Historia general de la comunicación: Edad Contemporanea

Poder. Burguesía. Revoluciones. Prensa. Monarquía absoluta

  • Enviado por: Jara
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
publicidad
publicidad

Historia General

de la Comunicación

Tema 3. PODER, COMUNICACIÓN Y BURGUESÍA:

LA EDAD CONTEMPORÁNEA.

  • Las Revoluciones Burguesas.

  • El inicio de la Edad Contemporánea, que formalmente comienza con la Revolución Francesa (1789), no es un momento puntual, sino un proceso que llega en la medida en que se suceden una serie de revoluciones de carácter burgués que determinarán la implantación de Estados liberales de base política liberal y sistema económico capitalista. De hecho se trata de procesos destacables en la historia de la comunicación porque en ellos uno de los principios básicos es la libertad de expresión; los burgueses se servirán de la imprenta para conseguir derrocar el Absolutismo.

    Estas revoluciones comienzan a principios del siglo XVII en las Provincias Unidas (Países Bajos) que en esos momentos eran ya independientes de España.

    3.1.1. La Revolución Holandesa.

    En un primer momento se dio un movimiento de las clases acomodadas (nobleza) contra Felipe II que había decidido aumentar los impuestos (reforma fiscal), movimiento al que más tarde se unieron los burgueses adinerados. Pronto esta rebelión excede sus límites iniciales incidiendo entre las clases más desfavorecidas. Este movimiento se difundió a través de la imprenta (folletos, libelos,...).

    Para oponerse a “lo español” los revolucionarios toman la bandera del Protestantismo ya que Felipe II se había erigido como defensor acérrimo del Catolicismo. Sermones, canciones, himnos y toda clase de publicaciones extienden las ideas revolucionarias concluyendo con la independización de las Provincias Unidas Holandesas en 1609, estableciéndose un Estado de raíz burguesa e índole liberal.

    Desde Holanda empiezan a difundirse ideas contra el absolutismo gracias al auge de la imprenta y de la venta de libros y otro tipo de publicaciones. Hay que tener en cuenta que en este momento Holanda es el centro impresor, tomando el relevo de Italia y Alemania. Así, en la primera mitad del siglo XVII Leyden y Ámsterdam las capitales europeas de la actividad impresora.

    En parte esta difusión de ideas contrarias al absolutismo tiene una intencionalidad clara. En un principio el fenómeno se explica porque muchos de los impresores, inmigrantes hugotones en su mayoría, sufrían la represión y las limitaciones que había establecido el poder real. Pero muy pronto se encuentra la razón más evidente: el mercado se queda pequeño en Europa, de modo que este tipo de publicaciones contrarias al régimen comienza a traducirse a otras idiomas. En esta situación, los impresores holandeses empezarán a elaborar publicaciones periódicas (1620), las gacetas, en inglés y francés y a distribuirlas en Inglaterra y Francia y otros países más cercanos como Alemania. De esta forma se constituye una auténtica “República de las Letras”, se establece una red de contactos y relaciones entre intelectuales franceses, ingleses, alemanes y holandeses que se forjarán en las universidades.

    Pero no debemos olvidar que el dinero y las prestaciones económicas juegan siempre un papel importantísimo, de este modo se publican también, por una parte, libros con ideales católicos, ya que tienen un público importante al que no pueden abandonar, y por otra, libros de índole literario.

  • La Revolución Inglesa.

  • Estamos entonces de acuerdo en que la expansión de las ideas liberales se inicia en Holanda a partir del siglo XVII. Desde allí llegan estas ideas a Inglaterra, donde Milton (Paraísos Perdidos) se configurará como autor de las obras más significativas sobre la libertad de expresión como el Aeropagitica (1644). Milton tendrá un contacto directo con uno de los principales ideólogos de la Revolución Holandesa: Groccio.

    La Revolución Inglesa, al igual que su precedente holandés, comienza en 1640 como una revuelta de privilegiados (a pesar de que en la Inglaterra prerrevolucionaria ya se difundían ideas liberales) que luego excederá sus límites. Se trata de una oposición de nobles y burgueses a la gestión del monarca absoluto Carlos I y sus ministros que, en un principio, no pretendía llegar más allá. Carlos I convoca al Parlamento y los miembros (nobles y burgueses adinerados) aprovechan para expresar su oposición a los ministros del rey. Consiguen concluir con un decreto contra éstos y se aprueba una ley (noviembre de 1691) que les permite criticar al monarca. Este episodio será conocido como la Gran Protesta.

