Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos; Francisco Quevedo

Literatura del Siglo de Oro español. Novela picaresca. Resumen. Personajes. Espacio. Tiempo. Religión. Muerte. Sexualidad. Sabiduría

  • Enviado por: Dacu
  • Idioma: castellano
  • País: El Salvador El Salvador
  • 27 páginas
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Español

Comentario Literario de “Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos”

de Francisco de Quevedo

Año 2005-2006

Introducción

'Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos; Francisco Quevedo'

La obra que se estudiará a todo lo largo de este comentario literario, en las siguientes páginas de análisis, será el afamado “Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos”. Esta magnífica pieza literaria es legado y herencia del renombrado escritor ( tanto de prosa como de verso ) Francisco de Quevedo Villegas (junto). Este autor conoció el mundo en cuna de oro pues pertenecía a una clase privilegiada, la clase noble de la España del siglo XVI. Caballero, batalló defendiendo su madre patria y la corona en repetidos afrontamientos. Fue también cortesano pues formó parte de la corte del rey. Por esto podemos inferir que se trataba de alguien de cierto poder. Además de esto, era hidalgo: es decir, por una parte “hijo de algo” o en otras palabras “hijo” de sus valientes hazañas y méritos y por otra parte “hijo de alguien” es decir nacido de padres nobles. Finalmente se le atribuía el título de Cristiano Viejo, es decir que no era de sangre impura: ni musulmán ni judío.

Por el hecho que, como dicho anteriormente, haya nacido noble pero además se haya ganado su título, se puede inferir que él era considerado como un noble admirable. Criado entre prejuicios sociales y formas de ver su entorno inherentes a nobleza, el autor tiene una concepción específica de la sociedad picaresca, una filosofía de superioridad que raya en lo segregacionista, lo cual es posible se vea reflejado en sus escritos.

Es sumamente interesante e importante remarcar el cuadro espacio-temporal en el que se mueve el autor ya que esto influenciará la obra de manera decisiva. En ese momento, el Tribunal de la Santa Inquisición perseguía a de manera minuciosa a los herejes que se atrevían a violar sus leyes, amenazando el Culto Católico y al Santo Pontífice. Por esta razón, el autor no se quiso hacer cargo ni involucrar en la publicación directa de la obra: la censura era demasiado severa para tomar el riesgo. Se dirige entonces a la ciudad de Zaragoza en el reino de Aragón en el año de 1626 donde la condena no era igual de brutal. No era tan estricta. Se ve pues como el autor, refugiándose en las leyes más abiertas de dicha ciudad, logra publicar su obra y mostrársela al mundo, al punto de que aún ahora en el año 2006, casi quinientos años después, grandes y chicos la estudian y disfrutan como legado de uno de los más grandes escritores de la literatura española.

A partir de la descripción de Quevedo antes desarrollada, su época y situación social y título de la obra se pueden crear ciertas hipótesis de lectura. Cabe remarcar que la palabra “buscón” se refiere a la persona que hurta rateramente por medio de engaños, mucha astucia y gran sentido de adaptación. Por esto y la clara muestra de hostilidad por la utilización del sufijo despectivo “cón”, se puede suponer que el autor presentará una visión despectiva del personaje y por extensión, de la sociedad que este representa, en este caso la sociedad picaresca.

RESUMEN

El tema principal de la historia es el camino hacia el conocimiento, simbolizado por el deseo de superación del Buscón. Esto crea en el lector una reflexión sobre el proceso que tiene que seguir o desea seguir todo ser humano para llegar a conocer su realidad.

Libro Primero.

La historia del “Buscón” comienza en la ciudad de Segovia. Pablos era hijo de una familia muy pobre y con muchos problemas. Por un lado, su padre, llamado Clemente Pablo era barbero, pero en el pueblo todos sabían cual era su verdadero oficio, pues robaba a sus clientes mientras les afeitaba o les cortaba el pelo. Por este mismo motivo ya había estado en la cárcel varias veces. Por otro lado, su madre Aldonza se decía que era bruja y que hacía pactos con el diablo. Además se rumoreaba por el pueblo que Pablos era hijo de un criado.

Visto lo que había en su casa, el Buscón decide entrar en un colegio, donde conoce a Don Diego, el que será su inseparable amigo.

A causa de altercados que tiene con sus compañeros de clase, deja el colegio y decide irse como criado y acompañante de Diego a una casa de estudiantes en Segovia. Allí, conocen al licenciado Dómine Cabra, clérigo, quien maneja la casa y es un gran tacaño que los mantiene en un régimen impuesto, es decir que los tiene en hambrunas. No conformes con la tacañería y comportamiento del licenciado y enfermos y desnutridos, deciden marcharse a casa de Don Alonso Zúñiga, padre de Don Diego.

Una vez repuestos de su enfermedad, Diego y Pablos parten a estudiar a Alcalá de Henares. Allí son víctimas de las típicas crueldades y salvajismos de los estudiantes nuevos. Pero fue Pablos más que Diego, porque Diego sabía ingeniárselas para comprar la amistad de los cabecillas.

Harto de tanta deshonra y vergüenza, el Buscón empieza a cometer travesuras y engaños como el resto de los estudiantes. A partir de ahora es cuando se convierte en un auténtico pícaro.

En cuanto el padre de Don Diego se entera de lo que le estaba sucediendo a su hijo con el Buscón, obliga a Don Diego a volver a su casa.

Al mismo tiempo, Pablos recibe una carta de su tío Alonso Ramplón, en la que le comunica que su padre había sido ahorcado por robo y que su madre estaba en la cárcel de la Santa Inquisición acusada de brujería. El personaje principal decide entonces dejar sus estudios y volver a Segovia para reclamar su herencia.

