Guerra del Pacífico

Historia de América. Fronteras de Chile. Perú y Bolivia. General Freire. Diego Portales. Tratado de Paucarpata. Expedición de Bulnes. Toma de Lima

  • Enviado por: Naty
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 14 páginas
publicidad

Iniciación del conflicto

Para poder entender este conflicto debemos tener en cuenta los siguientes acontecimientos:

El inició del conflicto tiene inicio gracias a la ambición del Perú por reincorporar a Bolivia, que le ha pertenecido y que incluso ha llevado el nombre de “ Alto Perú”. Por su parte, el general don Andrés de Santa Cruz, presidente de Bolivia, madura en secreto el plan boliviano de adueñarse del Perú, para lo cual, a la vez que fomenta en ese país las discordias civiles, militariza el suyo y forma un ejercito respetable por su número y valor.

En el Perú se encuentran dos bandos disputando el poder uno liderado por Orbegoso y el otro liderado por el caudillo rebelde Felipe Santiago de Salaverry. Orbegoso pide ayuda a Andrés Santa Cruz para derrotar a su enemigo, lo cual es aceptado por el presidente boliviano. Salaverry es derrotado en 1836 y a partir de ese momento se inician los trámites de la unión de ambos países andinos. El acontecimiento que nos permitirá conocer las causas del conflicto es la ya nombrada disputa entre los puertos de Valparaíso y Callao, esta disputa consiste en la lucha por los impuestos de los productos chilenos y peruanos. Así por ejemplo, el vino chileno paga más de lo que vale. No habiendo obtenido un arreglo Chile eleva entonces de tres a seis pesos los derechos del azúcar del Perú, con el objetivo de que esta medida haga allí sentir la necesidad de un tratado equitativo; pero todo es inútil. Al fin se logra celebrar un tratado de navegación y amistad; pero en 1836, el Presidenta Orbegoso, que no es más que un instrumento del general Santa Cruz, lo declara nulo.

Chile y Argentina se oponen rotundamente a la unión y ambos países declaran la guerra a esta confederación (pero individualmente), detrás de todo esto, estaban los conflictos de Tarija, entre Argentina y Bolivia, y la disputa entre los puertos de Valparaíso y Callao. El 9 de Mayo de 1837 se llegó al pacto de Tacna, en el cual se estableció la organización política del nuevo Estado, que quedaba dividido en tres repúblicas confederadas: Norte Peruano, gobernada por Orbegoso; Sur peruano, gobernada por Juan Pío de Tristán y Moscoso, y Bolivia, gobernada por José Miguel Velasco. El poder ejecutivo de la Confederación correspondería al protector; Santa Cruz elegido por un periodo prorrogable de diez años.

Santa Cruz tiene al gobierno de Chile por enemigo declarado de su persona y de la obra que acababa de realizar; pero cree, al mismo tiempo, que este país no esta en condiciones de comprometerse en una guerra. Para acabar de perturbar las relaciones de ambos gobiernos, los chilenos desterrados en el Perú, llevados de su odio a Portales, fomentan la desconfianza de Santa Cruz, y otro tanto hacen en Santiago los emigrados peruanos por vengarse del Protector (Santa Cruz. Entre los primeros figura el general Freire y Don Bernardo O'higgins, a quien al igual que a Freire se le pide que se incorpore a la Confederación pero él al contrario de Freire no acepta, este acto le permite a O'higgins obtener un salvoconducto por parte de Prieto (presidente en ese entonces) para poder regresar pero O'higgins no lo usa

Expedición del General Freire

Este es uno de los acontecimientos fundamentales para que la guerra sea declarada.

Desesperado en su destierro, cegado por sus resentimientos, Freire no titubea en lanzarse en una expedición aventurera contra el gobierno de su país, a bordo de dos naves de la marina peruana, que le son facilitadas en condiciones que importan un acto de abierta hostilidad contra el gobierno chileno.

