- Por los gastos del reformismo borbónico en una sociedad estamental.
- Crisis agraria.
- por las peticiones de la burguesía de petición política.
A. Régimen
- S. estamental (x nacimiento).
- Diferencia de derechos.
- Estado patrimonial
(pertenece al rey y por derecho divino)
- Concentración de poderes
- No participación
- Restos de la administración señorial.
- Obstaculizada
- Institucionalizada: perteneciente no a la persona sino a la institución.
Liberalismo
- Libertad en todos los ámbitos.
- S. Clasista (x riqueza y trabajo).
- Igualdad legal:
Derecho individual
Pensamiento, expresión, religión e imprenta.
Derechos sociales
- Estado constitucional
(El rey tiene limitaciones)
- Soberanía nacional = país pertenece al pueblo
- División de poderes:
(independencia)
- Participación del pueblo:
- Defiende la propiedad privada: pertenece al sujeto.
- Iniciativa privada: individuos que corran riesgos x aumentar sus beneficios.
Napoleón obliga a Fernando VII a devolver la corona a Carlos IV (desde la conjura del Escorial estaba en su poder).
Al final entrega la corona a su hermano José Bonaparte.
Es una carta otorgada (la hace el rey). No llega a la práctica, el pueblo asume la soberanía y se levanta.
-
Levantamiento del 2 de Mayorepresión del 3 de Mayo.
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Formación de juntas por el pueblo, que decide gobernarse al margen del poder establecido.
De defensa y gobierno, se crea un gobierno en escala (Juntas locales, provinciales, Suprema Central).
Doble carácter:
Españolas & Franceses
Liberales & Absolutistas
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Partidarios de la independencia: (apoyan a Fernando VII)
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Partidarios de Napoleón: (De tradición ilustrada)
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Importancia de la Guerra, nace un nuevo tipo de conflicto, con dos ejércitos diferentes:
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Ejército formal, tradicional- Napoleón. “Gran Armada”
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Ejército español, formado por guerrilleros. Ayuda de Inglaterra (Wellington)
- Ocupación de la mitad norte, Cataluña, Madrid.
- Traslado de la Junta Suprema Central al sur hasta la derrota francesa en Bailén.
- Primera derrota francesa en tierra firme.
- Sitios y ciudades importantes (Zaragoza, Gerona)
- Persigue a las tropas inglesas.
- Refuerzo de Madrid.
- Resistencia patriótica.
- Retirada de las tropas para enviarlas al frente oriental. (campaña de Rusia)
- Victoria de los patriotas por falta de ejército Francés. (Batalla de Arapies)
- La guerra termina con la derrota de Napoleón en Rusia y Alemania.
Es una decisión de la Junta Suprema Central en la que se implantan las ideas liberales. (Defensa en la guerra y reforma legal del país).
Se eligen por sufragio universal y para una cámara (unicamerales).
300 miembros
Se eligen representando a toda España pero de residentes en Cádiz en su momento por eso dominan los liberales.
Militares, eclesiásticos y profesiones liberales.
Decidir sobre la guerra, hacer una legislación liberal y no estamental.
Decidir sobre la guerra y estamental.
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Sociales:
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Reconocimiento de los derechos individuales (libertad de imprenta, prensa...)
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Igualdad legal
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Fin de señoríos jurisdiccionales (de los derechos de juzgar, a cobrar impuestos)
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Económicos:
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Reconocimiento de la propiedad privada y los señoríos pasan a ser propiedad privada (no propiedad amortizada, se puede dividir y vender)
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Se dan leyes de que liberalizan la actividad económica:
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Disolución de la mesta:
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Religiosos:
- Muy larga, detallada (más de 300 Art.)
- La mucha importancia al poder legislativo (más de 1/3 parte de la constitución)
- De la constitución francesa, y de la de EE.UU. con diferencias.
- Reconoce la soberanía nacional e insiste en la independencia respecto a Francia.
- La igualdad legal y los derechos individuales.
- Confesionalidad católica, como concesión a los absolutista y por realidad social de España.
- Monarquía parlamentaria = constitucional
- División de poderes:
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P. Legislativo:
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P. Ejecutivo:
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P. Judicial: tribunales
- Suf. Universal indirecto. (Varones mayores de edad eligen a su representantes inmediatos y estos al resto)
- Otros artículos:
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Regula la enseñanza de primeras letras
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Crea una milicia nacional y reforma el ejército
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Modifica la administración legal
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Modifica los impuestos y la hacienda pública
- No llegó a ponerse en práctica, quedó en un plano teórico. Pero es la inspiración de todo el constitucionalismo español del S. XIX (p. Ej. Constitución de 1821).
- Sirvió de inspiración a las constituciones de otros países (p. Ej. América hispana, Portugal, Italia).
A finales de 1813, Napoleón decidió firmar un tratado con España (Tratado de VaIençay), reconocer a Fernando VII como monarca legítimo, permitir su vuelta al país y retirar sus tropas del territorio español.
El regreso de Fernando VII planteó el problema de integrar al monarca en el nuevo modelo político, definido por las Cortes de Cádiz en la Constitución de 1812. Fernando VII había abandonado el país como un monarca absoluto y debía volver como un monarca constitucional. Los liberales tenían sus dudas respecto a la buena voluntad del Rey de aceptar la situación e hicieron todo lo posible para que su vuelta al país se realizara directamente a Madrid, donde debía jurar la Constitución y comprometerse a respetar el nuevo marco político. Fernando VII, en un principio, temió enfrentarse a aquellos que durante seis años habían gobernado el país y habían resistido al invasor y, por tanto, mostró voluntad de aceptar sus condiciones.
Se organizaron rápidamente para mostrar al Rey su apoyo incondicional para que se restaurase el absolutismo (Manifiesto de los Persas) y movilizaron al pueblo para que le mostrase su adhesión incondicional (le llamaban "el Deseado"). Fernando VII, seguro ya de la debilidad del sector liberal, traiciono sus promesas y, al llegar a España, protagonizó un golpe de Estado al declarar mediante el Real Decreto de 4 de mayo de 1814 “nulos y de ningún valor ni efecto” la constitución y 16s decretos de Cádiz, y anunció la vuelta al absolutismo.
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Ilegitimidad de su poder:
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Persecución de liberales (exilio y pronunciamientos):
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Incapacidad para gobernar:
Fernando VII y su gobierno tuvieron que hacer frente, sin embargo, a un objetivo imposible: rehacer un país destrozado por la guerra, con la agricultura deshecha, el comercio paralizado, las finanzas en bancarrota y todas las colonias en pie de guerra por su independencia, y ello con los viejos métodos del Antiguo Régimen. Sus gobiernos fracasaron uno tras otro.
En los meses siguientes se produjo la restauración de todas las antiguas instituciones, se restableció el régimen señorial y se restauró la Inquisición. Era una vuelta en toda regla al Antiguo Régimen. La situación internacional era además favorable. Napoleón había sido derrotado. Las potencias absolutistas europeas vencedoras habían conseguido en el Congreso de Viena restaurar el viejo orden en toda Europa y la Santa Alianza garantizaba la defensa del absolutismo y el derecho de intervención en cualquier país para frenar el avance del liberalismo.
El 1 de enero de 1820, el coronel Rafael de Riego, al frente de una compañía de soldados-acantonados en Cabezas de San Juan (Sevilla) en espera de marchar hacia la guerra en las colonias americanas, se sublevó y recorrió Andalucía proclamando la Constitución de 1812. La pasividad del ejército, la actuación de la oposición liberal en las principales ciudades y la neutralidad de los campesinos, obligaron al Rey, finalmente, a aceptar, el 10 de marzo, convertirse en monarca constitucional. Fernando VII nombró un nuevo gobierno que proclamó una amnistía y convocó elecciones. Las Cortes se formaron con una mayoría de diputados liberales e iniciaron rápidamente una importante obra legislativa.
Las reformas suscitaron rápidamente la oposición de la monarquía. Fernando VII había aceptado el nuevo régimen sólo forzado por las circunstancias. Desde el primer momento, no sólo paralizó todas las leyes que pudo, recurriendo al derecho de veto que le otorgaba la Constitución, sino que conspiró de forma secreta contra el gobierno y buscó la alianza con las potencias europeas absolutistas para que éstas invadiesen el país y restaurasen el absolutismo.
Más grave para el nuevo régimen fue la oposición que le mostraron parte de los campesinos. Las leyes del Trienio no reconocían ninguna de las aspiraciones campesinas, como el reparto de la tierra y la rebaja de los impuestos. Al contrario, se acababa con el régimen señorial, pero los antiguos señores eran ahora los nuevos propietarios, y los campesinos se convertían en arrendatarios que podían ser expulsados de las tierras si no pagaban, con lo que perdían sus tradicionales derechos sobre la tierra.
Los campesinos se sintieron más pobres y más indefensos con la nueva legislación capitalista y se alzaron contra los liberales.
La nobleza tradicional y sobre todo la Iglesia, perjudicada por la supresión del diezmo y la venta de bienes monacales, animaron la revuelta contra los gobernantes del Trienio.
Las dificultades dieron lugar a enfrentamientos entre los propios liberales. jun sector,, los moderados, era partidario de realizar las reformas con prudencia e intentar no enemistarse con el rey y la nobleza por un lado, y no asustar a la burguesía propietaria, por el otro; los exaltados planteaban la necesidad de acelerar las reformas y enfrentarse con el monarca, confiando en el apoyo de los sectores liberales de las ciudades, de parte del ejército y de los intelectuales, y de la prensa.
La Santa Alianza respondió a las, peticiones de Fernando VII y encargó a Francia intervenir en España para restaurar el absolutismo. En abril de 1823, unos 100.000 soldados (los Cien Mil Hijos de San Luis) al mando del duque de Angulema, ayudados por realistas españoles, irrumpieron en territorio español y repusieron a Fernando VII como monarca absoluto.
La vuelta al absolutismo fue seguida, como en 1814, de una feroz represión contra los liberales y de nuevo gran parte de ellos marchó hacia el exilio.
