Guerra de los Cien Años

Baja Edad Media. Conflicto bélico entre Inglaterra y Francia. Eduardo III. Felipe VI

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La Guerra de los Cien Años

1 - Introducción

La Guerra de los Cien Años empezó en 1337 y acabó en 1453. En esta guerra se enfrentaron Inglaterra y Francia. En 1337 Eduardo II de Inglaterra empezó una guerra con Francia que duró más de un siglo. Eduardo y sus sucesores se consideraban con derecho a reclamar el trono francés y también querían proteger las tierras heredadas en el suroeste de Francia. Al principio Inglaterra iba ganando pero cuando el ducado de Borgoña abandonó a los ingleses y pasó al bando francés esto cambió. Al final Francia ganó, expulsando a los ingleses que solo se quedaron en el continente con Calais.

1.1 - Causas de la guerra

Todo comenzó cuando Eduardo III quiso ocupar el trono francés. Ese rey, perteneciente a la dinastía Plantagenet, dijo que era el heredero legal al trono de Francia por que su madre, Isabel de Francia, era hermana del último soberano francés de la dinastía de los Capetos, Carlos IV, que había muerto en 1328 sin dejar un descendiente varón. La respuesta francesa mantuvo que la corona no podía heredarse por línea femenina, por lo que el trono fue ocupado por Felipe VI, primo del rey fallecido y primer monarca de la dinastía Valois.

En realidad, el motivo de la disputa estaba en que los reyes de Inglaterra, desde Guillermo I el Conquistador (1066-1087), controlaban grandes zonas de Francia, lo que suponía una amenaza a la monarquía francesa. A lo largo de los siglos XII y XIII, los reyes franceses intentaron restablecer su autoridad sobre esos territorios. Eduardo III temió que la monarquía francesa le sacara el ducado de Guyena (Aquitania), territorio que los reyes ingleses mantenían como feudo desde mediados del siglo XII.

El 24 de mayo de 1337 empieza la Guerra de los Cien Años: ese día Felipe VI arrebató Guyena a los ingleses. La animosidad de Eduardo III hacia el rey francés se hizo más fuerte cuando Francia ayudó ese mismo año a Escocia en las guerras que la monarquía inglesa había iniciado contra los reyes escoceses para ocupar el trono de ese país. La rivalidad entre Inglaterra y Francia por dominar el comercio con Flandes es considerada asimismo una causa determinante del origen del conflicto.

1.2 - Fases iniciales de la guerra

En 1338, Eduardo III se proclamó rey de Francia e invadió desde el norte el país. Ninguno de los dos bandos tuvo una victoria decisiva en tierra, si bien la flota inglesa derrotó en 1340 a la francesa frente a la ciudad de Sluis, tras lo cual Inglaterra controló durante años el canal de la Mancha. Los dos reinos firmaron una tregua en 1343, pero Eduardo III invadió de nuevo Francia tres años después. El 26 de agosto de 1346 condujo a su ejército a una gran victoria sobre los franceses en la batalla de Crécy, y en 1347 conquistó la ciudad de Calais después de un duro asedio. Una serie de treguas fueron acordadas desde entonces, mas en 1355, Eduardo el Príncipe Negro, hijo del rey Eduardo III, tomó Burdeos. Los ingleses, usando como base esa ciudad, realizaron incursiones sobre gran parte del sur de Francia, arrasando ese territorio. En septiembre de 1356 el ejército inglés al mando del Príncipe Negro obtuvo una nueva gran victoria en Poitiers (centro oeste de Francia). En esa batalla fue capturado el rey francés Juan II, sucesor de Felipe VI desde 1350.

La Paz de Brétigny puso en 1360 fin a esa fase del primer periodo de la guerra. Los términos del tratado fueron favorables a Inglaterra, que se quedó en posesión de amplias zonas del territorio francés. En 1369, Carlos V reinició la guerra. Una fuerza naval de la Corona de Castilla, aliada ésta con Francia, destruyó en 1372 una flota inglesa en el golfo de Vizcaya. Las tropas francesas, que, bajo las órdenes del condestable Bertrand du Guesclin, evitaron enfrentarse a campo abierto con los ingleses, se dedicaron a hostigarles y a cortar sus suministros.

