Historia de México

Historia de América. Culturas precolombinas. Conquista. Independencia. Grito de Dolores. Campaña de Morelos

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  • País: México México
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HISTORIA DE MÉXICO

ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO

Actualmente se ha demostrado que el hombre no es originario de América, es decir, es alóctono, ( no autóctono). A fines del siglo XIX el paleontólogo Florentino Ameghino, afirmaba que la cuna de la humanidad se encontraba en la pampa Argentina y a este antepasado del hombre lo llamó Homunculus patagonicus; esta teoría se encuentra totalmente superada. Diversos testimonios antropológicos señalan que los primeros hombres que llegaron a América pertenecían a la raza del Homo Sapiens; este habría aparecido en Siberia alrededor de unos 50.000 años atrás, razón por la cual el hombre americano no podría tener más que esa antigüedad, que a la vez, es coincidente con la última glaciación( Wisconsin en Norteamérica o Würm en Europa) de la Época Cuaternaria. Cada avance de los hielos significaba una disminución en el nivel de las aguas en alrededor de 80 metros, dejando al descubierto una serie de islas en el actual Estrecho de Bering, de sólo 90 km de ancho. De este modo, se unirían el Noreste de Asia con el Noroeste de América del Norte.


Entre las teorías que explican el origen del hombre americano se destacan:

Teoría Asiática del Poblamiento de América.

El antropólogo norteamericano-polaco Alex Hardlicka sostiene que estos cazadores y recolectores asiáticos habrían aprovechado el puente terrestre de Beringia para pasar a América a través de sucesivas oleadas inmigratorias. Así, se explicaría el paulatino poblamiento de América, en sentido norte-sur, que habría tenido su origen en el noroeste asiático, perteneciendo estos grupos a la raza amarilla. La antigüedad que se atribuye a este hecho es de unos 40.000 años para la primera oleada inmigratoria, y de sólo 12.000 años para la última.

Alex Hardlicka, para sostener su teoría, se basa en ciertas afinidades que comprobó entre asiáticos y aborígenes americanos. Sostuvo por ej; que ambos grupos tienen cabellos gruesos y negros, con pómulos grandes y salientes, ojos de color negro o castaño y que, además, en los recién nacidos se observa una mancha oscura a la altura de la región sacra, que se conoce con el nombre de mancha mongólica. Evidencias antropológicas, etnográficas y lingüísticas afianzan la veracidad de esta teoría.


Teoría Australiana del poblamiento de América.

El investigador Méndez Correa manifiesta que se habría producido una corriente inmigratoria que provenía de Australia y que bordeando el continente antártico habría atravesado el mar de Drake, aprovechando una serie de islas a modo de puentes, instalándose en los territorios del extremo austral sudamericano. Estos serían los antepasados de los Onas, los Alacalufes y los Yaganes.

Teoría Polinésica-Melanésica del Poblamiento Americano.

El antropólogo francés Paul Rivet expresa que tenía plena validez la teoría formulada por Hardlicka, para gran parte de la población americana, pero que algunas diferencias físicas, culturales y lingüísticas sólo se pueden explicar por la influencia de otros elementos no asiáticos. Encontró ciertas semejanzas entre algunos pueblos de América del Sur con los melanésicos y polinésicos y reveló que estos últimos, excelentes navegantes, habrían atravesado el Océano Pacífico para arribar a las costas sudamericanas a la altura de Nazca en Perú. Esta inmigración sería inminentemente por la vía marítima.

LAS GRANDES CIVILIZACIONES DE MESOAMÉRICA

  • LOS OLMECAS

  • Antiguo pueblo del sur del golfo de México que originó la más antigua civilización en Mesoamérica (México y América Central), y cuyo esplendor se fecha desde aproximadamente el 1500 hasta el 900 a.C. Su área central ocupó unos 18.000 km2, en las pantanosas selvas de las cuencas ribereñas de los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco. Su influencia se extendió gradualmente hasta las tierras altas de México, esto es, el valle de México, conocido como el Anáhuac, y los actuales estados de Oaxaca y Guerrero, por lo que influyeron en otras culturas posteriores como la mixteca y zapoteca.

    Los olmecas iniciaron su andadura, durante el denominado periodo olmeca I (1500-1200 a.C.), con pequeñas aldeas costeras que practicaban una agricultura incipiente y mantenían el importante aporte de la caza y la recolección. El periodo olmeca II (1200-400 a.C.) comprende San Lorenzo, su centro más antiguo conocido, que fue destruido en torno al año 900 a.C. y sustituido por La Venta, una ciudad creada según un patrón axial que influyó en el desarrollo urbanístico de América Central durante siglos. Una pirámide de tierra apisonada de 30 m de altura, una de las más antiguas de Mesoamérica, estaba situada en el centro de un complejo de templos y patios abiertos. El periodo olmeca III (400-100 a.C.) se caracteriza por su marcada decadencia, ubicado en los centros de Tres Zapotes y Cerro de las Mesas y que reflejan ya las influencias de las culturas de Teotihuacán y maya, que comenzaron su expansión en los primeros siglos de la era cristiana.

    Los olmecas, cuyo nombre significa `país del hule' (del azteca ulli, hule o caucho), fueron los primeros en emplear la piedra en la arquitectura y escultura, a pesar de tener que extraerla de los montes de Tuxtla, a 97 km al este de Tula. Sus obras escultóricas incluyen tanto las colosales cabezas masculinas de basalto de 2,7 m de altura y 25 t de peso como pequeñas estatuillas de jade que pueden observarse, junto a otros productos olmecas, en la ciudad mexicana de Villahermosa. Su sistema de escritura fue el precursor de los jeroglíficos mayas, y es probable que el famoso calendario maya se haya originado en la cultura olmeca. La civilización olmeca dejó establecidos patrones de cultura que influyeron en sus sucesores en los siglos venideros; por ello está considerada como la cultura `madre' más importante de México

    Arte Olmeca: expresión de carácter singular e innovador que sentó los patrones estéticos para todo el posterior desarrollo artístico mesoamericano. Las principales manifestaciones artísticas de los olmecas fueron la escultura y la cerámica.

    Escultura Olmeca Encontramos esculturas en grandes bloques de piedra de basalto y andesita, y finos trabajos de pequeñas hachas y figuritas labradas en jade y obsidiana. Es un arte oficial, propio de una sociedad muy desarrollada, donde la demanda de las elites ha fomentado la aparición de artesanos de dedicación completa sumamente especializados en distintas tareas. La escultura monumental pertenece al ámbito de los centros ceremoniales. Las famosas cabezas colosales de La Venta y Tres Zapotes alcanzan 3 metros de altura por 3 de diámetro y hasta 65 toneladas de peso. Son representaciones de hombres con nariz achatada y labios gruesos, cubiertos con una especie de casco circular. Los altares son composiciones iconográficas labradas sobre bloques paralelepípedos de piedra en uno de cuyos lados aparece un nicho del que emerge una figura antropomorfa. Las estelas son bloques alargados tallados por un lado con personajes de alto rango. Hay tallas de estilo olmeca en lugares tan remotos como Chalchuapa (El Salvador).


    Además de estas enormes esculturas encontramos hachas y estatuillas de jade, jadeita o serpentina, de formas muy diversas en las que predominan las representaciones de la divinidad hombre-jaguar.

    Cerámica Olmeca: La cerámica se caracteriza por los vasos escultóricos, cilíndricos, platos de fondo plano y ollas globulares de cuello recto, decorados con motivos incisos o raspados y por figurillas. Algunas piezas son macizas y están modeladas a mano, a la manera del periodo formativo, y otras, de arcilla blanca, están huecas y representan los rasgos faciales del llamado niño-jaguar.


    Esta gran variedad de manifestaciones artísticas se encuentra en un amplio ámbito de expansión mesoamericano formando un compendio de rasgos comunes que se manifiestan en un estilo poderoso y uniforme.

    La Venta: antigua ciudad mexicana, perteneciente a la cultura olmeca, enclavada en la actualidad en una zona arqueológica ubicada en el estado de Tabasco, próxima a la ciudad de Villahermosa. Este lugar es uno de los más antiguos planificados en México, se corresponde cronológicamente con el periodo de esplendor olmeca (concretamente al transcurrido desde el 1200 a.C. hasta el 900 a.C.) y es notable por sus esculturas, las cuales sitúan al arte olmeca en un lugar privilegiado dentro de la creatividad mesoamericana. Hay un buen número de cabezas colosales, entre las que sobresale la marcada con el número uno. También se encontraron varios altares y una tumba que todavía conserva restos de columnas basálticas, así como un sarcófago que evoca la figura de un jaguar estilizado. Todas las esculturas encontradas en esta zona fueron trasladadas al Parque Museo de La Venta, en Villahermosa, y al Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México. Las grandes esculturas simbólicas, cabezas, altares y estelas, fueron labradas en piedra basáltica que los olmecas acarreaban en forma de grandes bloques desde canteras lejanas. Estas piedras fueron movilizadas utilizando cuerdas, palancas y rodillos de madera a manera de ruedas.

  • LOS MAYAS

  • No se sabe con exactitud cuál fue el origen de la civilización maya ya que la mayoría de las interpretaciones de los hallazgos encontrados son contradictorias. Se cree que el período formativo comenzó hacía el 1500 a.C. Durante el período clásico, entre el 300 d.C. y el 900 d.C., los mayas extendieron su influjo  por la zona sur de la península del Yucatán y el  noroeste de las actuales Guatemala y Honduras. Esta fue la época de máximo esplendor de la cultura maya y en ella se construyeron los grandes centros ceremoniales y surgió y se desarrolló su mitología. Pero a partir del 900 d.C. comenzó su decadencia y las ciudades fueron abandonadas inexplicablemente. Hasta el siglo XVI  los mayas consiguieron mantenerse unidos, en el norte de Yucatán, pero tras un período de  revoluciones, conflictos y guerras civiles los españoles pudieron con facilidad vencer a lo s grupos mayas más importantes. Pero a pesar de todo, el gobierno mexicano no logró subyugar las últimas comunidades independientes. Actualmente los mayas forman la mayoría de la población campesina de la población campesina en Yucatán y Guatemala.

     

    Dioses principales:  La religión maya era fuertemente politeísta y se centraba en el culto a un gran número de dioses de la naturaleza, de los que todo dependía. Éstos se distinguen por su forma antropomorfa, fitomorfa, zoomorfa y astral. Su deidad suprema es Itzamná, dios creador, señor del fuego y del corazón; se hallaba ligado al dios sol, Kinich ahau, y a la diosa luna, Ixchel. Otros dioses importantes son Chac, dios de la lluvia; Ah Mun, dios del maíz, éste se hallaba en constante lucha con  Ah Puch, diosa de la muerte. Una característica maya era su total confianza en el control de los dioses respecto a determinadas unidades de tiempo y de todas las actividades del pueblo durante dichos períodos.

     

    Cosmogonía: Como en el mito de los orígenes de otras culturas, entre los mayas aparece la del silencio y las tinieblas originales. Nada existe y es la palabra de los progenitores la que dará origen al universo.

    La creación del hombre pasó por varias pruebas; en el primer intento, se empleo el barro, pero se deshacía, no podía andar ni multiplicarse, hablaba pero no tenía entendimiento. En la segunda prueba, los Progenitores decidieron hacer muñecos de madera, pero aunque se multiplicaban y se parecían y hablaban como el hombre, no tenían alma, entendimiento ni memoria de su creador. Fueron destruidos y sobrevino un gran diluvio. Además de los males enviados por los dioses, también se rebelaron, vengándose de ellos, los perros, las aves de corral, las piedras de moler, los utensilios domésticos. El intento definitivo de creación concluyó con los hombre de maíz, que fueron cuatro: Balam-Quitzé (Tigre sol o Tigre fuego), Balam-Acab (Tigre tierra), Mahucutah (Tigre luna) e Iqui-Balam (Tigre viento o aire). Éstos estaban dotadops de inteligencia y buena vista, de la facultad de hablar, andar y agarrar las cosas. Éstos eran además buenos y hermosos.

     

    Cosmología y palingenesia: Los mayas creían que había trece cielos dispuestos en capas sobre la tierra y que eran regidos por sendos dioses llamados Oxlahuntiku. La tierra se apoyaba en la cola de un enorme cocodrilo o de un reptil monstruoso que flotaba en el océano. Existían nueve mundos subterráneos, también dispuestos en capas, y regidos por sendos dioses, los Bolontiku, que gobernaban en interminable sucesión sobre un “ciclo” o “semana” de nueve noches. El tiempo er5a considerado una serie de ciclos sin principio ni fin, interrumpidos por cataclismos o catástrofes que significaban el retorno al caos primordial. Pero nunca se acabaría el mundo porque creían en la palingenesia, la regeneración cíclica del universo. Los libros del Chilan Balam exponen predicciones acerca de ciclos de destrucción y renacimiento. También se dice que en 1541 llegaron los dzules(los extranjeros) y lo deshicieron todo. Según los mayas lacandones, cuando se acabe el mundo los dioses decapitarán a todos los solteros, los colgarán por los talones y juntarán su sangre en vasijas para pintar sus casas. Después reconstruirán la ciudad de Yaxchilán, donde se habrán refugiado los lacandones. Según otro versión, los jaguares de Cizín, dios del inframundo, se comerán al sol y la luna.

     

    Las últimas moradas: Para los mayas existen tres moradas diferentes para los muertos; el inframundo, un paríso que se encuentra situado en uno de los cielos y una morada celestial. La primera está en el quinto de los nueve submundos, el más profundo.  Llegar hasta allí es peligroso: el muerto necesita un par de zapatos nuevos, debe pasar tres puertas y cruzar un lago con ayuda de perros. La segunda, el paraíso, es un lugar ameno donde corre leche y miel y equivale a la morada de los dioses de la lluvia. En el paraíso hay además un espacio para los niños. Según algunas interpretaciones, también los suicidas acaban en la segunda morada. La tercera morada está en el cielo séptimo, el más alto, donde van los que han pasado una temporada en el inframundo, los muertos en la guerra y las mujeres que murieron en el parto.

    Uno de los dioses de la muerte más importantes es Cizín, dios de los temblores de tierra y con el color amarillo, símbolo de la muerte. Está vinculado al dios Jaguar, señor de la noche estrellada. Bajo distintos nombres aparece en distintas mitologías de África y América, en una de cuyas leyendas se cuenta que tiene una piel de color azul celeste y está esperando la orden divina para devorar a la humanidad

     

    Escritos: Los pueblos mayas desarrollaron un método de notación jeroglífica y registraron  su  mitología, historia y rituales en inscripciones grabadas y pintadas en estelas (bloques o pilares de piedra), en los dinteles y escalinatas y en otros restos monumentales. Los registros  se realizaban en códices de papel amate (corteza de árbol) y pergaminos de pieles de animales. Sólo existen tres muestras de estos códices: el Dresdensis, el Perezianus y el Tro-cortesianus. Estos códices se utilizaban como almanaques de predicción en temas como la agricultura, la meteorología, las enfermedades, la caza y la astronomía.

    En el siglo XVI se escribieron textos  en lengua maya pero con alfabeto latino, y entre los más importantes se encuentran el Popol Vuh, relato mítico  sobre el origen del mundo y la historia del pueblo maya, y los llamados libros de Chilam Balam, crónicas de chamanes o sacerdotes en la que se recogen acontecimientos históricos. La obra del obispo fray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, es una fuente importantísimapara descifrar la grafía maya.

