Historia de la sexualidad

Sexología. Michel Foucault. Análisis genealógico. Censura. Círculo hermeneútico. Heidegger. Periferias alegales. Desublimación sobrerrepresiva

  • Enviado por: Garikoitz Gamarra
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas

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HISTORIA DE LA SEXUALIDAD

“LA VOLUNTAD DE SABER”

DE

MICHEL FOUCAULT

INTRODUCCIÓN

Si hay un autor catalogado clásicamente como estructuralista que merezca hoy especial atención es Michel Foucault, pues lejos de una actitud reduccionista e ingenua atribuible a otros coetáneos como Levi Strauss o el círculo de Praga en general (que recuerdan a la estrecha comprensión de la realidad del primer círculo de Viena), Foucault piensa en el estructuralismo no como en una descripción de sistemas ontológicamente existentes, sino como una elaboración de estructuras de comprensión satisfactorias al menos, así del mismo modo que la ley de la gravedad no es sino un constructo útil e irreal, en el mismo nivel se encuentran los conceptos y categorías que se elaboran para la comprensión de cuestiones sociales, históricas, antropológicas..., humanas en general. Esta es sin duda la única postura posible tras las sucesivas e implacables críticas que desde Kant se han venido haciendo a la metafísica que incapaz de alcanzar sus pretensiones de resolver el sentido último del ser (el ser siempre supera a la idea) de una manera definitiva, ha tenido que conformarse con descripciones más o menos justificadoras de la realidad.

De todos modos, esta defensa que hago del pensamiento de Foucault y el de cualquier otro agnóstico del sentido en las postrimerías de la ilustración, no es ni mucho menos para dejar tranquilo a nadie, y es que cada vez creo más con Nietzsche que este es el destino ineludible al que el pensamiento del hombre se ha visto arrastrado por sus propias leyes ( como dice Nietzsche su imperativo de verdad ) anulándose tras alcanzar la cúspide de su intento en la metafísica de la modernidad, así como inevitable resolución del bello proceso de la descomposición, como la Super Nova que ilumina en su Armagedón todo el espacio silencioso, creciendo en los últimos instantes hasta arrastrar con sus coletazos agónicos a los espectadores hipnotizados por tan hermoso crepúsculo, que sólo puede resolverse en la definitiva implosión...y a partir de entonces sólo un pequeño y denso agujero negro flotando a la deriva, un pozo seco que se traga cualquier esperanza de luz en sus entrañas, monumento recordatorio del destino de cualquier arrogante Prometeo. Desde estos presupuestos la labor descriptiva del estructuralismo agnóstico es el preludio del fin (o el fin mismo) del sueño de la modernidad y quizás además (desde Heidegger) el comienzo de una nueva época.

-NOTA BIBLIOGRÁFICA :La edición utilizada para este trabajo corresponde a la traducida por Ulises Guiñazu para la editorial Siglo XXI, en su octava edición :noviembre de 1995.

RESUMEN CRÍTICO

En este primer volumen de su Historia de la sexualidad Foucault hace además de un análisis genealógico del dispositivo de la sexualidad, una exposición profunda y definitiva del que es su concepto por antonomasia, el de “el poder”, nos centraremos en esta cuestión en particular en algún momento pero sobre todo en su aplicación al caso concreto de la sexualidad.

Uno de los intentos primordiales del libro será la superación de la hipótesis “represiva” que trató de explicar la compleja situación del tema de la sexualidad en los últimos siglos, esta hipótesis era defendida por compañeros intelectuales de Foucault, próximos a la revuelta de mayo del sesenta y ocho, habitualmente de inspiración freudo-marxista. Foucault criticará este pensamiento que se hace especialmente paradigmático ( casi caricaturesco) en el caso de Reich, y opondrá a la suya una hipótesis que trata de comprender no sólo el complejo entramado de las relaciones de poder en el dominio de la sexualidad, sino además las teorizaciones que apuntan a la represión como motor del proceso y a sus principales inspiradores ,Freud y Marx, como parte del dispositivo de la sexualidad que Foucault estudia en su evolución desde la época victoriana, momento que se suele pensar siempre como comienzo de una represión tematizada.

