Historia española

Protohistoria. Hispania romana y monarquía visigoda. Conquista de Roma. La Edad Media. Arte andalusí. La Corona de Castilla y Aragón. España en el siglo XVI y barroca. Carlos V. Renacimiento

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HISTORIA DE ESPAÑA


ÍNDICE

TEMA 1: La Protohistoria 1

1. Protohistoria: de las primeras colonizaciones

a la conquista romana 1

TEMA 2: La Hispania romana y la monarquía visigoda 2

1. Las etapas de la conquista romana 3

2. El proceso de romanización. El legado cultural 5

3. El final de la Administración imperial.

La monarquía visigoda 9

TEMA 3: La Edad Media: Al-Andalus 11

1. De la unidad islámica a la crisis del siglo XI 11

2. La dispersión y la resistencia:

de los reinos de taifas al reino nazarí 12

3. La organización económica y social 14

4. El pensamiento y las letras. El arte andalusí 16

TEMA 4: La Corona de Castilla 17

TEMA 5: La Corona de Aragón 19

TEMA 6: La unidad dinástica 20

1. La unión de las dos coronas 20

2. La reforma religiosa. La Inquisición 22

3. La proyección exterior 23

4. El descubrimiento de América. Los acuerdos con Portugal 24

TEMA 7: La España del siglo XVI 24

1. El Imperio de Carlos V. Conflictos internos 24

2. La política exterior del emperador 25

3. La monarquía hispánica de Felipe II.

Conflictos internos 25

4. Política internacional de Felipe II 26

5. El modelo político de los Austrias 27

6. La conquista, gobierno y administración de América 27

7. El Renacimiento en España 28

TEMA 8: La España del barroco 29

1. Evolución económica y social en el siglo XVII 29

2. Los gobiernos de los validos. La crisis de 1640 31

3. El ocaso internacional de los Austrias 34

4. Mentalidad y cultura en el Siglo de Oro 34

TEMA 1

LA PROTOHISTORIA

1 Protohistoria: de las primeras colonizaciones a la conquista romana

A partir del siglo VI a.C. se produjeron tres fenómenos que anunciaron la ascensión de Cartago como potencia hegemónica en el Mediterráneo.

  • Un pronunciado declive de la cultura tartesia.

  • Las ciudades fenicias, con Gades a la cabeza, se convirtieron en amigas, aliadas o asociadas de Cartago.

  • Los griegos, atacados militarmente por Cartago, centraron su actividad en el litoral al norte del cabo de Palor, en la actual Cartagena.

Aparte del habitual interés por la plata y los metales, los cartagineses fueron los primeros en exportar, desde la península y hacia Oriente, salazones de pescado y el célebre garum o garo (salsa de pescado macerado con sal), un condimento muy apreciado en todo el Mediterráneo, incluidas Atenas y Roma.

No hay constancia de una política violenta o de una intervención militar cartaginesa en la península con anterioridad a las guerras entre Roma y Cartago, conocidas como guerras púnicas. Solo tras la derrota de Cartago en la Primera Guerra Púnica, que supuso la pérdida de Sicilia, Córcega y Cerdeña y el fin de su predominio como potencia naval de primer orden, los Barca, decidieron usar la península y las islas Baleares como plataforma económica y militar para luchar contra Roma. Amílcar Barca desembarcó en Gades, con esa intención en el año 237 a.C.; con él viajaban su yerno, Asdrúbal, y su hijo de nueve años, Aníbal.

Amílcar organizó una serie de campañas militares para someter el valle del Guadalquivir y apoderarse de las minas de plata de Castulo (actual Linares, en Jaén). También pactó con los recelosos romanos un acuerdo por el que los cartagineses no traspasarían el Iber (Ebro). Fundó, además, una nueva Cartago (la actual Cartagena) en torno al año 228 a.C.

Aníbal sometió en proceso a la ciudad rebelde de Sagunto, a la que castigó muy duramente. Este hecho provocó la declaración de guerra por parte de Roma, pues esa ciudad estaba bajo su protección. Con ello comenzó la Segunda Guerra Púnica. Transcurría el año 218 a.C., y los romanos ya no abandonarían el territorio peninsular.

1.1. Los pueblos prerromanos

LOS PUEBLOS PRERROMANOS

Localización

Cultura

Pueblos

Características

Valle del Guadalquivir, este de la península y valle medio del Ebro.

Ibérica

Turdetanos, oretanos, contestanos, edetanos, lacetanos, layetanos, indigetes, ilergetes.

Eran agrícolas; tenían un alfabeto y una lengua de origen no indoeuropeo.

Tenían aristocracia y jefes de tribu. Rendían culto en santuarios, con multitud de ofrendas. Sus dioses no solían tener forma humana, excepto la Gran Madre o Madre Tierra.

Montañas del norte peninsular.

Celta y precética

Vacceos, lusitanos galaicos, astures, cántabros, vascones.

Dominaban la metalurgia del hierro. Vivían de la ganadería. Tenían asentamientos fortificados permanentes. Se resistieron a la conquista romana.

Franja oriental de la submeseta norte.

Celtíbera

Arévacos, celtíberos.

Fueron mercenarios. Famosos por su barbarie, salvajismo. Sostuvieron encarnizadas guerras con los romanos.

TEMA 2

LA HISPANIA ROMANA Y LA MONARQUÍA VISIGODA

1 Las etapas de la conquista romana

1.1. Roma suplanta a Cartago (218-205 a.C.)

El objetivo fundamental de los romanos cuando llegaron a la península en el año 218 a.C. era vencer a los cartagineses. Publio Cornelio y Cneo Cornelio, pertenecientes al clan de los Escipiones, eran partidarios de la lucha contra Cartago.

El avance de Escisión fue espectacular: en el año 209 a.C. tomó Cartago Nova, atrajo a la causa de Roma a influyentes caudillos íberos, derrotó a los cartagineses en las decisivas batallas de Baecula e Ilipa y, finalmente, ocupó Gades.

Entre los años 206 y 205 a.C., el dominio cartaginés de la península fue anulado. Escisión abandonó Hispania y derrotó a Aníbal en Zama (África), por lo que recibió el apelativo de el Africano.

1.2. La organización provincial y el sometimiento del interior (205-133 a.C.)

Tras la derrota cartaginesa, la presencia militar romana, en principio temporal, pasó a ser permanente. El Senado romano, en el año 197 a.C., decidió elegir a dos pretores, magistrados investidos con poderes militares y administrativos, para que se hicieran cargo de cada una de las provincias en las que fue dividida la península ibérica: la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior.

La Hispania Citerior o próxima a Roma comprendía la costa este, incluida Cartagena, y las islas Baleares; la Hispania Ulterior era la más lejana a Roma, y se correspndía con la región bañada por el río Betis (Guadalquivir).

Para mantener la paz en ambas provincias, los romanos se aliaron con las oligarquías locales y apresaron rehenes entre los pueblos más rebeldes; sin embargo, las rebeliones fueron frecuentes.

Las expediciones militares romanas fueron adentrándose cada vez más en la Meseta central, con el objetivo de castigar tales incursiones y rebeliones, pero también para obtener oro, plata y esclavos que pudieran enviar a Roma. Los dos episodios más importantes de este proceso de dominación fueron las guerras lusitanas (155-136 a.C.) y las guerras celtibéricas (153-133 a.C.)

El conflicto con los lusitanos se debió, básicamente, a los continuos pillajes de estos en el valle del Guadalquivir. El principal caudillo lusitano fue Viriato, experto en la guerra de guerrillas y buen conocedor de las tácticas romanas. Viriato sobrevivió a una matanza de lusitanos realizada a traición por los pretores Galba y Lúculo y, tras derrotar a sucesivos dirigentes romanos, fue traicionado por sus propios compañeros (sobornados por Roma) y asesinado en el año 139 a.C.

El conflicto con los celtíberos fue más encarnizado porque las tropas romanas toparon con ciudades bien fortificadas, como Numancia (Soria).

Finalmente, cansados los senadores romanos de la resistencia de los indígenas y de la ineptitud de sus militares, facilitaron la elección del general más competente disponible, Escipión Emiliano, famoso por haber arrasado Cartago en el año 146 a.C. Escipión Emiliano inició una campaña militar (134-133 a.C.), sometió la Meseta norte y puso cerco a Numancia, rodeándola con una murallas de 9 km y siete campamentos.

El asedio se prolongó cerca de un año, y la ciudad capituló finalmente debido al hambre, aunque muchos de sus defensores prefirieron el suicidio a la deshonra de ser vendidos como esclavos o exhibidos en Roma.

1.3. Las guerras civiles (133-31 a.C.)

Los dos episodios más importantes que afectaron a Hispania en esta época fueron la guerra de Sertorio (81-73 a.C.) y la guerra entre César y los partidarios de Pompeyo (49-44 a.C.) donde murió César.

1.4. El sometimiento de las montañas del norte (31-19 a.C.)

Octavio fue el principal beneficiado de las guerras civiles, pues, a partir del año 31 a.C., quedó como único soberano del Imperio, recibiendo el sobrenombre de Augusto en el 27 a.C., título que en adelante adoptarían todos los emperadores de Roma.

