Historia mundial

Historia mundial contemporánea. Edad moderna. Revolución francesa. Revolución industrial. Colonialismo. Imperialismo. Primera Guerra Mundial. Revolución rusa. Fascismo. Nacionalsocialismo. Segunda Guerra Mundial. ONU (Organización de las Naciones Unidas). Descolonización

  • Enviado por: Joan Olucha
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 70 páginas

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'Historia mundial'
HISTORIA DEL MUNDO MODERNO Y CONTEMPORÁNEO

Departamento de Geografía e Historia

4º E.S.O.

TEMA 0. LA EDAD MODERNA (S. XV-XVI-XVII Y XVIII).

TEMA 1. LOS FUNDAMENTOS DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO (1750-1873)

  • Características fundamentales del A. Régimen.

  • Las revoluciones burguesas: características generales. La revolución francesa.

  • La revolución industrial.

  • Orígenes y formación de la clase obrera. Socialismo utópico, marxismo y anarquismo.

TEMA 2. LA EXPANSIÓN IMPERIALISTA Y LOS ORIGENES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

  • Colonialismo e Imperialismo: concepto y causas.

  • El reparto del mundo: las grandes áreas de expansión europea en Africa y Asia. El imperialismo norteamericano.

  • Las crisis imperialistas y la tensión en Europa Oriental: Causas de la Primera Guerra Mundial.

  • España en el siglo XIX.

TEMA 3. LA REVOLUCIÓN RUSA Y LA URSS

  • Antecedentes: Rusia tras la emancipación de los siervos.

  • La revolución de 1917 y sus repercusiones.

  • El nuevo Estado: Lenin y el estalinismo.

TEMA 4. EUROPA TRAS EL FINAL DE LA GRAN GUERRA. LOS ORIGENES DEL FASCISMO

  • El nuevo orden internacional: los tratados de paz y el pacto de la Sociedad de Naciones.

  • Las repercusiones económicas de la guerra.

  • Los orígenes del fascismo: Mussolini y el Estado italiano.

TEMA 5. DE LA PROSPERIDAD A LA CRISIS. SALIDAS DE LA CRISIS. CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

  • La Gran Depresión: antecedentes y consecuencias.

  • Las salidas de la crisis en las democracias occidentales. Análisis especial del New Deal.

  • La crisis de la república de Weimar y el ascenso del nacionalsocialismo.

  • Causas de la Segunda Guerra Mundial.

TEMA 6. EL MUNDO DE LA POSTGUERRA: DESARROLLO ECONÓMICO Y TENSIONES INTERNACIONALES

  • Las consecuencias de la guerra: el nuevo orden internacional, la ONU. La guerra fría.

  • Evolución de las economías capitalistas y socialistas después de la Segunda Guerra Mundial. La crisis de la economía mundial.

  • Los nuevos movimientos sociales.

TEMA 7. DESCOLONIZACIÓN Y SUBDESARROLLO

  • La descolonización: los movimientos de liberación nacional.

  • Evolución de los países subdesarrollados: de la no alineación a la confrontación Norte-Sur.

  • El problema del subdesarrollo.

  • España en el siglo XX.

EL RENACIMIENTO

'Historia mundial'

El Renacimiento tiene su inicial manifestación en la conciencia que los escritores tienen acerca de la peculiaridad de su época como renovadora del mundo clásico tras una larga y oscura Edad Media. El auge del individualismo, el desarrollo de la burguesía, la exaltación de la razón y las ansias de reforma harán que Europa se configure como una civilización pujante en busca de nuevas fronteras.

Características

  • El cultivo de la personalidad.

  • La paulatina recuperación de Europa. Entre 1450 y 1600 la población pasó de 60 a 104 millones de personas, gracias sobretodo al auge del mundo urbano.

  • Desarrollo del comercio y de las técnicas relacionadas con el mundo de los negocios.

  • La necesidad de encontrar metales preciosos y especias para sus reinos, unido al espíritu de cruzada y a la curiosidad científica, llevó a los exploradores portugueses y españoles acometer la gran aventura de los descubrimientos en las postrimerías del siglo XV.

  • Consolidación de los estados territoriales.

  • Inestabilidad progresiva de la Iglesia.

  • Reforma protestante y reforma católica.

EL HUMANISMO

El termino humanista, acuñado en la época, designa originariamente a la persona que ha recibido una especifica educación literaria, en tanto la forma humanismo, en el sentido actual de interés por los valores humanos, no surgirá hasta comienzos del siglo XIX. El humanismo no implica sin embargo ninguna común doctrina, fuera de la afirmación reiterada del valor del hombre y su individualidad.

El libro fue un elemento fundamental para la difusión de la cultura renacentista. La idea de reunir letras fundidas separadas para componer e imprimir textos fue desarrollada por orfebres, el más conocido de los cuales es Johannes Gutenberg, que trabajó en Estrasburgo y más tarde en Maguncia. La imprenta fue la mayor invención del Renacimiento. En el siglo XVI, los talleres de imprenta se constituyeron en centros de difusión del humanismo.

En el Renacimiento se produjo el redescubrimiento de la Antigüedad clásica. A partir del siglo XIV, Petrarca y Boccaccio iniciaron ese lento movimiento de recuperación de la herencia clásica.

El Renacimiento elaboró una nueva imagen del hombre y del universo, así como de las relaciones entre ambos. El más importante de los humanistas fue Erasmo de Rótterdam.

REFORMA PROTESTANTE Y REFORMA CATÓLICA

Durante la primera mitad del siglo XVI se produce en el seno de la Iglesia una profunda escisión, iniciada por la obra del agustino alemán Martín Lutero. La Europa medieval se romperá en una Europa protestante y otra católica, que durante muchos años se opondrán en sangrientas guerras de religión.

Circunstancias que conducen a la Reforma

La organización de la Iglesia presentaba múltiples defectos. Un gran número de obispos recibían las ordenes sagradas en el momento de recibir su cargo. La disciplina estaba enormemente deteriorada, siendo frecuente la compra de bienes y dignidades eclesiásticas (simonía), la acumulación de estas en una sola persona y el hecho de que sus titulares abandonaran la responsabilidad propia. Para los cargos se proponía, en muchas ocasiones, no a los mejores, sino a los más cercanos y conocidos (nepotismo). Sobre estos defectos se proyecta el racionalismo y el criticismo de la época.

Martín Lutero y su doctrina

Nacido en Eisleben en 1483, estudio en la Universidad de Erfurt, ingreso en 1515 en los agustinos y ocupó la cátedra de Teología de la Universidad de Wittemberg. Dotado de una gran inteligencia, es fundamentalmente un espíritu atormentado y un escrupuloso nato. La preocupa la salvación; sus escrúpulos le llevan al convencimiento de que ésta es imposible, porque no es capaz de dejar de pecar. Hasta que, interpretando subjetivamente un texto de san Pablo, cree encontrar la solución: el justo se salva por la fe y no importan las buenas obras.

En 1517, el papa León X ordenó en Alemania la predicación de unas bulas de indulgencia para los que ayudaran a sufragar los gastos de la construcción de San Pedro del Vaticano. Dicha misión se encomendó a los dominicos, rivales de los agustinos, a los que pertenecía Lutero. Este rebatió el valor de las indulgencias en las 95 tesis escritas, que colocó en la puerta de la iglesia de Wittemberg. Ante la imposibilidad del dialogo, el papa lo excomulgó en 1520. El elector Federico de Sajonia, lo llevó a su castillo de Wartburgo, donde se dedicó a sistematizar y escribir su doctrina, hasta su muerte en 1546.

La doctrina luterana se basa en la salvación por la fe, el libre examen, el respeto a dos sacramentos el bautismo y la Eucaristía, supresión del culto a la Virgen y a las imágenes y la negación del valor de las indulgencias y la existencia del purgatorio.

El calvinismo

Nacido en Francia, Juan Calvino impuso en Ginebra una reforma extrema, caracterizada por una severidad e intolerancia increíbles. Estableció un durísimo control de la vida pública y privada, en nombre de sus principios religiosos, persiguiendo duramente a los disidentes (Miguel Servet). El punto más original de la doctrina calvinista es el principio de la predestinación. El calvinismo se propagó por los Países Bajos, Escocia (presbiterianos), Inglaterra (puritanos) y Francia, donde se les llamó hugonotes.

El anglicanismo

En Inglaterra la Reforma tuvo características propias. Nació en el seno del propio Estado, impulsada por el rey Enrique VIII, y acabó convirtiéndose en la creación de una Iglesia nacional separada del papa y adquiriendo las formas de un cisma: el anglicanismo. Enamorado de una dama de la corte, llamada Ana Bolena, deseaba divorciarse de su esposa Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. El Papa se negó a la concesión del divorcio. Por medio de la llamada Acta de Supremacía de 1534 se desligaba de la obediencia a Roma.

En el reinado de su sucesor Eduardo VI es cuando las doctrinas protestantes ganan terreno en Inglaterra.

Tras la breve reacción católica establecida en el país durante el reinado de María Tudor, su sucesora, Isabel I, gran enemiga de Felipe II, consolidó definitivamente el anglicanismo.

La Reforma católica

La Iglesia cristiana fiel al Papado, también creyó en la necesidad de una reforma. Así, en el Concilio de Trento (1545-1563), se establecieron la organización y la doctrina de la Iglesia que han llegado hasta el siglo XXI. Se crearon los seminarios para formar a los sacerdotes, se escribió un catecismo para fijar los dogmas de la Iglesia, se organizó la disciplina eclesiástica y, entre otras cosas, se creó un plan de actuación pastoral. Hay que destacar el importante papel que tuvo una nueva orden religiosa: la Compañía de Jesús, creada por Ignacio de Loyola.

La Monarquía Hispánica de los RRCC

Los nobles castellanos no dudaron en desacreditar a la persona del rey Enrique IV para debilitar su poder y acrecentar sus inmensos beneficios económicos, políticos y sociales que le habían proporcionado los disturbios de los reinados precedentes; eso sólo era posible con un poder real débil; se intentó pues debilitarlo más aún. La paradoja, la artimaña de la historia, fue que de esta forma, los nobles contribuyeron poderosamente a instalar en España y por mucho tiempo un Estado fuerte, una monarquía respetada, una autoridad indiscutible. Fernando e Isabel fundan la España moderna.

Tres fechas delimitan esta ascensión:

1469: la infanta Isabel que, el año anterior, ha sido proclamada oficialmente heredera de la corona de Castilla, contrae matrimonio con Fernando, primogénito del rey de Aragón.

1474: a la muerte del rey Enrique IV, Isabel se proclama reina de Castilla.

1479: Fernando sucede a su padre, Juan II, como rey de Aragón; dos de los territorios que componen la península se encuentran reunidos bajo un mismo cetro.

Se escribe y se repite demasiado que la unidad nacional de España data del matrimonio de los RRCC. No es del todo exacto. Los dos grupos de territorios se encuentran simplemente asociados gracias a la unión personal de los soberanos. Hay una diplomacia y una política comunes, pero, por lo demás, los dos Estados conservan su originalidad, sus leyes, sus instituciones y sus costumbres.

La Corona de Castilla debía contar con cuatro millones y medio de habitantes frente a un millón de la Corona de Aragón.

No varia la estructura social a lo largo de la Edad Moderna. Sociedad estamental, donde los privilegiados sólo representaban un 3% (política filonobiliaria, procurando hacerla aliada, quitándole sólo su fuerza política). El 80-85 % se dedican a actividades agropecuarias.

A medida que aumentaban el poder y las competencias del Estado, se desarrollaba su complejidad y se necesitaba una burocracia numerosa y especializada. El Consejo Real, hasta entonces institución meramente consultiva y acaparada por los grandes nobles y eclesiásticos, se convirtió en el órgano de gobierno más importante y todos sus miembros acabaron siendo letrados. El Consejo Real solía reunirse en comités separados según los asuntos que debía tratar y se convirtieron en consejos especializados (Inquisición, Ordenes, Aragón y por encima de todos ellos estaba el Consejo de Castilla).

Los RRCC asentaron las bases para la creación de un estado moderno y representan el final de la tolerancia medieval. Fue crucial el año 1492 (conquista de Granada, expulsión de los judíos y descubrimiento de América).

La Monarquía Hispana de Carlos I y Felipe II

Será Carlos I de España quien introduzca desde 1571 en nuestro país la dinastía de los Austrias.

Sociedad

En Castilla las Cortes no tuvieron fuerza para oponerse al absolutismo regio. Los corregidores representaban en las ciudades el poder central, los regidores estaban nombrados en gran parte por los reyes, que vendieron gran número de cargos municipales. Así se explica que en adelante Castilla fuese un instrumento dócil de la política de los Austrias. Navarra, las provincias vascongadas y los países de la Corona de Aragón conservaron mejor sus antiguas instituciones y su autonomía política (neoforalismo). Los municipios fueron más democráticos y las Cortes más representativas.

Continuaba el sistema jerárquico heredero de la Edad media: dos grupos privilegiados: nobleza y clero, y un estado llano formado por la gran mayoría de la población y en el que había elementos inteligentes y activos que no estaban de acuerdo con la postergación (según D. Ortiz aquel sistema, tan cerrado en teoría, era bastante abierto en la practica).

Sin embargo, cuando la situación política era inestable, se manifestaban entre las clases bajas síntomas de descontento; así sucedió durante las Comunidades (no fue sólo un movimiento político, sino también social; era un enfrentamiento con la alta nobleza y los grandes comerciantes; los comuneros pertenecían a los sectores medios de la sociedad, capas medias urbanas, y se levantaron contra la aristocracia terrateniente y sus aliados; junto al ala política se desarrollo un movimiento antiseñorial radical) y con mayor fuerza aún en las Germanías (protestas sociales espontáneas que planteaban peticiones determinadas, y que nunca llegaron a constituir realmente un programa político) y en Mallorca.

Economía

El siglo XVI fue de gran incremento económico, cuyas causas fueron:

  • Notable aumento de la población, a pesar de las violentas y periódicas epidemias (en 1591 Castilla tenia 6.600.000. habitantes y Aragón 1.000.000, representando 1/8 de la población europea, hoy el porcentaje es de 1/12 ).

  • La unidad peninsular.

  • La paz interior y el orden, rara vez alterado.

  • La colonización de América.

Las décadas centrales de aquel siglo fueron las más florecientes. Después comenzaron a sentirse los primeros síntomas de la depresión que en la centuria siguiente llegaría a ser tan aguda. Los precios se elevaron mucho.

Política

Carlos V (1517-1556)

Sobre Carlos I de España y V de Alemania recayeron una fabulosa cantidad de territorios: De su padre heredo Luxemburgo, Brabante, Flandes, Holanda, Zelanda, Hainaut, Franco Condado y el derecho a Borgoña. De sus abuelos maternos heredo Castilla, América, Aragón, Catalunya, Sicilia, Cerdeña y Nápoles. De su abuelo paterno heredo Austria, Tirol y el sur de Alemania. A estos territorios unió la corona imperial. Aunque España era sólo una parte de este gran conjunto, pronto se convirtió en la parte más importante del mismo. El Imperio alemán proporcionaba mucho prestigio pero poca autoridad efectiva. En cambio, la autoridad de Carlos sobre Castilla se afirmó después del fracaso de las Comunidades.

El Imperio:

  • Como ordenación mundial (adversario Francia).

  • Como concordancia entre los hombres (adversario protestante, Paz de Augsburgo 1555).

  • Como defensor de la fe (adversarios turcos).

Carlos V contaba con una red de embajadas permanentes que había heredado de Fernando de Aragón y que estaban atendidas por uno de los cuerpos diplomáticos más eficaces de Europa. Sin embargo, el elemento último en el que se basaba su política eran sus ejércitos y el dinero que se les podía asignar. El ejercito español destaco por su infantería y su superioridad se mantuvo hasta la Guerra de los Treinta Años (la unidad básica era el Tercio formada por 3000 hombres -10 o 12 compañías- 1500 lanceros, 1000 rodeleros y 500 arcabuceros). Fracaso en recuperar Borgoña y en la realización de una gran cruzada contra Constantinopla (“sueño de juventud”).

Felipe II (1556-1598)

Carlos abdicó a causa de sus enfermedades, dejando a su hijo Felipe la mayor y mejor parte de sus dominios. Durante su largo reinado los conservó a excepción de Holanda y los aumento con la continua extensión del dominio ultramarino, y con al incorporación de Portugal y su vasto imperio colonial.

Aunque Fernando de Austria, hermano del emperador, había heredado los dominios austriacos y el titulo imperial, continuó la colaboración entre las dos ramas de los Habsburgos, ya que sus enemigos eran los mismos: Francia, los protestantes y los turcos. El Imperio hispánico de Felipe II fue tan extenso como el de Carlos V. Ni el uno ni el otro se propusieron la unificación interna de países tan diversos, pero los hicieron colaborar a todos en unos objetivos comunes (Henry Kamen).

  • Tras las victorias de S. Quintín y de Gravelinas ajusto con Francia la paz de Cateau-Cambresis, que fue duradera por que las guerras civiles entre hugonotes y católicos no permitieron una política exterior eficaz.

  • Las guerras de Flandes fueron un verdadero cáncer para la política y la economía españolas. Las provincias del Sur permanecieron católicas, pero las del Norte mantuvieron una resistencia infranqueable ayudados por Isabel de Inglaterra (Armada Invencible).

  • La lucha contra los turcos tuvo un momento más brillante en Lepanto, que alejo los peligros de una incursión pero no los riesgos de la piratería turca y berberisca en el Mediterráneo.

El arte del Renacimiento

EL QUATTROCENTO

LA ARQUITECTURA: BRUNELLESCHI

El 25 de marzo de 1436, el papa consagraba la cúpula de la catedral de Florencia. Aunque no desconocida por los antiguos, la construcción sin cimbras, exigida por la grandiosidad de la cúpula, significaba inventar de nuevo el sistema por el cual ésta se cerraba a medida que subía. Ocho espigones en las aristas del octógono y otras dos en cada paño formaban el armazón que se iba tramando horizontalmente según ganaba en altura. El armazón así no se macizó, sino que se cubrió con un doble casco; uno interior, esférico, y otro exterior, de perfil ojival. El resultado es una cúpula liviana de dos cuerpos, poseedora de la misma rigidez que un cuerpo macizo, rigidez acentuada por la cupulilla o linterna que corona el perfil y que permite dar luz al interior sin dejar el cielo abierto, como ocurre en el Panteón romano.

Otras obras suyas fueron la iglesia de San Lorenzo y la Iglesia del Santo Espirito, en Florencia. La Sacristía vieja de San Lorenzo es uno de los ejemplos más patentes del rigor, del equilibrio y de la difícil simplicidad que impregnan las obras de Brunelleschi. Espacio cúbico cubierto por una cúpula nervada dispuesta sobre pechinas. La Capilla Pazzi es un espacio centralizado por una cúpula gallonada alzada sobre pechinas en una planta rectangular.

LA ESCULTURA: DONATELLO

Para la ciudad de Padua levanta la estatua ecuestre del condotiero Erasmo de Nani, conocido como “el Gattamelata”. Es, sin duda, el reconocimiento más profundo de Donatello al arte antiguo.

Su obra más famosa es David con la cabeza de Goliat. David es el héroe bíblico que se convierte en rey de los judíos al vencer, sirviéndose de la habilidad y la razón, al gigante Goliat, encarnación del pueblo filisteo, enemigo de su patria. La escultura tiene connotaciones humanistas al mostrar el joven cuerpo del vencedor desnudo, pero con botas y un gorro típico de los campesinos toscanos, algo anacrónico en la escultura clásica. En el aspecto moral simboliza el nuevo tipo de héroe individual que, con su virtud, es capaz de vencer a un poderoso enemigo. Políticamente es el emblema de la República florentina que triunfa sobre sus enemigos. Es el primer gran desnudo desde la época clásica.

LA PINTURA: SANDRO BOTTICELLI

Sandro Filipepi, luego llamado Botticelli, nació en Florencia en 1445. La vida de Botticelli y su obra estuvieron inexorablemente enlazadas a los Medicis El neoplatonismo ficiniano y mirandoliano fue una síntesis de los mitos paganos y las verdades cristianas. La decadencia del artista estuvo unida a la muerte de Lorenzo de Médicis en 1492, coincidiendo con la predicación de Girolamo Savonarola, que destruyó el mito neoplatónico con el que Sandro creía poder conciliar la fe cristiana y la leyenda pagana.

La primavera. Temple sobre tabla. Gallería degli Uffizi. (1482)

La escena transcurre en un prado; en el centro, bajo las ramas de los naranjos, se alza un mirto. Venus aparece de frente, conforme al mito clásico del jardín de las Hespérides, como diosa del amor, vestida con una túnica blanca bordada de oro, un collar engarzado con perlas y un rico manto rojo con motivos dorados y forrado de azul con losangres de oro. Venus muestra a las Tres Gracias con la inclinación de su cabeza y de su mano derecha, mientras su hijo Cupido tensa su arco. Las Gracias están plasmadas en el suave movimiento de la danza circular, con los dedos entrelazados, mientras a su lado Mercurio ahuyenta a las nubes que oscurecen el jardín de Venus. Inspirados en los Fastos de Ovidio, se ilustra el rapto de Cloris por Céfiro, al que sigue su casamiento, gracias al cual la ninfa se convierte en diosa.

CINQUECENTO

LA ARQUITECTURA: DONATO BRAMANTE

Fue el verdadero sucesor de Brunelleschi y revitalizador del viejo legado clásico. A partir de 1480 reside en Milán, colaborando con Leonardo. La obra más ambiciosa en Milán fue el crucero y cabecera de Santa maría delle Grazie. La caída de los Sforza, en 1499, obliga a Bramante a abandonar Milán. En 1503 realizó el templete de San Pietro in Montorio. Al año siguiente, Julio II nombró a Bramante inspector e ingeniero general de todos los edificios pontificios. Apenas comenzados los proyectos de San Pedro, en 1513, murieron Julio II, y, un año después, desaparecía Bramante.

LA PINTURA:

LEONARDO DA VINCI

Leonardo nació en Vinci, en las cercanías de Florencia, en 1452. Hijo natural del notario Piero da Vinci, se educó en casa de su abuelo paterno, en su pueblo natal. En 1467 entró en el taller de Andre Verrocchio, en el que permanecería casi diez años. En 1482 se traslada a Milán, donde permanece durante casi veinte años al servicio de Ludovico el Moro. El indiscutible prestigio del que goza en los medios artísticos y humanistas no le impide continuar sus estudios de mecánica y de hidráulica, ni sumergirse en la anatomía, en la óptica y en la botánica y, finalmente, en la geometría y en la física.

Durante su estancia en Milán pinta dos grandes obras: La Virgen de las Rocas y La Última Cena pintada en la pared de un refectorio del convento dominico de Santa María delle Grazie.

Durante su estancia en Florencia pinta la Gioconda, retrato, según Vasari, de Monna Lisa, esposa de Francesco del Giocondo.

A principios de 1517 acepta la invitación del rey Francisco I. Pasa sus últimos años serenamente, poniendo en orden sus documentos para la publicación de grandes tratados y dando forma a una serie de visiones apocalípticas de diluvios y grandes mareas, en las que expresa su dinámica concepción del cosmos.

RAFAEL

Nació en Urbino el viernes santo del año 1483. El padre de Rafael era pintor en la corte de Urbino y advirtió las dotes extraordinarias de su hijo y, con solo once años, en 1494, lo envió al Perugino para que le enseñara. Su marcha a Florencia le ofreció la oportunidad de entrar en el corazón de la cultura artística, no sólo florentina, sino italiana, porque en aquellos años vivían y trabajaban en la ciudad Leonardo y Miguel Angel, junto a otros grandes artistas.

En 1508, gracias a su fama, fue llamado a Roma por Julio II para decorar las Nuevas Estancias de los aposentos papales. La primera Estancia quedó terminada en 1511, con los frescos de la Disputa del Sacramento, la Escuela de Atenas, las Virtudes y el Parnaso. Murió el Sábado Santo de 1520.

LA CRISIS DEL RENACIMIENTO: MIGUEL ANGEL

La Biblioteca Laurentina de Florencia constituye una obra arquitectónica de notable dificultad donde incorpora conceptos arquitectónicos que dan paso a la arquitectura manierista. La convexidad de los escalones crea un ritmo que parece desparramarse hacia el espectador, produciendo un efecto desconocido hasta entonces en la arquitectura, anticipador de la movilidad y la teatralidad del Barroco. En las dos décadas finales de su carrera desarrolló una asombrosa etapa arquitectónica en Roma, a la que proporcionó algunas de sus joyas monumentales más eminentes, empezando por una labor de urbanista ejemplar en la ordenación de la Plaza del Campidoglio. En 1547 el papa le encargó que terminara San Pedro del Vaticano. Recogió la idea de templo centrado de Bramante.

Entre 1498 y 1500 realiza la Piedad del Vaticano. Sobre las rodillas de una madre juvenil y bellísima reposa el cuerpo apolíneo y sereno de Cristo sin rictus alguno de dolor.

El colosal David es de 1502-1504, con el que el escultor logra realmente superar a toda la estatuaria antigua conocida, llegando a la cima del Clasicismo.

Del grandioso proyecto que era la tumba de Julio II, sólo se realizaron algunos esclavos y la estatua sedente de Moisés. No representó al hombre bíblico, sino la idea de indignación y cólera contenida ante la ceguera de su pueblo. Se ha especulado sobre la posibilidad de que sea un autorretrato idealizado del escultor o un retrato de Julio II. Al concluirla, Miguel Angel le golpeó diciendo “¡habla!”.

En la Piedad Rondanini ha abandonado definitivamente la concepción clásica de la belleza, armonía y proporción que plasmó en la Piedad del Vaticano. Pero también está lejos de la fuerza titánica y la vigorosidad expresada en el Moisés. Crea dos cuerpos alargados de 1,94 metros de altura, escuálidos, casi inmateriales y etéreos, donde predomina la verticalidad. Ambos se fusionan configurando un tronco único, sin seguir ningún esquema compositivo. Su forma presenta una textura áspera, lejos de la pulimentación y perfección anatómica y totalmente despreocupada de la belleza externa. Crea una obra plena de subjetividad, queriendo subrayar aquello que los ojos no pueden ver: la unión espiritual, íntima y total de la Madre con el Hijo. La obra no quedó terminada y el dramatismo y la desolación que trasmite nos sumerge en la misteriosa expresividad de lo inacabado.

El papa Julio II encarga a Miguel Angel en 1508 la decoración al fresco de la Capilla Sixtina. Entre 1536 y 1541 realizó el fresco de la pared del fondo de la Capilla Sixtina con el tema del Juicio Final.

EL RENACIMIENTO EN ESPAÑA

ARQUITECTURA

Las constantes relaciones con Italia durante la Baja Edad Media, hicieron fácil la llegada del Renacimiento a España. El estilo de la primera época es el llamado plateresco. Durante la segunda mitad del siglo XVI va decayendo lentamente el furor decorativo por efecto de la ley del cansancio de las formas y del movimiento depurador del Concilio de Trento. El Escorial es arquitectura pura.

ESCULTURA

Se trata de un arte apasionado y dinámico. Puede dividirse la evolución de la escultura española en el siglo XVI en tres tercios. En el primero pervive un intenso goticísmo. El segundo tercio entraña una aceptación de las formas del renacimiento, pero acoplándolas a un sentimiento ascético, casi angustioso, que origina un arte agitado y convulso. El último tercio significa la vuelta a la calma.

PINTURA

El Renacimiento español es católico. Se produce una tímida asimilación de los modelos italianos. En la segunda mitad del siglo XVI la figura más importante fue el Greco, aunque ya su estilo es manierista.

'Historia mundial'
EL SIGLO XVII

Si el Renacimiento europeo fue un período de grandes progresos y extraordinaria vitalidad, el siglo XVII fue un período de crisis.

A los desequilibrios económicos se sumaron los antagonismos sociales. Los intereses de la nobleza frenaron el ascenso imparable de la burguesía de mercaderes y comerciantes e impusieron nuevas y gravosas cargas al campesinado.

La preponderancia mercantil y el peso económico se desplazaron del sur del continente a los países septentrionales, sobre todo a Inglaterra, Holanda y Suecia.

En la segunda mitad del siglo, Luís XIV, conocido como el Rey Sol, encabezará la política europea y será el indiscutible protagonista.

Las grandes ofensivas de la muerte

La crónica del siglo XVII está repleta de hambrunas, enfermedades y contiendas que incidieron negativamente sobre la población y aterrorizaron a las gentes.

En lo que respecta a las guerras, fue un siglo especialmente belicoso, con un gran número de frentes militares activos. La Guerra de los Treinta Años devastó Alemania.

Aunque la población pasó de 104 millones en 1600 a 113 millones en 1700, la expansión demográfica, que había sido el principal instrumento del crecimiento económico durante la centuria anterior, se había acabado.

Los sistemas políticos

La monarquía absoluta se afirmó en el Continente, especialmente en Francia, con un gobierno personal de Luís XIV y una vida esplendorosa en la Corte (Versalles). El siglo XVII fue el siglo de Francia. En 1648 con el Tratado de Westfalia se pone fin a la Guerra de los 30 años. En 1659 con el Tratado de los Pirineos se inicia la decadencia española y la preponderancia francesa en Europa. En Inglaterra se pusieron los fundamentos de una monarquía constitucional.

Conflictos sociales y refeudalización

La sociedad del siglo XVII estaba profundamente jerarquizada. El campesinado ( 80 - 90 % de la población) sufría el peso de los impuestos.

En la Europa oriental las cargas efectivas sobre los campesinos aumentaron a lo largo de la centuria. También en la Europa Occidental se puede hablar de refeudalización provocando un empobrecimiento del campesinado, que originará revueltas violentas en muchas regiones.

El número de pobres creció de forma considerable desde fines del siglo XVI. Una parte de estos terminó formando contingentes de soldados que engrosaban los ejércitos europeos. Se ha calculado que, durante el siglo XVII, un total aproximado de entre 10 y 12 millones de europeos ejercieron como soldados. Casi todos los combatientes de la época barroca eran, como los del Renacimiento, voluntarios que se alistaban por propia iniciativa.

Cambios en la economía mundial

Si el siglo XVI había sido una época de exploraciones, en el siglo XVII se produjo una lucha encarnizada por el dominio mercantil a nivel planetario. Los holandeses y más tarde los ingleses y los franceses irrumpieron en el comercio ultramarino oriental y occidental que portugueses y españoles habían mantenido en régimen de monopolio durante el siglo anterior.

La política económica que se aplica en algunos países recibe el nombre de mercantilismo. Era una teoría pesimista, cuya raiz es que se veía en el comercio la principal fuente de riqueza, tendente a crear un sistema uniforme para el fortalecimiento del Estado. Lo importante es vender caro y comparar barato.

La Revolución científica

El período barroco fue una época de inseguridad y desconcierto. Pero, puesto que los seres humanos seguían exigiendo seguridad y orden tanto en el universo de las ideas como en el mundo que les rodeaba, el racionalismo y el empirismo designaron dos maneras de entender el conocimiento humano, según se diera primacía a las construcciones de la razón o a los datos de la experiencia. En el siglo XVII estas dos corrientes florecieron en ámbitos geográficos claramente diferenciados. El racionalismo surgió y se asentó en la Europa continental, mientras que el empirismo adquirió su pleno desarrollo sobre todo en Inglaterra. René Descartes fue el mentor indiscutible de la corriente racionalista y Francis Bacon se convirtió en el patriarca reconocido de la corriente empirista. Del cruce de estos dos grandes sistemas filosóficos nació en el siglo XVII la ciencia moderna, que consistió precisamente en la correcta interpretación de lo percibido por la experiencia a partir del aparato matemático elaborado por el racionalismo.

El Arte barroco

La cultura del siglo XVII ( definida magistralmente por José Antonio de Maravall como urbana, masiva, dirigida y conservadora) produjo un arte dramático, exuberante y teatral.

