Historia de la Economía

Desamortización. Problema carbonífero. Industria algodonera catalana. Siderurgia

  • Enviado por: Markos El Terrible
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 27 páginas
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Resumen del libro de historia - 1er parcial

Capítulo 1: La población, una falsa pista.

El aumento de la población.

Surge la duda sobre si el aumento de la población produce un aumento económico o si, al contrario, es el aumento económico el que produce un aumento de población. En Europa ha habido 3 aumentos de población: en el S. 11, en el 16 y en el 18. El tercero es un crecimiento sostenido (no se interrumpe). Los otros no. Un aumento de población puede provocar tanto estancamiento como innovación.

En Inglaterra hay un vínculo entre cambios demográficos y revolución industrial, pero en Europa hay sitios donde no lo hay. ¿Qué pasa en España? Se sabe que hay un aumento de la población, pero no tiene por qué ser por un crecimiento económico.

Análisis de la tasa de crecimiento.

No se sabía si la tasa de crecimiento era de aproximadamente del 0'5 o del 1 % al año. Si fuera superior al 1% habría una esperanza de vida de 40 años (Es muy alta). Si fuera del 0'42% la esperanza de vida sería de 27 años, que es más acorde, por lo que nos quedamos con ésta. El aumento de la población es, por lo tanto, menor que el de Inglaterra, pero mayor que el francés. Este aumento se acelera en la 1ª mitad del 19 y decae en la 2ª.

Diferencias regionales.

El cambio económico está produciendo cambios demográficos. En Cataluña, al haber más progreso hay más crecimiento demográfico (Se casan más jóvenes y hay más niños por la prosperidad agrícola y el comienzo industrial).

Sin embargo, si se liberara a Extremadura de la sujeción de la Mesta (Ovejas), se pasaría de 0'5 a 2 millones de habitantes.

La población evoluciona irregularmente de forma distinta a Europa.

Antes del S. 16 España no evoluciona de forma normal demográficamente. Multiplica menos su población que la de los países vecinos. Esto sucede por la reconquista, cargas del Imperio de los Austrias, …, pero en 1713 se acaban las guerras y empieza a recuperarse la población. Pero si en el S. 18 aumenta la población y riqueza, es por mejoras administrativas, más que por constantes progresos económicos. No sucede por una revolución industrial (El crecimiento ocurre en el antiguo régimen económico), sino por una eliminación de obstáculos exógenos que no tienen que ver con la revolución industrial.

Hay un crecimiento del 0'51 % anual por:

La retirada de la peste.

La extensión de los cultivos

El maíz y la patata.

La situación empieza a no dar más de si.

Entre 1860 y 1911 actúa la ley de los rendimientos decrecientes y se desacelera el crecimiento de la población (Se ve que lo que sucedió antes no era una revolución agrícola). El crecimiento de la población no era por mejoras en la producción. Cuando se llega al límite que le permite la economía antigua, el crecimiento para: hay una crisis de subsistencias (Desequilibrio entre hombres y recursos). Las colonias agrícolas se están poblando y ya no sirven. Es entonces cuando se eliminan obstáculos para la salida de la población.

Conclusión.

El crecimiento de la población es una falsa pista.

La población aumenta sin cambios económicos.

La industrialización española comienza en 1961. (Echa raíces muy pronto, pero no se dan las condiciones necesarias)

Mientras en U.K. se sincronizan los cambios, en España hay asincronización (Economía tradicional y moderna a la vez) ! Economía dual.

La desamortización empieza a romper con todo esto (Hace aumentar la producción agraria)

1832: Se adopta el vapor y comienza la revolución industrial.

Capítulo 2: Deuda exterior, K. Extranjero y FF.CC.

Las colonias españolas subvencionaban al estado.

Las colonias eran el pilar del tesoro, gracias a los impuestos por la minería y a las aduanas en España. España era la intermediara del tráfico con América, del que recibía comisiones. Durante el S.18 aumentan las remesas de indias un 13%, pero disminuyen las rentas de aduanas en un 18% por la guerra con Francia e Inglaterra.

Se pierden las colonias. España se queda sin guita.

En 1818 se produce la emancipación americana, lo que conlleva pérdidas irreparables en hacienda.

No entran remesas de forma directa

No hay tráfico colonial

Caen los valores del comercio exterior

Cae la renta de aduanas

La pérdida de colonias y del control del tráfico frustran una evolución política.

Hacienda queda chunga.

La hacienda española no aumenta sus recursos hasta 1851-60, mientras que la inglesa lo hace ya en 1801-10. Desde 1800 hasta 1830 hacienda ingresa cada vez menos. Se intenta reformar, pero para eso se necesita pedir prestado.

Los bancos se aprovechan y no invierten.

Los bancos dan remuneraciones muy generosas por los caudales que se aportan a sus arcas (Un elevado tipo de interés). Por lo tanto el dinero que en un principio debía ir a la iniciativa privada se dirige a este tipo de inversiones. Son inversiones especulativas que no impulsan la producción). Todo esto no favorece a la industria ni al comercio. Además se juntan muchos valores públicos en la bolsa.

Todo esto se agrava cuando los bancos, en vez de comprar acciones de sociedades industriales se dedican a subvencionar al estado. El mismo Banco de San Fernando (1.872) tiene como misión dar fondos a la hacienda, por lo que falla como banco central al no fomentar las fuerzas económicas.

El Banco de España monopoliza la inversión, pero tiene dependencia (Sigue siendo la ayuda de la hacienda)

Gastos e ingresos.

La guerra Carlista (1833-40), la desamortización (1840) son dos gastos importantes. El Banco de España se dedicaba a cobrar los impuestos, con los gastos que conllevaba, y adquiría la deuda del gobierno (1874-1898).

A finales de siglo aparece una gran depreciación de la moneda y hay grandes tensiones inflacionistas. Esto provoca que en 1891 se cambie de actitud hacia un mayor proteccionismo. Se conceden créditos a empresas y se colabora con los bancos en el desarrollo de la nación, pero ya lo hacen demasiado tarde. Antes de esto casi se operaba solamente con el estado, no con particulares. Entre 1829 y 1843 los beneficios en operaciones con el gobierno eran el 75% del total (25% los privados).

Se busca guita fuera.

A partir de 1820 no llega con el dinero de dentro del país, por lo que hay que pedir prestado fuera. Ésta es una constante en todo el siglo. Pero estas operaciones de búsquedas de créditos se hacen en muy malas condiciones (Se paga mucho por los préstamos).

El estado no puede pagar deudas.

En 1824 Fernando 7º no reconoce los empréstitos de las cortes, lo que origina una reacción el Londres: no reconoce a los estados insolventes. Ello hace que se formen unos comités de perjudicados. Es imposible para el estado cortar el endeudamiento, por lo que optan por procedimientos de emergencia como la conversión de la deuda (Una estafa), lo que provoca el rechazo de la cotización de los títulos españoles en Londres y Ásterdam. Se conceden compensaciones indirectas y se empeña el patrimonio (La mina de Almadén se cede).

El bienio progresista: 1854-56

Hacen compensaciones a título general. Se conceden ventajas a las finanzas extranjeras como las salvedades al régimen de anónimas. Dan libertad para crear sociedades por acciones. Hacen unas nuevas bases para la explotación minera.

Anteriormente al bienio la reglamentación de las S.A. eran primero restrictiva (1829) y luego férrea (1848). A partir de ahí los bancos emisores debían ser aprobados por las cortes. Los no emisores o anónimas quedaban prohibidos si no eran de utilidad pública. En 1849 se prohiben definitivamente nuevos bancos emisores.

En 1852 se produce el boom agrícola. Sus excedentes se colocan en Crimea, que estaba en Guerra (1853). Se produce entonces una gran demanda de créditos, pero la oferta era incapaz de satisfacer las necesidades de dinero.

En 1956 se consigue aprobar el nuevo sistema financiero. Se adopta la pluralidad de bancos de emisión, se sube el límite de emisión (3 veces el capital desembolsado), y se autoriza a los bancos a emitir obligaciones a C/P (Son cuasi - emisores).

Importante movilización de caudales entre 56-64.

La circulación de billetes se multiplica por 2, ya que se pasa de 3 a 21 bancos emisores. Se crean muchos bancos locales, pero había grandes diferencias entre sus tasas de interés (Carencia de un mercado nacional de K). Se crean a su vez muchas sociedades de crédito.

En el 56, 3 bancos franceses presionan para que sean aprobados por ley (Una ley hecha a medida) y conceden préstamos al gobierno. El crédito que concedían las entidades crediticias era, en su mayoría, mobiliario y la mayoría de él era extranjero. El impulso para la movilización de capitales provenía de fuera, ya que era difícil atraer ahorro del país.

Objetivo del sistema financiero: Negocio ferroviario (Hasta 1865).

El ferrocarril se construye a costa de la industria, en vez de ayudarla. En vez de construir industria (Actividades directamente productivas), se invierte en el ferrocarril. Las expectativas de ganancia eran más grandes en el FF.CC. que en la industria. Sin embargo se ha demostrado que si no se invirtiera en el FF.CC., no necesariamente ese dinero iría a parar a inversiones en la industria. En el despegue del FF.CC. los recursos de fuera fueron decisivos. La competencia entre las inversiones en FF.CC. o en manufacturas sólo surgieron en Cataluña (Que era la que tenía una base industrial).

4 Compañías eran las que controlaban el 60% del capital del FF.CC. (Y la mayor parte era capital extranjero). Además se necesitaban para crearlo muchos recursos y aportados en bloque (Muy rápidamente). Las compañías fuerzan las subvenciones, e intentan conseguir emitir muchas obligaciones, teniendo a su vez muy pocas acciones, por lo que tienen gran importancia los recursos ajenos y el capital de las empresas cada vez va teniendo menos acciones. Sin embargo las obligaciones obligaban a pagar mucho, por lo que acababan dejando en mal estado a la empresa. Conclusión: el FF.CC. tenía escasez de recursos propios y acaba por necesitar el socorro estatal (Se subvenciona el 6%).

Por la ley general de junio de 1855 se construye la red ferroviaria por medio de concesiones auxiliadas con fondos públicos. Eran del 41% del ingreso por acciones en 1864 y del 79% en 1891.

La red se construye pronto porque el negocio no era otro que construir y las sociedades de crédito (Bancos) lo promocionaban.

Pronto se ve que el modelo ferroviario es inadecuado.