Octavio organizó una campaña contra los galaicos, astures y cántabros de la franja norte peninsular. Hacia el año 19 a.C., la conquista de Hispania había concluido. Con el fin de premiar a los soldados veteranos tras esta campaña, Octavio creó para ellos Emerita Augusta (actual Mérida, en Badajoz), que se convertiría en su ciudad modelo en Hispania.

Durante el Imperio, Octavio impuso la pax romana y con ello aceleró el proceso de romanización de Hispania.

2 El proceso de romanización. El legado cultural

Por romanización se entiende el proceso histórico iniciado en la península en el siglo III a.C., y en las islas Baleares una centuria después, mediante el cual la población indígena asimiló los modos de vida romanos en diversas facetas: la Administración provincial, la urbanización y las obras públicas, las estructuras económicas y sociales, el derecho, la cultura y la religión. Se trata, por tanto, de un proceso de “aculturación” (integración cultural).

Fue muy acentuada en el litoral mediterráneo, incluidas las islas Baleares, y en el sur y el este de la península, y más leve en el interior, en el norte y en el noroeste.

2.1. La Administración provincial

  • La República

Coincidió con la lenta conquista de la península, en la que predominaba la Administración militar. Mantuvo, desde el año 197 a.C. y hasta el siglo I a.C., la división territorial en las dos provincias ya citadas (Hispania Citerior e Hispania Ulterior). Las sedes más estables fueron Emporion, Cartago Nova y, sobre todo, Tarraco, para la Hispania Citerior, y Corduba, para la Ulterior.

  • El Alto Imperio

Entre los siglos I a.C. y III d.C. Se mantuvo la antigua Citerior, ahora denominada Tarraconense, con capital estable en Tarraco. La antigua Hispania Ulterior se dividió en dos: la Lusitania, con capital en Emerita Augusta, y la Bética, con capital en Corduba.

  • El Bajo Imperio

Entre los siglos III y V d.C. En Hispania se diseñaron unidades administrativas más pequeñas bajo los emperadores Diocleciano y Constantino I. La diócesis de las Hispanias abarcaba siete provincias: a las tres ya existentes se sumaron Gallaecia, con capital en Bracara Augusta (actual Braga, en Portugal); Cartaginense, con capital en Cartago Nova, y Baleares, con capital en Palma. Se creó, además, la provincia de Mauritania Tingitana, con capital en Tingis (Tánger, en Marruecos). El Ejército en Hispania estaba formado, a finales del siglo IV por unos 6000 soldados.

2.2. La urbanización. Las obras públicas

  • Creación de nuevas ciudades, con ciudadanos procedentes de Roma o de Italia y, a veces, con soldados veteranos licenciados. La fundación de nuevos núcleos urbanos dependió, en gran parte, del atractivo de Hispania como destino para los romanos. Por ello, hasta que la península no estuvo pacificada, el ritmo de creación de colonias fue lento.

Entre las ciudades fundadas en la etapa republicana destacan Itálica (Santiponce, en Sevilla), la colonia más antigua, creada en el siglo III a.C. por Escipión; y Corduba, Valentia, Carteia (San Roque, en Cádiz) y las ciudades de Palma y Pollentia (Pollensa), ambas en Mallorca.

Los premios concedidos a nobles hispanos, a tropas fieles o a poblaciones enteras por su apoyo a la República aceleraron el proceso de creación de colonias. Nacieron así Pompaelo (Pamplona), Ilerda (Lleida), Barcito (Barcelona), Hispalis (Sevilla) e Ilici (Elche). Octavio fundó dos ciudades de gran valor estratégico como Emerita Augusta y Caesaraugusta (Zaragoza). También se creó Bracara Augusta, Lucus Augusta (Lugo) y Asturica Augusta (Astorga).

  • Transformación de ciudades indígenas ya existentes en ciudades romanas, que pasaban a ser municipios, con un régimen jurídico similar al de Roma. Las ciudades que siguieron este proceso recibieron un trato privilegiado desde entondes. Se trataba de ciudades federadas o libres de impuestos y de ocupación militar

El resto de las ciudades indígenas eran denominadas estipendarias porque pagaban un estipendio o impuesto; a cambio se respetaba su Administración local.

La organización de las ciudades y las comunicaciones

Los emperadores que más impulsaron la creación de estas nuevas ciudades fueron Octavio, Claudio, los de la dinastía de los Flavios (Vespasiano, Tito y Domiciano) y Adriano.

Las ciudades solían presentar estas características:

  • Plano de planta octogonal, con dos grandes ejes: cardo, en dirección norte-sur, y decumanus, en dirección este-oeste.

  • Estaban rodeadas por una muralla, que, en principio, delimitaba solo las lindes de la ciudad y, a partir del siglo III d.C., se reforzó como medio de defensa.

  • Disponían de un foro o centro urbano, donde se encontraban la basílica, la curia, el tabularium o archivo del municipio, los templos, las tiendas y los baños. En el extrarradio estaban la necrópolis o cementerio y los edificios públicos: teatros, anfiteatros y circos.

  • En ellas se ubicaban monumentos conmemorativos, como los arcos de triunfo, que también delimitaban entradas, encrucijadas y vías de acceso, como en el caso de los arcos de Bará (Tarragona) y de Medinaceli (Soria).

  • Estaban dotadas de infraestructuras para las comunicaciones (puentes, calzadas, puertos y faros), sanitarias (red de cloacas) y para abastecimiento de agua (acueductos y cisternas).

Las calzadas principales tenían un trazado fundamentalmente periférico en torno a la Meseta central: la Vía Augusta recorría el litoral mediterráneo y el valle del Guadalquivir, enlazando Gades, Corduba, Cartago Nova y Tarraco con Roma; la Vía de la Plata comunicaba ciudades como Hispalis e Itálica, con el norte peninsular(Asturica Augusta) a través de Emerita Augusta; por el Norte, otra vía unía Bracara Augusta y Asturica con Tarraco, comunicando los valles del Duero y el Ebro; por último, una última vía enlazaba en diagonal Emerita Augusta y Caesaraugusta a través de Toletum (Toledo) y el valle del Tajo.

2.3. Las estructuras económicas y sociales

Los recursos económicos

Al llegar a Hispania, los romanos intensificaron y ampliaron la explotación de los recursos económicos que ya habían sido aprovechados por otros pueblos procedentes del Mediterráneo.

El recurso más explotado fue la minería, sobre todo las minas de plata de Cartago Nova y Castulo, pero también las de oro, plomo, hierro, cobre, estaño y mercurio. Las minas, al principio, eran propiedad del Estado, pero, a partir del siglo II a.C., comenzaron a arrendarse a compañías de publicanos, empresarios que se unían en sociedades mercantiles para explotar los recursos mineros.

Además de minerales y metales, los romanos exportaron los productos de la tríada mediterránea: vino, aceite de oliva y trigo. La exportación de vinos y aceite fue importante, sobre todo, a partir del siglo I d.C.

Los romanos potenciaron, especialmente durante el régimen imperial, la exportación de salazones y garum, sobre todo de los procedentes de la Bética, aunque también del resto del litoral peninsular.

La producción de estos alimentos fomentó, a su vez, la explotación de las salinas y la fabricación de cerámica: ánforas y loza fina de mesa, un tipo de cerámica conocida como sigillata hispanica.

Las estructuras sociales

Hacia el siglo I d.C., la sociedad hispana estaba formada por unos siete millones de personas que poseían diferente situación jurídica.

  • Una minoría de colonos romanos e itálicos que influyeron en la vida política y cultural de la misma Roma.

  • Las élites indígenas imitaban a los romanos copiando sus nombres, sus costumbres, su idioma (el latín, abandonando el ibero o el celta) y su estructura familiar patriarcal, en la que el pater familias era el dueño absoluto de vidas y haciendas.

Durante el Imperio, y muy especialmente a partir del Edicto de Latinidad promulgado por el emperador Vespasiano, la mayoría de los miembros de las élites urbanas pudieron convertirse en ciudadanos romanos de pleno derecho.

Finalmente, en el año 212 d.C. el emperador Caracalla concedió a todos los habitantes del Imperio la ciudadanía romana, pero esta medida apenas tuvo efecto, pues la mayoría de los habitantes libres ya la habían adquirido antes.

  • Los indígenas libres tardaron aún algún tiempo en abandonar sus costumbres. Más abajo se hallaban los libertos, esclavos liberados que seguían dependiendo el señor, y, por debajo de ellos, los esclavos.

2.4. El legado cultural. Latinización y cristianización

El latín era la lengua utilizada en el derecho, la ciencia y la cultura. Aportaciones hispánicas a la literatura clásica: los Séneca, padre e hijo; Lucano; el poeta Marcial, natural de Bilbilis (hoy Calatayud, Zaragoza); el retórico Quintiliano, de Calagurris (actual Calahorra, en La Rioja); el geógrafo Pomponio Mela, de Tingentera (probablemente Algeciras o Tarifa), y el agrónomo Columela, de Gades.

Los romanos respetaron los cultos locales, siempre que no amenazaran la lealtad a Roma y al emperador. Para ello, recurrieron al sincretismo religioso, es decir, a la fusión de sus divinidades con los locales. Era obligatorio dar culto a los dioses que integraban la tríada capitolina y simbolizaban la autoridad de Roma: Júpiter, Juno (dios y diosa del universo, respectivamente) y Minerva (diosa de los artesanos).

