Historia de la moneda en España contemporánea

Sistema monetario español. Papel moneda. Iconografía. Valores. Peseta. Ecu. Euro

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Introducción: Monedas de España

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Historia de la peseta

6

Su nacimiento

El nombre

La moneda

Las primeras monedas

La iconografía

Los valores

9

El papel moneda

Iconografía

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El ECU

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El Euro

El calendario del Euro

Efectos de la moneda única

El Euro: La moneda

El Euro: El billete

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Síntesis del trabajo

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Definiciones

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Bibliografía

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INTRODUCCIÓN: Monedas de España

La acuñación de moneda en la península Ibérica se remonta al siglo III a. C.

La universal utilización y demanda de monedas de oro y plata se debe a que satisfacían las necesidades de un sistema monetario práctico mejor que cualquier otro artículo. Estos metales preciosos, limitados y con altos costes de extracción, siempre tuvieron una elevada equivalencia en mercancías. Para su mejor conservación comenzaron a hacerse aleaciones con otros metales. Junto a las monedas de oro o plata se desarrollaron las de metal vil, como el cobre, cuya aleación con plata recibirá el nombre de vellón. El vellón era una moneda cuya validez se limitaba, en principio, al territorio en que era acuñado. Entre diversos países se utilizaba exclusivamente la moneda de oro o plata, lo mismo que ocurría, dentro de un mismo reino o territorio, cuando se trataba de cantidades importantes. Las monedas de vellón dominaban en cambio las transacciones pequeñas, que eran las habituales entre la población.

Desde la baja edad media, con los comienzos del capitalismo, comenzaron a utilizarse medios de pago no monetarios, como las letras de cambio, que en las grandes transacciones mercantiles evitaban el transporte continuo de oro o plata y los riesgos relacionados con el mismo.

Durante la alta edad media, y debido a su economía principalmente autárquica, apenas hubo circulación monetaria. La evolución hacia una economía de carácter comercial permitió el desarrollo de los intercambios, lo que exigió una mayor acuñación de metales preciosos.

Durante los siglos VIII y IX la circulación monetaria fue escasa. Los reyes asturleoneses no hicieron acuñaciones propias y en los condados catalanes se adoptó el sistema monetario Carolingio basado en la plata. A partir del siglo XI, el desarrollo económico que se produjo en los reinos cristianos peninsulares, al igual que ocurrió en toda Europa, permitió un incremento de las actividades comerciales y la utilización de la moneda como medio de pago comenzó a ser habitual. Además, la sustitución del Califato de Córdoba en 1031 por los reinos de taifas facilitó a los reinos cristianos un sistema de explotación financiera basado en las parias, tributos que pagaban los musulmanes en moneda de oro (dinares o metcales) y de plata (dirhemes). A partir de este momento todos los príncipes hispanocristianos comenzaron a acuñar moneda propia.

En Castilla y León el sistema monetario utilizado se inspiró en el de Al--Andalus. Alfonso VI fue quizás el primer rey que acuñó moneda propia. Este monarca fundó una ceca o casa de la moneda en Toledo y otra en León, donde se acuñaba moneda regis o denarios regis y moneda de vellón acuñada con la plata procedente de las parias musulmanas mezclada con una cierta cantidad de cobre. Sin embargo, durante este reinado circularon también los dirhemes (moneda musulmana). Aunque la acuñación de moneda era un derecho regio, algunos grandes señores como el obispo de Santiago, Diego Gelmírez, obtuvieron por privilegio del rey en 1107 el derecho de acuñación.

A partir de la cuarta década del siglo XII el papel del oro almorávide fue decisivo. El sistema monetario musulmán, basado en el oro, fue el que se adoptó en Castilla y León, donde el dinar almorávide fue la base del sistema monetario cristiano. Fue Alfonso VIII quien a partir de 1172 acuñó la primera moneda de oro autóctona castellana, el maravedí de oro, que imitaba los dinares almorávides. También durante el siglo XII continuó la acuñación de dineros de vellón.

Durante el siglo XIII, el maravedí de oro dejó de acuñarse y fue Fernando III quien difundió una nueva moneda de oro, la dobla o castellano, basado en el dinar acuñado por los almohades. A partir de este momento la dobla fue la pieza básica del sistema castellano. Esta moneda se acuñó abundantemente durante los siglos XIV y XV con una calidad excelente, llegando a equivaler en 1480 a cuatrocientos ochenta maravedíes. Por su parte, desde el siglo XIII los intercambios menores se realizaron con moneda de vellón o con monedas acuñadas en plata. Con este último metal Alfonso VIII acuñó pepiones y Fernando III los llamados 'dineros burgaleses'. Alfonso X el Sabio, en un intento de mejorar su situación financiera, acuñó en plata el 'maravedí blanco' y en vellón los llamados 'dineros prietos' y 'dineros alfonsíes'. Pedro I intentó convertir la plata en patrón del sistema monetario y acuñó el 'real'. Enrique III emitió la 'blanca', moneda de vellón de la que existieron numerosas variantes.

En definitiva, durante los siglos XIII y XIV no hubo escasez de metales preciosos, aunque ello no impidió una inestabilidad monetaria, sobre todo entre 1252 y 1286 a consecuencia de la conquista andaluza, lo que provoco fuertes devaluaciones monetarias. Desde 1350 hasta los Reyes Católicos, el sistema monetario en la Corona de Castilla se basó en las doblas (oro), reales (plata) y las diversas monedas de vellón.

