Historia de España: Monarquía de los Habsburgo

Siglo XVII. Decadencia. Reinado de los Austrias. Crisis política. Moriscos. Rebelión de Cataluña. Independencia de Portugal. Aspectos sociales y económicos

  • Enviado por: Thera
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
publicidad
publicidad

5. La monarquía de los Habsburgo (II)

  • El s. XVII fue una época de decadencia para la monarquía hispánica, pues no sólo se perdió la hegemonía que había ostentado en Europa, sino que vivió una profunda crisis interna.

  • Coincide con el reinado de los Austrias menores; Felipe III (1598 - 1621), Felipe IV (1621 - 1665) y Carlos II (1665 - 1700).

  • El Imperio que dejó Felipe II tuvo que hacer frente a continuos ataques de los turcos en el Mediterráneo, de los holandeses y franceses en Europa, y a la rivalidad de los ingleses en los mares, al tiempo que Portugal y los Países Bajos lograban su independencia.

  • El reino de Castilla sufrió una profunda crisis económica y en el resto de los reinos hispanos se produjeron resistencias a continuar con la política belicista de los monarcas; rebeliones en Cataluña, Andalucía y otras zonas.

  • A diferencia del gobierno total y absoluto de los primeros Austrias, el gobierno de los nuevos monarcas se caracterizó por la figura del valido, en quien el rey delegaba parte de la acción del gobierno. Los validos más destacados fueron; el duque de Lerma (Felipe III) y el conde-duque de Olivares (Felipe IV).

  • Al finalizar el siglo la muerte sin descendencia de Carlos II provocaría un conflicto no sólo nacional sino europeo, que se zanjaría con la llegada de una nueva dinastía; los Borbones.

  • Crisis política interna del s. XVII

    • El s. XVII padeció una crisis general que se manifestó en distintos ámbitos, tanto a nivel interior como exterior.

    • Con Felipe III se inaugura la práctica de dejar el poder en manos de los valido, personas próximas al rey, de total confianza que se convertían en árbitros de la política y jefes de gobierno. Eran miembros de la nobleza que acabaron creando una red de clientelas de familiares y amigos en los que se apoyaban para incrementar su poder. Los conflictos internos de Felipe III y su valido (duque de Lerma) fueron;

      • El bandolerismo.

      • La expulsión de los moriscos de los reinos de Aragón y Valencia. Los argumentos utilizados fueron; razones religiosas, se seguridad interna y de prestigio. Los moriscos fueron enviados al N de África o a Anatolia con importantes consecuencias tanto para la economía agrícola y artesanal de Valencia, Murcia y Aragón, como por el descenso demográfico de algunas poblaciones.

    • Los problemas internos continuaron durante el reinado de Felipe IV, quien tras cesar a su anterior valido nombró al conde-duque de Olivares, quien inició un programa de reformas económicas y administrativas con resultado desigual.

    • Medidas de corte mercantilista y protección a la industria, el comercio marítimo y la agricultura (no tuvieron la continuidad y el efecto esperado).

    • Intento de alcanzar una unión de todos los reinos de la monarquía y el esfuerzo requerido de ellos para sustentar la política exterior provocaron en 1640 la sublevación de Cataluña (1626 “Unión de Armas” establecía un sistema de cobro por el cual cada reino debía proporcionar un número determinado de hombres armados y que los gastos fueran sufragados equitativamente por todos los reinos de España).

    La rebelión de Cataluña

    A pesa de haber sido rechazado la “Unión de Armas” por las Cortes de Cataluña, el estallido de la guerra con Francia en 1635, convirtió a Cataluña en una zona de peso con las tropas y en frente militar. Reclutamientos forzosos, obligación de alimentar las tropas junto a la disminución del comercio por el Mediterráneo rebelión que estalló el 7 de junio de 1640 y que se conoce como “Corpus de Sangre”. Los segadores que acudían a Barcelona para ser contratados, se sublevaron y persiguieron a los representantes del rey, dando muerte al virrey Santa Coloma. Se extendió a todo el campo catalán (Pau Clarins y Francesc de Tamerit en nombre de la Generalitat y con el apoyo de la burguesía se opusieron al centralismo de Olivares y solicitaron la ayuda militar de Francia y mantuvieron un enfrentamiento bélico con la monarquía española). El desengaño de los catalanes ante el carácter subordinado de su unión con Francia y el temor de las oligarquías catalanas a no controlar el descontento social, propiciaron la capitulación de Barcelona en 1652, no dio paso a una solución negociada.

