en ocasiones desembocan en un intento de insubordinación al grupo o maestro que puede ser castigado.

    Una tercera fase, la más peligrosa, ocurre cuando esta víctima experimenta rabia y frustración manifestada en conductas violentas, obsesión con la venganza o replicación de la violación con una nueva víctima, beligerancia hacia el personal carcelario y otros internos en general que ostenten algún poder, disrupciones en su vida social, fantasias sexuales perversas, conducta autodestructiva, actividad criminal y antisocial, estilo de vida desorganizado, y una agresiva afirmación de su masculinidad y hombría basada en ocasiones en agresiones sexuales a otros varones o mujeres.

    Este periodo de supresión puede durar décadas y ser mantenido por ciertos refuerzos. Por eso, apunta el autor, es importante continuar el tratamiento no sólo en la primera fase sino más adelante para evitar su escalada en las fases descritas.

    6. Tratamiento.

    6 a) Asesoramiento y consejo. Actuación en la crisis. Criterios diagnósticos.

    En el caso de agresiones sexuales en la comunidad se calcula que entre un 17 y 25% son asintomáticos un año después de la agresión. Pero no todas las víctimas reaccionan así por lo que se insiste en un rápido tratamiento. Numerosos estudios indican que si las víctimas participan en la evaluación mejoran disminuyendo su depresión, ansiedad y mejor ajuste social que aquellos que no participan ( Kilpatrick et al. 1979, Resick et al. 1981).

    De cara a la evaluación de estos pacientes el DSM -IV recoge que las víctimas de agresión sexual presentan por lo general esta constelación de síntomas; afectación del equilibrio afectivo, comportamiento impulsivo y autodestructivo, síntomas disociativos, molestias somáticas, sentimientos de inutilidad ,vergüenza, desesperación o desesperanza, sensación de perjuicio permanente, pérdidas de creencias anteriores, hostilidad, retraimiento social, sensación de peligro constante, deterioro de las relaciones con los demás y alteración de las características de personalidad previas.

    Merece especial comentario el hecho de que cuando el agente estresor es humano, como este caso, el trauma dura aún más en el tiempo. También es importante señalar que aunque el suceso ocurriera lejano en el tiempo las manifestaciones clínicas pueden aparecer incluso decenios más tarde, siendo asintomático hasta entonces.

    El tratamiento debe ajustarse a la naturaleza de la agresión pues los varones tienden a referir más vergüenza, incredulidad y soledad. Reciben menos apoyo social y una postura ambivalente por parte de amigos y familiares. Por tanto se deduce que en la crisis inicial estas carencias deban ser paliadas en lo posible.

    El género del terapeuta como factor de tratamiento obedece más a criterios políticos que científicos porque las víctimas exteriorizan la rabia hacia el violador tanto si el terapeuta es una mujer o un hombre. El terapeuta debe hacer hincapié en el entrenamiento individual y no en terapias de grupo durante este primer acercamiento, centrándose en la actitud de la víctima ante esa agresión. Es aconsejable conocer cómo reaccionan estas víctimas y estar muy motivado/a puesto que es difícil entablar empatía con estas víctimas, ( Burges & Holmstrom, 1974).

    Estos resultados son fruto del trabajo pionero de los autores reseñados y éste fue duramente criticado por fallos metodológicos y poca claridad en sus tratamientos.

    6 b) Apreciaciones generales en tratamiento posterior .

    ( Kilpatrick & Veronen, 1981) comentan que no se ha investigado si es mejor intervenir inmediatamente después de la crisis o es mejor prestar apoyo más tarde.

    El tratamiento es corto, 10 ó 12 sesiones en 6 meses. Se trataría de terapias cognitivas encaminadas a mejorar sus percepciones sobre sí mismo y combatiendo ideas negativas, argumentando que continua teniendo la misma personalidad, que su orientación e identidad sexual no tienen por qué haberse puesto comprometidas en modo alguno, que él no provocó el ataque, etc. Al menos en las primeras sesiones se aconseja un estilo más directivo por parte del terapeuta dado que es muy común la reactancia al tratamiento y su abandono ( Baisden & Quarantelly, 1978).