Libro Segundo.

De regreso a su casa, Pablos encuentra a distintos personajes. Primero se encuentra con un hombre un tanto loco con el que mantiene una conversación.

Después conoce a un fanático de la esgrima que se pasa el día midiendo ángulos y calculando los movimientos de la espada. Prosigue su viaje y topa con un clérigo poeta. Los dos llegan juntos a Madrid y después se separan siguiendo cada uno su camino.

Coincide en el camino con un soldado, y más tarde con un ermitaño. Los tres continúan su viaje hasta llegar a Cercedilla, donde se hospedan en una posada. Allí deciden apostarse su dinero en un juego, pero el Buscón y el soldado lo pierden todo ante el ermitaño.

El Buscón y el soldado siguen juntos hasta Segovia. Por fin, encuentra a su tío Alonso Ramplón, el cual lo acoge en su casa y le invita a comer junto a unos amigos. Tras la comida, todos se quedan dormidos a causa de la gran borrachera. Pablos aprovecha la oportunidad, coge la herencia y se marcha, dejándole una carta a su tío. En ella le comunica su intención de no volver nunca a Segovia.

Después de esto, el Buscón parte hacia Madrid, encontrando en el camino a un hidalgo, que en realidad no era más que un noble arruinado que intentaba ocultar su situación. Este hidalgo enseña a Pablos a engañar a la Corte sobre su identidad, al igual que él lo había hecho.

Libro tercero.

Luego llegan a la Corte y se instalan en la casa donde estaban todos los farsantes que se hacían pasar por nobles. Estos estafadores le dan consejos sobre como ocultar su verdadera realidad de pícaro disfrazando así su condición humilde para que esta no obstruyera sus eventuales planes deshonestos. En ocasiones adopta otros nombres, por ejemplo, Álvaro de Córdoba.

“Don Pablos” simula llevar una vida sin muchas complicaciones, hasta que alguien lo delata y él y el resto de los farsantes acaban todos en la cárcel, de la cual logra escapar tras sobornar a los carceleros.

Recién salido de la cárcel, el Buscón se dirige a una posada haciéndose pasar por Ramiro de Guzmán, que era un noble muy rico. Allí encuentra a una dama muy hermosa con la que pretende casarse. Una noche intenta llegar a ella cruzando un tejado, pero lo descubren, lo toman por ladrón y lo llevan a la cárcel, de la cual consigue escapar por medio de unos amigos que hizo en la posada.

Al salir de la cárcel sigue con su farsa. Parte hacia la Casa de Campo haciéndose pasar por el personaje Felipe Tristán y conoce a unos nobles que le presentan a una dama rica que le puede asegurar su futuro. Con esta finalidad el Buscón intenta conquistar a la dama, pero Don Diego, su señor, es primo de la dama y advierte a todo el mundo de la procedencia del personaje y de sus mentiras y engaños. Indignados, lo golpean fuerte por lo que Pablos se ve en la necesidad de asistir a una posada a curar sus heridas, con tan mala suerte que se ve obligado a abandonarla porque la dueña de la misma fue arrestada.

Adolorido y sin dinero, el Buscón encuentra su única salida pidiendo limosnas.

Con estas limosnas consigue mucho dinero y decide viajar a Toledo, donde conoce a un grupo de actores a los que se une. El personaje principal tiene mucho éxito como actor y escritor de comedias, pero este bienestar no le dura mucho tiempo, ya que el dueño de la compañía es detenido y los actores toman rumbos diferentes. Pablo abandona su recientemente encontrada profesión que más que eso se vuelve una vocación.

Después de esto, Pablos acaba enamorado de una religiosa, pero no es correspondido y decide irse a Sevilla.

En Sevilla encuentra a unos ladrones con los que entabla amistad. Una noche, tras una borrachera, asesinan a los guardias que estaban patrullando y corren a esconderse en una iglesia. Salen de allí disfrazados y logran escapar.

Finalmente, el Buscón decide marcharse a la Américas para intentar cambiar de vida, pero el autor nos da a entender, que pese a sus múltiples esfuerzos no lo consigue.

Los Personajes y la Acción

A lo largo de la obra de Francisco de Quevedo se distinguen varios personajes, de los cuales los principales se analizarán a continuación:

El Buscón

Este es el personaje principal de esta novela. Para comenzar, el sobrenombre de Pablos, es decir “Buscón” connota su origen social de bajos recursos ya que es una palabra negativa, es el decir de todo aquel que hurta rateramente y con engaños. Así, Quevedo caracteriza a su personaje como proveniente de una clase marginal.

Este personaje es entonces un personaje social, por medio del cual Francisco de Quevedo desea caracterizar a toda una sociedad, a una sociedad que al principio era patética puesto que se deseaba superase, como ya se vio en el inicio del libro, y no lo lograba: la sociedad picaresca. Se burla y ridiculiza a los pícaros que querían de cierta forma sublevarse contra el orden social ya establecido, enfatizando que nunca lo lograrán.

El pensamiento de los pícaros sobre la posibilidad que tendrían de llegar a ser nobles es a cada instante desvalorizado por el autor, quien considera que no tienen ese derecho ya que no son dignos de llamarse así.

Asimismo, quiere presentar a través del personaje, y por lo tanto de la sociedad picaresca, las razones por las cuales las personas se ven empujadas a la vida de pícaros. Esto lleva quizás a una cierta simpatía, a una emoción hasta cierto punto patética al ver la desgracia en la que el protagonista está sumido, y que cada uno de sus intentos fallan miserablemente.