La única preocupación de gobierno de Fernando VII, a parte de la represión, fue el problema económico. El Rey, acuciado por los problemas económicos, adoptó posiciones más abiertas a la colaboración con el sector moderado de la burguesía financiera e industrial de Madrid y Barcelona: concedió un arancel proteccionista para las manufacturas catalanas y llamó a López Ballesteros, cercano a los intereses industriales, al ministerio de Hacienda.
La actitud del Rey fue mal vista por el sector más conservador y tradicionalista de la Corte, la nobleza y el clero, ya muy descontentos porque Fernando VII no hubiese repuesto la Inquisición o no persiguiese con suficiente saña a los liberales. En Cataluña, en ~ 827,se levantaron partidas realistas (Els Malcontents) que reclamaban mayor poder para los ultraconservadores y defendían el retorno a las costumbres y fueros tradicionales. En la corte, dicho sector se agrupó alrededor de Carlos María Isidro, hermano del rey su previsible sucesor, dado que Fernando VII no tenía descendencia.
En 1830, el nacimiento de una hija del Rey, Isabel, dio lugar a un grave conflicto en la sucesión al trono. La Ley Sálica, de origen francés e implantada por Felipe V en España, impedía el acceso al trono a las mujeres, pero Fernando VII, influido por su mujer Maria Cristina, promulgó la Pragmática Sanción, que derogaba la Ley Sálica y abría el camino al trono a su hija y heredera, Isabel II. Los partidarios de Don Carlos (carlistas) se negaron a aceptar la nueva situación e influyeron, en 1832, sobre el Monarca gravemente enfermo, para que fuera repuesta la Ley Sálica.
Se trataba de la lucha por imponer un modelo u otro de sociedad. Alrededor de Don Carlos se agrupaban las fuerzas más partidarias del Antiguo Régimen, los defensores de la tradición, los opuestos a cualquier forma de liberalismo. Por contra, María Cristina comprendió que, si quería salvar el trono para su hija, debía, buscar apoyos en los sectores más cercanos al liberalismo.
Nombrada, regente mientras durase la enfermedad del rey, formo un nuevo gobierno de carácter reformista, decretó una amnistía que supuso la vuelta de 10.0000 exiliados liberales y se preparó 'para enfrentarse a los carlistas.
En 1 833, Fernando VII murió, reafirmando en su testamento a su hija Isabel, de tres años de edad, como heredera del trono, y nombrando a la Reina gobernadora hasta la mayoría de edad de su hija. El mismo día, Don Carlos se proclama rey y se inicia un levantamiento absolutista en el norte de España. Es el inicio de la primera guerra carlista.
- Jerarquías social: españoles peninsulares / españoles de América = criollos / mestizos / Indígenas / Negros (esclavos)
- Mal gobierno de Carlos IV y Godoy: cesión de territorios americanos a Francia.
- Fracaso del gobierno español que no tuvo en cuenta sus peculiaridades.
- G. de Independencia. Ante la falta de poder se forman las juntas que asumen la soberanía nacional. (Para gobernarse y oponerse a los franceses).
- Posturas:
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Fidelistas = seguir unidos a la metrópoli (alto clero, peninsulares, virreinatos de Perú y Nueva España) (Absolutistas)
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Patriotas = partidarios de la emancipación (criollos, virreinatos de la plata y Nueva Granada) (liberales)
Por los ejemplos de las revoluciones de las colonias inglesas en América (EE.UU.) y de la Rev. Francesa.
Triunfo del movimiento de emancipación en Nueva Granada y Río de la Plata.
- 1814-1816 Máxima restauración absolutista. Fernando VII envía los ejércitos. Excepto en río de la Plata.
- 1816-1820 Reorganización de los patriotas.
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El apoyo de los indígenas y esclavos
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La moderación de posturas y se ganan a los peninsulares
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Represión de Fernando VII
Se independizan: América Central, Nueva España y Perú.
- Fragmentación de las grandes unidades administrativas en pequeños países. Fin del sueño de Bolívar fragmentado por EE.UU. e Inglaterra.
- Crisis económica
- Continua la estratificación social
- Se independiza mas tarde el Caribe y Uruguay
- Doctrina Morroe “América para los americanos”
En 1833 los grupos favorables al absolutismo se negaron a reconocer a Isabel, la hija de Fernando VII, como legítima sucesora a la Corona española y se sublevaron contra el gobierno de María Cristina de Borbón, que ejercía la regencia a causa de la minoría de edad de su hija, unan niña de 3 años. Los sublevados proclamaron rey al infante Don Carlos María Isidro, hermano del difunto Fernando VII, confiando en él la defensa de la sociedad tradicional. Daba así comienzo una sangrienta guerra civil que se libraría esencialmente en el País Vasco, aunque los enfrentamientos se extendieron también a zonas de Cataluña, Aragón y Valencia.
El carlismo, tradicionalista y antiliberal, englobó a una parte del clero y a una base social campesina de las zonas rurales del País Vasco, Navarra y parte de Cataluña, Aragón y Valencia. Gran parte de ellos eran pequeños propietarios empobrecidos, artesanos arruinados, temían la supresión de las fórmulas particularistas propias del Antiguo Régimen y la implantación de la uniformidad y de la igualdad jurídica.
Bajo el lema de “Dios, Patria y Fueros” se agruparon los defensores de la legitimidad de la monarquía absoluta.
Ante el levantamiento carlista, la regente María Cristina contó desde el principio con parte de los absolutistas (alta nobleza latifundista, funcionarios, jerarquía eclesiástica, etc.) que habían sido fieles a Fernando VII y que se mantuvieron al lado de su hija. Además, para defender a Isabel II, la Regente pactó muy pronto con el liberalismo moderado, partidario de un compromiso con la Corona que permitiese garantizar un tránsito al régimen liberal sin las sacudidas derivadas de una revolución popular. Pero la situación de guerra evidenció la necesidad de ampliar la base social y popular que permitiese afrontar el conflicto y defender la causa isabelina. La Regente se vio obligada a acceder a las demandas de reformas más progresistas que permitieran aglutinar a la base popular de las ciudades y a las clases medias ilustradas, clásica fuerza de apoyo del liberalismo desde Cádiz.
La guerra se inició con el levantamiento de partidas carlistas en el País Vasco y Navarra y muy pronto los carlistas controlaron el ámbito rural. Las ciudades de Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona permanecieron fieles a Isabel II y al liberalismo.
Los carlistas no pudieron inicialmente contar con un ejército regular, pero gracias al gran apoyo popular de que gozaban en el norte del país, organizaron la guerra con el método de guerrillas. Las vacilaciones del gobierno y la tardanza en enviar el ejército contra los carlistas, permitieron al gran dirigente carlista, el general Zumalacárregui, organizar un ejército, mientras Cabrera unificaba a las partidas aragonesas y catalanas. En estas circunstancias, Don Carlos entró en España y se puso al frente del ejército, avanzando hacia Madrid. Incapaz de tomar la ciudad, se replegó de nuevo hacia el norte.
Desde el punto de vista internacional, el pretendiente al trono, Don Carlos, recibió el apoyo de potencias absolutistas como Rusia, Prusia o Austria, que le enviaron dinero y armas, mientras el gobierno de Isabel II pudo contar con el apoyo de Inglaterra, Francia y Portugal, favorables a la implantación de un liberalismo moderado en España. La muerte de Zumalacárregui en 1835, durante el sitio de Bilbao, privó a los carlistas de su mejor estratega y marcó el inicio de una reacción liberal que tuvo en la defensa de Bilbao su máximo objetivo. El general liberal Espartero venció a las tropas carlistas, en 1836, y puso fin al sitio de la ciudad.
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3ª y 4ª Fase: División del carlismo, nombramiento de Maroto, avances liberales de Espartero, abrazo de Vergara y últimas resistencias de Cabrera en el Maestrazgo.
El último periodo del conflicto (1837-39) estuvo marcado por la división ideológica del carlismo, incapaz ya de conseguir por las armas el trono para su candidato. Así, un grupo de ellos, los llamados transaccionistas, se mostraron partidarios de alcanzar un acuerdo con los liberales, mientras los intransigentes, más cercanos a Don Carlos y apoyados por una radicalizada base campesina, eran partidarios de continuar la guerra. Por fin, el jefe de los transaccionistas, el general Maroto, acordó en nombre de parte del ejército carlista la firma del Convenio de Vergara (1839) con el general liberal Espartero. Los términos del acuerdo establecían la negociación para el mantenimiento de los fueron en las provincias vascas y Navarra, así como la integración de la oficialidad carlista en el ejército real. Sólo las partidas de Cabrera resistirían en la zona del Maestrazgo, en una guerra ya perdida, hasta su total derrota en 1840.
El primer gobierno formado por la Regente fue confiado a Cea Bermúdez, que aspiraba tan sólo a restablecer el viejo sistema del Despotismo ilustrado, pero sin desmantelar ninguna de las instituciones básicas de la monarquía absoluta. El descontento de los liberales y el estallido de la guerra carlista hicieron ver a la Regente la necesidad de profundizar más en el camino liberal si quería contar con una alianza suficientemente amplia corno para hacer frente al conflicto carlista.
Ese esfuerzo de acercarse al liberalismo fue, entonces, confiado a un vejo liberal “doceañista”, Martínez de la Rosa, que, al frente del gobierno promulgó un “Estatuto Real” en 1834, que pretendía reconocer algunos derechos y libertad es políticas, pero sin aceptar todavía el principio de soberanía real(el origen de poder está en el rey). Así, se establecían unas Cortes bicamerales compuestas por un Estamento de Próceres que reunía a todos los nombrados por la Corona, y un Estamento de Procuradores, elegidos por una pequeña proporción de los ciudadanos, que pagaban una contribución estipulada.
Las Cortes votaban los impuestos, pero no podían iniciar ninguna actividad legislativa sin la aprobación real. El régimen del Estatuto ejemplificaba un tipo de liberalismo censitario, partidario de limitar el poder absoluto, pero sólo por parte de un parlamento representativo de los sectores “responsables” de la sociedad con el acceso exclusivo de las clases acomodadas a la acción política y marginando a la inmensa mayoría de la población.
