Historia de la Iglesia en Roma

Religión. Tolerancia. Roma. Mística. Cristianismo. Reinado dioclesiano. Galerio. Maximiano. Constancio. Sagradas Escrituras. Reforma. Conciliación

  • Enviado por: Osvaldo Hernan Carrizo
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 12 páginas
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Introducción

Se ha dicho, al principio, que los romanos eran extraordinariamente tolerantes respectos a las religiones extranjeras. ¿Por qué entonces persiguieron al cristianismo? Varios autores sostienen que fue una confrontación de principios, consecuencia de una ignorancia bilateral lo que origino las persecuciones, pues, “el imperio estaba cimentado en una religión colectiva y nacional que unía el reconocimiento de la religión oficial a la legalidad de los ciudadanos, en cambio los cristianos partían de una religión personal, que solo atribuía culto a Dios, quien se ha apoderado de sus conciencia, idea heredada del profetismo judío

Su desarrollo es un tema ampliamente investigado por la historiográfia cristiana, a pesar de ellos nos llegaron muy pocas fuentes, especialmente del lado pagano; dice Álvarez Gómez: “son muy escasas las fuentes provenientes de las autoridades imperiales, faltan casi por completos los edictos de persecución; las rescritos de Trajano y Adriano son casos muy excepcionales, consecuencias de consultas elevadas por dos gobernadores de provincia. Y por otra parte son abundantes las noticias que nos llegan del mundo cristiano, que tampoco son absolutamente parciales, por cuanto son una autodefensa y una acusación contra el imperio”

Un caso particular fue el del reinado de Dioclesiano, en éste se dieron dos etapas: la primera de tolerancia por parte del emperador hacia los cristianos, y la segunda de una absoluta persecución, de las cuales Eusebio de Cesárea y Lactancio son testigos y cuentan lo que pasó en este período. Por ello, basándonos en sus narraciones en una comparación permanente, intentaremos analizar de manera descriptiva el reinado de Dioclesiano, en relación al proceso de variación de la tolerancia religiosa.

Dioclesiano: Ascenso, obra y reforma.

En el año 285 las tropas intentaron restaurar nuevamente el orden en el anarquizado imperio y eligieron para el púrpura imperial a Dioclesiano. Este hombre era un dálmata de la ciudad de Dioclea, en el oriente. De origen oscuro, salido de las filas del ejército, siguió la carrera militar obteniendo el grado de Jefe de la guardia. Luego de dar muerte al asesino del Emperador Numerario y vencer en batalla a Carino, el colega de éste y pretendiente del puesto, accedió al poder. Posteriormente, el ejército lo eleva al cargo de emperador de Calcedonia. Si bien era militar de carrera, sus principales cualidades residen en lo político y en su capacidad de administrador.

Hallándose en el poder designó a su colega Maximiano como asociado al trono, con jurisdicción en la parte occidental del Imperio. No obstante, en el año 292 reformó aun más el esquema político del imperio nombrando dos emperadores nuevos, los cuales estarían bajo el control de los anteriores, es decir Maximiano y Dioclesiano. En occidente Constancio Cloro, con poder sobre Galia, Hispania y Bretaña; y en Oriente, Galerio, quien gobernaría en el ilirio y las provincias danubianas. Estos nuevos emperadores recibían el titulo de Cesar, en tanto que los otros el de Augusto.

Esta reforma fue legitimada, dentro de la mística dioclesiana, fundamentando, al modo oriental, los poderes políticos por consentimiento de los dioses: “En la ideología tetrárquica los verdaderos gobernantes del cosmos y del imperio romano son Júpiter y Hércules. Ellos se valen de los Augustos para llevar dicha tarea y les infunden virtudes especiales como la clemencia, la piedad, la justicia y la filantropía.” Según León Homo […] “El rey rara vez se lo veía en publico”… “se había convertido en un dios, todo cuanto lo rodeaba emanaba algo de sagrado”. Consiguió de este modo el arraigo de su imagen, en la sociedad, ligada a la de bienestar del Estado