Quevedo está tratando aquí de mostrarle al lector el origen de los pícaros y la razón por la que no pueden escapar de ese origen. Muestra el transcurso de cómo su personaje llega a ser pícaro para suscitar una emoción de lástima, de asco o de risa incluso, todo depende del lector y de su punto de vista.

Por otra parte, se puede remarcar que el objetivo del Buscón a todo lo largo del libro es de pertenecer a una clase superior a través de la educación y posteriormente, al ver que no le funciona este método, de la picardía: es su elección de cierta forma el terminar de volverse pícaro. Esta decisión es un obstáculo para su objetivo inicial ya que de esta manera nunca llegará a ser un verdadero letrado, culto y bien parado noble sino uno falso si acaso: su sueño se verá frustrado. Así pues, los personajes que lo ayuden es su picardía son en realidad oponentes puesto que lo llevan más lejos de su objetivo y le dan malos consejos, sacándolo del camino de a verdad aunque parezcan ayudarlo.

Don Diego

Don Diego es un personaje muy importante en esta novela ya que acompaña al personaje principal por dos tercios de la historia. Como se infiere por el nombre de dicho personaje, la nobleza es una de sus características más importantes. Hijo de don Alonso Coronel, es la encarnación de lo que el Buscón quiere ser.

Don Diego varía a través del libro como un personaje que es a la vez ayudante y oponente en los fines del Buscón. Al inicio lo ayuda a alcanzar sus fines ya que lo acerca más a la sociedad elitista a la cual él desea pertenecer. Pero al final lo aleja de esta sociedad ya que lo delata frente a la mujer que él va a tomar para sí, de la cual se va a aprovechar.

Don Dieguito es un personaje social-psicológico ya que representa a la nobleza, clase elitista, la cual mira de menos a los pícaros y está, según la filosofía de Quevedo, muy por encima de estos últimos. Al creerse superiores, el hecho de hacerse amigos de los pícaros demuestra un cierto interés juguetón. Yendo a los extremos se podría incluso acusar a esta clase social de tratar a quienes consideran inferiores como objetos o aun peor mascotas... Esto puede verse claramente reflejado en el texto en el pasaje en donde traiciona a su “amigo”, diciéndole a la enamorada del Buscón quién era este en realidad. Podría haberle dicho a Pablos que se retirara y que se fuera, porque quería mantener su honor, pero no lo hizo. Irrespetó la memoria de su amistad, lo cual hace pensar que esta última no existió nunca en realidad, en una realidad profunda y verdadera. Don Diego, desde pequeño le decía qué hacer, manipulándolo con ofertas de cariño, que el Buscón interpretaba como oportunidad de superación (“prometí a Don Diego y a todos los compañeros de quitar una noche las espadas a la misma ronda.”) la cual nunca alcanza. Podemos remarcar el hecho que Quevedo parte de las acciones de este personaje, Don Diego, para mostrar sus sentimientos de desprecio hacia el Buscón. Por esto podemos deducir que el autor Francisco de Quevedo utiliza una técnica expresionista.

Cabra

Quevedo le aplica al licenciado Dómine Cabra un nombre con el que pretende burlarse, puesto a que dómine tiene como significado una persona que pretende ser muy bueno en el arte de la enseñanza pero realmente no lo es.

Este licenciado es un oponente en los fines del Buscón ya que este último lo desprecia e incluso lo llega a odiar. Se opone a su felicidad y salud y definitivamente a alcanzar su sueño de nobleza ya que la comida es un símbolo de la riqueza noble: en época de pobreza era un privilegio. Así pues, al privarlo de comida, simbólicamente lo priva de superación.

A través de este dueño de una casa de estudiantes cuya característica más destacada es la tacañería, Quevedo desea señalar a los clérigos que van al extremo de la supuesta humildad que en realidad, como nos muestra Quevedo, solo es pura tacañería. Esto es remarcado por el hecho de que los hizo pasar hambre al punto de enfermarlos. Este personaje es por lo tanto un personaje de individuo, el típico avaro que se puede encontrar en todas las sociedades.

El tema de la religión, consistente, pues, con el expresionismo, se ve reflejado en el texto de Quevedo.

Los estudiantes

Estos son los personajes con los cuales el Buscón se relaciona a lo largo de su vida como niño de escuela y en el pupilaje al que asistió con Don Diego.

Se podrían considerar como un personaje de individuo, de los clásicos compañeros de clase, el estereotipo de la presión social ejercida en las mentes jóvenes y vulnerables. Estos personajes influyen fuertemente en las decisiones y acciones del personaje principal desde el principio de esta obra. Como ejemplo se podría citar “oía que me alababan el ingenio con que salía destas travesuras”. Aquí se puede notar lo ya dicho: los estudiantes son una figura sumamente importante que lo empuja hacia su vida de picardía. Además, con sus burlas lo forzaron a convertirse en alguien que ellos aprobaran ya que no lo aceptaban como antes era: presión social. Esto se puede ver en “propuse de hacer nueva vida, y con esto, hechos amigos, vivimos de allí adelante”.

La picardía de Pablos comenzó entonces, en parte, por su deseo de encajar en un mundo que no lo aceptaba. Así pues, los pícaros, según Quevedo, son producto de la picardía de los demás personajes y de la presión social ya que no tienen otra manera de sobrevivir.

Se nota claramente entonces que estos estudiantes son siempre y definitivamente oponentes del Buscón: al principio no permiten su integración a la clase deseada y luego lo desvían de esa clase, incitándolo a hacer travesuras que lo llevan a su picardía.

