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Historia de España (1788-1978)


Restauración. Movimiento obrero. Guerra civil española. Guerra de la Independencia. Fernando VII


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Historia
 
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HISTORIA

TEMA 1

El reinado de Carlos IV y la crisis política: España y la Europa napoleónica. El conflicto bélico

La guerra de la Independencia y los orígenes de la España Contemporánea.

Carlos IV (1788-1808): Estaba casado con María Luisa de Parma. Al comienzo de su reinado su principal ministro sigue siendo el Conde de Floridablanca, que intenta aislar a España de la propaganda revolucionaria procedente de Francia, y por eso cuando estalló la revolución intentó aislar a los estudiantes para que no salieran al extranjero, censuró libros, prohibió la salida y entrada de gente, y aumentó el poder de la Inquisición, para que vigilara a los sospechosos de introducir ideas revolucionarias.

Carlos IV era un rey débil, que dio las riendas de su gobierno a sus ministros, y estuvo muy influenciado por su esposa.

En 1789 convocó Cortes para que jurasen a su hija como heredera al príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII. En las Cortes acordaron seguir el orden sucesorio establecido en los Partidos (Alfonso X), y deniegan la Ley Sálica (excluye a la mujer del trono) que había establecido Felipe V, pero no se publicó la pragmática sanción, y por lo tanto la Ley no era legítima.

En este mismo año en Francia se inició la Revolución Francesa [Estados Generales, Convención y Ejecución de Luis XVI en 1793, Directorio (1795), Consulado (1799), Napoleón es nombrado primer Cónsul, El imperio (1804)].

Desde este momento, la política exterior se movió en un dilema constante: no apoyar a la Francia revolucionaria, lo cual significaba apoyar a Inglaterra, o seguir con los Pactos de Familia, lo que suponía una contradicción ideológica.

En 1792 cae el ministerio de Floridablanca y su lugar fue ocupado por el Conde de Aranda que pretendía mantenerse neutral ante los sucesos de Francia. Esta neutralidad se debió al temor de Aranda de que Inglaterra se aprovechara de los enfrentamientos de España con Francia y se entrometiera en las colonias españolas de América.

En 1792 Godoy se hizo con el poder, debido a la influencia de la reina, e intentó salvar la vida del rey Luis XVI, que sería ejecutado en 1793. En ese año España declaró la guerra contra la convención en Francia, y contó con el apoyo de la nobleza, del clero y del campesinado, que lucharon en defensa de la religión y la monarquía. Los únicos que se opusieron a esta guerra fueron los ilustrados.

Durante los enfrentamientos Francia ocupó algunas plazas españolas del Norte (San Sebastián) y en América ocupó Santo Domingo (la actual República de Haití).

La guerra terminó con la Paz de Basilea, por la que Godoy obtuvo el título de Príncipe de la Paz.

En 1796 España firmó con Francia el primer Tratado de San Ildefonso (continuación de los pactos de familia, que ya no se llamaban así porque los Borbones lo firmaron con el gobierno republicano francés). Por este Tratado España luchó contra Inglaterra, y fue derrotada en el cabo de San Vicente, lo que originó el colapso.

Esta guerra y las anteriores (guerra de la Independencia de los Estados Unidos en 1779) provocó la quiebra de la Hacienda, y una gran crisis económica, que se intentó remediar mediante la emisión de vales reales (título de deuda pública, por los cuales el estado se comprometía a pagar en un plazo determinado de 20 años, el capital más un interés del 4% anual. La continua emisión de los vales reales hizo que fueran despreciándose, y se convirtieron al final en un medio de pago que el Estado obligaba a aceptar).

Ante esta situación financiera, en 1798 un decreto del gobierno puso en marcha la primera desamortización de bienes de la Iglesia, y de bienes comunales de los Ayuntamientos. Con esto se ligaba por primera vez en España el problema de la deuda pública; con la solución desamortizadora. Se trataba de vender, en principio, los bienes raíces (tierras), hospicios, casas de expósito, casas de misericordia, cofradías... dedicando el importe obtenido a la amortización de la deuda pública. Fue un intento tímido, que no resolvió el problema, ya que a las subastas iba poca gente y los precisos eran bajos. Además, esto no contribuyó a mejorar la estructura de las propiedades y aumentan los latifundios, ya que estas las compraban las nobles y los grandes burgueses.

Este primer proceso desamortizado se extiende hasta 1808, pasando a propiedad privada una sexta parte de los bienes de la Iglesia.

En 1799, tras el golpe de Estado de Napoleón en Francia, (18 Brumario) Godoy, que había estado apartado dos años del poder vuelve al gobierno, y firma con Francia el segundo Tratado de San Ildefonso en 1800. Por este Tratado, España tiene que luchar contra Portugal, que se negaba a secundar el bloqueo decretado por Napoleón contra Inglaterra.

En la llamada Guerra de las Naranjas, España consiguió arrebatar a Portugal la plaza de Olivenza.

Nuevamente el ejército tuvo que luchar contra Gran Bretaña, nuevamente las armadas de España y Francia fueron derrotadas en Trafalgar. En esta batalla los ingleses estaban dirigidos por Nelson, y esto significó el desastre de la gran armada marítima formada por los Borbones.

A partir de 1806 el prestigio y la popularidad de Godoy empezaron a desaparecer, y España empezó una gran crisis política.

Godoy fue rechazado tanto por los estamentos privilegiados (por sus escandalosas relaciones personales, derrotas militares y la grave situación económica y social del país), como por parte del pueblo llano, cuya situación no hizo sino empeorar debido a la serie de epidemias, malas cosechas... que asolaban el país.

Política reformista de Godoy.

  • Inició un tímido intento de reforma agraria (desamortizaciones).

  • Suprimió algunos impuestos.

  • Redujo el poder de los gremios y liberalizó los precios de las manufacturas, en su primera etapa de gobierno contaba con los principales ilustrados españoles.

  • Pero tras la revolución francesa, los propios ilustrados españoles se alarmaron frente a las consecuencias de sus propias ideas.

  • La Inquisición reforzó su papel de control social e ideológico, habían fracasado varios intentos ilustrados de abatir ese tribunal.

En este período hubo un gran conflicto ideológico entre los ilustrados, que a partir de ahora van a ser conocidos como afrancesados, y los tradicionalistas que se agrupaban en torno a Fernando VII.

Godoy en 1807 firmó con Napoleón Bonaparte el Tratado de Fontainebleau, por el cual autorizaba a las tropas francesas a penetrar en la península, con el objetivo de invadir Portugal (que sería repartida entre España y Francia, y el propio Napoleón como rey). La causa de dicha invasión era la negativa de Portugal a secundar el bloque continental que había establecido Napoleón.

Pero los franceses no sólo se dirigían a Portugal, sino que ocupó clandestinamente la península, bajo el pretexto de la expedición Portuguesa. Godoy tramó la huida de la familia real a Andalucía, pero su propósito se malogra con el Motín de Aranjuez (19 marzo 1808). En este motín soldados, campesinos y servidores de palacio, alentados por los simpatizantes del heredero, provocan la caída de Godoy y obligan a Carlos IV a abdicar a favor de su hijo Fernando VII.

Sin embargo, Napoleón no reconoció a Fernando VII y Carlos IV se arrepintió de su abdicación, al mismo tiempo que las tropas francesas entraban en Madrid dirigidas por Murat. A partir del motín, el rey era Fernando VII, que junto con Carlos IV fue engañado por Napoleón, que les llevó hasta Bayona, para que resolvieran sus diferencias, pero una vez allí, Napoleón obligó a Fernando VII a abdicar en su padre, y este fue obligado a entregar la corona a Napoleón, que por último se lo dio a su hermano José I.

En este doble proceso de abdicación, Carlos IV exigió la integridad de la monarquía para impedir que Napoleón se quedara con provincias españolas, y también pidió que se mantuviera la religión católica.

En los años que duró su reinado (1808-1813), José I contó con la colaboración de los afrancesados e hizo publicar el Estatuto de Bayona, una especie de constitución, que a pesar de mantener en manos del monarca la mayoría del poder, tenía un aire liberal, que cuestionaba los fundamentos del Antiguo Régimen. El texto no se puso en práctica.

La invasión francesa. Guerra de la Independencia (1808-1813).

La salida de la familia real en dirección a Francia, enfureció a los madrileños, que el 2 de Mayo se levantaron contra las fuerzas francesas ocupantes de la capital. Pocas horas después Murat reprimía la revuelta fusilando a centenares de madrileños. Al conocerse la noticia de las abdicaciones de Bayona, los levantamientos antifranceses se extendieron por toda España.

Los levantamientos de mayo en 1808 degeneraron en guerra (1808-1813). Fue una guerra nacional y popular pero no revolucionaria, y al mismo tiempo fue una guerra internacional. Con la guerra de la Independencia apareció el sentimiento racional, ya que todas las personas (catalanes, vascos, andaluces) lucharon sintiéndose españoles.

Durante la guerra de la Independencia se formó un ejército mixto, una parte estaba formado por el ejército oficial, la otra por el pueblo llano, además surgió la guerrilla, que era muy eficaz, y fueron fundamentales en la guerra de la Independencia.

Además en esta guerra España tuvo como aliada a Inglaterra, y destacan personajes importantes como Wellington, Daoiz y Velardo.

En este momento surgieron varios grupos ideológicos:

  • Afrancesados- Partidarios de las ideas de Napoleón. Estos apoyaron a Napoleón y a José I.

  • Patriotas- No aceptaban las ideas napoleónicas y estaban en contra de la ocupación de España por Napoleón.

  • Liberales- Aceptaban parte de las ideas de la revolución, pero se oponían a la invasión francesa.

  • Absolutistas- Perseguían el absolutismo reinante, y eran partidarios del Antiguo Régimen.

En esta guerra, la Iglesia pudo tener una gran importancia, ya que disponía de una organización nacional centralizada, que podía llegar a todas las partes del país y ser el motín del levantamiento revolucionario contra los franceses, pero la identificación del clero con el Antiguo Régimen lo impidió. Pero lo que la Iglesia no pudo evitar fue que una minoría refugiada en Cádiz legislase a su gusto y estableciese los fundamentos de la revolución liberal.

Así como el clero consigue movilizar al pueblo contra los franceses, José Bonaparte no logra el apoyo de las minorías ilustradas y trata inútilmente de emprender las reformas que el Estatuto de Bayona había proyectado, y para esto se apoyó en los afrancesados, la mayoría de los cuales al finalizar la guerra se vieron obligados a exiliarse a Francia.

Con el estallido de los levantamientos y las abdicaciones de Bayona se produjo un gran vacío de poder, y ante esto los ciudadanos más prestigiosos establecieron un nuevo poder: las juntas provinciales, que asumen su soberanía y su autoridad a nombre del rey ausente. Estas Juntas estarán formadas por hombres de la aristocracia, el clero o militares, que rápido se dieron cuenta que había que establecer un gobierno nacional unitario. De esta forma, delegados de las juntas provinciales, bajo la presidencia del conde de Floridablanca formaron en 1808 la Junta Central Suprema, que asumió los poderes soberanos y se erigió en el máximo órgano gubernativo. En su lucha contra los franceses, la Junta se veía empujada a tomar medidas revolucionarias a pesar del talante conservador de buena parte de sus miembros.

Las fases de la guerra.

En junio de 1808, un ejercito francés de 170.000 hombres se adentra en España, confiando en una rápida invasión, que luego no fue así, ya que en España surgieron los sitios, mediante los cuales la gente se cercaba en su pueblo para impedir la invasión, y entre estos sitios destacan el de Zaragoza, dirigido por Palafox, y después por Agustina de Aragón, y otros como el de Gerona o Torrevedra (Portugal).

Pero lo peor para Francia fue la derrota de Bailén en julio de 1808, en esta las milicias del general Castaños derrotan al ejército francés dirigido por Dupont. Esta derrota alcanzaría una gran repercusión internacional ya que se trata de la primera derrota del ejército napoleónico en tierra, y provoca los enfrentamientos en otros países, como Rusia, que se dan cuenta que el ejército francés no es invencible.

Tras esta batalla José I tuvo que retirarse rápidamente a Vitoria y las tropas francesas retrocedieron hasta el Ebro y en este momento, Napoleón, que había infravalorado al ejército español, decide entrar en España al frente de un ejército, que avanzó contundentemente obligando a la Junta Central a refugiarse en Sevilla y luego en Cádiz.

Dada su inferioridad militar ante el ejército invasor, surgió la guerrilla, formada por antiguos soldados del ejército, voluntarios hábiles y bandoleros, que atacaban por sorpresa al enemigo y sus objetivos solían ser pequeñas guarniciones de retaguardia, caravanas de abastecimiento y soldados rezagados.

Pero en 1812 la guerra dio un giro definitivo, ya que las tropas inglesas, dirigidas por Wellington avanzaron desde Lisboa hasta Ciudad Rodrigo, desde allí fueron hasta Salamanca, y después a Arapiles, donde vencieron a las tropas que se vieron obligadas a retroceder hasta Vitoria, donde también fueron derrotados, y la última derrota fue la de San Marcial. La guerra finalizó con el tratado de Valungay en 1813, que supuso la vuelta de Fernando VII a España.

Las principales consecuencias de la guerra fueron penosas para España, ya que hubo más de 300.000 muertos y también fue no mala consecuencia el espolio y la destrucción del patrimonio artístico. La última consecuencia fue el exilio de 14 o 20 millones de afrancesados.

La Junta Central Suprema.

Estaba presidida por el conde Floridablanca y deseaba reformar el Antiguo Régimen y para ello deciden convocar Cortes. Tras esto se inició una comisión de Cortes y se inició un encuentro nacional para conocer la opinión del país sobre que cambios debían hacerse. Los miembros de la Comisión coincidieron en que las Cortes debían ser constituyentes y debían componerse de diputados elegidos por votación. El problema era el tipo de sufragio y la composición de las Cortes. Por fin optaron por el sufragio universal de los varones mayores de 25 años, y una Cortes bicamerales.

