Harold Bloom

Literatura universal contemporánea del siglo XX. Narrativa ensayística de los años 60. Relativismo y Deconstrucción. Derrida. El canon occidental

  • Enviado por: Raúl Guerrero
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas

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REFLEXIONES SOBRE LA TEORIA

CANóNICA DE HAROLD BLOOM.

Lectura crítica para el curso:

Cuestiones de literatura comparada

Indice

Presentación (de una polémica) ......... 3

Lo que dice Harold Bloom ............... 6

Lectura crítica ....................... 9

Bibliografía .......................... 12

Presentación (de una polémica).

Relativismo, falta de centro. Con estas dos nociones podríamos definir -a muy grandes rasgos- la situación de la crítica literaria desde los años 60. ¿Qué ocurrió entonces? En esa década apareció una nueva corriente de pensamiento: la desconstrucción. Su gurú era Jacques Derrida, quien denunció la gran dependencia de la historia del pensamiento: la necesidad de fijar un centro. Derrida abogaba por romper esa subordinación, que no era sino un lastre para poder trabajar en cualquier campo de investigación.

Las repercusiones de estas ideas han configurado el panorama de la teoría de la literatura y la crítica literaria en los últimos treinta años. Como fenómeno global hay que subrayar el hecho de que la Escuela de Yale -deudora de J. Derrida- ha aplicado sus tesis no a las obras literarias, sino a las corrientes críticas literarias. El resultado ha sido la aparición de una continua sospecha en cuanto a las estructuras hasta entonces "intocables" (v.gr. la historia de la literatura, el canon, etc.).

Así, encontramos en las últimas décadas una serie de corrientes que ponen en entredicho los métodos tradicionales de la crítica literaria (v.gr. el feminismo, las teorías sobre el orientalismo, etc.). En el fondo de estas cuestiones podemos comprobar una politización de los planteamientos desconstructivistas.

Antes de continuar, queremos expresar nuestra conformidad con la idea que expone J.M. Pozuelo Yvancos, según la cual la situación que acabamos de describir responde a la crisis misma del concepto de "teoría" [<<"Theory" had broken out>> G.Graff]. Este proceso es la causa del denominado por Pozuelo Yvancos "síndrome autofágico de la teoría".

Retomando la cuestión que nos ocupa, nos disponemos a describir esas nuevas corrientes, englobadas bajo el término de multiculturalismo. Colectivos feministas, intelectuales orientalistas, minorías raciales como los afroamericanos o los chicanos, etc. comenzaron -entre los años 60 y 70- a denunciar la imposición de ciertos parámetros literarios que los excluían del canon occidental. Hablaban (y hablan) del paradigma DWEs, es decir "Death White European males"; en su opinión, todo autor que no responda a estas características está inhabilitado para entrar en el canon. En el fondo lo que se critica es que existen ciertos motivos ocultos de índole política que se han encargado de la formación y transformación del canon. De este modo, consideran que el canon está construido sobre una base ideológica, no estética.

En los últimos años, estos grupos periféricos han logrado un fuerte auge. En muchas universidades norteamericanas se han creado departamentos de "Estudios culturales", en los que encontramos áreas de Gays & Lesbians Studies, Women Studies, Afro-American Studies, etc. Otro síntoma de ese auge es la proliferación de colecciones y editoriales que se dedican en exclusiva a difundir las ideas de estos colectivos (v.gr. ANCHOR o GAY MEN'S PRESS en el caso de los homosexuales; THE WOMEN'S PRESS o la revista Feminist Studies, en el caso de las feministas... ).

Los multiculturalistas exigen una revisión del canon o, como acostumbran a decir, su "apertura". Opinan que el no ser varón, heterosexual o anglosajón ha impedido ha multitud de autores y a sus obras el acceso al canon; y que es ahora cuando deben entrar.