El expresionismo de Francisco de Quevedo se puede notar acá ya que parte de las acciones de los personajes denominados como “los estudiantes” para llegar a los sentimientos de rechazo del Buscón y provocar en el lector risa, si se trata de nobles, por la manera en que plantea todo, simpatía si se trata de gente sensible, o incluso asco si se trata de un lector que se preocupa por los problemas sociales.

Las ninfas, alcahuetas y los rufianes

Este grupo de personajes es el que abarca a las ninfas, las alcahuetas y los rufianes. Como se puede ver el nombre de cada grupo, ellos son la caracterización de lo bajo de la sociedad. El eufemismo “ninfas” hace pensar en la mitología griega y en damas liberales. Según el contexto y el estilo de Quevedo, se da a entender que estas mujeres son prostitutas. Las alcahuetas son mujeres sin vergüenza, que arreglan amores ilícitos, es decir los “rendez-vous” con las prostitutas. Los rufianes, como su nombre lo dice, son malosos y criminales: trafican mujeres para provecho propio. Son ayudantes en la picardía de Pablos, por lo tanto oponentes de su objetivo.

Estos personajes son sociales, ya que representan a un estrato de la sociedad, la parte pícara de esta. Sus ideologías son de tipo liberal, en otras palabras, desean obtener todo con el mínimo esfuerzo sin importarles hacerle daño a los demás ni sus sentimientos. El objetivo principal es el lucro, generalmente por medios ilícitos. La mentira, el engaño y el hurto son sus instrumentos principales para obtener sus fines.

A través de los temas de sexualidad y de prostitución caracterizados en los personajes pícaros, se vuelve evidente la técnica expresionista utilizada por Quevedo.

Los familiares

En esta obra Quevedo presenta a los familiares del personaje principal de manera bastante negativa, degradándolos a través de sus oficios, sus “pasatiempos”. A través del nombre dado a la madre del Buscón, Francisco de Quevedo desea remarcar sarcásticamente la vulgaridad de esta misma ya que el nombre de “Aldonza” era, en esos tiempos, un nombre de naturaleza despectiva. Esto se añade a la presentación de la madre como una alcahueta, prostituta y bruja.

Igualmente se puede interpretar la misma intención de degradación hacia el personaje del padre del Buscón, llamado Clemente Pablos. Este personaje es presentado por Quevedo como un personaje que se hacía pasar por honrado y honesto al trabajar como barbero, pero tenía en realidad un lado ilícito, es decir que era es rufián y ladrón.

De igual manera, esto se refleja en el personaje del tío del Buscón el cual es presentado al lector como un borracho a parte del hecho de que es el verdugo de la ciudad. Por esto se puede entender que este personaje no siente ningún tipo de remordimiento aún al matar al padre de su sobrino Pablos.

Estos personajes constituyen los principales oponentes del sueño del Buscón ya que, según Quevedo, predeterminan su destino, encarnando el pasado del que desea separarse: si nace pícaro, siempre lo será.

A partir de la manera en que Quevedo presenta el cuadro familiar del personaje principal se puede inferir que este desea representar el estereotipo de una familia picaresca. Por lo tanto, es claro que se trata de personajes de individuo y asimismo, sociales: son, en conjunto el estereotipo de una familia picaresca, según la visión del autor y de los nobles. Esta familia representa a la sociedad pícara y el origen de sus componentes.

Cipriana

Este personaje es de individuo ya que esta mujer es el estereotipo de la época del típico cristiano, o cristiana en este caso, que solamente pretende ser devoto pero que de hecho no rige su vida por los valores morales de la Santa Cristiandad. Estos sujetos, a los cuales representa Cipriana, son “mucho ruido y pocas nueces” en lo que respecta a una vida honorable que sigue las reglas de Dios Padre. La “ama” de Pablos “comulgaba de ocho a ocho días y nunca vi rastro de imaginación de volver nada [lo robado] ni hacer escrúpulo, con sed, como digo, una santa. Traía un rosario en el cuello tan grande que era más barato llevar un haz de leñas a cuestas. Dél colgaban muchos manojos de imágenes, cruces y cuentas de pendones. En todas decía que rezaba cada noche por sus bienhechores. Contaba ciento y tantos santos abogados suyos, y en verdad que había menester todas estas ayudas para desquitarse de lo que pecaba. [...] Rezaba más oraciones que un ciego. Entraba por el Justo Juez y acababa en el Conquibules - que ella decía -, y en la Salve Rehína. Decía las oraciones en latín, adrede, por fingirse inocente, de suerte que nos despedazábamos de risa todos”. En los ejemplos en negrilla se puede ver que esta mujer es una pecadora: “alcahueta” y “conqueridora de voluntades”, fingía su devoción aunque no se niega su creencia en Dios Todopoderoso. Por lo tanto se puede concluir que es un personaje también psicológico: hay una batalla dentro del pensamiento de dicha mujer, entre su lado pícaro y la religión, entre “el lado obscuro de la sociedad”, por apegarse a la visión de Quevedo, y lo que estaba socialmente correcto. Profundizando en el análisis, se podría decir que este conflicto en el ama, personaje cercano al Buscón, representa la batalla moral en la mente de Pablos, entre la picardía y la “sanación divina”, o lo bueno y lo malo.

Esta mujer es un mal ejemplo y cómplice de ciertas fechorías del personaje principal puesto que lo ayuda e incita para hacer sus fechorías: “teníamos engañada la casa”.

Se encuentra aquí la preocupación por los problemas morales, religiosos y eróticos que es característica del expresionismo. El ama es además un símbolo de la batalla dentro del Buscón mismo, es algo así como la imagen trillada del pequeño ángel y el pequeño diablo en el hombro del personaje. Así pues, se ve más aún que Quevedo es expresionista.