La red se construye sin fijarse la circulación del interior. De poco sirve que haya excelentes transportes si no hay productos que transportar. Se creía que con mejores transportes llegaba el desarrollo, cuando el mejor ejemplo de lo contrario estaba en Cataluña, que con los peores caminos de España era la más industrializada. El trazado de la red era radial con centro en Madrid. Esto ocasiona algunas contradicciones, como que atraviese desiertos y no toque comarcas importantes. Era el instrumento para el tráfico, pero el problema era que no había tráfico. Había minas importantes en el territorio español, pero les faltaban transporte y combustible. Algunas compañías dejan el FF.CC. La compañía de los Péreire se centró en los del norte. Obtenía el carbón del norte, lo transportaba y lo utilizaba para fundir el hierro, por lo tanto, utilizaba al ferrocarril como un instrumento de explotación, no de desarrollo.

Crisis de 1866: Quiebra de los FF.CC.

El estado se dispone a controlar la emisión. Se hunde el mercado de capitales, por lo que la gente adquiere nuevos hábitos (No invierte en bolsa, sino que mete el dinero en depósitos bancarios). El banco se convierte ahora, con ello, en el elemento central de financiación, al acumular muchos recursos.

La evolución minera incidió en desarrollo bancario. A partir de la ley minera del 69, la minería pasa a manos extranjeras. Se invierte mucho dinero en ella, lo que provoca un gran desarrollo y la consiguiente caída de precios. La banca ahora se dedica a especular con la hacienda, pero también impulsa la industria.

Capítulo 3: La desamortización del suelo.

Problemas descritos en capítulos anteriores.

En la 1ª mitad del S.19 hacienda está mal por la disminución de la renta por las aduanas. Esto ocasiona que España se vea incapaz de cubrir sus necesidades financieras. Se recurre entonces a pedir empréstitos y a las emisiones de deuda. Pero esto solamente se puede contrarrestar con un nuevo patrimonio: se nacionaliza y vende la propiedad en manos muertas.

Bienes que se desamortizan.

La iglesia concentraba muchas tierras (El 14% eran suyas) y controlaba gran parte de la producción agrícola (24%). Los municipios tenían aún más tierras, pero eran de menos rendimiento. La Corona tenía también gran cantidad de tierras improductivas (Montañas, …). Todas estas propiedades se confiscan, nacionalizan y liquidan para amortizar la deuda. Empiezan a desamortizar en 1798 y el proceso continúa durante 100 años (Por la cantidad de bienes y de frenos políticos que se encuentran).

1ª desamortización (1798-1808).

En España había un gran desequilibrio presupuestario por causa de las guerras. La solución para paliarlo fue emitir vales reales, pero se emiten demasiados, por lo que se deprecian (Tienen un valor de mercado muy inferior al de emisión). La solución para este nuevo problema podría ser el reducir el número de vales (Quitarlos de la circulación), es decir, liquidarlos con sus intereses, pero no existían fondos con lo que hacerlo, por lo que la única salida es vender bienes.

La desamortización afectó a la mitad de los bienes de la iglesia.

A partir de 1803, los compradores de los bienes desamortizados podían despojar a los arrendatarios de sus tierras (Incentivo para que las comprasen) o subirles el precio de sus arrendamientos. Esto abre las puertas a la explotación capitalista de estos bienes. Sin embargo ocasiona que los arrendatarios paguen las necesidades de la Corona.

2ª desamortización (Trienio constitucional ! 1820-23)

Va a afectar a muebles e inmuebles de monasterios, conventos y colegios. La novedad de esta desamortización es que los bienes se pueden pagar con vales reales. Paralelamente a este proceso, se obliga a reducir el diezmo de la Iglesia, que es sustituido por una nueva contribución (+ caudales al estado). El problema de admitir vales reales al final fue que se venden bienes por valor de 1000 millones, pero se ingresan por caja solamente 100. Con la restauración del Antiguo Régimen, se va a ordenar devolver los bienes a sus antiguos propietarios, sin reintegrarles el dinero.

3ª desamortización (1833-1845)

Tuvo un éxito aparente. En 1833 surgen los problemas de sucesión del rey Fernando VII (Fin de la guerra civil). Mendizabal ordena la disolución de las órdenes religiosas y consigue vender sus bienes. En 1845 se había conseguido vender ya ¾ del patrimonio eclesiástico.

Sin embargo el proceso desamortizador estaba viciado desde el principio. La intención era que hubiera muchos nuevos propietarios de todo tipo (Tanto jornaleros como capitalistas). Pero el problema era que se admitió como medio de pago la deuda por su valor nominal y no por el real. Como la deuda estaba notablemente depreciada, los capitalistas consiguen vencer y comprar la gran mayoría de las tierras, en detrimento de los campesinos (Concentración territorial en manos de los especuladores).

Como consecuencia de todo esto, la desamortización no basta para sanear las finanzas públicas, y la deuda en vez de disminuir, aumenta en 1/3.

A todo esto hay que sumar el temor de los compradores de que otro cambio de régimen le hiciera devolver las fincas, por lo que los compradores se asientan en posiciones liberales. Los campesinos, al verse perjudicados, se sitúan en posiciones antiliberales o reaccionarias (Les aumentan la renta y no les dejan acceder a la propiedad de la tierra).

Una gran diferencia con la anterior desamortización, fue que en 1823 se exigían los títulos adquisitivos, mientras que en ésta sólo se exigen pruebas de propiedad (+ fáciles de conseguir ! Bº a señores)

La supresión del régimen señorial perjudica a los campesinos además por otra vía. Los siervos con tierras se convierten ahora en campesinos libres, pero sin tierras. La aristocracia perdió así sus derechos, pero gana en propiedades. Esto hace que en España se produzca la revolución francesa al revés: son los señores los que implantan el capitalismo en el campo (Aunque lo hacen en su provecho). Los señores son los que apoyan la revolución. Los campesinos apoyan la reacción.

4ª desamortización (1855-principios del S.20)

En 1855 los bienes comunes (Vecinales) eran intocables, pero se atacan ilegalmente los usos colectivos. Tanto es así que entre 1855 y 1868 la venta de bienes concejales era ½ del total de ventas. Ahora corrigen el error de la anterior desamortización y se exige el pago en metálico o se acepta la deuda a precio de cotización (No de emisión).

El destino de la recaudación eran la Hacienda y la construcción del ferrocarril. La deuda negociable se cambia por intransferible endosada a los pueblos. Los municipios se ven muy perjudicados, ya que descienden los recursos financieros locales. Esto provoca una disminución de los servicios públicos y una quiebra de la organización rural española.

La desamortización civil coincide con el aumento de la demanda y de los precios. Para producir más se aumentan las roturaciones (Para aumentar la superficie cultivable se rompen baldíos), con lo que se consiguen más tierras de labor. Los cultivos principales son los cereales (en la meseta) y la vid (En la periferia), aunque ya había comenzado antes la expansión de estos cultivos.

Se forma el mercado mundial de granos y la economía española se rompe.

En 1820 se prohibe importar grano para favorecer la producción interior. Sólo se suspende esta prohibición algunos años por crisis de subsistencias. De 1849 a 1881 exportamos grano, lo que incentiva a roturar más tierras. Sin embargo de 1882 a 1913 importamos grano. Esto ocurre porque se van utilizando poco a poco más tierras marginales, lo que provoca un crecimiento extensivo y unos rendimientos decrecientes. Éstos provocan poca producción por hectárea, rendimientos bajos, y en consecuencia, costes altos, lo que provoca la imposibilidad de exportar. Nuestros productos no llegan a salir del origen (En Barcelona se compraba grano extranjero).

Resumen de problemas en el campo español.

  • Falta de créditos

  • Usura

  • Tributos excesivos

  • Retraso técnico

Todo esto provoca que se consigan unos rendimientos muy bajos, lo que a su vez ocasionan unos costes muy elevados. Los problemas se ven agravados por las deficiencias del sistema ferroviario. La falta de demanda hace que se acumulen stocks y que se hundan los precios de los productos, lo que hunde a los campesinos que viven del campo.

El estado, por todo esto, se ve obligado a proteger la producción española (1888), por lo que implanta un gravamen del 69% al trigo extranjero (1895). Esto provoca que hasta 1930 se aumente la superficie en secano y que se produzcan en 1923 los primeros excedentes de trigo desde 1881. De nuevo se prohibe importar. Se consigue así que en 1930 hubiera una situación igual que 1 siglo antes: el autoabastecimiento.

El proteccionismo, sin embargo, no solucionó algunos problemas. Los pequeños propietarios y arrendatarios no resisten el descenso de las ventas. Los grandes arrendatarios, para bajar costes, lo que hacen es bajar los salarios en vez de meter tecnología. La industria harinera se hunde por la fuerte competencia de Barcelona, que recibía granos muy baratos.

Industria de la vid y del vino

Comienzo en buen estado.

La vid se ve beneficiada por la desamortización. En el siglo 17 es el producto que permite acumular capital en Cataluña (lo que permite el despegue industrial posterior). Su producción se orienta hacia la exportación. Las inversiones, en el S.19, se orientan incluso hacia la vid, ya que era un producto que tenía un rendimiento seguro, mientras que en la industria no se saben con seguridad los rendimientos.

Filoxera en Francia (Nos beneficia)

En 1863 la Filoxera entra en Francia, lo que provoca que le exportemos gran cantidad de vino, ya que ella no podía ni abastecerse a ella ni a sus exportaciones. En 1882 Francia reduce sus aranceles para facilitar la entrada del vino español.

Filoxera en España (Nos hundimos)

Entra la filoxera en Málaga (1870), en Gerona (1879), y por último en Orense (1881). Desde estos 3 vértices ataca al resto de España. Esto se agrava en 1882, que es cuando Francia vuelve a proteger su mercado. Todo esto ocasiona un descenso en el número de labradores de la vid.

Se replantan cepas

En 1907 se termina de replantar los viñedos con cepas americanas (Resistentes a la filoxera). El problema de estas cepas es que son más delicadas, por lo que producen a costes superiores. ! menos beneficio para el productor.

Crisis general de la agricultura (fin del S.19)

Las posibilidades de la desamortización ya se agotaron. Los únicos sitios con rendimientos notables eran Valencia (por sus plantaciones de vid y de naranjas) y Sevilla (Por la remolacha), ambas zonas con cultivos de rendimientos grandes.

Crisis de la ganadería

El descenso de la producción es constante. Esto se produce porque la desamortización provoca que haya menos pastos. ! Los antiguos pastos comunes se han vendido y dedicado a tierras de labor. El descenso de la ganadería provoca a su vez un descenso en la cantidad de abono disponible, que hace que las tierras sean más estériles.

