Hitos históricos de la Europa Moderna

Historia de España. Contemporánea. Monarquía. Absolutista. Constitución. Política. Poder. Estado. Autoridad. Liberalismo. República. Sistemas

  • Enviado por: Laura Visigilia Marín
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas

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MONARQUÍAS AUTORITARIA, ABSOLUTA Y CONSTITUCIONAL.

TEORIAS, EJEMPLOS Y EL CASO ESPAÑOL.

Desde la formación de Europa, tras la disolución del Imperio Romano, la monarquía ha presentado diversas formas a lo largo del tiempo: la monarquía medieval, la monarquía autoritaria, la monarquía absoluta y la constitucional.

Monarquía medieval

Los reyes medievales tuvieron una dimensión religiosa muy importante: se pensaba que su autoridad provenía directamente de Dios y este carácter sagrado se manifestaba en multitud de ritos como la coronación y la unción en donde la Iglesia era la intermediaria entre Dios y el rey. No obstante, los poderes del rey medieval estuvieron fuertemente limitados por las leyes eclesiásticas y por los privilegios que tenían el clero y la nobleza quienes ejercían un poder casi total dentro de sus señoríos. Además, los reyes necesitaban el acuerdo de las Cortes y Parlamentos en gran número de asuntos y, esto, unido a la escasez de recursos, supuso un freno para la expansión del poder real.

Monarquía autoritaria

En el transcurso del medioevo a la Época Moderna la monarquía volvió a recobrar el poder y el prestigio que había tenido en los siglos anteriores al feudalismo y fue adquiriendo caracteres autoritarios que serían los antecedentes del absolutismo.

El poder del monarca autoritario tendió a extenderse sin dejar de someterse a las normas e instituciones tradicionales de los respectivos reinos y, así, es como las monarquías de Europa occidental alcanzaron, hacia el año 1500, las condiciones necesarias para dirigir los destinos de gran parte del mundo porque, después de la Baja Edad Media se “reinventaron” los Estados en occidente siendo en Inglaterra, Francia y los reinos hispanos donde la evolución hacia el Estado Moderno se produjo con más celeridad.

Por eso el Estado Moderno y la monarquía autoritaria son el resultado de un proceso por el que pasaron las monarquías europeas: el tránsito de una organización feudal y de vasallaje a otra centralizada de características estatales. Además, la construcción de este Estado Moderno supuso la afirmación territorial de la autoridad monárquica frente a los obstáculos interiores y rivales exteriores, una centralización política y económica, una extensión y ampliación de la capacidad de la administración, la llamada burocratización, y la consolidación de la monarquía autoritaria como eje central de un sistema político complejo.

El perfeccionamiento de los aparatos de gobierno permitirá a los monarcas alcanzar el s. XVI al frente de unas estructuras capaces de ejercer un poder autoritario.

Estos aparatos de gobierno coinciden con las características de la monarquía autoritaria:

  • unificación territorial

  • aumento del poder político

  • ejército mercenario y permanente al servicio del monarca

  • control de la administración de justicia

  • organización y control de las relaciones exteriores

  • sometimiento al rey de los poderes de la nobleza.

La consolidación territorial de los Estados se consiguió por varios medios: administrativos (virreyes, lugartenientes, gobernadores, corregidores), militares (creación de ejércitos permanentes) y jurídicos (fijación de fronteras políticas y judiciales).

Se creó una burocracia al servicio del rey compuesta, no por nobles, sino por juristas y letrados quienes asumieron cada vez mayores cotas de poder en el Estado en detrimento de la alta nobleza.

El aumento del poder político de los monarcas se consiguió gracias a la neutralización de los viejos poderes: a finales del siglo XV la mayor parte de los sectores privilegiados del occidente europeo (alta nobleza y alto clero) tuvieron que someterse a la nueva autoridad monárquica a cambio de unos cuantos privilegios (exenciones fiscales, leyes y tribunales propios, reserva de ciertos cargos públicos…). Así, en Inglaterra y Francia, la nobleza quedó muy diezmada, debilitada y dominada por la monarquía y su único fin fue conservar la paz y la seguridad de la que en otros tiempos disfrutaron. En España, sin embargo, la nobleza mantuvo cierta posición hegemónica aunque el poder político lo controlara el monarca. Con los Reyes Católicos se creó una especie de alianza monarquía-nobleza que explica la estructura social profundamente aristocratizante que se arrastrará a lo largo de la evolución histórica de los reinos.

Por otro lado. el clero experimentó un proceso de nacionalización que se tradujo en una serie de recortes a las inmunidades judiciales y fiscales que tenían. En los países protestantes el clero había perdido todo su poder cuando se alcanzó el siglo XVI y ello, en gran medida, porque desaparecieron la casi totalidad de conventos y monasterios. Sin embargo, en los países católicos, las altas jerarquías eclesiásticas, monopolizadas por la nobleza, conservaron importantes privilegios.