Se engendró en Italia y de ahí se extendió a todos los países europeos, especialmente a Alemania y España. Expresa el barroco el estado de la sociedad de la época. Es un arte brillante y ostentoso. El termino es tan convencional como el de gótico (termino portugués de unas perlas deformes llamadas “barruecas”) y los que lo utilizaban querían expresar algo despectivo, ampuloso y decadente. Hoy, al contrario se considera al barroco como uno de los más grandiosos de la Historia del Arte. Focillon afirma que el barroco es la tercera fase de todo estilo artístico. Lo que mejor define al arte Barroco es la unidad de todas las artes.

ARQUITECTURA: BERNINI

La personalidad artística de Gian Lorenzo Bernini se presenta todavía como el prototipo del artífice renacentista en su triple dimensión de arquitecto, pintor y escultor.

Como arquitecto comenzó a trabajar en 1623 por indicación del papa barberini, Urbano VIII, quien le encargó el baldaquino de San Pedro de Roma.

Alejandro VII le encargó la columnata de la plaza de San Pedro.

LA ARQUITECTURA BARROCA ESPAÑOLA

Hasta muy avanzado el siglo XVII el arte barroco no triunfa en la arquitectura española. La potencia del arte herreriano hace que en todo el país se construya con arreglo a los moldes fríos y de sobria decoración propios del arte escurialense.

En los últimos años del siglo XVII se produce un proceso de activación de las empresas constructivas y la culminación del barroquismo español en todas las regiones. En Castilla, las figuras más significativas son los Churriguera. Su importancia fue tanta, que el termino “churrigueresco” vino a sustituir entre nosotros al “barroco”. José Benito es el autor del retablo mayor de San Esteban de Salamanca y Alberto de la Plaza Mayor. En Valencia se abre la fachada de la catedral, cuyo autor fue Conrado Rodolfo. En Murcia, Jaime Bort realizará la gran fachada de la catedral. En Andalucía, Leonardo de Figueroa es autor de la fachada del Colegio de San Telmo de Sevilla. La catedral de Cádiz es obra de Vicente Acero. En Galicia, la gran fachada del Obradoiro es de Fernando Casas Novoa.

LA ESCULTURA BARROCA: BERNINI

La escultura fue, desde el principio y hasta el final de su carrera la verdadera vocación artística de Bernini.

Apolo y Dafne. Galeria Borghese ( 1622-1624)

El grupo, esculpido en mármol, está realizado con gran virtuosismo. De la superficie pulimentada de las figuras emana una sutil sensualidad. La suave textura del cuerpo de Dafne, que huye del acoso del apasionado Apolo y es convertida en laurel por su padre, el río Peneo, contrasta con la aspereza del árbol en que se está transformando. Apolo persigue a la carrera, apoyándose sobre un sólo pie, a la fugitiva Dafne; en el instante en que ha logrado poner una de sus manos sobre la cintura, comienza a producirse la transformación de la joven en árbol; Apolo se da cuenta del fenómeno que se ha iniciado y, con un incipiente gesto de asombro, frena su mano derecha, mientras parece aflojar la fuerza de la izquierda; Dafne, al sentirse apresada por la mano divina, se vuelve hacia Apolo con la cabellera al vuelo y un gesto de horror, todavía si haberse percatado de su propia mutación: los dedos de sus manos se convierten en ramas y hojas, los de sus pies echan raíces que los atan al suelo, sus piernas y su sedoso vientre se convierten en un tronco del laurel que comienza a hacerla prisionera. Más que la oposición entre el deseo y la fugacidad, se acentúa la oposición entre el carácter huidizo de Dafne y su fijación radical en el terreno. El cardenal Marffeo Barberini, para dar a la obra un sentido moralizante, redactó un epigrama: “Quisquis amans sequitur fugitivae gaudia formae / fronde manus implet baccas carpit amaras” (Aquel que enamorado persigue los gozos de las formas efímeras, llena sus manos con el rocío de las hojas y recoge frutos amargos).

LA IMAGINERIA ESPAÑOLA

El siglo XVII es, verdaderamente, el siglo más glorioso de la escultura española, una escultura que será de madera policromada con dos características muy definidas: la religiosidad y el realismo. España produce una imaginería que se muestra en los retablos de iglesias y conventos, y en los “pasos” de Semana Santa. Es un arte popular que, para conseguir mover a la piedad, recurrirá, ya a finales de siglo, a extremos de realismo como poner pelo a las imágenes, y aplicar ojos de cristal y vestidos de tela, reduciendo la talla a rostros y manos.

El gran maestro vallisoletano es Gregorio Fernández, creador de una serie feliz de temas iconográficos como la “Piedad”.

En Sevilla, el autor más representativo es Juan Martínez Montañés, autor de bellísimos retablos, dulces Inmaculadas o Cristos no exentos también de cierto dramatismo.

En Granada sobresale Alonso Cano. De la misma escuela será también Pedro de Mena.

LA PINTURA BARROCA: VELAZQUEZ

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez nació en Sevilla el 6 de junio de 1599; su madre, de la cual tomó su apellido artístico, era sevillana; su padre era de origen judío portugués. En 1623 el conde-duque de Olivares lo hizo llamar para pintar el retrato del rey, iniciando una carrera honorífica que comenzó siendo nombrado pintor de cámara en 1623 y terminó con la concesión del hábito de caballero de la orden de Santiago en 1658. La nueva posición le permitió no depender de nadie más que del rey, y le dio la oportunidad de realizar dos viajes a Roma, que señalan las etapas fundamentales de su evolución. En 1660, después de haber organizado la suntuosa ceremonia para la firma dela Paz de los Pirineos, entre Francia y España, aquejado por una corta enfermedad, murió el 6 de agosto.

Las Meninas. Museo del Prado de Madrid. (1656)

La escena es conocida y el título con el cual era designado antes de 1819, El cuadro de la familia, determina el tema. La escena representa a Velázquez mientras está ejecutando el retrato de la familia real: además del autor, a la izquierda, vemos a doña Agustina de Sarmiento, la infanta Margarita, doña Isabel de Velasco , la enana Mari Bárbola y el enano Nicolasito Pertusato. En segundo plano, dos nobles religiosos, doña Marcela de Ulloa y don Diego Ruiz de Azcona; en el vano de la puerta que se abre sobre la pared del fondo, el aposentador, don José Nieto Velázquez, mientras sube los escalones de una corta escalera. En el espejo colocado al lado de la puerta, en la zona central del cuadro, se reflejan los bustos de la reina Mariana de Austria y del rey Felipe IV, evidentemente en pose para ser retratados. El observador no sólo es invitado a “entrar” en el cuadro sino también a atravesarlo.

'Historia mundial'
EL SIGLO XVIII

En Inglaterra se produjo la revolución Industrial que abrió el camino al capitalismo.

A pesar de la preeminencia de las clases privilegiadas la burguesía fue preparando el camino para las revoluciones liberales.

Las monarquías absolutas adoptaron la modalidad del despotismo ilustrado como mecanismo de adaptación a los cambios sociales que se estaban produciendo.

La Ilustración completaba el ciclo abierto en el siglo XVI, extrayendo sus últimas consecuencias del humanismo, el racionalismo y el proceso de laicización de la cultura.

El ascenso de la burguesía

Aunque la burguesía había aceptado siempre su posición subordinada en el conjunto de la sociedad y el sistema de valores impuesto por la nobleza, sin embargo, a lo largo del siglo se despertó su progresiva insatisfacción, al sentirse perjudicada dentro del orden establecido por la monarquía absoluta y el despotismo ilustrado.

El Arte Rococó

Durante mucho tiempo el Rococó se venía estudiando como la exacerbación del barroco, como el epílogo de tal estilo. Sin embargo en la actualidad ha ganado autonomía.

Es un estilo predominantemente decorativo, que gusta de las formas ovaladas y recargadas. Es el estilo de una aristocracia cortesana que vive jornadas de esplendor en sus palacios y residencias, alejadas del trabajo y la política, degustando con fruición todos los placeres sensibles que le brinda la naturaleza.

ARQUITECTURA

Las principales características de la arquitectura Rococó son:

  • Acumulación de elementos decorativos barrocos.

  • Exteriores simples e interiores desbordantes de decoración.

  • Palacios urbanos.

  • Gusto por lo chinesco.

ESCULTURA

El Rococó es un arte íntimo. La naturaleza Rococó no es una naturaleza agreste, desmelenada, furiosa, como será la del Romanticismo, sino una dulce probabilidad de deleite, dentro del marco vegetal natural. Los pequeños animales y los pequeños objetos (florecillas, pájaros), igual que los niños, son temas preferidos por la sensibilidad Rococó. Pretende plasmar la realidad individual de los personajes.

PINTURA

El Rococó es también el estilo suave de la gracia cortesana. En Francia nadie lo expresa mejor que Watteau, un flamenco que vive en los últimos años del siglo XVII. Es el gran cantor de la vida alegre de la Corte francesa. Le agrada mucho pintar paisajes donde coloca sus figuras con ricos vestidos de seda; retrata una aristocracia que se recrea en paisajes o teatros, siempre aparentando una vida fácil y regalada que gusta de fiestas y reuniones. Entre sus obras destaca El peregrinaje a la isla de Cyterea. Fragonard, significa el triunfo del sentimiento decorativo. Con El Columpio logró una de las obras más representativas del arte Rococó. En Inglaterra hay que destacar un grupo destacado de grandes retratistas, cuyos retratos se caracterizaran por su elegancia y distinción.. Gainsborough es el creador del paisaje romántico. Reynolds es pintor cortesano y elegante. Romney es también pintor de retratos y sus personajes aparecen siempre teñidos de una alegría melancólica, típica del Rococó.

CARACTERISTICAS FUNDAMENTALES DEL ANTIGUO REGIMEN

Se puede definir al Antiguo Régimen como el conjunto de estructuras demográficas, económicas, sociales y mentales propias de la Europa prerrevolucionaria. Fue empleado por primera vez durante la revolución Francesa, a finales del siglo XVIII, para referirse al conjunto de instituciones prerrevolucionarias que era necesario suprimir. Por extensión, en la actualidad designa a todos los elementos característicos de las sociedades europeas anteriores a dicha Revolución y que van desapareciendo a lo largo del siglo XIX.

DEMOGRAFIA

La primera diferencia entre el mundo del Antiguo Régimen y el actual estriba en la muy distinta duración media de la vida humana. En nuestros días la esperanza de vida es en todos los países desarrollados superior a los setenta años, mientras que en la Europa de entonces no llegaba a los cincuenta. La Tierra tenia algo menos de 1000 millones de personas. En 1800, dos de cada tres pobladores del planeta eran asiáticos, uno de cada cinco europeo, uno de cada diez africano y uno de cada treinta y tres americano y oceánico. Los europeos, en su conjunto, eran más bajos y más delgados que ahora. La población, que era en su mayoría era analfabeta

ECONOMIA

Nos encontramos ante economías de subsistencia en las que se dependía de los productos agrícolas y, en especial, de los cereales. Las malas cosechas provocaban escasez y carestía lo que generaba las temidas secuelas de hambre y muerte. La agricultura ocupaba a la mayor parte de la población activa (entre el 80 y el 90 %). Era una agricultura tradicional que salvo en países como Reino Unido o Países Bajos, presentaba escasas innovaciones. Buena parte de la tierra seguía estando bajo el régimen señorial. La actividad artesanal había experimentado pocos avances y seguía estando controlada por los gremios de rigen medieval. El comercio marítimo era la actividad más dinámica, habiendo creado una rica burguesía en las zonas portuarias. La principal forma de expansión de la producción industrial fue la denominada sistema doméstico, por el cual un mercader compraba todos los productos del artesano o del trabajo no agrícola de los campesinos para venderlo luego en los grandes mercados.

SOCIEDAD

En la practica totalidad del mundo la sociedad era rural. En la Europa de 1800, de cada cinco habitantes cuatro eran campesinos, y sólo unos 12 millones de personas (menos del 7% del total) habitaban en ciudades de más de 10.000 habitantes. De hecho, en esa fecha sólo había en Europa dos ciudades que pasaban de 500.000 habitantes. París y Londres.

Las sociedades del siglo XVIII eran de tipo aristocrático, es decir, que una minoría, la nobleza y el alto clero, ejercía una enorme influencia sobre la vida de los demás (el Estado llano), bien como gobernantes, magistrados, grandes propietarios o monopolizando los altos cargos del Ejercito, Iglesia o estado. La sociedad se componía de tres ordenes o estamentos: clero, nobleza y Tercer estado o Estado llano. Cada estamento tenía una condición jurídica diferente, por lo que encontramos una desigualdad social y legal que se trasmite por herencia.

Existía un latente conflicto entre las fuerzas de la vieja sociedad y la nueva sociedad “burguesa”, que no podía resolverse dentro de las armazones de los regímenes políticos existentes, con la excepción de los sitios en donde ya habían triunfado los elementos burgueses, como en Inglaterra.

POLITICA

El sistema político predominante en Europa era la monarquía absoluta y centralizada. Se justificaba en la consideración de que el poder le era delegado por voluntad de Dios.

En aquellos días, los príncipes adoptaron el sobrenombre de “ilustrados” para sus gobiernos, como los de los nuestros, y por análogas razones, adoptan el de “planificadores”. Y como en nuestros días, muchos de los que lo adoptaron en teoría hicieron muy poco para llevarlo a la practica, y algunos de los que lo hicieron, lo hicieron movidos menos por un interés en las ideas generales que para la sociedad suponían la “ilustración” o la “planificación”, que por las ventajas prácticas que la adopción de tales métodos suponía para el aumento de sus ingresos, riqueza y poder.

LAS REVOLUCIONES BURGUESAS: CARACTERISTICAS GENERALES. LA REVOLUCIÓN FRANCESA

LAS REVOLUCIONES LIBERALES

El último cuarto del siglo XVIII puso de manifiesto la incapacidad del Despotismo Ilustrado para superar las contradicciones existentes en el seno del Antiguo Régimen. Las reformas, pese a la brillantez de los planes, resultaron cortocircuitadas por la falta de decisión política para llevarlas adelante. El fracaso de las soluciones reformistas hace que la burguesía adopte un proyecto revolucionario para solucionar la crisis del Antiguo Régimen. La revolución es un fenómeno político (la soberanía se traslada de manos del rey a las de la burguesía a través de la atribución de la soberanía al pueblo soberanía nacional) y un cambio social, que lleva a configurar la sociedad sobre la base de nuevos supuestos conceptuales e ideológicos (igualdad, libertad y propiedad).

Algunos historiadores han hablado de una “era de revoluciones democráticas” de las que la francesa fue solamente una, aunque la más dramática y la de mayor alcance.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA

'Historia mundial'

Caracteres específicos

La revolución que estalló en Francia hacia 1787 puede no haber sido un fenómeno aislado, pero fue mucho más fundamental que cualquiera de sus contemporáneas y sus consecuencias fueron mucho más profundas.

  • Ocurrió en el más poderoso y populoso Estado europeo (excepto Rusia). En 1789, casi de cada cinco europeos, uno era francés.

  • Fue la única revolución social de masas e inconmensurablemente más radical que cualquier otro levantamiento.

  • De todas las revoluciones contemporáneas, la francesa fue la única ecuménica.

  • Las rentas del Estado, aun cuando su insuficiencia fuese una de las causas de la revolución, eran más importantes que las del reino de Gran Bretaña.

  • En el terreno intelectual, la preponderancia de Francia era abrumadora.

En cambio, la situación que ocupaban en el estado la burguesía y el campesinado no correspondía a la función económica ni a la fuerza real de estas dos clases sociales. La situación de la burguesía francesa era muy distinta de la británica, que participaba ampliamente en el gobierno y en la mayor parte de las funciones estatales desde 1640. La burguesía francesa estaba animada por el violento deseo de hacerse con el poder. El alza constante de los precios desde 1730 dificultaba a la nobleza vivir de sus rentas y provocó una autentica “reacción feudal” en Francia. Así, pues, burgueses y campesinos franceses, esgrimiendo diferentes motivos de queja, sentían un odio parecido contra la nobleza y, en general, se coligaran contra ella: esta unión es la característica especifica de la Revolución francesa y la que explica sus éxitos iniciales, su extensión, profundidad y solidez.

Causas particulares

El fuerte impulso experimentado por la economía francesa en el siglo XVIII comenzó a manifestar ciertos síntomas de agotamiento en la década de 1780. La perdida de casi todas las colonias americanas después de la guerra de los Siete Años (1756-1765) ya había afectado seriamente al comercio y la situación se agravó más tarde con la intervención francesa en la guerra de Independencia de las colonias británicas en América del Norte (1777-1783), que produjo considerables gastos y obligó a recurrir a elevados préstamos.

Sin embargo, el problema más grave seguía siendo el abastecimiento de una población que había crecido a mayor velocidad que la producción de cereales. El año anterior a la revolución, en el verano de 1788, la cosecha fue mala, y el invierno resultó inusitadamente riguroso. La catástrofe agrícola cerró el mercado rural y en las ciudades, donde ya existía una abundante mano de obra, el paro se multiplicó y los salarios descendieron.

Todos estos factores se sumaron para provocar una situación desesperada en las finanzas del Estado.

La revuelta aristocrática

En 1783, Charles Alexandre de Calonne, un excelente y experimentado administrador, fue nombrado ministro de Hacienda. Propuso establecer una “subvención territorial”, impuesto que habrían de pagar todos los terratenientes sin excepción. Ni Luis XVI ni su ministro se atrevían a imponer tales medidas por decreto y consideraron más prudente reunir una Asamblea de Notables, designados por el rey, para conseguir su aceptación del proyecto. Los notables se opusieron a las medidas de Calonne, que fue sustituido por el arzobispo de Toulouse, Loménie de Brienne, protegido de María Antonieta y enemigo de Calonne.

Ante la rebelión de la nobleza, Brienne presentó su dimisión y el rey volvió a llamar a Necker, cuya primera medida fue aplazar la reforma, establecer los parlamentos y convocar los estados generales para el 1 de mayo de 1789.

Los Estados Generales y La Asamblea Nacional Constituyente

El decreto real convocando los Estados Generales se difundió ampliamente y fue leído en todas las iglesias. La campaña electoral desempeñó un papel determinante en la formación de la opinión general y en la reflexión sobre los diversos problemas que padecía la sociedad francesa. Cada estamento confeccionaba una relación de peticiones, recogida en los llamados “cuadernos de quejas”, que constituyen un valioso testimonio colectivo de las esperanzas de reforma surgidas en todo el país. Los nobles y el alto clero insistían en la necesidad de conservar la sociedad tradicional, dividida en estamentos, o defendían el fortalecimiento del parlamento frente al absolutismo real. La burguesía, por el contrario, exigía es sus “cuadernos” la eliminación de los privilegios estamentales y de casta, así como la libertad del comercio y de la industria y, sobre todo, poder político para intervenir en la marcha del estado. Por su parte, las peticiones de los campesinos contenían quejas contra el régimen feudal.

El clero estaba formado por 291 diputados (200 curas liberales)

La nobleza estaba formada por 270 diputados

El Tercer Estado estaba formado por 578 diputados (200 abogados)

En la ceremonia de inauguración, el rey pronunció un breve discurso, insistiendo en la necesidad de contribuir al fisco; se quejó del estado alarmante en que se hallaba el país y de las nuevas ideas imperantes y lanzó advertencias contra las innovaciones. Al día siguiente, los nobles y el clero se reunieron por separado para discutir las cuestiones de procedimiento y la forma de votación. Por su parte, el Tercer Estado insistió desde el principio en que las sesiones fueran conjuntas de los tres estamentos, y que la votación no fuera “por orden”, sino “por cabeza” (nominal), a la que se negaron la nobleza y el clero.

Tras varias semanas de negociaciones infructuosas, el Tercer Estado comenzó, por su propia cuenta, a verificar los poderes o credenciales de los diputados de los tres estamentos. Varios representantes de la nobleza y del clero se incorporaron al estamento burgués, que se vio considerablemente aumentado. Cuando terminaron de pasar lista y a propuesta del abate Sieyès, el Tercer Estado, ampliamente mayoritario, se declaró “representante de la nación”, constituyéndose en una Asamblea a la que denominaron Asamblea Nacional, declarando que el rey no tenía derecho a vetar sus decisiones.

Tres días más tarde, cuando la Asamblea iba a reunirse, encontró cerradas por parte del rey las puertas del recinto donde tenían lugar las sesiones. Los diputados se trasladaron a un salón próximo destinado al juego de la pelota y allí pronunciaron el solemne juramento de no abandonar la sala hasta concluir la elaboración de una constitución para Francia.

La Asamblea Constituyente (Julio de 1789 - Octubre de 1791) comenzó sus sesiones en un momento de grave situación económica. La crisis de subsistencias, la escasez de alimentos y la subida de precios exacerbaban a las clases populares, empujándolas a movilizarse. El rey aparentaba transigir con la existencia de la Asamblea, pero en realidad había decidido disolverla por medio de la fuerza. Las tropas reales comenzaron a avanzar hacia Versalles y París, mientras el pueblo y los diputados seguían con inquietud las medidas del gobierno. El 12 de julio se supo en París que el rey había destituido a Necker, ministro del gobierno partidario de las reformas. La noticia se consideró como prueba de que se estaba gestando un “complot aristocrático”, y una gran manifestación de protesta se extendió por las calles y plazas de la capital. En la noche del 14 al 15 de julio comenzaron a correr rumores de que la Bastilla, la vieja fortaleza medieval que venía siendo utilizada como prisión, se disponía a disparar sus cañones. Una muchedumbre enfurecida se dirigió a la fortaleza, dispuesta a asaltarla. Después de varias horas de sangriento asedio, el comandante de la prisión fue muerto y la guarnición se rindió.

La insurrección de París y la caída de la Bastilla supusieron, en cierto modo, el comienzo de una insurrección general. Hasta entonces, los múltiples motines y enfrentamientos ocurridos desde 1787 no habían tenido mucha relación entre sí, pero a partir de este momento la mayoría de las ciudades y pueblos de Francia comenzaron, con inusitada rapidez, a imitar a la capital. El temor a un complot aristocrático, que había estado latente desde el principio, se fue extendiendo, cargado de negros presagios, hasta constituir lo que se ha dado en llamar “la gran peur”, un gran miedo que avanzaba imparable, poniendo en pie de guerra a la mayoría de los campesinos. A finales de julio, en las ciudades y pueblos se ocupaban los ayuntamientos; se formaban comités permanentes y milicias urbanas, que más tarde tomaron el nombre de guardias nacionales. En las zonas campesinas, del mismo modo que los parisienses habían asaltado la Bastilla, los labriegos asaltaban los castillo, irrumpían en las tierras, se repartían los pastizales y los bosques de los señores y exigían, para quemarlos, los viejos títulos en los que estaban inscritos los derechos feudales de propiedad de la tierra.

Desbordado por los acontecimientos, el rey se resistía a dar la orden de una ofensiva militar contra París, y ordenó la retirada de las tropas. Necker fue restituido en su cargo y el aristócrata Lafayette, destacado general de la Guerra de la Independencia norteamericana, recibió el nombramiento de comandante de la Guardia Nacional.

Mientras los campesinos trataban de destruir por la fuerza el régimen señorial, la Asamblea Constituyente llegaba a la conclusión de que únicamente la abolición oficial de este régimen tan odiado podía restablecer el orden y la paz. Durante la noche del 4 al 5 de agosto, la Asamblea declaró “El feudalismo queda abolido”. El 26 de agosto hizo pública la Declaración de derechos del Hombre y del Ciudadano, en el que se exponen los fundamentos de una nueva sociedad y se condena toda la estructura política y social del Antiguo Régimen.

El 5 de octubre se produjeron tumultos en los mercados de París, provocados por los sectores populares más afectados por la escasez y la subida del pan. Al día siguiente, una gran muchedumbre se dirigió a Versalles, sitio el palacio real y obligó al rey a trasladarse a París, donde podría ser vigilado para evitar su huida.

Entre 1789 y 1791 la burguesía moderada victoriosa emprendió la gigantesca obra de racionalización y reforma de Francia. La mayoría de las realizaciones duraderas de la revolución datan de aquel periodo, como también sus resultados internacionales más sorprendentes, la instauración del sistema métrico decimal y la emancipación de los judíos. Su política respecto al campesinado fue el cercado de las tierras comunales y el estimulo a los empresarios rurales; respecto a la clase trabajadora, la prescripción de los gremios; respecto a los artesanos, la abolición de las corporaciones.

La Constitución de 1791 evitaba los excesos democráticos mediante la instauración de una monarquía constitucional fundada sobre una franquicia de propiedad para los “ciudadanos activos”.

La Constitución Civil del clero, del 12 de julio de 1790, un mal interpretado intento de destruir, no a la Iglesia, sino su sumisión al absolutismo romano, llevó a la oposición a la mayor parte del clero y de los fieles y contribuyó a impulsar al rey a la desesperada y suicida tentativa de huir del país. Fue detenido en Varennes el 20 de junio de 1791, y en adelante el republicanismo se hizo una fuerza masiva, pues los reyes tradicionales que abandonan a sus pueblos pierden el derecho a la lealtad de sus súbditos.

El 4 de marzo de 1791 la Ley Allarde estableció la libertad de trabajo y el 14 de junio la Ley Chapelier la prohibición de huelga y asociación.

El 17 de julio de 1791, una gran manifestación se concentró en el Campo de Marte de París, exigiendo la abdicación del rey y su entrega a los tribunales. Por orden de la Asamblea, un destacamento de la Guardia nacional, al mando de Lafayette, disolvió la manifestación abriendo fuego contra los concentrados y causando un elevado número de muertos y heridos.

La tragedia del Campo de Marte provocó la división abierta entre las diversas tendencias políticas de la Asamblea. El club de los jacobinos sufrió una escisión cuando los partidarios de la monarquía constitucional, agrupados en torno a Lafayette, formaron su propio club, el de los fuldenses. La dirección del club jacobino la ocuparon los partidarios de la República y de continuar la revolución democrática, bajo el liderazgo de Robespierre y Brissot.

La Asamblea Constituyente se disolvió el 30 de septiembre de 1791, después de haber concluido la Constitución, que fue firmada por el rey.

Antes de la disolución de la Asamblea Constituyente, se había acordado que ninguno de sus miembros podría formar parte de la nueva Asamblea legislativa (octubre de 1791 - Agosto de 1792). Los diputados elegidos, todos ellos ciudadanos activos, eran más jóvenes y formaban una asamblea más revolucionaria que la anterior, con muy escasos representantes de la antigua derecha aristocrática. La derecha la constituía ahora el partido de los fuldenses. La izquierda la representaban los diputados jacobinos, en cuyo club se decidía la actitud que debían adoptar sus afiliados. Muchos de ellos habían sido elegidos por el departamento de la Gironda; de ahí que fueran conocidos con el nombre de “girondinos”. Los llamados “demócratas” el sector más radical de los jacobinos, ejercían su influencia por medio del club; su líder, Robespierre, actuaba indirectamente sobre la Asamblea, aunque no fuera diputado por haberlo sido ya en la Constituyente.

A lo largo de todo el país se fueron formando destacamentos de voluntarios que acudían a la defensa de París. El ardor patriótico y el impulso revolucionario dieron fama a los destacamentos armados de Marsella, cuyo himno de Roger de L´Isle, se convirtió en emblema nacional. El 3 de julio de 1792, el diputado Vergniaud, en un célebre discurso, denunció la traición del rey, y unos días más tarde, la Asamblea declaró solemnemente “la Patria está en peligro”. La alarma cundió en toda Francia; se distribuyeron armas a la población civil y los batallones de voluntarios marcharon al frente de batalla.

Mientras tanto, el duque de Brunswick, comandante en jefe de los ejércitos prusianos, hizo público un manifiesto en el que amenazaba con la represión más implacable si la familia real sufría algún daño y si no se restauraba el poder de la monarquía francesa que representaba Luis XVI. Seguidamente, estos mismos ejércitos, junto a las milicias de emigrados franceses, comenzaron desde Coblenza la ofensiva contra París.

El manifiesto prusiano confirmó todas las sospechas sobre el acuerdo del rey con sus aliados exteriores. Se organizó entonces un amplio movimiento popular, a través de las secciones o asambleas de barrio, cuyo poder iba a desbordar a la propia Asamblea legislativa. En el Ayuntamiento de París, se eligió un Comité Municipal Revolucionario, la Comuna, cuyo programa incluía reivindicaciones económicas, derivadas de la carestía de los alimentos, además de una serie de exigencias políticas que ya habían adoptado las secciones: destitución del rey, convocatoria de una Asamblea elegida por sufragio universal y renovación de las administraciones locales y provinciales, también elegidas por sufragio universal.

El 10 de agosto de 1792, después de un primer intento, las fuerzas revolucionarias tomaron el palacio de las Tullerias, pero el rey y su familia ya no estaban allí; Luis XVI se había refugiado en la Asamblea, pidiendo protección. Tras intensos debates, el rey fue despojado de sus funciones y recluido, junto con su familia, en la Torre del Temple.

El 20 de septiembre de 1792, las tropas francesas, mucho peor equipadas, derrotaron al poderosos ejercito prusiano en Valmy, iniciándose una nueva etapa más conflictiva y decisiva.

Fase exaltada de la revolución (1792 - 1795)

Sin la guerra no habría existido jamás el Terror. Pero sin la guerra y sin el Terror, la victoria quizás habría sido imposible; y sin la victoria la revolución no habría triunfado tan pronto en Francia y fuera de ella.

La victoria de Valmy coincidió con la apertura de la Convención, nombre que recibió la nueva Asamblea elegida por sufragio universal masculino y cuya principal misión era elaborar una nueva constitución. En la primera sesión (septiembre de 1792), la Convención Girondina (septiembre 1792 - junio 1793) se promulgo por la “abolición de la realeza”.

La Convención estaba representada por tres tendencias políticas bien definidas: los girondinos, que constituían la mayoría; los jacobinos (llamados ahora “montañeses”, por ocupar sus diputados los lugares mas altos del recinto); entre ambos, un amplio grupo de diputados que formaban la “llanura” o el “pantano”, no vinculados a ninguno de los anteriores.

La mayoría de los diputados girondinos procedían de las grandes ciudades portuarias de Francia: Por el contrario, los diputados montañeses tenían su origen e implantación en las plazas fuertes del jacobinismo, especialmente en París y su provincia. Al margen de su procedencia social, para los girondinos lo primero era el orden, para los jacobinos o montañeses lo más importante era la defensa de la Revolución contra el peligro aristocrático, lo que les obligo a dar satisfacción a las exigencias sociales del movimiento popular en las calles y barrios de París, el de los sans-culottes (vestidos con pantalón, su prenda de trabajo, y no el culotte, prenda utilizada por las clases acomodadas; se cubrían la cabeza con un gorro frigio y se acompañaban siempre del sable o la pica para “poder defender la revolución”). A través de periodistas como Marat y Hébert, a través de oradores locales, también formulaban una política, tras la cual existía una idea social apenas definida y contradictoria, en la que se combinaban el respeto a la pequeña propiedad con la más feroz hostilidad a los ricos, el trabajo garantizado por el gobierno, salarios y seguridad social para el pobre, en resumen, una extremada democracia igualitaria y libertaria, localizada y directa. En realidad, eran una rama de esa importante y universal tendencia política que trata de expresar los intereses de la gran masa de “hombres pequeños” que existen entre los polos de la “burguesía” y del “proletariado”, quizá a menudo más cerca de éste que de aquélla, por ser en su mayor parte muy pobres. Pero el “sans-culottismo” no presentaba una verdadera alternativa. Su ideal, un áureo pasado de aldeanos y pequeños operarios o un futuro dorado de pequeños granjeros y artesanos no perturbados por banqueros y millonarios, era irrealizable. La historia lo condenaba a muerte. Lo más que pudieron hacer (y lo hicieron entre 1793 y 1974) fue poner obstáculos en el camino que dificultaron el camino de la economía francesa. En realidad, el “sans-culottismo” fue un fenómeno de desesperación cuyo nombre ha caído en el olvido o se recuerda sólo como sinónimo del jacobinismo, que le proporcionó sus jefes.