Más tarde, para aumentar la lealtad hacia el emperador, se implantó el culto a su persona como una divinidad, práctica iniciada con Octavio. La devoción por el emperador reforzaba su unión e integración en el Estado romano.

Rivalizando activamente con estas religiones y procedente, así mismo, de Oriente, llegó a Hispania el cristianismo. Hasta el siglo III d.C. no hay constancia de la presencia de cristianos en la península. Teorías apuntan al norte de África o a Grecia como plataformas de propagación; muchos de los primeros cristianos relevantes de la península tenían nombre griego.

No hay certeza de que el cristianismo se difundiera de Hispania en vida de los apóstoles, ni evidencias de la presencia en ella de Santiago el Mayor.

Los cristianos, al negarse a adorar a ídolo y a participar en el culto imperial, se convirtieron automáticamente en enemigos del Estado romano.

El cristianismo, sin embargo, penetró en todo el territorio del Imperio, especialmente en las ciudades. Más tarde, obtuvo el beneplácito del Estado romano, primero con Constantino I mediante el Edicto de Milán, y después con Teodosio I el Grande, que convirtió en la religión estatal oficial, prohibió la práctica pública y privada de otros cultos y cerró los templos paganos.

Privilegiada jurídica y económicamente, la Iglesia católica pasó a ser un poderoso colaborador de la latinización definitiva de la sociedad hispánica. Como contrapartida, la Iglesia perdió su independencia, y en la celebración de los concilios, los emperadores y el poder civil intervinieron constantemente.

En el seno del cristianismo surgieron sectas que defendían otras doctrinas. Tal es el caso del arrianismo, que rechazaba la existencia de la Trinidad (tres personas en un mismo Dios) y afirmaba que Cristo era un ser humano creado por Dios.

En lo que a Hispania se refiere, sin embargo, la secta más relevante fue la del priscilianismo, un movimiento que se extendió especialmente por Galicia y Lusitania, impulsado por las predicaciones de Prisciliano, un aristócrata culto que llegó a ser obispo de Ávila. El priscilianismo propugnaba una religiosidad extrema y rigorista, la igualdad de sexos y el libre examen de los textos religiosos, y exigía a sus fieles la pobreza y la renuncia a los placeres mundanos.

3 El final de la Administración imperial. La monarquía visigoda

3.1. La definición territorial de la monarquía visigoda

La ocupación de la península por los visigodos señala el inicio de la Edad Media en España.

  • En una primera etapa (416-507). La aparición en el norte de las Galias del reino franco, también bárbaro, terminó por desplazar a los visigodos hacia la península ibérica: en el año 507, los francos derrotaron a los visigodos en Vouillé, cerca de Poitiers (Francia).

  • En una segunda etapa se creó el reino visigodo de Toledo (507-569). Los visigodos eligieron esta ciudad por su posición estratégica para controlar todo el territorio.

  • En una tercera etapa, el reino de Toledo consolidó su dominio total de la península. El principal impulsor de esta consolidación fue el rey Leovigildo.

3.2. Las instituciones. Balance cultural

Para que el Estado visigodo se consolidara era necesario aglutinar a los hispanorromanos y visigodos en torno a una monarquía fuerte y convertir el reino visigodo en una monarquía hereditaria.

El reino de Toledo también promovió una serie de iniciativas legislativas encaminadas a crear un Estado basado en el derecho romano. Finalmente, los reyes Chindasvinto y Recesvinto compendiaron la legislación en el Liber Iudicum o Iudiciorum (632).

Los monarcas visigodos buscaron, así mismo, la sumisión o la colaboración de la Iglesia católica hispánica. En este ámbito existía, sin embargo, un serio obstáculo, ya que los nobles y reyes visigodos eran arrianos.

Recaredo I, decidió convertirse al catolicismo al subir al trono y promover, mediante un pacto con las jerarquías eclesiásticas, una Iglesia católica unitaria y nacional.

Los sucesores de Recaredo I continuaron celebrando los concilios toledanos (hasta un total de diecisiete) para garantizar la legitimidad religiosa y social de su poder. De hecho, en el IV Concilio de Toledo, y tras la enésima revuelta nobiliaria, se consagró el principio de la monarquía electiva: el sucesor del rey sería elegido de común acuerdo por los obispos y la alta nobleza y obligado a cumplir las leyes fundamentales del reino.

La figura más importante fue la de Isidoro de Sevilla, autor de varios libros y biografías y conocido por su Etimologías, una recopilación enciclopédica de todas las ramas del saber de la época que tuvo una enorme repercusión en la Europa medieval posterior.

3.3 El final del reino de Toledo

El reino visigodo se asentaba sobre una sociedad profundamente ruralizada, basada en un grupo social dominante (civil y eclesiástico) latifundista, del que dependía un elevado número de campesinos por vínculos de dependencia y fidelidad. La economía estaba claramente en recesión.

En este contexto, la irrupción en el Mediterráneo del islam, que había ocupado el norte de África, amenazaba seriamente a un reino en crisis que se había convertido en una presa fácil. En el año 711, Rodrigo, el último rey visigodo, fue vencido y muerto en la batalla de Guadalete (en la actual provincia de Cádiz), y en apenas tres años )711-714) el reino de Toledo se desmoronó.

TEMA 3

LA EDAD MEDIA: AL- ÁNDALUS

1 De la unidad islámica a la crisis del siglo XI

1.1.Los problemas de la conquista

A partir de la invasión musulmana del año 711, gran parte de la Hispania visigoda fue sometida a la influencia del islam, una religión oriental que se había expandido desde el siglo VII, por el Próximo Oriente, el Mediterráneo oriental y el norte de África.

El fundador de esta religión, Mahoma, nació y predicó su doctrina en Arabia; el Corán, su libro sagrado, también estaba escrito en árabe. A mediados del siglo VII, los Omeyas, una familia árabe constituyó un extenso Imperio, con capital en Damasco.

En su expansión, los árabes pasaron a la península desde África a través del estrecho de Gibraltar. En el año 711, no todos los que acabaron con el reino visigodo de Toledo eran árabes; un alto porcentaje probablemente la mayoría, eran bereberes, un grupo étnico del norte de África.

En su avance, los musulmanes continuaron hasta el sur de Francia, donde en el 732 fueron derrotados por los francos en Poitiers.

  • Se estableció la capital de Al-Andalus en Córdoba para reforzar el control del valle del Guadalquivir.

  • La creación de tres áreas de carácter defensivo en las fronteras del territorio conquistado, en torno a Mérida, Toledo y Zaragoza, que se denominaron marcas (en árabe tagr) inferior, media y superior.

Los musulmanes no prestaron atención a las tierras de la Meseta septentrional ni a los pueblos montañeses del norte y los Pirineos. Como consecuencia de unos conflictos, la mayor parte de los Omeyas fueron asesinados, y otro clan, el Abasí (descendientes de Abbas, tío de Mahoma) ocupó el califato, trasladando su capital a Bagdad (Irak). Un superviviente de la familia omeya, Abd al-Rahman I, se trasladó a Al-Andalus y se proclamó emir independiente del califato de Bagdad.

1.2. Unidad e independencia: emires y califas

En esta situación de inestabilidad, el emir Abd al-Rahman III se proclamó califa de Córdoba, en el año 929, lo que significaba que pasaba a ser líder político y religioso. En el ámbito interno de Al-Andalus, puso de manifiesto que su objetivo era restaurar la unidad del Estado islámico. El califato supuso, así mismo, la hegemonía de Al-Andalus sobre la península entera: los reinos cristianos del norte se convirtieron en tributarios y vasallos de Abd al-Rahman III a cambio de no sufrir las temibles aceifas. Con este gesto, además, el nuevo califa pretendía lograr que la cultura andalusí liderara el mundo árabe e islámico. Promovió un renacimiento artístico e intelectual que continuó su hijo y sucesor Al-Hakam II. Los centros culturales de Al-Andalus fueron Córdoba y la ciudad-palacio construida a partir del año 936 a las afueras de la ciudad, Madinat al-Zahra (Medina Azahara).

1.3. Los amiríes y la crisis del siglo XI

Tras la muerte de Al-Hakam II, los califas de Córdoba se mantuvieron en el poder de forma simbólica. Aprovechando la minoría de edad del nuevo califa, Hisham II, el gobierno efectivo pasó a manos del hayib o valido andalusí, Muhammad ibn Abi Amir, que muy pronto fue conocido con el sobrenombre de Al-Mansur o Almanzor (el Victorioso).

  • Controló la Administración y el Ejército, imponiendo una dictadura militar. Para ello se rodeó de una guardia personal compuesta por bereberes, reclutados en el norte de África. Recurrió también a los mercenarios eslavos, a los que empleó, así mismo, en la Administración.

  • Extendió los dominios de Al-Andalus por el actual Marruecos, ocupando la ciudad de Fez, y reanudó las expediciones de castigo contra los reinos cristianos del norte, como los saqueos de Barcelona y Santiago de Compostela.

Por último, en el año 1031 una asamblea de notables decretó en Córdoba el final del califato, acabando así con lo que era una mera ficción desde hacía décadas.

