Hamlet; William Shakespeare

Literatura universal siglo XVII. Teatro barroco isabelino. Literatura inglesa. Tragedia. Sentimientos y emociones del personaje. Progresión psicológica

  • Enviado por: Ezequiel Fiol
  • Idioma: castellano
  • País: Uruguay Uruguay
  • 5 páginas

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Progresión psicológica de Hamlet

El personaje del príncipe Hamlet, a lo largo de la obra va desarrollando una serie de sentimientos y viviendo emociones que lo afectan psicológicamente, por lo que podemos notar una cierta progresión psicológica de Hamlet a través de sus monólogos, en los que debo centrar mi análisis.

En el primer monólogo, podemos notar a un Hamlet adolorido, pero no físicamente, sino que adolorido por la reciente muerte de su padre, el Rey Hamlet, cuya muerte es misteriosa aún, y quizá lo que lo lastima, lo hiere más es la “mala” actitud que tuvo su madre). Está molesto con la “repentina” decisión de su madre Gertrudis de casarse con el hermano de su padre, Claudio, a menos de un mes de haber enviudado.

El príncipe da a conocer sus sentimientos ante dicha realidad: se muestra quejoso, molesto, y esa molestia pasa a ser angustia, por lo que llega a desear morirse: por las leyes de la naturaleza (quiere desaparecer como “partículas por el aire”), o por el suicidio, lo que demuestra que es capaz de violar las leyes Divinas con tal de terminar con tanto dolor, con tanto sufrimiento, con la angustia que sentía, recayendo así su queja indirectamente en Dios. Aquí lo relaciono con “El libro de Job”, ya que podemos encontrar semejanzas entre Job y Hamlet: ambos sufren, están desolados, angustiados por todo lo que les sucede, pero sin embargo, se mantienen firmes, íntegros (la Fe de Job se mantiene íntegra todo el tiempo, él sólo cuestiona a Dios y la Creación; algo igual sucede con Hamlet: la Conciencia se mantiene presente en Hamlet, hasta en los momentos de la “aparente” locura que dicho personaje manifiesta, pero frente al dolor que siente por la realidad en la que está sumergido, ansia morirse, suicidarse, lo que implica una violación a las Leyes Divinas, recayendo sus quejas a Dios, y ésta es la similitud entre ambos personajes: ambos, frente a una serie de momentos en los que se sienten adoloridos, cuestionan o critican a Dios pero sin perder la integridad que los caracteriza.

Podemos verlo afectado por ver a su tío ocupar el lugar de su padre, tanto en el Poder (es el nuevo Rey, “...que se haya llegado a esto...”), así como también en el lugar afectivo (es su “padrastro”, está junto a su madre). Dicha molestia se ve cuando compara a su tío con un sátiro y a su padre con Hiperión, resaltando la diferencia que hay entre su padre y su tío con relación al matrimonio con su madre y con el gobierno, la forma de gobernar y relación con los demás.

Luego se demuestra claramente lo que siente por su madre: la aborrece. Aquí vemos cómo Shakespeare rompe con el modelo de la mujer del Dolce Stil Nuovo: la imagen idílica del amor (en dicho período a la mujer se la idolatraba, casi como que se la divinizaba, lo que marcaba un respeto y admiración del hombre hacia la mujer, pero aquí, Hamlet se “sale del montón” y aborrece a su madre, deja de lado el amor por un sentimiento de pena, de lástima,, Pero también se ve su molestia por el mundo en general, por toda la corrupción que hay entre la gente, como se corrompe ante el ansia de poder o de afecto. (la rapidez del pasaje de viudez a casada nuevamente de su madre).

Se demuestra un cierto “fallo” de su madre para con él, y para con el difunto Rey.

En resumen, por medio de este monólogo, Hamlet se muestra adolorido, angustiado y herido por la traición de su madre.

Aquí Hamlet está alterado porque su tío mató a su padre.

Compara su dolor con el que representa el actor, siente que éste está exteriorizando lo que él siente.

La esposa de Príamo se cuestiona por que él con sus problemas no sufre ni la mitad de lo que sufre el actor. Aquí recién Hamlet se entera de la causa de la muerte de su padre.

