TEMA 17.- EL ABSOLUTISMO MONÁRQUICO Y SU SIGNIFICADO. LA CRISIS DE LA CONCIENCIA EUROPEA
EL ABSOLUTISMO EN FRANCIA: BODINO Y BOSSUET
El proceso de fortalecimiento del poder real y de centralización política iniciado en el siglo XV, culminó dos siglos más tarde con la consolidación en la mayoría de los Estados europeos de una nueva forma política: el absolutismo. Francia, bajo el reinado de Luis XIV, constituyó el ejemplo más completo de la monarquía absoluta.
A lo largo del siglo XVII Francia padeció diversos períodos de crisis demográficas y económicas, conflictos bélicos internacionales y momentos de malestar interno que produjeron levantamientos, rebeliones y motines en casi todo el país. Sin embargo, mientras esto ocurría, Francia iba imponiendo su hegemonía y se convertía en la primera potencia europea. A pesar de la crisis demográfica, con sus 18 millones de habitantes, era el país más poblado de Europa. Por otra parte, era también el mejor administrado. Los cambios que ministros como Colbert y Richelieu introdujeron en la administración, permitieron el control absoluto del Estado: nueva división territorial, reformas legislativas, creación de una burocracia que controlaba la ejecución de las leyes reales en todo el reino, etc. merece especial mención el nuevo sistema fiscal, que si bien provocó gran conflictividad social, supuso una gran fuente de ingresos. Se introdujeron asimismo reformas en el ejército, que permitieron desarrollar una política expansionista y la anexión de nuevos territorios. Mientras artesanos y campesinos soportaban una fuerte presión fiscal, la nobleza gozaba del privilegio de no pagar impuestos y del derecho a cobrarlos, así como otras concesiones de carácter honorífico: ejercer cargos en la corte, tener banco reservado en la iglesia, tribunales especiales, etc. La base de su riqueza era la propiedad de las tierras.
El obispo Jaiques Bossuet fue el máximo defensor del absolutismo político de Luis XIV. Se remontó a las Sagradas Escrituras para justificar el poder del monarca. Según sus teorías, la monarquía era de derecho divino. Los reyes gobernaba por ðla gracia de Diosð, eran sus ministros, sus lugartenientes sobre la tierra. Basándose en estos principios, consideraba que los monarcas podían ejercer un poder absoluto, y que su persona era sagrada. El principio del origen divino de la monarquía, libera al rey de toda limitación impuesta por la evolución tradicional de la constitución del Estado. Se considera que todos los derechos individuales son únicamente usufructuados por sus súbditos, ya que el rey es el legitimo propietario de sus vidas y haciendas. Esta concepción conduce al despotismo integral.
La teoría del contrato fue desarrollada a comienzos del siglo XVII por los escritores jusnaturalistas, que se dirigieron contra las tesis absolutistas de Jean Bodino, quien opinaba en el siglo XVI que la monarquía absoluta es necesaria par mantener un ðEstado bien ordenadoð, y así lo expone en su libro ðDe la Republiqueð. El pensamiento de Bodino es a veces confuso, ni medieval ni moderno, social entre las antiguas nociones peripatéticas, la práctica consuetudinaria y un precoz absolutismo, que le hace definir la soberanía como el ðorden supremo sobre los ciudadanos y súbditos, ilimitado por la leyð. De lo que se desprende que el rey está por encima de la ley, y que nadie posee el derecho a sublevarse contra el príncipe.
ORÍGENES DE LA CRISIS DE LA CONCIENCIA EUROPEA. LA CRÍTICA DE LAS CREENCIAS TRADICIONALES: MALEBRANCHE, SPINOZA Y LEIBNIZ
Los descubrimientos de la nueva ciencia exigían un nuevo método de análisis y explicación filosófica que garantizase la fiabilidad del conocimiento basado en la razón. No es extraño pues que la filosofía del siglo XVII tenga su manifiesto fundamental en el ðDiscurso del métodoð 1637 de Renè Descartes. Los autores del siglo XVII que reflexionaron sobre el poder político y la organización de la sociedad, centraron sus estudios sobre los derechos naturales del hombre y sobre el origen divino del poder absoluto de los reyes. El alemán Sanmel Pufendorf compaginaba el derecho natural con la idea absolutista del estado monárquico; Quevedo denunciaba los problemas y peligros del favoritismo político de los validos, y el holandés Hugo Groscio anhelaba el establecimiento de un derecho internacional frente a la política cambiante de los Estados.
Benito Spinoza fue un gran admirador de la filosofía cartesiana y su método racionalista. El eje de su pensamiento lo constituye la definición cartesiana de sustancia, concluyendo que la única sustancia es dios, porque sólo El no necesita ninguna otra realidad para existir. su obra más importante es la ðÉtica demostrada en orden geométricoð, donde expone su pensamiento relativo al conocimiento (gnoseológico) y relativo al ser, sus propiedades, principios y causas primeras (metafísico). Spinoza construye su sistema filosófico de modo rigurosamente matemático.
Entre 1688 y 1715 la mentalidad occidental experimenta una profunda transformación, que ha sido calificada como la ðrevuelta del intelecto europeoð. Mientras el absolutismo afirmaba una prepotencia inconmovible, los pensadores iban desarrollando el credo del pactismo y del derecho natural. La crisis de la conciencia europea en el tránsito de los siglos XVII y XVIII fue un proceso de afirmación, no de destrucción.
La ley natural, distinta de la sobrenatural, venía prescrita por la razón pura e implicaba una moral social y un pacto público, que aseguraba a los hombres el doble derecho de la libertad y de la propiedad. Había que desterrar las supersticiones.
El pensamiento de Nicolás Malebranche parte del dualismo cartesiano entre sujeto y objeto, entre realidad pensante y realidad extensa, y lo resuelve mediante la doctrina del ocasionalismo: el conocimiento es revelación y las percepciones externas no son otra cosa que las ocasiones para tal revelación.
Leibniz renuncia a toda estridencia y pone su inteligencia al servicio del soberano trabajo de despejar la violencia y establecer la verdad de las cosas. Leibniz representa el punto culminante de la tendencia racionalista continental. Inició su sistema partiendo de una concepción mecanicista del Universo. Introdujo el concepto de fuerza como agente principal y definió las ðmonadasð como fuerzas originarias en armonía con Dios. Estableció un sistema idealiza y una filosofía optimista.
EL REFORZAMIENTO DE LA MONARQUÍA ABSOLUTA: HOBBES.
Hobbes se plantea el problema del poder desde el punto de vista de su concepción filosófica del mundo y de su reacción personal ante la crisis de autoridad en Inglaterra, con la guerra civil entre Carlos I y el Parlamento. Estableció el principio de utilidad social del poder absoluto de la monarquía y estructuró los principios ðmatemáticosð del absolutismo. Basaba su filosofía absolutista en la presunción de que los hombres libres y sin ataduras, estarían inevitablemente dirigidos al choque violento y a la guerra de todos contra todos. Para evitarlo era necesario que cada cual renunciará a su derecho natural de regirse libremente, para deponerlo, mediante un pacto, en manos del soberano, el dios terrestre.
HACIA UNA MONARQUÍA CON DIVISIÓN DE PODERES: LOCKE.
Locke expuso sus ideas políticas en ðDos tratados de gobiernoð (1690). Es partidario ferviente del individualismo, y de su manifestación política, el liberalismo. En Locke se desarrolla y culmina la idea del contrato social, que funda el Estado en el consentimiento libre del individuo para mantener ðla paz, la buena voluntad, la asistencia mutua y la conservación social mediante una estructura que garantice la propiedad. Su teoría plasma el individualismo político, y en ella justifica la práctica del gobierno parlamentario: la base de la soberanía radica en el pueblo y se manifiesta por la función legislativa; el poder ejecutivo recae en el príncipe, pero éste se halla sometido también a la ley.
TEMA 18.- LA SOCIEDAD Y LAS TRANSFORMACIONES SOCIALES EN LA EUROPA DEL SIGLO XVII
CONSECUENCIAS SOCIALES DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO: LA CRISIS DE LAS CLASES PRIVILEGIADAS. NOBLEZA Y CLERO.
Las características socioeconómicas del XVII son las mismas que dominaron a lo largo de todo el Antiguo Régimen (siglos XVI al XVII). La economía se sustentaba sobre la agricultura. La ganadería, la industria artesanal y el comercio. La agricultura era la principal actividad económica. Entre el 80 y el 90% de la población vivía en el campo, especialmente del cultivo de cereales. Los rendimientos eran muy bajos, incapaces de alimentar a una población que crecía lentamente a pesar de la elevada mortalidad, bastaba un par de malas cosechas consecutivas para que se desencadenaran una terrible hambruna que diezmaba a la población. La otra causa de mortalidad catastrófica era la peste que se había instalado en Europa en 1348 y castigaba periódicamente a la población.
El incremento espectacular del número de defunciones, iba acompañado de un descenso importante de los matrimonios y del número de nacimientos, circunstancia que agravaba las consecuencias de la crisis. La población europea, incapaz de superar la periodicidad de las epidemias, estaba extenuada.
La nobleza europea pierde influencia en el siglo XVIII, ha terminado para siempre la fragmentación feudalizante del poder, y terminaron también los intentos para equilibrar el poder del monarca. La nobleza se subordina al interés real, y se aproxima a la corte, trasladándose a vivir a las ciudades y desvinculándose de la nobleza del suelo. Se crea una nobleza administrativa. Grandes títulos se confieren a los servidores más eminentes del Estado, junto a las jugosas pensiones que ayudan a sostener el debido decoro.
El poder económico y social de la nobleza es menos firme y decidido que en el siglo XVI. El valor de las rentas, el lujo y las diversiones de la corte devoran cantidades enormes.
CONFIGURACIÓN DE LA BURGUESÍA COMO CLASE.
La burguesía urbana, que antes había sido comercial, logra en el siglo XVII ocupar una posición básica en la estructura social del occidente de Europa. Los burgueses en el siglo XVII adquieren definitiva conciencia de su función en el cuadro de los intereses de la nación. La burguesía sabe que pesa en la vida del Estado. Asciende porque retiene gran parte de la riqueza monetaria y dirige las especulaciones financieras, bancarias y bursátiles.
Durante el siglo XVII adquieren la propiedad de numerosos reductos rurales por compra a los antiguos nobles o al ser resarcidos por préstamos no pagados. El burgués enfoca el campo desde una óptica mercantilista y procura extraer de allí su máximo beneficio, para ello implantara una serie de innovaciones que provocan la transformación radical de los métodos ancestrales de la agricultura.
Por otra parte la conquista de la burocracia por la burguesía es paralela. La monarquía absoluta confía los puestos privilegiados de la administración a la nueva clase ascendente.
LA SITUACIÓN DEL CAMPESINADO Y LOS GRUPOS URBANOS. POBREZA Y MARGINACIÓN
El desarrollo del capitalismo comercial y sus repercusiones en la industria y la agricultura agravaron la situación de los artesanos en la ciudad y los aldeanos en el campo. La sociedad europea se precipitó hacia la división en dos grandes categorías: de una lado los obreros y de otro los empresarios.
Existen obreros privilegiados, como los especializados en determinadas industrias de lujo, pero fueron una excepción. La inmensa mayoría de los artesanos sujetos a la nueva tiranía económica burguesa, cuyo único principio era producir a bajo precio, sufren las consecuencias de la ciega protección estatal concedida al patrono.
La antigua organización gremial es incapaz de enfrentarse a la nueva situación, y se fosiliza, convirtiéndose en un obstáculo para el desarrollo de la economía occidental. El movimiento proletario pasa a estar dirigido por cofradías secretas, fuertemente reprimidas, pero que por medio de las huelgas obtienen esporádicos éxitos.
En el campesinado persiste la trayectoria que agrava la situación social. La introducción de la mentalidad burguesa en la explotación de las propiedades agrícolas, junto a los desastres de la guerra y las usurpaciones de bienes comunales, provocaron numerosas alteraciones campesinas en las que el agricultor europeo se yergue contra la supervivencia del feudalismo en el régimen de propiedad del suelo.
El descontento de la población rural por el aumento de impuestos hizo que durante el siglo XVI las revueltas campesinas se sucedieran en numerosas partes del territorio europeo.
TEMA 19.- EL MERCANTILISMO: LA ECONOMÍA EUROPEA. AGRICULTURA E INDUSTRIA. ACTIVIDAD COMERCIAL
EL MERCANTILISMO COMO CONJUNTO DE SOLUCIONES ECONÓMICAS Y POLÍTICAS. LA EXPERIENCIA FRANCESA: COLBERT.
La monarquía absoluta aspiró a encuadrar las actividades industriales y mercantiles del país en un todo coherente, que sirviera a sus fines. Este sistema, el primer ejemplo de autarquía en la Historia Moderna, se denomina mercantilismo.
El mercantilismo no deja de ser una práctica económica compacta. En el campo económico su ideal estribaba en aumentar el Tesoro nacional en monedas de oro y plata, ya que los Estados mercantilistas creen en el poder omnipotente de dichos metales.
Además, la monarquía absoluta, pretende alcanzar la autonomía en el abastecimiento nacional, en detrimento de la competencia extranjera. Los gobiernos aspiran a obtener todo lo necesario para la vida del Estado dentro de sus territorios (autarquía). Para ello se dictan medidas aduaneras muy rígidas, se restringe la navegación extranjera y se estimula el comercio propio con la creación de monopolios se estructura el trabajo y la industria mediante severos reglamentos, para evitar la competencia ilícita, y para asegurar la buena calidad de los productos.
La obra de Colbert culmina el mercantilismo, tanto que es corriente confundirlo con el colbertismo. Impuso un plan económico nacional, basándose en las reglas del mercantilismo. Favoreció el desarrollo de la agricultura, estimulando el trabajo agrícola y reorganizando los tributos de los aldeanos, introduciendo nuevas técnicas. El objetivo de esta política era vitalizar el comercio y la industria de Francia, para lograrlo puso toda la potencia y la autoridad del Estado en la reglamentación y desarrollo del trabajo, el comercio y la industria francesas. Su teoría descansaba en la obtención de productos nacionales de buena calidad con los que competir con los extranjeros. Para proteger la actividad francesa frente a la competencia exterior, dictó una serie de tarifas protectoras que gravaron los derechos de aduanas de los productos no nacionales. Buscó nuevos mercados para la industria francesa, colonizando la India y América del norte. Favoreció la creación de grandes compañías por acciones.
La intervención del Estado en todos los órdenes de la economía nacional, caracteriza el colbertismo.
