Historia

España. General. Edad Media. Moderna. Castilla. Aragón

  • Enviado por: Lilipú
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LAS RAÍCES HISTORICAS DE ESPAÑA

La necesidad que siente el hombre de comprenderse a sí mismo a través de su pasado le ha impulsado a la búsqueda incesante de su historia colectiva más remota. El hombre primitivo, desconocedor del lenguaje escrito, transmitía oralmente a sus sucesores las experiencias de sus descubrimientos. Este período es el más dilatado de la historia de la humanidad.

Con la invención de la escritura, la Historia alcanza contornos más precisos, aunque se limita al registro de los hechos que tienen como centro la descripción de los acontecimientos más heroicos y gloriosos de las respectivas civilizaciones.

Al igual que en el resto de las actividades humanas, serán los griegos quienes darán a la Historia un perfil más objetivo y científico. Durante esta época varios griegos se dedican al estudio del medio geográfico, social o político en el cual se asentaban las grandes civilizaciones del pasado. La Edad Media representó una ruptura con este proceso (en el que el hombre trata de verse a sí mismo como humanidad y como especie) para dar paso a una concepción diferente de todo lo social.

El Renacimiento inaugura una fructífera etapa del desarrollo humano, va a ser el punto de partida de una nueva concepción de la Historia. Los grandes descubrimientos geográficos, el auge del comercio y el desarrollo científico conducirán a unos profundos cambios sociales y políticos de finales de los siglos XVIII y XIX.

De una Historia exclusivamente militar, política o diplomática se pasó a una nueva concepción que incorporó el estudio de la economía, la sociedad y la cultura.. El análisis, la comparación y la especialización darán lugar a la aparición de las grandes síntesis históricas y de las grandes escuelas.

La Historia se ha dividido tradicionalmente en edades: Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. Conviene aclarar que esta división es a veces arbitraria por varios motivos: el devenir histórico y que los distintos niveles de evolución histórica no siempre son equivalentes para todas las culturas o sociedades.

Los recientes descubrimientos arqueológicos que se encuentran en la Península Ibérica confirman la importancia de este territorio para poder explicar la antigüedad de los primeros pobladores europeos llegados desde el continente africano.

Los investigadores definieron los hallazgos de restos de homínidos encontrados en el depósito de Atapuerca (Burgos) como una nueva especie que podría tener una antigüedad de 800.000 años y los sitúan como los pobladores más antiguos de nuestro continente.

Los primeros pobladores que se instalaron en la Península basaban su alimentación en la pesca, la caza y la recolección de frutos. Eran nómadas, presentaban una organización social y vivían en pequeños grupos divididos por el trabajo. En el Paleolítico Inferior se encontraron importantes restos en Soria mientras que en Paleolítico Medio los hallazgos se extienden a Cantabria, Cataluña y Valencia. Durante el Paleolítico Superior se encuentran restos humanos muy parecidos a los del hombre actual. La Península es muy rica en arte rupestre de la cual son dignas de salientar las pinturas de tendencia naturalista de las cuevas de Altamira.

Del Neolítico se descubren, a lo largo de toda la costa mediterránea (Cataluña, Valencia y Andalucía principalmente), numerosas figuras de cerámica. La segunda fase del Neolítico se localiza fundamentalmente en Cataluña mediante la existencia de manifestaciones fúnebres, sepelios individuales agrupados en necrópolis.

A partir del siglo XI hasta finales del siglo IV a.C., entran en la Península grupos de pueblos en la búsqueda de nuevas tierras que habitar. Se trataban de pueblo procedentes de centroeuropa; se asientan básicamente en Cataluña y la Meseta desde donde de extienden al Norte y al Oeste. Estos pueblos conocían el hierro y su economía subsistía a base de la agricultura y la ganadería.

El área meridional de la Península fue la escogida por los pueblos provenientes del este del mediterráneo. Los fenicios fundan sus primeras colonias en el sureste, la principal es Gadir (Cádiz). Los griegos llegan a la península Ibérica en el siglo VIII a.C. aunque sus actividades no están documentadas hasta el siglo VII a.C. Los cartagineses poblan la Península más tarde (siglo VI-V a.C.) y continúan la colonización empezada por los fenicios.

Los contactos comerciales entre los colonizadores favorecen el desarrollo agrícola de los pueblos peninsulares, las actividades artesanales y el hierro; este auge del comercio favorece el uso de la moneda, el urbanismo y la escritura. Un importante descubrimiento que demuestra estas teorías es el pueblo de Tartesos (Sur peninsular).

