Historia de una ciudad industrializada

Revolución industrial en EEUU (Estados Unidos). Lowell. Orígenes industria norteamericana. Crecimiento fábricas. Movimientos obreros. Expansión

  • Enviado por: Hjdilan
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Resumen Lowell: Historia de una ciudad industrial

La Revolución Industrial cambió para siempre la forma de vivir de los europeos. Los cambios innovadores que rápidamente recorrieron el mundo y llevó a América a su propia era de industrialización. El mejor ejemplo de la Revolución Industrial en América fue el Complejo de Fabricas Lowell, en Massachussets. Desde sus inicios, a mitad del siglo 19, Lowell se convirtió en el más grande complejo industrial de América. El conglomerado Lowell, fue lo que se le conoce como un “Company Town”. Además de las fábricas y los canales, Lowell tenía todos los componentes de un pueblo en donde los habitantes eran los mismos obreros de la fábrica.

La vida de Lowell, en general se basaba en el agua. Lowell no hubiese podido llegar a lo que fue sin el agua. Esta le proporcionaba la fuerza primaria para generar los trabajos que hacían los molinos. Primero con la fuerza hidráulica y luego con el vapor.

Las cascadas que generaban la fuerza para los molinos, estaban cerca de las viviendas de los indios Pennacook, que dependían de las cascadas Pawtucket para su estilo de vida. Pero al llegar los colonos rápidamente comenzaron los problemas y los colonos forzaron a los indios a moverse.

A finales del siglo 18, se comenzó a construirse una serie de canales, proyecto ambicioso, que terminaría por canalizar y así poder controlar las corrientes de los cuerpos de agua. Debido a que la mayoría de productos en los Estados Unidos era de fabricación artesanal y la de los europeos era ya “mecanizada”, hacía que éstos productos fuesen caros al acceso local. Era más barato comprar a los europeos.

Las luchas Napoleónicas, El Embargo de 1807 y la ruptura definitiva de las colonias en América con Europa, hicieron que germinara la manufactura mecanizada en América. La introducción de las primeras maquinarias e inventos revolucionarios, crearon nuevas formas de empleo y por otro lado desempleo a personas que ahora trataban de acoplarse a la nueva realidad.

La Revolución Industrial en Inglaterra produjo una necesidad de mano de obra y materia prima a gran escala. La máquina de hilar de rueda o rueca, que se usaba antes dependía del trabajo manual, ahora era sustituida por el telar mecánico y la lanzadera volante que revolucionaron el mundo textil. Al surgir estos nuevos inventos, la producción de telares que antes era preparado en casa por familias, requirió mucha más mano de obra y materia prima. Debido a la relación que Inglaterra tenía con las colonias, la producción de algodón de ellas, iba a dar a Europa.

La industria textil se expandió rápidamente y con ella la Revolución Industrial que tuvo consecuencias importantes en América. El conflicto de Inglaterra y las colonias trajo escasez de productos y entre ellos la ropa una necesidad básica como la comida y techo. La producción de algunos productos como la ropa y sin la maquinaria europea, hacía imposible cumplir con toda la demanda. Las leyes que creó Inglaterra en contra de la exportación a América y después de la independencia hacían imposible establecer fábricas de textiles para satisfacer la demanda. Hasta que un inmigrante inglés, de nombre Samuel Slater, desarrolló un sistema similar a las máquinas en Inglaterra. La primera fábrica de textiles de algodón se estableció en Pawtucket, Rhode Island, en el 1790. Muchos de los que allí trabajaron fueron niños entre las edades de 7 y 12 años que llegaron allí forzados. Pronto se estableció otra en Philadelphia.

La política de la época pronto reaccionó y muchos de los dirigentes y futuros dirigentes de la nueva nación, vieron la prosperidad que traería éste rápido crecimiento del desarrollo industrial. Entre 1790 y 1860 Estados Unidos se encontraba en pleno desarrollo de los medios de transportación. Construcciones de vías de ferrocarril, canales y autopistas se vieron a través de toda la nación. Este proceso sería fundamental para el desarrollo de la industrialización y Massachussets fue uno de los primeros en construir. Un grupo de inversionistas, que luego invirtieron en Lowell, comenzaron a construir canales que mejorarían la navegación del Río Merrimack pero que a su vez podrían controlar los otros cuerpos de agua adyacentes.

La construcción de canales y puentes en el Río Merrimack impulsó otras construcciones que a su vez unirían las vías. La construcción del Canal de Panvtucket, el Canal de Middlesex, lasrepresas y sistemas de acueductos transformaron grandemente el área.