OTRAS EXPERIENCIAS MERCANTILISTAS: INGLATERRA.
En el siglo XVII, Inglaterra vivió una serie de transformaciones políticas, económicas y sociales que permitieron, un siglo más tarde, la consolidación de la Revolución Industrial. Durante este período hubo un ligero aumento de la población: hacia 1700 Inglaterra contaba con cinco millones de habitantes.
Fue el primer país en introducir cambios en la agricultura, que supusieron un aumento de la producción: ampliación de las superficies cultivadas, cercamiento de los campos (enclousures), eliminación de tierras comunales, etc. Las industrias textil y metalúrgica experimentaron un gran empuje. Fue también en ese siglo cuando el imperialismo inglés empezó a consolidarse: creación de colonias en América, conquista de la isla Jamaica, promulgación de las Actas de Navegación que protegían el comercio inglés y perjudicaba al holandés, y firma de acuerdos comerciales con Portugal, Francia y España.
TEMA 20.- LA MONARQUÍA HISPÁNICA DURANTE LOS REINADOS DE FELIPE III Y FELIPE IV. LA CRISIS DE 1640.
EL SISTEMA DE VALIDOS: SU CARACTERIZACIÓN. EL DUQUE DE LERMA
Felipe III es un monarca profundamente religioso, pero su habilidad política no responde a lo que cavía esperar de un hijo del Prudente. Su incapacidad para hacer frente a las tareas de gobierno le indujo a abandonar las riendas de éste en manos de validos con escasos escrúpulos como Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma. Este es el hombre de los Consejos, de la polisinodia. La superestructura del Estado dominada por latifundistas (sobre todo los aristócratas andaluces) y abogados, se impone al rey, y no para beneficiar al país sino para ðentrar a saco en la miseria nacionalð. Bajo esta influencia se desmorona la integridad y eficacia del organismo burocrático filipino, se corrompe la administración de justicia, y al rigor de la corte del Prudente sustituyen un boato y un fausto de dilapidadores del Tesoro Público. A los males nacionales responde la administración de Lerma desarticulando, por prevenciones timoratas, la misma estructura de la economía levantina. Mientras tanto los virreyes de Italia prescinden en muchos casos del gobierno central y preconizan políticas aventuradas.
El duque de Lerma aunque no carecía de talento, si carecía de escrúpulos y tenía mala mano en la elección de colaboradores, que fueron Rodrigo Calderón, hecho marqués de Siete Iglesias, y Pedro Franqueza, conde de Villalonga. Estos colaboraron tanto en el gobierno como en negocios oscuros y fueron los causantes del descrédito final del valido.
LA NUEVA POLÍTICA MONETARIA Y HACENDÍSTICA
A los errores y balbuceos políticos acompaña un decrecimiento económico que es en parte resultado de la mala política, como herencia del tiempo anterior, así como la concitación de circunstancias adversas. Merman todos los ingresos, es especial los indianos, y hay que recurrir a mil expedientes para pagar a los funcionarios y soldados de los tercios. Se venden los cargos públicos, se altera la moneda y equivocadas medidas debilitan la agricultura y la ganadería, y atenazan la industria. El error monopolista del comercio con las Indias no sólo tenía malas consecuencias económicas, pudiendo haber sido la gran solución, sino que despertaba las apetencias de piratas y corsarios.
Desde fines del siglo XVI la crisis económica se fue agravando por el drástico descenso en la llegada de oro y plata americana. La bancarrota del Estado fue absoluta y los monarcas se vieron atrapados por los préstamos que se fueron acumulando a intereses usurarios.
LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS. FACTORES Y CONSECUENCIAS.
Tras ocho siglos de dominación musulmana y un siglo más de convivencia entre el cristianismo y el islam, Felipe III puso fin a la presencia musulmana en la Península al ordenar la expulsión de la población morisca en 1609: 300.000 moriscos fueron despojados de sus tierras y negocios.
El valido Lerma arremete con un problema interior que se había intentado resolver por medios pacíficos, o al menos suasorios, el de los moriscos. Estos distribuidos por las zonas agrícolas de Cataluña, Valencia, Murcia, Aragón y Andalucía, eran un pueblo labrador. Las quejas son varias, muchas verdaderas, pero no las determinantes. Eran las aducidas a su entendimiento con los berberiscos y turcos, su persistencia en el islam y su inasimilación, así como (las auténticas) su aumento demográfico y su acaparamiento de dinero. Es decir, que el pueblo los odiaba por su buena y seria administración. El beato Juan de Ribera, arzobispo de Valencia, intentó su conversión, pero fracasó, y en 1609 se decreta su salida inmediata (en tres días) con lo que pudieran llevarse, dejando una familia de cada cien para que enseñaran el trabajo a los nuevos colonos. En 1609 salían los de Valencia, en 1610 los de Andalucía y Aragón y en 1614 los de Murcia. Más de 150.000 brazos útiles para el campo abandonan España, siendo víctimas de saqueos y asesinatos por los caminos.
El descontrol promovido permite al valido y a sus adeptos crecidos lucros sobre tal operación: cinco millones de ducados valió al de Lerma el decreto de expulsión de los moriscos.
EL PACIFISMO DE FELIPE III
La España de Felipe III continua pensando en los destinos de Europa. Su ejército y su armada son temidos, y su diplomacia influye en las decisiones de las cortes europeas. Pero los últimos reveses y las dificultades financieras del Estado revelan la conveniencia de un periodo de paz para recuperarse de los gastos y desastres anteriores. Todo el occidente se inclinaba a una solución de compromiso, que podía no se definitiva, pero que de momento se imponía como necesaria.
Una serie de afortunadas paces permite al país una época de tranquilidad: la de Vernins con Francia, la de Londres con Jacobo I y, por el tratado de Amberes, se firma una tregua de Doce Años con las Provincias Unidas.
Lerma que era pacifista en política internacional, buscó una pausa en el continuo batallar con Inglaterra, Francia y Flandes. Por ello se preocupó por la liquidación de los conflictos.
EL ASCENSO DE OLIVARES Y LOS GRUPOS DE PODER
Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, impulsó en el interior una política centralizadora y protagonizó en el exterior el último intento de revivir las glorias imperiales de los Austrias. Tras sus primeros éxitos militares con la toma de Breda y de la Valtelina, la intervención en la guerra de los Treinta años se saldó con un grave desastre, empeorado en la Península por la guerra de separación de Cataluña y la independencia de Portugal.
Olivares estimula las inclinaciones literarias y cortesanas del joven rey, Felipe IV tenía sólo dieciséis años al comenzar y había formado sus costumbres en la holganza cortesana de su padre. Olivares se convierte de modo natural en primer ministro, persiguiendo a los antiguos gobernantes algunos de los cuales acaban en la horca. Un aura de renovación, de depuración de costumbres, de severidad, parecía anunciar una nueva era de brillantez.
Olivares no era un hombre de Consejos, y procuraba imponer su voluntad soslayando cualquier oposición por los medios que fuesen necesarios. De este modo estableció una verdadera dictadura, con el propósito de mantener España como monarquía universal. Esta idea no era propia, la mantenían en Madrid un grupo de vacuos propagandistas. El providencialismo de unos, la insensata soberbia de otros, un ciego nacionalismo en todos, contribuían a tejer la falaz visión de la prepotencialidad española, rehuyendo la cotidiana contemplación de la ruina de la industria, la despoblación del campo, las estrecheces del Tesoro y el vertical descenso del rendimiento de las colonias.
LOS INTENTOS DE REFORMA HACENDÍSTICAS, EL FRACASO DE LA POLÍTICA ECONÓMICA Y LA UNIÓN DE ARMAS.
La guerra seguía siendo el mayor problema de España. Olivares sabía que la economía es el nervio de la guerra, y la economía española depauperada, mal dirigida, sangrada por emigraciones y monopolios, con una agricultura misérrima y una industria casi inexistente, era mal soporte para las guerras en las que el país estaba empeñado. Pero no solamente era esto lo grave, sino que a pesar de ello la economía debía soportar y sustentar la guerra, a base de exacciones y nuevos impuestos.
Olivares pretendió reorganizar los cuadros del Estado español con la finalidad de obtener fondos para sus proyectos imperiales. No quedó otro remedio que dirigirse a las regiones privilegiadas, Portugal y Cataluña, que hasta entonces no habían participado en los gastos ni en los beneficios de la expansión castellana en Europa y América. Fue lo que el conde-duque dio en llamar la Unión de Armas, buscando la unidad económica nacional y, como veremos, resultó un fracaso.
APOGEO DE LOS MOVIMIENTO SECESIONISTAS
Los movimientos disgregadores en el interior de España fueron muy graves. La política centralizadora de Olivares, chocaba abiertamente con las concepciones constitucionales de las regiones periféricas de la Península.
En 1631 se había registrado en Vizcaya un primer síntoma de ese ambiente, en un tumulto contra el impuesto de la sal y el reclutamiento de varones para la guerra.
En 1640 la lucha fronteriza con Francia provocó la insurrección de Cataluña. Recelos tradicionales respecto a la política administrativa y económica de Olivares, se agudizan por la presencia de tropas en el Principado. A las violencias de las tropas contra el paisanaje, siguió la sublevación de los catalanes (7 de junio de 1640), aprovechada hábilmente por la diplomacia francesa.
Al mismo tiempo se desencadena un movimiento secesionista en Portugal. La independencia de los portugueses se había considerado casi por completo bajo el gobierno de Felipe III. Los primeros alzamientos se produjeron en el Algarve en 1637 en contra de las disposiciones administrativas del conde-duque, e inquietos por las nuevas cargas financieras y por la actuación del poco prudente ministro Miguel Vasconcellos. La nobleza y la burguesía apoyaron la subversión y el 1 de diciembre de 1640 estalló el movimiento, siendo elevado al trono el duque de Braganza con el nombre de Juan IV.
Coetáneamente se producían otras confabulaciones secesionistas en Andalucía, protagonizada por el duque de Medina Sidonia en 1641.
La situación española era muy complicada. Era imposible reducir la secesión portuguesa, como lo había demostrado el triunfo de Juan IV en Montifo en 1644. En Cataluña se había perdido por completo el Rosellón desde 1641, y la reconquista de Lérida por las tropas reales no había tenido consecuencias inmediatas en la pacificación del Principado.
Se iniciaba otro movimiento secesionista en Nápoles, donde la dominación española crujía ante los embates del populacho, atizado por la propaganda demagógica de Tomás Aniello, el Masaniello, que luego había de ser sacrificado por sus mismos partidarios. Aunque el gobierno de Felipe IV pudo dominar esa sublevación y la de Palermo, su posición internacional quedó muy quebrantada.
TEMA 21.- FRANCIA: LA FORMACIÓN DEL ESTADO ABSOLUTO
LA MINORÍA DE LUIS XIII
La muerte violenta de Enrique IV en mayo de 1610, puso en evidencia la debilidad del gobierno y la política francesa. Francia, siguiendo su trayectoria histórica, marchaba lentamente por el camino de la uniformidad y centralización monárquicas.
La regencia de María de Médicis en nombre de su hijo Luis XIII se caracteriza por un cambio casi radical de contenido en relación al reinado de Enrique IV. En política exterior, a la discrepancia con España, sigue un momento de alianza, sellada por los matrimonios de Luis XIII y Felipe IV con Ana de Austria de Isabel de Borbón respectivamente. este cambio repercute en la política interior, y en la camarilla que rodea a la regente predomina un españolismo dominado por el aventurero florentino Concini y por el nuncio pontificio.
La gran nobleza y los hugonotes presionan a la regente de forma que tiene que otorgarles todo género de seguridades, abundantes pensiones y la celebración de Estados Generales donde la política de los nobles fracasó debido a sus propias divergencias.
Tras el asesinato de Concini, un nuevo favorito, el duque de Luyna, se benefició del puesto pero estuvo a punto de provocar una guerra civil, sólo detenida tras los tratados de Angulema y Angers, por los cuales se reconciliaron los dos bandos, obteniendo de nuevo los nobles grandes ventajas.
RICHELIEU Y LUIS XIII
Armando Juan du Plessis de Richelieu (1585-1642) nacido de una familia noble casi arruinada, obispo de una diócesis pobre e insignificante, la de Luçon, el joven Richelieu destacó en las discusiones de los asuntos de los Estados Generales. Los vaivenes del favor de Concini le llevaron en 1616 al Consejo Real y en 1618 al destierro en Avignon. luego intervino en los tratos de concordia entre María de Médicis y Luis XIII, y su actuación fue recompensada con el capelo cardenalicio (1622) y la reincorporación al consejo (1624). Designado presidente de este organismo, Richelieu fue desde 1624 el hábil artífice de la nueva política francesa y el precursor de la hegemonía de Francia en Europa durante la época de Luis XIV.
El cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII desde 1624 hasta su muerte, fue el auténtico hombre fuerte de la política francesa. Sus enérgicas actuaciones permitieron la consolidación de la monarquía. Él aportó al gobierno de la nación el ideal resuelto del hombre del Renacimiento. Si la disgregación de los sistemas políticos medievales llevaba inevitablemente al robustecimiento de la individualidad nacional y al desarrollo de la monarquía, era preciso someter a la nación y al rey cualquier fuerza que no redundara en beneficio colectivo y obstaculizara los supremos objetivos del Estado. Su dogma fue garantizar el poder supremo y absoluto de la monarquía, en su obra se asiste a un brusco paso en la evolución del Estado moderno. Para lograr sus fines Richelieu tuco que imponerse a los protestantes, a los nobles y al propio Luis XIII.
En el campo económico se volcó en medidas favorables a la burguesía. Siguiendo un camino intermedio entre el estatismo español y el inglés y el holandés de compañías autónomas privilegiadas, su gobierno fundó asociaciones mercantiles coloniales en las que la incitativa del Estado quedaba compensada por la dirección burguesa de la empresa.
MAZARINO Y LA REACCIÓN ABSOLUTISTA: LA FRONDA EN EL CONTEXTO DE LAS REVOLUCIONES DEL SIGLO XVII
Desde la muerte de Richelieu y Luis XIII en 1643, se preparaba entre los elementos directivos franceses un vasto movimiento de oposición a la política centralizadora y absolutista de Richelieu, que continuaba con no menor energía su sustituto en la presidencia del Consejo, el cardenal Mazarino.