Los Íberos subsistían gracias a la economía agrícola aunque también gracias a la economía textil, la metalurgia, cerámica... Gozaban de moneda propia y escritura. Sus poblados estaban protegidos por unas murallas que delimitaban la zona habitada, estaban casi siempre ubicados en lugares de una altura superior y se organizaban socialmente en tribus.

Los Celtas se extendían por toda la Península; los de las llanuras subsistían gracias a una pobre agricultura, eran sedentarios e implantaron los castros como lugar para vivir; los del sistema central eran nómadas y subsistían por medio de la ganadería; los celtas del norte trabajaban para su autoconsumo. Todos los celtas se organizaban en tribus y ninguno de ellos utilizaba la escritura.

La sumisión de los Íberos y los Celtas da paso a los Romanos.

Una vez dueños de la Península, los romanos se lanzaron a la conquista del Mediterráneo. La poderosa Cartago fue su primer enemigo. Las luchas entre ambos se conocen como las Guerras Púnicas porque los romanos denominaban punos a los cartagineses.

Durante la primera Guerra Púnica (264-241 a.C.) los romanos construyeron rápidamente una escuadra que, tras perder las primeras batallas, se impuso a los cartagineses; éstos tuvieron que aceptar la paz y ceder a los romanos Sicilia y Cerdeña, reteniendo España.

La segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) se inició por la ocupación de la ciudad italiana de Sagunto. El general cartaginés Aníbal pensaba q la única forma de derrotar a Roma era en su propio territorio por lo que atravesó los Alpes y venció a los romanos . A continuación se dirigió a Roma sin intención de atacarla. Mientras la guerra se desplazó hacia España; Cornelio ocupó Cartagena y se apoderó de Cádiz. Cartago perdió prácticamente su independencia.

Terminada la conquista de España en tiempos de Octavio Augusto, los romanos dieron a los españoles sus costumbres, lengua y religión y construyeron en nuestro suelo carreteras, acueductos (como el de Segovia), puentes y muchos otros monumentos.

La presencia de los Romanos en la Península Ibérica se prolonga hasta finales del siglo III a.C. (momento en el cual se inicia la reconquista hasta principios del s. V a.C. ya que los Germanos se van instalando por la caída de los Romanos.

Hispania se quedó dividida en provincias y se impusieron las estructuras sociales y económicas propias del sistema romano; se forman los latifundios, la propiedad privada, la utilización de los esclavos, el uso de la moneda, la formación de clases sociales en función de la riqueza...

Las ciudades crecían bajo el urbanismo romano y se llenaron de monumentos (que constituyen hoy día un importante legado de nuestro pasado romano)

En las grandes explotaciones agrarias se producía trigo, aceite y vino que exportaban a gran parte del Imperio. La minería y la actividad artesanal también ayuda a la economía del Imperio.

En el siglo III se sufre una importante crisis debido a la disminución de los ingresos fiscales del Estado y de un encarecimiento progresivo de los esclavos; por esto la mano de obra esclava dejó de ser rentable, el comercio y lo artesano sufre un gran descenso y las arcas del Imperio empezaron a verse faltas de recursos.

Los suevos fueron los primeros que entraron en España. Eran de origen germánico, y aunque de costumbres rudas, tenían algunas virtudes que se han conservado fielmente entre los habitantes como la sencillez, la valentía y su aprecio al honor y a la familia.

Poco después entraron los visigodos instalando su capital en Toledo. Procedían de la península Escandinava y la familia constituía entre ellos la base de su organización. El jefe de la familia tenía un poder ilimitado sobre los que de él dependían, por lo que todos los familiares estaban obligados a prestarle su apoyo incondicional. El rey era electivo y la autoridad del monarca dependía principalmente de sus dotes personales y de su prestigio guerrero. El ejército se concentraba cuando el rey lo estimaba necesario. En el aspecto económico, la agricultura, la industria y el comercio se conservaron florecientes y los tributos pesaban únicamente sobre la población hispano romana. La producción literaria tenía un marcado carácter religioso y consistía sobre todo en la vida de los santos o poesía religiosa. La cultura se concentró en los monasterios. En la actividad artística destacan el trabajo del oro (realización de cruces y coronas para los reyes) y la arquitectura (construcción de numerosas iglesias).

Los musulmanes penetraron por primera vez en España, procedentes de África Menor, para realizar una expedición de saqueo y explorar el país ante una solicitud de ayuda. En vista del botín obtenido, al año siguiente mandaron otra expedición. Desembarcaron junto a Gibraltar, se apoderaron de Algeciras.