En enero de 1810 se dictaron las instrucciones para proceder a la elección de la Cámara baja, y pocos días después, la Junta decidió autodisolverse y entregó el gobierno aun Consejo de Regencia. Este convocó elecciones a Cortes en junio de 1810: al final se constituyó una sola cámara ante las dificultades que el aislamiento imponía para organizar la votación de los estamentos privilegiados.

Las Cortes de Cádiz. El liberalismo español.

Las Cortes se convocaron en Cádiz ya que era la única zona que no controlaban los franceses, y además estaba protegida por las tropas inglesas. También en Cádiz está la Casa de Contratación, y hay un ambiente muy liberal, debido al gran número de extranjeros que introdujeron ideas liberales. En Cádiz había una gran burguesía.

Durante la ocupación de España por los franceses, se perdieron parte de las colonias de América, debido al vacío de poder que había en la península.

La composición de las Cortes resulta difícil de precisar, porque no se han conservado listas precisas de los diputados. En la primera sesión había sólo 104 y en 1813 ya había 223. Ante la dificultad que tenían muchos para llegar a Cádiz, se optó por nombrar suplentes escogidos entre los refugiados de las provincias de los diputados ausentes, los suplentes fueron 50 y la mayoría eran liberales.

En cuanto a su origen social, había una mayoría procedente de las capas medias urbanas: funcionarios, abogados..., también había eclesiásticos y una minoría aristócrata.

En cuanto a la ideología, había un grupo conservador, que defendía el absolutismo e intenta que el Antiguo Régimen se reformara lo menos posible, pero en las Cortes había una mayoría liberal.

En cada debate, los diputados se alineaban con una u otra postura, en función de sus propios criterios, pero las tendencias reformistas fueron siempre mayoritarias, y el ambiente en el local sesiones presionaba siempre a favor de las reformas.

Las ideas liberales habían llegado a España procedentes de Francia, en los últimos años del S. XVIII y primeros del S. XIX, pese a la censura oficial.

El ambiente revolucionario y patriótico de Cádiz, la ciudad más cosmopolita del país permitió que el ideario liberal pudiera concretarse en la constitución de 1812.

TEMA 2: LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ DE 1812

Como introducción a este tema debíamos hablar de la Junta Central y de las Cortes de Cádiz, tratado en el tema anterior.

Las ideas liberales fueron sacadas de la ilustración. Los liberales creían en la felicidad como aspiración de todo los hombres, en el progreso material y en la libertad individual. Defendían la igualdad de las personas, y la aspiración a la riqueza y la propiedad privada, individual y libre, como derecho fundamental del hombre y como elemento que diferencia socialmente a los individuos. Para que todos puedan buscar libremente la riqueza, es necesario unas reglas que garanticen esa libertad: son las leyes del mercado, la libre concurrencia de la oferta y la demanda. También debe haber una igualdad legal que garantice a todos las mismas posibilidades iniciales de acceso a los cargos y al poder político. De ahí la insistencia en los derechos del individuo y el olvido de los derechos sociales o colectivos.

Con la igualdad legal se quiere eliminar los privilegios de los grupos privilegiados.

Los liberales postulan un régimen político libre, parlamentario, pero defienden el derecho preferente de los más ricos y los más notables a intervenir en la vida política. Tal preferencia se concreta en la restricción del derecho al voto y de la posibilidad de ser elegido, mediante el sufragio censitario muy restrictivo.

La Constitución de 1812 y la legislación ordinaria.

En la sesión inaugural, los diputados proclamaron que representaban la soberanía nacional, afirmaron el carácter constituyente de las Cortes y emprendieron la elaboración de una Carta Magna. Para la Cámara también realizó una importante legislación ordinaria que complementó las medidas de la Constitución.

El rasgo más característico de la Constitución es la enorme extensión del texto. Los diputados de Cádiz eran conscientes del cambio trascendental que suponía y temerosos de que la legislación posterior anulara la eficacia de los cambios, por eso prefirieron un texto meticuloso que fijara todos los aspectos que consideraban. Así, el texto final, aprobado el 19 de marzo de 1812, contaba de 10 títulos y 384 artículos.

La Constitución de Cádiz es liberal, excepto en el aspecto religioso, ya que declaran el cristianismo como única religión verdadera.

Los principales aspectos de la Constitución son los siguientes:

  • La afirmación de que la soberanía reside esencialmente en la Nación.

  • La división de poderes: Se declara el Estado como una monarquía moderna hereditaria y se separan los tres poderes.

  • El poder legislativo reside en las “Cortes con el rey”: El rey pude promulgar, sancionar y vetar las leyes, esto último a través del veto suspensivo por dos veces como máximo en un período de tres años.

  • El poder ejecutivo reside en el Rey, que nombra libremente a sus secretarios, quienes responden en teoría ante las Cortes, pro no pueden ser cesados por estas. Por lo tanto, no hay control parlamentario del gobierno. La única condición es que los Secretarios debían ser españoles y no podían ser a la vez diputados. Para la autoridad real tenía algunas limitaciones: no podía suspender o disolver las Cortes, abdicar o abandonar el país sin permiso de ellas, llevar una política exterior no supervisada por la Cámara, contraer matrimonio sin su permiso o imponer tributos.

  • El poder judicial reside en los tribunales.

  • Respecto a la religión, se recoge la confesionalidad y exclusividad de la religión católica, apostólico y romano, a lo que se considera la única religión verdadera.

  • La Constitución establece un ejército permanente, cuyos efectos, ordenanzas y datación, serán reguladas por las Cortes. Y junto a él se establece la milicia Nacional, organizada en provincias, con un doble objetivo: reforzar el ejército en caso de guerra, y servir de cuerpo de defensa del Estado Liberal.

  • La representación nacional reside en las Cortes, que son unicamerales y elegidos por sufragio universal indirecto de los varones mayores de 25 años. Los diputados deberán ser españoles y serán elegibles quienes tributen a la Hacienda una determinada cantidad. Las Cortes se reúnen automáticamente durante un mínimo de tres meses al año, a partir del 1 de marzo, tienen un mandato de dos años, y los diputados gozan de inviolabilidad diplomática es el ejercicio de sus cargos.

  • Los Regidores (alcaldes) serán elegidos por la población. Se establecen las Diputaciones y los Jefes Políticos, como escalón provincial de la Administración del Estado.

  • La Constitución tuvo tres periodos de vigencia:

    • 1º- Desde marzo de 1812 hasta marzo de 1814, cuando vuelve Fernando VII y retorna el absolutismo.

    • 2º- Desde enero de 1820 hasta noviembre de 1823, este periodo corresponde con el trienio liberal.

    • 3º- Desde agosto de 1836 hasta junio de 1837, mientras se elaboraba la Constitución de 1837.

    Además de la Constitución, los diputados de Cádiz llevaron adelante una importante legislación ordinaria.

  • La abolición del régimen jurisdiccional y señorial. El señorío pasa a ser un latifundio (Desvinculación), y muchas de estas señorías fueron comparadas por la burguesía. Se eliminaron los derechos jurisdiccionales, pero en la práctica, las tierras a ellas sujetas, se convertían en propiedad privada de los señores, que salieron ganando, ya que no hubieron podido demostrar su propiedad de esas tierras, y sin embargo si sustituyeran los derechos señoriales por rentas sobre la tierra. Esta abolición fue dejada en suspenso en 1814 y 1823 y finalmente restablecida en 1837.

  • La desamortización de bienes de propios y baldíos. Su objetivo era amortizar la duda y recompensar a los militares retirados.

  • La eliminación del mayorazgo, el declararse la propiedad libre y sólo atribuible a particulares. En 1814 y 1823 fueron abolidas estas medidas y finalmente restablecidas en 1836.

  • La supresión de los gremios. Se estableció la libertad de producción, don contratación y de comercio y de esta manera, se abría la puerta al libre empleo, lo que podía significar abusos y explotación de mano de obra.

  • La libertad de imprenta que exceptuaba las cuestiones religiosas, que serían supervisadas por Juntas provinciales de censura, esta también incluía la libertad de pensamiento.

  • El Habeas Corpus o integridad personal, que eliminaba la tortura, la inviolabilidad del domicilio y la protección de la propiedad.

  • La legislación religiosa fue abundante. Las Cortes establecieron el principio de intervención del Estado y ligaron la cuestión religiosa a planteamientos políticos y de conciencia. Las medidas buscaban reformar la injusta distribución de rentas, la desigual distribución del clero y combatir el bajo nivel de instrucción de los clérigos.

  • Entre las principales medidas adoptadas destacan: la apropiación de bienes de obras pías y órdenes militares, la supresión de la Santa Inquisición, la incautación de monasterios y la expulsión del Nuncio de su Santidad, por intentar convocar un senado de obispos.

  • TEMA III: REACCIÓN Y REVOLUCIÓN DURANTE EL REINADO DE FERNANDO VII (1814-1833)

  • El retorno al absolutismo en el contexto de la Europa de la Restauración (1814-1820).

  • El Trienio Liberal (1820-1823).

  • La Década Ominosa (1823-1833).

  • La emancipación de las colonias americanas.

  • El retorno al absolutismo en el contexto de la Europa de la Restauración.

  • En toda Europa, tras la caída de Napoleón Bonaparte hay intentos de restaurar el Antiguo Régimen aunque en algunos casos se mantienen principios constitucionales monárquicos (cartas otorgadas). En concreto sólo ocho países europeos se rigen por una constitución escrita en este periodo; estos países son: Suecia, Sajonia, Weiman (que conservan la constitución del periodo napoleónico), Suiza, Noruega, Países Bajos, Francia, Polonia y Babiera. El resto del continente mantiene una administración prerevolucionaria más o menos modificada por las reformas ilustradas. Por lo tanto no podemos acentuar excesivamente el anacronismo de esta etapa reaccionaria en España.

    Tras la caída de Napoleón en Leipzig (1813) y finalmente en Waterloo (1815) se convoca el Congreso de Viena (1814-1815) que pretendió volver el orden anterior a 1792.

    La obra más importante de este congreso fue impulsada por el Canciller Metternich (primer ministro del Imperio Austro-Húngaro) que defendía la supremacía en el continente del imperio, y rechazaba las ideas liberales y nacionalistas. En 1815 por iniciativa del Zar Alejandro I de Rusia y bajo la advocación de la Santísima Trinidad se reúnen los Reyes de Austria-Hungria, Prusia y Rusia, y acuerdan defender la religión, la paz y la justicia, lo que conocemos como la Santa Alianza, que acuerda instaurar gobiernos de naturaleza cristiana y patriarcado y defenderse mutuamente, utilizando para ello si es preciso el derecho de intervención. Estos países rechazan el liberalismo y el nacionalismo y su lema viene a ser “la alianza del altar y el trono”, en este momento el liderazgo lo ejerce nuevamente el Canciller Metternich.

    El Parlamente inglés rechaza el derecho de intervención y por tanto Gran Bretaña se convierte en el principal país defensor del liberalismo y es el lugar de asilo de muchos liberales europeos.

    En España, una vez derrotado el ejército Napoleónico, el rey Fernando VII hizo su entrada en España en 1814, yendo en primer lugar a Valencia, donde se publica un manifiesto (Manifiesto de los persas) en el que se solicitaba al rey la restauración del absolutismo, la anulación de lo acordado en Cádiz y la convocatoria de unas nuevas Cortes, ante esto el monarca publicó un decreto por el que dejaba sin efecto la obra legislativa de las Cortes de Cádiz.

    También el rey ordenó la detención de los diputados liberales, de los afrancesados y la depuración de funcionarios que colaboraron con José I. Esta represión obligó al exilio de muchos liberales.

    Con estas medidas policiales y políticas se retornó al absolutismo: fueron suprimidas la prensa o las diputaciones; se restableció la Inquisición y los privilegios feudales, y se devolvieron las propiedades vendidas a la Iglesia.

    Esta etapa de seis años, como el resto del reinado de Fernando VII se caracterizó por la inestabilidad e ineficacia de los distintos gobiernos, y la situación económica podía considerarse de ruina total, ya que había una gran deuda pública, que no se podía resolver, ya que el rey se negaba a cambiar las estructuras de los privilegiados, como ya se había hecho durante el reinado de Carlos IV. En esta etapa España debía dinero a personas españolas que habían hecho préstamos mediante los vales reales, y también debía los préstamos que llegaban del extranjero.

    Las causas de esta crisis fueron: las guerras, sobre todo la de la Independencia, durante la cual las colonias americanas comenzaron a independizarse, cosa que consiguieren en la década de 1820, de esta forma se perdía el principal destino de las exportaciones españolas, y lo que es peor, dejaron de llegar a España los metales preciosos provenientes de América, y que se utilizaban para pagar los préstamos y a los soldados que España tenía luchando por todo el mundo. Durante este periodo España pierde el papel de primera potencia y pasa a ser una potencia secundaria. A esto debe unirse el contrabando que se producía desde Gibraltar, o el que realizaban los Países Bajos y Estados Unidos.

    Otra causa de la crisis fue el estancamiento agrícola, ya que la agricultura se vio muy afectada por el abandono de la tierra y las destrucciones de la guerra, cosa que también afectó a la industria, sobre todo a la textil.

    La deuda pública de España era de 10.000 millones de reales, más intereses, España gastaba anualmente 800 millones y sus ingresos eran solamente de 500 millones anuales.

  • El trienio liberal.

  • Antes del pronunciamiento de Riego de San Juan, lo habían intentado sin éxito otros como Espoz y Mina en Navarra, el brigadier Parlier en La Coruña o el general Lazy en Cataluña.