  • LOS TEOTIHUACANOS

  • Supuso la primera gran civilización del México Central (200 a.C.-700 d.C.). Su capital, Teotihuacán, situada a 45 km del actual México D.F., se convirtió en la ciudad más importante de Mesoamérica. Las mejoras en las técnicas agrícolas, basadas fundamentalmente en la canalización de las aguas, hicieron posible una gran concentración de población que serviría de sostén económico de la ciudad y de mano de obra para las grandes construcciones públicas. El arte teotihuacano expresa por primera vez de forma grandiosa la concepción estatal mesoamericana que encontraría eco en lugares tan alejados como Monte Albán, El Tajín, Kaminaljuyú o Tikal. La mayor contribución de Teotihuacán fue establecer las características definitorias de la ciudad sagrada. Toda ella constituye un gran teatro propagandístico donde la escenografía es espectacular y conmovedora. La gran Avenida de los Muertos con las grandes pirámides del Sol y la Luna constituían un eje grandioso, en torno al cual se levantaban construcciones palaciegas y templarias, mientras las áreas habitacionales se situaban en los barrios de las afueras (Atetelco, Tetitla, Tepantitla). Su grandiosidad es tal que cuando varios siglos después los aztecas tuvieron que elegir un lugar para situar la creación del mundo se decidieron por Teotihuacán. Un creciente comercio llevó su influjo hasta los lugares más distantes de Mesoamérica: por el norte hasta los desiertos de Sonora y Sinaloa y, por el sur, hasta Uaxactún y Tikal en las tierras bajas mayas. El resultado fue un enorme crecimiento de los sectores artesanales y un perfeccionamiento técnico de todas las artes como nunca antes se había conocido.


    Arquitectura: Está estrechamente relacionada con el urbanismo. La planificación urbanística de la ciudad no sólo se encuentra en el centro, sino que toda ella responde a un reticulado muy preciso. Además del eje principal de la ciudad, que corre de norte a sur, la avenida Este (este-oeste) divide el centro en cuatro partes. La ciudad se extiende por 20 km2 y debió tener una población de 100.000 habitantes. Alcanzó su mayor auge en la fase Xolalpan (450-650 d.C.) cuya superficie abarcó 24 km2 llegando a tener 250.000 habitantes. Las grandes pirámides del Sol y la Luna, el templo del Quetzalpapalotl y la Ciudadela son los elementos más característicos. La pirámide del Sol (65 m de altura por 225 m de base) pesa alrededor de un millón de toneladas. El carácter cortesano de las construcciones se pone de manifiesto con la gran importancia que adquiere la Ciudadela. Se trata de una enorme plataforma de 400 m de largo que sostiene pirámides, templos y altares. Al fondo del patio principal se levanta el palacio de Quetzalcóatl, una estructura de seis cuerpos con tablero-talud, que más tarde se ornamentaría con imágenes de los dioses Quetzalcóatl (serpiente emplumada) y Tláloc (dios de la Lluvia) y con numerosos elementos marinos y conchas. La utilización del sistema constructivo tablero/talud para cubrir los edificios alcanzó en Teotihuacán su máxima expresión difundiéndose después por toda Mesoamérica. Los materiales básicos de construcción eran de origen local. Se trituraban las rocas volcánicas de los afloramientos del valle y se mezclaban con tierra y cal para obtener una especie de hormigón resistente a la humedad que se utilizaba en las cimentaciones de los muros, que se hacían de adobes o de piedra sujeta con mortero. Los suelos y el revestimiento de los muros solían acabarse con un revoco que se pulimentaba cuidadosamente. El estilo geométrico y severo manifestado en su planificación y en el revestimiento de sus edificios fue suavizado por los relieves y murales que los cubrían. Las construcciones neurálgicas de la ciudad eran sagradas. Toda la capital fue concebida como un proyecto sagrado, el centro cósmico donde se creó el mundo que habitamos. Los barrios de las afueras constituían verdaderos conjuntos de apartamentos unifamiliares. Las habitaciones se disponían hacia el patio interior y las paredes exteriores eran altas. Los edificios fueron estucados y pintados de vivos colores, mientras el interior era decorado con murales de gran riqueza técnica y simbólica. Es muy probable que los ocupantes de estos recintos estuvieran relacionados primariamente por lazos de parentesco, pero también por una común especialización artesanal. En la fase Metepec (650-700 d.C.) se inicia la decadencia de la ciudad. Aparecen fortificaciones en algunos lugares y las representaciones de guerreros en los murales se hacen abundantes. La deforestación del área, el estrangulamiento social y, lo más importante, la fuerte presión de poblaciones seminómadas procedentes del norte, dieron al traste con la ciudad en la que se empiezan a detectar vestigios de incursiones bélicas.

    Arte mural: Ejemplifica muy bien la concepción sagrada de la ciudad. Las escenas están presididas por figuras de dioses o por sacerdotes ataviados con sus atributos. El más representado es el dios de la lluvia, Tláloc, protagonista de numerosas ceremonias relacionadas con la tierra y la fertilidad. El Tlalocan, o paraíso del dios Tláloc, es el mural más conocido. Situado en el barrio de Tepantitla nos muestra a las almas de los difuntos disfrutando felices de los dones de la naturaleza. A mediados del siglo V, y coincidiendo con la expansión de la cultura teotihuacana a otros territorios, los murales se llenan de escenas y motivos militares, con guerreros armados con escudos, dardos y propulsores, jaguares y coyotes comiendo corazones humanos y diferentes signos calendáricos asociados con textos dinásticos. Otros murales en Atetelco, Zacuala o Teopancaxco, arrojan información sobre otros dioses, sobre el calendario, el comercio y las actividades guerreras.

    Cerámica: Fue uno de los elementos más característicos de la cultura teotihuacana. Una vez cubiertas por una fina capa de estuco se pintaban sobre ellas temas geométricos y escenas naturalistas que incluían dioses, sacerdotes, jeroglíficos, animales y plantas. El tipo más difundido fue el cilindro trípode con tapadera, decorado con pintura, relieve e incisión. La cerámica llamada Naranja Delgada alcanzó una gran difusión utilizándose como moneda hasta los confines del Imperio.

    Coincidiendo con la aparición de escenas militaristas encontramos una cerámica antropomorfa, realizada a molde, que representa hombres desnudos en actitud de movimiento o sentados a la manera oriental. Su rostro es triangular con deformación craneana predominando la concepción lineal del cuerpo.

    Escultura: No alcanzó entre los teotihuacanos la importancia que tuvo entre pueblos anteriores (olmecas) y posteriores (toltecas y aztecas). En términos generales podríamos decir que se limita a reforzar el mensaje ideológico de las elites. Son geométricas y de apariencia pesada. La pieza más singular es una cariátide utilizada como elemento arquitectónico y asociada con la pirámide de la Luna que parece ser un antecedente de la estatua azteca de la diosa del agua (Chalchiuhtlicue). El marcador de Juego de Pelota de La Ventilla es el único ejemplo notable que poseemos.

    Arte lapidario: Tuvo un gran desarrollo. Se conservan excelentes máscaras realizadas en piedras duras, como el ónice, la diorita y las serpentinas, enriquecidas con mosaicos de coral y obsidiana. Aunque todas las máscaras están descontextualizadas parece que existe un acuerdo respecto a su carácter marcadamente funerario.


    El arte teotihuacano sentó las pautas de lo que luego sería el arte mesoamericano. Como sistema de expresión simbólica no tuvo parangón con ningún otro, llevando su influencia a lugares que nunca más volvieron a estar relacionados de forma tan estrecha. Lo imponente de su arquitectura, la gravedad de sus formas y lo delicado de sus artesanías harían de Teotihuacán la ciudad sagrada por excelencia.

  • LOS ZAPOTECAS

  • Pueblo mesoamericano perteneciente al tronco lingüístico otomangue, establecido desde el I milenio a.C. en la sierra, valle central y en la parte del istmo de Tehuantepec de lo que es en la actualidad el estado mexicano de Oaxaca, que tuvo una destacada importancia durante el periodo precolombino y recibió la influencia de los olmecas, es decir, de los creadores de la cultura madre que comenzó a florecer en las costas del golfo de México, en la región limítrofe de los actuales estados mexicanos de Veracruz-Llave y Tabasco.

    Los zapotecas precolombinos: Hacia el siglo VI a.C., los zapotecas estaban en posesión de un sistema calendárico y también de una forma de escritura. De ello dan testimonio las centenares de estelas con inscripciones que se conservan en el centro ceremonial de Monte Albán. Dichas estelas se conocen como de “los danzantes”, ya que las posturas de las figuras humanas con las que se registran tales inscripciones, mueven a pensar que están bailando. En esa primera etapa del desarrollo zapoteca comenzaron a construirse tumbas de cajón o rectangulares en las que aparecen ofrendas y representaciones del dios de la lluvia Cocijo, deidad que habría de tener un lugar muy importante en el panteón zapoteca.


    En los siglos siguientes, según los datos proporcionados por la arqueología, pueden distinguirse varios periodos de ulterior desarrollo. En el que abarca desde el 300 a.C. hasta el 100 d.C., se dejó sentir la presencia de algunos elementos que más tarde se desarrollarían con mayor fuerza entre los mayas. De esa época provienen asimismo edificaciones más suntuosas, entre ellas las de varios juegos de pelota (emplazamientos donde se practicaba el tlachtli) y algunos templos en Monte Albán y en otros lugares de Oaxaca como Yagul, Teotitlán y Zaachila.


    A ese periodo siguió el del auge de la cultura zapoteca, entre el año 100 d.C. y el 800 d.C., que coincidió con el esplendor de Teotihuacán en la región central. Fue entonces cuando el centro de Monte Albán llegó a su máximo florecimiento. De ello dan fe los templos, palacios, adoratorios, plazas, juegos de pelota y otras edificaciones que allí pueden contemplarse. Además de Cocijo, dios de la lluvia, se adoraba a la pareja de dioses creadores llamados Pitao Cozaana y Pitao Nohuichana, representación de la dualidad que también aparece en las otras regiones de Mesoamérica. En este periodo de esplendor se consolida la presencia zapoteca en los ya mencionados Yagul y Zaachila, y en otros muchos lugares como Huajuapan, Juchitán, Piedra Labrada y algunos ya situados en los actuales territorios de los estados de Puebla y Guerrero.


    Al periodo de esplendor siguió uno de franca decadencia. Otro grupo étnico, el de los mixtecos, ocupó su principal centro ceremonial y se impuso en gran parte del territorio oaxaqueño. Los zapotecas, a veces sometidos a los mixtecos y en ocasiones aliados con ellos, establecieron su ciudad principal en Zaachila. A pesar de su decadencia, los zapotecas lograron conservar en parte su independencia y salir victoriosos en varias guerras que tuvieron contra grupos vecinos, así como oponer resistencia a los intentos de los mexicas o aztecas que trataban de sojuzgarlos. Tan sólo la conquista española, en las primeras décadas del siglo XVI, puso fin a la existencia autónoma zapoteca.

    Los zapotecas contemporáneos: Descendientes de los antiguos pobladores de diversos lugares de la sierra, de los valles centrales y de la costa de Oaxaca, los zapotecas contemporáneos, a pesar de haber vivido durante siglos marginados y depauperados, han conservado muchas de sus tradiciones, formas de vida, creencias y organización social. Elemento que les confiere profundo orgullo es el hecho de que un zapoteca serrano, Benito Juárez, no sólo haya sido presidente de la República, sino el máximo defensor de ella frente a la intervención francesa que, promovida por Napoleón III, fue victoriosamente rechazada en 1867.


    Tanto por las variantes que existen en su lengua como por sus formas de vida y condiciones económicas, los zapotecas muestran considerables diferencias entre sí. Así, en tanto que perdura su aislamiento y pobreza en muchos lugares de la sierra, hay en cambio zapotecas en la región del istmo de Tehuantepec cuyos niveles de vida son comparables a los de la población no indígena. Entre estos últimos zapotecas pervive, no obstante, su sentido de identidad cultural y el empleo de la lengua que es además objeto de cultivo y vehículo de expresión literaria, tanto en cantos y poemas como en la narrativa. La acentuada fisonomía de los zapotecas del istmo es perceptible de muchas formas. Una de ellas la ofrece la gracia y altivez de sus mujeres, las célebres tehuanas, con sus característicos tocados y sus ricas joyas.

    Los zapotecas contemporáneos, herederos del rico legado cultural de sus antepasados, constituyen uno de los mayores grupos étnicos de México. De acuerdo con el censo de 1990, se acercaban al medio millón de personas.

  • LOS MIXTECOS

  • Pueblo amerindio de la familia lingüística otomanque, habitante de los actuales estados mexicanos de Oaxaca, Guerrero y Puebla. La cultura mixteca floreció en el sur de México desde el siglo IX hasta principios del XVI y sus miembros fueron los artesanos más famosos de México. Sus trabajos en piedra y en diferentes metales nunca fueron superados. Entre sus especialidades se podían citar los mosaicos de plumas, la alfarería polícroma decorada y el tejido y bordado de telas.

    Las contribuciones más importantes de los mixtecos son: los registros pictográficos en códices hechos sobre piel de venado de la historia militar y social que narran aspectos del pensamiento religioso, de los hechos históricos y de los registros genealógicos de su cultura; la orfebrería, cuyas muestras como pectorales, narigueras, anillos o aretes, demuestran que manejaron con maestría el oro trabajado con la técnica de la cera perdida, así como el labrado del alabastro, el jade, la turquesa y la obsidiana, entre otros. Las piezas más notables que se conocen proceden de los enterramientos de Monte Albán, descubiertos por el arqueólogo Alfonso Caso, y que se exhiben en el Museo Regional de Oaxaca. Otros legados mixtecos son: un calendario análogo al utilizado por los aztecas y sus técnicas agrícolas.

    Entre los siglos XI y XII de nuestra época, los mixtecos adoptaron una influencia tolteca cuya característica civilizadora los motivó a buscar asentamientos más estables que los que habían tenido; se dedicaron a dominar a los zapotecas por medio de invasiones de sus tierras, guerras y alianzas políticas por matrimonios. De ese modo se apoderaron, por ejemplo, de Monte Albán, que había sido abandonada por los zapotecas y los mixtecos convirtieron en necrópolis, enriqueciendo notablemente sus monumentos funerarios. Tanto en esa ciudad, como en Mitla, aportaron conceptos arquitectónicos evolucionados como las grecas geométricas de piedras ensambladas que adornan los palacios. Otras ciudades zapotecas de las que se apoderaron los mixtecos son Zaachila y Yagul, también en el estado de Oaxaca, con las que se complementa el conjunto del impresionante legado de estas culturas. Los mixtecos influyeron en el declive de la civilización maya en el sur, y permanecieron independientes de los aztecas en el norte. Es posible que la población mixteca actual ronde el medio millón de personas, distribuidas en 3 regiones principales: la Mixteca Alta (en las zonas frías de la sierra Madre del Sur), la Mixteca Baja (siguiendo el curso del río Atoyac) y la costa (estados de Oaxaca y Guerrero).

  • LOS TOLTECAS

  • Pueblo nativo de México que emigró desde el norte de lo que ahora es México, tras la decadencia (en torno al año 700 d.C.) de la gran ciudad de Teotihuacán, y que estableció un estado militar en Tula, a 64 km al norte de la moderna ciudad de México, en el siglo X d.C. Se pensó que su llegada marcó el cenit del militarismo en Mesoamérica, puesto que el ejército tolteca empleó su mayor potencia para dominar las sociedades vecinas. El pueblo tolteca creó una refinada cultura, que incluía conocimientos sobre la fundición del metal, el trabajo de la piedra, la destilación y la astronomía. Su arquitectura y su arte reflejan influencias de Teotihuacán y de la cultura olmeca. Los restos de Tula, a veces llamada Tollan Xicocotitlán, incluyen tres templos piramidales, de los cuales el más grande está rematado por columnas de 4,6 m de altura en forma de estilizadas figuras humanas conocidos como "atlantes" (guerreros); se cree que estaba dedicado a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, deidad que los toltecas adaptaron de culturas anteriores y la adoraron como el dios del planeta Venus. Según la leyenda, un dios rival tolteca Tezcatlipoca, hizo que Quetzalcóatl y sus seguidores abandonaran Tula en torno al año 1000 d.C. Se desplazaron al sur y posteriormente desarrollaron la ciudad maya de Chichén Itzá, convirtiéndola en su capital y en un importante centro religioso.