En el ámbito navarro y catalanoaragonés se adoptó el sistema carolingio basado en el monometalismo de la plata. En 1706, la unión de Navarra y Aragón incrementó la percepción de las parias procedentes de los musulmanes y aumentó la circulación monetaria. Durante los siglos XI y XII la unidad de cuenta fue el 'sueldo', mientras que se usó como moneda efectiva el denario o dinero. El oro se acuñó esporádicamente en Barcelona con los condes Berenguer Ramón I y Ramón Berenguer I, recibiendo el nombre de 'mancus'.

La apertura de los comerciantes catalanes hacia el Mediterráneo necesitaba de una moneda fuerte. Fue Jaime I quien acuñó en plata el 'denario grossos' o 'gros', que equivalía a doce denarios y medio. Pedro III, basado en esta moneda, acuñó un nuevo dinero que se conocía como el 'croat'. El croat fue el símbolo monetario de un período de brillantez económica, pero pronto fue necesario introducir el oro en el sistema monetario catalán y emplear una moneda aceptada en los ámbitos comerciales mediterráneos. Por ello, Pedro IV cambió el patrón plata por el oro y acuñó el 'florín de oro', que imitaba la moneda de Florencia. Las crisis de la segunda mitad del siglo XIV provocaron numerosas devaluaciones de dicha moneda, por lo que la burguesía catalana volvió a recuperar su confianza en el croat, revaluándose la plata. Durante el siglo XV lo más característico de estos núcleos orientales de la península Ibérica fue la fuga de moneda de oro y plata al extranjero, junto con una invasión de moneda francesa, fundamentalmente escudos y blancas.

Con los Reyes Católicos se estableció el modelo de la Corona de Castilla en el sistema monetario peninsular debido a que era la economía mas fuerte en nuestro territorio en ese momento. Cada uno de los reinos no castellanos continuó teniendo sus monedas. Pero en 1497 el patrón básico del sistema se fijó en torno al 'excelente' (de oro y llamado ducado desde 1504), el real (plata) y la blanca (vellón). La unidad de cuenta castellana, el maravedí, establecía la relación entre los diferentes tipos de monedas: El ducado valía 375 maravedíes, el real 34 y la blanca 2'5. A partir de tales equivalencias, se acuñaron monedas diversas de dos, cuatro o más ducados; los reales y sus múltiplos. En 1535 se introdujo una nueva moneda de oro de menos peso y ley que el ducado, con la finalidad de igualar la moneda de oro castellana con la de otros países e intentar evitar su fuga al exterior. Dicha moneda fue el 'escudo' o 'corona' (350 maravedíes), con lo que el ducado dejó de acuñarse.

La acuñación de oro o plata era libre. La Corona fijaba el peso, ley y valor de las monedas, y cualquier particular podía acudir a las diversas cecas existentes en Castilla y acuñar su oro o plata, de la misma forma que podía hacer fundir sus monedas y utilizar dichos metales preciosos para cualquier otro fin. A medida que avanza el siglo XVI, la plata fue imponiéndose como moneda de metal precioso mas utilizada, mientras que el oro redujo su circulación. En Castilla, desde mediados del siglo XVI, la situación monetaria se caracterizó por una inflación importante, lo que incentivó la exportación de metales preciosos. La Corona realizó múltiples esfuerzos para impedir la salida de metales preciosos del reino. No obstante, dichos intentos fueron inútiles, y la plata americana se dispersó rápidamente por toda Europa.

Entre las causas de este proceso destacaban las siguientes. La abundancia de metal en Castilla incidía en que el valor de la plata, expresado en bienes, fuese muy inferior al resto de Europa. Esto provocaba que aquí los precios eran muy superiores, lo que favorecía las importaciones y dificultaba las exportaciones de productos, y así el metal salía para hacer frente a los pagos del déficit. Al mismo tiempo, la propia infravaloración del metal en España respecto de cómo sucedía en las plazas extranjeras, favorecía su salida hacia otros países (pues las cecas aplicaban tarifas muy bajas y el contenido de metal fino en las monedas castellanas era superior al de las extranjeras). A todo ello se añadían las licencias de exportación que la Corona concedió a los prestamistas extranjeros, de quienes dependía financieramente, y la enorme salida de remesas monetarias para financiar la política internacional y los continuos enfrentamientos bélicos. En ese contexto, las bancarrotas fueron una cosa habitual.

En el siglo XVII se agravó la situación. Al conocido como 'siglo de la plata' siguió una reducción de la cantidad de este material y la consiguiente carestía de la misma, además de utilizarse, sobre todo, para saldar el déficit de la balanza de pagos. Las necesidades de obtener dinero rápido llevaron a la Corona a abusar de las acuñaciones de vellón, con las que obtenía un beneficio inmediato, gracias a la reducción de su peso y a la eliminación de la plata que existía en el vellón anterior. Debido a este hecho a esta época se le denomina 'la era del cobre'. Lógicamente, el 'premio' de la plata aumentó, pero este metal precioso seguía huyendo, puesto que la paridad oro-plata castellana seguía siendo más alta que la francesa o inglesa. Esta situación de penuria y desorden monetario, que duró hasta la década de 1680, provenía de la crisis crónica de la Hacienda durante el gobierno de los Austrias.

Durante el siglo XVIII no hubo novedades importantes en el sistema, aunque aparecieron nuevas monedas. Los Borbones trataron de estabilizar el sistema monetario español, pero la tendencia inflacionista de la segunda mitad del siglo provocó las devaluaciones carolinas y la rebaja del contenido de metal fino y de la ley de las nuevas monedas. Sin embargo, tuvo una mayor trascendencia la abundante emisión de papel moneda, en forma de títulos de deuda pública (los vales reales) y la creación del Banco de San Carlos en 1782.