Crisis de la ganadería ovina.

Las lanas eran la principal exportación desde el S.14, pero caen las exportaciones, porque otros países consiguen ejemplares de su raza. Los alemanes posteriormente consiguen incluso mejorar la raza, lo que induce a que a partir de 1841 incluso España tenga que importar lana. La desamortización de los bienes comunales acentúa esta decadencia.

Ganado mular.

Este tipo de ganado se extiende mucho en el S.19. Lo propicia la escasez de mano de obra (Se va a América). Este tipo de ganado tenía problemas, ya que eran caros de comprar y mantener, y además hacían surcos de poca profundidad, comparados con los bueyes (Hacen bajar la productividad de la tierra).

Resumen de la desamortización.

Durante este proceso se le da libertad al campesino, pero se le aleja de la propiedad de la tierra. La desamortización estaba hecha a favor de los poderosos.

Durante el S. 18 la tierra produce ingresos que van a parar a manos de gente sin interés por impulsar otras ramas de riqueza (Los ingresos van a parar a gastos improductivos). Sin embargo en Cataluña se canalizan a otras actividades. Allí una porción de los beneficios agrícolas se integró en los beneficios del comercio e industria. En Galicia sin embargo, existen los subforos. El subforero se limita a construir pazos con sus ingresos, en vez de invertir en otras actividades.

Situación en la 2ª mitad del S.19

Los beneficiarios de la desamortización fueron los que debían ser sus víctimas. Además la desamortización desvía recursos que podían ir a parar a la industria para comprar tierras. Con ellos se ayuda a la deuda y se subvencionan a las compañías ferroviarias.

Andalucía.

Había grandes explotaciones cedidas a colonos, que se las transmitían de padres a hijos. Había también dominios señoriales cultivados por sistemas de parcelas. Estas parcelas se unen con la desamortización, convirtiéndose los campesinos en nuevos jornaleros. Se liquida así a la clase media campesina. ! Proletarización del campo.

Consecuencias de la desamortización de los bienes comunales.

Los municipios al disponer de menos bienes, tienen menos ingresos, por lo que intentan cubrir ese hueco con nuevos impuestos. Los que trabajaban las tierras de uso común se ven convertidos en jornaleros, lo que hace caer su nivel de vida.

Cuando la competencia de los granos importados fue demasiado fuerte, la gente se vio obligada a emigrar o a buscar empleo en la industria, lo que hace desaparecer incluso pueblos enteros. Por lo tanto, la desamortización liberó brazos para la industria, pero la industrialización se veía necesitada también de capital, que no le llegó (Necesita trabajo y capital).

Capítulo 4: La desamortización del subsuelo.

Situación en la época de la revolución de 1868.

La hacienda estaba en muy grave estado. Ya se habían consumido casi todos los resultados de la desamortización del suelo. La situación en el campo también era grave debido a 4 años seguidos de sequía. Todo esto se ve agravado por la insurrección de Cuba, que provoca más gastos y menos llegada de dinero. La solución que se toma para paliar esta mala situación es pedir prestado, pero dada la necesidad, se hace con unas condiciones muy desfavorables (Alto interés). Como garantía se ponen todos los bienes desamortizados todavía no vendidos más las minas. Con esto se pretendía amortizar en 7 años la mitad del empréstito. Los yacimientos más ricos eran: Almadén (Azogue ! mercurio), Riotinto (Cobre) y Arrayanes (Plomo).

Programa minero.

Los criaderos del estado servirán para amortizar el empréstito.

Se debe aumentar la riqueza para aumentar la materia impositiva

Legislación anterior.

La ley de 1825 decía que todos los yacimientos pertenecen a la corona. La hacienda explota los más ricos y concede a 3os los restantes. La ley de 1859 había cambiado un poco la situación, y dice que todas las minas son de la nación (Ya no son propiedad monárquica), las explote ella o las ceda. Sin embargo en esta legislación sigue habiendo barreras a la concesión. En 1868 se consiguen las concesiones perpetuas, sin posibilidad de ser denunciadas (Los concesionarios pasaban a ser los propietarios en la práctica), y además se pueden pedir en los gobiernos civiles provinciales (No exclusivamente en Madrid). En 1870 se pone a la venta por subasta la mina de Río Tinto. Ahora la única condición es pagar la cuota anual.

Precedentes y evolución.

Por lo tanto, es la pésima situación de la hacienda la que induce la desamortización del subsuelo. Se consigue que desde 1868 hasta 1944 haya una época de esplendor de la industria extractiva española. Los gobernantes de la revolución del 68 querían movilizar todos los recursos del país. Lo que consiguen con sus reformas es facilidad para poder conceder explotaciones y seguridad para explotar. Esto provoca el aumento del no de concesiones y que rápidos y abundantes recursos financieros acudieran a ayudar al sector.

Es por ello por lo que aumente la especulación y las concesiones mineras. Las explotaciones de las minas de empresas extranjeras tuvieron gran importancia, no tanto en no como en tamaño.

Oleada inversora.

La explotación de las minas consigue alterar la estructura del comercio exterior, al aumentar espectacularmente las exportaciones. Se consigue que avancen más rápido que el resto de las exportaciones (Incluso se sitúa como la principal exportación a partir de 1899).

El plomo (Río Tinto y Almadén)

El plomo tiene una gran variedad de usos y su extracción a gran escala es una novedad del S.19. En el siglo 18 su explotación se reducía a la criadera de Arrayanes (Jaén) y Falset (Tarragona) y estaba reservada a la corona por la ley de 1825. El decreto de 1817 permitió el libre juego de la oferta y la demanda (Gran avance). En 1820 se consigue el permiso de beneficio por particulares de cualquier tipo de minas y las reglas de tal beneficio.

Los yacimientos más importantes se sitúan en el sudeste peninsular. Las galenas andaluzas se expanden en forma de barras por todo el mundo, lo que consigue paliar el hundimiento de la lana. La exportación de plomo consigue ser la 2ª exportación en importancia detrás de los vinos, por lo que fue realmente importante.

La minería y metalurgia del plomo dieron muy buenos rendimientos, siendo el plomo penibético un factor de capitalización importante. Sin embargo este auge tuvo un efecto multiplicador nulo, lo que significa que no aumentó la demanda de bienes de consumo (Como textiles), ni el despegue de otros sectores. Esto sucede porque tienen pequeñas demarcaciones que impiden cualquier planificación. Además se arrienda la explotación a C/P . La sociedad arrendataria tiene que sacar provecho inmediato, por lo que no hace una explotación racional (Los filones se agotan en seguida y las compañías se crean y se deshacen continuamente). Es por eso por lo que en este tipo de explotaciones no se produce una acumulación de capital que pueda impulsar a otros sectores.

Exportaciones.

Entre 1869 y 1881 España consigue ser el 1er productor de plomo del mundo. La demanda interna (Red ferroviaria) y el capital extranjero tienen un papel decisivo en ello.

Evolución.

A partir del último tercio del S.19, Jaén, Córdoba y Murcia están a la cabeza de la producción española de plomo en barra. La demanda y los capitales extranjeros fueron decisivos.

A principios del 19 la industria plumbífera de Sierra Morena estaba muy desarrollada, pero en su mayor parte estaba en manos extranjeras. A finales de siglo se seguía estando a la cabeza, pero el capital extranjero se había introducido además en las industrias del hierro y del zinc.

Arrayanes (Gijón).

Es una zona minera con fama que viene de antiguo. El estado se reserva su explotación desde 1825. En 1829 el Estado firma un contrato con un particular por 20 años, a cambio de la mitad de la producción. El resultado de esta operación es nefasto, por l o que entre 1849-69 se opta por la gestión directa del estado. Al final se alquila por una renta anual. Hasta 1907 registra 12 ejercicios con rendimientos decrecientes.

Sierra Morena. 1

Los explotadores españoles no habían invertido lo suficiente como para poder explotar racionalmente los filones. En 1850 entra en la explotación una compañía inglesa y otra francesa. Ellas consiguen aumentar los rendimientos, colocando máquinas de vapor… En definitiva, las antiguas explotaciones surorientales no aguantan demasiado la competencia de las inglesas y francesas. Son, por lo tanto, estas empresas extranjeras las que traen la modernización. A finales de siglo, la industria del plomo en España estaba colonizada.

Cobre.

En un principio y ya de antiguo, el cobre tenía un uso ornamental. Sin embargo la demanda del cobre sufre un rápido aumento debido a los avances eléctricos.

Las exportaciones avanzaron muy rápidamente, colocándose España en el 2º puesto exportador del mundo.

En España más que las electricidad, en el despegue de la minería del cobre , influyeron las necesidades de ácido sulfúrico en dos ramas de la química inglesa: la del alcalí o la sosa cáustica y la de los abonos agrícolas.

Dada la la incapacidad de las técnicas de explotación francesas para aprovechar el azufre de las piritas onubenses, la “Cie. de Mines de Cuivre d'Huelva” arrienda las concesiones de varios pueblos a un consorcio británico de fabricantes de alcalí.

Riotinto.

Se desarrolla mucho la zona de Riotinto, incluso habiendo pasado con anterioridad a 1870 por fases de semiabandono. Es en esta época cuando se comprueba el fracaso de la gestión estatal, por lo que se tasa la mina y se vende. El comprador consigue ponerse con ella en la cabeza de la producción mundial de cobre (44% de la producción del planeta). Este dato choca con que España solo producía en la misma época el 2'88% del cobre en metálico mundial. La producción de sulfuros para abonos y de insecticidas, que están relacionados también con este tipo de minería, era también insuficiente para la demanda interior. Sin embargo el éxito de Riotinto impulsó la creación de otras empresas cupríferas, sobre todo en huelva.

Mercurio.

Almadén (Ver capítulo relacionado con la deuda)

La vinculación de Almadén con las operaciones crediticias de los Rothschild se reanuda en 1835 en 2 fases.

Del 35 al 47 se vende el azogue. Se anuncia con tan poco tiempo de plazo que sólo los Rothschild podían acudir. El rendimiento (Es decir, el precio que cobran) de los intermediarios fue enorme, ya que consiguieron más del doble del precio final.

Sin embargo del 47 al 57 el rendimiento fue de 1/8 del período anterior. Este fracaso obliga a la venta directa del mercurio en el mercado londinense. El metal subre una baja por causa del descubrimiento de minas en California y la bajada del consumo en Méjico.

Es en el 58 cuando se empieza a organizar bien el servicio, por lo que la distribución y venta sale muy barata.