Los musulmanes avanzaron con gran rapidez por las vías romanas principales y, ayudados por los judíos tomaron Écija, Córdoba, Granada, Málaga, Toledo... Al año siguiente conquistaron Medina Sidonia, Carmona, Sevilla y Mérida. Al cabo de unos tres años, todo el país estaba ya conquistado o sometido por los musulmanes.

Los jefes que habían opuesto resistencia quedaron sujetos a la autoridad islámica; a los demás se les concedió una autonomía política.

Todos los cristianos fueron respetados en sus creencias, pero tuvieron que pagar la capitación o impuesto personal, y la contribución territorial. El quinto de las tierras que conquistaron pasó a ser propiedad del califa y el resto se dividió entre los guerreros musulmanes.

Los árabes fueron comerciantes desde los tiempos más remotos, así pues desarrollaron el comercio en nuestras ciudades así como la agricultura (gracias sobre todo al regadío). Las ciudades fueron el principal centro de vida económica, social y cultural; el centro de la ciudad estaba protegido por una muralla y en su interior se levantaban los edificios públicos como las mezquitas, los pazos, las escuelas y la zona comercial. La ciudad de Al Andalus llegó a albergar unos 100.000 habitantes llegando a ser una de las más pobladas de Europa Occidental.

La sociedad presentaba una notable pluralidad étnica y religiosa con una mayoría islámica.

La España musulmana tuvo un gran desarrollo científico y cultural gracias a la creación de una red de escuelas y universidades islámicas. El desarrollo científico se orientó hacia las prácticas científicas como la medicina, la astronomía, las matemáticas...También se cultivo la filosofía, la geografía, la música y la poesía pero sobre todo y, la más importante la arquitectura gracias a la cual podemos gozar ahora de mezquitas como la de Córdoba.

Se forman y se consolidan los primeros reinos: el reino Asturiano, el reino de Navarra, el de Castilla y la corona de Aragón.

El origen del primer reino, el Asturiano, está ligado a la batalla de Covadonga (dicen que es el único territorio que no se llegó a conquistar); el reino Asturiano reivindicó el principio cristiano y la tradición visigoda; este reino comprendía Galicia y la Meseta del Norte.

Las tierras Castellano-leonesas se unieron dando lugar al Reino de Castilla y a finales del siglo XII se independizaron de Portugal. La ganadería ovina impulsó el enriquecimiento de los grandes propietarios de ganado y se consiguieron privilegios reales para los ganaderos. El comercio de lana y el hierro vasco impulsó el comercio castellano a través de los puertos del Cantábrico hacia el Atlántico.

La Corona de Aragón estaba formada por la unión de Aragón y algunos condados catalanes, se consolidó como potencia mediterránea gracias a la dominación de diferentes territorios (Sicilia, Atenas...). Valencia y Aragón desarrollaron una importante economía agraria y ganadera, mientras que en Cataluña se consolidó el comercio exterior hacia el Mediterráneo. Barcelona se convirtió en un importante puerto comercial y la artesanía textil, la metalurgia y la construcción naval cobraron importancia.

El Reino de Navarra ve limitadas sus posibilidades de expansión hacia el Sur se va desvinculando de la política hispánica y se integra en la influencia francesa.

Entre los siglos XII y XIV, después de las Cruzadas, la cristiandad vivió grandes cambios: renacieron las ciudades y el comercio creció, Europa tomó contacto con las tierras próximas de Asia y descubrió sus productos y riqueza, las especias que por ahí llegaban, los perfumes, los tejidos de seda, el papel o las alfombras. Frente a la pobreza europea, Asia tenía mucho que ofrecer, y algunas ciudades comerciales de Italia, como Venecia, Génova, Florencia o Pisa, empezaron a prosperar y a aumentar sus flotas.

En la segunda mitad del siglo XV los reinos peninsulares experimentaron graves crisis políticas derivadas de la lucha entre monarquía y nobleza en Castilla, Portugal, Navarra y Granada y de la concepción del gobierno en la Corona de Aragón. Estos conflictos acabaron en guerras civiles, especialmente graves en Cataluña (1462-1472), Castilla (1465-1479), Granada (1478-1492) y Navarra (1447-1512). Finalmente, el autoritarismo real se impuso de una forma u otra en todos los reinos, aunque sin modificar sus diferentes estructuras políticas. La unión personal de los Reyes Católicos permitirá la consolidación de un aparato estatal monárquico capaz de absorber a los reinos más pequeños -Granada, Navarra- y de preparar el camino a la futura monarquía hispánica. El gran poder de Castilla y el declive de la Corona de Aragón explican el carácter marcadamente castellanizante de la España Moderna.