En julio de 1836, Freire con los dos buques peruanos el Orbegoso y la Monteagudo y unos cien hombres, sale de El Callao, haciendo creer que se dirige a puertos del norte; no obstante, a poco andar vuelve al sur. Separados los dos buques por una tempestad, Freire con el Orbegoso aparece por sorpresa en Ancud, cuyas autoridades tiene que entregarle la provincia. Días más tarde arriba al mismo puerto la Monteagudo y cambia las señales convenidas; pero en la noche, mientras en tierra celebraban su arribo, la tripulación de la Monteagudo se apodera de la Orbegoso y de los fuertes. Se restablecen las autoridades depuestas por Freire y éste es sacado de un buque ballenero en que se ha refugiado.

Sólo entonces llega a saber Freire lo que ha ocurrido a sus espaldas. Al salir de El Callao, dos marineros de la Monteagudo, viendo que no van al norte sino que los llevan para dar un golpe al gobierno de su patria, se ponen de acuerdo con otros; aprisionan sus jefes y haciendo el uno de comandante y el otro de segundo arriban a Valparaíso donde entregan la nave.

Acto continuo, se le cambia la tripulación y se le envía a Ancud para sorprender y capturar a Freire con sus propias armas. Este ardid termina sin disparar un tiro una revuelta que más tarde pudo ensangrentar al país.

Freire es condenado a muerte; pero la Corte nacional le conmuta la pena en destierro a Sydney en Australia.

No es el ánimo del gobierno llegar hasta una ruptura con el Perú por las cuestione comerciales ni por “ las pruebas solemnes de malevolencia que había recibido “

De sus gobernantes, como dice Prieto en un mensaje al Congreso; pero le indignan el convencimiento de que el gobierno peruano ha facilitado a Freire los medios de realizar la expedición destinada a encender la guerra civil en Chile y que anteriormente los ha ofrecido también a O'higgins con igual propósito.

Comprende entonces que la Confederación Perú - Boliviana, constituye un verdadero peligro para la seguridad de Chile , el gobierno de Chile se da cuenta que Andrés de Santa Cruz está pensando en dominar Ecuador y finalmente que aún es de temer el mismo Santa Cruz transforme su dictadura vitalicia por un trono.

Partiendo pues de estas bases y estimando la expedición de Freire como una declaración de guerra, el gobierno resuelve quitar al Protector los medios de hacer daño, a su vez, el mismo día en que se despacha a la Monteagudo contra Freire

Envía al Perú al Aquiles y a la Colocolo a las ordenes del coronel don Victorino Garrido, este deja a la Colocolo en Arica. El 21 de Agosto de 1836, entró al Callao con la Aquiles y en la noche del mismo día 80 hombres se apoderan de la barca Santa Cruz , declarando al gobierno peruano que su inexplicable conducta había obligado a Chile por su propia defensa a tomar esta medida.

El 23 de Septiembre, Garrido entra a Valparaíso con la mayor parte de los barcos, todos los cuales, según se cuenta entonces llevan una escoba atada en la proa como signos de que el mar queda limpio de buques enemigos.

Diego Portales, está convencido de que Santa Cruz desea atacar a Chile, pide al Congreso autorización para declarar la guerra al gobierno peruano, en caso de que este no de garantías de paz, y reparación de sus agravios en condiciones que afiance la independencia de la República.

La autorización es concebida por unanimidad de votos el 10 de Octubre de 1836, y poco después Don Mariano Egaña sale hacia el Perú con instrucciones de exigir lo siguiente:

“ Reconocimiento de las cuentas de un empréstito y de la expedición libertadora “

“ Indemnización por los daños causados por la expedición de Freire “

“ Limitación de las fuerzas navales del Perú “

Egaña es acompañado por una escuadra de cinco buques que manda el Vicealmirante Blanco.

Declaración de la Guerra

El ministro de Bolivia protesta por esta forma de enviar una delegación; pero Portales le contesta que “ Un número tan pequeño de buques de poca fuerza no podía inquietar a un gobierno como el del Perú “.

Poco después el ministro de Bolivia es expulsado del país acusado como cómplice de una revolución que debe estallar en Santiago en Noviembre de 1836.