En 1866 el estado se vió con la necesidad de pagar un compromiso que les había vencido. Los Rothschild (Los que habían alquilado la mina) le dan un anticipo a reintegrar con la venta del mercurio de Almadén. En los 70 se les concede a los Rothschild una exclusiva de venta de la producción obtenida por 30 años, lo que les permite crear un monopolio y subir el precio. Como consecuencia del anticipo, las minas, productos, terrenos,… de Almadén quedan hipotecadas, mientras que como consecuencia de la exclusiva, se obligó a producir un mínimo anual de 32.000 frascos. Se debía comunicar de todo ello al prestamista, que por su parte está autorizado a inspeccionar los establecimientos cuando lo desee. Las mejoras para el aumento de la producción corrían a cargo del estado; la entrega de los productos debía ser en Londres y el estado podía reservarse 200 frascos anuales para cubrir las necesidades de la industria.

Ante la posibilidad de que, por no cumplir las condiciones, los Rothschild pudieran pasar a ser los propietarios de las minas la ley de presupuestos de 1870-71 concedió un crédito para la renovación del establecimiento. De esta forma, la etapa 1870-1900 fue floreciente en cuanto a producción, pero no en cuanto a resultados económicos, pues como resultado del préstamo el prestamista tiene una prima favorable del 203'6% y además el producto de la venta del mercurio importó casi 240 millones de pesetas, de los cuales, 40 los percibió la hacienda como anticipo y 69'3 como producto. En total, 110 millones frente a los 129'7 que se llevó la casa Rothschild. Del producto de la venta, el estado recibió el 45'9% y pagó el 54'10% restante.

Tras 1900, el fisco renovó por 2 veces la comisión de venta del mercurio español a los “Rothschild e hijos” de Londres, pero en condiciones menos onerosas. Finalmente, en 1821 se autoriza al consejo de administración de las minas a vender el producto prescindiendo de las subastas. Así el rescate de Almadén por parte de la hacienda fue un hecho.

Hierro

En España destacan principalmente dos centros de extracción:

Al norte, las provincias contiguas de Santander y Vizcaya.

Al sudeste, las provincias de Almería y Murcia.

La cuenca norte ha sido más importante por la abundancia de yacimientos, por su calidad y su mejor situación hacia el extranjero, sobre todo Bilbao, por la riqueza de sus minas, por su barata explotación, por la proximidad de la ría... y además por la proximidad del ferrocarril de Triano hasta los muelles en Ortuela (1865) que impulsó fuertemente la cuenca.

Pero el factor decisivo fue el descubrimiento del convertidor Bessemer para obtener el acero. La nueva siderurgia británica eligió las reservas vizcaínas, más baratas y menos fosforosas. La extracción, gracias al procedimiento Bessemer, y los envíos, aumentan incesantemente hasta alcanzar su máximo en 1905-1908.

Si analizamos la producción, el beneficio y exportación del hierro españolentre 1861-1913 observaremos:

La estrecha correlación entre exportaciones y producción.

La parte hegemónica y creciente de Vizcaya hasta 1900.

De 1881 a 1913 exporta casi el 91% de la mena arrancada, siendo G.B. su principal cliente (± 80%), pues desde el último decenio del S.19, la industria del hierro británica, limita la demanda de materia prima autóctona, en beneficio de la oferta extranjera, concretamente la española. Esto se debe a que la mano de obra vizcaína exigida para obtener una tonelada de lingote apto para convertirse en acero era la mitad más barata, aún incluyendo el coste de transporte.

La demanda exterior de minerales de hierro españoles, provocó una importante formación de capitales. Para hablar de sus beneficiarios distinguiremos entre Vizcaya y el resto de las provincias productoras.

Vizcaya.

Los propietarios de las minas se asocian con los intereses extranjeros para aprovechar las riquezas del subsuelo. Todas las compañías llevaban nombres foráneo y destacaron 4: “The Orconera Iron Ore Co.” (1873), “ Cie franco-belga des mines de Somorrotro” (1876), “The Luchana mining Co.” (1886), y “ The Parcocha Iron ore and Railway Co Ltd.”. Por lo tanto la inversión extranjera fue muy mayoritaria.

Entre 1871-1914 los británicos formaron 64 S.A. para explotar el mineral de hierro español, no sólo el vizcaíno. Impusieron una explotación racional de los criaderos, realizaron las inversiones necesarias y se llevaron la mayor parte de los frutos. En el caso de la Orconera, sería el 75% mientras que a Vizcaya le correspondería el 25%. Aún así el beneficio fue tan grande que al socio español le dejó la posibilidad de una acumulación extraordinaria.

Si observamos la constitución de sociedades mercantiles en España entre 1886-1913, vemos cómo se registraron más de 30.000 en todo el país, destacando Barcelona por el número y Madrid por el montante de los capitales. Pero sin embargo en términos relativos, Vizcaya tuvo una contribución sobresaliente.

Fuera de Vizcaya.

El predominio extranjero es más acentuado. El hierro penibético adquiere más importancia con la superación de los procedimientos Bessemer y Martín - Siemens por otros más modernos que no exigían la ausencia de fósforo en las menas. Así, Almería y Murcia sumaban el 15-18% y el 12'16% de toda la producción española entre 1901-10 y 1911-13 respectivamente.

Capítulo 5: El problema carbonífero.

La hulla era desconocida en nuestro suelo hasta mediados del S.18, cuando se conoció el 1er permiso para el beneficio del carbón de Villanueva del Río (Sevilla). Más tarde, en 1761, debido a un informe de la junta de comercio, monedas y minas, se concedió una licencia para beneficiar a aquellos criaderos a Don Antonio de Aguirre y Cía.

Política a seguir sobre las explotaciones de carbón.

Serán los gobernantes ilustrados de finales de siglo los que dispongan el ordenamiento general del sector carbonífero.

  • 1870: Concesión de privilegios y franquicias a los explotadores eventuales de las minas españolas.

  • 1789: Promulgación de las reglas para el beneficio del carbón de piedra, separando a este del principio general de la regalía minera y declarando libre su beneficio, tráfico y exportación.

  • 1792: Se confirman ciertas medidas para hacer efectivas la explotación y el tráfico del combustible: Creación de una escuela minera en Asturias, otorgamiento de primas a los buques españoles que hiciesen anualmente un mínimo de 2 viajes con carbón de un puerto a otro de la península…

La política empleada no funciona.

Pero esta política tuvo poco éxito. La comercialización del carbón fue nula por las dificultades del transporte y sobre todo por la falta de demanda. Prevalecían los prejuicios contrarios a su uso. Así los hogares y las manofacturas seguían usando el carbón tradicional de leña.

El consumo del carbón en las cuencas hulleras, cuando pudo intentarse, puso de manifiesto las quiebras del retraso tecnológico.

Al final de la guerra de la independencia, todas las explotaciones carboneras, excepto la de Villanueva, estaban cerradas; se ponía así de manifiesto el fracaso del sistema inglés, establecido en 1789, y que dejaba la máxima libertad a favor de los propietarios del suelo. Por eso, la ley minera de 1825, asimiló el carbón de piedra a los otros ramos de minas regidos por el principio regalista. Poco después, en 1828, empezó a salir carbón mineral por los puertos de Asturias.

Sin embargo, sería imprudente establecer una relación demasiado estrecha entre el nuevo ordenamiento minero y los primeros pasos de la economía carbonera asturiana. Aún más, la ley de 1825 fue menos favorable de lo que cabría esperar al desarrollo de los intereses hulleros, porque establece unas dimensiones exiguas a las pertenencias, porque exigió unos derechos elevados (% al año para el estado), tanto de superficie como de producto bruto extraído. Lo primero, dificultaba las labores, y lo segundo abstenía a los interesados.

El gobernador, al establecer la nueva normativa, había pensado en productos valiosos más que en la explotación racional de artículos de mucho volumen, como carbones y mineral de hierro. Y es que la ley pecaba de americanista, y por eso se adaptaba mejor a la economía americana que a la Europea.

La gente empieza a consumir carbón de piedra.

En la España de 1825 los intereses mineros e industriales no eran antagónicos, sino complementarios. Después de perder las colonias, el oro y la plata, símbolo de la riqueza, debían buscarse el fomento de las manufacturas. Para ello era imprescindible contar con el combustible para alimentarlas, de ahí que ahora comience a verse la importancia del carbón de piedra.

La ley de 1825 prestó mas atención a las galenas (A menudo argentíferas) de la sierra de Gador que al carbón mineral. Así, las dos primeras empresas carboneras arrancaron unos años más tarde, después de ser removidos por los obstáculos de la ley.

La “Real compañía asturiana de minas” de 1833, surgió cuando obtuvo la real orden de 14 de noviembre, eximiéndola de cualquier impuesto durante 25 años, mientras que la “Sociedad de minas del carbón del Siero y Langreo”(1838), quedó escrita tras la real orden del 11 de septiembre de 1836, que triplicó la extensión de las pertenencias en el caso de minas de carbón, y la del 20 de julio de 1837, que rebajó a la quinta parte el canon de pertenencia.

La historia de ambas compañías aclara los problemas del sector carbonero. Inicialmente la R.C.A. había sido pensada como una gran empresa siderúrgica, cuya idea era fundir el mineral vizcaíno, mediante la hulla asturiana por los métodos ingleses. El hombre clave del proyecto fue John Cockerill, creador del famoso centro siderúrgico de Seraign, que viajó en el norte de España en 1833, para reconocer el terreno, pero el periplo fue tan desalentador, que sus afanes posteriores por establecerse aquí se centraron en Cataluña.

La R.C.A. abandonó sus ilusiones metalúrgicas para replegarse sobre la extracción del carbón de Arnao, en Avilés. La falta de consumo marcó los primeros pasos de la compañía, formada a partes iguales por 2 belgas y 2 españoles. Su propuesta de fundir minerales de cobre de América por encargo de una casa inglesa, que exigía la franquicia para todo metal que se reexportase, fue desestimada por la Real Sociedad Económica de Asturias, porque según ésta, más que una verdadera industria, era una simple especulación comercial, basada en la baratura de los jornales y en el beneficio de sus 4 socios, entre ellos, 2 extranjeros. Así, hasta 1849 estuvo siempre condicionada por la extrema dificultad de colocar la hulla extraída, pero a partir de esta fecha, el combustible empezó a usarse para fundir al alto horno los calaminas que esta misma sociedad sacaba de Guipúzcoa. La obtención de una tonelada de Zinc, contenida en dos y media de mineral, exigía 7 de combustible. De esta forma, la nueva industria metalúrgica potenciaba la minería del carbón, aunque con escaso beneficio para el país.