Italiano de nacimiento, Mazarino se ganó la amistad de Richelieu, quien tras su naturalización en Francia, le dio un puesto en el Consejo y le propuso para el capelo cardenalicio. El pueblo le brindó su afecto y la regente de Francia, Ana de Austria, su amor. Era propenso a la intriga y a la astucia, pero resultaba menos enérgico que su antecesor, sus objetivos eran los mismos: sumisión absoluta de cualquier poder al del monarca y concentración de las energía de Francia para triunfar sobre España.
En 1648 estalla el movimiento sedicioso, dirigido por todos los que pretendían restablecer en provecho propio el ðantiguo gobierno de Franciað: los grandes príncipes, la nobleza, los parlamentarios y los funcionarios, y aún la aristocracia de las villas y ciudades descontentos por los cuantiosos impuestos que sostenían la política exterior.
La agitación contra Mazarino, denominada genéricamente la Fronda, duró cinco años (1648-1653). El gobierno monárquico y las instituciones creadas por Richelieu resistieron eficazmente el ataque de los elementos disolventes.
Tras derrotar a los príncipes al entregar a Ana de Austria la regencia exclusiva, Mazarino implantó una política económica dirigida a enjugar el déficit del Tesoro, lo que le valió la enemistad de funcionarios judiciales, la alta burguesía y los rentistas. Por esta causa, la primera Fronda fue la ðrevoluciónð de una clase social acomodada. El Parlamento de París promovió la agitación subversiva. Se promulgó la declaración de la Cámara de San Luis, en la que exigían la supresión de los comisarios reales, la aprobación de los impuestos por el Parlamento, la anulación de los monopolios y medidas que asegurasen la libertad individual.
La respuesta fue sangrienta y la Corte tuvo que abandonar París, donde se prepara la guerra. París es sitiada y los burgueses ven como su posición se debilita por la acción de algunos nobles monárquicos, por la confabulación de algunos frondistas con la causa española y las noticias de los sucesos ingleses con la decapitación de Carlos I. Por ello se llegó a un acuerdo firmado en Rueil por el que la regente admitía las peticiones de los parlamentarios y distribuía entre los nobles títulos y prebendas.
El fin de la Fonda de los parlamentarios indica el agotamiento de la oposición constitucional en Francia. Pero la alta nobleza prepara golpes políticos de gran estilo, con el objeto de sustituir a Mazarino en el poder, y lograr ventajas personales. Condé fue apresado y la gran nobleza apeló entonces a las armas e inició la segunda fase de la Fronda, la de los Príncipes. Los frondistas lograron sus propósitos mediante el enlace de sus pretensiones con las de los parlamentarios. El 6 de febrero de 1651 Mazarino era destituido. El acuerdo entre la nobleza y la burguesía constituía una seria amenaza para el ideal absolutista.
Sin embargo las discrepancias entre nobles y burgueses, y entre los propios nobles, propició la ruptura y favorecieron la causa de la monarquía, posibilitando la vuelta de Mazarino, que se encontró enfrentado a la nobleza y a la burguesía y procedió a una sangrienta depuración en París. Mazarino volvió al exilio y la burguesía rompió con Condé quien tuvo que salir de la capital, que recibió triunfalmente a la regente y a Luis XIV. Los príncipes rebeldes fueron reducidos y las últimas ciudades como Burdeos, tuvieron que capitular. Así acabó este movimiento revolucionario que había arruinado el suelo francés, devastado sus campos y deshecho su economía.
FRANCIA Y LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS
Francia supo aprovechar el conflicto europeo que desgastaba a España. Después de unos primeros descalabros ante las tropas del conde-duque de Olivares, y tras rehacer la unidad nacional después de La Rochela, Richelieu emprende su campaña contra los Austrias, atacándolos en todos sus puntos vulnerables. En Italia aprovecha favorablemente las circunstancias y consigue situar a un francés en el trono de Mantua y Monferrato y dominar los accesos a Lombardía. El tratado de Cateau-Cambresis se hallaba amenazado.
La crisis de Mantua agudiza la hostilidad franco-española, la política francesa de apoyo a los protestantes holandeses, contribuye a agravarla. En Alemania el cardenal, sacrificando sus convicciones religiosas, acumula obstáculo sobre obstáculo al triunfo del emperador Fernando II en el Reich, bien auxiliando a Dinamarca, bien incitando a Suecia.
Pero la paz de Praga obliga a Francia a tomar una determinación. Tras reforzar su posición internacional, constituye una alianza de la que París es el centro, en que participan todos los enemigos del emperador de Alemania y del rey de España: Holanda, Suecia, Saboya y Sajonia-Weimar. De esta manera casi toda Europa es arrastrada a la guerra: Suecia contra Alemania y Dinamarca, Holanda contra España, el voivoda de Transilvania contra los Habsburgo húngaros, y por fin, Francia contra España.
En la guerra de los Treinta Años ya no se dirime una cuestión religiosa, sino la resolución de las diferencias políticas entre Francia y España y el Imperio Alemán.
CONSECUENCIAS POLÍTICAS: REFORZAMIENTO DE LA MONARQUÍA ABSOLUTA.
Los cambios que ministros como Colbert y Richelieu introdujeron en la administración permitieron un control absoluto del Estado: nueva división territorial, reformas legislativas, creación de una burocracia que controlaba la ejecución de las leyes por todos el reino, etc.
Merece especial mención el nuevo sistema fiscal, que si bien provocó conflictividad social, supuso una gran fuente de ingresos. Se introdujeron asimismo reformas en el ejército que permitieron desarrollar una política expansionista y la anexión de nuevos territorios.
TEMA 22.- LA PLENITUD DEL ABSOLUTISMO: LUIS XIV
LA POLÍTICA ECONÓMICA: EL COLBERTISMO.
La monarquía absoluta aspiró a encuadrar las actividades industriales y mercantiles del país en un todo coherente que sirviera a sus fines políticos y militares. Este sistema, el primer ejemplo de autarquía de la historia, se denomina mercantilismo.
El ideal del mercantilismo es aumentar el Tesoro nacional en monedas de oro y plata, ya que los estados mercantilistas creen en el poder omnipotente de dichos metales. La principal preocupación consiste en saldar con superávit la balanza de pagos exterior.
La monarquía absoluta pretende alcanzar la autonomía en el abastecimiento nacional, y procuran que todo lo necesario para la vida del Estado se obtenga dentro de su territorio (autarquía). Paralelamente, y para proteger la actividad nacional, se dictan medidas aduaneras muy rígidas y se estimula el comercio con la creación de monopolios.
El mercantilismo culmina en la obra de Juan Bautista Colbert, ministro de Luis XIV, hasta el punto que el mercantilismo se confunde con el colbertismo. Colbert aportó a los altos cargos de la administración pública el espíritu práctico, recto, laborioso y preciso de la burguesía francesa de la época. Fue el hombre que proporcionó a Luis XIV los recursos económicos de su política exterior agresiva e imperialista.
Por una parte favoreció el desarrollo de la agricultura, y a través de ella pretendía vitalizar el comercio y la industria de Francia. Su teoría general se basaba en la obtención de productos nacionales de calidad, con los cuales combatir la competencia extranjera. Se generaliza el régimen de corporaciones desde 1671 y se reglamenta el trabajo y la producción. Para proteger esta actividad frente a la competencia extranjera, Colbert dictó una serie de tarifas protectoras, por una parte se buscaron nuevos mercados para la industria francesa y se favoreció la creación de grandes compañías por acciones.
La intervención del Estado en todos los órdenes de la economía nacional caracteriza, por tanto, al denominado colbertismo.
POLÍTICA RELIGIOSA: EL GALICANISMO, REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES Y EL PROBLEMA JANSENISTA.
El desarrollo de la monarquía absoluta corrió pareja a la formación de iglesias nacionales. En Francia los soberanos se atribuyeron el derecho de presentar candidatos para las sedes vacantes y beneficios eclesiásticos, y aún de nombrarlos. Esta postura alcanzó un valor político preferente durante el siglo XVII, revestido de un segundo aspecto dogmático.
Tradicionalmente existían en Francia tres grandes ramas del galicanismo: una radical y laica, la parlamentaria; otra episcopal y, finalmente la regia. El fondo dogmático común a las tres posturas era aceptar la superioridad del Concilio sobre el Papado. Pero la importancia del galicanismo radicó en la mayor o menor fuerza de la monarquía absoluta. La monarquía francesa pretendía realizar una Iglesia católica de Estado. Luis XIV se enfrenta a Roma en la querella diplomática de Crequi. Más tarde se planteó el asunto de las regalías y Luis XIV se apoyó en todos los que se oponían a los papas y consideraban al rey como jefe de la iglesia nacional. En 1673 se publica un edicto de fondo galicanista por el que el rey extendía sus regalías al mediodía francés. El enfrentamiento con el Papado provoca la redacción por la monarquía de los ðCuatro Artículosð e 1682. La realeza no está sometida a la jurisdicción eclesiástica en materia temporal; las relaciones entre Francia y Roma debían basarse en las normas y costumbres de la Iglesia galicana; los juicios del Papa en materia de fe eran susceptibles de reforma
Inocencio XI no admitió tales postulados, y negó la investidura pontificia a los obispos de nombramiento real. El conflicto se agudizó en 1688, pero finalmente en 1693 Luis XIV renunció a los Artículos y el Papa reconoció el Edicto de 1673.
El afán de Luís XIV de constituirse en el único señor de Francia, lo llevó a anular el Edicto de Nantes (1685) y a perseguir a los hugonotes residentes en el país, quienes con brutales coacciones (alojamientos de soldados, retirada de los hijos) se veían obligados a adjurar o a emigrar. Un gran número de artesanos industriales salió del país y se estableció en Holanda y Alemania.
El jansenismo fue una corriente religiosa, que postulando la sola eficiencia de la Gracia divina en la salvación del hombre, conducía inevitablemente a una mayor severidad en la elección de las normas morales y en los caminos de salvación. Contra ellos actuó de forma implacable Luis XIV.
LA CORTE DE UN REINO: VERSALLES
El gobierno autoritario de Luis XIV se mostró de forma especial en la política interior. Francia se convirtió en modelo de aquellos estados principescos regidos de modo absoluto y cuyos soberanos tomaban como lema la expresión atribuida al rey francés: ðLðetat cðest moið. El arte y la ciencia eran regidos desde la corte. Incluso el idioma francés fue sometido a una intensa regulación por la Academia Francesa. La potencia práctica y política de Francia fue la que preparó el camino de su poderío cultural. El idioma francés sustituyó en las cortes principescas europeas y en los círculos distinguidos de la sociedad al latín, al español o al idioma nativo. El brillo de la magnificencia de la corte de Versalles fue copiado por todos los príncipes.
Mausart, arquitecto de Luis XIV, fue uno de los artífices de la construcción del palacio de Versalles. Diseñó la planta, los alzados y algunos de los salones más importantes. Se trata de un palacio de enormes dimensiones, con estructuras y columnas de estilo dórico. En el interior has impresionantes salones, con muebles dorados, muros de mármol, tapices, lámparas y porcelanas. La galería de los Espejos es uno de los mejores ejemplos. Tiene pilastras de mármol rojo con basas de bronce dorado, así como 17 ventanales que hace juego con otros tantos arcos que sostienen los espejos. Se utilizaba en las grandes recepciones y, en ocasiones, para exponer obras de arte. En el interior del palacio se extienden unos inmensos jardines proyectados por André Le Notre. Destacan su estructura rectilínea y sus estatuas en hileras, así como los estanques con fuentes.
LA POLÍTICA DE LUIS XIV: SUS OBJETIVOS Y SUS MEDIOS
Antes de lanzarse a buscar sus objetivos finales, Luis XIV debía reforzar la unidad política y moral de Francia, estimular la industria y el comercio, acrecentar los recursos del Tesoro y preparar el instrumento bélico de sus futuros éxitos. Su política se dirigía a lograr para Francia sus fronteras naturales, las cuales se concebían como la antigua Galia: el Rin y los Pirineos. Habiendo conseguido este último objetivo Mazarino, se tendió a la ampliación territorial por el nordeste y el este, inaugurando la ðmarcha hacia el Rinð.
Sólo más tarde, cuando se inició la resistencia de Europa, y a los problemas políticos se unieron los económicos y los religiosos, la cuestión esencial pasa a ser la ðsucesión a la corona de Españað.
Para obtener sus objetivos Luis XIV se apoyó en dos ministros extraordinarios: Colbert y Louvois. La administración metódica de los recursos del Estado por el primero, la introducción de sistemas de contabilidad y un rudimentario presupuesto general y la modificación de los tributos, permitieron al rey disponer de dinero suficiente para financiar su ejército y su diplomacia. Louvois, ministro de la guerra reorganizó el ejército en su reclutamiento, composición, táctica y mandos. Al mismo tiempo Colbert favoreció el desarrollo de la marina de guerra, la construcción de arsenales y la inscripción marítima.
LA MARCHA HACIA EL RIN: LORENA Y LA GUERRA DE DEVOLUCIÓN
La política expansionista de Luis XIV se declaró primero en la actitud seguida en Lorena y en los antiguos territorios del círculo de Borgoña. La paz de Westfalia había concedido a Francia Alsacia, pero este territorio se encontraba separado por el Franco Condado español y por el ducado de Lorena. La política de Luis XIV se dirigió a conseguir ambos territorios. La cuestión de Lorena no tuvo dificultades. La diplomacia francesa consiguió que el duque Carlos IV nombrará heredero a Luis XIV a cambio de ciertas ventajas económicas y ciertos privilegios nobiliarios obtenidos del rey. A pesar de una renuncia posterior al acuerdo, las tropas francesas hicieron mantener al duque su palabra.
España se hallaba inmersa en la infructuosa lucha contra la sublevación de Portugal. El tratado de Lisboa de 18 de febrero de 1668 ratificó la independencia portuguesa. La muerte de Felipe IV permitió a Francia plantear desde un punto de vista jurídico sus reivindicaciones sobre el Franco condado, de manera que la prevista ocupación militar tuviera una justificación legal que la amparara internacionalmente. Así se acogieron doctrinas jurídicas elaboradas por el gobierno francés según las cuales aplicando al derecho internacional público, diversas costumbres del derecho privado, el Franco condado debía pasar a manos de Mð Teresa de Austria, esposa de Luis XIV. El conjunto de estos argumentos se denomina ðderecho de devoluciónð.
Apoyados en estos argumentos los diplomáticos franceses iniciaron una campaña, cuyo fracaso llevó a la invasión de los territorios flamencos de España el 21 de mayo de 1667. Ante los problemas internos españoles, la guerra fue un paseo militar que se completó en febrero de 1668 con la conquista del Franco condado.
