Historia de una escalera; Antonio Buero Vallejo

Literatura española contemporánea. Teatro y Drama español de Postguerra. Vecindad. Costumbrismo. Personajes

  • Enviado por: Tris
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
publicidad
publicidad

TRABAJO SOBRE “HISTORIA DE UNA ESCALERA” DE A. BUERO VALLEJO

“El fondo de cualquier problema dramático
es siempre... el de la lucha del hombre,
con sus limitaciones, por la libertad.”
Antonio Buero Vallejo.

  • Resumen del argumento y contenido de la obra.

  • “Historia de una escalera” narra, los problemas e inquietudes de un vecindario de posguerra español humilde a través de sus conversaciones. La escalera es el lugar donde se desarrolla toda la acción, es el nexo de unión de todas los personajes y la confidente muda de todos sus problemas, amores, desamores, aspiraciones y frustraciones. La escalera se convierte así en un símbolo, ella es testigo del paso del tiempo (veinte años) y de todas sus consecuencias: las acciones de los personajes, sus cambios de carácter, sus aspiraciones rotas, los cambios generacionales... No son las personas las únicas que envejecen y cambian, la escalera también lo hace con ellos, forma parte de la vida de todos los personajes y es un símbolo de la pobre vida de éstos, todos los personajes quieren escapar de ella, lo que significa el cambio de vida.

    Pero quizás, lo mejor de la obra sea el tratamiento de los personajes, perfectamente definidos, con un lenguaje muy cuidado. Resulta difícil resumir el argumento de la obra sin haber explicado las relaciones familiares de cada uno de los personajes. La familia más numerosa es la del Sr. Juan y Paca, cuyos hijos son Urbano, Rosa y Trini. Carmina y Pepe son los hijos del Sr. Gregorio y Generosa. D. Manuel es el padre de Elvira y Dña. Generosa de Fernando. Fruto de la unión de Elvira y Fernando nacerá Fernando (hijo) y Manolín, Carmina (hija) será fruto del matrimonio entre Carmina y Urbano.

    El primer acto (los tres actos corresponden, en cierto modo, con el tratamiento clásico de presentación, desarrollo y conclusión), empieza con el inspector de hacienda cobrando la luz, pretexto que aprovecha el autor para introducir la situación económica de los vecinos, D. Manuel representa la familia más pudiente que le paga el recibo a Dña. Bondadosa, que pasa graves problemas económicos, Generosa y Paca se quejan de la factura pero pagan, señal de que su situación económica es grave, pero no tanto como la de Dña. Bondadosa. Además se nos presentan todas las tramas que desarrollarán las obras, así como el carácter de los personajes. Fernando es el personaje más importante de este acto y de toda la obra, es “un don Juan y un vago”, cualidades que se ven refrendadas con sus acciones. Se nos muestra disconforme por la situación económica de su familia, pero sin embargo no hace nada para remediarlo y falta a su trabajo, vive un una nube, sintiéndose superior a los demás, trata con superioridad a todo el mundo, especialmente a Elvira (quien está enamorada de él) y a su madre. Urbano se presenta como un joven proletario trabajador que también quiere mejorar su situación, pero con los pies en el suelo, mediante un sindicato. Aparece también la sumisa Trini y su hermana Rosa, quien “tontea” con Pepe, quien se presenta desde el principio como un “joven acuchado y presuntuoso” y a quien Urbano acusa de haber arruinado a dos mujeres. Paca y Generosa chismorrean sobre todos los asuntos del vecindario, Generosa se queja de la falta de consideración en la jubilación de D. Gregorio y su escasa remuneración. Este acto termina con la declaración en el “casinillo”de Fernando a Carmina (“muchacha de aire sencillo pobremente vestida”), a la que Fernando promete una vida mejor producto de su estudio y trabajo, que logra esperanzar a Carmina. Finalmente acaba con “la leche derramada”, acto simbólica que recuerda el famosos “Cuento de la lechera” y nos hace bajar a la dura de la realidad de estos personajes.