Otro factor para el rápido desarrollo de estas comunidades industriales, fue la inyección de capital por parte de inversionistas que antes eran comerciantes convertidos ahora en industrialistas. Estos prósperos comerciantes tenían estrechos lazos e inclusive se casaban entre sí para poder fusionar capitales. Uno de estos fue Francis Lowell, un inglés importador de textiles. En su estancia en Inglaterra, Lowell tomó ideas que mas tarde desarrollaría en América. Reprodujo en América lo aprendido aglutinado el telar mecánico, las fábricas y las villas, todo en un solo lugar. Las asociaciones familiares de Lowell y de sus amistades le proporcionaron el dinero para la inversión. Los inversionistas llamaron a su primera compañía Boston Manufacturing Company.

El negocio fue exitoso, los inversionistas de Lowell sabían que tenían ventaja sobre los otros competidores. A medida que crecía la fábrica, los inversionistas querían expandir el negocio, pero esta vez fuera de Waltham. Los otros telares industriales que existían estaban localizados en las cercanías de cuerpos de agua, que generaba la energía. Así que los inversionistas fueron en busca de un nuevo lugar. El mejor lugar era una villa que se encontraba cerca del Río Merrimack, a 30 millas de Boston. Así que prontamente, los socios de la Boston Manufacturing Company, compraron y sin causar mucho revuelo, la villa, el canal y el río. La construcción comenzó en 1822 a cargo de Kirk Boott. La planificación completa de un poblado, incluyendo las casas, fábricas, calles, edificios adicionales y hasta la iglesia estuvo a cargo de Boott. De todas las nacionalidades trabajaron en la construcción juntos a los “Yankees”, evidenciando la inmigración que en ese momento se estaba dando.

Además la construcción de canales, puentes y edificios, el segundo fuerte de Lowell era su maquinaria. La maquinaria que se incorporó a Lowell entre 1814 y 1825, fue la maquinaria original de la Boston Manufacturing Company, en Waltham. Máquinas que convertían el algodón en telas y estas su vez en ropa. Máquinas que funcionaban por la fuerza del agua, con turbinas que funcionaban por la fuerza del vapor, era la parte más importante de los molinos. Las locomotoras transformaron el modo de transporte que se conocía en Nueva Inglaterra. Lowell se convirtió en un generador de piezas en su taller, que convirtieron a Lowell en el líder de la fabricación de turbinas hidráulicas. Se puede decir que en Lowell comenzó la era de las máquinas en la nueva nación norteamericana.

Lowell se desarrolló tan rápido que sus dueños se vieron en la necesidad de expandir. Las ganancias eran enormes y aumentaban con cada año. En Lowell se fabricaban alrededor de un millón de yardas semanalmente y para 1850 el complejo completo de fábricas, diez en total, empleaba a 10,000 personas. Hasta la Guerra Civil, Lowell fue la más grande concentración de la industria en Estados Unidos.

La población de Lowell creció dramáticamente a través de los años de expansión. Lowell fue la segunda ciudad más grande de Massachussets. Los dueños de Lowell, aprovecharon la fama de su prosperidad. Enfatizaban las buenas condiciones de trabajo, la calidad de sus obreros y aseguraban que el sistema Lowell era consistente con los valores republicanos. Pero su intención real eran las ganancias y controlar a los competidores.

Lowell se diferenciaba en muchos aspectos en el modo de operar de otras fábricas, una de éstas era que sus empleados en su mayoría eran muchachas jóvenes que vivían cerca de la región. Al contrario de las fábricas de Nueva Inglaterra que contrataban a familias completas. Para darles albergue a estas jóvenes, Lowell les proveía hospedajes. Otras se quedaban con sus padres o familiares que vivían en Lowell. Otra diferencia era que la paga era mensual y en efectivo. Las otras compañías ofrecían créditos para comprar en sus propias tiendas o pagaban 4 veces al año. Las muchachas que trabajaban en Lowell, se podía decir que ganaban buenos salarios, a veces mas que sus padres, trabajadores agrícolas.

La mujer en Lowell, no solo era atraída por los buenos salarios. La ciudad ofrecía oportunidades sociales, culturales y religiosas. Podían disponer de tiempo libre después del trabajo para actividades de entretenimiento. En Lowell habían cosas que jamás verían en las haciendas.

Las campanas de las fábricas dominaban la vida diaria. Todas las fábricas tenían el mismo itinerario y sus relojes sonaban al unísono. La compañía regulaba el comportamiento de las mujeres dentro y fuera de Lowell. Se esperaba que se asistiera regularmente a la Iglesia. Esperaban así controlar esa “nueva independencia” de la mujer. Las mujeres que llevaban más tiempo en Lowell ayudaban a las nuevas a adaptarse a su nuevo estilo de vida.

