Historia de los cuentos populares

Literatura universal. Libros. Temática. Siglo XXI. Caperucita Roja

  • Enviado por: Laura
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Diferentes tipos de “cuentos”:

Un cuento es un tipo de género narrativo escrito en prosa; es un relato breve que narra hechos ficticios, con intención de entretener, divertir, moralizar, etc.

Un cuento antiguamente, era la pieza de metal que se ponía en el extremo inferior de una lanza, en bastones, etc.

Esta palabra, Cuento, proviene del latín computus que significa contar; pero contar cifras. De ahí pasó a contar anécdotas, y luego a contar pequeñas historias, pequeños relatos, y hasta hoy.

Yo he centrado mi trabajo en los cuentos tradicionales o populares.

La estructura de un cuento es bastante sencilla, un planteamiento, dónde nos sitúa la historia y nos presenta a los personajes; un nudo o desarrollo, donde como bien dice el nombre se desarrolla la historia, y finalmente nudo o desenlace, que como bien su propio nombre indica es donde se finaliza el relato, ahora con final feliz.

El cuento tradicional se remonta a épocas y pueblos primitivos, donde se relataban de forma oral, (sabemos que la gente de a pie no sabía leer ni escribir, y por la falta de medios para la divulgación de éstos). Posteriormente se divulgaron en forma de recopilaciones como las de Perrault (S. XVIII), o como la de los hermanos Grimm (S. XIX). Dio lugar a los cuentos de hadas, cuentos heroicos, cuentos míticos, cuentos de animales…

Los cuentos literarios (cuentos escritos por alguien en concreto) son más recientes. Sus primeros exponentes fueron el Infante Juan Manuel (Conde Lucanor) y Bocaccio (Decamerón).

Del mundo literario se derivan el cuento moderno y el contemporáneo, que adquirieron su apogeo con Poe, Manpassant y Chéjov, especialmente.

Pondremos el ejemplo de cómo se estructura un cuento con: Pulgarcito.

Empieza la historia situándonos en su casa, una casa humilde, con muchos hermanos que tienen problemas hasta para alimentarse; sabemos que el padre quiere deshacerse de sus hijos. (Planteamiento)

En el nudo (o desarrollo), Pulgarcito (que es un niño muy astuto) ha oído la conversación de sus padres, y cuando intentan desprenderse de ellos en el bosque, va tirando piedrecillas por el camino, para no perder el rastro; Pulgarcito sigue las piedras y lleva a sus hermanos a casa. Al día siguiente los padres vuelven ha hacer lo mismo, sin embargo pulgarcito esta vez no tira piedrecillas, si no miguitas de pan; pero en esta ocasión los pájaros se comen las miguitas que indicaban el camino de regreso a casa. Andando por el bosque se encuentran una bonita casa en la cual vivía una preciosa mujer con su mal marido un ogro; éste llega antes de lo previsto y quiere comérselos, pero la esposa les ayuda. El ogro los sigue por todo el bosque hasta que se rinde y duerme bajo un árbol. Pulgarcito le quita sus botas de las 7 leguas, veloces como ningunas otras, y rápidamente va a Palacio a contarle todo lo sucedido al rey.

En el desenlace Pulgarcito es nombrado mensajero real, y castigan al ogro. En todo esto el padre de Pulgarcito estaba buscando a sus hijos por el bosque.

El problema principal (la escasez de dinero en la familia) en los cuentos siempre se soluciona; en este caso con el sueldo de mensajero del pequeño.

Como éste, los cuentos contienen esta misma estructura, con una trama sencilla, para facilitar la asimilación y que el niño la entienda perfectamente y sin problemas.

Los cuentos pueden distinguirse en dos grupos:

Cuentos populares o tradicionales, de autor anónimo, transmitidos oralmente de generación a generación. Suelen ser de tema fantástico.

Estos cuentos no tienen forma fija (tenemos un ejemplo en el Nexo), pues se trata de textos vivos que se transmiten de generación en generación, de boca en boca, haciendo posible los cambios necesarios para que el cuento, la narración, sea siempre de la época y nunca arcaica; que esté al día. Suelen empezar contando el principio de una historia para llegar al final, (no en in media res) casi sin que importen los personajes, sino la historia que se nos relata.

Cuentos literarios o artísticos, escritos por autores conocidos y difundido a través de libros publicados.

En cambio éstos, son cuentos escritos por escritores, (profesores, psicólogos….) con una estructura fijada por la escritura, quiero decir, con unas pautas para este tipo de narraciones.

Una de las características del cuento, es su extensión breve. Condición entre otras que lo diferencia de la novela. A éstas podemos añadir otras como:

Cuento:

1._Sólo ocurre un suceso único, preciso.

2._La historia siempre es planteada desde el principio

3._Simplemente hay un mensaje por transmitir, una sensación.

4._No abundan los personajes ya que no son de gran importancia por qué en un cuento importa el mensaje, y los personajes son meras excusas para explicarlo.

5._Son relatos muy breves (o relativamente breves)

Novela:

1._Ocurren diversos hechos

2._ La historia puede plantearse a mitad de la historia (utilizando recursos para “recordar” al personaje hechos pasados),

3._Nos pueden llegar a transmitir muchas sensaciones y emociones,

4._Pueden llegar ha haber muchísimos personajes y importa mucho la vida y entorno del personaje.

5._Una novela puede ser muy extensa.