El 20 de noviembre de 1792 se descubrió en el Palacio de las Tullerías un “armario de hierro”, donde el rey guardaba sus papeles secretos. La Convención se pronunció por la culpabilidad del rey y Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero de 1793.

La ejecución de Luis XVI provocó una oleada de estupor en toda Europa y a la coalición contra Francia se sumaron nuevos aliados: España, Nápoles, los príncipes alemanes y, sobre todo, Inglaterra, que se sentía además amenazada por la anexión francesa de Bélgica. En abril de 1793, el comandante en jefe de los ejércitos del Norte, el general girondino Dumouriez, desertó y se paso a los austríacos. El curso de la guerra comenzó a cambiar y los franceses acumularon derrota tras derrota.

Los descalabros bélicos se agravaron al abrirse un frente interno de guerra civil, provocado por la insurrección de la Vendée contra el gobierno revolucionario.

El 2 de junio de 1793, una gran manifestación se dirigió a la Convención y tras un dramático debate desarrollado bajo el control de las milicias urbanas, fueron arrestados 29 diputados girondinos. Esta jornada puso en evidencia la creciente influencia de los sans-culottes que, de este modo, parecían controlar a la Asamblea a través de los montañeses.

La nueva Convención, controlada ahora por la Montaña (Convención Montañesa), comenzó el 2 de junio de 1793 y concluyó el 27 de julio de 1794.

Al mismo tiempo, durante la Convención montañesa se elaboró una nueva Constitución de 1793 que suponía un avance con respecto a la Constitución monárquica de 1791. En ella se reconocía el principio del sufragio universal masculino, así como la responsabilidad de la sociedad de proporcionar a sus miembros trabajo y medios de subsistencia y de poner la educación al alcance de todos los ciudadanos. La Constitución fue proclamada el 10 de agosto de 1793 (día del aniversario de la caída de la monarquía), en la fiesta de la “Unidad e Indivisibilidad de la República”. Sin embargo, dada la situación del país, su entrada en vigor quedó aplazada “hasta que se alcance la paz”.

El Comité de Salvación Pública, creado en abril de 1793, se convirtió en el verdadero impulsor del gobierno de la Convención. El Comité de seguridad Nacional era el encargado de las actividades policiacas y de represión. Las víctimas del terror procedían de todas las clases sociales.

En octubre de 1793 se implantó en Francia el calendario republicano, que sustituía la tradición por la razón, el culto a una naturaleza idealizada y la ruptura con el cristianismo mediante la supresión de las festividades religiosas.

Perdida la influencia de Danton (hombre poderoso, disoluto y probablemente corrompido), el Comité ganó a Maximiliano Robespierre, que llegó a ser su miembro más influyente. No fue un individuo agradable, e incluso los que en nuestros días piensan que tenía razón prefieren el brillante rigor matemático del arquitecto de paraísos espartanos que fue el joven Saint-Just. No fue un gran hombre y a menudo dio muestras de mezquindad. Pero es el único (fuera de Napoleón) salido de la revolución a quien se rindió culto. Ello se debió a que para el, como para la historia, la República jacobina no era un lema para ganar la guerra, sino un ideal: el terrible y glorioso reino de la justicia y la virtud en el que todos los hombres fueran iguales ante los ojos de la nación y el pueblo el sancionador de los territorios. No tenia poderes dictatoriales, ni siquiera un cargo, siendo simplemente un miembro del Comité de Salud Pública, el cual era a su vez un subcomité de la Convención. Su poder era el del pueblo las masas de París); su terror, el de las masas. Cuando ellas le abandonaron, se produjo su caída. Si Robespierre ganó el apoyo de los moderados eliminando la corrupción, sus posteriores restricciones de la libertad y la ganancia desconcertaron a los hombres de negocios. Por último, no agradaban a muchas gentes ciertas excursiones ideológicas de aquel periodo, como las sistemáticas campañas de descristianización y la nueva religión cívica del Ser Supremo de Robespierre, con todas sus ceremonias, que intentaban neutralizar a los ateos imponiendo los preceptos del “divino” Rousseau. Cuando a finales de junio del mismo año los nuevos ejércitos de la República demostraron su firmeza derrotando decisivamente a los austríacos en Fleurus y ocupando Bélgica, el final se preveía. El nueve de Thermidor (27 de julio de 1794), la Convención derribó a Robespierre. Al día siguiente, él, Saint-Just y Couthon fueron ejecutados.

La reacción termidoriana y el Directorio

La consigna del momento era proclamar que “la Revolución ya está hecha” y, por tanto, que eran inútiles los mecanismos que se habían creado para asegurarla.

La Asamblea termidoriana recuperó el poder ejecutivo y redujo todos los comités a su control. Poco a poco fueron saliendo de las cárceles los presos detenidos por sospechosos: los diputados girondinos supervivientes se reintegraron a la Asamblea.

En París un antiguo y conocido “terrorista” que se había pasado a la reacción, se convirtió en el ídolo de una de las bandas violentas, pertenecientes a la llamada “juventud dorada”, que asaltaban los barrios obreros de París y se vengaban cruelmente de los sans-culottes.

Las jornadas de Germinal y Pradial (abril y mayo de 1795) señalan el final de la presión popular sobre la Asamblea. Al fracaso de las jornadas le siguió una sistemática represión antijacobina, mediante un prolongado proceso de detenciones y ejecuciones de diputados del anterior gobierno revolucionario. En los departamentos del Mediodía las bandas monárquicas iniciaron las matanzas de los terroristas más notorios, en lo que se ha dado en llamar el “terror blanco”, sin apoyo alguno en leyes ni decretos.

El 13 del Vendimario (3 de octubre de 1795) los “jóvenes dorados” provocaron una insurrección armada contra la Asamblea, pero fueron derrotados por la decidida actuación de un joven y desconocido general corso llamado Napoleón Bonaparte, que redujo el motín realista y restableció el orden. Poco después, consolidados en su posición, los diputados termidorianos disolvieron la Asamblea el 26 de octubre de 1795.

El régimen político del Directorio (26 de octubre de 1795 - 10 de noviembre de 1799) surgió de la nueva Constitución del año III (1795). Inspirada en gran parte en los planteamientos de la Asamblea Constituyente de 1791, establecía una completa separación de poderes. El legislativo recaía en dos Asambleas, para evitar los excesos revolucionarios de una sola cámara: el Consejo de Senadores o de los Ancianos, compuesto de 250 hombres “mayores de 40 años”; y el Consejo de los Quinientos; estos proponían resoluciones y aquellos as elevaban a la categoría de leyes. Ambas cámaras elegían al ejecutivo, llamado Directorio, formado por cinco miembros, renovable uno cada año. El sufragio universal fue suprimido y los ciudadanos “pasivos” continuaron sin tener derecho al voto; para ser elector era necesario poseer tierras o una casa, de valor variable según las localidades.

Un núcleo de demócratas radicales, dirigidos por Babeuf, en cuyo periódico “Tribuna del Pueblo” se predicaba abiertamente una especie de comunismo, pedía el sufragio universal. El Directorio ordenó cerrar el club y a partir de entonces Baboeuf comenzó a organizar la llamada “Conspiración de los Iguales”. La conspiración proponía el “comunismo de distribución” que rechazaba el reparto agrario igualitario para proponer una organización colectiva del trabajo fundada en la comunidad de bienes. Los babeuvistas fueron arrestados el 10 de mayo de 1796. El 26 de mayo de 1797, Baboeuf y sus compañeros fueron condenados a muerte por la Suprema Corte de Justicia.

Napoleón Bonaparte

Tras el Tratado de Campoformio, Napoleón volvió de Italia como héroe conquistador y decidió iniciar una campaña contra la India para arrebatar a Inglaterra su más valiosa posesión, y para ello empezó la invasión de Egipto, que resulto desfavorable.

La burguesía venia exigiendo un poder fuerte, capaz de neutralizar a los realistas y a los jacobinos y llevar con éxito la guerra contra la Segunda Coalición. Pero para satisfacer estas demandas se hacía necesario modificar la Constitución en un sentido autoritario, lo que exigía a su vez el apoyo militar para dar un nuevo golpe de Estado. Bonaparte era, pues, el hombre que reclamaban las circunstancias, y en menos de un mes se organizó el golpe, financiado por los banqueros de París.

El 18 Brumario (9 de diciembre de 1799) Napoleón disolvió ambos Consejos y se inició el Consulado con tres miembros Bonaparte, Sieyés y R. Ducos.

REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Las condiciones preparatorias para el industrialismo habían sido elaboradas como resultado de un comercio en expansión y de una economía orientada hacia el mercado, a lo largo de muchos siglos. Especialmente favorecidos a este respecto se encontraban los países del noroeste europeo, que se convirtieron en el centro neurálgico de los lazos comerciales con otros continentes, establecidos desde finales del siglo XV.

La extensión de los nuevos conocimientos, y la puesta en cuarentena de antiguas creencias religiosas y rigideces sociales, hizo aparecer una receptividad al cambio y la innovación sin paralelo en la historia anterior del género humano.

LA INDUSTRIALIZACIÓN BRITÁNICA

Los elementos necesarios para la revolución fueron:

  • la acumulación de capital

  • la existencia de una fuerza de trabajo libre, de gente capaz y deseosa de asumir ocupaciones y trasladarse a aquellas áreas donde era solicitada

  • nuevas maquinas y nuevas fuentes de energía

  • el empresario que obtenía beneficios, abrigado a acumular para mantenerse en línea en esta carrera competitiva y sensible

En otros países no estaban del todo ausentes las condiciones aptas para la industrialización, pero la antigua trama institucional permanecía intacta casi en su totalidad. Las oportunidades para el empresario ávido de beneficios se veían reducidas por el lento crecimiento del mercado interior y por el ininterrumpido dominio social de la nobleza terrateniente. La razón suprema que nos explica la mayor lentitud transformativa del Continente europeo está en el mantenimiento de las estructuras tradicionales agrarias. Lo que distinguió al desarrollo británico, y al inglés particularmente, del de Europa continental, fue el hecho de que las relaciones agrarias feudales empezaron a resquebrajarse antes y, por tanto, con mayor rapidez y exhaustividad.

En Inglaterra, la industrialización no formó parte de un plan o programa preconcebidos y sin la ayuda del Estado. Los empresarios eran independientes de los bancos y de la ayuda financiera externa cada empresario debía hallar, por tanto, su propio capital a través de su fortuna personal o familiar, de prestamos con garantía personal o hipotecaria, o formando asociación con quien dispusiera de medios financieros.

Hay que entender la Revolución Industrial como un fenómeno global en el proceso de maduración y afirmación del capitalismo. No afecta sólo a la industria, sino que se extiende también a los aspectos demográficos, la agricultura y el comercio. Sin embargo, la transformación más espectacular se produjo en dos ramas de la actividad industrial: la textil y la siderúrgica.

Revolución demográfica

En las sociedades preindustriales existía un “equilibrio natural” entre natalidad y mortalidad. Un aumento de la natalidad era restablecido por factores externos como la guerra, las crisis agrícolas y las epidemias. En 1740 se produce en Inglaterra un cambio demográfico al aumentar la natalidad y descender la mortalidad.

Un factor primordial fue la eliminación de la peste (al parecer por razones biológicas), junto a razones de tipo económico y alimentario.

Revolución agrícola

Se produjeron cuatro cambios muy importantes que permitieron esta revolución:

  • Climáticos

  • Tecnológicos (sustitución del buey por el caballo, de la hoz por la guadaña y la aplicación de arado de Norfolk)

  • Renovaciones agrícolas (la rotación de cultivos permitió un aumento de la calidad y de la cantidad)

  • Cambios de la estructura agraria (paulatina ampliación de los cercamientos “enclosures acts”)

Las nuevas técnicas alteraron el viejo sistema de posesión de tierra, ya que los nuevos sistemas sólo eran adecuados en grandes fincas rodeadas de cercados y con grandes inversiones de capital, sólo al alcance de los grandes propietarios. Los campesinos desposeídos tuvieron que alquilarse como jornaleros o emigraron a los grandes centros industriales.

La revolución del comercio y de los transportes

Aunque se construyeron nuevas carreteras (Mac Adams), el auge que experimentó el comercio en el siglo XVIII se apoyó, básicamente, en la utilización intensiva del transporte marítimo. Inglaterra se convierte en un gran centro reexportador (Londres será la primera potencia de capitales, con el desarrollo de los bancos y la difusión de las letras de cambio y del papel moneda).

Con la aplicación de la maquina de vapor por Stephenson aparece el transporte más importante del siglo XIX, el ferrocarril.

La revolución de la industria textil

A principios del siglo XVIII, la fabricación de tejidos era la rama de la industria que absorbía mayor cantidad de mano de obra. Aunque el tejido de lana era el tradicional, desde el siglo XVIII (1760-70) se plantearon la posibilidad de fabricar tejidos de algodón para competir con los de exportación indios. La materia prima se podía importar de América, pero el verdadero problema era la fabricación de hilo (no se disponía de una técnica para producir un hilo tan fino y resistente como el de los productos hindúes).

Dado que el viejo sistema artesano no servía para fabricar el hilo de algodón que se precisaba, a partir de 1760 se empezaron a ofrecer premios a quienes inventaran un mecanismo que permitiera fabricar mucho hilo de algodón en poco tiempo.

La primera hiladora mecánica la inventó, en 1764, Heargraves: la spinnig-jenny.

En 1769, Arkwright presentó un nuevo tipo de hiladora mecánica: la water-frame. Su hilo era más fino y resistente, pero necesitaba la fuerza hidráulica de los ríos, y a partir de 1785 se le empezó a aplicar la maquina de vapor de Watt.

A principios del siglo XVIII había aparecido un sencillo mecanismo: la lanzadera volante. Pero a finales del siglo XVIII, los telares con lanzaderas volantes no daban abasto para tejer la enorme cantidad de hilo que proporcionaban las hilanderas mecánicas.

En 1785, Cartwright patentó el primer telar mecánico. Primero fue movido por caballos, después por la maquina de vapor.

La revolución siderúrgica

Hasta el siglo XVIII, la obtención del hierro precisaba de un procedimiento largo y laborioso del que sólo se obtenían pequeñas cantidades de este metal (hierro forjado o dulce).

A partir del siglo XIV, los hornos para la fabricación del hierro fueron aumentando de tamaño: pasaron de tener dos metros de altura hasta medir ya ocho metros en el siglo XVIII: por eso se les empezó a llamar altos hornos.

Ante la carestía de carbón vegetal, los siderúrgicos británicos empezaron a buscar algún tipo de carbón apto para los altos hornos, que fuera más barato.

El carbón mineral ardía con dificultad y, además el hierro obtenido tenía demasiado azufre por lo que era muy frágil. La solución la dio Darby, al utilizar, a principios del siglo XVIII (1709), en vez de carbón vegetal un derivado de éste: el coque (destilación seca de la hulla).

Hacia 1775, la construcción de maquinas de vapor, solucionaron el problema de generar corrientes de aire para activar la combustión.

Aún quedaba por solucionar el problema del exceso de azufre que contenía el hierro de los altos hornos. Por fin, en 1784, el británico Henry Cort inventó la pudelación (remover y batir la masa de hierro fundido dentro del alto horno de forma que esta masa se aireara plenamente y, como consecuencia, perdiera el exceso de azufre que contenía) y se obtuvo una combustión más perfecta.

Al ser un producto de consumo con una demanda inelástica, tardo más en despegar que el algodón.

En el año 1855 Bessemer obtuvo acero.

ORIGEN Y FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA. SOCIALISMO UTÓPICO, MARXISMO Y ANARQUISMO

La restricción del consumo hasta la miseria fue el precio de los comienzos de la industrialización. Las economías capitalistas pudieron dar preferencia a la inversión sobre el consumo puesto que los empresarios tuvieron la posibilidad de pagar unos salarios de hambre a una mano de obra abundante y desorganizada. Menos miseria ó más justicia social habrían frenado el ritmo de industrialización.. Tanto el capitalismo del siglo XIX como el colectivismo soviético, acumularon capital a costa de restricciones impuestas a los obreros.

Las condiciones materiales y sociales de los proletarios eran muy duras (insalubridad de los locales, dureza de la labor, prolongado esfuerzo y horario, vigilancia casi militar, inexistencia de seguridad y protección, alojamientos lúgubres, alimentación deficiente...). Si caía enfermo un trabajador, además de estar obligado a llevar un sustituto, debía pagar una multa por cada día que faltase. En 1900 se empezó a reglamentar en Francia el descanso dominical.

Los inicios del movimiento obrero

Tuvieron un carácter violento y casi visceral contra el instrumento que dejaba a los hombres sin trabajo y los esclavizaba a un proceso de producción: las maquinas. Es conocido con el nombre de luddismo y se dio por primera vez en Inglaterra (en 1758 en Lancashire se ataca a las maquinas). En 1769 el Parlamento ingles condena con la pena capital a quien atente contra las maquinas.

La revolución francesa

Con el estallido de la revolución los trabajadores intentaron alcanzar el derecho de asociación, pero el predominio de la burguesía en la Asamblea Constituyente permitió promulgar la Ley Chapelier (junio de 1791) que dictaba las ordenanzas de prohibición para coaligarse, asociarse y declararse en huelga a los obreros.

Baboeuf fue el primer hombre surgido de la revolución que se planteo la organización de una sociedad contraria a la recién nacida, y además no sólo teorizo sino que intentó tomar el poder. Según él, el pueblo debe tomar el poder, acabar con las distinciones y formar una sociedad de tipo comunista. Una vez tomado el poder por medio de una vanguardia organizada en células secretas era necesaria una dictadura temporal que denominaba comunismo. Planteo una sociedad en la que cada hombre tuviera sus medios de producción (postura rusoniana, muy cercana a los intereses de los sans-culottes).

El sindicalismo

En 1824 el parlamento inglés vota el derecho de asociación. Surge el primer movimiento sindicalista: el Unionismo (Trade Unions), cuyo programa constaba de tres puntos:

  • Lucha contra la baja de salarios

  • Organización de cajas de resistencia para los huelguistas

  • Reducción de la jornada de trabajo

Sus lideres fueron Doherthy, Owen y Fielden.

El poco éxito obtenido con las reivindicaciones exclusivamente laborales condujeron a un nuevo planteamiento. Se pretendía enlazar la lucha de los trabajadores con la política, al estimarse necesarias determinadas conquistas de libertades, de sufragio, etc., para alcanzar los fines últimos del movimiento obrero. La concreción de estos intentos fue la Peoples Charter (1838) origen del Cartismo, que tenia como propósitos el sufragio universal, el voto secreto, las elecciones anuales, la igualdad para los distritos, la remuneración de los diputados y la supresión del sistema censitario.

El socialismo utópico

Sus características son:

  • Desconocen el materialismo histórico. Su pensamiento de la historia es abstracto y crea el concepto de “hombre” protagonista de la Historia. Creen en el orden natural bueno (Rousseau).

  • Ignoran el papel que según el marxismo juega la lucha de clases en la Historia.

  • Parten de que en la sociedad hay contradicción entre justicia social y la realidad fustrante.

  • Va a ser la base del socialismo científico:

Saint-Simón

De familia noble y especulador durante la Revolución francesa elabora un socialismo aristocrático e “industrial” que apoya su construcción sobre la ciencia y el progreso económico, en la organización antidemocrática fundada sobre la jerarquía social; en la sociedad cada orden era definido desde lo alto, el elemento activo era representado por la clase industrial.

Fourier

Parte de la injusticia del mundo capitalista (el fracasó en los negocios). Al gobierno del Estado en manos de algunos parásitos que representaban un instrumento de opresión y dominación sobre las clases trabajadoras, sustituía su sociedad fundada sobre a armonía de los intereses de todos, donde la capacidad de todos contaba. La sociedad falansterica representa la principal construcción social que se opone al capitalismo durante el periodo de la Restauración. Proclama la igualdad de derechos del hombre y de la mujer (Saint-Simón decía que el hombre podía tener varias mujeres).

El marxismo

El socialismo científico, denominado así por sus creadores Carlos Marx y Federico Engels, se opone al socialismo utópico como una ideología revolucionaria que es capaz de transformar la sociedad. En la obra El Capital dan una visión global de la ideología marxista, estudiando las graves contradicciones del capitalismo y presentando una serie de soluciones alternativas. El estudio profundo del liberalismo económico les permitirá realizar una critica profunda de la sociedad burguesa. En obras como Tesis sobre Feuerbach (1845), Miseria de la Filosofía (1847) y el Manifiesto Comunista (1848), junto con El Capital, encontramos las bases ideológicas de entre las que destacan:

  • El materialismo histórico. Es una interpretación de la Historia según la cual la evolución de las sociedades está determinada por la estructura económica. Existe una tensión entre la infraestructura (base económica) y las superestructuras (instituciones, cultura...) que producen transformaciones en la estructura del Estado; así es como la Humanidad ha pasado por varias etapas: la sociedad depredadora, esclavista, feudal y capitalista. Esta última está llena de contradicciones y debe llevar inevitablemente a la etapa socialista.

  • La plusvalía y la ley de acumulación capitalista. El obrero nunca ha recibido el valor total de su trabajo, porque de lo contrario los empresarios no se hubieran enriquecido. Así pues, el empresario se apropia de una parte del trabajo obrero a lo que se denomina plusvalía.

  • La lucha de clases es para Marx y Engels una premisa indiscutible ya que siempre han existido dos grupos antagónicos: los que detentan el poder (opresores) y los que no lo tienen (oprimidos). Su enfrentamiento viene a ser el motor de la historia.

  • La dictadura del proletariado. Conquistado el Estado burgués por un movimiento revolucionario, se trata no de destruirlo, sino de controlarlo para transformar la sociedad. Una vez esto se haya conseguido, el proletariado abandonará esta dictadura para acceder a una sociedad sin clases, fin último al que se debe llegar. En dicha sociedad comunista, con todos los medios de producción socializados, el estado tan sólo será un instrumento administrativo que tenderá a desaparecer.

El anarquismo

Es una ideología revolucionaria que tendrá su máxima difusión en los países agrarios mediterráneos y de Europa oriental. Considera que el Estado y sus instituciones han destruido la felicidad del ser humano por lo que deben desaparecer en beneficio de la libertad del hombre y la cooperación con sus semejantes.

La ideología nace con Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865). Defiende la lucha contra el Estado y un ataque sistemático contra la Iglesia; proclama la igualdad y solidaridad entre los ciudadanos que conduzca a un federalismo político y mutualismo social. Junto con Tolstoi o Godwin representa la tendencia más pacifista al considerar que los objetivos propuestos se deben alcanzar por la vía de la ayuda mutua y no de la fuerza.

Miguel Bakunin (1814-1876) supone la base más firme del anarquismo. Al contrario que su maestro Proudhon, propugna la eliminación de la herencia y de la propiedad privada.

COLONIALISMO E IMPERIALISMO: CONCEPTO Y CAUSAS

Un concepto polémico

Muchos historiadores han insistido en la función determinante desempeñada por el factor económico, tal y como era manifestado por la mayoría de los contemporáneos, como es el caso de Jules Ferry o Chamberlain. Historiadores liberales como Hobson insistieron en esa línea, si bien la formulación más completa fue realizada por los autores marxistas, especialmente a partir de la publicación en 1916 de la obra de Lenin “El imperialismo, fase superior del capitalismo”.

Otros historiadores, sin embargo, han tratado de desligar el imperialismo del desarrollo capitalista, insistiendo más en factores sociales o políticos. Así Geoffrey Barraclough, ha indicado que fueron las transformaciones sociales provocadas por la industrialización las que obligaron a las clases dominantes a buscar en las conquistas coloniales una salida a las presiones sociales cada vez más amenazadoras. W. Langer ha visto en el imperialismo una rivalidad nacional como desencadenante del mismo.

Causas del imperialismo

Factores económicos

  • La necesidad de nuevas materias primas.

  • La necesidad de nuevos mercados.

  • El desarrollo del capital financiero.

Factores demográficos

La Revolución Industrial y el crecimiento económico impulsaron un fuerte crecimiento de la población europea. Esta fuerte presión demográfica provocó una fuerte corriente migratoria desde Europa hacia el mundo extraeuropeo. Se calcula que salieron unos 40 millones de europeos en el siglo XIX.

Factores políticos

Si bien los aspectos políticos no explican por sí mismos el imperialismo, el paso de la expansión económica a la colonización y ocupación de un territorio siempre fue el resultado de una decisión política favorecida por:

  • Razones de prestigio (política apoyada sobre todo por el ejercito)

  • Razones estratégicas (para asegurar rutas marítimas o vigilar las zonas de vital importancia).

  • El deseo de paz social de los gobiernos (desviar la atención de los problemas internos).

  • La ideología colonial, popularizada a través de:

  • El desarrollo del nacionalismo.

  • El romanticismo colonial.

  • Los grupos de presión, vinculados a los grandes intereses económicos.

  • Los grupos misioneros, tanto católicos como protestantes.

  • La divulgación de la teoría de “la misión histórica del hombre blanco”.

EL REPARTO DEL MUNDO

La expansión europea se produjo a lo largo de todo el siglo XIX, si bien el gran auge imperialista tuvo lugar a partir de 1870-1880. Hasta esas fechas, la expansión fue emprendida sobre todo por Inglaterra y por Francia. Gran Bretaña consolida las posesiones que había adquirido desde el siglo XVI en las principales rutas comerciales que se dirigían desde Europa hacia América del Sur, la India y China, así como las colonias de poblamiento blanco (Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Africa del Sur) y, por supuesto, el dominio sobre la India. Francia era la otra potencia europea que había conseguido formar un imperio colonial de importancia: desde 1830 se había establecido en Argelia, a partir de 1841 en algunas zonas costeras de Africa negra y desde 1858-60 en Indochina. En el periodo 1870-1880 se aceleró la expansión imperialista, incorporándose nuevos países.

El reparto de África

En 1870, África era un continente desconocido para los europeos, que sólo habían ocupado algunas posesiones costeras de valor comercial o estratégico. En 1914, el continente estaba ya totalmente repartido entre las potencias europeas y sólo subsistían dos pequeños estados independientes: Liberia y Etiopía.

Este reparto no estuvo exento de tensiones y conflictos, como ocurrió en 1898 en Faschoda, donde se encontraron el ejercito francés, que avanzaba desde el África Occidental hacia el Indico, y el británico, que por el valle del Nilo avanzaba por el Sudán hacia el Sur. El roce estuvo a punto de desencadenar una peligrosa fricción entre ambas potencias coloniales.

En el Africa del Sur también se produjo un grave conflicto entre Gran Bretaña y las repúblicas de Orange y Transvaal, pobladas por colonos de origen holandés, los boers, especialmente desde el descubrimiento de minas de oro en su territorio. Las presiones británicas sobre las repúblicas boers condujeron a la guerra, que finalmente estalló en 1899, y se prolongó hasta 1902, cuando GB pudo por fin dominar la situación bóer. En 1910, los ingleses fundaron la Unión Sudafricana, que incluía todos los territorios situados al sur de Bechuanalandia.

El reparto de Asia

El interés de las potencias europeas por este continente aumentó con la apertura del Canal de Suez, y culminó con el establecimiento de un total dominio económico y político sobre el continente asiático, con la excepción del Japón.

LAS CRISIS IMPERIALISTAS Y LA TENSIÓN EN EUROPA ORIENTAL: CAUSAS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

LAS RELACIONES INTERNACIONALES ENTRE 1870 Y 1914

Alemania, que había concluido su unificación en 1870, se convirtió en la primera potencia continental gracias a su peso demográfico; a su progresivo crecimiento económico, favorecido por la incorporación de Alsacia y Lorena y por el pago de las indemnizaciones francesas (Guerra Franco-Prusiana); y a su potencia militar. A todo ello se añadía su creciente exaltación nacionalista, un profundo sentimiento de superioridad germánica. La diplomacia alemana, dirigida por Bismarck, tenía una preocupación fundamental: el aislamiento de Francia para evitar que intentara el desquite. Francia, después del desastre de Sedán, tuvo que enfrentarse a la pérdida de Alsacia y Lorena y al pago de 5000 millones de francos de indemnización a Alemania. Las duras condiciones impuestas por Alemania generaron en parte de la población una exaltación nacionalista revestida de deseos de desquite y venganza. Rusia, con un enorme capital humano (75 millones en 1871), mantenía una situación de atraso económico y un sistema político autocrático. Sin embargo, y pese a su ejército frágil y anticuado, orientó su política exterior a buscar una salida al mar Mediterráneo a través de los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos. Sus pretensiones chocaron con los intereses de Austria, que también tenía en los Balcanes su única vía de expansión, y de Inglaterra, que no deseaba ningún otro competidor en el Mediterráneo. El Imperio Austro-húngaro, era una inmensa amalgama de territorios y nacionalidades. Marginada del reparto colonial, su única posibilidad de expansión eran los Balcanes, lo que hacía inevitable el conflicto con Rusia. Gran Bretaña, vivía en pleno esplendor victoriano y se mantenía como primera potencia económica mundial gracias a su inmenso imperio colonial. El equilibrio continental preservaba su dominio sobre los mares. El Imperio Otomano, mantenía una posición cada vez más precaria en la península Balcánica debido al desarrollo de los movimientos nacionalistas. Así, se habían desmembrado a lo largo del siglo XIX los principados de Serbia y Montenegro y el reino de Grecia. Las regiones todavía sometidas a los otomanos (habitadas por serbios, búlgaros, griegos y rumanos) mantenían un estado de agitación nacionalista permanente.

En 1889, la subida al poder del Káiser Guillermo II, provoca la dimisión del canciller Bismarck, y con ello la ruptura de su sistema de alianzas que dará lugar al acercamiento entre Rusia y Francia. Alemania se lanzó a una política expansiva, intentando lograr mayores concesiones en el reparto colonial.

Las relaciones internacionales a partir de 1890 iban a estar determinadas por los conflictos imperialistas y por la polarización de las potencias en dos bloques enfrentados: la Triple Alianza (G.B., Francia y Rusia) y la Triple Entente (Alemania, Austria e Italia).Entre 1905 y 1914, se sucedieron una serie de crisis que contribuyeron a agudizar la tensión internacional y el enfrentamiento entre los bloques.

CAUSAS DE LA GUERRA

Conocida por sus contemporáneos como la “Gran Guerra”, fue fruto de sus adelantos y de las tensiones que había vivido Europa en el siglo XIX. Hoy se tiende a pensar que la responsabilidad es compartida, ya que fueron muchas las causas que explican el desarrollo de los acontecimientos:

Causas económicas. Tesis de los economistas e historiadores marxistas. Defienden la idea de que la competencia económica y colonial mantenida por las potencias imperialistas, como Alemania e Inglaterra, sería el desencadenante de la guerra.

Causas militares y diplomáticas. Según esta tesis, los dos bloques beligerantes se habrían formado a partir de la rivalidad entre Francia y Alemania por los territorios de Alsacia y Lorena, de la competencia naval entre Alemania y G.B. y del enfrentamiento entre Austria-Hungría y Rusia por los Balcanes.

Causas históricas y psicológicas. Las causas históricas y psicológicas tuvieron para muchos historiadores una incidencia decisiva. En este sentido, la reivindicación del sentimiento nacional de muchos pueblos sometidos a la dominación extranjera fue uno de los elementos esenciales de la época. Esa era la situación en los Balcanes.

Finalmente, son muchos los partidarios de la pluralidad de causas, ya que resulta insuficiente una explicación basada en un factor único.

LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX

EL REINADO DE CARLOS IV: ABSOLUTISMO Y LIBERALISMO

Se distinguen tres fases en la política exterior:

  • Prevención y neutralidad (1789-1792. Cuando accedió al trono Carlos IV mantuvo como primer ministro a Floridablanca, cuya política interior estuvo marcada por la represión contra la propaganda revolucionaria francesa y de vigilancia y neutralidad hacia Francia.