    El segundo acto empieza con el entierro de D. Gregorio, se nos da a entender que se debe a la jubilación, Gregorio afirma: “Desde la jubilación no levanto cabeza, no sé como ha podido durar estos diez años”, su jubilación le vio convertido en un inútil para la sociedad y para su familia. Pero muchas cosas han pasado desde la declaración de Fernando, diez años antes. Dña. Bondadosa y D. Gregorio también han fallecido. Además Elvira y Fernando se han casado (boda en la que el dinero pudo haber resultado un incentivo importante) y han tenido un hijo. También Rosa y Pepe se han casado, ella vive mal víctima de la vida de su marido, que no trabaja y se gasta el dinero en copas. Después de la muerte de D. Gregorio la situación de Carmina y su madre es muy difícil. Urbano se declara a Carmina en el casinillo, prometiéndole también mejorar con el trabajo, aunque Carmina le acepta pero no le dice que le quiere. Trini se compadece de la situación de Rosa y se la cuenta a su padre, quien aparenta no darle importancia y despreciarla, pero sufre por ella y le da sus ahorros.

    En el tercer acto, después de veinte años, Paca se siente sola, debido a la muerte de su marido y Generosa, su hija Carmina se ha casado con Urbano y han tenido una hija que tiene el nombre de su madre. Rosa ha vuelto a casa de sus padres, donde se siente “ahogada”. Todos han fracasado: Rosa ha intentado vivir su vida y Trini se ha dedicado a la de los demás, fracasando de igual manera; Fernando y Elvira no encuentren la felicidad en su matrimonio, al igual que Urbano y Carmina. La llama de amor entre Fernando y Carmina sigue viva, aunque intenten disimularlo y eso hace que sufran ellos y sus respectivo cónyuges. Ha nacido un nuevo hijo de Fernando y Elvira, Manolín. Pero la trama que lleva este acto es la relación entre Carmina y Fernando hijos, quienes se aman, al igual que lo hicieron sus padres, quienes intentan evitar que se vean haciéndoles ser víctimas de sus viejos rencores. Después de una fuerte discusión entre sus padres, Carmina y Fernando hijos se vuelven a encontrar en el casinillo repitiendo la situación en la que termina el segundo acto. De esta manera el autor deja un final abierto, nos queda la incertidumbre de sí se repetirá el ciclo otra vez, o si, por el contrario está nueva generación logrará salir de su miseria. La obra, ejerce así una actitud moralizante sobre el lector, la situación debe cambiar.

  • Ejemplos (con citas de los diálogos)

  • preocupaciones existenciales

  • preocupaciones sociales

  • ACTO PRIMERO:

    Primero encontramos una conversación muy interesante entre Urbano y Fernando, donde se ven sus preocupaciones sociales por ascender, pero los dos lo buscan de muy distinta manera:

    URBANO: ...Algo te pasa. (Sacando la petaca.) ¿No se puede saber?

    FERNANDO: ...Nada, lo de siempre... (...) ¡Qué estoy harto de todo esto!

    URBANO: (Riendo.) Eso es ya muy viejo. Creí que ocurría algo.

    FERNANDO: Puedes reírte. Pero te aseguro que no sé como aguanto. (Breve pausa.) En fin, ¡para que hablar! ¿Qué hay de tú fábrica?

    URBANO: ¡Muchas cosas! Desde la última huelga de metalúrgicos la gente se sindica a toda prisa. A ver cuándo nos imitáis los dependientes.

    FERNANDO: No me interesan esas cosas.

    URBANO: Porque eres tonto. No sé de que te sirve tanta lectura.

    FERNANDO: ¿Me puedes decir lo que sacáis en limpio de esos líos?

    URBANO: Fernando, eres un desgraciado. Y lo peor es que no lo sabes. Los pobres diablos como nosotros nunca lograremos mejorar la vida sin la ayuda mutua. Y eso es el sindicato. ¡Solidaridad! Ésa es nuestra palabra. Y sería la tuya si te diese cuenta de que no eres más que un triste hortera. ¡Pero como te crees un marqués!

    FERNANDO: No me creo nada. Sólo quiero subir. ¿Comprendes? ¡Subir! Y dejar toda esa sordidez en que vivimos.

    URBANO: Y a los demás que los parta un rayo.

    FERNANDO: ¿Qué tengo que ver yo con los demás? Nadie hace nada por nadie. Y vosotros os metéis en le sindicato porque no tenéis arranque para subir solos. Pero eso no es camino para mí. Yo sé que puedo subir y subiré solo.

