Historia de Chile siglo XIX y XX

Minería chilena. Agricultura. República. Civilización. Conservadurismo. Guerra del Pacífico. Crisis económica. Manufactura. Política monetaria

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  • País: Chile Chile
  • 16 páginas

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Segunda parte: El Auge de una República

Gobiernos:

1841-1851 Manuel Bulnes

1851-1861 Manuel Montt

1861-1871 José Joaquín Pérez

1871-1876 Federico Errázuriz

1876-1881 Aníbal Pinto

1881-1886 Domingo Santa María

4. Tiempo de Progreso. 1831-1886

Durante este período, el país gozó de una notable expansión económica. Los barcos de vapor aparecieron, las líneas ferroviarias fueron avanzando a través del desierto, los cables del telégrafo unieron los pueblos, etc.

Política y prácticas gubernamentales

Los ministros de economía vieron el comercio como el motor de avance económico, donde buscaron con fe el equilibrio presupuestario.

Después de la independencia, el impulso liberador en la política económica se hizo muy evidente, a pesar de lo cual el estado siguió mostrando un interés por estimular y proteger la actividad económica interna: el legado “neomercantilista” era fuerte.

La Cámara de Diputados alegó que los impuestos a las exportaciones de minerales eran poco podernos y antieconómicos. El Ministro del Interior, Antonio Varas dijo “Ojalá pudieran liberarse de todo gravamen los productos de la industria nacional”. Por eso, en 1851, más de 100 artículos quedaron libres de impuestos, la mayor parte materias primas y maquinaria útil en la minería o en la industria manufacturera.

Trece años después, el Ministro de Hacienda, Alejandro Reyes, estableció un impuesto básico del 25% y eliminó todas las extensiones de impuestos exceptuando 29 artículos. La nueva ley terminó con el monopolio interno en el comercio costero.

El crecimiento del comerció demostró ser muy satisfactorio. Los barcos que llegaban a los puertos chilenos aumentó en 1870 más de diez veces la cantidad en 1840. El volumen del comercio exterior se multiplicó por 5 con respecto a mediados de 1840 en 1870.

Al finales de 1850, se produjo una seria recesión, provocada por dos malas cosechas, la pérdida de los mercados de ultramar para el trigo y la harina y la decreciente producción de plata, sumado a la recesión internacional de 1857. El crecimiento recobró su curso en 1860.

Como resultado, el gobierno confiaba en que podía contar con los impuestos como fuente de ingreso. Estos aumentaron desde unos 3 millones de pesos en 1840 a más de 16 millones en 1875.

Por otro lado, entre 1861 y 1879 se contrajeron 10 importantes préstamos internacionales por más de 21 millones de pesos. Una de las razones para este préstamo era que las obligaciones del estado estaban aumentando progresivamente. La administración pública se había duplicado. Se incluyeron nuevos requerimientos como la educación, la construcción de ferrocarriles y los buques de guerra.

El crecimiento comercial ya no era suficiente para sustentar la nueva magnitud de las operaciones del gobierno.

Minería y Agricultura

La economía de exportación habría sido distinta de no haber sido por las minas del Norte Chico, que aumentaron la producción anual de plata y cobre, este último llegó a cubrir entre 30% y 50% de la demanda mundial de ese

metal.

Los cateadores (buscadores de minas) se multiplicaron entre los cerros despoblados entre Copiapó y la frontera boliviana, pero todos fueron chantas, ninguno pudo igualar al descubrimiento de Chañarcillo. La mayoría de los cateadores provenía de un medio modesto.

Características de la minería de la época: Empresas individuales o familiares, tecnología simple, actividad marginal de corto plazo ejemplificada por el antiguo sistema del pirquén.

Las minas dependían más del trabajo de los barreteros y apires que de las máquinas de vapor.

Cambios técnicos a la minería: Los cambios se produjeron en el tratamiento más que en la extracción. En el caso de la plata, el proceso del “patio” fue desplazado por el “método de cobre”, una variante del método europeo. Ese sistema requería grandes cantidades de mercurio por lo que se reemplazó por el proceso de “amalgamado Krôhne”. En el cobre, la innovación se vió en la introducción de los hornos de reverbero.

Se instalaron varias fundiciones: en Guayacán y Tongoy al norte y en Lirquén y Lota al sur. A partir de entonces se envió aún más cobre al extranjero. Estas grandes fundiciones requerían mucho combustible. Las fundiciones ubicadas en la zona minera rápidamente agotaron los escasos recursos madereros del norte, esto produjo un importante desequilibrio ecológico y el desierto aceleró su avance había el sur. La alternativa para la madera fue el carbón, cuyos depósitos se encontraban cerca de Concepción y comenzaron a explotarse desde 1840. En 1852, Matías Cousiño inició una operación minera en Lota, al igual que otros empresarios en el Norte Chico cómo los Goyenechea, Los Matta y los Montt. La mayoría de los empresarios eran modestos y dependían de un grupo de intermediarios conocidos como “habilitadores”, que les daban crédito y equipos a cambio de mineral o una participación en las ganancias de la mina. El habilitador más destacado fue Agustín Edwards.

A pesar de la importancia que la minería tenía en la economía de exportación, relativamente poco chilenos trabajaban en ella. Alrededor del 80% de la población vivía en el campo, dominado por la hacienda. Ser dueño de una hacienda era sinónimo de pertenecer a la elite nacional.

El principal problema que presentaban los hacendados chilenos era la falta de mercados. A partir de 1850 las perspectivas de las haciendas mejoraron a raíz del descubrimiento de oro en California. Al ser Chile el único país en la costa del Pacífico con una importante producción de trigo, Chile podía satisfacer las necesidades de alimentos de la población de la fiebre del oro. Para satisfacer la demanda de harina, aparecieron varios molinos de tecnología moderna cerca de Tomé (Talcahuano) y a lo largo del río Maule.

La fiebre del oro también atrajo la atención de todo tipo de chilenos que se dirigieron a USA en busca de suerte. Algunos se hicieron ricos y nunca volvieron, pero a la mayoría les fue mal debido a una discriminación e incluso un violento ataque por parte de los norteamericanos.

El rápido auge de las exportaciones a California fue efímero. Pero se reanudó con la segunda fiebre en Australia en 1851. Ahí se repitió lo mismo que antes.

