Hombres de Poca Fé y otros Animales

Ensayo. Religión. Comportamiento Humano. Institucionalismo

  • Enviado por: Daniel
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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HOMBRES DE POCA FE

Y OTROS ANIMALES

ENSAYO DE CIENCIA POLÍTICA

Ciencia Política III

3º Curso de Ciencia Política y de la Administración

Desde tiempos inmemorables los filósofos de todas las épocas han buscado infructuosamente la verdad. La verdad como realidad. Me interesa, en este sentido, sintetizar muy brevemente el mito de la caverna de Platón. Según Sócrates, narrador de la historia, había un grupo de individuos en una caverna oscura, encadenados y sin poder moverse. Detrás suyo, una hoguera que reflejaba todos los objetos y todas las figuras. Este grupo de individuos tenía una visión particular de la realidad y la verdad, y por mucho que alguien del grupo hubiese explorado el exterior de la cueva, enfrentándose a la luz cegadora, y decidiese volver para explicarlo, seguramente no le creerían e incluso es posible que si tuviesen la oportunidad le prenderían fuego.

Una de las moralejas de este mito es que, en su mayoría, la gente no quiere saber la verdad, por miedo o por dolor. Analicémoslo con más detenimiento a través de un ejemplo real.

La religión y la fe surgieron de la necesidad de explicar todo aquello, en especial lo que consideraban sobrenatural, que no era posible demostrar de otra manera. Se proveyó proféticamente a ciertas divinidades con ciertos poderes o incluso de todos. Además si alguien no creía al profeta o incumplía normas emanadas de los dioses, podría ser sacrificado, ejecutado o bien maldecido.

Hoy día, en el siglo XXI, la religión sigue siendo una institución que promueve normas divinas y recompensas o sanciones en el más allá. Básicamente entendemos hoy a la religión como un contrato, en el que el creyente ofrece la fe (en forma de donaciones o bien en forma de apoyo social) y las instituciones religiosas la esperanza. A diferencia de otros animales, sean palomas o no, concebimos la esperanza como un acontecimiento futuro y placentero, fruto de nuestra imaginación, y cuya probabilidad de ocurrencia es relativamente baja. Así pues, se trata de una reproducción mental de un futuro a nuestro antojo. En efecto, la esperanza que deposita la gente mediante ruegos, purificaciones, actos sociales como la misa, etc., responden a la necesidad de una realidad diferente, el cumplimiento de un sueño para aplacar el dolor o el miedo. Así pues, las instituciones religiosas lo disponen todo (normas de conducta, lo que está bien y mal, etc.) para que el creyente tienda a negar la realidad, la verdad y el dolor y transforme la realidad en una distinta e imaginaria como consuelo. El creyente, pues, acepta ese sueño lleno de esperanza como un efecto placebo de su desesperación, entendida como no-aceptación de otra realidad diferente. Entonces, si el creyente es capaz de tergiversar su visión de la realidad, todos podemos redefinir nuestra realidad, la verdad y el concepto de placer según el contexto.

Así pues, el ser humano es capaz de crear una visión del mundo, teorizar sobre él y además creérselo.

Este ejemplo entra en contradicción con el conductivismo, ya que deja claro que el comportamiento humano no viene determinado por el individualismo, sino todo lo contrario, por el institucionalismo y en menor medida por la teoría del cálculo racional.

En efecto, si el individuo antes de ser creyente le hubiésemos realizado un análisis de su comportamiento y luego de ser creyente otro, el resultado sería diferente. Este cambio viene dado por la influencia de la institución social. Por tanto, es el comportamiento social lo que determina el comportamiento individual. Tal como dice Hume “la mente es una suma de percepciones”, por lo tanto, la suma de percepciones o entorno social a las que estemos sometidos determinará nuestro comportamiento y lo diferenciará de otra mente con otras percepciones y otro entorno social. En cuanto formamos parte de una sociedad perdemos automáticamente cualquier control sobre la conducta primaria o propiamente individual.

He entrevistado a algún creyente no practicante de la religión católica acerca de varias cuestiones:

E Entrevistador CContestador

E: ¿Porqué es creyente?

C: Porque creo que tiene que haber algo más

E: ¿Porqué tiene que haberlo?

C: Porque no es posible que solo haya lo que tenemos, tiene que haber alguna cosa más

E: ¿Porqué no es practicante?

C: Porque no creo en todo lo que dice la religión, aunque hay cosas de las que hablan que esconden la verdad

E: Entonces ¿Qué es lo que espera de la religión?

C: Que nos ofrezca la verdad y se deje de cuentos y metáforas

E: ¿Y si la verdad es que precisamente la religión es un cuento?

C: Eso no me lo creeré, porque nuestra moral y ética son verdaderos y no son un cuento o un invento, por lo tanto tiene que haber algo más

E: ¿Qué tipo de verdad quiere, la que quiere escuchar o la que realmente es?