    A partir de este momento se desencadena en 1653 una Guerra Civil entre partidarios del Parlamento y de la Corona que culmina en 1658 con la ejecución de Carlos I y la llegada al poder de Oliver Cromwell, el principal representante del ejército parlamentarista, instaurándose lo que se denominó la República de Cromwell. El movimiento revolucionario llegó a otras capas de la sociedad y propició la constitución de grupos más radicales y revolucionarios como lo levellers o los diggets.

    No debemos olvidar la dimensión comunicativa y persuasiva de la revolución, por lo que hemos de tener en cuenta que, aparte de ser una revolución que excedió sus propios límites, en la Inglaterra de antes de la revolución existía ya una serie de valores que propician su extensión y su triunfo. La actividad de la imprenta es tan desbordante que tendrá que verse regulada por un conjunto de leyes emitidas por el Parlamento en 1643 con el fin de evitar la difusión de ideas más radicales y revolucionarias de lo que se desean.

    En un bando y otro se dan valores muy distintos, reflejo del enfrentamiento de las ciudades contra la corte que, por otra parte, enfrentará también a anglicanos y puritanos. Es comprensible este fenómeno en un contexto en el que había aparecido un sentimiento de rencor social entre las clases adineradas que, si bien disponían de una educación excelente, no podían ser absorbidas por el sistema, lo que constituye un caldo de cultivo de ideas radicales contra la monarquía.

    Desde un principio los controles absolutistas desaparecen de facto y esto, combinado con el deseo de información de los ciudadanos, provoca el auge de la actividad impresora. Desde 1642 se empezarán a editar publicaciones no periódicas en un principio, pero que salen con una gran frecuencia: los newbooks en los que se difunden las deliberaciones del Parlamento. Más tarde se editan publicaciones periódicas que informan del transcurso de la guerra, las dos más importantes hasta 1649 son: el Mercurius Aulicus (partidarios del rey) y el Mercurius Britanicus (partidarios del Parlamento).

    La importancia de esta actividad impresora es enorme, lo que explica la promulgación de la ya mencionada ley de 1643. hay que atribuir también la responsabilidad al Gremio de Libreros de Londres que ostentaba hasta la Revolución el monopolio de la impresión en Inglaterra y que se aprovechó del miedo del Parlamento. Con esta ley vuelve la censura previa y la Company of Stationers vuelve a controlar todas las publicaciones, lo que provoca una reacción del resto de impresores y autores, entre ellos Milton que publica su Aeropagitica en 1944.

    Hay que decir no obstante que la orden no tuvo incidencia absoluta porque durante la guerra era realmente difícil llevar a cabo los controles pertinentes. Aún así, tras la guerra (1653-1658) Oliver Cromwell, Lord Protector de Inglaterra (República de Cromwell) favorece el asentamiento de los logros revolucionarios, pero también impide cualquier derivación democrática del proceso, acabando así con las desviaciones radicales. También se mantiene el control de la información y únicamente se autorizan dos periódicos: el Mercurius Politicus y el Public Intelligencer.

    A la muerte de Cromwell (1658) vuelve a instaurarse la monarquía en la figura de Carlos II, hijo del anterior Carlos I. Los logros revolucionarios están ya tan asentados que el regreso al absolutismo resulta imposible. La monarquía parlamentaria no se declarará hasta años después, pero en cualquier caso no se otorgan al monarca poderes y éste está sometido a los dictados del Parlamento.

    Muestra de esto es el hecho de que sea el Parlamento, y no el rey, quien impulse la normativa de control de la actividad impresora en esta etapa: la Licensing Act (1662), que viene a sustituir a la anterior ley de 1643 y que tiene que ver además con el control previo de las publicaciones. En un principio se trata de una normativa de emergencia que posteriormente irá renovándose.