  • Ascenso de Godoy y guerra contra Francia (1793-1795). La revolución francesa había iniciado una fase de radicalización y había abolido la monarquía. La política de Godoy respecto a la revolución francesa se orientó, en un primer momento, a salvar la vida del monarca francés, Luis XVI, aunque no sirvió de nada, ya que fue guillotinado en 21 de enero de 1793. Poco después, el 7 de marzo, Francia declaraba la guerra a España, y se iniciaba una contienda que quiso presentarse desde España como una autentica cruzada contra las fuerzas del mal encarnadas en la Francia revolucionaria. La inferioridad de las tropas militares españolas obligó a finalizar la guerra. En la paz de Basilea (1795) se restablecieron a España los territorios conquistados durante la guerra por los franceses; España, a cambio, cedió a Francia la parte española de la isla de Santo Domingo.

  • La alianza con la Francia revolucionaria (1796-1808). En 1796 se firmó el primer Tratado de San Ildefonso, que representaba una renovación de los Pactos de Familia, por los que España se vinculaba a Francia en una política de colaboración y defensa mutua, y asumía, por tanto, el enfrentamiento contra Inglaterra y su aliado Portugal, que eran enemigos principales de Francia. La rivalidad con Inglaterra, a causa de la alianza con Francia, trajo consigo graves consecuencias para España, entre ellas: los ataques ingleses a barcos españoles en el comercio con América o, muy especialmente, la derrota francoespañola de Trafalgar (1805), que representó el hundimiento de España como potencia marítima.

  • El motín de Aranjuez (1808). En 1807 Godoy firma con Napoleón el Tratado de Fontenebleau, en virtud del cual se permitía a las tropas francesas su paso por España para conquistar Portugal, país aliado de Inglaterra, con la que Francia estaba, una vez más, en guerra. El objetivo era dividir Portugal en tres partes, de las cuales una se constituiría como principado para el propio Godoy. Con este pretexto, Napoleón dispuso sus tropas en distintas partes de España, lo que levantaba sospechas de su intención de ocupar la península. Godoy, al comprender el peligro que se avecinaba, pretendió trasladar a la familia real a Andalucía, desde donde se podría iniciar la resistencia al avance napoleónico; pero en marzo de 1808 estalló el motín de Aranjuez, donde se encontraba la corte. El origen del motín debe buscarse en el partido que se había formado en torno al príncipe heredero, futuro Fernando VII, radicalmente opuesto al excesivo poder y protagonismo de Godoy. Este partido fomentó el descontento entre grupos populares, que fueron quienes protagonizaron el motín, asaltando el palacio de Godoy. Carlos IV se vio obligado a destituir a Godoy y abdicar a favor de su hijo Fernando. Sin embargo, Carlos IV comunicó a Napoleón lo ocurrido y reclamó su ayuda para recuperar el trono.

  • REINADO DE FERNANDO VII

    La guerra de la Independencia

    Las vergonzosas abdicaciones de Bayona tuvieron lugar el 5 y el 6 de mayo de 1808. Unos días antes, concretamente el día 2 de ese mismo mes, se había producido el levantamiento contra los franceses en Madrid. Con él daba comienzo la Guerra de la Independencia.

    Cuando Fernando VII partió desde Madrid hacia Bayona, nombró una junta de Gobierno presidida por el infante don Antonio e integrada por cuatro ministros de su, hasta entonces, efímero reinado. Esta Junta sería depositaria de una soberanía que no será capaz de ejercer a satisfacción de los españoles que demandaban una actitud firme frente a los invasores franceses. El descontento de la población ante el descrédito que le merecía la Junta, sería el desencadenante del conflicto. El incidente que hizo estallar la crisis fue el traslado del infante don Francisco de Paula, el único de los hijos de Carlos IV que aún permanecía en Madrid. Algunos historiadores han insinuado la posibilidad de que el levantamiento del 2 de mayo no fuese tan espontáneo como tradicionalmente se había pensado.

    Podemos distinguir tres fases en al guerra:

  • Una primera fase de la guerra tuvo lugar durante la primavera-verano de 1808. El general Bessières no pudo ocupar Zaragoza, defendida bravamente por Palafox. Las tropas que fueron enviadas en su ayuda desde Catalunya tuvieron que volverse al ser detenidas en el Bruch en dos ocasiones. La expedición a Valencia también fracasó al pie de sus murallas: Pero el mayor fracaso del ejército francés se produjo en Andalucía. El general Dupont, tras saquear Córdoba, se encontró aislado en Andujar. La Junta de Sevilla improvisó un ejercito que, al mando del general Castaños, hizo sufrir a los franceses, que no se adaptaron ni al calor ni al terreno, una estrepitosa derrota. Era la primera vez que un cuerpo del ejercito de Napoleón se rendía ante el enemigo en campo abierto. Así pues, en la primera fase de la guerra fallaron los planes de Napoleón.

  • Una segunda fase de la guerra comprende desde finales de 1808 hasta 1812, algo más de tres años en los que se despliega el dominio más aplastante de los franceses sobre el territorio español. Napoleón, que se hizo consciente de las dificultades que presentaba la ocupación de la Península a causa de la hostilidad y la resistencia del pueblo español, lanzó a 250.000 hombres al sur de los Pirineos. Además, estos hombres no eran ya novatos, sino soldados con experiencia, curtidos en los campos de batalla europeos y capaces de enfrentarse a las situaciones más comprometidas. El propio Napoleón acudió a la Península para dirigir personalmente las operaciones que se fueron desarrollando en esta fase. En estos años fue precisamente en los que se generalizó esa forma tan peculiar de entender la guerra, como fue la guerrilla. Los guerrilleros se reunían en partidas, que consistían en grupos no muy numerosos de combatientes y que hacían gala de una gran movilidad y de una extraordinaria eficacia. Sus jefes eran con frecuencia militares que habían sido vencidos con sus unidades y por eso habían decidido echarse al monte para combatir por su cuenta. Los que se unían a ellos podían ser soldados o civiles de todas clases: campesinos, pastores, estudiantes, contrabandistas y bandidos, algún que otro noble y bastantes clérigos. Se convirtieron en guerrilleros a veces por puro patriotismo, pero a veces también para reparar algún daño sufrido a manos de los franceses o por deseo de vengar alguna afrenta personal. Es lógico que entre los guerrilleros hubiese también elementos anárquicos, o simples criminales, y éstos no sólo luchaban contra los franceses, sino que se aprovechaban de las circunstancias por las que atravesaba el país para robar y saquear en cuantas poblaciones caían en sus manos, estuvieran o no en poder de las tropas napoleónicas. Calculan los especialistas entre 35.000 y 50.000 el número de guerrilleros. Con las tropas inglesas nunca se entendieron. La utilización de armas blancas u otros instrumentos cortantes, no se debía a una constante del carácter de los españoles, como podía ser la ferocidad o el desprecio a la muerte, sino simple y llanamente a la insuficiencia de armamento que padecían estos combatientes. Sus acciones fueron más importantes que las del ejército regular español e inglés. Entre los más famosos guerrilleros hay que mencionar a Juan Martín, apodado El Empecinado (fue el más humano y generoso), Javier Mina y su tío Francisco Espoz y Mina (operaron en la zona de Navarra) y el cura Merino (encabezó una partida en los alrededores de Burgos y era extremadamente cruel). La correspondencia, informes y memorias de los saldados galos reflejan la inquietud y el desasosiego de unos hombres que nunca se sintieron seguros durante su estancia en la Península. En esta segunda fase, fue la guerrilla la que pudo mantener la llama de la resistencia patriota frente al aplastante dominio de Napoleón.

  • Una tercera fase de la guerra es la que coincidió con la campaña de Rusia del Emperador. Con la derrota de la Gran Armée, las tropas hispanoinglesas pasaron a la ofensiva. La batalla de Arapiles (22 de julio de 1812) en la que las tropas de Marmont fueron derrotadas por las de Wellington, fue la consecuencia de la nueva situación. Las derrotas de Vitoria y San Marcial forzaron el tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813), que representaba el abandono de las tropas francesas de España. Parte importante de la derrota napoleónica tuvieron las tropas inglesas comandadas por Arthur Wellesley. La intervención inglesa ocultaba en realidad unos propósitos poco confesables de carácter puramente económico, como era el de hacer desaparecer la incipiente industria española.

  • Las Cortes de Cádiz

    Sin guerra no hubiera habido revolución, o al menos ésta no hubiese tomado una forma diferente. Las condiciones excepcionales que propició un conflicto tan intenso como generalizado, favorecieron el proceso revolucionario que culminó con la reunión de las Cortes de Cádiz. Se inauguraron sus sesiones, no en Cádiz, sino en la isla de León, en un teatro que fue especialmente adaptado para aquella ocasión. La cifra teórica de 240 diputados (uno por cada 50.000 habitantes) nunca llegó a completarse. Un tercio del total eran eclesiásticos, un 18 por ciento eran abogados y el resto militares, funcionarios, algunos nobles y unos pocos comerciantes. Brillan por su ausencia los artesanos, los trabajadores de la industria y, sobre todo, los campesinos. En definitiva, parece que fueron las clases medias urbanas las principales protagonistas de las Cortes de Cádiz. Se dividían en absolutistas (enemigos de las reformas) y liberales (partidarios de los cambios radicales) y por su elocuencia y retórica destacaran Argüelles, Quintana, Calatrava y Muñoz Torrero.

    El sexenio absolutista

    En virtud del Tratado de Valençay (1813) Fernando VII regresó a España, en un clima de entusiasmo popular y aclamaciones. Fernando VII defraudó todas las expectativas de los reformadores y liberales que habían luchado por su reinstauración en el trono: anuló la Constitución de 1812 y toda la obra legisladora de las Cortes gaditanas; restauró el absolutismo y todas las viejas instituciones e, incluso, la Inquisición.. Muchos liberales fueron arrestados; otros decidieron exiliarse a Francia o a Inglaterra.

    El trienio liberal

    El 1 de enero de 1820 el comandante Riego se pronunció en Cabezas de San Juan (Sevilla), con parte de las tropas que iban a embarcar para sofocar a los sublevados americanos, proclamando la Constitución de 1812. Todo parecía acabado cuando la sedición se extendió por otras ciudades (La Coruña, Zaragoza, etc.). Fernando VII se vio obligado a capitular y en marzo juró la Constitución de 1812 convirtiendo en célebre la frase “Marchemos francamente y yo el primero por la senda constitucional”. Las nuevas Cortes liberales intentaron acelerar la obra iniciada por las de Cádiz para desmantelar definitivamente el Antiguo Régimen.

    Entre tanto, las potencias absolutistas que habían derrotado a Napoleón y formado la Santa Alianza, viendo que había fracasado la rebelión interior, se reunieron en Italia en el Congreso de Verona (1822) y encargaron a Francia que interviniera en España con un ejercito conocido como los Cien Mil hijos de San Luís, que, apoyados por los realistas españoles, invadieron España sin encontrar apenas resistencia.

    La década ominosa

    Fernando VII declaró nulos todos los actos del gobierno durante el Trienio Liberal y restauró de nuevo el absolutismo y la represión contra los liberales, que huyeron en masa del país a Francia e Inglaterra. Sin embargo esta segunda restauración del absolutismo, aunque pretendía también restablecer el Antiguo Régimen y se iniciaba con una brutal represión contra los liberales, se desarrolló con un carácter más moderado que la primera, buscando una cierta modernización administrativa.

    Al final del reinado se planteó el problema sucesorio. Felipe V había introducido en España la llamada Ley sálica francesa, que impedía reinar a las mujeres. Pero Fernando VII sólo tenía una hija viva, fruto de su matrimonio con su cuarta esposa y sobrina, María Cristina de Borbón. Por ello, abolió dicha ley, para permitir así la sucesión a su hija, la futura Isabel II. El hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, consideró ilegal esta medida y no la aceptó. Los absolutistas más radicales, los apostólicos, encontraron en el infante Carlos María Isidro a un líder dotado de legitimidad dinástica y apoyaron sus pretensiones al trono. Nació así el problema del carlismo que desencadenó una guerra civil

    EL REINADO DE ISABEL II

    Durante el reinado de Isabel II se produjo el tránsito del Antiguo Régimen al régimen liberal burgués. No se puede negar la importancia de este periodo histórico, al menos en tres aspectos que fueron ampliamente modificados después: se configuró una monarquía constitucional, se sentaron las bases de una economía capitalista y desapareció la vieja sociedad estamental.

    Las fases políticas del reinado

    Todo el reinado se caracterizó por la alternancia en el gobierno de progresistas y moderados, en un clima de inestabilidad política acentuado por los continuos pronunciamientos militares.

    Las regencias de María Cristina y Espartero (1833-1843), que coinciden con la minoría de edad de la reina. Fue una etapa en la que se alternaron en el gobierno moderados y progresistas. El intento por parte de los moderados de imponer el nombramiento de alcaldes desde el poder central, provocó revoluciones urbanas impulsadas por los progresistas, y el nombramiento como regente del general Espartero en 1940. El cual gobernó con verdadero autoritarismo y medidas contundentes (bombardeo de Barcelona para sofocar el levantamiento producido contra la decisión de abrir el mercado interior a las importaciones de tejidos ingleses de algodón).

    El reinado personal de Isabel II (1844-1868), que abrió una nueva etapa de predominio de los moderados en el gobierno. El carácter cada vez más conservador de la actuación de los gobernantes del Partido Moderado provocó el rechazo y descontento de los sectores progresistas y de amplios sectores críticos dentro de las filas moderadas. Se desencantó, así, en una nueva fase de agitación política y social, iniciada con el pronunciamiento del general O´Donnell en Vicálvaro (La Vicalvarada) en 1954 y que acabaría situando de nuevo en el poder al general Espartero durante el denominado Bienio Progresista (1954-1956). El régimen político adquirió en lo sucesivo un carácter cada vez más conservador, sólo atemperado durante el paréntesis de gobierno de la centrista Unión Liberal (1858-1863).

    EL SEXENIO DEMOCRÁTICO

    La revolución democrática española fracasará formalmente a lo largo de una experiencia de seis años de dominio directo del poder (1868-1974). Ahora bien, la revolución traerá consigo un principio que en lo sucesivo quedará incorporado con carácter irreversible a la política española: la extensión de la ciudadanía a todos y cada uno de los españoles, independientemente de su riqueza o su nivel de instrucción; tal era el significado del sufragio universal. Por otra parte, se trataba, en realidad, de un puro principio utópico, vacío de contenido real, en tanto el pueblo español no lograra el nivel económico y cultural necesario para poder ejercer libremente sus derechos ciudadanos.

    La revolución de 1868

    La causa fundamental está en el agotamiento del régimen político moderado tanto por la corrupción del propio sistema liberal como por el empeño de los moderados de mantenerse en el poder por la fuerza, despreciando el sistema parlamentario. Los partidos de la oposición (progresistas, Unión Liberal y Demócrata) ante la imposibilidad de alcanzar el poder por vías legales, optaron por la preparación de un movimiento revolucionario.

    La revolución comenzó con el pronunciamiento de la armada al mando del almirante Topete y del ejercito dirigido por los generales Prim y Serrano. Pero la revolución se consolida gracias ala formación de juntas revolucionarias de carácter civil que desde Andalucía se extienden al resto de España.

    En un primer momento, el poder residió de hecho en las juntas revolucionarias que reclamaron amplias medidas de democratización política (sufragio universal, libertad de expresión, de reunión, de asociación y de culto) y de reformas sociales (desamortización, abolición de las quintas y de los consumos).

    El Gobierno provisional, con Prim y Serrano como hombres fuertes, compuesto por unionistas y progresistas, decretó la disolución de las juntas y asumió, el ideario democrático de las juntas revolucionarias. Pero una de las cuestiones clave era la forma de gobierno, monarquía o república, que debían decidir unas Cortes constituyentes. Las elecciones a Cortes constituyentes, las primeras elegidas por sufragio universal directo, dieron la mayoría a los partidos de la coalición antiborbónica (unionistas, progresistas y demócratas) partidarios de una monarquía democrática. A la izquierda se situó una fracción del partido demócrata, partidario de la república, y se formó el Partido Republicano Federal.

    La construcción de un régimen democrático

    La Constitución de 1869 es la primera Constitución democrática española. Establece un régimen de monarquía basado en el principio básico de la soberanía nacional. Recoge una amplia declaración de derechos y libertades individuales no incluidas en las constituciones anteriores como el derecho de reunión y de asociación, el juicio por jurados, el sufragio universal y directo para los hombres mayores de 25 años y la libertad de cultos. Se fundamenta en los principios de la división de los poderes y de la descentralización Las Cortes, integradas por dos cámaras legislativas (Congreso de los Diputados y Senado) y elegidas por sufragio universal, asumen completamente la aprobación de las leyes y tienen iniciativa legislativa. El ejecutivo, de acuerdo con la formula británica de “rey reina pero no gobierna”, era desempeñado por los ministros responsables ante las Cortes. Asegura la independencia y la democratización de la justicia al regular la carrera judicial por el sistema de oposiciones y al introducir la institución del jurado. Asimismo, establece la elección democrática de ayuntamientos y diputaciones. Se reemprendió la desamortización y se suprimieron las contribuciones de consumos. Los nuevos aires de libertad se mostraron también en el campo de la economía. Se introdujo a España en el ámbito del librecambio con el nuevo arancel de 1869 que reducía las tarifas aduaneras. Pero esta liberalización de los intercambios exteriores provocó la oposición de la burguesía textil catalana.

    Los problemas fueron los siguientes:

  • El descontento de los republicanos.

  • La conflictividad social. Desde 1872 los movimientos anarquistas encontraron eco en un campesinado desengañado y en unos obreros alejados de los partidos de la revolución.

  • El estallido de la Guerra de Cuba (1868-1878).

  • Dificultades y crisis de la monarquía democrática

    Algunas candidaturas provocaron tensiones entre las grandes potencias europeas, hasta que Prim logró que Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia Víctor Manuel II, aceptase la corona. La elección por las Cortes Constituyentes como rey de España, distó de ser unánime (191 votos a favor y 100 en contra). Era el candidato de Prim y de los progresistas.

    El breve reinado de Amadeo I (1871-1873) contó con escasos apoyos, con el rechazo aristocrático y popular y tuvo que enfrentarse a graves problemas. El asesinato de Prim, le privó de un apoyo fundamental. Prim había mantenido unida la coalición monárquico-democrática y su muerte provocó su descomposición. La Iglesia, la nobleza y la burguesía se vincularon al partido alfonsino. En mayo de 1872 se produjo la sublevación general a favor del pretendiente Carlos VII, iniciándose un tercera guerra carlista que no concluiría hasta 1876. En este ambiente de gran inestabilidad, Amadeo aprovechó un conflicto surgido en el cuerpo de artillería como pretexto para abdicar en febrero de 1873.

    La Primera república

    La instauración de la Republica en 1873 fue fruto del compromiso de una mayoría de radicales monárquicos y una minoría republicana federal para llenar el vacío de poder dejado por la monarquía y salvar el ideario democrático de la revolución de 1868. la Asamblea nacional nombró un primer Gobierno de la república formado por una coalición de radicales y republicanos, presidido por el federal Figueras. Mientras los radicales sólo estaban dispuestos a aceptar una república unitaria, los dirigentes republicanos renunciaron a la proclamación inmediata de la república federal, aceptando que la decisión de una república unitaria o federal debía de adoptarla unas Cortes constituyentes elegidas a tal fin. La desilusión y la frustración de los federales se manifestó en el intento de proclamar el Estado catalán dentro de la república Federal Española y se extendió también al campo donde los campesinos identificaron la República con el reparto de tierras.

    Las elecciones a Cortes Constituyentes dieron una abrumadora mayoría a los republicanos federales. Toda la oposición (radicales, constitucionalistas y alfonsinos) no participó y el nivel de abstención alcanzó al 60% del electorado. El 1 de junio de 1873 las Cortes Constituyentes definieron el régimen como una República federal. Se nombró un nuevo Gobierno presidido por Pi y Margall. Una comisión de las Cortes, encabezada por Castelar, se encargo de redactar un proyecto de Constitución, según el ideario federalista. El proyecto de Constitución Federal contemplaba la separación total Iglesia-Estado y el matrimonio civil. El legislativo estaba conformado por dos cámaras: el Congreso con plenos poderes legislativos y el Senado, órgano de representación de los Estados. Para acabar con la centralización contemplaba una estructura federal integrada por 17 Estados y con el objeto de solventar el problema colonial, incluía a Cuba y Puerto Rico como Estados dentro de la nación española. Cada Estado podría elaborar su Constitución, siempre dentro de los límites de la Constitución federal. Esta constitución mantenía una declaración de derechos similar a la de 1869. Pero la Constitución federal de 1873 no llegó a aprobarse por el estallido de los levantamientos cantonalistas, la conflictividad social, la extensión de la Guerra de carlista y el problema cubano.

    De la crisis de la república a la restauración borbónica

    La generalización del cantonalismo en Valencia, Murcia y Andalucía en el que resultaba difícil deslindar la vertiente federalista de la “revolución social”, presenta a la República Federal a los ojos de la burguesía conservadora como un régimen incapaz de asegurar el orden y salvaguardar el poder central.

    La caída de Pi y Margall y el nombramiento de Salmerón como presidente supuso un claro giro conservador del régimen, aplastando el movimiento cantonal. Pero Salmerón dimitió por motivos de conciencia, al negarse a firmar dos penas de muerte impuestas por la autoridad militar.

    Las Cortes eligieron a Castelar quien obtuvo poderes extraordinarios que le permitieron suspender las garantías constitucionales y gobernar por decreto. Los carlistas pusieron sitio a Bilbao. En Cuba, los proyectos de reformas políticas y sociales, en el que destacaba la abolición de la esclavitud, chocaron con la oposición frontal de los hacendados apoyados por los militares e hizo que Cuba se convirtiese en uno de los principales centros de la conspiración y de ayuda económica a la causa alfonsina. El 3 de enero de 1874, Pavía, capitán general de Madrid, con fuerzas de la Guardia Civil invadió el Congreso y disolvió la Asamblea. El propio Pavía reunió a militares y dirigentes de los partidos opuestos a la República federal. De la reunión salió un Gobierno presidido por el general Serrano. Pero desde 1874 la causa de Alfonso XII contaba con amplios apoyos de la burguesía catalana, de la aristocracia madrileña, de los círculos ultramarinos (Cuba) y de la oficialidad del ejercito. En diciembre de 1874 un pronunciamiento militar, en Sagunto, dirigido por el general Martínez campos, impuso la Restauración de Alfonso XII.

    LA RESTAURACIÓN BORBÓNICA

    De la experiencia democrática del sexenio se pasó a una solución conservadora, que en muchos aspectos recuerda a la monarquía de Isabel II. El artífice del cambio fue Canovas del castillo, quien preparó la vuelta del rey y estructuró el nuevo régimen. Pero la verdadera protagonista fue la burguesía, ahora conservadora, que prefirió sacrificar la democracia si con ello se evitaba la radicalización social. El sistema político de la restauración se convirtió en una farsa, que empezó con cambios de gobierno pactadas y terminó en elecciones fraudulentas cuyos resultados se decidieron de antemano. Por último, el siglo XIX finalizó con el desastre colonial de 1898, y con todas sus secuelas.

    El sistema político de la Restauración

    Canovas del Castillo no sólo había preparado y dirigido la estrategia para entronizar de nuevo a la casa de Borbón en España, sino que había diseñado el nuevo sistema político por el cual se debía regir la monarquía a partir de entonces. Canovas era un hombre pragmático y moderado, cuya aspiración era sentar las bases de un sistema político estable y sólido, que superara definitivamente la confusión y el desorden que habían caracterizado a la mayor parte del siglo XIX.

    Su concepción de la soberanía retornaba a la tradición del llamado liberalismo doctrinario, de carácter moderado, que defendía el principio de la soberanía compartida del rey y las Cortes; frente al liberalismo radical, que mantenía la soberanía exclusiva de la nación representada en las Cortes. La nación es una creación histórica, es decir, se configura a lo largo del tiempo. Y de la experiencia histórica surge una constitución interna, propia de cada nación, que está por encima de las constituciones escritas. La historia ha convertido al rey y a las Cortes en las dos instituciones fundamentales de la constitución interna, y, como tal, forman la columna vertebral de la nación y detentan la soberanía de modo conjunto.

    Todo el engranaje político ideado por Cánovas del castillo, inspirado en el modelo ideal inglés, se traducía en la realidad en una autentica farsa:

  • La alternancia pacífica en el poder de los dos partidos principales se convirtió, de hecho, en cambios de gobierno pactados de antemano entre ellos: era el turno de partidos.

  • No eran los resultados electorales los que defendían las mayorías y, por consiguiente, quiénes debían gobernar; sino que, por el contrario, una vez acordado el cambio de gobierno, se convocaban elecciones, y se amañaban para que arrojaran resultados favorables al nuevo partido que iba a gobernar: era la práctica del caciquismo.

  • ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN RUSA Y LA EMANCIPACION DE LOS SIERVOS

    1. Inmovilismo y modernización del Imperio zarista

    En la segunda mitad del siglo XIX, Rusia era un enorme Imperio gobernado de forma autocrática por los zares de la dinastía de los Romanov. Mientras en buena parte de Europa Occidental había triunfado el liberalismo y se desarrollaba el capitalismo industrial, el Imperio ruso mostraba un gran atraso político y económico. a abolición de la servidumbre en 1861 no logró los resultados esperados. No introdujo en Rusia una agricultura capitalista, a semejanza de las reformas agrarias liberales de la Europa Occidental, ni atenuó la tensión social en el campo derivada de la miseria social; y además la ausencia de progreso agrícola frenó la industrialización. a distribución de la tierra no era gratuita y los campesinos tuvieron que comprar la tierra a sus antiguos señores. El Estado adelanto a la nobleza el pago del valor de las tierras cedidas y los campesinos debieron amortizarlo en un plazo de 49 años. En teoría, el campesinado obtenía la libertad personal, pero en la practica quedó vinculado al mir ( comunidad rural ), responsable solidaria del pago de la redención así como de los impuestos al Estado. La reforma fue, además, un fracaso completo en el aspecto técnico. No se produjo un aumento de la productividad ni del poder de compra del campesinado. El rápido crecimiento de la población (de los 74 millones en 1861 a los 170 millones en 1914) empeoró el problema de la subsistencia y el descontento del campesinado. En 1905, Stolypin, primer ministro del zar Nicolás II, emprendió una nueva reforma, que no consiguió su objetivo, sin embargo, se suprimió el mir y el pago de las redenciones, lo cual favoreció la aparición de unos 2,5 millones de prósperos campesinos propietarios (kulaks) y cobró un cierto auge la agricultura comercial. El desarrollo de la industria rusa se produjo entre 1890-1913 debido a las inversiones extranjeras ( francesas y británicas sobre todo) y a la construcción del ferrocarril. En 1913 la población activa en la industria moderna era de 2,5 millones de obreros ( 5% de la población activa total ).

    2. Orígenes ideológicos de la revolución: la oposición al zarismo

    Dos corrientes se perfilan desde los primeros momentos: la “occidentalista “, es decir, la de los partidarios de imitar los logros del liberalismo occidental y la “eslavófila” que rechaza los “corrompidos modelos occidentales”. Esta última ensalza las virtudes del campesinado ruso y pretende implantar un socialismo agrario y de ella parten los dos movimientos socializantes más típicamente rusos: el nihilismo y el populismo. A comienzos del siglo XX frente a los defensores de una vía revolucionaria distinta a la del resto de Europa Occidental, aparecen corrientes ideológicas y partidos de clara inspiración occidentalista: La corriente liberal se plasma en la formación en 1905 del partido Constitucional- demócrata o partido Kadet, cuyo objetivo es transformar el régimen zarista en otro constitucional, basado en el respeto a las libertades individuales.

    Las corrientes socialistas revolucionarias:

    El Partido Socialista Revolucionario ( PSR o eseritas ), constituido en 1901. Mantenía las tesis populistas del socialismo agrario. La revolución seria campesina, no burguesa. El Partido Obrero Socialdemócrata Ruso ( POSDR ). Plejanov y Lenin rechazaron el agrarismo “utópico” de los populistas y de sus herederos socialrevolucionarios, y dieron por sentado que la sociedad rusa de finales de siglo era capitalista. Desde el primer momento aparecen dos tendencias: Mencheviques Afirmaban que la revolución burguesa era un paso necesario y por ello se inclinaban por una organización abierta. Bolcheviques (mayoritarios). Liderados por Lenin, quien sostenía que la burguesía rusa era débil e incapaz de realizar la revolución, y era el proletariado ruso aliado con el campesinado el que debía encabezar la revolución y establecer una dictadura del proletariado.

  • Precedentes de la revolución

  • La humillante derrota en el Extremo Oriente ante el Japón en 1905 provocó la manifestación del 9 de enero de ese año, conocida como el “ domingo sangriento “. La manifestación fue duramente reprimida y la masacre puso en marcha un profundo movimiento de protesta. Se constituyeron Soviets o consejos de obreros que surgen de modo espontaneo para organizar huelgas. El 14 de octubre se forma el Soviet de S. Petersburgo organizado por Trotski.

    'Historia mundial'
    LA REVOLUCIÓN DE 1917 Y SUS REPERCUSIONES

    La Primera Guerra Mundial es el detonante de la revolución. A finales de 1916 fracasa la contraofensiva rusa y el numero de bajas se aproxima a ocho millones. La actitud de Nicolás II al ponerse al frente de las tropas, desprestigia a la corona imperial sobre la que se cierne la corrupción. El riguroso invierno de 1917 ahonda las pésimas condiciones de vida. El 25 y 26 de febrero las huelgas se generalizan. Los soldados de la guarnición de Petrogrado desobedecen a sus oficiales y se unen a la rebelión popular contra la guerra y la miseria.

    El 27 se constituye el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, formado mayoritariamente por mencheviques, para encauzar la revolución. Un grupo de diputados de la disuelta Duma eligen un Comité Provisional presidido por el príncipe Liov. Nicolás II abdica el 2 de marzo. En este momento hay dos poderes: el Gobierno Provisional y el Soviet de Petrogrado.

    Lenin regresa del exilio y expone sus Tesis de Abril , exigiendo una paz inmediata y la oposición al Gobierno Provisional.

    En Junio el I Congreso de los Soviets dará el poder a los mencheviques ( Kerensky ). Lenin tiene que huir.

    El gobierno Provisional, presidido por Kerensky, se enfrenta en Agosto al golpe del general Korlinov.

    El 25 de Octubre las tropas bolcheviques toman los puntos estratégicos de Petrogrado. Al anochecer, en el II Congreso de los Soviets de todas las Rusias, a pesar de las protestas de los mencheviques, triunfan las tesis de Lenin. Esa misma noche los bolcheviques asaltan el Palacio de invierno y se forma un Gobierno de Comisarios del Pueblo.

    EL NUEVO ESTADO: LENIN Y EL ESTALINISMO

  • La implantación del Estado Soviético

  • Una de las prioridades del nuevo régimen es la firma de la paz. El 3 de marzo de 1918 se firma la paz de Brest-Litovsk que impone durísimas condiciones a Rusia ya que renuncia a los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), reconoce la independencia de Polonia, Finlandia, Ucrania y países caucásicos. Cede también Basarabia a Rumania y Armenia a Turquía.

    Cumpliendo con otra promesa el Gobierno Bolchevique convoca elecciones para la Asamblea Constituyente. Los resultados son favorables a los bolcheviques ( sólo obtuvieron el 25% de los votos frente al 45% de los socialrevolucionarios ). Pero la apertura de la asamblea, el 5 de Enero de 1918, es nuevamente simbólica y al día siguiente es disuelta. El III Congreso de los Soviets de todas las Rusias, inaugurado el 10 de Enero de 1918, se declara heredero de la Asamblea y aprueba la primera “Constitución” Soviética, cuyos órganos principales son el Congreso de los Soviets de todas las Rusias y el Consejo de Comisarios del Pueblo, sobre los que se apoyaría la Dictadura del proletariado.