2 La dispersión y la resistencia:

de los reinos de taifas al reino nazarí

2.1. Los reinos de taifas y las invasiones bereberes

En el año 1031 se inició la etapa de los reinos de taifas (“banderías” o “facciones”). En este período se distinguen tres fases: primeras taifas (siglo XI), segundas taifas (siglo XII) y terceras taifas (siglo XIII).

Las primeras taifas

Entre ellas cabe distinguir:

  • Las controladas por los andalusíes locales: fue el caso de las tres marcas fronterizas (Mérida-Badajoz, Toledo, Zaragoza), Sevilla y Córdoba.

  • Las creadas por los bereberes recién llegados a la península: eran las taifas situadas en torno al estrecho de Gibraltar (Algeciras, Málaga y Granada).

  • Las dirigidas por eslavos, como las de la zona de Levante: Tortosa, Valencia, Denia, Murcia y Almería.

Su debilidad militar e inestabilidad política eran considerables. Tuvieron que pagar parias (tributos) a los reinos cristianos que las amenazaban y exigir a sus súbditos impuestos. Estos primeros reinos de taifas desaparecieron cuando se conquistaron unos a otros (Córdoba fue sometida por Sevilla) o fueron ocupados por los cristianos (Toledo fue tomada en el 1085 por Alfonso VI de Castilla; Valencia, en el 1094 por el Cid, aunque luego la recuperaron los musulmanes).

Los almorávides

Los almorávides, un pueblo bereber, había constituido un imperio en el norte de África, donde habían fundado Marrakech y luego conquistaron todos los reinos de taifas entre los años 1090 y 1110.

El Imperio almorávide se presentaba como el restaurador del islam tradicional y ortodoxo; practicaba la yihad o guerra santa contra los infieles y la fiscalizad primitiva islámica.

Fueron atacados, además, en el norte de África por otro movimiento religioso bereber, el de los almohades, lo que hizo que descuidaran el control de la península. Como consecuencia, aparecieron las segundas taifa (1145-1147) y se produjo el desmoronamiento total del Imperio almorávide.

Los almohades

Los almohades (“defensores de la unidad”), otro movimiento religioso bereber, precedían el actual Marruecos, pero eran aún más ortodoxos e intransigentes en lo doctrinal.

Los almohades establecieron su capital en Sevilla y se encontraron con problemas casi idénticos a los de los invasores anteriores:

  • Desde la perspectiva militar, fueron incapaces de frenar los avances cristianos.

  • Desde la perspectiva política, no lograron integrar en un Estado a los andalusíes cultos.

Los almohades tampoco pudieron frenar el avance de los reinos cristianos y sufrieron una derrota en la batalla de las Navas de Tolosa, que significó el fin del califato almohade en Al-Andalus y en el norte de África.

El reino nazarí de Granada

El único Estado heredero de Al-Andalus que perduró en la península fue el reino de Granada, fundado ente 1237 y 1238 por Muhammad I, un miembro de la dinastía nazarí. Este reino, que llegó a abarcar también Málaga y Almería, logró sobrevivir hasta 1492 frente al reino de Castilla.

Además, la estabilidad política lograda en Castilla por la reina Isabel, y en Aragón por el rey Fernando, sumada a la alianza matrimonial entre ambos, impidió al reino granadito promover más divisiones en los reinos cristianos. En esta situación, Castilla inició en 1482 una campaña militar contra Granada. En diez años, cayeron las ciudades musulmanas, una tras otra. Boadbdil, el último monarca de Al-Andalus, entregó la ciudad a Castilla en enero de 1492.

3 La organización económica y social

Desde Oriente, el islam difundió estas corrientes culturales en Occidente. Al-Andalus representó la cultura árabe-islámica, de influencia oriental, y fue la frontera con la Europa occidental cristiana y latina.

3.1. La innovaciones agrarias

La economía de Al-Andalus se basaba fundamentalmente en la agricultura. Al-Andalus era la sociedad agrícola más avanzada de Europa hacia el siglo XI.

  • La intesificación y expansión del regadío. Incorporaron técnicas de origen oriental para el aprovechamiento del agua y ampliaron el uso de las acequias para canalizar los recurso hidráulicos. Existían pozos, emplearon la noria para extraer el agua y regar los campos. El uso del agua es característico de la sociedad andalusí; de ahí que el término wad sea prefijo de numerosos topónimos y accidentes geográficos en España (Guadalajara, Guadiana...).

  • La introducción de nuevos cultivos. Las nuevas técnicas agrícolas y la cultura gastronómica introducida por los árabes promovieron el cultivo de plantas de origen oriental: arroz, frutales (albaricoque, palmera datilera, granada, cítricos: limón, naranja, pomelo), hortalizas (zanahorias, berenjena, alcachofa), caña de azúcar, azafrán, morera (para alimentar al gusano de la seda), algodón...

3.2. Una sociedad urbana

Sus ciudades, generalmente levantadas sobre antiguas urbes romanas, eran mayores que las de la Europa cristiana. Alrededor del siglo XI ninguna de las ciudades cristianas peninsulares llegaba a los 5000 habitantes. Córdoba o Sevilla superaban los 5000, y Toledo, Badajoz, Granada, Murcia, Almería y Zaragoza pasaban de los 15000 habitantes.

Los núcleos urbanos andalusíes desempeñaban una triple función:

  • Desde ellos, un representante del emir, del califa o del rey, según los casos, ejercía la coordinación administrativa, política y judicial. Este delegado podía ser el gobernador o el cadí, un juez encargado de resolver los conflictos civiles entre los musulmanes.

  • Con los reinos cristianos del norte peninsular se establecían también intercambios: casi todo el oro que llegaba a ellos era de origen africano, procedentes de botines de guerra y de los tributos recaudados en Al-Andalus. Este oro regresaba de nuevo al sur peninsular en forma de mercancías de lujo.

La estructura urbana

  • Constaban de una zona central amurallada o medina, en la que se encontraban la mezquita principal o mezquita aljaba, donde se celebraba la oración colectiva de los viernes, y el zoco o mercado. Lejos del centro se situaba la fortaleza(alcázar o alcazaba), construida sobre un lugar elevado y pegada a las murallas de la ciudad.

  • Entre el centro y el alcázar se localizaba la zona residencial, organizada en calles estrechas y sinuosas que subían, bajaban y giraban adaptándose a las pendientes y curvas naturales del terreno. De esta manera, los vecinos ocultaban su vida privada y, en especial, las mujeres, lo que constituye una característica de la cultura musulmana.

  • En las ciudades andalusíes existían también barrios segregados, como las juderías (donde residía los judíos), delimitadas por vallas o puertas. Fuera de las murallas surgieron arrabales, barrios dispuestos a los largo de los caminos principales en dirección a las huertas de los alrededores.

3.3. La diversidad étnica y religiosa

El grupo religioso dominante era el de los musulmanes, los conquistadores que habían configurado un Estado y dictado las leyes que regían la sociedad. Este grupo empezó siendo minoritario en el siglo VIII, creció hasta llegar a constituir la mayoría de la población durante el califato. Sin embargo, no formaban un grupo homogéneo ni cohesionado, ya que estaba integrado por:

  • Los árabes procedentes de Oriente, llegados a la península desde el inicio de la conquista. Constituían la élite dirigente del Estado. Eran muy minoritarios.

  • Los bereberes del norte de África que componían el grueso del ejército. Árabes y bereberes, rivales entre sí, estuvieron organizados tribalmente en clanes que se enfrentaron en Al-Andalus.

  • Los musulmanes “nuevos” autóctonos o muladíes. A medida que se convirtieron en un grupo mayoritario, los muladíes fueron reivindicando una mayor participación en el poder político y social.

Junto a los musulmanes existían otros dos grupos numerosos: los cristianos que quedaron bajo dominación musulmana, llamados mozárabes, y los judíos. Ambos profesaban “religiones del Libro”, es decir, basadas en la Biblia y la revelación monoteísta. Por ello, el islam las respetaba y permitía que gozaran de cierta autonomía, libertad de culto, leyes y jueces propios. Eran cultos tolerados, pero subordinados y considerados inferiores.

  • Los mozárabes pasaron de ser el grupo mayoritario de la población a convertirse en una minoría marginal. Su papel en la historia de Al-Andalus tuvo escasa relevancia. Muchos decidieron emigrar a los reinos cristianos del norte para poblar sus ciudades, a las que aportaban nuevas técnica artesanales y agrícolas y unas costumbres y un arte muy arabizados.

4 El pensamiento y las letras. El arte andalusí

4.1. Los intelectuales de Al-Andalus

Aunque los intelectuales se expresaron en árabe, su pensamiento reflejó influencias de la filosofía y cultura persa y grecorromana. Muchos eruditos andalusíes visitaron los grandes centros culturales del islam (Bagdad, El Cairo, Damasco, La Meca). También fue habitual que sabios de otros estados musulmanes acudieran a Córdoba y Sevilla a escribir o a enseñar en la mezquitas.