En un cuento, según Silvia Adela Kohan, los palabras son muy importantes; ya que cada palabra puede tener un significante diferente para cada persona, y cada palabra puede hacer que el cuento agrade o no. Como ella menciona en su libro “es como la palabra álbum; que explosiona un universo de fotografías y recuerdos, como venganza, que sugiere un conflicto anterior; corte, que implica una ruptura…”

El cuento oral también se caracteriza por tener fórmulas y repeticiones. El narrador utiliza estas fórmulas para, cómo hacían los antiguos griegos al contar historias tenían fórmulas para llamar a los dioses, para no perder el hilo de la historia y que la gente siguiera en vilo, siguiera la historia. El típico y tópico “érase una vez….” es una fórmula introductiva clarísima; son también abundantes las repeticiones de palabras; por ejemplo: para denotar el cansancio del personaje se utiliza “camina, caminaba…” “sopla que soplarás...”

Historia de los cuentos populares

Antaño, los niños y adultos de los pueblos hacían corrillos para oír los cuentos que los cuenta cuentos iban contando por los pueblos, por las ciudades, extendiéndolos. Hace bastante tiempo que esta costumbre está en desuso, se está perdiendo; ahora los escritores no tienen esa finalidad. En el mensaje que transmite el cuento, ahora se concentran más en la letra, en si está bien escrito o no, no en el mensaje que puede llegar a transmitir ese cuento a los chiquillos que lo leyeran.

Antiguamente, al principio de los cuentos, es decir los primeros cuentos, no solían tener final feliz como los tienes ahora; y no era así APRA que los niños pudieran ver las malas consecuencias que conllevaba desobedecer a los padres, que siempre nos han advertido y nos advertirán para que no suframos.

Cómo decía, el final de los cuentos solía ser triste, trágico, para que se viera claramente que, por ejemplo, podíamos ser dañados por algún ser; una bruja, un ogro, un lobo…, si no seguíamos las indicaciones del adulto.

A lo largo de la historia se han ido modificando estos finales, para que no resulten tan “chocantes”, tan drásticos, para un niño que está empezando a entender y sacar sus propias ideas.

Por ejemplo: He leído que el cuento de Blancanieves, ella, al quedarse atragantada por la manzana, (manzana la cual se la entrega una vieja desconocida) el cuento real, el cuento verdadero, dice que la joven se queda así; no viene ningún príncipe azul a rescatarla; como vemos, esto en nuestro tiempo no es así; a Blancanieves la rescata su príncipe azul, el cual se la lleva a su palacio y la hace su esposa. Con este ejemplo vemos claramente que el final ha cambiado bruscamente; pasa de estar muerta (o dormida profundamente), a estar felizmente casada con un príncipe.

Destinatario de los cuentos

Los cuentos estaban o están dirigidos por norma general a los niños; (como comento en el siguiente punto) dirigidos a ellos para instruirlos moral y éticamente; para que con un cuento, puedan sentirse identificados, pueden llegar a comprender una cosa tan sencilla como el bien o mal, la astucia, la desconfianza..., a través de una pequeña historia. Esta literatura tradicional alimentaba la imaginación del niño y estimulaba su fantasía.

Los cuentos populares están por todo el mundo, por lo que hace muchísimo más difícil determinar su origen; pero lo que si sabemos es el motivo por el cual se inventaron: Los cuentos están hechos para formar e informar a la gente; es decir, que con la finalidad del cuento, los niños pudieran ver, por ejemplo, lo engañosas que pueden resultar las apariencias, que lo bueno no siempre es lo más bonito… y por otra parte informar a la gente de lo que ocurría en otras ciudades de la época.

Tomemos por ejemplo a “Hansel y Gretel” o “La casita de chocolate”.

Todos conocemos este cuento. Sabemos (a través de él, que no hemos de fiarnos de nadie extraño, e incluso si nos trata y intente hablarnos agradablemente, y menos entrar en una casa extraña, ya que es posible que no salgamos de allí. Hansel y Gretel, estos 2 hermanos, tuvieron suerte de que la malvada bruja no se los comiera.

Otro ejemplo, la liebre y la tortuga. (Se trata de una fábula, cuento en el que los animales se personifican, es decir, que toman cualidades de las personas: hablan, se visten, sueñan, lloran…).

La tortuga gana a la liebre porque la pequeña y lenta tortuga no deja de esforzarse en toda la carrera; y no se da por vencida, aun a sabiendas de que la liebre es muchísimo más rápida. Pero ella no se rinde, y lucha por lo que quiere. Y finalmente lo consigue. La moraleja o el mensaje de éste: no hay que burlarse de los demás porque tengas diferencias a nosotros, no es bueno alardear de lo que uno tiene, y la más importante; hay que seguir en el camino por mucho que cueste, porque si insistimos conseguiremos nuestra meta.

En “La gallina de los huevos de oros”, la chiquilla al tenerlo todo olvida lo que es pasar hambre y ser pobre. Cuando la gallina pone el huevo “normal”, la niña se asusta, y se da cuenta de lo que ha hecho con los pobres chiquillos. Comparte y les regala juguetes y comida.

Esto enseña a que no debemos ser egoístas con los que tienen menos que nosotros, o no tienen nada. Hay que compartir y no debemos ser avariciosos ni egoístas; eso está mal.

Temática de los cuentos

En los cuentos populares existen muchos temas sobre los que hablar, o muchos temas sobre los que escribir; podemos encontrar cuentos sobre: el ingenio, la astucia y la habilidad, la responsabilidad, la confianza, la desconfianza, la bondad, la maldad, amistad, justicia, tolerancia, etc.