La idea original de Dioclesiano era que a la muerte o abdicación del Augusto sucediera el Cesar, pero, en primer lugar, no se tuvo en cuenta, o al menos no se evidencia importancia alguna en los derechos de sangre, en segundo termino cada uno de los gobernantes estaba en todo su derecho de conformar un ejército para defenderse de las agresiones extranjeras lo cual, según nuestra opinión, el contexto social de la época era peligroso para la vitalidad del imperio, en tanto alguno de los 4 emperadores pudiera alzarse contra los otros; aún así, el mismo régimen tetrarquico anularía en gran medida estas actitudes “tiránicas”, pues se circunscribiría al territorio de quien inicie estas acciones, en cuanto las demás, unidad, pueden repelerlo e instaurar la paz dentro del imperio. Esto se vio claramente cuando luego de la distribución de poderes se produjeron levantamientos regionales que fueron rápidamente sofocados por los ejércitos imperiales.

A través de una reforma burocrática dividió, como mencionamos anteriormente, el Imperio en 4 regiones, las cuales fraccionó en 14 provincias fragmentadas cada una en 100 jurisdicciones, pretendiendo lograr así una centralización más eficaz del poder, puesto que reconocía la imposibilidad de ejecutarla adecuadamente en grandes extensiones. Según Lactancio “a fin de que el terror llegase a todas partes las provincias fueron subdivididas hasta el infinito”; No reconoce este autor cuan beneficiosa fue para el cristianismo esta reforma, tema sobre el cual trataremos más adelante.

Asimismo Dioclesiano realizó una reforma en la leva. Instauró un régimen fiscal estableciendo que según la extensión de las propiedades correspondía una cantidad predeterminada de hombres que se debía dar para las legiones imperiales, las cuales se ampliaban constantemente. Según Lactancio, esto se debía a una cuestión de avaricia en la cual los emperadores siempre aspiraban a tener un ejército mayor al de sus antecesores.

Esta reforma militar produjo un pronto descenso de la mano de obra disponible y “las tierras quedaban abandonadas y los campos cultivados parecían selvas”, lo que condujo a un incremento de precios en los productos del mercado. A fin de terminar con el problema económico, estableció una ley de precios máximos y devaluó la moneda. Ambas medidas solo empeoraron la situación, pues rápidamente creció el mercado de contrabando y sumado a la escasez, eterna compañera del hambre y ésta aliada de la agitación social, provocaron estragos en la sociedad debiendo el emperador utilizar las fuerzas imperiales para sofocar los levantamientos y dar fin al contrabando. Según Lactancio “se derramó mucha sangre por causa de productos despreciables y de escaso valor”

Por ello podemos afirmar que se intentó culminar con la debilidad imperial de los siglos anteriores manifestada en las continuas usurpaciones de poder. Con todas estas reformas se intentó sofocar las ansias de poder personal, evitando que el ejército elevara a algún general al grado de Emperador, cual lo vino haciendo durante todo el siglo III.

El cristianismo en tiempos de Dioclesiano.

Lejos estuvo Dioclesiano de ser el “inventor de crímenes y maldades”, tal como dice Lactancio en su “Sobre la muerte de los perseguidores”. Sin ánimos de crear una apología de este emperador, pretendemos interpretar sus medidas en el contexto político social de la época.

Durante los primeros trece años del reinado de Dioclesiano, el cristianismo gozó de una tolerancia de facto. A decir verdad, se mostraba en una relación amistosa con los cristianos, “explicar como se merece cuáles y cuan grande fueron antes de la persecución de nuestro tiempo- dice Eusebio de Cesárea- , la gloria y la libertad de que gozó entre todos los hombres, griegos y bárbaros. La doctrina de la piedad para con el Dios de todas las cosas, anunciada al mundo por medio de Cristo…”. El historiador hace mención al buen trato que recibían, de hecho les daban cargos importantes a personas que profesaban el cristianismo y muchos residían en la corte o formaban parte en el personal domestico del palacio. Se les permitía gloriarse de la libertad de su fe. De esto nos habla Paul Allard diciendo: “Tan grande era la libertad de que, al principiar el siglo IV, gozaba el cristianismo, que muchos funcionarios y magistrados lo profesaban paladinamente. Constrúyanse iglesias en Occidente como en Oriente, y la capital de Bithinia, Nicomedia, donde residía el jefe de la tetrarquia tenia una basílica cuyos altos muros dominaban la ciudad