    Para el único que tuvo éxito fue Riego, ya que en su pronunciamiento de 1820 estaba apoyado por un gran ejército preparado para ir a América a sofocar los levantamientos, pero al quedarse este ejército en España para obligar al rey a jurar la constitución, se perdieron las colonias Americanas. El rey juró la constitución de 1812 el 10 de marzo de 1820.

    Durante el trienio liberal se organizaron Juntas provinciales, y la Junta Central, como ya había ocurrido en la guerra de la Independencia.

    Pero pronto los problemas dificultarían la labor de los gobiernos liberales: por una parte la conspiración del rey que solicitó la ayuda de la Santa Alianza para restaurar el absolutismo, y por otra parte la división de los liberales en dos grupos: los doceañistas, que eran moderados y quería cambiar el Antiguo Régimen poco a poco para no enfrentarse al rey y a los absolutistas, y los veinteañistas, que eran liberales radicales que querían aplicar la constitución de 1812 al pie de la letra, y no querían hacer ninguna concesión al rey, además contaban con el apoyo de la Milicia Nacional.

    Los principales personajes doceañistas: Tarrera y Canga Argüelles y en los veinteañistas destaca Evaristo de San Miguel.

    Durante este periodo aparecieron las Sociedades Patrióticas, que eran una especie de tertulias de café que pronto se convirtieron en una réplica popular e incontrolada de las propias Cortes. Sus miembros eran principalmente los veinteañistas.

    Desde 1820 hasta finales de 1822 los gobiernos del trienio liberal lo formaron los doceañistas moderados, y desde 1822 lo formaron los radicales veinteañistas dirigidos por Evaristo de San Miguel, pero estos últimos gobernaron muy poco tiempo, ya que el congreso de Verona, ante las peticiones de ayuda de Fernando VII y siguiendo las directrices de la Santa Alianza decide la intervención en España, con el fin de restaurar el absolutismo, y para eso manda un ejército llamado “Los Cien 60 de San Luis”. La encargada de intervenir en España es Francia, y fue Luis XVIII quien mandó el ejército dirigido por el duque de Angulema, este ejército estaba formado por cincuenta mil franceses, y el resto eran españoles absolutista.

    Este ejército llegó a Cádiz en septiembre de 1823, restaurando el absolutismo, y el 1 de octubre Fernando VII disolvía las Cortes y anulaba su labor.

  • Década ominosa.

  • Después del trienio llegó de nuevo el absolutismo de mano de Fernando VII, y por eso esta época se llamó década ominosa.

    En este periodo muchos intelectuales y diputados de las Cortes del Trienio tuvieron que huir y se refugiaron en Gran Bretaña. Para la represión se utilizó un nuevo instrumento: la policía, y en algunas ciudades se restauró la Inquisición bajo la forma de Juntas de fe.

    Además, Fernando VII anuló la Constitución de 1812, y con ello todas las consecuencias que llevaban adjuntas, y durante este periodo Fernando VII intentó recuperar todo lo que pudo del Antiguo Régimen. Paró las desamortizaciones.

    El principal problema para Fernando VII fue la deuda pública, y la amortización de esta deuda era muy difícil, y para eso no reconocieron la deuda extranjera que había causado el trienio, lo que ocasionó el descrédito de España.

    Otra postura del reinado de Fernando VII fue la reforma administrativa, que intentaban controlar el gesto, y el principal ministro de este periodo fue Luis López Ballesteros, que hizo una reforma en la Hacienda, ya que introdujo el primer presupuesto del Estado en 1828.

    También creó el Banco de San Fernando, lo que posteriormente sería el Banco de España, pero esta idea no era nueva, ya que anteriormente había existido el Bando de San Carlos. Además intentó reactivar el comercio interior mediante la creación de Cámaras de Comercio.

    El ministro intentó industrializar el país y para eso creó la Bolsa de Madrid, que permitía recoger Capitales particulares para poder invertir en la industrialización.

    Pero Fernando VII tuvo que hacer frente a dos conspiraciones:

  • La liberal, que seguía la táctica del pronunciamiento y luego pasó a la insurrección organizada, desde el exilio inglés; Espoz y Mina, junto con otros civiles y militares al mando del general Torrijos intentaron una insurrección militar tras desembarcar en la costa de Málaga desde Gibraltar. Torrijos y sus seguidores fueron detenidos y fusilados, convirtiéndose en el símbolo del erasmo liberal revolucionario.

  • La otra conspiración venía del sector más reaccionario, llamado Ultrarealistas o realistas puros. Fue en Cataluña donde se produjo ya en 1827 el primer levantamiento antiliberal, precursor del carlismo. Otro problema del reinado de Fernando VII fue el problema sucesorio, ya que Fernando VII no tuvo hijos en sus tres primeros matrimonios. En 1830 se casó con su sobrina María Cristina de Nápoles y poso en vigor la Pragmática sanción de 1789 por la que dejaba sin efecto la Ley Sálica. Los partidarios de dos Carlos (hermano de Fernando VII) protestaron. En ese mismo año nacía la infanta Isabel II, formándose dos bandos: Carlistas, defensores de don Carlos y Cristinos o Isabelinos, partidarios de Isabel II. En 1832 Fernando VII sufre un grave ataque, y muy presionado por los carlistas, firma un documento que deja sin efecto la pragmática sanción, pero una ver recuperado de su enfermedad destituye al ministro carlista Calomarde y restablece la pragmática sanción. De esta forma Isabel es declarada heredera al trono. Don Carlos se exilia a Portugal y sus partidarios preparan la guerra. El 29 de septiembre de 1833, Fernando VII muere, y su esposa María Cristina asume la Regencia durante la minoría de edad de Isabel. Los carlistas alzan armas y comienzan la primera guerra civil del S. XIX.

  • La emancipación de las colonias americanas.

  • Causas: El motivo inicial del proceso emancipador fue la invasión francesa y las abdicaciones de Bayona. Aunque hay más causas. Unas son de carácter ideológico, como la difusión de las ideas de la Ilustración (los derechos individuales). En este sentido es importante el ejemplo de los Estados Unidos. Otros son económicos, debido a los intereses de los criollos que querían abrir los mercados americanos al comercio internacional, frente al monopolio español. Las hay políticas, los criollos querían controlar los cabildos y la administración colonias. También influye la evidencia de la debilidad española, que tras la derrota de Trafalgar carecía de una armada que asegurara las comunicaciones y la defensa de los territorios americanos.

    Los criollos, descendientes españoles nacidos en América, se sienten plenamente americanos. Son el grupo que impulsó el proceso emancipador, aunque hubo diferencias en los diferentes territorios. Así en Venezuela fueron los mestizos y los indios, en Perú los españoles, y en México los criollos y los españoles.

    Además, Inglaterra ayudó a las colonias a independizarse, ya que los ingleses querían que se abrieran los comercios con América.

    El proceso emancipador.

    En España se inició un proceso revolucionario originado por la invasión francesa y la respuesta de las colonias frente al gobierno de José I fue como la España: Se crearon Juntas en las ciudades, y se admitía la autoridad de la Junta Central que declaraba la igualdad de todos los españoles y había solicitado representantes de los americanos en las Cortes de Cádiz. En 1810 la Junta fue sustituida por el Consejo de Regencia, pero los cabildos americanos no admitieron su autoridad y empezaron el proceso emancipador, excepto en Perú y las Antillas, aunque se sigue reconociendo la autoridad de Fernando VII.

    Entre 1810 y 1814 se forman Juntas de Gobierno que introducen reformas fiscales y abren las puertas al comercio mundial.

    Cuando en 1814 Fernando VII regresa a España aplasta los movimientos emancipadores, pero en 1820, con la revolución, se suspende el envío de tropas a América, se restablece la Constitución de 1812 y se permite a los criollos americanos enviar sus representantes a Cortes, aunque ya es muy tarde.

    • San Martín libera Argentina y tras cruzar los Andes, libera Chile (Chacabuco 1817 y Maipú, 1818), y avanza hacía Perú, fiel a España.

    • Simón Bolívar, libera Venezuela tras ganar la batalla de Carabobo (1817). Luego avanza hacia Perú, en 1818 quedaba independizada el antiguo virreinato en Nueva Granada, formándose la Gran Colombia.

    • El virreinato de Perú es liberado por Bolívar y San Martín. Tras caer Lima y Quito se libra la batalla de Ayacucho, 1824, que fue la derrota de España.

    • En el virreinato de Nueva España, formada por México y América Central, fue el cura Hidalgo quien inicia la revolución, y tras ser derrotado y ajusticiado es otro cura, Morelos, quien declara la Independencia en 1813. Pero la independencia fue una respuesta absolutista al triunfo liberal de 1820, ya que los criollos vieron amenazados sus privilegios (mayorazgos...) y es Itúrbide, quien con el Plan de Iguala y con el apoyo de la Iglesia, el ejército de los criollos proclama la independencia de México en 1822, estableciendo un Imperio del que al año siguiente se separarían las Provincias Unidas de América Central y que en 1824 se convertiría en República.

    TEMA 4: EL TRIUNFO DEL LIBERALISMO EN ESPAÑA: ASPECTOS POLÍTICOS Y SOCIALES (1833, 1868)

  • EL REINADO ISABELINO: LA REVOLUCIÓN LIBERAL BURGUESA

    • Regencia de María Cristina (1833-1840)

    • Estatuto Real.

    • Constitución de 1837.

    • Regencia de Espartero (1840-1843)

    • Constitución de 1845.

    • Bienio progresista (1854-1846)

    • Constitución nonata de 1856.

    • Crisis del sistema.

    • Gobierno moderado (1856-1858)

    • La unión liberal de O'Donnell (1858-1863)

    • Gobierno moderado.

    • Revolución gloriosa de 1868.

    • Destronamiento de Isabel II.

  • EL CARLISMO

  • 1- EL REINADO ISABELINO

    El nombramiento de Martínez de la Rosa, líder liberal moderado, muestra la intención de la Regente de aceptar un tema constitucional aceptable, y este fue el Estatuto Real publicado en abril de 1835.

    El Estatuto Real:

    • No era una verdadera constitución, sino una Carta Otorgada.

    • Según el Estatuto Real, la soberanía la compartían entre la Corona y el Parlamente, que era bicameral, y estaba formado por la cámara de los Próceres, nombrados por la reina, y la cámara de los procuradores.

    • El Estatuto Real era la transición pactada entre el absolutismo y el liberalismo, y aunque imponía un modelo liberal, era muy conservadora.

    Pero el Estatuto Real provocó la división de los liberales; a un lado los liberales moderados, que aceptaban el estatuto real, y los liberales progresistas que exigían una Constitución emanada de la soberanía nacional y tenían como referente la Constitución de 1812.

    Hacia 1834-35, los fracasos en la guerra carlista y las demandas de las clases medias, adscritas al liberalismo progresista provocaron el movimiento revolucionario del verano de 1835. Estos levantamientos estuvieron impulsados por la Milicia Nacional que formó Juntas revolucionarias locales y provinciales. En sus peticiones a la Regente rechazaban el Estatuto, exigían la convocatoria de Cortes, la exclaustración de los regulares, la ampliación de la Milicia, la libertad de imprenta y una nueva ley electoral. Estos levantamientos fueron cada vez más radicales (guerra de conventos...) y ante esto la Regente María Cristina se vio obligada a entregar el poder a Mendizabal, que era de corte progresista. La principal obra de Mendizabal fue la desamortización de los bienes de los monasterios y conventos.

    El motín de la Granja:

    Mendizabal también quería introducir reformas para cambiar el Estatuto por un régimen auténticamente constitucional.

    La tensión política aumento al dividirse los partidarios del Estatuto Real (moderados) y los que pedían una revisión constitucional (progresistas) e incluso los más radicales que pedían la abolición del Estatuto y la convocatoria de Cortes Constituyentes. De esta forma los moderados y progresistas dieron lugar a los primeros partidos políticos.

    La forzada dimisión de Mendizabal provocó un nuevo levantamiento revolucionario progresista con el apoyo de la Milicia Nacional, y cuyo objetivo era proclamar la constitución de 1812.

    La constitución de 1837.

    El movimiento revolucionario de 1836 llevó al poder a los progresistas con Mendizabal como ministro de Hacienda. En este periodo se restableció la elección democrática de los Ayuntamientos, se convocaron Cortes constituyentes, de mayoría progresistas, que pretendían reformar la Constitución de 1812. Sus características son:

  • El principio de soberanía nacional, aunque en la práctica se trató de una soberanía compartida, ya que la Corona tenía una decisiva intervención en sistema político, ya que podía sancionar o promulgar leyes, convocar o disolver las Cortes o nombrar ministros.

  • Establece unas Cortes bicamerales (Senado y Congreso), cuya función es legislar y aprobar impuestos. El Senado combina la elección con el nombramiento del rey y el Congreso es enteramente electivo, mediante sufragio censitario, reservado a determinadas personas con una 87 posición económica.

  • La declaración de derechos consagra la libertad de expresión.

  • Los gobiernos moderados.

    Pronto apareció el abuso del poder moderador de la Corona que nombraba los ministros sin tener en cuenta la mayoría parlamentaria y además, paralelo a esto, hubo una guerra que fue desde 1836-1839, la guerra carlista, en ella la victoria de las tropas isabelinas produjo el ascenso del general Espartero convirtiéndose en un mito y legando el apoyo del ejército y del pueblo.

    Al mismo tiempo en 1837 los moderados llegan al gobierno tras su victoria electoral, y mostraron sus criticas a la Constitución de 1837. En 1840 intentaron limitar la libertad de expresión, el derecho al voto y eliminar la milicia nacional y sobre todo acabar con la democracia municipal, sometiendo a los Ayuntamientos y Diputaciones al gobierno central. La aprobación de la ley moderada de Ayuntamientos desató un nuevo levantamiento progresista organizado por los ayuntamientos progresistas y la milicia nacional, que aclamaban a Espartero. En estos movimientos además de las diferencias políticas entre la Regente (moderada) y Espartero (progresista), también había una gran diferencia en cuanto a la ley de Ayuntamientos, ya que los moderados querían que los alcaldes fueran elegidos por el gobierno central, mientras que los progresistas querían que los alcaldes fuesen elegidos democráticamente.