    La civilización tolteca decayó en el siglo XII, cuando los chichimecas, junto con otros pueblos indígenas, invadieron el valle central y saquearon Tula. Los toltecas del sur fueron absorbidos por los mayas, a los que habían conquistado anteriormente. Hacia el siglo XIII la caída de Tula y del poder tolteca abrió el camino para la ascensión de los aztecas.

  • LOS MEXICAS O AZTECAS

  •  

    Miembros de un pueblo que dominó el centro y sur del actual México, en Mesoamérica, desde el siglo XIV hasta el siglo XVI y que es famoso por haber establecido un vasto imperio altamente organizado, destruido por los conquistadores españoles y sus aliados tlaxcaltecas.

    Algunas versiones señalan que el nombre de `azteca' proviene de un lugar mítico, situado posiblemente al norte de lo que hoy en día es México, llamado Aztlán; más tarde se autodenominaron mexicas.

    Orígenes: Tras la caída de la civilización tolteca que había florecido principalmente en Tula entre los siglos X y XI, oleadas de inmigraciones inundaron la meseta central de México, alrededor del lago de Texcoco. Debido a su tardía aparición en el lugar, los aztecas-mexicas se vieron obligados a ocupar la zona pantanosa situada al oeste del lago. Estaban rodeados por enemigos poderosos que les exigían tributos, y la única tierra seca que ocupaban eran los islotes del lago de Texcoco, rodeados de ciénagas.

    El hecho de que, desde una base tan poco esperanzadora, los aztecas fueran capaces de consolidar un imperio poderoso en sólo dos siglos, se debió en parte a su creencia en una leyenda, según la cual fundarían una gran civilización en una zona pantanosa en la que vieran un nopal (cactus) sobre una roca y sobre él un águila devorando una serpiente. Los sacerdotes afirmaron haber visto todo eso al llegar a esta zona; como reflejo de la continuidad de esa tradición, hoy en día esa imagen representa el símbolo oficial de México que aparece, entre otros, en los billetes y monedas.

    Al aumentar en número, los aztecas establecieron organizaciones civiles y militares superiores. En 1325 fundaron la ciudad de Tenochtitlán (ubicada donde se encuentra la actual ciudad de México, capital del país).

    La capital: Los aztecas convirtieron el lecho del lago, que era poco profundo, en chinampas (jardines muy fértiles, construidos con un armazón de troncos que sostenían arena, grava y tierra de siembra, atados con cuerdas de ixtle, para lograr islas artificiales donde se cultivaban verduras y flores y se criaban aves domésticas). Se hicieron calzadas y puentes para conectar la ciudad con tierra firme; se levantaron acueductos y se excavaron canales por toda la ciudad para el transporte de mercancías y personas. Las construcciones religiosas —gigantescas pirámides escalonadas recubiertas de piedra caliza y estuco de vivos colores, sobre las que se construían los templos— dominaban el paisaje.

    La ciudad floreció como resultado de su ubicación y del alto grado de organización. En la época en la que los españoles, capitaneados por Hernán Cortés, comenzaron la conquista en 1519, el gran mercado de Tlatelolco atraía a unas 60.000 personas diarias. Las mercancías llegaban a manos aztecas gracias a los acuerdos sobre tributos establecidos con los territorios conquistados. Muchas de esas mercancías se exportaban a otras zonas del Imperio azteca y a América Central.

    La confederación azteca: Los aztecas-mexicas establecieron alianzas militares con otros grupos, logrando un imperio que se extendía desde México central hasta la actual frontera con Guatemala. A principios del siglo XV Tenochtitlán gobernaba conjuntamente con las ciudades-estado de Texcoco y Tlacopan (más tarde conocida como Tacuba y en la actualidad perteneciente a ciudad de México) bajo la denominación de la Triple Alianza. En un periodo de unos 100 años los aztecas lograron el poder total y, aunque las demás ciudades-estado continuaron llamándose reinos, se convirtieron en meros títulos honoríficos.

    Al final del reinado de Moctezuma II, en 1520, se habían establecido 38 provincias tributarias; sin embargo, algunos pueblos de la periferia del Imperio azteca luchaban encarnizadamente por mantener su independencia. Estas divisiones y conflictos internos en el seno del Imperio azteca facilitaron su derrota frente a Cortés en 1521, ya que muchos pueblos se aliaron con los españoles. Además de los problemas internos que contribuyeron a su caída, el emperador Moctezuma había dado una bienvenida pacífica a Cortés y lo instaló junto a sus capitanes en los mejores palacios, desde donde se hicieron con la ciudad. Es posible que la interpretación de antiguos presagios sobre el regreso del dios Quetzalcóatl indujera a Moctezuma a confundirlo con Cortés, si bien lo que más interesaba al emperador era colmar de regalos a los españoles para que se retiraran.

    Sociedad y religión aztecas: La sociedad azteca estaba dividida en tres clases: esclavos, plebeyos y nobles. El estado de esclavo era similar al de un criado contratado. Aunque los hijos de los pobres podían ser vendidos como esclavos, solía hacerse por un periodo determinado. Los esclavos podían comprar su libertad y los que lograban escapar de sus amos y llegar hasta el palacio real sin que los atraparan obtenían la libertad inmediatamente. A los plebeyos o macehualtin se les otorgaba la propiedad vitalicia de un terreno en el que construían su casa. Sin embargo, a las capas más bajas de los plebeyos (tlalmaitl), no se les permitía tener propiedades y eran campesinos en tierras arrendadas. La nobleza estaba compuesta por los nobles de nacimiento, los sacerdotes y los que se habían ganado el derecho a serlo (especialmente los guerreros).

    En la religión azteca numerosos dioses regían la vida diaria. Entre ellos Huitzilopochtli (deidad del Sol), Coyolxahuqui (la diosa de la Luna que, según la mitología azteca, era asesinada por su hermano el dios del Sol), Tláloc (deidad de la lluvia) y Quetzalcóatl (inventor de la escritura y el calendario, asociado con el planeta Venus y con la resurrección).

    Los sacrificios, humanos y de animales, eran parte integrante de la religión azteca. Para los guerreros el honor máximo consistía en caer en la batalla u ofrecerse como voluntarios para el sacrificio en las ceremonias importantes. Las mujeres que morían en el parto compartían el honor de los guerreros. También se realizaban las llamadas guerras floridas con el fin de hacer prisioneros para el sacrificio. El sentido de la ofrenda de sangre humana (y en menor medida de animales) era alimentar a las deidades solares para asegurarse la continuidad de su aparición cada día y con ella la permanencia de la vida humana, animal y vegetal sobre la Tierra.

    Los aztecas utilizaban la escritura pictográfica grabada en papel o piel de animales. Todavía se conserva alguno de estos escritos, llamados códices. También utilizaban un sistema de calendario que habían desarrollado los antiguos mayas. Tenía 365 días, divididos en 18 meses de 20 días, a los que se añadían 5 días `huecos' que se creía que eran aciagos y traían mala suerte. Utilizaban igualmente un calendario de 260 días (20 meses de 13 días) que aplicaban exclusivamente para adivinaciones. La educación era muy estricta y se impartía desde los primeros años. A las mujeres se les exhortaba a que fueran discretas y recatadas en sus modales y en el vestir y se les enseñaban todas las modalidades de los quehaceres domésticos que, además de moler y preparar los alimentos, consistían en descarozar el algodón, hilar, tejer y confeccionar la ropa de la familia. A los hombres se les inculcaba la vocación guerrera. Desde pequeños se les formaba para que fueran fuertes, de modo que los bañaban con agua fría, los abrigaban con ropa ligera y dormían en el suelo. A la manera de los atenienses de la Grecia clásica, se procuraba fortalecer el carácter de los niños mediante castigos severos y el fomento de los valores primordiales como amor a la verdad, la justicia y el deber, respeto a los padres y a los ancianos, rechazo a la mentira y al libertinaje, misericordia con los pobres y los desvalidos. Los jóvenes aprendían música, bailes y cantos, además de religión, historia, matemáticas, interpretación de los códices, artes marciales, escritura y conocimiento del calendario, entre otras disciplinas.

     

    Señores Mexicas: (Tlatoanis)

    Tenoch (Tuna de Piedra) 1325-1376

    Acamapichtli (El que empuña la caña) 1377-1389

    Huitzilíhuitl (Pluma de colibrí) 1390-1410

    Chimalpopoca (Escudo que humea) 1418-1427

    Izcóatl (Serpiente de pedernal) 1427-1436

    Moctezuma Ilhuicamina (El flechador del cielo) 1440-1464

    Axayácatl (Cara en el agua) 1469-1481

    Tizoc (Pierna enferma) 1481-1486

    Ahuízotl (Perro del agua) 1486-1502

    Moctezuma Xocoyotzin (Señor joven y sañudo) 1502-1520

    Cuitláhuac (Excremento seco) 1520

    Cuauhtémoc (Aguila que desciende) 1520-1521

     

  • LOS PURÉPECHAS O TARASCOS

  • Pueblo amerindio de lengua independiente que habita en el estado de Michoacán, en México. Su historia primitiva se conoce a través de escasas fuentes históricas que ubican su origen en la localidad de Zacapu, Michoacán, y que se refieren a la fundación de sus principales asentamientos (Tingambato, Carapan, Ihuatzio y otros, distribuidos en parte de los estados de Guanajuato, Querétaro, Colima, Jalisco, Guerrero y Estado de México).

    Se conocen datos sobre su religión, su organización política, sus gobernantes y sus respectivas dinastías, así como sobre los principales hechos históricos que protagonizaron. Existen pruebas de que en el momento de la llegada de los españoles en el siglo XVI, ya habían desarrollado una civilización independiente. La capital era Tzintzuntzan, `lugar de colibríes', junto al lago de Pátzcuaro, en donde construyeron las `yácatas', monumentos únicos que destacan por su forma, pero que no se comparan con otras obras arquitectónicas en cuanto a vistosidad. Consisten en una especie de túmulos en forma de T revestidos de piedras cortadas.

    Los tarascos o purépechas eran famosos por sus espectaculares mosaicos, los cuales confeccionaban con plumas de colores, y por sus pipas de barro o arcilla. Hoy destacan por los tejidos, lacados y su artesanía en madera. La agricultura y la pesca constituyen sus principales medios de subsistencia.

     

    La cultura purépecha o tarasca floreció en el oeste de México desde comienzos del periodo posclásico hasta la conquista española. En su capital, Tzintzuntzan, sobre el lago de Pátzcuaro, se han encontrado las yácatas (templos circulares y escalonados dispuestos en línea sobre un basamento rectangular). Se cree que los purépechas fueron los primeros que trabajaron el metal en Mesoamérica. Es probable que aprendieran las técnicas de la metalurgia gracias al comercio con las civilizaciones de América Central y las andinas a través del océano Pacífico. Los ornamentos de cobre, oro, bronce y otras aleaciones hechos por los purépechas eran tan apreciados como sus trabajos con plumas y sus telas.

    ARIDOAMÉRICA

    Era una región de lluvias escasas e irregulares, con grandes llanuras y serranías semidesérticas. Sus condiciones climáticas dificultaron el desarrollo de sociedades agrícolas. La mayor parte de sus pobladores eran nómadas, vivían de la caza, la pesca y la recolección de frutos o raíces. Por temporadas se establecían en pequeños campamentos a orillas de los ríos para aprovechar la humedad necesaria para cultivar. Su ajuar se reducía a las pieles con que se cubrían, algunos cestos y redes para transportar y guardar alimentos, así como sus instrumentos de trabajo, entre ellos: arco y flecha. Unos habitaban en cuevas donde realizaban pinturas rupestres, las cuales quedaron como testimonio de su presencia.

    En una porción de este territorio, conocida como Oasisamérica por sus mejores condiciones climáticas, algunos grupos practicaron la agricultura de temporal y en unos cuantos lugares conformaron centros urbanos, entre los que destacan: Paquimé (Casas Grandes, Chihuahua), La Quemada y Chalchihuites (Zacatecas).

    Los territorios del norte comprenden Aridoamérica, incluida la región que algunos llaman Oasisamérica. Ahí se establecieron grupos como los pericúes, apaches, conchos, tepehuanes, tarahumaras, caxcanes, pimas, seris, mayos, yaquis, kiliwas y pápagos, entre otros más, quienes desarrollaron una cultura diferente a la de Mesoamérica, debido a la menor fertilidad de su territorio.

    EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA Y LA CONQUISTA DE MÉXICO

    Las figuras de Isabel y Fernando quedan asociadas a la unión de las coronas de Castilla y Aragón, como ajuste entre iguales, manteniendo cada una de las partes sus instituciones propias y modos de vida particulares. Por eso, se ha hablado de << unión dinástica >> entre estados con historia y caracteres distintos, para distinguirla de una verdadera unión política.

     

    Después de la incorporación de Granada, en 1492, la corona de Castilla se extendía a los dos tercios del área total de la Península y contaba con unos seis millones de habitantes, frente al millón de habitantes de Aragón y el millón de habitantes en Portugal, país éste hacia el que los reyes dirigieron una política orientada a poner las bases para una ulterior incorporación a la corona.

     

    La política de los Reyes Católicos se cifró en la sujeción a la corona de todos los estamentos sociales: nobleza, municipios e incluso la Iglesia, de acuerdo con los objetivos de las monarquías de la época.

    Fue denominada la nobleza turbulenta y la reina Isabel dio muestras de especial energía en los objetivos que se había marcado de mantener bien clara la autoridad en todos los campos. Los reyes lograron del papa Sixto IV  la real competencia en la provisión de los cargos eclesiásticos; impulsaron la reforma de los religiosos con la colaboración del general Cisneros.

     

    En la política internacional, se produjo la expansión atlántica a raíz del descubrimiento de América y los reyes asumieron la responsabilidad de desplegar un espíritu misional en la cristianización de las nuevas tierras. También desarrollaron una política de expansión africana para afianzar las fronteras amenazadas por el infiel.

     

    Hacia  El Nuevo Mundo.

     

    Un hombre inquieto y bastante misterioso iba de uno a otro reino buscando apoyo y medios para hallar una ruta más corta para llegar a Asia. Se llamaba Cristóbal Colón y ponía mucho cuidado en no revelar su origen. “Era un soñador, no un científico.” Su proyecto se basaba en un error de cálculo que le permitía suponer un itinerario más corto hacia Catay y Cipango, es decir, China y Japón. Dado que había calculado mal los grados ecuatoriales, hallaba serias dificultades cuando sometía sus cálculos a geógrafos verdaderamente expertos.

     

    En especial, la reina Isabel quedó seducida por la llamada de un nuevo mundo para España y el cristianismo.

    Finalmente, Colón pudo emprender su aventura en cuatro viajes de descubrimiento que se llevaron a cabo en barcos pequeños, con pocos hombres y escasos medios, lo cual supuso una verdadera aventura.

     

    En el primer viaje, se descubrió la isla de Guanahiní que recibió el nombre de San Salvador, en las Bahamas, el 12 de Octubre de 1492.

    En los siguientes viajes Colón fue recorriendo distintas zonas del Caribe.

    México.