En el siglo XIX aparece por primera vez un sistema monetario español. El comienzo del siglo se caracteriza por el mantenimiento de las unidades monetarias anteriores, a las que se unía la circulación de monedas inglesas o francesas. En 1848, se implantó el sistema decimal; las unidades serían el doblón o centén isabelino de oro (igual a 100 reales o 10 escudos de plata); el medio duro de plata (10 reales o un escudo), el duro (20 reales), la peseta (4 reales), la media peseta, el real y una serie de monedas menores de cobre. El decreto de 1854 hizo que se extinguiera la unidad de cuenta tradicional, el maravedí, y que se estableciera como unidad efectiva el real, dividido en 100 partes o céntimos.

Finalmente, en 1868 con el Decreto Figuerola se fijó como unidad la peseta de plata de 100 céntimos, sobre la que habría varias monedas múltiplos, en oro y plata, y otra serie de ellas fraccionarias, las menores de las cuales eran de bronce, de 10, 5, 2 y 1 céntimo. En 1874 se concedió el monopolio de emisión al Banco de España.

A partir de esta fecha se consolida el sistema monetario base que posemos en la actualidad, el cual se verá afectado por las fluctuaciones del sistema monetario internacional. En el siglo XX han ido desapareciendo las monedas hechas con metal precioso para utilizarse metales de escaso valor, como el níquel, el cobre o el aluminio. Dicha evolución, unida al desarrollo del papel moneda para los valores mas altos, se basa en la existencia a escala internacional de un patrón oro, cuyos depósitos en el banco emisor de cada país respaldan la moneda que esta en circulación.

Historia de la peseta

La moneda es un fiel reflejo de la Historia. Dentro de sus pequeñas dimensiones se encierran todas las características del momento en que se acuñó y es siempre una inagotable fuente de información. Las ideas estéticas, políticas, religiosas y la situación económica de los pueblos quedaron plasmadas en las monedas y en los billetes. Por tanto, los 134 años en los que la peseta ha estado como moneda en la economía de España han visto pasar acontecimientos trascendentales en la conformación de lo que hoy es la vida de los españoles. En definitiva, la historia de la peseta es, en buena parte, la historia de los hombres y mujeres españoles que entraban en el mundo moderno.

El 19de octubre de1868, por Decreto del Gobierno Provisional formado tras el derrocamiento de Isabel II, nace la peseta como unidad monetaria. Siguiendo los dictados de la Unión Monetaria Latina, a la que finalmente no se adhirió España, se imponía ya de forma definitiva el sistema métrico decimal como base para la actividad económica.

Hasta 1868 en España había varias casas de moneda o cecas (las de Sevilla, Segovia, Barcelona, Madrid, etc.) que daban servicio a todo el territorio nacional. En 1869 el Gobierno Provisional decide cerrar las casas de moneda y centralizar toda la producción en la de Madrid. Aquí es donde después y en la actualidad es la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre-Real Casa de la Moneda (FNMT-RCM). Así pues, la FNMT-RCM ha estado vinculada desde su inicio a la peseta como sistema monetario.

Las primeras piezas se acuñaron en 1869. Desde ese momento hasta nuestros días las monedas han tenido diferentes valores, tamaños, metales o aleaciones de metales y distintos motivos en sus anversos y reversos.

Los billetes en pesetas tardaron unos años más en imprimirse, tarea de la que se ocuparon inicialmente los talleres del Banco de España y distintas empresas extranjeras. El primer papel moneda con el valor facial expresado en pesetas se emitió el 1 de julio de 1874. Ese mismo día el Banco de España recibe el derecho en exclusividad a emitir billetes, hasta entonces compartido con otros bancos provinciales.

La primera emisión que imprimió la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre fue la de 21 de octubre de 1940. El gobierno con el Decreto del 21 de junio de 1941 pretendía dotar a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de los medios necesarios para realizar esta tarea y de esta forma, evitar la dependencia de empresas extranjeras.

Tradicionalmente, los billetes han tenido una iconografía muy variada, y han recogido motivos referentes a personalidades destacadas, a actividades económicas o a ideales y valores. Al igual que la moneda, los billetes han cambiado a lo largo de estos años en tamaño y valor.

Su nacimiento

EL 19 de octubre de 1868 nace la peseta en el contexto de la Unión Monetaria Latina, con la intención, por parte del Gobierno Provisional recién formado, de adaptar nuestra moneda a la de los países integrantes. El Decreto por el que se aprueba el establecimiento de la peseta como unidad del sistema monetario español dejaba atrás una serie de incertidumbres en la ordenación monetaria isabelina, que tuvo importantes éxitos como la adaptación de la moneda al sistema métrico decimal que por entonces se trataba de imponer en España. El asentamiento de las bases de la que iba a ser nuestra moneda y el intento de asimilación a la del resto de Europa, provocó la coexistencia de cuatro sistemas monetarios y la propia necesidad de la reforma. Otras medidas complementarias, como la renovación de la maquinaria para la acuñación, la sustitución del cobre por el bronce en los valores inferiores..., permitieron también la consolidación de nuestra peseta de una forma más estable que la situación política del momento.

El nombre

El origen de la palabra peseta es objeto de polémica. Según los diccionarios de la Real Real Academia Española proviene del vocablo “peso”.

