Historiografía

Historia. Tendencias Historiográficas Actuales. Historiografía. Historia de la Historia. Filosofía de la Historia. Historia evenemencial. Historia Diplomática. Historia política. Historia cuantitativa. Historia estructural

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TENDENCIAS HISTORIOGRÁFICAS ACTUALES

Moreno Alonso trabaja sobre todo acerca de la época de Napoleón. Tesis: “Historiografía romántica española”.

Para Moreno Alonso, la Historia es todo.

Nos vamos a familiarizar con libros, tesis, tendencias más recientes en el campo de la Historia. “Cómo se cocina la Historia Contemporánea”. Autores presentes y actuales en este último medio siglo, puntos de referencia obligada.

Le rendiremos pleitesía a 2 grandes historiadores franceses: Fernand Braudel y Marc Bloch. Marc Bloch escribió su obra en un campo de concentración (Introducción a la Historia, en realidad El oficio del historiador).

George Lefebvre era un humilde profesor de instituto, estuvo estudiando durante años en los archivos sobre el comportamiento de los campesinos en la Revolución, y con 65 años presentó su tesis en 20 tomos, obtuvo la cátedra y escribió muchos libros.

El profesor habla de la grandeza de América y de la envidia que se le tiene. Critica a la URSS y al marxismo (sobre todo al francés, el inglés es diferente).

EXAMEN: texto de un historiador y 2 ó 3 preguntas. Aprecia las preguntas en clase, la asistencia.

La Historia es la construcción del “saber histórico”, depende de las cuestiones que el historiador se plantea respecto del pasado; es muy importante la curiosidad. Penant decía que el historiador debía tener una gran curiosidad. Hay que distinguir entre lo verdadero y lo falso en la Historia (no de lo verosímil).

Las publicaciones históricas se pueden clasificar en distintos tipos: saber histórico especializado (tesis, artículos de eruditos); luego están las obras de divulgación, de destino mayoritario, no son obras de investigación, hoy es el tipo mayoritario, hay mucha gente interesada en leer libros de Historia. Uno de los géneros más difundidos actualmente son las obras históricas generalmente escritas por periodistas (las editoriales tienden a rechazar las obras de historiadores, por ejemplo una biografía de Carlos V). Un caso muy significativo de esta historia de divulgación es el italiano Indro Montannelli (historia de los griegos, de los romanos, se permite muchas libertades, la gente prefiere leer estas obras, a los editores les interesa publicar más libros de escritores que de historiadores). Muchas veces los historiadores no son buenos escritores. Mommsen recibió muchas críticas por parte de la comunidad científica, se consideraba que el oficio de historiador estaba reñido con escribir bien. En la actualidad el saber histórico de los especialistas tiene un campo reducido: revistas, publicaciones especializadas. Son los tres tipos de publicaciones sobre el saber histórico.

Desde la crisis del marxismo hay un importante cambio en la historiografía, se ha hecho más diversa, compleja. La Historia se ha interrelacionado con los saberes de otras ciencias sociales (antropología, sociología...). Se ha producido una internacionalización de la Historia, la Historia se ha hecho más extensa y compleja.

En los últimos 25 años ha habido una mayor demanda por parte de organismos públicos (parlamentos, diputaciones, ayuntamientos...). Los archivos se han catalogado, la sociedad ha tomado conciencia del valor patrimonial de los archivos, se les da mayor atención. Los archivos privados también tienen una gran importancia. En los últimos años las autoridades están organizando los archivos.

La Historia ha tomado un dinamismo extraordinario, se investiga y publica mucho más que antes, aunque en los últimos años ha sido la historiografía local y regional la que ha cobrado mayor auge, se dan facilidades. En 1979, por ejemplo, no existía aún una Historia de Andalucía, el desarrollo está relacionado con el de las Autonomías. Es más fácil realizar estos estudios porque los archivos están más cercanos, disponibles. Pero llega un momento de cierto hartazgo de tanta historia local y regional, hay una tendencia a buscar otros temas de distintos ámbitos.

La Historia es ilimitada, las posibilidades son inmensas, es un saber infinito e ilimitado. Se enriquece continuamente, no sólo es buscar los datos, sino también sacar conclusiones, hacer nuevas interpretaciones, etc. Se encuentran nuevos materiales, fuentes, hay nuevas visiones, la Historia es un proceso continuo de rehacer el conocimiento del pasado. La curiosidad del historiador es muy importante.

También es fundamental el interés en los trabajos históricos. Para que sea interesante el historiador ha de partir del mundo presente! máxima de Croce “toda Historia es Historia contemporánea”. Alejandro Magno, por ejemplo, puede verse desde muchas ópticas. La obra Memorias de Adriano se hace desde una perspectiva actual, con una visión de Estado e ideas políticas modernas, es un hombre pacifista... Es fundamental la perspectiva actual.

El saber del historiador es diferente al del novelista, pues éste último inventa la Historia, aunque en algunos casos se puede reconstruir mejor la Historia desde la novelística.

También es muy importante el interés de los libros de Historia la época, por ejemplo, la guerra civil española es un tema de gran interés, el 2º tema más estudiado tras la Revolución Francesa. La biografía es abundantísima. También es muy atractiva la República española, la crisis del 98 (pérdida de las colonias), la guerra de la Independencia, crisis del Antiguo Régimen. En el 2000 fue el V Centenario del nacimiento de Carlos V; este año estamos en el IV Centenario de la primera parte del Quijote... estamos en una época en que las efemérides son muy importantes para el desarrollo de la investigación.

Le Roy sorprendió al mundo escribiendo un maravilloso libro sobre una pequeña aldea francesa. Encontró en los archivos del Vaticano una gran información sobre la Inquisición, con declaraciones fascinantes. Sobre la base de una pequeña comunidad en el Languedoc (siglo XIV) dio una magnífica imagen de la vida cotidiana. Se reconstruyeron hasta los usos y costumbres amorosas.

La Historia es un saber que se construye de manera artificial y el historiador debe mostrar las pruebas de la verdad. Así se construye la Historia, que es la reconstrucción del pasado, hay que construirla de una manera sólida como un edificio.

El número de publicaciones ha sido tan grande que se puede llegar a un cierto “relativismo histórico”. El sentido de la Historia como un saber contundente, con un método determinado, en la actualidad no existe, llevando al grave riesgo actual del relativismo. Sumerge al historiador en un mundo de grandes dudas. Las novelas históricas más que hacer Historia la descomponen.

La nueva Historia parte de la base de que no se pueden crear principios absolutos. Complica el problema de la fragilidad de la Historia, y la subjetividad. Hay 2 principios, el del descubrimiento y el de la innovación, que son imprescindibles en la Historia, es fundamental para calibrar la consistencia del saber histórico.

Benedetto Croce, en Teoría e historia de la Historiografía (1915), sentaba la tesis de que toda Historia es Historia contemporánea, es un principio válido que persiste, debe escribirse desde un punto de vista que tenga interés. El historiador escribe siempre al presente, la Historia es interesante si interesa al presente; hace que el historiador se comprometa con el estudio del pasado (“la memoria histórica”, “la memoria del presente”). Al estudiar el pasado, el historiador contemporáneo se compromete con la memoria de la Historia colectiva (por ejemplo, exigir responsabilidades por la guerra civil, desenterrar fosas...). Ocurre también en Alemania. Esto ha venido a contradecir el principio de la objetividad del historiador. El principio de que toda Historia es Historia contemporánea ha tenido algunas críticas, incluso la validez de la Historia Contemporánea (según Nora). Es una contradicción, la Historia denominada contemporánea sería pasada. Ha habido, por tanto, un cambio importante. Los principios de la Historia han sido cuestionados.

Para los griegos, la Historia, ya entonces, era sinónimo de encuesta (lo que hoy entendemos por sociología y periodismo). Herodoto (considerado el primer historiador) justificaba sus investigaciones para que las hazañas de los hombres no cayeran en el olvido, hacía una labor de encuesta, lo que se pensaba y creía. Refleja incluso una preocupación por la memoria colectiva, hacía una especie de “historia oral”. Más moderna es la visión de Tucídides; era general, narra la Historia desde el punto de vista del conocimiento propio que tiene de los hechos, quiere hacer una obra útil (el principio de la utilidad de la Historia, la Historia es importante para las generaciones futuras).

Principales postulados sobre los que se ha asentado la Historia Contemporánea. Reinhardt Koselleck ha escrito Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, donde fija los postulados que fundamentaban la Historia Contemporánea. El 1º se basa en una verdad que permanece del testimonio directo. El historiador se apoya sobre acontecimientos que los actores han visto con sus propios ojos (como Tucídides). La presencia de testimonios oculares y auriculares define el espacio de investigación en la Historia. Pero como sólo es posible en determinados momentos, hay que valerse de testimonios indirectos (escritos, rumorología, etc.). El historiador no puede condenar, debe comprender el pasado con ecuanimidad. La Historia está en función de las noticias que llegan de lo sucedido; de ahí la importancia de la investigación de las fuentes. Otro postulado es la ausencia de ruptura entre pasado y presente (concepción cíclica del tiempo que viene desde la antigüedad). Está el problema de las periodizaciones históricas. Para los antiguos, el pasado puede reproducirse en el futuro. El historiador siempre ha tenido la tendencia de buscar en la Historia ejemplos que se proponen como modelos contemporáneos.

Existía la idea, ya en los antiguos, que cuanto más próximo a los acontecimientos está el historiador, más próximo se está a la verdad. Pero el distanciamiento permite obtener más perspectiva (por ejemplo, durante la Revolución Francesa). Manuel Chaves, escritor sevillano, escribió un libro sobre la revolución rusa: Memorias del maestro Juan Martínez que estaba allí. Es una crítica al régimen comunista, intuyó lo que aquello sería, un bailaor en medio de la revolución. Por tanto, no siempre por estar allí se tiene una mejor visión del pasado.

Otro de los postulados importantes es la perspectiva. Piero della Francesca, en esa época se descubre la perspectiva, dar la impresión en un fondo liso de que unas imágenes anteceden a otras. Cuando lo descubrió, Piero della Francesca dijo: “que cosa tan dulce es la perspectiva”. En el siglo XV la persecución de la perspectiva es fundamental.

Desde el punto de vista histórico la perspectiva es muy importante, entresacar las cosas más importantes con el conocimiento que da la lejanía. El conocimiento del pasado depende de la perspectiva del autor; debe suplir con planos el no haber estado allí. En la Edad Moderna los historiadores dividieron la Historia en períodos diferentes. La Historia Contemporánea surge con la Revolución Francesa, los historiadores de la época llamaron “contemporánea” a la Historia del momento, se ha mantenido desde 1789 hasta la actualidad. Uno de los principales historiadores de finales del siglo XIX, Ranke, fue ya consciente de la inexactitud del término, se constituye en el pontífice de la escuela positivista. Distinguió entre dos tipos de Historia: una, la historia nueva, y la historia más nueva. La historia nueva comenzaría con el descubrimiento de América, y la historia más nueva con la Revolución. El impacto de la Revolución fue enorme. En principio, sería la Historia de los hombres coetáneamente a quien escribe. Hay una preocupación por esta Historia próxima, que interesaba más.

Chateaubriand fue un romántico por naturaleza, viajó por toda Europa, y al final de su vida publicó sus memorias. La palabra “contemporánea” ha recibido muchas críticas, pero se mantiene vigente. En muchas cosas Napoleón es contemporáneo nuestro, pero hay diferencias.

Muchos historiadores ya retirados no creen en la “historia del mundo actual”, historia del mundo de hoy, porque no hay perspectiva. Sólo en estos años de la Historia post-moderna se va perdiendo el respeto a la perspectiva. Hay también otra perspectiva, la perspectiva hermenéutica, está en función de las fuentes. Surge con la profesionalización de la Historia en el siglo XIX.

El propio Ranke decía que dentro de la Historia más reciente estaba la tentación “contemporaneista”, había que contar las cosas como realmente habían sucedido. Hablaba de la necesidad del olvido del presente. En la actualidad este debate está prácticamente superado. Pero todavía hay autores que dicen que faltan fuentes para estudiar la historia actual (por ejemplo, los archivos de Pío XII del Vaticano aún no están disponibles; muchos archivos soviéticos tampoco; en Estados Unidos hay restricciones respecto a la vida de presidentes norteamericanos, hasta Eisenhower o Truman). Por tanto, la perspectiva hermenéutica es fundamental. Las reglas de la hermenéutica fueron fijadas ya en el siglo XIX. Hay grandes dificultades para los historiadores de épocas más recientes. La mayor parte de los historiadores se dedican a tiempos anteriores.

La profesionalización de la Historia comienza en el siglo XIX, se han establecido muchos principios aún vigentes. Los eruditos siempre manifiestan una desconfianza grande por la historia reciente, escribir sobre el mundo reciente desde la perspectiva del historiador (distinta a la del periodista). El trabajo del periodista es muy chapucero (o no hay reflexión, o se pasan). Este sistema de trabajo “repugna” bastante al historiador.

De todo esto fueron conscientes los historiadores del método histórico (cientificistas), llegaron a tener tal aversión a la Historia Contemporánea que lo que más primaba era hacer la Historia más antigua posible, se hacían estudios de la Antigüedad, a la que se dedicaban los más preparados; los menos a la Historia Contemporánea. Los jóvenes más prometedores se dedicaban a la Antigüedad (debían saber griego, o jeroglíficos...). Por eso, los trabajos más meritorios son los más alejados en el tiempo. Esto fue así fundamentalmente hasta la Primera Guerra Mundial.

El método histórico se ha ido “suavizando” bastante. A finales del siglo XIX-inicios del XX eran fundamentales los conocimientos filológicos de los historiadores de la Antigüedad. Hay una gran diferencia entre como se hacía la Historia en la época cientificista y la actual. En la actualidad, se apela al carácter de oficio, de carácter profesional de los historiadores.

Se advierte una repugnancia de los universitarios, de los historiadores, por la historia reciente, de ahí que la Historia Contemporánea ha sido monopolizada durante mucho tiempo por “amateurs”, hacían obras generales, con frecuencia de carácter anecdótico, relatos o historia evenemencial (de eventos). Solían ser personas de poca cultura clásica, que concebían la investigación como un medio político, muchos historiadores eran políticos profesionales. Thiers se convirtió en el modelo de este tipo de historiador, en España Castelar, Cánovas (más riguroso), don Jesús Pavón en Sevilla (fue político, tuvo muchos discípulos, es un historiador de prestigio).

La Historia Contemporánea con este nombre se puso en Francia en el siglo XIX. Fue importante la aparición en 1890 de una de las primeras revistas especializadas de Historia Contemporánea: “Sociedad de Historia Contemporánea”. Se publica la obra de Hippolyte Taine, Los orígenes de la Francia contemporánea. Tendrá muchos imitadores, es una obra muy politizada, crítica con la III República francesa, pero tiene una gran claridad. Es modelo de la buena escritura de Historia. D. Miguel Artola publicó Los orígenes de la España contemporánea. Taine es una figura excepcional, al mismo tiempo es una investigación sobre la Historia. Parte de los antecedentes de la Revolución.

Las imitaciones son obras muy politizadas, en muchos casos parten de una determinada visión de la Revolución. Se creó la cátedra de “Historia de la Revolución Francesa”, la más importante (1884). Se crea en pleno apogeo de la III República Francesa (tras el desastre de Sedan). Es una cátedra muy politizada, de gran relevancia e influencia. Todos ellos son republicanos sinceros, cuando alguien no se adaptaba a los esquemas era profundamente atacado. Pasaron historiadores del relieve de Lavisse, prácticamente era el que mandaba en la cultura francesa. Tiene una Historia de Francia (muy anterior a la de Menéndez Pidal). No era uno de los historiadores “amateurs”, era un gran historiador, quizás el más importante de Historia Contemporánea. Una tarea fundamental era divulgar la historia de la República (I República). Se llamaba Historia de Francia hasta 1919, historia de gran rigor, el primer tomo era un libro dedicado a la geografía de Francia (será algo característico), a Lavisse se debe que se estudie la Historia ligada a la Geografía. Escogió para ello a uno de los grandes geógrafos franceses, Vidal de La Blanche.

Surge el historiador de Historia Contemporánea. Se crearon cátedras de Historia Contemporánea, el punto de partida era recoger la memoria colectiva y explicar los acontecimientos recientes. Está el texto “El método histórico” en la Historia Contemporánea. Se busca un mayor rigor, había cierto complejo con la Historia Antigua. A finales del siglo XIX surge la Historia Contemporánea como un saber reglado, con método histórico. El interés fundamental está en la Revolución, era el centenario de la Revolución Francesa, la III República trata de prestigiar sus orígenes, se convierte en la parte más subvencionada, apoyada por la Historia. En otros países se seguirá el sistema revolucionario francés, había una gran influencia cultural francesa. Los historiadores contemporáneos se dieron cuenta de la importancia de la publicación de documentos, se publican documentos de la Revolución (por ejemplo, la correspondencia de Napoleón). Se hacen numerosas tesis, el interés se concentra cada vez más en la Historia Contemporánea y surge la “Revista de Historia Contemporánea”. La Historia Contemporánea se dota de un método positivista, estaba ya perfectamente forjada.

Uno de los artífices de esta nueva forma de escribir Historia es un profesor famoso, Seignobos, enseña Historia Contemporánea en la Sorbona, publica un libro de método histórico (Introducción a los estudios históricos), conocido actualmente sobre todo por las duras críticas de L. Febvre (Combates por la Historia). Hace la crítica en los años 30, probablemente habría tenido algún problema personal con Seignobos, era una crítica injusta. La vigencia de Seignobos perduró en España durante más tiempo, hasta los años 70 no se tradujo. Durante más de 30 años Seignobos fue “la Biblia” en Francia, demolida por Febvre. La obra de Seignobos tiene varios puntos criticables. Dice que la masa de documentos en Historia Contemporánea es tan grande que es imposible la crítica de las fuentes (es un error). Dice que por la perspectiva era imposible una Historia Contemporánea. Y está en contra de elaborar interpretaciones o explicaciones convincentes de forma indiscutible.

Hay una gran diferencia a partir de la Primera Guerra Mundial, un antes y un después. Tuvo un peso impresionante, es una guerra de dimensiones y pérdidas impresionantes. Provocó un efecto demoledor sobre la cultura, la Historia. Lavisse no lo entiende, tiene aún una concepción positivista.

Por tanto, la Historia está condicionada por los hechos históricos. Muchas reglas de Seignobos ya no tienen sentido. La Primera Guerra Mundial se convierte para muchos en el acontecimiento más importante, pasa a un primer plano de la memoria colectiva, las causas de la Primera G. M. pasan a un primer plano de los estudios históricos. Se va produciendo un desplazamiento un desplazamiento de los estudios de la Revolución Francesa a la Primera Guerra Mundial, será “la gran gesta”: sin Primera G. M. no habría habido Revolución bolchevique en Rusia, para el profesor tuvo más importancia que la Segunda G. M. Produjo también una gran sangría intelectual. Se nota en todos los sentidos. Hay ya una manera diferente de ver la Historia. Por tanto, la forma de ver la Historia está marcada por los propios acontecimientos históricos. En España la H. Contemporánea se ha estudiado menos, no participó en la Primera G. M. por ejemplo. En la Guerra Civil murieron unas 300.000 personas. La batalla de Berlín fue la más dura de la Segunda G. M. También la Segunda G. M. originó un enorme trauma en la sociedad, tiene su repercusión en la memoria colectiva de la Historia Contemporánea.

Filosofía de la Historia

No es Historia. El más importante al respecto es Hegel. Es una abstracción de la Historia. A los filósofos, la exactitud de la Historia no les importa, les importan las grandes generalizaciones. Ortega, por ejemplo, tiene grandes errores al escribir sobre Historia. Según los historiadores, ni es Historia ni es Filosofía.

Pero hay que tener en cuenta la mirada de los filósofos, ya desde la Antigüedad. Hay filósofos que aportan importantes consideraciones sobre la Historia (Herder, Hegel...). La filosofía tiene un gran descrédito entre los historiadores; y a los filósofos no les interesa el trabajo de los historiadores. El método histórico es “antifilosófico”, de ahí las críticas de los filósofos, consideran la Historia un saber vulgar, menospreciando la investigación histórica.

Benedetto Croce es una de las grandes cabezas europeas, muere en los años 50 del siglo XX. Goza de gran respeto, Mussolini no se atreve con él pese a las críticas a las dictaduras. Es absolutamente independiente. Nació en la parte oriental de los Apeninos, hijo de una familia muy rica, que murió en un terremoto. Esto acentuó su inteligencia y capacidad de análisis. Tuvo sus propios “pedagogos”. Era muy atento de las corrientes de pensamiento, estudió la cultura alemana, luego se aisló en Nápoles haciendo una gran obra de investigador en temas históricos, de ensayista y filósofo. Es un hombre de prejuicios, por ejemplo respecto a los españoles (presencia española en Italia, Saco de Roma, etc., le predispuso contra España, aunque de joven viajó por ella). Dice cosas honorosas contra los andaluces, españoles, sólo le gustan las mujeres. Era un hombre agnóstico. Tenía una gran sutileza, agilidad mental. Director de la Revista Crítica. Hace su obra de historiador junto a la de filósofo, ataca a los filósofos. Reivindica la Historia Contemporánea. Una de sus grandes teorías es que la Historia ha de estar en simbiosis con la vida. Reflexiona sobre la necesidad de tener anclaje en el tiempo presente. El historiador ha de reflexionar sobre el pasado y saber de filosofía. Es un cruzado de la libertad, anticomunista y antifascista. Los historiadores marxistas quisieron silenciarlo. Croce es un personaje fundamental para la historiografía, en Italia y en más países.

Entre las críticas, a pesar de ser hegeliano, idealista, está Nietzsche, autor de moda a finales del siglo XIX y parte del XX. Nietzsche tuvo gran predicamento, Croce lo critica. Se había pronunciado en contra del exceso de estudios históricos, pedía a la Historia dar motivos de grandeza. Llegó a escribir que el método histórico era “el más grande error del siglo XIX”. Su peso y el de sus seguidores hace que la Historia quede empequeñecida respecto a la Filosofía. Croce critica esta visión peyorativa de la Historia.

Mientras esto ocurría se iba extendiendo en Europa la difusión del método histórico, hay mayor rigor en la investigación. Seignobos y sus discípulos extienden el método histórico, se empieza a aplicar a la Historia Contemporánea, se delimitan períodos históricos, aumenta el nivel en la investigación de la Historia Contemporánea.

En 1914 Louis Halphen publica La Historia en Francia en los últimos 100 años. Hace una valoración de toda la historiografía europea, sobre todo francesa, en todo el siglo anterior. Se aprecia como los libros son más rigurosos, han cambiado de aspecto, los temas que más se han estudiado (sobre todo la Revolución Francesa, a través de la cátedra creada en la Sorbona, era la que más dinero recibía, con historiadores como Albert Mathiez, George Lefebvre...).

La Primera G. M. supuso un enorme impacto, se plantea el estudio de las relaciones internacionales, se había hecho aplicándolo a la época de la Revolución (coaliciones en contra de Francia, explica la política agresiva de Francia). Se estudia ahora la Primera G. M. Surge el nombre de Renouvin, el gran pionero de los estudios de las relaciones internacionales. Se ponen de moda los “estados de la cuestión”, explicar lo que se sabe sobre un tema, antes de decir lo que se va a innovar.

Otros grandes acontecimientos que se estudian son la guerra franco-prusiana de 1870 (da comienzo a la III República Francesa). En este ambiente de renovación de los estudios históricos surge en la Universidad de Estrasburgo la famosa revista de los Annales, producto de los 2 grandes maestros, M. Bloch y Lucien Febvre. Bloch era medievalista, y Febvre modernista. Quitando a Renouvin casi no hay contemporaneistas. Pero ambos le dieron una gran importancia a la Historia Contemporánea.

Introducción a la Historia de M. Bloch. Ve la enorme importancia de la Historia Contemporánea. Tras la gran guerra se priman los estudios de Historia Contemporánea. Bloch dice que no se puede comprender el pasado sin comprender el presente. Diferencia el trabajo del historiador de oficio del trabajo del periodista, aficionados, los polígrafos, etc. El historiador debe trabajar de otra forma. Lo más importante era hacer la Historia problemática, problema, el trabajo del historiador es resolver problemas históricos.