Vamos a analizar el contenido de un cuento para extraer los temas principales y, con ellos, la enseñanza que nos intenta transmitir.

Según Bettelheim, por ejemplo, en el cuento de “Bucles de oro”, (que en principio era el cuento de los 3 ositos) al paso del tiempo se fueron cambiando muchas, muchas cosas.

Se cambio de oso grande, a papá oso; de oso mediano, a mamá osa, de oso pequeño, al bebé oso, y de una intrusa en una casa, a una niñita sin malicia que está sola.

Pues según Bettelheim, esto ya cambia todo el significado de la historia; ya no representa una simple intrusa que invade una casa y se apodera de cosas ajenas, sino que ahora es una clara amenaza para la seguridad emocional de la familia.

Sin embargo, a medida que nos adentramos en la historia, aunque al pequeño osito se le comieran su comida, y lo dejaran sin sillita, vemos que la niña no lo ha hecho con esa intención, quiero decir, que no tenemos personajes malos en este cuento. Nos compadecemos de los ositos por el allanamiento sufrido, pero por otro lado, también nos compadecemos de la pobre bucles de oto, que está sola, y no sabemos de dónde viene y si tiene o no a alguien.

También comenta el transfondo que hay con el número 3. (El número del pecado, el número del sexo)

Tres osos, tres platos, tres sillas, tres camas,… e incluso en algunas versiones de este cuento, la niña llama tres veces a la puerta, en otras hace tres pasos antes de entrar a la casa de los ositos, o realiza 3 acciones consecutivas 1. mira por la ventana 2. Mira por la ranura de la puerta 3.abre la puerta (esto también lo asocia a la curiosidad del niño para saber lo que hacen los adultos detrás de las puertas cerradas).

La asociación que hace al sexo, es el sexo del niño; el niño quiere y necesita encontrar su sexo, su sitio, el más adecuado para él. Por ejemplo, a Bucles de oro siempre le llama la atención primero el plato, o la silla de papá oso; sin embargo no queda convencida de que esa sea la mejor opción para ella, porque la sopa está demasiado caliente, y la silla demasiado dura…No cumple las necesidades de Bucles de oro; pero en cambio con el osito sí, le van a “medida”. Le gusta su sopa, su cama, pero su silla no. Al sentarse la destroza con su peso. Con la madre le pasa pero distinto. Por ejemplo, al tomar la sola, está demasiado fría, no es “apropiada” para ella, ya no tiene la calidez que tenía, ahora es demasiado fría para ella, ya no cumple las necesidades requeridas por la niña, y le sucede lo mismo con la silla. Es demasiado blanda. Según Bettelheim, esto significa que Ricitos de oro ya no quiere esa suavidad, con la que nos suelen envolver las madres, no quiere volver a eso.

El papel de la niña no es ni el de padre ni el de madre ni el de bebé en esta familia, la niña, Bucles de oro busca su sitio.

Cuando están a punto de descubrirla en la cama durmiendo se escapa por la ventana de un salto. Para Bettelheim esto da a entender al niño que ante un problema, huimos. En este punto de la historia. Cuando ya se ha marchado de casa de los osos, para éstos no ha significado nada, la niña se marcha y siguen igual con sus vidas. Pero no sabemos nada de Bucles de oro; no sabemos si se pierde por algún bosque cercano, o si se rompe una pierna al saltar por la ventana.

Bettelheim con este final nos dice que el niño no puede encontrar una madurez emocional, porque no sabemos que pasa con Bucles de oro; Lo único que puede extraer Ricitos de oro con esta experiencia en la casa de los osos, es la regresión a la etapa infantil, y esto no nos soluciona las dificultades del crecimiento.

De todos modos esta es la versión de Bettelheim. Como ya he comentando anteriormente, los finales felices de los cuentos se hicieron para que no fueran tan duros, con los finales tan dramáticos que tenían los cuentos en su principio. Hay otro final de “Ricitos de oro”, en el cual es querida por los ositos, y mamá osa la acompaña a su casa, y le enseña el camino para que no se pierda nunca más, y pueda regresar a jugar con el osito, cuando ésta lo desee.

Según, Cara Cone Bryant, en los cuentos, exactamente en las fábulas, tenemos como personajes principales a seres diferentes a nosotros; ya que son animales, pero sin embargo son muy parecidos. Por ejemplo, como ella comenta: “un conejito muy pequeño, vive bajo tierra en un agujero”. Según ella, esto ya llama la atención del niño, al ser un conejo, un ser diferente a mí; e incluso vive en un agujero bajo tierra, “qué raro sería vivir en un agujero”. Después su madre le dice que no salga de casa, que es muy pequeño, y no abra la puerta a nadie. Otro toque de atención para el niño. “Su madre le dice lo mismo que la mía a mí”. El conejito desobedece y le pasan ciertas aventuras (parecidas a las de los niños). El conejito atemorizado por una serpiente, le pida a su madre marcharse de allí e irse a otro lugar. Su madre lo consuela y lo conduce hasta una nueva casa.

Con este cuento el niño puede llegar a captar el mensaje de que por haber desobedecido, al pobre conejito le han pasado cosas “malas”.

El niño quedará asombrado, pero también lo entenderá. El cuento tiene ese toque de fantasía para que el niño no se aburra, para despertar su interés, y luego esa familiaridad que nos muestra el cuento, para eso mismo, para que no le resulte extraño ni lejano a sus problemas, sino todo lo contrario. Siempre basándonos en las explicaciones de Sara Cone.

