Historia política de Argentina

Historia Argentina siglo XX. Década de los 50, 60 y 70. Política internacional. Conflictos mundiales. Tratados y organizaciones supranacionales. EEUU (Estados Unidos). Revolución cubana. Colonias

  • Enviado por: Belu
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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Desarrollo:

La política exterior argentina zigzagueó entre la alineación con Estados Unidos, según fuera la posición de los distintos gobiernos frente a dos temas claves del período: el desarrollo económico y la expansión del marxismo. Cuatro áreas reclamaron atención: El desarrollo y el deterioro de los términos del intercambio, en relación con la formación de bloques regionales; el marxismo y el sistema interamericano; y, los nuevos desafíos derivados de la conquista del espacio y del desequilibrio ecológico.

En primer lugar surgió el desarrollo y la formación de bloques, donde el mundo (alineado en bloques occidental y oriental) se lanzó de lleno a la guerra fría entre el bloque capitalista conducido por Estados Unidos y el bloque socialista liderado por la Unión Soviética, caracterizada por el desarrollo de armas atómicas, químicas y bacteriológicas, el espionaje, las guerras periféricas y un nuevo sistema de alianzas. Sin embargo, hubo también períodos en que disminuyeron las tensiones y se adoptaron medidas concretas para llegar al desarme, como una manera de disminuir los altos costos de la guerra y la amenaza de una hecatombe nuclear. Se osciló así entre la distensión y la exacerbación de los conflictos mundiales y regionales, que tuvieron como base los serios problemas de subdesarrollo que afectaban a lo que empezaba a llamarse el Tercer Mundo. En 1961 surgió el Movimiento de Países No Aliados entre los que se encuentra nuestro país, que se definió como una tercera posición entre Este y Oeste. Puso el acento en la lucha anticolonialista y a favor de las independencias nacionales; se expidió en contra de la política de bloques y la Guerra Fría, a favor de la coexistencia pacífica, la disuasión y el desarme y especialmente pidió la democratización de las relaciones internacionales y la reforma del sistema de gobierno de las Naciones Unidas. El Movimiento alcanzó una gran radicalización política; este fue uno de los motivos por los cuales la Argentina no tuvo una larga permanencia en él. Cabe aclarar que la denominada Guerra Fría repercutió profundamente en la vida política y social argentina. Sobre todo desde que las Fuerzas Armadas sacaron la conclusión que el no intervencionismo sostenido en distintas oportunidades por los gobiernos de Frondizi y de Illia era sinónimo de apoyo al comunismo. En esos años, esta posición diplomática se expresaba en la decisión de no apoyar ni justificar la intervención( generalmente de los Estados Unidos y también de otras potencias, como Gran Bretaña y Francia) en un país para evitas o terminar con el peligro comunista que lo amenazaba.

Respecto de la línea progresista y la Alianza para el Progreso se puede decir que en los Estados Unidos durante los últimos tiempos de la administración Eisenhower y, muy especialmente, con la llegada al poder de Jhon Kennedy en 1961, se fortaleció la línea “liberal” (progresista). Los liberales, en consecuencia de los hechos mundiales que se estaban viviendo, tuvieron como idea promover el bienestar de los pueblos como la mejor barrera contra la expansión del comunismo. Con este objetivo, el Plan Dillon se combinó con la Operación Panamericana propuesta por la OEA a instancias del presidente brasileño Juscelino Kubitschek para organizar una ayuda económica masiva de Estados Unidos a países subdesarrollados, a efectos de lograr una expansión similar a la conseguida en la Europa post-guerra con el Plan Marshall. La Alianza para el Progreso profundizó el proyecto a América y alentó planes de autoayuda. El esquema desarrollista era complementario de la línea progresista. En su análisis, las grandes potencias necesitaban exportar capitales y consolidar aliados a través de lazos económicos, mientras que los países subdesarrollados necesitaban captar esos capitales para poder levantar industrias básicas, crear fuentes de trabajo y tener viabilidad como naciones. Para Carlos Florit, el joven canciller de Frondizi, un país sin una economía en expansión, que careciera de industrias básicas, no podía tomar decisiones autónomas en el concierto mundial, ni existir de hecho como nación independiente. La tarea de la Cancillería, por lo tanto, fue impulsar una política externa que apoyara el programa económico con todos los recursos a su disposición: se presionó en los foros internacionales para lograr la estabilización del precio de las materias primas y una reducción de los aranceles aduaneros de los países industrializados.