Pero no todo el pueblo pensaba como el emperador y de hecho entre los emperadores no tenían el mismo punto de vista. Había puntos en los cuales el cristianismo y el romanismo, especialmente cuando afectaba la estrecha relación del Estado con la religión, pues, conforme más se difundía y afianzaba el cristianismo más peligraba el Imperio

Además con la reforma “Castrense y fiscal”, de la cual hablamos en el apartado anterior, habían ingresado al ejército un amplio número de cristianos, los cuales comenzaban a hacer carrera dentro de las filas militares, llegando algunos a ocupar los cargos más altos de la fuerza. Por ello eran mirados con recelo y temor.

Asimismo, la estructura propia del cristianismo era similar a la del Imperio. Brindaba el auxilium que el Estado no podía brindar lo cual, en nuestra opinión, se fortaleció durante la crisis económica sufrida durante el reinado. Por consiguiente, se mostraba como una religión benefactora, promoviendo el bienestar social, ocupando, de este modo, el lugar que, dentro de la mística religiosa de Dioclesiano, ocuparía la figura del emperador. El cristianismo comenzaba a conformarse como un Estado dentro del Estado romano, contradiciendo de este modo la idea de unificación del imperio que suponía una “romanización…un retorno a las tradiciones morales y religiosas de la antigua Roma

Aún así, Dioclesiano durante sus primeros diecinueve años de reinado jamás levanto sus manos contra los cristianos. Pero, según los distintos autores consultados, fueron tres los motivos que llevaron a Dioclesiano a cesar con la tolerancia hacia la religión cristiana. El primero, la disfunción del cristianismo dentro de los estratos superiores de la sociedad ; el segundo fue el aumento del número de cristianos dentro de las legiones imperiales, peligrando así las tradiciones paganas que ésta institución, cabe recodar que este aumento del cual hablamos se debió, en gran medida, por las reformas en la leva, a las cuales hicimos mención en el primer apartado de este trabajo; el tercer facto fue la predica de los “sacerdotes paganos” que predicaban peligrosa la difusión del cristianismo, en cuanto la vitalidad del estado dependía de que ella cesara.

Aun así hay un elemento que subyace en todos los anteriores, es el religioso. Si bien el gobierno de Dioclesiano aparece como tolerante hacia los demás cultos, era de carácter conservador. Un edicto del emperador del año 294 dice: “Tampoco debe ser sustituida la religión antigua por una nueva; que es mayor crimen adoptar lo nuevo que posee su existencia y desarrollo de lo antiguo ordenado y concretados en tiempo pasados”. Este elemento también lo podemos observar en dos momentos más, primero en la consulta de Dioclesiano al oráculo Apolo de Mileto, y el segundo otro en la elección del día en el cual se promulga el primer edicto, el 23 de febrero del año 303, fiesta del dios Termino, el dios de las fronteras, según Ehrhard “como señal de que los dioses habían decidido el término definitivo para la vida de la cristiandad

Fin gradual de la tolerancia religiosa

La división del Imperio había brindado posibilidad de fortalecer política y militarmente a los otros asociados al trono-Galerio, Maximiano y Constancio-; por lo cual el poder de Dioclesiano no era absoluto, y cualquier movimiento en falso podía producir la sedición de algunos de los Césares o Augusto, quienes podían ser apoyados por el pueblo no-cristiano que, como mencionamos en el punto anterior, estaban siendo fanatizados por los sacerdotes en contra del cristianismo.