Existe otra teoría que indica que a la palabra peceta (piececita), diminutivo de peça (pieza), existía en lengua catalana desde tiempos muy remotos. En el siglo XV se aplicó a monedas de plata y en la Edad Media se utilizó para designar el real de dos. A principios del siglo XVIII, la palabra peceta se introduce a la lengua castellana como peseta.

Otros investigadores le atribuyen su origen a las palabras piecette, en francés o pezzeta, en italiano.

La primera mención de la peseta se remonta a una pragmática de fecha 13 de julio de 1718  y el Diccionario de Autoridades de 1737 define la peseta como "la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada en figura redonda. 

El proceso por el que pasó de una lengua a otra hay que buscarlo en la guerra de sucesión a la Corona española (1705-1714) entre el pretendiente francés, Felipe de Borbón, y el archiduque Carlos de Austria. Este último tenía sus operaciones militares en Cataluña, por lo que acuñó en Barcelona grandes cantidades de reales de a dos. Posteriormente, estas monedas de plata inundaron el mercado castellano, y con ello se comenzó a popularizar la palabra peseta escrita tal como sonaba la pronunciación catalana de aquel término.

    El vocablo castellano peseta regresó al ámbito catalán y se hizo una transposición fonética de la que resultó pesseta, voz que aún persiste. 

La moneda

Las primeras monedas

EL decreto de creación del nuevo sistema monetario, presentado por el Ministro de Hacienda, don Laureano Figuerola, establecía inicialmente la emisión de 5, 10, 20,50 y 100 pesetas en oro; 1, 2 y 5 pesetas y 20 y 50 céntimos en plata, y 1, 2, 5 y 10 céntimos en bronce. La realidad es que el oro no se llegó a acuñar y sólo salieron de las máquinas unos ejemplares de prueba de 100 pesetas que tenían en el reverso el escudo real de España.

Las primeras piezas se acuñaron en 1869, siendo la unidad la primera en ver la luz. Estas tienen como anécdota que aparecía el nombre del GOBIERNO PROVISIONAL en el anverso en vez del de la nación, ESPAÑA. El anverso de esta primera pieza nos ofrece al emperador Adriano, recostada sobre los Pirineos, con el Peñón de Gibraltar a los pies, y llevando en la mano extendida una rama de olivo. El bronce representa a España como una matrona sentada sobre las rocas, esta vez hacia la derecha, y con la rama de olivo en la mano que reposa. Todas las monedas fueron grabadas y firmadas por Luis Marchionni, que desde 1861 ocupaba el cargo de grabador principal de la Casa de Moneda de Madrid, la única que, desde este momento, centraliza las acuñaciones tras el progresivo cierre de las casas de moneda que funcionaban durante el reinado de Isabel II, a excepción de la de Barcelona que continuará abierta para la acuñación del bronce.

Para los reversos se dispone, en la plata, el escudo de España con corona mural y la leyenda con la expresión del valor, la talla (número de piezas en kilogramo), las iniciales de los ensayadores y juez de balanza, y la ley de 900 milésimas en las cinco pesetas. El bronce, con un león rampante sosteniendo el escudo de España, provoco que se le denominara popularmente como «perra gorda» y «perra chica» a los diez y cinco céntimos, pues la gente vio un perro en vez de un león. La fabricación en este metal continúa contratándose, como ya se hiciera desde 1865, con la firma «Oeschger, Mesdach y Cía.», cuyas iniciales, O.M., aparecerán en las monedas hasta el reinado de Alfonso XII.

La iconografía

Durante el tiempo que duro nuestro sistema monetario se producen algunas variaciones que afectan a las piezas. Debido a lo establecido en el Decreto de 1868, se mantiene en el reverso el escudo con las armas de España, pero con la diferencia de que se le añade el escusón de las casas reinantes al ser restaurada la Monarquía. La cruz de Saboya en los dos años que Amadeo I reina en España, y las lises que exhibían las monedas de Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I aportan, respectivamente, el elemento identificativo de la dinastía italiana y la monarquía borbónica. El tradicional escudo de los Reyes Católicos durante la etapa franquista volverá a tener su lugar en la moneda casi quinientos años después.

Los anversos sustituyen la representación de Hispania por la efigie real, que será grabada, lo mismo que los reversos, por los sucesivos artistas a quienes se le confían tal labor: Luis Marchionni es el autor del retrato de Amadeo I; Gregorio Sellán, del retrato de Alfonso XII y los dos primeros de Alfonso XIII niño, popularmente llamados pelón y bucles.

La Segunda República marcará la ruptura tipológica, ya que se produce la introducción de motivos de temática republicana acordes con el carácter político del nuevo gobierno. Variadas representaciones de la República alternarán en las acuñaciones de la guerra civil, con tipos de uniformes y poco elaborados por la urgente necesidad de numerario, que en ocasiones se reducirán a la expresión del valor y leyendas identificativas de la corporación o localidad que las emite.

La llegada al poder del general Franco supondrá un cambio en este sentido, pues el retrato que aparece en la peseta de 1947 está modelado por un escultor, Mariano Benlliure.

En un primer momento, la instauración de la democracia y la restauración de la Monarquía no significaron cambios en las características físicas y dimensiones de las piezas, pero sí en la imagen que contenían, al incorporarse la efigie del rey don Juan Carlos I y el escudo real.

En la historia monetaria más reciente, la normalización del circulante a partir de 1990 impone una renovación tipológica en la que los motivos son diferentes cada año, excepto en las monedas de 1 y 500 pesetas, desarrollando así la intención conmemorativa que se había iniciado con la serie de los Mundiales de Fútbol en 1980. Rompiendo con la tradición de representar sistemáticamente la efigie del gobernante en anverso y el escudo de España en reverso, se introducen motivos referentes a las comunidades españolas y a manifestaciones artísticas y culturales.