    7. Conclusiones:

    A la vista de lo expuesto, aún siendo escaso se pone de manifiesto la necesidad de abordar este tema con más profundidad, no sólo en su aspecto meramente descriptivo o contextualizado en nuestro país sino además abarcar áreas tan importantes como el tratamiento específico para las víctimas varones de asalto sexual, una educación en la prevención de situaciones de riesgo para víctimas potenciales ( jóvenes y nuevos reclusos sobre todo) y, sobre todo, por parte de la sociedad y de nosotr@s como profesionales de la salud una actitud al menos más abierta y comprensiva.

    8. Bibliografía:

    · American Psychiatric Association (1995). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-IV). Washington, DC: APA (Traducción al castellano: DSM- IV Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales).

    · Mezey, G.C. & King M.C. (1992). Male victims of sexual assault. Oxford. Oxford University Press.

    · Mezey, G.C. (1992). Treatment for male victims of rape. En Mezey, G.C. & King M.C. Oxford. Oxford University Press. (ISBN: 0-19-261871-7).

    · Scacco, A.M., Jr, Male Rape: A Casebook of sexual Agressions. NY: AMS Press, 1982.

    · Stephen Donaldson. Rape of Males. Article from the Encyclopedia of Homosexuality, Wayne R. Dynes, ed.,1990, NY: Garland Publications.

    · Wooden, W.S. & Parker, J., Men Behind Bars: Sexual Exploitation in Prison, NY: Plenum Press, 1982.

    ·Kauffman A. et al., “ Male Rape Victims: Noninstitutionalized Assault”, American Journal of Psychiatry 137 (1980), 221-23.

    ·Porter, E. Treating the Young Male Victims of Sexual Assault, Syracuse, NY: Safer Society Press, 1986.

    ·Stephen Donaldson, The Rape of Males: A Preliminary Statistical Look at the Scope of the Problem, 2ª ed., Ft. Bragg, California: People Organized to Stop Rape of Incarcerated Persons, 1985.

    ·Stephen Donaldson. Rape Trauma Syndrome in Male Prisoners. Artículo en Internet.

    Groth, A.N. & Burgess, A.N., Mem Who Rape, NY: Plenum Press, 1979; and “Male Rape: Offenders and Victims”, American Journal of Psychiatry, 137 (1980), 806-10.

    Se usará en adelante esta expresión para denominar las agresiones sexuales cometidas con sujetos varones adultos, en este caso adolescentes post-puberales y adultos en general.

    Nótese que en inglés manhood engloba la concepción de ser un hombre masculino además de ser necesariamente heterosexual, de esta forma uno puede ser masculino y no heterosexual siendo en este caso la palabra a emplear manless que tiene un significado más genérico. En la bibliografía aparece manhood.

    En la bibliografía la comunidad se define como aquellos contextos o lugares que no tienen una naturaleza institucional o una población predominantemente masculina, es decir, todos los sitios excepto las cárceles, cuarteles y similares.

    En España esta práctica es relativamente poco usual pero en los países anglosajones los backpackers o mochileros son muy comunes.

    La bibliografía hace referencia al término gang que son unas pandillas urbanas con una jerarquía y composición heterogéneas, y que se dedican a actividades de narcotráfico, armas, etc. Tienen por lo general un territorio de actuación definido y un código a seguir determinado. Suelen agruparse más que por edades por etnias o rama de actividad.

    Síndrome es definido como un conjunto de síntomas no definidos que conforman una entidad nosológica, en este caso ese es el significado con lo que no siempre aparecen todos los síntomas que se señalan ni su presencia o curso son fijos.

    Queer-bashers, es una traducción libre. En EEUU son conocidos casos de apaleamientos y otros actos contra homosexuales por parte de estas bandas con resultado de muerte incluso, y también que algunas de ellas han llegado a organizarse y tener apoyos de otros colectivos sociales o ideológicos violentos.

    Es común observar en la filmografía norteamericana una connotación racial en cuanto a los temas carcelarios se refiere, mientras que tal connotación no aparece en las producciones europeas. Compárese El pico con otras producciones americanas por ejemplo. Sin embargo sí es común la dominación como tema en ambas.

    Nótese que lo siguiente se refiere a las cárceles norteamericanas, a la cultura de ese país y a opiniones que el autor vierte en su artículo. En el caso español estas aseveraciones y dinámica deben contemplarse con cautela dado que pueden haber diferencias sustanciales.

    Nuevamente se hace alusión a conceptos más propios de las cárceles norteamericanas en muchas ocasiones retratados por el cine.