A medida que se desarrolló, la cultura andalusí adquirió una originalidad importante, en particular en el período de las taifas. En esta época, los diferentes reyezuelos ejercieron un mecenazgo sobre la cultura promoviendo la competitividad entre los distintos reinos. Existía, además, un clima de gran libertad intelectual, por lo que se ha denominado a esta etapa la edad de oro de la cultura andalusí. Las invasiones norteafricanas y, después, la cristiana provocaron el exilio de numerosos intelectuales.

La cultura andalusí ejerció también una gran influencia en los reinos cristianos peninsulares y la Europa occidental, principalmente en literatura, ciencias religiosas y jurídicas, historia, geografía, ciencias naturales, medicina y filosofía. Muchos escritores andalusíes fueron grandes eruditos.

  • Ibn Bayya, conocido entre los cristianos como Avempace; Musa (Moisés) Ibn Maymun, llamado Maimónides; e Ibn Rusd, denominado Averroes. Todos ellos (siglo XII) destacaron en el ámbito de la filosofía.

Avempace ejerció, además, la medicina e introdujo en Al-Andalus la filosofía de Aristóteles. Averroes, una generación después, intentó reconciliar la filosofía con el islam y desarrolló una interpretación personal de la filosofía que tuvo una enorme influencia en Occidente durante la Baja Edad Media y el Renacimiento.

4.2. El arte. Mezquitas y palacios andalusíes

El arte de Al-Andalus presenta también rasgos originales dentro de la cultura islámica en la que se desarrolla. El culto musulmán no permitía la representación de imágenes humanas ni empleaba la música, lo cual redujo las posibilidades de las artes. Por ello, se trata de un arte muy abstracto, caracterizado por el empleo de la caligrafía, los dibujos geométricos y las filigranas y por la estilización de las figuras animales.

  • En la arquitectura religiosa destacaron las mezquitas, especialmente la mezquita aljaba de Córdoba. La mezquita original era un cuadrado dividido en dos mitades iguales: un patio al aire libre sin pórticos y el haram osala de oraciones cubierta y dividida en once naves. En el interior se usaron columnas recicladas de otros monumentos romanos y visigodos.

  • Con respecto a la arquitectura civil, debió ser espléndida la ciudad-palacio de Madinat al-Zahra, construida por el califa Abd al-Rahman III en las cercanías e Córdoba También taifales son la alcazaba de Málaga y el bañuelo (baños árabes o hammam) de Branada, ambos del siglo XI. De época almohade se conserva la Torre del Oro, de Sevilla (siglo XIII). Pero, sin duda, el ejemplo más notable de la arquitectura civil andalusí es el palacio-alcazaba de Granada, conocido como la Alhambra que corresponde a la etapa nazarí caracterizada por:

    • Una apariencia defensiva y sobria en el exterior, con materiales como mortero y ladrillo.

    • Un interior opulento y sensual, en el que destacan materiales austeros, como los azulejos y alicatados.

La Alhambra integra lo artificial con lo natural, mediante patios porticados, albercas, fuentes y jardines. También en Granada se encuentra el palacio y los jardines del Generalife, recreación de los jardines del paraíso en el que creen los musulmanes.

TEMA 4

LA CORONA DE CASTILLA

Nacimiento de los reinos cristianos

  • El reino de Castilla en sus orígenes nos habla de un tal Fernán González como noble detentador de la tierra de nadie que es en este momento el territorio recuperado a los musulmanes. El Fuero de Castrogeriz, más o menos hacia el 984.

  • Nos encontramos con los hombres de Vertía, que eran subditos, vasallos, campesinos que podían elegir señores feudal.

  • En el reino de Aragón constatamos al señorío de la familia Galindo.

  • En Navarra se constata a los Arista como primeros impulsores de tal reino.

  • Mientras en Cataluña los primeros condes o marqueses dependientes de Francia serían los que primero, al ir distanciándose del reino francés y haciendo heredera la marca hispánica entre sus descendientes, establecieron dicha marca como independencia (del reino francés). Sería Wilfredo I el velloso y Borrell II los que darían carta de naturaleza al reino catalán.

  • En el año 1000 nos encontramos con Sancho el mayor de Navarra abarcando lo que en sus orígenes era la corona de Castilla y la de Aragón que daría en herencia a sus hijo Fernando (Castilla) y Ramiro (Aragón).

CORONA DE CASTILLA (Casa Borgoñona)

1230

Fernando III. El Santo

Alfonso X. El Sabio

Sancho IV

Minoría de edad con la regenta de María de Molina.

Fernando IV

1348

Alfonso XI

Ordenamiento de Alcalá (pactos entre el Rey y los nobles) murió por la peste negra

Pedro I. El Cruel

1370

Enrique II de Trastámara

(el de Mercedes)

Juan I

Enrique III

Juan II

Enrique IV

1468

Isabel I de Castilla

TEMA 5

LA CORONA DE ARAGÓN

CORONA DE ARAGÓN

Dª Petronila y Ramón Berenguer IV

1137

Alfonso II

Unifica el reino de Aragón y Cataluña

Pedro II. El Bueno

Muere en la Batalla de Muret. 1215

Jaime I

Alfonso III

Jaime II

Alfonso IV

Pedro IV. El Ceremonioso

Juan I

Martín I. El Humano

Fernando I

Alfonso V. El Magnánimo

Juan II

Fernando II

Isabel I de Castilla

Guerras Remensas

Tuvieron como consecuencia el enfrentamiento tardo-medieval entre los campesinos aragoneses y los señores feudales y reyes, llegándose a la sentencia arbitral de Guadalupe (1489) al final de dichas guerras

La Corona de Aragón destacó de la Corona de Castilla en que en Aragón todas las leyes eran pactistas. Es decir, cada parlamento aragonés tenía autonomía para debatir las leyes y en definitiva pactar las soluciones o los acuerdos contrariamente al reino de Castilla donde los reyes convocaban cortes solamente a nivel informativo.

En este momento ya tenemos establecidos las diferentes fronteras entre reinos y entre países. Por ejemplo, los tratados de Tudillán, Almizrra y Cazorla establecen las fronteras entre la corona de Castilla y la corona de Aragón. El tratado de Coimbra entre Portugal y la corona de Castilla y el tratado de Cordeil entre la corona de Aragón y Francia.

TEMA 6

LA UNIDAD DINÁSTICA: LOS REYES CATÓLICOS

1 La unión de las dos coronas.

La organización del Estado

1.1. La organización del Estado: instituciones de gobierno

El reinado de Isabel y Fernando no fue rupturista, sino que continuó, en la medida en que fue posible, la política tanto de los Trastámara de Castilla como de los de Aragón.

Buscaron, así, centralizar el poder del Estado, encarnado en los monarcas. A cambio, cedieron bastante poder económico y social a los señores laicos y eclesiásticos. Con ello demostraban que la influencia de ambos estamentos procedía y dependía de la hegemonía política de los monarcas.

Para conseguir sus objetivos, Isabel y Fernando potenciaron instituciones. En Castilla, fueron más lejos que sus antepasados en la aplicación del autoritarismo monárquico. No sucedió lo mismo en Aragón, donde las instituciones, con escasas excepciones, permanecieron intactas, y el pactismo en el que se basaban sobrevivió.

Las reformas en el gobierno

El Consejo Real de Castilla, creado en el siglo XIV, adoptó su forma definitiva como órgano supremo de gobierno. El Consejo Real se componía en su mayoría de letrados, hecho que llevó a la profesionalización de esta institución y a su distancia-

miento de los grandes señores.

Junto al Consejo Real de Castilla, en el gobierno de los reinos se establecieron otros, como el Consejo de Aragón, formado por los regentes, también letrados, y el Consejo de la Órdenes Militares, que administraba a las tres órdenes castellanas (Santiago, Alcántara y Calatrava)..

Las Cortes de Castilla como fuente de recursos

Las Cortes castellanas se convirtieron en asambleas dóciles cuyas funciones se reducían a jurar fidelidad a los sucesores al trono y a conceder cuantiosas ayudas monetarias a los reyes siempre que estos lo solicitaban.

La reforma en la administración de justicia de Castilla

Chancillerías o audiencias, que se ocupaban de las apelaciones a las decisiones de los corregidores y de otros tribunales municipales y señoriales.

La Santa Hermandad en Castilla (1476)

La creación de esta institución fue fundamental para mantener el orden en el interior de Castilla durante la guerra civil y después de esta. Se inspiraba en las hermandades que las ciudades y los núcleos rurales venían formando desde el siglo XIV para defenderse de la rapacidad de los señores. Estaba formada por cuadrillas armadas, costeadas y organizadas por los concejos.

Reformas en la Corona de Aragón

Isabel y Fernando respetaron e, incluso, confirmaron los privilegios y fuero de Valencia, Aragón y Cataluña. En Cataluña, Fernando resolvió el conflicto de los remensas mediante la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486), que contenía disposiciones como las siguientes:

  • Abolición de la servidumbre personal, es decir, los “malos usos” de los señores feudales, incluida la remensa.

  • Concesión a los campesino de libertad para abandonar las tierras, sin obligación de pagar cantidad alguna.

  • Uso perpetuo de las tierras, que podían se transmitidas o traspasadas a terceros, a cambio del pago de una cantidad fija al señor (contrato enfitéutico), quien, no obstante, seguía ejerciendo su jurisdicción.