Antes de pasar al otro "bando" de esta polémica, hay que destacar una opinión muy extendida: tras el multiculturalismo lo que hay es un intento de borrar una culpa. Así es; se ha extendido la conciencia -sobre todo entre los círculos izquierdistas norteamericanos- de la discriminación que durante siglos los WASP ("White Anglo-Saxon Protestants") han ejercido sobre las minorías no sólo raciales, sino también religiosas y sexuales. El multiculturalismo, pues, tendría como objetivo expiar sus faltas para con dichas minorías. Enlazamos así con otro fenómeno paralelo a los "Cultural Studies": el lenguaje políticamente correcto. Según esta teoría, el lenguaje está dominado por aquellos que detentan el poder, habiendo hecho de él un instrumento de discriminación. Sus partidarios -entre los que destacan las profesoras C.A. MacKinnon y A. Dworkin de la Universidad de Michigan- exigen que se eliminen las expresiones que puedan ofender a las minorías. Estas ideas entraron a principio de los 90 con tanta fuerza en el ámbito académico norteamericano, que se llegaron a crear en varias universidades códigos que regulaban el lenguaje. Acto y expresión quedan de este modo igualados, haciendo tambalear los cimientos de la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana.

Ante esta nueva orientación politizada de los estudios literarios, surgen ciertas voces que advierten del peligro que supondría olvidar la formación estrictamente literaria. Uno de los primeros fue Allan Bloom con su libro The closing of the American Mind (1987); en él protestaba por el desconocimiento por parte de los estudiantes de los grandes autores de la tradición literaria. En plena efervescencia del multiculturalismo, Robert Hugues publica en 1993 La cultura de la queja; en esta obra pone de manifiesto el conflicto emergente entre los grupos periféricos y la cultura americana tradicional. Pero la mayor contundencia la encontramos en Harold Bloom y en su reciente ensayo El canon occidental. En dicha obra defiende a ultranza la pervivencia del canon, acosado por la que denomina "Escuela del Resentimiento". Afirma que el canon debe estar basado (y de hecho lo está para él) en un criterio exclusivamente estético. No contento con eso, ofrece una lista de 26 autores, a los que considera canónicos en la cultura occidental, quedando Shakespeare como la figura cumbre.

He aquí la polémica. A continuación intentaremos presentar los principios teóricos sobre los que Harold Bloom levanta su apreciación del canon occidental.

Lo que dice Harold Bloom.

Tres son las ideas que articulan el discurso teórico de El canon occidental:

  • La autonomía de lo estético como criterio de formación del canon.

  • Shakespeare como centro y climax de dicho canon.

  • La importancia de la influencia literaria en los autores canónicos.

  • * Prefacio y preludio.

    H. Bloom comienza sus reflexiones indicando la falta de un centro en la cultura actual. Hay que recuperar el valor estético como centro; de este modo, articula una lista de 26 autores (no obras) basándose en este criterio. Estos autores se reparten en tres etapas (siguiendo en parte los postulados de Giambatista Vico): aristocrática, democrática y caótica. Willian Shakespeare es tomado como iniciador de la etapa aristocrática y como centro del canon, valorando a los demás autores en función de su relación con el dramaturgo y poeta inglés.

    ¿Pero qué autores deben formar parte -según H. Bloom- del canon occidental? Aquellos que respondan a los principios de sublimidad y naturaleza representativa, considerando la segunda cualidad como un medio de limitar el número de pertenecientes al canon. Este doble valor se sostiene sobre un nódulo esencial: en todos estos autores encontramos la extrañeza, una forma de originalidad que o bien nunca acabamos de asimilar (v.gr. Dante) o bien la tenemos tan asimilada que la concebimos como algo corriente (v.gr Shakespeare o J, la Yavhista).

    A continuación Bloom introduce una de sus más controvertidas nociones: la angustia de las influencias. Para el crítico, un autor nunca puede desembarazarse de la producción que le ha precedido. Toda gran obra responde a una lectura errónea (pero a la vez creativa) de lo anterior. Rechazar las influencias supondrá, paradójicamente, la no consecución de la originalidad; y del mismo modo, sólo la aceptación del proceso de influencias posibilita la inclusión en el canon.

    Bloom critica duramente esa corriente "idealista" que en las últimas décadas -y abanderada por lacanianos, feministas y desconstruccionistas entre otros- ha adquirido un gran poder en los centros académicos. Opina que la Escuela del Resentimiento ha abandonado los criterios estéticos en favor de principios ideológicos. Dice además que en ese resentimiento no hay ni extrañeza ni originalidad, y que las mediocres producciones que defienden se ven en su mayoría cercenadas por la angustia de las influencias.

    * Elegía al canon.