Pero la Historia presente no toma cuerpo hasta después de la Segunda G. M., cobrando las dimensiones que tiene en la actualidad, cuando tendrá más aceptación en el mundo universitario. La Historia Contemporánea es la que más interesa. El dominio de otras ciencias sociales se aplica más fácilmente a la Historia Contemporánea, surgen nuevos métodos...

Se va diferenciando entre Historia Contemporánea e Historia presente, del mundo presente. Al principio hay resistencias, por cuestión de perspectivas. Hay controversias sobre la definición de “Historia del tiempo presente”: el que coincide con la duración de la vida, la contemporánea sería la Historia a partir del momento en que no hay apenas supervivientes. La originalidad de la Historia del tiempo presente es que haya testigos vivos. Hay también diferencia de fuentes, para la Historia Contemporánea son fundamentales las fuentes “clásicas”, escritas, en la del tiempo presente sobre testimonios orales, encuestas, etc. Albert Camin dio una definición muy discutida, el periodista era el historiador del instante. Pero los presupuestos de la Historia del mundo presente siguen discutiéndose.

También se define la Historia del tiempo presente como “la Historia inmediata”. La Contemporánea sería la inmediatamente anterior a la inmediata. El interés por esta Historia es cada vez mayor: asignaturas, libros, etc.

El peso académico es tan grande que muchos historiadores viejos tienen reservas respecto a la Historia inmediata. En Historia del tiempo presente son trabajos bastante más ligeros, provisionales. No les preocupa el tema de la perspectiva. En la Historia reciente hay mucho periodismo, desgraciadamente. Hace falta darle más seriedad.

En cuanto al panorama en España de la Historia del presente, se puede decir que no hay; hay mucho periodismo, son trabajos que no tienen tanta influencia como estudios anteriores como son los de Bloch... se hacen cosas malas y sin seriedad de nuestra Historia presente. Lo cual no quiere decir que no se estudie la Historia actual de nuestro país.

La Historia evenemencial

Es una Historia que ha estado devaluada durante muchos años, es una palabra que procede del francés (evento). Lucien Febvre y la escuela de los Annales hablan de ella. La Historia evenemencial trata de la narración de eventos históricos, políticos, guerras...

En 1931 Febvre habló en contra de Bourgeois, historiador de la Historia oficial en Francia, mandaba mucho en Francia. Bourgeois no seguía el método histórico, escribía obras de divulgación. Escribió un manual de Historia diplomática, por ello Lucien Febvre lo criticó. El Manual de Historia Diplomática arrancaba desde la Comuna en Francia, hasta los inicios de la Primera G. M. Febvre tenía algo en contra de Bourgeois, por ello la crítica fue brutal. Es la primera vez que se utiliza la palabra evenemencial: narración de los hechos (proscrito).

La Revista de los Annales también criticó este tipo de Historia orientada a la política que contaba muchas batallas... empieza a ser mal vista la Historia política; mucha gente hoy desprecia la Historia porque creen que sólo se compone de batallas.

Esta Historia evenemencial, sin embargo, aportó cosas importantes, ante la injusticia de estos ataques hay que ver que algunos de ellos innovaron cosas tomando momentos como puntos de partida para la Historia y además con gran nivel. Con frecuencia esos libros hicieron que los historiadores de Historia Contemporánea ampliaron sus conocimientos. Se estudiaron sobre todo desde la Revolución Francesa hasta la Primera G. M. y los tratados y relaciones internacionales (libros dotados de una base científica, libros que hoy leemos y son de gran talla).

Después de 1931 y la condena de Febvre, vino Braudel, su discípulo, que en 1958 publicó un artículo donde ataca a la Historia evenemencial y extiende su definición desde la Historia tradicional hasta Historia política. Estudiar la Historia de un rey, de un reinado, de una batalla... se consideró algo evenemencial (algo espantoso según el profesor Moreno Alonso). Para Braudel la Historia evenemencial era sinónima de Historia política y tradicional .

Se empezaron a rechazar las biografías, y esto ha llegado a nosotros hasta los años 90 del siglo XX donde nadie escribía Historia tradicional. Hoy vemos precisamente que es lo contrario, hoy abundan las biografías (sobre todo las bibliotecas americanas que tienen muchas bibliografías donde esta estupidez, según Moreno Alonso, no llegó), es más, las obras de Braudel se tradujeron en los países anglosajones, mientras que en España no.

Un ejemplo de Historia evenemencial en el buen sentido es la historia consagrada al tema estrella de la Revolución Francesa, que es un hecho importante reconocido por todos, los franceses abordaron la Historia de la Revolución de manera evenemencial.

Pero hubo antes historiadores llamados precientíficos que se interesaron sobre la Revolución. A. de Tocqueville era un gran noble aficionado a la Historia que hace una labor de reflexión sobre la Revolución, atacó muchos tópicos de la Revolución. Abordó el tema del Antiguo Régimen y la Revolución en una obra excepcional.

Hubo otros precientíficos como Guizot (presidente del gobierno, escribió con claridad meridiana sobre la Revolución inglesa), Thiers y Michelet (representativo en la Francia del siglo XIX). La obra de Michelle es como una Biblia para Francia.

Otro autor hizo una crítica conservadora a la Revolución, se trata de Taine. Para Moreno Alonso la mejor Historia de Francia es precisamente evenemencial.

A partir de la creación de la Cátedra de la Revolución resurge con más fuerza la Historia evenemencial como consecuencia del centenario de la misma. Aulerd dice que es un adorador de la Revolución Francesa porque él era un revolucionario, la Revolución obligaba a contar su propia Historia. Muere Aulerd y Mathiez le sucede sosteniendo que el culto de reemplazar la religión católica puede ser considerado como una verdadera religión, hace una especie de teología. Mathiez se basaba en Robespierre. Abordó la Revolución a la manera de rehabilitar a las víctimas (buscador de la vida colectiva).

El continuador será Lefebvre, una gran figura en Francia, estudió el papel de los campesinos durante la Revolución. Luego vino Sauboult. Hasta la época actual la Historia ha sido meramente evenemencial.

La Historia Diplomática

Es la Historia de las relaciones internacionales. El gran estudioso de esta temática es un vez más Ranke. La relación entre los Estados era por medio de embajadores. En el siglo XIX, tras la guerra napoleónica, hay ya historiadores sobre estos asuntos. Uno de ellos fue el francés Guizot, fue hasta primer ministro de Francia.

Los traumatismos de Europa y los acontecimientos fueron las guerras napoleónicas, la guerra de 1870 (importante tanto en Francia como en Alemania), relaciones diplomáticas con América, pero la guerra de 1870 provocó una revolución una revolución impresionante ya que en el Salón de los Espejos se constituye el II Reich de Bismarck, el acontecimiento más estudiado por alemanes y franceses es precisamente la guerra de 1870. los franceses querían encontrar un responsable, por ello estudiaron las relaciones internacionales.

Albert Solé publicó una historia de la guerra franco-prusiana, es positivista (de método histórico). Él reclamó el hacer una Historia nueva y un método erudito con aporte de datos y consulta de los archivos de Estado.

Las explicaciones de la Historia no son los resortes de la justicia; la Historia no era la representante de la justicia. Él tenía interés por los personajes y el papel que jugaron. Esta nueva Historia produjo un efecto en los ambientes universitarios, era una historia narrativa.

El Manual de Historia de las relaciones diplomáticas fue muy criticado porque su autor había hecho una carrera política y ello lo llevó a ser historiador, aunque más bien publicista. Lucien Febvre critica a Bourgeois. El libro y el autor no demostraron rigor, porque se quedaba en un nivel muy ligero, porque no estudiaba los acontecimientos en profundidad y no tenía ni notas ni referencias bibliográficas.

Esa obra será el punto de partida del nombre de Historia de las relaciones internacionales por parte del alemán Sypln, escribió un estudio de Europa durante la Revolución Francesa.

El gran fundador de la Historia de las relaciones internacionales es P. Renouvin, gran historiador de después de la Primera G. M. En su carrera procedían inicialmente de unos cursos en la “Escuela Normal” (llamados normaliennes) y después hacían un examen que era duro y se hacían profesores hasta escalar puestos y llegar a la enseñanza universitaria, no es el caso de Braudel que no llegó a la universidad sino que se quedó en profesor de instituto, igual que el recién fallecido Domínguez Ortiz.

La tesis de Renouvin la hizo sobre las asambleas provinciales, pero su vocación como historiador surgió tras la Primera G. M. ya que él no pudo participar porque estaba mutilado. Su obra más importante es Historia de las relaciones internacionales (1953-1958) en 8 volúmenes. Tiene en cuenta el papel de cada Estado, la vida material, cultural y espiritual (habla de las fuerzas profundas) de las sociedades. El poder él lo basa en la economía, las relaciones políticas... Renouvin es un gran historiador porque le da vivacidad a la Historia, tiene en cuenta los factores geográficos, culturales, etc. para desarrollar una determinada política. Contó con un grupo de discípulos, el más importante es Durosell, estos alumnos se dedicaron a estudiar la Primera y la Segunda G. M. junto al periodo de entreguerras. Ello hizo que este tipo de Historia también se haya convertido en estrella en la Facultad de Ciencias Políticas y de Comunicación. Estos alumnos de Renouvin estudiaron las relaciones franco-alemanas, franco-italiana, proceso colonial, guerra fría, grandes potencias tras 1945...

Es una Historia práctica que tiene cabida en las escuelas del cuerpo diplomático. En el mundo actual tiene verdaderos especialistas en relaciones diplomáticas. Esta historia de relaciones internacionales también tiene en cuenta la opinión pública en los Estados; de hecho en 1962 Renouvin hizo una obra sobre este tema, fue una llamada a la importancia de la opinión pública porque también es un hecho histórico y guía las relaciones de los Estados (por ejemplo la reacción de los españoles en las manifestaciones contra EE.UU.! antiamericanismo que afloró en Madrid y el resto de España tras el atentado del 11-M). También influye la envidia entre los Estados creando tramas por ejemplo en Francia quedándose rezagada respecto a los Estados Unidos, creando tensiones (protestas, admiración y envidia hacia América). De hecho Francia envidia a América porque fue la que liberó París, y Francia no tomó manos en el asunto hasta el desembarco de Normandía en 1944.

Todo esto va conformando la opinión pública, incluso pudiendo decir que la opinión pública puede ser una base en esta historia de las relaciones internacionales. La opinión pública no es una historia de las mentalidades, incluso hasta las películas crean estereotipos que conforman la opinión pública. No confundir la estadística con la opinión pública, es el método estadístico para estudiar la opinión pública. La estadística utilizada por historiadores no da el mismo resultado que la utilizada por los sociólogos.

La Historia de las tendencias en las relaciones internacionales es fundamental en la historiografía (mencionar que durante la guerra de Irak el ministro francés de asuntos exteriores era especialista: tras su tesis, en los 100 días de la Revolución de Napoleón).

La Historia política es posiblemente la más estudiada, amplia en la actualidad. En los años 60 estaba mal vista estudiar la Historia política (por el marxismo y el estructuralismo). En los años de la G. M. se vivió la Historia política con intensidad, surgieron nuevos Estados que produjeron historias políticas nacionales. La gran meta era la búsqueda de los cauces democráticos, un campo privilegiado de los estudiosos fue el de las elecciones políticas, estudio de partidos, líderes políticos..., aparecen libros importantes. El propio Seignobos contribuyó con una historia de los partidos políticos y las elecciones. Se hace gran cantidad de biografías. Los ingleses desarrollaron mucho el género biográfico en época victoriana, pero será tras la Primera G. M. cuando se lleve al campo de la Historia. En 1923 se publicó un libro de Guizot, lo escribió Pouthas.

Historia cuantitativa

Esta tendencia sigue hasta la Segunda G. M. A partir de ahí el género entra en un letargo, las críticas habían sido duras (e injustas), nadie se atreve a escribir sobre estos temas. La moda era la Historia cuantitativa, la hegemónica en los años 50 y 60 (métodos estadísticos, análisis de “larga duración”). El punto de referencia son los Annales y la obra de 2 historiadores fundamentales: Braudel y Labrousse. Este tipo de historia es económica, y social. Se convierte en el estudio estrella, el punto de arranque fue la época posterior a la Segunda G. M., pero los orígenes están en la crisis del 29 (los historiadores se interesaron por el estudio de los fenómenos económicos: ¿por qué se había producido el crack? ¿Se habían producido antes?). Causas de los ciclos económicos, comportamiento de las economías nacionales... Un ejemplo es la obra de Hamilton, publica sus libros sobre la revolución de los precios en España, afán por el estudio de la Historia.

Hamilton es el gran historiador de la economía, aunque durante mucho tiempo fue silenciado por Labrousse y sus discípulos. Pero Hamilton es mucho más destacable, hizo estadísticas de la evolución de los precios. El pionero fue Hamilton, y las universidades pioneras fueron las americanas. Estados Unidos tras la Primera G. M. adquiere gran riqueza, las universidades se plantean nuevos ámbitos como la Historia económica. En los años 30 hay también un cambio generacional en los historiadores, se crean nuevos puestos, se busca innovar, superar la anterior historia tradicional, hay una utopía porque existía una “ciencia histórica”. Los Estados Unidos empiezan a tener mucho que decir.

Generalmente al hablar de Historia económica se cae en el error de pensar en Annales, es la escuela francesa, pero el género se cultiva desde mucho tiempo atrás. En la propia Francia en la Revista de Historia Moderna y Contemporánea hay muchos artículos de Historia económica desde 1829, el gran historiador es Henry Hause. Ocupó la cátedra de Historia económica de la Sorbona hasta 1937, era una forma algo tradicional. También en algunas universidades alemanas, según los principios de Max Weber, se cultiva. Weber es el gran teórico antes de la Primera G. M. Está vigente el principio de Humboldt: la Historia es una ciencia del contexto. Ya se están estudiando los métodos estadísticos, fundamentales para la Historia económica.

Pero el personaje famoso, mítico, es el francés Simiand. Realmente, no es historiador, es economista, pero en 1932 escribió una obra llamada El salario, la evolución social y la moneda. Provocó un gran predicamento intelectual, ejerce una gran influencia, ataca la corriente intelectual vigente en Francia. En esos años había una polémica entre historiadores y sociólogos respecto al método estadístico. Existía la obsesión de aplicar el método experimental de las ciencias naturales. Simiand se oponía a la corriente economicista abstracta, sostiene la necesidad de una economía abierta a la Historia y la sociología, dice que la Historia sólo será científica con los métodos estadísticos, permiten ver las tendencias en los comportamientos de los hombres (“variaciones concomitantes”), calcular medias, coeficientes de correlación, representatividad de los hechos. Estudia 1º la moneda y los salarios. Distingue la sucesión de movimientos cíclicos alternativos, hablará de la sucesión de las fases “a” y las fases “b”, las primeras son épocas de expansión y las “b” de recesión. Empieza a hablar de estructuras y de crisis coyunturales, y hablará de tres niveles de explicación en la Historia: la larga duración, la media duración y el tiempo corto. Con estas hipótesis se convierte en el punto de referencia posterior de toda la Historia económica.

Destacará Labrousse, se convierte en el “santón” máximo de la Historia en Francia tras la Segunda G. M., ejerce un gran poder en los medios universitarios, tiene muy buena prensa entre los historiadores de izquierda. Canaliza sus corrientes de opinión, lo convierten en un mito, reparte y crea puestos universitarios, y sus discípulos extenderán su método e influencia. Posteriormente se le criticará bastante.

Braudel nunca fue profesor de universidad, estuvo en institutos. Labrousse era el que otorgaba todo, tuvo un inmenso poder, monopolizó la Historia en Francia en los años 50, 60 y 70. Su gran mérito inicial fue traducir la obra abstracta de Simiand al lenguaje de los historiadores. La revista de Annales no consiguió que Simiand escribiera un escrito en ella. Labrousse era un “extraño a la Historia”. No venía de la “Ecole Normale”, ni siquiera fue profesor de instituto, había seguido cursos de Aulard. Era comunista y había escrito en periódicos comunistas de Francia como “L'Humanité”. Con estos precedentes, sorprende su ascenso. Rompió con el Partido Comunista en 1924, y a partir de ahí se interesó más por el estudio de la Historia. En 1933 publicó su tesis sobre las causas económicas de la Revolución Francesa, aplica las teorías de Simiand a las prácticas de historiador, utiliza la estadística.

El gran historiador de la Revolución era George Lefebvre, fue el gran historiador de los problemas sociales de la Revolución, estuvo toda su vida dedicado a estudiar el papel de los campesinos en la Revolución. Con 65 años publicó su tesis, en 20 tomos: Los problemas campesinos en el norte de Francia durante la Revolución. Le dieron la cátedra de la Sorbona. Comentario de Lefebvre a Labrousse: “trabaja como un historiador”. Pero Labrousse también recibió grandes críticas, Hausser le puso la crítica de la no fiabilidad de las estadísticas, y Hausser cayó en desgracia.

La fama de Labrousse es posterior a la Segunda G. M., fundó la “VI Sección”, la “Escuela de Altos Estudios”. Se convierte en el “pontífice” de los historiadores franceses. Hace triunfar la aplicación de los métodos estadísticos. Fue muy influyente, todo pasa por sus manos. Sucedió a M. Bloch en la cátedra de la Sorbona, y su fama creció e manera indiscutible. Todos los puestos en la Escuela de Altos Estudios dependen de él, las nuevas tesis (no habrá tesis donde no se nombre a Labrousse como principal mentor). Simiand influye mucho, pero sin Labrousse apenas hubiera tenido importancia. Labrousse jamás leyó un libro inglés. En los países más dependientes de Francia, como España o Italia, el “papa” de la Historia es Labrousse.

En 1933 Labrousse publica su tesis Esbozo del movimiento de los precios y los ingresos en Francia durante el siglo XVIII, una obra de economía. En 1944 presentó otra tesis de Historia: La crisis de la economía francesa a finales del Antiguo Régimen e inicios de la Revolución. Este libro ejerció un gran impacto, Labrousse ejerció un gran impacto y definió términos económicos como fluctuaciones, ciclo, movimiento de larga duración, coyuntura, etc. En realidad era un trabajo pedagógico donde se veía la influencia de Simiand. En el libro se hace una reflexión tomando como motivo la Revolución. G. Lefebvre decía que la Revolución no se podía entender sin ver las causas económicas: precios, relación de cosechas... privilegiaba la Historia de los precios. Este libro unido a que Labrousse ocupa la cátedra de Historia económica le convierte en el historiador más importante de Francia tras la vacante de M. Bloch. Será el historiador de moda de la historiografía más radical durante 2 generaciones.

Labrousse tiene más apoyo de los grupos políticos, más que L. Febvre. Hasta 1949 Braudel no será conocido. Labrousse evoluciona de la Historia económica a la social. Se convertirá en el gran historiador del Congreso Internacional de Ciencias Históricas de Roma en 1955, donde presentó un trabajo de la burguesía y sobre la base de las estructuras sociales. A partir de ese momento sus discípulos harán tesis siguiendo sus líneas de investigación. En posteriores congresos hay una adulación de Labrousse, impulsa gran cantidad de estudios, tiene las llaves de las publicaciones... (Moreno Alonso estuvo trabajando en la “Escuela de Altos Estudios”).

Pone la Historia en contacto con la Filosofía, una originalidad suya es que da un impulso a la investigación colectiva y al trabajo en equipo, se multiplican las universidades, etc. Labrousse daba mucho dinero para favorecer los estudios de Historia (esto creaba mafias y redes clientelares). Dota las plazas de las universidades con investigadores y a Labrousse se le debe el relanzamiento de la Historia tras la Segunda G. M. Se empezaron a utilizar las fichas en los trabajos.

Si vemos la relevancia de Labrousse la vemos en la influencia en los planes y docencia universitaria. Tanto su primera como su segunda tesis son obras con insuficiencias y en su época muy sobrevaloradas. Difundió el concepto de larga duración (large dureè), pero fue Braudel (historiador de más alcance) quien lo definió con más precisión en un artículo (1958) de la Revista de Annales. Labrousse quedó en una posición secundaria frente a Braudel (alumno de Febvre).

Braudel es el padre de la Historia estructural y estableció el tiempo multisecular: propone estudiar un tema desde el punto de vista estructural en un largo período de tiempo. El historiador debe interesarse por las fuerzas profundas en siglos o decenas de años. Entre los historiadores y los antropólogos franceses se estableció un conflicto por el concepto de estructura; fueron Durkheim y Lèvi Strauss. Braudel, frente a estos 2, dice que “sólo la Historia puede aclarar las determinaciones inconscientes...”.

La Historia estructural será la hegemónica en los años 50 y 60; la historia serial! estudio de historias estadísticas como resumen de un período amplio. La historia serial son series de números, Pierre Chaunu será el autor de Sevilla y el Atlántico (tiene 12 volúmenes de 200 págs. y son series de números). Esta obra tuvo un gran impacto pero recibió la crítica elemental muy pronto.

Pierre Chaunu vino a Sevilla con su mujer. La memoria de la eternidad es otra de sus obras. Es muy oscuro de pensamiento. Vino a Sevilla, se hospedó en una pensión e investigó toda la serie de pasajeros a Indias para ver el comercio de España con América en el siglo XVII, por lo que silencia el asunto del contrabando porque no hay documentos de esto. No fueron aspectos reflejados estadísticamente. Chaunu, tras escribir esta obra monumental, dejó la historia serial y se dedicó a la historia social y económica. Sus trabajos han perdido ya importancia.

Hoy en día la Revista de Annales está en decadencia, las sucesivas reediciones no han tenido gran éxito. La Historia cuantitativa está ahora bastante olvidada, pero en los años 50, 60 y 70 (en España) fue casi una obsesión, los historiadores de Historia cuantitativa despreciaban a los demás historiadores que no seguían su línea (despreciaban lo que ignoraban). Se crean asignaturas como “Historia de la economía” en las facultades de economía (Moreno Alonso los llama fantoches del cuantitativismo).

Escribían libros de diagramas, curvas (muchas veces sin ton ni son). La superioridad se apoyaba en el entusiasmo de muchos intelectuales. La mayoría de los historiadores del entorno de Labrousse y los Annales estaban en esta línea, estaban admirados por el marxismo, pertenecían al Partido Comunista, pontificaban la Historia cuantitativa. P. Chaunu es un caso excepcional, dejó la historia serial para estudiar la historia de las mentalidades. Pero los demás siguieron empecinados en la Historia cuantitativa, la introducen en las tesis de temas regionales, alarde de datos cuantitativos.

La historia regional vino también tarde a España. Los primeros geógrafos hicieron historia regional. Todas las historias regionales hechas en Francia tienen “un pequeño aire de familia”, hecha una tesis, están hechas todas las otras. Pronto se hicieron, primero los ingleses (de gran sentido común, no adoptan actitudes de modas, tienen un buen sentido) las críticas a estas obras de moda. Algunos dijeron que la nueva historiografía era parecida a la “nueva cocina” (“Nouvelle Cuisine”).

Ante los abusos de la Historia cuantitativa y sus defectos, la autocrítica, tardamente, llegó a los historiadores franceses. Defectos: olvidaban y despreciaban la Historia evenemencial (que había hecho grandes aportaciones, gran aporte al conocimiento de los hechos políticos, más importancia de lo político que de lo económico). También olvidaban la vida social, cultural, religiosa. Pretendían ser objetivos siendo asépticos, estaban llenos de prejuicios (también de tipo ideológico). Idea fundamental de Febvre: si en una obra histórica no se trata de la vida de los hombres en toda su complejidad, no valdrá la pena: su vida, mentalidad... En los estudios de Historia cuantitativa de esos años no se hacía esto. Además, olvidaban al individuo, la Historia la hacen los individuos. Olvidaban los individuos importantes (Hitler, Luis XIV...). La nueva Historia cuantitativa quería números, estadística. Se olvidaban de los instintos, pasiones, creencias, se olvidaron de la vida privada de las personas (así tenían apariencia cientificista pero no estudiaban lo más importante). Olvidaban la política, y la economía depende de la política (como en la Unión Soviética, Alemania hitleriana...). Un historiador en estos momentos ninguneado es un historiador no profesional (en la historiografía inglesa hay más no profesionales). G. Brenan escribió Al sur de Granada y un libro fundamental de Historia Contemporánea: El laberinto español.