  • La guerra civil y el comunismo de guerra ( 1918-1921 )

  • Los oficiales con fuertes convicciones antibolcheviques reorganizan los ejércitos “blancos”, apoyados por la intervención de las potencias extranjeras (ingleses, franceses, japoneses y americanos ). Los motivos de la intervención son diversos: el temor al contagio revolucionario y la negativa bolchevique a reconocer la deuda exterior e indemnizar a los propietarios de capitales de las industrias nacionalizadas. La presencia de tropas extranjeras hace que la mayor parte del pueblo ruso se decante en favor de los bolcheviques, cuyo ejercito está reorganizado por Trotski . Todo ello favorece el triunfo del Ejercito Rojo.

    La guerra civil y la consiguiente desorganización económica impulsan a los bolcheviques a tomar una serie de medidas de reorganización de la economía, conocidas como el “comunismo de guerra” y se acentúa la dictadura política.

    El comunismo de guerra supone la adopción de un sistema socialista motivado por la necesidad de controlar rígidamente todos los recursos humanos y económicos para ganar la guerra civil. Se nacionalizan las grandes industrias, se socializa la tierra, se militariza el trabajo, se suprime la libertad de comerciar y el dinero.

    Las revueltas sociales, el descenso en la producción y el malestar en el campo provocan la N.E.P.

  • La Nueva Política Económica ( 1921-1929 )

  • Propuesta por Lenin estuvo basada en una cierta liberalización con la adopción parcial de formas económicas capitalistas. Se permite cultivar la tierra bien formando cooperativas o bien de modo particular ( en 1923 la producción agraria había alcanzado el 77% de 1913. En el terreno industrial se desnacionalizan los establecimientos industriales de menos de 21 obreros y se permite la entrada de capital y empresas extranjeras. Los obreros recuperan el derecho a cambiar de empresa, se restablece la jerarquía de los salarios y la mejora en la consideración social de los técnicos. En 1922 retornó el uso de la moneda y se liberaliza el comercio al por menor.

    La N.E.P. desapareció por no poder convivir con las tesis comunistas deseosas de eliminar al campesinado individual ( Kulaks ) y de potenciar el desarrollo industrial.

    En el campo político se aprueba la nueva Constitución de la URSS ( 1923 ), que proclama la igualdad de todos los pueblos de la Unión. La dirección efectiva descansa en el partido único, el PC de la URSS, dirigido desde 1922 por su Secretario general, Stalin.

  • La Dictadura de Stalin ( 1929-1956 )

  • En 1925 triunfa en el seno del partido las tesis de Stalin del “socialismo en un sólo país”. Marginado totalmente Trotski, Stalin disuelve la Troika que constituía el poder. Kamenev y Zinoviev son apartados del poder y Trotski deportado a kazajstán para ser expulsado de la URSS en 1929. En 1929 anuncia el “salto adelante”, promoviendo una precipitada y brutal colectivización y la industrialización a ultranza, ambas reforzadas por la planificación imperativa y centralizada a través de los planes quinquenales. En 1938 había ya 240.000 koljoses y 4000 sovjoses. Todo ello acompañado de ejecuciones y deportaciones en masa, así como varios millones de víctimas de hambre.

    El XVI Congreso del PC aprueba el primer plan quinquenal ( 1928-1932 ) fijados por el Gosplan. Tras la colectivización forzosa y el espectacular despegue del crecimiento industrial, Stalin consolida su poder absoluto basado en la violencia y en el culto a la personalidad.

    EL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL: LOS TRATADOS DE PAZ Y EL PACTO DE LA SOCIEDAD DE NACIONES

    El nuevo orden internacional

    En enero de 1919, se reúnen en París las veintisiete naciones victoriosas con el compromiso de discutir una paz mundial que pusiese fin a todas las guerras y que desmembrase los viejos imperios multinacionales sobre la base del reconocimiento del principio de las nacionalidades. Pero desde el inicio de la Conferencia de paz, los vencidos son excluidos de los debates y tan sólo se les llama para firmar los tratados, impuestos por el “Consejo de los Cuatro” que agrupa a los jefes de Estado y de gobierno de Francia (Georges Clemenceau), GB (Lloyd George), EE.UU. (Woodrow Wilson) e Italia (Orlando).

    Wilson, presidente de los EE.UU., sintetizó en sus “catorce puntos” expuestos al Congreso norteamericano (enero de 1918) los objetivos de una paz justa y duradera, basada en el respeto a las nacionalidades y la creación de una Sociedad de Naciones (SDN) encargada de organizar el desarme y evitar nuevos conflictos.

    Sin embargo, los tratados de paz dejaron a menudo de lado esos objetivos, sobre todo ante la radical oposición del Presidente de la Conferencia, el francés Clemenceau, que pretendía una paz draconiana, especialmente para Alemania. Así, pues, los tratados imponen importantes amputaciones territoriales y cargas económicas a Alemania; desmembran los Imperios Austro-Húngaro y Turco, reconstruyen el Estado de Polonia; y reconocen a los nuevos Estados surgidos de las cenizas de los viejos imperios, tratando de apoyar el desarrollo en ellos de instituciones democráticas.

    El Tratado de Versalles (28 de junio de 1919) regula la suerte de Alemania. Por su dureza hirió gravemente el orgullo nacional alemán y enturbió las futuras relaciones franco-alemanas.

    En el plano territorial, Alemania pierde 90.000 kilómetros cuadrados. Debe ceder a Francia, Alsacia y Lorena; a Bélgica los cantones fronterizos de Eupen y Malmédy; y a Dinamarca el Schleswig. Polonia se anexiona Poznania y un pasillo o “corredor polaco” hasta la ciudad libre de Dantzig que separa la Prusia Oriental del resto de Alemania. Un plebiscito determinará las fronteras germano-polacas en la Alta Silesia. La región del Sarre queda bajo la tutela de la SDN durante 15 años tras los cuales decidirá su destino nacional. Una de las cláusulas del Tratado de Versalles prohibe la unión de Austria con Alemania (Anchluss).

    En el plano militar se le impone suprimir el servicio militar obligatorio, reducir el ejercito a 100.00 hombres y la orilla izquierda del Rin es ocupada militarmente por Francia durante 15 años; posteriormente, deberá desmilitarizarse hasta una franja de 50 kilómetros.

    En el plano económico y financiero tiene que entregar de inmediato su flota mercante, sus locomotoras, sus reservas de carbón y manufacturas, así como conceder a Francia la explotación del carbón del Sarre durante 15 años. En virtud del articulo 231, que afirma la responsabilidad exclusiva de Alemania en el desencadenamiento del conflicto, una Comisión de reparaciones se encargará de fijar antes de 1921 el montante definitivo que Alemania debe pagar.

    El pacto de la Sociedad de Naciones

    Uno de los resultados tangibles de las propuestas del presidente norteamericano Wilson fue la creación de la Sociedad de Naciones con sede en Ginebra que iniciaba su labor en enero de 1920. Se concibe como una organización internacional que resuelva pacíficamente todos los conflictos, sobre la base del derecho internacional que debe presidir las relaciones entre los Estados. Otro de sus objetivos y de sus funciones será controlar la reducción de la producción de armamentos como el medio más eficaz para organizar un sistema de seguridad colectiva.

    Tres son sus órganos rectores: La Asamblea General en la que cada miembro tiene un voto y donde se abordan los problemas internacionales más importantes. Un Consejo, integrado por cinco miembros permanentes y cuatro elegidos cada año por la Asamblea, encargado de resolver todo litigio que amenace la paz mundial. Un Secretariado permanente, que prepara los trabajos de la SDN.

    LAS REPERCUSIONES ECONOMICAS DE LA GUERRA

    La Primera Guerra Mundial recibe el nombre precisamente a causa de su magnitud. Su importancia, desde todos los puntos de vista, ha dado lugar a que haya sido considerada como el acontecimiento histórico base para hacer una división entre las realidades políticas, sociales y económicas decimonónicas y aquellas que ya se pueden considerar como pertenecientes al siglo XX. Con ella desapareció la preponderancia internacional de las potencias europeas, que, a partir de entonces, tuvieron que contar con las dos nuevas y grandes potencias surgidas tras el conflicto: los Estados Unidos de América del Norte y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

    Los efectos producidos por la guerra en Europa, su principal campo de batalla, fueron catastróficos. El numero de víctimas mortales fue de 13 millones aproximadamente:

    • En Rusia, incluidos los años iniciales de la revolución, murieron 5 millones de personas.

    • En Alemania, más de 1.800.000.

    • En Francia 1.400.000.

    • En Austria - Hungría 1.400.000.

    Además de estas muertes causadas directamente por el desarrollo del conflicto, fueron muchos los fallecidos entre el personal civil por la escasez y las epidemias. Por otro lado, también habría que tener en cuenta los grandes éxodos producidos en zonas como Polonia, países bálticos, Alsacia y Lorena o Grecia.

    La guerra provocó un desastre económico en Europa. Las destrucciones materiales fueron cuantiosas, especialmente en aquellas zonas que, como Francia, Bélgica, norte de Italia y Rusia, habían sido objeto de invasión por parte de los alemanes, cuyos avances por tierra y bombardeos aéreos se tradujeron en millones de hectáreas devastadas, importante numero de obras públicas destruidas y todo tipo de fabricas y construcciones desaparecidas. La producción industrial y agrícola se redujo aproximadamente en un 30 y un 40 por ciento de los niveles alcanzados en los años anteriores al estallido del conflicto. Por otro lado, se produjo una grave situación financiera para las potencias europeas, que, de ser los principales banqueros del mundo, pasaron a convertirse en deudores de otros países, especialmente de los EE.UU. La potencia norteamericana, a lo largo de los años de la guerra, prestó a otros países diez mil millones de dólares y acaparó la mitad del stock de oro mundial.

    Todos estos cambios económicos y financieros influyeron decididamente en la vida social y política de los europeos tras el cese de las hostilidades. Muchos industriales, especuladores e intermediarios realizaron grandes beneficios en poco tiempo y, paralelamente, se desarrollo entre los combatientes una corriente de ideas igualitarias y democráticas frente al desprestigio, cada vez mayor, de las clases dirigentes. Esos movimientos sociales desembocaron, sin embargo, en algo que estaba en franca oposición al sistema democrático y liberal, los fascismos y el comunismo.

    En general, la guerra impulsó una muy importante crisis del sistema de valores vigente hasta entonces en la civilización occidental. La muerte, la destrucción y el horror de la guerra marcaron a la generación de los combatientes, mientras aparecían ante sus ojos aquellos que habían utilizado el conflicto en beneficio de sus intereses. Surgió, entonces, una reacción orientada hacia las ideas irracionales en el arte y las acciones reivindicativas y revolucionarias en lo político, que caracterizaran el devenir de los años inmediatos a la firma de la paz y siguientes.

    LOS ORIGENES DEL FASCISMO: MUSSOLINI Y EL ESTADO ITALIANO

    'Historia mundial'

    La mayoría de los historiadores ponen en tela de juicio el uso general del concepto fascismo para designar a los movimientos antidemocráticos y de derechas que perseguían implantar un Estado autoritario y ultranacionalista de partido único. La palabra fascismo no tiene en sí misma una significación política concreta como liberalismo, democracia o comunismo. Procede del término italiano fasci (del latín fasces, término que evoca el haz de varas de madera atada que llevaban los lictores delante de ciertos magistrados romanos como símbolo de autoridad en la Roma antigua). Muchos historiadores han limitado el término a una forma concreta de dictadura, la de Mussolini. Sin embargo, el hecho de que existan muchos puntos comunes en los movimientos fascistas de entreguerra y, en particular, entre el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán, permiten establecer similitudes:

  • Puntos comunes de su ideología y de sus objetivos políticos:

    • La idolatría del Estado omnipotente ligada a u fuerte liderazgo y al culto a la personalidad del líder o caudillo.

    • El nacionalismo extremo, expansionista e imperialista.

    • La idea de una comunidad sustentada en una conciencia étnica y racista.

    • El rechazo al racionalismo, al materialismo y al igualitarismo.

    • La creación de una nueva cultura capaz de superar a la decadente sociedad

    • Sus negaciones: antiliberalismo, anticapitalismo, anticomunismo y anticonservadurismo.

  • Estilo y modo de organización característico:

    • La tentativa de movilización de las masas a través de la creación de milicias u organizaciones paramilitares.

    • La importancia dada a sus mítines, desfiles, símbolos visuales para resaltar los mitos y los sentimientos nacionalistas.

    • El culto a la violencia.

    • La exaltación de la juventud.

    • La tendencia a resaltar la primacía de lo masculino.

    La interpretación liberal ve al fascismo como una degeneración de algunos sectores de la sociedad.

    La interpretación marxista considera al fascismo como mera reacción capitalista ante el peligro bolchevique (Daniel Guérin lo define como doctrina reaccionaria, hostil a la razón, antidemocrática y violenta).

    Según el gran especialista De Felice, la teoría más ajustada a la realidad sería la de Luigi Salvatorelli cuando afirma que el fascismo no fue otra cosa que “la lucha de la pequeña burguesía aplastada entre el gran capitalismo y el proletariado, como el tercero entre duelistas”. Y ello explica que el fascismo presente dos caras cuando en realidad tenía una sola, porque era a la vez antiproletario y anticapitalista. Sin olvidar que la pequeña burguesía italiana era humanista, compuesta por empleados del Estado, burócratas, pequeños profesionales, marginados todos ellos el progreso social, y que buscaban en el fascismo un ideal propio, pero que se hicieron antidemocrátas y antisocialistas cuando comprendieron que ni la democracia ni el socialismo los valoraba. Y así terminaron siendo nacionalistas y fascistas. Aunque se puede hablar algunos historiadores consideran fascistas los movimientos italiano y alemán, existen muchos puntos que los diferencian: el nazismo era esencialmente pesimista, nunca intentó fomentar la modernidad, ni crear un hombre “nuevo”, el fascismo italiano se caracterizó por proponer un nuevo “vitalismo”, un “inconformismo” con todo el pasado, propugnó la exaltación de la “virilidad”, de la fuerza física, de la belleza, el culto de la osadía, del valor y del honor, quería forjar una nueva civilización de héroes y de inventores, de genios y de italianos duros y fuertes, capaces de dar vida a un nuevo imperio, fue un movimiento optimista, aunque a veces por la fuerza y la violencia.

    BENITO AMILCARE ANDREA MUSSOLINI

    El Duce, a quien su padre (herrero socialista radical y anarquista) le puso los nombres de tres revolucionarios, no fue un hombre feliz. No lloraba nunca y casi ni reía, ni siquiera cuando le contaban chistes. No miraba a los ojos de su interlocutor y tenía un carácter pésimo. Pero desde niño ejercía sobre quienes le rodeaban una especie de atracción fatal; poseía un carisma duro, de hombre fuerte y sin miedo, que atraía especialmente a la mujeres. Se hizo primero maestro, como su madre, a continuación consiguió el título de profesor de Liceo y enseñó francés, estudió también alemán e inglés, y se formó sobre todo en el sindicalismo revolucionario, leyó a Nietzsche y le fascinó su teoría del superhombre. Había soñado ser un gran novelista y violinista, pero en lo único que destacó fue como periodista. Admirador de Maquiavelo, aprendió de el a manejar a los italianos, cuyos vicios y virtudes conocía muy bien. Fue un oportunista pero con una idea fija: hacer grande a Italia y a los italianos; pretendía convencerlos de que todo era posible, desde ganar la guerra hasta rehacer el viejo imperio romano. Pero sabía también que los italianos han sido siempre poco amantes de la guerra y de la vida dura. Los consideraba débiles, desvertebrados, con pocas ambiciones. Quería también lo imposible, cómo ganar la guerra sin combatirla. Esperaba que Hitler la ganara para después participar él en el festín. Una de sus pocas convicciones fue sin embargo la idea de la violencia como arma política, sin embargo era menos cruel que la mayor parte de los dictadores. Un poco gracias al poderoso aparato de la propaganda, un poco por miedo, mucho por oportunismo y en parte por la fascinación de su personalidad, pudo gobernar durante veinte años con un poder absoluto sin que tuviera que sufrir grandes oposiciones y sin necesidad de domeñar grandes rebeliones. Le mataría la arrogancia del poder que después de todo es la esencia del verdadero fascismo.

    Concibió el fascismo como una religión a pesar de que había nacido ateo. Por eso para algunos el fascismo fue también de alguna manera una ética de austeridad, severidad y rectitud. Su revolución tenía mucho de Iglesia, penetraba en la vida individual, familiar y social, con sus ritos y liturgias, sus dogmas, sus evangelios, sus actos de fe, sus mandamientos… había que obedecer sus órdenes sin rechistar y creerle sin ver. En realidad existieron varios Mussolini. Una de sus características fundamentales fue su volubilidad, y así pudo ser a lo largo de su vida todo y lo contrario de todo.

    LA CRISIS DEL RÉGIMEN LIBERAL Y EL NACIMIENTO DEL FASCISMO

    • La sensación de una “victoria mutilada” provocó la indignación de los sectores nacionalistas. En este ambiente de exaltado nacionalismo, los arditti, jóvenes excombatientes ultranacionalistas, dirigidos por el poeta Gabrielle D´Annunzio, ocuparon Fiume en 1919, pero se vieron obligados por el propio gobierno italiano a abandonarla en 1921. Pronto Mussolini supo capitalizar en favor del naciente fascismo, esa sensación de frustración general contra el gobierno italiano por claudicar. Al descontento por los tratados de paz, tres hechos más se añaden a la ya crítica situación italiana de posguerra:

    • La crisis económica, precedida por una grave crisis inflacionista, sume a la economía italiana, en graves dificultades.

    • La agitación social tiene su origen en el alto coste de la vida y el elevado numero de parados.

    • La crisis del viejo sistema de monarquía constitucional y liberal.

    Benito Mussolini (1883-1945), fue militante del partido Socialista Italiano desde 1900 y director del periódico de ese partido, Avanti. En 1914 lo abandona por defender la entrada de Italia en la guerra mundial frente a la postura no intervencionista del Partido Socialista y funda su propio diario Il Popolo d´Italia. En marzo de 1919 crea en Milán el movimiento de los fasci italiani di combatimento. Su programa postula ciertas reformas sociales y económicas semejantes a los socialistas, pero su nota más característica es su firme voluntad de eliminar los partidos políticos a los que considera la causa de todos los males de Italia.

    LA MARCHA AL PODER DEL FASCISMO

    El movimiento fascista, aún minoritario en los años 1919-1920, toma la iniciativa a fines de 1920 para llegar al poder en 1922.

    Con la ayuda financiera de la patronal y de los grandes propietarios, los fascistas entran en el parlamento en las elecciones de 1921 con 36 diputados. Mussolini, transforma su organización en un movimiento de masas, el Partido Nacional Fascista, que en 1922 cuenta con más de 300.000 miembros la mayoría provenientes de las clases medias y un sector minoritario de obreros y campesinos. Ante la incapacidad de los partidos políticos y del gobierno para formar un frente común contra la marea fascista, los sindicatos se lanzan a una huelga general en agosto de 1922. La contundente actuación de los fascistas les presenta ante buena parte de la sociedad italiana y, sobre todo, de la clase dirigente como la alternativa a la inestabilidad social y política y al temor a una “revolución de izquierdas”. En octubre de 1922 Mussolini reúne en Nápoles el Consejo del Partido Nacional Fascista y comienzan los preparativos de la “marcha sobre Roma” para reclamar abiertamente el poder. El 28 de octubre de 1922, 40.000 “camisas negras” llegan a Roma. El rey Víctor Manuel III, impresionado por la movilización fascista, temeroso de los socialistas y receloso de los popolari, le parece una buena solución recurrir a Mussolini. El 29 de octubre, confía a Mussolini la formación de un nuevo gobierno. Mussolini, para liquidar el Estado liberal y crear un Estado fascista, actúa hábilmente formando un gobierno de coalición -conservadores, liberales y popolari- con sólo dos ministros fascistas e inicia, paulatinamente, la desmantelación de las instituciones democráticas. En 1924 modifica la ley electoral para dotarse de un Parlamento dócil y en las elecciones de ese año los fascistas obtienen el 65% de los escaños (la denuncia del socialista Matteotti, provocará su asesinato). A finales de 1925 se aprueba una ley que otorga plenos poderes a Mussolini. En 1926 se suprime el derecho de huelga y se establece el sindicato fascista como el único representante de los trabajadores. Y, por último, con la “ley de defensa del Estado” son eliminados de hecho, los partidos políticos y el Partido Nacional Fascista se constituye en el partido único. Se crea un tribunal especial y una policía política, la OVRA, para detener y juzgar a todos los opositores.

    EL ESTADO FASCISTA

    El partido fascista, a pesar de que aumenta su influencia, es despojado de poder político y reducido a mero órgano burocrático de propaganda y encuadramiento de las masas. El poder reside sólo en el Duce, Mussolini, que es asistido por el Gran Consejo Fascista.

    Con la Carta del Trabajo de 1927 se establece el sistema corporativo. Se regula el ocio de los niños y de los jóvenes encuadrándoles en las organizaciones fascistas (Balillas y Grupos Universitarios Fascistas) y a los adultos (Opera Nazionale Dopolaboro).

    La reforma escolar de Gentile (1923) adopta una orientación tradicional y elitista, poniendo el acento en la enseñanza de la religión y de las disciplinas humanísticas.

    LA GRAN DEPRESIÓN

    La crisis de 1929, que se propaga al resto del mundo desde los EEUU, es un fenómeno que, en líneas generales, condiciona el desbarajuste económico, la polarización social, el desarrollo del Estado como insaciable Minotauro, la ruptura de la “seguridad colectiva” y en definitiva la Segunda Guerra Mundial. Después de un periodo de prosperidad, paralelo al “espíritu de Locarno”, que se manifiesta, sobre todo, en los EEUU, convertidos en banqueros del mundo, y que en el Occidente de Europa motiva el optimismo burgués de los “locos años veinte”, el colapso repentino de las finanzas de Wall Street, a partir del black friday, provoca el estrangulamiento de la economía norteamericana e invade el resto del mundo como si se tratara de una nueva plaga bíblica.

    Causas

    La evolución cíclica es característica de la economía de mercado de los países desarrollados. Los ciclos Juglar son de corta duración (8 a 10 años), los Kondratieff son de larga duración (54-60 años). En el siglo XIX había una concepción optimista de las crisis que veía en ellas una enfermedad de crecimiento, que necesariamente era preciso experimentar de vez en cuanto y cuya curación era automática: el equilibrio se restablecía con la eliminación de las empresas más débiles, para alcanzar una nueva fase de expansión económica. Frente a esta concepción de las crisis “convenientes”, los marxistas opinaban que estas crisis, cada vez más repetidas y violentas aceleraban el proceso de concentración de las empresas y perjudiciales para las clases trabajadoras y para la sociedad en general. Para los economistas la crisis de 1929 revestirá tal gravedad por coincidir en ella el punto final de un ciclo de larga duración y una crisis de ciclo breve. Fue al mismo tiempo una crisis de superproducción (las masas con el desfase de estructuras no pueden absorber toda la producción) y una crisis de crédito (al romperse la ecuación crédito, que “crea” medios monetarios y producción económica correspondiente.

    Neré no comparte esta tesis y cree que la crisis es más bien de subconsumo relativo que de superproducción, la origina la mala distribución de la renta; sus orígenes serian más sociales que económicos. En cualquier caso, sea que la producción agrícola mundial es excesiva, como sostiene Nogaro, sea que la capacidad adquisitiva es débil y el consumo bajo, como explica Neré, los remanentes agrícolas vienen a sumarse a los excedentes de productos industriales. A pesar de este desfase entre producción y ventas las cotizaciones de los valores en bolsa no dejan de subir. Sólo existe una explicación: la inflación de crédito. Se reparten altos beneficios porque los costes de la producción se afrontan a base de prestamos bancarios. El crack de 1929 parece ser un reflejo y una demostración de que la economía no puede apoyarse preferentemente en el dinero con olvido de los mecanismos de producción y consumo.

    Comienzos de la crisis

    A partir de mayo los precios del cobre, hierro y acero habían bajado en EEUU. Los beneficios de la industria del automóvil eran decrecientes aunque sus ventas habían progresado. Los ingresos netos de ferrocarriles también estaban en regresión . A principios de octubre algunos capitalistas piensan que el alza de valores de Wall Street no podía continuar y era excesiva: comienzan a vender paquetes de títulos. También las empresas venden sus acciones para recuperar dinero líquido. El 24 de octubre el pánico estalla: un aflujo de órdenes de venta (más de 13 millones de títulos) en Wall Street provoca una caída vertiginosa que prosiguió en los días siguientes. A mediados de noviembre el índice de las acciones industriales descendió de 469 a 220. La intervención de los bancos más importantes, que se dedican a comprar para reducir la baja, fue tardía y no logró tener éxito no detener el pánico. Las proporciones de la especulación habían sido posibilitadas, según Niveau, por la misma estructura del capitalismo de EEUU: la estructura bancaria está muy fragmentada y la de los negocios es favorable a los abusos. Estos factores estructurales junto a los coyunturales y los errores de la ortodoxia liberal fueron los causantes de la crisis. La crisis industrial que ya se anunciaba desde el segundo trimestre se agrava con el crac financiero. Para aumentar su liquidez los bancos restringen los créditos a las industrias. Al quebrar algunas de ellas hicieron paralizar la actividad de otras empresas. El aumento del paro y la reducción de horas de trabajo provocó la disminución del consumo, lo que repercute también en la producción (circulo vicioso).

    Extensión de la crisis

    El crack de las finanzas norteamericanas implica el corte radical de sus créditos en el extranjero. Alemania y Austria, los grandes vencidos de 1919, viven de los empréstitos. Al cesar los créditos, se produce la quiebra de la Banca de ambos países. La devaluación de la libra esterlina (septiembre de 1931), que en pocos días pierde la tercera parte en relación con su antiguo valor oro, implica la de muchas monedas satélites, desde Escandinavia a Portugal, y de Egipto al Japón. Dentro del Imperio británico, la crisis provoca serias dificultades en Canadá, Australia y Africa del Sur. En Francia la crisis llega un año más tarde, en 1932.

    EL NEW DEAL

    En EE.UU. era patente el fracaso de la política liberal del presidente republicano Herbert Hoover, por lo que las elecciones presidenciales de 1932 dieron la victoria a Franklin Delano Roosevelt, del Partido Demócrata. Roosevelt prometía un programa de reformas y de ayudas a los desfavorecidos que se conoció con el nombre de New Deal (nuevo reparto).

    Roosevelt se rodeó de profesores de economía política impregnados de las ideas de John Maynard Keynes, un economista inglés partidario de introducir una cierta planificación dentro del capitalismo, consciente de que los mecanismos automáticos de la economía liberal no funcionaban ya. Las medidas económicas se basaban en una nueva filosofía económica que consistía fundamentalmente en recurrir al Estado para salir de la crisis. El Estado debía intervenir en la economía, cuando la iniciativa privada no bastaba, a través de dos tipos de medidas:

  • Fomento de la inversión productiva. Se trataba de ayudar a la empresa privada con subvenciones de capital a fondo perdido, créditos baratos y ayudas fiscales. Además, el Estado debería emprender la nacionalización de las empresas con déficit crónico para crear así un sector público dentro de la economía capitalista.

  • Restablecimiento de la capacidad de consume de la población. Se buscaba mejorar la situación de los obreros y de los campesinos. En este sentido, se elaboró el programa National Industrial Recovery Act (NIRA) en 1933, por el que se exigía a las empresas unas reglas que evitaran la competencia desleal entre ellas y mantuvieran un equilibrio entre sus beneficios y unos salarios dignos. A esta ley se le añadieron otras de sentido humanitario, como la Ley de Seguridad Social (1935), que establecía el seguro de desempleo, vejez e incapacidad. Con la Ley de Relaciones Laborales se garantizaba los derechos sindicales para poder pactar con el empresario los salarios y se introdujeron los convenios colectivos para facilitar a los empresarios la planificación económica. Para solucionar el problema del paro, la Ley de Justas Normas de Trabajo redujo la jornada a 40 horas semanales, suprimió el trabajo infantil, etc. El paro, además, se combatía a base de obras públicas financiadas por el Estado (colonización del valle del Tennesse). El Estado subvencionó los precios agrícolas y se introdujo una cierta planificación al subvencionar algunos cultivos y paralizar otros, para evitar la superproducción y mantener los precios.

  • El estado obtuvo el dinero para financiar la reactivación a través de tres mecanismos:

    • Aumento de la circulación de billetes sin respaldo en oro, lo que exigió devaluar el dólar.

    • Crecimiento de la deuda pública.

    • Subida de impuestos. Se tomaron medidas para evitar los abusos de la especulación en la Bolsa.

    LA CRISIS DE LA REPUBLICA DE WEIMAR Y EL ASCENSO DEL NACIONALSOCIALISMO

    'Historia mundial'

    La República de Weimar: las primeras crisis (1918-1923)

    Poco antes de finalizar la guerra, en el otoño de 1918, la situación política y social de Alemania era muy conflictiva. El 9 de noviembre, el emperador Guillermo II abdica y la escena política queda en manos del partido más pujante y mejor organizado, el Partido Socialdemocrata Alemán (SPD). Ebert, el líder del sector mayoritario y reformista de los socialdemócratas, preside la formación de un gobierno provisional que proclama la República y anuncia la convocatoria de una Asamblea Constituyente, elegida por sufragio universal. Mientras tanto, en la pequeña ciudad alemana de Weimar, se reúne la Asamblea Constituyente que es obligada a ratificar el tratado de Versalles. En los medios nacionalistas y del ejercito se extiende el mito de la “puñalada por la espalda”, es decir, de la traición de los socialistas, los demócratas y los capitalistas judíos, al aceptar una paz cuando Alemania no había sido vencida militarmente. La llamada Coalición de Weimar (socialdemócratas, demócratas y el centro católico) que había obtenido el 76% de los votos aprueba, en julio de 1919, la Constitución que establece una República democrática y federal con un ejecutivo fuerte, en el que el Presidente de la República, elegido por sufragio universal directo, con un mandato de 7 años, tiene la facultad de nombrar el gobierno y disolver el Reichstag (o Cámara de Diputados). Gracias a esta alianza, el Socialdemocrata Ebert es elegido primer Presidente de una República que establecía un Estado democrático y parlamentario con amplios derechos políticos y sociales. El nuevo régimen tiene que enfrentarse a una grave crisis de posguerra, agravada por la inflación y las fuertes indemnizaciones impuestas por el Tratado de Versalles. En 1923, ante el agravamiento de la situación económica, el Gobierno decreta el cese del pago de las reparaciones. Francia responde con la ocupación del Rhur. Ello crea un clima de exaltación nacionalista que es aprovechado por grupos ultraderechistas para fraguar un nuevo golpe de Estado. Finalmente, sólo los dirigentes del aún minúsculo Partido Nacional-Socialista (NSDAP), Hitler, Ludendorff y Röhm, intentan el golpe de Estado, conocido como el “putsch de la cervecería” que termina con los tres jefes nazis en la prisión.

    El surgimiento del nacionalsocialismo

    Adolfo Hitler nació en 1889, hijo de un aduanero austríaco. Huérfano desde la adolescencia, fracasó en Viena como artista. Participó en la primera Guerra Mundial y recibió la medalla conocida como Cruz de Hierro. Se considera que fue en Viena donde empezó a forjar su ideología antisemita y de la Gran Alemania. En 1919 se funda el Partido Obrero Alemán (DAP) al que pocos meses después se afilia Adolfo Hitler. En 1920, ya bajo la notable influencia de Hitler, se aprueba el programa de “25 puntos” del que ahora pasa a denominarse Partido Obrero Nacional-Socialista alemán (NSDAP) o abreviadamente “nazi”. Su programa aboga, como el fascismo italiano, por un estado nacional fuerte que suprima la lucha de clases mediante un “socialismo nacional” anticapitalista. Pero la idea motriz del nacionalsocialismo es la preservación de la pureza racial y la eliminación de los enemigos de Alemania: los socialistas, los demócratas, los comunistas y los judíos. Rechaza con energía el Tratado de Versalles y persigue la unión de todos los alemanes en una Gran Alemania dotada de un “espacio vital” necesario para el desarrollo del pueblo alemán.