El hidalgo

El hidalgo, como su nombre lo dice, es un noble. Pero es necesario notar que, pese a que se le ha dado un nombre noble, “Don Toribio Rodríguez Vallejo Gómez de Ampuero y Jordán”, el Buscón se refiere a este personaje como “un hidalgo” o “mi amigo”y no “Don”, como es el caso de “Don Diego”. Esto puede interpretarse como una resta de valor al título de “Don” ya que se le pone al mismo nivel que Pablos. Asimismo, se puede ver que, recordando el significado antes enunciado de “hidalgo” (hijo de alguien), que el título que porta este hombre es un puro azar de la vida, meramente tuvo la suerte de nacer en la cuna correcta, pero que en realidad es sólo un pícaro más. Aparte de esto, la exageración, es decir la hipérbole utilizada en el nombre del antes mencionado “Don” (la cantidad desmesurada de nombres que se le atribuyen) es una clara intención de burla de parte de Francisco de Quevedo Villegas: una caricariturización ( para que vea que nos acordamos de Ud). Este hidalgo es una ayuda para su picardía y por lo tanto una frustración de su sueño, un oponente para este.

La ideología de este hombre es igual a la de un pícaro. Él introduce a Pablos a la picardía “profesional”, cómo mezclarse mejor en la sociedad, perfecciona su técnica por así decirlo ya que el Buscón tenía de antemano la ideología pícara. Es importante remarcar que uno de los personajes más importantes en el camino pícaro del Buscón es un “noble”. Se puede entonces deducir que Quevedo critica la impureza de cierta rama del estrato social noble: los que ya no tienen dinero, que lo malgastaron, pero tienen un título, el cual deshonran al intentar mantener las apariencias por medio de embustes. Según él corroen lo que está correcto con el mundo y los valores tradicionalistas desde adentro. Profundizando, se puede decir que Quevedo critica a aquellos nobles que en realidad no tienen clase y que por andar de borrachos y vividores se fueron a meter en la situación en la que están. La holgazanería y las apuestas son el veneno que utilizan para hacer quedar mal a la clase entera, es decir los impuros de su círculo social.

Se puede ver que a través de los hidalgos arruinados, y sobre todo de “Don Toribio”, Quevedo rebaja a los nobles con las especificaciones antes dichas al nivel de los pícaros. Según él, sus prácticas son las mismas y por lo tanto son la misma clase de personas y de escoria de la sociedad.

El clérigo

Como se puede ver a través de su apelatorio, este personaje es del orden religioso. Es un personaje social, ya que representa a la sociedad clerical, a los clérigos bajos de la época. Según Quevedo, estos últimos no son elevados mentalmente ni cercanos a Dios, son los que se han metido a un monasterio ya que no tienen nada más en la vida. Esta era una práctica común en la sociedad del entonces: era característico de los paisanos pobres, que constituían la mayor parte de la población, que ya sea donaran a sus hijos a un convento o monasterio, o se unieran a ellos para garantizar un mínimum vital. Esto se puede ver en la indignante cita “he aquí novecientos un sonetos hechos a las piernas de mi dama” ya que el autoproclamado poeta traiciona su voto de castidad, lo cual refuerza la idea es que no es clérigo por devoción sino por conveniencia.

Este personaje es desde un punto de vista irritante (“tuve miedo de tantos versos malos”) y de otro raya en lo estúpido y absurdo: “me sorprendió su suma ignorancia”. Esta cita fue dicha por Pablos, él mismo iletrado ya que abandonó la escuela y su pupilaje, lo cual significa, para Quevedo, que el clérigo era todavía más ignorante que el personaje principal, al cual ya ha ridiculizado anteriormente. Por esta razón, este personaje no es ni ayudante ni oponente, sólo un estorbo pasajero que le sirve a Quevedo para atacar a lo que representa.

Es una persona buena para nada, pobre que para empezar no sabía ni componer, oficio del que se vanagloriaba (el de poeta). “Adoraba cejas, duendes, listones y zapatillas”. Esta cita es una ridiculización de su “arte”. Así Quevedo se burla de los poetas buenos para nada y vagabundos que no llegaban a nada y más que otra cosa irritaban a la población.

La dama

Esta es una categoría de personajes de mujeres que en vez de representar a prostitutas, representan el amor, una mujer idealizada, de clase y modales, toda una diosa inalcanzable para el pícaro de origen modesto, osea pobre.

A través de este personaje Quevedo enfatiza la inferioridad de la clase pícara con relación a la clase noble, ridiculizando de nuevo a este personaje y a sus sentimientos, creando en el lector cierto sentimiento de risa creada por un desprecio, para la época, según la intención del autor. Ahora nos parecería hasta cierto punto patético e insultante, indignante, lo cual recalca la importancia del contexto espacio-temporal del autor; pero lo que es seguro es el expresionismo de este autor, ya que llega a sentimientos en el público a través de lo antes mencionado.

Los comediantes

Son, como su denominativo lo dice, personajes que se dedican al noble arte de la actuación. El Buscón se une a ellos, lo cual lo lleva por un momento corto en un camino de honradez profesional y lo aleja de la maldad. Son ayudantes ya que lo elevan moralmente frente al lector, lo acercan además de su objetivo de superación y respeto, pero para su picardía son oponentes.

Espacio y Tiempo de la historia

En este texto, el autor nos presenta, como ya se dijo antes, el deseo de superación de las clases bajas, las cuales están caracterizadas principalmente en el libro por el grupo social de los denominados pícaros, los cuales a su vez están representados por el personaje del Buscón.