    Finalmente Espartero presentó su programa (disolución de Cortes y eliminación de la ley de Ayuntamientos) a la Regente, y esta no la aceptó, con lo que le movimiento revolucionario, apoyado por el ejército, obligó a la Regente a entregar el poder y a exiliarse a París.

    La Regencia de Espartero.

    Se prosiguió el programa progresista para la instauración del Estado liberal. En 1841 puso en vigor la desamortización de los bienes del clero secular y eliminó definitivamente el diezmo.

    Pera la Regencia de Espartero fue muy inestable, ya que los progresistas se dividieron debido a que Espartero repartió los cargos políticos entre sus amigos, excluyendo a los principales dirigentes progresistas, lo mismo ocurrió en el ejército ya que los cargos importantes y los ascensos recaían en sus compañeros de armas. Por otra parte, los moderados autoexcluídos de la participación parlamentaria produjeron en 1841 el levantamiento de los generales moderados, pero este pronunciamiento fue un fracaso y además Espartero empleó gran dureza para reducirle y esto privó a Espartero del apoyo de un importante sector.

    En el año 1842 hubo una revuelta popular y social en Barcelona, en la que el proletariado se levantó contra los patronos por las injustas condiciones de trabajo, en estos levantamientos el odio hacia la Iglesia llevó a la quema de Iglesias, y a la exclaustración de frailes y monjas, ante esto, Espartero bombardeó Barcelona y reprimió los motines con mucha dureza, ganándose una gran impopularidad, que provocó la ruptura de las filas progresistas y posteriormente su caída.

    En 1843 una coalición antiespartista reunió a la insurrección de la milicia nacional, pero la clave de la caída de Espartero fue el pronunciamiento militar de generales moderados dirigidos por Narvaez, que derrotaron a las tropas de Espartero en Torrejón de Ardoz. El general Espartero se vio obligado al exiliarse en Londres.

    La década moderada (1844-1854)

    Con la legada al gobierno del general moderado Narvaez, y con unas Cortes de mayoría moderada, iniciaron la construcción de un Estado liberal de signo conservador, unitario y centralista.

    • Los moderados elaboraron una nueva Constitución que sustituía a la progresista de 1837. La Constitución de 1845 era moderna y con muchas diferencias con respecto a la de 1837: ya que no se basaba en la soberanía nacional sino en la soberanía compartida y otorgaba más poderes a la Corona (capacidad de nombrar y destituir ministros, de convocar o disolver las Cortes...). Además era una constitución confesionalmente católica y no establece la separación de poderes.

    Aparte de la Constitución elaboraron otras leyes:

    • La ley de imprenta que recortaba las libertades y suprimía los jurados. Además el nuevo sistema electoral (1846) reducía el derecho al voto de 1% de la población.

    • En la línea centralizadora de los moderados la ley de Ayuntamientos de 1845 y la reorganización de las Diputaciones provinciales reservaba a la Corona el nombramiento de alcaldes y jefes políticos. De esta forma la administración provincial y local quedaba bajo el control absoluto del gobierno central.

    • La reforma de Hacienda iniciada por Alejandro 92 era una de las 93 en la construcción del Estado liberal, ya que había una gran deuda que provenía del Antiguo Régimen. El nuevo sistema tributario se basaba en dos tipos de impuestos: los impuestos directos, que se basaban en la contribución sobre bienes, inmuebles, el cultivo o la ganadería, el subsidio comercial e industrial. Los impuestos indirectos: recaía sobre los derechos de hipotecas y el impuesto sobre el consumo de bienes que gravaba productos de primera necesidad, y como siempre al que más perjudicaba era a las clases bajas.

    • Una gran aportación fue el establecimiento de una enseñanza de carácter público bajo el control del Estado. Los moderados organizaron; los escolares de la enseñanza y regularon las escuelas privadas.

    • Por último, los moderados firmaron con la Santa Sede, el Concordato de 1851 que normalizaba las relaciones del Estado liberal con la Iglesia católica, relaciones que se habían roto con las desamortizaciones. Por este concordato la Iglesia aceptaba la venta de sus bienes y la legitimidad de Isabel II, y el Estado devolvía los bienes eclesiásticos no vendidos y se comprometía a mantener los gastos del clero.

    • Otro hecho importante fue la creación de la Guardia Civil. Este cuerpo armado fue creada en 1844 por el duque Francisco Ahumada, y llega hasta nuestros días. La Guardia Civil es un cuerpo civil que se rige con el código militar, y ha sido un cuerpo muy leal a todos los gobiernos, incluido durante periodos como la república y el franquismo, y esta lealtad sólo se rompió en la guerra civil, ya que la mayoría se aliaron con los sublevados.

    • La causa de la crisis del régimen moderado fue la corrupción y los escándalos financieros que enfrentaron al Senado y al Gobierno. Hacia 1854, los políticos y generales moderados optaron por el pronunciamiento militar.

    El bienio progresista (1854-1856)

    La revolución de 1854 fue muy compleja. La crisis política, que coincidió con la económica propició una revuelta popular urbana. El pronunciamiento de generales moderados, encabezados por O'Donnell, buscaba un cambio de gobierno, sin cuestionar la constitución de 1845 y la Corona, pero que fuese capaz de integrar a los progresistas. Pero el enfrentamiento en Vicálvaro entre las tropas de O'Donnell y los leales al gobierno resultó indeciso. Al mismo tiempo estallaron revueltas populares que progresistas y demócratas intentaron organizar mediante Juntas Revolucionarias que pedían: reunión de Cortes, más libertades, sufragio universal, enseñanza gratuita... Esto obligó a un cambio de actitud de O'Donnell, expresado en el Manifiesto de Manzanares. Pero la revolución urbana amenazó al trono y forzó a la reina Isabel II a llamar a Espartero para formar gobierno.

    La obra del bienio.

    A finales de julio de 1854 se formó un gobierno presidido por Espartero y con O'Donnell en el Ministerio de Guerra. Esta coalición entre moderados aperturistas y progresistas trató de cambiar el régimen, basándose en los principios progresistas, sin embargo, no se alteró el Estado liberal tal y como se había organizado.

    • Así, la constitución de 1856 recogía principios progresistas (soberanía nacional...), pero mantenía los poderes de la Corona. Esta Constitución se conoce con el nombre de Constitución nonata, ya que no fue promulgada.

    • La desamortización general de Pascual Madoz de 1855 vino a completar la de Mendizabal, pero en este caso a la desamortización de los bienes de la Iglesia, se unían los bienes municipales, que perjudicaban al campesinado.

    La caída del bienio progresista estuvo provocada por la inestabilidad política, debido a la fragilidad del pacto entre progresistas y moderados, y a las propias contradicciones del partido progresista, que tuvieron su máxima expresión en la Milicia Nacional, ya que los jefes y oficiales pertenecientes a las clases altas militaban en las filas progresistas, mientras que la tropa formada por las clases bajas, apoyaba el ideal demócrata y republicano.

    A esto se unió la conflictividad obrera y campesina agudizada en 1856 por la subida de los precios, desmoronó la coalición, ya que Espartero dimitió y O'Donnell que controlaba el ejército, tenía el apoyo de la Corona y las cortes estaban suspendidas, recibió en 1856 el encargo de formar gobierno.

    Otra de las causas que provocó la caída del bienio fue el escándalo que surgió en torno a la concesión de las líneas ferroviarias.

    Crisis del sistema.

    En los diez últimos años del reinado de Isabel II cabe distinguir dos etapas: el gobierno de la Unión liberal (1858-1863) y la sucesión de gobiernos moderados que supuso la crisis del régimen isabelino.

    El primer gobierno breve de O'Donnell: se caracterizó por la vuelta al sistema de la década moderada. Se reimplantó la Constitución de 1845, con una ampliación de las libertades. Pero la continuación de las desamortizaciones y la aposición de los moderados provocó la sustitución por Narváez que restableció completamente la constitución de 1845 y paró la ley desamortizadora.

    La Unión Liberal (1858-1863): La vuelta de O'Donnell y de la Unión Liberal al poder expresa el deseo de reconstrucción de la unidad liberal. Esta fue una etapa de estabilidad política y social acompañada del impulso en el desarrollo económico. Pero uno de los pilares del programa de la Unión Liberal fue la política exterior: como la lucha de Tetuán contra Marruecos, donde instauraron un protectorado, y de esta lucha salió muy reforzado el general Prim. También destaca la alianza con Francia que llevó a España a mandar tropas a Indochina o la unión con Francia y Gran Bretaña para mandar un ejército a México. La única intención de esta política era la mejora de la imagen del régimen.

    Pero la Unión Liberal fracasó al no lograr el mantenimiento de la paz y la estabilidad social. En 1861 estalló la sublevación campesina en Loja, que fue la primera rebelión campesina contra los grandes propietarios y las desamortizaciones promovidas por los republicanos.

    Desde 1863 hasta 1868 hay una sucesión de gobiernos moderados, de corte cada vez más conservador, que imponen una línea muy represiva. La imposibilidad de los progresistas de llegar al poder pacíficamente, les lleva a pronunciarse, y entre estos pronunciamientos destacan, el del general Prim en 1866 y el de los sargentos del cuartel de San Gil, que fueron fusilados.

    En agosto de 1866 progresistas y demócratas acordaron en Ostade acabar con el régimen y con la monarquía, dejando la futura definición de Estado a manos de unas Cortes Constituyentes. La muerte de O'Donnell en 1867, y el endurecimiento de la represión empujó a los ministros hacia la causa revolucionaria.

    2- EL CARLISMO

    Tras la muerte de Fernando VII en 1833 se desencadena una guerra civil e ideológica, conocida como la primera guerra carlista. En esta guerra se enfrentaban los carlistas, que defendían a Carlos María Isidro y eran partidarios del Antiguo Régimen y del absolutismo, y los isabelinos, que defendían los intereses de Isabel II y eran liberales, partidarios de eliminar los privilegios de la nobleza, querían una constitución y defendían la propiedad privada.

    El carlismo arraigó en el Norte, sobre todo en el País Vasco, Navarra y el Maestrazgo y contó con el apoyo de la pequeña nobleza y el campesinado, que se oponían a las ideas liberalistas. Sólo una parte de la Iglesia se vinculó al carlismo

    Pero el carlismo no tenía una base sólida. Ya que contaba con muy pocos mandos militares, y a esto se unían las limitaciones territoriales, ya que, a pesar de que en un principio los liberales ganaron bastantes batallas, no contaban con ciudades importantes que los apoyaran.

    Fases de la 1ª guerra carlista:

    1ª Fase: Entre 1833-35, el coronel Zumalacárregui intentó sitiar Bilbao, para tener una ciudad importante, pero este sitio fracasó y Zumalacárregui murió.

    2ª Fase: Entre 1836-37 comprende las expediciones carlistas, con las que intentaron extenderse por el territorio español, y buscan otros territorios a parte del vasconavarro.

    3ª Fase: Maroto es nombrado jefe del ejército carlista, y este negocia con Espartero el final de la guerra. La guerra finaliza con el abrazo de Vergara en 1839.

    4ª Fase: La resistencia carlista se limita al Maestrazgo, ya que allí ramón Cabrera se niega a aceptar el Convenio de Vergara. En 1840 las tropas isabelinas conquistan Morella y acaban con la resistencia carlista.

    La solución se tranquiliza ante la posibilidad del matrimonio entre Carlos María e Isabel, pero esto no fue posible y provocó la 2ª guerra carlista.

    La 3ª guerra carlista fue tras el destronamiento de Isabel II en 1868, pero en esta época los carlistas no defendían a Carlos María, sino a su hija.

    TEMA 5:LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS EN LA ESPAÑA ISABELINA: EL SECTOR AGRARIO Y EL PROCESO DESAMORTIZADOR

    Entre 1833-1843 en medio de una permanente agitación política y con la guerra carlista como fondo, hubo una seria de cambios en la legislación y en la vida económica del país, lo que supuso la instauración de la sociedad burguesa y capitalista. Una sociedad de ricos y pobres, de clases sociales y no de estamentos, ordenada por la riqueza y no por el nacimiento, como ocurrían en el Antiguo Régimen.

    Antiguo Régimen Estado liberal

    Sociedad estamental Sociedad de clases (Burguesía)

    Se pertenece por nacimiento Se pertenece por la propiedad

    La riqueza, que define la posición social, es otorgada por la propiedad: sólo los propietarios pertenecen a las clases dirigentes, los no propietarios son los trabajadores y jornaleros, que carecen de derechos políticos, y sólo cobran los días que trabajan, Por eso el deseo de establecer la propiedad privada, sin las limitaciones del Antiguo Régimen, es el principal objetivo de las revoluciones liberales del S. XIX, y esto provocaría la formación de una nueva clase social dirigente, en la que estuvieran unidos los antiguos señores feudales y los nuevos propietarios capitalistas. El historiador Nicolás Sánchez Albornoz ha definido este periodo (1800-1870) como una economía dual. Es dual en cuando a los sectores económicos: una industria en pleno proceso de desenvolvimiento y estructuración, y por otra parte el mantenimiento hegemónico de la agricultura en cuanto a producción y a actividades. Es dual en cuando a la infraestructura, ya que conviven los herederos del pasado y las innovaciones que introduce el gran capitalismo que se está generando. Es dual a nivel geográfico, con un interior estancado y la creciente pujanza de la periferia, ya que en esta época había muy poca industrialización, que se limitaba a Cataluña, País Vasco, Asturias y muy poco en Madrid.