Los valores

Aunque el Decreto de octubre de 1868 establecía la emisión de catorce valores diferentes, de los que solamente se acuñaron nueve, serán los años siguientes hasta el reinado de Alfonso XIII los que verán cumplido lo previsto en dicho Decreto. De esta forma, de los valores en oro, las 50 y 5 pesetas no llegaron a acuñarse, pero sí lo fueron las 100, 20 y 10 pesetas, aunque en diferentes momentos. Además, también se acuño un valor nuevo, el de 25 pesetas.

Pero la sustitución de los metales preciosos por nuevos metales y aleaciones convencionales para la acuñación de moneda, y la consiguiente pérdida de equivalencia entre el valor propio del metal y el valor nominal, altera notablemente las emisiones. Existía la necesidad de ajustar nuestros metales con respecto a los metales que ya empleaban en países extranjeros y a pesar de ello, España mantiene las acuñaciones en oro hasta 1904 y en plata hasta 1933. Esta última peseta blanca dará paso en 1937 a la peseta amarilla de latón, «la rubia». A partir de 1933, y con el intento fallido de circulación de monedas de plata de 100 pesetas en la época de Franco, las acuñaciones se basarán en el cobre, el aluminio y el níquel, a veces puros y a veces aleados con otros metales.

Estas pruebas se habían iniciado en 1925 con la emisión de 25 céntimos de cuproníquel. Luego en 1927 se acuña la primera moneda española con perforación central; pero es a partir de 1940, tras la guerra civil, cuando el general Franco, para remediar la escasez de numerario, ordena emisiones en las que la tipología y metales se inspiran más en las acuñaciones europeas que en la tradición española. De aluminio casi puro son los 5 y 10 céntimos «del jinete», que copian fielmente la moneda hispanorromana de Osca, y sustituyen al bronce aún en circulación desde el decreto de 1868.

Las emisiones posteriores continúan la política de ensayo de nuevos metales y de regularización del sistema monetario. Es a partir de 1982 cuando se empezara la acuñación de nuevos valores. En 1990, y ante la confusión provocada por la acuñación de las monedas de 2, 5, 100 y 200 pesetas en metales y módulos diferentes con respecto al resto de las series en circulación. Esta confusión se ve agravada por la permanencia de valores del período anterior y ante esta situación se adopta una solución drástica. Esta conlleva la renovación formal del circulante que se basa en el diseño, en el aumento del tamaño de las monedas en relación con su valor y en la alternancia de color del metal, permitiendo diferenciarlas con mayor facilidad. En 1997 se consigue realmente solucionar esta confusión, ya que dejan de tener valor de circulación todas las demás monedas.

Paralelamente se suceden ininterrumpidamente acuñaciones en metales preciosos. Esto era debido a razones puramente económicas, al interés de los coleccionistas y a la necesidad de inversión. Desde 1989, coincidiendo con los primeros actos de conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, aparecen series en oro y plata de diversas denominaciones de valor en pesetas, ecus y euros.

El papel moneda

La llegada del Euro supone, como sabemos, la desaparición de monedas y billetes nacionales y, por tanto, de la peseta. De esta forma se cierra una etapa de existencia en la que ha funcionado como unidad del sistema monetario español, desde la reforma establecida por Decreto de 19 de octubre de 1868. Desde el punto de vista económico, político y de los avances técnicos en el proceso de fabricación, la primera emisión hasta la actualmente en vigor ha estado lleno de alternativas en cuanto a su difusión y crecimiento.

El 1 de julio de 1874 se produce la primera emisión de papel moneda que expresa su valor en pesetas y coincide con la concesión al Banco de España de la exclusividad del derecho a emitir billetes, hasta ese momento compartido con otros Bancos provinciales. Al principio de su emisión aparece una dificultad puramente material, la de sustituir las emisiones provinciales por las realizadas por el Banco de España, que hasta entonces sólo operaba en Madrid. La nueva legislación preveía la apertura de sucursales del Banco de España en las principales plazas del territorio nacional y la retirada paulatina de los antiguos billetes. Este proceso abarcara casi una década. Superada esta primera fase, el volumen de circulación de papel moneda crecerá incesantemente como consecuencia del crecimiento económico. Fue tal el crecimiento, que en momentos puntuales inflacionistas hubo que frenar este proceso que continuará durante el primer tercio del siglo XX. En ocasiones se cubrió la demanda con numerosas emisiones e incluso emisiones de reserva.

A la llegada de la República se encuentran en circulación billetes con el mismo valor facial, pero de diversas emisiones. Por otra parte, el cambio ideológico afectará también a los criterios iconográficos del papel moneda. Mientras no sean sustituidos por nuevas emisiones, el Decreto establecio que los billetes en circulación sean estampillados con el sello de la República,

Al estallar la Guerra Civil, el Gobierno de la República no tiene problemas de escasez de papel moneda, pero a lo largo de este periodo, con las comunicaciones interrumpidas, no es posible enviar remesas a todo el territorio bajo su control, lo cual provocara la aparición de emisiones propias en las provincias del norte. Al mismo tiempo, el Gobierno de Burgos encargará su propio papel moneda que circulará en el territorio por él controlado. Es por tanto una época compleja y anómala en este sentido, más si tenemos en cuenta que la falta de moneda divisionaria se hará acuciante, dando lugar a la proliferación de medios de pago emitidos por todo tipo de organismos, tanto de carácter público como privado, en un ámbito puramente local, normalmente de pequeña cuantía, que permitiera las transacciones elementales de la vida cotidiana.