Hay una admiración en los actores y un reproche a sí mismo por no hacer nada para vengar la muerte de su padre, y sin embargo “se reprocha a sí mismo su forma de reaccionar frente a lo que sabe, está confundido, ya que se ve cobarde frente a todo mientras que la gente lo quiere, él tiene la duda de la veracidad del espectro (que si el espectro es o no su padre, ya que no está totalmente seguro de que lo sea, lo que lo lleva a creer que puede ser el diablo y que éste lo quiere arrastrar hasta pecar: matar a su tío.

Empieza a sentirse una mala persona por el hecho de no reaccionar como debería frente a lo que le sucede (se siente como la peor de las mujerzuelas). Esto nos muestra la relación del Ser y el Parecer, ya que él parece una mujerzuela, aunque no lo sea (la duda existencial típica del hombre del manierismo, duda de todo, hasta de sí mismo).

Dice que su tío es sanguinario y lascivo por matar a su hermano, dice todo lo que piensa sobre él. (si antes no le gustaba su tío, ahora menos lo haría)

Comienza una serie de insultos hacia Claudio: Inhumano, traidor impúdico, desnaturalizado, villano (es lo que piensa o cree de su tío)

Claudio no respeta las leyes de la naturaleza (por matar a su hermano), alterando el orden del manierismo, donde hay tres órdenes: Estado, Individuo y Naturaleza. Aquí vemos como su tío atenta contra el tercer orden; también lo hace con el primero, el Estado, al ser como es como persona siendo un Rey, demostrando una incapacidad de mantener un “buen” Estado siendo como lo dice anteriormente.

Luego en el tercer monólogo dice la frase más famosa de la literatura universal: “SER O NO SER, ESA ES LA CUESTIÓN”. Aquí el personaje resume toda su problemática que lo rodea. Es bien claro el tema del dualismo del manierismo, se encuentra resumido en esas palabras.

Frente a que el Rey quiere saber la causa de la actitud de Hamlet, ya que empieza a “parecer” loco, aunque en este monólogo lo vemos tal cual es, auténtico y verdadero.

Al analizar dicho monólogo podemos notar el problema existencial que carcome al príncipe: la duda, la confusión, la inestabilidad, la incertidumbre de cómo debe vivir, actuar, comportarse frente a los demás.

Nuevamente se maneja el Ser y el Parecer. Él parece ser lo que en realidad no es (parece ser loco, pero no lo es). Aquí puedo hablar brevemente de “El Avaro” de Moliere. El personaje, el Avaro, simula o pretende ser pobre para la gente que lo rodea: su familia. Y muestra claramente como deja de lado a su familia por guardar en una cajita su dinero, pero al fin y al cabo, ni él lo disfruta. Por eso los relaciono: como uno pretende ser lo que no es con el fin de desconcertar a los demás, de “protegerse” de los demás.

La frase puede analizarse descubriendo que el personaje se pregunta si ser o no ser (como) su tío Claudio, lo que indirectamente significa si ser o no ser un pecador. El dualismo también se ve en el juego Locura-Cordura, y cómo éste recurso es como un escudo para el personaje, como lo protege y le sirve para poder resolver el misterio: descubrir al causante de la muerte de su padre.

Y aquí podemos ver la dualidad en el hecho de que Hamlet manifiesta una inacción física (no actúa como siente, se mantiene o queda en la duda) pero pese a esto manifiesta una acción racional (o sicológica: se está moviendo “por dentro”: se empieza a mostrar loco para sus amigos y familia, lo que demuestra una agilidad mental del personaje, capaz de mantener su integridad, y la refuerza cuando se hace el loco. (demuestra que su conciencia está por encima de sus acciones)

También plantea que el hecho de vivir sería matar a su tío, y el de morir sería el de suicidarse para acabar con el sufrimiento, pero, sin embargo, él está como dormido, lo que simboliza su inacción frente a lo mencionado.