    Fracasado el “putsch de la cervecería”, Hitler escribe su biografía y programa político. En realidad su estancia en la cárcel de Landsberg fueron unas “vacaciones pagadas” donde escribió la primera parte de su Mein Kampf (Mi lucha). A finales de 1924 prepara ya de forma metódica la conquista del poder. Refuerza su control sobre el partido y funda una nueva organización paramilitar, las Secciones de Protección del Führer (SS), que desbancarán a las SA. Adopta la táctica pseudolegalista y parlamentaria (es decir, espera llegar al poder aparentando respetar la legalidad) mientras sus organizaciones paramilitares, las SA y las SS hacen reinar el terror en las calles.

    La corta y frágil estabilización de la república (1924-1928)

    Los años 1924-1928 son de prosperidad económica. La reforma monetaria con la creación de una nueva moneda, el Reichmark, pone fin a la hiperinflación y el Plan Dawes racionaliza el sistema de pagos de las indemnizaciones de guerra y alivia la carga que pesaba sobre la economía alemana. El vigoroso crecimiento de la producción y del comercio se debe, en gran parte, a la inyección masiva de capitales del exterior (préstamos e inversiones), sobre todo norteamericanos.

    El capitalismo alemán emprende un rápido proceso de racionalización y concentración industrial y financiera. A finales de los años veinte, Alemania era ya la segunda potencia industrial mundial. Pero la prosperidad alemana era frágil: hay más de 2 millones de parados y el endeudamiento de las empresas así como la dependencia del capital extranjero es muy elevada. El auge económico estabiliza la República. En el plano de las relaciones internacionales, Alemania emprende la vía de la reconciliación. En la Conferencia de Locarno (1925) reconoce sus fronteras occidentales y en 1926 entra en la Sociedad de Naciones.

    Crisis y destrucción de la República de Weimar

    La gran crisis económica de 1929 abre una nueva etapa de dificultades políticas y sociales. Los efectos de la crisis de 1929 fueron catastróficos para la economía alemana: un elevado número de parados (6 millones en 1932) y el empobrecimiento de amplias capas de la población (trabajadores y clases medias). Sin embargo, no se puede afirmar que la destrucción del sistema democrático alemán se debiese tan sólo a motivaciones económicas.

    Hindenburg, ante las presiones de sus más íntimos consejeros, del ejército, de la gran industria (que desde 1932 respaldan decididamente a los nazis como solución a la desestabilización política y social de la República) y el temor a que se produjese un golpe de Estado, nombra canciller a Hitler el 30 de enero de 1933. Éste, como Mussolini, forma un gobierno con todas las fuerzas políticas que le han apoyado y en el que hay sólo dos ministros nazis. En pocos meses Hitler destruyó con la violencia y el terror las instituciones democráticas.

    El Estado totalitario nazi. El Tercer Reich

    Con el apoyo de los nacional-alemanes y el Centro católico, Hitler consigue plenos poderes por cuatro años (poco después prorrogados hasta 1939), lo que de hecho “legaliza” la dictadura: por la Ley de Reconstitución del Reich suprime la autonomía de los Estados (Länder), por la Ley de Reorganización de la Burocracia se excluye de la administración a los que no sean adictos al régimen y a los no arios, por la Ley de Unificación se prohiben todos los partidos y de hecho el único partido autorizado es el nacionalsocialista y los sindicatos son reemplazados por el Frente de Trabajo, órgano corporativista que debía representar los intereses comunes de obreros y patronos. Aprovechando el incendio del Reichstag el 27 de febrero de 1933(falsamente atribuido a los comunistas) declara al partido comunista fuera de la ley y obtiene el decreto por el que se suspende en febrero de 1933 los derechos y libertades individuales. En marzo se disuelve el Reichstag y se celebran elecciones en un clima de violencia y de terror impuesto por los grupos paramilitares nazis (SA y SS). Aun así, los nacionalsocialistas no logran la mayoría parlamentaria, pero con el apoyo de los nacional-alemanes emprenden la destrucción del Estado republicano.

    En abril de 1933 empiezan a funcionar los primeros campos de concentración a donde van a parar todos los opositores al régimen.

    En abril de 1934 se crea la Gestapo, policía secreta del Estado, mandada por Himmler jefe también de las SS. Hitler, con el fin de afianzar su Estado totalitario y ganarse la total adhesión del ejército y de los industriales, decide poner fin a la propaganda anticapitalista de las SA y a su aspiración de controlar el ejército. En la “noche de los cuchillos largos”, 29 a 30 de junio de 1934, las SS ejecutan a los dirigentes de las SA, incluido su jefe e. Röhm, pero también aprovecha para saldar cuentas con sus antiguos adversarios políticos, como Gregor Strasser defensor de la línea “socializante” del partido nazi.

    Finalmente, en agosto de 1934, a la muerte de Hindenburg y con el respaldo de los círculos industriales, del ejército así como de un Reichstag con sólo representantes nazis, asocia a su persona la Cancillería y la Presidencia del Reich. El Estado totalitario se halla ya firmemente asentado y el ejército, cómplice de los acontecimientos, se convierte en uno de los puntales del régimen. El año 1936 fue un año clave para el Régimen nazi.

    Entre la puesta en marcha de las Leyes de Nuremberg y la Noche de los cristales rotos (el 9 de noviembre de 1938), la vida de los judíos en Alemania se iría convirtiendo paulatinamente en una pesadilla. Los dirigentes nazis monopolizan todos los medios: la información, la educación, la cultura y el arte con el objeto de controlar a las masas y, especialmente, a la juventud para forjar al “hombre nuevo”. Desde 1933 Joseph Goebbels, ministro de Información y Propaganda, emprende una campaña que pondrá fin a la gran producción artística y cultural de la Alemania de Weimar y generará la emigración de artistas y e intelectuales. Pone a la prensa y a la radio al servicio de la propaganda del régimen e introduce los nuevos métodos de la publicidad para dar la versión oficial del régimen sobre las noticias de actualidad.

    Desde el año 1938, lo objetivos del Hitler fueron tres principalmente:

    • Acabar con las consecuencias del Tratado de Versalles

    • Llevar el Reich hasta los últimos rincones de Europa donde hubiera alemanes (Austria, Sudetes, países bálticos, Alsacia, Lorena

    • El Lebensraum, el espacio vital, la expansión imprescindible para la grandeza de Alemania, territorios que habría que conquistar a expensas de Polonia, Checoslovaquia y Ucrania, en los que establecer los excedentes de población alemanes

    Algunas causas del nacimiento del nacionalsocialismo:

  • Los agravios de los vencedores de la Gran Guerra

  • El clima antisemita que ya existía en Alemania antes de la aparición de Hitler

  • La alarma suscitada en la burguesía, la nobleza y el Ejército por la revolución soviética y por los intentos comunistas de alzarse con el poder en Alemania tras la derrota en la Gran Guerra

  • Las graves crisis económicas, que arruinaron a las clases medias

  • La filosofía nacionalista, racista y potenciados de la superioridad aria, difundida por los filósofos alemanes desde finales del siglo XIX

  • La atomización política, permitida por la Constitución de Weimar

  • Las esperanzas suscitadas por el nazismo entre los industriales respecto a una resurrección nacional que, naturalmente, iría acompañada del rearme y de la plena actividad fabril.

  • La habilidad y la falta de escrúpulos de la propaganda nacionalsocialista

  • La ductilidad de los programas y su falta de concreción

  • CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

    Las hipótesis que los historiadores plantean tratando de explicar las causas de la segunda guerra mundial son diversas si bien pueden resumirse en dos: considerarla como continuación de la primera guerra mundial o por el contrario, ver en ella un fenómeno nuevo. En efecto, la causa más aparente es la paz incompleta de Versalles.

  • Los que piensan que se trata de una continuación lo explican por encontrar una vez más los mismos contendientes, un desarrollo similar al que siguió la primera guerra mundial y un desenlace casi idéntico. Parece aceptado por una mayoría de historiadores que Alemania sería la causa más clara de la nueva situación bélica. Su no aceptación de las cláusulas del tratado de Versalles, la leyenda de “la puñalada por la espalda” y la infracción del derecho y de la justicia (en palabras de Hitler) por el “Diktat de Versalles”. Además, no puede olvidarse la vocación expansionista del III Reich.

  • Aquellos que defienden que se trata de un fenómeno nuevo hacen ver la incidencia que en el conflicto tiene la gran depresión de 1929 y sus secuelas en todos los países y el auge de los totalitarismos. Sin duda, las dos hipótesis aportan datos que explican este estallido bélico. No es válida una explicación unilateral.

  • Los historiadores Steinert y Taylor consideran que los fallos provienen tanto de los dirigentes como del sistema internacional y Alemania sería el lazo de unión entre los dos conflictos bélicos, al no aceptar de hecho las cláusulas de Versalles.

  • Desde una óptica marxista se debería a las contradicciones internas del capitalismo mundial, cuya modalidad más extrema estaba representada por los fascismos.

  • Existieron una serie de factores que actuaron como desencadenantes del conflicto:

    • El deseo de desquite de los países vencidos en la Primera Guerra Mundial, especialmente de Alemania.

    • Los políticos nacionalistas que inundan el mundo tras la Gran Depresión.

    • La carrera de armamentos.

    • El expansionismo de los nuevos Estados totalitarios como Alemania, Italia y Japón.

    • El antagonismo ideológico que pronto se plantea entre totalitarismo y democracias.

    Ahora bien, cuando se repasan los hechos y su encadenamiento no deja de llamar la atención la ceguera de las democracias hacia Hitler y Alemania, en la que ven un contrapeso frente al peligro de los comunistas.

    LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA: EL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL, LA ONU. LA GUERRA FRIA

    El final de la guerra va a suponer una nueva etapa histórica con profundos cambios en todas las vertientes de la sociedad: perdidas materiales, repercusiones humanas, perturbaciones socioeconómicas, remodelaciones territoriales y nuevas formas política.

    Consecuencias bélicas

    Tales fueron los resultados calamitosos que han sido considerados por diversos historiadores como “la más cara y formidable lección práctica jamás recibida por la humanidad”. Las pérdidas estimadas en conjunto ascendieron a dos billones y medio de dólares. Y de éstas se pueden concretar los veinte millones de toneladas de barcos hundidos en el fondo del mar, los tres millones de edificios destruidos y las incontables obras de arte perdidas.

    Repercusiones humanas

    Han sido, sin duda, las mayores de la historia de la Humanidad, con pérdidas de vidas humanas originadas por tres motivos fundamentales: batallas en los escenarios bélicos, bombardeos a poblaciones civiles y represalias. También se puede mencionar un cuarto factor: las deportaciones masivas y las emigraciones voluntarias aunque forzadas por el miedo y la desconfianza sobre el futuro. El número de muertos en Europa ascendería a unos cuarenta millones de personas, de los cuales tan sólo unos quince pertenecerían al estamento militar. Ante semejantes estadísticas, llama la atención una clara conclusión: el elevado porcentaje de población civil afectada, considerándose esta repercusión en las personas no relacionadas directamente con la guerra como la característica más definitoria de la última conflagración respecto de todas las anteriores, a lo más, complementada por la cruda realidad de los exterminios en masa programados por la política nazi contra muy concretos sectores de la sociedad europea (judíos, gitanos y objetores al imperialismo hitleriano). El país más perjudicado fue la URSS con unos veinte millones de víctimas llegando a dos tercios los civiles afectados, ya que las muertes de militares se elevaron a siete millones. El segundo lugar en la masacre lo ocupa Polonia que, sin soportar operaciones militares permanentes, contabilizó unos seis millones de muertos. El tercer país fue Alemania con cuatro millones de bajas, pero de los cuales unos tres millones y medio fueron desaparecidos. Por último, Francia con seiscientos mil muertos e Inglaterra con medio millón. Y sin olvidar los seis millones de judíos exterminados en los campos de concentración. Otro gran punto y aparte, en lo referente a las repercusiones humanas, es el que se refiere a los desplazamientos y migraciones forzosas. Las principales motivaciones se deben a los corrimientos de fronteras como consecuencia de las firmas de los nuevos tratados bélicos entre vencedores y vencidos. Solamente los corrimientos de poblaciones ocasionados por las dos nuevas fronteras (“línea Curzon” ruso-polaca y la “línea Oder Neisse” polaco-alemana) ascienden a casi doce millones de personas: cuatro millones de polacos que se desplazan hacia el W y siete millones y medio de alemanes que abandonan los territorios históricos de la Prusia oriental. También tuvieron que dejar sus hogares dos millones y medio de alemanes residentes en Checoslovaquia y unos doscientos mil en Hungría. No obstante, llama la atención el destino cruel de la casi totalidad de los habitantes de las nacionalidades de Estonia, Letonia y Lituania; tuvieron que soportar, primero, a los nazis, y después, a los rusos que los internaron masivamente en la Rusia asiática siendo repoblados sus territorios por colonos “grandes-rusos”.

    Perturbaciones socio-económicas

    Una cuantificación de las mismas, es imposible. No obstante existen dos informes: el de la “Organización para el Alivio de las Zonas Reconquistadas a Alemania” (UNRRA) y el del “Plan Marshall”, que nos enumera una serie de destrucciones y deficiencias. Los bombarderos destruyeron ciudades enteras de modo sistemático (Dresde), contabilizándose tres millones de casas destruidas y otros tres de dañadas, excluyéndose en estas evaluaciones los edificios de la URSS ya que no participó en el Plan de ayuda norteamericana; los combates habían “despellejado la tierra” con minas, convirtiendo muchos campos de cultivo en zonas yermas, al menos por un tiempo, originando a su vez un déficit alimenticio que se aproximaba a lo terrorífico, con cien millones de europeos subalimentados y con unas calorías en los meses fríos de invierno inferiores a las mil quinientas; la red de comunicaciones había quedado prácticamente destruida, ya que era el blanco de los bombarderos, con puentes, puertos y ferrocarriles inservibles; estos destrozos en las comunicaciones había dejado herida de muerte la infraestructura de la producción, concretamente la industrial.

    Los cambios territoriales

    Casi todos los países de la mitad oriental pierden territorios a excepción de la URSS; Grecia y Yugoslavia también amplían sus territorios logrando algunas pequeñas reivindicaciones históricas sobre territorios “irredentos”. No obstante, la gran perdedora será Alemania y, en segundo lugar, Polonia.

    Ganadores:

    La URSS amplía su territorio de modo ostensible: Petsamo y Carelia de Finlandia; los estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania; la llamada “Línea Curzon” de Polonia; la Rutelia subcarpática de Checoslovaquia; la Bukovina de Hungría y la Besarabia de Rumania.

    Bulgaria adquiere la Dobrudja aunque no logra una salida al mar Egeo.

    Grecia anexiona la isla de Rhodas.

    Yugoslavia incorpora Istria, Zaya, Fiume y parte de Trieste a costa de Italia.

    Perdedores:

    Rumania pierde definitivamente Besarabia, conocida en tiempos de los zares como la “Besarabia rusa”, Dobrudja y Bukovina.

    Polonia experimenta un corrimiento de fronteras hasta la “Linea Curzon” ocasionando la perdida de una quinta parte de su territorio y un 30% de su población, aunque fue recompensada en parte con las tierras alemanas de la Prusia histórica (Pomerania, Alta Silesia y algo de Brandeburgo) y con la adquisición de una amplia fachada marítima.

    Alemania, con su capital y su territorio divididos en cuatro zonas de ocupación (rusa, norteamericana, inglesa y francesa). De esta ocupación cuatripartita se originará la división de las dos Alemanias y los dos Berlín.

    Las nuevas formas políticas

    Abandonan sus tronos por expulsión, abdicación o pérdidas de plebiscitos los reyes de Rumania (Miguel), de Bulgaria (Boris), de Yugoslavia (Pedro) y de Italia (Humberto), únicamente se consolida Jorge II de Grecia tras un referéndum a su favor y una guerra civil contra la guerrilla comunista. Se forman dos países neutralistas por los condicionamientos geográficos y como consecuencia de los Tratados de Paz y de Autodeterminación: Finlandia y Austria. Aparece una nueva realidad política, con gran influencia en la escena internacional: la Europa del Este, formada por ocho estados con recientes gobiernos comunistas bajo la dirección de la URSS, Alemania Oriental, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Albania y Yugoslavia.

    La Organización de Naciones Unidas

    Como sucedió al final de la Primera Guerra Mundial, también en esta ocasión se quiso crear una organización de alcance general que sirviera para garantizar la paz en el mundo. Así nació la ONU. Los tres grandes acordaron reunir la Conferencia de San Francisco el 25 de abril de 1945, en la que se aprobó la Carta de las Naciones Unidas, documento donde se fijan los objetivos, propósitos y fines de la organización: entre otros, el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, la cooperación internacional institucionalizada en cuestiones económicas y sociales, y el régimen jurídico del colonialismo, con la referencia al proceso de emancipación de los pueblos sometidos a partir de la autodeterminación. La Asamblea General es el núcleo fundamental de la organización. Es el supremo órgano deliberante de las Naciones Unidas y está integrada por representantes de todos los países miembros de la organización. El Consejo de Seguridad es el que tiene el poder decisorio, y lo forman cinco miembros permanentes (EEUU, URSS, Inglaterra, Francia y China), de un total de 15, que son elegidos por la Asamblea cada dos años en virtud de una distribución proporcional. Los cinco miembros permanentes tienen el derecho de veto ante cualquier resolución. Su actuación principal se centra en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. La Secretaria General se elige cada cinco años, como máxima representación diplomática de la Organización.

    La Guerra fría

    Si en la Conferencia de Yalta (febrero de 1945), había existido bastante armonía entre los tres aliados, ya en 1946, el ex-primer ministro británico Churchill dijo que la URSS había dejado caer, sobre su área de influencia, un “telón de acero” que dividía a Europa en dos bloques ideológica, económica y militarmente enfrentados. Se estaba abriendo el camino hacía la llamada “guerra fría”. Surge así un mundo bipolar, comunismo frente a capitalismo. El mundo va a caer en el maniqueísmo de buenos y malos. Fue el político norteamericano Baruch, en el discurso de Columbia (1947), el primero que utilizó tal denominación, aunque el escritor W. Lipman lo popularizó en su obra Cold Ward. Significa una época de relaciones internacionales cuya característica principal se centra en un “estado de tensión” continuado, no llegándose nunca a la confrontación abierta y directa.

    Los grandes conflictos de la Guerra Fría

    La “guerra caliente” de Corea (1950-1953)

    En junio de 1950 Corea del Norte, deseando unificar toda la península, invade Corea del Sur. Ese mismo día, a propuesta de los EEUU, el Consejo de Seguridad de la ONU condena la agresión norcoreana, dando luz verde a la intervención de un ejército multinacional (cascos azules de la ONU) del que el mando y la mayor parte de fuerzas eran estadounidenses. Para los EEUU, la invasión de Corea era otra clara muestra del expansionismo comunista, esta vez en Asia. Se inicia una cruenta guerra en la que la URSS presta su claro apoyo técnico-armamentístico a Corea del Norte y los EEUU apoyan indirectamente a Corea del Sur. El conflicto se agrava cuando la república popular China de Mao Tse-Tung decide intervenir. El temor a una nueva guerra mundial resurgió y el general jefe del ejército norteamericano, Mac Arthur, solicitó al presidente Truman permiso para usar bombas atómicas. El presidente cesó al general Mac Arthur. Los frentes se estabilizaron y la guerra continuó hasta 1953, en que se firmó la paz que dejaba las cosas en la situación inicial: quedaba el paralelo 38 de latitud norte como frontera entre ambos países.

    La agonía del Vietnam: treinta años de guerra (1945-1975)

    La colonia francesa de Indochina fue ocupada por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Al retirarse estos, tras la guerra, el norte de Vietnam conoce el triunfo de un movimiento nacional independentista y su líder Ho Chi Minh, de ideología comunista, proclamó la República Democrática de Vietnam. Francia va a intentar recuperar el control de su antigua colonia por la fuerza de las armas, pero será derrotada en la batalla de Dien- Bien - Fu (mayo de 1954), donde capitularon más de 10.000 soldados franceses. Por los acuerdos de Ginebra, se declaró el fin de la guerra y Francia aceptaba retirarse totalmente de Indochina. Nacían como estados neutrales e independientes Laos y Camboya. Vietnam quedaba dividida por el paralelo 17: al norte surge la República Democrática (comunista) y al sur un Estado prooccidental con capital en Saigón. Francia se desentendió de Vietnam, por lo que ante el anuncio de Ho Chi Minh de enviar sus tropas para conquistar el sur, los EEUU asumieron la tutela militar del régimen survietnamita. En 1960 nace en el sur el Vietcong (frente de liberación del sur), movimiento guerrillero de ideología comunista que en combinación con el Vietnam del Norte va a tratar de derribar al régimen sudvietnamita al que los EEUU apoyan con abundantes pertrechos militares y tropas. Se inicia así una larga guerra, en la que la crueldad y el salvajismo hacen de esta contienda una de las más duras de la Historia contemporánea. Durante el mandato del presidente Johnson, los EEUU llegan a tener en la región más de quinientos mil soldados. China comunista y especialmente la URSS enviaran material y asesores militares. La paz se firma en 1973 (Tratado de París): los EEUU abandonan a su suerte al gobierno de Saigón que no tarda en caer. Todo el país fue unificado y se instalo un régimen comunista prosoviético.

    La URSS en Afganistán y el fin de la “guerra fría” (1979-1988)

    En su vecina Afganistán, con la ayuda soviética, se había instalado un régimen procomunista que encontraba en sus reformas económicas y sociales una creciente oposición de parte de la población musulmana. La URSS ocupó militarmente el país en diciembre de 1979. A los pocos meses de la invasión, más de la mitad del ejército afgano se pasó a la guerrilla, que fue ayudada por los presidentes estadounidenses Cárter y Reagan. En 1988 el líder soviético Gorbachov ordenó la retirada del ejército soviético tras enormes pérdidas. Al año siguiente, G. Bush y M. Gorbachov, en una reunión celebrada en Malta, proclamaban oficialmente el fin de la “guerra fría”.

    EVOLUCION DE LAS ECONOMIAS CAPITALISTAS Y SOCIALISTAS DESPUES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. LA CRISIS DE LA ECONOMIA MUNDIAL. LOS NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES

    EL DESARROLLO DE LA ECONOMÍA CAPITALISTA

    El nuevo orden económico internacional y el predominio del dólar norteamericano

    Durante el mes de julio de 1944 - cuando los aliados ya se consideraban vencedores de la guerra -, convocaron una conferencia internacional en Bretton Woods, a la que acudieron representantes de 45 países, para sentar las bases de un nuevo orden económico internacional que permitiera a los países recuperarse de la larga y devastadora contienda.

    El plan de EEUU, que prevaleció, preveía la creación de un fondo monetario internacional regulador del comercio y de los pagos entre los distintos países, al cual se aportarían unas cuotas que constituirían un fondo.

    Estos acuerdos entraron en vigor al terminar la guerra y, teóricamente, facilitarían las transacciones económicas internacionales, la financiación y corrección de déficits en las balanzas de pagos de los países, agilizarían las transferencias de capital y favorecerían el comercio internacional. Los pagos internacionales se abrevarían mediante un sistema de créditos que concederían dos organismos con gran importancia en el futuro desarrollo de la economía capitalista:

    - El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento o Banco Mundial, que es tanto el administrador y gestor del Fondo Monetario Internacional como también el encargado de conceder créditos a los países solicitantes.

    - El Fondo Monetario Internacional, que tendría las siguientes funciones: estabilizar el valor de las monedas, impedir caóticas devaluaciones competitivas (como las efectuadas tras la crisis de 1929) e incrementar las inversiones de los países ricos hacia los países pobres. Como complemento a las medidas anteriores, en 1947, surgió el GATT (Acuerdo sobre Tarifas Aduaneras y Comercio), que tendría como misión eliminar las barreras en el comercio internacional. A estas medidas vino a sumarse, a partir de 1948, el Plan Marshall, que abrió la vía a la construcción de la Europa Económica, así como a la penetración masiva del capital y empresas multinacionales de EEUU en los países de la Europa capitalista.

    La expansión económica hasta 1973

    A partir de 1945 se produce la tendencia internacional de que la capacidad de decisión en sectores claves quede en manos del Estado, debido a la gran influencia de las teorías keinesianas. En consecuencia, el Estado se convierte en árbitro de la economía, realizándose importantes nacionalizaciones en sectores básicos (bancos, empresas eléctricas, petrolíferas, de comunicaciones, mineras), a la vez que éste aseguraba una seguridad social plena (seguros de enfermedad, subsidios de desempleo). El Estado se convierte en el principal inversor, siendo precisa una fuerte presión fiscal (subida de impuestos) sobre el contribuyente. Nacen por estos años organismos económicos, políticos y militares internacionales como la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), la OECE (Organización Europea de Cooperación Económica), el Consejo de Europa, la CEE y la OTAN.

    Entre los años 1945 y 1973 el mundo capitalista conoce una excepcional prosperidad, con los siguientes rasgos:

    • El crecimiento ha durado 30 años y ha marcado enormes diferencias con los hoy llamados países subdesarrollados.

    • El progreso técnico ha permitido una insospechada e incesante elevación de la productividad. El apogeo y abaratamiento de los productos industriales, ha permitido que se hayan extendido en casi todas las capas de la sociedad los bienes de consumo duraderos (electrodomésticos, automóviles, etc.). Además, aparecen nuevos sectores con grandes perspectivas de futuro: electrónica, informática y las industrias aerospaciales.

    • Gran florecimiento del comercio internacional que hace que los países dependan más unos de otros; es lo contrario de lo que ocurrió con el proteccionismo de los años treinta.

    • El crecimiento económico aseguró el pleno empleo e incluso se necesitaron trabajadores extranjeros. El desarrollo económico permitió un rápido aumento de salarios y rentas. Los países occidentales alcanzaron la denominada “sociedad de la abundancia”.

    LA CRISIS ECONÓMICA INTERNACIONAL DE 1973 Y LOS INTENTOS DE SOLUCIÓN

    El gran crecimiento económico de los años sesenta fue cortado, a partir de 1973, por una grave crisis económica, cuyas consecuencias aún perduran en nuestros días. La situación del sistema económico mundial de los años 50 y 60 se caracterizó por contar con una energía barata, mantener un sistema monetario internacional muy estable con el dólar de EEUU como base, disponer de una mano de obra abundante, el desprecio a los factores ecológicos lo que abarataba los costes industriales al no invertir en evitar la contaminación y finalmente el deseo de demostrar, frente al comunismo, la eficacia del sistema capitalista. Tras la crisis de 1973 ya nada es igual: la energía es escasa y cara, el sistema monetario es inestable, el paro es alto y hay, afortunadamente, una clara conciencia de la defensa de la Naturaleza.

    La recesión económica se debió a una combinación de causas:

  • Los problemas del sistema monetario internacional. Tradicionalmente la balanza de pagos de los EEUU registraba un déficit crónico y el Estado lo taponaba emitiendo un exceso de papel moneda. Se calcula que, en 1971, existían unos 60.000 mill de dólares circulando en el mercado mundial y sólo disponía de unas reversas de oro de 10.000 mill de dólares. El desfase era considerable. La inflación era la consecuencia lógica y los precios mundiales de ciertos productos se dispararon. El presidente Nixon tuvo que decretar la no convertibilidad de la moneda norteamericana en oro, y, a partir de entonces, se vino abajo el sistema monetario internacional surgido en 1944. Se abandonó, pues, el patrón oro, con la consiguiente depreciación del dólar y la desestabilización del sistema monetario internacional.

  • El aumento de la inflación, motivada por los altos niveles alcanzados por los precios. Ha sido una de las constantes de la crisis. Si inicialmente pudo ser impulsada por los problemas monetarios, a partir de 1973, incidió en este fenómeno la elevación de todos los productos industriales, al dispararse el precio del barril del petróleo.

  • Elevación de los precios del petróleo, sobre todo a partir de la cuarta guerra árabe-israelí. El 17 de octubre de 1973, los ministros de la OPEP anuncian que cada mes reducirán un 5% su producción, hasta que los israelitas se retiren de los territorios árabes ocupados en la “Guerra de los Seis Días” de 1967. Se esperaba que los países occidentales, necesitados de petróleo, presionasen a Israel y le obligasen a retirarse. No fue así y el precio del petróleo se elevó vertiginosamente pasando de los 3 a los 5 dólares y dos meses después a 10 dólares el barril, alcanzando su mayor precio en 1982 (34 dólares), fecha a partir de la cual comenzó a descender, llegando en 1996 a unos 24 dólares-barril.

  • Las economías occidentales dependiendo en grado sumo del uso del petróleo o derivados ( gas, queroseno, aceites lubricantes, asfaltos, plásticos, pinturas y esmaltes, herbicidas, fertilizantes, disolventes, nylón y otros tejidos sintéticos, insecticidas, caucho, detergentes, etc.), se vieron afectadas por esta espectacular subida. El incremento del precio del petróleo repercutió automáticamente sobre el precio de los productos industriales y los servicios: al aumentar los costes de los productos, la demanda se hizo menor. La producción tuvo que hacerse más pequeña, con la consiguiente reducción de plantilla y cierre de empresas. El paro, inexistente antes, afectaba en 1989 a unos 32 millones de trabajadores en los países capitalistas.

    Los intentos de solución han sido varios y no siempre han terminado con éxito, dependiendo de cada país. Se ha intentado, sobre todo, frenar la inflación, lo que se ha conseguido parcialmente. Se ha conseguido equilibrar relativamente la balanza de pagos (pese a la enorme factura del petróleo) con medidas que favoreciesen la exportación. Los Estados han realizado grandes inversiones públicas encaminadas fundamentalmente a paliar el paro mediante contratas temporales de abundante mano de obra. También se ha tratado de disminuir el gasto público y que los particulares ahorren e inviertan en bolsa, fondos de pensiones, deuda pública u obligaciones del Estado, para así crear empresas nuevas y empleos en ellas.

    LA ECONOMÍA DEL MUNDO COMUNISTA

    'Historia mundial'
    La URSS: de “El Capital” al capitalismo

    Desde la época de Stalin al inicio de la “perestroika” con Gorbachov, en la URSS parecen perdurar los mismos objetivos políticos y económicos: una economía centralizada y planificada, colectivización de los medios y bienes de producción y existencia de un partido único (el PCUS) que monopoliza todos los resortes del poder. Sin embargo podemos distinguir varias etapas:

    La URSS en la postguerra: fin de la época de Stalin (1945-1953). Fue promovida una difícil tarea de reconstrucción por los destrozos sufridos durante la guerra. Los alimentos fueron racionados durante los dos primeros años; las cooperativas de producción (koljoses) tuvieron que realizar entregas obligatorias de cereales y otras cargas para financiar la reconstrucción de la deshecha industria, prevista en los 4º y 5º Planes Quinquenales que desde Moscú y para todo el país planificaba un organismo denominado Gosplan. El bajo nivel de vida fue constante y los sacrificios de gran parte de la población incontables: particularmente penosos fueron los desplazamientos obligatorios de población hacia las regiones de nueva industrialización en Siberia Occidental (Kuzbass).

    La época de Kruschev (1953-1964). Se realizaron cuantiosas reformas económicas durante el 6º Plan Quinquenal y el 7º (septenal). A la desestalinización que, en esencia, constituyó el fin del régimen personal, siguieron los intentos de descentralizar la economía del agobiante control de Moscú, para hacerla más ágil. Globalmente, sus objetivos económicos querían conseguir una elevación del nivel de vida de los ciudadanos similar a la observada en el mundo occidental. El proyecto económico pretendía equilibrar el desarrollo industrial pesado con el agrícola, emprendiendo a su vez un ambicioso programa de investigación nuclear y aerospacial. En el sector agrícola, los koljoses fueron dotados de mayor autonomía. En el sector industrial se propulsó la industria de bienes de uso y consumo, tendente a mejorar el bajo nivel de vida del ciudadano soviético. El salario aumentó y se redujo el horario laboral.