Esta teoría de “hacer más familiar el cuento” nos la explica Arthur Rowshan.

Esto se llama búsqueda transiderativa. Significa que el niño ante el cuento (en este caso el cuento, en general el aprendizaje) al recibir una información, (como la del cuento del coneja de Sara Cone, que su madre le avisa para que no salga de casa), pues un niño ante esto, inconscientemente busca en su interior, en su memoria, en sus experiencias vividas, para hacerlo más cercano, menos raro. Comenta que esto, la búsqueda transiderativa, la hacemos todos, adultos incluidos.

Nos lo explica con unos ejemplos bien curiosos, que realmente nos ocurren:

Como que por ejemplo, al contar un chiste a alguien, automáticamente esa persona se acordará de otro. O cuando, por ejemplo, contamos alguna anécdota que nos hubiere ocurrido en algún momento de nuestra vida, nuestro oyente se acordará de alguna situación similar a la nuestra. Esto lo hacemos sin darnos cuento, automáticamente. Por eso, al niño le resultan familiares estas situaciones, le resultan próximas, a través de esta búsqueda. El motivo por el que hacemos esto, realmente lo desconozco, simplemente funcionamos así. Para hacer “el problema” o la situación más cercana a nosotros, que no nos resulte ajena, e intentar sentir lo que podríamos o lo que se puede estar sintiendo el personaje en cuestión, se trata de crear un vínculo, la más estrecho posible, para que el niño esté más cerca “del problema”, para ver con más claridad el mensaje, la moraleja del cuento.

La estructura redundante del cuento proporciona una osamenta familiar al relato y permite que el destinatario se oriente en el interior del cuento con una cierta facilidad. De este modo, contribuye a hacer automática la comprensión, facilitando el progreso de cooperación textual.

Los personajes no actúan por deseo o impulsos suyos, personales, sino que actúan en reacción a un estímulo exterior; y no actúan por deseo, ni porque ellos quieren, sino por unos deberes morales, o por algún consejo, o a través de alguna ayuda.

Un cuento jamás se escribe en primera persona, normalmente y en los cuentos tradicionales siempre hablamos de una tercera persona.

También está ausente la profundidad espacial y temporal, (duermen 100años y al despertarse ni envejecen, ni cambia su mundo...) y eso se relaciona (según Valentina Pisanty) a la falta de perspectiva y de espesor psicológico de los personajes quiero decir que son personajes sencillos, dónde no se someten a cuestiones filosóficas, ni a otras.

Los personajes necesitan un antagonista, para poder transmitir la enseñaza para la cual están hechas; el mecanismo de los cuentos es la oposición entre lo que se debe hacer y lo prohibido (lo bueno y lo malo). También he de comentar que en un cuento cuando un personaje es malo, es malo totalmente. No es como la vida real, que todos tenemos partes buenas y malas, en el cuento, el malo es malísimo, y el bueno, buenísimo; a esto se le llaman prototipos maniqueos, que es con los que nos encontramos en todos los cuentos.

He realizado una clasificación de los personajes, muchos de los cuales se han convertido en estereotipos.

La 1ª clasificación podría ser en humanos y animales.

Los humanos podríamos dividirlos en personajes femeninos y masculinos, y los masculinos buenos y malos.

De entre los buenos, nos centraremos en 3: el príncipe, el héroe y el rey.

Los príncipes suelen ser apuestos, guapos, generosos, ricos, con palacios y sirvientes. Los príncipes de los cuentos son normalmente quienes resuelven los conflictos de la historia, se casan con la protagonista y la hacen feliz, este príncipe suele ser el príncipe azul de todas las princesas que sueñan con el hombre perfecto.

Lo vemos en el caso de “Blancanieves”, la rescata de su sueño profundo y se la lleva a su palacio.

El héroe generalmente coincide con el príncipe; el héroe suele ser bueno, apuesto. A veces incluso puede ser un niño muy avispado, como “Pulgarcito”, en este cuento él es el protagonista y el héroe.

El rey de todos los cuentos siempre es el padre del príncipe o de la princesa. Son personajes estrictos pero finalmente ceden a su buen corazón. Físicamente son ilustrados con grandes capas y coronas, y sobre todo de buen ver, (con algún kilo más). Su papel no suele ser el principal pero siempre ayudan a que el final del cuento sea feliz.

Ahora que tenemos los humanos buenos clasificados, seguiremos con los malvados. Éstos pueden adoptar formar distintas, como ogros, hombres…El personaje malo lo que intenta es hacer daño al personaje principal, también hay malvados pero que lo hacen por circunstancias adversas y se ven obligados a actuar mal, como ejemplo tomamos al padre de “Pulgarcito”.

Los malvados o antagonistas suelen ser personajes avariciosos, hombres fuertes e incluso pueden poseer riquezas. Por ejemplo el ogro de “Las habichuelas mágicas” o en el cuento de “Pulgarcito”.

Seguimos con los personajes femeninos buenos que aparecen en los cuentos.

Las princesas suelen ser jóvenes joviales, delicadas y realmente bellas. Algunas llevan largas melenas. Con muchachas adineradas y sueñan con su príncipe azul. Acostumbran a tener amiguitos como pequeños ratones, ardillas, pájaros…Su papel suele ser de protagonista, y se ve envuelta en un problema. Al final, el príncipe aparece y lo resuelve, como en “Blancanieves”, “la bella Durmiente”…

Encontramos también niñas; éstas niñas son de corta edad, y esto explica su ingenuidad. Son dulces y bonitas, tienen los ojos grandes y claros. También son muy curiosas y su detalle es que siempre desobedecen, (si no desobedecieran, el cuento, seguramente no tendría sentido). Como ejemplo, tenemos a “Caperucita roja” o “Ricitos de oro”.