Otras reformas dentro de la Corona de Aragón afectaron al consell de la ciudad de Barcelona: a fin de evitar antiguas disputas, el rey impuso el sistema de insaculación o sorteo para elegir a los principales cargos públicos.

2 La reforma religiosa. La Inquisición

Isabel y Fernando abordaron en sus reinos un programa de reforma religiosa muy amplio que incluyó:

  • La reforma intelectual y moral del clero (que no se llevó a cabo).

  • La persecución de los falsos conversos.

  • La expulsión de las minorías religiosas.

2.1. La reforma del clero

Isabel y Fernando buscaron para sus reinos obispos que hubieran nacido en ello, hombres honestos, procedentes de las clases medias, universitarios, menos aristocráticos y guerreros y más austeros en su forma de vida. De un total de ciento treinta y dos obispos que fueron nombrados en estos años, más de la mitad procedían de la nobleza menor y de las clases profesionales.

Las universidades preferidas para seleccionar a los candidatos a obispo fueron las de Salamanca, Lleida y, a partir de 1499, la de Alcalá, creada por el franciscano Jiménez de Cisneros.

Este combinó la evangelización de los no cristianos y la reforma de las órdenes religiosas con las actividades propiamente intelectuales, pues dirigió la edición de la Biblia Políglota Complutense (de Complutum, nombre romano de Alcalá), terminada en 1517. Fue publicada en griego, latín, hebreo y caldeo con la ayuda de la imprenta.

2.2. La nueva Inquisición. La expulsión de judíos y mudéjares

Las reformas previstas por Isabel y Fernando, también pretendían lograr que todos sus súbditos profesaran una misma fe. Se estableció el Consejo de la Suprema Inquisición, que fue la única institución que se impuso en todos los reinos y, más tarde, en las Indias. Isabel y Fernando decidieron crearla en Castilla (donde no existía) con el propósito de perseguir a los falsos conversos.

En 1483, los reyes nombraron inquisidor general al fraile dominico Tomás de Torquemada para que organizase debidamente la Inquisición.

El modo de actuar de la Inquisición era complejo. En primer lugar, se abría un plazo para que las personas acusadas se presentaran voluntariamente y confesaran si eran culpables de algún delito. Si lo hacían, eran “reconciliados” con la Iglesia sin sufrir más castigos. Si eran acusados por la confesión (o delación) de otros y había algún fundamento en esas acusaciones, eran detenidos y se precedía a la confiscación de sus bienes en el acto.

Los procedimientos de búsqueda de pruebas y testimonios, los interrogatorios y los métodos para arrancar una confesión, incluida la tortura, eran muy largos. En el proceso, que no era público, había un abogado defensor que desconocía los términos completos de la acusación y la identidad de los testigos.

Si el tribunal encontraba al acusado culpable, este era llevado en procesión pública hasta el lugar, generalmente una plaza, donde se celebraba un auto (acto) de fe. Allí, se daba lectura a las sentencias: los culpables de delitos menores eran sometidos a un ritual humillante (ropajes ridículos, azotes...), y los reos de delitos más graves, encarcelados. Los reincidentes (llamados “relapsos”), que constituían una minoría muy pequeña, eran entregados a las autoridades civiles, que procedían a quemarlos en la hoguera, pues se pensaba que el fuego purificaba sus almas.

La expulsión de los judíos

La expulsión de los judíos respondió a una motivación religiosa y tuvo relación con la tarea de la Inquisición. En marzo de 1492 se decretó la expulsión de todos los judíos de Castilla y la Corona de Aragón que no accedieran a bautizarse en el plazo de cuatro meses. Podían vender sus bienes y llevárselos en forma de letras de cambio, pero estaba prohibido sacar oro, plata, monedas, armas y caballos.

Ante el decreto de expulsión, muchos prefirieron bautizarse; se ha cifrado en unos 100.000 los judíos que abandonaron Castilla y la Corona de Aragón con destino a Navarra y Portugal de donde también fueron expulsados entre 1496 y 1498. El destino final de los judíos que salieron de la península (sefarditas) fue el norte de África, Flandes, Italia y el Imperio turco.

3 La proyección exterior

'Historia española'

4 El descubrimiento de América.

Los acuerdos con Portugal

Castilla y Portugal eran los dos reinos pioneros en las exploraciones atlánticas: disponían de una marina cualificada y de enclaves insulares, habían perfeccionado la cartografía, empleaban instrumentos como la brújula y el astrolabio y navegaban en carabelas.

Los marinos portugueses, no obstante, estaban mucho más adelantados: habían bordeado la costa africana occidental en busca de la ruta hacia las Indias y las especias.

Los acuerdos con Portugal

Tras el primer viaje de Colón, los Reyes Católicos obtuvieron bulas pontificias (Bulas Inter Caetera). Sin embargo, Portugal, ante la expansión de Castilla, protestó y fue preciso suscribir un acuerdo castellano-portugués (Tratado de Tordesillas, 1494), que situó la línea imaginaria de demarcación a 370 leguas al oeste de las islas portuguesas de Cabo Verde. Esta línea dividía el océano Atlántico: Castilla se quedaría con las tierras al oeste del meridiano 46 Oeste (aproximadamente) y Portugal con las del este.

TEMA 7

LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI

1 El Imperio de Carlos V. Conflictos internos

1.1. El patrimonio de Carlos V

La muerte de Fernando de Aragón en 1516 puso fin al reinado de los Trastámara en la península ibérica. Tras una breve regencia del cardenal Cisneros (que no vivió lo suficiente para conocer personalmente al nuevo rey), Carlos I, de la familia de los Habsburgo, desembarcó en la costa cantábrica. Ya había alcanzado la mayoría de edad y venía dispuesto a hacerse cargo de su herencia materna: la Corona de Aragón, Castilla y Navarra, las posesiones italianas y norteafricanas y las Indias. Desde 1515 gobernaba de hecho los dominios paternos: los Países Bajos y el Franco Condado. A este patrimonio unió en 1519 los territorios de su abuelo paterno (Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico): el sur de la actual Alemania, Austria y Tirol. Heredó también los derechos a la corona imperial con el nombre de Carlos V, con el que universalmente es conocido.

Carlos V convirtió poco a poco a Castilla en el centro de su política: aprendió su lengua, residió allí con frecuencia y, con el tiempo, la mayoría de sus consejeros y secretarios fueron castellanos. Se casó, además, con Isabel de Portugal, hija de los reyes portugueses y nieta de los Reyes Católicos, que era la reina que deseaban sus súbditos castellanos. Su hijo y heredero, el futuro Felipe II, nació en Castilla, donde el propio Carlos V se retiró y falleció.

2 La política exterior del emperador

2.1. La guerra contra los turcos

Para Carlos V, la guerra contra el Imperio otomano no constituía una prioridad, a pesar de ser el rey más indicado para liderar, al modo medieval, una cruzada contra los infieles. Así, mientras se encontraba inmerso en las guerras contra Francia, delegó sus posesiones austriacas, es decir, las heredadas de los Habsburgo, en su hermano Fernando y solo intervino con un cuerpo expedicionario para evitar la caída de Viena en manos de los turcos.

2.2. La guerra en Alemania

El emperador tuvo que afrontar también la difusión del protestantismo por el norte de Europa, ya que Martín Lucero y sus seguidores estaban extendiendo la Reforma en el Imperio con el apoyo de algunos principados alemanes.

3 La monarquía hispánica de Felipe II.

Conflictos internos

Antes de ser rey (1556-1598), Felipe II había sido regente de los dominios de su padre en la península.

3.1. Las nuevas condiciones del reinado

  • Una corte establecida por el rey en un lugar fijo. Felipe II decidió fijar su residencia permanente en Madrid (1561).

  • La “hispanización” de la política: todas las decisiones eran adoptadas por un rey castellano. El reinado de Felipe II es conocido así mismo, con el nombre de “monarquía hispánica”. No debe olvidarse, sin embargo, que los intereses de Castilla tuvieron un gran peso en las decisiones políticas.

  • Felipe II impulsó en España, bajo su dirección, la Contrarreforma.

  • La reactivación, en el interior de la península, de las rebeliones. Este fenómeno estuvo muy relacionado con el aumento del autoritarismo político y religioso de Felipe II.

4 Política internacional de Felipe II

4.1. El conflicto en el Mediterráneo

A diferencia de su padre, Felipe II llevó a cabo un plan de construcción de barcos en Italia y en Cataluña. Además, buscó aliados que le permitieran obtener victorias militares en el mar. La ocasión de pasar a la ofensiva frente a los turcos se presentó cuando estos conquistaron Chipre (1570), una isla situada en el Mediterráneo oriental que pertenecía a Venecia. Esta solicitó ayuda y recibió el apoyo de una alianza (la Liga Santa) formada por Felipe II, el papado y la República de Venecia; los aliados disponían de una impresionante flota al mando de Juan de Austria y lograron una de las más célebres victorias navales de todos los tiempos en el estrecho de Lepanto (1571), en Grecia.

4.2. La rebelión de los Países Bajos

En 1578 fue nombrado gobernador de los Países Bajos el italiano Alejandro Farnesio. Al año siguiente había logrado una división más o menos estable del área: por un lado, Flandes, que comprendía las provincias católicas del sur (las actuales Bélgica y Luxemburgo, aproximadamente), y por otro, las Provincias Unidas, que agrupaban a las calvinistas del norte (los actuales Países Bajos). Logró atraer también a la causa española a la nobleza católica de las provincias del sur mediante un pacto.