Galerio, el César de Dioclesiano, es sin duda alguna la figura central de este periodo. Había ganado mucho prestigio desde su designación, y había legitimado su poder y sucesión contrayendo matrimonio con la hija de Dioclesiano . Con su victoria ante los persas, en el año 395, consiguió el reconocimiento social como gran estadista y militar. Creemos lógica la hipótesis que proclama Lactancio sobre la posibilidad de que Galerio tenga otras aspiraciones, además que las de servir a su Augusto; “despreciaba el titulo de Cesar” y se lo oía escuchar decir “Hasta cuando Cesar”. Por lo cual Dioclesiano le tenía sumo respeto y hasta podríamos decir que Galerio, con su actitud, manejaba al emperador.

En la región que gobernaba éste se produjeron los primeros indicios de la persecución. Aproximadamente en el año 297 se realizó una depuración en el ejército, pues se decía que los cristianos eran débiles en sus deberes religiosos. Según Eusebio esta fue una acción con la cual pensó que podría terminar con el cristianismo si primero los vencía dentro del ejército. “fue entonces cuando el general del ejército emprendió la persecución contra las tropas y se dio a clasificar y depurar a los funcionarios militares”, los que se negaban a renegar su fe se los excluía de las tropas e incluso se les dio muerte a algunos a causa de su piadosa resistencia; “la exclusión de los cristianos del ejercito es presagio de la tormenta que se avecina” . Igualmente Estos actos se circunscribieron a la región de Galerio, y no se extendieron a otras partes del imperio gracias al efecto logrado por la tetrarquia.

Otro hecho que vaticinó las persecuciones fueron los sucesos ocurridos en el palacio de Nicomedia. Dice Lactancio: “Se encontraba a la sazón en Oriente, y como por ser timorato, era aficionado a escudriñar el futuro, se entregaba a sacrificar animales para descubrir el porvenir en sus vísceras. Con tal motivo, algunos de los ministros de culto que creían en el señor se santiguaron en la frente con el signo inmortal, mientras le asistían en el sacrificio. Hecho esto los demonios se pusieron en fuga y los sacrificios se vieron perturbados. Comenzaron a temblar los aurúspices, pues no veían en las vísceras las señales de costumbre y repetían una u otra vez los sacrificios, como si éstos hubiesen sido vanos. Mas las victimas sacrificadas no daban resultado alguno. Entonces el maestro de los aurúspices Tales, bien por haberlo sospechado, bien por haberlo visto, declaro que la causa de que los sacrificios no diesen resultado era que personas profanas participaban en las ceremonias divinas.” A efecto de ello, según el relato de Lactancio, obligo a fuerza de azotes a todos los ministros de culto, a todos cuanto estuvieren en el palacio a sacrificar ante los dioses. Incluso a los militares so pena de abandonar la fuerza militar. Fue este el antecedente próximo al primer edicto contra la fe cristiana.

Siguiendo los relatos de Lactancio y Eusebio, Galerio insistió para que avanzara más allá y que comience una persecución contra los cristianos; “El anciano se opuso a su apasionamiento tratando de ver lo oportuno que seria turbar la paz de la tierra mediante el derramamiento de sangre de muchas personas”.

Este estado se mantuvo durante un lapso no mayor a dos años. Según los autores la incidencia de Galerio hizo que el emperador cambie la postura y que redujera aún más la tolerancia que tenía para con los cristianos. El Cesar insistió para que Dioclesiano cambiara de parecer y eliminara desde las raíces el problema. Debido a la importancia y el poder que tenia el Cesar consultó a otros funcionarios con referencia a este tema, y las opiniones eran variantes, hasta que por ultimo decidió consultar al Oráculo de Apolo de Mileto respondió en contra del cristianismo. Recién allí decidió emprender una persecución, que según Lactancio “todo se hiciera sin derramamiento de sangre