    La necesidad de un canon se debe a esta pregunta: ¿qué debe intentar leer el individuo que todavía desea leer en este momento de la historia? Y es que, evidentemente no tenemos tiempo para leer todos los libros, de ahí que se requiera una selección.

    Actualmente el desarrollo de los estudios literarios se halla en retroceso debido al empuje de los estudios culturales. Muchos estudiosos están desertando de la estética, quedándose ésta reducida a mera ideología. Bloom, por su parte, apuesta decididamente por la conservación de la memoria.

    La literatura siempre queda "contaminada" por los trastornos del Hombre; así, el deseo de ser canónico proviene del miedo a la mortalidad. Debemos a Dante nuestra idea de lo canónico como un desafío al paso del tiempo.

    Bloom coincide con las teorías de A. Fowler según las cuales cada época impone sus géneros. Esto explicaría los cambios en el gusto literario, al ser consideradas como canónicas obras que en su momento habían sido rechazadas por los géneros entonces vigentes.

    A lo largo de su obra, Bloom expone la oposición "criterio estético" / "criterio ideológico". Aunque reconoce que la sentencia <<lo que se denominan valores estéticos emana de la lucha de clase>> (máxima de la Escuela del Resentimiento), no se puede refutar del todo, nuestro crítico pide que se entienda este principio en su justa medida. Sabe que la libertad para

    comprender el valor estético proviene del conflicto social; pero también piensa que el valor constituye en sí el proceso de influencia interartística. Concluye esta reflexión afirmando que la supremacía está en lo estético, y que en el canon la supremacía es Shakespeare. Desafía a los aperturistas a que o bien nieguen esta evidencia o bien expliquen el porqué del cetro de Shakespeare. Tras este reto se encuentra la plena convicción por parte de Bloom de que los resentidos no pueden acomodarse a lo original.

    El autor -desde su individualidad- luchará contra la tradición; la victoria sólo está reservada a unos pocos. Bloom sostiene que en la actualidad no hay nadie capaz de vencer en este desafío. Y es que en el canon -reitera Bloom- sólo se entra por la fuerza estética; de ahí que no sirva para configurar nuestros valores políticos, sociales y morales. Su única utilidad es que las obras canónicas (y en especial las de Shakespeare) nos ayudan a conocernos mejor.

    En este canon se nos da una nueva visión del placer de la lectura: lo que ésta proporcionaría sería un supremo displacer o un placer superior al que nos ofrecería un texto más fácil. Por tanto, se deduce que la lectura de una obra canónica es complicada, densa y reservada a una minoría. En relación con este concepto surge otro síntoma indicativo de la canonicidad de una obra: la relectura, actividad exigida por toda producción canónica. Por contra, las obras que ofrece la Escuela del Resentimiento se caracterizan por lo contrario: están elaboradas para una única lectura (lo cual, obviamente, poco tiene que ver con el aprendizaje literario).

    Aunque la riqueza y la cultura están unidas, y la musa siempre toma partido por la elite, el canon no existe a fin de incrementar dichas elites sociales preexistentes; de esta forma el poder y la autoridad del canon quedan separados de las consecuencias políticas o sociales que pueda haber favorecido. Por otra parte, hay que recordar que el canon occidental no es una estructura estable.

    El valor estilístico, que emana de la lucha entre textos, surge de la memoria y el dolor; así, las grandes obras y el canon son -en el fondo- angustias conquistadas. Y el canon, que no es sino un patrón de vitalidad, tiene una evidente función pragmática: recordar y ordenar las lecturas de toda una vida.

    Bloom finaliza este apartado aclarando que el canon no es una defensa de occidente, ya que se ciñe exclusivamente a criterios estilísticos. Concluye su elegía con esta sentencia: <<Shakespeare y el canon nos han inventado a nosotros>>. Y afirma porqué nos en imprescindible: <<Sin canon dejaríamos de pensar>>.

    * Conclusión elegíaca.

    En este apartado final, Harold Bloom resume sus principales aportaciones a la teoría del canon. Vuelve a mostrar su pesimismo con respecto al futuro de los estudios literarios. Sabe que el ambiente intelectual de ahora -en el que ve un extendido resentimiento hacia la literatura- no es el más propicio para defender el criterio estético. La búsqueda de la libertad y la soledad por parte del yo no es considerada políticamente correcta. A pesar de todo ello, confía en que los "supervivientes letrados" encuentren en su canon la verdadera cultura de occidente.