En El Callao, las autoridades notifican a Blanco que tiene orden perentoria de impedir que su escuadra fondease en el puerto o se comunicara con tierra ni para recibir víveres. Sólo la delegación puede desembarcar.

No es posible llegar a ningún acuerdo. Santa Cruz ve claro que Chile a resuelto destruir la Confederación y el protectorado y exige el retiro de la escuadra. Egaña se retira sin desembarcar, dando por declarada la guerra el 11 de Noviembre de 1836.

El Congreso “ a nombre de la República de Chile, insultada en su honor y amenazada en su seguridad interior y exterior “, ratifica la declaración de guerra e inviste al gobierno de todas la suma del poder público.

Chile es el único temor que siente Santa Cruz, sin ver que en el Perú y aun en Bolivia a parecen síntomas graves de descontento contra su gobierno. En diciembre de 1836; la corbeta de guerra peruana Libertad, llega a entregarse en Valparaíso para combatir contra el Protector ( Santa Cruz).

Negociaciones con Argentina

En Chile , el pueblo no se da cuenta cabal de las causas de la guerra y ésta no entusiasma a nadie. Para contar con otros elementos, el gobierno envía a Buenos Aires a don José Joaquín Pérez y propone un tratado de Alianza que es aceptado por don Juan Manuel de Rosas, el cual, aunque sólo es gobernador de Buenos Aires, tiene la representación de las demás provincias en los asuntos internacionales y ejerce sobre toda la nación su tiranía personal. Rosas considera también “que la intervención de Santa Cruz para cambiar el orden político del Perú era un abuso criminal contra la libertad e independencia de los Estados americanos”. Pero como en el tratado insisten en imponer la cláusula de que Bolivia devuelva a Argentina la provincia de Tarija y que le pague además ciertas cuentas de la guerra de la independencia, Chile, a pesar de las ventajas de esa alianza, prefiere pelear solo a fin de hacer odiosa la causa que sostiene hacer la guerra al dictador Santa Cruz, pero no al Perú ni a Bolivia.

Desechada la alianza, Rosas, que acusa también a Santa Cruz de fomentar continuas revueltas en Tucumán y Salta, le declara la guerra por su cuenta.

Asesinato de Portales

Don Diego Portales por querer participar personalmente de la expedición al Perú, liderada por Blanco Encalada, se va a encontrar con un grupo de hombres, liderados por el coronel don José Antonio Vidaurre, que se oponían a esta expedición en Quillota. Con el pensamiento de que esta guerra era “obra forjada por la tiranía e intriga de Portales, que por el noble deseo de reparar agravios de Chile” estos hombres (que eran parte del ejercito) acuerdan suspender esta expedición y dedicar sus fuerzas a reestablecer la paz interior.

En un acto de lucha entre los que se disponían y los que se oponían a la expedición, el capitán Florín, que custodiaba a Portales lo traiciona le da orden de disparo a sus soldados en contra del ministro (6 de junio de 1837).

Expedición de Blanco Encalada,

Tratado de Paucarpata

Santa Cruz cree que con Portales desaparecen los aprestos para la guerra y vuelve a iniciar gestiones de paz. Por toda respuesta, el gobierno forma otro ejército. La sangre de Portales ha hecho nacional la guerra, pues todos creen entonces que Santa Cruz es el instigador del motín de Quillota.

En septiembre de 1837 parte la expedición al mando de Blanco, quien lleva además el cargo de ministro plenipotenciario, junto a don Antonio José de Irisarri. El ejército desembarca en chilca donde la fragata Carmen, que conduce las herraduras de la caballada y gran repuesto de armas y vestuario.

Después de una marcha de cuarenta leguas por el desierto, en el que la tropa sufre los suplicios horribles de la sed, la ciudad Arequipa es ocupada sin resistencia. Los emigrados peruanos que acompañaban el ejército establecen un gobierno provisional.

Pero el ejército queda allí sentado, ya que su presencia no provoca el esperado levantamiento contra Santa Cruz. Este, entre tanto, evitando todo combate, llega a rodear a Blanco con cinco mil hombres. Blanco sólo tiene mil setecientos.

