Historia del Tango

Música. Baile Argentino. Canción Argentina. Siglo XX. Queco. Blas Matamoro

  • Enviado por: Carlos Monti
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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El Tango:

Diccionario:

Tango, baile y canción modernos de origen argentino. Fue introducido y popularizado en Latinoamérica y en Europa a principios del siglo XX. Considerada al principio como indecorosa por su origen portuario y orillero, la danza se caracteriza por una gran variedad de pasos y numerosas posturas; es elegante y requiere cierta habilidad para su ejecución. La música del tango tuvo originariamente un compás de 2/4, utilizando el puntillo en su ritmo característico. Tanto la música como la danza del tango tienen influencias indirectas de la habanera cubana. La misma fue el antecedente directo de la milonga, de la cual nació el tango hacia fines del siglo XIX, en la zona portuaria de la ciudad de Buenos Aires.

Las primeras expresiones del tango surgen a finales del siglo XIX. A partir de las primeras décadas de este siglo la música y el baile se popularizan y adquieren los cánones básicos aún perdurables. Carlos Gardel fue sin duda su cantante más famoso, con incursiones en el ámbito cinematográfico en la década de 1920. En la década de 1990 el tango tuvo un auge mundial no sólo en su danza sino también en el nacimiento de nuevos compositores.

Comentario:

Aunque sobre el tango y sus figuras son muchas las cosas que se discuten y ponen en duda, es generalmente aceptado que el tango nace en Buenos Aires a finales del siglo XIX aunque algunos prefieren decir a modo conciliador, que nació a las orillas del Río de la Plata, con el fin de contentar a los uruguayos que reclaman una copaternidad del fenómeno. 

En un hecho de origen popular como el tango y, por tanto, de nacimiento evolutivo resulta imposible apuntar una fecha de nacimiento. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de los estudiosos coinciden en dar por buena la década de 1880 como el punto de partida de lo que entonces no era más que una determinada manera de bailar  la música. La sociedad donde nace el tango escuchaba y bailaba habaneras, polkas, mazurcas y algún vals, por lo que respecta a los blancos, mientras que los negros, un 25% de la población de Buenos Aires en el siglo XIX, se movían al ritmo del candombe, una forma de danza en la que la pareja no se enlazaba y bailaba de una manera más marcada por la percusión que por la melodía.

Musicalmente, el tango entronca en su genealogía con la habanera hispano-cubana y es por tanto hijo del trasiego mercantil entre los puertos de lengua española de La Habana (Cuba) y Buenos Aires (Argentina). Sin embargo, estos orígenes explican poco sobre su nacimiento. Inicialmente, el tango es interpretado por modestos grupos que cuentan sólo con violín, flauta y guitarra o incluso, en ausencia de ésta, el acompañamiento de un peine convertido en instrumento de viento con la mediación de un papel de fumar y un avezado soplador que marca el ritmo. El instrumento mítico, el bandoneón, no llega al tango hasta un par de décadas después de su nacimiento, en 1900 aproximadamente, y poco a poco sustituye a la flauta. 

Inicialmente, el tango debió ser un modo de interpretar melodías ya existentes, modo sobre el que fueron creándose otras nuevas que en un inicio ni siquiera contaban con una transcripción musical, ya que a menudo sus intérpretes y creadores no sabían escribir o leer música. De hecho, con el correr de los años, algunos de los primeros tangos ya transcritos no van firmados por sus autores sino por avispados personajes que sí sabían escribir música y aprovecharon el vacío existente sobre la autoría de determinados tangos celebrados popularmente, para ponerlos a su nombre y ganar con ello unos pesos. 

Quizá a estas alturas del texto, alguno se pregunte sobre el origen del nombre. Es una buena pregunta, pero carece de respuesta, o lo que es lo mismo, hay miles. En España en el siglo XIX se empleaba la palabra tango para un palo flamenco, en la geografía africana hay algunos topónimos con ese nombre, en documentos coloniales españoles se usa el vocablo para referirse al lugar en que los esclavos negros celebraban sus reuniones festivas… algunos incluso dicen que el origen podría estar en la incapacidad de los africanos para pronunciar bien la palabra "tambor" que quedaría así transformada en "tangó". En fin, es una buena pregunta pero la irremisible falta de documentación escrita y el origen ágrafo del tango y sus primeros padres callará la respuesta para siempre.

Sin embargo, si es posible hablar con propiedad de un elemento importante: el escenario de su nacimiento. Hay que decir que Buenos Aires era a finales del XIX una ciudad en expansión con un enorme crecimiento demográfico sustentado sobre todo en la emigración que procedía de multitud de países. Había por supuesto españoles e italianos pero no eran ajenos a esta corriente migratoria los alemanes, húngaros, eslavos, árabes, judíos… Todos ellos componían una gran masa obrera desarraigada, pobre, con escasas posibilidades de comunicación debido a la barrera lingüística y mayoritariamente masculina, ya que eran fundamentalmente hombres en busca de fortuna , hasta el punto de que la composición natural de la población de Buenos Aires quedó totalmente descompensada, de modo que el 70% de los habitantes eran hombres.