Por otro lado hubo varios intentos de bloques regionales como ALALC y Cuenca del Plata. En América había sectores que pensaban en la posibilidad de modificar la estructura económica interna de los países para adecuarlas a los cambios mundiales. El Tratado de Montevideo (18/2/60) dio origen a la Asociación Latino Americana de Libre Comercio (ALALC) que apuntaba a complementar e integrar gradualmente las economías de los países miembros. Siete países firmaron el pacto inicial: Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay, Perú y Uruguay y lo ratificaron al año siguiente. Colombia, Venezuela y Bolivia se incorporaron con posterioridad. Por su parte, a partir de los años 60, el aprovechamiento hidroeléctrico de los ríos pasó a ser un tema dominante. Brasil llevó adelante una activa política de construcción de represas hidroeléctricas, requerida por sus industrias, esto afectaba a la Argentina, ubicada aguas debajo de los ríos de la región. Para Illia, esas circunstancias reafirmaban la necesidad de buscar soluciones conjuntas y negociadas en el área. En 1965, el canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz planteó la integración política de una región ya integrada por la naturaleza; en junio de 1966 presentó un proyecto de tratado de la Cuenca del Plata elaborado por el embajador Guillermo Cano, un experto mundial en la materia; la idea era encauzar los emprendimientos de Brasil dentro de un plan común que beneficiara a toda el área. Tras la caída de Illia, las tratativas continuaron a cargo de Nicanor Costa Méndez, canciller de Onganía. El 23 de abril de 1969, los cancilleres de la región suscribieron en Brasilia el Tratado de la Cuenca del Plata, pero con un espíritu y un enfoque diferentes. El gobierno militar volvió a la desconfianza; el objetivo ahora era frenar la política brasileña con instrumentos jurídicos. Las buenas relaciones quedaron atrás; Brasil retomó la política de avanzar con hechos consumados. En mayo de 1973, Brasil y Paraguay firmaron el Tratado de Itaipú (nombre de la represa cuyo llenado afectaría a la Argentina).

Respecto al tema “fronteras ideológicas y seguridad social” se puede decir, que Estados Unidos, como potencia hegemónica de Occidente, dio los lineamientos de la política internacional para su área de influencia. En base a la doctrina Truman se estructuraron la teoría del dominó y las doctrinas de la seguridad nacional y de las fronteras ideológicas. Los Estados Unidos entendían que la problemática central de Occidente pasaba por la lucha contra el comunismo, y que el vuelco de un país al comunismo arrastraría a los demás países a la región de que caerían como piezas alineadas de un dominó dentro de la órbita soviética. En consecuencia, según su percepción, se hacia necesaria la intervención norteamericana, incluso en el plano militar, para defender la causa de Occidente (teoría del dominó). La doctrina de la seguridad nacional se combinaba con la de las fronteras ideológicas; según esta teoría, si el enemigo ideológico estaba dentro de las fronteras geográficas, se justificaba combatirlo militarmente. Esto afecto a nuestro país en la década de los sesenta y hasta 1976, ya que la repercusión del clima ideológico internacional contribuyó a que la lucha armada apareciera, para sectores de la población, como una opción válida, dado que algunas sociedades del Tercer Mundo habían logrado liberarse, a través de la vía revolucionaria, de la dependencia de las potencias capitalistas.