Es extremadamente interesante remarcar el hecho que haya utilizado el contraste entre las dos Castillas, entiéndase la Vieja y la Nueva. Lo viejo es aquello que ya no se quiere, de lo que uno esta hasta cierto punto harto y aburrido, mientras que lo nuevo es algo interesante y refrescante que las personas tienden a desear y buscar. Se puede de esta manera notar el contraste entre una fantasía claramente utópica, de superación alcanzada y vida perfecta como noble (lo nuevo), con la pobreza y la vida picaresca en la que se encontraba sumergido el personaje principal desde sus orígenes (lo viejo).

La ciudad de Segovia, situada en Castilla la Vieja, de donde proviene el Buscón llamado Don Pablos, representa el origen pícaro de este “Don” y por lo tanto todo lo que desea dejar atrás y enterrar: su pasado oscuro. Se puede notar que desde sus inicios, el antes mencionado personaje de Quevedo, pasó por situaciones muy difíciles, las cuales sembraron en él sufrimiento y dolor, que llevó al resentimiento y posteriormente al deseo de superación.

Por esta razón, se puede inferir que buscó a Don Diego con razones puramente egoístas y pragmáticas, ya que desea solamente usarlo como un tiquete de salida hacia una mejor vida. “Quedarse cerca del que sabe”, como dice el dicho. Así pues, lo sigue hasta la ciudad de Alcalá, en Castilla la Nueva. Esta ciudad, con su universidad y las reputadas puertas de Alcalá, representa el conocimiento noble y una puerta más que se abre, el futuro brillante de algo nuevo, al que aspira el protagonista.

Se puede por lo tanto ver que se aleja cada vez más de Castilla la Vieja y su pasado para tratar de acercarse a Castilla la Nueva. Pero Francisco de Quevedo vuelve este deseo un sueño frustrado, al hacer de esta ciudad el lugar en donde Pablos inicia realmente una cierta parte de su vida picaresca. Según el autor, esta parte sería lo que lo termina de convertir en lo que estaba predestinado a ser, es decir se vuelve pícaro por elección y cuenta propia y ya no solamente por su procedencia y su pasado: su naturaleza pícara lo ata, y no puede escapar de ella. Se podría interpretar esto último como un indicio del eventual declive de su vida utópica.

Como su vida no funciona en la ciudad de Alcalá, se puede interpretar su partida hacia la ciudad Madrileña, capital de la autonomía, sede del poder y corazón y esencia de la región, y por lo tanto del sueño y el deseo de poder de su ser, como otro intento por huir de su realidad. En Madrid se quedó poco tiempo, con lo cual Quevedo quiso representar que el personaje no pudo domar el poder de la ciudad majestuosa, porque lo trascendía y de cierta forma lo cegaba. Es como un techo de cristal en una cárcel obscura. Se ve la luz que entra, y se puede en teoría alcanzar la escapatoria, no se ve una barrera pero en realidad existe tal barrera que bloquea la libertad. En el caso del Buscón, esta barrera invisible es un cierto miedo a lo desconocido y a lo que no puede dominar.

Este fracaso lo conduce a Segovia, claro, simbólicamente, ya que la razón del libro es la muerte de su padre. Así pues, regresa a su pasado odiado y a la vida de la que no puede escapar, a un ambiente decadente y miserable.

Claro, Quevedo presenta su regreso como puramente de interés: el personaje va a cobrar su herencia y nada más. Se hospeda en la casa de su tío, un pariente cercano al cual se puede ver rechaza porque representa todo lo que antes fue parte de él y que quiere dejar. Se dice asqueado por el lugar y el oficio de dicho pariente, pero en realidad se puede inferir que es por lo que éste representa en su vida: todo aquello de lo cual ha querido alejarse.

El Buscón se auto protege de todo lo antes mencionado refugiándose en su propia psiquis. A partir de ese momento, reúne entonces su vida picaresca, que lo lleva más tarde tras las bartolinas. Esto subraya la imposibilidad del Buscón de superación aun situándose lejos de su lugar de natalicio.

Más adelante, se hace presencia de un intento fallido de engañar y engatusar, por medio de astucias, a una mujer adinerada para lograr que se case con ella., con el fin de mejorar su posición social. Sin embargo, se puede notar la manera como Don Diego, que vuelve a hacer aparición en el marco de la historia, frustra este sueño, hacerlo pasar por el acto de la confesión.

De esta manera, se puede ver como la ciudad de Segovia y todos los sentimientos del Buscón que vienen con ella, usan a Don Diego como representante para seguir atando a Pablos y no lo dejan.

Se puede ver como Don Diego representa la ciudad de Segovia y su vida anterior que lo ata y no lo deja progresar o superarse.

Mas adelante, convirtiéndose en actor viaja a Sevilla para intentar cumplir su sueño de superación. De esa manera se aleja aún más de su tierra natal y de Castilla la Vieja. Sin embargo se nota de nuevo como sus planes se ven frustrados pues durante una borrachera mata a un individuo y se ve entonces obligado a huir a América a probar suerte. Se puede remarcar la radicalidad de este nuevo intento para distanciarse de sus desventuras al movilizarse al nuevo mundo, es decir las Américas. Se puede inferir que el nuevo continente simboliza lo que antes representaba Castilla la Nueva: nuevas oportunidades, esperanza y posibilidad de superación.