Inglaterra pasó a combatir bajo una serie de circunstancias adversas: perdió a su mejor jefe militar al morir el Príncipe Negro en 1376; además, en 1377 falleció Eduardo III y fue sucedido por su nieto, Ricardo II, que tan sólo contaba con diez años de edad. El poderío bélico de Inglaterra quedó tan debilitado por la falta de un fuerte liderazgo que la táctica de guerrillas empleada por Du Guesclin devolvió a Francia gran parte del territorio entregado a Inglaterra por la Paz de Brétigny. Los enfrentamientos de este primer periodo acabaron en 1386, pero no se firmó una tregua hasta diez años después

1.3 - Últimas batallas

Esta nueva tregua debía durar 30 años, pero en 1414, el rey inglés Enrique V, aprovechándose de la virulencia de la guerra civil que sufría Francia en ese momento, reiteró la pretensión de la monarquía inglesa al trono francés. El soberano inglés inauguró una nueva etapa en la guerra al invadir el territorio francés en 1415. Francia, debilitada por el conflicto entre los duques de Borgoña y de Orleáns, que se disputaban el control de la regencia que gobernaba el país en nombre del enfermo rey Carlos VI, fue derrotada en Harfleur y el 25 de octubre de ese año en la decisiva batalla de Agincourt. Enrique V, aliado con los duques de Borgoña, conquistó todo el territorio francés al norte del río Loira, incluida la ciudad de París.

El 20 de mayo de 1420 se firmó el Tratado de Troyes, por medio del cual el rey francés Carlos VI se vio obligado a casar a su hija, Catalina de Valois, con Enrique V, de forma que el monarca inglés pasaba a ser su heredero además de regente de Francia. Asimismo, el soberano francés hubo de declarar ilegítimo a su hijo Carlos, el hasta entonces delfín (futuro Carlos VII), y a repudiarle como heredero. Éste rehusó someterse al acuerdo y continuó la guerra contra Inglaterra, cuyo ejército arrojó a sus tropas más allá del Loira e invadió el sur de Francia.

En 1422 murieron el rey inglés Enrique V y el monarca francés Carlos VI. Tras el fallecimiento de este último, su hijo fue proclamado rey de Francia con el nombre de Carlos VII, pero los ingleses reclamaron el trono francés para Enrique VI, el sucesor de Enrique V, que entonces ni siquiera contaba con un año de edad, por lo que su tío, Juan de Lancaster, duque de Bedford, actuaba como su regente en suelo francés. Carlos VII fue reconocido como rey de Francia en los territorios al sur del Loira mientras que Enrique VI controlaba el área situada al norte de este río.

Durante la invasión de la mitad meridional de Francia, que dio comienzo en 1428, el ejército inglés puso sitio a la ciudad de Orleáns, última plaza fuerte que poseían los franceses. El punto de inflexión de toda la guerra de los Cien Años se produjo en 1429, cuando las tropas francesas, al mando de Juana de Arco, levantaron el asedio de Orleáns, derrotaron a los ingleses en la batalla de Patay y les expulsaron hacia el norte. En julio de ese año, Carlos VII fue coronado rey de Francia en la catedral de Reims. Éste reforzó su posición en el trono francés al firmar en 1435 el Tratado de Arras, que no era sino una paz acordada por separado con el duque de Borgoña, Felipe III, aliado de Inglaterra hasta entonces. Al año siguiente, Carlos VII conquistó París a los ingleses.

Desde 1436 hasta 1449 no hubo acción militar alguna. En ese último año, los franceses atacaron a los ingleses en Normandía y en Guyena y recuperaron el primer territorio en 1450 y el segundo al año siguiente. Aunque nunca se firmó un tratado que pusiera fin de forma oficial a la guerra, la contienda cesó por fin en 1453, cuando Inglaterra sólo poseía Calais y algunas pequeñas zonas adyacentes, territorios que conservaría hasta que en 1558 la reina María I Tudor se vio obligada a combatir junto a su esposo, el rey español Felipe II, contra el monarca francés Enrique II. La victoria francesa permitió a éste recuperar la última posesión inglesa en Francia.