    Independencia de Portugal

    Portugal en estos años tenía un problema añadido a los creados por la Unión de Armas; las flotas inglesas, francesa y holandesa estaban intentando obtener parte de su imperio colonial en África, Asia y Brasil. Para solucionarlos, Olivares adoptó una serie de medidas fiscales que resultaron muy impopulares, provocando revueltas urbanas entre 1628 y 1630. Pero en diciembre de 1640 la exigencia de que los soldados portugueses lucharan en la guerra de Cataluña provocó la revuelta de Lisboa y el duque de Bragança, último descendiente directo de la antigua casa reinante antes de la anexión, fue declarado rey por las Cortes portuguesas como Juan IV. Los adversarios de España, especialmente Francia, se apresuraron a apoyar la secesión y todos los intentos diplomáticos y militares por recuperar estos territorios fracasaron. La independencia no sería reconocida por Mariana de Austria, viuda del rey, hasta el 13 de febrero de 1668.

    Otras revueltas se produjeron en Andalucía, Aragón y Sicilia y Nápoles, pero sin fines secesionistas, salvo la del duque de Ajor en Aragón, sino debidas fundamentalmente al hambre provocado por las malas cosechas y al rechazo a la aplicación de la Unión de Armas. A pesar de los intentos franceses por aprovechar esa situación de debilidad española, los levantamientos fueron sofocados en parte por la suspensión de los nuevos impuestos, el indulto a los revolucionarios y la intervención militar de D. Juan José de Austria.

  • Aspectos sociales y económicos

  • En lo que se refiere a las cuestiones sociales y económicas, distinguiremos los aspectos demográficos y los económicos.

    • En los tocante a la población se aprecia un descenso demográfico, ya iniciado a finales del s. XVI y que continuará en el XVII dad la estrecha relación entre el modelo demográfico antiguo (altas tasas de natalidad y mortalidad) y la evolución de la agricultura, principal sustento entre la población. A esta circunstancia hay que añadir factores más coyunturales como la emigración a las Indias, las continuas quemas, la expulsión de los moriscos y las numerosas y mortíferas epidemias que devastaban la población como la peste atlántica (entre 1596 y 1602), la proveniente del Norte de Italia en 1630 o la de 1647-1652. Sin embargo este descenso no fue uniforme, sino que afectó profundamente al interior de la península (las 2 Castillas, Navarra, Extremadura, Aragón y Andalucía) que sufrió en torno al 12% de disminución; en las zonas costeras de Cataluña, Valencia y Murcia se produjo un crecimiento moderado, mientras que en la zona cantábrica la población creció entre el 50 y el 64% debido a la elevada densidad de población y a la introducción del cultivo del maíz, que mejoró la dieta alimenticia de sus habitantes.

    • Desde el punto de viste económico, se produce una crisis que afectó sensiblemente a Castilla que se manifestó en ;

      • El descenso de la producción agrícola debido a la caída de la demanda de la renta agraria, la despoblación, la sucesión de plagas y las malas cosechas, la excesiva concentración de la propiedad y el estacionamiento o fuertes fluctuaciones de los precios agrarios. Como respuesta a la crisis se produjeron cambios significativos en los cultivos como la expansión de la morera y por tanto de la sedería en Valencia, el avance de la vid (a costa de los cereales en Castilla) y en distintas comarcas de Cataluña y Valencia y la especialización en cultivos como el arroz, al aceite, el algarrobo,… que preludian una agricultura con vocación comercial.

      • Las actividades ganaderas y artesanales, sobre todo en la industria textil, que sufrió enormes pérdidas debidas al descenso de la demanda, la descapitulación provocada por la presión fiscal y la rigidez de los gremios incapaces de adaptarse a las innovaciones. Mientras la agricultura se ruraliza en Castilla, en Cataluña y Valencia se inició una reorganización de las estructuras artesanales que permitió remontar la crisis con relativa rapidez, ayudada por las medidas proteccionistas y de apoyo a la industria de mediados de siglo.