Los emigrados han hecho creer al gobierno que ese pequeño ejército basta para la campaña por que en el Perú sobraría hombres elementos para armar otro.

Aunque la victoria parece segura, Santa Cruz no quiere vencer por la armas, convencido de que una derrota, antes de que doblegar a Chile, lo puede levantar en masa contra el vencedor. Ofrece, pues, la paz y ésta se firma en el caserío de Paucarpata en noviembre 1837. en virtud de este particular tratado lo, único en la historia militar de Chile, la Confederación, motivo de la guerra, queda reconocida; el ejército abandona Perú y se devuelven los buques por Garrido. El Perú, por su parte, se compromete a pagar el millón y medio de pesos que le ha prestado Chile en 1823; se olvida lo pasado, pero quedan en pie las medidas odiosas adoptadas para destruir la preponderancia comercial de Valparaíso. La expedición regresa a Chile. El pueblo y el gobierno rechazan indignados el tratado de Paucarpata, y Blanco es sometido a un Consejo de Guerra, que absuelve su conducta.

Expedición del general Bulnes

Mientras se organiza un nuevo ejército, se envían al Perú dos expediciones marítimas, una las ordenes de don Roberto Simpson, para notificar la desaprobación del tratado, y la otra al mando de don Carlos García del Postigo y Bulnes, para hacer efectivo el bloqueo de los puertos peruanos. El comandante Bynon captura la fragata peruana confederación.

Don Manuel Bulnes es nombrado general en jefe del nuevo ejército restaurador del Perú y jefe del Estado Mayor el general don José María de l Cruz.

Este ejército de más de cinco mil hombres sale de Valparaíso en julio de 1838, en veintiséis transportes custodiados por cuatro naves de guerra. Van también los generales peruanos Vivanco, Gamarra, Castilla y La fuente, emigrados.

Durante el viaje se sabe que el norte de Perú se ha separado de la Confederación y que las tropas bolivianas que están en Lima han salido hacia la sierra; pero que Orbegoso, que es el presidente del Estado Norte, a la vez que acepta el levantamiento contra la dominación de Santa Cruz, declara que igualmente piensa hacer la guerra al ejército chileno que va, justamente, a destruir esa misma dominación.

A principios de agosto el ejército desembarca en Ancón, al norte de Lima, y desde sus primeros pasos es víctima de hostilidades de parte de Orbegoso y los suyos. Se prohíbe a los habitantes vender provisiones en el campamento chileno se cortan las acequias para privarlo del agua y se arrasan los campos por donde debe pasar.

Pero aunque el ejército llega a verse en la alternativa de parecer de hambre y de sed o de salir de apuros con sus armas, Bulnes hace todavía más de lo que es dable por lograr una conciliación con Orbegoso y evitar una derramamiento de sangre peruana; mas todo es inútil: Orbegoso acepta las negociaciones de paz para dar tiempo a que las enfermedades diezmen s los chilenos, y puedan regresar a Lima las tropas Bolivianas que acaba de despedir.

Captura de Socabaya

Tras reconocer con dos de sus buques la bahía de El Callao, el almirante Postigo envía en la noche del 17 de agosto al mayor Angulo y al teniente Señoret con tres lanchas y algunos botes contra la corbeta Socabaya, la que es arrancada de su fondeadero tras dos horas de combate.

Batalla de Portada de Guías

Rotas, al fin, las hostilidades, Bulnes se dirige sobre Lima; Flanquea dos veces las posiciones que ocupa el ejército peruano y dejándolo burlado a su retaguardia, logra interponerse entre la capital y el camino de la sierra por el cual pueden llegar las tropas bolivianas.

El 21 de agosto, la vanguardia de Bulnes es atacada por Orbegoso cuando avanza penosamente por un callejón que conduce la Portada de Guías, llamada así por ser una de las puertas de la muralla colonial que rodea a Lima. Iniciando el combate como a las 9 de la noche, pronto la vanguardia agota sus municiones. Atacado en masa por los contrarios, el resto del ejército detenido en un pedregal, se afana desesperadamente por correr en su auxilio hasta que el general Cruz logra llegar con los batallones Portales, Valparaíso, Carampangue, Colchagua, dos cañones y un escuadrón de granaderos.