“¿Censura respecto al sexo ? Más bien se ha construido un artefacto para producir discursos sobre el sexo, siempre más discursos, susceptibles de funcionar y surtir efecto en su economía misma.”(32). Esta es la tesis fundamental del libro, jamás en la historia se había acumulado tal cantidad de discursos a cerca del sexo, “...discursos diversos pero todos, cada uno a su manera , coactivos”(43), esta inocente “voluntad de saber” que subtitula el libro y que es carácter básico de la actitud ilustrada queda desenmascarada por Foucault como verdadero ejercicio de poder y dominación : cuando el saber penetra un ámbito aun virgen para el análisis y la comprensión (como era el sexo como secreto bien guardado ), genera un nuevo sistema de relaciones que se disparan y se autodefinen al margen del sujeto cognoscente, siguiendo su propio dinamismo que es la lógica (ilógica) del poder. Esta teoría foucaultiana es deudora sin duda del último Heidegger, el que en De camino al habla define el “círculo hermeneútico y señala al lenguaje como verdadero sujeto del discurso, así la famosa frase de “no hablamos el lenguaje sino que él nos habla”, él habla a través nuestro, se inaugura desde aquí una nueva teoría de la comprensión, mucho más explicativa que la romántica, que se basaba en principios cuasi místicos, en la comprensión de la alteridad en sí por intuición reveladora (detrás de esta visión esta la configuración epistemológica de la ilustración sujeto-objeto, como dos polos independientes totalmente...los problemas llegan en la cuestión de las ciencias históricas o humanidades en que tal alienación no es posible), Heidegger por su parte propone explicar la comprensión desde la “apropiación” de una realidad primeramente indefinida por un lenguaje, y es condición de esta comprensión la “distancia” : el lenguaje no puede conocer sus propios prejuicios o presupuestos pues son lo que le permiten comprender que no es en definitiva sino la reducción de lo referido a éstos. Foucault paralelamente explica la “aparición” de la sexualidad por la tematización que el lenguaje de la modernidad (el ge-stell heideggeriano) hace de la realidad del sexo. El discurso sin embargo no lo debemos pensar como el estrictamente escrito o puesto en palabra oral, “el propio mutismo, las cosas que se rehusa decir o se prohiben nombrar, la discreción que se requiere entre determinados locutores, son menos el límite absoluto del discurso que elementos que funcionan junto a las cosas dichas, con ellas y a ellas vinculadas en estrategias de conjunto”(37).

La relación saber-poder es básica en el planteamiento de Foucault, se puede decir que es su descubrimiento fundamental, así, partiendo de la inspiración heideggeriana y nietzscheana (sobre todo), coloca el saber de la modernidad que es estrictamente discursivo, en un ámbito que escapa a la voluntad del sujeto y se guía por las leyes del complejo entramado de poder que lo constituyen : “...la verdad no es libre por naturaleza, ni siervo el error, sino que su producción está toda entera atravesada por relaciones de poder”(76). La confesión es un ejemplo ; su verdad está garantizada por la pertenencia esencial en el discurso entre quien habla y aquello de lo que habla, el sujeto que trata de definir un ámbito que le atañe queda constituido por su propio discurso en una dirección que el no puede elegir ni comprender hasta que los mecanismos de poder que le definieron se disipan y puede definirse desde los nuevos mecanismo de poder que le constituyen en un segundo momento, la distancia es condición de posibilidad de la comprensión de los mecanismos inconscientes ,los presupuestos en los que las estructuras de poder nos definen. De este modo en un atrevido párrafo del libro hace caer la atención del lector sobre el papel fundamental que en la constitución del INDIVIDUO, como presupuesto no problematizado desde el que se debe pensar, así se ha empezado desde las sexualidades más periféricas abarcando cada vez más todo el espectro social : “...esta nueva caza de sexualidades periféricas produce una incorporación de las perversiones y una nueva especificación de los individuos”(56). La estrategia se encarna de este modo en la realidad histórica de la sociedad burguesa de los tres últimos siglos (pongamos la revolución francesa como fecha típica del comienzo de la edad moderna), la sociedad burguesa, ha sido ante todo la sociedad de la perversión, ha sido la primera en tematizar escrupulosamente, tratar comprensivamente y prevenir las consecuencias, descubiertas como fatales por ella misma, de la degeneración de la conducta sexual (adulterio, onanismo, sodomía...). Esta persecución no se hace en un primer momento en el ámbito legítimo de la sexualidad, el de la alianza matrimonial, sino que se comienza por controlar y definir las periferias alegales (la sexualidad infantil, la de los locos...) : “La mecánica del poder que persigue a toda esa disparidad no pretende suprimirla sino dándole una realidad analítica, visible y permanente”(57). A partir de aquí el desarrollo del dispositivo de la sexualidad irá transformándose poco a poco en protagonista social, pero eso lo trataremos más tarde ya que supone el desarrollo de la tesis completa de Foucault.