     

    Desde 1508, se habían recorrido las costas de Yucatán. Diego Velázquez, advertido acerca de la existencia de una desconocida cultura, envió una expedición al mando de Hernán Cortés con la misión de explorar y rescatar a los españoles que pudieran hallarse cautivos en aquellas regiones.

    Hernán Cortés (1485 - 1574) natural de Medellín, partió en once embarcaciones por indicación de Velázquez. Costeó el Yucatán y tuvo en Tabasco el primer combate. Pudo rescatar a Jerónimo de Aguilar, que se hallaba sometido a esclavitud y que se convirtió en valioso interprete para la expedición. Dado que entre sus hombres había partidarios de Velázquez, deseosos de regresar, Cortés mandó barrenar los navíos y se dirigió hacia la corte de Moctezuma. Atacó Cholula para no tener enemigos a su espalda y, finalmente, penetró en la capital azteca, Tenochtitlán, habitada por más de trescientas mil personas y defendidos por un poderoso ejercito. Cortés consiguió el dominio de la ciudad tomando como rehén a Moctezuma.

     

    Velázquez envió a Pánfilo de Narváez contra Cortés, pero éste salió a su encuentro, lo venció y logro sumar las fuerzas de aquél a su propia tropa.

    Durante la ausencia de cortés, se fraguó una insurrección azteca que estalló con brío. Con el nombre de <<Noche Triste>>, se conoce la catastrófica retirada de los españoles de la ciudad de México, aunque un mes después se dio la batalla de Otumba, que aseguró la posición de los conquistadores. Cortés prosiguió la conquista de México con gran audacia. Que algunas veces rayó en imprudencia. De todos modos, merecen destacarse sus dotes de hábil estratega y político, que supo llevar a cabo la conquista de aquel gran imperio azteca antes de la llegada de los conquistadores.

    Misión De Apostolado Y De Cristianización

    Siempre que se habla de colonización de América tenemos que tener en cuenta la asociación entre el conquistador y el misionero. Sólo así entenderemos el verdadero espíritu de la colonización hispánica, que se funde con los pueblos, a diferencia de la anglosajona, que mantiene distancias con la gente a la que somete.

    La labor del misionero combinaba la siembra de la tierra con la de la Fe, enseñando el cultivo a los indios y alimentando su espíritu. Las escuelas de doctrina  se convirtieron en núcleos económicos que generarían en su crecimiento granjas y talleres.

     

    Cabe destacar las misiones jesuíticas en el Paraguay. Estos misioneros convirtieron a los belicosos indios guaraníes en gentes civilizadas que adoptaron formas de vida cristiana.

    Los poblados, exclusivamente indios, estaban organizados entorno a un modelo tipo, según el cual los nativos desempeñaban las funciones administrativas bajo el gobierno del misionero. Cada indio trabajaba no más de seis horas diarias, con lo que bastaba para el mantenimiento y desarrollo de la misión.

    Hubo varias varia figuras en la función del apostolado. Una de las más conocidas fue Fray Bartolomé de Las Casas, sevillano, exaltado defensor de los derechos de los indios ante los abusos cometidos por ciertos españoles. Ello fue aprovechado por los países enemigos de España para crear la Leyenda negra. Fue él  quien aconsejó la importación masiva de negros para aliviar el trabajo de los indios, cuya constitución no soportaba los esfuerzos físicos exigidos. A éste se le llamó <<Apóstol de los Indios>>.

    José de Anchieta, fue fundador de diversas misiones en Brasil, que acabarían convirtiéndose en nutridas poblaciones.

     

    En definitiva, puede apreciarse una positiva diversidad de métodos y criterios en la labor de la enseñanza y apostolado en las Indias.

      

    Cronistas Y Cartógrafos De Indias.

     

    Bien pronto se impuso, entre los colonizadores, la necesidad de exponer la realidad de los hechos y sucesos de las tierras de allende los mares, para barrer el cúmulo de fantasías y rumores que siempre se generan al hacer  referencia a la exploración de lugares desconocidos.

    El rey Fernando estableció el Padrón real, donde debían registrarse con fidelidad los nuevos hallazgos y descubrimientos, que constituyó el precedente de las Relaciones Geográficas de Indias, establecidas por Felipe II que, junto con la Crónica Oficial de Indias, testimonian el propósito de registrar los hechos de América para la posteridad. De todos modos, debe destacarse que algunos de los hombres que participaron en la aventura americana, por iniciativa propia, dejaron testimonio de lo que observaban o de las noticias que recibían de los naturales. Estos textos constituyen valiosos testimonios, caracterizados por la objetividad de las descripciones que presentan.

     

    El desarrollo de la cartografía adquiere especial desarrollo con el descubrimiento de América, que contará con una figura de primer orden: Juan de la Cosa que, en 1500, elabora la primera representación cartográfica de las tierras descubiertas. En 1560 aparece el Islario general que, generalmente, se considera el primer atlas geográfico de América.

     

    Científicos Naturalistas.

     

    El descubrimiento de América supuso no sólo la ampliación notable del conocimiento de nuestro planeta, sino un cambio de mentalidad decisivo para el pensamiento de Occidente, que rompió antiguos moldes de representación y sintió el estímulo de ampliar conocimientos.

     

    Francisco Hernández, fue el encargado de una misión científica enviada por Felipe II para el estudio de plantas y animales del Nuevo Continente. Aunque fray Bernardino de Sahagún, con su Historia General de las cosas de la Nueva España solamente se refiriera a las tierras de México, puede considerarse padre de la antropología por el propósito metodológico de recibir los informes de los mismos nativos Las grandes conquistas de territorios que llevaron a cabo los españoles en América no han de oscurecer, en ningún momento, las grandes <<conquistas>> que lograron en el ámbito de las ciencias y la cultura.

     

    Las Causas De Los Descubrimientos

     

    A finales del siglo XV los europeos desconocían la existencia de América y de Oceanía e ignoraban casi todo sobre el interior de Asia y de África. Cincuenta años después de finales del siglo XV habían explorado casi todo el continente americano y habían llegado a los confines orientales de Asia.

     

    Esta expansión europea se debió a diversas causas:

     

    Causas económicas. El principal motivo económico fue la necesidad de encontrar una vía segura para comerciar con Oriente, ya que el mediterráneo oriental se encontraba en poder de los turcos, que dificultaban el comercio con la India.

    Causas ideológicas. La divulgación de textos de algunos sabios -Toscanelli y Pedro de Ailly- y, sobre todo, la obra de Marco Polo, aumentó el espíritu curioso y el emprendedor de los hombres del Renacimiento.

    Causas técnicas. Se construyeron naves más grandes, más seguras y más rápidas: las carabelas. Además, se perfeccionó el uso del timón y de la brújula.

    Las Consecuencias De Los Descubrimientos.

     

    Políticas:

     

    . Se crearon dos extensos imperios: el español, que duró hasta el siglo XIX y el portugués, que ha durado hasta el último tercio del siglo XX.

    Portugal dominaba la ruta de las especias. España tenía grandes extensiones en América.

    . Esta expansión provocó la rivalidad de Francia e Inglaterra, que armaron barcos piratas y se enfrentaron a Portugal y España.

     

    Económicas:

     

    .  Las rutas comerciales mediterráneas perdieron importancia. El Atlántico ostentó la prioridad.

     

    .  Se introdujeron en Europa nuevos productos agrícolas, y metales preciosos, que provocaron un alza de los precios y originaron grandes fortunas que fueron destinadas al comercio.

     

    .  Se desarrolló en Europa una nueva doctrina económica: el mercantilismo.

     

    Culturales:

     

    .  Los europeos difundieron su cultura.

    .  La Geografía y la cartografía experimentaron grandes progresos.

    .  La Navegación y la ingeniería avanzaron mucho.

    Las Leyes De Indias Y La Administración Colonial

     

     

    Las Leyes de Indias: España consideró siempre a América como una prolongación del territorio metropolitano. Por eso en América se daban circunstancias especiales, se promulgaron las Leyes de Indias, que protegían a los indios contra los abusos de los encomenderos.

     

    La administración colonial: Los Reyes Católicos crearon el Consejo de Indias, que asesoraba a los reyes sobre el gobierno de las tierras conquistadas en América, preparaba las leyes y se preocupaba de elaborar la historia de América.

     

    América se organizó en Virreinatos, Audiencias y Ayuntamientos.

     

    Los Virreinatos eran grandes demarcaciones territoriales gobernadas por un virrey. Carlos I fundó  dos virreinatos, el de Nueva España y el del Perú. Más tarde, en el siglo XVIII, el virreinato del Perú  se dividió en tres: Perú, Nueva Granada y Río de la Plata.

     

    Las Audiencias eran demarcaciones judiciales.

    Los Ayuntamientos se ocupaban, como en España, del gobierno de las ciudades y estaban formados por regidores (concejales).

     

    La Sociedad Colonial.

     

    A la llegada de los españoles, la población americana era de unos doce millones de personas. Esta cifra descendió mucho en los primeros años de la conquista debido a la guerra y a las enfermedades que, como la viruela, les trasmitían los europeos y frente a las cuales los indios estaban indefensos. Estas enfermedades provocaron una gran mortandad.

     

    Los españoles se mezclaron racialmente con los indígenas. Como a América no emigraron apenas mujeres, se produjo un cruce de razas que dio lugar a una gran variedad de tipos: el mestizo, hijo de blanco e india; el mulato, hijo de blanco y negra; y el zambo, hijo de indio y negra o de negro e india.

     

    Se produjo una división en clases sociales. Los puestos más altos de la sociedad eran ocupados por ricos propietarios descendientes de los conquistadores y por funcionarios procedentes de la metrópoli. El resto de los españoles formaban la clase media. Los mestizos, formaban la clase baja y en último lugar estaban los esclavos que eran llevados de África para trabajar en las plantaciones americanas.

     

    Las Encomiendas, La Mita Y Las Reducciones.

     

    Las encomiendas: Los españoles se repartieron la tierra y, junto con la tierra, los indios que vivían en ella. Cada lote de tierra e indios perteneciente a un colono constituía una encomienda. El colono o encomendadero debía proteger e instruir en el cristianismo a todos sus encomendados y éstos estaban obligados a trabajar para el encomendadero.

     

    Los abusos cometidos por los encomendadores fueron denunciados por algunos misioneros, entre los que destacó fray Bartolomé de las Casas, gran defensor de los indios.

     

    La mita: La mita era un sistema de reclutamiento obligatorio de indios para los trabajos colectivos.

    Cada poblado debía enviar un número determinado de indios, que recibían un salario y realizaban los trabajos más duros.

     

    Lar reducciones: Algunos misioneros organizaron poblados donde únicamente podían residir los indios. Estos poblados se llamaban reducciones y en ellos los trabajos y los bienes se repartían entre todos. Las reducciones más famosas fueron las del Paraguay, regidas por los jesuitas.

     

    La Economía Y La Cultura.

     

    La economía. Los españoles introdujeron de América los cultivos del trigo, la cebada, la vid, el olivo y la caña de azúcar y trajeron a Europa muchos cultivos americanos como el maíz, el tabaco, la patata y el cacao. Pero la mayor fuente de riqueza fue la explotación de las minas, entre las que destacaron las de oro y plata de México y Perú.

    El comercio con América fue controlado por la Casa de Contratación, a través del puerto de Sevilla, que ejerció el monopolio de todo el comercio con el Nuevo Continente.

     

    La Cultura. Los misioneros se ocuparon de enseñar a leer y a escribir a los indios para que así resultara más fácil su evangelización.

     

    Se crearon colegios y Universidades, como las de Santo domingo, México y Lima.

     

    América dio grandes figuras literarias, como el Inca Garcilaso, sor Juana Inés de la Cruz y Juan Ruiz de Alarcón.

     

    En América se difundieron todos los estilos artísticos que florecían en la Península, y sobre todo el barroco, que se modificó con influencias indígenas y dio origen al estilo criollo, que se caracteriza por una decoración complicada y fantástica.

    El Poblamiento de América.

    Los historiadores creen que América estuvo poblada hace 30.000 años. La Mayoría de ellos sostiene la tesis de que la población americana es de origen asiático y que llegó a América en diversas oleadas, a través del estrecho de Bering.

     

    En América del Norte se establecieron los siux, los algonquinos, los apaches, los comanches, los iroqueses, etc. Estas tribus mantenían guerras continuas unas con otras y todas ellas vivían de la caza, sobre todo bisontes y de la recolección de frutos. Sólo en la región del río Colorado habían conseguido una agricultura primitiva.

     

    En América Central Se establecieron los indios choles, los maya-quichés y un sinnúmero de tribus. Todos ellos eran sedentarios y agricultores.

     

    En América del Sur vivían también innumerables tribus, entre las que destacaban los chibchas, los araucanos, los tupís, los guaraníes, los quechuas y los aymarás.

    La colonia

    Para la historia de México el periodo llamado colonial empieza en el siglo XVI, cuando los españoles, al mando de Hernán Cortés conquistaron la antigua México-Tenochtitlan para fundar la Nueva España, nombre que los conquistadores le dieron a la actual ciudad de México. También se conoce esta etapa con el nombre de virreinato porque el país, durante el tiempo que duró, fue gobernado por un representante del rey de España que tenía el título de virrey.

    Es muy raro que haya épocas que abarquen exactamente una cifra decimal redonda, pero en nuestra historia colonial así es, ya que se considera que esta etapa empieza estrictamente en el año de 1521, cuando cayó en poder de los españoles la antigua ciudad de México-Tenochtitlan, y termina 1821, año en el que se declaró la independencia de México.

    Así pues el periodo colonial abarca 300 años y está usualmente dividido en tres periodos: el primero, y más antiguo el que corresponde al siglo XVI y abarca todo lo que pasó en la Nueva España desde 1521 hasta 1600; el segundo, el del siglo XVII , que comprende lo sucedido entre 1601 y 1700, y finalmente, el tercero y último, el del siglo XVIII mexicano y que va de 1701 y 1800.

    Los veintiún años que faltan para llegar a 1821 ya pertenecen al siglo XIX, y todavía son parte de la historia colonial, aunque los historiadores les conceden a esos años finales de la colonia el apelativo de periodo, “de transición”, ya que la lucha iniciada por Miguel Hidalgo y Costilla contra el dominio del gobierno español en la Nueva España había comenzado en 1810 dando lugar así al nacimiento de México.

    La importancia del periodo colonial es determinante tanto para la historia de nuestro país como nación independiente como para la historia de todo Occidente, ya que, a partir de ese momento, América entró a formar parte del mundo que hasta entonces conocían los europeos.

    La religión católica ganó nuevos e importantes territorios, cambió el lenguaje, la traza de las ciudades, las manifestaciones culturales y artísticas y se inició el mestizaje o sincretismo, es decir la mezcla entre los conquistadores y los conquistados, combinación que definió el carácter actual que tienen hoy todas las naciones llamadas latino o hispanoamericanas.

    Para entender cabalmente la complejidad del periodo colonial mexicano habría que analizar, en un principio, dos tipos de dominación española: la conquista militar y la conquista espiritual, y después, adentrarse en cómo fue el establecimiento de las ciudades españolas, cuál la situación de los naturales, cómo estaba constituido y cuál era el funcionamiento del gobierno colonial; la importancia de las autoridades eclesiásticas, las nuevas formas de moral y también el terror que inspiró el Santo Oficio todo ello sin olvidar, por supuesto, los estratos o castas de los que estaba compuesta la sociedad colonial.

    No menos importante fue, por supuesto, el arte y la cultura en la Colonia que en cada siglo XVI, XVII y XVIII tuvo manifestaciones particulares, la vida cotidiana y el surgimiento del criollismo, de donde salió el conjunto de hombres que, finalmente, habrían de terminar con la Colonia y con la dependencia que, de España, tenía México antes de llamarse como hoy se llama.

