Guerra del Pacífico

Historia de América Contemporánea. Conflicto bélico. Partes. Combate naval

  • Enviado por: Shilena del Santa Lucía
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 3 páginas
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La Guerra del Pacífico

La campaña marítima (1879).

Desde el comienzo hubo serias diferencias entre el gabinete del ministro Belisario Prats y el propio presidente PintoHotwordStyle=BookDefault; , quien se inclinaba por una solución pacífica al conflicto. El Ministro tenía el plan de atacar directamente al Callao, pero Juan WilliamsHotwordStyle=BookDefault; , comandante de la Escuadra, quería bloquear Iquique, zona de abastecimiento de los aliados. Con dicha acción comenzó la campaña marítima. El bloqueo se hizo efectivo desde comienzos de mayo. Las naves que debían hacerlo cumplir eran las más antiguas de la armada chilena: la Esmeralda y la Covadonga.

El combate naval de Iquique.

Las órdenes que había recibido Arturo PratHotwordStyle=BookDefault; , capitán de la Esmeralda, como jefe del bloqueo, era esperar los resultados de la batalla que debería librarse en el Callao, sabiendo que la escuadra peruana se movilizaba con un contingente de cuatro mil hombres hacia Arica. El día 20 de mayo, las naves peruanas se dirigían hacia Iquique cruzándose con las naves más poderosas de la Escuadra chilena, sin avistarse. Al día siguiente llegaron los blindados peruanos a Iquique, siendo reconocidos por los vigías de la Covadonga. Prat arengó a sus hombres y se preparó para la batalla.

PratHotwordStyle=BookDefault; se acercó lo más que pudo a la playa para obligar a los artilleros del Huáscar elevar sus tiros para evitar darle a la población. Miguel GrauHotwordStyle=BookDefault; , comandante del Huáscar, evitó acercarse a la débil corbeta por creer erradamente, que estaba rodeada de torpedos y minas submarinas. Los disparos del blindado no dieron ni una sola vez en el blanco por más de hora y media. A su vez, los proyectiles de la Esmeralda rebotaban, sin hacer daño al monitor. Una pieza de artillería emplazada en la costa a las nueve de la mañana obligó al vetusto navío a moverse.

El movimiento hecho por PratHotwordStyle=BookDefault; hizo que GrauHotwordStyle=BookDefault; ordenara dirigirse a toda máquina contra la corbeta para atacarla con violencia con su poderoso espolón de proa. Prat viró sobre su centro lo que amortiguó en parte el impacto, pero no evitó que el espolón causara daños en la nave y bajas en la tripulación. Durante este espolonazo Prat, en un gesto heroico, saltó al Huáscar, mas sólo alcanzó a oír la orden de abordaje el sargento Juan de Dios Aldea, que lo siguió. Prat corrió por la cubierta del monitor, siendo rápidamente abatido, lo mismo que el sargento Aldea.

El fin de la Esmeralda.

GrauHotwordStyle=BookDefault; espoloneó nuevamente. Ahora saltó al abordaje el teniente Ignacio Serrano con algunos hombres, pero fue abatido igual que su comandante. Los cañones peruanos proferían mortales heridas al débil casco de la corbeta. Un tercer espolonazo mandó a pique a la vieja mancarrona desde la proa, con la bandera al tope. La Esmeralda se hundía a las 12:10 del 21 de mayo. Los sobrevivientes fueron recogidos por el Huáscar. Los cadáveres de PratHotwordStyle=BookDefault; y sus hombres fueron enterrados en Iquique y las pertenencias mandadas por Grau a su esposa en un gesto de caballerosidad sin par.

El combate de Punta Gruesa (21 de mayo).

Carlos CondellHotwordStyle=BookDefault; , comandante de la Covadonga se había alejado de la Esmeralda con el fin de buscar aguas propicias. Se desplazó al sur bordeando la costa. La Independencia, al mando del comandante Juan Guillermo Moore, intentó cazarla, pero su mayor calado no le permitió acercarse mucho. Además, la puntería de sus artilleros era deficiente. En esta carrera, Condell pasó rozando los arrecifes de la costa. Moore lo siguió, encallando su nave cerca de la costa. Al percatarse de ello, el capitán chileno dio la orden de virar la Covadonga, dirigiéndose sobre la nave peruana, cañoneándola hasta que se rindió.

El combate de Angamos (8 de octubre).

Luego de muchas incursiones en la costa chilena, provocando preocupación en el alto mando naval, el Huáscar comenzó a ser perseguido sin cesar, con infructuosos resultados. Hasta que en octubre, luego de esperarlo por días, varias unidades lograron darle caza a la altura de la Punta de Angamos. Después de una intensa persecución del Cochrane, al mando de Juan José LatorreHotwordStyle=BookDefault; , doblegaron la resistencia del monitor. Tras acusar serias averías en su estructura y la muerte del comandante Miguel GrauHotwordStyle=BookDefault; , se ponía término al terror causado por el invencible blindado.