Es difícil encontrar este tipo de historiadores en Francia, pero surgió uno así, Philipe Aries, con su obra El historiador de domingo (historiador que escribía los fines de semana). Labrousse y otros lo consideraban insignificante, pero le llamaron a Estados Unidos, se convirtió en un gran historiador. Decía ya que la Historia cuantitativa había perdido el interés por lo individual, que es fundamental en la Historia. Estas críticas van dirigidas a la Historia de Annales, una historia sintética.

En Francia la Historia cuantitativa también recibió importantes críticas, como Pouthas y Giran, las más consistentes decían que era una falacia considerar que el método estadístico de la Historia cuantitativa era una garantía de objetividad, pues la mayoría de las fuentes son de dudosa utilidad (anteriores al siglo XIX, son preestadísticas! como el caso del contrabando en el comercio con América). Las estadísticas difícilmente podían reflejar aspectos tan importantes como la opinión pública o la mentalidad de la gente. En general, partían de la base de que la gente tenía una mentalidad capitalista, pero esto no siempre era así.

La Historia cuantitativa, por influencia del marxismo, consideraba la economía el elemento principal de la Historia. Es muy importante, pero muchas veces los pueblos y Estados se guiaban por otros motivos (como en el caso de las guerras de religión tras la Reforma). Era una falacia creer que lo económico era lo más importante.

Una crítica se hizo en el terreno de la demografía, ver la evolución poblacional de una ciudad, país, región... se contaron nacimientos, matrimonios, defunciones... pero los ingleses dijeron que a veces era más importante una demografía cualitativa (analizar otros factores como el medio, la raza, un momento determinado...). Estudiar los ambientes familiares, cambio en las sociedades modernas por los avances médicos. Había que ver aspectos no numéricos.

La Historia económica era muy amplia y los estudios muy parciales, los estudios tras la Segunda G. M. sobre la economía eran inferiores a los de antes de la Primera G. M. (Hamilton...). Las aportaciones no eran tan novedosas, y había asuntos no tratados. Habrá una insatisfacción por la Historia cuantitativa que se estaba haciendo.

En 1956 apareció una historia económica más cualitativa, Crouzet: La economía británica durante el bloqueo napoleónico. Aparecen estudios sobre la industrialización, se estudia el paso del artesanado a la gran industria, también con perspectiva cualitativa. Se habla de las relaciones económicas y políticas entre ambos países y aspectos de la historia regional. Aparece también el tema de la industrialización, se hará con descripción cualitativa.

En España destaca Jordi Nadal, escribió El fracaso de la Revolución Industrial en España, se hicieron muchísimas ediciones. Hubo incluso problemas de conciencia por esta perspectiva, los andaluces se tenían siempre a menos. (Moreno Alonso lo critica, en algunas regiones de Inglaterra tampoco hubo revolución industrial, dice que el libro nos “martirizó”, sobre todo a los andaluces).

Todavía no se empleaba el ordenador para los estudios cuantitativos (“matemáticas de andar por casa”). Con el ordenador se hicieron trabajos de un cientificismo insoportable, por ejemplo la New Economy History americana, formas aberrantes de contar la Historia. Tras la aparición del ordenador la Historia cuantitativa va viendo errores, los historiadores se hicieron más inteligibles, descubrieron la lingüística. Se habla de alianza entre historiadores y lingüistas. Hoy en día la Historia cuantitativa ha cambiado mucho, pues se incluyen otros ámbitos para contextualizarla, como el social o el político.

Demografía histórica. En los años 50 y 60 fue un apéndice importante de la Historia cuantitativa. En España fueron a remolque, se introduce cuando en otros países ya se iba abandonando.

Antes de la Segunda G. M. el trabajo de la demografía estaba a cargo de los geógrafos, destacando Alfred Sauvy (Population). Son frecuentes los historiadores que hacen de “traductores” de la demografía de los geógrafos, como Henry. La tesis más importante de demografía es la de Pierre Cubert: Luis XIV y 24 millones de franceses. Viene del marxismo, estudió una historia regional; en la tesis hace un modelo de reconstrucción demográfica que ha servido de modelo. No habrá ningún análisis histórico regional sin una evolución de la demografía, haciendo curvas, relacionando la población con los precios, carestías y otras variables cuantitativas.

En 1964 se fundó una asociación de historiadores demógrafos presidida por Armengaud. Es tal la cantidad de trabajos sobre demografía que parece que se convierte en una tendencia autónoma, pero no será así, se aplica a los estudios de historia regional. Los archivos andaluces son ricos en datos demográficos, no hay parroquia que no tenga censados matrimonios, nacimientos y defunciones. Se aplicó la ley de Trento con más rigor en España que en Francia.

La demografía histórica de tipo cuantitativo tuvo críticas fuertes desde Inglaterra, los ingleses vieron que había que explicar otros aspectos cualitativos, que la demografía francesa no tenía en cuenta.

Historia regional

Las historias regionales tienen un gran desarrollo tras la Segunda G. M., aunque había obras más antiguas, fueron los geógrafos los que en este campo destacaron antes (Vidal de La Blanche). No había que hacer grandes viajes, dispendios. La procedencia es fundamentalmente francesa. La multiplicación de universidades en las capitales de provincia hizo que los estudios se concretasen más en las comarcas. En España, con la creación de las Autonomías prolifera la historia regional, llega más tarde. Pero el término “región” se aplica poco actualmente: autonomías, comunidades.

Este tipo de historia regional abarca todas las aportaciones de las tendencias historiográficas: demografía, economía, política... con el denominador común del espacio. El esquema se repite, hay una cierta saturación, están escritos como escritos técnicos, interesa a los de la región; la capacidad de ser más atractivos está limitada. Existe una historia regionalista, huele a un tufillo muchas veces poco científico.

También está el interés por elementos más amplios que la propia región, de ahí que la Historia regional se haya diversificado, más allá del esquema clásico (geografía, demografía): una ciudad, un acontecimiento determinado... En Cataluña, desde Vicens Vives, sólo se estudia historia de Cataluña, y además en catalán.

Pierre Goubert realizó una síntesis sobre el Antiguo Régimen, su tesis era sobre una región francesa. En España se pondrá de moda una historia regional de corte francés en los años 80, influye notablemente la aparición de las Autonomías. De ahí que existan gran cantidad de tesis sobre los regiones españolas. Pero también se han realizado historias de una parte de la región, por ejemplo de Andalucía Occidental, o de comarcas.

Dentro de la historia regional se han estudiado las clases sociales, retratos de grupos, biografías individuales... en esto los ingleses tienen gran tradición desde época victoriana, se estudiaba un personaje político, su tiempo y lo que le rodeaba.

Uno de los libros más importantes (Premio Nobel) es el de Heinrich Böll: Retrato de grupo con señora (Gruppenbild mit Dame). Es el análisis de la sociedad alemana en torno a una familia. Por las relaciones de esa familia se estudian las relaciones, el macrocosmos de la sociedad alemana. Los historiadores han intentado hacer esos retratos de grupos. (Libro de Moreno Alonso: Retrato de familia andaluza con las Indias al fondo).

Otros tipos de estudios se han hecho de aspectos relacionados con el mundo obrero, importante en el siglo XIX. Es un estudio dentro de la historia regional, por ejemplo en Andalucía. Es famoso un libro de Riotinto llamado Nunca en el aniversario de la reina Victoria (el único día que no se trabajaba en Riotinto). Es un magnífico estudio de personas, del director a obreros de la mina. Se pueden hacer estudios sobre las huelgas, la mentalidad de los mineros, nuevas tecnologías... en un marco regional. Todo enfocado al espacio, es una forma de historia regional.

Un asunto que preocupa a los historiadores es hasta qué punto son legítimos los cortes históricos, ha dado lugar a una viva controversia, se da también con los cortes administrativos. Sobre todo se plantea en el caso de la historia regional.

En las historias regionales y en las económicas se advierten una serie de elementos muy criticados. Uno es el peligro del anacronismo (gran pecado historiográfico). En las historias regionales se cometen grandes fallos en este sentido. No hay región sobre la que no se haya publicado nada. Por otra parte, su interés se reduce a los propios habitantes de la región.

HISTORIOGRAFÍA INGLESA

El fenómeno más producido tras la Segunda Guerra Mundial es el aumento del volumen de la producción historiográfica. A consecuencia de esto, la investigación ha experimentado grandes progresos. En todos los países la Historia no es patrimonio de ninguna escuela, aunque siguen existiendo los grandes maestros, puntos de referencia. La organización de la Historia en otros países es diferente, por ejemplo, en Estados Unidos: historia de la India, historia de China... hay que saber chino, árabe, dialectos hindúes, etc. En Europa esto no ocurre, por la tradición eurocentrista. La Historia y las ciencias sociales no se estudian de una manera tan académica en los demás países.

En el mundo anglosajón hay otras formas de valorar. Destaca el grado de internacionalización de los estudios. El país donde probablemente más estudios de Historia se hacen, más alumnos, más revistas... es Estados Unidos, su potencial en la historiografía es impresionante. Hay una tradición de estudiar cualquier tipo de Historia de cualquier lugar del mundo. A eso se une la riqueza de las universidades norteamericanas (mucho más que las europeas). Hay universidades privadas, que son las mejores. Está, por ejemplo, Harvard (biblioteca con 11 millones de libros). El elemento fundamental en una universidad son las bibliotecas. La biblioteca de Harvard abre los domingos. Es posible gracias a la preocupación por estar al tanto de la bibliografía de todo el mundo. Se puede acceder libremente a la biblioteca. Un mes de investigación en estas universidades es equivalente a un año aquí, allí está todo. La mayor biblioteca del mundo es la de Washington, la biblioteca del Congreso (compran todos los libros que van saliendo en español, por ejemplo una copia de cada libro que va saliendo). Hasta 1960 la biblioteca más importante de Europa era la “British Library”.

Algunas bibliotecas rusas son muy importantes, como la de Moscú, pero con muchos libros repetidos (se incautaron durante la revolución), no catalogados... Los historiadores americanos tienen muchas ventajas. Aquí hay que trabajar sobre fuentes inéditas, si se trabaja sobre bibliografía se está en inferioridad. La mitad de los historiadores censados del mundo viven y trabajan en Estados Unidos. Se encuentran con frecuencia historiadores americanos en archivos de los distintos países, la Historia tiene un gran dinamismo. Han sido precoces en el uso del ordenador. No siguen los cánones establecidos, clásicos, de los historiadores europeos. Estados Unidos es otro mundo, la forma de ver la Historia es diferente (Moreno Alonso admira muchos aspectos de los Estados Unidos). Hay muchos historiadores americanos extraordinarios. Estudian Historia de otros países (tienen poca Historia propia), también por el origen múltiple de sus habitantes y porque han traído grandes especialistas de todos los países. Al estar compuesto por personas de muchas procedencias, se estudia la Historia de muchas partes del mundo contemporáneo. Un campo en el que destacan las americanas es la historiografía feminista (Sólo paradojas para ofrecer: el feminismo francés y los derechos del hombre! estudia de manera revisionista el feminismo en Francia, y lo pone en conexión con los derechos del hombre, toca varios frentes al mismo tiempo).

La verdadera Francia: un historiador que ha estado en Francia, escribiendo de una manera diferente sobre la Historia de Francia (especie de réplica al libro de Braudel). En cualquiera de los frentes los españoles no escriben sobre Francia, sí los americanos. Algunos de estos libros han ocasionado un terremoto en la historiografía francesa.

Hay grandes nombres desde el siglo XVIII. El inglés más ilustrado es Gibbon, autor de La decadencia del Imperio de Roma, en muchos volúmenes, llega hasta 1453. Macaulay (siglo XIX) es autor de un nuevo género, el ensayo, con carga erudita asequible al gran público, de variada temática. Acton (siglo XIX) tuvo una obra muy breve, impulsa el estudio en Inglaterra, impulsa las grandes colecciones de Cambridge (Historia Moderna de Europa). A fines del siglo XIX Lord Acton introduce el sistema de fichas alemán.

Tonybee es el autor de A Study of History, en 20 volúmenes, en el que analiza las civilizaciones y las compara. Era una réplica a la obra de Spengler, La decadencia de Occidente.

El gran historiador de Inglaterra en el siglo XX es Trevelyan, autor de una Historia social inglesa (la primera Historia social de Europa). Era un historiador político de formación literaria, ecuánime, sagaz, erudito, enciclopédico. Nació en una familia aristocrática: su padre era historiador y ministro, estaba emparentado con Darwin y Keynes y Huxley. Estudió en Cambridge, fue presidente del mejor College, todos los puestos le fueron ofrecidos; fue el historiador liberal por antonomasia (orgulloso, ajeno a las modas, abierto). Fue muy prolífico, cultivó la biografía (condenada por los franceses) de Grey, Garibaldi, sobre la Revolución inglesa, etc. Fue imitado por franceses, americanos, españoles. Era agnóstico, pacifista, creía en la libertad y el progreso, antifascista temprano cuando había opinión general a favor. Tras la Segunda G. M. se interesó por el ecologismo, viajó mucho por Inglaterra e Italia. Desde entonces no ha vuelto a haber un historiador que escriba por libre, sin escolástica gremial de escuelas, sin especialización empobrecedora, sin innovaciones. Hizo hincapié en que la Historia Política era la fundamental. En España su equivalente es Menéndez Pidal, pero no se puede comparar.

Surge una nueva generación de historiadores, nacidos en el extranjero: Elton (judío alemán refugiado en Inglaterra); Namier (polaco); Hobsbawn (nació en Egipto). Momigliano es otro autor.

La Historia inglesa en España influye menos que la francesa. Esas obras grandes de Annales han quedado en agua de borrajas. Desde la Ilustración la lengua francesa tenía gran arraigo en España, ahora se está perdiendo (desgraciadamente). Había institutos franceses que han ido desapareciendo.

En 1952: “Past and Present”, revista inglesa. Destacan Hill, Hobsbawn, Hilton... En las dos últimas décadas está influyendo más la historiografía inglesa, empieza a fascinar en la gente más avanzada de los años 60. Se debe a la presencia de historiadores, algunos marxistas (pero distintos a los franceses). Uno es Hill, otro Hilton. Destaca Hobsbawn (el autor ahora más traducido en España), es muy cosmopolita (nació en Egipto, estuvo en Viena). No hace investigación de archivo, es muy prolífico. Algunos libros han aparecido antes en castellano y en italiano. Tiene obras sintéticas, no investigaciones monográficas amplias. Moreno Alonso aconseja su autobiografía. Probablemente Hobsbawn es el historiador británico más vivo que sigue en España. Luego está otro autor, de ascendencia canadiense, Rude; otro es Thompson. A todos ellos les era en principio común el horizonte del materialismo histórico, pero no eran tan dogmáticos como los franceses, eran más autocríticos. Fueron los primeros en estudiar materias como la crisis del feudalismo, cómo se hace el paso del feudalismo al capitalismo; el impacto del capitalismo en la protesta popular (pero no como lo estudiaron los franceses, luddismo por ejemplo, ataques contra las máquinas); la organización de la clase obrera... El punto de partida era la era de la industrialización. En Francia se daba atención a la Revolución Francesa, los ingleses pusieron el acento en la Revolución Industrial, sería el gran cambio. Otra aportación grande es el esfuerzo que realizaron por deshacer la obsesión economicista de la que fueron víctima los historiadores franceses, hay críticas al paradigma cuantitativo, dan cabida a la incertidumbre, experiencias personales, etc. Estudiaron la etnicidad, los valores, las edades, el sexo... Se interesan por la microhistoria y la biografía de personas corrientes. Es una Historia en formación, sin marco ortodoxo convencional. Se atiende a la alimentación, la bebida, el ocio, a los espacios de sociabilidad, gracias a la Sociología y la Antropología.

Quizás sea Thompson el historiador más sobrio, realiza una obra extraordinaria. En esos años, el campo de la historia social era muy vago, estaba la obra de Trevelyan. Ellos pusieron los fundamentos de la nueva historia social. Carecía de un marco metodológico, como lo tenía la Historia política tradicional. Abren la historia social a unos horizontes muy amplios, dan cabida a cuestiones nunca tratadas, como el crimen, la violencia, el ocio, la casa, la salud, la filantropía, etc. Incorporan en sus investigaciones estos importantes paradigmas historiográficos. Otro autor importante, que escribe en “Past and Present”, es L. Stone. Hace una labor crítica de lo que se ha hecho, donde predomina el sentido práctico, y el sentido común.

Estos historiadores fueron decayendo en sus preocupaciones político-ideológicas; le dan un gran papel a ver la Historia con un sentido práctico, sin caer en la tentación del sociologismo, más una visión antropológica, ven la Historia social como una Historia de lo colectivo y lo numeroso, tienen en cuenta los fenómenos sociales. No se preocupan tanto por lo cuantificable, tienen reservas a los análisis estructuralistas y marxistas. Le dan la puntilla al paradigma cuantitativo. Le dan a la Historia un carácter cada vez más narrativo, aspecto olvidado por la Historia cuantitativa. Hacen descripciones de los fenómenos, retrataban hechos concretos (comportamiento de una familia, de una ciudad, como reflejo de la sociedad). Hacen una historia social nueva. Se interesan por las edades de los protagonistas de la Historia. Estudian las enfermedades, el sexo... y, sobre todo, mucha biografía (herencia de la biografía de época victoriana), como retrato de la sociedad. Así se ejemplifican las problemáticas.

Al mismo tiempo, la historiografía inglesa sigue la tradición de Trevelyan. Se llega a la conclusión de que lo más importante de la Historia es la Historia política. Hay nombres importantes. Un ejemplo es Raymond Carr: se habla de los “nuevos ricos” en España que adoptan costumbres de procedencia inglesa, como las carreras de caballos, la primera la ganó un gitano (este sentido entre lo anecdótico y lo representativo, para un francés hubiera sido irrelevante). Libro de Historia de España de 1808 a 1936. Dio una gran óptica sobre la Historia de España en su tesis doctoral (después de que se le perdiera su tesis sobre Suecia).

Principales historiadores de Historia política tras la Segunda Guerra Mundial. Está Namier, de ascendencia polaca, estudia las relaciones internacionales, orígenes de la Primera y Segunda G. M., Historia diplomática. Hay una gran diferencia frente a los franceses. Es menos sistemático y cientificista, pero más sabroso, visión más desenfadada y crítica. Escribió un gran libro sobre los intelectuales y la revolución del 48. se interesa por asuntos poco estudiados, por la opinión pública.

El historiador más importante en las relaciones internacionales en Inglaterra es E. H. Carr, no es historiador, le cogió joven la revolución bolchevique en Moscú, estudió la Revolución Rusa. Era diplomático en Moscú en 1917, sabía ruso. Era un asunto tabú, faltaba estudiar materiales desde dentro, era una historiografía muy ideologizada (poco críticos con el régimen). Hace una obra que le convierte en el gran experto de la Historia rusa, Historia de la Revolución Soviética. Al estudiar la época de Stalin cometió errores, no llegó a dilucidar la catástrofe tan grande que había supuesto la era de Stalin. Sus descripciones son extraordinarias, manejó fuentes diplomáticas... Es un historiador de gran consistencia, pese a las deficiencias de la época de Stalin (oscurantismo de la época, faltaba información).

Un discípulo suyo fue A. Bullock, autor de la obra comparativa Hitler-Stalin, manejó ya archivos rusos. Carr sabía ruso, Bullock trabaja a partir de traducciones. Hace una valoración de informaciones inéditas, llega a la conclusión de que Stalin fue más cruel que Hitler, gran catástrofe en la Unión Soviética. En el entierro de Stalin murieron varios miles de personas. Se basaba en fuentes, los marxistas criticaban las obras sobre la Unión Soviética occidentales como “obras propagandísticas”, no a E. H. Carr y Bullock.

E. H. Carr tiene un libro llamado ¿Qué es la Historia?, como los Combates por la Historia en versión inglesa, para combatir el pedantismo de los autores franceses.

También es representativo A. J. P. Taylor, muy importante, dedicado a Historia política, Historia de las relaciones internacionales, ha escrito unas memorias muy interesantes, libros sobre las causas de las guerras mundiales. Tuvo notable influencia, en la era de la televisión presentó temas de Historia en la BBC, Historia dirigida también al gran público, tiene ambas vertientes.

Fue muy importante también H. Trevor Roper, el gran autor sobre El hundimiento. El libro más revelador de Roper y vendido en Inglaterra era un libro de Historia del tiempo presente, se llama Los últimos días de Hitler (The last days of Hitler), es su obra más emblemática. Fue escrito con 25 años, se publica en 1946. Cuando nadie sabía nada del final del III Reich, Trevor Roper lo consigue. Churchill lo contrató porque sabía alemán y estaba preparando su tesis. Se trasladó a Berlín y el libro cubrió todas las expectativas. Tuvo acceso, por la presión de Churchill, de hablar con los líderes que fueron fusilados. Se cuestionaba si Hitler había muerto o seguía vivo junto a otros criminales nazis refugiados en Argentina. No había constancia de que Hitler hubiese abandonado Alemania. Este libro se ha convertido en un “best-seller” en los últimos 50 años. Sus fuentes fueron directas porque se movió con soltura en Berlín y accedió a los interrogatorios de los criminales nazis; todo ello durante los interrogatorios de Nürnberg. Entrevistó a las propias secretarias de Hitler. Hitler solía tomar té con sus secretarias y sus cocineras, era un hombre muy correcto. De hecho, la película El hundimiento se basa en este libro y se inicia con una de las secretarias ya vieja, que lo llama “monstruo” y que se arrepiente de haber sido su secretaria. Tras escribir su libro, Trevor Roper se dedicó a estudios eruditos sobre la Revolución inglesa del siglo XVII. Fue capaz de hacer en muy poco tiempo un libro clave como es el ya citado Los últimos días de Hitler. Pudo reconstruir el hecho evenemencial y al mismo tiempo reconstruyó la Historia política de los 12 años del III Reich. La idea que se tenía del fenómeno nazi la convirtió en unas 250 páginas con austeridad en el tratamiento de los personajes y de manera compendiada. Es un libro escrito con gran atractivo. Hace pocos años se encontraron unos restos en una caja fuerte de la KGB y se dijo que podían ser los restos de Hitler. Tras el juicio de Nürnberg las cenizas fueron dispersadas en un afluente del Rin para que no quedasen restos de nada.

Hace 15 años Roper fue profesor en Oxford con el título de “profesor regio”. Es el historiador inglés más conocido. Su obra es una síntesis porque es una Historia del tiempo presente, se cuestionaba cómo podía ser el futuro tras 1945; es un historiador de gran audiencia e influencia en la historiografía inglesa. Escribió en periódicos, artículos de libros, apareció en la televisión, es un autor muy respetado en el mundo anglosajón.

La Historia local tiene mucha aceptación en Inglaterra. En España normalmente es cultivada por aficionados. Es un género importante dentro de la historiografía inglesa. No hay pueblecito que no tenga su historia local y hay asociaciones de historia local. Se relaciona con la mentalidad asociacionista inglesa y con el fervor por el Patrimonio. Los ingleses son aficionados al asociacionismo. Visitan cementerios, por ejemplo la tumba de Marx, y a la entrada hay una mesa donde te preguntan si quieres hacerte socio del cementerio. En las librerías de los pueblecitos hay muchos libros de historia local. En la universidad de Leicester hay un Departamento de Historia local, es el Departamento más activo de todo el Reino Unido. Es una historia cultivada por gente aficionada, además estudia las transformaciones del paisaje, “el hacer del paisaje inglés”. Es una historia donde también se estudia el patrimonio, el arte, el paisajismo, el medioambiente... las viejecitas son las propagadoras de estas historias locales en el Reino Unido, te cuentan historias en los autobuses de 2 pisos. La bibliografía es amplísima.

La demografía histórica en Inglaterra es diferente a la de la historiografía francesa, la escuela inglesa es de tipo cualitativo. Se interesan por la reconstrucción de la familia. Destaca la Escuela de Cambridge. Actualmente los estudios demográficos tienen más de la tradición inglesa.

La historia urbana: Priggs publicó un libro famoso llamado “ciudades victorianas”. La historia urbana no se hace desde un punto de vista local, sino sobre conjuntos de ciudades que se interrelacionan: semejanzas, diferencias, etc. Estudia la ciudad, pero también los hombres que la habitan.