Antes de empezar a tratar directamente el tema fundamental que será la superación de la hipótesis represiva y la explicación de la evolución de los discursos sobre el sexo en los tres últimos siglos (en los que se incluyen los que defienden la hipótesis represiva), examinaremos en profundidad el término clave de Foucault que es el de PODER, término de herencia nietzscheana (la voluntad de poder), que tematizado de forma más específica y leído en términos estructuralistas resulta deducible de la lógica de las estructuras impersonales que se entrechocan en el espacio de lo social. Dice en una inspirada frase Foucault “se trata de pensar al sexo sin la ley y al poder sin el rey”(111)...”hay que ser nominalista, sin duda : el poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados : es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada”(113). El poder no está en todas partes, no es que lo englobe todo, sino que viene de todas partes. La lógica de las conductas se podría definir, como ya hizo Lyotard como agonística general, así pensando en términos heracliteanos, la guerra como padre de todas las cosas, aunque no debemos ser ingenuos y pensar en términos Hobbesianos, sino desde las nuevas instancias impersonales que deciden los paradigmas epocales, sólo desde aquí tiene sentido la frase que ahora si se puede aceptar de “la política es la guerra continuada desde otros medios”. A pesar de la impersonalidad de las relaciones de poder estas son “a la vez intencionales y no subjetivas”(115),sólo por ello son inteligibles, desde los nuevos términos las categorías de inteligibilidad o voluntad no se tienen por que ceñir a lo personal : no se trata de buscar quién posee el poder y a quien le falta...”sino el esquema de las modificaciones que las relaciones de fuerza, por su propio juego, implican”(120), así, se trata como ya hemos dicho de pensar el poder sin rey. Foucault además define el poder siempre en relación de interioridad y a si mismo las resistencias que se le oponen (donde hay poder hay siempre resistencia, es siempre un juego de agonística) como opuestas desde dentro.

“Si la sexualidad se constituyó como dominio por conocer, tal cosa sucedió a partir de relaciones de poder que la instituyeron como objeto posible” (119), como ya habíamos ido anunciando a lo largo del trabajo las relaciones de poder en su forma discursiva a la vez que definir constituyen nuevos ámbitos atravesados de nuevas leyes “en realidad, se trata más bien de la producción misma de la sexualidad, a la que no hay que concebir como una especie dad de naturaleza que el poder intenta reducir, o como un dominio oscuro que el saber intentaría, poco a poco, descubrir. Es el nombre que se puede dar a un dispositivo Histórico”(129), esto casa perfectamente tanto como la teoría de Nietzsche de la cultura como mito con nacimiento, desarrollo y muerte, como con el ser de Heidegger que acontece epocalmente en un “advenimiento apropiador” y se oculta de nuevo hasta un nuevo destello.