Las cifras hablan: Argentina pasó de tener dos millones de habitantes en 1870, a cuatro millones veinticinco años más tarde. La mitad de esa población se concentraba en Buenos Aires donde el porcentaje de extranjeros llegó a ser del 50 por ciento y adonde acudían también gauchos e indios procedentes del interior del país.

En este ambiente, se comienza a bailar en tugurios y lupanares el nuevo ritmo que se asocia así desde su inicio al ambiente prostibulario, ya que eran sólo prostitutas y "camareras" las únicas mujeres presentes en las academias o perigundines. 

Puesto que se trataba de féminas dedicadas en alma y, sobre todo, en cuerpo a sus accidentales acompañantes, el tango se comenzó a bailar de un modo muy "corporal", provocador, cercano, explícito… de un modo socialmente poco aceptable como se vería cuando, siendo ya un fenómeno emergente, el tango comenzó asalir del arrabal de su ciudad de origen y empezó a expandirse.

En los primeros tiempos, cuando el tango comienza a convertirse en canción, las letras que acompañan la música son obscenas y sus títulos dejan lugar a pocas dudas: "Dos sin sacarla", "Qué polvo con tanto viento", "Con qué tropieza que no dentra", "Siete pulgadas"... o incluso "El Choclo" que aunque literalmente significa mazorca de maíz, en sentido figurado y vulgar, equivale al castellano "chocho" o "coño". 

De su baja cuna a su encumbramiento como baile rey en los salones del mundo occidental, el tango recorrió un curioso camino de ida y vuelta entre el Nuevo y el Viejo Continente, con una parada decisiva y brillante en París. 

¿Cómo llegó allí? También en este punto las respuestas son  dispares y algunas vario pintas. Determinados textos, mucho más ingenuos que eruditos, dan incluso nombres y apellidos de "la" persona responsable de este viaje. La realidad, en su extensión como en su nacimiento, parece más compleja y, sobre todo, plural. 

Los "niños bien" de Buenos Aires no tenían reparos en bajar a los arrabales para divertirse, bailar y, de paso, levantarse alguna mina o alguna "milonguita" que engatusaba o se dejaba engatusar. Y para acercarse a la mujer no conocida, nada mejor que el tango. Por supuesto, el tango no era aceptable en sus casas ni bailable con las señoritas de su ambiente y por esa razón permaneció durante muchos años como algo marginal y de clase baja. 

Sin embargo, los viajes de estos patricios a Europa, especialmente a París, fueron el desencadenante. París no sólo era la capital del glamour y de la moda, sino que además era una ciudad que daba cobijo a una sociedad plural, parte de la cual era alegre y desprejuiciada. Los bailes galantes de la capital francesa venían de atrás, Louis Mercier, cronista de la vida parisina escribía en 1800: "Después del dinero, hoy en día el baile es lo que más éxito tiene entre los parisinos, sea cual sea su extracción social: aman el baile, lo veneran, lo idolatran… Es una obsesión a la que nadie escapa". Si ello era así a principios del XIX también lo era a principios del siglo XX al que llegaron con una fortalecida fama locales públicos como el Bal Bullier de Montparnasse o el Moulin de la Galette. Por añadidura, el atrevimiento, a principios de siglo, no era ajeno a las costumbres parisinas, antes al contrario, algún baile anual, como el Bal des Quat'z Arts de los estudiantes, "era célebre por lo ligero de las vestimentas y por el jolgorio sexual que reinaba siempre en él". 

En este contexto social no fue difícil que el osado baile creado en la capital del Plata encontrara un terreno abonado para florecer y convertirse en curiosidad al principio, en moda y furor después. Y una vez en París, el escaparate de Europa, la capital de la moda, la cuna del chic, su extensión al resto del continente primero, a todo el mundo después, fue algo sencillo y rápido. Curiosamente, es entonces, cuando Buenos Aires se mira en París, cuando finalmente el tango entra en sus salones más nobles avalado ahora por el bautismo europeo, el mejor de los pedigríes para una burguesía emergente que luchaba por hacer de su ciudad el París de América 

La gloria trajo también y simultáneamente el rechazo. La sempiterna dinámica social se puso nuevamente en marcha, lo antiguo frente a lo nuevo, la censura frente a la apertura, la tradición frente a la renovación. Los detractores del tango surgieron por doquier y fueron incluso ilustres y famosos. El Papa Pío X lo proscribió, el Káiser lo prohibió a sus oficiales y la revista española La Ilustración Europea y Americana hablaba del "…indecoroso y por todos conceptos reprobable `tango', grotesco conjunto de ridículas contorsiones y repugnantes actitudes, que mentira parece que puedan ser ejecutadas, ó siquiera presenciadas, por quien estime en algo su personal decencia.". La cita pertenece a esa revista española, pero resultafácil encontrar otras paralelas en publicaciones inglesas, alemanas o, incluso, francesas. 