La campaña de Tarapacá: Pisagua.

Luego de la victoria en el mar, en octubre de 1879, las tropas chilenas avanzaron sobre el territorio de Tarapacá, aun cuando no era su intención anexarla sino mantenerla como indemnización de guerra. Para ello se efectuó un desembarcó en la costa de Pisagua, una operación complicada por lo difícil del terreno. Bajo el mando del general Erasmo Escala se movilizó un contingente cercano a los diez mil hombres, el 2 de noviembre de 1879. La operación, de carácter anfibio, fue precisa y exitosa. En poco tiempo se izaba la bandera chilena en el fuerte de Alto Hospicio.

La batalla de Dolores.

Después de haber perdido Pisagua, el ejército peruano-boliviano -nueve mil hombres al mando del general Buendía- marchó de Iquique al puesto de Dolores, sin saber que las tropas chilenas comandadas por el coronel Emilio Sotomayor ya las habían ocupado con seis mil soldados. Se habían atrincherado fuertemente en el cerro Dolores, a cuyo pie había una oficina salitrera donde, finalmente, se desarrolló la batalla. Las fuerzas se encontraron el 19 de noviembre. Luego de un intercambio de artillería, los chilenos ganaron las posiciones enemigas, forzando a una retirada desbandada de los peruanos y bolivianos.

El combate de Tarapacá.

Después de Dolores se avanzó hacia Iquique, por lo que ChileHotwordStyle=BookDefault; quedaba en posesión de un territorio rico en recursos. El error de no cerciorarse del número del enemigo, motivó a que se enviara una división de dos mil hombres contra los bien protegidos cinco mil peruanos que estaban en Tarapacá. Las fuerzas chilenas fueron arrasadas. El mayor chileno Jorge Wood intentó contraatacar, pero la falta de municiones y agua, además del cansancio, hizo que el éxito inicial de esta carga se desvaneciera. La llegada de BaquedanoHotwordStyle=BookDefault; alivió en algo la desastrosa situación.

La campaña de Tacna (1880): preparativos.

Para asegurar la ofensiva del mando militar después de cavilaciones que habían inmovilizado al ejército, el gobierno entendió que era necesario establecer un mando político en la ciudad de Iquique, que había sido ocupada por LatorreHotwordStyle=BookDefault; . Patricio LynchHotwordStyle=BookDefault; ejerció la jefatura del gobierno político con gran eficacia, comenzando por organizar los servicios locales y un municipio con cónsules, de una eficacia admirable. En lo militar, para concretar la campaña, desembarcaron en Ilo trece mil soldados, asegurando la retaguardia. Los planes del general Baquedano.

El plan de BaquedanoHotwordStyle=BookDefault; era detener el frente del coronel Andrés Gamarra, que se dirigía a Arequipa con dos mil hombres de la artillería y la infantería. Pretendía hacerlo en la quebrada de Tumillaca, para cortar la retirada, y escalar con el regimiento Atacama el acantilado del norte por el camino de Guaneros. La maniobra resultó exitosa. El día 22 de marzo los soldados treparon por el escarpado y sorprendieron a los peruanos indefensos, los que retrocedieron desbandados. Los chilenos protegían de esa forma su retaguardia, inflingiéndole a sus enemigos una fuerte derrota.

La batalla de Tacna (26 de mayo).

Luego de la muerte del ministro SotomayorHotwordStyle=BookDefault; , y de superar el desconcierto inicial, BaquedanoHotwordStyle=BookDefault; dispuso de una fuerza total de cerca de quince mil efectivos para sus acciones en el norte. En la mañana del 26 de mayo la artillería abrió los fuegos dando inicio a la batalla de Tacna. La superioridad de la artillería chilena destrozó las líneas del ejército aliancista, a lo que siguió una carga de la infantería comandada por el coronel Amengual, que se detuvo por falta de municiones. Más tarde, el coronel Pedro LagosHotwordStyle=BookDefault; atacó sorpresivamente, provocando el desbande de las tropas aliancistas.

El asalto y toma del morro de Arica (7 de junio de 1880).
Como bastión de la defensa peruana, el morro de Arica era fácil de proteger. Su acceso era complicado y dominaba buena parte del plan y el puerto. La planicie del morro se fortificó previendo un ataque marítimo, único posible hasta ese momento. No obstante, la importancia del morro para las comunicaciones entre las fuerzas chilenas hacía vital su captura. Se designó al coronel LagosHotwordStyle=BookDefault; . Se fabricó un puente sobre el río Lluta, para acceder más libremente al morro, y una vez cercado se pidió la rendición del general Bolognesi.