La guerra de los Cien Años supuso miles de pérdidas humanas en ambos bandos además de una enorme devastación de los territorios y propiedades en Francia. Tuvo importantes consecuencias políticas y sociales para este país: ayudó a establecer la idea de pertenencia a una nación, acabó con todas las pretensiones inglesas sobre territorios franceses, salvo el mencionado caso de Calais, e hizo posible la creación de unas instituciones de gobierno centralizadas que anunciarían la aparición del absolutismo monárquico.

2 - Orígenes del conflicto

La rivalidad entre Francia e Inglaterra comenzara ya en la batalla de Hastings, en la que el duque francés Guillermo de Normandía se adueñara de Inglaterra (1066). Ahora los normandos eran reyes de una gran nación, y exigirían al rey francés ser tratados en consecuencia. Pero el punto de vista de Francia no era el mismo. Los duques de Normandía siempre habían sido sus vasallos, y el hecho de que hubiesen ascendido de su ducado a un alto trono en un país lejano no tenía por qué cambiar su sumisión tradicional a la corona de París.

2.1 - Primeras escaramuzas

A mediados del S XII, los duques normandos fueron reemplazados por la dinastía Anjou, condes poderosos que poseían grandes territorios en el oeste y sudoeste de Francia. El importante rey Anjou inglés Enrique II era más poderoso que el rey de Francia, porque gobernaba un imperio mucho más rico. A la muerte de Enrique lo sucedió su hijo menor Juan que no fue capaz de mantener los territorios de su padre. El rey de Francia Felipe II lo sometió a un asalto militar y a una gran ofensiva que no pudo rechazar. En 1204, Francia invadió Normandía y se quedó con todas las posesiones inglesas en tierras continentales, a excepción de Buerdeos y Guienne, situadas sobre el Loira.

2.2 - El tratado de París

Enrique III (1215 - 1270), ascendido al trono inglés siendo muy pequeño, trajo consigo un periodo de zozobras y temores, que desembocó en el catastrófico tratado de París en 1259. Enrique renunciaba a todas las posesiones de sus antepasados normandos y a todos los derechos que pudieran corresponderle. Esto incluía la pérdida de Normandía, Anjou y todas sus demás posesiones salvo Gascuña y Aquitania, que había heredado por vía materna.Estas dos regiones quedaban sometidas al homenaje, una especie de pago que Enrique otorgaría al rey francés para conservarlas

  • - Eduardo I

  • El hijo de Enrique, Eduardo, no se conformó con esta situación de sometimiento: construyó una base de poder militar y económico muy superior a la de su padre y quiso colocar de nuevo a su corona en una posición de fuerza en el continente. Inició hostilidades contra Francia (que duraron cuatro años, de 1294 a 1298) pero, más dedicado a consolidar su poder en el interior de la propia Inglaterra, no hizo nada más respecto de Francia. Tenía razón: apenas fallecido Eduardo, otro lapso de convulsiones azotó a Inglaterra. Una Escocia fuerte, motivada y organizada, conducida por Roberto de Bruce, la derrotó en varias oportunidades y derrocó y mató al sucesor de Eduardo, Eduardo II.

    2.4 - La guerra de San Sardos y Enrique III

    Entre 1324 y 1325 se produjo una nueva guerra entre Inglaterra y Francia, conocida por los historiadores como Guerra de San Sardos por el poblado donde tuvieron lugar las principales acciones. La corona inglesa pasó pronto a manos de Enrique III, que era solo un niño, pero a pesar de todo no estaba dispuesto a dejarse vencer con tanta facilidad. El rey de Francia, Carlos IV murió, como sus antecesores, sin dejar heredero varón.

    2.5 - La maldición de los Capetos

    La muerte de Carlos IV era el fin de la poderosa y prolongada dinastía Capeto. Había sido fundada por Hugo Capeto en 987, y había dado una larga serie de poderosos monarcas que incluía a Luís VI, Luís VII y Luís VIII, todos ellos comandantes en las cruzadas.

    Luego de la muerte del rey siguiente, San Luís, orientador y comandante de la cruzada contra los cátaros, la dinastía Capeto tuvo aún otro poderoso rey: Felipe el Hermoso. Con él comenzó la decadencia: Felipe destruyó a la antigua y noble Orden del Temple, llevando al juicio y a la hoguera a muchos de sus dirigentes, en especial a su último Gran Maestre Jacques de Molay.