Pronto se hizo evidente que las reformas del Estatuto eran absolutamente insuficientes para una parte de los grupos sociales que respaldaban a Isabel II. La división que ya se había iniciado en el Trienio Liberal (1820-23), entre liberales moderados (o doceañistas) y exaltados o progresistas, se fue acentuando y dio lugar a la formación de las dos grandes tendencias que dominarían la vida política española en los siguientes decenios: moderados y progresistas.
Las Cortes aprobaron una nueva Constitución, el 8 de junio de 1837, que fue sancionada por Isabel II el 17 del mismo mes.
El nuevo texto constitucional significaba aceptar la tesis del liberalismo doctrinario (conservador) que confería a la corona el poder moderador. El mantenimiento del principio de soberanía nacional, la existencia de una amplia declaración de derechos de los ciudadanos (libertad de prensa, de opinión, de asociación, etc.) así como la división de poderes y la ausencia de confesionalidad católica del Estado evidenciaban las aspiraciones más progresistas. Pero se introducía una segunda cámara (el Senado), de carácter más conservador, se concedían mayores poderes a la Corona (veto de leyes, disolución del Parlamento, facultad de nombrar y separar libremente a los ministros...) y además el sistema electoral, que se remitía a una ley posterior, era censitario y extraordinariamente restringido (entre el 2 y el 4% de la Población con derecho a voto).
Ante la situación, la regente Maria Cristina llamó a formar gobierno a un liberal progresista, Mendizábal, que rápidamente inició un programa de reformas. Pero cuando decretó la desamortización de los bienes del clero para así conseguir los recursos financieros con los que garantizar y armar al ejército contra el carlismo nobleza y clero presionaron con todos sus medios para que Maria Cristina se deshiciera de Mendizábal. Tras su destitución, en el verano de 1836, la revuelta de los sectores progresistas en las ciudades y los pronunciamientos militares, evidenciaron ya claramente la necesidad de un régimen constitucional y el establecimiento de un modelo social y económico liberal. Por fin, tras el levantamiento progresista de la guarnición de La Granja, residencia real de verano, donde se encontraba la Regente, ésta decidió volver a llamar a los progresistas al poder y restablecer la Constitución de Cádiz.
La acción del progresismo fue esencial en la concepción jurídica del derecho de propiedad, esencialmente de la propiedad agraria. Abandonan por tanto, con objetivo de implantar los principios del liberalismo económico, una reforma que incluía tres aspectos esenciales: la disolución del régimen señorial, la desvinculación de las tierras, esencialmente de los mayorazgos, y la desamortización civil y eclesiástica.
La disolución del régimen señorial, ya iniciada en las cortes de Cádiz, se produce por la ley del 26 de agosto de 1837, según la cual los señores perdían sus atribuciones jurisdiccionales (impartir justicia) pero conservaban la propiedad de las tierras que los campesinos no pudieran acreditar documentalmente como propias. Así, los campesinos que tradicionalmente habían trabajado dichas tierras perdían todo derecho y pasaban a ser simples arrendatarios o jornaleros. El antiguo señor se convirtió en el nuevo propietario agrario. La desvinculación también se había iniciado en Cádiz. En 1837 se liberan definitivamente las tierras de los patrimonios vinculados y sus propietarios pueden venderlas sin trabas. enormes extensiones de tierra salieron al libre mercado para ser compradas por el mejor postor.
Mendizábal recurrió a esta medida en 1836. Así, decretó la disolución de las órdenes religiosas (excepto las dedicadas a la enseñanza y a la asistencia hospitalaria) y la incautación por parte del Estado del patrimonio de las comunidades afectadas. Con los bienes desamortizados se constituyeron lotes de propiedades que fueron reprivatizados mediante subasta pública a la que podían acceder los articulares interesados en su compra. Las tierras podían comprarse con dinero en metálico o con títulos de la Deuda. Mendizábal pretendía así conseguir los recursos necesarios para luchar contra el carlismo, recuperar vales de la Deuda aminorando el grave déficit presupuestario y, al mismo tiempo, crear una base social de compradores que se implicaría en el triunfo del liberalismo.
Junto a la abolición del régimen señorial y a la transformación jurídica del régimen de propiedad, una serie de medidas legislativas encaminadas al libre funcionamiento del mercado completaron el marco de liberalización de la economía.
En las elecciones de septiembre de 1837 los moderados obtuvieron la mayoría y pasaron a ocupar el gobierno. Los moderados intentaron, sin salirse del marco constitucional, desvirtuar los elementos más progresistas y democráticos de la legislación del 37. Así, en 1840 preparan una ley electoral aún más restrictiva, la limitación de la libertad de imprenta y una ley de Ayuntamientos que da a la Corona la facultad de nombrar a los alcaldes de las capitales de provincia.
El apoyo decidido de la regente María Cristina a la política moderada provocó el enfrentamiento directo de los progresistas con la Corona. Un amplio movimiento insurreccional se alzó en numerosas zonas del país y Maria Cristina, antes de dar su apoyo a un gobierno progresista, dimitió. Los sectores afines al progresismo volvieron sus ojos hacia el general Espartero. El general, que había salido vencedor de la guerra carlista, era la única autoridad respetada y con carisma popular que podía asumir el poder y convertirse en regente.
La actitud de Espartero en el gobierno fue de un marcado autoritarismo fue incapaz de cooperar con las Cortes y se aisló. En 1842, aprobó un arancel que abría el mercado español a los tejidos de algodón ingleses, amenazando de este modo a la industria catalana.
La medida provocó en Barcelona un levantamiento en el que estuvieron involucradas la burguesía, pero también las clases populares, que veían peligrar sus puestos de trabajo. Espartero mandó bombardear la ciudad hasta conseguir su sumisión, colocando a Cataluña y a buena parte del partido progresista en su contra. Los moderados aprovecharon para protagonizar una serie de conspiraciones encabezadas por los generales Narváez y O'Donnell, que provocaron la dimisión de Espartero. En 1 843 Espartero abandonó la regencia y se exilió a Inglaterra. Para no nombrar un tercer regente, las Cortes decidieron adelantar la mayoría de edad de Isabel II y la proclamaron reina a los trece años.
- Se crean nuevos bancos controlados por el Banco de España.
O'Donnell restauró el régimen que dos años antes había ayudado a derribar, restableciendo los principios del moderantismo, aun cuando en el gobierno se turnaron unionistas y moderados. Durante la etapa que transcurre entre 1856 y 1863 la Corona confió la formación de gobierno a los políticos de la Unión Liberal, primero a O'Donnell y más tarde a Narváez, y se produjo una etapa de cierta estabilidad política, dominada por la vuelta al conservadurismo. Así, la Constitución de 1845 fue restablecida y parte de la legislación más progresista del Bienio se anuló o se suspendió su aplicación: interrupción de la desamortización, anulación de la libertad de imprenta, restablecimiento de los impuestos de consumo, etc.
-se intervino en zonas sin interés estratégico fundamental.
-estuvo dirigida la actuación de España por las grandes potencias.
Se intervino en México, África y Conchinchina. Pero sólo fue positivo en cuanto creó un sentimiento de unidad nacional frente a los problemas exteriores.
Los unionistas llevaron a cabo una política exterior activa y agresiva, cuyos objetivos eran desviar la atención de los problemas internos y fomentar una conciencia nacionalista y patriótica, así como contentar a importantes sectores del ejército. Se desarrollaron acciones como la expedición a Indochina (1858-63) o la intervención en México (1862), pero las de mayor importancia fueron en el norte de África, especialmente en Marruecos (1859-60), donde la victoria de Wad-Ras permitió a España la incorporación de Sidi Ifni a ampliación de la plaza de Ceuta.
En agosto de 1866, la oposición al sistema estableció una plataforma que unificó sus acciones para acabar con el moderantismo en el poder. Se trata del Pacto de Ostende, firmado en dicha ciudad por progresistas y demócratas exiliados, en el que se establecían las mínimas bases para una acción revolucionaria. El pacto era claramente antiisabelino y la cuestión de la forma de gobierno -monarquía o república- sería decidida por unas Cortes constituyentes elegidas por sufragio universal. Los demócratas conseguían imponer su principio más apreciado, el sufragio universal, aunque cedían la implantación de un régimen republicano a una posterior decisión de las Cortes. En cuanto a los progresistas (Prim), ni el sufragio universal ni el derrocamiento de Isabel II eran objetivos esenciales de su acción, pero aceptaban las condiciones con tal de acabar con el dominio de los moderados.
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Crisis social:
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Se habían creado más ricos, pero no más riqueza, concentrada en pocas manos, mientras disminuyen los niveles de empleo y aumentan las crisis de subsistencia (debidas a las crisis agrarias).
La crisis de subsistencias se inició hacia el 1866 y vino provocada esencialmente por una serie de malas cosechas que dieron como resultado una carestía de trigo, alimento básico de la población española. Inmediatamente, los precios de este producto empezaron a subir y, así, entre 1866 Y 1868, el precio del trigo aumentó en Madrid un 100%. Crisis industrial y crisis agrícola se combinaron y agravaron la situación. En el campo, el hambre condujo a un clima de grave violencia social; en las ciudades, algunas industrias cerraron sus puertas, el paro aumentó y el nivel de vida de las clases trabajadoras descendió aún más.
La Constitución de 1869 y el nuevo sistema político en su conjunto consolidaban los principios liberal-democráticos defendidos por los partidos que impulsaron la revolución de septiembre de 1868, pero frustraban algunas de las aspiraciones de otros grupos políticos, en especial muchas de las reivindicaciones de carácter popular. La forma de gobierno monárquica disgustó a todos los que aspiraban al establecimiento de un régimen republicano; el mantenimiento del culto y del clero aprobado por la Constitución no era del agrado de amplios sectores radicales de marcado anticlericalismo y, sobre todo, el modelo socio-económico continuó intacto, con lo que campesinos, jornaleros o trabajadores de fábrica no vieron mejorar su situación.
Así, se inició durante el período de la Regencia (1868-69) y continuó a lo largo del Sexenio una fuerte conflictividad social que incluía las clásicas reivindicaciones de reparto de tierras por parte del campesinado, esencialmente andaluz y extremeño, las revueltas urbanas contra los consumos (impuestos), las quintas (reclutamiento para el ejército) o las subidas de precios; y por último se radicalizó un primer movimiento obrero que demandaba mejoras salariales y en las condiciones de vida.