La primera R.C.A. cedió el puesto en 1853 a la “Compagnie Royale Asturiane des Mines. Socièté pour la production du Zinc en Espagne” con sede en bruselas y con predominio del capital extranjero.

El segundo intento para movilizar el potencial térmico asturiano siguió un curso paralelo al primero. En 1838, Alejandro Aguado, marqués de las minas del Guadalquivir, banquero en París, obtuvo extensas concesiones hulleras en la cuenca central del principado. Para dar salida marítima al combustible producido por S.S.L., Aguado resucitó el viejo proyecto jovellanista de una carretera carbonera, emprendiéndolo por su cuenta, pero cuando se terminó en 1842, la carretera de Sama al puerto de Gijón era ya inadecuada, tanto porque la técnica del transporte había ya evolucionado como porque los dos portazgos (Impuestos) con que la viuda intentaba resarcirse eran insoportables. El carbón del interior seguía llegando demasiado caro a los puntos de embarque.

En esta situación el empresario Fernando Muñoz, esposo de la reina madre Ma Cristina, se subroga en la casa de los Aguado, en las minasy el camino carbonero y construye el ferrocarril de Langreo, que partía desde Gijón y no pasaba por sus concesiones. Para financiar su proyecto solicitó una subvención al Tesoro, que le fue otorgada.

De todos modos, su éxito y el de los demás beneficiarios del tren minero fue mediocre; y es que ese ferrocarril no pudo superar por si solo los obstáculos opuestos al abastecimiento del mercado hullero español. Además estaba la cuestión de los menudos, imposibles de aprovechar lejos de la bocamina. De nuevo, el desarrollo de la industria minera del carbón era inseparable del desarrollo de la metalurgia autóctona. Fernando Muñoz acabó transfiriendo sus concesiones a un financiero francés, Adolphe d'Eichtal, presidente de la “Compagnie minère et metallurgique des Asturies”, que en 1852 logró reencender los altos hornos de Mieres.

Los establecimientos industriales de Mieres y de La Felguera crearon el la cuenca central de Asturias la demanda de hulla que, en vano, se había buscado fuera. Desde mediados del 19 hasta 1906, la empresa creada por d'Eichtal fue la primera productora nacional de carbón de piedra. Igual que la R.C.A. el afianzamiento de la sociedad iniciada por Aguado, vino por el camino de la reconversión metalúrgica, aunque dicha reconversión (En ambos casos) implicó la entrega del negocio al capital extranjero.

La dependencia respecto del hierro provocó ventajas y desventajas para la industria del carbón. Las fábricas de Mieres y de La Felguera, que acaparaban la mayor parte de la hulla producida, se desarrollaron con ciertos problemas. La crisis de las construcciones ferroviarias, y la 3ª guerra Carlista disminuyeron el consumo siderúrgico español. Entre 1864-1879 fue el período de mayor estancamiento de la demanda, y por tanto de la oferta de hierro. En los años posteriores a 1881, la reanimación del mercado de hierros hubiera podido impulsar la extracción de fósil, si la demanda siderúrgica hubiese incidido básicamente sobre Asturias, pero esto no ocurrió así.

Desde los años 80 el centro de la siderurgia se traslada de Asturias a Vizcaya. De esta forma, si la industria carbonera asturiana quiere progresar, tendrá que situar fuera la mayor parte de un potencial que las fábricas autóctonas son incapaces de absorber. Se vuelve así a la situación inicial, cuando el consumo estaba localizado más allá de los límites provinciales. En aquel momento, la carestía de los fletes impidió aprovechar la ocasión; cabe preguntarse si ahora, transcurrido el tiempo y con la mayor proximidad del punto consumidor, se dio una respuesta adecuada.

Política arancelaria.

Para responder a esto es necesario analizar la política arancelaria. Desde el 1821 se prohibe la importación de carbones, excepto en contadísimos casos. En 1832 se levantó la veda, aunque exigiendo unos derechos de entrada tan altos que equivalían a mantener la prohibición. En 1836 Heredia consigue una rebaja para si, que luego en 1837 se hizo general. Con ello se inicia una etapa de liberalización que culmina en el arancel librecambista de 1869, instaurados de un derecho uniforme. De finales de 1840 datan los inicios de la penetración del fósil británico en la península.

Las barreras aduaneras poco podían impedir la competencia de los fósiles extranjeros.

En 1865 la hulla cribada de Newcastle se vendía más barata que la del mismo tipo de Sama de Langreo en los puertos de Cádiz y Cartagena, con una desventaja mínima compensada por la mejor calidad (Carbones más puros, menos friables y con un mayor poder calorífico). Los arribos más sostenidos y la clasificación más regular en los restantes puertos. Si analizamos datos numéricos, podemos ver cómo en el Atlántico sur y en el mediterráneo dominaban los carbones ingleses, excepto en los puertos de Málaga y Adra. Sobresale la especial baratura del combustible extranjero en Cádiz y Cartagena.

En la bocamina y en los arrastres, el combustible británico tenía gran ventaja sobre el Español, porque se exigía derecho de superficie, inexistente en Inglaterra, donde el minero se limitaba a pagar al dueño un tanto sobre el producto extraído; porque había obligación del pueble forzoso y permanente de 4 mineros por pertenencia, por la falta de medios de transporte de las minas al ferrocarril, y por las caras tarifas del tren minero, etc. Todos estos obstáculos explican que la hulla cribada de Asturias saliera a 72'56 reales en Gijón, mientras que la hulla inglesa resultaba a 38 reales a bordo en Newcastle.

En estas condiciones los fletes eran decisivos, tanto para establecer la cantidad de carbón mineral a consumir, como para fijar la procedencia (Británica o asturiana) de la hulla a importar. El coste del transporte marítimo desde Gijón a los demás puertos no eras proporcional a las distancias y era mucho mayor en términos relativos que el de Newcastle a los mismos puntos de España. De esta forma, la hulla llegaba a un coste excesivo que limitaba su consumo y, aunque en la costa Cantábrica de San Sebastián a La Coruña, la diferencia de los fletes compensaba otros inconvenientes del carbón de Asturias, en el resto del litoral español se inclinaban por la hulla inglesa.

Esta situación correspondiente a 1865 no perdura y en los años siguientes los costes de producción y de arrastre cambiaron poco, pero los derechos de entrada y los fletes desde Inglaterra disminuyeron radicalmente. Hubo el arancel librecambista de 1869; la desamortización del subsuelo que implicó un flujo incesante de minerales españoles haca el exterior. Como los factores endógenos no varían, Asturias se ve incapaz de competir con el carbón británico y galés. Así es como ya en 1882 el fósil británico dominaba no sólo en el Atlántico sur y en el Mediterráneo, sinó también en el golfo de Vizcaya, hasta ahora feudo intocable del carbón astur. El éxito inglés se basaba en la facilidad y seguridad de los retornos que les permiten establecer corrientes constantes entre sus puertos y los nuestros. De Huelva llevan mineral de cobre; de Cadiz y Sevilla diversos minerales, vinos, aceites,… ; de Bilbao y Santander minerales de hierro; de Málaga y Valencia, productos agrícolas. Asturias, sin embargo, sólo importa para su consumo interior. Aparte del mineral de hierro de Bilbao, los demás artículos son de poco peso y de mucho valor, al contrario que el carbón, que tiene poco valor en relación a su gran peso.

Si analizamos la situación en 1882 y la comparamos con la de 1865 vemos cómo desde el final de la guerra Carlista hasta 1881, las importaciones aumentan un 47% por la rebaja de los fletes. En 1882 los portes desde Inglaterra a Santander ya se equiparaban con los de Gijón a Santander, y esto es una situación general en todos los puertos españoles. La novedad respecto a 1865 es que, antes, la competencia más allá de Galicia, se entablaba por la mejor calidad y por el abastecimiento más regular de la hulla inglesa, mientras que ahora, en 1882, había que añadir, además, un menor coste.

Así ahora, las salidas marítimas de la hulla astur se limitaban a un pequeño comercio de cabotaje.

Origen del consumo hispano.

Si atendemos al origen (Español o extranjero) del consumo hispano, se aprecia la inferioridad de nuestra producción hasta el último quinquenio de siglo; y si analizamos las contribuciones provinciales, podemos ver el estancamiento asturiano desde 1871-1875 hasta 1886-1890, incluidos ambos períodos. Se trata de dos fenómenos complementarios. Las vicisitudes de la producción astur, preponderante en todo momento, determinan la parte de la producción nacional dentro del consumo español. Cuando el centro carbonero se traslada a Vizcaya, la industria asturiana no inicia su marcha adelante hasta finales de siglo, cuando se dan una serie de factores favorables, tales como la explotación de las minas de Aller, la terminación en 1894 del ferrocarril de Ciaño - Santa Ana a Soto del Rey, y sobre todo, la devaluación de la peseta, lo que disminuye la entrada de mercancías extranjeras.

Situación fuera de Asturias.

Fuera de Asturias el desarrollo de la industria del carbón fue aún más difícil, debido en parte a la menor riqueza de los cotos y a su situación menos periférica. En Córdoba, los trabajos se animan en los años 70 del siglo gracias a los ferrocarriles, que dieron lugar a las primeras sociedades: la “Fusión Carbonífera y Metalífera de Belmez y Espiel” (1858) y la “Houillère et Métallurgique de Belmez” (1865). En Abril de 1868 se abre al público la línea férrea de Belmez al castillo de Almorchón, lo que permitió llevar el combustible a las fundiciones de plomo de Linares, aunque con un gran rodeo. Gracias a este nuevo medio de transporte, la producción carbonera aumenta más del triple, situando a Córdoba en el 2º puesto dentro de España, a costa de Palencia. En 1873 se estrena un enlace ferroviario entre Belmez y Córdoba, que reduce a la mitad la distancia. En 1881 se constituye en París la “Socièté Minière et Mètallurgique de Peñarroya” para fundir en dicha localidad el plomo de Badajoz y Ciudad Real, que provoca la formación de un nuevo distrito hullero. También en 1881, Belmez contribuye al abastecimiento de Madrid, y fracasan, sin embargo, los intentos de llevar el combustible cordobés a las costas andaluzas, con perjuicio para las fábricas siderúrgicas malagueñas. Además, el enlace ferroviario acabado en 1873 no produjo los efectos deseados y así, en 1882, el cribado de Belmez (36 pesetas) era más caro que el mismo producto de Asturias (35 Pts). Resumiendo, de 1861 a 1913, Córdoba produce el 13'63% de la extracción española.