En cuanto al ejército, las monarquías autoritarias necesitaron una fuerza militar poderosa para imponerse a rivales exteriores y obstáculos internos, pero conseguir estas fuerzas militares estables y numerosas sólo fue posible con el perfeccionamiento de las estructuras políticas y fiscales ya que el mantenimiento de dichos ejércitos suponían una partida económica importantísima de las haciendas públicas. Los ejércitos que antes se formaban al servicio de los señores feudales eran ahora totalmente ineficaces para la nueva situación política del Estado por lo que tuvieron que crearse ejércitos contractuales (servicio a cambio de una soldada o sueldo) de mercenarios que, más tarde, se convirtieron en verdaderos ejércitos estatales y permanentes al servicio directo del rey. Su enorme costo supuso, por otro lado, que el estado de guerra casi permanente en el que se encontraban muchos reinos se restringiera, contribuyendo, así, al fortalecimiento de los Estados.

En cuanto a la organización y control de las relaciones exteriores, fue decisiva la creación de una diplomacia que, en definitiva, perseguía los mismos fines que la guerra pero por otros medios: la consolidación territorial de los Estados. Ya desde el año 1300 existían precedentes, pero sin el carácter permanente (legati, missi, nuncio, oratores o ambasciatores) pero sólo desde mediados del siglo XV comenzaron a consolidarse las embajadas.

Entre las monarquías autoritarias más sobresalientes de Europa destacan Inglaterra, Francia y España.

Inglaterra, después de la Guerra de los Cien Años, quedó agotada y en un segundo plano internacional, pero pronto inició una etapa de consolidación. Enrique Tudor derrocó a Ricardo III y se proclamó rey con el nombre de Enrique XVII, al que le siguió Enrique XVIII.

Francia, a finales del medioevo, poseía la monarquía más cohesionada, extensa y poderosa de Europa Occidental. Luis XI, quien heredó de su padre Carlos VII el prestigio y los aparatos institucionales de la monarquía, acentuó el autoritarismo y consolidó más aún las estructuras internas de su corona, enfrentándose a los grandes príncipes franceses (alta nobleza) que se resistía a perder sus dominios territoriales y políticos. Le siguieron Luis XII y Francisco I.

En España, las monarquías de los Reyes Católicos y las de Carlos I y Felipe II son los ejemplos de la monarquía autoritaria. Los Reyes Católicos se unieron en matrimonio en el siglo XV y gobernaron el territorio en conjunto si bien cada reino conservó sus propias leyes e instituciones como las Cortes y los Consejos. Y para consolidar su poder y su autoridad desplazaron a la alta nobleza despojándole de la gran influencia que en otros tiempos tuvieron. Carlos I y Felipe II recogieron su herencia y siguieron sus pasos reforzando el poder monárquico, pero ambos se vieron obligados a jurar las leyes y a respetar los privilegios y costumbres de los reinos.

Monarquía absoluta

El Antiguo Régimen es un conjunto de estructuras políticas , sociales y económicas que caracterizan a varios países de Europa occidental entre los siglos XVI y XVIII, aunque algunos de sus rasgos son muy anteriores a este periodo y, otros, perdurarán tras las revoluciones de los siglos XVIII y XIX.

La forma de Estado predominante durante el Antiguo Régimen fue la monarquía absoluta o absolutismo donde el rey (monarca, zar, emperador) considera que su poder es de origen divino porque Dios ha delegado en él y le ha otorgado todo el poder sobre la Tierra y, por lo tanto, es ilimitado y sólo responde ante el mismo Dios, de ahí que a esta monarquía se la llame también de “derecho divino”.

Salvo en Holanda e Inglaterra, en el resto de los países europeos el sistema de gobierno autoritario que se dio en el siglo XVI culminó en la monarquía absoluta en el XVII.

Se produjo una concentración de poder sin precedentes en manos del rey aunque la nobleza y el clero continuaron disfrutando de ciertos privilegios pero no así el poder político que habían ejercido a través de instituciones representativas como posparlamentos, estados generales o Cortes, de origen medieval, que habían dejado de reunirse y de limitar los poderes del rey, especialmente en materia judicial.

Para conseguir tanto poder los monarcas absolutistas actuaron de forma semejante, de ahí que se den ciertas características comunes en el contenido de sus aparatos de poder:

  • se ocupan personalmente del gobierno, aunque ayudados de ministros o validos

  • reparten subsidios y pensiones entre la nobleza con el fin de tenerla bajo su dependencia

  • centralizan en la corte toda la administración para un total control

  • quitaron poder a los Parlamentos

  • unificaron leyes e impuestos

  • acabaron con la disidencia religiosa y sometieron ala jerarquía eclesiástica

Los monarcas absolutos concentraban así el poder legislativo creando y elaborando las leyes a su voluntad; el poder ejecutivo, haciendo cumplir las leyes a través de un aparato estatal o burocrático de funcionarios que permitía aplicar las leyes con mayor eficacia; y judicial, al ser el máximo representante de la justicia, impartiéndola incluso personalmente.