La crisis financiera se originó por la evidencia de que las inversiones ferroviarias no eran rentables. Una vez finalizado el periodo de construcción intensiva, la explotación de las líneas puso al descubierto que los ferrocarriles españoles producían unos rendimientos muy escasos. En consecuencia el valor de las acciones ferroviarias en la Bolsa cayó estrepitosamente. A remolque de esta situación se produjo una caída de las cotizaciones de la Deuda Pública y de otras entidades financieras
La crisis financiera coincidió con una grave crisis industrial, sobre todo en Cataluña. La guerra de Secesión de EE UU (1861-45) había interrumpido sus exportaciones de algodón en rama y los precios de este producto, dada su escasez sufrieron un alza espectacular. Muchas pequeñas industrias del sector algodonero no pudieron afrontar el alza de precios de la materia prima en un momento en el que existía una grave contracción de la demanda de productos textiles corno consecuencia de la crisis económica general y especialmente por el aumento de los precios agrarios provocado por la crisis de subsistencias de los anos 1866-68.
Por todas estas causas se desencadena la revolución de 1868 "La Gloriosa" que comienza con el pronunciamiento del almirante Topete al que se unen los generales Prim y Serrano. Desde ahí se extiende al resto de España. Ha comenzado el Sexenio Revolucionario que culmina con el exilio de Isabel II.
Se pretende por primera vez en la historia de España implantar una democracia: es la primera experiencia española de sufragio universal y el momento de desarrollo de los movimientos obreros que presionan para ampliar los logros democráticos.
Formadas a semejanza de las Juntas de Defensa de la época de la invasión napoleónica, asumen el poder provisionalmente en los primeros momentos de la revolución, sobre todo burgueses.
Son sustituidas por el gobierno provisional del general Serrano que tiene como objetivo desarrollar los principios democráticos, y sobre todo elaborar una nueva constitución que recoja esas ideas democráticas, será la de 1869:
Durante esas primeras semanas, el poder efectivo estuvo en manos de las juntas Revolucionarias y del movimiento popular, que asumieron la dirección de la revuelta y consolidaron el pronunciamiento, transformando un golpe militar en una revolución que acabó con el moderantismo y destronó a los Borbones. Sin embargo, se evidenció rápidamente que en la revolución de 1868 existían diversas revoluciones y que la que se iba a imponer era la de Prim (progresistas) o Serrano (unionistas), cuyo objetivo esencial, derrocar al gobierno, ya se había conseguido. Fuera quedaban, frustradas, las revoluciones de los demócratas y republicanos y, sobre todo, de las masas populares. Así, en los primeros días de octubre, los firmantes del Pacto de Ostende -y especialmente los dirigentes unionistas y progresistas- tomaron la dirección del movimiento, constituyeron un Gobierno provisional, ordenaron disolver las juntas y desarmar a la Milicia Nacional que les había dado apoyo y, por último, dejaron patente que una cosa era derrocar a los Borbones y otra poner en duda la propiedad privada o querer proclamar la república federal.
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Sufragio universal
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Libertad de asociación, de imprenta y de otros derechos individuales (prensa satírica)
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Arancel librecambista de Figuerola (1869)
La renovación pretendida por el nuevo régimen llegó también rápidamente a la economía. Uno de los objetivos esenciales de la revolución de 1868 y en particular del sector de la burguesía que le dio apoyo, era una radical reorientación de la política económica. En esencia, sé pretendía establecer una legislación que permitiera o facilitara la implantación del capitalismo y que protegiera los intereses económicos de dicho grupo burgués, que se hallaban, además, profundamente ligados a los intereses económicos del gran capitalismo europeo. La política económica de esta etapa se caracterizó por la defensa del librecambismo y por la apertura del mercado español a la entrada del capital extranjero. Con ello se pretendía favorecer la competencia y la libre iniciativa y transformar y rentabilizar las estructuras comerciales e industriales del país.
La monarquía se mantuvo como forma de gobierno, correspondiendo al rey el poder ejecutivo y la facultad de disolver las Cortes: una concesión notable al poder del monarca, pero quedaba explícito que éste ejercía su poder por medio de sus ministros y que las leyes eran elaboradas por las Cortes y el rey sólo las sancionaba o las promulgaba. Así mismo, no sólo se proclamaba, como en otras constituciones, la independencia del poder judicial, sino que se ponían los medios para conseguirla, creando un sistema de oposiciones a juez que acababa con el nombramiento de éstos por el gobierno. Se restablecía también el juicio por jurado y la acción pública contra los jueces que cometieran faltas en el ejercicio de su cargo.
Una vez que se aprueba la constitución se implanta un gobierno ya definitivo, que es presidido también por el general Serrano, ahora como regente mientras se busca un rey: Borbones no podían ser tras el fracaso de Isabel II, y en la constitución se declaraba que España era una monarquía democrática. En este periodo quien gobierna en realidad es el primer ministro Prim.
El principal problema a resolver en este periodo es la búsqueda de un rey para el trono español.
El triunfo en las elecciones de los partidos que defendían la monarquía como forma de gobierno y la promulgación de la Constitución de 1869, que establecía una monarquía democrática, dieron lugar a que la principal tarea del gobierno consistiese en encontrar un monarca que sustituyese a los desacreditados Borbones. La solución no era nueva ni absurda, ya que gran parte de las monarquías europeas no eran en origen del propio país, pero las especiales circunstancias en las que tuvo que reinar el nuevo monarca convirtieron en un fracaso la experiencia.
La búsqueda de un rey dividió a la coalición de septiembre, y fue finalmente Prim el encargado de establecer complejas negociaciones y de sondear a todos los embajadores extranjeros a fin de encontrar un consenso internacional sobre el candidato. Por fin, consiguió imponerse la candidatura de Amadeo de Saboya, miembro de la casa italiana, muy popular entonces por haber sido la artífice de la unificación italiana, y hombre proclive a una concepción democrática del papel de la monarquía. El nuevo monarca, de sólo veintiséis años, fue elegido por las Cortes rey de España en noviembre de 1870 y llegó a España por el puerto de Cartagena el 30 de diciembre. Tres días antes había sido asesinado en Madrid el general Prim; el nuevo monarca se quedó sin su valedor y consejero más fiel. El 2 de enero fue proclamado rey en Madrid y, tras tomarle juramento las Cortes constituyentes, éstas quedaron disueltas para iniciarse una nueva etapa de monarquía constitucional.
progresista conservador
Desde el punto de vista político, Amadeo 1 contó desde el principio con la oposición de los moderados, que continuaban fieles a los Borbones. Conscientes de la dificultad de volver a reponer en el trono a Isabel II, empezaron, ya en este periodo, a perfilar y organizar, sin prisas, un partido alfonsino, defensor de una restauración borbónica en la persona del hijo de la Reina, el príncipe Alfonso. Fue Cánovas del Castillo quien poco a poco iría captando a muchos disidentes unionistas y antiguos progresistas, convenciéndolos de que la monarquía borbónica era sobre todo una garantía de orden y estabilidad social, frente al carácter democrático que encarnaba la solución amadeísta.
Inmediatamente esta opción contó con el apoyo de la Iglesia, abiertamente en contra de la nueva situación, sobre todo después del decreto de Prim que obligaba al clero a jurar la Constitución de 1869. Respecto a la élite del dinero, neutral en un principio, iría poco a poco desconfiando de un monarca que sustentaba un régimen que a sus ojos permitía una legislación que atentaba contra sus intereses: abolición de la esclavitud en Cuba, regulación del trabajo infantil, jurados mixtos en las empresas, etc.
Tampoco, como es natural, podía contar con el respaldo de los sectores republicanos y de los grupos campesinos y proletarios que les daban apoyo y para los que el problema consistía en el cambio de sistema social. Estos grupos, que protagonizaron constantes levantamientos y protestas, dieron todavía mayor inestabilidad al régimen. Los carlistas se contaban entre los grandes descontentos. Beneficiados por el clima de libertad que introdujo la “Gloriosa”, el carlismo había revivido como fuerza política. La llegada de Amadeo de Saboya dio argumentos a un sector del carlismo para volver a la insurrección armada, mientras otra facción constituyó una pequeña fuerza política, opuesta a la nueva monarquía y con posiciones enormemente conservadoras.
Lo poco más de dos años del reinado de Amadeo de Saboya se vieron marcados por dificultades constantes. En primer lugar, los sectores carlistas partidarios de la vía insurreccional se volvieron a alzar en armas en 1872, animados por las posibles expectativas, una vez desaparecida Isabel II, de sentar en el trono a su candidato Carlos VII. La rebelión se inició en el País Vasco y se extendió a Navarra y zonas de Cataluña y, aunque no constituyó un verdadero peligro, se convirtió en un foco permanente de problemas e inestabilidad.
Por otro lado, en 1868 se había iniciado, con el llamado “grito de Yara”, una revuelta en Cuba (guerra de los diez años). Animada por los hacendados criollos cubanos, contó rápidamente con el apoyo popular al prometer el fin de la esclavitud en la isla. Aunque el gobierno amadeísta intentó sacar adelante un proyecto de abolición de la esclavitud y de concesión de reformas políticas, la negativa por parte de los sectores económicos españoles con intereses en Cuba frustró la posibilidad de una solución pacífica al conflicto y convirtió la guerra en un grave problema para el gobierno. También en el año 1872 se produjeron una serie de insurrecciones de carácter federalista, en las que se combinaba la acción de los republicanos con la influencia de las ideas internacionalistas, especialmente de carácter anarquista que, aunque fueron rápidamente reprimidas, hicieron aumentar aún más la inestabilidad del régimen.
El elemento fundamental que condujo a la crisis final del reinado de Amadeo de Saboya fue la desintegración de la coalición gubernamental (unionistas, progresistas y demócratas) que dejó al Monarca sin el apoyo necesario para hacer frente a los graves problemas del país. Se sucedieron en dos años seis gobiernos y hubo que convocar elecciones tres veces, mientras la oposición, a partir de 1872, practicaba un total abstencionismo como forma de presión política. Privado de todo apoyo, el 10 de febrero de 1873 Amadeo de Saboya presentaba su renuncia al trono.