Durante ese mismo período, de 1861 a 1913, Palencia tuvo una importante contribución (7'9%). Su principal impulso fue gracias al Crédito Mobiliario Español que tuvo la gran idea de crear un emporio minerometalúrgico basado en el control del combustible. Para ello introdujo importantes mejoras en la explotación de sus concesiones y construyó un ramal ferroviario en Orbó, próximo a sus vías, y Quintanilla de las Torres, que permitió la circulación directa desde la bocamina hasta Valladolid y a la Corte, excluyendo de la competencia al carbón ingles llegado, hasta ahora con ventaja, por la línea de Alicante. El impacto del tren sobre los costes fue decisivo, porque disminuye el precio de la hulla, incluso por debajo de la inglesa; y esto provoca un efecto directo sobre el consumo de dicha hulla.

Pero las ilusiones del crédito de hacerse con el comercio de los metales se frustraron. Su intento de crear una demanda alternativa con el establecimiento de varias fábricas de ladrillos, fue inevitable. De esta forma, la minería palentina de carbón avanzó trabajosamente.

En León la economía carbonera no arranca hasta 1894 cuando el ferrocarril de La Robla permitió llevar el combustible a las fábricas de Vizcaya, Valmaseda, Luchana, tanto que 10 años más tarde, en 1904, su producción se situaba en el 4º lugar detrás de Oviedo, Córdoba y Ciudad Real, consiguiendo así ponerse por delante de Sevilla.

La cuenca carbonera de Sevilla, situada en Villanueva del Río, era al principio una de las mejores posibilidades, pero su explotación no adquirió importancia hasta los años 40 del siglo, cuando la fábrica de hierros del Pedroso empezó a usar sus productos para las labores de afino. Desde entonces y hasta 1880, las vicisitudes de la ferrería determinaron las fluctuaciones de la demanda y de la producción hullera.

Las 6 provincias mencionadas (Asturias, Córdoba, Palencia, Ciudad Real, León y Sevilla) aportaron entre 1861-1913 el 98'65% de la producción española. El resto no merecería referencia de no ser porque encubre los esfuerzos de la región más industrializada por satisfacer con recursos propios sus necesidades de combustible. A partir de 1840, con la generalización de la máquina de vapor, la industria manufacturera catalana es una consumidora destacada de carbón de piedra. Además, los resultados de las peticiones de concesión sobre carbón mineral fueron ínfimas, y a pesar de los numerosos intentos para lograr lo contrario, la industria catalana seguirá dependiendo del exterior para suministrarse carbón piedra.

Capítulo 6: Las dificultades de la siderurgia.

El metal por excelencia de la industrialización es el hierro, porque presenta evidentes ventajas sobre la madera: Mayor resistencia, menor desgaste, mejor adecuación a las exigencias de la producción en serie, porque para producir un objeto basta con hacerlo una vez y luego utilizar un molde.

Los principales sectores de la demanda metalúrgica son la agricultura, la industria textil y los medios de transporte. Esto se refleja claramente en España a partir de la cuarta década del S.19

Factores que influyen en la producción de hierro.

La desamortización agraria triunfante desde 1835, provoca una extensión de los cultivos que implica la necesidad de aumentar los instrumentos de labor.

La mecanización de la industria algodonera coincide con el proceso de reforma agraria. La nueva maquinaria, movida por caballerías, agua o vapor es más rápida y se desgasta menos.

Durante las guerras con Inglaterra y Francia, nuestra marina mercante se reduce mucho. La reconstrucción naval del 19 se hace sobre nuevas bases. Así, se sustituye el barco de vela tradicional, con el casco de madera, por el buque de vapor, que surca las aguas a contracorriente y con casco metálico (De hierro o acero).

El espectacular aumento de la demanda, sobre todo a partir del 2º tercio del siglo, no estuvo acompañado de un desarrollo paralelo de la industria siderúrgica. Esto provoca que las empresas de construcciones mecánicas, carentes de hierros y aceros baratos, lleven una vida difícil y con pocos rendimientos; y a pesar de varias tentativas, la mayor parte de los pedidos de material agrícola y textil, ferroviario y de navegación fue servido por fábricas extranjeras.

La peor ocasión perdida fue la de los caminos de hierro.

En 1885, al promulgarse la ley general, España tenía menos de 500 Km. de ferrocarril en uso, después de lo cual, la red empieza a desarrollarse fuertemente, sobre todo entre 1856-65, 1876-85 y 1886-95.

En 1829, la junta de aranceles tiene la idea de hacer un carril de hierro desde las principales minas de carbón, hasta el puerto más próximo. A mediados de 1833, la Junta de Comercio de Barcelona aceptó la petición de Francisco Ma Tassio para establecer una línea ferroviaria entre Reus y Tarragona, pidiendo que no se concediese la franquicia de derecho para introducir los hierros para carriles, guías, …, por su excesivo valor y por el gran gasto que supondrían para el reino. Meses después, esta junta, recomienda a la de los aranceles, la prohibición de hierro colado extranjero destinado a carriles. En 1851 se publica el proyecto de un catalán para crear una empresa de ferrería y fundición por medio de altos hornos, concebido con la esperanza de una próxima subida del precio de los hierros por la gran cantidad de caminos de hierro proyectados.

Pero esto no ocurrió así. La fiebre ferroviaria culminante entre 1860-65 provocó la importación masiva de hierros extranjeros, y así la entrada de hierro en lingotes y de laminados corrientes se vio superada a partir de 1857, por la de hierro forjado en barras. Así, la importación de hierro colado, pudelado o laminado durante esta época fue más del doble del producto total de la siderurgia nacional.

Estos resultados tan negativos fueron el resultado directo del artículo 20, No 5 de la ley general de 1885, que disponía, de hecho, franquicia absoluta a la entrada de todos los materiales necesarios para el tendido y la puesta en explotación de las líneas.

La falta de consumo, principal obstáculo para la prosperidad de la industria del hierro, hubiera podido superarse si los ferrocarriles se hubieran construido con material de nuestro país.

La ley de presupuestos del 25-6-1864 declara terminada la franquicia mencionada anteriormente, medida que animó a los productores, aunque estas producciones iniciales, además de ser ínfimas, fueron discontinuas. Por un lado, el escaso rendimiento financiero de las líneas ya explotadas frenó, a partir de 1886, el trazado de la red, con lo que la demanda se contrajo justo cuando las fabricas españolas empezaban a satisfacer parte de la misma; y por otro lado, las medidas restricciones de 1864 no se aplicaban a los caminos de hierro en explotación.

En 1866, todos los ferreteros coincidían en denunciar al ferrocarril, concretamente al hecho de que construyese con material extranjero, como el primer causante de los males del sector.

Otros factores que influyen en la producción de hierro.

Pero el análisis no sería completo si no incluimos, además de los efectos de la política económica, otros factores, pues la industria siderúrgica no era un sector aislado, sino que se insertaba en el contexto más general de la situación económica española. Así, los productores de lingote caro, es decir, al carbón vegetal, tenían grandes esperanzas en la mejora de los transportes para poder conseguir combustible nuevo y con ello, reducir los costes, mientras que los productores de lingote barato (Coque) pensaban en términos internacionales, siendo múltiples para ellos, las causas del retraso de la siderurgia: desde el estancamiento de la agricultura, que apenas consumía hierros, hasta la carestía del dinero.

Las dificultades eran tantas que no es de extrañar la retracción de los posibles inversores.

Pero, a pesar de que la situación era mala, no era igual para todos y puede decirse que las diferencias técnicas daban posibilidades distintas a las diversas fábricas de hierro. Aunque el estancamiento de la producción es un hecho global, destaca dentro del conjunto el relevo, en la cabeza, de la siderurgia meridional por la siderurgia nórdica.

Desaparece la hegemonía siderúrgica andaluza.

La hegemonía siderúrgica andaluza se mantuvo durante 30 años. El retraso impuesto a la modernización de las ferrerías del norte por la guerra civil rebasó los límites estrictos del conflicto. Así, muchas fábricas del norte fueron destruidas por los combates, y muchos otros altos hornos, no fueron encendidos hasta la década de los 40 (184…). A partir de 1861, las cifras de producción comienzan a disminuir rápidamente.

A la hegemonía andaluza le sucedió la preponderancia asturiana. De 1864 a 1879 la producción ovetense de lingotes de 1ª fusión fue siempre superior a la del resto de las provincias, mientras que las de forjado, eran superadas, algunas veces, por las de Vizcaya. Los orígenes de la moderna industria del hierro se remontan a Oviedo, en 1844, cuando un grupo de capitalistas ingleses construyó la “Asturiana Mining Company” para la explotación carbonera y creación de altos hornos y forjas cerca de Mieres del Camino. Pero dificultades posteriores la obligan a disolverse, de manera que estuvo parada de hasta 1852, cuando la “Compagnie minère et metallurgique des Asturias” reanuda los trabajos. Esta nueva sociedad dura hasta 1865 cuando es reemplazada por la “Houillère et Métallurgique des Asturies” que comprará la acería de Lena, acciones del ferrocarril minero de Langreo a Gijón y las minas de hulla de Sama; pero su vida todavía es más corta que las dos sociedades anteriores.

La siderurgia asturiana se pone en cabeza.

A pesar de todos sus problemas, la fábrica de Mieres marcó un hito en la historia de la siderurgia española: sus hornos quemaban carbón de coque, el combustible que confiere verdadera modernidad a la industria. Estaba localizada en el país de la hulla, principal materia para la elaboración del hierro. El recurso del carbón piedra debería disminuir los costes y aumentar el consumo. El ejemplo de la “Compagnie Minière” hizo que surgieran otras fábricas similares, entre las que se destacan éstas: “Sociedad Metalúrgica Duro y Cía” (1857), y “Sociedad Gil y Compañía” (1859).

Estos tres establecimientos hicieron que, en 6 años (De 1856 a 1862), la producción de Asturias se multiplicase por 6'2, pasando así a ser la más alta de España. La principal razón de este éxito está en los costes. Estos eran más reducidos, tanto en el carbón de leña necesario para obtener una tonelada de lingote, como en el carbón de piedra exigido para obtener una tonelada de hierro pudelado. También el coste del combustible era más bajo. De modo que los precios finales eran: Hierro pudelado !1177 reales por tonelada en Málaga y 652 en Oviedo; Hierro laminado!1588 y 973 reales respectivamente.