Entre 1865 y 1875 las haciendas chilenas lograron colocar en el mercado inglés grandes cantidades de trigo y cebada. Este crecimiento se dio gracias a los altos precios mundiales y a la mejoras en los embarques marítimos, como también por el hecho de que el producto llegaba a Inglaterra desde el hemisferio sur antes que las cosechas del norte.

La clave para estos éxitos fue la ubicación del país en el Pacífico sur y la capacidad disponible en el campo. La agricultura pudo responder a los requisitos de los mercados en expansión sin alterar el funcionamiento agrario. Para reforzar la agricultura se importaron nuevos cultivos como el arroz y las cepas francesas pinot y cabernet y la ganadería con nuevas especies del extranjero como las abejas italianas.

Durante este período de auge de la exportación, se triplicó el área a cultivar, se aumentaron la cantidad de haciendas y el inquilinato se expandió con el establecimiento de nuevas familias.

El mundo rural patriarcal se vió más fortalecido que debilitado por esta economía.

Signos del progreso

El símbolo de progreso más claro de la época fue la revolución del transporte que acompañó el la expansión del comercio de ultramar.

Gracias a la apertura de las empresas de navegación, el viaje a Europa se redujo de 3 meses en barco a vela a sólo 40 días en barco a vapor.

El vapor también revolucionó el transporte por tierra. Se tendió la primera línea férrea en 1851 para unir Copiapó con el puerto de Caldera. Después se extendió hacia el interior de la zona minera. También se extendió una línea de Santiago a Valparaíso, y entre Talcahuano y Chillán. A mediados de la década de 1870, Chile contaba con una red de ferrocarriles de cerca de 1,600 kilómetros, más de la mitad propiedad del estado.

El Estado también jugó un papel importante en el desarrollo de la telegrafía. En 1852 se instaló un telégrafo entre Santiago y Valparaíso. Si bien pertenecía a una empresa privada, el gobierno creó una red nacional como parte de un servicio postal, donde los sellos de correo fueron introducidos en 1856. Alrededor de 1876, existían 48 oficinas de telégrafos del Estado, con una red de 2,500 kilómetros. Santiago y Buenos Aires estaban unidos por un cable tendido a través de los Andes y en 1874, cuando se tendió el cable submarino al Brasil, Chile quedó comunicado en forma directa con el viejo mundo.

Respecto a la industria manufacturera local, esta siguió siendo predominantemente artesanal, en comparación con las grandes industrias, las cuales todas utilizaban vapor, pagaban salarios en dinero y empleaban más de 10 trabajadores. Algunas de estas grandes industrias fueron las fundiciones de Guayacán y Lota, la refinería de azúcar de Viña del Mar, modernas lecherías, fábricas de textiles, una plata papelera y talleres tipográficos mecanizados. Vale la pena mencionar la Fundición Nacional, que fabricó productos como máquinas de vapor, bombas de vapor, calderas, hélices, etc.

El ritmo de expansión se vio reflejado en las prácticas monetarias y comerciales. Las monedas de oro, plata y cobre eran hasta entonces la única oferta de pago legal, no fueron suficientes para satisfacer las demandas de un comercio creciente. Los empleadotes usaban a veces fichas como monedas no oficiales.

La principal forma de crédito antes de la década de 1850 eran los prestamistas privados o las casas comerciales en Valparaíso. A mediados de la década del 50 se crearon los primeros bancos permanentes, como el Banco de Ossa y el Banco de Valparaíso.

La organización comercial también cambió. Aparecieron las primeras sociedades anónimas, las cuales fueron las compañías de ferrocarriles.

En la década de 1870, la minería incluía un nuevo negocio: los yacimientos de salitre, de gran demanda en Europa como fertilizante, la cual era explotada en la provincia peruana de Tarapacá. El 25% de la producción salitrera era controlada por chilenos. Después se abrieron nuevos yacimientos en el desierto de Atacama por los chilenos José Santos Ossa y Francisco Puelma.

Otro importante exponente era el puerto de Valparaíso. Allí se instalaban varias casas de importación y exportación. En este negocio, los extranjeros eran prominentes, con los ingleses a la cabeza. De hecho, las relaciones británicas fueron fundamentales en Chile: entre un 30% y un 60% de las exportaciones iban a Gran Bretaña y lo mismo con las importaciones hacia Chile. El sistema de comercio con esta nación influyó con la economía de exportación nacional, por el puro hecho de comerciar con esta nación.

Cambios en la sociedad

Los principales beneficiarios del progreso fue la clase alta y quienes estaban vinculados a la expansión del comercio.

La clase alta estaba compuesta por los más ricos, ya sea por herencia, por haber hallado en el comercio una fortuna o por haberla adquirido en la explotación de las minas.

Las familias más antiguas continuaban enorgulleciéndose de su linaje colonial, sin embargo, los nuevos magnates de la minería o de la banca no tenían problemas para entrar en la alta sociedad.

La mayoría de clase alta compartían valores comunes: un sentido de superioridad social, una visión despectiva de las clases más bajas y un fuerte apego a la tenencia de la tierra.

Los ingresos a la clase alta demandaban un alto consumo. Había una demanda de artículos lujosos importados, una gran cantidad de viajes al extranjero de donde traían nuevas modas e ideas.

La diferencia de clases era inevitable. Sin embargo, se comenzó a desarrollar una clase intermedia entre la alta y el pueblo, el cual era bastante misceláneo, resultado de esta expansión económica. Correspondía a los propietarios de pequeños negocios y campos, funcionarios gubernamentales, ingenieros extranjeros y oficiales militares de menor rango. La clase alta los definía como “snobs” o “medio pelo”: No fraterniza con el pueblo, al que define como “rotos” pero tampoco es aceptado por la alta sociedad.

En la ciudad, los artesanos, los maestros y los comerciantes formaron otro grupo social denominado la clase obrera, los cuales no se sentían parte de los pobres trabajadores. Debido a la importación que comenzó a tener el país, estos se vieron muy perjudicados, por lo que comenzaron a formarse varias mutualidades, para dar mayor seguridad a artesanos y a los maestros.