Relaciones Estado-Iglesia pasaron por varias etapas pero en general predominio de buenas relaciones.
Esto causó un enfrentamiento hasta 1851
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Concordato con la Sta. Sede de 1851 (Vigente hasta 1931)
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El estado mantiene a la Iglesia (Dotación de culto y clero)
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La iglesia apoya y legitima el Estado Liberal (moderados)
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Se permite la presencia de ordenes y propiedades (2ª amortización)
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La división de diócesis se transforma imitando a la división administrativa civil.
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Desamortización de Madoz (1855)
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Propiedades eclesiásticas
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Ruptura del concordato
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Unión liberal - restablecimiento del concordato
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Paréntesis de la 1ª República
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Consecuencias en la sociedad y la política
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El papel importante de la Iglesia en la sociedad (Influencia en las mentalidades en la moral) y en la política (senado, corte)
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El anticlericalismo progresista
Se caracteriza por la existencia de grandes diferencias entre la teoría y la práctica.
Se divide en:
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Leyes:
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1812- Sobre los principios ilustrados (teoría)
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1821- Reglamento de instrucción pública (centralizada)
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1830- Plan del Duque de Rivas (1838) cuestiona la gratuidad.
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40-60 Bases educación liberal
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Causas del Fracaso:
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Ejercito:
Marcado por el pretorianismo por un protagonismo excesivo, superar sus atribuciones.
Macrocefalia del ejercito (excesivo nº de oficiales)
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Participación en el senado
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Tradicional unión con la nobleza
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Vacío ideológico de los moderados
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Consecuencias:
La Primera República española nace ya como un sistema de gobierno frágil y cargado de problemas porque se llega a ella corno algo inevitable, como única solución viable tras la renuncia voluntaria del rey. De hecho, y a modo de ilustración de esta idea podemos recordar la famosa frase de Castelar (destacado republicano), que tan solo unos meses antes de la proclamación de la republica había llegado a decir
"La República no llegará como no sea por una conjura de la sociedad, la naturaleza y la historia".
Por lo tanto, no cuenta con bases políticas, ni con un programa de gobierno definido, porque es el resultado del acuerdo entre republicanos y liberales progresistas radicales (no republicanos), y con ideologías diferentes.
Sin unas bases social real, fue una república sin auténticos republicanos por varias razones:
- las clases altas y el ejército se sienten amenazados
- la burguesía aún no está plenamente constituida como fuerza
- los obreros estás más interesados en los cambios socioeconómicos que políticos (en el socialismo) y protagonizan motines de obreros en las ciudades industriales
- sólo apoyan la república profesionales liberales y algunos intelectuales.
Por eso se entiende que fuera un régimen muy inestable en el que en menos de dos años se sucedieron distintas fórmulas republicanas y cuatro gobiernos distintos que tuvieron que hacer frente a graves problemas:
Tuvo que hacer frente a la presión de los republicanos federales de su propio gobierno y a la de los militares que apoyaban un golpe de Estado con los radicales. Esto explica que apenas durara unos meses y diera paso tras las elecciones a Cortes constituyentes a la República Federal.
(y es una sola persona, no dos)
Su objetivo fue elaborar una constitución que garantizara la creación de un régimen federal desde el gobierno. Es la constitución de 1873 ("non nata") que no llega promulgarse y que recogía como medidas más importantes:
- La reorganización del Estado español en 17 Estados (Cuba uno de ellos), cada uno con su constitución, y en la que el presidente de la República mantendría el equilibrio y le correspondería el poder de relación entre los Estados.
- También aspiraba al reparto de tierras (reforma agraria-que debía de cambiar la estructura de la propiedad de la tierra de grandes propiedades en pequeñas propiedades mejor repartida, a diferencia de la desamortización que nunca se planteó el cambio en la estructura de la propiedad-), y a la regulación del trabajo. Esta preocupación por los aspectos socioeconómicos se explica por la relación de este incipiente republicanismo federal con el obrerismo.
Los problemas más importantes a los que tuvo que hacer frente este periodo fueron:
- El movimiento cantonal o la revolución cantonal, derivado de la interpretación del proyecto de constitución y ante su impaciencia por la puesta en práctica. Es la creación de poderes locales, fuertes y autónomos (cantones), que desarrollan la idea de la república federal de abajo a arriba (no impuesta por el Estado sino que las distintas zonas se van declarando independientes y fuerzan con su actitud al Estado a que lo reconozca).
Fue protagonizado por intelectuales, artesanos y asalariados en toda la costa mediterránea (donde más se había extendido también el obrerismo) y cuyo punto más importante fue Cartagena. Esta cuestión fue responsable de la caída del gobierno de Pi y Margall y del giro a la derecha de la República con Nicolás Salmerón, que con la colaboración del ejército (los generales Martínez Campos y Pavía) lo sofocan.
-La protesta social, por un doble motivo por las promesas del reparto de tierras no cumplidas, y contra el ejército permanente porque sólo incorporaba a las clases populares y las acomodadas lo eludían con el pago de una cantidad. (A modo de ilustración y para que se entienda mejor, hay un anexo al final de este tema de un anuncio de una compañía de esta época, aparecido en un periódico, que se dedicaba a financiar esta operación de pago para librarse del servicio militar y que en su lugar fuera otra persona, que debía ir si no podía pagar “la redención"). Este problema fue especialmente grave cuando en estos momentos el ejército se dirigía a luchar en la Guerra de Cuba.
-La Guerra de Cuba (1868-1878), llamada también "Guerra Larga", para distinguirla de los otros períodos de enfrentamiento en la isla, fue una interminable guerrilla que comenzó en 1868 (aprovechando la inestabilidad española de entonces), con el llamado "Grito de Yara", movimiento revolucionario que tenía como líderes a Maceo, Céspedes y Gómez y que contaba con el apoyo de esclavos negros(se les prometía la abolición de la esclavitud) y de propietarios de pequeñas plantaciones.
Las causas de este conflicto fueron:
- las tensiones entre criollos y peninsulares
- la esclavitud
- los intereses de los productores de azúcar y tabaco por el mercado de Estados Unidos, (que apoyó la guerra)
- la excesiva autoridad de las autoridades españolas, y la distancia y la inestabilidad política de España.
Este conflicto se soluciona en 1878 momentáneamente, pero volverá a surgir en
1895.
El objetivo del cambio fue restaurar el orden, (frente al movimiento cantonal, los carlistas y los obreros), colaborando para ello con las clases conservadoras y los militares Martínez Campos y Pavía. Pero produjo el rechazo de las Cortes.
Se explica por los mismos motivos que la anterior, y llega incluso a recortar los derechos individuales y a suspender las garantías constitucionales. Genera un movimiento de rechazo, pero cuando se estaba gestando un giro a la izquierda y la vuelta al federalismo se produce el pronunciamiento de Pavía.
Tras el pronunciamiento asume:
Restaura el orden y pretende seguir con la república unitaria. Pero mientras Cánovas del Castillo emprende una labor en favor de la restauración de la monarquía borbónica en la figura de Alfonso (hijo de Isabel II). Incluso Alfonso da un manifiesto instigado por Cánovas, en el expone su idea de lo que ha de ser la monarquía constitucional, el Manifiesto de Sandhrust (es el nombre de la academia inglesa donde está estudiando y desde donde lo escribe).
Cuando se estaba preparando la situación más propicia para la Restauración, Martínez Campos da un pronunciamiento que la precipita. Comienza así el largo periodo de la Restauración Borbónica.
El primer gobierno de la Restauración se destacó por intentar una política centralista que acabara con todas las tendencias desintegradoras de la nación: el problema carlista, la guerra de Cuba, y los inicios del nacionalismo.
- Así en 1876 se pone fin a la guerra carlista, heredada de la época del Sexenio Revolucionario.
- El otro hecho destacado es la firma de la Paz de Zanjón con lo que termina la Guerra Larga (primera parte de la guerra con Cuba) en 1878.
Lo más importante de esta etapa fue la ampliación legislativa de los derechos individuales encaminada a proporcionar mayor libertad al individuo. No hay que olvidar que este era uno de los principales objetivos del partido liberal, de ahí que intentara ponerlo en práctica en cuanto llegó al gobierno.
La última etapa del reinado de Alfonso XII se caracteriza por la continuidad en el gobierno de Canovas respecto a su primera etapa.
A la muerte de Alfonso XII, su esposa Maria Cristina se hace cargo de la Regencia (no confundir con la otra regencia de Maria Cristina madre de Isabel II, son personas diferentes). En esa situación y para asegurar la continuidad de la monarquía, Canovas y Sagasta firman un acuerdo que se llama “Pacto del Pardo”, por el que se comprometen a seguir con el turno de los partidos en esa situación de crisis y a apoyar a la regencia.
Lo más importante de este gobierno es que continua con la ampliación de las libertades individuales que pusieron en práctico los liberales en su primer gobierno. Por ejemplo se da una ley de Asociaciones que permitió la legalización del PSOE y la UGT, se abole la esclavitud (1888), y se aprueba el sufragio universal masculino (1890). Hay que destacar que la implicación del censo de 800.000 a cinco millones de teóricos votantes no alteró las prácticas caciquiles llegando incluso a reforzarlas, pero disminuyó las diferencias ideológicas entre conservadores y liberales. Esto contribuyó a la crisis de los partidos del turno a partir de 1900.
Los gobiernos de la década de los noventa se caracterizan por que tuvieron una menor duración que el primer gobierno de la regencia (de ahí el nombre de parlamento largo), y porque dan comienzo a una época de inestabilidad a partir de la muerte de los grandes líderes políticos (Canovas y Sagasta). Esta situación se ve agravada por la prolongación del problema de Cuba, que termina con su pérdida en 1898, y las repercusiones a que da lugar, y la formación y desarrollo de los nacionalismos.
Principales problemas de la Regencia:
La política española en Cuba:
El período más idóneo para hacer concesiones a las reivindicaciones cubanas fue el Gobierno largo de los liberales cuando el Partido Autonomista Cubano se mostraba decidido a apoyar un programa reformista propiciado por Madrid, que restase fuerza y apoyos sociales a los independentistas. Pero la única medida que se acabó aprobando fue la abolición definitiva de la esclavitud y su transformación en asalariados (1888), ya que las propuestas de dotar a Cuba de autonomía fueron rechazadas por las Cortes, así como un proyecto de reforma del estatuto colonial de Cuba propuesto por el gabinete liberal (1893).