C: Lo que realmente es, pero no puede ser muy diferente de lo que dice la religión católica

Tras las preguntas introductorias le lancé algunas preguntas clave relativas a su comportamiento:

E: ¿Si le dijese que la religión “auténtica” le ofrece a los creyentes ayudas económicas a comparación con su actual religión, cambiaría de religión?

C: En absoluto, el valor de la ética y moral promovida por mi religión está por encima del valor material

E: ¿Si le dijese que la religión católica le impone 100 euros cada mes por ser creyente, y en cambio la religión “auténtica” no le cobra nada, se cambiaría de religión?

C: Hombre, yo no pido que me den , pero tampoco que me quiten, si no tengo más opción que elegir una religión, posiblemente elegiría la que no me cobra

E: ¿Cree usted que la religión es un caldo de cultivo de la esperanza como fin último?

C: Creo que la religión católica nos ayuda a ver que debe existir algo mejor en el más allá.

E: ¿Si no existiera esa esperanza de algo más, o algo mejor, seguiría creyendo?

C: Pues no, pero me quedaría con la parte de la religión que promueve la ética y moral católica

E: ¿Si le dijesen que mañana todos los creyentes católicos que quieran ir al cielo después de muertos tienen que votar, y quien no lo haga nunca más tendrá la opción de hacerlo, iría a votar?

C: Indudablemente, sin pensarlo iría.

Contundente y explícito. La promesa o esperanza de algo mejor es un fuerte aliciente para la participación y votación, y más cuando aparece bajo la forma de ultimátum, fruto del temor a perder la posibilidad de realizar el sueño y por lo que ha depositado sus esperanzas.

No es de extrañar que una fuente de desprestigio hacia un opositor en una elección, sea del tipo que sea, es mostrar que si se le vota se perderá toda esperanza y nos dirigiremos hacia el caos. Además, esta conducta influida por el credo, independientemente de su intensidad, difiere y en mucho de lo que nos indican los defensores de la teoría del cálculo racional, en tanto que nada tiene que ver con los fines predefinidos por nuestra naturaleza, es más, se generan unos fines y una naturaleza adecuados a cada institución.

La teoría del cálculo racional nos dice que, sólo cuando las prioridades más importantes están cubiertas, es cuando, en prácticamente último término puede aparecer el altruismo.

Pues bien, voy a poner un escenario como ejemplo de análisis:

En una comunidad de suricatas (gato de roca), mamíferos que viven en el desierto, la comida es tan escasa que tienen que hacer batidas matutinas en grupo para recoger todo el alimento posible (escorpiones, bichos en general) y así proveer a las crías que están escondidas en las madrigueras. Pero uno o dos adultos tienen como misión quedarse a proteger las madrigueras de intrusos. Esto es un ejemplo de altruismo, no por el hecho de que los guardianes obtengan un beneficio mayor o por supervivencia individual, sino por el hecho de que el mismo altruismo es la base de la supervivencia de la comunidad. Así pues, la institucionalidad de la manada es la que está determinando la conducta de los guardianes, y no su propio interés individual sino el de su especie. En los seres humanos se produce una conducta similar, en cuanto a que muchos creyentes se unen para ofrecer ayudas a pequeñas comunidades con algunas necesidades básicas insatisfechas, por la creencia de que salvando al prójimo se están salvando ellos mismos. No es una conducta colectiva como medio a un fin individual, sino que es el mismo fin colectivo el que se confunde con la conducta colectiva. Existe una interdependencia de relación que hace que estas conductas sean un medio y un fin en si mismos, un sine-qua-non de la institución.

La religión, como institución, es muy poderosa y extensa en cuanto a la interferencia en nuestro comportamiento. La religión viene prácticamente implícita dentro de nuestra misma cultura. Así pues, es una institución que propone unas normas de conducta generales y que se adquieren a lo largo de nuestra vida, desde el preciso instante en el que respiramos. Es cierto que algunas conductas serán más intensas que otras, incluso más radicales como en ciertas sectas, pero al final todas acaban pretendiendo lo mismo: interiorizar pautas de comportamiento.

Parsons afirma que seguimos comportándonos en base a la racionalidad conductivista, pero que el sistema de símbolos culturales compartidos limita nuestros beneficios y condicionan nuestro comportamiento. Esta visión utilitarista de la conducta humana cojea por un problema conceptual. De hecho, el sistema de símbolos culturales compartidos del que nos habla, no es más que la interconexión e interdependencia de símbolos provenientes de cada una de las instituciones y sus pautas de comportamiento. Por tanto, si bien es cierto que limitan nuestro comportamiento, no están diferenciados del comportamiento racional conductivista porque precisamente ese comportamiento viene predefinido por el conjunto de instituciones y sus respectivas normas de conducta.