Al finalizar de la guerra la reconstrucción es necesaria en todos los sectores, y la vuelta a la normalidad de la circulación fiduciaria requerirá también un gran esfuerzo.

El papel moneda, que forma parte de la vida cotidiana del ciudadano, es una seña de identidad nacional. El valor fiduciario, el aspecto formal del billete, la técnica de impresión, la elección de la imagen, los colores, las medidas de seguridad para evitar falsificaciones, la clase de papel que pueda afrontar el uso sin deterioro son elementos de gran importancia.

Tradicionalmente los valores que se han puesto en circulación han sido los siguientes: 25, 50, 100, 500 y 1.000 pesetas. Con la lógica depreciación del dinero, los valores inferiores dejan de representarse en los billetes, permaneciendo él más alto, el de 1.000 pesetas, como él más bajo de los emitidos actualmente. Por otra parte, la aparición de valores superiores a éste han sido el de 5.000, que no será emitido hasta 1976 y el de 2.000 en 1980. Sin embargo, a lo largo de su historia, el valor que en más emisiones se ha puesto en circulación ha sido el de 100 pesetas.

Los valores inferiores a 25 pesetas han sido emitidos en papel moneda de manera excepcional. Los conocidos como «Certificados de Plata» de la época republicana, que sustituyeron monedas de plata de 5 y 10 pesetas, se pusieron en circulación para evitar el acaparamiento por un alza de dicho metal en la cotización internacional. La falta de moneda divisionaria en la guerra civil será suplida por el Ministerio de Hacienda con los «certificados provisionales de moneda divisionaria» con valores de 0,50, 1 y 2 pesetas. El Gobierno de Burgos, por su parte, emitirá billetes de 1, 2, 5 y 10 pesetas.

Después de la Guerra Civil, desde 1940 y hasta 1954, y como consecuencia también de la Segunda Guerra Mundial, la escasez de metales llevará a emitir billetes de 1 y 5 pesetas. Debido a la falta de moneda metálica, se hizo necesario la realización de tiradas altísimas.

Iconografía

Los temas representados en los billetes son la mayoría de las veces para rendir homenaje a personalidades destacadas en los más diversos ámbitos que forman parte de nuestra historia. En las primeras emisiones era frecuente encontrar símbolos de contenido económico (el Comercio, el Trabajo, la Agricultura, la Industria,...), ideológico y de exaltación de valores (la Justicia, la Familia, la Libertad, la República,...) o dedicadas a las Bellas Artes. Pero la efigie de monarcas, pintores, escritores, científicos..., etc., ha acaparado la viñeta principal del anverso, siendo la más representada la de Francisco de Goya. Dos emisiones completas han sido dedicadas a su figura, y tres de sus obras: «El Quitasol», «El Cacharrero» y «El Bebedor» aparecen en los reversos. Monumentos, pasajes literarios y acontecimientos como el Descubrimiento de América y sus protagonistas, han estado también representados, siendo Cristóbal Colón uno de los personajes más retratados.

El ECU

Siglas European Currency Unit, (Unidad Monetaria de Cuenta Europea). El ECU fue una moneda que entro en vigor en marzo de 1979 y que esta vinculada al Sistema Monetario Europeo. Esta moneda define su valor por la suma equilibrada de las monedas de los Estados miembros de la Unión Europea, algo así como una cesta de las diferentes divisas que componen la comunidad en la que cada una de ellas participa de una forma proporcional.

El valor del ECU, así como la correspondiente ponderación de las monedas que lo integran, se define cada cinco años, o cada vez que una moneda varía su valor en un porcentaje determinado. El ECU actúa como un denominador común en las tasas de cambio que se dan en el interior del Sistema Monetario Europeo. Cada moneda tiene establecida una llamada tasa-eje, que expresa las igualdades de las monedas comunitarias entre sí (con un margen de desviación de + 0 a - 2,25 %).

El ECU no es una moneda fuerte, por lo que no puede utilizarse en las transacciones cotidianas. El ECU ha sido acuñado, pero sólo tiene un uso protocolario. No obstante, se emplea en créditos sindicales y en las operaciones comerciales del mercado monetario. Asimismo, se emplea en la contabilidad interna de las instituciones de la UE, al igual que ocurría con la Unidad de Cuenta Europea.

El Reino Unido propuso la introducción de un ECU fuerte que pudiera emplearse al mismo tiempo que las monedas nacionales, pero la CE decidió que la Comunidad debería proceder directamente a la implantación de una moneda única fuerte en lugar de adoptar medidas que sólo llevarían a la introducción de una moneda común.

El Euro

El Euro es la moneda única europea que, mediante un proceso de transición, sustituyo a todas las monedas nacionales de los países participantes en la Unión Monetaria Europea (U.M.E.). Así, la peseta fue sustituida por el Euro al ser España futuro país integrante de la U.M.E.

Esto quiere decir que lo mismo que se puede hacer ahora con la peseta en España o con el franco en Francia, se podrá hacer con el Euro en cualquier país de la unión.

El Euro en sí, empezó a funcionar el 1 de Enero de 1999, pero no existió como moneda física hasta el 1 de Enero del 2002.

En el Tratado de Maastricht, en un principio, estaba previsto llamar ECU a la nueva moneda pero ante la fuerte presión alemana, se cambió el nombre por el de Euro.

Esta modificación (acordada en la Cumbre de Ministros del Consejo de Madrid, de Diciembre de 1995) se produjo debido a que Alemania no veía con agrado la denominación ECU, ya que el ECU, al haberse devaluado frente al marco durante los últimos años, tenía una imagen de moneda débil ante la opinión pública.