    Esta conversación continua con una reflexión de Fernando sobre el tiempo, le preocupa como pasa sin que las cosas cambien, sin que él se entere de que pase por la vida. Podemos ver que es un ejemplo de preocupación existencial:

    FERNANDO: No es eso Urbano. ¡Es que le tengo miedo al tiempo! Es lo que más me hace sufrir . Ver cómo pasan los días, y los años..., sin que nada cambie. Ayer mismo éramos tú y yo dos críos que veníamos a fumar aquí, a escondidas, los primeros pitillos... ¡Y hace ya diez años! Hemos crecido sin darnos cuenta, subiendo y bajando la escalera, rodeados siempre de los padres, que no entienden; de vecinos que murmuran de nosotros y de quienes murmuramos... Buscando mil recursos y soportando humillaciones para poder pagar la casa, la luz... y las patatas. (Pausa.) Y mañana, o dentro de diez años que pueden pasar como un día, como han pasado estos últimos... ¡sería terrible seguir así! Subiendo y bajando la escalera, una escalera que no conduce a ningún sitio; haciendo trampas en el contador, aborreciendo el trabajo..., perdiendo día tras día... (Pausa.) Por eso es preciso c cortar por lo sano.

    Generosa pone patente el problema social que las jubilaciones pueden llegar a presentar para una familia:

    GENEROSA: Muy disgustado, hijo. Como lo retiran por la edad... Y es lo que él dice “¿De qué sirve que un hombre deje los huesos conduciendo un tranvía durante cincuenta años, si luego lo ponen en la calle?”. Y si le dieran un buen retiro... Pero es una miseria, hijo; una miseria. ¡Y a mi Pepe no hay quien lo encarrile! (Pausa.) ¡Qué vida! No sé como vamos a salir adelante.

    La declaración de Fernando con la que termina el segundo acto es un ejemplo de la preocupación social que tienen tanto él como Carmina de la situación en que se encuentran, sin embargo se ve una clara actitud soñadora que no tiene nada que ver con la realidad que les espera:

    FERNANDO: ...Carmina, desde mañana, voy a trabajar de firme por ti. Quiero salir de esta pobreza, de este sucio ambiente. Salir y sacarte a ti. Dejar para siempre los chismorreos, las broncas entre vecinos... Acabar con la angustia del dinero escaso, de los favores que abochornan como una bofetada, de los padres que nos abruman con su torpeza y su cariño.

    ACTO TERCERO:

    Este acto comienza con la reflexión de una Paca cansada por la edad, y con una acusada preocupación existencial:

    PACA: (Entrecortadamente.) ¡Qué vieja estoy! (Acaricia la barandilla.) ¡Tan vieja como tú! ¡Uf! (Pausa.) ¡Y qué sola! Ya no soy nada para mis hijos ni para mi nieta. ¡Un estorbo! (Pausa, resollando.) ¡Hoj! ¡Qué escalerita! Ya podía poner ascensor el ladrón del casero. Hueco no falta. Lo que falta son ganas de rascarse el bolsillo. (Pausa.) En cambio, mi Juan la subía de dos en dos... hasta el día mismo de morirse. Y yo, que no puedo con ella..., no me muero ni con polvorones. (Pausa.) Lo que quiero (Ha llegado al segundo rellano y dedicado una ojeada al primero) es poder charlar con Generosa, y con Juan... (Pausa. Se encamina a la puerta.) ¡Pobre Generosa! ¡Ni los huesos quedarán! (Pausa. Abre con su llave. Al entrar:) ¡Y qué me haga un poco más de caso mi nieta, demontre!

    También encontramos en este acto un ejemplo de preocupación existencial. Trini reflexiona sobre como tanto ella como Rosa han fracasado en su vida, aunque por distintos caminos:

    TRINI: Sí... Tú has sido el escándalo de la familia y yo la víctima. Tú quisiste vivir tu vida y yo me dediqué a la de los demás. Te juntaste con un hombre y yo sólo conozco el olor de los de casa... Ya ves: al final hemos venido a fracasar de igual manera.

  • Descripción de dos de los personajes de la obra: carácter, ideales, preocupaciones, frustraciones.

  • He elegido a Fernando y Urbano, dos personajes cuyas personalidades contrastan fuertemente cuyo único punto de unión es la escalera.