    La época Breznev (1964-1982). Intentó reorganizar la economía y sociedades soviéticas son fórmulas que permiten hablar de un neoestalinismo. La planificación económica centralizada desde Moscú se fortaleció restaurando el Gosplan. Se inició el 8º Plan Quinquenal. La crisis de 1973 agudizó los problemas de la URSS. La industria disminuyó su capacidad productiva. El país cayó en un grave anquilosamiento económico, derivado de una fuerte burocratización y corrupción de los cargos públicos. En el país del socialismo real por excelencia, había surgido un mercado negro enorme. El absentismo laboral era el más alto del mundo y la ineficacia por falta de estímulo, hacía que los rendimientos agrarios e industriales fuesen muy bajos y los productos manufacturados de muy baja calidad.

    Gorbachov y sus ideas prerrevolucionarias: Glasnost y perestroika. Tras la muerte de Breznev en 1982 se manifestó que el partido comunista tenía dos tendencias: una reformista que inicia Yuri Andropov (1982-1984) y otra continuista, representada por Constantin Chernenko (1984-1985). En 1985 es elegido Secretario general del PCUS el reformista Mijail Gorbachov, quien desde el principio critica las planificaciones económicas desde y sólo para beneficio del Estado, la rigidez antidemocrática, las instituciones y su falta de transparencia. Por ello, su política se basará en el glasnost o transparencia informativa de todos los actos políticos y la perestroika, que consiste en la reestructuración o conjunto de reformas del viejo sistema soviético para salir del estancamiento político, social, económico, cultural y tecnológico que padece la URSS. El 12º y último Plan Quinquenal (1986-1991) tenía como objetivos, la existencia de servicios privados (talleres, restaurantes o taxis), la legalización de una parte de la economía sumergida, el desarrollo de cooperativas familiares, permitir que los koljoses comercializaran directamente su producción…El golpe de estado de agosto de 1991 estuvo a punto de costar una guerra civil. La firmeza de Yelsin ante los golpistas le convierte en sucesor de Gorbachov.

    LOS NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES

    Los movimientos sociales comienzan siendo una forma de expresión que tiene un grupo minoritario de personas que se manifiestan en contra de algunas ideas institucionalizadas, sus valores, leyes o formas de gobierno establecidas en la sociedad donde viven, y luchan por ideales que requieren cambios sociales importantes. Cuando estos movimientos sociales crecen y cuentan con un apoyo importante de la sociedad tienen muchas posibilidades de lograr sus objetivos, es decir, conseguir cambios sociales mediante la acción colectiva frente al gobierno o las instituciones. Siempre han existido este tipo de movimientos, pero ha sido en los siglos XIX y X cuando han logrado ser protagonistas en la Historia (los clubs burgueses en la revolución francesa dieron lugar a los partidos políticos, los sindicatos y partidos obreros, los fascistas de los años treinta del siglo XX…). Desde la década de 1960 existen nuevos movimientos sociales que demandan iguales libertades y derechos para los grupos a los que representan: mujeres en el movimiento feminista, colectivos gays y lesbianas o de minorías (asociaciones pro derechos de los refugiados políticos, judíos, negros o gitanos). Existen también movimientos que defienden la naturaleza (ecologismo) y la solidaridad o fraternidad entre los pueblos (plataformas en favor del 0,7 %, los movimientos pacifistas y los objetores de conciencia).

    En los últimos años del siglo XX, junto a los movimientos anteriores existen otros que piden todo lo contrario: cabezas rapadas o neonazis en Europa, racistas herederos del Ku Klux Klan en EEUU o grupos antijudíos en Rusia. Tanto los movimientos progresistas como los retrógrados, están respectivamente a favor o en contra de los tres principios básicos de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad, lo que demuestra que estos tres objetivos o ideales aún no se han logrado en su totalidad.

    CARACTERISTICAS

  • La primera característica de estos movimientos es que sus protagonistas son siempre jóvenes.

  • La segunda es su oposición a la forma de gobierno y a las leyes discriminatorias.

  • En tercer lugar existe un intento de transformar la mentalidad colectiva y defender nuevos valores.

  • ¿QUÉ ES UN MOVIMIENTO SOCIAL?

    Durante las últimas décadas se ha venido utilizando en las Ciencias Sociales el concepto de movimiento social, al haberse producido una proliferación de movimientos de protesta en los países más desarrollados cuya articulación no correspondía con las organizaciones tradicionales de partidos y sindicatos. El movimiento social se presenta como una novedad, un fenómeno de cohesión colectiva alrededor de determinados objetivos que se expresaban mediante acciones reivindicativas de masas. A tal carácter respondía el movimiento de protesta estudiantil típico de los años 60 y 70, el movimiento de los derechos civiles de los negros, el movimiento feminista, y los movimientos ecologistas y pacifistas de los años 70 y 80. Tales movimientos sociales no excluían la participación de organizaciones más especificas, e incluso de partidos y sindicatos, pero no se vertebraban ni a partir de ellos, ni alrededor suyo. El punto de partida era la existencia de un malestar social, de una serie de aspiraciones colectivas, de unos objetivos más o menos comunes, y la presencia de un núcleo activo dispuesto a impulsar y liderar la acción de masas. Lo importante es que el movimiento social rehuye la institucionalización, la organización disciplinada, el liderazgo establecido, en él hay más de reacción espontánea, de protesta de mas, de conmoción repentina, que de control o de planificación. Los movimientos sociables son por ello poderosos y efímeros al mismo tiempo, tras ellos, cuando pasa la erupción de protestas y acciones, suele quedar una resaca de pequeños grupúsculos, organismos, asociaciones que intentan dar continuidad o concretar los loros del movimiento. Un caso típico es el de las feministas, con importantes logros sociales, o el de los grupos ecologistas que llegan a convertirse en partidos políticos, pero lo esencial es la pasividad e informalidad del movimiento social.

    LA DESCOLONIZACIÓN: LOS MOVIMIENTOS DE LIBERACIÓN NACIONAL

    'Historia mundial'

    LOS FACTORES DE LA DESCOLONIZACION

    Llama la atención la brevedad de los imperios coloniales contemporáneos y la rapidez con que se desarrolló el fenómeno de la descolonización. La mayoría de los grandes imperios coloniales se formaron en el siglo XIX y estuvieron en expansión hasta 1914: cincuenta años después había terminado el proceso descolonizador.

    La independencia de los EEUU y de Iberoamérica se realizaron entre fines del siglo XVIII y principios del XIX. Fueron posteriormente ejemplos a imitar por los pueblos asiáticos y africanos. Salvo escasas excepciones (Irak y Egipto), será después de la Segunda Guerra Mundial cuando se produce la avalancha descolonizadora que, en cuestión de 20 años (1945-1956) acaba con los imperios coloniales. El fenómeno se inició en la India, para extenderse por el Sur-Sudeste asiático y por la mayor parte de los territorios árabes. De aquí pasará finalmente al Africa Negra, que en la mayor parte de los casos se descoloniza en los 60.

    Los factores que concurrieron en la importancia y rapidez del fenómeno fueron:

    Aparición y desarrollo de movimientos nacionalistas en los que se consolida una mentalidad emancipadora.

    Perdida de la hegemonía europea tras las dos guerras mundiales. Los EEUU y la URSS se manifiestan a favor de la descolonización y van a apoyar, durante la guerra fría, a los países que buscan la independencia, queriendo con ello ganarse su aprecio en el futuro y el alineamiento en su bloque.

    Internacionalización del proceso descolonizador. El fenómeno se extiende como la pólvora y los nuevos países van a recibir el apoyo de organismos internacionales como la Sociedad de Naciones y la ONU.

    EVOLUCIÓN DE LOS PAISES SUBDESARROLLADOS. DE LA NO ALINEACIÓN A LA CONFRONTACIÓN NORTE - SUR

    En 1955, veintinueve Estados, recientemente descolonizados, se reunieron en la Conferencia de Bandung (Indonesia) por iniciativa de Nehru, el egipcio Nasser y el yugoslavo Tito con el propósito de analizar sus problemas políticos, económicos y culturales. El movimiento de países no alineados nace como consecuencia de la formulación política de Bandung. Desde su primera reunión en Belgrado (1961) sus declaraciones fundamentales tratan sobre la paz mundial, la independencia, el desarrollo, la cooperación y la democratización de las relaciones internacionales. Sin embargo el neutralismo estricto, defendido por Tito, distó mucho de ser una realidad.

    Tras la caída de la URSS y la aproximación Este-Oeste, el mundo actual (tal como lo planteó el informe del canciller alemán Wily Brandt) está polarizado entre un Norte desarrollado y un Sur en vías del desarrollo o subdesarrollado. Se hace necesario más que nunca un entendimiento entre el Norte y el Sur, el cual depende totalmente del Norte rico y sin el cual no puede desarrollarse.

    EL PROBLEMA DEL SUBDESARROLLO

    El termino Tercer Mundo (creado en 1956 por Alfred Sauvy en la Universidad de París) ha perdido su significado original como un bloque de países no alineados, en su mayor parte antiguas colonias de los países europeos, que se encontraban en un Tercer grupo frente a los dos primeros. Sin embargo, en la actualidad, el segundo mundo ha quedado reducido a una serie de países aislados (China, Cuba, Vietnam…) que ya no forman un bloque enfrentado al primer mundo sino que, por el contrario, tratan de integrarse en el sistema democrático-capitalista occidental.

    Se prevé que en el año 2010 un 80% de la población mundial vivirá en pésimas condiciones en los países pobres, debido a lo que le economista Ragnar Nurkse ha llamado el circulo vicioso de la pobreza.

    LA ESPAÑA DEL SIGLO XX

    LA SEGUNDA REPÚBLICA

    La Segunda República española nació en una época de profunda crisis internacional. Por un lado, llegaban las repercusiones de la crisis económica mundial que se había originado en 1929 en EEUU: la crisis industrial se acentuaba y aumentaba el paro. La radicalización de las masas desempleadas del proletariado rural y urbano fue en aumento. Políticamente, la Europa democrática se vio sacudida por el vendaval devastador del fascismo en Italia y el nazismo en Alemania, así como por la propagación del comunismo soviético fascismo y distintas tendencias obreristas van a tener en España buena acogida y múltiples seguidores, que se van a enfrentar violentamente alterando el orden público, creando una creciente inseguridad ciudadana y haciendo que el frágil barco de la república democrática, acosado y torpedeado por la derecha y por la izquierda, no tardase en hundirse por la Guerra Civil.

    La España de 1931 era un país mayoritariamente rural (45,5 % sector primario, 25,5 % sector secundario y 17,6 % sector terciario) y poco poblado (23. 563.867 habitantes, con una densidad de 46,7 habitantes por kilómetro cuadrado) en comparación con otros estados de la Europa occidental.

    EL BIENIO REFORMISTA

    Las elecciones municipales del 12 de abril dieron un claro vuelco a la situación política del país. El resultado electoral fue desigual: aunque el número de concejales monárquicos superó globalmente al de republicanos, en las grandes ciudades los monárquicos habían sufrido una gran derrota (en Madrid los republicanos tuvieron el triple de votos y en Barcelona, el cuádruple).

    Tras conocerse el resultado del escrutinio, el día 14 por la mañana, en la localidad de Eibar se proclamó la república y, a lo largo del día, también en otras ciudades españolas (valencia, Sevilla, Oviedo, Zaragoza, Barcelona...), mientras la población salía a la calle para celebrar el advenimiento del nuevo régimen. Ante la nueva situación, Alfonso XIII suspendió la potestad real y decidió abandonar el país.

    Siguiendo lo acordado en el Pacto de San Sebastián, el Gobierno provisional convocó elecciones a Cortes constituyentes para el día 28 de junio. Una serie de decretos ministeriales pusieron en marcha un proyecto de reforma agraria, la reforma del ejercito y el inicio de negociaciones con catalanes y vascos para pactar una solución autonómica.

    La nueva república tuvo que enfrentarse pronto a una serie de conflictos sociales, a la creciente animadversión de empresarios y propietarios agrícolas y a la oposición de parte de la jerarquía católica (el cardenal segura, primado de España, se opuso abiertamente al régimen). A su vez, resurgió el viejo anticlericalismo popular y entre los días 11 y 12 de mayo fueron incendiados algunos conventos y edificios religiosos en varias ciudades españolas.

    Las elecciones del 28 de junio dieron la mayoría a la coalición republicano-socialista y supusieron una aplastante victoria de las fuerzas de izquierda, mientras la derecha obtuvo una representación en las Cortes bastante menor a su fuerza real en la sociedad.

    Las Cortes nombraron una Comisión constitucional encargada de elaborar un proyecto de constitución, que fue aprobado en diciembre de 1931, después de tres meses de intenso debate. La Constitución de 1931 establecía los siguientes principios:

    • El Estado se configuraba de forma “integral”, pero se aceptaba la posibilidad de constituir gobiernos autónomos en algunas regiones.

    • El poder legislativo residía plenamente en las Cortes, constituidas por una sola cámara, y cuyas atribuciones estaban por encima de las demás instituciones. El poder ejecutivo recaía en el Consejo de Ministros y en el presidente de la República.

    • Se preveía la posibilidad de expropiación forzosa de cualquier tipo de propiedades por causa de utilidad social, mediante indemnización.

    • Presentaba una amplia declaración de derechos y libertades. Establecía el voto desde los 23 años y por primera vez se concedía el voto a las mujeres. Se declaraba la separación de la Iglesia y el estado, se reconocía el matrimonio civil y el divorcio. También se expresaba la igualdad de todos los ciudadanos ante el derecho a la educación y al trabajo.

    Política religiosa

    Entre las medidas legales que la república adoptó hacia la Iglesia, derivadas del nuevo marco en el que la Constitución establecía las relaciones de Iglesia y Estado, destacan las siguientes:

  • La extinción del “presupuesto de clero y culto” en el plazo de dos años. La separación entre Iglesia y Estado, establecida por la Constitución, implicaba acabar con el mantenimiento económico del clero por parte del estado, para lo cual se había destinado hasta entonces el denominado “presupuesto del clero y culto”.

  • La disolución de la Compañía de Jesús y la confiscación de sus bienes inmuebles.

  • La prohibición a las ordenes religiosas de ejercer la enseñanza.

  • El reconocimiento del matrimonio civil y el divorcio.

  • Estas medidas se interpretaron por amplios sectores del clero como una provocación.

    Política educativa y cultural

    El objetivo final era acabar con la hegemonía de la Iglesia en la enseñanza y establecer una educación primaria gratuita, laica y obligatoria.

    Las realizaciones quedaron por debajo de las previsiones. No obstante, se crearon más de 10.000 escuelas y se incorporó a 7000 nuevos docentes, a los que además se les aumento el sueldo.

    Otro objetivo, en concordancia con el carácter laico del Estado, fue establecer en la escuela la libertad religiosa, tanto para el profesorado como para el alumnado.

    Política autonómica: el Estatuto de Catalunya

    Reconocidas las autónomas por parte de la Constitución, sólo se formalizó durante este bienio el Estatuto de Catalunya.

    De acuerdo con el compromiso adquirido por el gobierno provisional con Francesc Macià para que acabara con la República catalana proclamada el mismo día que la República española, se encomendó la elaboración del proyecto de Estatuto a los propios catalanes, bajo la iniciativa de Ezquerra Republicana de Catalunya.

    En las primeras elecciones triunfó el partido Ezquerra republicana, que alzó a Macià a la presidencia de la Generalitat y a Companys a la del Parlamento.

    En cuanto al País vasco, el Partido Nacionalista Vasco y los carlistas elaboraron un proyecto de estatuto tan tradicionalista y poco democrático que fue abiertamente rechazado por la mayoría parlamentaria de izquierdas. Distintas circunstancias impidieron un nuevo proyecto, por lo que el País Vasco no tendría Estatuto de autonomía hasta los comienzos de la guerra civil.

    La reforma del ejercito

    El Ejército planteaba a la República uno de los problemas más delicados, ya que su apoyo al nuevo régimen era esencial para su supervivencia, y entre sus mandos había demasiadas lealtades a la derrocada monarquía. Por tanto, la reforma del Ejército se convirtió en un asunto prioritario, de cuyo cometido se encargó una de las figuras más brillantes de la segunda república, Manuel Azaña, que asumió el Ministerio de la Guerra en el gobierno provisional y lo mantuvo, junto con la presidencia, en el primer gobierno constitucional.

    Los objetivos que Azaña se proponía alcanzar eran ante todo dos: ganarse la confianza del Ejército para la República y aumentar su eficacia.

    Con esa orientación, ya en los primeros días de la República se adoptó una serie de medidas:

  • Se colocó al frente de las principales capitanías generales a militares de confianza política.

  • Se publicó un decreto que permitía a todos los oficiales pasarse de forma voluntaria a la reserva sin disminución de sueldo, a lo que se acogieron más de siete mil. Se pretendía con esta medida alejar de las armas a un número importante de militares monárquicos y, al mismo tiempo, disminuir el excesivo número de oficiales que tenía el ejercito español.

  • Como nueva creación republicana destaca la de la Guardia de Asalto, cuerpo adicto a la república y encargado del orden público; así, el Ejercito deja de desempeñar esta función.

    En general, la reforma de Azaña no consiguió ganarse la simpatía de los oficiales.

    La reforma agraria

    El gobierno provisional ya había adoptado algunas medidas urgentes como prohibir a los propietarios de tierras arrendadas que expulsaran de ellas a los campesinos, extender también a los campesinos a jornada de ocho horas que ya disfrutaban los obreros industriales u obligar a contratar a los jornaleros del término municipal al que pertenecían.

    La ley de Reforma Agraria se aprobó en septiembre de 1932 y sin resultar un fracaso absoluto, sí supuso una considerable frustración para los campesinos que depositaron en ella la esperanza de un futuro mejor. Las razones principales de este fracaso relativo fueron:

  • Se tardó demasiado en elaborar y aprobar la ley de Reforma Agraria, casi año y medio después de la proclamación de la República.

  • Para su aplicación se creó el Instituto de Reforma Agraria (IRA), que debía confeccionar previamente un inventario de las tierras expropiables, lo que emprendió de forma lenta y burocrática.

  • Las expropiaciones requerían una indemnización a los propietarios, lo que retrasaba el procedimiento al condicionarlo a la limitada capacidad de pago del Estado.

  • En consecuencia, los resultados fueron escasos e insatisfactorios: a finales de 1933 las tierras expropiadas y repartidas eran muy pocas, lo que decepcionó profundamente las aspiraciones populares, sin evitar los recelos de los terratenientes. Los campesinos, impulsados por el movimiento anarquista, recurrieron en muchos casos a la habitual práctica de ocupar de manera ilegal las tierras, al margen del calendario de la reforma.

    Fuerzas políticas y sociales de la oposición

    Una de las claves para entender las dificultades con que se encontró la coalición republicano-socialista, en sus intentos de reformar profundamente las estructuras de la sociedad española, fue la resistencia (cuando no abierta oposición) de poderosas fuerzas políticas y sociales. Tato la oposición conservadora (la derecha, la Iglesia y un sector del Ejército) como la radicalización popular (los anarquistas principalmente, a veces secundados también por los comunistas) contribuyeron desde distintos ámbitos a obstaculizar de manera sistemática la labor del gobierno.

    En el marco de las agitaciones anarquistas que se produjeron en los distintos puntos de España en enero de 1933, uno de los acontecimientos que más resonancia alcanzó entre la opinión pública fue el ocurrido en la localidad gaditana de Casas Viejas. De todas las conspiraciones militares, la que llegó más lejos fue la sublevación del monárquico general Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, que se sublevó en Sevilla en el verano de 1932. Fracasado el golpe, fue condenado a muerte, aunque, en un gesto de benevolencia se le conmuto la pena.

    EL BIENIO DE CENTRO-DERECHA

    Ante la imposibilidad de formar un nuevo gobierno estable con la confianza parlamentaria suficiente, el presidente de la República disolvió las Cortes y concretó la fecha para una nueva consulta electoral.

    En estas elecciones, los anarquistas propusieron la abstención, los socialistas se presentaron por separado de los republicanos de izquierda, y las derechas se garuaron en torno al Partido Radical y a la recién creada CEDA. Pero la gran novedad era que las mujeres votaban por primera vez.

    Los resultados demostraron el vuelco político que se había producido respecto a las elecciones de 1931: ¿aplastante victoria de la derecha o duro castigo al anterior gobierno de izquierdas? Es arriesgado interpretar de forma demasiado simple la voluntad de un pueblo. Pero lo cierto es que en los resultados influyeron tanto la abstención de los anarquistas y el desencanto de ciertos sectores populares (que restaron votos a la izquierda), como la agrupación de la derecha (que evitó la dispersión de sus votos).

    El partido que obtuvo más escaños fue la CEDA de Gil Robles (115), seguida de cerca por el Partido Radial de Lerroux (102). En la izquierda, el PSOE seguía siendo el partido con más escaños, pero reducidos a la mitad (116 escaños en la legislatura anterior, a 58 en ésta).

    Representó una etapa en la que se intentó llevar a cabo una política restauradora, o más bien reparadora de los excesos del bienio anterior, lo que provocó la radicalización de posiciones de la izquierda popular:

  • Se aprobó una ley de Amnistía, que beneficiaba a todos los implicados en la sublevación contra la República encabezada por el general Sanjurjo en 1932.

  • Se emprendió lo que a veces se ha denominado la contrarreforma agraria; es decir, medidas para limitarla la aplicación de la reforma agraria, o en algunos aspectos para restablecer la situación anterior a la misma.

  • El último proyecto de importancia fue el intento de reforma constitucional (1935), que pretendía modificar aquellas cuestiones que más rechazo habían provocado en las capas más conservadoras de la sociedad, en especial las referidas a temas como la religión, la enseñanza, el matrimonio civil, las autonomías y la propiedad privada.

  • La formación, el 4 de octubre de 134, de un nuevo gobierno más reaccionario aún que los anteriores, ya que se incorporaban a él por primera vez tres ministros de la CEDA. La UGT convocó la huelga general para el día siguiente, el 5 de octubre. La sublevación fue un fracaso en la mayor parte del país, porque el ejército sofocó con facilidad los focos huelguistas. Sólo adquirió importancia en Madrid, Vizcaya, Barcelona y Asturias. Pero en las tres primeras tuvo una corta duración. En Barcelona, además, se proclamó, el día 6 de octubre, el Estat cátala dentro de la República Federal Española, que no pervivió ni un solo día porque el ejército dominó la situación y suspendió al gobierno autonómico, acusado de rebeldía. El único lugar en que triunfó de verdad la insurrección fue en Asturias, donde se había firmado un pacto de alianza regional (la Alianza Obrera) entre socialistas, anarquistas y comunistas, con el objetivo de socializar los medios de producción en un movimiento revolucionario conjunto. Los obreros consiguieron ocupar por las armas toda Asturias y proclamaron la Revolución Socialista de los Consejos Obreros. El gobierno envió para su represión ropas de Marruecos, al mando del general Franco, y el 18 de octubre la rebelión había sido definitivamente sofocada, con n saldo de varios miles de muertos. A partir de entonces, se produjo un giro aún más conservador en la política gubernamental. La represión se caracterizó por su dureza y por su arbitrariedad. Se realizaron cerca de 30.000 detenciones y fueron numerosas las condenas a muerte, pero a final se indultó a los máximos responsables, mientras que se ejecutó a dirigentes secundarios. En cuanto a la autonomía de Catalunya, quedó suspendida temporalmente. La revolución de octubre impulsó también un proceso de radicalización política, tanto de la izquierda como de la derecha, que originó una autentica polarización en las posiciones de unos otros.

    A finales de 1935 se inició una profunda crisis política en el gobierno, cuya única salida fue la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones. Una de las razones principales fue el hundimiento del Partido Radical de Lerroux, como consecuencia de grandes escándalos.

    EL FRENTE POPULAR

    Con la experiencia del bienio conservador, la izquierda comprendió la necesidad de unir sus fuerzas contra la reacción de derechas, y de conseguir una amnistía que acara de la cárcel a los dirigentes populares detenidos tras la revolución asturiana. De esta manera, se configuró el Frente Popular, que agrupaba a toda la izquierda: desde los republicanos de Azaña hasta los comunistas, con el apoyo incluso de los anarquistas. La derecha también se presentó unida en numerosas circunscripciones, aunque la CEDA confiaba en ganar de nuevo las elecciones con una campaña centrada en el temor a la revolución.

    La participación electoral fue la más alta de todas (72%) y, aunque los votos sumados de la derecha y del centro superaban ligeramente a los del Frente Popular, el reparto de escaños, en cambio, benefició de forma notable a la izquierda, ya que triunfó en más circunscripciones, y en todas las ciudades de más de 150.00 habitantes. De hecho, el Frente Popular obtuvo la mayoría absoluta con el 59 % de los escaños. Sin embargo, el primer gobierno formado estuvo compuesto exclusivamente por republicanos (de Izquierda Republicana y de Unión Republicana), sin la participación de los socialistas (el grupo con más escaños), ni de comunistas.

    El 19 de febrero se constituía el primer gobierno y cuatro días después e decretaba, según lo pactado entre las fuerzas frentepopulistas, la amnistía para todos los represaliados de la revolución de 1934. La medida siguiente fue la restauración plena del Estatuto de autonomía para Catalunya y el retorno de Companys, tras su liberación, a la presidencia de la Generalitat. Se retomó también, pero esta vez con verdadero ímpetu, la expropiación de tierras y su adjudicación a los campesinos, al amparo de la reforma agraria aprobada en 1932: entre marzo y julio de 1936 se expropiaron y repartieron más de medio millón de hectáreas.

    Por último, el Congreso destituyó al presidente de la República, el conservador moderado Alcalá Zamora, y eligió para el cargo a Manuel Azaña, quien, en consecuencia, disolvió el gobierno que había presidido hasta entonces. Azaña pretendía que el nuevo gobierno lo formara el socialista moderado Indalecio Prieto, pero el grupo parlamentario socialista se negó a ello, por lo que al final se constituyó un segundo gobierno compuesto de nuevo sólo por republicanos. El PSOE, dominado por su sector más radial, encabezado por Largo Caballero, se decantaba hacia la revolución socialista, que se consideraba inminente. Durante la primavera de 1936, se vivió un clima de radicalización social y política, que se manifestó en duros enfrentamientos, en las Cortes y en todas partes, entre la derecha y la izquierda. Unos otros parecían prepararse, cada uno a su manera, para el enfrentamiento definitivo.

    LA GUERRA CIVIL

    LOS PREÁMBULOS DE LA GUERRA

    Al día siguiente de las elecciones de febrero de 1936, Gil Robles y el general Franco (jefe del Estado Mayor desde su éxito en la revolución de Asturias) solicitaban al presidente Alcalá Zamora, aunque en vano, la proclamación del estado de guerra.

    Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. La guerra civil fue el resultado final de una multiplicidad de factores (desigualdades económicas, mecanismos de dominación social, actitudes religiosas, nacionalismos, ideologías extremistas, etc.), que interactuaron y se reforzaron entre sí, y crearon una profunda división en el seno de la sociedad española.

    El 12 de julio apareció asesinado el teniente Del castillo, republicano y perteneciente a la Guardia de Asalto. Al día siguiente un grupo de guardias de asalto, por su cuenta, detuvieron y ejecutaron a Calvo Sotelo, diputado destacado por su ideología derechista. Este fue el pretexto para el alzamiento militar.

    Aunque el coordinador de a conspiración fue el general Mola, el alzamiento se inició el 17 de julio en Ceuta y Melilla por Franco destinado en Canarias como medida de precaución por parte del gobierno. Al día siguiente se extendía por la península. En los primeros días la sublevación triunfó en el Protectorado de Marruecos, canarias, Sevilla y parte de Andalucía occidental, la isla de Mallorca, Galicia, Castilla y León, Zaragoza y Navarra; es decir, esencialmente en dos franjas: una al norte, desde Galicia hasta Navarra, pero sin la cornisa cantábrica; y otra al sur, en la Andalucía occidental, con la extensión hacia Marruecos y Canarias.

    EL DESARROLLO DE LAS OPERACIONES MILITARES

    El desarrollo inicial de las operaciones militares, asta el otoño de 1936, se puede resumir de la siguiente manera:

  • El ejército de África, bajo el mando de Franco, cruzó el estrecho de Gibraltar con la ayuda de Alemania e Italia, lo que permitió la ocupación de gran parte de Andalucía y Extremadura en los meses siguientes.

  • El general Queipo de Llano ocupó el sudoeste de Andalucía.

  • El general Mola invadió el norte, desde Navarra hasta Galicia por Castilla-León, pero no dominó la franja cantábrica de Asturias a Vizcaya.

  • La conquista de Badajoz unió las dos zonas controladas por el ejército sublevado.

  • En otoño de 1936, la República controlaba por tanto, dos zonas incomunicadas entre sí: la franja industrial del Cantábrico y la mitad oriental de la península.

    Franco liberó el Alcázar de Toledo en septiembre de 1936 para convertirlo en un símbolo del heroísmo de los autodenominados nacionales. Madrid no se pudo tomar e incluso los republicanos consiguieron las victorias de Jarama (febrero de 1937) y Guadalajara (marzo de 1937). Interrumpida la ofensiva contra Madrid, la contienda entraba en una nueva fase y se transformaba en una larga guerra de desgaste, que favorecía los propósitos de Franco de consolidar sus conquistas y aniquilar cualquier señal de republicanismo en los territorios ocupados.

    En la primavera de 1937 el centro de operaciones se desplazó al norte del país. En octubre, tras la conquista de Asturias, se consumo la ocupación del ejercito franquista de la franja cantábrica, que era de vital importancia debido a su potencia industrial. En la campaña del Norte surgió el otro gran símbolo de la contienda civil, en este caso del lado republicano: el bombardeo de Guernica por la Legión Cóndor alemana, convertido en símbolo de la barbarie fascista, capaz de masacrar de modo innecesario a la población civil en abril de 1937. El hecho tuvo tal impopularidad y repercusión en el extranjero, que la propaganda franquista no dudó en atribuir la responsabilidad de la matanza a los propios republicanos.

    Conquistado el norte, las tropas de Franco iniciaron la ofensiva del bajo Aragón. La campaña se desarrolló durante el invierno de 1937-38, que se caracterizó por su inusual rigor climático. Las fuerzas republicanas consiguieron recuperar Teruel, pero poco después lo ocupó de nuevo el ejército franquista.

    En la primavera de 1938 las tropas de Franco llegaban hasta el Mediterráneo, a la altura de Vinarós, con lo que la República quedaba dividida en dos territorios aislados entre sí: Catalunya, al norte; y Madrid y Levante, al sur. Ante esta situación, la República lanzó en julio de 1938 s última ofensiva importante en el frente del Ebro, con la intención de unir de nuevo sus territorios y de prolongar la resistencia; a la espera de que estallase una nueva guerra en Europa, que parecía inminente y que podría cambiar el curso de la guerra en España. La batalla del Ebro (julio-noviembre de 1938) fue la más sangrienta de toda la guerra; se saldó con un elevado número de muertos y la derrota casi definitiva del ejército de la República.

    La ofensiva franquista en Catalunya fue rápida ante la debilidad y el desánimo de la resistencia republicana: Barcelona caía el 26 de enero de 1939 y días después el gobierno republicano se exiliaba a Francia, tras intentar inútilmente negociar la paz con un Franco que no aceptaba condiciones. La conquista de Catalunya se culminaba el 13 de febrero.

    Madrid era ya el último objetivo de importancia. En la capital, a principios de marzo, el coronel Casado, apoyado por la mayor parte de los socialistas y anarquistas, se rebelaba contra el gobierno de Negrín y los comunistas (partidarios de resistir hasta el final); y asumía el mando de un Consejo nacional de Defensa que intentaba, también inútilmente, negociar la paz con Franco. El último enfrenamiento se produjo en las calles de Madrid entre comunistas, por un lado, y socialistas y anarquistas, por otro.