Las protestas y huelgas llegaron a Lowell a mitad del 1830, a solo una década de haber comenzado labores, la presión de la competencia redujo la paga de las mujeres obreras. Se encontraron que crecía el inventario y bajaban los precios. Los dueños creyeron que para afrontar la crisis económica debían cortar los costos laborales. Obviamente los trabajadores no estaban satisfechos y no aceptaban esta técnica corporativa. Los dueños comenzaron a cortar los salarios y los empleados a protestar. Las mujeres comenzaron a organizarse y dos años después se fueron a la huelga. Fue exitosa pues la compañía rápidamente les subió los salarios. Esta fue la primera de muchas huelgas.

Las mujeres también se unieron a las protestas de los hombres en 1840, cuando se redujo la jornada de trabajo. Estaban tan organizadas que tenían una asociación llamada Lowell Female Labor y con su presidenta Sarah Bagley abogaron para que se legislara a favor de los obreros. Aunque en 1874, lograron que se creara la ley que establecía que la jornada de trabajo eran 10 horas, las fábricas hicieron caso omiso.

Pero aunque muchas mujeres protestaron para lograr cambios, otras simplemente optaron por abandonar las fábricas. El creciente número de inmigrantes sobre todo los irlandeses, estaban dispuesto a ocupar esas vacantes.

Lowell siguió expandiendo su industria textil y con ella la fuerza laboral aumentó también. Lowell se había convertido en la más grande productora de textiles. Lowell ofrecía una combinación perfecta: su geografía y su tecnología. Su más alto punto de refinamiento llegó cuando la nueva tecnología del vapor fue aplicada. A la larga el vapor sustituyó lo que había sido su fuerza primaria: el agua.

En los primeros años de Lowell, la fuerza laboral la componían en su mayoría mujeres. Pero a partir de la segunda mitad del siglo, la fuerza laboral fue dominada por los inmigrantes. Los primeros fueron los irlandeses que aceptaron pagas bajas. Luego vinieron los franceses, canadienses, griegos, polacos, entre otras nacionalidades.

Los irlandeses estuvieron ligados a Lowell desde sus inicios. Ellos fueron contratados durante las excavaciones para hacer los canales y para la construcción de los primeros edificios. Para 1850 el 30% de los empleados de Lowell eran irlandeses y con su presencia llegaron sus instituciones como las iglesias. Comenzaron los roces raciales. La hostilidad por parte de los “Yankees” hacia los irlandeses provocó que afectaran las relaciones laborales entre obreros y dueños. La presencia irlandesa trajo cambios dramáticos en Lowell. La Guerra Civil fue otro marcador entre las transición de empleados “Yankees” a empleados inmigrantes.

Durante la Guerra Civil, Lowell entró en una crisis económica por falta de operación y vendió sus acciones a otra fábrica que continuaba operando. Pero al finalizar la guerra fueron los inmigrantes que tomaron las vacantes de la fábrica. Llegaron a ser el mayor grupo de habitantes, nacidos fuera de Lowell.

Lowell albergó diferentes grupos étnicos y de diferentes nacionalidades. Los registros escolares muestran que por Lowell pasaron irlandeses, canadienses, franceses, griegos, polacos, italianos, suecos, portugueses, armenios, lituanos, judíos y sirios, entre otros. Todos se establecían con sus familias, cada vez que podían, y la familia estaba obligada a ayudar en el sustento del hogar.

A principios del siglo 20, estos inmigrantes vivían en unos edificios de madera llamados barracas o cuarteles. Eran edificios que podían albergar a familias, en apartamentos de 2 a 4 habitaciones. Los mejores cuarteles podían tener hasta inodoros, las más pobres letrinas. Algunas de ellas no tenían ventanas. La falta de aire limpio y buena higiene era causa de enfermedades, como la tuberculosis.

La terminación del antiguo régimen, al venderse Lowell, hizo que se debilitaran las buenas condiciones laborares y de vivienda que existían en la antigua fábrica Lowell. Algunas familias de obreros se fueron a vivir a los suburbios y eran llevados al trabajo en trolleys. La cuidad comenzó a sentir los efectos de la llegada de tantas personas. Los problemas sociales no se hicieron esperar al igual que las enfermedades.

Durante la primera Guerra Mundial muchos de los trabajadores se fueron a la guerra. Un nuevo grupo de inmigrantes substituyó a estos obreros en las fábricas. El grupo más grandes fue el de los griegos. Este grupo de inmigrantes apoyaron muchas organizaciones dentro de Lowell y se convirtieron en dueños de negocios dentro del poblado. El ir y venir de inmigrantes cambiaba cada vez más seguido el modo de vida de Lowell. Esto también fue causa de cambios en la política de la cuidad en relación a sus habitantes. La política de Lowell estuvo dominada por muchos años por los dueños de las fábricas. Pero con los cambios, el control político pasó a manos de los inmigrantes. Cada grupo se identificaban con el partido que mejor vigilara sus intereses.