En esta situación, España se vio apoyada por sus antiguos rivales, Holanda e Inglaterra, quienes vieron comprometida su posición en los puertos flamencos, donde preferían mantener una potencia débil como España. Así nació la primera coalición europea contra el rey francés. Luis XIV tuvo que ceder y devolvió el Franco condado a cambio de numerosas plazas fuertes en la frontera norte de Francia, que se convirtieron en el caparazón defensivo de París. El acuerdo se selló con la paz de Aquisgrán, donde Francia se repartió secretamente con el emperador Leopoldo los restos del imperio español.
LA GUERRA DE HOLANDA: NIMEGA
Desde el nacimiento de las Provincias Unidas existía una lucha entre la concepción republicano-federalista sostenida por la burguesía de Amsterdam, y la monárquico-unitaria encarnada en la familia Orange. El predominio político se decantó hacia el partido burgués, acaudillado por los hermanos Jan y Cornelio Witt.
Luis XIV supo aprovecharse de la debilidad política interna de Holanda y de su falsa posición con respecto a Inglaterra. La diplomacia francesa supo desbaratar la Triple Alianza formada contra ella, e incluso llegar a un pacto en Dover con Carlos II de Inglaterra. Prosiguió la preparación de la guerra contra Holanda, formando un bloque continental antiholandés entre los príncipes alemanes cuyos territorios lindaban con Holanda.
Tras esta preparación todo estaba listo para la guerra, pero Carlos II se adelantó y atacó el 28 de marzo de 1672 a la odiada república de mercaderes. Entonces el ejército francés, dando un rodeo a los Países Bajos españoles, vadeó el Rin y atacó la retaguardia del ejército holandés. Pronto los aliados ocuparon la mayor parte del territorio de las Provincias Unidas y desde la ocupada Utrech, Luis XIV quiso imponer durísimas condiciones de paz a los holandeses. Fue un grave error.
Los holandeses habían inundado la provincia de Holanda con la ruptura de los diques, y el partido orangista se aprovechó de la situación y derrocó al gobierno de los Witt. la revolución nacional y la inundación del territorio demostraron a Luis XIV la firmeza del espíritu intransigente de Holanda. Habiendo fracasado la guerra relámpago, Luis XIV se encontró con que se estaba formando una coalición europea antifrancesa. La intervención de Leopoldo de Austria permitió el contraataque de Guillermo II de Holanda. En agosto de 1673 se forma una coalición entre Holanda, el emperador de Alemania, España y el duque de Lorena. Durante 1674 se consolidó la Gran Alianza de La Haya.
La guerra de Holanda se transformó en una contienda europea de altos vuelos, cuyos campos de batalla se extendieron desde el Mar del Norte al Mediterráneo. A pesar de los éxitos que obtenían las tropas francesas, la posición internacional de Luis XIV iba debilitándose desde 1675, lo que acabó finalmente con la intervención de Inglaterra, que obligó al francés a realizar propuesta de paz que fueron aceptadas de modo laborioso y estipuladas en firme en Nimega (1678-1679). Holanda recuperó todas la plazas de su territorio, Alemania trocó varias ciudades, Lorena pasó a poder de Francia y España perdió el Franco condado.
Por la paz de Nimega, y sin conseguir plenamente su objetivo inicial, la Francia de Luis XIV había obtenido una posición predominante en Europa.
LA POLÍTICA DE REUNIONES
La política de prestigio y de conquista francesa había conducido al satisfactorio tratado de Nimega. Luis XIV deseaba completar su Estado hasta las fronteras del Rin, pero no quiso saltarse los tratados de Westfalia y Nimega. Para ello reclamó que se fijase el término ðdependenciasð que figuraba muchas veces de modo vago como coletilla de la enumeración de territorios, fortalezas y ciudades cedidos. Se entendió por parte francesa que por dependencia se entendía todos los países o territorios que en un momento determinado hubieran pertenecido a los países enumerados en los tratados.
Por este procedimiento se apoderó del condado de Chiny, en Luxemburgo, perteneciente a España, además obligó al rey de España a renunciar al título de duque de Borgoña. Luis XIV reclamó los obispados de Metz, Toul y Verdún en Lorena. En Alsacia las Cámaras de Reunión proclamaron en 1682 la soberanía de Luis XIV, al mismo tiempo se producía la anexión de muchos territorios, coronados por la conquista de Estrasburgo.
Contra las reuniones se alzaron los príncipes alemanes, el emperador Leopoldo y España. Sin embargo a la hora de la verdad el Imperio se aprestó a atacar a los turcos, Suecia permaneció vacilante y Holanda no se atrevió. Sólo España, de forma temeraria, declaró la guerra a Francia, siendo derrotada y obligada por la tregua de Ratisbona (15 de agosto de 1684) a aceptar las pretensiones territoriales francesas.
TEMA 23.- LA QUIEBRA DEL ABSOLUTISMO INGLÉS. LAS PROVINCIAS UNIDAS
LA CORONA Y EL PARLAMENTO EN INGLATERRA
Los proyectos absolutistas de Jacobo I habían suscitado en Inglaterra la oposición política y religiosa. Tal era la herencia que legaba a su sucesor Carlos I que como su padre, era defensor de las prerrogativas reales y del absolutismo. Pero sus intentos chocaban en un país que, desde el Medievo tenía profundamente arraigadas las normas tradicionales de libertad personal y de intervención en los asuntos públicos.
Durante cuatro años (1625-1629) la fricción entre el rey y el Parlamento aumentó en intensidad. Carlos I procuraba sortear el Parlamento recurriendo a diversos expedientes, pero la necesidad de recursos para apoyar a los hugonotes franceses le obligó a convocar un tercer Parlamento. En esta reunión los Comunes redactaron la ðPetición de Derechosð por la que el Parlamento debía consentir nuevos impuestos, se prohibían la prisión o arresto de cualquier persona sin las medidas legales tradicionales y se prohibía la ley marcial y el alojamiento de soldados. Los lores ratificaron la petición y el rey se vio obligado a aceptarla.
Poco después un atentado le costaba la vida a Buckingham, favorito del rey, y en el Parlamento se levantaron voces contra las innovaciones episcopalistas absolutistas. El monarca debía decidir o sumisión al Parlamento o golpe de Estado, y se decidió por esto último y disolvió las Cámaras el 10 de marzo de 1629, inaugurando la crisis constitucional inglesa.
Carlos I implanta la monarquía absoluta, sus pretensiones eran paz en el exterior, con la correspondiente prosperidad interna; consolidación del poder del rey mediante la reducción de las divergencias religiosas en Inglaterra, Escocia e Irlanda y la creación de un ejército permanente que asegure la política y autoridad del monarca. Se apoya en dos hombres: Tomas Wentworth en política, y Guillermo Laud, arzobispo de Canterbury, en lo religioso.
Wentworth , conde de Strafford, fue el principal propulsor de las ideas absolutistas del soberano, el arbitrista de los recursos económicos de la corte. Aunque la oposición política continuaba viva, la prosperidad material era evidente. la violenta reacción religiosa que suscitaron las medidas de Laud, propugnador acérrimo de las ideas episcopalistas , despertaban el rencor de los más fanáticos puritanos. La oposición religiosa aumentaba las filas de los descontentos políticos, y unos y otros preparaban un ambiente prerevolucionario. La introducción de reformas religiosas en Escocia provocó la confabulación de los Lowlands presbiterianos y de los nobles de los clanes de los Highlands.
El rey debía imponer su autoridad, pero carecía de hombres y recursos, y tuvo que convocar el Parlamento. Sin embargo ante la actitud hostil de la Cámara de los Comunes, lo disolvió (Parlamento Corto, 14 de abril al 5 de mayo de 1640).
Laud había introducido en los nuevos cánones el fundamento natural y divino del poder monárquico y la condena de los que sostuvieran otra tesis. La amenaza contra el puritanismo se concretaba con el llamado ðJuramento Etceterað.
La invasión escocesa del norte de Inglaterra obligó a Carlos I a una nueva convocatoria del Parlamento. Esta vez se opusieron al rey los grandes aristócratas. La elecciones confirmaron la tendencia anti-absolutista del país. El llamado Parlamento Largo se reunió el 3 de noviembre de 1640, y la oposición al rey parecía compacta y decidida. Strafford y Laud fueron detenidos. El Parlamento pretendía transformar por completo las bases constitucionales establecidas por los Tudor: se abolieron los organismos judiciales, se declararon ilegales ciertos tributos y monopolios y se acordó que las Cámaras no podían ser disueltas sin su propio consentimiento y, en fin, se presentó la ðGrand Remostranceð, declarando ilegales los actos del gobierno personal de Carlos I. El Parlamento se arrogaba el gobierno del país.
El rey que había firmado la sentencia de muerte de Strafford, tenía que hacer frente a la revolución presbiteriana escocesa y a la sublevación de católicos en Irlanda. Su objetivo absolutista había de imponerlo por las armas. Después de un golpe de estado sin éxito (4 de enero de 1642), tuvo que abandonar la capital. La guerra civil entre la nobleza realista del norte y del oeste de un lado, y la gentry puritana y los burgueses del este y sur de otro, decidiría si absolutismo o parlamentarismo.
CAÍDA DE LA MONARQUÍA E INSTAURACIÓN DE LA REPÚBLICA
La guerra civil fue encarnizada las mejores y más formadas tropas reales se impusieron al principio a las milicias del Parlamento, Carlos I logró aislar Londres, pero los jefes del Parlamento procuraron reorganizar el ejército y firmar un tratado de alianza con los sediciosos de Escocia. Se creó un nuevo ejército basado en los ðironsidesð (costillas de hierro) de Oliver Cronwell. Éste creó un ejército revolucionario formado por squires rurales y burgueses, puritanos y sectarios.
Cronwell apartó de la dirección del nuevo ejército ala dirección militar aristocrática. Luego conseguía derrotar a las tropas realistas y Carlos I huía a Escocia donde buscaba un apoyo, pero era entregado al Parlamento.
El ejército de Cronwell se mostraba como una amenaza frente al poder real del Parlamento, estos buscaron el apoyo de la fuerza tradicional de la monarquía y se iniciaron conversaciones para que Carlos I aceptará una fórmula política y religiosa basada en la tolerancia y el bicameralismo, con predominio de los Comunes. Pero el monarca escapó de su prisión y desde la isla de Wight inició una segunda guerra civil. Entonces el Parlamento tuvo que recurrir de nuevo al ejército de Cronwell, quienes se hicieron dueños de la situación, dieron un golpe de estado del 6 al 7 de diciembre de 1648, depuraron el Parlamento Largo y declararon que el poder supremo de la nación recaía en los Comunes. El 3 de enero de 1649, Carlos I era decapitado, y en mayo el Parlamento depurado declaró que Inglaterra era una república (Commonwealth) cúyo poder ejecutivo lo desempeñaba un consejo de Estado controlado por Cronwell y el ðConsejo de oficialesð de su ejército.
Cronwell acabó con las intrigas realistas en Escocia y con la sublevación católica en Irlanda de forma sangrienta y expeditiva. Su figura estaba agigantada y a la primera tentativa parlamentaria de reclamar sus prerrogativas, Cronwell prescindió del Parlamento, y el 20 de abril de 1653, el ejército disolvió la Cámara y el Consejo de Estado. El 16 de diciembre de 1653 se instituía el gobierno del Lord Protector de la República. Esta fórmula absolutista se distanciaba muy poco de la preconizada por Carlos I.
El Protectorado alcanzó prestigio gracias a las dotes de Cronwell y a su acertada política exterior contra Holanda y España. En el interior la corriente ideológica del país tendía cada día con mayor fuerza al restablecimiento del poder monárquico. La eliminación de los grupos extremistas de su ejército, la aceptación por Cronwell del título de Lord Protector vitalicio con derecho a designar sucesor y el restablecimiento de la Cámara de los Lores, así lo indicaba.
LA RESTAURACIÓN MONÁRQUICA Y LA CONSOLIDACIÓN DEL SISTEMA PARLAMENTARIO.
A la muerte de Cronwell en 1658 la obra de los independientes se deshizo rápidamente. su hijo y sucesor Ricardo tuvo que luchar con una audaz minoría republicana que reclamaba el auxilio del ejército. El poder fue reclamado por el ejército y se instituyó un comité de Salud Pública. En medio de la anarquía sólo cabía una solución: la restauración de los Estuardos, a base de respetar el ðCovenatð escocés, someter al Parlamento los asuntos graves del Estado y conceder una amplia amnistía. El jefe del ejército escocés, Monck, se adueñó de Londres, reunió a los miembros del antiguo Parlamento Largo y les obligó a aceptar las ofertas del príncipe Carlos. En mayo de 1660 fue restablecido el gobierno del ðrey, los lores y los comunesð y Carlos II entró triunfalmente en Londres.
CARLOS II: ALIANZAS EXTERIORES Y PROBLEMAS RELIGIOSOS.
El retorno de los Estuardos tras el período de la Commonwealth, estuvo encarnado en Carlos II, el monarca había aceptado que la facultad de hacer las leyes, votar los subsidios económicos para la política de la monarquía y convocar el ejército radicaba exclusivamente en el Parlamento, según había afirmado el rey en la Declaración de Breda.
Sin embargo Carlos II tenía terreno para realizar una política propia, ya que podía obtener recursos financieros propios, aunque los logrará a costa de su sumisión a la política europea de Luis XIV. La no resolución de los problemas constitucionales básicos, gobierno absolutista o parlamentario, presidió la política interna de Inglaterra durante la Restauración. En este ambiente Carlos II ejerció una política de báscula, pasando de un extremo al otro.
Durante los primeros años de su reinado se procuró restablecer el antiguo orden en la Iglesia y la sociedad inglesas. Un Parlamento Largo muy adicto restableció el predominio del episcopalismo sobre católicos y cuaqueros. A la intolerancia puritana respondió la intolerancia anglicana.
La tendencia a apoyar la política exterior de Luis XIV y el fracaso de la guerra contra Holanda, restaron apoyos a Carlos II, pero el rey francés le aportaba cuantiosos subsidios lo que le indujo a reforzar la tolerancia con respecto a los católicos, promulgando en 1672 la Declaración de Indulgencia por la que suspendía los procesos en curso contra los disidentes el Parlamento se opuso y formalizó la unión de anglicanos y presbiterianos que obligó al rey a derogar la Declaración, y el Parlamento promulgó el Bill of Test, por el que todo funcionario debía jurar la supremacía del rey sobre el Papado.