La madre también suele ser un personaje bueno. En los cuentos describen a una madre preocupada por sus hijos, que es ama de casa, y cuida de toda la familia. Por ejemplo, la madre de “Las habichuelas mágicas”, o la mujer del ogro de “Pulgarcito”, la madre de “Caperucita”.

Seguidamente tenemos a las malas de los cuentos, que generalmente son estas:

Las madrastras. Son mujeres entradas en años, y sólo quieren el bien para sí mismas (y sus hijos, si los tuvieran). Acostumbran a envidiar la belleza de la protagonista y utilizan sus malas artes contra ella. Su papel es hacerle la vida imposible, y pueden intentar incluso aniquilarla.

En el caso de que nuestro cuento tenga hermanastras, serán también envidiosas de la belleza de la protagonista, intentan “boicotearla” por todos los medios; suelen ser bastantes feas, con un cuerpo no agraciado y no muy inteligentes. Su papel es parecido al de su madre, tratan de impedir a la protagonista que sea feliz, amargándola y haciéndola sufrir mucho. En ambos casos (la madrastra y éste) podemos tomar el ejemplo de “Cenicienta”. Ambas le hacen o intentan hacerle la vida imposible.

Y los últimos personajes humanos femeninos son las brujas; estas viejas feas y gordas, con su sombrero picudo, y caracterizadas por una verruga con pelos en la nariz. Su “trabajo”, por decirlo así, es querer o desear algo malo contra el/los protagonistas. Normalmente pretenden cocinarlos para comérselos, o algo similar. El ejemplo perfecto es el de “La casita de chocolate” o también mundialmente conocido como “Hansel y Gretel”.

A continuación he clasificado los animales, también entre buenos y malos.

De entrada los animales buenos son ocasionales. Son buenos, sin maldad, generosos y son personificados. Suelen adaptar su papel al de conciencia (Pepito Grillo) o como personaje principal (Los 3 Cerditos).

De animales malévolos tenemos por excelencia al malvado lobo, que aparece en muchísimos cuentos, donde intenta robar o hacer daño, siempre. Son seres perversos que no traman nunca nada bueno, y pueden embelesarnos con bonitas palabras para llevarnos donde ellos quieran; son listos y audaces son sus mentiras. Lo vemos en “Caperucita”, “Los 3 Cerditos”…

Aparte del lobo, excepcionalmente pueden aparecer otros animales, por ejemplo la liebre, muy envidiosa y orgullosa, pero no desea el mal a nadie. Por ejemplo en la fábula de “La tortuga y la liebre”.

También he clasificado los personajes fantásticos (aunque muchos de ellos ya los he mencionado) no los solemos encontrar en los cuentos tradicionales, aunque cabe esa posibilidad.

Los personajes fantásticos, también divididos en masculinos y femeninos, y entre ellos, malos y buenos.

Los masculinos buenos, serían los duendes y magos. Los encontramos fácilmente en leyendas, o historias. Como la del rey Arturo, que tiene su mago. Los magos ayudan al personaje principal, son su apoyo y su ciencia. Éstos son muy mayores, con barba muy larga (de sabio), con túnicas también muy largas y sombrero picudo, y suelen ir acompañados por alguna mascota, un búho, un pájaro... Son el prototipo de la experiencia y el saber.

Los malos son: Ogros, brujos, trolls, gigantes…Son personajes que suelen atacar al protagonista por intimidación, porque éste entra en su propiedad, o algo similar. Los ogros, trolls y gigantes, suelen ser grandes y fuertes, no muy inteligentes ni espabilados, todo lo contrario, tontos y crédulos. Los magos malos, suelen ser mucho más inteligentes que éstos, son listos y hacen daño con sus estrategias y mañas.

Pasamos a los femeninos fantásticos, también clasificados entre buenos y malos.

Buenas, hemos encontrado a las hadas. Por ejemplo, las hallamos en “la bella durmiente”, “Cenicienta”… El hada es una mujer algo entrada en años, bonachona y muy simpática; siempre intenta animar a la protagonista.

Malas, tenemos a las brujas, ya mencionadas en personajes humanos. (Como ya dije antes, se repiten algunos personajes).

Finalmente tenemos a los animales fantásticos, como dragones o monstruos. Son seres de dimensiones enormes, y algunos incluso escupen fuego por la boca. El dragón lo vemos por ejemplo en “Rapunzel”, donde el príncipe tiene que luchar contra el malvado dragón, porque tiene encerrada a la princesa en la torre.

Esta es la clasificación que he podido realizar a través de todos los cuentos y prototipos de personajes que he encontrado en los cuentos populares o tradicionales que he leído (todos mostrados al principio del trabajo).

Pervivencia de los cuentos populares en el siglo XXI

Hoy en día creemos que los cuentos sólo son para los niños, como llevamos diciendo durante todo el trabajo. Estamos equivocados. El prototipo de los cuentos es muy utilizado en nuestros tiempos. Las películas que se estrenan, las películas de amor siguen el estereotipo de cuento de príncipe y princesa. Siempre ocurre un conflicto que los separa, pero al final de todo, el amor gana, en ese tipo de películas. También tenemos estos estereotipos maniqueos en las telenovelas. Por ejemplo, una que causó bastante furor en nuestro país fue “Pasión de Gavilanes”: tres hermanas enamoradas de tres hermanos. Observamos el mítico y tópico número 3, y los enemigos que cada uno tiene, similar al de los cuentos, y por supuesto acaba con final feliz, igual que los cuentos.