En el campo, existía una clara distinción entre los inquilinos de las haciendas, el campesinado y los peones “flotantes”. A medida que se fue sucediendo el auge de la economía, el inquilinato mismo se vio más presionado por el aumento en el trabajo de mano de obra. Esto no alteró la forma de vida primitiva de los inquilinos.

Los peones rurales eran otra cuestión: eran los más afectados por las malas cosechas y las hambrunas. Algunos seguían siendo vagabundos y sobrevivían del robo de ganado y otras cosas. La falta de trabajo estable significaba que se veían obligados a deambular en busca de subsistencia. Algunos se mudaron a la ciudad donde aumentaron la cantidad de “rotos” y otros tuvieron suerte con la expansión minera. Allá, la tasa salarial era mejor que en la del campo. Sin embargo, la disciplina era más dura, por lo que constantemente se producían espasmos de violencia. A raíz del mal trato que recibían los mineros se produjo en Chañarcillo en 1865, la primera huelga verdadera de la zona minera, la cual ganaron.

Con la construcción de caminos se abrieron puertas de trabajo para los peones a mediados de la década de 1850. Henry Meiggs, empresario encargado de una serie de tramos en nuestro país, quedó tan fascinado con el trabajo de los peones chilenos que los contrató para realizar obras en Perú.

Extranjeros

Para mejorar la condición de los pobres y moralizar al pueblo se trajeron inmigrantes europeos. En general, fueron cálidamente recibidos. Los británicos se establecieron en Valparaíso, donde tenían su barrio preferido, el Cerro Alegre o Cerro del Pene erecto. Los norteamericanos instalaron nuevos molinos harineros y trabajaron en la construcción de los ferrocarriles. El gobierno contrató algunos extranjeros para realizar tareas científicas: el francés Claudio Gay compiló la historia de Chile en 30 volúmenes y Amado Pissis, quien dibujó los mapas de la República.

En la década de 1850, se produjo una pequeña inmigración alemana en las boscosas tierras escasamente pobladas cercanas a Valdivia, al sur del territorio araucano. Los 3,000 alemanes limpiaron los bosques, abrieron caminos y establecieron una micro-sociedad.

La ciudades y la cultura

El término “civilización” era utilizado solamente para referirse a las ciudades, en verdad solamente a Santiago y Valparaíso, ya que las demás ciudades tuvieron un crecimientos mucho más lento y no tenían vida cívica o atracciones arquitectónicas.

Valparaíso era el primer o único lugar que visitaban los extranjeros. Sin embargo, dejaba mucho que desear. Si llovía fuerte, los cerros se iban abajo por el lodo, o el viento hacía cagar los barcos del puerto. Pero a pesar de eso la ciudad progresaba. Un teatro decente, periódicos todos los días, alumbrado a gas, un verdadero cuerpo de bomberos, tuvo Valparaíso primero que Santiago. Debido a la influencia extranjera las calles comenzaron a tener un estilo británico.

Antes de 1850, la capital todavía tenía un aspecto esencialmente colonial. El cambio más notorio lo produjo la fiebre de la construcción que comenzó cuando las familias ricas se construyeron nuevas mansiones al estilo europeo, junto a nuevos edificios públicos como el Teatro Municipal o el nuevo Congreso.

Benjamín Vicuña Mackenna hizo varios trabajos por mejorar Santiago: nuevas avenidas, pavimentación de las calles, un parque público (Parque Cousiño) y la transformación del Cerro Santa Lucía.

Estos cambios por remodelar la ciudad crearon un duro contraste entre el elegante sector centras y las áreas más pobres en la periferia.

Este crecimiento produjo un deterioro de la salud pública. Las tasas de mortalidad eran muy altas, sobretodo la mortalidad infantil. Las acequias de la ciudad eran alcantarillas abiertas. La tuberculosis y la sífilis eran muy comunes. En la década de 1870 comenzó a difundirse el concepto de higiene pública, pero el cuidado hospitalario de los pobres seguía siendo una mierda.

La seguridad ciudadana era muy mal pagada, por lo que era de pésima calidad. Los ladrones eran muy comunes, los asesinatos no. A mediados de la década de 1840, se construyó una nueva penitenciaría para reemplazar las antiguas cajas con ruedas. Esta nueva prisión resultó inadecuada, por lo que se aumentaron los prisioneros en la colonia penal de Magallanes.

Un rasgo importante fue el crecimiento de la prensa. El Mercurio de Valparaíso (fundado en 1827) era el decano de la prensa chilena, con su edición especial para Santiago y sus suplementos “Del Vapor” para la costa hasta Panamá. Santiago tuvo que esperar hasta 1842 para tener su primer diario que duró hasta mediados de 1850. De ahí nacieron algunos periódicos como El Ferrocarril, el Independiente y La República.

Durante el mandato de Manuel Montt, se aumentaron la cantidad de escuelas para bajar el nivel de alfabetismo. La Ley Montt (1869) garantizaba la educación primaria gratuita (pero no obligatoria). La educación secundaria fue expandida por la fundación de liceos estatales y a la proliferación de colegios privados. La Universidad de San Felipe, de la colonia, fue reemplazada por la nueva Universidad De Chile en 1843, de donde se sacó como modelo el Instituto de Francia.

Un decreto de 1877 admitió a la mujeres cursar la educación profesional, y por ende, entrar a la universidad.

En relación a logros culturales, cabe destacar la construcción de la Escuela de Bellas Artes (1849) y el Conservatorio (1850).

Respecto a letras, el “movimiento de 1842” señala el comienzo de la literatura chilena. Destacan de ahí los artículos de José Joaquín Vallejos y los poemas de Salvador Sanfuentes. La literatura más destacada corresponde al novelista Alberto Blest Gana con su novela Martín Rivas (1862). En relación a historiadores destacan Miguel Luis Amunategui, Benjamín Vicuña Mackenna y Diego Barros Arana.

5. El impulso liberal. 1841-1876

Gobierno de Manuel Bulnes y resurgimiento del liberalismo

A mediados de siglo, una sangrienta batalla se libro entre los defensores del estilo autoritario y los que tenían un enfoque más liberal. Los liberales tardaron cuarenta años, desde la muerte de Portales, en desplazar totalmente como partido a los conservadores en el gobierno.

Durante el mandato de Bulnes, Manuel Montt asumió como ministro del interior, el cual era la nueva esperanza de los conservadores.