Carlos II capeó el temporal, acentuó su actitud oficial episcopalista y casó a su sobrina María con el estatuter Guillermo III. La noticia de un complot católico inexistente suscitó una oleada de persecuciones contra los papistas y el Parlamento votó una Ley de Exclusión eliminando a los católicos de la Corte y de las Cámaras.
Carlos II disolvió el Parlamento en 1679 y convocó elecciones de las que salieron unas fuerzas políticas nuevas, donde ganaba terreno una ideología práctica y empirista que propugnaba que frente al poder absoluto de derecho divino, el monarca debía gobernar con el Parlamento, y aun con la supremacía de éste, como representante de la nación sobre la autoridad real, y que la estructura del Estado descansaba en el poder legislativo. Reclamaban un nuevo principio del derecho público: el contrato. Defendían la libertad, la seguridad, la propiedad del individuo, postulaban los intereses expansivos de la clase comercial británica y un protestantismo tolerante.
Esta ideología se concretó en la formación del partido Wigh compuesto por los grandes aristócratas campesinos y sus aliados en la industria y el comercio. Frente a ellos, los tory, conservadores, se agrupaban al lado del rey y de sus prerrogativas.
Carlos II intentó gobernar con los wighs, y en ese periodo el Parlamento aprobó la ley de Habeas Corpus. Pero poco a poco el partido popular deriva en un antimonarquismo que quiso imponer su política sobre la corte. El monarca se apoyó entonces en los tories, los cuales temían la reanudación de la guerra civil, y en 1679 disolvió el Parlamento.
Durante cuatro años, hasta su muerte, Carlos II gobernó sin Parlamento, remediando sus apuros económicos Luis XIV, lo que le permitió acentuar las tendencias autoritarias de la monarquía.
JACOBO II Y LA REVOLUCIÓN DE 1688.
Tras la muerte de Carlos II le sucedió su hermano, el duque de York, con el nombre de Jacobo II (1685-1688). El final autoritario del reinado anterior le ofreció el apoyo de los elementos conservadores. Los Parlamentos de Escocia e Inglaterra se mostraron favorables a sus prerrogativas. Sólo la política religiosa del rey abrió brecha en el bloque nacional que le apoyaba. Celosamente católico, quiso alterar en breve tiempo el proceso de evolución secular. Amplió sus relaciones con Roma, promulgó nuevas Declaraciones de Indulgencia y, ante la oposición del arzobispo de Canterbury, lo procesó.
El nacimiento de un hijo del estatúder Guillermo III de Holanda y María, hija de Jacobo II, proporcionaba un heredero al trono. Tories y wighs se unieron para ofrecer el trono al holandés, quien aceptó y en noviembre de 1668 desembarcó en Inglaterra con la consigna de Parlamento libre y defensa del protestantismo. El representante del gobierno autoritario en Holanda era el caudillo de la revolución parlamentaria en Inglaterra. El movimiento se impuso con facilidad, y Jacobo II huyó del país. Guillermo III era declarado rey de Inglaterra por el Parlamento que había asumido la teoría del contrato defendida por los wighs, y la del derecho monárquico tradicional preconizada por los tories.
Guillermo III fortaleció su posición promulgando el Bill of Rigths (Declaración de Derechos) que garantizaba los derechos del Parlamento que era quien gobernaba la nación por medio de ministros. La revolución de 1688 fue el triunfo de la ley sobre el rey. En el exterior el nuevo régimen representó la consideración de la alianza de Europa contra la política imperialista y los principios absolutista de Luis XIV.
LAS PROVINCIAS UNIDAS: LA TREGUA DE LOS DOCE AÑOS
En 1609 las Provincias Unidas habían obtenido de la corona española el reconocimiento de hecho de su independencia, y representaba en su organización constitucional el polo opuesto al centralismo absolutista. Las Siete Provincias federadas constituían una curiosa república en la que se mezclaba el corporativismo medieval, los cargos improvisados en la guerra contra España y los principios democratizantes del calvinismo. Las instituciones comunes eran los Estados Generales, el consejo de Estado, el almirante y el capitán general, y el Gran Pensionario. El cargo de estatúder estaba vinculado a la familia Orange, y no era el único cargo vinculado a esta casa.
En estas circunstancias estalló un conflicto constitucional entre lo burgueses que aportaban el 58% de los gastos y la casa de Orange empeñada en unificar en sus manos los cargos de estatúder, almirante y capitán general. Al conflicto político se asociaban enconados antagonismos religiosos.
Mientras tanto la iniciativa individual y la reunión de todos los esfuerzos en la Compañía holandesa de las Indias habían dado a las Provincias Unidas un Imperio colonial en Asia y América. Su hegemonía naval y financiera la situaba como una de las potencias mundiales de la época.
LAS INSTITUCIONES POLÍTICAS Y LAS CONSTITUCIONES PROVINCIALES
Como se ha indicado las Siete Provincias Unidas estaban federadas por el Acta de La Haya de 1581. Las instituciones comunes eran los Estados Generales en los que deliberaban un delegado de cada Estado provincial, el Consejo de Estado, compuesto de doce miembros más un delegado de la Casa de Orange, el almirante y capitán general, designados por los Estados Generales, el Gran Pensionario, abogado consejero, también elegido por esta misma asamblea. El cargo de estatúder o gobernador, dimanante de la antigua organización administrativa flamenca era único, aunque estaba vinculado a la casa de Orange. Mauricio de Nassau detentaba los de Holanda, Zelanda, Utrech. Overisel y Güeldres.
EXPANSIÓN COMERCIAL Y PROSPERIDAD ECONÓMICA
Durante el siglo XVII las Provincias Unidas, sobre todo Holanda, vivieron un enorme crecimiento económico. Aunque las condiciones naturales de su territorio eran poco favorables para la agricultura, se desecaron grandes extensiones que permitieron el cultivo de cereales y la creación de prados para criar vacas lecheras. La actividad industrial alcanzó un gran desarrollo, básicamente en el ámbito textil y en la talla de diamantes. Sin embargo, los grandes ejes de la prosperidad económica hay que buscarlos en la pesca en el Mar del Norte, en el comercio marítimo y en la banca. La Compañía de las Indias orientales, fundada en 1602, conquistó los mercados asiáticos, desplazando a los portugueses y convirtiéndose en la dueña del tráfico de especias. Años más tarde, en 1622 se creó la Compañía de las Indias occidentales, asentándose también en la cosa americana y compitiendo con los españoles. El comercio terrestre también fue considerable. Los puertos de Amsterdam y Rotterdam recibían y distribuían mercancías de todo tipo. El Banco de Amsterdam y la Bolsa de Comercio, elementos clave del desarrollo económico holandés, fueron sin duda, los centros financieros más importantes de aquella época.
LA CRISIS DE 1672
Como ya hemos visto, en 1672 el imperialismo expansionista de Luis XIV había invadido Holanda y ocupado gran parte de su territorio, pretendiendo imponer duras condiciones. Desde principios de 1672 el gobierno de Jan de Witt era vivamente atacado por los orangistas. Guillermo de Orange había sido nombrado almirante y capitán general, pero el ejército era reducido y el armamento defectuoso y las plazas fuertes estaban desprovistas de todo lo necesario. Los Witt confiaban en el apoyo de Inglaterra y su alineamiento con Francia fue un duro golpe. Los tratos de paz con Luis XIV fueron explotados por el partido orangista, el cual acusó a lo Witt de traición. Las masas populares se levantaron contra el Gran Pensionario. La revolución partió de Zelanda, donde el príncipe Guillermo fue nombrado estatúder, y después la oleada llegó a Holanda, donde los Witt fueron asesinados y los estados de la provincia adoptaron unas medidas análogas a las acordadas en Zelanda. Así acabó la etapa de predominio de la gran burguesía holandesa.
TEMA 24.- EL SACRO IMPERIO Y LA MONARQUÍA AUSTRIACA
LA EXPANSIÓN DEL TERRITORIO DE LOS HABSBURGOS
Tras Maximiliano II (1564-1576) los emperadores alemanes abandonaron el proyecto unificador y concentraron sus esfuerzos en la política oriental de Austria. Un enlace afortunado de Fernando I le había proporcionado las coronas de Bohemia y Hungría, por las que tuvo que luchar contra los turcos. El trono de Hungría retenido por Fernando I conservó inalterables los rasgos de su independencia política anterior y de su oposición al elemento germánico. La actitud de Bohemia y Moravia no era menos reticente.
A Fernando I le sucedió Maximiliano II (1564-1576), y a este Rodolfo II (1576-1612) fue un verdadero rey de Bohemia y descuidó los asuntos del Imperio y de Austria, lo que le llevó a un enfrentamiento con los turcos y a la firma de una paz humillante. A Rodolfo II le sucedió Matías quien practicó una política procatólica. Tras el enfrentamiento entre Fernando II y Maximiliano de Baviera, con la victoria de éste, Bohemia quedó sujeta a la corona de los Habsburgo, se sometieron los nobles checos y sus tierras cedidas a aventureros germánicos. Entre 1621 y 1622 se conquistaron los territorios del Alto y Bajo Palatinado en la cuenca media del Rin.
ADMINISTRACIÓN DEL IMPERIO: FERNANDO III Y HUNGRÍA
Tras Westfalia, del Reich sólo quedaba el nombre y una estructura vacía de contenido. El emperador era teóricamente el jefe del gobierno, pero desposeído de todo poder práctico. La Dieta imperial era un órgano sin eficacia, compuesta por el Colegio de príncipes del Imperio y de cincuenta y una ciudades imperiales. La Dieta, que era permanente, tenía atribuciones legislativas, económicas y militares muy extensas, pero su empeño en mermar la autoridad imperial, hacia que aplazara siempre cualquier decisión.
El fracaso de la orientación de los Habsburgo como jefes de un poderoso Imperio alemán, les conducía a proyectar su política exterior hacia el Danubio.
La Hungría de los privilegios, de la nobleza orgullosa y en gran parte protestante y ferozmente nacionalista se oponía con tenacidad a la política germanizadora y absolutista de los emperadores austríacos. En 1538 se había formado el reino de Hungría encabezado por Zapolya, mientras en Austria se quedaba con Eslovaquia, las regiones del oeste y norte del lago Balatán. Al morir Zapolya le sucedió su hijo Juan Segismundo, lo que permitió el desarrollo del principado autónomo de Transilvania, que luego fue gobernado por los príncipes Bathory: Esteban y Segismundo.
LEOPOLDO II: DEFENSA DE AUSTRIA FRENTE A LOS TURCOS
En Austria y Hungría, Leopoldo I desarrolló una activa política de germanización y establecimiento de la monarquía absoluta, Austria y Hungría no acababan de superar su tradicional rivalidad. La política centralizadora de Leopoldo I había provocado, después de la paz de Vasvar, la insurrección de la nobleza húngara encabezada por el ban de Croacia, Pedro Zriny, y aunque había sido sofocada con rapidez, el malestar continuaba siendo grande en Hungría. En 1681 diez años después, se producía una nueva rebelión que recogía de nuevo el espíritu de oposición nacional y religiosa contra los Habsburgo y se levantaba contra su dominación apoyados por los turcos. Un poderoso ejército otomano cruzó las fronteras del Imperio en la primavera de 1683 y puso sitio a Viena. La cristiandad se conmovió, pero Leopoldo I no obtuvo ninguna ayuda, y apoyado solamente por polacos, sajones y bávaros, consiguió romper el cerco y hacer huir a los turcos.
El éxito propició la creación de una Liga Santa (1684) para acabar con la amenaza turca. En ella participaron Austria, Polonia, Venecia, y más tarde, Rusia. Las fuerzas de la Liga consiguieron derrotar a los turcos que dejaron atrás numerosos territorios. Leopoldo I obtenía la expulsión de Tökoly de Hungría, la posesión de Transilvania, y tres años antes, en la Dieta de Presburgo, Leopoldo I había obtenido de los húngaros que renunciaran al derecho de rebeldía que les concedió la Bula de Oro de 1222 y que admitieran la sucesión directa en el trono de la casa de Habsburgo sin elección.
TEMA 25.- LAS MONARQUÍAS ORIENTALES
POLONIA: LA REFORMA CONSTITUCIONAL Y LA INTERFERENCIA EXTERIOR
La decadencia de Polonia durante el siglo XVII culminó en el reinado de Juan Casimiro (1648-1688) cuando la anarquía del gobierno facilitó la sublevación de los cosacos del Dnieper y la invasión de las tropas suecas. Aunque esta última fue rechazada, el tratado de Oliva imponía la renuncia al dominio del Báltico y de la Prusia ducal. Quedaba el problema ruso, a quien Polonia tuvo que ceder la región de Ucrania situada a la izquierda del Dnieper, junto con Kiev y su distrito.
Tantos fracasos provocaron la abdicación de Juan Casimiro. Fue elegido el noble polaco Miguel Korybut, quien no consiguió detener las continuas invasiones de los cosacos del Dnieper que se habían proclamado vasallos de Turquía. Los turcos, en apoyo de sus aliados, conquistaron Podolia y Galitzia, y obligaron al rey Miguel a firmar un tratado de paz cediendo Podolia y la Ucrania polaca a Turquía.
A la muerte de Miguel, la Dieta eligió para sucederle al general Juan Sobieski (1673-1697), quién encarnó el último fulgor de gloria de la historia de Polonia. Organizó una cruzada contra los turcos en defensa de la catolicidad, con un rasgo de desprendimiento absoluto.
RUSIA: EL COMIENZO DE LA OCCIDENTALIZACIÓN
La época de los primeros Romanov era un período de transición caracterizado por la lucha entre el estilo nacional y las ideas occidentales triunfantes al acabar el siglo XVII. Un fenómeno clarísimo de este siglo en Rusia es la afirmación paulatina del Estado y la fundación de la autocracia zarista que fue la obra que inició el primer Romanov. El autocratismo de los zares se apoyó en una nobleza creada por ellos mismo, los nobles de servicio. De aquí la estructuración de Rusia en clases sociales cerradas y la sujeción de los campesinos de la gleba. Los Romanov edificaron esa gran pirámide social que remataba en el emperador. Para lograrlo era preciso crear una estructura administrativa, una vida económica y un ejército. La imitación de occidente llegó a Rusia a través de la resolución de esos tres problemas técnicos. Pedro I fue occidentalizante en tanto que esa tendencia aseguraba su fin último: la autocracia imperial.