Así pues, un creyente puede tener unos símbolos culturales compartidos con un no-creyente en el mismo momento en el que la religión se interioriza en la cultura y en el mismo momento en el que se ven influidos por todas y cada una de las instituciones existentes con una misma intensidad. En otras palabras, para entender el comportamiento humano, no tenemos que observar y analizar la conducta del creyente o del no-creyente en relación con la religión, sino a la inversa, analizar y observar cual es el comportamiento de las instituciones religiosas para poder entender su consecuencia en la conducta individual.

En síntesis, se podría explicar como se produce un efecto causa / consecuencia en el siguiente sentido:

Normas de conducta promovidas por la Institución Causa

Normas de conducta interiorizadas por el individuo Consecuencia

Si bien defiendo a capa y espada la teoría institucional como forma de análisis del comportamiento y conductas individuales, cabe matizar el hecho de que esta teoría cojea y por tanto hay que completarla de forma que se mantenga estable sobre el suelo.

La teoría del cálculo racional tiene su cabida dentro de este análisis como mero complemento. Es importante hacer referencia a la intensidad y fuerza de las instituciones, así como de su pluralidad sectorial.

Imaginemos por un instante un individuo, libre de toda norma o conducta relativamente impuesta por alguna institución sin pluralidad en ella misma, es decir, libre de normas y conductas rígidas. Este individuo basará su conducta en relación a su supervivencia, y decidirá cual es el fin de esas conductas semi-impuestas de forma que sopese el coste moral y el beneficio que se deriva de cada una de ellas. Así podríamos explicar como existe individuos que tienen una conducta individualista, en pro del propio beneficio y la evaluación de los costes. Este tipo de conducta individual entra dentro de lo que llamamos la teoría del cálculo racional, y viene directamente relacionada con el nivel de interiorización de conductas provenientes de instituciones, su intensidad y de su pluralidad. Así pues, el individuo con una conducta racional sería aquél que se enfrenta, como si fuera la primera vez, a una sociedad institucionalizada, y el individuo con una conducta irracional o institucionalizada seria aquél que convive con la sociedad institucionalizada.

En cuanto a la teoría de sistemas de Easton cabe destacar la enorme utilidad que tiene en sentido teórico y práctico para el institucionalismo. Como entorno tendríamos todas las instituciones y sus sensibilidades y reivindicaciones, se aplicaría un filtro de todas ellas para escoger aquellas que pueden ser utilizadas como retroalimentadoras de las mismas instituciones de las que proceden. La caja negra trata de modificar, si es necesario, algunas demandas para contextualizarlas en tiempo y espacio, de manera que se establezca un protocolo flexible y adaptable.

Algunas conclusiones de todas estas hipótesis y análisis vendrían resumidas como:

  • Las conductas individuales son fruto de una política de cultura institucional

  • Cuanta más intensidad y singularidad institucional mayor es la retroalimentación de la conducta individual conforme a la conducta institucional

  • Es imposible escapar a las conductas impuestas por las instituciones, forman parte de nuestra cultura social y por tanto de nuestras conductas

  • El cambio de las conductas individuales es posible cuando existe pluralidad sectorial en la institución y hay posibilidad de contradecir sus comportamientos

  • El miedo, el dolor son la semilla del sometimiento a la conducta institucional conformista y a la negación de conductas individuales alternativas

  • La política es una institución, que se basa en la creencia, la fe y la esperanza de un mundo mejor, que no verdadero

  • Quisiera acabar con un silogismo que lo explica de una forma sencilla:

    Desde nuestra más tierna infancia, en España, en la época en que los cuentos y la televisión infantiles eran una fuente importantísima de información, más concretamente desde los años de la transición hasta nuestros días, hemos aprendido que si haces caso a tus mayores y realizas el esfuerzo de construir una casa bien cimentada te protegerá del lobo feroz, hemos aprendido que si haces caso a tus mayores y no te paras a hablar con desconocidos el lobo feroz no nos comerá ni a nosotros ni a nuestra abuelita, y hemos aprendido que para salvar Fantasía debemos dar un nombre a la Emperatriz Infantil y matar a un lobo feroz de ojos verdes.

    Conclusión: al lobo hay que exterminarlo.

    Y es así, hay que eliminarlo, porque el día en que un lobo pique a nuestra puerta, pida permiso para entrar, nos explique su situación y nos pida la nuestra, y solicite una negociación para llegar a puntos comunes de acuerdo, ese día le podremos decir al Sr. Herrnstein, que, efectivamente, somos todos lobos y deberíamos ser exterminados nosotros también.

    No se trata pues de segar todas las vidas lupinas por un placer personal o bien por una necesidad básica, ni tan siquiera para aumentar nuestro poder adquisitivo o nuestro prestigio, pero por una cuestión de seguridad. Es nuestro enemigo, es el demonio, y por ello apoyaremos a las asociaciones de cazadores para dar luz verde a la caza de este animal que se come el ganado del ganadero, además de otros seres humanos.