La Historia oral, estudio de las fuentes por medio de tradiciones orales. Es un tipo de Historia muy viva. Ronald Fraser escribió Sangre en España y Escondiéndose. Cuando muere Franco sale del escondite (desde el 39 al 75) un alcalde de Mijas que se llevó escondido todo ese tiempo. Se hizo un libro al respecto, lo dieron por muerto pero la mujer se quedaba embarazada y se creían que engañaba al marido. Para este tipo de Historia oral es un caldo de cultivo España, porque los ingleses se inspiraban en los “cotilleos” españoles.

Otro tipo de Historia de la historiografía inglesa es la llamada historia desde abajo. Existía la idea de que la Historia siempre había tratado de los personajes importantes, las élites. Normalmente esta Historia es crítica con las élites. Fue introducida por historiadores británicos. Destaca G. Rude que escribe La multitud en la Historia: los disturbios populares en Francia e Inglaterra: 1730-1848, se aplica al estudio de la gente y cuál es su visión; estudia el comportamiento de la masa en la Revolución Francesa y su papel en ella, de manera nunca tratada por los historiadores. Otro libro distinto realizado desde el punto de vista militar por Keegan, La cara de la batalla, hace una historia desde debajo de varias batallas desde el punto de vista de los soldados.

Dentro de la Historia desde abajo se reconstruye oralmente con datos personales y testimonios de gran frescura y riqueza de detalles. Es una Historia muy narrativa, muy cronológica, la inglesa. El análisis detallado de la Revolución Francesa hace pensar que no favoreció al desarrollo de las ideas democráticas.

Se llama así porque en 1966 se escribió en el Times un artículo llamado “historia desde abajo”, escrito por Edward Thompson. Era un tipo de Historia distinta a la social, presentaba nuevas perspectivas, abría nuevas áreas de investigación. Thompson es el autor de las obras más importantes sobre la clase trabajadora. Manuel Tuñón de Lara en España escribió un libro sin remitirse a otras obras.

Una se debe a uno de los grandes historiadores de Annales, Le Roy Ladurie (muy inteligente, Moreno Alonso habla muy bien de él). Se había iniciado en el marxismo, hizo una Historia en la que estudiaba las consecuencias del clima en un amplio periodo. Había sido marxista frente a su padre, ministro de Vichy, pero se desengañó tras las represiones de Hungría y Praga. Desencantado del marxismo, ha sido director de la Biblioteca Nacional de Francia. Está muy conectado con la historiografía inglesa y americana. Descubrió muchos terrenos. Escribió una obra brillante, Montaillou, de historia desde abajo, la historia de un pequeño pueblo (aldea) del Languedoc, Montaillou. Se había convertido en un despoblado. Le Roy encontró publicadas en latín del siglo XIV las actas de un proceso inquisitorial (herejías del siglo XIV, cátaros...). Un monje italiano del siglo XIX había publicado las actas del proceso. El mérito de Le Roy fue destacar la importancia de esta documentación y sacar una gran explicación. Es el estudio de gente sencilla, en sus declaraciones ante los inquisidores se exponen las formas de vida en la pequeña aldea del siglo XIV. Se estudian aspectos antes no tratados: lo que comían, bebían, formas de hacer el amor... Los inquisidores les preguntaban cómo tenían alucinaciones, Le Roy hace una vida de la sociedad rural, en un micromundo. Unido a su buena pluma e inteligencia hizo del libro uno de los más publicados, libro de historia de las mentalidades “desde abajo”.

Más tarde, en Italia, Carlo Ginzburg escribió un libro llamado El queso y los gusanos. Destaca la mentalidad de un molinero del Friuli también condenado por la Inquisición, muestra sus creencias, forma de ver el mundo. Es un molinero del siglo XVI, se retrataba la sociedad desde abajo en esa época. El libro tuvo un gran éxito, el título es provocador. Ginzburg pertenece a una familia bien colocada. Le Roy es mejor que Ginzburg, Montaillou es una obra maestra.

El número de títulos de la historia desde abajo ha proliferado mucho, pero muchos libros tienen poco interés. Hay trabajos cutres (historia de una taberna, de una calle...). Ya poco más se puede decir sobre la historia desde abajo.

Un tipo muy representativo, pero radical, de la historia social, historia desde abajo, es lo que se conoce como los “talleres de trabajo de Historia” (History Workshop). Lo hacen los británicos en los años 60. La idea llegó a España con 30 años de retraso. Rafael Samuel la transmite como una Historia muy radical, que el lector no fuera sólo un elemento pasivo, sino que el historiador le daba unos materiales y el lector los completaba. Esta fórmula tuvo mucho éxito. Empezó por el propio Samuel, en un College nuevo (Ruskin College en Oxford) tuvo la dirección tutorial. Impulsó en los años 60 esta idea, tuvo gran aceptación, los estudiantes se convertían en sujetos activos. Se publicó en el propio Ruskin “Revista de talleres de trabajo”, era muy creativo. Desembocó en muchas revistas. Era una especie de Historia muy radicalizada en contra del amaneramiento de la Historia académica, había el deseo de “hacer” una historia desde abajo, una historia abierta a cualquiera. Pero tiene sus limitaciones, el arte de historiador precisa de mucho trabajo, y como un “trabajo escolar” funcionó sólo cuando Samuel estuvo allí. Se hicieron también talleres de trabajo en Andalucía.

El plato fuerte es el historiador inglés Edward Thompson. Para Moreno Alonso, la historiografía inglesa es más atractiva. De toda la generación de historiadores surgidos en Inglaterra tras la Segunda G. M., Thompson es uno de los más sólidos. Hobsbawn no es un investigador de archivos. Hay historiadores que trabajan exclusivamente con bibliografía, pero suele haber reservas hacia estos historiadores que no son de archivos. No se consideran trabajos serios, se sirven de bibliografía. Hobsbawn es muy sólido y fecundo, pero se resiente algo de no emplear archivos directamente. Thompson es menos fecundo, pero muy sólido. De los historiadores de la historia social es el más sólido. Su libro más famoso (1963) es La formación de la clase obrera en Inglaterra, es un libro colosal, el mejor escrito nunca sobre los trabajadores. Ejercerá una gran influencia en historiadores sociales, influyó mucho en la Historia del trabajo, en varias generaciones en Europa y Estados Unidos. Teniendo en cuenta la importancia de la clase trabajadora en Inglaterra, es una obra colosal, hay muchísimo material. Es un trabajo modélico, se lee con mucha facilidad. Los libros sobre el movimiento obrero suelen incidir sobre los mismos aspectos. Realiza una crítica radical de la historia cuantitativa de Annales, y de Labrousse, por eso tardó más de 25 años en traducirse al francés. En comparación con los trabajos realizados en Francia, el libro era muy diferente. El original es The making, “el hacer”, implica la dimensión dinámica de la Historia, hay una evolución de la clase trabajadora, muchas obras de Francia o Alemania no plantean esta evolución.

No concibe la historia del obrerismo como una estructura ni como una categoría, implica una relación con más aspectos, que forman parte de la vida de los obreros. No es como el “obrerismo” como categoría absoluta, en contra de la historia de las estructuras donde todo era estático. La Historia estructural descontextualiza según él los hechos. Su Historia trata todos los planos. Los obreros no sólo trabajaban, había más aspectos en su vida y no todos eran iguales. Daba la razón a las críticas que la Historia evenemencial hacía sobre la Historia cuantitativa. Quería hacer un estudio de los obreros que no fuera abstracto, había que estudiar las biografías. Apuesta en la innovación con el libro, la Historia de los obreros será diferente a partir de él. Se confiesa marxista, pero no es un historiador militante del obrerismo. Es distinto al marxismo francés. Está dentro de una tradición inglesa que sorprende por la sinceridad, es una historia desenfadada, crítica. Es de afinidades laboristas (eran bastante radicales, pero con todo). Su libro es muy crítico. Toma distancia a la historia social al uso, que privilegiaba la historia de los sindicatos, las asociaciones... estudia, por ejemplo, la corrupción de los sindicatos. Criticó planteamientos de Engels. Se interesa por las relaciones de los obreros con los patronos, y habla de los obreros que se aburguesan (no por ello hay que hablar mal de ellos). Estudia la clase obrera, con su evolución. Supone un revuelo extraordinario en la nueva historia social inglesa.

Su libro representa una Historia por la que hay que apostar. La obra está hecha con muchas biografías, son dispares, su obra es de una gran frescura en relación con las obras sobre el movimiento obrero que se solían hacer, de ahí su influencia y fascinación, es uno de los libros más influyentes de la historiografía inglesa de la segunda mitad del siglo XX. Ha estudiado también otros temas. El libro se produce en un ambiente de gran viveza social, años anteriores al 68. El movimiento hippy, con posturas anticonvencionales, forma parte de la protesta, es anterior en América que en Europa. En la Unión Soviética las historias sobre los obreros eran propagandísticas.

Repercusión del 68

La Revolución del 68 tuvo importancia en la historiografía, supone una radicalización (Historia, pensamiento...), es un movimiento de protesta contra lo convencional del momento, viene bien. Surge en el oeste de los Estados Unidos. La historiografía europea, excepto la inglesa, no tiene asumido el humor (importante en un libro de Historia). Los libros franceses son aparentemente muy serios, en los ingleses está presente el humor. Carr, en uno de sus capítulos, empieza “¿Qué es primero, el huevo o la gallina?”.

El 68 produjo un gran interés por determinados temas. Uno es el de las víctimas, los perdedores: minorías étnicas, mujeres, historia del proletariado, etc. Al ser un movimiento contestatario tuvo la ventaja de que se cuestionó todo, se duda de la indiscutibilidad, es muy saludable; hay una reflexión autocrítica en la historiografía.

Surgió una filosofía “destructiva” canalizada por Michel Foucault y Jacques Derrida. Ambos son 2 filósofos que ponen en evidencia las nociones de “verdad” y “objetividad”. No hay una objetividad, pero el historiador ha de ser objetivo. Por ejemplo, Napoleón, el impostor es una obra con gran carga contra Napoleón. Nunca hay un libro objetivo sobre un tema. Derrida y Foucault dan argumentos importantes al respecto. Los historiadores están divididos. Hay un historiador que escribió con pretensiones de objetividad sobre Franco, empieza diciendo “era bajo, muy bajito...”, así se da ya una visión algo peyorativa. La traducción americana retoca ésto. Foucault y Derrida cuestionan las posibilidades del método histórico, la Historia nunca podrá ser objetiva. Dan muchos argumentos, da lugar a una generación de historiadores muy contestatarios, incluso contra los “mandarines”. El mayo del 68 tuvo un efecto muy importante, la “historia desde abajo” tendrá muchos adictos. Se generaliza el principio de que “la experiencia es anterior al concepto”, es más importante el hecho que el principio. Según Derrida, lo importante es el individuo. Hay que captar la experiencia del individuo tal como se da. La historia social que se había hecho hasta ese momento empieza a agotarse. Se da el interés por la Historia oral, para “dar voz a los sin voz”, reconstruir con detalle la vida de la gente común, detalles personales que dan frescura a la narración histórica, narraciones descriptivas, la objetividad no era posible (se considera un estorbo). Empiezan historias de contenido muy vivo, recuerdos de infancia, descripciones de los relojes de la torre (forma de guía en el mundo rural), por ejemplo. Estos aspectos se tendrán en cuenta. Las cosas cambian a partir del 68. Hay riqueza de detalles.

Pero lo más importante es el autocriticismo, hipercriticismo, en los años 80 y 90 conduce a una Historia que cada vez se hace más revisionista, la Historia es volver sobre ella misma y revisar las versiones anteriores con una nueva visión en sus enfoques. Las primeras revisiones están en torno a un tema en los años 70: el marxismo. No se podía ser un historiador serio sin ser marxista, era la moda del momento. Pero en agosto del 68 se dio la revuelta contra los rusos en Praga. Muchos historiadores marxistas se cuestionaron su postura, se harán críticas contra el marxismo, aunque tardará en desaparecer el complejo de los historiadores por no ser marxistas. A muchos que se denominan marxistas les faltan conocimientos sobre Marx, desconocen en profundidad su obra o manejan malas traducciones. A partir del 68 (a España llega más tarde) empieza a darse por tanto una revisión historiográfica. Actualmente no tiene nada que ver con lo anterior: desde que Franco murió se da una imagen distinta, ahora hace falta una nueva revisión.

Hay un revisionismo muy exigente. Ha sido objeto de esta revisión todo el paisaje de los años de las teorías interpretativas de la Historia. A partir del 89 hay una revisión de las interpretaciones, muchos historiadores marxistas hacen una revisión de su propia obra. Actualmente se acepta que la Revolución Francesa fue un horror, en Inglaterra la Revolución Industrial fue incruenta. Se cierra un ciclo intelectual y comienza otro. El 68 es el punto álgido de la historiografía marxista y el inicio de la decadencia.

La base de la revisión es, en primer lugar, el mayor grado de complejidad de las interpretaciones históricas, el marxismo no lo puede explicar todo. Se han realizado numerosos trabajos empíricos, la teoría a de adecuarse a los hechos. Hay que conocer el estado de la cuestión, las recientes interpretaciones. Son principios básicos, pero muchos años no tenidos en cuenta. Desde este punto de vista hay una serie de tesis aplicadas a este tipo de historia social. Los ingleses han sido maestros en este ejercicio de autocrítica, revisionismo, sobre todo de asuntos fijados por la tradición historiográfica. Hay tesis que pone en cuarentena la historiografía revisionista, por ejemplo que la burguesía es la clase dirigente. La historiografía inglesa lo cuestiona, en el siglo XIX la aristocracia sigue ejerciendo una gran importancia. Se suele decir que el A. Régimen termina con el periodo revolucionario, pero habrá comportamientos en el siglo XIX y en el XX (por ejemplo, las formas de mandar de los dictadores del siglo XX: Mussolini, Hitler, Stalinl... con más poder incluso que los reyes absolutos). Otra idea es la polarización de las clases sociales (clase trabajadora frente a clase dirigente). Los historiadores ingleses cuestionan esto, la trama sería más compleja. Se sugiere que hay a veces menos enfrentamientos entre unas clases y otras, no siempre hay un odio de la clase trabajadora hacia la clase dirigente, a veces hay armonía. En ocasiones había acuerdo. También había muchos talleres pequeños, el dueño era un trabajador más. En los movimientos huelguísticos buena parte de los obreros muchas veces no estaban de acuerdo con las huelgas. Los planteamientos anteriores eran demasiado genéricas. Los ministros conservadores ingleses han hecho muchas reformas sociales.

Otro asunto muy importante es la Revolución Industrial. Había toda una tradición anterior que decía que supuso un proceso traumático en la vida de Inglaterra. Hoy se discute, se cree que fue un proceso lento y gradual, incluso en Inglaterra, y hubo regiones en la propia Inglaterra sin Revolución Industrial. También se discute el que siempre se haya dicho que los obreros no especializados tenían un papel importante en la toma de conciencia revolucionaria, pero no necesariamente era así, más bien su mentalidad era contrarrevolucionaria.

Se da un paso más en el revisionismo: no existió siquiera una verdadera intención de realizar la revolución soviética. Se cuestiona el papel “heroico” de los revolucionarios, se les presenta más como conspiradores en la Revolución Rusa. La Revolución Francesa es un cómputo continuo de pequeñas conspiraciones, participando incluso mujeres de alcoba. Hay muchísimas revueltas, más que revolucionarios eran conspiradores. Hitler actuó como un conspirador. (El profesor habla en contra de las tesis de lucha de clases).

Al estudiar la Historia de una manera más particular se ve que la Historia más genérica no funciona. La Historia siempre es Historia de lo particular y lo concreto. Concepto de L. Febvre: el hombre es el objetivo del trabajo del historiador, todo debe aclarar cuál es la vida del hombre. Todo esto conduce a una hipótesis, la hipótesis del consenso, no implica aprobación, pero sí aceptación de las reglas del juego, más que crisis, revoluciones... En los periódicos aparece lo excepcional, y muchos historiadores de época contemporánea se basan mucho en los periódicos puede generar una visión distorsionada. El estudio de lo local cambia también profundamente la visión de las cosas, visión menos genérica. Las tesis más asumidas empiezan a discutirse. En Historia no existe nunca una última palabra, debe estar en continua reelaboración, surgen fuentes nuevas, hay preocupaciones nuevas (“toda Historia es Historia Contemporánea”). La Historia de la Revolución Rusa de los historiadores soviéticos no sirve para nada. En los años 50, 60 y 70 los historiadores rusos tenían cierto reconocimiento, hoy se ve que esta Historia no sirve para nada, parte de presupuestos ortodoxos. Hubo historiadores que emigraron de Rusia, muy válidos como Rostovzeff, uno de los principales historiadores del mundo antiguo.

El revisionismo se ha extendido a más países. En algunos casos ha sido excesivo, no en el caso inglés (se caracterizan por el sentido común). Un cierto revisionismo en países con grandes traumas como Alemania lleva a negar el holocausto de los judíos. Ha surgido una corriente historiográfica que trata de poner en duda el holocausto, incluso basándose en la ausencia de ciertas fuentes. Basándose en ciertas “pruebas” llegan a decir que el holocausto fue un montaje: faltan pruebas documentales, no se puede involucrar a determinada gente (incluido el propio Hitler).

La Historia está en continua reelaboración.

Un historiador muy importante del Reino Unido es Max Beloff. Es de ascendencia rusa, judío y a pesar de eso alcanza un importante lugar en el R. U., trabaja en instituciones dedicadas a asuntos internacionales. Trabajó en la Canning House, una de las instituciones más importantes. De allí pasó a la universidad de Manchester y de allí a la cátedra de gobierno de Oxford, acabó siendo Lord. Sus obras son principalmente de relaciones internacionales, es un historiador sobre todo de instituciones. Era un momento en el que se necesitaba saber más de las nuevas potencias, pertenece a esta generación de historiadores. Beloff se siente atraído por sus orígenes rusos y hebreos, tiene que ver también con la polémica del Medio Oriente. En España sólo hay tradición de estudios sobre el extranjero en Iberoamérica.

Beloff está implicado en todos los puntos de Historia internacional, donde adquirirá una gran competencia. Está la tradición británica de estudiar los lugares con presencia británica. Beloff trata de dar respuesta a estas demandas. Se convierte en un jefe de escuela de estudios internacionales, hace una Historia muy británica. Tiene una gran brillantez (él y su escuela). Son historiadores que siguen sobre todo un orden cronológico claro, ayuda a comprender el desenvolvimiento de los protagonistas. Son autores con unas ideas que en algunos casos van a contracorriente.

La Historia también se puede exponer en ensayos, aparte de en manuales y novelas. Inglaterra tenía mucha tradición ensayística (Macaulay). Isaías Berlin fue profesor en Oxford, modelo ensayístico en que hace apelaciones a la emoción, a la crítica, tiene hipótesis sugerentes, favorece al sentido común y a la ironía ambivalente sobre las modas, se opone a aplicar la teoría en Historia. Su gran obra es El fuste torcido de la humanidad (título tomado de un aforismo kantiano). Tiene una vena moralista, como los ingleses de la época victoriana. Toma ideas del filósofo francés Joseph Maistre, criticando con profundidad las fuentes de los totalitarismos del siglo XX. El mensaje del libro es que la humanidad se estaba torciendo desde la Revolución Francesa contra el feudalismo.

La percepción de la realidad de los historiadores ingleses es más lógica, con buen sentido. Son visiones muy amplias, se recoge una gran de cantidad de aspectos distintos. Comprende Historia política, cambios tecnológicos, guerras... es una forma de abordar las relaciones internacionales muy interesante, con un papel importante de la reflexión política. En Inglaterra, los historiadores son muy amantes del debate de ideas. Valoran los datos empíricos sobre los dogmas historiográficos, discuten cualquier tesis sin complejos.

Hay otro tipo de Historia muy inglesa, la Historia oral, realizada a través de entrevistas, tipo de Historia fundamental para hacer Historia Contemporánea, sobre todo Historia actual. Fueron los ingleses los primeros en adentrarse en la Historia oral, en medio de un gran escepticismo por parte de los historiadores más tradicionales (como A. P. Taylor). Está la grandeza y la miseria de la Historia oral. Siempre Inglaterra y Europa han ido por delante de España. Más que una tendencia es una técnica para hacer Historia. La Historia oral, en esencia, sólo puede ser Historia Contemporánea. Es óptima para las sociedades iletradas en la actualidad, estudios antropológicos en comunidades indígenas, intentar contar la Historia a través de los testimonios orales. Sin documentos no se puede hacer Historia. Al basarse sólo en el testimonio de la palabra es difícil. Sin embargo, hay libros importantes. Destacan acontecimientos tan importantes como la guerra civil española (sobre la que más se ha escrito), fue una guerra muy politizada, en un momento de gran confrontación ideológica entre los fundamentalismos. Hoy se quiere presentar como una lucha entre la democracia y el fascismo, pero es un anacronismo. La democracia en esos momentos estaba en crisis en Europa (Francia, Inglaterra...). El debate es otro, comunismo frente a fascismo. Apasionará a personas de todos los continentes. Ha dado lugar a convertirse en un tema estrella para la Historia oral. Fueron los ingleses los primeros en estudiar la guerra civil a través de la Historia oral. Muchos participantes vivían en el extranjero.

También está la psicología del pueblo. Determinados historiadores extranjeros “ensayaron” la Historia oral sobre temas españoles, con libros importantes como Sangre en España. En otros países es más difícil, la gente suele ser más reservada. La guerra civil española se convierte en un “laboratorio” para hacer Historia oral. Un libro importante es el de Pitt Rivers, que estudió el pueblo de Grazalema, hace un estudio desde el punto de vista de la Historia oral, es un libro pionero: Los hombres de la sierra (Men of sierra). El paso previo para hacer Historia oral lo hacen los antropólogos, acto seguido se aplica a la Historia. Pitt Rivers es un conocido antropólogo. Hay otro libro, sobre el alcalde de Mijas, estuvo escondido hasta la muerte de Franco, casi unos 40 años (Escondiéndose). El franquismo es en la actualidad el tema más estudiado por los historiadores españoles.

Otro tema estrella es el del holocausto. Hay un libro famoso al respecto, sobre la liberación de los campos de concentración en 1945. Hay muchos trabajos orales al respecto. Ha salido ahora un libro a partir de las interrogaciones en el juicio de Nürnberg, con las declaraciones de los nazis. A partir de ahí se hace una Historia que parece oral, hace una reconstrucción, el autor es Ory.

En 1969 produjo un gran impacto un libro de un refugiado en Auschwitz, de la familia de los Levi, Los hundidos y los salvajes. El libro originó un gran impacto, en buena medida por la importancia de esta familia en Italia.

Otro laboratorio importante de la Historia oral es el del totalitarismo soviético, sobre todo a partir de la caída del muro de Berlín.

También se puede hacer Historia con fuentes judiciales: las memorias de Rudolf Göess, el jefe de un campo de concentración, a través de su juicio.

La Historia oral servía para dar voz a los que no la habían tenido, y permite reconstruir los detalles de la vida de la gente. En la actualidad, la Historia oral se está convirtiendo en fundamental para los historiadores de la política reciente. Se entrevista al biografiado. Es fundamental que la Historia oral trate de la gente que no tiene voz propia, de aquellos que no dejarán testimonio de su vida de otra forma. Es, sobre todo, una técnica. Más que de Historia oral habría que hablar de fuentes orales, generar nuevos saberes históricos a través de nuevas fuentes históricas como la oral. La Historia oral es una creación conjunta entre el testigo y el historiador. Está sujeta a la “maldición” de la falta de objetividad, muchas veces no se sabe lo que alguien hizo, y más aún si hay una intencionalidad detrás. Pero la Historia oral seguirá siendo siempre fundamental para la Historia del tiempo presente. Una manera de suplir los defectos es la utilización de distintas voces.