    La tradición cuenta que De Molay, de pie sobre las llamas que lo consumirían, maldijo a Felipe el Hermoso, al Papa y a la familia Capeto, profetizando su pronta extinción y olvido. En efecto, Felipe IV murió en 1314, en el curso del mismo año de la ejecución de los templarios. Tenía tres hijos. El mayor, Luís X (El Obstinado), fue coronado en agosto de 1315 y murió a los pocos meses, mientras su esposa estaba embarazada. El niño recién nacido iba a ser coronado con el nombre de Juan I mas, en razón de su corta edad, recibió con regente al hermano mediano de su padre, Felipe. El pequeño murió siendo un bebé, por lo que se lo conoce como Juan el Póstumo. Así, su tío Felipe debió ser coronado de inmediato bajo el nombre de Felipe V el Largo. Este rey débil y de pocas luces falleció casi inmediatamente. Le sucedió entonces el tercer hijo de Felipe el Hermoso (y por tanto hermano pequeño de Luís X y Felipe V): Carlos Capeto que reinó bajo el nombre de Carlos IV. La supuesta maldición de los templarios terminó de cumplirse el 1 de febrero de 1328 al fallecer este rey sin herederos. En apenas 14 años y luego de cuatro breve reinados, la dinastía de los Capetos se había extinguido.

    3 - La Guerra

    Los hijos de Felipe el Hermoso tenían una hermana llamada Isabel (la “Loba de Francia”), que era a l sazón la madre de Eduardo III de Inglaterra. El joven rey, de tan solo 16 años pretendió reclamar su derecho al trono de Francia apelando a esta circunstancia. Muertos sus tres tíos sin herederos, y muerto su primo siendo un infante, consideró que la corona francesa debía pasar a su madre y, a través de ella, a su propia testa. Por supuesto que Francia no estaba de acuerdo. Los franceses invocaron la Ley Sálica, que impedía la transmisión de la corona a través de la línea femenina. Par evitar que Inglaterra se devorase a Francia por culpa de un tecnicismo legal, decidieron que la corona recién abandonada por los Capetos pasara al hermano menor de Felipe el Hermoso, Carlos de Valois. Pero corría 1328, y Carlos había muerto tres años antes. De ese modo, correspondió según la teoría francesa coronar al hijo de éste, Felipe de Valois, bajo el nombre real de Felipe VI. Este fue el primer monarca de la dinastía Valois, que se apropió de Francia por un accidente y sin que Eduardo III pudiese hacer nada para evitarlo. Ahora, correspondía que Eduardo rindiera homenaje a Felipe pro sus exiguas posesiones, las pocas que aún conservaba en Francia.

    3.1 - Homenajes y refugiados

    Como es comprensible, Eduardo no se sentía feliz: no le parecía lógico pagarle a Felipe un homenaje por tierras que habían pertenecido a sus antepasados desde hacía siglos, y además pensaba que él mismo tenía el derecho de su lado para ser soberano de Francia. De este modo, se veía a si mismo como un rey derrocado en Francia al que, además, se le obligaba a pagar tributo al usurpador por el uso de sus propios territorios. La situación no podía durar. Encontró por fin el modo de dañar a Felipe: uno de los parientes del rey francés, Roberto de Artois, se había revelado, y Eduardo lo acogió como a un hermano en su corte inglesa. La reacción de Felipe VI fue drástica: en un golpe de mano rápido y perfecto, invadió y se anexionó la región de Gascuña, propiedad de Eduardo. Eduardo respondió reclamando, por enésima vez, su derecho a ocupar el trono de París.