La lógica de este discurso ha hecho pasar de definir el sexo como algo perverso a combatir, por su peligrosidad (fuente de degeneración racial : física e intelectual desde la época victoriana), a definirnos y explicar nuestra conducta desde una lógica de la concupiscencia (Freud) pero de cualquier modo la sexualidad se ha erigido como monopolio de nuestra atención en los tres últimos siglos. La hipótesis represiva es de todo insostenible, si sostenemos la postura de que la tematización y legislación del sexo es parte de una explotación del proletariado por parte de la burguesía empresarial, reprimiendo este instinto vital con el único fin de maximizar del rendimiento, nos es del todo imposible explicar la realidad histórica del proceso, pues desde tales presupuestos nos parece difícil imaginar que la implantación de los nuevos modos de control y terapia se aplicasen en primer momento a una burguesía que era la única clase capaz de costearse tales servicios. En un brillante análisis genealógico Foucault descubre que lejos de las caracterizaciones típicas del marxismo (religión teórica del ámbito universitario de mayo del sesenta y ocho en el que este pensador se formó) no se podría definir la ideología de la burguesía, madre del capitalismo, como espiritualista, así en contra de las explicaciones de orden religioso-moral que se suelen dar al fenómeno de la represión sexual, la clase adinerada se movía en una prevención de las enfermedades y degeneración de la descendencia que eran el fruto de la perversión sexual, el principal motor de la contienda contra el sexo de la sociedad victoriana era un interés fundamentalmente VITAL , la extensión de los mecanismos preventivos a las clases más humildes sólo se hizo necesaria después, frente al peligro de contagios y epidemias. La hipótesis represiva explica que desde un primer capitalismo en que se reprimía la capacidad sexual en aras de una sublimación productiva para la explotación, se pasa a un capitalismo tardío en el que la explotación no exige las condiciones del siglo XIX así se pasa a una “...canalización múltiple en los circuitos controlados de la economía : una desublimación sobrerrepresiva”. El análisis de Foucault, en su contra, explica todo el proceso a partir de una creciente tematización discursiva de un ámbito que es constituido en este, el mecanismo de la modernidad, como sexualidad ; la interacción de este proceso de dominación con sus resistencias (anclajes del pasado en creciente retirada) y la progresiva integración de estos mecanismos de poder en el ámbito social explican el acontecer histórico de los tres últimos siglos, la sexualidad se va convirtiendo en el punto de atención central de todos los discursos en una creciente afirmación del CUERPO humano sobre la cada vez más desacreditada y olvidada alma (que es el ámbito del secreto, de lo verificable y controlable públicamente), el hombre acaba siendo definido a partir de Freud por un entramado inconsciente de deseos reprimidos “La historia del dispositivo de sexualidad, tal como se desarrolló desde la edad clásica, puede valer como genealogía del psicoanálisis”(158), así, lo que desde teóricos como Reich era la ruptura y el preludio de la superación de un orden represivo esclavizador de una humanidad imaginada, se convierte en Foucault en la cúspide, o al menos el último de loa momentos por ahora, de una lógica que integra en su estrategia cualquier ingenuo intento de crítica “...la posibilidad misma de éxito estaba vinculada al hecho de que se desplegaba siempre dentro del dispositivo de sexualidad y no fuera o contra él”(159), un dispositivo que parece conducir a “lograr someternos a esta AUSTERA MONARQUÍA DEL SEXO”