Bolognesi rechazó la petición. Con una estrategia sagaz, LagosHotwordStyle=BookDefault; hizo creer al comandante peruano que atacaría por el norte, pues una columna se desplazó hacia ese punto. Mientras el verdadero ataque se gestaba por el sur y de noche, ya que los fuegos del campamento permanecieron encendidos. El ataque fue exitoso, rápidamente destruyeron la línea defensiva y siguieron subiendo, lo mismo sucedió en las siguientes defensas del morro, hasta que llegaron a la cima como una turba infernal, destruyendo todo lo que estuviera a su paso. El morro era chileno luego de cincuenta y cinco minutos.

La campaña de Lima (1881).

La organización de las fuerzas para ir en expedición contra Lima fue dirigida por el propio presidente PintoHotwordStyle=BookDefault; y José Francisco Vergara. El ejército aumentó su dotación en 42.000 hombres. Con la derrota del ejército peruano del sur, el presidente Piérola intentó reorganizar sus tropas en la defensa de la capital en una línea fortificada que cortaba todos los accesos a la ciudad por el sur y que se creía impenetrable. El número de sus fuerzas, con la ausencia de sus mejores cuadros y jefes llegaba a 26.000 soldados de línea y tenía una reserva de segunda línea de 13.000 hombres.

La toma de Chorrillos (13 de enero).

El mando chileno decidió atacar de frente a la larga línea defensiva que había tendido Piérola para proteger la capital. Con gran esfuerzo en Chorrillos, al mismo tiempo que en el morro Solar, se luchaba por tomar ese balneario. La defensa fue tenaz, pero a las 14:00 horas todo había terminado: el triunfo de los chilenos era absoluto. De los chilenos que participaron en la toma, hubo una baja de una quinta parte y entre los peruanos seis mil de los veinte mil hombres fueron muertos y heridos. Del resto, varios cientos fueron hechos prisioneros, otros se reagruparon en Miraflores y huyeron.

La batalla de Miraflores (14 de enero).

Las acciones fueron rápidas, luego de una breve tregua. Barceló, apoyado por la artillería de la Escuadra, atacaba por el flanco derecho de los peruanos. Urriola retrocedía combatiendo. LagosHotwordStyle=BookDefault; , a pesar de sus escasos hombres, apoyó eficientemente a las fuerzas de Urriola y Barceló, con lo que se aseguraba el flanco derecho. Lagos aprovechó el buen ánimo de sus soldados y

lanzó un ataque contra el fuerte y la doble línea de trincheras. Barceló cayó abatido y fue reemplazado por el comandante Demófilo Fuenzalida, logrando el triunfo final de los chilenos.

Ocupación de Lima.

Después de la victoria las tropas chilenas tenían el acceso libre a Lima. El 16 de enero, Rufino Torrico, alcalde de la ciudad, firmó la rendición, a falta de otra autoridad. Además, informó a Baquedano HotwordStyle=BookDefault; de los saqueos efectuados por la retirada del ejército peruano. El general Cornelio SaavedraHotwordStyle=BookDefault; entró en la ciudad en la tarde. El día 18 lo hizo el resto del ejército. LynchHotwordStyle=BookDefault; ocupó El Callao el día 18. Sería Lynch, llamado el "último Virrey del Perú", quien tomó el control político de la capital el día 20 y organizó los servicios básicos. Sin embargo, durante la ocupación de Lima, las tropas chilenas realizaron continuos saqueos.

La campaña de la Sierra: El combate de Sangra. (26 de junio de 1882).

Uno de los combates más heróicos de la guerra tuvo lugar en Sangra el 26 de junio, en el territorio peruano de Canta, y tuvo como protagonista a una compañía de 52 hombres del regimiento Buin a cargo del capitán José Luis Aravena. Al mediodía las fuerzas del coronel peruano Vento bajaban hasta el valle para envolver a las tropas chilenas. Un nutrido fuego de fusiles se desarrolló toda la tarde. Los chilenos fueron rodeados; un grupo salió en busca de refuerzos, mientras otro mantenía la defensa valientemente hasta que llegó la ayuda y se revirtió la situación.

Las batallas finales: La Concepción y Huamachuco.

Las batallas finales de la guerra fueron muy desiguales. Pequeños destacamentos en alejadas aldeas fueron atacados como fue el caso de La Concepción. Un grupo de 77 soldados chilenos al mando del capitán Ignacio Carrera PintoHotwordStyle=BookDefault; resistió hasta la muerte a una montonera de cientos de hombres, el 9 de julio de 1882. La defensa fue tenaz y sólo al día siguiente los últimos cuatro sobrevivientes fueron ultimados. La batalla final fue la de Huamachuco, exactamente un año después, en la que se derrotó definitivamente a los peruanos.