Segovia, lugar de natalicio del Buscón como dijimos antes se encuentra en Castilla la Vieja. Por esto se puede suponer que esta representa las ideas tradicionales. Estas se traducen por ejemplo en la imposibilidad del Buscón de superarse. Se puede notar como después, cuando el personaje avanza en su viaje por las ciudades Alcalá o Segovia este se impregna de ideas nuevas. Se puede decir que se tratan de ideales extranjeros pues en estas ciudades se encuentra una mescolanza de religiones como los moros o los judíos. Por esto podemos notar como el espíritu de Pablos agarra fuerza para continuar en su búsqueda de una vida mejor pues vemos como su sueño se encuentra siempre tan lejos pero al mismo tiempo tan cerca de su alcance.

A continuación, se presentara la imagen dada de las categorías sociales y de las corrientes ideológicas.

Quevedo, perteneciendo al rubro elitista de la sociedad española de la época que estaba formada por los nobles, los clérigos y los pícaros, hace una clara ridiculización del rubro picaresco. En su obra se ven reflejados los mismos tres estratos que forman parte de la sociedad real de la época. Sin embargo se nota que como es obvio dado a la procedencia del autor, esta está vista desde lentes elitistas.

Como se dijo anteriormente, Segovia, al estar situada en Castilla la Vieja es símbolo de las tradiciones que Quevedo apoya fervientemente. Estas son sostenidas por la clase privilegiada. Por esta razón, se puede ver que Pablos, entre más se aleja de su lugar de natalicio, más dificultades enfrenta.

Por una parte, se observa pues como en su camino encuentra a un hidalgo empobrecido quien se hace pasar por hidalgo económicamente acomodado y este le da consejos pícaros. El hecho de que esto se haya producido en Castilla la Nueva subraya la oposición que determina el autor entre las ideas nuevas y extranjeras que el lugar representa. Se ve como denuncia a los “hidalgos” que llevan el título con deshonor pues en su ideología estos amenazan el “equilibrio” del orden social y la dominación de la clase privilegiada sobre sus “inferiores” al ser una vergüenza para los otros nobles pues según Quevedo estos si rinden tributo a su título y lo merecen.

Por otra parte se nota como el Lic. Cabra quién era religioso mata al Buscón de hambre cuando este estuvo bajo su pupilaje. Se puede entender así que la religión representada por Cabra quién era monje trunca al igual el sueño de superación del joven pícaro. Se puede agregar que la iglesia al ser una entidad en principio sumamente tradicional es completamente paradoxal a las nuevas tendencias e ideas picarescas. Como punto adicional es remarcable el hecho de que Cabra en su calidad del religioso debería de mostrarse servicial y atento lo cual no es el caso.

Recorriendo el territorio español de una Castilla a otra, el Buscón se integra cada vez más a una sociedad impregnada de picardía. El buscón tiene en él características picarescas que le resultan innatas. Aparte de esto, se ve como a medida que su viaje avanza, éstas se refuerzan puesto que él esta en una sociedad que tiene estas particularidades arraigadas. Por esto se puede ver que para Quevedo, la picardía sólo crea más picardía. Se refiere a un problema y proceso que se auto alimenta. Es importante remarcar también que para él este tipo de problema nunca se podrá resolver y que los pícaros siempre serán pícaros. Se puede resaltar la cita siguiente: “Y fuéme peor, como vuestra merced verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quién muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres.”

Finalmente, se puede remarcar que Segovia, la ciudad de procedencia del personaje principal, es dominada por cristianos viejos. Sin embargo, se sabe que la madre alcahueta de Pablos no era cristina vieja y que se esforzaba por probar que era de letanía. De esta manera se puede deducir del carácter impuro que era muy común en la ciudad. Como en la ciudad de Segovia, esta situación era bien corriente ya que en la ciudad de Alcalá, adonde la presencia de judíos y moros eran bien importante. Es interesante recalcar el hecho que Alcalá de Henares es una universidad. Por lo tanto, está plagada de jóvenes mentes con ideas frescas y hasta cierto punto revolucionarias. Esto enfatiza el hecho de que sea en Castilla la Nueva donde se encuentren las impurezas incipientes que Quevedo teme. Estas se caracterizan como incipientes pues residen en las mentes jóvenes que son el futuro.

Se puede decir que Quevedo defiende la tradición por cual estas tendencias le son aberrantes, impensables, absurdas... Según el autor español, clases inferiores nunca podrán superarse al estar destinadas y condenadas a una vida miserable y de pobreza.

Modalidades de la narración

Un rasgo común a toda la obra literaria es el narrador, es decir el Buscón, quién se dirige a lo largo de, sobre todo, el libro primero, a “vuestra merced” (y a veces, para abreviar, a V.M.). Es interesante notar que Quevedo lo hace dirigirse a alguien en ese tono, ya que esto denota una cierta superioridad del interlocutor a los ojos del narrador. Es posible que al autor haya en este caso deseado expresar su visión con respecto a los pícaros, su visión peyorativa, producto de su realidad social, como ya se dijo en la introducción. Se puede ir incluso más lejos en el análisis diciendo que Francisco de Quevedo probablemente se esconde en esta expresión, es decir detrás del personaje implícito y no participativo del noble al que el Buscón respeta. Aquí es claro que la deferencia que el narrador tiene para con el autor simboliza el respeto que, en la vida de todos los días, los pícaros que tratan de hacerse pasar por la nobleza deberían de rendirle a los verdaderos nobles.

Sin embargo, resulta imposible pasar por alto la desaparición de la expresión “v.m.” del libro segundo. Esto puede interpretarse de la siguiente manera: en el primer libro, siendo pequeño en edad, es decir joven, Pablos se siente obligado a rendirle respeto a sus “superiores”. Pero en el libro segundo y la primera parte del libro tercero, se puede considerar que el Buscón está en el apogeo de su picardía, por así decirlo: es cuando más se esfuerza por superarse y cuando peor actúa, cuando está más cerca de lograrlo.

