Hamlet; William Shakespeare

Literatura universal siglo XVII. Teatro barroco isabelino. Literatura inglesa. Tragedia. Argumento. Estructura. Personajes. Muerte

  • Enviado por: Lauritar
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
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“Hamlet”

“Hamlet” es una obra magistral del escritor inglés William Shakespeare, en donde temas tan vigentes como: la traición, el amor, la venganza y la amistad, van siendo desarrollados de una forma única e incomparable.

Hamlet, el protagonista de la obra es un joven decepcionado de su entorno, un entorno corrupto que ha perdido todo su esplendor después de la muerte del padre de Hamlet, el Rey de Dinamarca. Hamlet se siente traicionado por su madre, la cual se ha casado con el hermano del Rey, su hermano Claudio, sin siquiera hacer duelo por su esposo recién muerto.

Hamlet, tiene que enfrentar varias vicisitudes al darse cuenta que su tío, Claudio, ha matado de una forma cruel a su propio hermano, el Rey de Dinamarca. Hamlet sabe esto por su propio padre, quien se le aparece en forma de fantasma y le revela éste secreto.

Es en éste momento cuando Hamlet comienza a entender lo que realmente significa la venganza. Y es aquí en donde comienzan sus más grandes cuestionamientos.

A esto debemos agregar su relación con Ofelia, una bella e insegura joven, la cual depende notoriamente de las decisiones de su padre y su hermano mayor, decisiones que la alejan de Hamlet. Hamlet, quién se encuentra en muy confuso por todo lo que ocurre con su familia, no logra entender lo que sucede con Ofelia, desencadenándose una desencuentro el amor.

Hamlet comienza a ver todo desde un punto totalmente diferente a como estaba acostumbrado a ver.

“...¡Todo esto es realmente apariencia, pues son cosas que el hombre puede fingir; pero lo que dentro de mí siento sobrepuja a todas las exterioridades, que no vienen a hacer sino atavíos y galas del dolor!...”

¿ No se parece a lo que la sociedad postmoderna plantea? Esto de que todo sea apariencia, el “arte de mostrar” que somos algo que realmente no somos, lo cual lleva a angustias, depresiones y tristezas dentro de nosotros. Como dice el Sociólogo José Joaquín Brünner: “...La fugacidad se ha vuelto parte del paisaje cultural que habitamos. Podemos estar aquí y en cualquier otro lugar, satélites y pantallas de televisión mediante. Pero al precio de aceptar la fugacidad. La globalización ensancha hasta el infinito el horizonte. La mirada postmoderna lo reduce al instante.

Hay algo en todo esto que confunde y genera un agudo desosiego. Es como si nos deslizáramos continuamente por una superficie de vidrio sin nunca poder detenernos a respirar...”

Hamlet está comprendiendo que lo externo es sólo la envoltura de todo un mundo interior que le proporciona incertidumbre.

Al criticar Hamlet todo su entorno, es dado por loco, por alguien que está “fuera de sí”.

Esto me llama mucho la atención, porque ¿no es algo que vemos hoy en día? Cuando alguien comienza a criticar nuestra forma de relacionarnos, de vivir y de sentir, lo primero que hacemos es darlo por “raro”, por alguien que no sabe nada, y que solo critica porque es “un resentido social”. Pero, ¿es así? ¿No tendrán éstos “resentidos sociales” algo importante que decirnos? El cómo estamos llevando nuestra sociedad nos debería hacer cuestionarnos el porqué éstos “locos” (que probablemente están “algo” más cuerdos que varios de nosotros) critican nuestro quehacer diario.

Y ahora estamos a punto de enfrentarnos al Gran cuestionamiento de Hamlet, “el ser o no ser”, el vivir o morir, el seguir o detenerse y dejar que todo continúe pero sin nosotros.

“¡Ser o no ser: He aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? ¡Morir..., dormir; No más!

¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!

¡He aquí un término devotamente apetecible!

¡Morir..., dormir! ¡Dormir!...¡Tal vez soñar!

¡Sí ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida!

¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio!

Porque ¿Quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete?

¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa ignorada región cuyos fines no vuelve a traspasar viajero alguno, temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que desconocemos? Así la conciencia hace de todos nosotros unos cobardes; y así los primitivos matices de la resolución desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento, y las empresas de mayores alientos e importancia, por esa consideración, tuercen su curso y dejan de tener nombre da acción.”

En éste conocido fragmento de “Hamlet” se encuentra una de las preguntas más famosas de la humanidad, el qué hay después de la muerte. El porqué no quitarse la vida, siendo que se sufre tanto, qué es lo que nos hace permanecer vivos.

Desde un punto de vista cristiano, al cual me apego fielmente, hemos nacido para morir, porque debemos morir a nuestros pecados para vivir eternamente.”...Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva... Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él...”.

El andar de los cristianos ha sido, desde el principio, un andar indigno y hasta a veces ESPANTOSO, pero que vale la pena sufrir, porque tenemos la convicción de donde iremos a ir “después de la muerte, esa ignorada región cuyos fines no vuelve a traspasara viajero alguno”.

Claro está que no estamos exentos de dudas y disyuntivas, las cuales no nos alejan, de ninguna forma, de nuestra relación personal con Dios, si no que al revés, nos acercan a Él, ya que buscamos la forma de escudriñar más hondamente su Palabra.

Pero debemos tener cuidado, porque NO tenemos asegurado nuestro “destino después de la muerte" por lo que hemos hecho o lo que hemos sufrido, por nuestros méritos, sino por el Creer en Jesucristo como Señor y Salvador.

“...Jesús dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente...”

Véase: “Hamlet” William Shakespeare, Edición Ercilla, pág. 18

Véase: “Globalización Cultural y Posmodernidad” José Joaquín Brünner, pág. 16

Véase: “Hamlet” William Shakespeare, edición Ercilla, pág. 67,68

véase: Santa Biblia, Romanos 6.4,8

véase: Santa Biblia, San Juan 11.25-26