Historia de los Tainos

Historia de Hispanoamérica. Culturas precolombinas. Elementos mayas aztecas. Indígenas. Organización social. Sociedad. Alimentación. Religión. Mitos

  • Enviado por: Tu_osita
  • Idioma: castellano
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Introducción

Lo que ha llegado hasta nosotros, tal vez no tenga la fascinación que producen los elementos culturales mayas o aztecas, pero hablan de un pueblo maravilloso.

Esperamos que esta recopilación de cultura y creencias de los Tainos o indios de La Española, les haga disfrutar del conocimiento acerca de los primitivos habitantes de nuestra isla.

La Historia de los Tainos

La época precolombina o antes que Colon viniera data miles de años antes de Cristo según los arqueólogos. Se han descubierto datos de hasta 10,000 años antes de Cristo. Tribus nómadas de Asia y expertos navegantes, como fueron los vikingos, viajaron al continente Americano donde se fueron asentando hasta formar lo que fue la población Indígena a la llegada de Cristóbal Colon.

EL ORIGEN.

Desde Siberia y a través de Alaska, grupos migratorios poblaron el continente americano hace muchos años. Algunos quedaron en los bosques como tribus aisladas, otros crearon ciudades espléndidas, como México y Cuzco.

Aunque el Asia parece ser la madre común de todos los amerindios, estas migraciones pobladoras las efectuaron gente con una cultura estacionada en un remoto paleolítico. En América, crearon su propia civilización, de grandes contrastes: México y Perú por un lado, con su arquitectura y sus adelantos científicos, y por otro lado el resto de América y principalmente el grosero primitivismo del habitante del bosque profundo.

Los arqueólogos deducen que los habitantes de la Española provienen de América del Sur. Se cree que llegaron de Venezuela atravesando el Orinoco y que estos a su vez, habían llegado de Asia atravesando el estrecho de Beri.

En el año 1492 Cristóbal Colon toca las costas de la isla y descubre en sus habitantes una raza indígena desconocida llamada Tainos, que en lengua arahuaca quiere decir bueno o noble. Los Tainos habitaban esta isla desde el año 800 antes de Cristo.

Los Tainos

Los Tainos o Indígenas no sobrevivieron a la conquista, en las Antillas. Lo que conocemos de ellos es gracias a los, a veces contradictorios, relatos de los cronistas, los cuales llegaron ya iniciado el exterminio de los indios; y de los hallazgos arqueológicos.

A la llegada de los españoles a la isla que Colón llamó La Española, encontró aborígenes descendientes de los caribes, moradores de las Antillas Menores (que realizaban incursiones a las Grandes Antillas) y a los taínos, de origen arahuaco. Estos grupos provenían de las cuencas de los ríos Orinoco en Venezuela y Xingú y Tapajós en las Guayanas, a través de oleadas migratorias a lo largo de más de doce siglos.

Inicialmente emigraron a las Antillas los Siboneyes (de pobre cultura) y posteriormente grupos arahuacos que eliminaron los remanentes de los siboneyes de La Española, Cuba, Jamaica y las Bahamas, a excepción de dos núcleos localizados en el extremo occidental de Cuba y en el extremo occidental del sur de Haití. Por último el grupo de los Caribes, que se dice eran antropófagos. Se consideran dos grupos migratorios arahuacos, siendo durante el segundo período cuando se desarrolló la cultura denominada taína.

No conocían el cobre, el bronce ni el hierro y no valoraban el oro, a pesar de amarillar la arena de sus ríos.

ORGANIZACIÓN SOCIAL.

Se organizaban en unidades tribales que se regían diariamente y dedicados a una vida sedentaria, simple y rica en tradiciones. Religiosas y agricultoras, la expresión de la cultura en nuestra isla erala mas rica del Caribe.

Sin embargo, el descubrimiento y sus métodos de conquista exterminaron esta raza en un periodo aproximado de 50 años, lo cual limito el impacto de dicha cultura indígena sobre la dominicana.

El sistema de colonización tuvo que traer al Continente Americano, personas mas fuertes y resistentes a las duras faenas de trabajo.

Para finales del siglo XV, la isla de Haití estaba dividida en cinco regiones o cacicazgos, gobernados por un cacique.

El cacique ocupaba la cima de la pirámide social, era el jefe.

Parece ser que cada cacicazgo era dividido en regiones o provincias llamadas nitahinatos y en estas gobernaban los nitaínos. Este, disfrutaba de una posición jerárquica privilegiada, subordinada sólo al cacique.

En el orden jerárquico seguía el behique o buitío. Ocupaba una posición también privilegiada y entre sus funciones se señalan: organizar el culto, comunicar las tradiciones tribales y curar a los enfermos. Estaban rodeados de una aureola de misterio y poder sobrenatural que los hacía temibles y respetados. Los métodos curativos eran mágico-animistas, pues concebían las enfermedades como obra de los espíritus, pero además, eran grandes herbolarios: tenían conocidos las propiedades de muchos árboles e plantas e hiervas.