En cuanto al diseño, el anverso de las cinco monedas mayores será un mapa de Europa, atravesando verticalmente por líneas que unen dos grupos de seis estrellas. En las tres monedas menores, será un globo terráqueo cruzado en diagonal por las líneas que unen también los dos grupos de estrellas. La palabra euro no tendrá la s del plural grabado en las monedas (como en los billetes). El reverso de las monedas será para que cada Estado grabe su diseño nacional.

La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre será la encargada de fabricar las monedas y los billetes que se precisarán en el Estado español.

El calendario del Euro

1968:

La historia de la Unión Monetaria comienza en 1968 con el informe Werner, que ya preveía la creación de la Unión Económica y Monetaria en etapas.

1979:

En 1979 se creó el Sistema Monetario Europeo (SME), cuyo elemento central del SME era el ECU, que como dije antes, se define como una cesta de monedas, ya que está formado por porcentajes fijos de las monedas participantes en el SME.

1989:

Se publica el informe Delors que establece los fundamentos del Euro.

7 de febrero de 1992:

Se firma el Tratado de Maastricht, el cual constituye el fundamento jurídico de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y la moneda única. Este entró en vigor el 1 de noviembre de 1993.

Diciembre de 1995:

Elección del nombre de la futura moneda: Euro, en el Consejo Europeo de Madrid.

Finales de 1996:

Determinación del marco jurídico del Euro.

Finales de 1997:

Año decisivo para que los Estados miembros alcancen los cuatro criterios de convergencia (inflación, tipo de interés, tipo de cambio y finanzas públicas).

3 de mayo de 1998:

El Consejo Europeo de Bruselas fija los Estados miembros participantes en la UEM (Bélgica, Alemania, España, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Austria, Portugal y Finlandia), los tipos de cambio bilaterales entre sus monedas nacionales, y nombra a los miembros del Comité de Gobernadores del Banco Central Europeo (BCE).

A partir del 3 de mayo de 1998:

Se comienzan a producir monedas y billetes en euros. Creación del Banco Central Europeo (BCE).

A partir del 1 de enero de 1999:

* El euro se convierte en moneda de curso legal, y las monedas nacionales de los países participantes en subdivisiones del euro.

* Fijación de los tipos de cambio irrevocables entre las monedas de los Estados participantes frente al euro.

* El ECU deja de existir como cesta de monedas y se convierte, con el nombre de euro, en moneda de pleno derecho, la cual estará gestionada por el Banco Central Europeo (BCE).

* El BCE define y ejecuta la política monetaria única en euros.

* Empleo del euro en las operaciones que no requieren el uso del efectivo.

* Comienzo de las operaciones de cambio en euros.

* Nuevas emisiones de deuda pública en euros.

* Se inicia la acuñación de monedas y billetes en euros.

1 de enero de 2002:

Puesta en circulación de los billetes y monedas en euros y circularán de manera paralela a los nacionales.

1 de marzo de 2002 (como muy tardar):

Se retiran los billetes y monedas nacionales: Uso generalizado y exclusivo del euro.

Efectos de la moneda única

Para los Europeos presentará una serie de ventajas tales como:

  • Un mercado único más eficaz, es decir, se trataba de evitar que las variaciones en el tipo de cambio obstaculicen los intercambios comerciales o las inversiones modificando la rentabilidad de forma imprevisible. También permitirá que el consumidor pueda comparar realmente el precio de las mercancías y los servicios mas allá de las fronteras nacionales.

  • Estimulara el crecimiento y la ocupación debido a que el Euro se dará en un marco económico sólido en que se controlaran los déficit públicos y la estabilidad de los precios estará asegurada.

  • Se producirá un desarrollo de los intercambios que provocara el descenso en el crecimiento económico y la creación de mas puestos de trabajo. Es importante resaltar que el Banco Central Europeo tendrá medios para mantener la estabilidad de los precios y de la moneda única.

  • Desaparecerán los gastos que ocasiona el tener diversas monedas europeas y los costes de las operaciones de cambio desaparecerán.

  • Reforzara le estabilidad internacional porque la Unión Europea es la primera potencia mundial comercial. Por tanto su moneda será una de las mas fuertes. Por todos estos motivos los Estados miembros se han comprometido a mejorar la situación de sus economías y a estabilizarlas. Se trata de llegar a una convergencia basada en que se lleve a cabo una política económica sana.

El 1 de Enero de 1999 se fijó el tipo de conversión entre el Euro y las monedas nacionales participantes. Los Bancos y grandes empresas el paso a la moneda única se hizo a través de la política monetaria y de cambio única, los bancos pueden hacer constar la situación de las cuentas de sus clientes tanto en Euros como en moneda nacional. Las empresas también pueden trabajar en Euros. Las administraciones tuvieron que preparar activamente su paso al Euro. Los consumidores pueden utilizar en este periodo su moneda nacional o el Euro. Progresivamente los comercios fueron etiquetando los precios de los productos, tanto en Euros como en su moneda (en nuestro caso la Peseta), para que el consumidor se vaya familiarizando. Los sistemas de pago mas corrientes (transferencias, tarjetas de crédito, cheques…), fueron adaptados para que puedan funcionar en Euros.

En el Tratado de Maastricht se definen las condiciones económicas necesarias para tomar parte en la moneda única. Los Estados miembros de la Unión Europea tuvieron que converger sus economías. En este tratado se definen 4 criterios de convergencia para llegar a este propósito:

  • Los países han de evitar el déficit publico excesivo. Esto se decidió a partir de dos tipos de referencia: el 3% del PIB para el déficit publico anual y el 60% del PIB para la deuda publica.