Hamlet no puede vivir corrompiendo su naturaleza: plantea que no es igual que su tío: no es un asesino. Aquí se maneja la lucha contra el destino, ya que Hamlet siente que debe matar al Rey, pero que si lo hace se estaría perjudicando a sí mismo, ya que no es natural de él asesinar a otro. (corrompería a su naturaleza y a sí mismo como individuo, y también al Estado: matando al Rey). Por ello, lo que lo frena es el temor, y no el temor de lo que pase en la tierra, sino lo que le preocupa es lo que pasaría en el más allá, después de la muerte del Rey. Aquí puedo decir que el temor es el principal freno de Hamlet para romper esa inacción que lo caracteriza a lo largo de los monólogos, y se remarca con la cobardía de la que ya he hablado.

Pese al temor, está conciente de lo que quiere y sabe que Ofelia es como un anzuelo para que Claudio se entere el por qué de la “locura” del príncipe.

Por ello, en el cuarto monólogo, decide romper en cierta forma con la inacción y decide enfrentar a su madre. En dicho momento, vemos a un Hamlet enfurecido, rabioso, que ya sabe que su tío mató a su padre, pero cuando decide enfrentar a su madre, vuelve a apoderarse de su actuar el temor, diciendo que va a herirla de palabra, no físicamente (en contra de lo que deseaba en ese momento): la ataca con palabras. Pero como dije, su conciencia se impone siempre ante el impulso, y vuelve a tomar conciencia de lo que está por hacer. Por ello, se implora que no quiere romper su naturaleza y matar a su madre, porque no es así como es él. Ruega no hacer lo mismo que Nerón (matar a su madre), y habla del “firme pecho”: aquí contrarresta la imagen débil y temerosa que demostraba en los demás diálogos. Se muestra firme y seguro de sí mismo. Y cierra el monólogo implorando no caer en el impulso de matar a su madre, aunque si herirla verbalmente, que logre hacerla sentir mal, pero sin llegar a matarla físicamente. Aquí podemos ver el tema de la integridad de la que hablé anteriormente cuando lo relacioné con Job, del pasaje de la Biblia de “El libro de Job”. Nuevamente vemos a Hamlet vencer el impulso, las ganas de matar a su madre por lo que ha hecho, gracias al hábil manejo de su pensar y la conciencia, al igual que Job cuestiona la Creación Divina, pero nunca pierde la Fe en Dios.

Y finalmente en el quinto y último monólogo vemos a un Hamlet totalmente decidido a romper la inacción, la cobardía y el temor que lo acompañaba a lo largo de la obra y decide ir a matar a su tío. Así rompe con la duda existencial del hombre manierista, evoluciona, ya que antes el temor lo frenaba, y ahora pierde el temor: hay una evolución o progreso psicológico en él.

En este monólogo entra en juego la religión y la razón. Hamlet está decidido a matar a su tío, y lo va a buscar. Cuando lo encuentra, lo encuentra arrodillado, rezando, generando nuevamente un freno para la acción hamlesiana: no lo mata, ya que piensa que si se está confesando y lo mata, éste irá al cielo, se purificará (lo religioso del monólogo), por lo que nuevamente entra en juego la razón, ya que vuelve a frenarse y tomar conciencia, y decide matarlo cuando se encuentre en su naturaleza: pecando (blasfemando, durmiendo con su madre, bebiendo en exceso o comiendo en exceso -gula-, etc). Este cambio de parecer lo vemos cuando Hamlet desenvaina su espada dispuesto a terminar con su dolor y el malestar de él y del Estado, pero luego, al tomar conciencia, vuelve a guardar su espada. Esta escena me recuerda, y por eso relaciono, a cuando Aquiles en “La Ilíada” estaba a punto de matar a su enemigo Agamenón, el Atrida, pero cuando desenvainó su espada Palas Atenea intervino tirándole del pelo, para frenarlo de lo que estaba por hacer: pecar -asesinar-. Aquí vemos una similitud entre ambos héroes trágicos: como en el momento cúlmine, de climax de la obra, de la situación planteada, la conciencia le gana al impulso, demostrando la (aparente) mejor calidad como persona del héroe (esto sería el Pathos Trágico de la obra).

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