En estas condiciones las fábricas del sur no podían competir, lo que provoca que entre 1860 y 1870 empiece la desindustrialización del sudeste español.

La situación en el País Vasco.

La siderurgia andaluza empieza a decaer por su incapacidad para surtirse de carbones minerales, al contrario que la asturiana, que pudo sobresalir porque sus fábricas estaban situadas en las cuencas hulleras de manera que fueron las únicas españolas en disponer de coque. A partir de 1876, la llegada del coque inglés como contrapartida de los envíos de mineral de hierro, aumenta el esplendor vizcaíno.

Tradicionalmente, las ferrerías vascas habían sido las más activas de España. A finales del 18 estaban especializadas en la producción de anclas y de objetos navales, muy demandados por Portugal, Francia, Inglaterra, Ferrol, Cartagena, La Habana… Más tarde, al perder los mercados coloniales, con la decadencia de la marina de guerra, tras Trafalgar, etc…, la industria férrica de Navarra, Guipúzcoa y Vizcaya entra en crisis, y así, en 1840 la siderurgia vascongada, tal como acabamos de ver, estaba atrasada.

Este retraso no fue fácil de colmar. Los primeros altos hornos, sean de carbón vegetal, sean de carbón de coque, fueron encendidos con bastante retraso respecto de otros de Málaga o de Asturias. Esto provoca que de 1861 a 1878, la producción vizcaína de hierro colado fluctuó dentro de unos márgenes muy pequeños; y para que se produzca el verdadero despegue, habrá que esperar hasta 1879, cuando se ponga en marcha la fábrica “San Francisco” en el Desierto (Sestao), que se convertirá en la más importante de España, tanto así que en 1880 convierte a Vizcaya en el líder de producción de lingote, a costa de Asturias.

Esta fábrica y su éxito, sirvieron de acicate para la creación de otras sociedades más importantes todavía. Así, en 1882, se escrituraron en Bilbao “La Vizcaya” y “Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero”. Veinte años más tarde, en 1902, ambas se fusionan entre si con “La Iberia”, formando la “Sociedad Anónima Altos Hornos de Vizcaya” dando así un gran impulso a la producción española de lingote, y entre 1880 y 1913 su aporte asciende al 65'74%. Después de la anticipación andaluza (1832-63), tras el ligero predominio asturiano (1864-79), Vizcaya es el centro siderúrgico nacional más importante, para lo cual fue determinante la venta de minerales al extranjero, tanto por proporcionar la base financiera imprescindible y el combustible necesario. Tras desembarcar la vena de hierro en Gran Bretaña, los barcos aceptan a fletes muy bajos la hulla y el coque necesarios para los hornos a orillas del Nervión. Así, en vez del eje Bilbao - Gijón, se constituye el eje Bilbao - Cardiff.

En 1885, “Altos Hornos” obtiene el primer lingote de acero Bessemer fabricado en la península, y en 1888-89, enciende el primer horno Martín-Siemmens. A partir de 1892-93, el acero se impone definitivamente sobre el hierro dulce. De esta forma, la industria siderúrgica, y con ella la mecánica, toman nuevos rumbos, tanto así que durante las últimas décadas del siglo los talleres metalúrgicos se multiplicaron en las vascongadas, Asturias y Cataluña.

Problemas para el desarrollo: el proteccionismo.

Pero este espectacular desarrollo, no fue fácil: El tardío establecimiento de los hornos Martin-Siemmens comprometió la disponibilidad de aceros baratos; los vicios del ordenamiento ferroviario mermaron las existencias del hierro viejo, imprescindible para esos hornos… Desde su inicio, la protección estatal a la industria española de industrias mecánicas, se manifiesta en una doble vertiente: Trabas a la competencia exterior y estímulo a la producción autóctona, por medio de leyes especiales. El arancel del 31-12-1891 liquidó la etapa de librecambio abierta en 1869 y el de 1906 refuerza la tendencia proteccionista.

Estas medidas se complementan con otras que protegen específicamente las dos principales ramas del consumo siderúrgico: En 1896, se aumenta la tarifa para el adeudo de material ferroviario, es decir, que se agravan más fuertemente, y además se incluyen ahora las locomotoras en esa nueva tarifa. La demanda ferroviaria acunó, en los últimos años del S.19, el nacimiento del acero español.

Se intenta estimular la industria del hierro construyendo barcos.

En cuanto a las industrias navieras, la protección estatal adoptó caracteres originales. En 1886, el consejo de gobierno de la Armada, decidió probar los aceros españoles en los astilleros de El Ferrol; En 1887, la ley de Construcción de La Escuadra completará esta actitud. El estado estaba dispuesto a sacrificar el erario al desarrollo económico de la nación. En 1908 se aprueba el segundo programa naval y en 1909 se promulgó la ley de protección a las industrias y comunicaciones marítimas que estableció, por ejemplo, primas a todas las embarcaciones que superasen las 10 toneladas brutas de arqueo. Al amparo de uno u otro programa, unas fábricas son estimuladas y otras son creadas.

Conclusión:

A principios del S. 20, España, productora de buques metálicos y de material fijo y móvil para ferrocarriles, aparenta ser un país plenamente industrializado, pero esto no es así. Su comercio exterior seguía basándose en 1913 en la venta de productos del suelo y del subsuelo y en la compra de bienes manufacturados. La oferta de productos industriales nacionales era muy débil.

En el caso de la siderurgia, el principal problema eran los costes, debidos bien a la parvedad de la demanda, o a una producción demasiado diversificada, que no supo limitarse a los bienes semielaborados.

La industria algodonera catalana.

P. Pilar ha reconstruido los mecanismos del despegue catalán de S.18: Aumento demográfico y esplendor agrario en la 1ª mitad de siglo, lo que provoca el inicio de los intercambios con el extranjero; crisis de este comercio y compensación con el tráfico colonial americano; orientación de la burguesía mercantil hacia negocios industriales…

El desarrollo agrario forma capitales en el campo.

El fuerte aumento de la población que tuvo lugar entre 1715-35, provoca un descenso del salario agrícola y un aumento de la renta señorial, con mejora de la producción y de la productividad agraria. El auge afecta sobre todo a la viticultura, favorecida por una fuerte demanda exterior. Parte considerable de los capitales formados en el campo se canalizan hacia actividades mercantiles; de esta forma, la acumulación comercial viene a reforzar la acumulación agraria. Pero a mediados de siglo, un nuevo desequilibrio entre población y recursos (Por la reducción a favor de la vid de la superficie para el cultivo de cereales) provoca una nueva crisis demográfica; y hacia 1770-75 los salarios aumentan, la renta decrece y los capitales se orientan hacia otra actividad: La fabricación de indianas.

Se construyen fábricas de indianas.

En 1768 existe en Cataluña un equipo modesto de fabricas de indianas, aunque en rápido ascenso. De 1768-84 la demanda de hilados se multiplica por 3 y de 1784-92 por 2.

En 1772 se crea la “real compañía de hilados de algodón de América” con la finalidad de hilar colectivamente el algodón traído del nuevo mundo. El proceso de nacionalización de la hilatura se acelera a partir de 1802, cuando se dispone de la prohibición absoluta de hilados extranjeros, medida, ésta última, que junto con las dificultades del tráfico marítimo, hace que se introduzcan medios técnicos más modernos. En 1803 se concede la 1ª concesión hidráulica para usar la “Mule”, pues hasta ese momento, la única máquina usada había sido la “Bergadana”, movida a mano (Versión ampliada de la Jenny). En los siguientes años el número de estas licencias aumenta.

Mercados disponibles para colocar sus productos.

El desarrollo inicial de la industria algodonera catalana antes de la guerra de la independencia, está muy ligada al mercado Americano de ultramar, de ahí que las guerras de finales del 18 y principios del 19 (Con gran influencia sobre la navegación y el comercio exterior), causen profundas crisis en las fábricas catalanas. Debe resaltarse también la importancia del resto de la producción textil, pues el auge de la exportación española a las indias, provoca la expansión económica de la periferia peninsular con efecto sobre la demanda de tejidos catalanes.

Pero la existencia de un mercado metropolitano implica la formación posterior de un mercado nacional. Durante el 18 la inversión en la industria algodonera suele producirse a un nivel muy mínimo, tanto que incluso cualquier obrero individual monta su propia empresa. Con el algodón, detrás de los vinos, Cataluña produce, no para el consumo, sinó para la venta, lo que supone un cambio en el modo de producción.

Con la invasión de las tropas francesas, las fábricas manufactureras catalanas son destruidas, tras lo cual, se franquea la entrada a las manufacturas extranjeras, lo que provoca el colapso del comercio colonial. En 1814, cuando los ejércitos napoleónicos se retiran, se habían perdido gran parte de los bienes de equipo y trabajo de los mercados, con lo que se hacía muy difícil reconstruir la situación anterior a 1805.

A pesar de todo, la industria logró permanecer, pero la falta de capitales y la escasez de la demanda se combinan para prolongar en Cataluña el uso de la bergadana, típica del setecientos.

Mecanización de la industria.

Hacia 1830 el déficit de la mano de obra (Con posible aumento de los salarios) y la repatriación de capitales de las antiguas colonias, impulsan la mecanización de las manufacturas, siendo sustituidas las bergadanas por otras máquinas más modernas accionadas por la energía hidráulica tradicional o mediante vapor, tales como las “mule-jennys” o las “selfactinas”. También se sustituye el telar manual por el mecánico.

Si observamos datos estadísticos, vemos cómo:

La proporción de husos mecánicos pasa del 3'78% al 99'04% desde 1835 a 1861

La máquina que predomina hasta 1850 es la Mule de Croptom.

La mecanización del tisaje aparece desfasada. El porcentaje de telares mecánicos pasó del 0'9% al 44'6% de 1881 a 1861.

La mecanización alteró la estructura del sector: por una parte afectó a la localización geográfica de la industria y por otra, el coste de las máquinas forzó cierta concentración de las empresas.

Para analizar ambos hechos, empieza por los cambios geográficos. El industrial algodonero, utiliza las fuerzas de las caballerías, el agua y el vapor para librarse de las máquinas primitivas. Obviamente, la primera cedió pronto ante las otras dos.

Pero las corrientes superficiales no estaban en cualquier parte y el carbón inglés tampoco se introducía fácilmente tierra adentro, lo cual provocó el desplazamiento de las fábricas textiles hacia las riberas de los ríos y hacia las costas del litoral mediterráneo. Desde 1850 a 1861, el núcleo básico era la comarca de Barcelona, con casi la mitad de todos los husos en activo. Era el núcleo de mejores accesos marítimos y por lo tanto, el más afectado por la revolución del vapor.