Las tensiones entre la colonia y la metrópoli aumentaron a raíz de la oposición cubana a los fuertes aranceles proteccionistas que España imponía para dificultar el comercio con Estados Unidos, principal comprador de productos cubanos a finales del siglo XIX. La condición de Cuba como espacio reservado para los productos españoles se reforzó con el arancel de 1891, que daba lugar a un intercambio sumamente desigual, lo que provocó un gran malestar tanto en la isla como en Estados Unidos. El presidente norteamericano McKinley amenazó con cerrar las puertas del mercado estadounidense a los principales productos cubanos (azúcar y tabaco) si el gobierno español no modificaba la política arancelaria de la isla. En el año 1 894, EE UU adquiría el 88,1% de las exportaciones cubanas, pero solo se beneficiaban del 37% de sus importaciones. Al fundamentado temor existente en España a que se produjese una nueva insurrección independentista, se sumaba ahora el temor a que ésta pudiese contar con el apoyo de los Estados Unidos.
La guerra de Cuba:
El año 1892, losé Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, protagonista de la revuelta independentista iniciada el 24 de febrero de 1895 (El grito de Baire). La insurrección comenzó en la parte oriental de la isla y entre sus dirigentes contó con Antonio Maceo y Máximo Gómez, que consiguieron extender la guerra a la parte occidental de la isla, tradicionalmente menos rebelde.
1ª Etapa: Medidas no más adecuadas:
La falta de éxitos militares decidió el relevo de Martínez Campos por el general Valeriano Weyler, que llegó a la isla con la voluntad de emplear métodos más contundentes que acabasen con la insurrección por la fuerza. La ofensiva de Weyler fue acompañada de la “concentración” de los campesinos en unas aldeas cerradas para aislarlos de las tropas insurrectas. Pero la dificultad de proveer de alimentos y de facilitar asistencia médica, tanto al ejército como a los campesinos, trajo consigo una elevada mortalidad entre la población civil y los soldados. Además, la guerra provocó la destrucción de ingenios, de plantaciones y de numerosas vías férreas y la economía cubana se resintió notablemente.
2ª Etapa:
Tras el asesinato de Cánovas (agosto 1 897) un nuevo gobierno liberal decidió a la desesperada probar la estrategia de la conciliación. Relevó a Weyler del mando y concedió autonomía a Cuba (noviembre de 1 897), el sufragio universal, la igualdad de derechos entre insulares y peninsulares y la autonomía arancelaria. Pero las reformas llegaron demasiado tarde: los independentistas, que contaban cor el apoyo estadounidense, se negaron a aceptar el fin de las hostilidades, que fue unilateralmente declarado por los españoles.
La guerra de Filipinas:
En 1898 Estados Unidos se decidió a declarar la guerra a España. El pretexto fue el hundimiento, tras una explosión de uno de sus buques de guerra, el Maine, anclado en el puerto de La Habana. El 18 de abril, los americanos intervinieron en Cuba y en Filipinas, desarrollando una rápida guerra que terminó con la derrota de la escuadra española en Cavite (Filipinas) y Santiago (Cuba). En diciembre de ese mismo año se firmó la Paz de París, que significó el abandono por parte de España de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas.
El surgimiento de los nacionalismos españoles:
1-INTRODUCCION:
El Estado español se encuentra articulado actualmente en diecinueve comunidades autónomas, como fruto del proceso de organización territorial iniciado con la constitución de 1978. Pero esta ordenación no nace espontáneamente en 1978, sino que tiene tras de sí unas raíces históricas que arrancan del siglo XIX (como reacción al centralismo que pretende imponer cl liberalismo) y cuyo crecimiento y evolución en cada territorio da lugar a distintas situaciones en la constitución de las autonomías.
De este modo mientras que las comunidades autónomas con un pasado regionalista y nacionalista mejor definido y más consolidado (Cataluña, País Vasco, Galicia) consiguieron rápidamente su propio estatuto y una amplia gama de competencias en su autogobierno, hay otros territorios con un menor grado de autoconcienciación. Estos con un menor peso histórico como pueblo, accedieron a la autonomía por una vía más lenta y dependen en mayor medida de la administración central. No obstante la tendencia en los noventa es de una gradual homogeneización de competencias entre las comunidades autónomas.
Antes de entrar en el desarrollo del proceso histórico de los nacionalismos y regionalismos es preciso aclarar dos conceptos que se van a manejar:
-regionalismo : es la tendencia o doctrina política según la cual el gobierno del Estado debe tener en cuenta los intereses dc una región. En la actualidad se habla de regionalismos para hacer referencia a los movimientos que no llegaron a tener estatuto de autonomía en la Segunda Republica y que refieren a territorios que aún teniendo una conciencia histórica no tuvieron un gobierno autónomo hasta la constitución de 1978.
-nacionalismo : es la aspiración de un territorio a constituirse en nación. En la actualidad los nacionalismos históricos españoles son los movimientos que consiguieron en la Segunda República un estatuto de autonomía.
-al lado de los nacionalismos catalán, vasco.. hay durante el siglo XIX y
XX un nacionalismo españolista que se opone a la división de la unidad nacional y que tradicionalmente se ha considerado de derechas.
II-ETAPAS EN EL SURGIMIENTO DE LOS NACIONALISMOS ESPAÑOLES:
En la Restauración aparece una conciencia nacional con ideas regionalistas. Se da importancia a la lengua de las regiones, pero no hay programas políticos hasta después de 1900.
Desde la crisis de 1898 y hasta el regionalismo consigue una plasmación política a través de los partidos nacionalistas que acusan al resto de los partidos del fracaso del 98. Durante la Segunda
República estos partidos consiguen los primeros estatutos de autonomía.
Con la llegada del franquismo se abre un paréntesis en el nacionalismo, se anulan todos los estatutos.
Con la promulgación de la constitución de 1978 comienza una nueva etapa en la que el Estado de las autonomías pretende dar respuesta a las aspiraciones nacionalistas históricas y encauzarla en el resto de las regiones españolas.
III-FACTORES DEFINIDORES DE LA IDENTIDAD NACIONAL Y / O CONCIENCIA REGIONAL
Dentro de este proceso hay tres realidades que acompañan a cada uno de los regionalismos y nacionalismos:
-lo cultural, que supone la revalorización de la lengua, la historia y las tradiciones de cada región
-la realidad económica, se manifiesta en una defensa del proteccionismo
-la política, cualquier nacionalidad o región además de defender su cultura y economía lucha por tener una organización política propia a través de un estatuto de autonomía.
En el origen del descubrimiento de las regiones como entidades diferenciadas está el movimiento cultural del naturalismo que se desarrolla en el último tercio del siglo XIX. Se basa en la censura de la sociedad de la época que conduce a la mala situación de las clases más bajas, y en la diferencia del entorno y los paisajes de cada región. Se desarrolla en pintores como Soroila (descubre la luminosidad de Levante) o pintores como Blasco Ibáñez (plasma la realidad rural valenciana por ejemplo en Cañas y Barro o las Barraca)
IV-LOS NACIONALISMOS ESPAÑOLES MAS IMPORTANTES
El nacionalismo catalán:
Pasos hasta su formulación:
- Surge a mediados del siglo XIX a partir de un movimiento cultural de origen romántico tardío, la Renaixença, que agrupa a literatos, artistas e historiadores y pretende reconstruir el pasado de Cataluña. En sus aspiraciones políticas tiene sus orígenes en Valentin Almirall (republicano federal ), y el primer documento que recoge sus ideas es el Memorial de Greujes, que se presenta ante Alfonso XII como testimonio de la opresión que según los firmantes sufre Cataluña de sus peticiones.
-Pero el primer documento que recoge las aspiraciones del nacionalismo catalán es Las Bases de Manresa de 1892, en el que ya se defiende el catalán como lengua oficial y se piden unas Cortes propias, la soberanía y una organización confederal.
-Como resultado del desastre del 98 surgen los primeros partidos regionalistas:
-en 1898 la Lliga Regionalista, de Prat de la Riba y Cambó, que agrupa a la alta y media burguesía
-en 1922 Esquerra Republicana de Cataluña, de Companys, que nace como partido de izquierdas y por contraposición a la Lliga
Ya en la Segunda República (1932) Cataluña es la primera región española en conseguir un estatuto de autonomía, y plasmar su propio gobierno en la Generalitat. Tras el paréntesis del periodo franquista, en 1975 y con el rebrote de los movimientos nacionalistas, Cataluña fue la primera región en conseguir un estatuto de autonomía en 1979. Ya en las primeras elecciones autonómicas de 1980 triunfa Convergencia i Unió encabezada por Jordi Pujol.
Hoy se mantiene J. Pujol como presidente de la Generalitat siendo muchas las competencias traspasadas a su gobierno. Han surgido problemas recientes como el de la normalización lingüística del catalán y el traspaso del 15% del IRPF a las comunidades autónomas.
El nacionalismo vasco:
Presenta pocos puntos de contacto con el nacionalismo catalán, de forma que carece de una fase literaria tiene un origen exclusivamente político a través de la figura de Sabino Arana, que funda el Partido Nacionalista Vasco (PNV). En 1895.Es un nacionalismo centrado sobre todo en la religión católica y en la idea de la raza, y pretende defender los privilegios económicos del pueblo vasco reflejados en los tradicionales fueros. Es una ideología antiliberal y tradicionalista que se modera un poco desde 1901. Se apoya en la abolición de los fueros después de la última guerra carlista, y en el rechazo a la inmigración que genera el nacimiento de la sociedad industrial que rompe la sociedad tradicional vasca.
Durante la Segunda República su proceso de elaboración del Estatuto de autonomía es mucho más lento que el catalán y apenas entra en vigor por el estallido de la Guerra Civil.