HISTORIOGRAFÍA EN LOS ESTADOS UNIDOS

Presenta grandes ventajas por su apertura de mente, por la procedencia de los historiadores se cultivan todas las parcelas del planeta. La influencia de la historiografía americana es enorme. Se hace la mejor Historia de Polonia en Estados Unidos, los mejores institutos para Historia latinoamericana (Austin, Texas), etc. Ha creado un número excepcional de historiadores especialistas en cualquier época. Cuentan con abundantes fondos, becas... por ejemplo para la arqueología. Febvre y Bloch intentaron que la revista Annales fuera financiada por la fundación Rockefeller antes de 1929. La fundación seguramente no dio dinero por la estrechez de miras de algunas personas alrededor de la revista, existía ya un antiamericanismo en Francia. Hacia el tercer/cuarto año de la revista el número de ejemplares se redujo a 300. La primera edición unas 2000. Habla de la necesidad que los fundadores tenían de una financiación.

Los estudios sobre Israel en Estados Unidos, sobre las Sagradas Escrituras... también están desarrollados. Los historiadores americanos siempre han sido muy prácticos. Han contribuido a la Historia de su país, un historiador descifró las claves japonesas antes de Pearl Harbor.

Kramer: La Historia empieza en Sumer. Historiador de ascendencia alemana, rama judía.

Hay una gran cantidad de universidades, intercambios, con importantísimas bibliotecas (las más numerosas del mundo). Implica una enorme riqueza de puntos de vista. Los americanos han podido trabajar fuera del país, han tenido libertad de expresión... El resultado son las asociaciones de Historia, ya en 1884 (American Society). Se trae a los mejores especialistas del mundo cuando hace falta.

Este fondo explica la importancia de la historiografía americana. Por ejemplo, los mejores cervantistas son americanos, también los mejores estudios sobre Galdós. Son gente muy práctica, no se quedan en grandes abstracciones (por ejemplo, un rasgo de la historiografía alemana). Tampoco se queda en los “recetarios” de la historiografía francesa, en la “nouvelle histoire” francesa.

En principio, es una “joven Historia” la que existe ahora en América, avanzada, progresista, generalmente potenciada por un potente movimiento social detrás, con un importante papel de las asociaciones. Por ejemplo, hay muchas sociedades de estudios históricos afroamericanos. De ahí el desarrollo del estudio de la Historia de África, del esclavismo, etc. Hay estudios sobre las discriminaciones, sobre los indios, sobre los inmigrantes, etc. Se hacen estudios antropológicos, interdisciplinares.

Otro tema en el que son pioneros es el de la historiografía feminista (“Women studies”), constituyen dentro de esta historiografía joven y progresista lo que hoy se denomina “Historia de género”. Es un ejemplo de la influencia de la acción política sobre el conocimiento histórico. Está el sentido competitivo entre las asociaciones. Las mejores historias de género se hacen en América (aunque también hay mucha basura). Son historias de mujeres, hechas por mujeres y para mujeres, cayendo en muchos casos en un fundamentalismo. “Lo cotidiano femenino” es un tema interesante. Las mujeres tienen gran importancia en la política desde hace varias generaciones.

También está el estudio del feminismo en las clases trabajadoras, el estudio de las mujeres (de allí pasará en fechas recientes a Europa). Está Laura Downs, con un trabajo sobre la desigualdad en la fábrica (Sobre la desigualdad en la fábrica), la división de género en las industrias metalúrgicas francesas y británicas entre las 2 guerras mundiales. Es un estudio comparado, más allá del propio estudio de las mujeres, entre Francia e Inglaterra. Se habla de la situación de las mujeres en un mundo masculino de patrones y obreros.

J. Scott tiene una obra llamada Género y política en la Historia, hace un estudio conceptual importante sobre el concepto de género, y después pasa a ejemplos prácticos, empíricos, con crítica a los filósofos post-estructuralistas. La importancia de la Historia feminista, en definitiva, es muy grande (se ha llegado ha llamar “Herstory” frente a la “History”). Pero no se puede enfrentar una “Historia de las mujeres” a una “Historia de los hombres”. En muchos casos se produce una historiografía degenerada. Estudian temas de protagonismo siempre de mujeres.

El modelo de la Historia de las mujeres de Francia influye en España. A partir de 1968 proliferan revistas en Francia; en 1979 nace en Francia la revista “Penélope. Por una Historia de mujeres”. Es una revista que caracteriza a otras. Surgirá otra que se llama “Clyo. Historia. Mujeres y su ciudad”, ahí se hace Historia de mujeres donde destaca una historiadora francesa, Michelle Perrot, que publica un libro en 1985, ¿Es posible realizar una Historia de las mujeres?; es discípula de Labrousse y ataca a los Annales por no tratar la Historia de género. El libro introduce una nueva metodología y un avance de estudios. Es un trabajo prosopográfico, relación de historiadoras y otras mujeres. Perrot es brillante, es elegante en todos los sentidos y encamina los estudios a la vida privada, por ello se estudian las mujeres de todas las épocas. Se estudian las mujeres en y tras la Revolución Francesa.

Un personaje que influye en la Historia de género es M. Foucault que “deconstruye”, es decir, revuelve todo y aprovecha lo que tiene y le da un carácter diferente. Varias de sus obras están dedicadas a las mujeres y tiene obras vanguardistas como Las palabras y las cosas, Vigilar y castigar! trata sobre las relaciones de poder y dominio, y analiza el dominio del hombre sobre las mujeres. La tesis principal de Foucault es que nunca nadie está completamente dominado. Entre los libros de Foucault escandalosos está Historia de la sexualidad e Historia de la locura! aportaciones nuevas que permiten plantear problemas históricos distintos a los de la objetividad que siempre preocupó a los historiadores. Son libros bastante abstractos, pero que serán puntos de referencia constante a Michel Foucault.

Es interesante ver la evolución de la obra de M. Perrot, porque fue influenciada por Foucault y se interesará por su obra Vigilar y castigar, eso la lleva a la marginalidad y la criminalidad en torno a las mujeres y el estudio relacionado con esto.

En los prólogos se le rendirán homenajes a Foucault. El estudio de las mujeres antes era más bien antropológico; el tema de las mujeres era un poco maldito y por ello muchos no se atrevían a escribir sobre ellas; lo reivindicativo era estudiar a la mujer en lo cotidiano. Ni el marxismo ni el estructuralismo se preocuparon por el estudio de las mujeres.

El gran problema es la legitimación del sujeto porque ellas las quieren estudiar de manera aparte de los hombres. M. Perrot dice que no es feminista y que su tesis fue de hombres: Los obreros están en huelga. A ella le gustan los hombres (según Moreno Alonso esto tiene que quedar claro, no con el fundamentalismo de las feministas americanas). G. Duby la llamó para dirigir con él la obra de Historia de las mujeres en Occidente. En algunas obras se decía que las mujeres eran unas incompetentes respecto al poder de los hombres. Los alumnos de Perrot estudiarán a las muchachas que estudian en el Liceo.

Freud es el padre del psicoanálisis, era judío (como Marx) e influyó en el siglo XX. A él le contestaron las mujeres. Su idea era que las mujeres tenían el verdadero poder tanto en la familia como en la parte sexual. Freud se convierte así en el principal enemigo de las mujeres y de la Historia de género.

A partir de los años 90 la Historia de las mujeres se convierte en una realidad en Europa, donde las mujeres se sienten con la obligación de estudiar el tema feminista. En Barcelona, Mary Nash es la mejor historiadora de España, estudió la Guerra Civil Española; y sus alumnas estudian también este mismo tema.

La debilidad de la Historia de mujeres es que es sólo exclusiva de mujeres contra los hombres y que evita que los hombres se acerquen a este tema.

En EE.UU. nos encontramos con el “giro lingüístico”, movimiento intelectual que lleva a los historiadores a redescubrir el lenguaje dentro de la Historia. Creen que deben interesarse por el lenguaje y los textos y se dedican a los lenguajes de las clases sociales. Debe mucho a la antropología y también intenta sumergirse en el medio a través del lenguaje. Hay una gran afición por el discurso. Es una tendencia dentro de la Historia cultural. No se preocupan por encontrar nuevas fuentes sino que releen las ya existentes (por ejemplo el discurso de Hitler es interpretado con lupa viendo todos los aspectos desmigajándolo con un comentario exhaustivo. Esto no tiene sentido porque es una forma de “encantar a las serpientes”, según Moreno Alonso. Son análisis subjetivos porque se dedican a unas líneas del discurso.

El lenguaje es muy importante en la Historia. En Las palabras y las cosas se habla de la disparidad entre la realidad y las palabras. Es decir, que también Foucault influye en este tipo de Historia de giro lingüístico. Foucault se convierte como en una Biblia y es atractivo desde el punto de vista filosófico, el historiador se aburre a veces cuando lo lee.

En América las fuentes son menores que en Europa, y “no hay cosa más fácil que hacer Historia”, según Febvre.

Esto también ha llevado al estudio del habla por parte de la Historia social de la comunicación, se estudia el lenguaje y la vida cotidiana. La lingüística da argumentos e ideas para analizar la Historia desde diferentes puntos de vista. La lengua está en manos de la clase gobernante y por ello se puede manipular según dice Foucault. Blanco White ya decía que el noble y el plebeyo tenían distintas maneras de hablar y distintos tipos de lenguaje. En España hay análisis lingüísticos aplicados a los discursos políticos y a la oratoria de la Segunda República Española.

Otra tendencia ligada al giro lingüístico es la Historia como representación, sobre todo en Alemania. Introduce una modificación en la perspectiva que lleva a cuestionar las nomenclaturas profesionales, nueva representación de la realidad, crítica con la vieja Historia, critica la Historia de Annales y de Labrousse porque esta última era objetivista, rechazada por la nueva Historia que cree que son construcciones artificiales, invenciones del historiador. Por ejemplo cuando se habla de la lucha de clases dicen que sólo es una idea y no un hecho, y que si se estudian las palabras la consecuencia es una cosa y que si se estudia la cosa la consecuencia es otra. Este tipo de Historia post-moderna llega a España en los últimos años, no llega directamente de EE. UU. En España aún estamos en los comienzos.

La Historia como representación introduce una modificación en la perspectiva de la Historia. Se privilegia el análisis de representaciones de las realidades. En América surge antes del año 80, en Europa es posterior. Ha llevado a una revisión de muchos aspectos de la Historia, da como resultado una nueva percepción del espacio, del territorio, de la vida... Viene a ser una mirada nueva sobre el pasado, más flexible, crítica. Es profundamente deconstruccionista. Es más innovadora. Ha enriquecido los viejos planteamientos de la Historia económica, social... Una cosa es lo que es, y otra cómo se representa.

Se bautiza con este nombre por la imposibilidad de decirlo de otra forma. Los alemanes tienen la ventaja de tener una palabra para ello: “Historische Darstellung”. “Vorstellung” es la Historia como sentido de percepción de la realidad.

Es una tendencia que valora la percepción, la imagen. Es un tipo de la Historia cultural que se hace hoy, entra dentro de la tendencia denominada “Historia cultural”. Analiza los datos concretos, individuales.

El lenguaje es un modo de representación de la realidad. Esta nueva Historia intenta desentrañar este mundo de representación, objeto a estudiar a través del lenguaje, imágenes, textos... El autor que más ha influido en España es Roger Chartier, que escribió un libro muy influyente: El mundo como representación. Historia cultural: entre práctica y representación. Al defender su tesis, advierte la ventaja de la flexibilidad. El historiador debe tener en cuenta el aspecto de la realidad y el de las apariencias. Los vascos, por ejemplo, no enseñan la Historia de España como fue, sino a través de la imagen interesada que ellos quieren.

Este tipo de Historia hace que el historiador cree su propio marco para examinar los acontecimientos. Implica una gran capacidad de buscar formas de aproximación al pasado (“todo es legítimo”). Es un tipo de Historia que busca sus campos de trabajo en cualquier territorio. Utiliza muchos elementos de la Historia de las mentalidades. Pero ésta es demasiado estable y generalizante. La Historia de la representación le da un carácter mucho más dinámico, de manera menos estática. Le da un particular interés al inconsciente, procura ser menos rutinaria, estudia las cosas que la gente percibe. Puede estudiar los afectos, las pasiones... es una Historia con muchos planteamientos sociológicos. Se apoya en la idea de Foucault “había que ordenar el discurso”. Es una Historia muy crítica. Busca lo más representativo, no lo más esencial. No busca el todo, sino determinados aspectos que representan este todo.

Un libro americano que ha ejercido una influencia muy grande, el libro de Fukuyama es El fin de la Historia y el último hombre. El autor es japonés, de los innumerables inmigrantes de Asia que hay en América. Muchos son importantes historiadores. Es un japonés de Chicago, trabaja en Harvard. Anteriormente ya se hizo famoso con artículos. El libro se refiere al mundo después del fracaso del fascismo por las armas y del fracaso del comunismo (que ha sucumbido frente al capitalismo).

El libro de Huntington El choque de civilizaciones es como una segunda parte. Fukuyama pone fin a la Historia tras el fin del comunismo. Huntington dice que el problema en el mundo es el choque de civilizaciones.

La Historia no ha terminado con el fin del comunismo, sino que ha cambiado. Fukuyama habla del “enterramiento” de la Historia con el fin del comunismo y la apertura de problemas que son diferentes. Surgen los nacionalismos y las confrontaciones religiosas, da lugar a una nueva incertidumbre inesperada en la Historia. Según Fukuyama, los historiadores se han equivocado en su trabajo, en la Historia no habían encontrado que esos problemas se pudieran reproducir, y niega el valor de la Historia como “maestra de la vida”. Es un libro escandaloso. Establece una serie de puntos. Da una interpretación de la Historia de la humanidad a través de un hilo que no es la lucha de clases ni los problemas económicos. Fukuyama, en su tesis, no habla de las injusticias económicas mundiales, las presenta como herencia de un pasado liberal aún renqueante. Estos argumentos los apoya en una teoría que se refugia en una Historia de tipo psicológico. De allí extrae reflexiones sobre la competencia, la eficacia, la imagen, la necesidad de aplauso... (cosas muy americanas).

Al final de la historia aparece un hombre como protagonista de la Historia, carente de sentido trágico y de debilidad. El libro de cómo la Historia del mundo en época reciente se percibe en América, sería el reflejo a través de la historia como representación, cómo los americanos perciben la Historia, sin tener bases argumentales. Para nosotros esta visión es inadmisible. Se han hecho muchas críticas. Los argumentos han sido aceptados por muchos lectores, pero es un amasijo ambiguo de divagaciones demagógicas y elitistas. Según Marc Bloch esta visión sería inadmisible. España está representada a través de los nombres de Felipe II, Pizarro, Adolfo Suárez y Juan Carlos II. No se menciona a Carlos V, Colón no lo sitúa en la órbita española... La noción que tiene de finalidad de la Historia no es original (el “fin de la Historia” desde la Biblia). Son enormes las divagaciones que se hacen en el libro.

Tras el gran éxito de esta obra, han surgido muchos libros de este tipo. Esta clase de productos “made in America” y aceptados acríticamente en buena parte del mundo dan idea del manejo vago de los datos históricos. Con estos planteamientos, cualquiera piensa para qué sirve la Historia. Es un libro de un desviacionismo historiográfico tremendo. Estas obras se encuentran dentro del post-modernismo. Moreno Alonso critica a Zapatero (“diálogo de civilizaciones”). Un caso parecido a la obra de Fukuyama es “El Código da Vinci”.

HISTORIOGRAFÍA ITALIANA

Es muy rica, fina. Está consiguiendo una gran expansión. Es muy interesante, renovadora, pero con poca presencia entre nosotros. En términos generales, es una desconocida en los medios españoles. Croce es una figura destacada. Un historiador muy importante es De Felice, uno de los más conocidos, el gran historiador del fascismo, muy polémico. Ha dado una visión diferente del fascismo. Buena parte de sus libros están traducidos. Entrevista sobre el fascismo. Su modelo de estudio para el fascismo ha influido en otros fascismos de Europa. Tiene ideas muy claras, biografía en 4 volúmenes de Mussolini, el 1º Mussolini, el socialista.

Otra figura importante es A. Mommigliano. Cipolla también es una figura destacada, historiador modernista, se ocupa de la Historia económica. La tradición de historiadores de Historia religiosa es también muy importante en Roma, en torno a la escuela de estudios que hay en el Vaticano.

La microhistoria

Es un producto claramente italiano, surge como “Microstorie” y tendrá gran influencia, sobre todo el la Historia Moderna. Es una reacción a la filosofía idealista del propio Croce. También en parte contra el marxismo italiano de Gramsci, el gran renovador del marxismo en los años 20 y 30, le da un sentido crítico que ejerció gran influencia, sobre todo tras la Segunda G. M. Sus estudios sobre Maquiavelo son famosos.

Es una reacción contra los 2 grandes puntos de referencia italianos. También contra una Historia de partidos, una Historia sobre los líderes políticos. Aparece como una Historia nueva. Al principio fue muy criticada por las revistas italianas. Hay 2 revistas muy importantes “Societa e Storia” y “Passato y Presente”. El origen de la microhistoria es marxista, por jóvenes historiadores desencantados por la Historia económica de los años 50 y 60 y del marxismo. Aparece una revista propia “Cuadernos históricos” (Quaderni Storici”). El objetivo es dejar de hacer Historia de las masas y de las clases sociales e interesarse por los individuos, la pequeña comunidad, las cosas olvidadas por la tradición historiográfica anterior. Se nota la influencia de Thompson. Estudia aspectos concretos con lupa, nada de aparatos, organizaciones ni sistemas.

Marca pautas diferenciadoras de la historiografía clásica, viene a ser una especie de “Historia desde abajo”. El historiador debe entrar en el universo de los individuos. Es una Historia narrativa. Se dice que el historiador ha de ser como el artista. El historiador no debe hacer más que proponer un punto de vista, marcando sobre todo lo olvidado, los detalles, las anomalías. Son infinidad de trabajos de microhistoria realizados.

El libro más famoso es el de Carlo Ginzburg, El queso y los gusanos. Supuso una revolución. En torno a los Quaderni hay una Historia profundamente italiana. Los iniciadores de la escuela tienen una declaración compartida, se sienten emparentados con la Historia de Annales y sobre todo con la Historia dedicada a la vida cotidiana. Hay centenares de libros sobre vida cotidiana, sobre todo en Francia. El fundador de esta escuela es un historiador francés de ascendencia italiana, Carcopino, escribió en los años 30, director de la escuela francesa de Roma. Escribió la primera historia de la vida cotidiana, dedicada a la época del Imperio Romano. Es la referencia de las demás. Se ve una gran sensibilidad italiana. Es de ascendencia saboyana. Medio siglo después sus ideas las toma la microhistoria. Se llama microhistoria porque en una de las principales editoriales de Italia, “Einaudi”. Edita el “Corriere della Sera”, el principal periódico.

Acogiéndose a una colección llamada Microstorie se hizo famosa esta denominación. Consiguieron la publicación de estos Quaderni Storici (que no pertenece a Einaudi).

Realmente es una práctica historiográfica, más que una teoría. Según sus propios definidores no posee un cuerpo dogmático. Al principio todos los que forman parte de los Quaderni vienen del marxismo crítico, buscando una descripción más realista del comportamiento de los hombres (que el marxismo no explicaba). Estos estudiosos tienen la escala reducida de su análisis, son análisis microscópicos, con un estudio intensivo del material documental. Como no es una escuela dogmática, depende de las fuentes para los estudios. Su campo de acción se relaciona con el de los antropólogos.

Uno de los personajes claves de la Escuela es Giovanni Levi. Levi dice que el principio unificador de toda investigación microhistórica es la creencia de que la investigación microscópica revelará elementos antes no observados. La microhistoria siente un interés especial por estos espacios no observados. Casi siempre los historiadores microhistóricos incorporan al cuerpo del relato los procedimientos de la investigación: limitadores documentales, técnicas usadas en el relato... Con este método rompen claramente con la forma tradicional, impositiva, autoritaria... Una de las características frecuentes es encontrar al historiador metido dentro, y dando incluso participación al lector, exponiendo dudas. El punto de vista del investigador se convierte en parte fundamental del relato. Es una Historia más “humanizada”, el lector participa en el proceso de construcción de la propia Historia. Es una Historia “haciéndose”. Normalmente escriben en 3ª persona.

El profesor escribió una obra de microhistoria: Retrato de familia andaluza con las Indias al fondo, escrito en 1ª persona. La fuente estaba en el archivo privado de un comerciante. Se buscó un epílogo de Domínguez Ortiz. Es importante entrar en una especie de diálogo crítico con el autor. La microhistoria tiene el subterfugio de la Historia escrita sólo por historiadores para historiadores. Se puede hacer un estudio con una gran reducción de la escala: espacial, temporal... de los protagonistas. Reducción a pequeña escala. El historiador, en el caso de la obra del profesor, se pone en el lugar del padre, asuntos de vida privada no presentes en los libros de los historiadores omniscientes. La microhistoria trata excepciones en la Historia contada por los omniscientes, metiéndose en lo particular, lo íntimo, evitando el dogmatismo de corrientes historiográficas establecidas.

Uno de los historiadores más representativos de la microhistoria es Ginzburg, hizo la vida de un molinero del Friuli a través de los testimonios de la Inquisición (constituye su fuente de información).

Giovanni Levi pertenecía a la importante familia de los Levi (no confundir con Primo Levi). Giovanni es un historiador reconocido, importante (profesor de Historia económica en Venecia), viene de una tradición de historiadores progresistas. Él procede del marxismo, pero lo dejó al sentirse defraudado, y coge el estudio de la familia. Con anterioridad a darse a conocer con la microhistoria es un historiador comprometido. Tiene un importante papel en Quaderni Storici. Su principal libro es La herencia inmaterial: la historia de un exorcista piamontés del siglo XVII, con documentación también inquisitorial. Se mete en la vida, forma de pensar, de actuar... de este personaje en torno a la religión, casi la brujería. El libro aporta el estudio de un personaje con técnica moderna, con pluralidad de puntos de vista. Dice en el prólogo que busca el análisis complejo de lo mínimo. Busca moverse por el universo de su vida. Es un trabajo práctico, él rehuye lo teórico. Es un trabajo renovador. La Historia italiana no se había ocupado del estudio del exorcismo. Hay una reinterpretación de la práctica religiosa en el Piamonte. Saca partido a las ideas de la gente sobre la Eucaristía, los sacramentos, en la práctica, sobre el pecado, el futuro de la religión.

La microhistoria es una ejemplificación de la Historia. No se agota en sí misma. La base es un análisis exhaustivo, profundo. Son fuentes muy concretas. Estudia los interrogatorios inquisitoriales al exorcista, ahí está lo que piensa el exorcista, los que juzgan al exorcista... Es un estudio profundo: archivo parroquial de dónde nació, su familia, archivos notariales. Al ser un personaje insignificante, nadie había reparado en él. Había mucha gente que creía en la necesidad de exorcismos, es interesante el trabajo. Se usan todo tipo de datos, detalles. No se desperdicia nada. Se ve reflejada toda una sociedad: ignorante, llena de prejuicios religiosos, etc. Este meterse en la mente del personaje refleja un universo fascinante. Los estudios de microhistoria son sobre cosas muy concretas, tradicionalmente poco estudiadas por ser consideradas insignificantes.

Es fundamental la abundancia de fuentes para hacerlo. Pueden salir datos interesantísimos sobre las reglas de la gente, su grado de enfermedad mental... El trabajo tiene mucho que ver con el del antropólogo, incluso en algunos aspectos con la forma de actuar de otros científicos sociales. El antropólogo estudia personas extrañas actuales, el historiador pasadas, ordenando el discurso. El historiador de microhistoria renuncia a la construcción de modelos (lo que pensaba el exorcista de Piamonte no tiene que ser lo mismo que otros exorcistas en otros lugares). Hay una insistencia en la vida de los individuos. Entrar en ese universo es posible a escala reducida.

Levi se convierte en codirector de Quaderni Storici, y dice que con la microhistoria intenta huir de la enfermedad gremial de los historiadores, que tratan a los hombres como marionetas, construyendo una Historia de grandes conjuntos. Parte de la base de que los hombres crean pequeños espacios, que hay que reconstruir. Critica la pretensiosa Historia de las mentalidades. Fue un hallazgo que encuentran los historiadores de Annales, no deja de ser un cajón de sastre donde se mezcla de todo. Es absurda una Historia sólo de mentalidades. Hay gente que no piensa, sólo actúa. El nombre de Historia de las mentalidades ha tenido muchas críticas, sobre todo por parte de estos historiadores. Giovanni Levi es uno de los críticos de la Historia de las mentalidades.