    Uno de los mayores problemas para el desarrollo económico del país era la insuficiente red de transportes y comunicaciones. En 1855 las líneas de diligencia eran el único sistema de transporte regular que había en la red de carreteras, cuando países como Francia y Gran Bretaña estaban surcados por una enorme red de ferrocarriles, mientras que en España sólo había tres líneas férreas: Barcelona-Mataró (1848), Madrid-Aranjuez (1851) y Gijón-Langreo (1853).

    Sector agrario.

    La agricultura fue durante el S. XIX la principal actividad económica del país. Aún en 1900 ocupaba a dos tercios de la población activa, proporcionaba más de la mitad de la renta nacional y tenía un peso decisivo en las exportaciones.

    En este sector observamos dos aspectos fundamentales. La alteración del régimen de tenencia de la tierra, y la denominada revolución agrícola.

    La revolución agrícola se desarrolla a partir de EE.UU. y Gran Bretaña y se plasma en la mecanización del campo, lo de las innovaciones que aporta la industria química y nuevos métodos de cultivo y explotación. Se manifiesta en un aumento de los rendimientos, de la superficie cultivada y por lo tanto también de la producción. No obstante, en España, los nuevos propietarios prefirieron mantener los viejos sistemas de explotación en vez de invertir en mejoras, por lo que no siempre aumentó el rendimiento de las tierras, aunque sí el de la producción. Las únicas innovaciones modernas se realizaron en el litoral valenciano, donde se desarrollaron los cultivos especializados hortícolas y frutícolas, lo que produjo un gran aumento de la producción de naranjas. En algunos regadíos del interior, el cultivo de la remolacha sustituyó al de la caña azucarera, y en las islas Canarias se especializaron en el cultivo de plátanos, tomate y tabaco.

    El producto principal es el trigo, y gracias a la política de protección de los precios de los gobiernos moderados para los cereales autóctonos, el área cultivada se incrementó y permitió que entre 1830-70, España se autoabasteciese de cereales. Los propietarios, al tener el mercado nacional asegurado, (ya que a los productos que llegaban del extranjero se les ponía un arancel muy alto, por lo que su compra no era rentable) acumularon grandes ganancias pero no las invirtieron en mejorar la producción. En años de buenas cosechas, los precios se mantuvieron altos por falta de competencia exterior, pero en los años de malas cosechas los precios se disparaban provocando sucesivas crisis agrarias. Debido a los bajos salarios de los jornaleros, la amenaza del hambre continuó siendo permanente, y la escasa capacidad de compra de campesinos y jornaleros afectó negativamente al desarrollo del comercio y a la incipiente industrialización.

    El otro gran cultivo es la vid, se triplica el área de cultivo y se duplican los rendimientos. Es ahora cuando el vino español se convierte en artículo básico de nuestras exportaciones.

    El olivo es el cultivo al que se dedican amplias superficies en la mitad sur. En el norte, son el maíz y la patata los cultivos que aseguran la alimentación de la población.

    Respecto a la ganadería, continúa dominando el sector lanar, aunque va decayendo debido a las desamortizaciones que favorecieron la extensión de los cultivos a expensas de los pastos, y la abolición definitiva de los privilegios de la Mesta. El continuo incremento en la demanda de carne por los núcleos urbanos hizo que progresara el sector porcino, y también se desarrolló el equino utilizado para el laboreo del campo.

    2- El proceso desamortizador

    Ya los diputados de las Cortes de Cádiz, entre 1811 y 1813, iniciaron la labor de convertir en libre la propiedad inmueble del Antiguo Régimen: las fincas rústicas y urbanas, pero este proceso no finalizó hasta 1841.

    La primera tarea fue desvincular los bienes de la nobleza y desamortizar los bienes eclesiásticos y municipales. Ambas acciones tenían la misma intención: sacar al mercado libre, para que pudieran ser comprados y vendidos, bienes que el Antiguo Régimen había dejado al margen del mercado.

    La palabra desvinculación se aplicaba a los bienes de los seglares y la de desamortización, a los bienes de los eclesiásticos. Se trataba de establecer las condiciones necesarias para que aumentara el número de propietarios particulares, cosa que no sucedió ya que todos estos bienes fueron comprados por la burguesía y la nobleza, que formaran grandes latifundios.

    La desvinculación supuso una doble decisión:

    • La primera fue la abolición de los señoríos, que por un lado acabó con el dominio que los señores habían tenido sobre los habitantes de algunos territorios, debido a los privilegios que los reyes les habían concedido, y por otro lado, convertir en propiedad particular y libre aquellas tierras. El proceso iniciado en Cádiz fue largo, y concluyó en 1837 y eso que esta medida no aportaba un cambio de propietario, sino la transformación de los señores en propietarios libres.

    • La segunda medida fue la supresión de los mayorazgos. En Cádiz sólo se había insinuado, y la primera ley que la recogía se escribió en 1820, durante el Trienio Liberal. De nuevo, la resistencia de la nobleza retrasó su culminación hasta 1841. El mayorazgo fue la fórmula por la que las casas nobiliarias había podido mantener sus propiedades, ya que todos estas los heredaba el primogénito, que no podía venderlas, ni partirlas. La abolición suponía que estos bienes eran declarados libres y podían ser vendidos.

    La desamortización, primero de los bienes eclesiásticos y luego de los pueblos, fue la medida de mayor trascendencia tomada por los gobiernos liberales, y se desarrolló durante el S. XIX y parte del XX.

    Este proceso desamortizador suponía dos momentos: primero la incautación por parte del Estado de esos bienes, por lo que dejaban de ser de “manos muertas” y se convertían en bienes nacionales, y segundo, la puerta en venta, mediante pública subasta, de las mismas. El producto de lo obtenido lo aplicaría el estado a sus necesidades.

    Pero esta medida progresista ya había empezado a ser aplicada en el S. XVIII. Se ha calculado que desde que se pusieron en venta los primeros bienes de los jesuitas (expulsados por Carlos III en 1767) hasta 1924 en que Calvo Sotelo denegó las leyes sobre la desamortización de los pueblos, pasan a propiedad privada el 39% de la superficie del Estado. Este proceso de ventas no fue continuo, sino resultado de varias desamortizaciones: la de Godoy, ministro de Carlos IV (1798), la de las Cortes de Cádiz (1811-1813), la de Mendizabal (1836-1851) y la de Pascual Madoz (1855-1924).

    De todas estas es necesario destacar las dos últimas, y de forma especial las de Mendizabal, que accedió al poder en un momento crítico para la causa isabelina y se convirtió en la figura emblemática del liberalismo en su versión progresista. De acuerdo con su programa político, para consolidar el régimen liberal era necesario liquidar las formas de propiedad feudal típicas del Antiguo Régimen (señoría, mayorazgo...) y reunir recursos necesarios para permitir al ejército isabelino acabar con la guerra carlista y para eso adoptó tres medidas: la reforma y reorganización de la Hacienda, una mayor presión fiscal y lo más importante, la desamortización de los bienes de los monasterios y los conventos. Su puesta en práctica trajo la ruptura de las relaciones con la Iglesia y dividió la opinión pública de tal forma, que es “la Desamortización” por antonomasia. Y ello porque el decreto publicado en 1836, en medio de la guerra civil con los carlistas, puso en venta todos los bienes del clero regular (frailes y monjas). De esta forma quedaron en manos del Estado, y no sólo se subastaron tierras sino casas, monasterios y conventos con todos sus enseres, incluidas obras de arte y libros. Al año siguiente, 1837, otra ley amplió la acción al sacar a la venta los bienes del clero secular (los de las catedrales e iglesias en general), aunque la ejecución de esta última se llevó a cabo unos años más tarde, durante la regencia de Espartero. Además, Mendizabal confiscaba los diezmos eclesiásticos.

    Los objetivos de la desamortización.

    Con la desamortización de Mendizabal se pretendían lograr varios objetivos: ganar la guerra carlista, pero la falta de recursos obligó a introducir el sistema de quintas, en el que se admitían exenciones mediante pagos, por lo que esto acabó recayendo sobre las clases pobres. El otro objetivo era eliminar la deuda pública, al ofrecer a los compradores de bienes la posibilidad de que los pagaran con títulos emitidos por el Estado; otro objetivo era atraerse a las filas liberales a los principales beneficiarios de la desamortización, que componían la incipiente burguesía; poder solicitar nuevos préstamos, el gozar de Hacienda de credibilidad y cambiar la estructura de la propiedad eclesiástica, que de ser amortizada y colectiva pasaría a ser libre e individual. Pero había más: la Iglesia sería transformada en una institución del nuevo régimen y sus ministros se convertirían en funcionarios del Estado: serían los encargados de velar por el derecho de todo individuo a tener sus creencias comprometiéndose el Estado a mantenerlos y a subvencionarlos al correspondiente culto.

    El 1 de mayo de 1955. Pascual Madoz, también progresista sacó a la luz su Ley de Desamortización General. Se llamaba general porque se ponían en venta todos los bienes de propiedad colectiva: los de los eclesiásticos que no habían sido vendidos en la etapa anterior, y los de los pueblos (se llamaban bienes de propios aquellos que proporcionaban, por estar arrendados una renta al Consejo, en tanto que los comunes no proporcionaban renta y eran utilizados por los vecinos del lugar). La desamortización de bienes de propios y baldíos se prolongó hasta 1924.

    El procedimiento utilizado para las ventas fue como el de Mendizabal, pero con dos diferencias:

    • Una se refería al destino del dinero obtenido, que fue destinado a la industrialización del país y a la expansión del ferrocarril.

    • La otra estaba en la propiedad del dinero: El Estado no era propietario, sino los Ayuntamientos, ya que el Estado recibía el importe de las ventas en nombres de esto y lo transformaba en lo que hoy podían ser bonos del Estado.

    En este proceso la burguesía con dinero fue la gran beneficiada, aunque la participación de los pequeños propietarios fue más elevada que en el de Mendizabal.

    Había que concluir diciendo que las desamortizaciones no sirvieron para repartir las tierras entre los menos favorecidos, porque no se intentó hacer ninguna reforma agraria, sino conseguir dinero para los planes del Estado. Con este suceso, sólo se beneficiaron la antigua aristocracia y la nueva burguesía que compraron la mayoría de las tierras desamortizadas. De esta manera continuaba el latifundio que era muy negativo, y no aumentaba la producción ya que los beneficios que el dueño obtenía de esa tierra eran suficientes, por eso no invertía en mejoras para la producción. El latifundio se dio en la mitad sur de la península, y provocó que la mayoría de la tierra la tenía poca gente, y el resto eran jornaleros que cobraban el día que trabajaban. En este periodo surgía el absentismo, ya que los grandes propietarios vivían en las capitales de provincia y no en las propiedades.

    En el noroeste surgió el minifundio, que provocó la emigración a Cuba y Puerto Rico.

    Hasta aquí se ha tratado la propiedad privada y el esfuerzo de los liberales por hacerla libre e introducirla en el mercado. Pero faltaba el último escalón para alcanzar la economía liberal capitalista y es que en España entrará la industrialización: que hubiera libertad en el tráfico comercial. En 1833 era necesario organizar un mercado nacional que sustituyera los mercados coloniales de América y para ello era preciso que los gobiernos realizaran una serie de liberalizaciones: que fuese libre el ejercicio del comercio y el de cualquier actividad industrial, que desaparecieran los privilegios de los gremios, que hubiera libertad en el tráfico interior, suprimiendo las aduanas interiores del todavía reino de Navarra y de las provincias exentas (País Vasco) y que hubiera un ordenamiento mercantil común.

    TEMA 6: EL SEXENIO REVOLUCIONARIO

  • LA REVOLUCIÓN DE 1868: “LA GLORIOSA”. CONSTITUCIÓN DE 1869.

  • LA MONARQUÍA DEMOCRÁTICA DE AMADEO DE SABOYA.

  • LA PRIMERA REPÚBLICA.

  • 1. LA REVOLUCIÓN DE 1868: “LA GLORIOSA”. CONSTITUCIÓN DE 1869.

    Las causas de la revolución de 1868 son variadas: la crisis tuvo una doble naturaleza: financiera e industrial, y la otra eran las crisis de subsistencia que era el problema político del régimen moderado.

    • La crisis financiera internacional de 1866 puso fin a la gran prosperidad de esa última década. El hundimiento de la Bolsa y el parón del tendido ferroviario provocó la quiebra de muchos bancos y empresas. La industria textil catalana sufrió el recorte de las exportaciones de algodón a causa de la guerra de Secesión y por la baja del consumo de tejidos desde 1866. A esta crisis se unió una crisis de subsistencia por las malas cosechas de 1867-68. La generalización de la crisis y el descontento popular favoreció a los partidos de oposición: democrático y republicano.

    • En el plano político, la causa hay que buscarla en el agotamiento del régimen político moderado debido a la corrupción y al empeño de los moderados de mantenerse en el poder por la fuerza. Los partidos de oposición (progresistas, Unión Liberal y Demócrata) al no poder alcanzar el poder legalmente, optaron por la vía revolucionaria. Ya dos años antes, progresistas y demócratas habían firmado el Tratado de Ostende, cuyo objetivo era destronar a Isabel II. La muerte de O'Donnell en 1867 facilitó la adhesión del general Serrano dirigente de la Unión Liberal. La participación de los generales unionistas aseguró el apoyo militar.

    Juntas revolucionarias

    En el tratado de Ostende se acordó un plan político y en 1868 se produjo un pronunciamiento. La revolución comenzó con el pronunciamiento de la armada al mando del almirante Topete y del ejército dirigido por los generales Prim (progresista) y Serrano (unionista). Pero la revolución se consolida gracias a la formación de Juntas revolucionarias de carácter civil que se extendieron por España. En un primer momento, el poder residió en las juntas revolucionarias que querían amplias medidas de democratización política (sufragio universal, libertad de expresión...) y de reformas sociales (desamortización...).