Controlaba el ejército al ser el comandante supremo de todas las fuerzas militares. Y controlaban, en fin, todas y cada una de las instituciones del Estado. Por lo que, el Estado en su conjunto (incluyendo a sus habitantes que eran considerados meros súbditos) era propiedad personal del rey.

La propaganda convierte al monarca en una figura paternal y le rodea de símbolos religiosos y de lujo extremo en su corte.

Además el poder real se ve fortalecido por la llegada de las riquezas de oro y plata de América y por las ganancias que obtenían del comercio al ladote una cada vez más creciente rica burguesía en detrimento de la vieja nobleza.

Pero había diferencias en el absolutismo tal y como era practicado en Turquía o Rusia, de forma más radical, o en los países de Europa Occidental, como en España, de forma más limitada, ya que casi todos ellos tuvieron que reconocer alguna limitación a su poder. Sobretodo con la llegada de una nueva corriente filosófica y cultural como la Ilustración, porque en este siglo, justo cuando la monarquía absoluta alcanzó su apogeo en Europa, se empezó a desarrollar un movimiento intelectual racionalista que atacaba a la religión y, de paso, al poder monárquico, por lo que muchos monarcas se vieron obligados a buscar un equilibrio entre lo que hasta ahora era la tradición y la nueva reforma racionalista.

Así es como surgió el Despotismo Ilustrado simbolizado en la conocida frase: “Todo por el pueblo, pero nada con el pueblo” porque los objetivos de racionalizar la administración y mejorar así el bienestar de sus súbditos prácticamente no se lograron.

Monarcas absolutos considerados déspotas ilustrados fueron: Federico II de Prusia, Catalina II de Rusia, José II de Austria o Carlos III de España.

Los fundamentos en los que se basa el absolutismo los introducen pensadores como el inglés Thomas Hobbes para quien la igualdad entre los hombres les llevaba a aspirar a todos a lo mismo y a poseer todos las mismas cosas lo que les hacía vivir en un es6ado de permanente guerra entorpeciendo la vida en sociedad por lo que defendía la autoridad del estado como única institución capaz de garantizar la paz y la seguridad. Así lo plasmó en su obra “Leviatán”. El filósofo francés Bousset sostenía que como al rey la autoridad le era concedida por Dios, no era responsable de sus actos ante ninguna institución ni anta ningún hombre.

Entre las monarquías absolutas más relevantes de Europa destaca la de Francia y, probablemente, la definición más contundente de monarquía absoluta la dio el propio rey de Francia, Luis XIV, cuando pronunció su famosa frase: “L' Etat, c'est moi” (El Estado soy yo). Con él nadie compartió el poder, ni aceptó ninguna limitación, quedando la nobleza excluida de los asuntos de gobierno. Los Parlamentos, que ya no tenían ninguna ingerencia, habían quedado suspendidos. Aunque Luis XIV, eso sí, se rodeó de inteligentes ministros. Luis XVI acabó siendo ejecutado por el pueblo.

El caso de Inglaterra es muy particular, porque si bien existió una monarquía absoluta en reyes como Isabel I que pretendían seguir este estilo de gobierno manejando a su antojo el Parlamento, no lo lograron durante mucho tiempo. Tras revoluciones y ejecuciones de cabezas coronadas, Oliver Cromwell instaura un sistema republicano. Con el tiempo el rey Guillermo III es proclamado rey con la condición de jurar, para sí y sus sucesores, una Declaración de Derechos, con lo que Inglaterra, en pleno siglo de las monarquías absolutas, dio el primer ejemplo de monarquía parlamentaria.

En España se sucedieron en la corona los austrias Felipe III, Felipe IV, Carlos II y los borbones Felipe V, Felipe VI, Carlos III y Carlos IV quienes mantuvieron el centralismo que habían implantado Carlos I y Felipe II, pero el poder lo ejercían a través de ministros llamados validos. Carlos III practicó el “regalismo”, política con la que pretendían imponer el poder real sobre el religioso, lo que desembocó en la expulsión de los jesuitas. Frenando VII puede considerarse el último monarca que ejerció el absolutismo en España.

Monarquía constitucional

Las monarquías europeas pasarán del ejercicio del poder absoluto a la monarquía constitucional y parlamentaria, salvo Inglaterra que ya lo hizo desde hace tiempo.