Queda invalidada desde hace muchos años la Historia de las mentalidades. La microhistoria tampoco es una escuela, es un procedimiento caracterizado por cambiar la escala de aproximación, es la utilización del microscopio. Pero cuando se abusa mucho de la microhistoria se desgasta, ha pasado, se desfigura. La aportación de la microhistoria es evidente, ha ensanchado el repertorio historiográfico. Lo importante es que el individuo puede ser representativo del grupo, complica la idea de la Historia (le da complejidad). Esto ha hecho que la Historia se haya hecho compleja, más profunda. No basta con estudiar las cronologías, los grupos sociales.

El fundamentalismo religioso muestra que no sólo la sociedad occidental está enferma, también la islámica, que apenas ha evolucionado desde la Edad Media. Desde el punto de vista microhistórico, el análisis del fundamentalismo puede aportar datos interesantes. Es un tema que está apasionando mucho. Dentro de este tipo de Historia (microhistoria, es italiana), también se hace microhistoria en otros países (aunque los iniciadores fueron los italianos).

Otro tipo de microhistoria, entre la microhistoria y la vida cotidiana, se hace en Alemania: Alltagsgeschichte. Es la Historia de todos los días o historia de lo cotidiano, versión alemana de la microhistoria. Está ocasionando ahora un gran boom en Alemania, sobre todo referido al gran trauma del nacionalsocialismo. Se ve el pasado de Alemania desde este punto de vista. Hay muchas publicaciones. Se da sobre todo la Alltagsgeschichte en la Historia Contemporánea, es una Historia interdisciplinar, con los orígenes en la sociología de Max Weber, siempre obsesionada por la especificidad de la Historia de Alemania. Weber estaba obsesionado con la cuestión del nacionalismo y de la burocracia. En esos dos polos es lo que estudia esta Alltagsgeschichte.

Tras M. Weber, en la universidad de Bielefeld hay un estudio importante siguiendo esta tradición de esclarecimiento del país.

Se ha estudiado sobre todo el fenómeno de colaboración con el nazismo de Alemania, se ha estudiado el funcionamiento microhistórico de la vida. La Alltagsgeschichte no apela a la teoría. Toma mucho de la sociología, se interesa sobre todo por la Historia del tiempo presente, hace Historia oral y está obsesionada por reconstruir el tiempo del nazismo, y sobre todo los sufrimientos de la nación. Durante mucho tiempo la historiografía alemana estuvo acomplejada por la responsabilidad de Alemania en la Segunda Guerra Mundial En un momento Nolte se esfuerza por desculpabilizar.

La respuesta por la Alltagsgeschichte es intentar demostrar si el pueblo fue o no culpable de la catástrofe. Es una reacción contra la Historia anterior, pero no desde el punto de vista de las grandes ideas. Incorpora en ese estudio de lo concreto, de lo cotidiano todo, desde las sensaciones, la realidad de la ciencia, la evolución de la literatura, el cine. Intenta hacer un estudio desde puntos de vista particulares.

Anteriormente hay un gran libro de Heinrich Böhll (Premio Nobel en 1972), Retrato de grupo con señora (Gruppenbild mit Dame). Es la vida de una familia y el círculo familiar que puede representar a la familia media alemana entre las 2 guerras mundiales.

Es el análisis hasta de lo irracional. Filósofos de la Escuela de Frankfurt. J. Habermas hablaba del comportamiento irracional en la Historia. Es un análisis muy peculiar de la Historia del país.

Libro de Gerd Friedrich: Der Brand. Deutschland im Bombenkrieg. Ha causado un gran impacto. Es un estudio sobre la reacción de la gente ante los bombardeos de la Segunda G. M., ejemplo de cómo se estudia algo tan importante como la Historia de un país desde el punto de vista de la Alltagsgeschichte. La vida cotidiana durante los años del nazismo es uno de los temas que más obsesiona a los historiadores alemanes.

Las ciudades alemanas fueron duramente bombardeadas. Cuando el ejército rojo se adelantó hacia Berlín, las reservas eran de 5 millones de toneladas. Alemania fue absolutamente aniquilada. El libro da una idea de cómo la Alltagsgeschichte se ocupa del sufrimiento de la gente. Al principio los bombardeos eran de día, luego pasaron a ser de noche, era más difícil para la guerra antiaérea. Hay un capítulo donde hace un estudio de los ingenieros de incendios, los ingenieros ingleses que diseñaron cómo la guerra por aire sería lo más destructiva posible. Es un libro muy bien diseñado, pensado.

Estudiar ésto desde un punto de vista histórico no contaba con precedentes, es un estudio muy completo. Muchas eran ciudades medievales. En la Primera G. M. Alemania había quedado prácticamente intacta: Bremen, Hamburg... Los ingenieros de bombardeos tuvieron todo presente, lo interesante era destruir las ciudades con bombas incendiarias.

Hay un gran estudio sobre los bombardeos. Se habla del sistema de radar, que llegó tarde a Alemania. Se habla de las tripulaciones. El capítulo más interesante es el de la estrategia de los bombardeos, de acuerdo con las ciudades bombardeadas: ciudades del Ruhr, de la antigua Hansa, zona del sur, del este... El autor habla del “bombardeo moral”. Fue una lucha indiscriminada contra la población civil. Los instigadores de estos bombardeos comienzan por Churchill (tras los bombardeos alemanes en Inglaterra, como en Londres). Había búsqueda de objetivos industriales. En 1941 se renucia a los ataques de precisión. Se van sucediendo las oleadas de bombardeos, en una noche 1000 bombarderos sobre Köln arrojando bombas. No destruyeron la catedral porque les servía para posteriores bombardeos, servía de referencia en los vuelos nocturnos.

El análisis local, individual, de cada una de las ciudades es insuperable. Esta nueva guerra destructiva acabará con las antiguas defensas. 173 ataques sobre Bremen. Se expone cómo era la vida cotidiana tras los terribles ataques, los días de fiesta, por ejemplo. Destrucción de Freiburg. También se estudiaron los refugios y defensas de los ciudadanos. Primero sonaba la voz de las sirenas, que ponían en guardia a la gente, luego venía la huida a través de los sótanos, las redes de pasadizos en ciudades viejas. En algunos casos hubo judíos refugiados en los búnkers, allí se encontraban con la policía alemana. Se cuenta el delirio, la locura colectiva en los refugios antiaéreos. Cuando las sirenas dejaban de sonar, la gente salía al exterior, sin saber si encontrarían su casa sin destruir. “Köln en la noche de los mil bombardeos”. Es una ciudad sin objetivos militares, no se esperaba un ataque así. Hay historias de mujeres.

Cuando salían de allí, estaba la preocupación por encontrar agua para apagar los incendios, el enterramiento de los muertos, las discusiones con los guardas de los refugios antiaéreos. Estaba también el problema de la identificación, el de la asistencia a los heridos (muchos heridos en los ojos). Todo este enorme dramatismo antes no era estudiado por la historiografía. También está el asunto del mercado negro, los saqueadores de las casas, etc.

Había órdenes de Hitler de no adoptar posturas derrotistas, ni escuchar emisoras extranjeras. Se refleja el envío de los niños al campo, cómo eran recibidos. Hay otro capítulo denominado “Nosotros”. El autor se mete dentro del libro, él vivió los acontecimientos. Otro capítulo se llama “Yo”. Es un libro de Historia oral, de cientos de entrevistas.

Al final se produce la quiebra de la idea en la victoria, el final de la fe en la victoria. Hay linchamientos de pilotos aliados que caían en paracaídas. En el capítulo “Yo”, tiene un epígrafe llamado “La capacidad de sentir”, hasta dónde una persona puede soportar esa situación, el “enterramiento de las emociones”: familiares muertos, casas destruidas, niños muertos, las percepciones de los niños, los transportes, etc.

Se habla con frecuencia de las quemas de libros, como la famosa quema en Berlín de los libros de los autores judíos en el Alexanderplatz.

Los bombardeos sobre Alemania significaron la mayor quema de libros de la Historia, la gran cultura alemana de los siglos XIX y XX, millones de libros destruidos, la mayor pérdida de libros de la Historia de la humanidad. Es la destrucción sistemática de las ciudades, para matar a la mayor población civil posible, de este modo se pretendía conseguir que la gente se levantara contra Hitler. Era un plan diabólico: destruir un país entero.

Es un libro de la Alltagsgeschichte, estudiar los aspectos más personales, emotivos. Es un libro prodigioso. No es un libro patriótico ni mártir. Intenta denunciar que por el sentimiento de culpabilidad alemán no se hubiera escrito un libro sobre el tema. Habría que ponerlo al mismo nivel que el holocausto judío, destrucción de ciudades que no había necesidad de destruir, como Dresden. Eran, además, ciudades muy pobladas. Es un tema antes no estudiado por la Historia tradicional. La invasión de Holanda y la destrucción del puerto de Rótterdam fue una de las mayores canalladas de los nazis.

Aparte de la Alltagsgeschichte, en Alemania hay otra corriente historiográfica, de procedencia americana, la Historia de los conceptos, impulsada por Koselleck, con un famoso libro: Futuro pasado. Contribución a la semántica de los tiempos históricos. Se hace un análisis diferente, una Historia de los conceptos, que implica una puesta al día de las formas en que se designan las cosas.

Estudia la terminología que surge en un momento determinado, los nombres de los partidos y los conceptos que defienden, de manera exhaustiva. Se escriben diccionarios, algunos de ellos monumentales, de conceptos. Por ejemplo, un diccionario histórico de términos políticos. En España se ha publicado recientemente un diccionario de términos políticos. Hay proyectos de un diccionario de la guerra de independencia... Se dirige fundamentalmente a los términos conceptuales. Es un tipo de aplicación de Historia política.

La Historia se puede ver desde multitud de puntos de vista. La conclusión es que desde hace más de 20 años hay un resquebrajamiento de la Historia consolidada. En los años 60 parecía indiscutible, a partir de entonces comienza a resquebrajarse. Furet fue el primero en señalar que había un virus que comenzó a dañar a la Historia consolidada. Lo notó en 1981, cuando en un libro habló sobre “la epistemología del desmigajamiento”. La Historia empezaba a resquebrajarse. La propia Historia social en los años de su consolidación era una Historia que ya empezaba a desmigajarse. La mejor definición que quizás se ha dado de Historia social fue la de Trivilian, la Historia social era la Historia que dejaba fuera a la política. Sin política no se puede entender la Historia. En su obsesión por hacer una Historia social se olvidaron de la política, pero no hay Historia social sin Historia política. Esta afirmación fue tomada un poco a broma, pero tenía razón absoluta, la Historia se estaba resquebrajando.

Lo mismo ocurre en la Historia que se hace en Annales en esos años. A partir de los 70 hay una reacción contra la Historia exclusivamente económica, que explicará el boom de la “Historia de las mentalidades” (cajón de sastre).

Ginzburg (El queso y los gusanos) al hablar de la crisis de la Historia social y económica dijo que había llegado el fin de la Historia galileana, la Historia que a través de la cuantificación encontraba la verdad y la expresaba en leyes. Era el final de esa Historia “poderosa”, de la “Gesellschaftsgeschichte”.

La razón fundamental del desquebrajamiento fue la introducción en la Historia a partir de los 80 de los tiempos de dudas, no existen verdades eternas en la Historia, se quebró la certidumbre científica. Los años de apogeo el marxismo trató de ser la receta más cualificada para construir la Historia científica, hasta el punto de denominarse en aquellos años “materialismo científico”. Pero: ¿No era científico el estudio de la religión, la sexualidad, el arte...? Se van cayendo los grandes dogmas sobre la Historia, comenzando por la dogmática marxista. Había más aspectos dignos de estudiar en la Historia, que se convertía en un territorio mucho más grande. Los cimientos de la Historia científica empiezan a requebrajarse: concepto de coyuntura, los conflictos sociales en las luchas de clases... Ante la caída del telón de acero queda expuesta la miseria del mundo marxista, muchos historiadores abandonan el marxismo, y hacen “migajas” de Historia. Se estudian cosas nunca estudiadas, se vuelve al sujeto de la Historia, el hombre, el individuo. La Historia que se hace intenta comprender al individuo: Historia narrativa y reflexiva. La nueva certidumbre es la incertidumbre. Esto lo ha estudiado muy bien Roger Chartier, al hablar de los “tiempos de dudas”.

Esta nueva certidumbre de la Historia post-moderna es la incertidumbre. Desde este punto de vista asistimos a la demolición del edificio historiográfico que se venía construyendo desde el siglo XIX, se cae a pedazos. Se derrumba la Historia marxista, la Historia defendida en las últimas generaciones de Annales, la Historia cuantitativa, económica...

Otras razones que explican este desmigajamiento de la Historia son sociológicas. Durante un tiempo la Historia estaba muy controlada (Labrousse, los profesores “mandarines”). Se produce una gran explosión universitaria, y con la masificación pierden el control de esa Historia de la que eran los grandes pontífices. Se estudian muchas cosas que no se habían ni imaginado, surgen nuevos temas. Se sigue el interés del público lector. El saber se va extendiendo a temas que quedan muy fuera del control de la estructura jerárquica que controlaba la “Historia científica”.

Pero hay también un descenso de calidad: tesis de 30 años, por ejemplo, ya no se hacen, salían obras maestras. Los planes de enseñanza se han devaluado mucho. Por tanto, ha habido también un descenso de la calidad. La Historia se ha “dinamitado”. Actualmente, difícilmente una tesis es una obra maestra. Es un síntoma de que en el propio sistema educativo se contemplan las cosas de otra forma. El resultado ha sido la “atomización” de la Historia, caben todo tipo de temas de investigación. Friedrich escribe un gran libro sobre los bombardeos de Alemania en la Segunda G. M. No se puede comparar con el bombardeo de Guernica. La Historia del mundo actual, del mundo presente, es mucho más fácil de realizar.

Es la atomización, sobre cualquier pequeña cosa se puede escribir un libro. Tiene sus aspectos positivos y negativos. Hoy se está produciendo ya un reacción contra la historia en migajas, se va a por temas importantes. Se hacen grandes libros sobre asuntos antes tabú, por ejemplo “Historia del paraíso”: visión general de los pueblos europeos sobre el paraíso terrenal. Toda la teología se mueve por ésto, los cuadros del Renacimiento... durante la Ilustración comienzan burlas al paraíso... así se puede ver la mentalidad del milenio. Se vuelve a los grandes temas. Hay necesidad de volver a estudiar temas generales, hay un hartazgo de tanto localismo, especialmente preocupante en la historiografía catalana, sólo se interesan por la historia catalana en migajas, y encima escrito en catalán y dando una imagen peyorativa de los españoles. Se ha producido un gran descenso de los valores de la historiografía catalana, casi no se conocen actualmente historiadores catalanes. Es un fenómeno de narcisismo de Vic, Urgell... En Andalucía las cosas se ven de manera un poco más amplia, sin el provincialismo de Cataluña. Andalucía ha tenido una Historia de gran amplitud, con amplias relaciones. El nivel de la historiografía en Andalucía es superior a Barcelona. Provincias próximas a Europa como las catalanas se han convertido en centros de cultura narcisista que sólo les interesa a ellos. Lo supeditan todo a la reivindicación de sus grandezas. Hay muchos tabúes.

Otra causa son las exigencias del público, es un elemento importante. En Andalucía se ha hecho también mucha Historia de los pueblos, de personajes insignificantes. Un movimiento como la internacionalización, que podría ir contra el desmigajamiento, en realidad no parece producir un movimiento a favor de hacer otro tipo de Historia.

La Historia post-moderna. Cómo se presenta en los momentos actuales la renovación de la Historia

La Historia hoy es totalmente distinta a la anterior. El siglo XX, con sus múltiples acontecimientos, ha llevado a importantes cambios en la Historia, hay cambios que influyen en las nuevas reglas epistemológicas de la Historia. Epistemología: conocimiento de las reglas de conocimiento de toda ciencia. Ha producido nuevos principios teóricos, filosóficos. La Historia tiene grandes limitaciones epistemológicas. Las polémicas van cada vez más en aumento, los métodos están en continua revisión. Pero la llamada “nueva Historia” tiene su agotamiento y la Historia siempre está entre lo moderno, lo nuevo y la tradición historiográfica. Por eso es tan importante la historiografía.

El trabajo de un historiador es una aproximación intelectual al pasado. Implica una reflexión sobre lo escrito, tiene sus doctrinas, enseñanzas, su retórica... El historiador aporta nuevos conocimientos, puntos de vista, una nueva visión de los hechos... Se hace dentro de un continuo ir y venir de encuentros y desencuentros, de ahí el relativismo que produce el estudio de la Historia.

El estudio de la vida de los hombres es muy complejo, hay grandes diferencias. Hay una gran cantidad de ramificaciones, tendencias de la Historia. Sobre todo ello se sitúa siempre el oficio del historiador, el trabajo “artesano” del historiador en su “taller”, con connotaciones diferentes según las tradiciones, escuelas históricas. Personas que no son historiadores, al escribir sobre el pasado muestran no conocer el oficio de historiador (Ortega, por ejemplo; también los periodistas, Azaña...), produce una frustración importante en el lector. Es importante valorar el trabajo de un historiador, que depende de los archivos. El historiador ha de ir algo más lejos de las fuentes próximas; la medida de un historiador la dan los archivos, los archivos en los que ha trabajado. Los historiadores de época Contemporánea muchas veces se dedican a emitir opiniones, pero eso no es el oficio de historiador, la Historia no es opinable, hay que basarse en las fuentes.

Los cambios en el oficio de historiador han sido muy grandes, sobre todo tras la caída de las grandes escuelas, la última la estructuralista. Hoy se tiende hacia un eclecticismo: el marxismo, el estructuralismo... aportan cuestiones interesantes, pero no si se toman desde un punto de vista exclusivo. La Historia es poliédrica. En la actualidad, pese a ser una Historia “descoyuntada”, el triunfo de la pluralidad es interesante. La fragmentación es tan grande que desconcierta: tantos enfoques, tendencias historiográficas. La impresión es casi de desconfianza. Pero esta crisis es positiva, de ella han surgido visiones antes no existentes.

La confianza que había en la Historia en el método histórico ha disminuido, hay menos obsesión por la metodología. Hoy hay menos interés por cuestiones metodológicas, la obsesión por el método no goza hoy de fama. Hay una actitud antimetodológica y anticientífica. Buena parte de los historiadores consideran que la Historia tiene más de arte que de ciencia. Empeñarse en el cientificismo no es saludable. Cuando se escribe hoy un libro se cuenta su finalidad sin tanta metodología. No por escribir tantas notas en alemán o en latín se es más científico, no por poner muchas notas la Historia contada es más cierta. El historiador no debe contribuir a hacer más confusas las cosas, es más importante la claridad. Hoy la obsesión no está en lo metodológico. El sentido común es opuesto a las actitudes hipercientificistas de las tendencias historiográficas anteriores. Se han escrito incluso libros “contra el método”, contra el exceso de estructuralidad. No se puede convertir la vida de los hombres o sociedades en un modelo. Contra el exceso de racionalidad se explica la reacción actual. Es importante que el historiador responda a la verdad, con un sentido crítico. Se ha producido una conmoción en el orden jerárquico.

En el estructuralismo hay una obsesión por las subdivisiones: capítulo 1.1.1a (Moreno Alonso está muy en contra de estas subdivisiones). Es absurdo compartimentar así.

Todo esto produce que la Historia se haya convertido en un saber menos seguro. No hay nada peor que no dudar de uno mismo, es muy importante la duda. Dentro de este saber se cae a veces en el “todo vale”, produce que a veces el historiador se sienta algo perdido. Nos encontramos ante un saber cada vez más frágil, inseguro. Hay un libro llamado Cómo se escribe la Historia, el autor es Paul Veyne (Historia Antigua). Veyne escribe también sobre teoría histórica, observó un denominador común en esta nueva Historia; un afán de inteligibilidad, pese a la diversidad de perspectivas existentes. Ha producido un gran escepticismo ante la nueva Historia. Ante tantos métodos, tantos nuevos enfoques, esta “historia nueva” (nouvelle histoire) produce en el historiador una gran confusión.

En la época de la historiografía clásica los grandes temas eran Napoleón, el feudalismo... Pero desde el momento en que son objeto de estudio temas como la niñez, la muerte, el habla... cambia el panorama. El resultado es que se ha caído en un relativismo muy grande. La Nueva Historia parece tan fragmentada que en ella se reconocen algunos de los pecados cometidos por los historiadores en sus excesos. Se tiende a despreciar los grandes temas históricos. La Historia postmoderna es el ideario de lo que debe ser la Historia del siglo XXI, consecuencia de un gran ensanchamiento de la Historia, no es posible la explicación científica coherente de las transformaciones del pasado. Los post-modernos defienden que llega un momento en que la historiografía no refleja la realidad.

Entre los teóricos del post-modernismo está el americano H. White, quien en unos famosos ensayos publicados en Baltimore (Ensayos de criticismo cultural) dice que la historiografía no se diferencia de la poesía, ella es poesía. Advierte que la Historia es una forma de retórica, una forma diferente de ficción. Dice que no existe ningún criterio histórico científico para abordar la realidad. Es el relativismo más exacerbado. Dentro de este relativismo se llegan a tocar los extremos. La obsesión por considerar la Historia una ciencia es hoy algo pasado. Se reniega de esa Historia que pretendía ser “total”. En España el postmodernismo aún no ha entrado de esta manera tan avanzada, lo cual es extraño al tratarse de un país de modas.

El debate que se está produciendo en torno a la Historia postmoderna es grande. Otro libro de White es Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX. Si la obra histórica no está pensada con un sentido imaginativo pierde mucho. Es fundamental el dudar siempre. El 2º aspecto es el de la imaginación. Es un factor que con frecuencia faltaba en los trabajos de hace una o dos generaciones. Los grandes historiadores son gente imaginativa. La imaginación, sin embargo, no se suele plasmar en los trabajos historiográficos. Parecía que la imaginación era algo “a castrar”.

Paul Veyne, mucho antes del post-modernismo, da un anticipo de lo que va a ser el desarrollo de las primeras ideas post-modernas. Llega a decir que la Historia es un amasijo de perogrulladas, una pseudociencia. Dice que el conocimiento de la Historia no deja de ser una opinión como cualquier otra, cuando se habla de una historia documentada, dice que no es más que “agujeros tapados por parte del historiador”. El historiador explica con una ingenuidad muy grande por su lenguaje, es un lenguaje ingenuo igual que su metodología.

Hasta el postmodernismo, la Historia estaba basada en los grandes relatos. Pero esto, para la Historia postmoderna, carece de interés. Al mismo tiempo se ha producido el hundimiento de las grandes escuelas historiográficas (Annales, método económico marxista...). Muchos postmodernistas son “conversos” de estas tendencias anteriores, dejando con complejos las historias que hacían antes.

Lo más llamativo es la vuelta al relato, es importante escribir bien. Las grandes editoriales responsabilizan de las obras que venden no a historiadores de oficio, sino a periodistas (que escriban de manera distendida, sin pretensiones científicas). Incluso existe en las librerías anglosajonas un apartado de obras llamado “Nueva ficción” (ni es novela ni es Historia). Hemos asistido a una explosión de las novelas históricas. La gente tiene desconfianza hacia los libros escritos por profesores (Moreno Alonso también se cree cada vez menos lo que dicen los profesores). Los historiadores profesores también son culpables de ello, han cometido todo tipo de aberraciones (critica el hiperespecialismo).

En los últimos tiempos, la gran tradición historiográfica, fundada en los grandes relatos, se ha disuelto en millares de historias, muchas de las cuales continúan interesándose fundamentalmente por la vida cotidiana. Asistimos a una disolución de la Historia científica, con ese punto de partida deconstruccionista, se descompone la arquitectura conceptual existente en la tradición historiográfica. Trabajos que antes no se podían hacer son ahora perfectamente legítimos. Se admitía el estudio de las clases sociales, pero no “la vida elegante”, por ejemplo, la vida en los salones elegantes de Londres o París. Este trabajo lo hace Fugier, La vida elegante, 1815-1848: política, negocios, frivolidades... estudio de la mujer, los balnearios, lugares de lujo...