Mas al final del libro tercero puede verse que la declinación del Buscón lo vuelve más inseguro de sí mismo. Ya no se cree al mismo nivel que los nobles, sino que se ve donde, según el autor, en realidad está y es por eso que se puede notar el regreso de la expresión “vuestra merced” como interlocutor de Pablos.

Este narrador, el Buscón, es como ya se dijo antes, un narrador a la primera persona, lo cual convierte por ende el relato en un relato de tipo testimonial, que lo convierte en un relato de tipo autobiográfico (“le dije yo”, “díjome”, “iba entre mí”...). En la mayoría de los casos esto significaría una implicación del autor, pero como aquí el caso es un poco diferente, puesto que Quevedo se esconde detrás de alguien más y no del narrador, se crea una impresión muy diferente. En vez de identificarse con el narrador, el lector termina identificándose con la figura más abstracta de “vuestra merced” por la manera en que Quevedo ha plasmado su visión.

Así el autor español logra que los lectores se sientan, igual que él, superiores al Buscón puesto que parece que este, al dirigirse a alguien y contar su historia, se la cuenta al lector de turno del libro. Esto ridiculiza al personaje principal y a su vez a la totalidad de la sociedad picaresca, ya que el primero simboliza a la segunda.

Se podría decir también que la narración es una narración posterior, es decir, hecha después del momento de la historia ya que Pablos usa siempre el pasado para referirse a las acciones (“fuímonos”, “cogí”, “todas estas trazas de hurtar modos extraordinarios conocí, por espacio de un mes, en ellos”) y el presente para dirigirse, cuando lo hace, a “vuestra merced” (“Púseme cual v.m. puede imaginar”, “advierta v.m. la inocente malicia”). La totalidad de la obra es, pues, un gran flashback simple. En otras palabras, la cronología es linear dentro de este último, y por lo tanto no está dotado de flashbacks dentro de su estructura temporal misma.

En lo que al ritmo concierne, se remarca que en la primera etapa de la obra, la historia se desarrolla bajo un ritmo lento. Esto se debe a que se esta describiendo los inicios del Buscón. Esto posee suma importancia pues la razón por la cual el personaje, según el autor, nunca se puede superar en la vida, es precisamente por su procedencia. El hacer énfasis sobre sus comienzos se vuelve entonces primordial, de ahí lo pausado del relato al principio.

Por otra parte, es interesante puntualizar que en la segunda etapa del relato, al ritmo lento que existía en la primera parte se le añade un ritmo acelerado. De hecho se relata las diferentes peripecias experimentadas por Pablos en su momento de apogeo. En efecto, el ritmo lento traduce los momentos de estabilidad en la vida del Buscón; mientras que el ritmo acelerado refleja los conflictos que constantemente lo atormentan.

Finalmente, en la última parte de esta obra, se puede notar, contrariamente a la primera parte del escrito de Quevedo, la presencia de un ritmo rápido, acelerado. De hecho, el buscón ya ha sido víctima de muchas desgracias. Se puede decir por consecuente, que el ritmo acelerado tiene como objetivo subrayar los sentimientos de ansias y frustración al ver que sus sueños no logran cumplirse y realizarse.

Características de Estilo

Quevedo utiliza diferentes registros de lengua en su escrito. Se ve como entre pícaros se habla un registro popular y bajo. En cambio cuando se dirige a algún noble o clérigo hace uso de un registro más elaborado, lo cual podría referirse al deseo de superación del Buscón quién por medio de la lengua intenta acercase un poco más a la nobleza. Esto lleva a inferir que para Quevedo existe una diferencia casi abismal entre clases sociales. Por otra parte el autor se indigna frente al intento de acercamiento del personaje al usar registro oficial con los de la élite.

Por otra parte se nota la presencia de múltiples figuras estilísticas sin embargo las hipérboles y metáforas son las dominantes. Por un lado, se ve como las metáforas tienen un objetivo cómico, al mostrar la ingenuidad del personaje al soñar tan alto, más allá de sus posibilidades. Por otro lado, las hipérboles tienen como objetivo realzar los sentimientos y emociones de dolor en este caso, frente al sufrimiento existente en su vida por todos los obstáculos que le impiden llegar a ser quién él desea.

Los temas dominantes a lo largo de la narración son los de la sexualidad, la religión, la muerte y como tema central el camino al conocimiento.

Por una parte la sexualidad tan desmesurada simboliza la destrucción de los hombres por las pasiones carnales y la degradación de principios morales.

En contraparte, la religión representa un valor fundamental en la vida.

La muerte por su parte, representa las consecuencias de las malas acciones y a la vez, refuerza todos los aspectos negativos que tienen lugar a lo largo de la obra.

Finalmente, el tema dominante de la obra: la vía a la sabiduría, y al conocimiento, por medio de la educación, se presenta como un factor determinante en el camino a una superación con el fin de obtener un renombre en la vida, ya que si se maneja una vida alejada de la instrucción, las posibilidades de una vida privilegiada son limitadas y no se puede llegar muy lejos.

Es interesante remarcar que, a través de los diferentes registros empleados; de las diferentes figuras estilísticas; de los temas predominantes y del fascinante simbolismo, Quevedo intenta transmitir los valores tradicionales que defiende: la religión, la educación, y el orden social principalmente.

De esta manera, se puede definir el estilo de Quevedo como expresionista.