El 23 de febrero del año 303 se procedió a la destrucción de los lugares de culto y las Sagradas Escrituras del cristianismo. Dice Eusebio: “Cuando con nuestros propios ojos hemos visto las casas de oración, desde la cumbre hasta los cimientos, enteramente arrasadas, y las divinas y sagradas escrituras entregadas al fuego en medio la las plazas publicas, y los pastores de iglesia ocultándose aquí y allá vergonzosamente, o prendidos indecorosamente y escarnecidos por los enemigos”. Lactancio narra la destrucción de la basílica de Nicomedia, hecho con el cual pretendemos graficar el modo de ejecutarse esta orden. “Cuando la luz era aun tenue se presentaron en la iglesia el prefecto acompañado de los jefes y tribunos militares y de los funcionarios del fisco. Arrancan las puertas y buscan la imagen de Dios; descubren y queman las Escrituras; se les permite a todos hacer botín; hay pillajes agitación y carreras… Mientas tanto los emperadores desde un lugar estratégico discutían largamente si era conveniente prender fuego la iglesia… así pues se presentaron los pretorianos formados en escuadrón, provistos de hachas y otras herramientas arrasaron hasta el nivel del suelo este soberbio templo.”La orden llegó a todas las regiones del imperio. Mas como habíamos dicho anteriormente, la organización burocrática de la tetrarquia favoreció al cristianismo, pues mientras en algunos lugares era perseguido en otro era tolerado y respetado. Con excepción de la Galia el edicto se cumplió en todo el imperio.

Al día siguiente, el 24 de febrero, se proclama el primer edicto de persecución, en el cual se declaro que “A todas las personas que profesasen esta religión fuesen privadas de todo honor y toda dignidad (…) se les privaba de la libertad y la palabra” . Este edicto es una muestra de que estas persecuciones no buscaban eliminar a los miembros de la iglesia si no que se buscaba la apostasía de ellos. El único muerto, que al menos nombran las fuentes, es un hombre que tras leer el edicto lo arrancó y lo destruyó.

Tiempo después se produjo un Incendio en el palacio real. Según Lactancio, había sido provocado por Galerio para que Dioclesiano intensificara más la persecución. En el palacio Imperial las autoridades intentaron buscar a los culpables del hecho torturando a los empleados, pero no lograron nada, dice Lactancio, “mas no se lograba averiguar nada, pues nadie sometía a la familia del Cesar”. 15 días después un segundo incendio hizo arder una parte del palacio. Rápidamente, como había ocurrido la vez anterior, se utilizo como chivo expiatorio a los cristianos, pero no se produjo más que un endurecimiento de los tormentos que recibían los pocos cristianos que permanecían bajo ellos. Ésta actitud del emperador, de no pretender dar muerte a todos los cristianos, Galerio decidió irse del palacio, según Lactancio, se fue “Para no perecer abrasado vivo”. Mas esta actitud del Cesar ponía en “Jaque” al emperador, tenía la obligación de actuar de manera astuta a fin de evitar una inminente sedición por parte de Galerio. Dioclesiano endureció el trato para con los cristiano, mando a quemar en el fuego a todo cuanto se profese como tal, sin importar el sexo o la edad. Se inventaron nuevos métodos de torturas y se obligaba a sacrificar ante magistrados, como si lo hicieran frente a los dioses.

Unos meses después, se produjo una rebelión en una ciuda

Se lanzo un 2do edicto, con el fin de desarticular a los cristianos como grupo. Para ello se encarcelo a todo el clero. Se los sometía a todos los tormentos para lograr que renunciaren a su fe en Cristo, mas nada surtía efecto. Sucedió a este otro edicto en el mismo año promoviendo la libertad de todos los cristianos que accedieran a sacrificar ante los dioses paganos. Aun así, siguiendo el relato de Eusebio, se lograba victoria alguna, dice el autor que no todos sacrificaban, pero que los soldados romanos los hacían pasar como si lo hubieran hecho, a pesar de que los cristianos afirmaban que no lo habían hecho. “Sin embargo también éstos fueron arrojados afuera por la fuerza bajo el menudeo de los golpes en la boca por obra del nutrido grupo de soldados que para ese fin allí formaban, y a bofetadas en el rostro y las mejillas se les redujo al silencio”. “Así era la estima que los enemigos dela religión tenia de aparentar por todos los medios que había logrado su intento”.