En el caso de Francia, y con argumentos postmodernistas, un autor controvertido es el americano Weber. Teniendo en cuenta como prácticamente durante siglos los historiadores franceses tuvieron gran importancia en otras historias nacionales, escribió un réplica a ésto, un libro escandaloso: Mi Francia: política, cultura y mitos, crítica exterior al ensimismamiento de la historiografía francesa, con “sus respectivas Francias”. Es una visión distinta a la historiografía nacional. En el Macizo Central hay una tradición de matar a los gatos. En torno a esto escribe uno de los capítulos. Uno de los mitos importantes de la Historia de Weber es esta costumbre, una de las más bárbaras de los franceses.

Ya no es importante el sentimiento de clases, ni ver toda la Historia como lucha de clases. El postmodernismo cree que el concepto de clase es inadecuado para describir la compleja realidad de la Historia, de la vida: no se puede explicar el amor, el odio, el emborracharse por la noche...! esos aspectos que antes no habían tenido cabida en los estudios sobre clases. No se conocía antes la vida de los intelectuales; dentro de esta tendencia a la individualización se ha profundizado en estos aspectos, más allá de lo biográfico. Se estudian las costumbres, las venganzas de la gente... aspectos que la omnisciente Historia social no estudiaba. Los grandes relatos anteriores han quedado en alguna medida invalidados por los pequeños. Los grandes relatos comienzan en la Ilustración, y estuvieron vigentes en el siglo XVIII, XIX y buena parte del XX; pero actualmente se ha deshecho, con la visión deconstruccionista. Una Historia sobre estos nuevos parámetros no tiene ya que ver con la “gran Historia” de los historiadores tradicionales. Las fuentes, con otras lecturas, revelan aspectos antes no estudiados.

QUÉ SE HACE EN LA ACTUALIDAD EN LAS GRANDES ESPECIALIDADES HISTORIOGRÁFICAS

Historia política

En los años de la hegemonía de la Historia social y económica estuvo postergada, había casi justificarse. Pero hoy es la especialidad historiográfica más activa, se ha beneficiado de la decadencia de la Historia social. Tiene perfecta autonomía. Se ha beneficiado de la creación de nuevas instituciones, por ejemplo el interés de los distintos ministerios por estudiar su propio pasado. El campo es muy amplio, y hoy con mucho valor. Está la Historia de la política propiamente dicha; la Historia de los políticos; y la Historia de las relaciones de poder.

Durante muchos años estuvo casi sin estudiarse, pero la Historia económica y la social en buena parte son consecuencia de la política. En buena parte todo es Historia política.

F. Braudel estudia el Mediterráneo en época de Felipe II. Estuvo pensando en no publicar el III volumen, porque la Historia política estaba mal vista. Hoy resulta difícil de entender.

Siempre se consideraba la política algo superestructural, lo importante era lo social. A pesar de esto, hubo gente que siguió al margen de las modas, sobre todo ingleses. En España, con cierto complejo, no existía Historia política. En Inglaterra, con menos complejos, se seguía haciendo Historia política, al no estar sujetos a las modas. Cuando empieza a darse el cambio de orientación, hay una preocupación cada vez mayor por estudiar los fenómenos políticos. El propio Estado tiene interés por estudiar la Historia de las instituciones: parlamentos, cortes...

La Historia del Derecho es algo que se cultiva sólo en las facultades de Derecho. Pero es ingrato, lo interesante es el no cumplimiento del Derecho, de ahí que sólo interese en las Facultades de Derecho. Las Facultades de Ciencias Políticas trataron de controlar la Historia Política, pero no les fue posible. El gran cambio en la Historia Política es que se ha pasado de una postura que explicaba los factores políticos por factores exteriores, por una perspectiva que reivindica la autonomía del campo político. No es consecuencia de la economía. Cualquier campo de la política cobra una autonomía propia.

La Historia Política es la corriente que ocupa la posición dominante en Historia Contemporánea, y la más interesante Historia es la Historia Política. En primer lugar por el número de historiadores y también por el número de trabajos. En realidad todo es política, no economía.

Van cayendo los grandes “mitos” de la Gesellschaftsgeschichte. La crítica va, en primer lugar, a Annales. En el pasado caricaturizó a los historiadores de la política, por ejemplo la injusticia de Febvre con Seignobos. Pero L. Febvre es también un gran historiador de la política. A los que más se critica es a los “historiadores diadocos”, discípulos de Febvre y Bloch, que convirtieron los Annales en un “búnker” de la Historia económica y social. Fundamentalmente, era la reserva de la Historia social y económica, hay una dura crítica. Hubo críticas durísimas a los “mandarines” franceses, a los mandarines de l'Ecole des hautes études (Escuela de Altos Estudios) y de la Sorbona.

La Historia Política hará una gran crítica, el punto de partida es René Rémond. Es el más importante de los historiadores de Historia política, sin complejos, adorado maestro por sus discípulos. Ha sembrado entre ellos la admiración (hombre afable, “buena gente”, accesible... nada comparable a los historiadores omniscientes). Desde su Universidad (París 10) ha reunido un gran equipo de estudios. Dice que todo es política. Los fenómenos políticos tienen una autonomía suficiente para construir una realidad distinta. Incorpora a la Historia Política los métodos estadísticos, cuantitativos, seriales, y hace de la Historia Política una ciencia, uno de los aspectos principales es la base histórica.

Comienza una gran época de esplendor para esta Historia: desde la Historia de los reyes, de los primeros ministros, hasta cualquier aspecto de la vida política. La potencialidad, salud, de la Historia Política es fabulosa, la más dinámica.

En buena medida ha sido la escuela de R. Rémond la gran impulsora de esta forma de Historia. Hoy la Historia política es la vanguardia en el territorio de la Historia Contemporánea. Rémond fue discípulo de P. Renouvin, el gran historiador de la Historia de las relaciones internacionales. Braudel nunca fue profesor de universidad, en el tribunal de la oposición estaba Renouvin, y le dieron la cátedra de la Sorbona a un desconocido.

En la Nueva Historia Política los planteamientos de Renouvin vuelven a tener gran vigencia. Sus trabajos fueron fundamentales. Ya Renouvin incorporó a sus trabajos las denominadas “fuerzas profundas” (razones económicas, religiosas y culturales). Fue más allá de los historiadores de las estructuras. Las relaciones internacionales no sólo se refieren a la relaciones entre gobiernos y estados, tienen muy en cuenta las relaciones de política interior (opinión pública, estrategias de los partidos, motivos económicos...). La política interior es fundamental a la hora de la proyección de la política entre los Estados. Es muy importante el contexto exterior. Depende de la categoría de los Estados. Pero hay países como Israel con política exterior muy activa, incluso Palestina. Austria, país pacifista desde la Segunda G. M., mantiene una política internacional muy activa. Sobre el peso de lo militar en la política internacional un ejemplo es que cuando los RR. CC. Incorporaron Navarra, y los franceses en una embajada dijeron en virtud de qué derechos se habían anexionado Navarra. El cardenal Cisneros los llevó al patio del palacio, lleno de cañones, y dijo: “con estos poderes”. El peso militar es, por tanto, muy importante.

Hay un entresijo de elementos fundamentales en el estudio de las relaciones internacionales. Los alumnos de Renouvin y Rémond lo han desarrollado. Hasta hace poco, la lengua de la diplomacia es el francés, el protocolo. Los franceses han tenido una primacía importante en esto durante la Edad Moderna y buena parte de la Contemporánea. Se trata de una serie de elementos complejos, entre ellos el prestigio. España tuvo un lugar importante en los siglos XVI, XVII y XVIII en las relaciones internacionales. Una Historia de las relaciones internacionales con estos nuevos elementos da una consistencia notable, que no tenían obras anteriores (básicamente recopilación de tratados, como criticó Febvre). Se estudian también las fronteras dentro de las relaciones internacionales. Debido a esto, la Historia de las relaciones internacionales se ha rejuvenecido mucho.

También está, junto a las relaciones internacionales, la Historia militar. Tiene un valor autónomo. Quizás forma parte de la Historia Política. Bismarck dijo: “los asuntos de la guerra son demasiado serios para dejarlos en manos de los militares”. La Historia militar, en general, ha estado hecha por militares y es demasiado recargada, estudian sobre todo aspectos técnicos, detalles de armas, regimientos...

Ahora se estudia por ejemplo el papel importante de la propaganda (exterior e interior), la intendencia, aspectos económicos... Se estudia la Historia militar integrada en una visión más amplia, de las relaciones internacionales. Las propias capitanías generales apoyan el estudio de determinados acontecimientos bélicos, militares. La “cátedra del general Castaños” hace muchas publicaciones sobre Historia militar.

Otro aspecto importante es la Historia de la vida política (también Historia Política). Destacan las elecciones y los partidos políticos. Las elecciones son reveladoras de la opinión pública, el análisis de unas relaciones de muchas noticias, de aspectos muy distintos, que exigen una aproximación interdisciplinar: estudios sociológicos, psicológicos... que expliquen el comportamiento de los individuos en las elecciones. Hoy existen muchos medios, son más fiables. Pero, en los actos de las elecciones de países con tradición liberal, hay gran cantidad de material, información.

Ha habido elecciones muy estudiadas, por ejemplo en España las del Frente popular, las elecciones de febrero de 1936, se ve cómo se polariza la opinión española, llevando meses después a la guerra civil.

Está el estudio de las campañas electorales, la elección de los candidatos, las enemistades que se crean...

El otro gran tema es la Historia de los partidos políticos. R. Rémond: Las derechas en Francia, obra maestra. Es algo muy amplio, está la organización del partido político. Hay partidos con un papel muy importante (como la Unión Liberal en el XIX). El punto de las bases sociales, quién apoya a los partidos y por qué.

Es fundamental también la biografía de los dirigentes de los partidos. Ya se conoce bien Cánovas. Pero no tenemos grandes biografías, sobre todo de los políticas de 2ª línea. Hay aún mucho por hacer. La cuestión de la sociabilidad, el papel del “boca a boca”, las reuniones en bares, ateneos... es importante en el reclutamiento. Hay estudios al respecto en Inglaterra (sistema democrático más antiguo de Europa), hay tradición de biografías: sobre Fox, Pitt, Churchill, etc.

Hay estudios realizados por políticos. Un autor es Owen, hace una crítica demoledora (en España, por desgracia, cuando se hace el estudio de un político, o se hace una apología o se escribe contra él). En un libro sobre políticos ingleses del siglo XX, Owen utiliza la Historia oral; Halley, político de 2ª fila, pasó toda la Segunda G. M. en los ferrocarriles ingleses, y el autor le preguntó qué aprendió, y dijo que nada, sólo el destino de los trenes en las estaciones.

Aparte de Inglaterra, 2 períodos privilegiados donde se han hecho grandes estudios son la III República Francesa y la II República española. En cuanto a la III República, es modélico el estudio de las ideas políticas en los partidos, obra de Jacqueline Lalouette, libro de carácter general: El librepensamiento en las orientaciones políticas de la III República, estudio del papel del librepensamiento. Da una lección extraordinaria de cómo estudiar las orientaciones de los distintos partidos políticos. Se ven las tensiones entre historia religiosa y política. La III República es fascinante para el historiador. Otro período muy atractivo para el estudio del historiador es la II República española. Tradicionalmente se ha dicho que buena parte de los republicanos eran intelectuales, la República española alcanzó un listón muy alto, gente que escribió mucho (aunque en la aplicación práctica su obra resultó lamentable). Casi debería juzgárselos por lo que querían hacer, porque lo que hicieron fue un desastre.

También es muy interesante la República de Weimar, de vida traumática (culpable de la locura de la inflación, acabará dando lugar al nazismo). Es un periodo de gran interés.

La biografía de los hombres de Estado, cancilleres, es muy interesante, las biografías son extraordinarias. Las biografías de políticos son fundamentales en la Historia Política. Al ser muchos, están los estudios “prosopográficos”, donde se estudia la personalidad de manera breve, son como diccionarios prosopográficos, sobre la vida de manera reducida. Se hace una pequeña biografía, es muy útil para conocer los engranajes. Se conoce así la gente que manda en un momento determinado.

La Historia de las representaciones políticas (también dentro de la Historia Política) es una dimensión privilegiada por R. Rémond y su escuela. Ha caído en descrédito el modelo antiguo de la Historia de las ideas políticas. Esta materia de las ideas políticas ha tenido crítica importantes por no recoger las influencias de la lingüística. Por eso los historiadores de las ideas políticas están cada vez más preocupados por la historia del discurso político.

La Historia de las representaciones políticas ve cómo se plasman en el discurso político estas ideas políticas. La materia de las ideas políticas pasa a ser un estudio donde se tiene en cuenta la opinión, la influencia de la prensa, radio, televisión, la influencia de los intelectuales en los políticos... Especial interés tiene el mundo de los intelectuales. Esta expresión surgió en Francia a fines del siglo XIX como consecuencia del affaire Dreyfus, que dividió a Francia en los contrarios o partidarios de Dreyfus, inculpación a un militar de ascendencia judía por los antisemitas, produjo una “guerra civil ideológica”. La clase intelectual se pronunció denunciando la indignidad y burda trama hecha del caso para perjudicar a los judíos, destacando E. Zola (“Yo acuso”). Esa expresión repercutió en España, donde los intelectuales tendrán a partir del 98 gran importancia en las ideas políticas. Surgió una clase de intelectuales de gran influencia en la opinión pública.

La historia de los intelectuales es apasionante por muchos motivos: tienen un corpus de ideas, se pueden estudiar sus disputas, influencias... Hay estudios a 3 niveles: sus ideas, la política y la repercusión de la cultura política en la mentalidad de la gente. Un libro de Winnock se llama El siglo de los intelectuales. El intelectual supremo en Francia es Sartre. En España el prototipo será Ortega, escribe un artículo en “El Sol”, dando el toque de gracia a la monarquía de Alfonso XIII (“Delenda est Monarchia”, la monarquía debe ser destruida). El efecto fue extraordinario. Fue uno de los artículos de mayor influencia que se recuerdan; después se arrepintió de haberlo escrito, y se desdijo con otro artículo (“No es eso”). Estos son elementos que se estudian en una Historia de las representaciones políticas, no en la Historia de las ideas políticas.

Los 2 países con mayor ascendencia son Francia y España, en menor medida Italia. En los países anglosajones en el periodismo apenas influyen los intelectuales. En sociedades politizadas como las mediterráneas la importancia de los intelectuales es grande. Hay casos en España de intelectuales ya antes del 98, destaca en este sentido, con gran influencia en los periódicos, José María Blanco White (“El Español”, diario en Londres). Se ha publicado un libro de Gregorio Morán, ha escrito sobre el comunismo. Escribió un libro impresionante sobre Ortega. Ese tipo de historias de intelectuales es uno de los estudios que últimamente se ha hecho.

Otro plato fuerte en Historia Política es la Historia del Estado. Es el dominio ahora más trabajado, antes fue muy olvidado por la investigación. Se estudia en sus relaciones con los poderes públicos, con la estructura del poder, relaciones Iglesia-Estado, actitudes políticas, etc. Se estudian muchos aspectos antes olvidados: estudio de la policía, de la justicia, de la inmigración, del trabajo, la salud... Uno de los libros más importantes es el de Domínguez Ortiz: Sociedad y Estado en el siglo XVIII español, un libro prodigioso. Hace después un estudio regional del Estado y la sociedad, las implicaciones, relaciones...

Otro elemento muy concreto dentro de la Historia Política es la Historia del político. No basta hacer una Historia de los fenómenos llamados políticos, sino de las personas que protagonizan la vida política, implica una aproximación al hombre, al individuo (que no necesariamente ha de ser el político importante, puede ser el sujeto que es el individuo, de qué forma el ciudadano participa en la política). El ciudadano es el elector, puede tener mucho que decir. Las direcciones de la investigación son innumerables al respecto.

La misma historia de los intelectuales, que influye en la política, es en cierto modo una historia del político. Puede ser objeto del análisis del historiador el político no comprometido... hay muchas posibilidades. Es fundamental también la vida privada del político, como base para estudiar el comportamiento, visión política, sus relaciones con otras personas... Algo muy importante es la “sociabilidad”: ver el lugar donde actúa, se mueve el político. Es una reacción contra la Historia anterior (social, marxista), sería la Historia social del político. Influye mucho hasta en los símbolos, que pueden decir mucho. Es fundamental a la hora de explicar la vida de un político. Hay un autor francés importante al respecto, Maurice Agulhon, ha estudiado los símbolos de la sociabilidad en la III República francesa, dice que la política está en todo en nuestras investigaciones. Ya lo que menos se estudian son las ideas políticas.

Cada vez se nota en la Historia Política que en sí misma pretende encuadrarla en un marco amplio de Historia Cultural. Esa orientación le da un carácter de una Historia muy atractiva, se plantea dentro de una orientación socio-histórica, tiene en cuenta las relaciones de la política con lo cultural en un sentido amplio. Una obra que ha influido mucho, de Foucault, es Poder y saber, hace una denuncia del totalitarismo y da los cauces para enfocar el poder en una sociedad más consciente de sí misma, hay unos planteamientos filosóficos.

Por los estudios dedicados a la Historia de la vida privada, la Historia Política ha captado también estos planteamientos: la moral, por ejemplo. Alumbra los estudios sobre municipios, sindicatos, partidos políticos... Dentro de esta Historia de las relaciones de poder, uno de los caballos de batalla es la aclaración de la terminología política. Hay un afán por aclarar los términos, como izquierda y derecha (la más antigua representación de la vida política, sigue siendo fundamental). El propio R. Rémond, padre de la nueva Historia Política, hizo su tesis sobre Las derechas en Francia. Muchos alumnos han estudiado las izquierdas y derechas en Francia y en otros países. Hay una simplificación al hablar de estos términos.

Después de estos estudios se llega a la conclusión de que el carácter antagónico realmente no lo es tanto, no es blanco y negro. Durante mucho tiempo las izquierdas se han autocomplacido presentándose como “progresistas”. Pero si vemos la Unión Soviética, es un esperpento considerarlo un progreso. En la práctica política perviven no obstante las viejas controversias, la derecha sería la libertad frente a la igualdad, el individualismo... Todo esto la Nueva Historia lo discute y lo revisa, cada vez hay una mayor homogeneización entre izquierda y derecha, es más lo que las une que lo que las separa. Se discute, por ejemplo, que la derecha esté más unida a los valores de la familia o a la moral del esfuerzo que la izquierda.

Estas cuestiones son fundamentales en trabajos recientes de los nuevos historiadores de la Nueva Historia Política. Un ejemplo es Michel Winock, ha hecho un estudio exhaustivo del término izquierda y derecha. Los términos surgieron en la Revolución Francesa, donde los partidarios de ideas más tradicionales se sentaron en el lado derecho. Se generó un debate. Pero, a finales del siglo XIX, con el affaire de Dreyfus, se produjo una polarización, dualidad irreconciliable entre las corrientes de opinión y comportamiento. La derrota de los anti-Dreyfus fue una etapa de descrédito de la derecha, se caricaturizó como una actitud reaccionaria, antisemita, que negaba el progreso. A partir de entonces se han mantenido estos términos hasta la nueva valoración historiográfica de la Nueva Historia Política.

El libro de Rémond muestra que hay muchas facciones y que las izquierdas han tenido tradicionalmente más simpatías por haber estado más tiempo en la oposición. A las izquierdas se les presentó como el punto de vista del pueblo, la esencia de la democracia, la alternativa apoyada por los intelectuales... de ahí el prestigio de la izquierda en esta bipolarización. Los historiadores han acogido generalmente con simpatía los planteamientos de los intelectuales.

Fue la guerra civil española la que dio una gran fama a la izquierda en general. Los planteamientos de la República eran irrealizables. Hay que juzgarla más por lo que quiso hacer. Le dio un eco progresista, mítico a la “república de los intelectuales” que aún se mantiene. Se identificó con la izquierda la verdad, la justicia, y eso es un precedente importante de lo que ocurrió tras el 45 con el hundimiento del fascismo, aumentó el prestigio de la izquierda; en los años 50 es extraordinario. En 1955 Sartre, el pontífice de la izquierda, hace de la izquierda un mito que ha pervivido durante generaciones.

Las campañas de las izquierdas en contra de las derechas, contra “los vencedores capitalistas”, fueron grandes. Se llega a decir que los vencedores capitalistas eran “los mastines”. Se extiende la denominación “fascista” a todo lo de derechas. Se expone un maniqueísmo, los buenos y los malos. Se llegó a acusar a Churchill de fascista. Hay una gran confusión terminológica, demagógica. En la primera elección de Mitterrand todavía él mismo pretendía el “fin del régimen capitalista”, aún en 1981. Se utiliza mucho la denominación “fascista”, ejemplo de la confusión terminológica. Hay historiadores que aún no han aceptado la caída del bloque comunista.

El fracaso de la Unión Soviética y el hundimiento del comunismo, la catástrofe económica y social, tiene grandes consecuencias en la toma de posición de la Nueva Historia Política. Los historiadores tomaron conciencia de lo que era en realidad el “santuario del comunismo”. Se produjo también la llegada al poder en Francia y España de las izquierdas, con el desgaste que ello implica, con escándalos. Las cosas empiezan a cambiar, y la Nueva Historia Política busca otros parámetros y defiende otros argumentos que los de la vieja Historia Política. Las izquierdas, con la práctica del poder, pierden la autoasumida legitimidad. Los historiadores aclaran que la derecha no es reacción, totalitarismo en países como Inglaterra gran parte de los logros políticos y sociales se han logrado con gobiernos de derecha.

Otro mito ha sido considerar la República una “República de intelectuales”. El gran intelectual es Manuel Azaña, pero en su época apenas tuvo lectores. Hay muchos libros sobre la República escrito bajo una óptica que la ve con beneplácito. El programa político republicano era idílico, pero completamente irrealista. Todavía vivimos con muchos “mitos de la República”, muchas historias maniqueas. Pero el asunto es mucho más complejo. Para Moreno Alonso, Negrín no fue un intelectual. La derecha ha vivido siempre con un gran complejo de que las ideas nuevas vienen de la izquierda. La Nueva Historia Política revisa muchas de estas cuestiones, revisa el planteamiento. La cosas ya no se ven como blanco o negro.

Los grandes acontecimientos, como la Revolución Francesa, se han visto tradicionalmente desde 2 planteamientos: de izquierda y de derecha. Pero está cambiando, incluso autores como Furet hicieron una revisión. Algunas tesis de Furet ontradicen la visión de la Revolución. En uno de sus últimos libros (1999) abordó el tema de la Revolución (La Revolución a debate). El prólogo se titula “La inteligencia del político: el caso de la izquierda intelectual francesa”. La historiografía de izquierda ha tardado demasiado en aceptar que la Revolución soviética degeneró pronto en un régimen totalitario. Esa misma historiografía de izquierda es la que hereda la historiografía de la Revolución de 1789, una historiografía que, de forma arrogante, no ha percibido el “gulag” del terror, piensas que el Estado revolucionario es el garante de la libertad y la igualdad. Es una historiografía, dice, que niega los hechos que la Historia a relevado; acusa a la Historia y justifica la Revolución. Esta historiografía sobre la Revolución Soviética es la misma que se dedica a la Revolución Francesa, rechaza los postulados definidos por Tocqueville, el gran historiador de la Revolución Francesa:

  • la Revolución, según Tocqueville, supuso la instauración de un régimen político despótico.

  • la Revolución ha actuado con más absolutismo que la monarquía absoluta.

Confrontando las investigaciones sobre la Revolución Francesa y lo visto tras el desmoronamiento de la Unión Soviética, ha hecho que se diera validez a los postulados de Tocqueville.

Está también la cuestión del terror en la Revolución, en ambas revoluciones es clave. En la historiografía de izquierda permanece la herencia de una Historia típicamente jacobina, que en sus inicios justificó el terror. La izquierda ha visto la grandeza de la restitución al pueblo de la soberanía, y luego ha defendido como una idea de necesidad histórica la aparición de la lucha de clases y la presencia en el propio gobierno del terror.

Existe una historiografía socialista que ha enfrentado los intereses del pueblo a los de la burguesía. En el caso de Robespierre, es un burgués, no un representante del pueblo. Ha llevado a imaginar la existencia de un poder al servicio de los pobres, cuando en realidad la existencia de una conciencia social en la Revolución Francesa es muy discutible. La sociedad francesa no cambió sus estructuras. El terror revolucionario no es un modo de gobierno inédito, no fue Patrimonio de un gobierno de izquierda en la práctica política.