    3.2 - La guerra interminable

    Una vez iniciadas las hostilidades (ya en toda regla, no como simples escaramuzas), la suerte de ambos bandos fue fluctuante y pendular. Al principio, los ingleses de Eduardo efectuaron unas muy importantes operaciones terrestres en 1339 y 1340, y obtuvieron además una gran victoria naval en Sluys. Eduardo utilizaba una táctica copiada de sus enemigos (la chevauchée). Atacaba la campiña desprotegida en sitios donde las tropas francesas eran débiles o estaban ausentes, y se adueñaba de ella. De inmediato procedía a matar a los civiles de sexo masculino, incendiaba, saqueaba y robaba las posesiones de los campesinos. Al ser estos parte de una sociedad de tipo feudal, estaba sobreentendido que era responsabilidad y obligación de Felipe de Francia protegerlos contra estos salvajes ejércitos extranjeros. De este modo, además de hacerse con tierras, suministros y prisioneros, Eduardo socavaba la autoridad de Felipe en la mirada de su pueblo campesino. En 1346 los franceses encontraron a Eduardo en Crecy y en 1356 a su hijo (el Príncipe Negro) en Poitiers. Ambos combates concluyeron con sendas y resonantes victorias inglesas. Más tarde ese mismo año, los ingleses se garantizaron una mejor posición de fuerza en las negociaciones posteriores al sorprender y capturar al rey Juan de Francia y a su corte. Prisionero el monarca, los franceses se vieron obligados a contemporizar y firmar el Tratado de Berigio (1360), que cedía a Eduardo III todas sus posesiones originales salvo Normandía.

    3.3 El contraataque

    Tomando ejemplo del propio Eduardo y su victoria de Sluys, Francia decidió aplicar sus mismas tácticas anfibias y navales. Comenzaron entonces, a partir de 1360, a hacer rápidas y devastadoras incursiones contra la costa meridional de Inglaterra, que culminaron en el saqueo e incendio de Winchelsea. Pronto se aficionaron a este tipo de operaciones, y los ataques anfibios se convertirían en la pesadilla de las guarniciones y población civil inglesas costeras hasta 1401. Descubrieron además que Eduardo comenzaba a hacer regresar sus tropas para defender sus islas , por lo que los campesinos franceses empezaban a ver disminuir las espantosas chevauchées británicas. Así, los pocos ingleses que aún recorrían la campiña francesa se vieron obligados a retroceder progresivamente en medio de las tierras secas y arrasadas que los galos dejaron a sus espaldas. Muchos murieron de hambre y enfermedades y nunca se volvieron lo suficientemente fuertes como parta plantar cara a los defensores de Francia. A pesar de la victoria en su propio país, Francia pagó muy cara la expulsión del invasor en esta etapa de la guerra. Comandaba las acciones el delfín Carlos (más tarde coronado como Carlos V). Su condestable, el ambicioso e inteligente Bertrand du Guesclin, le aconsejó no confrontar, sino recurrir a una política de hostigamiento de las columnas inglesas en retroceso, dejando ante ellas solamente tierra arrasada. Esta prefiguración de la táctica de von Clausewitz implicó, entonces, que los campesinos y civiles franceses vieron sus tierras, antes quemadas por los invasores, nuevamente arrasadas y destruidas (esta vez por sus propios protectores), con el afán de “salvarlas”.

    La guerra alcanza su mayor extensión en esta época, al rebasar por primera vez los límites de Francia. Así, en 1367, los ingleses del Príncipe Negro auxilian a Pedro I de Castilla en la batalla de Nájera, mientras que su hermanastro Enrique recibe la ayuda de caballeros franceses dirigidos por el propio Bertrand du Guesclin. La victoria final de Enrique en la Guerra Civil Castellana brindará a Francia un poderoso aliado en el plano naval (cuya hegemonía había correspondido hasta entonces a Inglaterra de forma indiscutida) que destruye la escuadra inglesa en La Rochelle y saquea o incendia numerosos puertos ingleses (Rye, Rotingdean, Lewes, Folkestone, Hastings, Wight…) entre 1377 y 1380, año en el que el almirante castellano Fernando Sánchez de Tovar llega incluso a amenazar Londres. De forma paralela, Du Guesclin protagoniza varias incursiones en Bretaña, cuyo rey se había aliado con Inglaterra.