    Lectura crítica.

    ¿Cuál de las dos corrientes tiene razón?, o mejor dicho, ¿puede alguien tener razón al hablar del canon? El mismo Harold Bloom cree que el conflicto siempre estará ahí. En el fondo, lo que se discute es si el valor de la literatura se halla exclusivamente en lo estético o si en él intervienen otros factores. Bloom lo tiene bastante claro: sólo sirve el criterio estilístico. Nosotros consideramos que dicho criterio es la base y esencia de lo literario, pero creemos que esta manifestación artística no se queda ahí. La obra literaria no es atemporal, de ahí que en ella influya el momento histórico, social e ideológico en el que surge. Que El Quijote sea visto -entre otras cosas- como una obra de rebeldía frente al sistema se debe a la descripción que hace de una sociedad -la española de principios del s.XVII- en crisis. Y esto nos ayuda a comprender y a percibir mejor su valor literario. La de Bloom es una visión romántica de la literatura, y en este aspecto diferimos de él.

    Ahora bien, no se puede caer en el lado opuesto, como hacen los multiculturalistas. Siguiendo con el ejemplo anterior, no se le pueden negar a Cervantes sus excelsas cualidades estilísticas. Y tampoco se puede juzgar su obra en función de un criterio meramente ético e ideológico. Esto ha llevado a algunos renovadores a ver en obras de Shakespeare una clara apología del colonialismo. Si bien este elemento puede aparecer en la obra del dramaturgo inglés (como la evidente misoginia que plasma Baudelaire en muchos de sus poemas) no podemos por ello desestimar dichas obras. De hacerlo así, acabaríamos con la práctica totalidad de la producción literaria occidental. La literatura es una amalgama de ideas y sentimientos humanos que tiene sus cimientos en un afán de creación; la imbricación entre forma y contenido no puede ser rota. Un verdadero estudioso de la literatura debe olvidar sus prejuicios a la hora de enfrentarse a un texto; de lo contrario un crítico ateo aborrecería la lírica de San Juan de la Cruz y un estudioso izquierdista repudiaría la Eneida... y así hasta quedarnos sin nada.

    Es éste un riesgo al que puede llevar la sacralización de la crítica por parte de los grupos periféricos. Si convertimos la literatura en una institución, la crítica ocupará un sitio que no le corresponde.

    Otro problema evidente que se deriva del multiculturalismo es el siguiente: si consiguieran algún día sus objetivos, ellos mismos habrían creado un nuevo canon. Pontificarían entonces lo mismo que ahora atacan de manera tan exacerbada. Y esto con un ligero matiz: en su obsesión por la igualdad, no aceptan las diferencias; y querámoslo o no, éstas existen: Lorca siempre será mejor poeta que Torres de Villarroel (y no porque el primero fuera homosexual).

    ¿El miedo de Harold Bloom con respecto al futuro de la literatura responde a la realidad? Creemos que está fundado, pero que exagera. En honor a la verdad hay que subrayar que el panorama norteamericano es muy distinto del europeo. Allí se ha establecido un cerco a los estudios literarios por parte de los "cultural studies". No obstante, en el retroceso del lenguaje políticamente correcto apreciamos cómo estos movimientos "renovadores" no llevan todas las de ganar. A lo largo de la historia, las grandes obras literarias se han tenido que enfrentar a múltiples obstáculos para poder salir adelante; y si la pintura no sucumbió a la invención de la fotografía (véase la escuela impresionista), la literatura será capaz de superar cualquier barrera, inclusive la programación de tele 5.

    Siguiendo con la lectura crítica de las teorías canónicas de Harold Bloom hay un hecho que no entendemos: hablar de autores en lugar de obras. A la vista salta la diferencia abismal que hay entre El quijote y La española inglesa; el mismo Bloom, al hablar de Cervantes, sólo se refiere a la obra del ingenioso hidalgo. Entonces, ¿a qué se debe ese enfoque autorial?