Empresas que se constituyen.

Luego pasa a analizar la concentración de las empresas. Se aprecia un descenso importante en el número de empresas, lo que implica un aumento del tamaño medio de las plantas y, en términos reales, un aumento de la importancia de fábricas grandes.

Este proceso implicó una importante movilización de capitales, que en ocasiones procedían de América, y en otras muchas, (Las más numerosas) se forman sociedades regulares colectivas que sacrifican los beneficios financieros a C/P por la continuidad del crecimiento de la empresa. Otro de los recursos empleado (el más moderno) fue recurrir a las S.A.

Desarrollo de ésta industria.

Igual que en Inglaterra, los costes de producción y los precios de venta de los tejidos acusaron pronto los efectos de la revolución tecnológica. La producción de tejidos tradicionales (Especialmente de lana), se enfrentaba a una oferta poco elástica de materia prima (por la dificultad de aumentar los rebaños de ovejas) y con unos altos costes laborales. Sin embargo la producción de manufacturas algodoneras se benefició de la ausencia de problemas para disponer de fibras y del alza del rendimiento de la mano de obra, por las máquinas de hilar y tejer.

Esto provoca que, en la España de la 4ª década del siglo 19 comience la mecanización de la industria y señala el límite del algodón de Motril que será sustituido por el americano, a partir de lo cual, los progresos fueron rapidísimos: descenso de los costes, de los precios, y extensión del mercado; generalización del sistema fabril y progresiva especialización de los obreros, que dejan de considerar su actividad como una fuente subsidiaria de ingresos. Así, las indianas y similares, cada vez más baratas, desplazan a otros productos más tradicionales, lo que obliga a aumentar la producción para satisfacer la demanda.

En cuanto a la baratura, podemos decir que desde 1831 hasta 1880 los precios de venta disminuyen un 70%. Durante los primeros 25 años los precios de las indianas y del algodón en rama evolucionan paralelamente, pero en los últimos años, los precios del producto acabado continúan con la tendencia anterior, mientras que los precios de la materia prima aumentan considerablemente debido a la guerra de secesión americana.

En cuanto al aumento de la producción diremos que:

El progreso de la fabricación catalana es ininterrumpido durante casi todo el siglo, si exceptuamos 1858-63 y 1909-13.

Marcha dinámica desde el final de la 1ª guerra Carlista, desde la regencia de Espartero. En 1844-54 tasa elevada debido a la puesta en cultivo del primer gran lote de tierras desamortizadas; en 1854-56, desaceleración por el cólera, y en 1856-57 por la crisis de subsistencia, que disminuyen el consumo textil. La crisis de la demanda provoca el endurecimiento del mercado y obliga a las empresas a competir y a los productores a esforzarse por diversificar su producción y extender la gama a telas más finas. Podemos resumir diciendo que hubo una larga etapa de rápido crecimiento desde la 4ª década del siglo hasta 1880, coincidiendo con la etapa de extensión y expansión agrícola.

La coincidencia no es fortuita. La marcha de la industria algodonera depende directamente del rendimiento y comercialización de las cosechas. Por eso, desde 1820, cuando se prohiben los granos y legumbres extranjeras, los fabricantes barceloneses defienden el cereal español, a cambio de que se mantenga la prohibición de los textiles extranjeros (Cosa que conseguirán). Así, a partir de 1814-20, los destinos de la mayor parte del agro y las provincias más industrializadas son inseparables.

Puede decirse que durante la mitad de siglo la reserva del mercado fue el principal pensamiento industrialista, siendo el régimen de comercio exterior el único punto de la doctrina económica que interesa en España. Será más tarde, cuando los progresos de la producción fabril descubran los retrasos de la evolución campesina, cuando empiece la preocupación, no sólo por la reserva, sino también por la extensión del mercado interior.

En cualquier caso, el campo siempre está como telón de fondo de la industria textil. Si analizamos los valores del comercio de cabotaje en 1859, vemos cómo los tejidos de algodón y los productos agrarios representan en total el 27'68% del tráfico total, situándose en los primeros puestos de la balanza.

A partir de 1880 el desarrollo fabril se desacelera y en el período 1909-13 empieza a retroceder. Esto se debe al aumento de la oferta de cereal ruso y americano, lo que impide la comercialización del nacional. Esta crisis de sobreproducción o falta de ventas casi desencadena la crisis algodonera.

Esta situación es especialmente grave, porque coincide con la intensificación de las entradas de textiles extranjeros. Ante la elasticidad de la demanda doméstica, a lo que se añade el aumento de la competencia exterior, los fabricantes catalanes dirigen sus esperanzas hacia los mercados de Cuba y Puerto Rico. Las exportaciones aumentarán sucesivamente desde 1876-80 hasta 1893-97. Será a partir de 1904 cuando se hunde la industria algodonera catalana, y sólo con la guerra mundial podrá recuperarse un poco abasteciendo a los países en conflicto.

Fuera de Cataluña este tipo de industria fue mínima, aunque destacan ciertas iniciativas en Guipúzcoa, Santander, Sevilla, Cádiz, Alicante, etc., siendo la de Málaga la más destacable.

Capítulo 8: CONCLUSIÓN

Según Vandellós, la renta nacional española en 1914 sería de 10.745 millones de pesetas, distribuidas de esta forma:

  • 38'4% de la ganadería y agricultura.

  • 25'9% de la minería, industria y artesanía.

  • 35'6% del comercio, profesiones liberales, empleados, intereses del capital…

El censo de población de 1910 daba una cifra de activos empleados en el sector primario cuatro veces superior a los activos ocupados en el sector secundario. Esto significa que España, casi en el S.20, era un país eminentemente agrario.

El caso español, no es tanto un caso de late joiner como un intento frustrado de estar entre los first comers. Y en esto influyó, según Nadal, el fracaso de las desamortizaciones del suelo y del subsuelo, de tal manera que se estropearon las bases naturales sobre las que habría de recaer la revolución industrial.

También resalta el autor la incidencia de los problemas de la hacienda; las vicisitudes de la economía española en el 19, inseparables de las de la época colonial y una incipiente burguesía periférica que soportaba la permanencia del sistema señorial.

Explicación del fracaso.

Deberá basarse en una pluralidad de factores, interelacionados entre si.

El problema básico fue la inadaptación del sistema político y social a las nuevas realidades económicas surgidas tras la pérdida de las posesiones americanas. Para desarrollarse, la industria habría necesitado un avanzado mercado interior, lo que hubiera exigido cierta división del trabajo. Como carecía de ambas cosas, cada industria se desarrolla por su cuenta.

Aún así el fracaso de la industrialización trajo consigo algunos avances parciales: desaparición progresiva de la dependencia respecto de los manufacturados exteriores y aumento de las importaciones de productos de industria pesada.

El retraso de la industria de hierro (Símbolo de la industria de bienes de equipo) respecto de la industria algodonera (Símbolo de la industria de bienes de capital) se mide a través de los valores añadidos de sus productos netos.

El valor neto de la industria siderúrgica en 1913, según la estimación de Nadal, sería de ±49 millones de pesetas, mientras que en el caso de la industria algodonera, sería de ± 276 millones. Así podemos afirmar que, en 1913, la industria algodonera española, valía, como mínimo, seis veces más que la industria del hierro.

La preeminencia de la industria de bienes de consumo sobre la de bienes de capital es algo característico de cualquier país que inicie su industrialización. Según el criterio de Hoffman, en el estadio I de un proceso industrializador, las industrias de bienes de consumo son hegemónicas, siendo su producto neto, en general, cinco veces mayor que el de bienes de capital. En el estadio II esa hegemonía disminuye, y la relación entre ambos productos netos lo hace a la mitad (2'5 : 1) y en el estadio III, se produce una inversión de fuerzas.

Hoffman distingue una serie de períodos en los que situar a los países según en qué año iniciaron su industrialización:

  • 1770-1820: Reino Unido, Suiza y EE.UU.

  • 1821-1860: Bélgica, Francia, Alemania, Rusia, Suecia…

  • 1861-1890: Italia, Países Bajos, Grecia, Canadá, Japón…

Pero el caso español está fuera del modelo. España tenía en 1913 una ratio de 3'63 : 1, es decir, que en ese año estaría aún en el estadio I, pero si a esto añadimos que, según Nadal, los principios de nuestra industria moderna están en torno a 1831-40, llegamos a la conclusión de que España habría iniciado su industrialización con relativa prontitud, pero a partir del último tercio de siglo se rezagó y se situó con las naciones industrializadas más jóvenes.

Éxito del algodón y fracaso de la industria de bienes de equipo, es decir, carencia de una base industrializadora sólida. La manufactura algodonera no habría cumplido su función de leading sector. Teniendo en cuenta las propias limitaciones de la industria algodonera, Sánchez Albornoz, afirma que el textil, igual que el ferrocarril, apenas innovó, reforzando incluso la economía tradicional. El fracaso se debería la género específico de la industria (Ligera de consumo) y a las propias circunstancias del país: La producción de tejidos habría sido sustitutiva, para reemplazar a los que se importaban, pero sin crear una demanda nueva. Además hubo una ausencia clara de acción revulsiva, por parte del textil sobre el agro.

Nadal rectifica esta tesis, reduciendo los puntos controvertidos a tres:

Falta de acción de la industria sobre el agro

El carácter sustitutivo de las importaciones de la manufactura algodonera.

Adopción de alternativas proteccionistas por el peso de los interses textiles.

Para Sánchez Albornoz, la industria debería haber sido el motor de los cambios agrícolas, aunque son más los partidarios de invertir los términos, pues la historia del algodón catalán no se entiende sin los cambios previos sufridos por la agricultura y el comercio.

Es innegable que durante mucho tiempo los manufacturados ingleses y franceses coparon el consumo español, pero la creación de las dimensiones del mercado en 1913, 1880 o 1860, se debe a los fabricantes autóctonos, quienes impusieron el algodón a costa de otras fibras más tradicionales, y pronto rebasaron las aportaciones extranjeras.

El último punto, referido al precio pagado por los españoles a cambio del desarrollo catalán, es el más debatido. Los catalanes, defensores de la reserva del mercado, fueron aliados de los propietarios agrícolas, reacios a la racionalización del sector. Así, el resto de España, privada de revolución agraria, no pudo tampoco iniciar la revolución industrial.

Fin