En los meses previos a la reelección de Bulnes, algunos liberales (Entre ellos Pedro Félix Vicuña) movilizaron fuerzas contra el gobierno, incluído el artesanado. Los desordenes fueron suficientes para unir a la clase política junto a Bulnes en una Sociedad del Orden, creada para realizar propaganda a favor del gobierno. Vicuña y sus aliados respondieron formando la Sociedad Demócrata para sí mismos, y la Sociedad Caupolicán para los artesanos.

En marzo de 1846 el gobierno impuso un estado de sitio y arrestó a algunos liberales, incluído Vicuña. Luego vinieron las elecciones y Bulnes fue reelegido sin oposición.

El congreso aprobó una ley de prensa muy severa. Ahora los liberales veían a Montt como un gran adversario.

Bulnes designó a su primo Manuel Camilo Vial como sustituto de Montt. El hecho de acumular cargos comenzó a crear hostilidades dentro del partido Conservador. Cuando se supo que la lista de Vial para las elecciones parlamentarias de 1849 omitía a varios pelucones, la agitación se volvió activa.

Bulnes decidió pedirle a Vial la renuncia. El Congreso recién elegido contaba con varias personas que apoyaban a Vial, por lo que le agarraron mala a Bulnes. Dentro de la gente Vialista comenzó a crearse una nueva oposición liberal, denominada Partido Progresista. El hombre del momento para los progresistas era José Victorino Lastarria

La sociedad de la igualdad estaba decidida a ampliar la campaña contra el régimen conservador. La sociedad rápidamente cerró las filas con la oposición, asumiendo una posición realmente hostil contra Manuel Montt.

En abril de 1850, Bulnes designó a Antonio Varas como ministro del Interior. La designación fue interpretada correctamente por la oposición como un endurecimiento de la posición del gobierno.

A comienzos de noviembre los igualitarios locales de San Felipe tomaron la ciudad. El gobierno declaró estado de sitio, arrestó y exilió a varios liberales (entre ellos Lastarria) y disolvió la sociedad, que desapareció prácticamente sin ninguna protesta. Al parecer la oposición se estaba desintegrando.

El rescate de los liberales provino del sur. En 1851, los ciudadanos de Concepción proclamaron al general José María de la Cruz, su intendente, como candidato presidencial. Cruz era conservador y primo de Bulnes.

Las elecciones, realizadas poco después, arrojaron una predecible mayoría para Montt, excepto en el sur. Cuando Montt tomó el poder, La Serena también se alzó en rebelión. Al día lo siguiente, lo mismo había ocurrido en Concepción a favor del general Cruz. A la rebelión de La Serena, se les unieron los que venían escapando de Santiago, entre ellos José Miguel Carrera, quien asumió el mando como intendente rebelde de Coquimbo.

A comienzos de noviembre, Bulnes avanzó el río Ñuble para detener a la oposición. El primero encuentro, en Monte de Urra favoreció a Cruz. La batalla decisiva de esta campaña fue la de Loncomilla. Cruz se rindió debido a la preocupación que tuvo a raíz del aumento de la actividad guerrillera no oficial. El tratado de Purapel les permitió a los soldados rebeldes unirse al ejército nacional sin que sus rangos se vieran afectados.

Por otro lado, las tropas bajo el mando de coronel Juan Vidaurre Leal y de Victorino Garrido habían sitiado La Serena. La resistencia terminó a fin de año. Manuel Montt siguió al mando de la república, sin cuestionamientos.

Gobierno de Manuel Montt y la Defección Conservadora

La administración de Montt comenzó destacando su interés por el progreso material. El ferrocarril y el telégrafo fueron los principales instrumentos de modernización.

El auge comercial de su primer período hizo que la clase política olvidara sus recientes desacuerdos. Pero lo más importante a destacar que durante este período se produjo la repentina defección del partido conservador.

Desde 1830. el gobierno había considerado a la iglesia como un factor insignificante dentro de la política. Una poderosa fracción del partido Conservador siempre ha estado fuertemente vinculado a la iglesia. Por esto Montt designó como miembro de su gabinete al devoto Fernando Lazcano. El intento de este último por imponer un régimen exclusivamente clerical en el Instituto Nacional provocó un motín entre los estudiantes. Ahí ya se había producido la primera fisura en el partido.

En un juicio sobre el despido de un joven sacristán, dos canónigos de la catedral de Santiago apelaron a la Corte Suprema, esta ratificó la apelación. Rafael Valentín Valdivieso, obispo de la capital se opuso al fallo y fue amenazado con el destierro. Montt se mantuvo firme de parte de la Corte. El pueblo se puso ciegamente de parte del clero. Un grupo de liberales comenzaron a tramar un coup de main. Rápidamente se llegó a un acuerdo; el obispo y los canónigos se retractaron, pero el daño ya estaba hecho. Este episodio fue conocido como “La cuestión del sacristán”.

Por otra parte, al elegir a los funcionarios públicos, Montt y Varas estaban más interesados en el pedigree de la clase alta que en sus méritos, lo que molestó a las familias peluconas.

En 1857, el Senado insistió en aprobar una ley de amnistía, la cual fue neutralizada por Montt. Los pelucones disidentes se alinearon con los liberales, luego que las cuestión del sacristán fue la gota que rebalsó el vaso.

La alianza liberal-conservadora trató de demorar la aprobación del presupuesto, para obligar así a Montt a cambiar su gabinete. El presidente encontró que eso era una ilegitima manera de utilizar poder por lo que pensó en renunciar.

Ese mismo año, se anunció la creación de un nuevo Partido Nacional para apoyar al gobierno en las próximas elecciones. Por otro lado, los liberales y los conservadores que habían desertado no se habían aglutinado en torno a una alianza formal. Por eso, se reunieron todos en enero de 1858. Los conservadores iban liderados por Joaquín Tocornal y los liberales representados por Federico Errázuriz, Domingo Santa María y Ángel Custodio Gallo. La nueva alianza, bautizada como Fusión Liberal Conservadora. Fue despreciada por los seguidores de Montt como artificial e inestable.

La fusión afirmaba que representaba la “opinión”. Los nacionales conservaron una parte de la clase alta y atrajeron el apoyo de los nuevos magnates de la minería y el comercio. La fusión por su lado ganó a lo menos 15 puestos en la nueva Cámara.