Bulnes ordena atacar a fondo y desde ese momento, mientras la caballería se bate en el llano, los infantes pelean casi cuerpo a cuerpo en un duelo a muerte hasta las 5 de la tarde, hora en que Orbegoso se retira a Lima para rehacerse con sus reservas, dejando al general Nieto a la defensa del puente que une la portada con la ciudad.

El coronel de Pedro Godoy, al mando de la reserva, “venció todos los obstáculos que se opusieron a su marcha y después de arrojar al enemigo del puente, tomando las tres pieza de artillería que lo defendían, entro a la ciudad y se alojo en la plaza.

Toma de Lima

Después de dormir sobre el campo de batalla, en el que Orbegoso ha dejado cerca de mil hombres entre muertos y heridos, el ejército chileno cruza triunfante las calles de lima.

El general Gamarra es nombrado por el cabildo como “Presidente provisorio”.

Entre tanto, diversas partidas de montoneros arrasan los alrededores de la capital y se apoderan de cuantos recursos puedan servir al ejército chileno, auxiliados por las tropas bolivianas que se concentran en tarma.

Luego se sabe que éstas intentan asaltar a Lima. A fin de prevenir cualquier sorpresa, Bulnes envía al interior una columna compuesta de doscientos doce hombres a Santiago y 60 de la Legión peruana, al mando del comandante don José María Sessé, sobrino del Presidente Prieto.

Combate de Matucana

En esta aldea, escondida en las alturas de la sierra, la columna es atacada por el general Otero con quinientos veteranos de Bolivia y una partida de montoneros, con los cuales llega hasta los alrededores del villorrio sin ser notado. Todo parece asegurar el éxito de esa brillante sorpresa, porque hasta la tropa está adentro de la iglesia oyendo misa. No obstante, la fecha es mal elegida: es el 18 de septiembre de 1838.

Al oír los disparos de las avanzadas, los soldados salen a la plaza a los gritos de ¡Viva Chile! Pero los fusiles están cargados con pólvora únicamente para la salva en honor del aniversario de la patria, y mientras los descargan y vuelven a recargar con bala, se le envía a la Legión peruana en socorro de las avanzadas.

Persiguiendo a la legión, los bolivianos llegan hasta cerca de la plaza con admirable empuje. Ahí el terreno es disputado con igual furor por ambas partes. Se lucha algún rato cuerpo a cuerpo. El Santiago toma por asalto las casas en que por grupos se parapetan los contrarios. Otero, arrojado del pueblo, se reconcentra detrás de unos cercos vecinos al río; pero atacado de nuevo con vigor que no decae, el terror se apodera de sus tropas, sin que todos los esfuerzos de sus oficiales logren rehacerlas, según refiere el coronel español Placencia, que acompaña a Sessé.

A las 4 de la tarde, después de cuatro horas de lucha, Otero, en completa fuga por las cumbres casi inaccesibles de la quebrada, deja en el campo cincuenta muertos y treinta prisioneros.

Sitio del Callao

Dentro de las fortalezas de este puerto hay cerca de mil doscientos soldados con Orbegoso y otros derrotados de Portadas de Guías. Bulnes vuelve a ofrecer la paz; mas Orbegoso pone por condición que se le instale como Presidente en reemplazo de Gamarra, el aliado de Chile.

El general cruz es enviado entonces a sitiar la plaza, mientras el almirante postigo la bloquea por mar. Aquel sitio abruma de pesadumbre a la tropa. Sobre el cansancio de una incesante vigilancia, caen las enfermedades que la acosan. Durante este sitio presta enormes servicios Candelaria Pérez, chilena avecinada en El Callao. Cura a los heridos y enfermos y sirve de guía a las columnas que de noche se acercan a los muros de las fortalezas. A cuyos defensores reta a salir a campo raso. El Congreso le concede más tarde el rango de sargento de ejército.