La crisis de este reinado fue sobre todo política: Castilla prosiguió un fortalecimiento económico y monárquico que explica la expansión castellana a partir del reinado de los Reyes Católicos. Los primeros años del reinado fueron esperanzadores debido a la recuperación económica.

La guerra (1455-1457) fue muy favorable, ya que apuntó al desgaste económico y político del emirato, modelo seguido después por los Reyes Católicos. Con la incorporación a Castilla del reino de Navarra (1512), la monarquía hispánica alcanzó los perfiles propios de la España moderna.

El europeo, que ignoraba casi todo de Asia, se fue acostumbrando, desde el siglo XII, a un producto que llegaba de allí y era cada vez más estimado: las especias. Éstas servían para condimentar alimentos y hacer más comestibles algunos platos mal conservados. En un recetario de cocina de la época no faltaban pimienta, jengibre, menta, cardamomo, nuez moscada, salvia, perejil, comino, azafrán, clavo o anís. También se utilizaban para fermentar algunas bebidas caseras. Por último, la medicina elaboraba numerosos brebajes con estos productos. A partir del siglo XIII, el comercio de especias estaba ya perfectamente organizado. La mayor parte de ellas, las más selectas y apreciadas, procedían del Extremo Oriente (del archipiélago de la Sonda, en la actualidad parte de Indonesia). La pimienta, sin embargo, que era la más consumida procedía de la costa de Malabar (costa suroccidental de la India). Era la especia más próxima. A través de rutas transasiáticas terrestres (Ruta de la Seda) y marítimas (ruta del Índico), perfectamente organizadas, llegaban las especias al Mediterráneo oriental (Trebisonda, Constantinopla, Alejandría), donde fueron levantando sus factorías los mercaderes europeos, que las recogían para distribuirlas en el mundo cristiano.

La primera mitad del siglo XVI representó la culminación de la hegemonía de España sobre Europa en la persona del emperador Carlos I de España y V de Alemania. El poder de don Carlos partía de la vasta herencia recibida: de su padre Felipe de Borgoña (Países Bajos y el Franco condado); de su madre Juana (el trono de Castilla y posesiones de América); de su abuelo Fernando de Aragón (la corona de Aragón-Cataluña que incluía Sicilia, Cerdeña, Nápoles y parte del Norte de África). También era heredero de los inmensos dominios de los Habsburgo en Austria, Tirol y parte de Alemania. Estos inmensos dominios hacían al monarca una persona muy peligrosa para el resto de los estados europeos.

La política española se convirtió en universal; España pasó a ser una pieza fundamental en la vida de Europa.

Con Don Carlos renace la idea de un Imperio Universal pero este ideal generó fuertes oposiciones dentro y fuera de su imperio. Suscitaron levantamientos en el mismo.

Los Consejos Territoriales se ocupaban de la administración de los distintos reinos; entre los consejos y el rey se situaba el secretario para agilizar la administración.

Felipe II (hijo de Carlos I e Isabel de Portugal) fue el siguiente monarca español y el más importante de su época, tanto por la extensión de los territorios heredados como por su ambiciosa política. Conservó la hegemonía de Europa y el liderazgo de la ortodoxia católica.

En el interior de la península Ibérica, cabe destacar diferentes aspectos de su gobierno. La monarquía personal de Felipe II se apoyaba en un gobierno ejercido por medio de consejos y de secretarios reales, así como en una poderosa administración centralizada. Pese a todo su poder, las bancarrotas, las dificultades hacendísticas y los problemas fiscales fueron característicos durante todo su reinado.

Felipe III, hijo y sucesor de Felipe II, inauguró una nueva política de los Austrias españoles. Tanto él como sus sucesores, Felipe IV y Carlos II renunciaron expresamente a ejercer personalmente las tareas de gobierno, quedando así en manos de los ministros.

El reinado de Felipe III fue relativamente pacífico después de firmar la Tregua de los Doce Años que reconocía la independencia de Holanda.

Con Felipe IV España se vuelve a involucrar en conflictos europeos, la Guerra de los Treinta Años a la que se daría fin mediante la paz de Westfalia y el posterior declive de la Monarquía Hispánica.

El momento más crítico del impero se dio durante el reinado de Carlos II a causa de su incapacidad, la corrupción de sus ministros, la crisis económica del país y el retroceso internacional.