    Aunque no vamos en este estudio a analizar la elección de Bloom, no queremos dejar pasar un hecho significativo: su canon responde a un molde anglosajón. El mismo ha reconocido en una entrevista que su lista <<es ante todo estadounidense>> y que <<no se propone [su lista] mirar el canon como lo haría un crítico español, o francés, por ejemplo.>> Sólo hubiera faltado preguntarle si para él "occidental" es sinónimo de "norteamericano".

    Nuestro crítico atribuye la formación del canon a la superación de la angustia de las influencias. No recordamos muy bien si fue Horacio o Aristóteles quien habló de la "emulatio" como el manantial de la producción literaria. El afán por superar a los predecesores ya lo vieron los humanistas del Renacimiento (aproximadamente en el siglo V antes de Bloom). Sobre la lectura errónea que se vuelve creativa tenemos nuestras reticencias; siguiendo los postulados de U. Eco, preferimos hablar de una obra abierta que posibilita varias lecturas diferentes, dependiendo no sólo de la época sino incluso de cada lector individual. Así, la de los románticos no sería una lectura errónea del Quijote, sino la apreciación de una nueva posibilidad perceptiva en dicha obra.

    En la página 46 de la edición española de El canon occidental Bloom afirma lo siguiente: <<Por su misma naturaleza, el canon occidental nunca se cerrará.>> Quizás olvidó lo que aparece once páginas atrás: <<y Shakespeare sigue siendo el escritor más original que nunca conoceremos.>> ¿Acaso ese "nunca" no supone cerrar el canon a que aparezca (conscientes de lo difícil que es por el momento) un autor capaz de superar a Shakespeare? Sobre eso, que es parte de un futuro incierto, nosotros no podemos hablar... pero la historia literaria nos hace ver día a día que no todo se ha dicho ya.

    Ya que hemos mencionado a Shakespeare, cabe resaltar la ubicuidad que le otorga Harold Bloom en su ensayo. La sensación que puede llegar a dar es que todos los escritores canónicos -anteriores y posteriores al autor inglés- sólo valen para la cultura occidental en función de su relación con Shakespeare. Y evidentemente no estamos de acuerdo con ello.

    Borges decía que un clásico <<es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y una misterosa lealtad.>> En sintonía con el maestro argentino, creemos que los clásicos deben ser siempre la base de nuestra cultura a través de los tiempos. En esto coincidimos de sobra con Bloom; ahora bien, esto no es excusa para desechar el panorama literario que nos rodea. Ya sea éste bueno o malo, somos estudiosos de la literatura, y ésta nunca deja de crecer y desarrollarse. Y el mirar solamente hacia atrás puede hacer que nos perdamos cosas interesantes. Por lo tanto, en vez de enjuiciar la constitución de las actuales estructuras canónicas (premios literarios, suplementos culturales, etc.) debemos -es nuestra labor- estar atentos a aquello que nos ofrezcan, con la esperanza de que será el tiempo el que de su lugar a cada obra literaria.

    Con este estudio hemos querido dar nuestra visión crítica de la teoría canónica de Harold Bloom. El canon occidental es una obra con muchos puntos polémicos, como esperamos haber reflejado. Pero su objetivo, que no es otro que hacer una apología sincera de la importancia de la literatura en nuestra civilización, nos parece digno de elogio. A fin de cuentas, lo fundamental es que la literatura siga viva, y quizás Bloom ha conseguido reanimarla en un ambiente que cada vez la arrincona más.

    Bibliografía

    BLOOM, H.: El canon occidental, Barcelona, Anagrama, 1995.

    BRACHO, E.: "La lista de Bloom (entrevista)", Quimera, 133, 12-18.

    DANA, J.: "Lenguaje de la aversión y lenguaje políticamente correcto", Letra internacional, 35, 1994, 75-79.

    GOODHEART, E.: "Ser o no ser políticamente correcto", Letra internacional, 35, 1994, 74-80.

    PEREDA, R.: "La cultura del eufemismo", Letra internacional, 35, 1994, 81-83.

    POZUELO YVANCOS, J.M.: "El canon en la teoría literaria contemporánea", Eutopías, vol.108 (Segunda época).

    VV.AA.: "El canon cuestionado" y "Lo políticamente correcto", ABC cultural, 214, 8 diciembre 1995, 5-12.

    WAHNON BENSUSAN, S.: Introducción a la historia de las teorías literarias, Universidad, Granada, 1991.