Entre tanto, el bloqueo resulta infructuoso: los sitiados se sostienen por la protección decidida de los extranjeros, todos amigos de Santa Cruz. Las escuadras de Francia e Inglaterra suministran a Orbegoso cuanto necesita, conforme a un plan de hostilidades a Chile, en que es una de las mayores contrariedades y peligrosos que rodean a Bulnes en Lima. Las misma actitud tiene los demás representantes extranjeros.

Con motivo de un incidente mínimo, el ministro inglés exige en términos insolentes una reparación instantánea y como Bulnes rechaza tal humillación, el almirante inglés ordena atacar dos de sus poderosas naves a los costados de la corbeta Libertad, que comanda Postigo, ordenándole que no mueva ninguno de los buques chilenos hasta que no se dé la reparación exigida. Por su parte, el ministro de Estados Unidos apoya esa petición Británica.

“Bulnes, dominado por una irritación que desbordaba de su espíritu, hizo presente al ministro inglés que había hecho venir a Postigo y le había exigido, invocando sus sentimientos de caballero y de soldado, que no soportaría por más tiempo la afrenta que le imponía la escuadra inglesa; que le había ordenado moverse al día siguiente con sus buques y en caso de encontrar oposición, resistir la ofensa, primero con sus cañones y después, si era necesario con su Santa Bárbara”. El ministro inglés, que conocía el arrojo temerario de Postigo, arregló en el mismo día la dificultad.

Evacuación de Lima

Las montoneras don, finalmente, deshechadas en una serie de sangrientos de sangrientos encuentros. El norte se declara favorable a Gamarra, lo que ofrece Bulnes un punto de retirada, y en lima, aunque el populacho continúa siendo abiertamente hostil, la clase dirigente se muestra más favorable a Bulnes con mejor conocimiento de sus propósitos y en vista de la conducta ejemplar de su ejército.

Sin embargo, la situación se agrava por momentos. Los hospitales están llenos de soldados enfermos. Según el coronel Urriola, “cada día perdíamos más gente que si nos estuviésemos batiendo”, y dejando estallar el cólera que el ejército devora en silencio, propone a Bulnes que con la punta de las bayonetas saque los recursos que necesita y marche sobre el enemigo, “dando al diablo a Orbegoso y su castillo (El Callao) a Lima y su Gamarra”.

Santa Cruz, por su parte, ha llegado a reunir siete mil hombres. Se establece en Tarma para esperar allí que las privaciones, las enfermedades y el sitio de El Callao concluyan de aniquilar al ejército chileno sin necesidad de combatirlo.

En vista de tal situación, Bulnes decide enviar a los enfermos al departamento de Trujillo y dirigirse con el resto del ejército al de Huaylas para organizarlo y aumentar sus fuerzas, dejando que los bolivianos entren a Lima y llenen a su turno los hospitales y cementerios. Más débiles que los chilenos, según Bulnes, los serranos de Bolivia no soportan el clima tropical de la cosa.

El 11 de noviembre, Bulnes con Gamarra la artillería y la infantería se reembarcan en Ancón, tan a la vista de Santa Cruz que la caballería que camina por la costa puede contemplar las masas del ejército boliviano que, rehuyendo el combate, se dirige a Lima, donde es recibido triunfalmente.

Don Bernardo O`Higgins, con su autoridad de patriarca red la revolución americana, vuelve a interponer su meditación a favor de la paz. Escuchando respetuosamente por Bulnes y Santa Cruz, no se logra avenimiento, a pesar de los buenos deseos de don Mariano Egaña y del cónsul inglés, nombrados plenipotenciarios para ajustarla. Chile exige la independencia del Perú y Santa cruz, el “cacique del Perú”, como lo ha llamado portales, no acepta destruir su imperio.

Combate naval de Casma

Los Bolivianos comienzan a padecer en Lima las enfermedades y miserias que han sufrido los chilenos. Por otra parte, Santa Cruz ve claro que Bulnes, libre de Lima y movilizado por su escuadra, pueda ahora atacarlo en diversos puntos y mientras hacen correr la voz de que los chilenos huyen desesperados de sus tropas, trata por todos los medios posibles de conservar su poder. De nuevo ofrece la paz, a la vez que envía sus batallones para hostilizar a Bulnes y procura a toda costa formar elmentos navales para atacar la escuadra.