En 1598, Felipe II cedió la soberanía de los Países bajos a su hija Isabel Clara Eugenia y a su futuro esposo, el archiduque Alberto de Austria.

4.3. La guerra con Inglaterra y la unión con Portugal

Al problema de los Países Bajos se añadió la actitud de Isabel I, reina de Inglaterra, quien se propuso frenar el avance de España en los Países Bajos. Para combatir a Inglaterra, Felipe II necesitaba una flota poderosa, una base adecuada en el canal de la Mancha y un puerto atlántico relevante que sirviera para concentrar la flota.

La unión con Portugal (1580) implicaba el control de su gran imperio marítimo (Brasil y enclaves comerciales en África y Asia), y marcó el viraje definitivo de la política de Felipe II hacia el Atlántico. Lisboa, donde residió el propio Felipe II (1581-1583), se convirtió en la nueva base de operaciones atlánticas contra holandeses e ingleses. En esta ciudad se concentró también la Gran Armada, flota que debía apoyar el desembarco de tropas españolas en Inglaterra y que sucumbió en 1588. La paz con Inglaterra no se lograría hasta el siglo XVII.

5 El modelo político de los Austrias

5.1. Las instituciones

A menudo esta Administración, que encarnaba la omnipresencia del rey, se superponía a las instituciones de cada reino.

  • Se consolidó el sistema de gobierno por consejos. Había un Consejo de Estado que tenía jurisdicción sobre todos los reinos, primero del Imperio y después de la monarquía.

Seguían existiendo otros consejos especializados, como el de la Inquisici´n y el de las órdenes militares. Carlos V creó el de Hacienda.

  • Aumentó el poder de los secretarios del rey, que llegaron a ser figuras clave del gobierno. En la década de 1580, Felipe II creó las juntas.

  • Se mantuvo la delegación del poder en virreyes y gobernadores en los territorios en los que el soberano iba a estar ausente durante bastante tiempo.

5.2. La financiación

Se difundió el método de venta de cargos públicos; estos llegaron a crearse incluso con la única intención de venderlos.

La diferencia entre los gastos y los ingresos endeudó a la corona y la llevó a la quiebra en varias ocasiones, por lo que los monarcas se vieron obligados a recurrir al crédito y al préstamo. Los intereses crecían gradualmente, ya que el importe prestado no solía devolverse. Para garantizar el pago, era frecuente que se asignara al prestamista algún ingreso de la monarquía emitiéndole un documento (título de deuda o juro) que le permitía cobrar de la Hacienda real.

6 La conquista, gobierno y administración de América

6.1. La conquista

El proceso de conquista de América (siglos XVI-XVIII) por los españoles se desarrolló en tres etapas.

Las conquistas antillanas (1502-1519)

También denominadas “tempranas”, comenzaron con el sometimiento de La Española y continuaron por Cuba y el resto del archipiélago de las Antillas. La población indígena desapareció poco a poco debido a las agresiones de los conquistadores, a la explotación laboral a la que fue sometida y a las epidemias procedentes de Europa.

Las conquista continentales (1519-1549)

La conquista del Imperio azteca de México, por el extremeño Hernán Cortés y la conquista del Imperio incaico del Perú por el también extremeño Francisco Pizarro.

  • La superioridad tecnológica de los conquistadores suplió su escaso número. Los indígenas no conocían la rueda, el caballo, el hierro ni la pólvora. Sus corazas apenas los protegían y sus armas eran muy primitivas: piedras, lanzas de madera, mazas y flechas. Tenochtitlán, capital azteca situada en medio de un lago, fue atacada con barcos.

  • Los procesos de conquista fueron promovidos por iniciativas particulares de hombres ambiciosos. En esta etapa se produjeron numerosos enfrentamientos sangrientos, asesinatos y ejecuciones entre los propios conquistadores: Hernán Cortés combatió a las tropas de Pánfilo de Narváez, enviado por las autoridades españolas de Cuba; y Francisco Pizarro ejecutó a su antiguo socio, Diego de Almagre. Los partidarios de este asesinaron después a Pizarro.

6.2. La Administración

Se inició igualmente el comercio con América, que exportaba metales preciosos y productos agrícolas e importaba nuevos cultivos, ganado y manufacturas industriales. Fue frecuente también la importación de esclavos africanos para sustituir o apoyar a la mano de obra indígena. El comercio fue controlado en régimen de monopolio por la corona y por Castilla a través de la Casa de Contratación de Sevilla.

Las instituciones de la América española

El control de los dominios americanos se realizaba desde la Casa de Contratación y el Consejo de Indias.

  • Los virreinatos. Nueva España con capital en Ciudad de México y Perú con capital en Lima.

  • Las gobernaciones.

  • Los corregimientos.

  • Las audiencias.

7 El Renacimiento en España

El contenido religioso y medieval de las creaciones artísticas fue mucho más acusado que en otros estados. La Contrarreforma y la censura y persecución de las ideas libres, intensificaba desde mediados del siglo XVI a través de la Inquisición, provocaron el retraso y el aislamiento de la ciencia y el pensamiento españoles.

7.1. El pensamiento y la literatura

En el ámbito del pensamiento destacó el erasmismo, un movimiento intelectual inspirado en las ideas de Erasmo de Rótterdam, quien propugnaba la reforma de la Iglesia, el retorno al estudio de las fuentes clásicas, la traducción del Evangelio a las lenguas vernáculas y un cristianismo asentado en sólidos principios éticos.

En España, las ideas de Erasmo influyeron en los escritores Juan Luis Vives y los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, así como en la mayor parte de las obras literarias de la época.

TEMA 8

LA ESPAÑA DEL BARROCO

1 Evolución económica y social en el siglo XVII

1.1. La crisis demográfica

A lo largo del siglo XVII, la población española se estancó. Castilla fue el reino que más población perdió, en especial el núcleo central de la Meseta. La periferia, tanto la cantábrica como la mediterránea, superó con más fortuna los problemas demográficos.

  • Las sucesivas crisis de subsistencia. Fueron causadas por las malas cosechas, que provocaron abundantes hombrunas durante todo el siglo.

  • Las epidemias. Se vieron favorecidas por la desnutrición de la población. La peste rebrotó con gran virulencia en algunos períodos.

  • Las guerras. Los Austrias obligaron a realizar reclutas y levas prácticamente forzosas entre jóvenes en edad de producir alimentos y tener hijos.

  • La expulsión de los moriscos (unos 300.000 entre 1609 y 1617, sobre todo en Valencia y Aragón).

1.2. Los problemas económicos

La agricultura y la ganadería

La producción agrícola disminuyó, sobre todo en Castilla, debido a la escasa mano de obra existente, a las enormes cargas fiscales sobre los agricultores y a la reducción de la demanda de productos agrícolas.

La propiedad tendió a concentrarse y aumentaron los latifundios. Ante la crisis, muchos campesinos tuvieron que convertirse en jornaleros para sobrevivir, especialmente en Extremadura, La Mancha y Andalucía. Valencia y la Corona de Aragón, por su parte, acusaron la pérdida de los moriscos, que constituían una población laboriosa en el campo.

La industria y el comercio

Las rentas que las élites sociales obtenían del campo no se invertían en empresas industriales y comerciales, ya que estas actividades eran incompatibles con la hidalguía y la limpieza de sangre y, además, proporcionaban escasas ganancias e implicaban mucho riesgo. Por el contrario, las élites dedicaban sus rentas a la adquisición de propiedades inmuebles o a préstamos al Estado. En definitiva, buscaban ser rentistas sin necesidad de trabajar.

El déficit de la balanza de pagos era inmenso; a los proveedores se les pagaba en oro y plata; con estos metales, y en efectivo, se financiaban también las costosas guerras llevadas a cabo por los Austrias en Europa. La necesidad de oro y plata, y la existencia de un enorme mercado al que exportar, convirtieron la Carrera de Indias en una vía imprescindible para el comercio nacional. El puerto más importante de la península era el de Sevilla; a finales del siglo XVII, sin embargo, empezó a ser desplazado por el de Cádiz, ya que el río Guadalquivir dejó de ser navegable para grandes buques a causa de la sedimentación. El tercer puerto en importancia era el de Bilbao, en la costa norte, que atravesaba una época próspera gracias al comercio de la lana y del hierro.

El comercio con América o indiano decayó notablemente entre 1630 y 1660 debido al aumento de los intercambios entre las propias colonias, a la excesiva presión fiscal y a la confiscación de remesas enteras de plata por la corona para atender a sus gastos militares.

1.3. Una sociedad estática

La estructura de la sociedad española seguía siendo medieval. Había dos estamentos privilegiados: uno, el clero y el otro, la nobleza o la aristocracia. Un tercer estamento (o tercer estado) eran los plebeyos, que producían y trabajaban.

Los nobles

La aristocracia (cerca del 10% de la población española) se concentraba principalmente en el norte de la península. En la cúspide de este grupo social se hallaban los Grandes de España. La alta nobleza ya no era rural, sino urbana, y vivía en ciudades como Madrid, Sevilla y Barcelona. La nobleza más próxima al poder era, sobre todo, cortesana: vivía en la corte, obtenía sus rentas de tierras que nunca visitaba y compraba cargos, juros y privilegios al soberano.