    3.4 - La suerte cambia de bando

    Inglaterra quiso, entre 1360 y 1375, reasumir la voz cantante y la iniciativa de una guerra que la estaba devorando, pero la suerte había cambiado de bando y favorecía ahora a los franceses. Los estrategas ingleses Sir Ricardo Knolles en 1360 y Juan de Gante 1363 formaron cuerpos expedicionarios que atacaron el continente, pero fueron masacrados por los defensores franceses. El rey Eduardo había muerto, y su sucesor, Ricardo II de Inglaterra, volvió a sufrir la maldición que había perseguido a todos los reyes niños: tensiones políticas, convulsión social, una fiera lucha por la sucesión o al menos la regencia, todo ello envuelto en el espantoso caos de una guerra internacional que amenazaba con devorarse a Europa entera. Asesinado Ricardo por Enrique de Lancaster en 1399, los vientos de guerra rotaron 180º una vez más. Hacía una generación entera que Inglaterra solo sufría derrotas frente a Francia, pero, de pronto, los desembarcos en las islas comenzaron a ser rechazados y los ingleses invadieron Francia con moderado éxito en tres oportunidades: en 1405, 1410 y 1412. Enrique de Lancaster fue coronado como Enrique IV de Inglaterra luego del derrocamiento de Ricardo II, y sería su hijo, Enrique V, el encargado de llevar la guerra nuevamente al corazón de Francia.

    3.5 - Enrique V

    Nombrado caballero dos veces, Enrique se mostró desde muy joven como un jefe confiable, decidido, experto en táctica y organización logística y muy frío y racional. Si se considera que los estrategas franceses estaban comandados por un rey inestable, (Carlos V), de escasa personalidad, enfermo, desorganizado y propenso a frecuentes ataques de demencia, es fácil comprender las ventajas de que gozaron las tropas de Enrique.

    Los nobles franceses se habían dividido en dos facciones que disputaban entre sí y acorralaban a Carlos: los de Armañac y los de Borgoña. Las virtudes de Enrique como general y gobernante así como esta división interna de los franceses llevarían a estos últimos al desastre de 1415. A la edad de 12 años (en 1399), el futuro Enrique V fue nombrado caballero por primera vez en un campo de batalla irlandés por Ricardo II, que lo había tomado como rehén para garantizar el buen comportamiento del padre de Enrique. El solo hecho de que un rey rival de su familia (que sería asesinado por su padre) lo armase caballero en un campo de batalla y con solo doce años, demuestra a las claras el coraje y la bravura que el joven Enrique evidenció desde muy niño.

    Más tarde, ejecutado el crimen y un día antes de la coronación de Enrique IV, el nuevo monarca llamó a su hijo (que al día siguiente se convertiría en príncipe de Gales) y lo nombró caballero por segunda vez. Este joven brillante conduciría la guerra en Francia.

    3.6 - Enrique contra Escocia y Gales

    Ya en su vida de su padre, Enrique debió hacerse cargo de difíciles operaciones militares. En 1400 prestó servicio contra los escoceses y algunos meses después se le ordenó desbaratar la rebelión de Owain Glendwr, un noble galés que se atribuía el derecho a ser Príncipe de Gales. Fue estudiando a los enemigos galeses (en 1402) cuando Enrique aprendió a utilizar las tácticas guerrilleras que tan rendidos servicios le prestarían más tarde. Estaba, además, bajo la supervisión de sus dos maestros de estrategia, genios militares ambos: Harry Hotspur y Tomás Percy, conde de Worcester, parientes entre sí. Durante ese mismo año y el siguiente Enrique se vería forzado a enfrentar a los dos en combate, y se demostraría capaz de vencerlos. En 1403 los dos maestros traicionaron al Joven Enrique y a su real padre y se aliaron con Glendwr. En una épica marcha forzada, Enrique consiguió evitar que Hotspur y Percy unieran sus tropas con las del galés y los derrotó en Shrewbury. El príncipe en persona comandó el ala izquierda de su ataque en aquella oportunidad. Shrewbury fue su verdadero bautismo de fuego (donde murió su mentor Hotspur) y también su bautismo de sangre, ya que Enrique recibió una flecha en pleno rostro. Sin embargo, siguió luchando hasta el fin del combate con el astil sobresaliéndole de la cara. La guerra contra Gales duró todavía cinco años más, pero el joven no participaría en ninguna otra batalla. Los combates de campo no eran comunes en esos tiempos, y las guerras se desarrollaban principalmente en base a sitios de ciudades, asedios de castillos y saqueos de zonas productivas habitadas solo por la población civil.

    3.7 - Enrique V, coronado

    Enrique IV falleció en 1413, dejando el trono a su muy capaz primogénito. Así llegó al trono Enrique V de 26 años, veterano de dos campañas internas, herido en acción, experto en táctica, alumno de los mejores maestros e inteligente a un grado extremo. El nuevo rey comprendió de inmediato que, derrotados los enemigos Escocia y Gales, tenía que volver su atención hacia Francia de inmediato, o Inglaterra sería aplastada. Rodeándose de hombres adictos y capaces, se dispuso entonces a hacer la guerra en pleno territorio del rey francés.