Un puñado de aventureros franceses se ofrece para destruir los buques chilenos que estan en Casma. Santa Cruz no vacila en darles los recursos necesarios para armar tres naves, con las cuales salen en demanda de la escuadra que se halla fraccionada en divisiones aisladas en varios puntos de la costa.

En Diciembre, los corsarios capturan en Supe al bergantín Arequipeño, que Bulnes ha entregado a Gamarra, y se apoderan de dos naves y sus fuerzas mercantes. Tan feliz estreno aumenta su audacia y sus fuerzas, de tal modo que se cree prudente enviar a Chile algunos buques para resguardar sus puertos. Pero la alegría del primer triunfo dura poco. El 12 de Enero de 1839, a las 5 de la tarde, cuatro corsarios atacan a tres naves chilenas que bajo las órdenes del comandante Simpson hacen provisión de leña en el puerto de Casma.

Simpson rescata el Arequipeño y después de hora y media de combate, las otras tres naves corsarias emprenden la fuga; se desarman en El Callao y parten a refugiarse a Guayaquil con bandera francesa.

Avance del ejército restaurador

El ejercito desembarca en Guacho y a fines de Diciembre llega a Huara, después de cruzar tierras sin recursos.

Gamarra y los generales peruanos procuran a los expedicionarios los recursos posibles para aliviar sus tremendas penalidades. En esta tarea, don Victorino garrido, cooperando con ellos, presta al ejército servicios inapreciables.

Entre tanto Santa Cruz, enfermo en Lima, ha despachado tres divisiones qu siguen los pasos de Bulnes. El plan de éste consiste en dejarse seguir, aparentando que escapa a la persecución del enemigo, hasta encontrar un campo favorable para volver la cara en una batalla decisiva.

A principios de Enero (1839), Santa Cruz, con un cortejo casi versallesco y una cuarta división, se pone al frente de todo su ejército, núcleo de veteranos cubiertos de galones y medallas y que con su elegancia se burlan de la pobreza de los “rotos” de Bulnes.

Después, en le pueblo de Huara, Bulnes; abrumado de cansancio, duerme vestido cerca de su caballo en la plaza del pueblo cuando las avanzadas enemigas aparecen en el extremo opuesto de la misma plaza. Los ágiles bolivianos han hecho una jornada doble, y Bulnes apenas tiene tiempo de escapar con su pequeña escolta.

Combate del puente de Buin

6 de Enero de 1839

En este combate el general Bulnes manda en persona los tres batallones que cubren la retaguardia del ejército. El mayor Funes, que cae prisionero, revela a Santa Cruz la gran distancia que separa a Bulnes de su vanguardia y la facilidad de destruir la poca tropa que lo acompaña. Aprovechando esta traición, Santa Cruz alcanza a Bulnes a orillas del riachuelo llamado Buin, en circunstancia de que una violenta tormenta ha casi dispersado sus tres batallones muy reducidos, además por haberse enviado adelante sus rancheros y asistentes.

Bulnes extiende su línea de mil cuatrocientos hombres al otro lado del Buin que corre invadeable, y a las 3 y media de la tarde el combate se trataba en torno del único puente que lo cruza. Por ambas partes se hacen prodigios de valor. Donde Colipí ( Subteniente Araucano, ascendido a Teniente ) muestra actos de valentía.

Santa Cruz “ tenía sobre el campo todo su ejercito y dos piezas de artillería;

Pero nuestros soldados no sólo se defendieron con una bizarría admirable, sino que repasando el puente atacaraon a la bayoneta al enemigo “ .

Este se retira al caer la tarde , en la noche, Bulnes trata de asaltar el campamento de Santa Cruz ; mas el puente ha sido cortado. Sepulta en el torrentoso río a 93 muertos y sigue a Yungay, llevando 220 heridos.