En la etapa del franquismo surgen otras fuerzas, y nace un colectivo que asume el nombre de ETA (“por la liberación de Euskadi”). Esta organización promueve la táctica revolucionaria frente a la táctica parlamentaria del PNV. En 1974 se produce la escisión entre dentro de ETA entre los partidarios de la vía política (HB) los de la vía violenta. En la actualidad se mantiene el problema de ETA y su brazo político HB.
El nacionalismo gallego:
Al igual que el nacionalismo catalán tiene una fuerte base cultural. Parte de una sociedad eminentemente rural, con una débil burguesía con unas tradiciones y una lengua muy arraigadas.
Surge desde el Rexurdimento, un movimiento cultural semejante a la Renaxença que agrupa a escritores en lengua gallega como Rosalía de Castro. El partido más importante es el partido galleguista de Castelao fundado durante la Segunda República, que consigue la firma del estatuto de autonomía en 1938, con lo que no llegó a ponerse en práctica. El primer parlamento gallego de la democracia es elegido en 1981, y desde 1989 el presidente de la Xunta es Manuel Fraga.
Surge durante la regencia de María Cristina como consecuencia directa de la pérdida de Cuba y se prolonga durante el reinado de Alfonso XIII.
*Definición: Con el desastre del 98 (la pérdida de Cuba) un grupo de políticos e intelectuales comenzó a plantearse las razones de que España hubiera llegado a esa situación. El análisis de la situación de España a fines de siglo, sus razones y soluciones es lo que se llamó regeneracionismo.
-se critica la despreocupación general por la derrota militar de Cuba, que supone la pérdida de importancia de España en el ámbito internacional. No hay que olvidar que mientras en Europa se ha producido el reparto colonial de África y Asia del que España no ha participado. España se confirma corno potencia internacional de segunda categoría.
-falta de veracidad del sistema liberal (se habla de políticos corruptos e incompetentes).
-el hastío y lejanía de la guerra
-la falta de educación de la población (crítica de los intelectuales)
-las carencias económicas del país (crítica de burgueses y economistas)
-el funcionamiento del sistema de la Restauración ( desde fuera del turno
-el atraso del país en general
-la reconstitución de la vida del país, la "regeneración" o renovación de todas sus estructuras.
-Regeneracionismo intelectual- el principal representante es Joaquín Costa, que propone como soluciones la fórmula de "escuela y despensa" y "el cirujano de hierro". La base de la regeneración de España debería empezar por la elevación del nivel cultural de España y la llegada de la educación a todas las capas sociales así como por la modernización económica que hacía incapié en la política hidráulica. Sólo así se podría crear una amplia clase media, neutra políticamente hablando, que apoyaría la europeización de España y un político fuerte con suficiente autoridad para imponer todas esas medidas necesarias y posiblemente impopulares (el cirujano de hierro que cortara donde fuese preciso por el bien del cuerpo social y "amputara" los miembros enfermos).
-Regeneracionismo literario- los principales representantes fueron la generación del 98 (Unamuno, Valle-Inclán, Machado). Fue un grupo más que un movimiento homogéneo, que desde un profundo pesimismo hace una crítica mordaz al atraso de España reflexionando sobre el sentido de España y su papel en la historia. Critican la separación entre la política oficial y la vida real, y la necesidad de crear una verdadera conciencia nacional.
-Regeneracionismo político-tuvo dos vertientes : desde dentro del sistema intentó dar autencidad la vida política (Silvela, Maura, Canalejas), mientras que desde fuera trató de movilizar a la opinión pública.
-Desde el punto de vista del funcionamiento del sistema no hubo grandes cambios, sólo de apariencias, adaptando la retórica regeneracionista.
-contribuyó a incentivar el nacionalismo con peticiones de autonomía y de modernización de las estructuras del Estado.
-mantuvo latente el deseo de renovación con el "cirujano de hierro", que encarnará Primo de Rivera aprovechando el
-protagonismo que cobran con su mayor ingerencia en la política desde posturas más autoritarias.
Este periodo está marcado por dos momentos:
-Hasta 1912 Maura y Canalejas toman el relevo de los dos partidos del turno con menos capacidad de liderazgo que Cánovas y Sagasta, y se intenta desde algunos sectores reformar el sistema para hacerlo más auténtico, pero no en profundidad.
-Desde 1912 a 1917 los gobiernos se hacen cada vez más inestables, hasta que el turno entra definitivamente en crisis con la muerte de Canalejas y la fragmentación de los dos partidos. Esto es aprovechado por los partidos de fuera del turno.(Ver cuadro Pág. 169 y saber explicar brevemente las diferencias entre los nuevos republicanos, las relaciones entre socialistas y republicanos y la división del carlismo-Pág. 170. Y la evolución, muy breve también, del nacionalismo Pág. 174-175).
Los gobiernos más importantes de este periodo serán:
-Hasta 1912: Maura, es el líder conservador (1903-04); (1907-09)
Canalejas, líder liberal.( 1910-12)
-desde 1912:gobierno liberal de Romanones (1915-17)
gobierno conservador de Dato (1917)
gobierno de concentración nacional (17-23)
Su lema fue "la revolución desde arriba", que pretendía crear una nueva clase política que desde el gobierno y con el apoyo de las masas neutras (esa clase media que no participaba en la política). Se caracterizó por la estabilidad y por la promulgación de importantes leyes de reforma del sistema:
-Reforma de la ley electoral (1907), hacía obligatorio el voto masculino y limitaba la ingerencia gubernamental para dificultar el caciquismo. Pero no consiguió acabar con el fraude.
- Reforma de la Administración Local- pretendía dar más importancia a la vida local y provincial encauzando las peticiones autonomistas de Cambó con la posibilidad de constituir mancomunidades (la colaboración de varias diputaciones). Excepto en Cataluña no llegó a efecto.
-Reforma social- creó el Instituto Nacional de Previsión y se promulgó la ley de descanso dominical.
-Pero el principal problema que acabó con el gobierno de Maura fue la Semana Trágica enjulio de 1909.EI motivo fue el envío de un contingente de reservistas a Marruecos, que ocasionó protestas huelgas y la dura ejecución posterior.(Ir al libro Pág.172 y 174). El movimiento de protesta recogió en parte el descontento contra el ejército por la ley de Jurisdicciones, promulgada en 1906 y por la que los militares podían juzgar los delitos contra la patria y el ejército.
3.1. La política colonial y la Guerra de Marruecos
Después de un primer momento de retraimiento de su política colonial, a partir de 1906, España inició su penetración en el norte de África. La conferencia de Algeciras (1906) y el posterior Tratado Hispano-francés (1912) supusieron su entrada en el reparto de zonas de influencia entre los países europeos. Bajo la influencia de Gran Bretaña, que deseaba limitar la presencia francesa en el norte de África se estableció un protectorado franco-español en Marruecos. A España se le concedió una franja en el norte, el Rif, y un enclave en la costa atlántica (Ifni y Río de Oro). La penetración española en esta zona se vio estimulada tanto por intereses económicos (mineros, inversiones en ferrocarriles, obras públicas, etc) como por la voluntad política de restaurar el prestigio del ejército, tesis defendida por los militares “africanistas” que pretendían convertir a España en una nueva potencia colonial.
Sin embargo, la presencia española en esta área estuvo contestada por las tribus bereberes, organizadas en cabilas. Los continuos ataques de los rifeños obligaron a mantener una fuerte presencia militar española, que intensificó a partir de 1909, cuando en unas operaciones militares destinadas a asegurar la plaza de Melilla, los rifeños infligieron una importante derrota a las tropas españolas en el barranco del Lobo, ocasionando numerosas bajas. Se decidió entonces incrementar el número de soldados españoles en el Rif para evitar la caída de Melilla, para lo cual el gobierno decidió el envío de tropas integradas por reservistas, muchos de ellos casados. Si la guerra de Marruecos ya era impopular, como lo era el sistema de reclutamiento de quintas, el envío de este contingente de fuerzas reservistas, que debía embarcar en el puerto de Barcelona, fue la chispa que provocó un importante movimiento de protesta popular, apoyado por los anarquistas, los socialistas y los republicanos.
3.2. La Semana Trágica de Barcelona
La movilización popular contra la guerra se inició en el puerto de Barcelona el día 18 de julio, mientras tenía lugar la salida de tropas hacia Marruecos. La revuelta se prolongó durante una semana, dando lugar a un movimiento que adquirió un fuerte componente antimilitarista y de rechazo a la hegemonía social y cultura de la Iglesia. EI día 24 se constituyó un comité de huelga, con la participación de republicanos, socialistas y anarquistas, que hizo un llamamiento a la huelga general para el día 26.
Pero la iniciativa popular desbordó a los propios convocantes de la huelga y ésta acabó siendo un estallido espontáneo de todas las tensiones sociales acumuladas a lo largo de décadas. Los incidentes en la calle se multiplicaron, se levantaron barricadas, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas del orden público y, finalmente, explotó un fuerte sentimiento anticlerical que desembocó en el ataque e incendio de más de 80 establecimientos religiosos.
Las autoridades respondieron declarando el estado de guerra y enviando refuerzos para reprimir las manifestaciones.
La represión posterior fue muy dura y numerosos anarquistas y radicales fueron responsabilizados, sin demasiada razón, de los hechos. Centenares de personas fueron detenidas, condenas a muerte. Entre ellas, la de Francisco Ferrer y Guardia, pedagogo anarquista e impulsor de la Escuela Moderna, que, sin haber participado directamente en los hechos, fue acusado de ser su inspirador ideológico.
3.3. Sus consecuencias políticas
La fuerte represión que siguió a la Semana Trágica levantó una oleada de protestas e indignación en toda Europa a consecuencia de su virulencia y arbitrariedad. El gobierno conservador de Maura hubo de enfrentarse a duras críticas y los liberales y republicanos se unieron para exigir su dimisión. La oposición a Maura permitió la constitución de un bloque apoyado por las campañas internacionales de denuncia de la represión y bajo la formula común “¡Maura no!”, consiguió de Alfonso XIII la disolución de las Cortes y el traspaso del gobierno a los liberales.