    El gobierno provisional.

    Dirigido por Prim y Serrano, y compuesto por unionistas y progresistas, decretó la disolución de las juntas y asumió el ideario democrático de las juntas.

    Pero la principal cuestión de esta época fue la forma de gobierno, monarquía o república, ya que en el gobierno había partidos con intereses distintos. Esta decisión la debía tomar unas Cortes Constituyentes y en este momento el gobierno impuso el sufragio universal y se paso de 40.000 a 4 millones de votantes, pero había un problema, y era el analfabetismo. Las elecciones a Cortes constituyentes fueron por sufragio universal y dieron la mayoría a los partidos antibabónicos (unionistas, progresistas y demócratas) partidarios de la monarquía democrática. A la izquierda se situaron los demócratas partidarios de la república y formaron el Partido Republicano Federal.

    La Constitución de 1869 y la nueva política.

    Es la primera constitución democrática española, y sus patrocinadores fueron el gobierno provisional de Prim y Serrano y su carácter ideológico fue progresista. Esta constitución establecía una declaración de derechos y libertades individuales como el derecho de asociación, el juicio por jurado, el sufragio universal directo para los varones mayores de 25 años y no era Confesional, ya que establecía la libertad de culto a pesar de que el Estado mantenía el gasto del clero.

    La constitución establecía la separación de los poderes y la descentralización. Las Cortes estaban formadas por dos cámaras, el Congreso de los Diputados y el Senado, que eran elegidos por sufragio universal y asumían la aprobación de las leyes y tenían la iniciativa legislativa. El poder ejecutivo, era desempeñado por los ministros responsables ante las Cortes.

    El poder judicial era independiente y democrático, ya que la carrera judicial estaba regulada por el sistema de oposiciones. También se estableció la institución del jurado. En este momento también se estableció la elección democrática de ayuntamientos y diputaciones.

    Se reemprendió la desamortización y se eliminaron las contribuciones de consumo. En España se introdujo el librecambio con el nuevo arancel que estableció Figuerola en 1869. Pero hubo que volver al proteccionismo, ya que la burguesía textil catalana y las trigueras castellanas se opusieron.

    Los problemas del sexenio.

  • El descontento de los republicanos: En 1869 tuvo lugar un levantamiento armado republicano que obligó al gobierno a suspender las garantías constitucionales y declarar el estado de guerra.

  • La conflictividad social presentó diversos tipos. La crisis agraria de 1867-68 y el desempleo, desató la rebeldía del campesinado andaluz. La introducción de la Primera Internacional en su versión anarquista y colectivista en 1872 encontró eco en ese campesinado desengañado.

  • La escasez, la carestía (subida) y la protesta contra los consumos y las quintas provocó motines populares urbanos. Ahora surge un nuevo conflicto característico de las relaciones entre capitalistas y obreros: la huelga.

  • El sexenio tuvo en el estallido de la guerra de Cuba (1868-1878) un gran problema. La falta de respuesta del gobierno provisional a los deseos de autonomía de los cubanos produjo el movimiento secesionista.

  • 2- La monarquía democrática de Amadeo de Saboya.

    La constitución de 1869 estableció un régimen monárquico y acababa con el gobierno provisional. El problema en este momento fue quien ocuparía el trono español descartada la candidatura de Alfonso XII. Los partidos políticos no se pusieron de acuerdo, y este asunto adquirió dimensiones internacionales, ya que algunas candidaturas provocaron tensiones entre las grandes potencias europeas y finalmente fue Prim el encargado de elegir al rey, y eligió a Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel, rey de Italia, país que acababa de unificarse. Este rey tenía función arbitraria y tenía muchas limitaciones. La elección de Amadeo I por las Cortes Constituyentes como nueva rey de España no fue unánime ya que era el candidato de Prim y de los progresistas. El breve reinado de Amadeo I (1871-1873) contó con escasos apoyos, con el rechazo aristocrático y popular, y tuvo que enfrentarse a numerosos problemas.

    El primer problema fue el asesinato de Prim, que le privó de un apoyo fundamental, ya que él había mantenido unida la coalición monárquico-democrática y su muerte provocó su descomposición. Los unionistas se alejaron del nuevo régimen y se acercaron a la solución alfonsina.

    También dentro del partido progresista hubo ruptura. Por un lado Sagasta encabezó una fracción llamada constitucionalista que era partidaria de aproximarse a los unionistas y por el otro los radicales de Ruiz Zorrilla que buscaban atraerse a los demócratas ampliando el programa de reformas democráticas: supresión de las quintas, abolición de la esclavitud y separación Iglesia-Estado.

    La oposición al rey.

    La continua inestabilidad política se debió a la resistencia de las élites tradicionales y a la oposición de los carlistas y los republicanos.

    • La iglesia católica, sobre todo su jerarquía se oponía por la cuestión de la libertad religiosa. La nobleza temía que fuese cuestionado el derecho a la propiedad privada y se alejó de la Corte apoyando a los alfonsinos.

    • La burguesía financiera e industrial y sobre todo los hacendados en Cuba se vieron amenazados por el movimiento obrero y por el proyecto de abolir la esclavitud en las colonias, por eso apoyaron a los alfonsinos.

    • El carlismo cobró un nuevo impulso con el destronamiento de Isabel II y en 1872 se produjo la tercera guerra carlista a favor de Carlos VII, la guerra finalizó en 1876.

    • Los republicanos se opusieron a la solución monárquica y se mostraron a favor de la República Federal. Pero en el seno de los republicanos hubo dos tácticas: los partidarios de Pi y Margall preferían la vía parlamentaria para la implantación de la República y otros republicanos preferían la insurrección armada.

    • En este ambiente de inestabilidad, Amadeo aprovechó un conflicto en el cuerpo de artillería como pretexto para abdicar en 1873.

  • La Primera República

  • La instauración de la República en 1873 fue fruto del compromiso de los radicales monárquicos y los republicanos federales para llenar el vacío de poder dejado por la monarquía y salvar el ideario democrático de la revolución de 1868. La Asamblea Nacional nombró un primer gobierno de la República formado por una coalición de radicales y republicanos, presididos por Figueres. Mientras los radicales sólo querían una República unitaria, los republicanos renunciaron a la proclamación inmediata de la República Federal, aceptando que el tipo de república lo debía decidir unas Cortes Constituyentes.

    Los dirigentes republicanos federales que habían optado por establecer la República Federal por la vía legal tuvo una doble oposición: La de los radicales y la de los intransigentes que querían establecer la estructura federal de abajo arriba por la vía insurreccional. La desilusión de la masa federal de conseguir una rápida configuración del Estado federal se manifestó en el intento de proclamar el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La radicalización se extendió al campo, donde los campesinos identificaron la república con el reparto de tierras y en lugares como Andalucía esto desembocó en graves disturbios.

    El enfrentamiento con los radicales tuvo lugar tras los intentos de estos de derribar al gobierno por la fuerza e impedir la convocatoria de Cortes Constituyentes. Desde ese momento, y hasta el golpe de Estado de Pavía en enero de 1874 gobernaron los republicanos federales en solitario y tuvieron la oposición de sus propias filas, el recrudecimiento de la Guerra Carlista y la conspiración del resto de partidos políticos. Las elecciones a Cortes Constituyentes dieron una abrumadora mayoría a los republicanos federales.

    El intento de una República Federal.

    En junio de 1873 las Cortes Constituyentes definieron el régimen de República Federal. Se nombró un nuevo gobierno presidido por Pi y Margall. Una comisión de Cortes, encabezada por Castelar se ocupó de hacer una constitución, según el ideal federalista. El proyecto constitucional contemplaba la separación de la Iglesia-Estado. El poder legislativo estaba formado por dos cámaras, el Congreso, con poderes legislativos y el Senado, que era el órgano de representación de los Estados. Para acabar con la centralización contemplaba una estructura federal integrada por 17 Estados y con el objetivo de solucionar el problema colonial, incluidos Cuba y Puerto Rico como Estados españoles. Cada Estado podía elaborar su propia constitución, siempre dentro de los límites de la Constitución federal Esta constitución tenía una declaración de derechos similar a la de 1869.

    Pero esta constitución no se aprobó por el estallido de los levantamientos cantonalistas, la conflictividad social, la extensión de la Guerra Carlista y el problema cubano.

    El Cantonalismo.

    La insurrección cantonal fue uno de los fenómenos más complejos. En el mes de junio de 1873 los republicanos intransigentes se retiraron de las Cortes i instigaron a que se proclamaran los cantones independientes. La generalización del cantonalismo presentó a la República Federal como un régimen incapaz de asegurar el orden y salvaguardar el poder central.

    La caída de Pi y Margall y el nombramiento de Salmerón como presidente supuso un claro giro conservador del régimen. Salmerón reprimió la actividad de la Internacional y recurrió al ejército para sofocar la insurrección cantonal.

    Salmerón dimitió por motivos de conciencia, al negarse a firmar dos penas de muerte impuestas por autoridad militar. Las Cortes eligieron a Castelar, quien obtuvo poderes extraordinarios que le permitieron suspender las garantías constitucionales y gobernar por decreto.

    El Carlismo y Cuba. El fin de la República.

    El recrudecimiento de la Guerra Carlista fue facilitado por la falta de control del régimen sobre los militares a raíz del cambio de la organización militar clásica por un ejército de voluntarios. Los carlistas, tras las victorias de Eraul y Montejurras pusieron sitio a Bilbao, y el dominio de las provincias vascas les permitió formar un Estado carlista.

    En Cuba, donde la guerra continuaba, la República tampoco controlaba la situación. Además, el intento de abolir la esclavitud, chocó con la oposición de los hacendados, apoyados por los militares, e hizo que Cuba se convirtiese en uno de los centros de la conspiración y de ayuda económica a la causa alfonsina. El giro a la derecha de la República con Castelar, hizo confiar a la burguesía industrial y financiera y al ejército en la posibilidad de restablecer el orden. Pero la mayoría republicana federal liderada por Pi y Margall y Figueras, estaba decidida a hacer caer a Castelar, lo que supondría el desplazamiento del poder el favor de los republicanos intransigentes. El ejército que temía la derrota de Castelar, protagonizó una salida de fuerza. El 3 de enero de 1874, el general Pavía, con la ayuda de la Guardia Civil invadió el congreso y disolvió la Asamblea.

    El propio Pavía reunió a militares y dirigentes de los partidos apuestos a la República Federal. De esta reunión salió el Gobierno presidido por el general Serrano. Pero desde 1874, la causa de Alfonso XII contaba con el apoyo de la burguesía, de la aristocracia madrileña y del ejército. En diciembre de 1874 un pronunciamiento militar, En Sagunto, dirigido por el general Martínez Campos, impuso la restauración de Alfonso XII.

    TEMA 7: EL SISTEMA POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN: FUNDAMENTOS Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA

  • LA CONSTITUCIÓN DE 1876.

  • LOS FUNDAMENTOS DEL SISTEMA: BIPARTIDISMO, TURNISMO Y CACIQUISMO.

  • ETAPAS Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA.

  • En 1874, Pavía invadió el Congreso y disolvió las Cortes, suprimiendo la República, y en ese momento comenzó el corto gobierno del general Serrano, que no se sabía si era monárquico o republicano.

    A finales de ese mismo año, 1874, el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto impuso la Restauración de Alfonso XII.

    En enero de 1875 se produjo el retorno de la monarquía y de la dinastía de los Borbones y del rey Alfonso XII, y la persona que más lo buscó fue Cánovas, al que le resultó muy fácil, ya que contaba con el apoyo de la Iglesia, que quería la vuelta al catolicismo y a los privilegios, la nobleza también mostró su apoyo, ya que durante el periodo republicano estuvo en peligro su propiedad, y los industriales también estaban a favor, ya que pensaban que la monarquía traería el orden, sobre todo en Cuba, y por último, las clases medias apoyaron a la monarquía, ya que consideraban que esta eliminaría el caos y la anarquía del sexenio.

    Con el nombramiento de Alfonso XII como rey de España, Cánovas logró restaurar la monarquía y crear un sistema político similar al británico, basado en la alternancia de dos partidos: el conservador dirigido por el mismo, y el liberal presidido por Sagasta, y en la Constitución de 1876.

    Cuando Alfonso XII llegó al poder, entregó el gobierno a Cánovas, quien formó gobierno y convocó elecciones, que su partido ganó con orgura. De acuerdo con el sistema, cuando había una crisis, el rey cesaba al jefe de gobierno del partido que hubiera en el poder, en este primer periodo, Cánovas, líder conservador, y otorgaba el poder al jefe político del otro partido, en este caso a Sagasta, representante del partido liberal, que de nuevo formaría gobierno, y convocaría elecciones que darían la victoria a su partido. De esta manera se desarrollaría el turnismo que evitaría los pronunciamientos militares.

  • Constitución de 1876.

  • Entre el 1 de enero de 1975 y el 15 de febrero de 1876 Cánovas tuvo la doble misión de presidir el gobierno y preparar la elaboración de una nueva Constitución que debía atraer tanto a los carlistas más conservadores como a los liberales y republicanos desengañados de la revolución.

    La Constitución de 1876 era ecléctica (que reúne y concilia opiniones de sistemas diversos), ya que estaba pensada para que distintos gobiernos pudieran gobernar con ella y de esta forma evitar que cada partido político creara su propia constitución. La constitución de 1876 no presentaba una ideología clara y además, era muy flexible ideológicamente, pero a pesar de esto era una constitución monárquica, por lo tanto no hubieran podido gobernar con ella ni los republicanos ni los socialistas.

    Autoría: La Constitución de 1876 fue elaborada por unas Cortes constituyentes elegidas por sufragio universal masculino. Hubo un problema, el analfabetismo, que provocó una gran abstención, y además, a esto se unió el amañamiento de los gobiernos.