Algunos asuntos delicados fueron sacados a la luz por un grupo de jóvenes liberales en torno a una gaceta liberal: la “Asamblea Constituyente. El 12 de diciembre llamaron a una la cual fue disuelta por soldados. EL gobierno declaró estado de sitio y cerró varios periódicos.

El ejército siguió siendo leal a Montt. El comité revolucionario de la Fusión tuvo que improvisar fuerzas propias. Estas no tuvieron mucho éxito. Trataron de tomarse ciudades del Norte como La Serena o Copiapó pero fracasaron por lo que muchos huyeron a Argentina. Luego de esta batalla, muchos prisioneros fueron mandados al exilio.

A comienzos de 1860, Jerónimo Urmeneta renunció al ministerio del Interior. Montt le pidió a Avenida Antonio Varas que asumiera el poder, pero los ministros no podían preparar su propia candidatura presidencial. Por eso Varas no aceptó el cargo. Luego de esto Montt se dio cuenta que no podía mantener la tradición autoritaria por más tiempo. En este marco, el Partido Nacional optó por llevar a la presidencia a José Joaquín Pérez. Este fue elegido sin oposición y con la abstención de la Fusión.

Gobierno de José Joaquín Pérez

Pérez introdujo una Ley de amnistía global. Los exiliados comenzaron a volver poco a poco al país. Designó a un gabinete cuyos miembros pertenecían en su mayoría a la fusión, como a Manuel Antonio Tocornal al ministerio del Interior.

A esta altura, los nacionales desplazados (llamados monttvaristas) ya no estaban solos en la oposición. El ala radical del liberalismo rechazó por completo la alianza liberal-conservadora. A estos liberales, llamados ahora radicales emitieron opiniones liberales-demócratas luego aumentadas por un anticlericalismo. Esto último se debía al estrecho vínculo que tenían con la masonería.

Tras el triunfo de la fusión, el curso de la política se vio interrumpido por una crisis internacional. En 1864, una escuadra naval española tomó las islas Chincha, en la costa peruana. Aunque chile se declaró neutral en el conflicto, a los buques de guerra españoles se les negó el derecho a cargar carbón en los puertos nacionales. El almirante español José Manuel Pareja exigió más explicaciones por parte de Chile. Ante este ultimátum Chile le declaró la guerra a España en 25 de septiembre de 1865.

Chile rápidamente encontró aliados (Perú, Bolivia, Ecuador). España ninguno. Su escuadra era más fuerte que la cagona de la chilena, pero no suficientemente fuerte para mantener un bloqueo eficiente. El 26 de noviembre, la corveta chilena Esmeralda captura al cañonero español Covadonga. La humillación fue tan grande para Pareja que se suicidó. En la batalla de Abato, una pequeña flotilla chileno-peruana derrotó 2 fragatas españolas. Se picaron y bombardearon Valparaíso que estaba desprotegido. Esto marcó el final de la mini guerra.

Perú y España firmaron un tratado de paz en París en 1879. España con Chile lo hicieron el Lima en 1883.

Gobierno de Federico Errázuriz y la “política nueva”

La cercanía de Errázuriz a los conservadores le ayudó a conseguir el cargo. No estuvo destinado a disfrutar de su apoyo por mucho tiempo, ya que las contradicciones internas de la Fusión se estaban haciendo patentes. Lo que dividió a la fusión fue la libertad de instrucción en los numerosos colegios del país, muchos de los cuales eran privados. Esto fue un reprobación para los liberales, los nacionales y los radicales, quienes querían que todos los exámenes siguieran bajo la supervisión de el Instituto Nacional y La Universidad De Chile. El decreto de la libertad de exámenes provocó la tensión inmediata entre los conservadores y los liberales. Los desordenes estudiantiles y el despido del rector del Instituto Nacional, Diego Barros Arana provocaron la renuncia del Ministro de Educación Abdón Cifuentes en 1873 junto con la retirada de los conservadores de la fusión, y por ende, su desintegración.

Por otro lado, ahora que los conservadores se encontraban en la oposición, pusieron gran interés en la reforma constitucional. El Congreso de 1873-1876 aprobó una serie de enmiendas, como la elección directa del Senado, el derecho de asociación, la modificación de los poderes de emergencia y la introducción de incompatibilidades limitadas. Para muchos, la reforma electoral era aún más importante. Se quería principalmente terminar con las elecciones arregladas entre otras cosas turbias. En 1874 se proclamó una nueva ley electoral que hizo que la única condición para votar fuera saber leer y escribir.

Mientras se discutía el tema electoral, Errázuriz organizaba una nueva coalición de gobierno. Tenía la confianza de los liberales pero necesitaba encontrar otro aliados. Es por esto que se reunión secretamente con el radical Manuel Antonio Matta. Se formó una nueva alianza liberal-radical con la designación de José Antonio Pico el Apellido como ministro de Relaciones Exteriores. El sería el primer radical en ingresar al gabinete.

La idea de que la Constitución de 1833 era parlamentaria más que presidencial iba ganando cada vez más terreno. La práctica parlamentaria reflejaba una tendencia creciente. La cantidad de asientos en competencia para las elecciones era cada vez mayor y debido a esto el poder ejecutivo tuvo que recurrir a formas más amplias de fraude, intimidación y violencia.

Esta vez la mayoría recayó en Aníbal Pinto, quien fue nombrado presidente el 18 de septiembre de 1876.

6. La crisis y la guerra. 1876-1883

La crisis económica

Durante los primeros meses del gobierno de Pinto, el precio mundial del cobre cayó en un 20% y las exportaciones en un 16%. Las tierras de cultivo sufrieron meses de sequía y luego torrenciales lluvias que barrió con los caminos, líneas ferroviarias y destruyó ganado y plantaciones.

Alrededor de 300,000 trabajadores quedaron en paro, el ritmo de los negocios disminuyó y el precio de los alimentos subió.

Los chilenos dejaron de comprar artículos importados, aumentó el déficit comercial y por consiguiente, hubo que exportar dinero en cantidades récord. Los desastrosos efectos combinados de una economía de exportación asolada, una recesión comercial y la fuga de capitales debilitaron las instituciones financieras: los bancos se quedaron sin fondos para cubrir los depósitos.