    Las Castas en la Colonia

    Fue en la época colonial donde se estableció un sistema de linaje o de raza, que dividió a los habitantes de la Nueva España según su color de piel y la mezcla de razas de la que era resultado. En la cúspide de esta pirámide racial estaban los españoles peninsulares, es decir, los que habían nacido en España. El siguiente nivel, de rango inferior, eran los blancos hijos de españoles pero ya nacidos en América, llamados criollos.

    El tercer elemento lo componían las castas, es decir, las mezclas de indios, blancos, negros y sus respectivos descendientes. Aunque las castas formaban una jerarquía racial, que coincidía con escalas económicas y sociales, la clasificación de castas no era oficial, ni existía prohibición legal para la celebración de matrimonios entre representantes de distintos estratos.

    Hijo de español e india: MESTIZO
    De española y mestizo: CASTIZO
    De español y negra: MULATO
    De español y mulata: MORISCO
    De español y morisca: CHINO o ALBINO
    De español y albina: SALTA PA' ATRAS
    De indio y salta pa'trás: LOBO
    De lobo y china: JÍBARO
    De lobo e india: ZAMBAIGO
    De zambaigo e india: CAMBUJO
    De zambaigo y loba: CALPAMULATO
    De cambujo y mulato: ALBARAZADO
    De calpamulato y cambuja: TENTE EN EL AIRE
    De tente en el aire y mulata: NO TE ENTIENDO
    De barnocino y mulata: COYOTE
    De no te entiendo e india: TORNA ATRAS
    De albarazado y mestiza: BARNOCINO
    De indio y mestiza: COYOTE
    De coyote e india: CHAMIZO
    De chamizo y mestiza: AHI TE ESTAS
    De negro con india: JARACHO
    De indio con negra: ZAMBO
    De negro con zamba: ZAMBO PRIETO
    De blanco con mulata: TERCERON O CUARTERON CUATRALVO

    LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO.

     

    Desde los protagonistas de los acontecimientos y sus contemporáneos hasta la actualidad, en cada época y por cada autor se han intentado resumir en varias las causas de la independencia, destacando algún aspecto parcial de acuerdo con la perspectiva histórica del momento, por lo que el resultado es que hoy disponemos de una extensa relación de posibles motivos originarios de la más variada naturaleza, y de difícil análisis, cuya simple enumeración resultaría poco explicativa y hasta cierto punto engañosa. Más importante sería analizar el nivel de generalidad de cada una de estas causas y situarlas en la perspectiva adecuada, ponderando su importancia relativa respecto a las demás y en cada uno de los territorios afectados: lo que puede actuar como causa decisiva o tomarse como característico en México (núcleo esencial del virreinato de Nueva España)

    Por ello, la determinación genérica de las causas de la independencia, como modelo teórico, debe remitir siempre al análisis del proceso y de sus características específicas en cada uno de los territorios. Desde el siglo XIX, las causas de la independencia se han venido presentando divididas en dos grupos: causas internas de carácter negativo y causas externas de carácter positivo.

    Las causas internas

     

    Pueden ser consideradas como causas internas aquéllas que se originaron en el interior de la sociedad mexicana como resultado de su propio desarrollo histórico, y se caracterizan por destacar algunos aspectos negativos de la acción colonizadora española. En general, todos estos posibles motivos fueron señalados desde los primeros momentos del proceso independentista, a veces por los mismos protagonistas de los acontecimientos, por lo que suelen tener una intención más justificativa que explicativa. Así, por ejemplo, cuando se atribuye el deseo de independencia a la corrupción administrativa y la inmoralidad burocrática por parte de las autoridades españolas, o a la relajación de las costumbres del clero, se trata de destacar algunos casos, que sin duda fueron tenidos en cuenta por los patriotas, pero a los que no puede atribuirse un carácter generalizado a toda la administración y a todos los territorios.

    En México, también el bajo clero, como muestra la destacada participación de los sacerdotes Miguel Hidalgo y José María Morelos, colaboró con los revolucionarios y tuvo una participación destacada en la independencia. Otras posibles causas aducidas reiteradamente, como la crueldad y el despotismo con que eran tratados los indígenas y las restricciones culturales impuestas por las autoridades españolas, están en abierta contradicción con algunos datos de la realidad.

    En el virreinato de la Nueva España, muchos indígenas militaron en el bando realista, lo que dio a los enfrentamientos en esos territorios un carácter de verdadera guerra civil. La existencia de universidades en muchas de las más importantes ciudades hispanoamericanas, así como la formación cultural en las mismas de los propios caudillos independentistas son otros tantos argumentos en contra de la generalización de las razones mencionadas, necesitadas de precisiones que alteran considerablemente su interpretación, como sucede con la rivalidad entre criollos y españoles, con la consiguiente postergación de aquéllos, y el establecimiento de un régimen de monopolios, gabelas y trabas, que dificultaba el desarrollo de la economía americana y frenaba el crecimiento de su capacidad productiva.

    La legislación española no diferenciaba entre los españoles peninsulares y americanos, por lo que el problema se planteaba, igual que en España, entre los naturales de una región, provincia o reino que aspiraban a ocupar los puestos de la administración en su tierra y los que provenían de otras zonas, ocupaban los cargos y desplazaban a los naturales, generalmente por residir en la corte o tener valedores en ella. En cuanto al sistema económico, su influencia se vio disminuida por el incumplimiento sistemático de la normativa, el contrabando y la escasa capacidad industrial de los territorios americanos. Más bien fueron las medidas económicas de carácter liberal que venían implantándose desde el siglo XVIII las que estimularon en la burguesía criolla un creciente deseo de libertad mercantil.

    Mayor importancia que las mencionadas hasta aquí tuvieron las siguientes causas:

  • La concepción patrimonial del Estado, toda vez que las Indias estaban vinculadas a España a través de la persona del monarca. Las abdicaciones forzadas de Carlos IV y Fernando VII, en 1808, rompieron la legitimidad establecida e interrumpieron los vínculos existentes entre la Corona y los territorios hispanoamericanos, que se vieron en la necesidad de atender a su propio gobierno.

  • La difusión de doctrinas populistas. Desde santo Tomás de Aquino hasta el español Francisco Suárez, la tradición escolástica había mantenido la teoría de que la soberanía revierte al pueblo cuando falta la figura del rey. Esta doctrina de la soberanía popular, vigente en España, debió de influir en los independentistas tanto como las emanadas del pensamiento ilustrado del siglo XVIII.

  • La labor de los jesuitas. Las críticas dirigidas por los miembros de la Compañía de Jesús a la actuación española en América después de su expulsión de España en 1767, plasmadas en abundantes publicaciones, tuvieron gran importancia en la generación de un clima de oposición al dominio español entre la burguesía criolla.

  • Las enseñanzas impartidas por las universidades y el papel desarrollado por las academias literarias, las sociedades económicas y la masonería. La difusión de ideas liberales y revolucionarias contrarias a la actuación de España en América ejerció una gran influencia en la formación de algunos de los principales líderes de la independencia, cuya vinculación con la Logia Lautaro les proporcionó el marco adecuado para la conspiración.

  • Las causas externas

    Pueden ser consideradas como causas externas aquellas que actuaron sobre el proceso independentista desde fuera de los dominios imperiales españoles, en especial desde Europa y Estados Unidos. Algunas de estas causas, como la Declaración de Independencia estadounidense o la Revolución Francesa, cuya influencia en la historia mundial es evidente, actuaron más como modelos que como causas directas del proceso. Mayor importancia tuvo las ideas enciclopedistas y liberales procedentes de Francia. España se levantó contra Napoleón el 2 de mayo de 1808.Este suceso facilitó la independencia de México y otros países de latino América.  Así como las relaciones de convivencia de muchos de los máximos dirigentes independentistas, como Francisco de Miranda, José de San Martín, Simón Bolívar, Mariano Moreno, Carlos de Alvear, Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera Verdugo, Juan Pío de Montúfar y Vicente Rocafuerte, que se encontraron con frecuencia en Londres, así como los contactos que mantuvieron con los centros políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Ello les permitió equiparse ideológicamente, pero también les proporcionó la posibilidad de contar con apoyos exteriores y las necesarias fuentes de financiación para sus proyectos.

     

    El país empezó a hervir en conspiraciones.

     

    Las más importantes fueron las de Valladolid (hoy Morelia) y la de Querétaro. En la primera tomaron parte don Mariano Quevedo y don José Michelena, don José María García Obeso, don Mariano Ruiz Chávez y otros.

    Eran militares, licenciados o sacerdotes. Fueron descubiertos y castigados levemente. En la conspiración de Querétaro intervinieron el Corregidor Don Miguel Domínguez, su esposa doña Joséfa Ortíz de Domínguez, los capitanes Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo y Don Miguel Hidalgo y Costilla.

     

    La conspiración de Querétaro

     

    Mientras tanto, según sucedía en otros países hispanoamericanos, algunos criollos comenzaron a reunirse en secreto para planear cómo cambiar el gobierno virreinal. En 1810. Miguel Domínguez, corregidor (una clase de juez) de Querétaro, y su esposa, Josefa Ortiz de Domínguez, empezaron a reunirse con algunos militares, como Ignacio Allende y Juan Aldama. A las juntas también asistía Miguel Hidalgo y Costilla, el párroco de Dolores.

    La conspiración fue descubierta, pero antes de que las autoridades pudieran apresara a los participantes, la valiente doña Josefa lo supo y consiguió avisarle a Allende. Éste cabalgó toda la noche para ir de San Miguel a Dolores sin que lo vieran y prevenir a Hidalgo: sus planes habían sido delatados.

    El Grito de Dolores

     

    Hidalgo y Allende adelantaron la fecha de su rebelión. De inmediato, en la madrugada del domingo 16 de septiembre, Hidalgo mandó tocar las campanas de la iglesia para reunir a la gente. Les recordó las injusticias que sufrían y los animó a luchar en contra del mal gobierno.

    Ahora celebramos cada año el Grito de Dolores, pero esa madrugada el ambiente era tenso. Los hombres y las mujeres que siguieron a Hidalgo no eran un ejército; eran un pueblo que quería un gobierno justo. No tenían armas suficientes, pero tomaron palos, hondas, machetes e instrumentos de labranza. Hidalgo comenzó su marcha con seiscientos hombres, que pronto fueron casi ochenta mil. Lo seguían indios, mestizos, criollos y algunos españoles, militares, sacerdotes, peones y mineros iban mezclados, persiguiendo un mismo ideal de justicia.

    En Atotonilco, Hidalgo tomó como bandera un estandarte con la Virgen de Guadalupe. Los insurgentes entraron sin resistencia a San Miguel el Grande (hoy San Miguel Allende), Celaya y Salamanca. Después llegaron a Guanajuato y exigieron a las autoridades que se rindieran. Pero éstas se encerraron con los españoles ricos en la alhóndiga (un almacén de granos) de Granaditas, para defenderse, tomada por asalto gracias al heroísmo de Juan José Martínez (Pípila), un joven que cubierto con una loza de piedra, desafió las balas enemigas y llegó a la puerta le prendió fuego.


    La tropa tomó el edificio, mató a sus ocupantes y  saqueó la ciudad, sin que Hidalgo ni Allende pudieran evitarlo. Siguieron a Valladolid, que se rindió sin luchar, pues  sus habitantes estaban atemorizados por lo que había sucedido en Guanajuato

    .
    Cerca de Valladolid, José María Morelos habló con Hidalgo, quien le encargó que levantara en armas el sur y tomara Acapulco. Un puerto les permitiría comunicarse con el exterior. Mientras tanto, en otros lugares habían estallado más revueltos.

    Hidalgo avanzó hacia la Ciudad de México. En las cercanías de la capital, en el Monte de las Cruces, venció al ejército realista. Tras ese triunfo. Allende propuso que fueran sobre la capital, pero Hidalgo se negó. Tal vez consideró que no tenía hombres y armas suficientes, o terminó que la ciudad fuera saqueada como Guanajuato. El caso es que prefirió regresar a Valladolid; desalentados por esa decisión, muchos de sus seguidores abandonaron el ejército.

    Poco después, los insurgentes fueron derrotados por Félix María Calleja en Aculco, en el hoy estado de México. Quedaron  casi aniquilados y perdieron muchas armas y provisiones. Hidalgo se retiró a Guadalajara, en donde suprimió la esclavitud y los tributos  que pagaban los indios. En enero de 1811, los Insurgentes fueron vencidos de nuevo por Calleja, de manera definitiva, en Puente de Calderón, muy cerca de Guadalajara.


    Con unos dos mil soldados, Hidalgo y Allende marcharon al norte para comprar armas en la frotera. En Coahuila, en Norias del Baján (o Acatita del Baján), fueron traicionados y apresados, junto con Aldama y José Mariano Jiménez. En la ciudad de Chihuahua se les condenó a muerte. Hidalgo fue fusilado el 30 de julio de 1811. Su cabeza, y las de Allende, Aldama y Jiménez, fueron puestas en jaulas de hierro, en las esquinas de la alhóndiga, en Guanajuato como advertencia a la población.

     

    La campaña de Morelos


    Morelos levantó un ejército no muy numeroso pero bien organizado, que fue sumando triunfos. En febrero de 1812, se apoderó de Cuautla. Calleja sitió la ciudad, para rendirla por hambres y por sed, pero sus habitantes la defendieron con heroísmo. Cuando Morelos resolvió salir, los logró con muy pocas bajas. Después reorganizó su ejército y tomó Orizaba, Oaxaca y Acapulco.


    Morelos decidió que hacía el gobierno que unificara el movimiento insurgente y organizó uncongreso que redactó la Constitución de Apatzingán, que fue el primer conjunto de leyes mexicanas. Nunca entró en vigor, porque los insurgentes comenzaron a sufrir una derrota tras otra. Morelos fue hecho prisionero cuando escoltaban al Congreso camino a Tehuacán Fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec, en el ahora estado de México, el 22 de diciembre de 1815.


    El gobierno virreinal intentó tranquilizar el país, pero el descontento continuaba. Habían muertos los primeros caudillos de la independencia, pero nuevos jefes continuaron en pie de guerra. Entre otros, Nicolás Bravo, Pedro Moreno, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero.

    Mientras Hidalgo y Morelos combatían, en España el pueblo luchaba para expulsar a los franceses que la habían invadido en 1808. En ese tiempo, el gobierno que los españoles organizaron para oponerse a los franceses convocó a un congreso con representantes de toda la monarquía, en el puerto de Cádiz. En América la noticia despertó gran interés, pues era la primera ocasión en que las autoridades españolas tomaban en cuenta a los criollos.

     

    Algunos de los representantes, o diputados, tanto españoles como americanos querían que la situación cambiara; que hubiera más libertad y el gobierno y el rey obedecieran las leyes. Eran liberales. Para otros, lo mejor era mantener las cosas como estaban.

     Las Cortes y la Constitución de Cádiz.

     

    A las Cortes de Cádiz acudieron diecisiete diputados de la Nueva España. Exigieron que españoles e hispanoamericanos fueran iguales ante la ley; que se dejara de discriminar a las castas; que se abrieron más caminos, escuelas e industrias; que los habitantes de la Nueva España participaran en su gobierno; que hubiera libertad de imprenta y se declarara que la soberanía reside en el pueblo.


    La Constitución Política de la Monarquía Española, el documento que produjeron las Cortes, se promulgó en marzo de 1812. Redujo los poderes del rey, estableció la igualdad ante la ley de peninsulares y americanos, y eliminó el tributo que pagaban los indígenas. Sin embargo, cuando las tropas de Napoleón fueron expulsadas de España en 1814, subió al trono Fernando Vll y se negó a gobernar conforme a la Constitución.