Ha surgido una mitología revolucionaria que Furet desmonta en sus tesis principales, había ausencia de una análisis histórico de los gobiernos de la Revolución, 1º en Francia y luego en Rusia. La dictadura es una actitud que según la izquierda proviene de la derecha. Luego está el carácter “sublime” de los principios de la Revolución, pero no tuvieron materialidad en la práctica de la Revolución. Surge una visión de la Revolución idealizada, que tiene poco que ver con los hechos, el paso de la teocracia a la democracia no se produce de manera consistente, igual que la idea que la Revolución puso el poder en manos del pueblo, no fue así, una minoría manejó a la mayoría.

Thiers, Mignet y Guizot fueron los que inventaron el “determinismo histórico”. Sobre la base de estas ideas Furet (que hace una crítica de los principios tradicionales de izquierda y de derecha) saca la conclusión de que lo que ha predominado de la historiografía tradicional que se ha situado en un polo u otro es que hay un desprecio de los hechos, se excluye cualquier crítica, y hablaban desde posiciones infalibles. La historiografía sobre la Revolución Francesa considera “reaccionarias” las críticas.

Pero esto no ocurre en la historiografía inglesa. Los enemigos de la Revolución según la historiografía francesa de la época eran los espías ingleses. Los ingleses defendían la propiedad, la existencia de las élites, y los historiadores ingleses han considerado la Revolución Francesa una tragedia. De los historiadores ingleses, el punto de partida es Burke, el fundador de la crítica histórica conservadora y reaccionaria frente a la historiografía de izquierda. Burke es casi ignorado por los historiadores franceses de la Revolución (Michelet, Lefebvre...). Se dice que la historiografía inglesa no supo captar los “valores” de la Revolución. La idea de Burke (que era whig) es que la monarquía en Francia no había sido tan mala. El mismo Napoleón contempló los acontecimientos del 10 de agosto de 1792 y le repugnó profundamente. Cuando se le dio el mando a Napoleón para restablecer el orden público, la postura de éste fue clarísima, aplastó la manifestación a cañonazos. Decía Napoleón al final de sus ideas la vergüenza que para él había supuesto la actitud de bonachón de Luis XVI, que no hizo lo que él sí se atrevió, por intentar conciliar las posturas. Es una idea con el sentido común característico de los ingleses. La historiografía de izquierda o derecha escribe sus prejuicios, mientras que Burke dice con sentido común que Luis XVI no fue un mal monarca. Recibió muchas acusaciones por exponer ésto. En razón de este posicionamiento, con prejuicios previos, se demoniza desde la historiografía de izquierda cualquier crítica a la Revolución, se les considera “contrarrevolucionarios”, se les desprestigia. Tan sólo en los últimos años se permiten ciertas críticas como las de Tocqueville. Denota el nivel de acriticismo, intolerancia de esta historiografía francesa.

Tocqueville dice que el sistema jacobino es herencia del antiguo despotismo de los reyes, pertenecería a la misma línea de gobierno de los monarcas absolutos. En su momento pareció una herejía. Robespierre estaría en la línea de Richelieu. El desastre que fue la Revolución Francesa para Francia explica el retraso francés en la revolución industrial. Tocqueville consideraba la Revolución un tipo más de dictadura. Además, en la Revolución estaba presente la misma vieja “razón de Estado”, suponía una vuelta atrás en el progreso. El precio que tuvo que pagar Francia por la Revolución fue la inestabilidad, la Revolución fue incapaz de resolver los problemas por sí misma, vendrán las revoluciones del siglo XIX (1830, 1848...). Tampoco se acabó el Antiguo Régimen, ni desde el punto de vista social, ni económico, ni político. El final de la Revolución es el absolutismo de Napoleón. Significa el final de esa tradición republicana tan exaltada por parte de los que han hecho la apología de la Revolución. La Revolución se repetiría, por inacabada, a lo largo del siglo XIX.

Una historiografía revolucionaria que ha puesto siempre su ilusión en lo que Furet llama “la esperanza revolucionaria”, de ahí el fervor con que fue acogida la Revolución Soviética, acogida por la historiografía jacobina como la “salvación final del mundo”. La historiografía defiende la necesidad de la Revolución, no acepta el fracaso que en muchos aspectos significó la Revolución Francesa y quiere que el esquema se repita. Pretende que la Revolución significó “una vida nueva”. La historiografía jacobina construyó su propia utopía de que se ha creado un nuevo orden, poder, con libertad, igualdad y fraternidad. Silencia los aspectos más negativos, el terror, en el caso de la Unión Soviética el Gulag. La historiografía de izquierda cree que el comunismo siempre era mejorable, el capitalismo no. Ha tenido que ocurrir el desmoronamiento del régimen soviético para ver que el comunismo no era mejorable.

El historiador ha de aprender de esta experiencia histórica. La historiografía de izquierda no ha entendido, valorado suficientemente, el drama humano que significó esta experiencia histórica, y por sus prejuicios no ha aceptado las tesis de la historiografía conservadora, como Burke, siempre más cercana a la comprensión de los hechos.

Libro: Anatomía de la Revolución, de Brinton, estudia la Revolución americana, la francesa y la rusa. André Gide hizo un viaje a la Unión Soviética y escribió un libro de desencanto en contra de la U. Soviética: El regreso de la URSS. Los intelectuales vieron la realidad del mundo soviético con un mero viaje turístico, pero los historiadores no han sabido ver, por lo general, los grandes errores de la Revolución Soviética y la francesa.

La conclusión de Furet es que la historiografía ha de estudiar la realidad histórica sin atenerse a posturas, dogmas previos. Hay que ser más crítico respecto a los tópicos, utopías y mitos creados. Frase de Tocqueville: “La democracia favorece de mil maneras un cierto conservadurismo, y el sufragio universal no es revolucionario”.

La Nueva Historia Cultural (puede ser pregunta de examen)

Es común a las últimas tendencias historiográficas que la Historia ha superado ya las grandes reservas de la Historia positivista, de las estructuras, hacia la Historia narrativa. Hoy el complejo está superado, y la Historia apuesta por la narración, hay una vuelta a la narración.

Uno de los historiadores alemanes de mayor prestigio, Golo Mann, hijo de Thomas Mann y sobrino de Heinrich Mann, ha escrito sus memorias, dice que todo lo que ha aprendido es de su padre y tío. Se ha recuperado una tradición narrativa, que había quedado interrumpida por la historia cientificista de después de la Segunda G. M. Se ha recuperado la narrativa en Francia, Inglaterra... La Historia narrativa es la historia tradicional, que se narraba y contaba. Hoy parece un esperpento la Historia serial, que pretendía resolver la forma de contar con números, ecuaciones matemáticas. Ahora se está produciendo un auge de la narración, entre otras cosas a través de la “historia-ficción”.

Hoy por hoy, la llamada Nueva Historia Cultural es la más reciente desde que empezó a cuestionarse la forma clásica de la Historia. Es el nombre dado a una Historia que pretende ser de síntesis, intenta contar el pasado agrupando todas las manifestaciones realizadas por el hombre. El término tiene un problema, su indefinición. Se habla demasiado alegremente de “cultura”, y no hay un acuerdo previo de qué es. Es una Historia que tiene mucho que ver con la Historia de las mentalidades, no tiene que ver con la vieja historia de la cultura (representada por el suizo Jacob Burckhardt, autor de obras famosas sobre el mundo antiguo y el Renacimiento; y J. Huizinga, el más importante de los historiadores holandeses, entre las 2 guerras mundiales escribió una obra maestra, El otoño de la Edad Media, estudio de la vida cultural en Europa en el siglo XV, particularmente en Flandes). En Huizinga se encuentra ya un precedente de la nueva Historia Cultural: estudia la mentalidad, el sentimiento.

La Nueva Historia Cultural hace hincapié en las actitudes colectivas, en la cotidianidad y en “la estructura de las creencias”. Tiene que ver con la historia de las mentalidades. La Nueva Historia Cultural debe mucho a la Antropología, formas de pensar, las representaciones.

Sus fronteras están indefinidas. Se han hecho diversas críticas. Una es el “psicologismo anacrónico”, con frecuencia se pueden transportar erróneamente nuestros juicios de valores al pasado, así se saca de contexto la explicación que hay que darle a los temas. Pero hay que ponerse en la mentalidad de la época. No se debe caer en anacronismos. Una cosa es plantearnos desde el interés actual el pasado (recordar la frase de Croce) y otra dar respuestas con clichés actuales.

Otro peligro es el de la imprecisión terminológica, al carecer de una identidad estable, se cae en una terminología imprecisa. Con frecuencia se aplican términos actuales a otras épocas. Tocqueville, por ejemplo, no puede hablar de “comunas” en América como pone en una traducción al español.

Otro problema es el intelectualismo, con frecuencia los historiadores, en vez de reconstruir la Historia, dan sus opiniones, reduciéndose la Historia a juicios de opinión. Esto lleva a un gran relativismo, donde todo está a merced del capricho, la imaginación. Pero el trabajo de un historiador no es el de un intelectual clásico. El historiador debe basarse en las fuentes, hay que desprenderse de la carga ideológica, intelectual. Una cosa es la interpretación y otra la opinión. Normalmente, quienes opinan no tienen ni idea de nada, como la mayoría de los periodistas de tertulias de radio y televisión. Por ejemplo, también Ortega opinando en “El Espectador”.

Este historicismo de la Nueva Historia Cultural no está todavía firmemente asentado. Recoge en su seno la Historia que cada vez más se ha ido fragmentando al estudiar el arte, la literatura, las ideas... es una Historia que “recoge” la Historia en migajas que está dispersa. El arte se entiende mejor con la literatura, la Historia social de la época... Es una forma de conocer el pasado que incorpora aspectos económicos, políticos, sociales... dando cierta unidad a los elementos dispersos. Se habla de “un consenso cultural”, que haya un entendimiento que permite integrar para conocer mejor los hechos, las personas, creaciones... la vida privilegiando la cultura. La mayoría de los libros de Historia no trataban la cultura, o muy poco.

Hay una apuesta por una cultura antropológica, todo lo que ayuda a entender lo que el hombre hace. En realidad, la idea del consenso cultural tampoco es original de la Nueva Historia Cultural, está implícita en el propio Huizinga.

Con la introducción en los estudios historiográficos de la semiótica, se ha robustecido la idea de lo importante que es todo lo que forma parte de la cultura, del lenguaje a la comida. Así, encontramos una nueva forma de acercarse al pasado estudiando aspectos tan distintos como los gestos, los sueños, el lenguaje...

Implica una importante interdisciplinaridad. Esta interdisciplinaridad la había perdido la Historia Científica, por los compartimentos estanco, que ahora se tratan de romper y relacionar. Esta nueva Historia cultural trata de explicar todo en su complejidad, se basa mucho en los principios de la Historia como representación, se alarga la perspectiva. Hablamos de arte, enseñanza, imágenes, deporte, ciencias... Una originalidad de esta Historia es que implica una visión “constructivista” (lo contrario que la Historia en migajas), intenta agrupar las distintas parcelas, es el proceso contrario al del deconstruccionismo.

*Historia sobre Labrousse, el gran “papa” de la Historia científica. Un historiador “reciclado”, en un congreso donde se reunían los historiadores de la escuela de Labrousse. Éste expuso los principios de la forma de hacer Historia. Un historiador más joven le hizo una serie de observaciones, y Labrousse se lo “comía”. Labrousse quiso buscar soluciones a los problemas (0001a, 0001b,...). La actitud del joven historiador es que hay que buscar dificultades a las soluciones, porque ninguna solución es definitiva, y no podemos tratar de solucionar para siempre la Historia. Hay que dudar siempre de uno mismo y del método.

COMBATES POR LA HISTORIA (LUCIEN FEBVRE)

*“La Historia se hace con textos”. Fórmula célebre, que todavía no ha agotado su virtud. Los exploradores de las sociedades antiguas escapaban, felizmente, ante los peligros de una tal fórmula de encogimiento y mutilación. Sus estudios eran vivificados sin cesar y renovados por las excavaciones, los descubrimientos de monumentos y de material humano.

*Hay que utilizar los textos, sin duda. Pero todos los textos. Y no solamente los documentos de archivo a favor de los cuales se ha creado un privilegio: el privilegio de extraer de ellos un nombre, un lugar, una fecha, un nombre, todo el saber positivo. También un poema, un cuadro, un drama son para nosotros documentos, testimonios de una Historia viva y humana.

*La Historia se edifica con todo lo que el ingenio de los hombres puede inventar y combinar para suplir el silencio de los textos, los estragos del olvido.

*La realidad es el hombre en grupo. Arranca del presente y a través de él, siempre conoce e interpreta el pasado.

*En el origen de toda adquisición científica existe el no-conformismo. Los progresos de la ciencia son fruto de la discordia.

*No hay historia económica y social. Hay Historia sin más, en su unidad. La Historia que es, por definición, absolutamente social.

*Historia como estudio científicamente elaborado, y no como ciencia: plantear problemas y formular hipótesis.

*Plantear un problema es, precisamente, el comienzo y el final de toda Historia. Sin problemas no hay Historia.

*No hay que contentarse con ver desde la orilla, perezosamente, lo que ocurre en el mar enfurecido.

*Desde 1929, los Annales han ido apareciendo continuamente.

*La Historia responde a las preguntas que el hombre de hoy se plantea necesariamente.

*Restringir el campo de acción del científico es aumentar la plaga de la “especialización”.

*En un breve prefacio, Ch. Seignobos presenta al público francés una Histoire de Russie en tres gruesos volúmenes. Una vez más Ch. Seignobos entona el himno en honor de la historia-cuadro, que es la historia-manual.

*Tableau géographique de Vidal de la Blache.

*Yo no soy de esos para quienes la Historia “es sólo obra de individuos”. En mi opinión, la Historia es obra de los individuos y de los grupos. El individuo histórico, el personaje histórico más exactamente, se desarrolla en y por el grupo. Hay momentos en que se separa del grupo y le muestra caminos nuevos. Pero para llevar a cabo su obra es necesario que el individuo se sumerja de nuevo en el grupo.

*La Historia no se hace sin un mínimo de conocimientos positivos.

*El historiador sólo tiene un objetivo. Saber es sólo un comienzo. Juzgar, no. Prever, aún menos. Se trata, efectivamente, de comprender y hacer comprender.

*Historia de la nación francesa de Ch. Seignobos. A Seignobos no le gusta la Edad Media. La considera pueril y se compadece por su “ingenuidad”. A lo largo de todo su libro hace de Francia “algo ya hecho”.

*La Historia no es juzgar; es comprender y hacer comprender.

*Louis Halphen: Introduction à l'histoire. Pero más que una introducción lo que el autor pretende es una defensa de la Historia.

*Arnold J. Tonybee: A Study of History. Tonybee pretende llevar a cabo en veinte volúmenes un estudio comparativo de las civilizaciones que la humanidad ha ido creando sucesivamente. Sin embargo, lo que de loable nos aporta la obra no es gran cosa nueva, y lo que nos aporta de nuevo, no nos sirve.

*En 1922 aparecía un libro en Alemania llamado Der Untergang des Abendlandes, de Oswald Spengler.

*Paul Valery daba una lechón a esos estúpidos que no se habían dado cuenta, antes de él, de que, por ejemplo, la aparición en los hogares de la luz eléctrica fue un acontecimiento histórico mucho más importante que tal congreso diplomático de soluciones efímeras.

*Fernand Braudel. Tesis defendida en la Sorbona: La Méditerranée et le monde méditerranéen à l'époque de Philippe II.

Alfred Maury

Henri Hauser

Henri Pirenne (Historia de Bélgica)

Picard

M. de Lagarde

Julien Benda

Camille Desmoulins

Albert Mathiez

Sir James Frazer

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA (MARC BLOCH)

*No alcanzo a imaginar mayor halago para un escritor que saber hablar por igual a los doctos y a los escolares.

*Incluso si hubiera que considerar a la Historia incapaz de otros servicios, por lo menos podría decirse en su favor que distrae. Para quien no sea un tonto de marca mayor, todas las ciencias son interesantes. Pero cada sabio sólo encuentra una cuyo cultivo le divierte. Descubrirla para consagrarse a ella es propiamente lo que se llama vocación.

*Cuidémonos de quitar a nuestra ciencia su parte de poesía. Sería una formidable tontería pensar que tan poderoso atractivo sobre la sensibilidad, tiene que ser menos capaz también de satisfacer a nuestra inteligencia.

*O será preciso desaconsejar el cultivo de la Historia a todos los espíritus susceptibles de emplear mejor su tiempo en otros terrenos, o la Historia tendrá que probar su legitimidad como conocimiento.

*En las últimas décadas del siglo XIX y hasta en los primeros años del siglo XX se ha tenido una imagen verdaderamente comtiana de las ciencias del mundo físico. Extendiendo al conjunto de las adquisiciones del espíritu este sistema prestigioso, consideraban que no puede haber conocimiento auténtico que no pueda desembocar en certidumbres formuladas bajo el aspecto de leyes imperiosamente universales por medio de demostraciones irrefutables. Sin embargo, ahora estamos mucho mejor dispuestos a admitir que un conocimiento puede pretender el nombre de científico aunque no se confiese capaz de realizar demostraciones euclidianas o de leyes inmutables de repetición. Hoy aceptamos mucho más fácilmente hacer de la certidumbre y del universalismo una cuestión de grados. No sentimos ya la obligación de tratar de imponer a todos los objetos del saber un modelo intelectual uniforme, tomado de las ciencias de la naturaleza física, pues sabemos que en las propias ciencias físicas ese modelo no se aplica ya completo.

*Considerada aisladamente, cada ciencia no representa nunca más que un fragmento del movimiento universal hacia el conocimiento.

*El objeto de la Historia es esencialmente el hombre. Mejor dicho: los hombres. Se puede definir como la “ciencia de los hombres en el tiempo”.

*Un fenómeno histórico nunca puede ser explicado en su totalidad fuera del estudio de su momento.

*“Quien quiera atenerse al presente, a lo actual, no comprenderá lo actual”. La ignorancia del pasado no se limita a impedir el conocimiento del presente, sino que compromete, en el presente, la misma acción. La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es, quizás, menos vano esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente. La facultad por captar lo vivo es, en efecto, la cualidad dominante del historiador.

*El pasado es, por definición, un dato que ya nada habrá de modificar. Pero el conocimiento del pasado es algo que está en constante progreso, que se transforma y se perfecciona sin cesar.

*Los textos, o los documentos arqueológicos, aun los más claros en apariencia y los más complacientes, no hablan sino cuando se sabe interrogarlos. Toda investigación histórica presupone, desde sus primeros pasos, que la encuesta tenga ya una dirección.

*El itinerario establecido por un explorador antes de su salida no será seguido punto por punto; pero, de no tenerlo, se expondrá a errar eternamente a la aventura.

*Gran querella de las notas a pie de página: el margen inferior de las páginas ejerce, en muchos eruditos, una atracción que llega al vértigo. Es absurdo llenar los blancos, como lo hacen, con notas bibliográficas que una lista puesta al principio del volumen, por lo general hubiese hecho innecesarias; o, aun peor, relegar allí largos desarrollos cuyo sitio estaba indicado en el cuerpo mismo de la exposición, de manera que es, a veces, en el sótano donde hay que buscar lo más útil de esas obras.

*Las relaciones frecuentes entre los hombres hacen fácil la comparación entre diversos relatos, excitan el sentido crítico; por el contrario, se cree fervientemente al narrador que, a largos intervalos y por difíciles caminos, trae rumores lejanos.

*Mabillon fundó la diplomática comparando los diplomas merovingios, unas veces entre sí, otras con otros textos distintos por la época o la naturaleza. De la confrontación de las narraciones evangélicas nació la exégesis. En la base de toda crítica se inscribe un trabajo de comparación.

*Por el mundo existen eruditos que se empeñan ingenuamente en buscar el término medio entre afirmaciones antagónicas: es como imitar al niño que, interrogado acerca del cuadrado de 2, y como uno de sus vecinos le soplara que 4 y otro que 8, creyó estar en lo justo contestando 6.

*M. Païs ha condenado como legendarias muchas viejas tradiciones romanas por el solo hecho, o punto menos, de que en ellas aparecen los mismos nombres asociados a episodios bastante semejantes. Pese a la crítica del plagio, cuya alma es la negación de repeticiones espontáneas de acontecimientos y de palabras, la coincidencia es una de esas extravagancias que no se dejan eliminar de la Historia.

*Varios diplomas de un soberano medieval, acerca de asuntos diferentes, reproducen las mismas palabras y los mismos giros. Es, pues, afirman los fanáticos de la “crítica de estilos”, que los redactó el mismo notario. Cada sociedad y, aún más, cada grupo profesional, tiene sus hábitos lingüísticos. No bastaba, pues, enumerar los puntos de similitud. Habría habido que distinguir, entre ellos, lo raro de lo usual. Únicamente las expresiones verdaderamente excepcionales pueden denunciar a un autor; suponiendo que las repeticiones sean lo suficientemente numerosas.

*Cuando no se ha tratado mucho a los eruditos, no se da uno cuenta de cuánto les repugna de ordinario aceptar la inocencia de una coincidencia.

*Limitándose a dosificar lo probable y lo improbable, la crítica histórica no se distingue de la mayoría de las demás ciencias de lo real sino por un escalonamiento de grados, sin duda alguna más matizado.

*Las ciencias se han mostrado tanto más fecundas y, por ende, tanto más serviciales según abandonaban más deliberadamente el viejo antropocentrismo del bien y del mal. ¿Quién no se reiría hoy si un químico apartara a un lado un gas malo, como el cloro, y a otro, un gas bueno, como el oxígeno? Si la química hubiese adoptado en sus principios esa clasificación, muy difícil hubiera sido sacarla de ahí.

*Se comprenderá siempre mejor un hecho humano, sea el que sea, si se poseen ya datos de otros hechos de la misma índole.

*El cambio de cosas está muy lejos de producir siempre cambios paralelos en los nombres. Esa fidelidad al nombre heredado aparece todavía más fuerte desde el momento en que se consideran realidades de orden menos material.

*El que ciertos esfuerzos hayan podido fracasar no justifica la renunciación.

*Sea en presencia de un fenómeno del mundo físico o de un hecho social, las reacciones humanas nada tienen de movimiento de relojería, siempre orientado en el mismo sentido. En la naturaleza, ¿no es el hombre la gran variable por excelencia?

*Las causas, en Historia más que en cualquier otra disciplina, no se postulan jamás. Se buscan...

Marc Bloch nació en Lyon el 6 de julio de 1886. Murió fusilado por los alemanes el 16 de julio de 1944, en un campo al norte de Lyon. Media menos de 1'65. Murió asesinado por la Gestapo, y fue cogido por denuncia de una persona del servicio de la pensión donde se hospedaba. Lo torturaron durante 3-4 meses. Lo fusilaron junto con resistentes, y después lo dejaron tirado en el campo. Uno de los fusilados escapó herido y así sabemos cómo murió Bloch.

La extraña derrota de Bloch.! Francia se había dormido en los laureles desde el fin de la Primera G. M., no había hecho grandes progresos militares, pacifismo mal entendido; y hubo un desmoronamiento total del sistema militar francés. Bloch había obtenido el grado de capitán en la Primera G. M. Visto desde hoy, el libro tiene fallos. El comentario de la Segunda G. M. es llamado “la guerra engañosa”. Del 1 de septiembre de 1939 a mayo de 1940 no se produce el desmoronamiento de Francia, en estos meses los franceses se confiaron en sí mismos. Bloch sería el primer sorprendido en ver la capacidad operativa de los tanques alemanes; el único que se percató fue De Gaulle. No se le daba importancia a los tanques; no entendieron la guerra relámpago. Los observadores políticos del momento pensaban que el ejército francés era el más poderoso de Europa. Estaban demasiado engreídos en su prestigio, pecaron de soberbia y chauvinismo. De extraña no tenía nada la derrota. Alemania tenía el doble de población de Francia. Los militares franceses siempre infravaloraron militarmente a Hitler, que fue un genio de la guerra, tenía una concepción de la guerra revolucionaria.

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