    Urbano encarna al joven proletario, trabajador, con los pies en el suelo. Es un hombre sencillo, “un ser inofensivo” para los demás (como lo define Fernando). En la conversación que mantiene en el principio con Fernando se observan sus inquietudes políticas y su carácter sencillo. Tanto él como Fernando buscan la emancipación, la salida de la escalera. Pero el modo en que la buscan es muy diferente, Urbano lo busca mediante el sindicato, la asociación colectiva, conociendo que no lo podrá alcanzar solo. Sin embargo Fernando tiene un sentimiento mucho más individual en este sentido, cree que triunfará por si solo, con sus capacidades. Urbano ejerce de “hermano mayor” con sus hermana Rosa, a la que intenta alejar (con muy escaso éxito) de Pepe. En el plano sentimental, podríamos decir que desde el principio ama a Carmina (en su declaración admite que la ama desde hace muchos años). Se siente en cierto modo desplazado por Fernando, en el que ve su superioridad en este aspecto. En la conversación del principio se preocupa por saber que chica le gusta a Fernando, en el momento en que nombra a Carmina y Fernando niega su amor (al contrario de lo que siente), Urbano expresa cierta alegría, pero sigue desconfiando de él. Los años pasan y Urbano ve como todo sigue igual, e incluso peor, su hermana Rosa se ha casado con Pepe y siguen teniendo los problemas de siempre. En este acto dice que lleva esperando tantos años, le declara su amor a Carmina:

    URBANO: ¡Espera, por favor! Carmina, yo..., yo te quiero. (Ella sonríe tristemente) Te quiero desde hace mucho años, tú lo sabes. Perdona que te lo diga hoy: soy un bruto. Es que no quisiera verte pasar privaciones ni un solo día. Ni a ti ni a tu madre. Me harías muy feliz si..., si me dijeras... que puedo esperar. (Pausa. Ella baja la vista.) Ya sé que no me quieres. No me extrañas, porque yo no valgo nada. Soy muy poco para ti. Pero yo procuraría hacerte dichosa. (Pausa.) No me contestas...

    Podemos ver como contrasta esta declaración con la que hizo Fernando anteriormente, Urbano no está seguro de si mismo, se cree muy poco para ella, pero se aprecia en él un carácter muy benévolo. Este diálogo es clave en la obra, porque en él Carmina acepta a Urbano, pero en ningún momento le dice que le quiere. Él piensa, sin embargo, que con el tiempo acabará queriéndolo. En el tercer acto, se comprueba que no es así, que ella sigue amando a Fernando, a pesar de todo. Él le reprocha que no le quiere, pero solo consigue que ella le recuerde que nunca le ha mentido sobre eso. Se ve frustrado en toda la obra por estas dos razones: la incapacidad para ascender socialmente y el no sentirse querido por su mujer. Esto le lleva a mantener disputas constantes con el matrimonio de Fernando y prohibir a sus hijos verse. Pero este personaje posee un perfil humano que justifica su fracaso exterior; se manifiesta en la falta de correspondencia entre la agresividad de su discurso y la incapacidad de actuar, manifestada en la amenaza nunca cumplida de tirar a Pepe por su escalera. Además posee una sencillez que le hace ser servil e irracional, con afirmaciones tan abrumadoras como “yo creo que todos los niños se parecen”.

    Fernando es el personaje que más aparece en la obra, antes de su primera aparición su madre lo va definiendo con múltiples rasgos. Ante el cobrador de la luz lo nombra como el sostén de la casa; después con don Manuel, el discurso de la señora acusa el titubeo de la descripción de unos méritos que ella no ve muy claros y que Generosa resumirá en dos adjetivos (“Es un gandulazo muy simpático”). Don Manuel, solo con su hija, la califica de “tarambana” y añade que “no tiene donde caerse muerto”, si bien reconoce que “es el chico más guapo de la casa”, rasgo físico en el que están de acuerdo todos los que lo rodean. Más tarde , la malicia de las vecinas interpretará sus acciones “Es que ese niño sabe mucha táctica”.

    Durante el diálogo con su madre muestra aspectos negativos de su personalidad, que se perciben igualmente en el primer encuentro con Elvira. Por esa razón , aunque en la escena final con Carmina aparezca como un idealista enamorado y lleno de proyectos, el receptor ha recibido muchos indicios que lo llevan a desconfiar de sus promesas y a comprender su situación al iniciarse al acto siguiente, después de los primeros diez años.

    En el tercer acto las discusiones con la otra pareja protagonista son múltiples, a causa del amor de sus hijos, Urbano lo define comparándolo con su hijo como “un vago y un D. Juan”. Pero lo más duro llega por parte de Carmina:

    CARMINA: ¡Has sido un cobarde toda tú vida! Lo has sido para las cosas más insignificantes... y para las más importantes. ¡Te asustaste como una gallina cuando hacía falta ser un gallo con cresta y espolones!