    Los liberales fueron perseguidos, pero siguieron defendiendo sus ideas. Con el apoyo de parte del ejército, en 1820 obligaron a Fernando VII a reconocer la Constitución. El rey no tardó en descartarla y volvió a mandar como monarca absoluto, pero el breve tiempo en que la reconoció tuvo consecuencias muy importantes.

     

    La Nueva España hacia 1820

     

    En abril de 1817, el liberal español Francisco Javier Mina llegó a la Nueva España para luchar del lado insurgentes. Lo acompañaba el sacerdote mexicano Fray Servando Teresa de Mier.


    Mina llegó a Soto la Marina, en el golfo de México, con tres barcos y poco más de trescientos hombres, que había armado con dinero conseguido en Inglaterra y en los Estados Unidos, países que tenían interés en debilitar a España. Mina recorrió el Bajió, ganó algunas batallas e intentó tomar Guanajuato. Seis mese después de su llegada, fue hecho prisionero y fue fusilado.


    Al llegar 1820, muchos insurgentes habían sido derrotados, se habían retirado o habían aceptado el indulto. Algunos seguían resistiendo. Entre otros, Guadalupe Victoría y Vicente Guerrero.

    Guerrero nació en Tixtla (ahora en el estado de Guerrero), en 1782. Peleó bajo las órdenes de Hermenegildo Galeana y de José María Morelos. Casi siempre salió victorioso; destacó por su valentía y su lealtad.

     

    Triunfo de la Independencia

     

    Tras más de diez años de lucha, había ruina y miseria en vastas zonas del país. Tanto los realistas como los insurgentes habían cometido atropellos y el gobierno del virreinato no podia dominar la situación. Los habitantes de la Nueva España ya no lo apoyaban. Lo que más querían era que se restableciera la paz.


    Los españoles y los criollos ricos no deseaban obedecer la Constitución de Cádiz, que estaba de nuevo en vigor, porque les quitaba privilegios, así que apoyaron la independencia. También ellos querían la paz, y convencieron al virrey de que encargase al coronel criollo agustín de Iturbide que acabara con Vicente Guerrero, para imponer el orden y terminar con la insurrección.

         

    Guerrero conocía bien las montañas surianas y no fue posible derrotarlo. Valiéndose del padre de Guerrero, el virrey le ofració perdonarlo si dejaba la lucha. El caudillo respondió: "La patria es primero".


    Con el apoyo de los españoles y los criollos ricos, Iturbide le escribió a Guerrero pidiéndole que se reunieran para llegar a un acuerdo. Lo hicieron en Acatempan, donde Guerrero aceptó apoyara a Iturbide.


    Guerrero sabía que era muy escasas sus posibilidades de triunfo. Iturbide sabía que derrotar a Guerrero era el continuador de la lucha de Hidalgo y Morelos; Iturbide representaba el deseo de paz de la mayoría de la población y los intereses de los criollos ricos y de los españoles que vivían en América y que ya no querían depender de España.


    En febrero de 1821, respaldo por Guerrero, Iturbide firmó el Plan de Iguala o de las Tres Garantías: invitaba a los habitantes del virreinato a unirse para lograr la independencia. Las tres garantías eran: una religión única (la católica), la unión de todos los grupos sociales y la independencia. México sería una monarquía constitucional. Cada garantía se convirtió en un color para la bandera de la nueva nación. En agosto llegó a la Nueva España Juan O'Donojú, el último español enviado a gobernarla. Vió que casi todo el país apoyaba a Iturbide, así que firmó con él los Tratados de Córdoba, documento que reconocia la independencia.
     

    La rebelión de 1810 había concluido. La nueva nación tenía ahora que organizar su gobierno y reparar los destrozos de once asños de lucha. Faltaban caminos y había grandes territorios deshabitados. La sociedad estaba desorganizada y el desorden político era abrumador.

    PERSONAJES  SOBRESALIENTES  DE LA  INDEPENDENCIA.

    Hidalgo y Costilla, Miguel (1753-1811), padre de la patria, insurgente y sacerdote mexicano. Estudió en el Colegio de San Nicolás, donde dio cursos de filología y filosofía y llegó a ser rector, en la ciudad de Valladolid (actual Morelia). En 1778 fue ordenado sacerdote y en 1803 se hizo cargo de la parroquia de Dolores, en Guanajuato. Buen conocedor de las ideas ilustradas, trabajó para mejorar las condiciones económicas de sus feligreses, en su mayoría indígenas, enseñándoles a cultivar viñedos, la cría de abejas y a dirigir pequeñas industrias, tales como la producción de loza y ladrillos. En 1809 Hidalgo se unió a una sociedad secreta formada en Valladolid cuyo fin era reunir un congreso, para gobernar la Nueva España en nombre del rey Fernando VII, en ese momento preso de Napoleón y, en su caso, obtener la independencia del país. Descubiertos los conjurados, la insurrección se trasladó a Querétaro donde Hidalgo se reunió con Ignacio Allende y otros insurgentes. El 16 de septiembre de 1810, llevando un estandarte con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México, Hidalgo lanzó el llamado grito de Dolores que inició la revuelta y, acompañado de Allende, consiguió reunir un ejército formado por más de 40.000 mexicanos. Tomó las ciudades de Guanajuato y Guadalajara en el mes de octubre, pero a pesar de sus éxitos, Hidalgo no consiguió llegar a la ciudad de México. El 17 de enero de 1811 fue derrotado cerca de Guadalajara por un contingente de soldados realistas, en la batalla de Puente de Calderón. Hidalgo huyó hacia Aguascalientes y Zacatecas, pero fue capturado, juzgado y condenado a muerte. Su cabeza, junto con la de Allende y otros insurgentes se exhibió, como castigo, en la alhóndiga de Granaditas de Guanajuato. Tras el establecimiento de la República Mexicana, en 1824, se le reconoció como primer insurgente y padre de la patria. El estado de Hidalgo lleva su nombre y la ciudad de Dolores pasó a llamarse Dolores Hidalgo en su honor. El 16 de septiembre, día en que proclamó su rebelión, se celebra en México el Día de la Independencia.

     

    Allende, Ignacio María de (1769-1811), insurgente mexicano. Nació en San Miguel el Grande (que más tarde recibió el nombre de San Miguel de Allende, en su honor), en Guanajuato. Hijo de españoles, participó en la fallida conspiración de 1809. Posteriormente planeó, junto con Juan Aldama, el levantamiento de ese año, que fue denunciado. Miguel Hidalgo y Costilla decidió entonces el alzamiento en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, en Dolores (Guanajuato). Tras varias luchas, la campaña victoriosa continuó hasta la batalla del Monte de las Cruces. Después, las derrotas ocasionaron divergencias entre los insurgentes y, en Zacatecas, los jefes militares retiraron del mando a Hidalgo y se lo otorgaron a Allende. El 21 de marzo de 1811 cayó prisionero con Hidalgo y otros insurgentes. Murió fusilado y su cabeza fue expuesta en la alhóndiga de Granaditas (Guanajuato). Sus restos reposan en la Columna de la Independencia en la ciudad de México.

     

    Ortiz de Domínguez, Josefa (1768-1829), patriota mexicana, sirvió de enlace entre los conspiradores de la independencia en 1810. Nació en Valladolid (Morelia) y estudió en el Colegio de San Ignacio de Loyola o de las Vizcaínas. En 1791 se casó con el corregidor de Querétaro, el licenciado Miguel Domínguez, por lo que se le apodó `la Corregidora'. En 1810 entró en contacto con el cura Miguel Hidalgo y Costilla y el capitán Ignacio María de Allende, a los que informó del desarrollo de la conspiración en Querétaro. Cuando los realistas descubrieron el lugar donde se guardaban las armas para la sublevación de octubre, persuadió a sus compañeros para que adelantaran la proclamación de la independencia al mes de septiembre. Fue apresada por las autoridades españolas y recluida en el convento de Santa Catalina de Siena, donde permaneció 3 años. Murió en 1829 en México.

     

    Aldama, Juan (1774-1811), militar e insurgente mexicano. Nacido en San Miguel el Grande (actual San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato), desde 1809, siendo capitán del Ejército colonial español, comenzó a intervenir en los preparativos de la lucha independentista. El principal líder del movimiento, el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, le nombró teniente coronel de las tropas insurgentes, con las que participó en la victoria del Monte de las Cruces (octubre de 1810). Intentó convencer a Hidalgo, con la ayuda de Ignacio María de Allende, de la necesidad de explotar ese triunfo y avanzar hacia la capital virreinal. Después de la derrota sufrida en la batalla de Puente de Calderón, en enero de 1811, se dirigió hacia el norte mexicano, pero el 21 de marzo de ese año fue apresado por los realistas junto a los más destacados dirigentes independentistas (Hidalgo, Allende y Mariano Abasolo), en Acatita de Baján (Coahuila). El 26 de junio murió fusilado, en Chihuahua, con Allende y el también jefe insurgente José Mariano Jiménez, entre otros.

     

    Abasolo Ignacio (1783-1816), militar e insurgente mexicano. Nacido en Dolores (actual Dolores Hidalgo), pertenecía a una rica familia de hacendados y siguió la carrera castrense, ingresando en el Ejército colonial español. El 16 de septiembre de 1810 se unió al sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, quien ese mismo día había lanzado el denominado grito de Dolores en dicha localidad, inicio del movimiento independentista mexicano contra el dominio español. Entregó las armas de su regimiento, del que era capitán, y pronto ascendió en el escalafón de las tropas insurgentes, accediendo en octubre de ese año al grado de mariscal de campo y participando en la victoria del Monte de las Cruces de finales de ese mes. Después de la derrota de las fuerzas de Hidalgo en la batalla de Puente de Calderón (enero de 1811), Abasolo huyó hacia el norte y renunció al nombramiento de jefe de las tropas resistentes que hizo en su persona Ignacio María de Allende. El 21 de marzo siguiente fue apresado junto a los principales dirigentes independentistas (Hidalgo, Allende y Juan Aldama), en Acatita de Baján (Coahuila). Conducido con éstos a la ciudad de Chihuahua, un mes después resultó condenado a cadena perpetua por el virrey Francisco Javier Venegas y trasladado, en 1812, al castillo español de Santa Catalina (Cádiz), donde falleció cuatro años más tarde.

     

    Morelos y Pavón, José María (1765-1815), sacerdote e insurgente mexicano, que se convirtió en el caudillo de la emancipación mexicana, tras la ejecución de Miguel Hidalgo y Costilla en 1811. Morelos nació en la actual Morelia (Michoacán), ciudad en la que también cursó sus estudios. Después de su ordenación sacerdotal (1797), fue párroco hasta que se unió a la rebelión de Hidalgo en 1810. Tras recibir el mando militar, no tardó en hacerse con el control de un amplio territorio en el sur de México; hacia finales de 1811, todos le reconocían como sucesor de Hidalgo. Tomó Acapulco en 1813 y, a finales de ese año, convocó el Congreso de Chilpancingo, que emitió una declaración de independencia, promulgó una Constitución y nombró a Morelos generalísimo del gobierno insurgente. En diciembre de 1813, las fuerzas realistas derrotaron en Santa María a Morelos, que se vio obligado a mantenerse en una guerra defensiva. Destituido de su cargo de generalísimo por el Congreso, formó parte del triunvirato del Supremo Gobierno en Apatzingán. Acosado por las tropas enviadas por el virrey Félix María Calleja del Rey, no pudo escapar y fue capturado por los realistas en noviembre de 1815, mientras protegía al Congreso en su retirada hacia Tehuacán. Tras ser acusado de herejía y despojado de sus hábitos por la Inquisición, fue entregado a las autoridades seculares y fusilado.

     

    Bravo, Nicolás (1786-1854), dirigente independentista mexicano. Nació en Chilpancingo. En 1811 se unió a las fuerzas de Hermenegildo Galeana, y llevó a cabo en el sur varias acciones ordenadas por José María Morelos. A pesar de que su padre fue sentenciado a muerte por el ejército realista español, Nicolás Bravo concedió el indulto a 300 prisioneros enemigos. Republicano, participó junto con Vicente Guerrero en el derrocamiento de Agustín de Iturbide. De corte centralista, se sublevó contra el presidente Guadalupe Victoria, en 1827, por lo que fue desterrado a Guayaquil (Ecuador). Regresó a México en 1829, y participó en la caída del presidente federalista Guerrero, que anteriormente había sido su compañero. En 1833, Antonio López de Santa Anna lo nombró jefe del Ejército del Norte. En 1854, se negó a participar en la revolución de Ayutla; y ese mismo año falleció en su ciudad natal.

     

    Matamoros, Mariano (1770-1814), sacerdote e insurgente mexicano. Nacido en la ciudad de México, en 1789 completó sus estudios de bachiller en artes y teología, ordenándose presbítero siete años más tarde. Ejerció como párroco en la capital virreinal y, en 1811, cuando hacía lo propio en Jantetelco (actual estado de Morelos), se decretó su captura como sospechoso de albergar y promover ideas independentistas. Tras conseguir huir, en diciembre se unió en Izúcar (hoy Izúcar de Matamoros, en Puebla) a las filas insurgentes lideradas por el también sacerdote José María Morelos y Pavón, quien le nombró, un mes después, coronel de sus tropas. En febrero de 1812, conquistó Cuautla, ciudad que hubo de defender del asedio realista. En noviembre, ya como lugarteniente de Morelos, participó en la toma de Oaxaca y, en junio de 1813, éste le designó teniente general. El 23 de diciembre siguiente atacó la ciudad de Valladolid (actual Morelia), viéndose obligado a retirar sus efectivos. Perseguidos por las fuerzas de Ciriaco de Llano y Agustín de Iturbide (entonces militar realista), fue aprehendido en Puruarán (Michoacán) el 5 de enero de 1814. Un mes más tarde resultó fusilado en Valladolid.

    Quintana Roo, Andrés (1787-1851), político y escritor mexicano. Nació en Mérida (Yucatán). Cursó leyes en la Universidad de México. Se unió a la causa insurgente con Ignacio López Rayón en Tlalpujahua. Difundió sus ideas en el Semanario Patriótico Americano, presidió la Asamblea Constituyente en 1813 y elaboró, con Carlos María Bustamante, la Constitución de Apatzingán. A la caída del Imperio de Agustín de Iturbide (1823), ocupó un lugar distinguido entre los diputados que formaron los siguientes congresos y continuó escribiendo artículos políticos para El Correo de la Federación. Perteneció al grupo de los `poetas de la independencia'. Compuso la oda “16 de Septiembre”. Fue el primer presidente de la Academia de Letrán, fundada por Guillermo Prieto, Manuel Carpio y los hermanos Lacunza en 1836. Falleció en la ciudad de México, y sus restos mortales, junto con los de su esposa, Leona Vicario, descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

     

    Guerrero, Vicente (1782-1831), militar y político mexicano, presidente de la República (1829). Nació en Tixtla. Luchó por la independencia (1810) desde las filas de José María Morelos y después de la captura de éste por los realistas apoyó el Congreso de Chilpancingo hasta su disolución y se refugió en las montañas para continuar la lucha, llegando a ser, con los años, el jefe de la insurrección en el sur. En 1820 se enfrentó al general Agustín de Iturbide, quien una vez en campaña le invitó a unirse en un esfuerzo de liberación en común. Aceptó el Plan de Iguala (1821) y pasó a luchar a las órdenes de Iturbide. Lograda la independencia, y ante el sesgo que tomaban los acontecimientos se sublevó en 1822 contra el despotismo de Iturbide, proclamado emperador constitucional. Formó parte de la Junta provisional y, pese a ser derrotado en las elecciones por Gómez Pedraza, ocupó la presidencia (1829) gracias al levantamiento de los liberales (motín de la Acordada). Se enfrentó al intento de reconquista protagonizado por Barradas en nombre de España, rechazó el ofrecimiento del embajador Joel Roberts Poinsett de comprar Texas, y defendió el federalismo frente a los repetidos y constantes intentos de los grupos centralistas, que pretendieron inhabilitarle para gobernar. Favorable a la reforma social, luchó contra los privilegios de la aristocracia, pero fue derrocado por el general Anastasio Bustamante en el mismo año (1829). Tras reiniciar la lucha desde el sur, fue hecho prisionero en Acapulco, sometido a juicio y fusilado en 1831, en Cuilapán (en la actualidad Cuilapán de Guerrero).