Continuando la estructura social de los taínos, se encuentra la clase trabajadora, los naborias, encargados de la caza, pesca, agricultura, etc. Algunos autores separan la clase trabajadora de los naborias, dándole a estos últimos categoría de sirvientes que provenían de pobladores más antiguos, pero esto no parece ser verdad.

LA SOCIEDAD TAINA.

Uno de los rasgos más notables de la sociedad taína era el alto grado de solidaridad social entre sus miembros; difícilmente había reyertas entre los miembros de los clanes agrupados en pueblos.

El patriarcado indicaba la autoridad principal de la familia, pero la herencia y la sucesión correspondían a una organización matrilineal: la herencia pasaba al hijo mayor, y si este faltaba, al hijo o hija mayores de la hermana del muerto .

El aborigen quisqueyano tenía como norma el respeto a sus mayores, quienes daban sus consejos aún al mismo cacique.

La educación era al mismo tiempo una responsabilidad familiar y social.

Historia de los Tainos

Los caciques podían tener varias mujeres. Los nitaínos también podían tener varias compañeras, pero los naborías rara vez tenían más de una.

El incesto estaba rigurosamente prohibido.

El hombre generalmente andaba desnudo, al igual que la mujer soltera. Las casadas por el contrario utilizaban unos mantos de algodón para cubrir sus partes sexuales.

Varias familias vivían en una casa. Aún las guerras entre las diferentes regiones eran raras: eran por una de estas tres causas: sobre los términos de jurisdicción, sobre las pesquerías, o cuando de las otras islas venían indios caribes flecheros a saltear. El hurto era uno de los delitos más sancionados y el castigo era el empalamiento.

LA ALIMENTACIÓN .

La alimentación del indio taíno se basaba en el agro, parte de cuyos productos cultivaban de manera rústica en pequeñas parcelas llamadas conuco; y de la caza y pesca.

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Utilizaban para preparar el terreno para siembra, la coa, larga vara puntiaguda endurecida al fuego. Entre los productos cultivados estaba el maíz (que no tuvo en Quisqueya la trascendencia que en México), la batata (Ipomeas Batata), la yuca (Manihot Utilissima), yautía (Xantosoma Sagitti folium), cacao -con el cual preparaban una bebida-, coco -cuya agua gustó mucho a los españoles-, lerén (Calathea allowica), auyama, maní, ananá, jobo, entre otros. Posiblemente muchas de estas plantas llegaron con las primeras migraciones. La más importante de esas plantas fue la yuca. De ella sacaban el cazabí, que es el casabe actual y era como pan para los indios y agradó a los españoles.

Los tainos nos dejaron una gran herencia social, podemos citar, por ejemplo: varias plantas domesticadas como la yautía, el tabaco, el ñame, el maní, el mapuey y ni decir la yuca y la elaboración del cazabe, cuyo proceso se mantiene casi intacto hasta nuestros días. Son herencia taina sobreviviente a la conquista.

En la isla no había ganado de ninguna índole, pero los indios ingerían carne de pequeños mamíferos, como algunos roedores cuya carne era muy apreciada: jutía (ejemplar antillano del cual sólo quedan representantes en Santo Domingo), curíes, quemíes y mohíes. Además cazaron iguana y aves como palomas, tórtolas, cotorras, pericos, yaguasas, patos, gallaretas. En los mares pescaban tiburones, manatíes, lisas, xureles, pargos y dorados; en los ríos atrapaban róbalos, dahos o dajas, zages, diahoras, camarones, xaibas, hicoteas. En las costas marinas conseguían langostas.

Efectuaban la pesca en pequeñas embarcaciones hechas de una sola pieza ahuecada, de un tronco de ceiba caoba o guayacán, que cinglaban con remos especiales, embarcación llamada canoa, siendo sus aperos redes entretejidas de cabuya, figa de palo en forma de arpones, cañas con anzuelos de hueso y cordeles de majagua. Practicaron la conservación del pescado la Balason, y por medio del ahumado en barbacoa.

Para la caza utilizaban incendio de sabanas, trampas, señuelos, armas arrojadizas y parece que se auxiliaban de un perro AON que era mudo. Las armas para la caza (y para la guerra) eran flechas, aljabas, hachas de piedra y puñales del mismo material, espadas de madera, macanas y hachas de hueso o de pedernal.

RELIGIÓN Y MITOS.

Adoraban el fuego, el sol y la luna. Tenían un dios supremo, Loquo que vivía en el cielo o Turey. Rendían culto a cemíes de piedra (dios menor), que ellos mismos tallaban. Creían que los muertos van a un lugar llamado Coayban, cuyo señor era Maquetaurie.