El congreso aprobó una medida que obligaba a los ciudadanos a aceptar los billetes emitidos por los bancos privados como pago por las deudas. Esta ley salvó a los bancos, pero no ayudó al gobierno. La baja en exportaciones y en las importaciones redujo los ingresos del estado. Pinto impuso un aumento del 10% a los impuestos de las importaciones. También redujo el presupuesto del país, disminuyendo la cantidad de funcionarios públicos, varando buques de la armada y desmantelando unidades del ejército y la Guardia Nacional.

Los desempleados inundaron las ciudades en busca de trabajo. Los asaltos se convertían en algo habitual. Una crisis social incipiente, incluso se hablaba de una posible rebelión.

La reacción inicial del congreso fueron medidas tales como azotar a los ladrones, fomentar las industrias manufactureras para generar empleos, reduciendo así las tensiones sociales. También aprobó un código arancelario revisado. Los productos y artículos importados suntuarios que competían con los productos nacionales pagarían un impuesto del 35% mientras que los instrumentos para el desarrollo de la economía sólo pagarían un 15%. Después se tomó una medida mas revolucionaria: La Herencia, un impuesto a los regalos y a las propiedades, los cuales cayeron sobre los más ricos.

Desde entonces, el Estado comenzó a intervenir más para proteger las industrias locales y gravar con impuestos a los más acaudalados.

La crisis internacional

La crisis internacional surgió por problemas con naciones vecinas como con Bolivia, donde hubo conflictos fronterizos. Esta recorría el desierto de Atacama, donde como no les era de interés para ninguno de los dos países nunca delimitaron bien sus límites. Pero una vez que descubrieron plata, guano y salitre comenzaron a peleárselo. La frontera quedó fijada en los 24º de latitud sur. Chile no exigió desierto, a cambio de eso, Bolivia prometió no subir los impuestos de la compañía de salitres y el ferrocarril de Antofagasta.

Por otro lado, en 1870, el gobierno argentino exigió que Chile reconociera su soberanía sobre el estrecho de Magallanes y la Patagonia, en donde los chilenos habían estado filtrándose. Presionaron al gobierno para que rechazara las demandas argentinas. Pinto le dijo a Diego Barros Arana que negociara el acuerdo, pero cuando el violó las instrucciones acordando ceder la Patagonia y el control parcial del estrecho, estallaron en Santiago una serie de desórdenes callejeros.

En diciembre de 1878, ambos países firmaron el tratado de Fierro-Sarratea. Este posponía la discusión sobre la soberanía para más adelante.

Volviendo al tema del salitre, los accionistas de la Compañía del Salitre sobornaron a algunos diarios para que exigieran al gobierno que cumpliera con las obligaciones del tratado. Los políticos de oposición le dijeron a Pinto que no sea maraco y que no se rindiera, por lo que en febrero de 1879, El presidente dio instrucciones al ejército de capturar tanto Antofagasta como el territorio cedido a Bolivia. Dos semanas después, Bolivia declaró la guerra.

Pinto conocía de la alianza Perú-Bolivia, y de hecho Perú se declaró mediador en este conflicto. Igual Chile necesitaba asegurar la neutralidad de Perú, por lo que le ofreció concesiones económicas para que no se metiera. Después de todo esto Perú dijo que iba a mantener el tratado de 1873 con Bolivia, por lo que Chile le declaró la guerra a ambos países.

Chile estaba mal, después de todo el recorte de presupuesto tenía un ejército muy chanta, la armada no tenía recursos para costear una guerra. Para que triunfara, necesitaba el control del mar, y dar la pelea ahí, para así evitar que ataquen la propia tierra. Las perspectivas no eran prometedoras.

La Guerra del Pacífico

La armada decidió a los acorazados peruanos el Huáscar y la Independencia, que estaban anclados en el puerto de El Callao, dejando en Iquique a dos barcos de madera, La Esmeralda y la Covadonga a cargo de bloquear el puerto.

La expedición fue un fracaso. Los buques peruanos ya habían zarpado cuando llegó la escuadra chilena, de hecho habían atacado el puerto de Iquique y hundieron la Esmeralda en el primer combate naval memorable de Chile, donde el capitán Arturo Prat murió en un intento desesperado por abordar el Huascar. Después la Independencia se picó y partió en la mitad al Covadonga.

Los peruanos aterrorizaron los puertos del norte, mientras otro buque, la Unión amenazaba las líneas de abastecimiento del Estrecho de Magallanes. En octubre, la flota chilena capturó al Huascar en Punta Angamos.

En noviembre de 1879, las tropas chilenas desembarcaron en Piragua (provincia peruana de Tarapacá), donde el contraataque de los aliados aplastó la expedición chilena. Esto hizo que retrocedieran hasta Arica.

Otra expedición se situó en el cerro San Francisco antes de que el enemigo atacara. El uso de artillería le dio el triunfo a los chilenos. Los soldados bolivianos huyeron al altiplano y los peruanos a Tarapacá. Los chilenos avanzaron hacia Tarapacá pero tuvieron que retroceder de inmediato. A pesar de la victoria, Perú abandonó Tarapacá y eso permitió a los chilenos ocupar Iquique y las tierras saliteras.

La tercera campaña nortina fue en febrero de 1880, donde Chile desembarcó sus soldados en Ilo para capturar Tacna. Sin contraataque peruano fue muy fácil y avanzaron tierra adentro. Se capturó Moquegua y se derrotó a los peruanos en la batalla de Los Ángeles. Llegaron a Campo de Alianza donde estaban concentradas las fuerzas peruanas, y a pesar de que los chilenos ganaron, hubo muchas bajas. El ejército siguió rumbo a Arica y capturó el Morro, en uno de los asaltos más rápidos y heroicos de la guerra.

La batalla de Tacna tuvo tantas bajas que la población chilena de emputeció. A su vez comenzaron las presiones para que se atacara Lima, pero ya no quedaban suministros para otra campaña. Se buscó ayuda de civiles y se encontraron suministros para atacar. Primero rompieron las posiciones peruanas de Chorrillos, después en Miraflores y luego de que el ejército peruano huyera, entraron a Lima.