      • El comercio tanto interior - ya muy lastrado por las fuertes condiciones de transporte y las barreras aduaneras - como exterior, fundamentalmente el americano que sufrió los bloqueos marítimos, la emergencia de las economías criollas, el aumento de los de los fletes y la competencia de holandeses, franceses e ingleses, recuperándose tímidamente en el último tercio del siglo, gracias a la relativa pacificación como a la introducción de medidas que favorecieron el establecimiento de comerciantes extranjeros en España.

    Como consecuencia de todo lo expuesto se produjo un desplazamiento del dinamismo económico del centro a la periferia, una concentración de la riqueza en manos de los grupos privilegiados (nobleza y clero), un aumento de la presión de estas clases no productivas sobre sus vasallos, y por consiguiente el número de pobres y mendigos creció de forma considerable, al tiempo que se producían numerosas rebeliones populares, ya que los pobres no podían soportar el nivel de presión fiscal y las temibles hambres que sobrevenían en años de malas cosechas. Otra forma de rebelión fue el aumento del bandolerismo que la literatura picaresca se la época recoge en múltiples ocasiones.

    En el ámbito financiero a la revolución de precios y salarios ocasionados por la llegada de Au y Ag de América en el s. XVI, se unió a mediados del XVII un descenso de la remesa de Ag, devaluaciones monetarias, excesivas emisiones a la deuda pública, con el consiguiente aumento del déficit y la deuda. Si a esto añadimos las sucesivas bancarrotas estatales de 1607, 1627, 1647 y las de 1652, 1662 y 1666 no es de extrañar la pérdida generalizada de credibilidad de la monarquía entre banqueros españoles y europeos.

    El ocaso de la monarquía Imperial. Sistema Westfalia-Pirineos

    • La paz de Westfalia de 1648 supuso la creación de un nuevo orden político, territorial en una Europa dividida, a partir de entonces por Francia, que incorporaba parte de Alsacia y Lorena. Se imponía el triunfo de la concepción horizontal de Europa que consistía en que el Emperador alemán y el Papa no tendrían mayor preeminencia en que el resto de los estados fueran católicos o protestantes. Para España significó el fin de la guerra con Holanda, a la que tuvo que conceder la independencia y que se convirtió en aliada de la monarquía hispana. Los banqueros sefardíes de Ámsterdam concedían crédito a Felipe IV, los comerciantes holandeses abastecieron a España de armas y bancos que transportaban a las tropas españolas, e incluso la flota holandesa llegó a proteger a los galeones españoles frente a los ataques de los piratas en el Mediterráneo. A cambio recibirán la Ag y la lana españolas. Pero la guerra continuó con Francia al negarse España a cederle Cataluña.

    • A esta situación se llegó después de la denominada “Guerra de los 30 años” (1618-48) que representó el definitivo asalto a la concepción verticalista de Europa que imponían los Austrias, consistente en un poder jerárquico en cuya cúspide debía estar el Emperador, el Papa y la monarquía hispánica. El motivo de la entrad de España fue la defensa de la religión católica al producirse un enfrentamiento cuando los protestantes de Bohemia no reconocieron como sucesor del rey Matías al católico Fernando de Habsburgo, proclamaron a Federico V, príncipe del palatinado, lanzando por la ventana del palacio de Hradeany a dos ministros católicos (la defenestración de Praga). Aunque España no deseaba intervenir envió tropas de ayuda al Emperador y colaboraron en la victoria de la batalla de Montaña Blanca (1620) a las afueras de Praga. Fernando fue reconocido rey de Bohemia, Austria y Hungría como Emperador alemán, pero le otorgó el título de elector del Palatinado institucionalmente a su aliado Maximiliano de Baviera en 1623, provocando la reanudación de la guerra.