     

    Agustín de Iturbide (1783-1824), militar y político mexicano, emperador de México con el nombre de Agustín I (1822-1823). Nació en Valladolid (Michoacán), hijo de un terrateniente español.

    La independencia de México Ingresó en las milicias de su ciudad natal como subteniente de bandera en 1797. Aceptó el gobierno del virrey Pedro Garibay tras el derrocamiento de José de Iturrigaray en 1808. Siendo alférez del Ejército español se negó a colaborar con la rebelión del cura Miguel Hidalgo y participó en la detención de los conspiradores de Valladolid en 1809. Huyó a México cuando Hidalgo entró en la ciudad en 1810 y ese mismo año participó en la batalla del Monte de las Cruces y ascendió a capitán. Fue destinado al sur del país en 1811 y combatió a las guerrillas insurrectas de Albino García, al que apresó en 1812, y de Ramón López Rayón, al que derrotó en el puente de Salvatierra en 1813. Ese año ascendió a coronel y fue nombrado comandante general de la provincia de Guanajuato, donde siguió persiguiendo a los rebeldes y empezó a ser conocido como 'el Dragón de fierro.

    En 1813 fue acusado por el coronel Romero de mantener la lucha para obtener beneficios económicos con el comercio, acusación que se repitió en 1814 por parte del teniente coronel Crespo Gil y del propio Romero. Un año después, siendo comandante general del Ejército del norte, venció a José María Morelos, pero fracasó ante los hermanos Rayón en Cóporo. A causa de las denuncias presentadas por los comerciantes de Guanajuato, fue cesado en 1816 por el virrey Félix María Calleja del Rey acusado de malversación y abuso de autoridad; aunque resultó absuelto gracias al apoyo del auditor de guerra Bataller, se retiró a sus tierras y en 1817 se estableció en México.

    En 1820 participó en la conspiración denominada de la Profesa para oponerse a la implantación de la Constitución de 1812 en México, después del éxito alcanzado por el pronunciamiento liberal de Rafael del Riego en España. Ese mismo año, el virrey Juan Ruiz de Apodaca le nombró comandante general del sur, con la misión de buscar un acercamiento a Vicente Guerrero y a Asensio, que mantenían la insurgencia (insurrección) en aquellos territorios. Con el apoyo de los obispos de Guadalajara y Puebla, de los comerciantes españoles y de los terratenientes criollos opuestos al liberalismo, logró equipar un ejército numeroso y, tras llegar a un acuerdo con Guerrero el 24 de febrero de 1821 en la población de Iguala, publicó un programa político que pasó a denominarse Plan de Iguala (o de las Tres Garantías), en el que proclamaba sus objetivos: religión, independencia y unión.

    En agosto de ese mismo año firmó con el virrey O'Donojú, recién llegado a Nueva España, el Tratado de Córdoba y el 27 de septiembre entró en la capital, tras la evacuación de las tropas españolas. Al día siguiente una Junta de Gobierno provisional, presidida por Iturbide, y en la que también figuraba O'Donojú, proclamó la independencia de México.

    El 25 de febrero de 1822 se eligió un Congreso Constituyente, pero un motín del regimiento de Celaya, en mayo de 1822, dio el poder a Iturbide, que el mes de julio siguiente se proclamó emperador con el nombre de Agustín I. Tras disolver la Cámara, creó un Junta instituyente en octubre, reprimió a los republicanos y cesó al general Antonio López de Santa Anna, gobernador de Veracruz, en noviembre. Un mes más tarde se produjo la insurrección de Guadalupe Victoria y Santa Anna, que lograron el apoyo de la mayoría del Ejército, lo que forzó a Iturbide a restablecer el Congreso y a abdicar el 19 de marzo de 1823. En abril fue abolido el Imperio y en mayo salió Iturbide del país rumbo a Europa. Tras una corta estancia en Liorna (Italia), se instaló en Londres y el 13 de febrero de 1824 envió una Exposición al Congreso mexicano, anunciando su intención de regresar al país. Declarado traidor por el Congreso en el mes de mayo, cuando desembarcó en Soto la Marina (Tamaulipas), el 18 de julio siguiente, fue hecho prisionero, y acabó fusilado en Padilla un día después.

      

    LA REVOLUCIÓN MEXICANA

     

    La revolución mexicana tuvo muchos caudillos, se garantizó el 20 de Noviembre, pero ya se había iniciado el día 17 en la casa de los hermanos Serdán, dentro de la revolución brillaron infinidad de planes, uno de los que más eco tuvo dentro del grueso de la población campesina fue la frase de Emiliano Zapata, TIERRA Y LIBERTAD , dicha frase se puede decir que fue el himno de muchos de los campesinos que tomaron parte en la lucha contra la dictadura, se puede localizar dentro del famoso PLAN DE AYALA, formulado por Emiliano Zapata, que en su punto cinco dice:

     

    "En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos, no son dueños ni de la tierra que pisan, y sin poder mejorar en nada su condición social, ni poder dedicarse a la industria o la ganadería por estar monopolizadas por unas cuantas manos las tierras, montes y aguas, por esa causa, se expropiarán previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios, a los poderosos propietarios de ellas, a fín de que los pueblos y ciudadanos de México, obtengan ejidos, colonias, feudos legales para pueblos o campos de sembradíos o de labor, y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad para los mexicanos.

     El lema completo de este plan fue "REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY"

     

    Dentro de la revolución hubo otros cientos de caudillos, pero no todos brillaron por que usaron métodos diferentes de lucha, solo hubo algo que hacia homogéneos, y fué la lucha contra una causa común.

     

    La tiranía del gobierno, los tratos infrahumanos de que eran objeto, los campesinos, las inhumanas jornadas de trabajo, y las pésimas condiciones de trabajo de los obreros, de todos estos personajes que lucharon juntos para mejorar sus condiciones de existencia, y sus perspectivas de un futuro mejor. destacaron algunos por sus ideas progresistas, otros por su tenacidad para combatir en el campo de batalla, de los principales podemos citar algunos que también dieron a la revolución sus planes, como Venustiano Carránza y su PLAN DE GUADALUPE, Francisco I. Madero y su PLAN DE SAN LUIS POTOSI, llamado así para distinguirlo de San Luis Misuri, Francisco Villa tenía en la lucha armada, los hermanos Carmen, Aguiles y Máximo Serdán, Felipe Ángeles, José Ma. Pino Suárez, los hermanos Flores Magón, Belisario Domínguez, Álvaro Obregón y muchos otros.

     

    Debemos tener en cuenta que paso mucho tiempo para que se dieran las condiciones necesarias para que no fuera un fracaso, mucho tiempo de organización, muchísimas muertes por todas partes de la República Mexicana, donde también hubo muchos destierros de personas que se oponían al régimen de Porfirio Díaz.

     

    Una vez que termino la lucha armada, se procedió a organizar políticamente el país, se cambió al Presidente, pero se continuo con el mismo gabinete político, lo que originó que empezara una Época de Anarquía Política en la que se cambiaba de personas dentro de la política cuando llevaban poco tiempo en el poder, ésta terminó con la llegada de Cárdenas a la Presidencia.

     

    DECENA TRÁGICA

     

    ANTECEDENTES:

     

    Francisco I. Madero candidato del Partido Antireleccionista en contra de Porfirio Díaz fue hecho prisionero en San Luis Potosí mientras se realizaban las elecciones.

     

    Díaz se reeligió y Madero escapó de la cárcel y se refugio en San Antonio, Texas donde dio a conocer el Plan de San Luis. En él declara nulas las elecciones desconocía al régimen de Díaz, exigía el sufragio efectivo y la no releción y, señalaba el 20 de Noviembre de 1910 para que el pueblo se levantara en armas contra el tirano.

     

    Al llamado Plan de San Luis, se pronunciaron hombres como Pascual Orozco, Pancho Villa, Emilizano Zapata etc. La insurrección se extendió poco a poco por todo el País. En Mayo de 1911 cayó Ciudad Juárez en poder de los maderistas. Debilitado el gobierno de Díaz entra en negociaciones y el 25 del mismo mes el dictador presentó su Renuncia.

     

    Al triunfo de la Revolución Madero deja intacto el ejercito porfirista, mientras a su alrededor crecía el descontento. Los Porfiristas reclamaban sus antiguos privilegios; los zapatistas exigían el reparto de tierras; la prensa lo atacaba a diario y las rebeliones de Félix Díaz y Bernardo Reyes, independientes entre sí, confluyeron en la llamada Decena Trágica para asestarle el golpe definitivo a Madero.

     

    CRONOLOGÍA DE LOS HECHOS:

     

    Domingo 9 de Febrero de 1913.- los sublevados liberan a Bernardo Reyes y Félix Díaz. Madero se dirige a Cuernavaca en busca de Felipe Ángeles para que se defienda la Plaza.

     

    LUNES 10.- los diarios capitalinos no aparecen. Temor general, No hay transporte y las tiendas permanecen cerradas.

     

    Martes 11.- se bombardea la Ciudadela. Son aniquilados dos batallones.

     

    Miércoles 12.- Escapan los presos de la cárcel de Belén. La ciudad queda sin servicios.

     

    Jueves 13.- Se recrudece la lucha de la Ciudadela y sus alrededores. Se disparan mil cañonazos por minuto.

     

    Viernes 14.- Varios edificios públicos son dañados. Muchos civiles mueren por causas de "balas perdidas".

     

    Sábado 15.- Madero rechaza a los senadores que le piden su renuncia. La ciudad se llena de humo producido por los cadáveres incinerados.

     

    Domingo 16.- Se pacta un armisticio que es roto al poco tiempo. Mueren cerca de 300 civiles ajenos a la lucha.

     

    Lunes 17.- Continúan los enfrentamientos.

     

    Martes 18.- Se celebra el Pacto de la Embajada entre Félix Díaz y Huerta con la aprobación del embajador Norteamericano, Henry Lane Wilson, Madero y Pino Suárez son aprehendidos al Salir del Palacio Nacional.

     

    Miércoles 19.- Madero y Pino Suárez son obligados a renunciar. Huerta asume la presidencia. 3 días después son asesinados alevosamente.

    EL MÉXICO CONTEMPORÁNEO

    Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia el 1° de diciembre de 1934. En su gobierno, se propuso cumplir algunas de las promesas de la Revolución. El problema de los campesinos fue el que más le preocupó y durante su régimen se expropiaron grandes latifundios para repartir esa tierra entre quienes la trabajaban; se fundaron ejidos y se dedicó más dinero para atender al campo.


    Cárdenas se preocupó por multiplicar las escuelas, sobre todo rurales, y por impulsar la enseñanza técnica. Amplió la red de carreteras y dio facilidades para que creciera la industria nacional.

    Los años treinta fueron difíciles. En 1929 se inició un empobrecimiento de la economía en todo el mundo. Europa vivía en crisis. La tensión entre los diversos países crecían día a día.

    En España, la rebelión de una parte del ejército contra el gobierno de la república provocó la Guerra Civil (1936-1939) y obligó a miles de españoles a salir de su país. Muchos de ellos fueron recibidos por México y enriquecieron la vida del país, sobre todo en el terreno de la educación, la ciencia y las artes.


    Para mejorar la economía de México, el gobierno impulsó la formación de industrias. Se abrió un banco para prestar dinero a los campesinos y se fundó el Instituto Politécnico Nacional para mejorar la enseñanza técnica.


    Los años treinta fueron de intensa actividad cultural. En ese tiempo se crearon, entre otros organismos, el Fondo de Cultura Económica (una de las editoriales más importantes de Latinoamérica) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Con la llegada de los refugiados españoles, se estableció La Casa de España en México, que después se convertiría en El Colegio de México. El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura se fundaría en la década siguiente.

    Un grupo de poetas y ensayistas, llamados los Contemporáneos (Salvado Novo, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer y José Gorostiza, entre otros), hicieron participar a la literatura mexicana de las formas literarias más modernas, mientras otros autores escribían en un estilo realista sobre la vida y los problemas de los obreros y los indígenas. En ese tiempo, además, aparecieron muchas e importantes obras sobre la Revolución y sus consecuencias, como El águila y la serpiente (1928) y La sombra del caudillo (1929), de Martín Luis Guzmán, y Ulises criollo (1936), de José Vasconcelos.

    Población

    Por mucho tiempo los gobiernos de México se preocuparon porque el país no estaba suficientemente poblado. faltaba gente. Las familias tenían muchos hijos, pero muchos niños morían y la gente vivía menos años que ahora.

    Según los datos de los censos de población, en 1900 vivían en México poco más de trece millones y medio de personas y en 1910, al comenzar la Revolución, poco más de quince millones. Durante los diez años de guerra la población disminuyó debido a los muertos en cambate y por las epidemias, a que muchos mexicanos salieron del país y a que hubo menos nacimientos.

    En 1921 había en el país algo más de catorce millones de habitantes: menos de los que viven ahora en la Ciudad de México. En esos años y hasta 1947 el gobierno daba premios a las familias numerosas, porque la política de población era que hacía falta gente en el país. Pronto, sin embargo, empezó a verse que México empezaba a tener demasiados habitantes. En 1960, cuando comenzaron las primeras acciones de planificación familiar, México tenía treinta y cinco millones de habitantes. Actualmente tiene alrededor de 90 millones.

    En la actualidad las familias tienen menos hijos que antes; en 1970, en promedio, cada madre tenía siete hijos; en 1990 tenía tres. Pero ahora, gracias a los adelantos de a la medicina y a que hay más gente con atención médica, muchos menos niños mueren y los mexicanos, en general, vivimos más tiempo. En 1930, el promedio de vida de los mexicanos era de 37 años; en 1960, de 58; actualmente es de 70 años.

    En el siglo XX, a medida que un país progresa hay más gente que vive en ciudades y menos que vive en el campo. En 1930, 17 de cada cien mexicanos vivían en poblaciones de más de quince mil habitantes. En 1960, eran 36. En 1990, eran 57. Es decir, en la actualidad más de la mitad de la población del país vive en ciudades.

    En México conviven muchos pueblos indígenas, de cultura y lenguas diversas. De acuerdo con el Instituto Nacional Indigenista (INI), en 1990 había seis millones y medio de personas que hablan lenguas indígenas, correspondientes a 48 etnias claramente definidas.

    Más otros dos millones y medio de mexicanos que ya no hablan lenguas indígenas, pero que conservan la cultura de los más antiguos pobladores de nuestra tierra y que también se consideran indígenas. En total, serían unos nueve millones de mexicanos que pertenecen a etnias indígenas.

    Según las asociaciones de comunidades indígenas, ese número sería dieciséis millones. La dificultad para precisarlo se debe a que en muchas regiones esta población vive dispersa en rancherías. Y también a que el criterio de cultura indígena, sin tomar en cuenta la lengua, con frecuencia no es muy claro.

    En orden de importancia, según el número de personas que las integran, de acuerdo con la información de INI, las etnias que en 1990 contaba con más de cien mil hablantes son las siguientes: nahuas (1,200.000), mayas (720,000) zapotecas (410,000, mixtecas (390,000), otomíes (280,000), tzeltales 260,000) tzotziles (230,000), totonacos (210,000), mazatecos (170,000), choles (130,000), mazahuas (130,000), huastecos (120,000), chinantecos (110,000), purépechas (100,000).