La Revolución Cubana fue otro de los conflictos mundiales que influyó en la Argentina. Los guerrilleros de Sierra Maestra fueron mirados con gran simpatía cuando lograron entrar en La Habana y destruir el régimen de Fulgencio Batista, equivalente de corrupción política, moral, económica y social. Todos coincidían en que la situación era inadmisible; el problema radicó en la solución dada por Fidel Castro. La reforma económica castrista llegó a la reforma agraria y a la confiscación de bienes de empresas y ciudadanos cubanos y norteamericano. El lobby de los intereses afectados (grupo de presión en el Congreso norteamericano) logró que se adoptaran sanciones económicas progresivas que terminaron en el bloqueo de la isla. En abril de 1961 un grupo de batistanos, que contaba con apoyo de la CIA, desembarcó en Playa Girón intentando derrocar a Castro, sin éxito. Castro reaccionó violentamente contra Estados Unidos y días después se declaró marxista. Esta situación cambió el acuerdo de las grandes potencias sobre áreas de influencia (acuerdos de Yalta y Postdam) e implicó la presencia de un régimen pro-soviético a las puertas mismas de Estados Unidos, comprometiendo su seguridad. Pese a las grandes presiones, Kennedy se negó a desembarcar tropas de la infantería de marina en Cuba y optó por una fuerte ofensiva diplomática tendiente a aislar al régimen. El sistema interamericano se movilizó: se convocó a sucesivas reuniones de consulta y conferencias de la OEA, con vastas repercusiones en la prensa y la opinión pública. El precario equilibrio político interno de los países americanos se alteró. Surgieron grupos pro-cubanos, y surgió la guerrilla.

Esto perjudicó desde dos puntos de vista a nuestro país. Por un lado, en el plano de la política exterior, hacia fines de 1961 y principios de 1962, la entrevista secreta de Frondizi con el Che Guevara (uno de los líderes de la Revolución Cubana) en la residencia presidencial y la posición abstencionista de la Argentina en la reunión de Cancilleres de la OEA realizada en 1962, en la que se decidió la exclusión de Cuba del sistema interamericano, fueron acontecimientos que alarmaron profundamente a los militares. Hacia fines de febrero, las Fuerzas Armadas dieron a conocer su preocupación por la posición internacional del gobierno. Por separado, cada jefe hizo un planteo al Presidente expresando sus puntos de vista. Finalmente, el 8 de febrero, Argentina rompió relaciones diplomáticas con Cuba.

Por otro lado, surgieron grupos armados formados por jóvenes; no solo por los conflictos sociales y las circunstancias políticas que habían sucedido en la Argentina, sino también por el contexto internacional. Amplios sectores juveniles eran influenciados por la Revolución Cubana de 1959. En particular, estaban atraídos por la figura del “Che”. Diferentes grupos adoptaron su figura no solo como un símbolo, sino como un modelo a imitar. De este modo, surgieron las primeras guerrillas en nuestro país.