    Sus patrocinadores fueron Alfonso XII y Cánovas del Castillo, quien eligió una asamblea de notables, que se encargó de elaborar un proyecto de Constitución que básicamente fue luego el aprobado por las cortes.

    Esta Constitución se basaba en la soberanía compartida entre las Cortes y el Rey que mantenían enormes poderes.

    El carácter ideológico era principalmente conservador.

    En cuando a los derechos y libertades recoge todos los que habían aparecido en la de 1869: asociación, reunión, prensa, Habeas Corpus. Pero las leyes ordinarias que regularon después fueron muy restrictivas, sobre todo en lo que respectaba al derecho de imprenta y de asociación.

    La constitución de 1869 era confesional, ya que declaraba que la religión católica era la oficial del Estado, y vinculado a esto, el Estado estaba comprometido a mantener los gastos del culto y del clero.

    Las Cortes eran bicamerales y estaban formadas por el Congreso y el Senado.

    El Senado lo formaban senadores por derecho propio (los hijos del rey, los grandes de España, los grandes propietarios). Había senadores elegidos por sufragio censitario entre los grandes contribuyentes, y otros elegidos por las corporaciones.

    El Congreso lo formaban diputados elegidos por sufragio censitario, y a partir de 1890 por sufragio universal masculino. Pero esto no lo establece la Constitución, sino las leyes electorales que eran las encargadas de organizar las elecciones, decir quienes podían votar y establecer el sistema electoral.

    • Los conservadores del partido de Cánovas preferían el voto censitario y así constará en la ley electoral de 1878, y sólo podían votar los que pagasen al Tesoro una cuota mínima de 25 pesetas anuales de contribución territorial o 50 pesetas de subsidio industrial.

    • Los liberales del partido de Sagasta optaron por el sufragio universal masculino en la ley electoral de 1890, lo que obligara a los políticos a la manipulación y compra de votos y al caciquismo.

    • Relación de poderes: esta constitución no establece la separación de poderes.

    • El poder legislativo residía en las Cortes y el rey, ambos tenían iniciativa legal, ya que podían hacer y proponer leyes. El rey sancionaba o firmaba las leyes, podía vetarlas y además tenía la capacidad de disolver las Cortes.

    • El poder ejecutivo lo tiene el rey y lo ejerce a través de sus ministros. El rey tiene libertad para nombrar al presidente del gobierno, que formaba gobierno y convocaba elecciones que posteriormente ganaría.

    • El poder judicial reside en los tribunales y jueces. En esta constitución se suprimen los fueros vascos y por lo tanto había también unidad judicial, y además, los habitantes de estas provincias tenían que pagar contribución y mandar soldados al ejército.


    Enemigos: fueron dos principalmente, los republicanos, entre los que se incluyen los socialistas y por otro lado los carlistas. Al final del periodo, los partidos y sindicatos obreros.

    Esta constitución estuvo vigente entre 1876 y 1923, año en que empezó una dictadura que duró hasta 1929.

  • Los fundamentos políticos del sistema.

  • El sistema político de la Restauración se basa en la constitución de 1876, que se basaba en una monarquía constitucional con amplios poderes, por lo tanto el rey es la pieza fundamental de este sistema, ya que él nombraba un jefe de gobierno, el cual convocaba elecciones que ganarían con gran orgura. El rey era el responsable del poder ejecutivo, ya que convocaba o disolvía Cortes e incluso interviene en el poder judicial.

    Esta constitución tenía una idea ecléctica, ya que, a pesar de que cambiara el gobierno, no era necesario cambiar la constitución, ya que esta era lo suficientemente ambigua para los partidos que aceptaban la monarquía constitucional, y esto es lo que Cánovas denominó filosofía política ecléctica.

    Cánovas quería este sistema para poner fin a los pronunciamientos del S., XIX, ya que este sistema permitía a los progresistas llegar al gobierno sin necesidad de un pronunciamiento, y por lo tanto el ejército tenía como única función la defensa del país.

    Bipartidismo: Durante la Restauración sólo hubo dos partidos que llegaron al poder: El Conservador, encabezado por Cánovas y después de su muerte por Silvela, y el otro partido fue el liberal presidido por Sagasta. Hay que destacar que tras formarse el partido conservador fue el propio Cánovas quién buscó consolidar un nuevo partido de oposición, y por eso dejó que fuese Sagasta, antiguo líder progresista y presidente del gobierno en 1874 quien formara el partido liberal. Sagasta transformó las basas del partido Constitucional y creó el fusionista, hasta que finalmente después de 1890 elaboró el partido liberal al que se unieron muchos miembros del partido republicano encabezados por Castelar.

    Turnismo: Alternancia pacífica en el gobierno de los partidos dinásticos, ya que al margen de este sistema quedaban los partidos no dinásticos: carlistas, republicanos y sindicatos.

    Cuando el partido que gobernaba entraba en crisis, el rey llamaba al jefe del otro partido, que convocaba elecciones que más tarde ganaría sobradamente, y de esta forma llegaba al poder. Mientras que el partido que dejaba el poder lo hacía pacíficamente, ya que sabía que al cabo de pocos años el rey los volvería a llamar para formar gobierno y volver a gobernar.

    Pero este turnismo en el poder nunca fue legal, ya que los dos partidos ganaban las elecciones gracias a la actuación conjunta de políticos, caciques y empresarios que forman una oligarquía en el poder, mientas que la masa rural, analfabeta y despoliticalizada se mantenía al margen. Para ganar las elecciones se utilizaban los siguientes métodos:

    • Caciquismo: los caciques municipales coaccionaban a la gente del pueblo para que votaran al candidato que a ellos más les convenía, y de esta manera alteraban el sistema electoral. Cuando los liberales publicaron en 1890 la ley del sufragio universal masculino, por el cual todos los varones mayores de 25 años podían votar, fue más necesario recurrir al caciquismo y otros métodos como el pucherazo (fraude electoral que consiste en computar votos no emitidos en una elección) o el encasillado (lista de candidatos, apoyados por el gobierno en las elecciones).

    Pucherazo: era el cambio de los resultados electorales, ya que el cacique hacía desaparecer la urna y mandaba el acta con los resultados que él quería.

    Encasillado: era más descarado que los otros métodos, ya que al mismo tiempo que se convocaban las elecciones, se elaboraban los resultados, y ya sólo quedaba encasillar a los ministros.

  • Etapas y evolución histórica.

  • Durante la restauración podemos señalar dos periodos: El reinado de Alfonso XII (1876-1885) y la Regencia de su esposa María Cristina (1885-1902) que comenzó tras la muerte de Alfonso II y terminó con la mayoría de edad de Alfonso XIII.

    En este periodo hay que destacar un hecho clave, “El pacto de El Pardo” de 1885 firmado por Cánovas y Sagasta. Este pacto fue clave, ya que tras la muerte de Alfonso XII pudo haber una gran crisis, pero este acuerdo lo evito. En este pacto los dos dirigentes políticos acordaron el turnismo de forma pacífica, Cánovas que era el jefe de gobierno en ese momento cedió el poder a Sagasta para poder seguir el sistema, y además los dos acordaron respetar a la Regente. Durante el gobierno de Sagasta se acordaron numerosas ideas liberales como el sufragio universal y la ley de asociación.

    Durante la Restauración sucedieron numerosos acontecimientos importantes:

    • La victoria en la 3ª guerra carlista (1872-1876), en esta guerra Fernando Primo de Rivera derrotó a los carlistas en el interior de Cataluña en 1875, y la derrota definitiva fue la del Monte Jurras en 1876. A partir de este momento, algunos carlista siguieron las ideas de Cabrera y se integraron e incluso colaboraron con el partido conservador. Otros apoyaron a Cándido Nocedal, actuaron en la clandestinidad y se negaron a obedecer al pretendiente.

    • Los movimientos obreros: durante los primeros años de la Restauración, el gobierno de Cánovas terminó con la organización obrera FRE, y la represión y clandestinidad produjo la radicalización revolucionaria, acompañada de violencia en el campo y atentados. En los años 80 durante los gobiernos liberales de Sagasta hubo una serie de medidas liberalizadoras que permitieron la organización de distintos movimientos obreros. Los anarquistas, obreros catalanes y campesinos andaluces crearon la FTRE (Federación de trabajadores de la Región Española) para organizar sindicatos y defender al proletariado. Al mismo tiempo los anarquistas de Cádiz eran partidarios de las acciones directas como respuesta de las negativas de los terratenientes a sus peticiones. Por esta razón protagonizaron numerosas huelgas y revueltas caracterizadas por los incendios, robos... En 1878, los socialistas, bajo la dirección de Pablo Iglesias formaron el PSOE y en 1888 fundaron la UGT. En ese mismo año el FRTE se disolvió en diversos grupos anarquistas, y a partir de 1893 reaparecieron en Barcelona los actos terroristas de los anarquistas, que a pesar de las leyes represivas de 1894 y 1896 contra el terrorismo asesinaron a Cánovas en 1897 como venganza por las ejecuciones de Montjuic.

    El nacionalismo: los primeros movimientos nacionalistas surgieron a finales del S. XIX en Cataluña y en el País Vasco, debido a que ambos habían tenido un desarrollo industrial muy superior que el resto del país.

    • El nacionalismo vasco surgió a partir de las guerras carlistas, cuando se eliminaron los privilegios del régimen foral. En este periodo hubo un gran desarrollo en la industria y la banca y los valores vascos fueron defendidos por Sabino Arana creador del PNV.

    • El catalanismo del periodo de la Restauración fue heredero del federalismo republicano de Pi y Margall. La crisis de los noventa facilitó la difusión de las ideas catalanistas, y en este periodo los propietarios rurales y la burguesía se aliaron con los defensores del catalanismo en una coalición catalana que triunfó en las elecciones de 1901 y creó la Lliga Regionalista.

    • En los últimos años de la Regencia de María Cristina (1885-1902) se rompe la estabilidad creada por los líderes de los dos partidos dinásticos. En 1897 Cánovas muere asesinado por el anarquista Angidillo, y su lugar es ocupado por Silvela y más tarde por Maura, quienes desean regenerar la vida política y refrenar el sistema de la Restauración. El partido liberal y Sagasta tuvieron que sufrir a crisis del 98 y asumir el desprestigio político producido por la derrota.

    • Uno de los acontecimientos más importantes de la Restauración fue la crisis del 98, ya que la derrota de España en la guerra con EE.UU. Y la pérdida de as últimas colonias puso de manifiesto ante el pueblo el problema de España: su atraso y aislamiento con respecto a los países más desarrollados.

    • Sobre las causas de este atraso hay diferentes interpretaciones: Los partidos antidinásticos y los nacionalistas señalan la necesidad de reformar el sistema. La burguesía critica la falta de modernización de la economía. Los intelectuales diferencian la “España Real” de la “España oficial” y muestran su deseo de regenerar el país.

    • Las consecuencias van más allá de la pérdida de las colonias. La economía española y sobre todo la catalana, perdieron un gran mercado, y una fuente de materias primar. A partir de ahora, crecerán los nacionalismos catalán y vasco. El sacrificio de los jóvenes llamados a quintas provocará las deserciones.

    Los intelectuales criticaron el sistema de la Restauración.

    En conclusión el desastre de 1898 planteó la necesidad de realizar cambios:

  • Conocer y mejorar las condiciones de vida del pueblo.

  • Modernizar la sociedad y la economía.

  • Reformar el sistema político.

  • Recuperar el prestigio perdido en el 98.

  • TEMA 8: LA INDUSTRIALIZACIÓN ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX: PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS.

  • FRACASO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN.

  • TRANSPORTES Y COMUNICACIÓN.

  • FRACASO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN.

  • INICIO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN EN ESPAÑA.

    Desde mediados del S. XIX se daban ya los requisitos indispensables para que España emprendiera su carrera en busca de la industrialización, tardía ya con respecto al resto de Europa. A partir de ese momento, y hasta la década de los años setenta, entraron capitales, técnicas y proyectos empresariales procedentes del extranjero (Francia e Inglaterra) y se produjo la inversión de la nueva burguesía capitalista española.

    • Sectores industriales.

  • Industria textil.

  • Siderurgia.

  • Cataluña había aprovechado su experiencia anterior y posterior a la Guerra de la Independencia, y la pérdida del mercado americano, para modernizarse. En los años treinta había optado por sustituir la industria de la lana por la del algodón; y al introducir la máquina de vapor y la fábrica se aumentó la producción y se mejoró la calidad abaratándose los precios. El gobierno legisló medidas proteccionistas (prohibió la entrada de manufacturas extranjeras de algodón).

  • Los altos hornos sustituyeron a las viejas ferrerías y forjas. Los principales altos hornos los encontramos en la costa sur con Málaga y Marbella como principales centros. Se dan también en Mieres y La Felguera (Asturias) cuando el precio de la fundición del carbón vegetal no pudo competir con la del carbón mineral. Vizcaya tomó gran importancia a partir de 1880 debido a un gran adelanto técnico en la producción de acero.

  • La expansión del ferrocarril fue el indicador más fiable del grado de industrialización alcanzado en el país desempeñando un papel fundamental en el desarrollo económico de los países.

    En España se retrasó debido a: problemas económicos, situaciones geográficas, atrasos técnicos, y sobre todo por que no teníamos ingresos y presentábamos una inestabilidad política.

    A partir de la Ley General de Ferrocarriles de 1855 (eliminó aranceles de importaciones de materiales ferroviarios y concedió privilegios de expropiación de tierras a las compañías privadas), se construyó una red ferroviaria más rápida. Pero empezó tarde quedando España en una posición más desventajosa en relación con el resto de las economías europeas.

    UNA ESPAÑA DUAL. LA INDUSTRIALIZACIÓN DE LA PERIFERIA.