La evolución se inicia bajo el primer Romanov, Miguel Fedorovich que robusteció la monarquía, pero tuvo que seguir contando con la Duma, que llegó a asumir funciones legislativas y aún ejecutivas. Su hijo Alejo consiguió prescindir de la Duma y reforzó el ejército, imponiendo su autoridad de forma severa. El autocratismo zarista quedó reforzado con la publicación del Código de 1649, base del derecho en Rusia durante dos siglos, y que estructuraba la sociedad en clases puestas al servicio del Estado. Durante el reinado de Alejo se planteó la lucha entre la civilización nacional y la ideología y cultura de occidente. en el ámbito religioso se produjo la escisión entre la Iglesia oficial y nacional, y la sumisión al Estado de la Iglesia oficial.
Tras Alejo se suceden en el trono Fedor III y la regencia de Sofía, y por fin el gran reformador. Pedro I el Grande (1689-1725). Impuso de modo violento la europeización en la vida estatal y la sociedad rusa, destruyó el orden antiguo para construir el nuevo.
DEBILITAMIENTO DEL IMPERIO TURCO: DECADENCIA DE LAS INSTITUCIONES Y LA SOCIEDAD.
Desde mediados del siglo XVI las posesiones del Imperio turco eran impresionantes, además del núcleo primitivo (Anatolia y los Balcanes), Hungría central, Moldavia y Valaquia en Europa; el Asia anterior, con Armenia, Georgia y Azerbaidjan, y Mesopotamia; en África. Egipto. Además reconocían la soberanía turca los tártaros de Crimea, los berberiscos de Túnez. Trípoli y Argel. Las regiones libres de Hungría septentrional y Transilvania estaban de hecho bajo influencia turca: y la misma Austria pagaba un tributo anual. Turquía ostentaba una posición preeminente en el Mediterráneo oriental y en el Mar Negro, y la conservó a pesar de la decadencia interna que tenía sus raíces en la incapacidad de los sultanes. En un Estado militar y teocrático como el turco, donde todos los poderes recaían en el sultán-califa, la persona de éste era de suma importancia en la política interna y externa del país.
Los sultanes, educados en el serrallo y dados a la vida fácil del harén, delegaban en visires de los que, a menudo, desconfiaban, sin que estos pudieran influir en la administración del Estado, y estando sometidos constantemente a las intrigas palaciegas.
Los antiguos jenízaros, ya no se reclutaban entre los cristianos, sino entre los turcos que ambicionaban prebendas y privilegios, pero que rehusaban el combate, y que utilizaban el ejército para dirimir sus intrigas palaciegas. La sublevación de la población no musulmana, los rayas, sujetos a continuas injusticias, llevaron a muchos de estos a convertirse al islamismo, pero los turcos fueron incapaces de asimilar a los cristianos vencidos. Otros se unieron en bandas de forajidos que hostigaban constantemente.
Durante más de medio siglo Turquía permaneció paralizada, en un momento excepcionalmente favorable para realizar los sueños más vastos: cuando Europa se hallaba dividida por la guerra de los Treinta Años, y Austria era incapaz de toda resistencia en el Danubio.
DERROTA DE LOS INTENTOS DE MARCHA HACIA EL OESTE
El Imperio turco conservaba recursos suficientes para intentar resarcirse de sus descalabros. Era preciso poner orden en el caótico estado de las finanzas públicas, acabar con las intrigas y reorganizar el ejército. A ello se dedicaron los Köprülü.
Mohamet Köprülü logró dar una bandazo al rumbo del poder público. Ejerció un poder dictatorial, sometió a los jenízaros, a los bandidos y a los rebeldes, e hizo imperar una extrema honestidad en la administración pública.
Su hijo Ahmed Köprülü II, mitigó la brutalidad paterna, fomentó la cultura y favoreció las pequeñas industrias. Reorganizó el ejército que llegó a contar con 120.000 hombres, con los que consolidó su posición en el Mediterráneo y en los Balcanes. Conquistó la isla de Creta, adquirió la soberanía de Transilvania, Podolia y la Ucrania polaca hasta el Dnieper.
El yerno de Ahmed, Kara Mustafa, le sucedió y quiso someter al islam toda Europa aprovechando las favorables circunstancias por las guerras de los países cristianos. La diplomacia turca conocía los odios y antagonismos, y supo aprovecharse de la impotencia de España e Italia. Austria y Hungría no acababan de superar su tradicional rivalidad. Los húngaros pidieron ayuda a Turquía, y estos supieron aprovechar la oportunidad.
Un poderoso ejército turco cruzó el Danubio, y sin ninguna resistencia avanzó sobre Viena, poniendo sitio a la ciudad. El emperador Leopoldo sólo contó con el apoyo polaco, al que se agregaron contingentes sajones y bávaros, y lograron forzar el sitio de Viena tras una victoria en el Kahlenberg que puso en desbandada al ejército turco.
La Liga Santa formada por Austria, Polonia, Venecia y Rusia, rebeló la debilidad turca. Polonia recibió Podolia y la Ucrania occidental, los venecianos conquistaron Dalmacia, el Peloponeso, Corinto y Atenas, las tropas imperiales recuperaron Hungría, conquistaron Buda y derrotaron a los turcos en Mohacz, lo que les procuró Belgrado. Poco después el Imperio se apoderaba de Transilvania.
El tercer Köprülü, Mustafa Zade, llevó a cabo una desesperada reacción favorecida por la guerra protagonizada por Luis XIV, y recuperó el Peloponeso y el valle del Morava, con Nish y Belgrado, pero la muerte del sultán termino con la ofensiva. Desde entonces los turcos se encontraron a la defensiva, siendo derrotados por el ejército austríaco y por los rusos en el Mar Negro.
TEMA 26.- LOS CONFLICTOS INTERNACIONALES: LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS. LOS TRATADOS DE PAZ DE WESTFALIA.
ORÍGENES Y CARACTERÍSTICAS DE LA GUERRA
Tras el triunfo del particularismo de los príncipes alemanes sobre la autoridad imperial, y del éxito del luteranismo en la Dieta de Augsburgo de 1555, la situación del Reich había ido empeorando. El triunfo de ambos factores, el político y el religioso, junto al cambio de rutas de la economía mundial, habían empobrecido al país, convirtiéndolo en un mosaico de 350 soberanías autónomas. A la oposición entre la Alemania católica y la luterana, se unían las discrepancias entre los propios protestantes, separados en luteranos y calvinistas, y en multitud de sectas que dificultaban toda labor armónica. La autoridad de los emperadores de la casa de Austria era insuficiente por completo, por las prerrogativas principescas y por la prevención con que se miraba su significado antiherético. En las tierras patrimoniales de los Habsburgos imperaba la discordia, atizada por motivos religiosos, políticos y étnicos, Bohemia y Hungría, unidos a los dominios de la casa de Austria, no acababan de encajar en el conjunto y constituían serios motivos de preocupación para la administración del Estado austriaco. Particularismo, lucha religiosa y oposición política iban a desencadenar un conflicto terrible del que la propia Alemania resultaría la víctima propiciatoria.
Desde el trono imperial, los soberanos de la casa de Austria, después de no escasas vacilaciones, como las representadas por el reinado de Maximiliano II, apoyaron la reconquista católica de Alemania, que se presentaba favorable en aquellas circunstancias y los primeros éxitos se obtuvieron durante el reinado de Rodolfo II (1576-1612) con la obtención del arzobispado de Colonia, que permitió el avance católico, a lo que contribuyeron las ðcomisiones de Reforma religiosað impulsadas por el duque Fernando de Estiria, que propició la desaparición del protestantismo en amplias zonas , como la apropiación de la ciudad imperial de Donauwörth por el duque Maximiliano de Baviera. Esto provocó que los protestantes se reunieran en la Dieta de Ratisbona en 1608 para reclamar la confirmación de los decretos de libertad religiosa de Augsburgo. La mayoría católica no quiso ceder sin que previamente los protestantes restituyeran los bienes ilegalmente secularizados después de 1552, a lo que se negaron estos y se retiraron de la dieta. La paz religiosa de Augsburgo había fracasado.
Los príncipes se aliaron en la Unión evangélica (1608) al objeto de defender las secularizaciones y concertarse para la acción común contra el partido católico, el rey francés Enrique IV les prometió su ayuda. A la Unión respondieron los príncipes católicos confederándose en la Liga del 10 de julio de 1609, a la que prestaba apoyo España. Alemania quedaba dividida en dos estados rivales, cada uno con su política extranjera de pactos y alianzas.
LA INSURRECCIÓN DE BOHEMIA Y SUS CONSECUENCIAS (1619-1620)
La sucesión del emperador Matías fue otorgada al archiduque Fernando de Estiria, campeón de la contrarreforma y de la centralización autoritaria de los estados patrimoniales de los Austrias. En 1617 fue reconocido como heredero de la corona de Bohemia y en 1618 de la húngara. Su unilateral personalidad provocaría una vigorosa sacudida en el tambaleante edificio imperial. De esta manera iban a confabularse dos problemas distintos por su origen: el de la estructura definitiva el Estado habsburgués y el de la victoria o fracaso de la contrarreforma en Alemania, que a su vez implicaba el triunfo o la derrota de las ideas monárquicas y centralizadoras en el Reich alemán.
En 1618 la política anticheca del emperador Matías provocó el primer incidente: en noviembre de 1617 había decretado medidas limitando la autonomía municipal de Praga. En mayo de 1618 promulgó un decreto contra la Carta de Majestad, prohibiendo edificar templos en determinados territorios de realengo. La nobleza checa, liderada por el calvinista Enrique Matías de Thurn dio un golpe de estado conocido como la ðdefenestración de Pragað (23 de mayo de 1618), se apoderó del poder, proclamó el nuevo orden político, armó a las milicias burguesas y se alió con los estados de Austria para hacer frente al emperador.
Entonces murió Matías (20 de marzo de 1619) y fue elegido el archiduque Fernando. Los rebeldes bohemios ofrecieron la corona real al príncipe calvinista Federico V y se aliaron con Bethlen Gabor, hombre fuerte de Transilvania y que aspiraba a la independencia de Hungría.
Los ejércitos bohemios y húngaros invadieron Austria y sitiaron Viena en junio de 1619, Fernando II fue apoyado por la Liga y por Maximiliano de Baviera en Alemania, y por España y el Papado en el extranjero. La debilidad de la Unión Evangélica y las discrepancias internas entre los protestantes facilitó la formación de un ejército que, al mando del conde de Tilly, pacificó el territorio austriaco y acometió a las tropas bohemias cerca de Praga, en la Montaña Blanca. La batalla terminó con un aplastante éxito del bando imperial (8 de noviembre de 1620). Con ella quedaba rota la resistencia nacional checa, y reducida la herejía protestante en Bohemia, Moravia, Silesia y Austria. En Hungría la victoria austriaca obligó a Bethlen Gabor a reconocer la soberanía de Viena.
Tras la victoria, Bohemia quedó sujeta a los Habsburgo. Los nobles checos, la burguesía y las ciudades fueron sometidos. Las tierras de la nobleza, fueron cedidas a aventureros germánicos, se introdujo el trabajo forzado entre los campesinos, y se arruinó a los burgueses devaluando la moneda. Bohemia quedó adscrita a la linea directa de los Habsburgo, se imponía el derecho germánico y romano en sustitución del nacional y se limitaba la difusión del espíritu y cultura checos. El alemán se declaró idioma oficial, se depuraban libros y se expurgó la Universidad de Praga de todo elemento sospechoso.
LA GUERRA EN ALEMANIA. LA INTERVENCIÓN DIRECTA DE FRANCIA Y LAS ÚLTIMAS FASES DE LA GUERRA (1635-1648). LA INTERVENCIÓN ESPAÑOLA EN EL CONFLICTO.
El triunfo en Bohemia trasladó los campos de batalla a Alemania, al objeto de remachar en el territorio del Reich el éxito de la montaña Blanca. Disuelta la Unión Evangélica en abril de 1621, la Liga aliada con España no tenía enemigos, sus tropas al mando de Tilly y las españolas de Espínola, ocuparon los territorios del alto y Bajo Palatinado en la cuenca media del Rin. El Palatinado fue entregado a Maximiliano de Baviera y el título de elector del Imperio fue transferido por la Dieta de Ratisbona. El triunfo de la contrarreforma alejaba el predominio protestante en el seno del Colegio Imperial, y separaba los territorios protestantes pro las posesiones católicas el duque de Baviera. En la Baja Sajonia, los ejércitos de Tilly continuaban con sus éxitos.
Fernando II, de forma voluble, quiso alejar a Tilly, y le ofreció su ejército al noble Alberto de Wadstein (Wallenstein). Ambicioso y audaz, original, incrédulo y excéntrico, Fernando II halló en el al general de sus propias milicias, independientes de los auxilios de la Liga, para restablecer el predominio del emperador en el Reich.
En el norte de Alemania, el emperador y la Liga, pretendían exigir la ðrestituciónð de las posesiones eclesiásticas indebidamente secularizadas. A ello se opuso el rey de Dinamarca, que buscaba conservar la supremacía danesa en el Báltico occidental amenazada por Suecia. Dinamarca fue apoyada por los Países Bajos, por Inglaterra y por Francia, adquiriendo el conflicto dimensiones internacionales. Sin embargo el ejército danés fue derrotado por Tilly y por Wallenstein, lo que proporcionó al Imperio los condados de Schleswig y Holstein, más Jutlandia, lo que consolidaba el predominio católico en el norte, sobre todo tras el Edicto de Restitución de 1629.
A partir de 1627 se acentúan las diferencias entre el emperador y la Liga, a consecuencia de la actitud de Wallestein, y por los deseos de los príncipes de deshacer los proyectos de Fernando II de reformar la constitución del Imperio. La Dieta de Ratisbona de 1630 supuso la ruptura entre Fernando II y la Liga, que obtenía la destitución de Wallestein. Richelieu estimuló las suspicacias antiautoritarias del duque Maximiliano de Baviera, lo que provoca la debilidad del Reich frente al inminente ataque de Gustavo de Suecia.
Gustavo Adolfo, tras derrotar a polacos y rusos, pretendía consolidar su posición en el Báltico. Richelieu supo atraerle hacia los campos de batalla de Alemania. Francia prometió al rey sueco una subvención anual durante cinco años para mantener los gastos de su ejército. Richelieu pensaba manejar a su antojo a Gustavo Adolfo, pero las tropas suecas obtuvieron importantes triunfos, sobre todo el de Breitenfeld (1631) que hizo al rey sueco encarnarse en caudillo de los protestantes alemanes. A partir de aquí, Gustavo Adolfo obra independientemente de Francia, estableciendo el protestantismo en los poderosos arzobispados católicos del Rin, pretendiendo constituir un estado federal protestante alemán. A la Liga no le queda más remedio que apoyar al emperador, y Fernando II reclama la ayuda de Wallestein, quien acude para capitanear las fuerzas de la Liga.