    Por otro lado, el sucesor de Carlos II, Jacobo I, intentará una vuelta al absolutismo, pero es detenido por el Parlamento que ofrece la Corona a María y Guillermo de Orange, poniendo así fin al reinado de los Estuardo e instaurándose, en 1688, la Monarquía Parlamentaria. En este contexto seguirá habiendo una importante actividad impresora, desencadenante de la disputa en el Parlamento entre la cámara de los Comunes, que deroga la Licensing Act, y la cámara de los Lores, que rehúsa dicha derogación. El siguiente paso será nombrar una Comisión de representantes de cada una de las cámaras. Como representante de la cámara de los Comunes se erige John Locke, quien sostiene unas ideas sobre la libertad y el derecho a la información muy cercanas a los actuales sistemas legislativos, solicitando responsabilidades civiles una vez que el producto informativo haya sido publicado. De este modo se establecería un control a posteriori, y no una censura previa, por la que autores y editores serían en todo caso juzgados por el derecho civil.

    Con la derogación definitiva de la Licensing Act se establece un sistema de control de la información más propio del sistema capitalista: las Taxes on Knowledge determinan el pago de un impuesto por cada folio impreso de cualquier publicación. Con esto se pone fin a la censura ideológica para establecer un tipo de censura de carácter económico de forma que sólo las empresas con mayores recursos pueden editar, aumentando además el precio de las publicaciones. Con esto se consigue impedir la extensión de las ideas radicales de los grupos más independientes que no pueden permitirse publicarlas y además se frena su difusión, cada vez mayor, entre las clases más desfavorecidas que no alcanzan a comprarlas y que, gracias al cambio de valores que derribó la estructura clasista, tenían acceso a la información a través de lugares de socialización como los Coffee Shop.

  • Prensa y propaganda en las Revoluciones Americana y Francesa.

  • La Revolución Americana.

  • Ya en el siglo XVIII la oleada revolucionaria se extiende a las colonias inglesas en América (1775-1781). La Revolución Americana constituye por tanto un antecedente más directo de la Revolución Francesa.

    En la Guerra de Independencia americana se dan fenómenos muy interesantes. La situación de partida es de una censura y un control similares a los que se daban en el absolutismo, a pesar de que en Inglaterra se ha instaurado ya la monarquía parlamentaria, no obstante se produce un uso de la imprenta que expande la ideas revolucionarias.

    Cabe decir que el primer periódico propiamente dicho fue el inglés Daily Courant (1702), a partir de su constitución la periodicidad de las publicaciones se irá acortando, sin embargo el control en las colonias propicia que el desarrollo de la prensa se limite. Así, en 175 sólo hay en los futuros EEUU 34 periódicos, frente a los 100 de la metrópoli. Este escaso desarrollo de la prensa (es el medio de comunicación menos desarrollado) se presenta como un rasgo endémico de la comunicación en EEUU.

    Debido a la obligatoriedad de importar la tinta, el papel y la maquinaria desde Inglaterra (lo que suponía un recurso de control), no será la prensa el instrumento para la difusión de las ideas revolucionarias, sino las publicaciones no periódicas (panfletos, libelos y almanaques) elaborabas de manera ilegal. En un principio podemos distinguir los contenidos de las diferentes publicaciones: los almanaques, por ejemplo, contienen datos atmosféricos, historias curiosas, etc., dirigidas a un público rural; poco a poco se irán cargando de propaganda sin que sean controlados por las autoridades, que no prestan atención a una publicación para agricultores. Tal es la importancia de estas publicaciones que el más tarde sería el padre de la independencia norteamericana, el impresor B. Franklin, editó el Poor Richard's Almanach. Pero a pesar de la importancia que alcanzan los almanaques, son los panfletos y libelos los que tienen una mayor carga ideológica, se pueden contar por cientos y pueden analizarse atendiendo a una tipología.

    • Ideológicos: suelen darse antes del inicio del movimiento revolucionario.

    • Tratan cuestiones concretas: las disputas entre ambos bandos, por ejemplo.

    • Sermones, discursos, etc.: conectan vehículos de propaganda oral con la propaganda escrita.