La caída de Lima no puso fin a la guerra. Chile exigió la cesión de Tarapacá, Arica y Tacna y Perú propuso una revancha de guerra. La cosa es que los chilenos no podían salir sin un tratado de paz, pero tampoco podían aceptar la paz sin que se cumplieran sus demandas.

A comienzos de 1882, el gobierno mandó una nueva expedición al altiplano peruano. Debido a falta de provisiones esta fracasó, y las tropas de retiraron a la costa. Los peruanos los alcanzaron en la batalla de Concepción donde aniquilaron a todos los chilenos.

Ahí ya dijeron ¡no más!, por lo que el gobierno peruano aceptó entregar Tarapacá pero no Tacna. Chile le dijo que le cediera la ocupación de Tacna y Arica por 10 años. Al final, se firmó el tratado de paz de Ancón con Bolivia, donde se le otorgaba a Chile el derecho de ocupación temporal del litoral boliviano.

Tercera Parte: La era del salitre

Tras la victoria en la guerra del Pacífico se produjo en Chile, gracias a la guerra Civil de 1891, el triunfo de las ideas “parlamentarias” sobre el presidencialismo. Pero esta llamada República Parlamentaria no logro solucionar los nuevos dilemas sociales del período. El desarrollo impulsado por las exportaciones, mientras tanto, se vio frenado por el auge del salitre sintético tras la Primera Guerra Mundial y por la Depresión de 1929.

Gobiernos

  • Domingo Santa María

  • José Manuel Balmaceda

  • 1891 Junta

  • Almirante Jorge Montt

  • Federico Errázuriz

  • Germán Riesco

  • Pedro Montt

  • Ramón Barros Luco

  • Juan Luis Sanfuentes

  • Arturo Alessandri

  • Juntas Militares

  • Emiliano Figueroa Larraín

  • General Carlos Ibáñez

  • Juan Esteban Montero

  • Gobiernos breves (rep. Socialista)

  • 1932-1938 Arturo Alessandri

    7. El período Parlamentario. 1882-1920

    Gobierno de Domingo Santa María

    Además de negociar el fin de la guerra del Pacífico, el presidente Santa María también tuvo que lidiar con un poder legislativo cada vez más hostil. Los miembros del Congreso estaban entusiasmados con las ideas parlamentarias: disminución del poder ejecutivo, control parlamentario de los ministerios

    Agricultura, industria manufacturera, minería cuprífera.

    Los años posteriores a la guerra civil de 1891 y la década de 2º fueron años florecientes para la agricultura. El país desarrolló una economía de pastoreo, especialmente con el ganado ovino en el sur. También los agricultores crearon empresas que producían leche y subproductos para las ciudades en expansión. En otros aspectos en cambio el ímpetu de la agricultura se trabó, como en los cereales y en las cosechas de trigo.

    Los años malos se sucedían con bastante frecuencia y el país se vió obligado a importar alimentos.

    Si bien la agricultura sigue idéntica a sí mismo, la manufactura no ya que a ésta le iba bastante bien. Esta industria se expandió en parte para satisfacer la demanda de una creciente población urbana y de la zona del salitre.

    Pero esta expansión fue desigual; los industriales producían más de la mitad de los alimentos procesados del país, pero satisfacían menos de la mitad de la demanda de zapatos, bebidas, productos químicos y textiles.

    La primera Guerra Mundial tuvo un efecto fortalecedor en la industria manufacturera chilena, pues los fabricantes locales tenían poca competencia extranjera a la cual temerle.

    La minería del cobre corrió una suerte claramente irregular durante el período parlamentario. A mediados de la década de 1880, la mayoría de los yacimientos de cobre más ricos se habían agotado y los capitalistas chilenos prefirieron invertir su dinero en la nueva industria del salitre. De esta manera la producción del cobre bajó notablemente.

    La salvación para el cobre pareció gracias al norteamericano William Braden quien trajo a la industria del cobre la tecnología que había preoperado en Estados Unidos. Las nuevas minas de cobre dependían de la tecnología moderna más que de la mano de obra y las compañías norteamericanas tuvieron gran éxito.

    Salitre

    El comercio del salitre fue el verdadero motor de la economía chilena durante el período parlamentario. Fue un regalo caído del cielo para la economía chilena y tales regalos muy fácilmente resultan mal administrados.

    Se ha estimado que en 1924 las salitreras habían generado alrededor de 6.900 millones de pesos oro, alrededor de un tercio de los cuales llegaron a las arcas del gobierno. El crecimiento del comercio del salitre era espectacular.

    Todos querían excavar salitre. El trabajo en la pampa salitrera era arduo y peligroso, cargando sacos pesados y abriéndose camino entre explosiones y desechos. Mucha gente se fue desde distintos lugares hacia las salitreras ya que estaba bien remunerado en relación a otros trabajos.

    En 1914 sin embargo la industria del salitre parecía menos estable que antes. Los clientes europeos comenzaron a usar fertilizantes alternativos pero la mayor amenaza fue la que surgió en 1913 cuando en Alemania una planta procesadora comenzó a producir toneladas de salitre sintético.

    La política monetaria

    El salitre, la política monetaria y la inflación se vieron conectados cada vez más íntimamente en las décadas siguientes. El salitre y la inflación, de hecho, podrían describirse con propiedad como los verdaderos leitmotivs de la República Parlamentaria.

    Aparece el peso papel y muchos quieren volver al patrón oro. Luego de muchas indecisiones, el patrón oro muere y ya pocos lo lamentaron. El retorno del papel moneda puso a disposición el capital, protegió la industria y elevó los precios de las mercancías. Las tasas de interés bajaron; la industria manufacturera se expandió; el alza de los precios del salitre, el cobre y el trigo trajo una renovada prosperidad.

    La tentación de seguir imprimiendo moneda papel fue irresistible. Durante 1905-1906 el volumen de papel moneda aumentó de 55 a 80 millones de pesos.

    Población, inmigración, cambio social

    Se estima que alrededor de 1918 había 3.900.000 chilenos. Esta cifra puede ser muy subjetiva ya que mucha gente no inscribía a sus hijos al nacer en el Registro Civil. La cantidad de nacimientos ilegítimos siguió aumentando significativamente. La iglesia tachaba de “bastardos” a todos los niños nacidos en matrimonios civiles.