El clero

Era un estamento más reducido, aunque no dejó de crecer a lo largo del siglo XVII. Disfrutaba de una situación acomodada y bastante segura económicamente. El bajo clero era de origen humilde, aunque no padecía agobios económicos gracias a sus exenciones tributarias, al cobro del diezmo, a las rentas obtenidas de sus propiedades rurales y urbanas y a los ingresos procedentes de servicios eclesiásticos y donativos de particulares.

El tercer estado

Estaba integrado por todos los que no pertenecían a ninguno de los otros dos estamentos, por lo que su variedad era notable. El grupo predominante era el de los campesinos, que estaban sujetos a impuestos directos. La mayoría de los artesanos y comerciantes de las ciudades estaban organizados en gremios, instituciones estrictamente cerradas y jerarquizadas (algunos exigían pruebas de limpieza de sangre a sus miembros).

2 Los gobiernos de los validos.

La crisis de 1640

2.1. Los validos

El gobierno de favoritos, validos o privados estuvo muy extendido en esta época en varios países de Europa.

En el caso de España, los Austrias menores no gobernaron personalmente sus reinos, sino que se apoyaron en validos que dirigían la política en su lugar. La personalidad de estos monarcas propició dicha circunstancia: Felipe III era sumamente perezoso; Felipe IV tenía gran sensibilidad artística, pero le abrumaban los trabajos administrativos; Carlos II, por último, que llegó al trono con cuatro años, mostró, ya adulto, una absoluta incapacidad para gobernar.

El cargo de valido no era institucional, sino fruto de un nombramiento; su poder residía en la confianza que el rey había depositado en una persona. Cuando esta confianza personal disminuía o desaparecía, el valido perdía todo su poder.

El duque de Lerma

El primero de esta serie de validos fue Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lema, el principal líder político durante la mayor parte del reinado de Felipe III. Intentaron gobernar prescindiendo de los consejos, creando juntas (sistema ya iniciado en época de Felipe II) y rodeándose de partidarios entre sus parientes y amigos.

2.2. El conde-duque de Olivares.

La crisis de 1640 y sus secuelas

El rey Felipe IV confió en un nuevo valido, Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde de Olivares.

Las reformas de Olivares

Este estaba más interesado por el gobierno que por el patronazgo. Abordó una ambiciosa política de reformas fiscales que pretendió imponer de forma absolutista. Entre sus reformas, la más importante estaba destinada a conseguir que los reinos no castellanos de la monarquía aumentaran sus contribuciones.

Para ello presentó el proyecto conocido como la Unión de Armas (1625), por el cual se crearía un ejército de 140.000 hombres, reclutado y mantenido por cada reino en función de sus recursos demográficos y económicos. Este proyecto chocó de inmediato con la realidad de la crisis económica y social, y la resistencia de los distintos fueros y privilegios que existían en la península.

Ante esta situación, los reinos de la Corona de Aragón solicitaron que fueran sus Cortes las que deliberaran sobre la contribución a la Unión de Armas. Cataluña se negó a realizar contribución alguna y quedó al margen de la Unión de Armas.

La rebelión en Cataluña

El comienzo de la guerra con Francia en 1635 puso a prueba la autoridad monárquica frente a la autonomía y los privilegios de los reinos. Los representantes del rey, incluido el conde de Santa Coloma, virrey de Cataluña, así como parte de la oligarquía y de la aristocracia de la ciudad, fueron pasados a cuchillo.

Finalmente, y tras doce años de guerra, las tropas del rey Felipe IV lograron entrar en Barcelona (1652), poniendo fin a la secesión.

La rebelión en Portugal

El ejemplo de Cataluña debilitó la autoridad de la corona y alentó a Portugal a rebelarse. Este país conservaba su autonomía institucional, fiscal y comercial.

En definitiva, Portugal se sentía mal protegida por España; esta, a su vez, alegaba que era difícil defender las posesiones lusas sin una contribución económica y militar de Portugal.

La guerra (conocida en Portugal como la Guerra de Restauración) se prolongó hasta 1668, año en el que la corona española reconoció la independencia del reino portugués.

El final del reinado de Felipe IV

Tras la destitución de Olivares, el rey no volvió a entregar el poder a un solo favorito. Las sublevaciones, no obstante, no habían acabado aún: en 1643 se produjeron alborotos y tumultos en la Corona de Aragón y en Valencia, pero el miedo de la nobleza al desorden y la guerra garantizó la fidelidad de estos dos reinos, que hicieron grandes contribuciones económicas a favor del monarca.

2.3. El debilitamiento del poder monárquico

Pese a todas estas revueltas, la monarquía de los Austrias sobrevivió. Durante la regencia de Mariana de Austria.

En esta etapa se produjo un neoforalismo, es decir, un pacto no escrito entre los reinos y la corona para no enfrentarse ni ampliar los impuestos; también en este período se respetó la autonomía de los territorios. Fueron así mismo, años de neofeudalismo: la alta nobleza (los grandes de España) pasaron a controlar la monarquía.

El personaje que encarnaba el neoforalismo y el neofeudalismo fue Juan José de Austria, hijo ilegítimo de Felipe IV, quien había adquirido prestigio en la campañas militares de la monarquía.

El fin del gobierno de los Austrias

La última década del siglo XVII fue testigo del renacer de los disturbios sociales:

  • En Cataluña.

  • En Valencia.

  • En Madrid.

En su testamento, Carlos II dejaba la corona al nieto de Luis XIV de Francia, Felipe de Borbón, duque de Anjou. Con esta decisión, el rey intentaba asegurar la unidad de la monarquía española.

Sin embargo, muchas potencias europeas negaron validez al testamento, basándose en la debilidad mental del monarca. Esta polémica abrió el camino a una encarnizada Guerra de Sucesión (1701-1715).

3 El ocaso internacional de los Austrias

3.1. Las nuevas condiciones

Los Austrias del siglo XVII prosiguieron esta política, a pesar del coste financiero y el endeudamiento que implicaba. No obstante, en esta época nuevos factores caracterizaron la política exterior.

3.2. El sistema de Westfalia-Pirineos

En este contexto internacional, durante el reinado de Felipe III se firmó la paz con Inglaterra (1604). Con las provincias rebeldes de los Países Bajos o Provincias Unidas se acordó la Tregua de Amberes (1609), también llamada Tregua de los Doce Años.

Con Felipe IV y Olivares, las condiciones internacionales cambiaron, ya que el conde-duque estaba convencido de la necesidad de restaurar el prestigio militar y de gran potencia europea de España.

En 1648 se firmó la Paz de Westfalia, en la que los Habsburgo reconocían se derrota: España aceptaba la independencia de la Provincias Unidas, y los poderes del emperador de Alemania se limitaron aún más. Francia se consolidó como la potencia hegemónica en Europa, extendió sus posesiones hacia el este, apoderándose de Alsacia, e interrumpió las comunicaciones por tierra entre Flandes y los estados italianos.

El acoso de Francia a España continuó aprovechando la debilidad de Carlos II y el aislamiento de sus territorios en el norte de Europa. La impotencia de España para defender sus posesiones y la ausencia de sucesor al trono promovieron entre las potencias europeas distintos proyectos de reparto. La Guerra de Sucesión española acabó por desintegrar el patrimonio de los Habsburgo.

4 Mentalidad y cultura en el Siglo de Oro

4.1. El carácter del barroco español

El término barroco no solo designa un estilo artístico, sino que define un movimiento cultural que, en España, se extiende desde las últimas décadas del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII.

La cultura barroca era propagandística y se puso al servicio de la Iglesia católica y la monarquía absoluta, que constituyeron en España sus principales mecenas. A diferencia del Renacimiento, este estilo artístico reflejó la pérdida de la unidad religiosa europea y se dividió en escuelas nacionales.

Entre los temas preferidos por el barroco español cabe estacar la exaltación del poder de la monarquía, los dogmas de la fe católica y el desprecio de la vida terrena.

4.2. La literatura

La novela picaresca, en la que un trotamundos desheredado de la fortuna enjuiciada la realidad de manera crítica y realista, más allá de la apariencia, y desde un pesimismo vital.

La Vida del Buscón llamado don Pablos, de Francisco de Quevedo; Novelas ejemplares, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes.

La novela tiene un fondo realista, y las costumbres sociales no son retratadas con una demoledora sátira sino con fina y humanista ironía.

En la poesía destacaron las figuras de Luis de Góngora y Francisco de Quevedo. Góngora fue el poeta del culteranismo. Quevedo fue el representante del conceptismo, donde la dificultad se expresaba a través del ingenio de los juegos de palabras, los dobles y triples sentidos y la sátira mordaz.

La prosa, Baltasar Gracián (El criticón, 1651). Expusieron en estas obras el desengaño que les producía el mundo desde la perspectiva de un aristócrata nostálgico y de un clérigo de educación escolástica, respectivamente.

El teatro fue el género que más popularidad y proyección social. Destacaron Félix Lope de Vega, Tirso de Molina y Pedro Calderón de la Barca.

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