Igualmente lo observamos en clásicos del cine, por ejemplo “Titanic”, donde ella adopta el papel de la princesa y él el de príncipe. También en la mítica “Casablanca” ocurre lo mismo, típico conflicto amoroso, príncipe y princesa. E incluso autores universales como Shakespeare, también pudieron haberse ilustrado en los cuentos y leyendas que habían oído de niños. Los cuentos siempre han existido y han perdurado a la historia.

CONCLUSIÓN

Al Final, trabajo ha conseguido saber por qué los cuentos tienen esos prototipos estereotipados, son todos iguales aún en diferentes cuentos; por ejemplo la princesa del cuento de Rapunzel, una princesa con un problema que lo resuelve el príncipe; Cenicienta, una jovencita que tiene problemas, los cuales los resuelve el príncipe, la Bella Durmiente, ella tiene un problema y el príncipe lo resuelve…

Trabajo, también puede decirnos porqué los cuentos tienen diferentes versiones, a causa de su oralidad, y que no sólo son cuentos, es decir, narraciones simples, sino todo lo contrario; tienen mucho significado, y mensajes para no caer en tentaciones malévolas, o no hacer “cosas malas”, para evitar dañarnos o dañar a las personas que amamos y que nos rodean. Un cuento puede ser creado de mil formas, pero solamente perduran los que realmente son buenos, los que un niño de corta edad puede captar, puede entender ese mensaje que intenta transmitirnos. Por ejemplo, que si desobedecemos, tendremos consecuencias negativas; y si hacemos el bien, estaremos bien con nosotros mismos y podremos llegar a ser felices.

Según trabajo, en un cuento el protagonista siempre consigue su sueño, y todos los problemas quedan resueltos por una causa u otra; esto sólo ocurre en los cuentos, ya que lo que se cuenta es un mundo de ilusión y no de realidad como en el que vivimos; en el mundo real, a veces no hay final feliz.

Con esto, trabajo intenta mostrar a los niños la idea de intentar hacer realidad nuestros sueños, y luchar por ellos.

Y cómo trabajo está harto de escuchar una frase típica y tópica de todos los cuentos que ha tenido que leer…

-Colorín colorado, este trabajo se ha acabado-

BIBLIOGRAFÍA

Bettelheim, Bruno: Psicoanálisis de los cuentos de hadas

Ed.Crítica. 1998, Barcelona

Propp, Vladimir: Morfología del cuento

ED. Fundamentos. Colección Arte. 200 Madrid

Philip, Neil: Libro ilustrado de los cuentos de hadas

ED. Omega, SA. 1998, Toledo

Bryan C, Sara: El arte de contar cuentos

ED. Biblária. Colección Navidad. 1995, Barcelona

Held, Jacqueline: Los niños y la literatura fantástica

ED. Paidos. 1987, Barcelona

Rodari, Gianni: Gramática de la fantasía

ED. Columna, 1995, Barcelona

Pisanty, Valentina: Cómo se lee un cuento popular.

ED. Paidos. 1995, Barcelona

Rowshan, Arthur: Cómo contar cuentos.

ED. Integral. 1997, Barcelona

Cuentos de Perrault

ED. Facsímil. 1996, Madrid

Cuentos de los hermanos Grimm

ED. Facsímil. 1996, Madrid

Fábulas de La Fontaine

ED. Facsímil. 1996, Madrid

365 cuentos para dormir

ED. Everest SA. 1994, León

Tesoro infantil

ED. A Saldaña Ortega. San Sebastián

Fabúlame una fábula

ED. Círculo de lectores. 2000, Barcelona

-Nexos-

CAPERUCITA ROJA

Perrault (1697)

Érase una vez en una aldea una niña, la más bonita que jamás se haya visto; su mamá la amaba con locura, y lo mismo le sucedía a la abuela. La buena mujer le había hecho hacer una Caperucita roja; y le quedaba tan bien que ahora todos la llamaban Caperucita roja.

Su mamá un día hizo unas tortas y cuando estuvieron cocidas le dijo:

-¿Por qué no vas a ver cómo está tu abuelita? Me han dicho que no se sentía bien; llévale una torta y este tarro de mantequilla.

Caperucita roja partió inmediatamente para ir a casa de la abuela, que habitaba en otro pueblecito. Atravesando un bosque, se encontró con ese tipejo del Lobo, que sintió grandes deseos de comérsela; pero no se atrevía ha hacerlo, porque allí en la floresta había algunos leñadores. Le preguntó adónde iba; la pobre niña, que no sabía cuán peligroso es detenerse a escuchar a un lobo, le respondió:

-Voy a ver a mi abuelita, y a llevarle una torta con un tarro de mantequilla que le manda mi mamá.

-¿Vive muy lejos tu abuelita?- preguntó el Lobo.

-OH, sí- respondió Caperucita roja-. Está allá abajo, pasando aquel molino que se ve desde aquí, allá al fondo, en la primera casita del pueblo.

-¡Bien!- dijo el Lobo, iré a verla también yo; tomaré por este camino y tú ve por aquél; ¡veremos quien llega antes!