Los problemas pendientes de fronteras y territorios, como el Beagle y las Malvinas afectaron a la Argentina que buscaba las “reivindicaciones territoriales”. Por un lado, la discusión por la determinación de la línea divisoria del Canal de Beagle y sobre las islas Picton, Nueva y Lennox e islotes aledaños se inició ya en 1904. Desde entonces, los enfrentamientos fueron frecuentes aunque menores. La delimitación del área era compleja porque estaba en cuestión el principio bioceánico (Argentina en el Atlántico, Chile en el Pacífico), los derechos argentinos sobre la Antártica (discutidos por Chile y el Reino Unido) y la navegación y acceso a Ushuaia desde el continente. El gobierno de la Revolución Argentina decidió activar la solución del problema; Costa Méndez se mostró partidario de intentar un acuerdo político más que de recurrir a una solución jurídica. Sorpresivamente, en diciembre de 1967, el gobierno chileno informó que recurría unilateralmente al árbitro británico de acuerdo al tratado de 1902. Después de largas tratativas, la Argentina y Chile suscribieron en julio de 1971 un acuerdo por el cual Gran Bretaña aceptaba designar una corte arbitral de jueces elegidos por las partes. Por el otro, los reclamos de Argentina ante Gran Bretaña por el despojo de que fue objeto en 1833 se iniciaron en forma inmediata a la violenta incursión británica en las Islas Malvinas. Cuando en 1945 se creo la ONU, el reclamo se presentó también en un foro internacional que tenía poder resolutivo. Cuando en 1960 la ONU emitió la Resolución 1514 (Declaración sobre la concesión de la Independencia a los países y pueblos coloniales) la Argentina estimó que era aplicable a la situación de Malvinas. El gobierno radical instruyó en ese sentido a su representante, José María Ruda. Los británicos intentaron desviar las negociaciones referentes a la soberanía, desplazando el tema a ala autodeterminación de los colonos; la propuesta no era razonable ya que la población no era originaria del lugar, sino llevada por los invasores, lo cual equivalía a convalidar el acto de fuerza. Las negociaciones terminaron en un gran triunfo diplomático: el 16 de diciembre de 1965, la ONU emitió la Resolución 2 065, por la que invitaba a la Argentina y a Gran Bretaña a negociar específicamente el tema Malvinas, en aplicación de la Resolución 1514. Frente a las profundas divisiones en el país y en el mundo aparecieron grandes desafíos que obligaron a todos los hombres a pensar en términos de humanidad, la necesidad de mantener el equilibrio ecológico se presentó con una urgencia insospechada, ya que empezó a afectar a los seres humanos como especie, en un planeta que ya mostraba visibles signos de deterioro. Al mismo tiempo, la expansión al espacio ultraterrestre motivó al hombre a repensar su ubicación en el cosmos.

Refiriéndonos a la Antártida podemos decir lo siguiente: los problemas creados alrededor de la Antártida eran (y son) de todo tipo: geoestratégicos, políticos, económicos, jurídicos, ecológicos. Debido a esto, en 1959, los 12 países con presencia en el área, reclamantes o no, firmaron el “Tratado Antártico”. La Argentina, Chile y Australia recién lo ratificaron en 1961, fecha en que el tratado entró en vigencia. Se acordó la cooperación científica, no militarizar y desnuclearizar el área; se sentaron bases para la preservación del delicado ecosistema antártico y se racionalizó la pesca por medio de vedas que establecieron montos globales de captura por región. Para evitar la internacionalización completa de la región, se asignó a los firmantes responsabilidad prioritaria en la regulación de las actividades antárticas y se sometieron las decisiones al control de todos los países miembros a través de las reglas de la unanimidad. Se asignó al tratado una duración de 30 años.

En cuanto al espacio ultraterrestre, el 4 de octubre de 1957 los soviéticos pusieron en el espacio el Sputnik, primer satélite artificial y pionero de una serie. Las fotos obtenidas mostraron el contorno de la Tierra suspendida en el espacio. La gente, azorada, empezó a visualizar su “casa” como una frágil esfera, parte de un todo mucho mayor. El planeta mirado desde “afuera” transformó la perspectiva que el hombre tenía de sí mismo: el hombre, centro del universo renacentista, pasó a fusionarse en la humanidad. En 1959, las Naciones Unidas crearon la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos, relacionada políticamente con el Comité de Desarme y científicamente con la Comisión de Derecho Internacional. Un argentino, el doctor Aldo Armando Cocca, nombrado por el gobierno de Illia, integró la comisión desde 1965 y fue autor de una doctrina que lleva su nombre y que hoy es una base de jurisprudencia espacial. La doctrina Cocca, puede sintetizarse en cuatro puntos: el espacio ultraterrestre es un “patrimonio común de la humanidad”; el cosmonauta es el representante de la humanidad en el espacio; existe una actividad lícita en el espacio, y en actividad pacífica; y la humanidad es un sujeto de derechos y beneficiario de todas las ventajas del derecho espacial. En 1971, la Comisión de Fondos Marinos de las Naciones Unidas votó la Resolución 2749 por la cual se aplicaba también la doctrina Cocca a esos espacios. Esta doctrina, limita jurídicamente el uso abusivo que algunos países (respaldados en su mayor poder, o en ventajas particulares) pudieran hacer de bienes que pertenecen a la humanidad y que son necesarios para la supervivencia como especie en el planeta.