  • La inflación no ha de superar en mas de un 1,5% la de los tres países comunitarios que hayan obtenido las mejores cifras en durante el año anterior.

  • La moneda ha de haber respetado en los últimos años los márgenes normales de fluctuación del Sistema Monetario Europeo (SME).

  • Los tipos de interés a largo plazo no han de sobrepasar en mas del 2% la media de los países que tengan los tipos más bajos de la Unión.

  • Definitivamente se generalizó el uso de la moneda única a partir de Enero del 2002 y durante 6meses como máximo, se introducirán las monedas y billetes en Euro y se retiraran las antiguas monedas nacionales

    Lo mas importante de esta moneda es que sea aceptada por todos nosotros, es decir, los ciudadanos.

    El Euro: La moneda

    Los valores determinados para las ocho monedas que componen el sistema monetario europeo son 1, 2, 5, 10, 20, 50 céntimos de Euro y 1 y 2 Euro.

    Las monedas han sido dotadas de elementos diferenciadores como son el color, el diámetro y la forma. Para determinar estos factores se ha tenido en cuenta las opiniones de las Asociaciones de Consumidores, del colectivo de discapacitados visuales y de empresas de máquinas automáticas expendedoras. Se han realizado tres tramos:

    1, 2 y 5 céntimos de Euro: Su color es rojizo, con una composición de acero recubierto de cobre. Las tres piezas forman un cono con un diámetro de menor a mayor acorde con su valor facial. Tienen forma redonda.

    10, 20 y 50 céntimos de Euro: Las piezas de este tramo son de color amarillo, tono del oro nórdico, aleación en que serán acuñadas. Su tamaño, también va de menor a mayor en relación con su valor facial. La forma es redonda en caso de las monedas de 10 y 50 céntimos de Euro, mientras que la pieza de 20 céntimos de Euro responde a la forma denominada de "Flor Española". Similar a la actual moneda de 50 pesetas, tiene forma circular con siete muescas en el canto.

    1 y 2 euro: Ambas piezas son bimetálicas y alternan los colores. La moneda de un euro es blanca en su parte interior y amarilla en el exterior y menor en tamaño; la de dos euros es amarilla en el interior y blanca por fuera y su diámetro es mayor.

    El Euro: El billete

    Los principales elementos del diseño del euro se han modificado, con carácter previo a la elaboración de las planchas que permitirán imprimir los billetes reales, para corregir aquellos rasgos arquitectónicos que pudieran introducir referencias claras a estructuras reales y también para incluir a las islas Baleares y Canarias, ausentes del mapa de Europa inicialmente seleccionado.

    Por motivos de seguridad, las reproducciones que difundió difundido el Instituto Monetario Europeo (IME) no muestran todos los detalles que fueron incorporados en última instancia, pero los nuevos bocetos son la base del trabajo técnico adicional que permitió al Sistema Europeo de Bancos Centrales poner en circulación los billetes del euro antes del 1 de enero del 2002.

    Los billetes son siete, de 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500 euros. Las denominaciones tienen colores diferentes y también tamaños y señales táctiles especiales, pensando en las personas invidentes o con facultades visuales mermadas.

    La elección efectuada por el IME se ha basado en una maqueta inspirada en el tema Épocas y estilos de Europa porque "reúne, de una forma armoniosa, la evolución de la técnica, el arte y los medios de comunicación en Europa a través de los siglos, y simboliza el nacimiento de la nueva Europa unificada, depositaria de una herencia cultural común, así como la visión de un futuro común para el siglo próximo, es decir, para el nuevo milenio" (Comunicado de prensa del IME, 13/12/96).

    El grafismo seleccionado responde a las características siguientes:

    • Están representadas las 7 épocas de la historia de la cultura europea: clásica (billete de 5 euro), románica (10 euro), gótica (20 euro), renacimiento (50 euro), barroco y rococó (100 euro), arquitectura del hierro y del vidrio (200 euro), arquitectura moderna del siglo XX (500 euro).

    • Estas 7 épocas están representadas por los estilos arquitectónicos respectivos: los tres grandes elementos arquitectónicos representados (las ventanas, los pórticos y los puentes) no son atribuibles a un monumento o a un país en particular, pero son representativos de los estilos arquitectónicos que se han dado en una gran parte de Europa.

    • El anverso de cada billete representa las ventanas y los pórticos - que simbolizan "el espíritu abierto y de cooperación que reina en el seno de la Unión Europea" - y las doce estrellas de la Unión Europea, que transmiten "el dinamismo y la armonía de la Europa de hoy" (Comunicado de prensa del IME, 13/12/96).

    • El reverso de cada billete representa un puente (sobre el perfil de un mapa de Europa desde el Atlántico a los Urales) que es característico del periodo de la historia de Europa evocado por el billete: "metafóricamente, el puente simboliza el lazo que une no solamente los pueblos europeos entre ellos, sino también a Europa con el resto del mundo".

    Los diferentes billetes representan también los siguientes motivos:

    • El nombre de la moneda EURO, a la vez en caracteres latinos (EURO) y griegos (EYPO).

    • La bandera de la Unión Europea, que podría ser remplazada por un signo distintivo de cada nación: esta decisión debió haber sido tomada en el Consejo Europeo de Ámsterdam (16 y 17 de junio de 1997) pero no se ha llegado a ninguna posición común por el momento.