    La población nunca aumentó con la suficiente rapidez como para satisfacer la demanda de mano de obra. Por esto y en un esfuerzo por impulsar la inmigración el Gobierno creó en 1988 la Agencia General de Colonización. No llegaron muchos inmigrantes y la mayoría se quedó en la franja de la media sociedad. Pero es importante no poner tanto énfasis en el auge de la clase media ya que la clase alta con la clase baja se separaron de una manera notable.

    La vida de la clase alta que siempre había sido buena, se hizo mucho mejor. Se iban de viaje y compraban casas de verano como locos, mientras que la máxima aspiración de la clase baja rural era sobrevivir.

    Vida Urbana

    En 1907, alrededor del 40% de todos los chilenos vivián en comunidades de más de 2.000 personas. La población de Santiago ese año alcanzó las 332.000 personas. Dado que la población urbana crecía en forma desigual el extremo sur y la zona minera del norte crecieron más rápido q otras áreas del país. Una vez q el auge del salitre acabó la pampa del norte perdió mucha población que se fue al valle central. En este período, la vida urbana era más estimulante que la de campo, pero también era más peligrosa. Las urbes y las ciudades provinciales carecían de sistemas apropiados de agua potable y alcantarillado. El primer baño (completo, con tina y cañerías para el agua caliente) apareció en Santiago sólo en 1900.

    Las condiciones de vida de los pobres en las ciudades eran terribles. Hacinándolos en grupos de hasta ocho personas en un solo cuarto, los conventillos se habían convertido en fétidas incubadoras de enfermedades y sus habitantes morían de tuberculosis, enfermedades respiratorias o asfixias.

    Las enfermedades contagiosas abundaban; La viruela, la difteria, la tos convulsiva, la meningitis y las paperas diezmaban a los habitantes de las ciudades. Lo mismo ocurría con las epidemias. De esta forma entre 1909 y 1914 más de 100.000 chilenos perecieron por enfermedades.

    No obstante la enfermedad no era la única amenaza. Los crímenes aún abundaban. En 1902 un periódico informó que Chile tenía la tasa más alta de homicidios del mundo. Las cárceles ya no daban abasto.

    Pero la vida urbana igual presentaba atractivos, como por ejemplo las óperas.

    Aparecen la tecnología moderna. Entre 1914 y 1918 el uso del teléfono aumentó considerablemente. El automóvil hizo su aparicion en 1900 y en 1906 ya había 6 en Santiago. El aeroplano llegó en 1920 y fue utilizado por los militares.

    El Ejército y la Educación

    Se contrataron instructores alemanes en 1885 para modernizar el Ejército chileno. De cierta manera, por ende, la influencia alemana en el ejército chileno fue notoria, no solo en el armamento y en los uniformes, sino q también en la música.

    Para algunos de los reclutas, claramente el servicio militar era una bendición ya que por lo menos proporcionaba a sus conscriptos educación básica y entrenamiento militar, cosa q no todos tenían.

    El ejército tardó mucho tiempo en desarrollar sus servicios técnicos y administrativos.

    La suerte de la educación fue significativamente mejor que la del Ejército en el mismo período. Aquí también la influencia de Alemania fue notable, como fuente de profesores principalmente.

    En 1918, había unos 336.000 estudiantes primarios. En 1920, alrededor del 50% de la población estaba alfabetizada. Los intentos por hacer que la educación fuera obligatoria fracasaron.

    Cultura 1880-1920

    Alrededor de 1900 la mayor alfabetización junto con la expansión de la educación y el nuevo papel predominante del periodismo como profesión, afectaron a la actividad cultural. En efecto, se ha dicho que con el cambio de siglo surgió un nuevo tipo social, el intelectual.

    Las últimas décadas del siglo fueron testigo del gran florecimiento de los historiadores nacidos bajo la égida del gran Andrés Bello. El académico más sobresaliente de este período fue José Toribio Medina.

    De cualquier forma el “criollismo” quizá sea la tendencia cultural más fácilmente identificable desde comienzos de siglo.

    La poesía brilló gracias a Gabriela Mistral y Pablo Neruda.

    También la tendencia criollista se vio bien reflejada en la pintura con pintores como Pedro Lira y Juan Francisco González.

    Otro signo del nuevo interés en lo criollo y en lo local fue el esfuerzo que se llevo a cabo en esos años por investigar la poesía folclórica y las tradiciones populares en general.

    Consolidación del régimen Parlamentario

    El retorno al gobierno constitucional tras la guerra civil de 1891 fue rápido. El Almirante Jorge Montt ganó la presidencia sin oposición en Octubre de 1891. Los partidos se convirtieron en verdaderos árbitros sobre quién debia estar en el gabinete. La “sagrada unión” entre liberales y conservadores, forjada durante la guerra civil y con la cual comenzó la presidencia de Montt, pronto se acabó. En lo que respecta a los derrotados balmacedistas, su retorno a la vida política no tardó.

    A medida que el mandato del almirante Montt llegaba a su fin, la competencia entre los partidos Radical, Liberal Demócrata y una parte del Liberal se hizo más intensa.

    La elección de 1896 fue una dura pugna, con asomos de violencia y soborno. Se creó un tribunal de honor para establecer la validez de los votos electorales: éste le dio el triunfo a Errázuriz que fue debidamente ratificada por el Congreso.

    La presidencia de Errázuriz simplemente confirmó la forma y el fondo del sistema político que se estaba desarrollando. Las actitudes anticlericales y antirreligiosas se fueron extendiendo cada vez más en la clase alta.

    Esta continuación de la “guerra religiosa” de Santa María significó una serie de problemas en una infinidad de temas, la mayoría mas bien triviales. Los radicales siguieron presionando por la separación de la Iglesia y el Estado.

    En la década de 1910 los políticos que incurrían en grandes gastos fueron apodados Dreadnoughts (acorazados de combate) en honor a unos nuevos buques de la marina.

    Si bien el soborno electoral era una costumbre parlamentaria, también lo era la “corrupción burocrática”: los partidos exigían su cuota de cargos en la creciente administración pública.

    Federico Errázuriz murió en julio de 1901 antes de finalizar su mandato. La convención de la Alianza de 1901 que debía asignar al próximo candidato eligió a German Riesco quien le ganó fácilmente al candidato de la coalición, Pedro Montt.

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