De acuerdo con relatos recogidos por el fraile Ramón Pané, los mitos de los indios se relacionan con el origen del Sol y la Luna, salidos de una cueva llamada Jovovava; con la transformación de seres asexuados en mujeres, utilizando el pájaro iriri que agujereaba los árboles; y con la fantástica creación del mar al romperse una calabaza desparramándose el agua que contenía en proporciones tales que con ella cubrió la tierra.

Los mitos y otras creencias eran transmitidos de generación en generación por aquellos ancianos más respetados de las familias, los clanes y las tribus.

VIVIENDA.

La vivienda del indio era el bohío o buhío. Para algunos, la vivienda del cacique era denominada Caney, pero otros autores no consideran diferencia.

El tipo más corriente era de planta circular que poseía techo cónico y estaba sostenido por postes dispuestos alrededor de un poste central, donde se hacía descansar el techo, fabricado al igual que las paredes, de yerbas, yaguas y bejuco (usaban hojas secas de cana o yagua de palma real).

La puerta de la vivienda del cacique, daba al batey o plaza donde se reunía, el consejo de los ancianos (bajo un cobertizo), se practicaba el juego de la pelota y los areytos.

DEPORTES:

Los taínos practicaron una serie de juegos que tenían un doble carácter, ceremonial y diversión como son: carreras, concursos de fuerza, pesca como deporte, etc., siendo los más importantes el simulacro de guerrero (juegos gladiatorios) y el de pelota. Este lo jugaban en una plaza que centraba la aldea, llamada batey. La pelota se fabricaba con fibras vegetales a las que se daba una flexibilidad especial. consistía el juego en mantener en movimiento la pelota a base de los rebotes de esta con ciertas partes del cuerpo (hombro, codo, cabeza, rodilla). Se pierde cuando por cualquier razón la pelota cesa en su movimiento.

CASABE O CAZABÍ.

La industria del casabe o cazabe era quizá la más desarrollada. Para ello usaban la yuca amarga, fuertemente tóxica. La deshidrataban, rallándola en una piedra erizada llamada guayo, colocándola en una manga cónica de hojas de palma tejidas llamada cibucan y utilizando grandes piedras para estirarlo y que se exprima la yuca rallada. El residuo que quedaba era cocido en el burén, quedando una torta, aún hoy apreciada.

El líquido resultante o hien, al fermentar perdía su poder tóxico y resultaba en una especie de vinagre con el que sazonaban sus carnes.

BAILES Y CANTOS (AREYTOS).

El baile y las canciones eran acontecimientos sociales entre los indios antillanos. Acompañaban sus cantares con orquestas monocordes, con tambores que hacían de un madero delgado y hueco forrándolo en uno de sus extremos con un cuero bien estirado; con panderos que formaban con conchas de animales; con harpas que hacían valiéndose de unas varas flexibles que introducían dándole la forma de medio arco, en un güiro o calabazo vacío y que encorvaban con finas sogas de cabuya, y con pífanos o falutas hechos de pedazo de caña brava; con maracas y grandes caracoles, de los cuales sacaban notas monótonas y desapacibles.

Las canciones entonadas, así como las danzas, se llamaban areytos. Desgraciadamente nada ha quedado de esta música ni de sus versos.

Había varias clases de areytos: el areyto simbólico, perteneciente a la liturgia sagrada, el areyto guerrero, con el cual celebraban las victorias bélicas y el areyto social, para honrar a personajes célebres. También los areytos servían para transmitir las creencias de generación en generación y eran cantados siempre de la misma manera para no corromperlos.

Los areytos eran dirigidos por una persona principal que recitaba historias danzando en cierto contrapaso. Esas historias eran repetidas en voz más alta por un coro danzante compuesto por hombres, unas veces, o por mujeres, otras, o por grupos mixtos en muchos casos.

CULTURA:

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Aunque los dibujos rupestres son de una marcada puericia, como sus petroglifos, el taíno trabajó primorosamente la piedra y la cerámica. En la cerámica pusieron arte e inquietud espiritual, y a veces de complicadas formas de decoración.

Tenían excelentes trabajos en piedra y concha, y también trabajaron la madera.

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Existen evidencias de que los taínos también practicaron actividades de cestería y fabricación de vasijas, cucharas y vasos utilizando el fruto del higüero que ellos sembraban con estos propósitos.

LENGUA:

Del lenguaje de los indios, conocemos sólo las palabras que nos quedan: nombres de personas, lugares, y de algunos productos del agro, de la caza y de la pesca, consignadas por los cronistas.

Los indios no tenían lenguaje escrito, se dice que hablaban el lucayo, aunque Pedro Henríquez Ureña toma a Loven y otros para decir que hablaban el taíno.

Conclusión

El ejemplar taíno, según la opinión de los cronistas, incluyendo al Primer Almirante, a Oviedo y al Padre Las Casas, era más bien hermoso. Eran lampiños casi todos, de modo que no eran barbados. En cambio todos se distinguían por una deformación del cráneo, que ellos mismos provocaban desde la niñez con instrumentos destinados a alargar la cabeza.

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