Recién en el 304 se proclamó el edicto de persecución general, mediante el cual se extendía a todos los ciudadanos. En este se intentaba la apostasía, cualquiera sea el precio, inclusive la muerte. “Ríos de sangre costo este edicto, combinado con los precedentes y ejecutado con rigor en todas partes, excepto en territorio de Constancio Cloro”.

Un año después Dioclesiano, viejo y enfermo, se vio obligado a abdicar, por presión de Galerio. Lo mismo hizo Maximiano por pedido del emperador. Durante los años siguientes la persecución se endureció pero no logro lo que se esperaba. No pudieron cumplir con sus objetivos. El cristianismo habia hechado raices muy fuertes, ademas de ser un notable ejemplo de fortaleza espiritual el ejemplo de los martires de Nicomedia, que morían felices, sabiendo que “de la misma manera persiguieron a los profetas antes de vosotros”

CONCLUSIÓN

La tolerancia religiosa era la salida más beneficiosa para ambos grupos, mas esta era imposible en tanto uno de los dos renunciara a parte de sus creencias y buscaran entonces puntos en común. Pero esto es una utopía, pensada desde este siglo, con la perspectiva y el conocimiento necesario para comprenderla. Aun así esa fue la postura de Dioclesiano, quien reconoció que nada construía destruyendo, mas su propia reforma lo debilito. La tetrarquia requería no solo una misma persona que gobernara, sino también una misma mentalidad y una misma postura ante los hechos. Allí fue donde residió el problema de esta forma de Gobierno.

El cristianismo se vio favorecido por ella, por cuanto en el periodo que era perseguido en los dominios de Galerio, disfrutaba de una aparente tolerancia en los de Constancio. Pero a su vez le jugo en contra, pues en el contexto político una postura “reformista” y “conciliarista” como la de Dioclesiano provocó una oposición que se fortaleció con el surgimiento de un personaje con amplias aspiraciones imperiales.

Aun así, Dioclesiano resistió el mayor tiempo posible defendiendo su posición de evitar el derramamiento de sangre, y cedió únicamente cuando la tan buscada la unidad Imperial corría peligro. Y ni aun ahí quiso la muerte de los cristianos, pero cedió. Por lo cual desde mi modesta opinión me opongo a la postura de Llorca quien, siguiendo fielmente el relato de Lactancio, dice que Dioclesiano había sido contagiado por la locura de Galerio; me parece más lógico decir que cedió ante el peligro de una guerra civil dentro del Imperio, cosa que arruinaría todo el trabajo de 20 años de reinado. De ser cierta la hipótesis del Llorca, ¿por qué Galerio obligó a Dioclesiano a abdicar, si ya pensaban de la misma manera?, en mi opinión sostener tal tesis es no mirar al hecho puntual del cuarto edicto en el contexto de la reforma tetrarquica y de los riesgos que esta provocó.

BIBLIOGRAFÍA

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  • Pollitzer, Maria, Dioclesiano y la teología tetrárquica, en TEOLOGÍA, tomo XL, N°81, Año 2003, 1er semestre.

  • Rémondon, Roger, La crisis del imperio romano, Barcelona, Labor, 1979

Barrow, Reginal, Los romanos, México, FCE, 1971. Pàg. 180

álvarez Gomes, Alberto, Historia de la iglesia, Tomo I, Madrid, BAC, 2001; Ehrhard, Albert, Historia de la Iglesia, La Iglesia Primitiva, Madrid, Rialp, 1962; Allard, Paul, El Martirio, Madrid, Voluntad, 1926.

Alvarez Gomez, A. Op. Cit. Pág 97

Cfr. Homo, Leon, Nueva Historia de Roma, Barcelona, Iberia, 1971. Pág. 363

Lactancio, Sobre la muerte de los perseguidores, 7; 2-3

Pollitzer, Maria, Dioclesiano y la teología tetrárquica, en TEOLOGÍA, tomo XL, N°81, Año 2003, 1er semestre, Pág. 164.