    Las tropas de Franco entraron sin dificultad el 28 de marzo y el 1 de abril un parte de guerra declaraba oficialmente terminada la contienda.

    LA EVOLUCIÓN POLÍTICA DURANTE LA GUERRA

    La España republicana

    La sublevación militar liberó, dentro de las fuerzas integrantes del frente Popular, todas las divergencias y tensiones internas que hasta ese momento habían permanecido contenidas.

    Los primeros días fueron de autentico desconcierto. Casares Quiroga (presidente del gobierno en el momento de la rebelión) se negó a entregar armas a la población para defender la República, como reclamaron los sindicatos y las organizaciones obreras, pero finalmente, un nuevo gobierno, constituido el 19 de julio y presidido por Giral, ordenó la distribución de armas, medida que legalizaba los hechos consumados, pues desde el principio las organizaciones obreras se habían armado donde y como habían podido.

    Pasado el entusiasmo revolucionario de los primeros momentos, la prolongación de la guerra y las derrotas sufridas evidenciaron la necesidad de reorganizar y fortalecer el Estado, para afrontar con disciplina y autoridad a un enemigo que resultaba más difícil de vencer de lo esperado. En septiembre se constituyó un nuevo gobierno presidido por el socialista Largo Caballero, en el que, además de socialistas, había republicanos y, por primera vez, comunistas. Dos meses después, también por primera vez, se incorporaban incluso cuatro ministros anarquistas, que rompían así con su tradicional boicot a las instituciones políticas, debido a la excepcionalidad de la situación. El nuevo gobierno de Largo caballero se propuso dos objetivos fundamentales: crear un verdadero ejercito con mando unificado y restablecer el poder del Estado, lo que exigía la disolución de los poderes locales de carácter revolucionario, que había ido surgiendo desde el comienzo de la guerra.

    Ante el avance de las tropas franquistas, que después de tomar los pueblos del sur de Madrid habían llegado a las puertas de la capital, el gobierno se trasladó a Valencia el 6 de noviembre de 1936, por lo que Madrid quedó bajo el mando de una Junta de Defensa a cargo del general Miaja.

    En Catalunya, los intentos de la Generalitat, con el firme apoyo de los comunistas, de restablecer su autoridad, liquidando el poder paralelo de las Milicias Antifascistas, provocaron la insurrección en mayo de 1937 de grupos anarquistas y del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). La negativa de Largo caballero a ilegalizar el POUM, como le exigían los comunistas, provocó su caída política.

    La subida al poder del socialista Negrín supuso un giro considerable en la estrategia política, que concedía la máxima prioridad a la guerra. Esto requería un control absoluto de las decisiones por parte del gobierno, así como garantizare los envíos de armamento soviético.

    Se impusieron las tesis comunistas, pero el desarrollo de los acontecimientos no resultó favorable para la república, ni en el ámbito militar ni en el internacional.

    La España ocupada por los sublevados

    Cuando el golpe de Estado se convirtió en una guerra prolongada, surgió la necesidad de establecer alguna forma de organización política en las zonas controladas por los sublevados. Esta fue la Junta de Defensa Nacional, con sede en Burgos, creada en el mismo mes de julio y presidida por el militar de más alta graduación, el general Cabanellas. Sin embargo, el verdadero poder lo ejercía cada general en su sector: Franco, en África; Queipo de Llano, en el sur; Mola, en el norte.

    Franco consiguió que, tras unas reuniones de la Junta de Defensa en Salamanca, se le nombrara el 29 de septiembre de 1936 jefe del Estado y generalísimo de los ejércitos. Del inicial policentrismo de poder (Mola, Queipo y Franco) se cambió a un poder concentrado y unipersonal en manos de Franco. La Junta de defensa se transformaba en Junta Técnica del estado y el verdadero centro de decisiones y de gobierno se situaba en el Cuartel general de Franco.

    De las fuerzas políticas que habían apoyado la sublevación, la CEDA se desintegró como organización, los monárquicos contaban con pocos apoyos, los carlistas sólo tenían cierto arraigo en el norte y sólo la Falange desempeñaba un papel importante. Franco, consciente de la importancia de controlar bajo su mando las fuerzas políticas que apoyaban la sublevación, promulgó el decreto de Unificación del 20 de abril de 1937, por lo cual fusionaba todas las organizaciones políticas adeptas en una sola: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva nacional Sindicalista (FET y de las JONS). En esta nueva organización Falange tenía un papel preponderante, pero con Franco como jefe del partido único, que acaparaba así más poder en sus manos.

    Poco después, el 1 de julio de 1937, se produjo un hecho de gran trascendencia para la legitimación del bando sublevado: Franco recibió un apoyo fundamental de la Iglesia; tras la caída de Bilbao, 48 obispos publicaron un documento a favor del alzamiento militar. Desde se momento la guerra se presentó como una cruzada, en defensa de la fe y contra el comunismo ateo de la República.

    El paso siguiente en la creación de un nuevo Estado fue la constitución del primer gobierno en enero de 1938, designado y presidido por Franco (era el jefe de Estado y presidente del gobierno). Régimen marcadamente personalista, se definía como régimen nacionalsindicalista, con todo el poder concentrado en la figura de Franco, que desempeñaba todos los cargos.

    LA SITUACIÓN ECONÓMICA DE LOS DOS BANDOS

    La zona republicana

    Cuando comenzó la guerra, la república controlaba todas las zonas industriales (Catalunya, País vasco y Asturias) y, en parte como consecuencia de ello, las principales ciudades (Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, etc.). En cambio, las zonas agrícolas eran insuficientes para alimentar a su población, que era más de la mitad.

    El desconcierto provocado por la guerra en los primeros meses, que, supuso la pérdida del control político, se correspondió con una situación similar en el terreno económico. La república perdió el control sobre la economía, que pasó a depender en gran parte de las organizaciones obreras, sobre todo en las empresas confiscadas por huida o encarcelamiento de sus patronos.

    Las colectivizaciones de empresas privadas, que quedaban bajo la dirección de comités obreros, fue una practica habitual en Catalunya y Levante, donde el movimiento anarquista impulsaba a emprender la revolución al mismo tiempo que la guerra (en el País Vasco le propiedad fue respetada en la mayoría de los casos. Tanto por los efectos derivados de la guerra como por la mala organización de muchas de las empresas colectivizadas, la industria en la zona republicana presentaba un estado caótico.

    Pero lo más destacable de la experiencia revolucionaria se produjo en la agricultura, ya que los gobiernos republicanos aceleraron la reforma agraria: expropiaron primero las tierras no cultivadas, y después, las de quienes habían apoyado el levantamiento militar, lo que alcanzó un volumen muy considerable. Sin embargo, también en este sector la desastrosa organización de los anarquistas en sus experimentos colectivistas, sobre todo en Aragón, provocó graves problemas en el abastecimiento de alimentos a las ciudades.

    Por último, en cuanto a la financiación de los costes de la guerra, la República recurrió a dos soluciones:

  • La emisión de deuda pública, que sólo fue posible mientras se confió en la victoria republicana (hasta el verano de 1938). Después nadie estaba dispuesto a prestar su dinero a un régimen que parecía tener los días contados.

  • Depositar en Moscú las reservas de oro del banco de España (510 toneladas), que sirvieron para pagar el material de guerra a la URSS, principal proveedor de la República.

  • La zona ocupada por los sublevados

    Si la industria estaba al comienzo de la guerra bajo control republicano, los sublevados, en cambio, controlaban la mayor parte de las tierras de cultivo, con lo cual no tenían problemas importantes de abastecimiento. Sus carencias industriales explican el interés mostrado desde el principio de la guerra por ocupar la franja norte de la península, con recursos mineros y siderúrgicos. En contraste con lo que ocurría en la zona republicana, el control de la producción en las zonas ocupadas fue estricto, contando para ello con la colaboración de los propietarios rurales, la banca y los grandes financieros. En cuanto a las tierras expropiadas, se restituyeron a sus antiguos propietarios, y se anularon las disposiciones y actuaciones del republicano Instituto de Reforma Agraria.

    Respecto a la financiación de la guerra, el bando sublevado se benefició desde el mismo inicio del conflicto, de la ayuda de Italia Alemania.

    LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LA GUERRA

    Con independencia de la importancia que tuviera la guerra española en el desarrollo de los acontecimientos internacionales, lo indiscutible es que la intervención extranjera adquirió una importancia capital en el desarrollo del conflicto de España.

    La Alemania nazi de Hitler ofreció la ayuda más determinante en el ámbito militar, con la participación directa de la Legión Cóndor de aviación, esencial para el desarrollo de la guerra y responsable del bombardeo de Guernica. Además contribuyo con la participación de un considerable número de soldados y oficiales, aviones e, incluso, con ayuda económica. La Italia de Mussolini también proporcionó una ayuda vital, mayor incluso que la Alemania en número de hombres y en valor económico. Destacó, en especial, el papel desempeñado por su Armada. Menor, pero también importante, fue la aportación del Estado Novo portugués, materializada de diversas formas, desde la ayuda diplomática hasta el envío de voluntarios. La ayuda del Vaticano, si bien no es comparable, en cuanto a los medios utilizados, a la de Alemania, Italia y Portugal, no por ello tuvo menos importancia, sobre todo en el ámbito del reconocimiento del nuevo régimen entre la numerosa población católica.

    El temor a desencadenar una nueva guerra europea inclinó a los países democráticos a desentenderse del conflicto español. En consecuencia, los únicos países que apoyaron con decisión en el terreno militar a la República fueron la URSS y México. La ayuda de la URSS fue con diferencia la más importante y decisiva; se inició en octubre de 1936 y se mantuvo constante a lo largo de toda la guerra, con aportaciones de hombres y material armamentístico. La aportación de México fue considerablemente inferior a la de la URSS. Por último, debe destacarse la participación en el frente republicano de las Brigadas Internacionales. En su creación fue también esencial la intervención de la URSS, junto con la de algunos líderes comunistas. Se trataba de cuerpos de voluntarios (se calcula que unos 60.000 hombres, de más de 60 nacionalidades) que se dirigieron a España para ponerse al servicio de las fuerzas armadas de la República. La mayoría militaba en partidos comunistas.

    Las actitudes ambiguas fueron numerosas tanto la de organizaciones internacionales (la Sociedad de Naciones o el Comité de No Intervención), como la de las principales potencias democráticas que habían protagonizado la primera guerra mundial (Francia, GB y EEUU), que a pesar de los valores que defendían y de la abierta intervención en el conflicto español de las potencias totalitarias a favor de los militares sublevados, optaron por inhibiese de forma oficial, lo que no impidió en algunos casos el apoyo tácito a los sublevados.

    En lo que respecta a la actuación concreta de las potencias democráticas, dentro de la ambigüedad, Francia se inclinó más hacia la República, mientras que GB y EEUU apoyaron indirectamente al bando franquista (fueron fundamentales para el bando franquista los abastecimientos de grandes empresas americanas, como la Ford o la General Motors).

    CONSECUENCIAS DE LA GUERRA CIVIL

    Como toda guerra de cierta duración, la española se cobró un alto pecio en destrucciones materiales: carreteras, ferrocarriles, puentes, edificios y todo tipo de bienes se perdieron. La producción agraria disminuyó en algo más del 20%; y la industrial, en más del 30%. La renta per cápita se rebajó también casi en un 30%, y hasta 1952 no se recuperó el nivel de antes de la guerra. A todo ello, se debe añadir el valor económico de la ayuda militar proporcionada por los países extranjeros a los dos bandos, que de una forma u otra se pagó. Cuantificar el total de las pérdidas y los gastos es prácticamente imposible, pero en cualquier caso es obvio que alcanzó una gran magnitud. La recuperación fue muy lenta durante una larga posguerra de hambre y miseria.

    Más importantes que los materiales son los costes humanos de toda la guerra. El número total de víctimas durante la guerra podría superar las 300.000, entre las víctimas de los frentes y las de la represión en las retaguardias.

    EL FRANQUISMO: DEL AISLAMIENTO A LA CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN

    La primera década del franquismo representó el momento de mayores dificultades, tanto para el régimen como para el conjunto de la población española. Tras la derrota en la contienda mundial de las potencias centrales, Franco sufrió la presión y condena de los vencedores, y la ONU. recomendó que se retirasen de España los embajadores de sus países miembros. En el plano económico, la guerra mundial, primero, y el aislamiento internacional, después, obligaron a seguir una política de autosuficiencia (autarquía) que se tradujo en terribles años de escasez, carestía, racionamiento y mercado negro. Hacia 1950 la situación cambió en el escenario internacional por la Guerra Fría, interesando la política anticomunista del régimen y el valor estratégico de la Península. Con el apoyo de EEUU, el régimen empezó a ser reconocido por el bloque occidental anticomunista. Y la ONU anuló su bloqueo. España firmó un Concordato con la Santa Sede, un tratado con EEUU y pudo ingresar en la ONU. Se abrieron las relaciones económicas con el exterior, se superó poco a poco la fase de la autarquía y se inició el camino hacia una tímida liberalización económica.

    FAMILIAS E INSTITUCIONES DEL FRANQUISMO

    El régimen fue una verdadera dictadura (fascista, nacional-católica...) pero sin olvidar que siempre tuvo Franco todos los poderes en su mano y los limitó cuando el quiso. Ningún gobernante acumuló tanto poder en España. Era un soberano a lo Hobbes. Se otorgó a si mismo el poder de promulgar todas las leyes y decretos, sólo se sentía responsable ante Dios y ante la Historia.

    El franquismo fue algo más que el imperio personal de un dictador. Franco dio su nombre a un sistema político y social mucho más complejo y adaptable de lo que están dispuestos a reconocer sus adversarios. Mientras que a los ojos del mundo exterior y de la oposición el franquismo aparecía como un simple monolito levantado sobre un sistema de represión policíaca, lo cierto es que fue, como la mayoría de los sistemas autoritarios, una estructura bizantina compuesta de los grupos políticos (a veces llamados “clanes” o “familias”) que aceptaban la legitimidad del gobierno del dictador.

    EL REGIMEN Y LA POLÍTICA INTERNACIONAL

    En términos generales se puede decir que el comportamiento que durante años se ha atribuido a la España de Franco durante la II Guerra Mundial poco tiene que ver con la realidad.

    Durante la mayor parte de la guerra no sólo no fue neutral, sino que ni siquiera decía serlo.

    España estuvo a punto de entrar en la guerra, hasta tal extremo que se siente la tentación de decir que por puro milagro no lo hizo. Si nos remitimos a los tres momentos en que pudo producirse la intervención española podremos comprobar, según J. Tusell, que quienes evitaron la intervención de España no fueron los dirigentes de este país, sino los de otros, y las circunstancias mismas. En junio de 1940 España pudo intervenir sólo con que Hitler hubiera dado el visto bueno y hubiera prometido tener en cuenta sus reivindicaciones; mayor peligro hubo incluso a finales de año, cuando por vez primera el Führer se interesó por Gibraltar. En torno a mayo-junio de 1941 de nuevo pudo producirse la entrada española en la guerra, lo cual o sucedió porque el propio Hitler la traslado hacia el Este. En otoño de 1942 volvió a darse esta posibilidad, pero Churchill, contra la opinión de los norteamericanos, evitó que el desembarco se hiciera en las costas españolas mientras que, no obstante, parte de los propios ministros del régimen de Franco estaban dispuestos a intervenir en el conflicto.

    Para Alemania, España significaba muy poco. El interés alemán por la participación española fue reducido en el tiempo y en la intensidad: duró unas semanas. Los juicios del Führer sobre Franco no expresan irritación por su resistencia, sino impaciencia ante un individuo insignificante, incapaz de darse cuenta de la magnitud de los planes del Reich.

    Leyendo los diarios de Goebbels se tiene siempre idéntica sensación Para él, Franco era demasiado insustancial, católico y conservador, y sus discursos agresivos contra el comunismo resultaban fanfarronadas porque no incluían una declaración de guerra.

    Este desprecio hacia los dirigentes españoles explica la posibilidad de que Hitler hubiera deseado eliminarlos en el caso de haber obtenido la victoria. Durante la guerra, e cambio, no pensó en un ultimátum ni planificó una invasión, ni tan siquiera dio instrucciones para que se interviniera en al política española. Desde 1941 Hitler olvidó la posibilidad de una intervención de España en el conflicto. Su tradicional desinterés por el mediterráneo y la existencia de graves problemas en el frente del este hicieron prescindir de ella.

    Hendaya fue un momento dentro del proceso y menos relevante de lo que se ha solido interpretar: la verdadera decisión de no participación en el conflicto se produjo con posterioridad, a fines de noviembre, cuando serrano Suñer volvió de Berlín y hubo de adoptarse una decisión definitiva. En este momento, el hambre y la posición de los militares, mas que la falta de contrapartidas, decidieron, sin duda contra la opinión del ministro de Exteriores, la no intervención. Esta fe, sin embargo, una decisión que los supremos responsables políticos del país consideraron sólo como temporal. Si las contrapartidas hubieran sido claras, la intervención se habría producido, y si las circunstancias internas lo hubieran permitido, ni siquiera se habrían exigido dichas contrapartidas en un tratado.

    EVOLUCIÓN POLÍTICA Y CRISIS DEL RÉGIMEN

    La crisis de gobierno de 1957 provocará el final del contrapeso de las “familias políticas.

    El gobierno de 1965 emprendió tres medidas institucionales fundamentales:

    • La Ley de Prensa, que permitió la multiplicación del número de publicaciones y la difusión de unas normas elementales de convivencia democrática.

    • La Ley Orgánica del Estado (aprobada mediante referéndum nacional en diciembre de 1966) mantenía la representación corporativa. Fue considerada como un retroceso por muchos sectores políticos.

    • Definición de un sucesor a la jefatura del Estado. El 22 de julio de 1969, Franco pronunció un discurso ante el Pleno de las Cortes, que insistía en que la decisión sucesoria suponía la instauración de una nueva monarquía del Movimiento y no la restauración de la monarquía liberal. D. Juan Carlos era nombrado sucesor bajo el titulo de Príncipe de España. Al día siguiente, don Juan Carlos aceptaba oficialmente el ofrecimiento, jurando ante las Cortes fidelidad a Franco y a los principios del Movimiento.

    A partir de 1969 el régimen muestra síntomas de agotamiento. El principal es el propio decaimiento físico del dictador, junto a las cada vez más visibles tensiones en el seno del propio régimen, el creciente distanciamiento de la Iglesia y el aumento de la capacidad de presión de la oposición. La aparición a nivel mundial de una intensa crisis económica y el inicio de una ola democratizadora tras el triunfo en Portugal de la “revolución de los claveles” (25 de abril de 1974) marcan asimismo este periodo en el que, como se de un círculo se tratase, el régimen construido sobre la victoria militar y la represión continua acabará haciendo uso de nuevo de medidas represivas para tratar de prolongarse.

    El periodo que se abre con el nombramiento del nuevo Gobierno en 1969 y se cierra tras el asesinato de Carrero Blanco (20 de diciembre de 1973), supone un cambio por tres motivos:

  • Creciente alejamiento de Franco de las decisiones políticas.

  • Progresiva parálisis de la acción gubernamental.

  • Mayor oposición al Régimen.

  • La preparación y ejecución del atentado (Operación Ogro) correspondió a E.T.A. La desaparición de Carrero Blanco implicó un mayor aislamiento de Franco, que se encontraba cada vez más alejado de la realidad del país. Carlos Arias Navarro sería nombrado presidente de un Gobierno más indefinido, represivo y aislado internacionalmente. Franco murió, tras larga y penosa enfermedad, el día 20 de noviembre de 1975.

    LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA

    Se denomina transición democrática al periodo trascurrido entre la muerte de Franco y la aprobación de la Constitución de 1978. Fueron tres años de grandes dificultades: una aguda crisis económica, una gran conflictividad, una tensión política, la provocación terrorista y la actitud desafiante de un poderoso y reaccionario sector del Ejercito.

    Sería muy incorrecto presentar como lineal el desarrollo de la democracia en el mundo. Por el contrario, lo característico de la misma ha sido un desarrollo mediante una sucesión de oleadas, la primera de las cuales se inició en el siglo XVII. La segunda fue consecuencia de la victoria de los aliados durante la segunda guerra mundial en 1945 y, en el Mediterráneo, produjo la democratización de Italia y la de Turquía. La tercera ola de democratización se inició en Grecia y Portugal, obtuvo en España el primer éxito importante, cruzó el Océano hasta la América española y logró un triunfo espectacular en los países del Este a partir de 1989.

    EL DIFÍCIL CAMINO HACIA LA DEMOCRACIA

    La muerte de Franco, cuando apenas empezaban a manifestarse los efectos de la crisis, provocó que coincidiera en el tiempo la transición política y la crisis económica; por lo que algunos sectores sociales responsabilizaron de forma errónea a la democracia del hundimiento de la economía, y reivindicaron con nostalgia un franquismo identificado con la prosperidad económica de los años sesenta.

    El comienzo del postfranquismo (1975-1976)

    Dos días después de la muerte del dictador, el 22 de noviembre de 1975, Juan Carlos I, de acuerdo con lo establecido por la ley Orgánica del Estado, asumía ante las Cortes franquistas la Jefatura del Estado y juraba lealtad a los Principios del Movimiento Nacional y a las leyes fundamentales.

    Una de las primeras tareas que debía abordar el rey era el nombramiento del presidente de Gobierno. Siguiendo las indicaciones del Consejo el Reino, decidió mantener en el cargo al presidente del último gobierno de Franco, Carlos Arias Navarro, quien forma un nuevo gabinete con algunos ministros con fama de reformistas, como Fraga Iribarne, pero que en general integraba a las viejas familias del franquismo. El programa de actuación aprobado en el primer consejo de ministros declaraba la ampliación de las libertades y los derechos civiles, pero en la práctica el gobierno era incapaz de avanzar, atrapado entre las presiones de los sectores más inmovilistas y la agitación social propiciada por la oposición democrática. Fue un “mal necesario”. El rey intentó convencer a Arias de que acelerase el proceso de reformas, pero finalmente no encontró más alternativa que invitarle a que presentar la dimisión. Según J. Tusell el rey no hizo el cambio, fue su motor.

    Característica peculiar de la transición española a la democracia fue la de haberse realizado desde dentro mismo del régimen dictatorial. La construcción de una cuerdo nacional en torno al sistema democrático nació del mismo peso de la Historia y de la voluntad de conjurarla. En España desempeño un papel decisivo el recuerdo de un pasado y, en especial, de una guerra civil. La experiencia vivida en los años treinta, con su exacerbada movilización partidista que acabó en un enfrentamiento fratricida, sirvió para que la clase dirigente intentara por todos los medios desactivar cualquier posibilidad de que la situación se reprodujera.

    La reforma se hizo realidad (1976-1977)

    Si se puede considerar la etapa del Gobierno Arias como la fase final del régimen de Franco, la que se inició a continuación supondría el comienzo hacia la democracia.

    Tras la dimisión forzada de Arias Navarro, el rey consiguió, mediante hábiles y complejas maniobras políticas, que entre los tres nombres propuestos por el Consejo del Reino para el cargo de presidente de gobierno se encontrara Adolfo Suárez (hombre joven, hábil, listo y buena persona) había sido ministro secretario general del Movimiento en al anterior gobierno de Arias Navarro, formó un gobierno con figuras poco destacadas pero de talante decididamente reformista. Durante los meses de septiembre a diciembre de 1976 pudo dirigir de manera decidida la transición.

    La Ley de Reforma Política, presentada el día 8 de septiembre, fue la pieza ave que permitió al gobierno de Suárez despejar el camino hacia la democracia desde la propia legalidad franquista. Se trataba de una ley de carácter transitorio, con rango máximo de ley fundamental, en la que se establecía el procedimiento para la creación de unas nuevas Cortes, elegidas por sufragio universal y directo, cuyo cometido era realzar las reformas que estimasen pertinentes. Pero la naturaleza de esta ley acarreaba una situación peculiar: como ley fundamental, su promulgación requería la aprobación de las Cortes y un referéndum; por consiguiente, era necesario que las Cortes franquistas votaran la ley que pretendía acabar con su propia existencia. Sin embargo, en noviembre de 1976 una amplia mayoría de las Cortes la aprobó (435 procuradores se expresaron de modo afirmativo y tan sólo 59 lo hicieron en contra), y se consumó así lo que se denominó su harakiri. Sólo quedaba, como último requisito, su aceptación mediante referéndum nacional, que fue convocado para diciembre de 1976. La participación fue alta (77% del censo electoral); y el voto a favor del “sí”, abrumador (94% de los votos emitidos).

    Desde el momento en que los españoles aprobaron la Ley de Reforma Política hasta que se celebraron las elecciones de junio de 1977 transcurrieron muchas semanas y hubo momentos en que parecía que las dificultades iban a producir el colapso del programa reformista. Al menos hubo dos ocasiones en las que pareció que la reforma estaba en gravísimo peligro: la primera en el mes de enero de 1977, cuando la doble presión del terrorismo (tanto de extrema derecha como de ETA y los GRAPO) pudo provocar un enfrentamiento de los españoles, y la segunda en la Semana Santa, con la legalización del Partido Comunista. El presidente Suárez tuvo aquí su mejor momento.

    LAS PRIMERAS ELECCIONES DEMOCRÁTICAS

    Julián Marías escribió que en esos meses España había sido devuelta a los españoles. Sin duda la fecha de esta devolución sería la de las elecciones constituyentes, el día 15 de junio de 1977.

    Lo primero que sorprende al observar las candidaturas políticas que concurrieron a las elecciones de junio de 1977 es su elevadísimo número. España había pasado de la prohibición de los partidos políticos durante el franquismo a una proliferación excesiva de los mismos, que los resultados electorales se encargaron de cribar.

    La Unión de Centro Democrático (UCD) fue un partido-archipiélago cuya acta de constitución fue suscrita por nada menos que quince partidos.

    Unión de Centro Democrático consiguió en torno al 34% de los votos emitidos y 165 diputados. El PSOE obtuvo el 29% de los votos y un total de 118 diputados, lo que le situó de manera clara como segundo grupo político nacional. A mucha distancia de las dos primeras fuerzas políticas, quedó el PCE que obtuvo veinte escaños y Alianza Popular con dieciséis escaños.

    EL PRIMER GOBIERNO DEMOCRÁTICO: UCD

    En vista de los resultados electorales, el rey conformó a Adolfo Suárez como presidente del nuevo gobierno, compuesto en su mayoría por miembros de UCD.

    Entre los objetivos fundamentales del nuevo equipo, destacaban dos: afrontar la crisis económica y elaborar una Constitución que consolidara de forma definitiva la democracia recién inaugurada. La prioridad impuesta a las cuestiones políticas había relegado a un segundo plano la adopción de verdaderas medidas de choque para atajar la crisis económica. Pero una vez sentadas las bases de la democracia y con un gobierno legítimo elegido en las urnas, había llegado el momento de afrontar una situación económica que no admitía más demoras. La inflación y el paro no dejaban de aumentar, y la tendencia deficitaria de la balanza de pagos amenazaba con dirigir a la economía española a la quiebra.

    La primera medida aplicada fue una devaluación de la peseta en un 20% respecto al dólar. Con ello se pretendía disminuir las importaciones, que resultarían más caras, y aumentar las exportaciones, que al abaratarse serán más competitivas en el extranjero. Así se podía modificar la tendencia negativa de la balanza de pagos. Pero la gravedad de la crisis exigía un amplio abanico de medidas, algunas muy problemáticas e impopulares. Por ello, lo más recomendable era llegar a un acuerdo social, que se materializó en los llamados Pactos de la Moncloa, que se firmaron en octubre de 1977 por los principales partidos parlamentarios y se ratificaron por los sindicatos y la patronal.

    Una vez constituidas las nuevas Cortes democráticas, los representantes elegidos decidieron elaborar una Constitución. La Comisión encargada eligió siete miembros que formaron una Ponencia, cuyo cometido era redactar un anteproyecto de Constitución (la marginación de los nacionalistas vascos tuvo nefastas consecuencias).

    La Constitución de 1987 consta de 11 títulos y 169 artículos. El Título octavo de la Constitución, relativo a la organización territorial del Estado, ha sido el más discutido por los especialistas. No es federal pero puede evolucionar hacia esa formula con el transcurso del tiempo. La Constitución se puede calificar de rígida pues no es nada fácil modificarla.

    ESPAÑA EN DEMOCRACIA

    El declive de Suárez (1979-1981)

    Aprobada la nueva Constitución a fines de 1978, se disolvieron las Cortes. Las nuevas elecciones generales legislativas tuvieron lugar en marzo de 1979. Los resultados de las elecciones confirmaron las tendencias de 1977. Con ello se abrió el periodo de normalidad constitucional.

    Triunfó de nuevo la UCD de Adolfo Suárez y aumentó ligeramente su número de escaños, aunque no obtuvo la mayoría absoluta; el PSOE se consolidó como la segunda fuerza política y principal grupo político de la oposición y la tercera fuerza política fue el PCE.

    En el año y medio siguiente a las elecciones se produjo el declinar de Suárez como político y como presidente. Con ocasión de la presentación del nuevo Gobierno en el Congreso de los Diputados en mayo de 1980 el PSOE sometió a Adolfo Suárez a un voto de censura que jugó un papel fundamental en su declive político

    El Gobierno de Calvo Sotelo (1981-1982)

    En la tarde del 23 de febrero, mientras se desarrollaba la votación de Calvo Sotelo como nuevo presidente de gobierno, asalto el Congreso de los diputados un grupo de guardias civiles bajo el mando del teniente coronel Tejero, mientras en Valencia el capitán general de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch, decretó incluso el estado de excepción y los carros de combate ocuparon las calles de la ciudad.

    Los socialistas en el poder (1982-1996)

    En las elecciones generales de octubre de 1982 diez millones de españoles cambiaron su voto, lo que equivale a decir que lo hicieron el 40% del electorado y la mitad de los votantes. El PSOE logró 202 diputados frente a los 105 de Alianza Popular. UCD había experimentado un derrumbamiento radical: del 35% del voto pasaba a menos del 7%. El programa electoral del nuevo Gobierno podía tener aspectos imposibles de cumplir, como era la creación a corto plazo de 800.000 puestos de trabajo, pero estaba rodeado de una mística que hacia pensar que todos los problemas se solucionarían.

    En las elecciones de 1986 obtuvo 184 escaños y, por tanto, otra mayoría absoluta frente a los 105 del Partido Popular.

    Ni siquiera la renovación del liderazgo en la derecha y en la izquierda a través de Anguita y Aznar produjo un cambio significativo, pues en las elecciones de 1989 de nuevo el PSOE logró una escueta mayoría, mientras que el PP se quedaba en 106.

    Todavía la renovó en las elecciones de 1993 y en las elecciones 1996, cuando finalmente el PSOE fue derrotado, el margen de victoria del PP se redujo a 300.00 votos.

    La caída de los socialistas se produjo por una serie muy grave de corrupciones: clientelismo partidista (Juan Guerra), financiación partidista (Filesa) o utilización de la guerra sucia contra ETA, a ellos se sumó la acusación contra el gobernador del Banco de España, el director de la Guardia Civil y el jefe de los servicios secretos.

    El gobierno del PP (1996-2004)

    El triunfó correspondió al PP, aunque no por mayoría absoluta, lo que le obligo a pactar con los nacionalistas catalanes, vascos y canarios. En las elecciones del 2000 si obtuvieron una holgada mayoría absoluta. Su política económica fue de tipo liberal, aunque con cierta orientación social que ha permitido garantizar el mantenimiento del Estado del bienestar en sanidad, educación y pensiones. Sus mayores logros fueron cumplir los criterios de convergencia europea decretados en Maastricht y la creación de empleo.

    El apoyo a EEUU en la Guerra de Irak y los atentados del 11 de marzo, provocaron la perdida de las elecciones del 14 de marzo de 2004.

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