Heroínas de los Sitios de Zaragoza

Historia de España. Guerra de la Independencia

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HEROÍNAS DE LOS SITIOS DE ZARAGOZA (GUERRA DE LA INDEPENDENCIA)

AGUSTINA ZARAGOZA

Su verdadero nombre era Agustina Raimunda María Saragossa i Domènech, "Agustina de Aragón" (1786Reus?-1857 Ceuta). Fue una heroica defensora de Zaragoza durante los Sitios, en la Guerra de la Independencia Española.

Se discute si Agustina nació en Reus (provincia de Tarragona) o en otros lugares, pero abunda la bibliografía aragonesa reciente que ubica su nacimiento en 1786 allí. Era hija de Francesc Ramón Saragossa i Labastida y de Raimunda Domènech i Gasull, y fue bautizada el 6 de marzo de 1786.

Agustina Saragossa se casó a los 16 años con Joan Roca i Vilaseca, cabo de artillería, el 17 de abril de 1803. Este participó desde el principio en la Guerra de la Independencia Española (estuvo en la batalla del Bruc). Los acontecimientos de la guerra los llevaron a Zaragoza.

Durante el asedio de Zaragoza, Agustina llevó a cabo la heroica acción que la hizo célebre. Habiendo caído heridos o muertos todos los defensores del Portillo, las tropas francesas se aprestaron a tomarlo al asalto. La situación era desesperada, Agustina, que formaba parte de un grupo de mujeres que atendía a los numerosos heridos, consiguió disparar un cañón sobre las tropas francesas que corrían sobre la entrada aparentemente indefensa. Los asaltantes franceses, temiendo una emboscada, se batieron en retirada y nuevos defensores acudieron a tapar el boquete.

Agustina de Aragón murió en Ceuta, el 20 de mayo de 1856, a los 71 años de edad. Hasta 1870 no fueron trasladados sus restos a Zaragoza, descansando primero en el Pilar y, desde el 14 de junio de 1908, en la capilla de la Anunciación de la Iglesia de Nuestra Señora del Portillo, siendo venerados como los de una gran heroína que con valor y decisión repelió las adversidades y venció al enemigo. Se considera como uno de los símbolos más representativos de la resistencia española contra los invasores napoleónicos.

CASTA ÁLVAREZ

Nació en Orán (Argelia) en 1786, hija de labradores, naturales de un pueblo de la provincia de Zaragoza.
A los 22 años, destacó por su patriotismo y valor en la defensa de la puerta Sancho y los combates del barrio del Arrabal, armada solamente con una bayoneta.

El general Palafox la condecoró con el escudo de los defensores, y el rey Fernando VII le concedió una pensión de cuatro reales diarios en 1815.
  Una vez terminados los asedios sus padres se negaron a vivir en Zaragoza (bajo el dominio de los franceses), y se marcharon a Cabañas de Ebro, donde Casta Álvarez se casó en 1814 con un acomodado labrador. Viuda y sola, pasó los últimos años de su vida olvidada de todos. Falleció el 29 de Abril de 1846 a los 60 años de edad. Para el centenario de los sitios en 1908 su cuerpo fue desenterrado y conducido a la iglesia del Portillo en Zaragoza, donde reposa junto a los restos de Agustina de Aragón y Manuela Sancho.

MADRE MARÍA RÁFOLS

Nació en Villafranca del Panadés, Barcelona, el 5 de noviembre de 1781, y murió en Zaragoza, el 30 de agosto de 1853. Fue una religiosa fundadora de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y su primera superiora general. Hija de un molinero, tras la muerte de su padre ingresó en el monasterio femenino de San Gervasio, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, en 1794. En 1803 tuvo ocasión de ejercitar duras tareas benéficas con motivo de la peste de Barcelona. Ese mismo año conoció al Padre Juan Bonal, quien fue durante muchos años su director espiritual e inspirador de la fundación de un instituto religioso que, a la manera de las Hijas de San Vicente de Paúl en Francia, se ocupaba ante todo de la atención a los enfermos.

Al llegar la Guerra de la Independencia, realizó una gran labor cuidando a los heridos y enfermos y rescatando obras de arte del expolio.

Retirados los franceses el 14 de agosto, el hospital era una ruina total. Los enfermos heridos, en número superior a 4.000, fueron trasladados a la Real Casa de Misericordia. El 10 de diciembre comenzó un nuevo asedio; ante la trágica situación de la ciudad por la difusión de nuevas epidemias de peste, la Madre Rafols, acompañada de dos Hermanas, se presentó a un general francés en petición de ayuda, y les fueron concedidos víveres y un salvoconducto. Tras la ocupación de la ciudad, la nueva Junta de la Sitiada impuso unas nuevas Constituciones a las Hermanas y aceptó la dimisión de la Madre Rafols (12-XI-1811), quedando encargada de la sacristía; después marchó al Orcajo (Daroca), para volver tras la marcha de los franceses (1813) a dirigir la Inclusa. En 1826 fue elegida de nuevo superiora hasta 1829.

Tras su muerte, su fama aumentó. En 1908, centenario de los Sitios de Zaragoza, la patria y la ciudad de Zaragoza la proclamaron «Heroína de la Caridad».

MANUELA SANCHO

Nacida en Plenas (Zaragoza), el día 16 de Junio de 1784.
Segunda de los cinco hijos habidos en el matrimonio formado por Antonio y Maria, ambos naturales de la citada villa y labradores de profesión.