El Lobo se puso a correr a más no poder por aquel camino, que era más corto, y la niña fue despacio por el camino más largo, divirtiéndose recogiendo avellanas, corriendo detrás de las mariposas y haciendo ramilletes con todas las flores que encontraba por el sendero.

El Lobo no tardó mucho en llegar a la casa de la abuela; llamó a la puerta: ¡toc, toc!

-¿Quién es?

-Soy tu nievecita, Caperucita roja- dijo el Lobo imitando su voz-, que viene a traerte una torta y un tarro de mantequilla, que te manda mamá.

La buena abuelita, que estaba en la cama un poco indispuesta, le gritó:

-¡Tira del picaporte y la puerta se abrirá!

El Lobo tiró del picaporte y la puerta se abrió. Entonces se arrojó sobre la buena mujer y la devoró de un bocado, puesto que había más de tres días que no comía. Luego cerró otra ves la puerta y fue a meterse en la cama de la abuela, esperando la llegada de Caperucita roja, que vino poco después y llamó a la puerta: ¡toc, toc!

-¿Quién es?

Caperucita roja, que oyó el vozarrón del Lobo, al principio tuvo miedo; pero luego, pensando que quizá la abuela estaba resfriada, respondió:

-Soy tu nievecita, Caperucita roja, que viene a traerte una torta y un tarro de mantequilla que te manda mamá.

El Lobo le gritó, suavizando un poco la voz:

-¡Tira del picaporte y la puerta se abrirá!

Caperucita roja tiró del picaporte y la puerta se abrió. El lobo, al verla entrar, le dijo, escondiéndose bajo las mantas:

-Pon la torta y el tarro de mantequilla en la artesa, y ven a la cama conmigo.

Caperucita se desvistió y fue a meterse en la cama, y allí se quedó asombrada al ver como estaba hecha su abuela, cuando estaba desnuda, entonces le dijo:

-¡Abuelita, qué brazos tan largos tienes!

-¡Es para abrazarte mejor, mi niña!

-¡Abuelita, que piernas tan largas tienes!

-¡Es para correr mejor, mi niña!

-¡Abuelita, que orejas tan grandes tienes!

-¡Es para oírte mejor, mi niña!

-¡Abuelita, qué ojazos tan grandes tienes!

-¡Es para verte mejor, mi niña!

-¡Abuelita qué dientes tan largos tienes!

-¡Es para comerte mejor!...

Y, así diciendo, el pérfido lobo se lanzó sobre la pobre Caperucita roja y se la comió.

Moraleja:

Niñas, cuando ustedes sean hermanos jóvenes, desconfíen siempre de los lobos:- en este mundo hay muchos melífluos y elegantes, cuyo lenguaje es cariñoso y seductor, y esos precisamente son de la raza más peligrosa.

Grimm (1812)

Érase una vez una niña tan dulce y graciosa que todos, en cuanto la veían, quedaban prendados de ella; pero más que nadie la quería su abuela; tantos regales le había hecho que no sabía con qué obsequiarla, hasta que se le ocurrió la idea de una caperuza de terciopelo rojo. A la niña le quedaba estupendamente y le gustaba llevarla siempre puesta, por lo que todos la llamaron Caperucita Roja.

Un día su mamá le dijo: “Caperucita, toma este trozo de pastel y esta botella de vino para la abuelita, que está enferma y débil y así se repondrá. Apresúrate, antes de que haga demasiado calor; pórtate bien y no te apartes del camino, no sea que te caigas y se rompa la botella. Y cuando llegues, acuérdate de saludar y no te metas a curiosear por todos los rincones”.

“Te lo prometo, mamá”, dijo Caperucita Roja.

La abuela vivía lejos, en el bosque, a media hora de distancia de la aldea. Caperucita no tardó en encontrarse con el lobo, pero ella ignoraba que se trataba de una fiera malísima y no se asustó lo más mínimo.

“Buenos días, Caperucita Roja”, la saludó el lobo. “¿Adónde vas con tanta prisa tan temprano?”

“A casa de mi abuelita”, respondió la niña.

“Ah, ¿y que llevas en el cesto?”

“Vino y un trozo de pastel que mi madre hizo ayer. Así mi abuela, que está débil y enferma, tendrá algo que comer para reponerse”.

“Vaya, vaya”, dijo el lobo “¿y dónde vive tu abuelita?”

“En la casita de los avellanos, un poco más adelante, debajo de las tres encinas grandes.

Seguro que la habrás visto alguna vez”, respondió Caperucita Roja.

El lobo pensó para sus adentros: “Esta niña chiquita y tierna es un bocado apetecible, más sabroso que la anciana; si eres listo”, se decía, “las atraparás a las dos”. Entonces echó a andar junto a Caperucita y le dijo: “¿Cómo es que no miras a tu alrededor? ¿No ves estas flores tan bonitas? Creo que ni siquiera oyes el canto dulce de los pajaritos, vas tan tiesa y con la cabeza gacha, que parece que vayas a la escuela, y te pierdes todas las bellezas que pueblan el bosque”.

Caperucita Roja levantó la vista y pudo distinguir los rayos del Sol entre los árboles y el prado cubierto de flores y pensó: “Si le llevo a la abuela un ramito de flores recién cortadas, seguro que se alegrará; además, todavía es temprano, tengo suficiente tiempo para llegar”.

Así que se apartó del camino y se metió en el bosque. Cortaba una flor y ya estaba viendo otra más adelante que le parecía aún más bonita y así, poco a poco, se iba adentrando en la espesura.