    El sistema económico y social y la organización política propuesto por Cánovas se asentaron en un lanzamiento económico desde arriba en los nuevos sectores derivados de la industrialización y en bloques de poder compuestos por escogidos ya que la mayor parte del país seguía viviendo de la agricultura y ganadería.

    El régimen no hizo nada para romper la España campesina (interior) con la capitalista (periferia). Durante los años 60 y 70 aumentó el tendido ferroviario. El ferrocarril era el remedio ante el atraso en la agricultura ya que hacía posible la conexión entre regiones y daba lugar al comienzo de un mercado interno nacional.

    Con la llegada del capital extranjero, el crecimiento aumentó, pero las bajísimas rentas de la mayor parte de la población no permitía ni el consumo ni el ahorro, lo que dificultó el mismo desarrollo industrial. A esta situación se suma una política económica que olvidó atender las necesidades de la mayor parte de la población.

    La escasa burguesía del régimen se enriqueció y se unió con “los que siempre habían mandado”, para formar el cerrado triángulo oligárquico entre los siderúrgicos vascos, textiles catalanes y cerealistas (terratenientes) que iba a regir en adelante la vida económica y política del país - el llamado eje “Bilbao, Barcelona, Valladolid”.

    La llamada heterogeneidad de la España agraria viene dada por la diversidad climática y de suelos, distribución desigual de la propiedad, la aceptación o no de innovaciones técnicas y sistemas de cultivo. La agricultura más moderna, que progresaba alimentaba con sus cereales, aceites y vinos el mercado interior y exterior, utilizando cuando lo necesitaba la mano de obra abundante y barata que ofrecía la agricultura tradicional de subsistencia, la verdadera “España campesina”.

    A finales del siglo, este sector agrario, ofrecía una corta oligarquía agraria, compuesta por terratenientes, predominante en Castilla occidental, La Mancha, Extremadura y Salamanca; unas clases medias bajas, formadas por propietarios medianos, arrendatarios, etc. Y por último un proletariado jornalero sometido a salarios de temporada y pequeños propietarios. El llamado proletario jornalero sufría carencias higiénicas, sanitarias, miseria, etc.

    Los problemas que nunca se resolvieron fueron: la mala distribución de la propiedad y su ilusión por una justicia simple o el hambre que condujo a veces a reacciones violentas (terratenientes aterrorizados y autoridades). Pero tras las intervenciones de la Guardia Civil se restablecía la calma quedando el desengaño en estas gentes o la alternativa de la huida.

    Esta realidad se acentuó con la crisis agrícola y pecuaria de fin de siglo, produciendo una disminución de las rentas de la tierra, jornales y el paro que explican las emigraciones y la concentración urbana. En contaste a esto se da el desarrollo minero y el avance industrial que aumentó entre 1875 y 1900 con los apoyos del Estado.

    La ley de bases de diciembre de 1868 fue el origen de la expansión minera al conceder las minas a perpetuidad a cambio de una tributación pública. Básicamente fueron capitanes ingleses y franceses los que aprovecharon las facilidades que ofrecía esta ley, cuya aplicación coincidió con la aprobación de los aranceles librecambistas de1869 para explotar minerales en bruto y exportarlos a los países industrializados con costes bajos y beneficios muy altos.

    Los minerales de mayor demanda fueron: el hierro (+), plomo, cobre y zinc que se exportaron a principios del S. XX. Debido a esto la Compañía Franco-Belga (Vizcaya) explotó y exportó gran parte del hierro vasco (Inglaterra, Alemania, Francia) y explotó el yacimiento de cobre más grande del mundo, el de Huelva.

    El carbón (de mala calidad) quedó en manos españolas y tuvo que competir con el carbón inglés (mejor y más barato). El mineral español no pudo competir ni en precios ni en calidad debido a la negativa de la Marina española a sustituir por hullas asturianas el carbón inglés y la baratura que se daba en los viajes en los que los barcos regresaban cargados de carbón de Inglaterra. De ahí que los carboneros asturianos encontraran la única salida en la protección arancelaria del Estado.

    La gran hegemonía de Vizcaya, País Vasco, Santander y Asturias (zonas de gran actividad industrial siderúrgicas) se explicaba debido a la riqueza de sus yacimientos mineros lo que les permitió un gran capital. A esto se le unió la inyección monetaria que fue la basa del capitalismo vasco.

    Debido a la situación en cuanto a la demanda extranjera que se vivía en los años ochenta, debido a las crisis económicas, los capitales autóctonos accedieron a la explotación de las minas (Vizcaya).

    La ley librecambista de Figuerola, favoreció la explotación de la cuenca de forma creciente y regular, de modo que, con el fin de la guerra carlista (1876) y la supresión de las leyes forales por exportación. Se fundaron compañías extranjeras y vascas y el mineral vizcaíno comenzó a ser el más demandado por la siderurgia de Europa occidental.

    Por ejemplo, a partir de 1833, siguió aumentando la producción de lingotes de hierro y acero, proveyéndose básicamente de mineral de hierro vizcaíno.

    La reinversión del capital obtenido por la venta mineral en la construcción de altos hornos supuso un salto importante para el despegue de la siderurgia vizcaína.

    En 1902, las dos sociedades (Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao con la colaboración de Ibarra y Compañía) se fusionaron y se añadió la Sociedad Anónima Iberia, para dar origen a Altos Hornos de Vizcaya, que iba a ser la empresa emblemática de la siderurgia vasca.

    La industria algodonera logró sus mayores progresos y entró en crisis de superproducción y además al absorber Cataluña la mayor parte de la producción textil contribuyó a que el desequilibrio económico se acrecentara. Sin embargo el beneficio obtenido de su monopolio textil no se tradujo en la creación de una capital financiero nacional (banca), de modo que estuvo más preparada para afrontar la segunda revolución industrial. Así pudo abordar el plan de fuentes de energía eléctrica y aprovechamientos hidráulicos en la cuenca pirenaica junto con los factores de progreso que hicieron que Barcelona y proximidades progresaran. Barcelona aumentó su crecimiento y se convirtió a finales del siglo en un modelo urbano “europeo industrial”.

    Desde el punto de vista industrial, la época de la Restauración, significa la consagración del País Vasco y Cataluña como núcleos fundamentales de la industrialización española sin olvidarse de la industrialización parcial de algunas zonas de la cornisa cantábrica o de las industrias conserveras de otras regiones del Levante. En definitiva, en la franja mediterránea, se acabaron agrupando todas las industrias textiles prácticamente, fijando una verdadera frontera productiva entre el litoral y el resto del país.

    TEMA 9: EL MOVIMIENTO OBRERO EN EL SIGLO XIX. ORÍGENES, TENDENCIAS Y EVOLUCIÓN.

  • LA I INTERNACIONAL.

  • EL SOCIALISMO.

  • EL ANARQUISMO.

  • LOS TRABAJADORES FABRILES Y EL NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO OBRERO

    Según el censo de 1860 existían en España 154.200 “jornaleros en las fábricas”. De ellos, el 64 eran hombres y el resto mujeres y niños, y aproximadamente 100.000 se concentraban en la industria textil catalana. Si tenemos en cuenta que la población activa totalizaba unos siete millones de personas, la proporción que representaban los obreros industriales era ínfima, sólo significativa en Barcelona, Madrid y el núcleo siderúrgico malagueño.

    El proceso de concentración fabril se aceleró a partir de 1830. El desarrollo de la industria del algodón y la primera siderurgia hicieron afluir a las ciudades a miles de trabajadores agrícolas en paro o que habían sido expulsados por la guerra o la expropiación de sus tierras. El resultado fue una emigración masiva a las ciudades a partir de los años 40, que hizo crecer los barrios periféricos, en donde se amontonaban los campesinos en paro con sus familias, a la búsqueda de un empleo en la industria.

    La situación de estos barrios era terrible: consistentes en barracas y chabolas construidas precipitadamente, sin saneamiento de ningún tipo, sin servicios de alumbrado ni limpieza, sin empedrar, carentes de todo tipo de asistencia pública o privada, eran foco seguro de enfermedades infecciosas de todo tipo entre las que la tuberculosis y el cólera destacaron por sus efectos catastróficos.

    Quienes podían encontrar empleo en la industria no tenían mucha más suerte. Jornadas de 12 a 14 horas, atendiendo el trabajo monótono de la máquina hiladora o tejedora, con ruidos estridentes y continuos. El polvo del algodón o las partículas de metal o ceniza hacían el aire irrespirable, sin ninguna seguridad, con accidentes frecuentes, y sin otro descanso que los domingos... La vida media de los obreros catalanes era de 19 años, frente a los 40 de la clase alta barcelonesa.

    Trabajaban por igual hombres, mujeres y niños de hasta 6 y 7 años de edad. Los salarios eran muy bajos y apenas permitían una alimentación consistente básicamente en pan, habichuelas y patatas. A las enfermedades infecciosas había que añadir las sociales: el alcoholismo y las enfermedades venéreas, en parte inevitable en un medio social embrutecido en el que se hacinaban familias enteras en habitaciones compartidas. El analfabetismo era general: afectaba al 69% de los hombres y al 92% de las mujeres.

    Cuando se producía una crisis, las ventas caían en picado y entonces los despidos se multiplicaban. El paro llevaba inexorablemente al hambre y a la enfermedad. A menudo la delincuencia era la única opción, por lo que se convirtió en otro de los males endémicos de los barrios obreros. Para la clase alta tanto daba hablar de obreros como de “vagos y maleantes”; numerosos testimonios de la época denuncian como un peligro social las oleadas de inmigrantes que llegaban a las ciudades. Y, efectivamente, los médicos y escritores que se preocuparon de estudiar y denunciar las condiciones de vida de estos barrios coincidían en asociar el elevado índice de delincuencia a la miseria creciente, causada por las condiciones insalubres, los bajos salarios, el analfabetismo, el trabajo de niños, el paro y la continua inmigración, que amenazaba con agravar aún más el problema.

    Principio los trabajadores no comprendían demasiado bien qué estaba pasando. O bien procedían de una sociedad campesina, en la que la jornada la marcaban el clima y las faenas agrícolas, y en la que las condiciones de vida eran más saludables, por dura que fuera la faena, o bien venían de antiguos talleres artesanos, en los que el trabajo estaba regulado y protegidas sus condiciones de vida y vivienda. La eliminación de los gremios en los años 30 había acabado con todo el sistema de asistencia y socorro mutuo que antiguamente garantizaba al trabajador frente a la adversidad. Además, el viejo artesano realizaba un trabajo completo y controlaba todo el proceso de producción, desde la materia prima al producto acabado. Ahora se encontraba convertido en una pequeña pieza de la gigantesca maquinaria fabril, sometido a una rutina que le era incomprensible y frustrante y viendo su salario degradarse cada vez más, en parte a causa de la competencia de mujeres y niños.

    Desde 1832 se incorpora a las fábricas el vapor, iniciándose la mecanización. Como las máquinas permitieron eliminar una parte de los puestos de trabajo, se produjeron algunos movimientos de destrucción de maquinaria (luddismo), el más conocido de los cuales fue el incendio de la fábrica Bonaplata en Barcelona (1835). Curiosamente, los asaltantes eran campesinos y pescadores que buscaban trabajo en la industria, y fueron los propios trabajadores de la fábrica quienes intentaron evitar el incendio. Pero, en general, el luddismo apenas tuvo repercusión en España.

    En las décadas de los treinta y cuarenta fueron apareciendo los primeros atisbos de organización, básicamente por dos vías: la formación de sociedades de ayuda mutua y la difusión de las ideas de los socialistas utópicos. En 1839 el gobierno permitió la creación de sociedades obreras con fines benéficos o de ayuda mutua. Al amparo de ese permiso, en 1849 Juan Munts fundó la Sociedad de Protección Mutua de Tejedores de Algodón, que dos años después tenía 50.000 afiliados. Pronto proliferaron por todo el país sociedades semejantes. Al principio sólo pretendieron defender los salarios, sin llevar más lejos sus peticiones. Pero en 1844 los moderados las prohibieron, y la mayoría de ellas pasó a la clandestinidad.

    En cuanto al socialismo utópico fueron las teorías de Fourier y de Cabet las que penetraron en España: en Cádiz, donde Joaquín Abreu intentó montar un falansterio, que fue un fracaso, y en Barcelona donde Abdón Terradas y Narcís Monturiol organizaron grupos cabetistas, que pronto se relacionaron con los republicanos. También fueron llegando las teorías de Saint-Simon, Blanquí y Proudhom, de la mano de escritores como Ramón de la Sagra o Pi y Margall.

    El socialismo utópico se fijo más en las consecuencias negativas del capitalismo que en las causas que las habían provocado. Planteó soluciones teóricas a este problema que cuando intentaron ser llevadas a la práctica fracasaron. Pretendía conseguir la igualdad social mediante el reparto de los beneficios del trabajo a través del colectivismo. Planteó soluciones filantrópicas o caritativas en las que el cooperativismo era la idea principal.

    Hasta 1854, sin embargo, la mayoría de los obreros no comprendían contra quién se enfrentaban sus intereses. Hicieron causa común con sus patronos y se opusieron a los gobiernos progresistas reclamándoles el mantenimiento del proteccionismo. Atribuían erróneamente las crisis industriales y los bajos salarios a la competencia inglesa. En aquellos años, las reivindicaciones eran muy concretas: salariales, de seguridad en el trabajo, de horarios. Nadie planteaba la necesidad de un sindicato o de un partido político. Fue a raíz de los disturbios de 1848 cuando comenzaron a relacionarse las reivindicaciones obreras con las ideas democráticas y republicanas.

    Sólo unos pocos eran conscientes de la auténtica raíz de los problemas. Fueron los líderes que en los años 40 se dedicaron a publicar la primera prensa obre