Gustavo Adolfo muere en la batalla de Lutzen y provoca en sus filas un período de confusión. La Liga exige de nuevo la destitución de Wallestein, quien es asesinado por sus oficiales. Las tropas suecas son derrotadas en Nordlingen por fuerzas españolas e imperiales, esta victoria invierte la situación militar y política, ya que la mayoría de los príncipes protestantes firman la paz con el emperador par oponerse a la invasión sueca. En Praga en 1635 se acuerda el mantenimiento de la situación actual por cuarenta años.
En el problema alemán chocan los intereses de Francia y España. Richelieu, sacrificando sus convicciones religiosas a los intereses de su nación, acumula obstáculo tras obstáculo al triunfo del emperador Fernando II en el Reich, pero en todas partes tropieza con España. Tras la paz de Praga el cardenal refuerza su posición internacional antes de declarar la guerra, y constituye una especie de alianza que reúne a todos los enemigos del emperador y de España: Holanda, Suecia, Saboya y Sajonia. Casi toda Europa es arrastrada a la guerra: Suecia contra Alemania y Dinamarca, Holanda contra España, Transilvania contra Austria, Francia contra España y el Imperio. La primera guerra europea tiene como fondo el conflicto de los Treinta Años, pero ya no se dirime una cuestión religiosa, sino la resolución de las diferencias políticas entre Francia, España y el Imperio Alemán.
Declarada la guerra el 19 de marzo de 1635, las tropas españolas e imperiales obtienen los primeros triunfos, pero pronto la suerte de las armas se inclinó hacia Francia y sus aliados: el tránsito por la Valtelina, la recuperación de Breda por Holanda, la ocupación de Breisach por Sajonia y el asentamiento en Alsacia de tropas francesa en 1638. Al año siguiente una flota española es derrotada en el Canal de la Mancha, y Arras caía en poder de los franceses. España se ve debilitada por los conflictos internos en Cataluña, Portugal y Andalucía, entre 1637 y 1639, lo que hizo que en 1643 su potencial bélico fuese derrotado por el príncipe de Condé.
Las tropas suecas por su parte, consiguieron entre 1643-1645 garantizar el libre acceso de Suecia al Mar del Norte venciendo la resistencia danesa. Suecos y franceses triunfan en Alemania, abriéndoles las puertas de Bohemia y Austria. España firma la paz con Holanda para tener las manos libres frente a Francia e intentar una última acción. La tentativa fracasó, y el Imperio privado del auxilio de Baviera y España, tuvo que capitular, el 24 de octubre de 1648 se firmaba la paz de Westfalia.
LOS TRATADOS DE WESTFALIA. EL MAPA EUROPEO Y EL NUEVO EQUILIBRIO: PÉRDIDA DE LA HEGEMONÍA DE LA CASA DE AUSTRIA EN EUROPA.
En 1641 se acordó en Hamburgo entre el Imperio, Francia y Suecia, proceder a unas negociaciones diplomáticas encaminadas a resolver el conflicto. Cuestiones de detalle, de procedencia y títulos, fueron utilizados para demorar las negociaciones a compás de los éxitos o reveses militares. Hasta 1645 no dieron comienzo los trabajos. El tratado de Westfalia regulariza las relaciones entre el Imperio y sus miembros constituyentes, Francia, Suecia y sus aliados. De él quedó excluida España. A pesar de ello, Westfalia es el primer intento de coordinación internacional de la Europa moderna. Basó la estructura de Europa en una serie de estados nacionales laicos, relacionados por vínculos políticos y económicos. Al cosmopolitismo medieval, sucedía la fragmentación nacional moderna.
El orden territorial de Westfalia descansó sobre un hecho patente, el desquiciamiento de Alemania. El imperio medieval fue reemplazado por una atomización estatal sujeta a la influencia francesa. El tratado sustituyó la autoridad del emperador por la independencia efectiva de los electores, príncipes y ciudades del Imperio. Del Reich sólo quedaba el nombre.
Territorialmente Francia, por medio de fórmulas vagas, confusas y contradictorias, se hacía con Alsacia, sin que por ello este territorio quedara segregado del Imperio. Suecia consiguió consolidar su predominio en el Báltico, al mismo tiempo que se le permitía, como miembro de la Dieta intervenir en los asuntos interiores de Alemania.
La ruina de los Habsburgo en Alemania no significó, por otra parte excesivo desarrollo territorial de los príncipes del Reich. La guerra de los Treinta Años había tenido además en Alemania un aspecto religioso. La paz de Westfalia resolvió las discrepancias de religión: Alemania quedaba dividida en norte reformado y sur católico. En resumen Westfalia indica el camino de la tolerancia religiosa en Alemania, pero a costa de legalizar la desintegración política del Imperio.
TEMA 27.- LA MONARQUÍA HISPÁNICA: LA ESPAÑA DE CARLOS II. LA GUERRA DE SUCESIÓN.
LA REGENCIA DE DOÑA MARIANA DE AUSTRIA. LA VUELTA DE LOS VALIDOS.
Durante más de un tercio de siglo el problema de la sucesión de España fue el objetivo de todas las cancillerías europeas, ansiosas por apoderarse de las posesiones españolas en Europa, América y Oceanía. De como se resolviera la sucesión de Carlos II dependía la consolidación del orden internacional, bien con el predominio francés o bien con el equilibrio postulado por las demás naciones europeas. La falta de un gobierno firme en Madrid daba a Francia y a Austria todo tipo de facilidades para intrigar.
El último de los Austrias españoles, Carlos II (1665-1700), era enfermizo y débil, y su sucesión se convirtió en una competición europea. La insensatez gubernamental prestaba alas a la codicia de Francia y Austria. Durante la minoría de edad del monarca (hasta 1675) se habían disputado el gobierno el padre Nithard y el bastardo Juan José de Austria. Aquél estaba protegido por la regente, Mariana de Austria; en este se concentraban las esperanzas de los que aspiraban a un resurgimiento nacional. Apartado de la corte, Juan José marchó a Cataluña, donde intentó realizar sus planes y se pronunció en Barcelona contra el ejército de Nithard, y con unas pocas tropas se dirigió a Madrid. Mariana de Austria tuvo que ceder y destituyó a Nithard, pero Juan José se conformó con el título de virrey de Aragón.
La regente halló en Fernando de Valenzuela un valido agradable y un ministro de pocas exigencias. Nuevamente los descontentos se agruparon alrededor de Juan José de Austria, quien logró apoderarse del poder en enero de 1677. Valenzuela y la reina regente fueron desterrados de la corte. pero la política del bastardo se vio condicionada por la guerra contra Luis XIV ante quien tuvo que ceder en el tratado de Nimega, junto a una endeble política interior. Su muerte ocurrida en 1679, devolvió el poder a Mariana de Austria, pero esta encontró una rival en la esposa de Carlos II, María Luisa de Orleans.
INDEPENDENCIA DE PORTUGAL
Desde el reinado de Felipe IV se había afianzado el movimiento de independencia de Portugal. Tras el éxito de los portugueses en Montijo (1644), las tropas españolas se mantuvieron, en general, a la defensiva, no logrando en sus acometidas éxitos de importancia. Madrid dedicaba sus principales esfuerzos a la guerra contra Francia y a la pacificación de Cataluña. Esta política permitió a la corte de Lisboa organizar la administración del Estado par futuros días de pruebas. El fortalecimiento de la alianza con Inglaterra (1654) señalaba uno de los caminos más consecuentes en la política exterior de Portugal en los tiempos modernos.
Tras la guerra española con Francia, y el triunfo de esta con la paz de Aquisgran en 1668, España reconocía en el convento de San Eloy de Lisboa, la independencia de Portugal, resultado también de la política de Luis XIV que había enviado a Schomberg a Portugal para reforzar su ejército contra España, con lo que violaba el tratado de los Pirineos. En este reconocimiento de Portugal no entraba Ceuta, que quedaba para España.
LA GUERRA CON FRANCIA. PAZ DE RISWICK
Los triunfos de Leopoldo I frente a los turcos propiciaron una alianza de los príncipes alemanes para hacer frente a las arrogancias de Luis XIV y para mantener las estipulaciones de Westfalia. Se agruparon en la Liga de Augsburgo, de la que formaba parte España y Suecia, conformándose como un arma para contener el imperialismo francés. El gobierno galo, considerando sus fuerzas superiores, tomó como excusa la cuestión del arzobispado de Colonia para disputar la hegemonía francesa en el Rin. El 24 de septiembre de 1688 declaró la guerra al Imperio, ocupó Avignón, invadió Colonia y atacó el Palatinado, destruyendo completamente este territorio. A los príncipes alemanes de la Liga se unieron Suecia, España, la Provincias Unidas, Saboya y , finalmente, la Inglaterra de Guillermo II. Francia se encontró en Europa con un sólo aliado, el arzobispo de Colonia, y tenía que defenderse de un bloque de católicos y protestantes.
La guerra fue de larga duración (1688-1697) y sólo en el mar se lograron triunfos decisivos. Los intentos franceses de invadir las islas fueron desbaratados por las flotas británicas y holandesa, sufriendo la marina gala una grave derrota en La Houghe, que arruinó la naciente marina de Luis XIV y consolidó el poder y la hegemonía de Inglaterra en los mares.
En el continente los generales franceses efectuaron una buena campaña ocupando varias plazas de los Países Bajos españoles. Sin embargo Luis XIV no pudo obtener la victoria militar que buscaba. Europa se imponía poco a poco a Francia.
La guerra degeneró en el mar en una serie de operaciones de corso y pillaje y en tierra en maniobras sin importancia. Las dificultades financieras aumentaban en los estados rivales. Sólo la retirada de Saboya de la coalición permitió a Luis XIV proponer una paz ventajosa. Esta se firmó en Riswick el 20 de septiembre de 1697, por ella Guillermo II era reconocido como rey de Inglaterra, se modificaban las tarifas arancelarias francesas a favor de Holanda, se restituía a España el Luxemburgo y las plazas ocupadas durante la guerra, se devolvía Lorena a su duque y se reconocía a Holanda e Inglaterra el derecho a mantener una guarnición en ciertas plazas fuertes de los Países Bajos españoles. Riswick significa el primer retroceso en el camino imperial de Luis XIV.
EL PROBLEMA SUCESORIO Y LOS PRETENDIENTES AL IMPERIO ESPAÑOL.
La cuestión jurídica entre los tres pretendientes más calificados a la sucesión al trono español se prestaba a discusiones complicadas. Luis XIV y Leopoldo II eran ambos nietos de Felipe III. Pero había parientes más próximos a Carlos II: el Gran Delfín de Francia era sobrino del rey español, pero a esta sucesión se oponía la renuncia de los derechos incluida en la paz de los Pirineos.
El príncipe Fernando José de Baviera era nieto de Leopoldo y de Eleonora de Neoburgo, tenía también derechos por su padre. Pero la cuestión sucesoria implicaba además el equilibrio de fuerzas en Europa.
FELIPE III
%%%%%%%%%%% %%%%%%%%%%% % % %%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%
ANA DE AUSTRIA FELIPE IV MARIANA DE AUSTRIA
LUIS XIII % FERNANDO II
%
%%%%%%%%%%%%%%%%% %%%%%%%%%%%%%%% ELEONORA
LUIS XIV- Mð TERESA CARLOS II MARGARITA - LEOPOLDO I - NEOBURGO
%%%%%%%%%%%%%%%%%%%% %%%%%%%%%%%%%%%%%%%% %%%%%%%%%%%%%%%%%%
GRAN DELFÍN MðANTONIETA CARLOS
% MAXIMILIANO
FELIPE DE BORBÓN DE BAVIERA
%
FERNANDO JOSÉ
Francia e Inglaterra acordaron el segundo tratado de partición de la monarquía española, firmado en La Haya en septiembre de 1698. Por el acuerdo, el príncipe Fernando José asumiría el trono, pero recibiendo el Gran Delfín Nápoles, Sicilia, Toscana, el marquesado de Finale y Guipúzcoa; el archiduque Carlos recibiría el Milanesado. Al ser conocidos los términos del Tratado en Madrid, Carlos II deseoso de conservar íntegro el Imperio, otorgó testamento a favor de Fernando José, pero la muerte de este príncipe a los pocos meses, desbarató los propósitos de la corte española.
En estas circunstancias se acuerda un tercer tratado de partición en Londres entre las Potencias Marítimas, Inglaterra, Holanda y Francia. Se aceptaba la herencia del archiduque Carlos, al que correspondería España, las colonias y los Países Bajos; el Gran Delfín recibiría los territorios reconocidos en La Haya más el ducado de Lorena, cuyo duque sería transferido al Milanesado. Este pacto público no fue reconocido ni por el emperador ni por España, y el consejo de Estado propuso una solución nacional: entregar la corona al segundo hijo del Gran Delfín, Felipe de Anjou. Carlos II aceptó este criterio y redactó así su testamento pocos días antes de morir.
LA GUERRA DE SUCESIÓN: LA DISTRIBUCIÓN DE FUERZAS Y LOS OBJETIVOS DE LOS CONTENDIENTES.
Carlos II había procurado mantener íntegro el Estado español, entregándolo al único candidato que podía defenderlo. Holanda e Inglaterra no se opusieron, en espera de que Luis XIV respetará los términos de los acuerdos de Londres y La Haya, pero el monarca galo proclamó rey a Felipe de Anjou y este acto implicaba una declaración de guerra que planteaba la continuación del dilema: hegemonía de Francia o equilibrio continental. La tradicional antipatía entre Francia y Alemania se unía ahora al temor de las Potencias Marítimas de hallar en Francia una potencia naval y colonial.
Felipe V había sido reconocido pacíficamente en España, y ni Inglaterra ni Holanda habían hecho objeciones, pero cuando Luis XIV declaró los derechos de su nieto a la corona francesa, e hizo ocupar por tropas galas las plazas de la Barrera de los Países Bajos, y obtuvo favorables condiciones para los comerciantes franceses en el comercio con América, tales medidas suscitaron el recelo de ambas potencias que se aliaron con el emperador Leopoldo, formándose la Gran Alianza de La Haya. Sus objetivos eran obtener la separación de los reinos de España y Francia, la prohibición del comercio francés en las colonias españolas y la paz general; para imponerlos declararon la guerra a Francia el 15 de mayo de 1702.