No obstante, para cuando llegó la reacción la suerte estaba ya echada: el tango había triunfado. Hubo vestidos de tango, color tango, tango-thés… el tango fue el baile rey de ese mundo de preguerra que habría de terminar muy pronto con el primer enfrentamiento armado mundial, la ascensión de Estados Unidos como potencia, el cambio de costumbres. Después, el tango siguió viviendo, nació con fuerza el tango canción que le tomó el relevo al tango baile, pero con un éxito geográficamente más restringido, el mundo, en una nueva preguerra descubrió y admiró a Carlos Gardel y al final del conflicto la supremacía de Estados Unidos desembarcó en Europa también con el swing que murió sólo para darle paso al rock. 

En todos estos años el tango tiene una brillante historia de auges limitados y declives relativos y una continuada vida a lo largo de la cual se ha desarrollado tanto el baile como la música hasta llegar a un nivel de sofisticación y depuración que dejan a las claras la madurez de esta manifestación que vive ya en las primeros décadas de su segundo siglo de vida

En este fragmento se traza un breve panorama de las primeras piezas de tango que se conservan en la memoria. Este estilo musical, originario de Argentina, nació y se desarrolló en el seno de las clases trabajadoras de la ciudad de Buenos Aires, pobladas por inmigrantes y todo tipo de personajes marginales, cuya vida queda reflejada en las letras de los tangos.

Fragmento de El tango.

De Blas Matamoro.

Capítulo VI.

Queda dicho que resulta conjetural, si no imposible, registrar el nacimiento del tango en un documento preciso. No obstante, se guarda memoria de algunas piezas que, por su antigüedad, pueden considerarse los primeros tangos con identidad de tales.

Ya hemos aludido al Queco, pieza inicial que, para eterno bochorno de los porteños, se registró en la ciudad de Córdoba, que es lo opuesto a Buenos Aires: el centro geográfico del país, el tradicionalismo hispánico, la inmovilidad colonial. El musicólogo Carlos Vega recoge una habanera madrileña, el Tango de la casera, llegada a Buenos Aires hacia 1880 y rebautizada como Bartolo toca la flauta o Andate a la Recoleta. Un músico culto, Francisco Hargreaves —autor de la primera ópera argentina, La gata blanca— recopiló y publicó la pieza en 1900.

El turista podrá visitar la Recoleta, con sus vestigios coloniales y su rumboso cementerio, una de las joyas de la ciudad, todo ello curiosamente rodeado de restaurantes de lujo. En tiempos, la Recoleta era un punto suburbano de diversión, donde se celebraban verbenas (la romería de la Virgen del Pilar, cuya iglesia fue de los agustinos recoletos y dio nombre a la zona) a veces subidas de tono. En tanto por la Avenida Alvear se construían palacios de la buena sociedad, hacia la llamada Tierra del fuego se podían ver poblaciones de cirujas (vagabundos) y cuchilleros.

En el llamado Prado Español de la Avenida Quintana, siempre en dicho barrio, se admitió por primera vez que parejas de hombre y mujer bailaran tangos en público.

Otros títulos iniciales insisten en el tema prostibulario o tienen un tono sicalíptico o sexual bastante perceptible. Dame la lata, que es quizás el tango con melodía original más antiguo que se conoce, describe una escena de burdel: al entrar en el establecimiento, el cliente pagaba un precio y se le entregaba una suerte de moneda de hojalata como recibo. El rufián pedía, al fin del día, las latas que había recibido su protegida a cambio del trabajo consiguiente.

Partes del cuerpo relacionadas con el sexo aparecen en El choclo (que significa mazorca de maíz), El clavo y El serrucho, maneras populares de designar al falo, y en La budinera, ídem respecto al trasero. Taquerita es el diminutivo de taquera, la mujer pública que solía arrastrar los tacos o tacones de sus zapatos para llamar la atención, haciendo la calle. El fierrazo es el orgasmo (fierro es otra de las numerosas metonimias del miembro viril). Cuidado con los dad industrial pegada al sur de Buenos Aires, apenas se cruza el Riachuelo, donde funcionó, embozada como sociedad judía de socorros mutuos, una mafia de rufianes centroeuropeos llamada La Zwi Migdal.