En pleno siglo XIX, durante la llamada Restauración, se produce una defensa de los principios del liberalismo como doctrina política que defiende los derechos, las libertades y la iniciativa individuales y limita la intervención del Estado en la vida social, un liberalismo que luchará contra el Antiguo Régimen. Y este afán por conseguir estos derechos y libertades reconocidos ya en la Revolución Francesa, dio lugar a una serie de revoluciones en Europa que reclamaban Constituciones que limitaran los poderes de los monarcas, que establecieran la soberanía nacional en los distintos Estados y la elección de unos Parlamentos. A partir de ahora la monarquía se vuelve constitucional dependiendo no sólo de la legitimación de un monarca designado de acuerdo a unas reglas de sucesión, sino también de un parlamento, elegido a su vez por sus propias normas.

En 1871 se aprueba en Alemania una Constitución y el Parlamento aprueba leyes y presupuestos, pero nunca se opondrán al emperador y a su canciller.

En Austria-Hungría, el emperador Francisco José siguió controlando el poder político apoyado por la iglesia, el ejército y la aristocracia.

En Francia hubo muchas revoluciones y se alternó periodos de monarquía absoluta con Carlos X de Borbón, con monarquías liberales con Luis Felipe de Orleáns, imperios y repúblicas, pero en 1880 se instauró definitivamente la III República.

En España en 1820 se inicia la primera oleada revolucionaria contra la monarquía absoluta de Fernando VII consiguiendo tres años de monarquía constitucional pero pronto se vuelve a la anterior situación. Con Isabel II se recobra la monarquía constitucional aunque el monarca conserva aún mucho poder en sus manos. Más tarde una I República, luego monarquía constitucional pero con soberanía compartida con Alfonso XII. Tras un gobierno dictatorial con Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII intenta volver a la situación anterior, pero en 1931 llega la II República. Tras un largo periodo de dictadura, en 1975 se instaura en España la Monarquía constitucional con Juan Carlos I.

Hoy las monarquías constitucionales están limitadas a algunos pocos Estados de Europa Occidental como España, Bélgica, Países Bajos, Gran Bretaña, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega y Suecia; y de Asia como Japón, Tailandia, Nepal y Birmania, en donde el jefe de Estado (el monarca) es una figura representativa y un símbolo de unidad nacional.

SISTEMA REPUBLICANO

La república es una forma de gobierno opuesta a la monarquía en la que la jefatura del Estado se provee por elección. Normalmente implica un régimen constitucional.

La republica semipresidencial, tiene un presidente elegido por un periodo de cuatro años, que es a la vez jefe de Estado y de Gobierno, pero no puede tomar decisiones de forma individual ya que cualquier decisión política tiene que estar respaldada por un consejo de ministros que él mismo elige. No forma parte del Parlamento, institución que le controla, como por ejemplo EE.UU.

En la república presidencial, el presidente es el jefe del ejecutivo, el primer ministro, y el presidente de la república es solamente jefe del estado, careciendo de poderes políticos, como por ejemplo en Francia.

Históricamente, la república no ha sido siempre concebida como una forma de gobierno de contenido democrático (democracia y república no son sinónimas pues la democracia como forma de Estado puede funcionar con gobiernos monárquicos o republicanos) basada en la idea de la igualdad política de todos los ciudadanos y en respeto de los derechos y libertades de todos los individuos. Ni en Roma, ni en la Edad Media, ni antes del siglo XVIII, los pocos pero importantes ejemplos de repúblicas como Venecia, Florencia, la Inglaterra de Cromwell…, tenían esos caracteres y más bien eran formas políticas destinadas a asegurar el poder de las oligarquías económicas, comerciales, etc.

El nuevo concepto de república basado en la separación de poderes, en los derechos y libertades de los ciudadanos y en la soberanía popular, nace en el siglo XVIII con la constitución de los Estados Unidos de 1878 y con la Revolución Francesa después de la monarquía. A partir de entonces, república sí fue un concepto dialécticamente opuesto a monarquía como expresión del reconocimiento de los derechos del pueblo y del origen del poder y de la soberanía, que las monarquías, todavía entonces, en su mayoría, hacían recaer en la persona del rey. Y así la república se convirtió, políticamente, en la expresión de la modernidad y de la oposición a los sistemas que se basaban en la desigualdad.

Durante el siglo XIX y principios del XX la forma republicana siguió siendo minoritaria y, con excepción de Francia, Estados Unidos, I República Española y las repúblicas latinoaméricas, las formas monárquicas fueron predominantes.

Hoy en día, toda América latina, Estados Unidos, casi toda África, la mayoría de los países asiáticos, el resto de los países europeos (Francia, Alemania, Italia…), Rusia… han adoptado la forma de gobierno republicana.

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