    Dos años antes, en 1621, morían Felipe III, y concluía la Tregua de los 12 años, firmada entre la monarquía y los estados generales de los Países Bajos, que aceptaban como soberano a los archiduques Alberto de Habsburgo y su esposa Isabel Clara Eugenia. Los holandeses dirigidos por el príncipe Mauricio acogieron a Federico y la ayudaron frente a los dos soberanos de la casa de Austria, reanudándose la guerra. Los tercios españoles comandados por Ambrosio de Spínola tuvieron grandes éxitos y ocuparon Breda (1625) cuya rendición fue inmortalizada por Velásquez en su famoso cuadro “Las Lanzas”.

    Mientras tanto el rey Gustavo Adolfo II de Suecia atacó las zonas limítrofes con el Imperio para asegurarse su posición en el Báltico y defender los intereses protestantes.

    El cambio de signo para España se produjo en 1635 cuando Luis XIII de Francia y su valido el Cardenal Richelieu firmaron un pacto con Holanda y declararon la guerra a España, siendo derrotados tanto la flota como la infantería española, al tiempo que las tropas franco-suecas derrotaron a Fernando de Austria en Praga y Baviera fuera invadida.

    La paz de Westfalia supuso también la independencia de la CH, así como importantes ampliaciones territoriales para Francia y Suecia. En 1665 la Inglaterra nacida de la revolución de Cronwell, firmó pacto con la Francia de Luis XIII, apoderándose mediante asaltos a nuestra flota de Indias, la Ag que venía de América y Jamaica. Las sucesivas derrotas de Don Juan José de Austria en Francia y Dunquerque obligó a Felipe IV a pedir la paz, que fue negociada por Mazarino y Luis de Haro (sucesor de Olivares) en la isla de los Faisanes. La paz de los Pirineos (1659) reconoció la cesión a Inglaterra de Dunquerque y Jamaica, mientras que la frontera con Francia se establecía en los Pirineos, teniendo que entregar el Rosellón, el Conflert y parte de la Cerdeña. También logró concesiones comerciales con América, y diversas fortificaciones en Flandes, Luxemburgo y Artois, y se acuerda el enlace de Luis XIV con la Infanta Mª Teresa, hija mayor de Felipe IV, lo que será de gran trascendencia para implantar la dinastía de los Borbones en España tras la muerte de Carlos II.

    Con la firma de la paz de los Pirineos concluyó la larga etapa de la hegemonía de España en Europa iniciada por los RRCC y Carlos I, pasando España a ser una potencia de segundo orden que ni siquiera pudo recuperar Portugal, al tiempo que se establece la preponderancia territorial, económica y política de Francia, y la supremacía política de Inglaterra y Holanda.

    • La dinastía de los Austrias concluyó con Carlos II que se prolongó hasta 1700 (rey enfermizo apodado “el hechizado”). Tras la regencia de su madre Mariana de Austria y de una junta de gobierno compuesta por 5 miembros, su mayoría de edad no vislumbró cambios sustanciales. Cedió el gobierno efectivo a su hermanastro Don Juan José de Austria, a su muerte al duque Medinaceli, y posteriormente al duque de Oropesa, que instauraron en España el cargo de 1º Ministro, que a diferencia de los validos, eran impuestos por las camerillas de gobierno.

    La sensación general de desgobierno por las constantes luchas por el poder, la pérdida definitiva del prestigio internacional de España, y la preocupación sucesoria, son las notas más características de su reinado.

    • El rey nunca llegó a tener descendencia, por lo que este último asunto se convirtió en cuestión prioritaria de la política interna y el eje de la política internacional. Se plantearon 2 alternativas;

      • Nombrar como heredero a un príncipe francés - Felipe de Borbón -, nieto de Luis XIX, dado que la fuerza y el prestigio de este país eran garantías de evitar el desmembramiento de los territorios.

      • Proponer un candidato austriaco apoyado por Inglaterra, Holanda y Austria, que así, se oponían a la extensión del poderío francés, asegurando la alianza de las 2 ramas de los Habsburgo.

    La designación de candidato francés desembocó en al llamada “Guerra de sucesión española” (1700-1713) que fue al mismo tiempo una guerra civil y europea.

    * Sefardíes banqueros españoles judíos.

    'Historia de España: Monarquía de los Habsburgo'

    Vídeos relacionados