La diversidad étnica trajo conflictos entre los habitantes de Lowell. La diversidad de opiniones y cultura constantemente traía confrontación entre los dueños y empleados. Las huelgas rápidamente aparecieron y antes de la Primera Guerra Mundial se dieron dos que fueron importantes. La Lowell Textile Council, apoyada de los franceses-canadienses, los portugueses y polacos se fueron a la huelga en 1903. El apoyo de los otros grupos éticos no se dio y la protesta no fue exitosa. La unidad étnica llegó en 1912, cuando estalló la huelga general. Los inmigrantes se dieron cuenta de que para conseguir un bien común debían de romper con las barreras étnicas.

Lowell además de tener sus textiles desarrolló otro tipo de industrias. El Lowell Machine Shop, no solo creó maquinaria para la industria textil sino que también se diversificó produciendo piezas y estilos de locomotoras que hicieron posible la expansión de las redes ferroviarias a través de todo el país.

Otro tipo de industria relacionada al taller de Lowell fue la de fabricación de piezas y herramientas para venderse a las otras fábricas textiles fuera de Lowell. Con la llegada de los inmigrantes, otras industrias no conectadas a la industria textil aparecieron. Una de estas fue la Farmacia, con la nueva producción de productos médicos que se llevaron por toda la nación. Fueron pioneros en publicidad y sus campañas publicitarias eran muy llamativas. Otras compañías que se formaron en Lowell fueron fabricas de zapatos, cervecerías y durante la Primera Guerra Mundial se fabricaban municiones y productos de guerra.

A partir de 1930, Lowell sufrió un grave declive económico. El descenso de empleados después de la Guerra y las nuevas tecnologías que usurpaban el trabajo del obrero y a esto sumado la Gran Depresión, fueron la causa del desastre financiero que vivió Lowell. Los dueños de Lowell se dieron cuenta de lo que estaba pasando y decidieron no modernizar la maquinaria en Lowell. Lo que necesitaban era el dinero para invertir en otro lugar. El Sur era el paraíso que ellos necesitaban. La mano de obra era barata, tenían terrenos abundantes con recursos para la energía, bajos impuestos y el transporte. No en balde se fueron.

A comienzos de la Primera Guerra Mundial, las fábricas de Lowell comenzaron a cesar operaciones. Otras suspendieron el pagar a sus acreedores y otras optaron por buscar otros lugares en el sur. La Gran Depresión fue otro golpe mortal para Lowell. Edificios y fábricas se demolieron para poder evitar los gastos y pagos de impuestos. Lowell parecía un campo de tiro de la guerra. Las familias se las arreglaban como podían. La pobreza dominaba toda la nación.

Pero Lowell resurgió. A finales de la década del '30 un nuevo impulso laboral dio vida a las fábricas textiles. La implementación de nueva maquinaria y el reclutamiento de obreros le dieron forma a este resurgir. La mujer también formó parte de la nueva laboral y la demanda de mujeres obreras se asemejó a la de 1840. Habían pasado 100 años y aunque las condiciones de trabajo y salarios habían mejorado tuvieron que seguir luchando para mejoras.

Estos líderes laborales fueron hasta acusados de comunistas en las cercanías de la Segunda Guerra Mundial. La Guerra aceleró la economía en Lowell. La demanda de fabricación de ropa aumentó el empleo en la región. Mientras más hombres se iban a la guerra, más eran las mujeres que ocupaban sus puestos. La bonanza económica que experimentó Lowell con la Segunda Guerra Mundial, finalizó al acabar la guerra. Lowell jamás regresaría a sus años de prosperidad.

Para 1950, las fábricas que quedaban terminaron por cerrar y los nuevos programas de vivienda de 1960 convirtieron a Lowell en suburbios. Los edificios desolados eran solo el recuerdo. Hasta que un grupo de ciudadanos de Lowell comenzaron a buscar la manera de preservar a Lowell. Historiadores y Planificadores hicieron sus propuestas, comerciantes y políticos prometieron su ayuda todos con el fin de resguardar la herencia cultural de Lowell. La ciudad dio su endoso y surgieron instituciones culturales dedicadas a preservar la historia. Todo este trabajo se le conoció como el Renacimiento de Lowell. Se rehabilitaron los edificios y a otros se le dio un uso práctico.

Pero como pasa en algunos monumentos de interés histórico, en 1980 el interés por Lowell se enfrió. Los nuevos adelantos tecnológicos y los obsoletos, palabras familiares para Lowell, fueron la causa de su olvido nuevamente. Las industrias que se habían asentado en Lowell se reubicaron y otras se fueron. A los inmigrantes de Lowell, ahora se les añadía otro grupo, los latinos. A Lowell no le quedó otro remedio que vivir de su pasado.

Ahora Lowell es un complejo histórico. Parques, exhibiciones, festivales, paseos por los canales, son los productos que ahora ofrecen. La ciudad es un museo gigante. Se ha restaurado todo lo que se ha podido y la ciudad está llena de actividades para los visitantes.