El impacto de la Semana Trágica tuvo también sus repercusiones dentro del movimiento catalanista. Las fuerzas de izquierda acusaron a la Lliga Regionalista y a la burguesía de haber apoyado la represión gubernamental de los sectores republicanos y obreristas. De esta confrontación, empezó a tomar cuerpo un nacionalismo republicano y de izquierdas que tuvo su concreción en la fundación de la Unión Federal Nacionalista Republicana (1910). También contribuyó al acercamiento de las fuerzas de izquierdas y en concreto a la creación de la Conjunción Republicano-Socialista. Finalmente, el ambiguo papel jugado por los republicanos lerrouxistas acentuó el desencanto de muchos obreros respecto del republicanismo, y éstos pasaron entonces a engrosar las filas del anarco-sindicalismo.
Sus objetivos fueron:
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atraer a las masas populares a la Restauración con una amplia legislación social y laboral (seguros obreros, ley de minas, ley de la silla, prohibición del trabajo nocturno en las mujeres)
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Llevar a cabo la separación entre Iglesia y Estado a través de la ley del Candado, que impedía el establecimiento de nuevas órdenes religiosas.
Tras su asesinato luchan Romanones y García Prieto por el liderazgo
A partir de la muerte de Canalejas (1912), el reformismo dinástico perdió gran parte del dinamismo del periodo anterior y la ausencia de líderes prestigiosos provocó la fragmentación interna de los partidos del turno. Dentro del Partido Conservador se consolidaron dos familias: los mauristas, que intentaron crear un partido de talante más reformista, y los "idóneos" de Eduardo Dato, que representaban la posición más tradicional. A su vez, el Partido Liberal se fragmentó en diferentes corrientes fruto del personalismo de sus líderes (Romanones, García Prieto, Santiago Alba...). En 1913, el Rey nombró al conservador Dato presidente del gobierno y éste tuvo que hacer frente a las consecuencias del estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
1.1. La neutralidad española
España mantuvo una posición de neutralidad frente al conflicto europeo, actitud que fue apoyada por todas las fuerzas políticas a excepción de los radicales de Lerroux. El tradicional aislamiento de la política exterior española había dejado a España al margen de los sistemas de alianzas. Por otra parte, carecía de importancia política y de fuerza militar como para convertirse en un aliado deseado por los contendientes, por lo que la neutralidad fue bien recibida por ambas partes.
A pesar del aislamiento oficial, la sociedad española tomó partido a favor de uno u otro adversario y hubo fuertes polémicas entre "aliadófilos" y "germanófilos". Las clases altas, la Iglesia y la mayor parte de los mandos del Ejército y el mismo Palacio Real se mostraron partidarios de los imperios centrales (Alemania y Austria), representantes del orden conservador y la autoridad. Los sectores más progresistas, sobre todo los republicanos, se inclinaron por las potencias aliadas (Francia e Inglaterra), en las que veían la encarnación de unos ideales más democráticos. Las fuerzas obreras y sindicales defendieron la neutralidad considerar el conflicto como una pugna entre intereses imperialistas.
1.2. Una coyuntura económica favorable
La neutralidad favoreció una importante expansión económica. El incremento de la demanda exterior estimuló el crecimiento de la producción, pero también trajo consigo un aumento de los precios, lo que desató un proceso inflacionario sin precedentes.
La demanda exterior benefició especialmente a la siderurgia vasca, a la minería asturiana y a las industrias textiles y metalúrgicas catalanas, pero este crecimiento tuvo un componente fuertemente especulativo, ya que no siempre el aumento de las ganancias se aprovechó para la mejora de los sistemas productivos. El empeoramiento del nivel de vida provocó una importante oleada de huelgas y reivindicaciones.
Así, la Guerra Mundial (aumento de beneficios e inflación) contribuyó a acentuar las diferencias sociales y a crear un clima de tensión que se hizo mucho más evidente cuando la crisis de la posguerra puso fin al periodo de euforia económica.
1.3. El impacto de la guerra
Por un lado, en 1917 estalló la Revolución Rusa y por primera vez, un partido obrero consiguió tomar el poder e iniciar la construcción de un "Estado de los trabajadores". Las organizaciones obreras de todo el mundo vieron en Rusia un ejemplo a seguir y ello estimuló sus perspectivas revolucionarias y sus anhelos de cambio social. El miedo a un estallido revolucionario empujó a los gobiernos a la adopción de medidas de contención y represión del movimiento obrero. Esta coyuntura explica la elevada conflictividad social que siguió a la Guerra Mundial.
Por otro lado, el fin de la guerra supuso una gran modificación de las fronteras de Europa y un cierto reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos (doctrina del presidente norteamericano Wilson). Estos cambios influyeron notablemente en los nacionalistas catalanes y vascos, que fortalecieron sus posturas a favor de la consecución de la autonomía.
La crisis de 1917
En 1917 se produjo una grave crisis (militar, política y social) que puso en entredicho la pervivencia de la Restauración.
Pero el movimiento de 1917, no consiguió sus objetivos porque los sectores que mostraron su descontento no tenían un programa común que les permitiera actuar unidos y nunca lograron una verdadera convergencia de intereses. Por otra parte, la indecisión y el confusionismo mostrados por los militares y el rumbo revolucionario que los sindicatos imprimieron al conflicto contribuyeron al fracaso de la protesta, que sin duda atemorizó a los sectores más moderados e impidió la unidad de acción de las fuerzas al margen del sistema.
2.1. La crisis militar
EI ejército español, como consecuencia de las guerras coloniales, presentaba un número excesivo de oficiales con relación al de soldados. El hecho de que los ascensos se obtenían mayoritariamente por méritos de guerra, lo cual beneficiaba a los militares africanista. Además, la inflación había hecho disminuir el valor real de los ya de por si bajos salarios de los militares.
El fuerte descontento entre los oficiales de baja y media graduación desembocó en la formación de las llamadas juntas de Defensa, una asociación de militares. Las juntas reclamaban un aumento salarial y se oponían a los ascensos por méritos de guerra, culpaba al gobierno de los males del ejército y del país, y hacía un llamamiento a la renovación política usando para ello un cierto lenguaje “regeneracionista”.
Este manifiesto hizo crecer en ciertos sectores de la oposición las esperanzas de que el ejército podría sumarse a un movimiento que exigiese una renovación de la política nacional. Pero los acontecimientos demostraron que las reivindicaciones de las Juntas tenían poco que ver con las de los otros sectores sociales y que eran básicamente un grupo de presión al servicio de sus intereses profesionales.
2.3. La crisis social
La conflictividad laboral fue motivada por el descenso de los salarios reales provocado por la coyuntura bélica, en un momento en que las empresas acumulaban considerables beneficios. En 1916 se produjo un importante movimiento huelguístico y las centrales sindicales, acordaron firmar un manifiesto conjunto en el que se instaba al gobierno a intervenir para contener los precios bajo la amenaza de convocar una huelga general.
La huelga de agosto de 1917 tuvo una incidencia muy desigual y aunque no contó con la participación de los sectores campesinos, se produjeron incidentes violentos. La reacción del gobierno fue básicamente represiva: se declaró la ley marcial y se envió al ejército a reprimir el movimiento.
2.2. La crisis política
Ante la situación de crisis, el gobierno Dato suspendió las garantías constitucionales clausuró las Cortes e impuso la censura de prensa. Se organizó en Barcelona la Asamblea de Parlamentarios catalanes, que exigió la formación de un gobierno provisional que convocase unas cortes constituyentes capaces de reestructurar el Estado sobre la base de la descentralización. Desde la Asamblea se convocó una reunión de todos los diputados y senadores españoles, pero la mayoría no respondieron a la convocatoria y tan sólo acudieron mayoritariamente republicanos y socialistas.
El movimiento asambleario no tuvo continuidad como consecuencia de la negativa de las fuerzas monárquicas a participar en su. Las profundas discrepancias ideológicas entre los regionalistas y las fuerzas de izquierda, mostraron hacia la propuesta de los parlamentarios contribuyeron a debilitar la iniciativa.
Gobiernos de Concentración
La consecuencia más importante de los sucesos de 1917 fue el recurso frecuente a la formación de gobiernos de concentración.
Fracasados los gobiernos de coalición, se volvió al turno. En este contexto de crisis institucional, el ejército tomó un protagonismo cada vez mayor en la vida política convirtiéndose en el principal agente represor de los episodios revolucionarios y presentándose como la solución de fuerza capaz de salvar a la monarquía de un sistema político corrupto e incapaz de solucionar los graves problemas del país.
Los partidos desde siempre excluidos del juego político de la Restauración, republicanos y socialistas básicamente, no consiguieron afianzar un programa alternativo.
Los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial fueron de una intensa agitación social en toda Europa y también en España.
En Andalucía, reforzada por el aumento de los precios y por la influencia de la revolución soviética, dio paso al llamado “trienio bolchevique(1918-21).
A su vez, empresarios y patronos pagaron a pistoleros a sueldo para asesinar a los dirigentes obreros y fomentaron la creación del Sindicato Libre. El general Martínez Anido fue nombrado gobernador civil de Barcelona. Éste protagonizó una política de protección de los pistoleros de la patronal; ejerció una dura represión contra los sindicalistas y puso en práctica la “ley de fugas”. Fue la época conocida como el “pistolerismo”.
El protectorado español en Marruecos era una zona de escaso valor económico con una difícil orografía, que dificultaba su penetración del territorio y su ocupación efectiva por el ejército español.
La reacción de los rifeños no se hizo de esperar y las cabilas de Abd el Krim atacaron por sorpresa el puesto español de Annual provocando una gran desbandada entre las tropas españolas, que perdieron todo el territorio ocupado y sufrieron unas 13.000 bajas. El desastre de Annual puso en evidencia la deficiente organización del ejército y, aunque la llegada de tropas de refuerzo permitió recuperar fácilmente las posiciones perdidas, tuvo consecuencias importantes para la estabilidad del sistema político.
La impopularidad de la empresa marroquí crispó a la opinión pública y las reacciones políticas no se hicieron esperar. La prensa y los contrarios a la intervención colonial culparon de la derrota al ejercito y se acentúo más el distanciamiento entre los militares y la clase política. El gobierno dimitió y se inició un proceso parlamentario encaminado a indagar las responsabilidades militares y políticas de Annual. A tal efecto se nombró una comisión en el Congreso encargada de elaborar un informe sobre lo sucedido, que debía ser presentado a las Cortes.