    En general, las condiciones de vida de los indígenas mexicanos son malas. Necesidades trabajo, alimentación, servicios de salud, escuelas, seguridad y respeto.

    Es mucho lo que se ha trabajado para integrar la población indígena al desarrollo de México y para fomentar su mejoría, pero es mucho más lo que aún hace falta.

    La nacionalización del petróleo

    En el siglo XX el petróleo ha sido un recurso esencial para los transportes, las industrias y la producción de electricidad. Del petróleo se obtiene combustibles, plásticos y muchos otros productos. En el subsuelo de México existen enormes yacimientos de petróleo, y las primeras compañías que los explotaron fueron estadounidenses e ingleses, que trabajaban en beneficio propio y de sus países. A partir de Madero, los gobiernos mexicanos trataron en vano de limitar el poder de estas compañías extranjeras.

    Después de la primera Guerra Mundial (1914-1918), la demanda de petróleo aumentó de manera importante, pues fue evidente que los países debían tener suficientes, sus industrias y su seguridad nacional. Muchas naciones hicieron lo necesario para controlar su petróleo.

    En México, las diferencias entre las compañías extranjeras y el gobierno fueron creciendo hasta llegar a un conflicto. Las compañías extranjeras se esforzaban por no pagar los impuestos que señalaba la ley, y no querían mejorar los salarios de sus trabajadores mexicanos, que eran muy inferiores a los de

    Manifestación en apoyo a la nacionalización de la industria petrolera, 1938. Archivo Casasola. los trabajadores extranjeros. Los obreros mexicanos finalmente se fueron a huelga; tras estudiar el asunto, la Suprema Corte de Justicia decidió que el aumento que pedían era justo y ordenó que se les concediera. Sin embargo, las compañías petroleras no obedecieron a la Corte, y entonces el presidente Cárdenas decidió expropiarlas. Lo anunció el 18 de marzo de 1938, y las compañías extrajeras tuvieron que venderle a México su maquinaría, sus pozos, sus refinerías.

    Las diversas compañías se fundieron en una sola, dirigida por el gobierno, que se llama Petróleos Mexicanos (Pemex). El gobierno estadounidense, interesado en mantener buenas relaciones con México, pues había el peligro de que estallara una gran guerra en Europa, aceptó la decisión del presidente Cárdenas. Sin embargo, México tuvo que resistir que por un tiempo ningún país quisiera comprarle petróleo ni plata. Y las compañías petroleras exigieron que el pago por la expropiación fuera de inmediato.

    La decisión del presidente Cárdenas se vio respaldada por los mexicanos, que cooperaron con entusiasmo para reunir el dinero que hacía falta para pagar la expropiación. Los trabajadores petroleros realizaron auténticas hazañas para no suspender la producción y para sustituir de un día para otro a los técnicos extranjeros, que salieron del país.

    En la actualidad, muchos países consideran que los recursos naturales deben ser explotados bajo el control de la propia nación, para que los beneficios sean primordialmente para sus habitantes.

    En 1938, el Partido Nacional Revolucionario (PRN) se convirtió en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), que se organizó en cuatro sectores: el obrero, el campesino, el popular y el militar. El año siguiente, grupos opositores al presidente Lázaro Cárdenas y al PRM fundaron el Partido de Acción Nacional (PAN). En esa misma década se organizó el Partido Popular Socialista (PPS).

    Ya en la década de los cincuenta se fundó el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). El Partido Comunista (PC), que existía desde 1919, logró que se reconociera su carácter legal.

    En 1940, el candidato del PRM, Manuel Ávila Camacho, triunfó en unas reñidas elecciones sobre el general Juan Adreu Almanzán.

    La segunda Guerra Mundial


    Mientras tanto, la crisis europeas culminó en la segunda Guerra Mundial. En 1939, Alemania invadió Polonia y el año siguiente Francia. En 1941, Italia y Japón se unieron a Alemania (los tres países formaban el Eje).

    Alemania atacó a la Unión Soviética, y los japoneses bombardearon la base estadunidense de Pearl Harbor, con lo cual los Estados Unidos entraron a la segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados (Inglaterra, Francia países, excepto los del Eje).


    En 1942, tras el hundimiento de tres barcos mexicanos por submarinos alemanes, México declaró la guerra a los países del Eje y envió a la lucha el Escuadrón 201, formado por aciones militares. El conflicto terminaría en 1945, con la derrota de Alemanias y el lanzamiento por los Estados Unidos de bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.


    La mayor parte de los años de la segunda Guerra Mundial la vivió México bajo la presidencia de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) Al iniciarse este conflicto, muchos artículos manufacturados comenzaron a escasear en México, porque los países industrializados se hallaban en guerra y toda su producción industrial estaba dirigida a satisfacer las necesidades militares. La demanda de artículos para el consumo de los mexicanos impulsó la industrialización de México.


    Durante la guerra, los Estados Unidos necesitaron más obreros, pues muchos de sus trabajadores se convirtieron en soldados. México proporcionó mano de obra y materias primas a la economía estadounidense. Con esto, el crecimiento económico del país se vio favorecido. Cuando la guerra termino, México había empezado a dejar de ser un país campesino para convertirse en un país urbano e industrial.


    En los años de la guerra hubo una campaña de alfabetización muy intensa. Desde entonces, la escuela primaria pública, gratuita y obligatoria no ha dejado de crecer.


    En 1940 había dos millones de alumnos; hoy en día son catorce. También durante la guerra se creo el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que ha permitido que una gran parte de la población cuenta con mejores servicios médicos. Al mejorar las condiciones de salud, la población ha crecido sin cesar. En 1940 había veinte millones de mexicanos; en la actualidad somos más de ochenta.


    Bajo la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952), México vio crecer su industria rápidamente. Muchas ciudades se expandieron a un ritmo acelerado. Se construyeron carreteras y aeropuertos; se modernizó la agricultura y el turismo comenzó a ser una actividad económica importante.

    En 1946, el PRM se transformó en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que conservó la organización por sectores: obrero, campesino y popular. En esos años, los partidos de oposición continuaron consolidándose.

    La expropiación petrolera

    Jesús Silva Herzog (1892-1985)

    El general Cárdenas todavía estuvo haciendo esfuerzos durante los primeros días de marzo, en plan amistoso, para convencer a las compañías de que acataran la sentencia de la Suprema Corte. Hubo una junta de abogados de las compañías de las compañías con el presidente de la república.


    Algunos de los representantes le preguntó al general Cárdenas: "Y, ¿quién nos garantiza que el aumento será solamente de veintiséis millones?" El general Cárdenas contestó: "Yo lo garantizo". "¿Usted?" "Sí, lo garantiza el presidente de la república." El que preguntó no pudo contener una leve sonrisa. El presidente Cárdenas se puso de pie y les dijo: "Señores, hemos terminado".


    Es absolutamente falso que desde un principio el gobierno hubiera tenido la idea de expropiar a las compañías petroleras.


    El gobierno se daba cuenta de la gravedad de tal paso. Pero, ¿qué iba a hacer el gobierno de México frente a la rebeldía de las empresas? ¿Ante la actitud de desafío a la más alta autoridad judicial de la república? ¿Qué se hubiera hecho en cualquier otro país?


    Se anunció la expropiación el 18 de marzo por medio de todas las estaciones de radio de la república. El país respondió. La expropiación se llevó a cabo un viernes, y rápidamente se fue advirtiendo el apoyo de la opinión pública.


    Las compañías continuaron trabajando en contra del país. Sus agentes en Tampico hicieron correr la voz de que no había dinero para hacer el próximo pago a los trabajadores. Sin embargo, el día de pago a las siete de la noche llegó un avión de México con varios sacos de billetes. El pago se había retardado varias horas. Se improvisaron pagadores. Algunos que jamás se había ocupado de esas tareas, se ofrecieron a ayudar.

    Se pagó al último individuo como a las dos de la mañana, y a pesar de cierto desorden y de tanto pagador improvisado, no faltó un solo centavo. El miércoles 23 de marzo hubo en la ciudad de México una manifestación de respaldo al gobierno por la expropiación de las empresas petroleras, de más de cien mil personas.

    Días más tarde, el 12 de abril, hubo una manifestación de mujeres frente al Palacio de las Bellas Artes. Millares de mujeres de todas las clases sociales fueron a entregar su cooperación para pagar la deuda petrolera.

    Algunas entregaron joyas valiosas, y otras objetos de valor escaso. Hubo una viejecita de la clase humilde que llevó una gallina, la cual seguramente representaba una buena parte de su exiguo patrimonio. Actos ingenuos y conmovedores, pero dan idea de lo que en los momentos difíciles somos capaces de realizar los mexicanos.

    Cambio de vida

    Al terminar la década de los cuarenta, las ciudades eran aún pequeñas; contaban con unos cuantos edificios altos; había muy pocos automóviles y sólo los muy ricos los podían comprar.

    Los demás se transportaban en camiones o en tranvías. Si se trataba de viajes largos, se usaba el ferrocarril y, a partir de 1950, líneas de autobuses.

    Era raro que la gente viajara en avión y sólo lo hacía para asuntos muy importantes. Los aviones no eran tan rápidos como ahora. En la mayor parte de los pueblos faltaban la luz, el teléfono tenía radio. En 1950 se iniciaron las transmisiones de televisión, en la Ciudad de México.

    El crecimiento de la industria empezó a cambiar la vida del país. La gente empezó a mudarse de los pueblos a las ciudades, que crecieron porque en ellas se concentraron las fábricas y los obreros; las carreteras, caminos, camiones y automóviles se multiplicaron. Con todo ello, se transformaron las costumbres.


    En el campo también hubo cambios. Se construyeron grandes presas y canales de riego; se extendió el uso de tractores, trilladoras y otras máquinas agrícolas. En uno y otro lado se edificaron miles de escuelas, hospitales y centros de salud.


    Las campañas para mejorar la alimentación y terminar con las epidemias dieron origen a un gran aumento de población, al disminuir la mortalidad Infantil.

    Crecimiento

    La industrialización produjo grandes cambios en la economía mexicana. También el mundo interdependiente; es decir, cada día fue siendo más importante para cualquier país lo que sucediera en los demás. Con estos cambios, hubo alzas de precios en muchos productos.

    Para reducir el alza de precios y de salarios, el gobierno comenzó a gastar menos y a frenar el aumento de los sueldos a los trabajadores. Con esto los costos se estabilizaron, las finanzas del gobierno mejoraron y la economía comenzó a crecer con muy poca inflación; es decir, sin que se hiciera circular más dinero y los precios estuvieran aumentando continuamente. Por casi veinte años el gobierno de México sostuvo con buenos resultados este plan económico, que se llamó desarrollo estabilizador.

    Vida deportiva

    Después de la Revolución Mexicana, los deportes empezaron a formar parte de la vida diaria de casi todos los mexicanos. En las escuelas se comenzó a dar cada vez más importancia a la educación física y, como en el resto del mundo, los deportes pasaron a ser no sólo una actividad útil para el desarrollo del cuerpo y para fomentar el trabajo en equipo, sino también un espectáculo importante y un medio de acercamiento entre las distintas naciones.


    México ha sido varias veces sede de las fiestas deportivas más importantes del mundo. De los Juegos Centroamericanos en 1926, 1954 y 1990. De los Juegos Panamericanos en 1955 y 1975. Del Campeonato Mundial de Futbol en 1970 y 1986. Y de las Olimpiadas en 1968.

    Los atletas mexicanos han obtenido más de doscientas medallas en los juegos Centroamericanos y Panamericanos, y más de cuarenta en las Olimpiadas.

    Las primeras medallas olímpicas se consiguieron en 1932, en Los Ángeles, en Estados Unidos: una de plata en boxeo, por Francisco Cabañas, y otra también de plata en tiro, por Gustavo Huet. El atleta mexicano que más medallas olímpicas ha ganado es el clavadista Joaquín Capilla, que conquistó cuatro medallas en tres Olimpiadas: 1948,1952 y 1956.

    El desarrollo estabilizador se puso en práctica durante la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), Su sucesor fue Adolfo López Mateos (1958-1964), cuyo gobierno tuvo que hacer frente a dos conflictos laborales graves: el movimiento de los maestros y la huelga de los ferrocarrileros en 1959. López Mateos nacionalizó la industria eléctrica, creó la Comisión Nacional para los Libros de Texto Gratuitos y completó la nacionalización de los ferrocarriles, que había comenzado desde tiempos de Porfirio Díaz.

    Al concluir este periodo presidencial, en 1964, el país llevaba más de treinta años de estabilidad política y crecimiento económico. No había faltado problemas: entre otros, elecciones discutidas, corrupción, inflación, desigualdad en la repartición de la riqueza, falta de escuelas, injusticia, necesidad de mayor apoyo al campo. Pero la estabilidad y el crecimiento de México eran ejemplares en América Latina.

    México se estaba transformando en una sociedad urbana; es decir, cada vez más gente vivía en las ciudades, que crecían con un ritmo vertiginoso. Había trabajo y educación. La esperanza de vida de los mexicanos había aumentado. Seguía habiendo pobreza, pero una parte muy importante de los mexicanos había progresado.

    En nuestro país todavía existen muchos problemas graves, pero sin duda la vida ha mejorado. El México de hoy, el país en que vivimos, es el resultado de las luchas y los esfuerzos de nuestros antepasados. La columna de la Independencia, en la Ciudad de México, está rematada por la efigie de la Victoria ("El Ángel").

    Vista al futuro

    De seguro que tú ya conocías lagunos de los personajes y de los episodios que aparecen en esta Lecciones de historia de México. Ya habías oído hablar de Hidalgo o de Zapata, por ejemplo, o de la batalla del Cinco de Mayo, cuando el general Zaragoza derrotó a las fuerzas francesas que habían invadido el país y atacaban Puebla. De seguro, también, de muchos otros no sabías nada. Pero ahora ya has empezado a conocerlos.


    En México vive gente diversa. Alguna pertenece a los grupos indígenas, y otra llegó de Europa, de África, de Asia. Pero la mayoría de los mexicanos somos mestizos; es decir, somos hijos de gente de orígenes distintos (incluidas las mezclas entre las diferentes etnias indígenas).


    Este mestizaje nos hace diferentes a otros pueblos, nos da un carácter propio, una identidad. Otra de las razones de nuestra identidad es que vivimos en un mismo territorio. Otra más, que tenemos unas mismas leyes, un mismo gobierno, una misma cultura, enriquecida por sus diferencias regionales. Nuestra cultura es nuestra forma de vivir: nuestras ideas, costumbres, creencias, manera de ver la cosas; nuestro gusto por ciertos platillos, juegos y espectáculos; por cierta música; la diversidad de nuestras fiestas.

    Como has visto en estas lecciones de historia de México, el camino para conseguir la unidad de nuestra nación ha sido largo y difícil. Aunque han sido repetidamente combatidos, algunos viejos problemas siguen afectándonos: las desigualdades sociales, la tenencia de la tierra, la deuda externa, la necesidad de participar con provecho en el comercio internacional y de llegar a una democracia completa. Las glorias y las hazañas de nuestros antepasados son parte de tu herencia. También las dificultades que ellos no pudieron resolver. México necesita que todos sus habitantes tengan educación, trabajo, alimentación, vivienda, atención médica, justicia, la oportunidad de participar en su gobierno. A ti te corresponde trabajar para que todo esto pueda lograrse.

    Para conseguirlo, tienes que conocer tu país. Su presente y su pasado. A partir de lo que somos tendrás que construir su futuro.

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