En cambio el lobo fue sin entretenerse a la casa de la abuela y llamó a la puerta.

“¿Quién es?”

“Caperucita Roja. Te traigo vino y un poco de pastel. Ábreme”.

“Tira tú misma el picaporte”, dijo la abuela, “estoy tan débil que no puedo levantarme”.

Así lo hizo el lobo, la puerta se abrió y él, sin decir palabra, se fue derecho hasta la cama y de un solo bocado se tragó a la anciana. Luego se puso su camisón y su gorrito de dormir y corrió las cortinas.

Caperucita seguía entretenida recogiendo flores y sólo cuando tenía tantas que no podía con ellas, se dio cuenta de que tenía que ir a ver a su abuela y regresó al sendero. Le sorprendió encontrar la puerta abierta, y experimentó una extraña sensación al entrar en la casa: “¿Por qué será, Dios mío, que hoy estoy asustada, si yo siempre me siento tan a gusto con la abuela?”

A pesar de todo saludó en voz alta: “Buenos días”; pero no recibió respuesta. Entonces se acercó a la cama y apartó las cortinas: la abuela estaba acostada con el gorrito sobre la cara y tenía un aspecto raro.

“Abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes!”

“Son para oírte mejor”.

“Abuelita, ¡qué ojos tan grandes tienes!”

“Son para verte mejor”

“Abuelita, ¡qué manos tan grandes tienes!”

“Son para abrazarte mejor”.

“Abuelita, ¡qué boca tan terriblemente grande tienes!”

“¡Es para comerte mejor!”

Y dicho esto, el lobo saltó de la cama y se tragó a la pobre Caperucita Roja.

Saciado su apetito, el lobo volvió a acostarse, se durmió y empezó a roncar sonoramente. En aquellos momentos pasó cerca de la casa el cazador y pensó: “Qué raro respira la anciana, a ver si es que se encuentra mal”. Entonces entró en la casa y vio que en la cama estaba el lobo. “Por fin te encuentro, viejo tunante”, dijo. “Te vengo buscando por todas partes”.

Estaba a punto de descargarle un tiro con su escopeta, pero se le ocurrió que tal vez el lobo se hubiera comido a la abuela y todavía pudiera salvarla. En lugar de disparar, agarró unas tijeras y con ellas cortó la barriga del lobo, que continuaba durmiendo. Apenas dados un par de tijeretazos, vio aparecer la caperuza roja y con dos golpes más, la niña logró salir gritando: “¡OH, qué miedo he pasado! ¡Qué oscura es la barriga del lobo!”.

Después salió también la abuela, todavía vivía aunque respirando con dificultad. Caperucita Roja corrió en busca de unos pedruscos con los que rellenó la panza del lobo; cuando éste despertó, trató de huir, pero con el peso de las piedras se desplomó muerto sobre el suelo.

Los tres se quedaron satisfechos: el cazador desolló al lobo y se guardó la piel; la abuela se comió el pastel y bebió el vino que Caperucita le había llevado y enseguida recuperó las fuerzas; Caperucita Roja, por su parte, iba pensando: “Nunca más desobedeceré a mamá, que me había prohibido salirme del camino y meterme en el bosque.

Versión Oral (Darton, 1984)

Érase una mujer que había hecho el pan, y dijo a su niña: “Ve a llevar una buena hogaza caliente y una botella de leche a tu abuela”.

La niña se puso inmediatamente en marcha. En un cruce encontró al lobo, que le preguntó:

-¿Adónde vas?

-Llevo una buena hogaza de pan caliente y una botella de lecha a mi abuela.

-¿Qué camino tomas?- le preguntó el lobo. -¿El de las agujas o el de los alfileres?

-El de las agujas- respondió la niña.

-¡Bien! Yo tomo el de los alfileres.

La niña se divirtió recogiendo agujas; y el lobo llegó a casa de la abuela, la mató, se puso un poco de su carne en la artesa y una botella de sangre junto al fregadero. La niña llegó y golpeó la puerta.

-Abre la puerta- dijo el lobo- Está cerrada con una brizna de paja mojada.

-Buenos días, abuela, te he traído una buena hogaza caliente y una botella de leche.

-Ponla en la artesa, mi niña. Coge un poco de carne que está allí dentro y una botella de vino que está al lado del fregadero.

Mientras comía, una gatita decía: “¡Puf! ¡Qué puerca! ¡Se come la carne y se bebe la sangre de su abuela!2.

-Desvístete, mi niña,- dijo el lobo- y métete en la cama junto a mí.

-¿Dónde pongo el delantal?

-Échalo al fuego, mi niña, ya no lo necesitarás.

Y para cada prenda, el corsé, el vestido, la falda y las medias, la niña le preguntaba dónde ponerlos, y el lobo le respondía: “échalos al fuego, mi niña, ya no los necesitarás”.

Cuando estuvo en la cama, la niña dijo:

-¡OH, abuela, qué peluda eres!

-Es para calentarme mejor, mi niña.

-¡OH, abuela, qué uñas tan largas tienes!

-Es para rascarme mejor, mi niña.

-¡OH, abuela, qué hombros tan grandes tienes!

-Es para llevar mejor los haces de leña, mi niña.

-¡OH, abuela, qué orejas tan grandes tienes!

-Es para oírte mejor, mi niña.

-¡OH, abuela, qué nariz tan grande tienes!

-Es para oler mejor el tabaco, mi niña.

-¡OH, abuela, qué boca tan grande tienes!

-Es para comerte mejor, mi niña.

Y se la comió.