    4 - Agincourt

    Apenas coronado, Enrique intentó, pese a todo, evitar la guerra con Carlos VI. Le ofreció casarse con la hija de aquél y tratar de resolver el problema de las posesiones inglesas en Francia sin derramamiento de sangre. Mientras negociaban, ambos monarcas amasaban grandes ejércitos en previsión de una traición o rotura de las conversaciones que condujera a un conflicto armado. Las tentativas de paz se rompieron por fin en la primavera de 1415 y Enrique decidió ejecutar su plan: una invasión en toda regla del reino francés.

    Su ejército comprendía 8000 caballeros, 2500 soldados de otras categorías, 200 artilleros especialistas, 1000 hombres de servicios y apoyo y 10000 caballos. Para cruzar el Canal de la Mancha se necesitó una gran flota de 1500 barcos que Enrique había mandado construir, confiscar o comprar. Los ingleses salieron de Southampton el 11 de julio y desembarcaron en el estuario del Sena dos días más tarde.

    Luego de poner sitio y conquistar Harfleur, Enrique marchó hacia Calais, partiendo de la primera ciudad el 8 de octubre, con su ejército debilitado por una grave epidemia de disentería. Pero los franceses no estaban ociosos: el anciano mariscal francés Duque de Berry recibió la orden de interceptar a Enrique mientras las tropas de Carlos VI se establecían en St. Denis y las del mariscal Boucicault se preparaban en Caudebec, 48 km. al este de Harfleur. Por el otro lado, el condestable Carlos d'Albret vigilaba el estuario del Sena. Los ingleses, que deseaban cruzar el Somme, descubrieron con horror que estaban quedándose sin alimentos, por lo que Enrique decidió torcer hacia Pont St. Remy y hacer noche frente Amiens. El día 21 de octubre los ingleses se pusieron en marcha hacia la pequeña aldea de Agincourt, donde se enfrentaron con el grueso del ejército francés en la madrugada del 25 de octubre de 1415. La batalla, trascendental para la Guerra de los Cien Años, se desarrolló en tres fases:

    Fase I

    - Los inglese s avanzan, atravesando la tierra de nadie de 1 km. que los separa de los franceses. Los arqueros ingleses lanzan una lluvia de flechas sobre las posiciones francesas.

    - Los ballesteros franceses responden al ataque. La caballería ataca por ambos flancos, pero muchos caballeros no llegan a tiempo a ocupar sus posiciones. Las monturas chocan contra las estacas que los arqueros ingleses han colocado para protegerse, arrojando al suelo a sus jinetes, que son masacrados.

    Fase II

    - Derrotada su caballería, la infantería de Carlos intenta asaltar el centro inglés.

    - Los arqueros ingleses reaccionan canalizando al enemigo hacia donde se encuentran las unidades más fuertes de la infantería propia: los franceses caen en la trampa.

    - En la melée de infantería, los arqueros ingleses matan a muchísimos franceses, disparándoles a corta distancia.

    - En medio del intenso combate, Enrique V recibe un golpe de matanza en el casco, que abolla el acero y le arranca los adornos. De no haberlo llevado colocado, hubiese perdido la vida.

    - Los infantes y caballeros ingleses se mueven con mayor rapidez que los franceses, impedidos por sus pesadas armaduras. Los franceses se convierten en víctimas fáciles y tienen que retroceder.

    Fase III

    - Luego de media hora de combate, la victoria inglesa es total. Los de Enrique poseen ahora muchos prisioneros, y calculan los rescates que recibirán.

    A primera hora de la tarde, sin embargo, al recibir noticias de que su campamento había sido atacado, Enrique ordena la matanza de todos los prisioneros, que son asesinados por sus guardianes.