Durante el primer sitio, la joven Manuela colaboró en las tareas de avituallamiento. En el segundo sitio, ante la feroz ofensiva del ejército francés, decidió tomar las armas con admirable resolución, participando en la defensa del convento de San José. El comandante del mismo, Don Mariano Renovales puso en conocimiento de Palafox el comportamiento de la heroína en los términos siguientes:

“Recomiendo con particularidad a Manuela Sancho que, tanto en el ataque del día treinta y uno de diciembre del año pasado, como en el de ayer sirvió de artillería y mortero como pudiera haberlo hecho el mejor artillero, conduciendo cartuchos para los unos, y piedras para el otro; sin haberle notado la menor mutación a pesar de haber caído algunos a su lado. Dio fuego a algunos cañones, y lo hizo con fusil desde la trinchera como uno de tantos; y pareciéndome una heroína, digna del distintivo que VE. Concedió por las acciones de últimos del año pasado, por hallarse comprendida en ellos y para que sirva de estímulo, he tenido a bien hacerlo presente a VE. S. José, tres de enero de 1809: Excelentísimo Señor D. Mariano Renovales, al Excelentísimo Señor Capitán General de este ejército y reino”

Con fecha siete de enero de 1809, se publicó en La Gaceta de Zaragoza la distinción con la que el general Palafox premiaba su valentía, concediéndole el distintivo de la cinta encarnada y la pensión de dos reales diarios.

Enardecida por el reconocimiento y ante la escasez de hombres que pudieran empuñar las armas, continuó empuñando las armas en la encarnizada lucha de la calle de Pabostre (hoy Manuela Sancho), junto a los Dragones de Numancia. Cuando no quedó ni un palmo de calle que defender se replegó al cercano Coso, donde fue herida de gravedad en el vientre. Sepultada por montones de cadáveres, se la dio por muerta. Cuando la encontraron dudaron que pudiera superar el terrible destrozo ocasionado por el impacto.

Tras tres matrimonios, de los que no tuvo descendencia, y una vida dedicada al recuerdo de las hazañas vividas, falleció un siete de abril de 1863, cuando contaba setenta y nueve años. El Ayuntamiento de Zaragoza organizó un multitudinario entierro, que puso de manifiesto la alta estima que sus conciudadanos sentían por la última de las heroínas de Zaragoza.

El 15 de junio de 1908, sus restos fueron trasladados desde el cementerio de Torrero a la Cripta de la Capilla de la Anunciación, en la iglesia de Ntra. Sra. Del Portillo. La acompañan Agustina Zaragoza Doménech y Casta Álvarez Bravo.

CONDESA DE BURETA

Su nombre era Consuelo de Alzor. Era hija de Manuel de Azlor y Urríes y de Petronila Villavicencio y Villavicencio, y nació en Gerona en el año 1773. Desde muy joven pasó a residir en el palacio virreinal de Zaragoza, donde su padre ejercía el cargo de Virrey de Navarra.

A los diecinueve años contrajo matrimonio con Juan Crisóstomo López Fernández de Heredia y Marín de Resende, barón de Salillas y pretendiente a los títulos de conde y Señor de Bureta, perteneciente a una adinerada familia y de vieja amistad con los Azlor. Pasado un tiempo nacerían dos hijos, Mariano de los Dolores y, cinco años después, María de los Dolores.

En 1805 fallece Juan Crisóstomo, y ella, a sus treinta años, queda viuda. Son los días de Trafalgar; su casa era un hervidero de apasionadas adhesiones a los destinos de España. La Condesa se mostraba apasionada partidaria de que el príncipe Fernando relevase a su padre. Y en contra de los franceses. El odio hacia estos era tanto que pronto convirtió su casa en un centro de conspiración y preparación para la guerra.

En cuanto comenzaron las hostilidades contra los franceses en Zaragoza, Consuelo de Alzor comenzó a acudir puntualmente al hospital de sangre de Nuestra Señora de la Gracia, donde, con otras mujeres, ayudaba a Sor María Ráfols y al resto de las monjas de la Caridad de Santa Ana en la atención a los heridos y enfermos que iban llegando. El hospital fue uno de los edificios más bombardeados, falleciendo hasta 9 monjas de las 21 que allí trabajaban. Sin embargo, la condesa proseguía en la infatigable tarea.

El día 4, Palafox abandonó la ciudad. La condesa de Bureta comenzó a organizar el servicio de agua para los hombres que se hallaban en las baterías de las trincheras, ayudada por una serie de mujeres que vivían con ella después de haberse quedado sin casa por los bombardeos. Los caballos y mulas que poseía se empleaban en el transporte de municiones, en el movimiento de la artillería, etc. Entretanto en la cocina de su casa se mantenía continuo fuego para hacer las comidas con que surtía a los defensores. Su casa era, por decirlo así, un centro estratégico de servicios desde donde partían o a donde llegaban los que solicitaban auxilios. La ciudad resistió, y el día 8 regresó Palafox, acompañado de un convoy de víveres, que tanta falta hacían, así como de un grupo de voluntarios de Aragón.

El 13 de agosto, los franceses (a cuyo mando estaba el general Verdier) levantaron el sitio, y la vida en Zaragoza se normalizó un poco. El 10 de enero de 1809 volvieron a atacar, capitaneados por el mariscal Morthier, y comenzó el segundo sitio de la ciudad, ahora aquejada también por la epidemia que se originó por las consecuencias del primer sitio.

Después de entrevistarse con el mariscal Lannes, la condesa de Azlor salió con sus hijos de Zaragoza, dirigiéndose hacia el Alto Aragón. Después fue a Valencia y a Cádiz.

Un tiempo después, la Condesa y su familia regresron a Zaragoza. El general Palafox ordenaría el pago de los gastos y perjuicios que le ocasionó la guerra. Otros, de orígenes más humildes, no recibieron tanta consideración, aun habiendo sido tan patriotas como ella.

La condesa de Bureta, falleció víctima de una gangrena el 23 de diciembre de 1814.