CONCLUSIÓN

Querría empezar por un elogio del análisis de Foucault y por la impresionante capacidad explicativa del dispositivo de la sexualidad tal como lo ha tematizado, dentro de su discurso sobre “el poder” y creo que no debo añadir al respecto de esto nada más pues creo que en el resto del trabajo, especialmente en la introducción, expreso ampliamente mis coincidencias con Foucault, sobre todo con el marco general en que se inscribe, y su valía sobradamente demostrada. En segundo lugar quería añadir una conclusión no sólo a este trabajo, sino también al de Camus, pues de la lectura conjunta de las dos obras he extraído una visión global profundamente enlazada y reconciliable entre los dos autores, pues si resulta extraño iluminar un pensador existencialista y otro estructuralista desde la misma luz comprensiva (dado que a priori sus puntos de partida parecen estar en las antípodas, así la libertad absoluta de que parten los existencialistas más radicales (Sartre, el propio Camus de algún modo) frente a la predeterminación cuasi leibniziana que defienden los estructuralistas más ortodoxos (Althusser, Levi Strauss)), sin embargo creo que puedo entender el pensamiento de Camus y el de Foucault en un mismo horizonte, iluminados, ya priori, por una luz común : el pensamiento de Nietzsche.

Podría resumir mi interpretación conciliadora (que nos es por tratar de acercar posturas, sino por la evidencia de sus doctrinas, y creo que no discreparían ellos mismos en lo fundamental de mis afirmaciones) diciendo que el pensamiento de Camus es el polo vivencial (personal-existencial) de la teoría epistemológico-social de Foucault y viceversa, un mismo trasfondo ontológico recoge ambos puntos de vista, y digo en verdad trasfondo ontológico a pesar de la negativa de Camus a cualquier metafísica comprensiva del sentido del ser, así, como yo lo he bautizado, agnosticismo del sentido, pues la decisión que implica no decidir es ya decisión, toma de postura sino de lo que es sí de lo que se puede y no se puede decir. En Foucault encontramos un desarrollo de esquemas de comprensión, que en un primer momento podemos presuponer con pretensiones ontológicas, pero a poco que recorramos su obra(y especialmente en las palabras y las cosas , nos disuadirá desde su propio discurso de tales sospechas : la creación teórica de Foucault no sólo huye de toda metafísica sino que consecuentemente desprecia cualquier pretensión normativa, sus constructos son meros aparatos comprensivos que no pretenden ir más allá de esta comprensión que es de nuevo caer en la cuenta del fraude que se esconde detrás de todo mito prometeico, de una deconstrucción o genealogía, como prefieren él y Nietzsche llamarlo, de las estructuras que han llevado a la modernidad al lamentable estado en que se encuentra (por sus propias leyes inconscientes). Desde esta conclusión cabe la pregunta ¿donde cabe la libertad absurda de la que habla Camus ?, la respuesta es sencilla pues está implicada en la propia noción de agnosticismo metafísico de la que partimos. La libertad ontológica es un término contradictorio como se demuestra en el análisis genealógico que Camus hace del término (contradicción implicada en toda metafísica por el hecho de serlo), la libertad que me queda es el correlato de la sensación psicológica de libertad en el campo absurdo ahora del sentido, ya el propio Kant desmanteló los conceptos de libertad y determinación cósmica (ontológica) con sus antinomias de la razón , por lo que tiene ahora tan poco sentido hablar de un universo abierto a la voluntad del hombre como de uno cerrado, la libertad debe quedar en el lugar del que nunca debió salir, el campo prepredicativo, intuitivo, vivencial (que no psicológico, que ya es una abstracción) en el que Camus se instala.

Debo confesar que no he leído el tercer volumen de la historia de la sexualidad, pero de labios de expertos en la materia he creído entender un último giro en la obra de Foucault, que e acerca más al punto de vista Camusiano, así es una mirada hacia la ética entendida en el sentido niettzscheano, otra vez, de transformar la propia vida en obra de arte que se va configurando y que sólo queda culminada con el acabador definitivo, así el sentido de la vida infundamentado trascendentalmente y realizado en la práctica, en la costumbre, quizá en la esperanza o quizá en la cobardía ; “parece claramente que lo principal en el cielo y en la tierra es obedecer largo tiempo y en una misma dirección : a la larga resulta de ello algo por lo que vale la pena vivir en esta tierra, como por ejemplo la virtud, el arte, la música, la danza, la razón, el espíritu, algo que transfigura, algo refinado, loco o divino”. (F. Nietzsche).