    Podemos deducir que Carmina le sigue amando, y se entiende que la relación entre los dos no fue por buen camino debido a la cobardía de Fernando, cosa que no aparece en la obra.

    No obstante, algo positivo queda en la personalidad de Fernando, que se percibe en la relación con sus hijos, mucho menos violenta que la de Elvira. Como veíamos en Urbano, en Fernando existe también un componente genérico que se articula a través de su discurso sobre el tiempo y el temor que le infunde su acción destructora.

    De esa forma, estos dos seres se sitúan en los tres niveles del drama: el individual, el colectivo y el metafísico.

  • Encuadrad la obra dentro de la época literaria y de la producción teatral (el teatro de posguerra española).

  • Buero Vallejo es el representante más calificado en España de un teatro de hondura trágica, en el que los problemas del hombre se plantean con grandeza y esperanza. El dramaturgo, cuya producción dramática estuvo marcada, desde Historia de una escalera (1949), por el compromiso social y los anhelos de libertad y de justicia, fue un símbolo del teatro español del último siglo, sobre todo por su significación histórica en la disidencia antifranquista

    El teatro español de posguerra fue mucho menos productivo que en otros países europeos. No obstante, no olvidemos que se encontraba limitado por una dura censura. Además las compañías teatrales dependían de los intereses de unos empresarios de dudosos gustos. Ante esta situación prosperaron autores de “diversión”, intrascendente e inconformista y algunos autores “serios” que se abrieron difícilmente camino en el teatro comercial y que se veían relegados a las representaciones minoritarias de teatro independiente, o sin poder dar salida a sus obras. Buero Vallejo pertenece a un grupo de dramaturgos que combinaban junto a un teatro “visible” un teatro “soterrado”, que intentaba engañar a la censura.

    En la producción más atendible de los autores españoles de los años 40 y 50 cabe señalar las siguientes líneas:

    • Un tipo de alta comedia en la línea del teatro benaventino. En este sector se sitúan nombres como los de Pemán, Luca de Tena, López Rubio, Claudio de la Torre, Edgar Neville, Joaquín Calvo Sotelo, Ruiz Iriarte, etc. Se caracteriza por el predominio de las comedias de salón o de los dramas de tesis y la preocupación por la obra “bien hecha”.

    • En el teatro cómico encontramos una de las facetas más interesantes de aquellos años: la línea que va de Jardiel Poncela a Mihura. Ambos presentan facetas precedentes del teatro absurdo, al menos por la introducción de un humor disparatado y poético.

    • En una línea muy distintiva, hay que situar el nacimiento de un teatro grave, preocupado, inconformista, que se inserta, al principio en una corriente existencial. Dos fechas son claves, 1949 con el estreno de esta obra, y 1953, en que un teatro universitario presenta Escuadra hacia la muerte de Alfonso Sastre. Obras como éstas son signos de un teatro “distinto” que quiere hacerse un sitio en la escena, frente a los trivial y lo convencional. Es una dramática decididamente encarada con las inquietudes del momento. Durante unos años, en ambos autores, y en algunos más, dominarán las inquietudes existenciales. Luego (hacia 1955) iniciarán un teatro social, paralelo a lo que sucede por entonces en otros géneros.

    Antonio Buero Vallejo "preparó al público español de la posguerra a entender las medias palabras", de modo que "a la censura le salió el tiro por la culata", manifestó el día después de su muerte el escritor Antonio Gala. "Cuando yo llegué al teatro", precisó Gala, "el público estaba muy sensibilizado y entendía todo porque la censura, a fuerza de ejercerse, se convirtió en colaboradora de los dramaturgos". "La noticia de la muerte de Antonio Buero Vallejo no por  esperada me ha dejado menos impresionado, porque sucede siempre cuando se pierde un hito", agregó. "Cuando yo llegué al teatro en 1963", recordó Gala, "Buero Vallejo era el modelo de todos y lo siguió siendo por su honestidad, seriedad y entrega a su oficio de dramaturgo". "Su figura, su nombre, su ejemplo y los ideales que representa no desaparecerán nunca" y, "en lo que dependa de nosotros, debemos seguir ayudándole".