La coalición dominaba las rutas del mar. La guerra, por tanto había de decidirse sobre el continente. Durante los dos primeros años, las tropas francesas lograron ventajas de importancia, sobre todo en Italia. A mediados de 1702 Luis XIV lanzó una ofensiva contra Alemania que, aunque triunfante en principio, fue repelida al año siguiente por tropas inglesas y de Saboya que aniquilaron al ejército de Vilars, lo que permitió a las tropas de la coalición ocupar Baviera y emprender una ofensiva. Los primeros éxitos aliados se produjeron en la península al apoderarse los ingleses de Gibraltar en 1704, donde encontró el apoyo popular al desembarcar el arquiduque Carlos en Barcelona en 1705, y llegó a apoderarse brevemente de Madrid. Durante el mismo año los franceses fueron derrotados por Inglaterra en Ramilliers, en Flandes y en Turín. La batalla de las fronteras estaba perdida para Francia, tanto en Italia como en los Países Bajos.
La segunda fase de la guerra pareció iniciarse mejor para los Borbones, con la recuperación en 1707 de casi todo el territorio peninsular perdido. Pero de nuevo en 1708 la coalición obtuvo nuevas victorias en los Países Bajos que forzaron a Luis XIV a pedir la paz, pero la exigencia de la coalición de que fuera el propio monarca galo el que expulsara a Felipe V, provocó un desesperado esfuerzo francés que se estrelló en Malplaquet el 11 de septiembre de 1709, fue la derrota total de Francia.
Pero la guerra se había transformado en nacional en Francia, y España se había agrupado en torno a Felipe V que obtuvo éxitos en Cataluña. A estos se unieron el cambio gubernamental en Inglaterra, deseoso de encontrar una paz favorable. La muerte del emperador José I, que había sucedido a su padre Leopoldo, implicaba la llegada al trono imperial de Carlos IV, lo que facilitó un cambio de actitud inglesa, que tampoco deseaba un poder austríaco hegemónico.
Los tratados de paz de Utrech y Rasttat cierran la guerra de Sucesión de España.
LOS TRATADOS DE PAZ DE UTRECH Y RASTTAT Y EL NUEVO ORDEN EUROPEO.
Las negociaciones para acabar con la guerra se iniciaron en 1704-1705 y se renovaron en 1706. Los acontecimientos bélicos retrasaron las conversaciones hasta 1711, cuando se iniciaron en Londres las que concluyeron con la firma el 11 de abril de 1713 de la paz de Utrecht entre Francia, Inglaterra, Holanda, Saboya y Prusia. España y el Imperio resisten aún hasta 1714 cuando termina el conflicto con la paz de Rasttat.
Las estipulaciones de Utrecht-Rasttat mantienen los principios territoriales y políticos de Westfalia: afirmación de la decadencia política de España, del Reich alemán y de Italia, pero además en Utrech se eliminó la posibilidad de una hegemonía francesa en Europa, con lo que ninguna potencia había de ser lo suficientemente fuerte como para inquietar a las demás, consolidando el equilibrio europeo.
Francia pierde la hegemonía política del continente, pero conserva su caudillaje espiritual. Austria sale beneficiada territorialmente, pero en la misma Alemania surge un peligroso rival, Prusia. Italia continúa desmembrada, pero aparece el reino de Sicilia como cabeza capaz de futuras acciones unificadoras. En Utrech se reconoce por vez primera la potencialidad de Inglaterra, hegemónica en el océano y preponderante en el continente, allí nace el Imperio Británico. Francia, por su parte, conserva íntegras sus fronteras continentales, y se le confirma en la posesión de Alsacia y Estrasburgo, pero a cambio se produce la ruptura del ideal absolutista. El Imperio español sale muy reducido de los tratados de Utrech-Rasttat, España continúa en el papel de gran potencia mundial gracias a la conservación de las Indias y al rejuvenecimiento de las fuerzas del país por la imposición definitiva de la unidad y el centralismo político.
TEMA 28.- LA ILUSTRACIÓN
GÉNESIS: PROPUESTAS INTELECTUALES Y PERIODIZACIÓN
Se conoce como Ilustración el movimiento cultural e intelectual que se desarrolló en Europa a lo largo del siglo XVIII, en especial durante el período de 1715 a 1789, y que tuvo como objeto primordial la difusión de la filosofía racionalista en todos los ámbitos del saber humano. La aceptación de la cultura de la Ilustración supuso, por un lado, la afirmación de la fe absoluta en la razón humana como base de todo conocimiento, y por otro la adopción del espíritu libre y crítico en el análisis de las actividades humanas y en la resolución de sus problemas. Esta nueva actitud intelectual, a la vez crítica y reformadora, caló especialmente en el seno de la burguesía, clase social ascendente en la Europa del siglo XVIII. Y es que la doctrina de la Ilustración se reveló como una eficaz arma ideológica para luchar contra las estructuras de la sociedad y cultura del Antiguo régimen, en particular contra los privilegios estamentales y los dogmas de la Iglesia católica. La plasmación concreta de los ideales ilustrados, como la libertades y la igualdad, tuvo como primer marco sociopolítico la Revolución francesa de 1789.
La filosofía de la Ilustración aportó una serie de privilegios universales que afectaron muy profundamente a hábitos y ámbitos muy diversos de la sociedad. Así por ejemplo, los juristas ilustrados del XVIII, encabezados por Cesare Beccaria, inauguraron el derecho penal moderno, cuyos postulados esenciales son la eliminación de la tortura y la presunción de inocencia. La economía se consolidó como ciencia gracias al escocés Adam Smith y sus ðInvestigaciones sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las nacionesð (1776), obra con la que puso los cimientos teóricos del liberalismo económico.
Por su parte, las ideas de carácter social, político y religioso estuvieron en la base reivindicativa de los movimientos liberales que presidirán el siglo XIX europeo. Montesquieu. Voltaire y Rousseau fueron los grandes deudores de este transcendental corpus teórico. El primero en su obra ð El espíritu de las leyesð (1748) reformuló el principio liberal de la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial). El segundo, muy anticlerical, se erigió en crítico implacable de la jerarquía eclesiástica, defendió la tolerancia religiosa y la ðreligión naturalð o deismo, que admitía la idea de Dios, pero negaba la revelación. Y el tercero desarrolló conceptos tan básicos para la historia política moderna como la soberanía nacional o la igualdad de todos los individuos ante la ley.
LA ILUSTRACIÓN FRANCESA. LA ðAUFKLÄURUNGð.
Originada en Inglaterra en el siglo XVII, la ideología liberal de la Ilustración caló profundamente en Francia, donde abrió la senda al triunfo revolucionario a fines del siglo XVIII. Como ya hemos indicado, la primera generación ilustrada la acaudillaron Montesquieu y Voltaire, recogiendo las corrientes racionalistas, jusnaturalistas y empiristas del siglo XVII. Montesquieu impulsa una nueva concepción del mundo y sus ideas son la base ideológica de la burguesía intelectual y de la Ilustración. La segunda generación la componen Rousseau, Diderot y DðAlambert, fundamentalmente, y corresponde a los triunfantes tras 1748. Manteniendo la ascendencia racionalista voltariana, surge una corriente naturalista, espiritualista y popular, y se encarna en los enciclopedistas.
Un proceso semejante, aunque menos pronunciado, se registró en los países germánicos. Las corrientes enciclopedistas llegaron a inspirar la política de la corte austríaca. El pensamiento ilustrado alemán, se circunscribe a Wolff, fundador científico de la Aufklärung. Luchador contra el aristotelismo, promulgó la estructuración naturalista y racionalista de la cultura.
La Aufklärung tiene un carácter netamente nacional, y corresponde al renacimiento de la personalidad alemana tras la guerra de los Treinta Años. El idealismo alemán recoge la herencia de las corrientes posrenacentistas combinadas con una nueva interpretación de la antigüedad clásica. El idealismo es un movimiento creador en el campo del arte, de la poesía y la filosofía, sus representantes más destacados son Kant en filosofía. Goethe y Schiller en letras y Beethoven en música.
LOS CANALES DE DIFUSIÓN: SALONES, LITERATURA Y PRENSA.
El triunfo del ideal ilustrado en Europa fue posible gracias a la existencia de un ambiente social favorable, en parte noble y en parte burgués. En Francia los salones de las grandes damas de la época sirvieron de punto de encuentro para escritores, filósofos, artistas y políticos, convirtiéndose en el crisol y el escaparate de las ideas ilustradas.
Nota peculiar del desarrollo de la nueva corriente fue el alejamiento de las universidades y academias oficiales, donde chocaba con la resistencia del Estado y las autoridades. Los filósofos y literatos partidarios del pensamiento ilustrado se agrupaban en los salones de París, quienes en esta época desempeñaron un papel importantísimo en la cristalización de las formas intelectuales. El salón, como centro de refinamiento espiritual tenía en Francia una tradición de dos siglos, pero durante el XVIII, en ellos se desarrolló la Ilustración. Hubo clubes famosos como el del Entresuelo, del abate Alary, o salones como los de las señoras de Deffand, Lðespinasse, Geoffris, etc.
También la prensa favoreció de la propagación del pensamiento ilustrado. La edición de libros, folletos y revistas progresó extraordinariamente durante el siglo XVIII, y a pesar de la censura muchos eran introducidos en Francia desde el extranjero. Una vasta organización de libreros y comisionistas, difundía los folletos más radicales. A fines de siglo, con el triunfo ilustrado, las obras se multiplicaron considerablemente. El Dieciocho fomentó el auge de los periódicos, aparecidos en el siglo anterior, y vieron la luz en todos los países europeos.
ESPAÑA: LOS INTENTOS DE LA MONARQUÍA POR LA REFORMA.
Uno de los rasgos que mejor definen al hombre ilustrado del siglo XVIII es su sentido práctico de la filosofía. En España una de las figuras de mayor relevancia en el círculo intelectual próximo a la corte de Carlos III fue Gaspar Melchor de Jovellanos, quien se distinguió por sus proyectos de reforma sobre aspectos muy diversos: fomento de las obras públicas, lucha contra la Inquisición, humanización de la justicia, racionalización de la enseñanza, liberalización económica, etc.
Durante el reinado de Carlos III el despotismo ilustrado vivió en España su período de apogeo. Asesorado por un grupo de ministros imbuidos del espíritu ilustrado (Esquilache, Floridablanca, Aranda, Campomanes), el hijo de Felipe V de España y de Isabel de Farnesio, emprendió una serie de reformas significativas en ámbitos diversos de la política, la sociedad y la economía española, que en ocasiones dañaron muy directamente los intereses de las clases privilegiadas, la aristocracia y la Iglesia católica.
LAS SOCIEDADES ECONÓMICAS DE AMIGOS DE PAÍS.
Los esfuerzos más constantes y tenaces de los gobiernos de Carlos III se dirigieron ala potencialización económica del país. En este afán, el gobierno se vio apoyado por la constitución de lasðSociedades Económicas de Amigos del Paísð, fundadas a imitación de sociedades francesas análogas. Partiendo de los principios fisiócratas, se protegió el fomento de la agricultura, a fines de siglo fue suprimida la jurisdicción especial del Consejo de la Mesta, institución ganadera privilegiada que perjudicaba el cultivo del campo. Se completaron obras de riego, se instituyeron granjas modelo y se decretó la libre circulación de cereales. En Andalucía septentrional y Murcia se emprendieron vastas obras de colonización.
El gobierno y las Sociedades Económicas impulsaron también el desarrollo industrial, ya en régimen de manufacturas de lujo, ya de fábrica de textiles. En esta época la región catalana comenzó a destacar con su producción de paños e indianas. Esta recuperación industrial fue alentada por el acondicionamiento de las vías de comunicación, las mayores facilidades dadas al transporte y por la anulación del monopolio comercial con las colonias. La regulación de la moneda, los pesos y las medidas, la fundación del Banco de San Carlos y otras normas de carácter económico general, favorecieron el progreso del comercio español.
CONSERVADORES Y LIBERALES.
La Ilustración se opuso a la visión tradicional de la sociedad según la cual ésta se dividía en tres estamentos inamovibles, a los que cada individuo pertenecía sólo por su nacimiento: la nobleza y el clero como estamentos privilegiados y amparados por la corte, y el tercer estado, con la burguesía, la clase popular urbana y el campesinado.
TEMA 29.- PENSAMIENTO POLÍTICO Y RELIGIÓN
REFORMISTAS Y REVOLUCIONARIOS EN EL PENSAMIENTO POLÍTICO
La mentalidad de la comunidad de Occidente experimenta una transformación notabilísima a fines del siglo XVII y principios del XVIII. Este cambio ha sido calificado como la ðrevuelta del intelecto europeoð. Mientras el absolutismo afirmaba una prepotencia inconmovible, los pensadores iban desarrollando el credo del pactismo y del derecho natural. La crisis de la conciencia europea en el tránsito de los siglos XVII al XVIII fue un proceso de afirmación no de destrucción.
El espíritu de disentimiento intelectual al absolutismo cristalizó en Francia tan pronto como Luis XIV quebrantó la legislación contra los hugonotes y se lanzó a imponer su hegemonía en Europa. La primera protesta la protagoniza Michel le Vessor quien, sin embargo, no conduce aún a la oposición contra la monarquía absoluta se satisface con un régimen monárquico moderado, de raigambre tradicional. Jurien desarrolla la teoría del pacto mutuo entre el soberano y el pueblo, pero con un exquisito respeto a la autoridad. Saint Simon combatió el absolutismo y la omnipotencia gubernamental, pidió la restauración de las antiguas costumbres y privilegios de la aristocracia y defendió la tolerancia religiosa.
A mediados del XVIII algunos de los postulados de la Ilustración van a ser aplicados por los monarcas en beneficio propio. La realeza adopta de la Ilustración lo que puede contribuir a consolidar su omnipotencia y a aumentar su poder. El Despotismo Ilustrado es una posición de autodefensa de la monarquía, aprovechando las conclusiones que le son favorables de la filosofía enciclopedista. Su propósito es corregir el abuso y hacer desaparecer los privilegios. El régimen del Despotismo Ilustrado trató de combinar lo nuevo con lo viejo.
LA IDEA DEL PROGRESO
El aspecto positivo de la Ilustración va acompañado de un optimismo irrefrenable sobre el futuro de la Humanidad. La creencia en el progreso inin