    Entre este último tipo de panfletos hay que destacar especialmente uno: el Common Sense (Thomas Payne, 1776). Con él se intenta extender las ideas de la revolución a grupos que hasta ahora nunca habían participado en ello como los negros o las mujeres, hasta entonces la revolución (o las revoluciones) habían sido una cuestión de burgueses o agricultores adinerados. El Common Sense apelaba también a la libertad de expresión, de hecho este será uno de los referentes más importantes en los que se basará el nuevo país recién independizado. No es de extrañar que esto ocurra ya que en la Metrópoli había sido así y en este momento es de allí de donde se reciben textos en los que se hace referencia a las libertades (Cartas a Cato, 1720). Hemos de tener en cuenta también que las colonias estaban pobladas por gente que había sido reprimida por su religión, alejada de la mayoritaria, haciendo en ellos mayor mella el deseo de libertad de religión.

    De este modo este tipo de panfletos contribuirán a la plasmación concreta de las libertades en las leyes, así las primeras 10 enmiendas de la Constitución (1791) harán referencia a la libertad de expresión y de reunión. De todas formas existe una contradicción entre la importancia que tienen estos principios a lo largo del proceso revolucionario y su plasmación en el nuevo estado. Un ejemplo de ello es el hecho de que Jefferson intente introducir la libertad de expresión en la Declaración de independencia y en la Constitución del estado de Virginia (la primera) y que la burguesía ya en el poder, la misma que durante el movimiento revolucionario había enarbolado la bandera de la libertad de expresión, coarte de este derecho a la nueva clase que surge precisamente como muestra de esta situación y que ejercerá la crítica contra los burgueses: el proletariado. Incluso la plasmación legislativa de las libertades es confusa y contradictoria y es que la teoría y la práctica son cosas bien distintas: el Parlamento no puede negar las libertades, pero permite al ejecutivo emplear cualquier técnica para reprimirlas.

  • La Revolución Francesa.

  • Con estos antecedentes se produce el movimiento revolucionario culminante: la Revolución Francesa, que ensalzará todos los ideales propuestos hasta ahora y sentará precedente para las revoluciones posteriores.

    La Revolución Francesa resulta especialmente relevante porque supuso el fin de una de las monarquías absolutas católicas más tradicionales e importantes. Aunque tiene rasgos propios, también hay referentes ideológicos que provienen de movimientos revolucionarios anteriores, como el auge de la impresión para la difusión de los ideales revolucionarios que se había dado ya en Inglaterra y EEUU; del mismo modo la libertad de expresión e información es uno de los referentes más importantes de la revolución.

  • Factores que determinan el derrumbamiento de las monarquías absolutas.

  • El porqué del derrumbamiento del régimen absolutista puede ser concretado en el ejemplo francés. Es cierto que el final de las monarquías absolutas fue un final progresivo, si bien la Revolución Francesa marcó un punto de inflexión.

    El hecho de que el absolutismo se viese afectado por los procesos revolucionarios se debe, no solamente a la difusión de las ideas liberales, sino también a que en los países en los que dichos movimientos habían triunfado determinaron pautas para el crecimiento económico y su actividad experimentó cotas inimaginables, con lo que la competencia para países como Francia era enorme.

    Tras la Revolución, el régimen de Napoleón concretó todos los avances ideológicos que se habían proclamado en el Código Napoleónico de modo que, aunque Bonaparte estableció en Francia (no nos engañemos) una férrea dictadura, todas las libertades y derechos por los que habían luchado los franceses quedaron firmemente asentados. De esta forma el intento de restauración de la monarquía absoluta después de la victoria en Waterloo fracasó estrepitosamente. Podemos decir entonces que la Revolución Francesa marcó el punto de no retorno.

    Si a esto añadimos la incapacidad de las monarquías absolutas para competir con los recién estrenados Estados liberales que habían demostrado su pasmosa capacidad de crecimiento económico, no es tan difícil entender el fin del Absolutismo.

    Hemos de tener también en cuenta que lo que las monarquías absolutas pretendieron, a través del Despotismo Ilustrado, fue crear un espacio público sin alterar las estructuras propias del régimen, con lo cual el intento falló al derivar en una frustración que desembocará en las ideas revolucionarias. Las publicaciones de los reinos absolutos imitaban la prensa inglesa y holandesa, pero su duración era efímera ya que en cuanto sobrepasaban los límites del control real eran censuradas. Su periodicidad también era más corta, pero estas publicaciones sólo se empleaban para difundir las ideas ilustradas entre las clases privilegiadas, con lo que sigue siendo una prensa elitista, mientras que en otos países tenían un carácter más informativo y, al ser una actividad económica, buscaba la expansión a otros sectores.