    Antonio Buero Vallejo es, sin duda, uno de los dramaturgos españoles más honrado. La honradez: de Buero, es, además, una honradez difícil: la de un hombre auténtico que, sin dejar de serlo, revisa sus propias opiniones y las adapta a la evolución de su pensamiento y su experiencia de la: vida. En Buero tenemos el caso de una insobornable honradez intelectual, de un hombre que no aliena su libertad creadora y su responsabilidad consigo mismo en el falso espejismo de una: imagen nuestra que ha pereclitado ya hace tiempo. Por eso es una tarea interesante la de acudir a sus obras y observar el camino de un hombre que va buscando la verdad, a costa de todo, por los entresijos oscuros del mundo y de los hombres que nos rodean.

    En su primera obra, Historia de una escalera, se nos ofrecen treinta años de vida de unas gentes que no logran salir de su pobreza y donde el destino de los hombres da vuelta angustiosamente en un círculo que no tiene salida: los sueños ilusionados de la juventud y a miseria vergonzante de la vejez. En su obra siguiente, En la ardiente oscuridad, Buero nos presenta un centro de ciegos donde estos tienen la vida organizada a su imagen y semejanza, por lo que se sienten felices y alegres; allí los ciegos estudian, juegan, ríen, se enamoran y se casan juntos. Pero la llegada de un nuevo ciego, rebelde y amargado, empieza a crear el descontento y la desesperación entre sus compañeros “invidentes”. Les mete en la cabeza que su mundo no es el único, como ellos quieren creer; que hay un mundo de “videntes”, el auténtico, donde la vida es bella y está cargada de luz y claridad. La similitud de esta obra con el mito platónico de la caverna es claramente manifiesta.

    Antonio Buero Vallejo nace en Guadalajara el 29 de septiembre de 1916. Estudia primeras letras con su padre y , posteriormente, con un profesor particular. En 1926 ingresa en el Instituto de Segunda Enseñanza. Allí conoce y establece amistad con Ramón de Garciasol. En 1933, Buero gana el primer premio literario de su vida. Llega a Madrid en 1934 y se matricula en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando para realizarse como pintor. En 1937, se incorpora a la milicia después de que su padre fuera fusilado el otoño anterior y es destinado al frente del Jarama de donde será trasladado al frente de Aragón. Al terminar la guerra civil, es detenido y conducido a un campo de concentración: al de Soneja, en la provincia de Castellón. Estuvo condenado a muerte durante meses, temiendo cada amanecer que se cumpliera la sentencia. Pero, por fortuna, la sentencia no se cumplió. Fue conmutada por la pena de prisión que sufre durante más de seis años en Yeserías, en el penal del Dueso, en Santa Rita, en Ocaña... Compañero de cautiverio de Miguel Hernández hasta la muerte del poeta, Buero Vallejo permaneció en prisión hasta 1946. En 1957 logra el Premio Nacional de Teatro con Hoy es fiesta. En 1971 ingresa en la Real Academia Española, su discurso de ingreso versó sobre teatro y acerca de un autor al que admiraba con el título de Federico García Lorca ante el espectáculo. En 1986 recibió el premio Cervantes y diez años más tarde fue distinguido con el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra. Antonio Buero Vallejo falleció en Madrid, el 28 de abril de 2000.

    Antes de sus primeros intentos teatrales, Buero Vallejo publica un estudio sobre el gran dibujante francés Gustave Doré, el ensayo se denomina: Gustave Doré: Estudio crítico-biográfico.

    Entre sus numerosas obras destacan: Historia de una escalera, En la ardiente oscuridad, Madrugada, Irene o el tesoro, Hoy es fiesta, Las cartas boca abajo, Un soñador para un pueblo, Las meninas, El concierto de San Ovidio, El tragaluz, El sueño de la razón, La Fundación. Diálogo secreto y Lázaro en el laberinto. Su última obra de teatro; Misión al pueblo desierto, fue estrenada el año pasado, cincuenta años después de Historia de una escalera. El teatro de Buero Vallejo podría calificarse de humanista, si por tal entendemos una apasionada defensa de la dignidad del hombre y de todo lo que esto conlleva. Ese humanismo, por otro lado, no aparece nunca en Buero Vallejo de modo panfletario ni categórico, sino dramáticamente problematizado. A través de la inteligencia, a través de la verdad y a través de la autenticidad ha buscado su estética y su teoría del arte teatral Antonio Buero Vallejo, autor de una las obras más libres y personales del teatro español del siglo XX, un gran dramaturgo y un intelectual honrado. Y como dijo Buero: “Hay que esperar... Esperar siempre... La esperanza nunca termina... La esperanza es infinita...”

    'Historia de una escalera; Antonio Buero Vallejo'