Homo, Leon. Op. Cit. Pág. 363.

Entendiendo el termino como “ ascensión ilegal y por la fuerza de un gobernante”

Lactancio, Op. Cit. 7; 4.

Por lo general estos hombres salían de los sectores más humildes de la sociedad, en donde el cristianismo estaba fuertemente arraigado; por ello no debe sorprendernos cuan fuerte fue la expulsión de los romanos del ejercito, pues ellos eran, los que, en gran numero, los componían. Cfr. Homo, Leon, Op. Cit. Pág. 369.

Cfr. Lactancio, Sobre la muerte de los perseguidores, Madrid, Gredos. 7; 2-3

Idem, 7; 3

Lactancio, op. cit. 7; 1-2

No existía una ley anti- cristiana, de hecho eran respetados y habían logrado ascender en el plano político y militar; aún así no existía una legislación que los legalizara.

Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiastica, VIII; 1, 1-2

Idem. VIII; 1; 2-6

Allard, Paul, El martirio, Madrid, Voluntad, 1926. Pág. 116.

Cfr. LLorca S. I., Bernardino, Historia de la Iglesia Católica, Madrid, BAC, 1977. Tomo I, Pág. 313.

Cfr. Barrow, Reginal, Op. Cit. Pág. 187-188

Rémondon, Roger, La crisis del imperio romano, Barcelona, Labor, 1979 Pág 48.

De hecho se sabe que la emperatriz Prisca y Valeria, mujer e hija de Dioclesiano, fueron catecúmenas. LLorca S. I., Bernardino. Op. Cit. Pág 312.

Ver cita 14 en este trabajo.

Ehrhard, Albert, Op. Cit. Pág. 327

Idem. Pág. 327; Llorca S. I. Bernardino, Op. Cit. 313.

Dioclesiano, Edicto contra los maniqueos, Citado en: Ehrhard, Albert, Op. Cit. Pág. 322.

Lactancio. Op. Cit. 11; 6-7.

Ehrhard, Albert. Op. Cit. Pág. 324.

Era el modo para legitimar teológicamente su poder y la sucesión a la muerte del Augusto.

Cfr. Pollitzer, María, Op. Cit. Pág. 163.

Lactancio. Op. Cit. 9; 1-2

Lactancio, Op. Cit. 8; 7-9

Idem.

Lactancio. Op. Cit.. 9; 4-6

Siguiendo los relatos de Lactancio, podemos observar este caso durante los hechos ocurridos en el palacio, en donde, según el historiador, Galerio exigió a Dioclesiano que iniciara una persecución abierta hacia los cristianos y ante la negativa de éste para acceder a su recomendación se marcho enojado, lo que provoco la preocupación del emperador por temor a que se produjera un cisma dentro del imperio y luego de realizar una serie de consultas decidió proclamar el primer adicto.

LLorca S. I., Bernardino, Op. Cit. Pág. 314.

Eusebio. Op. Cit. VIII 4; 2

Eusebio. Op. Cit. VIII 4; 4

Allard, Paul. Op. Cit. Pág 116.

Lactancio, Op. Cit. 10; 1-4

Idem.

Lactancio, Op. Cit. 10; 6-7

Lactancio, Op. Cit. 10; 7

Lactancio, Op. Cit. 10; 8

Eusebio. Op. Cit. 2; 1-2

Lactancio. Op. Cit. 12; 2-5

Lactancio. Op. Cit. 13; 1-2

Lactancio. Op. Cit. 14; 5-6.

Lactancio. Op. Cit. 14; 8-9

Cfr. Lactancio. Op. Cit. 15; 1-6

Eusebio de Cesarea, Op. Cit. Pág. 512

Idem.

Llorca, Bernardino, Op. Cit. Pág. 320.

Mt 5: 13.

* La obra posee Nihil Obstat, y habilitacion eclesiástica local para imprimirse.

9

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia. Por que de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentiras toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos por que vuestra recompensa será grande en los cielos, pues de la misma manera persiguieron a los profetas antes de vosotros”

Mt 5: 10-13