    4.1 - Un éxito inútil

    La increíble victoria de Enrique contra un enemigo que lo duplicaba en número no pudo, sin embargo, ser aprovechada por el rey inglés. Enrique no tenía alimentos para continuar la campaña inmediatamente por lo que retrocedió hasta Calais para embarcarse a Inglaterra. Las tropas desembarcaron en Dover el 16 de noviembre. De haber podido continuar hasta París y autocoronarse rey, es probable que la Guerra de los Cien Años hubiese terminado antes del fin del invierno. Sin embargo, continuaría 38 años más.

    En 1420, el vencido Carlos VI se vio obligado a aceptar el Tratado de Troyes, que deshacía los términos del tratado de París, casaba a Enrique V con la hija de Carlos y reconocía al rey inglés como heredero al trono francés tras la muerte del rey.

    5 - Últimas acciones

    Desplazado de este modo de la línea sucesoria el delfín Carlos, hijo de Carlos IV, todos creyeron que Enrique V legaría ambos tronos a su hijo Enrique, que tenía a la sazón unos pocos meses. Pero por una ironía de la historia, Enrique V murió inesperadamente en 1422, antes que Carlos IV. Dos meses más tarde lo siguió a la tumba el rey de Francia. Los hechos se precipitaron entonces. Incumpliendo el Tratado de Troyes, Francia decidió coronar al delfín Carlos en lugar de al niño Enrique VII como estaba pactado.

    5.1 - Otra vez, la guerra

    La respuesta inglesa fue coronar al bebé como rey de Inglaterra y de Francia. Decidiendo eliminar al rey Carlos VII, al que la teoría inglesa consideraba un usurpador, invadieron nuevamente Francia y pusieron sitio a Orleáns, última ciudad del reino que permanecía fiel al atrapado rey francés. Todo parecía indicar que Carlos VII tendría que ceder a las pretensiones del rey-niño de Inglaterra. Sin embargo, la historia de la Guerra de los Cien Años daría aquí (1428) un inesperado giro, de la mano de una ignota muchacha campesina.

    5.2 - La doncella de Orleáns

    Una joven iletrada nacida en Domrémy, llamada Juana de Arco, creía haber sido elegida por Dios para librar a su país de los persistentes ingleses. Con menos de veinte años consiguió reunir a un grupo de soldados y librar en 1429 a Orleáns del asedio británico.

    La victoria de Juana motivó y concienció a soldados y campesinos franceses y les mostró un camino a seguir y una jefa a quien imitar. A este triunfo de la Doncella de Orleáns siguieron otros, como los de Troyes, Chálons y Reims, donde Carlos VII fue formalmente coronado.

    A partir de este punto, la campaña militar de Juana comenzó a caer en una espiral descendente: fue derrotada en París y Compiègne y finalmente, cayendo en desgracia, fue capturada en 1430 por el duque de Borgoña, Felipe.

    Los jefes militares franceses, envidiosos del éxito de la niña habían estado conspirando a sus espaldas. Temían el ascendiente que Juana estaba tomando sobre el rey Carlos y, sobre todo, les aterrorizaba el hecho de que la intervención divina estaba convirtiendo la Guerra de los Cien Años en una lucha nacional y popular. Entregada a los ingleses, fue procesada por la Inquisición bajo la acusación de hechicería, condenada a muerte y ejecutada en la hoguera de Rouen en 1431.

    5.3 - Francia se hace más fuerte

    La situación se volvía complicada. Francia tenía ahora dos reyes. Coronado Carlos VII en Reims, los ingleses coronaron en París a su propio rey, Enrique VI, apoyado solamente por Felipe de Borgoña. Con inteligencia, los franceses partidarios de Carlos llegaron a un acuerdo con Felipe, remarcando aún más el aislamiento en que se encontraba Enrique. Este episodio sucedió en 1435 y se conoce como Paz de Arras. Inglaterra necesitaba imponerse a Borgoña como aliado militar. Falta de él, los carlistas atacaron y ocuparon París al año siguiente. Como precaución en caso de que el conflicto se prolongara, Carlos VII aprendió de los errores de su antecesor y, reestructurando profundamente al ejército francés, logró dotar a la corona por primera vez en la historia de un ejército permanente. Francia lograba así una fuerza militar profesional, entrenada, preparada siempre para entrar en acción y aguerrida. Como es lógico, la reforma militar no tendría éxito si no se acompañaba de profundos cambios en la economía, la infraestructura, las finanzas y la sociedad. Habiendo reconstruido las finanzas del reino, Carlos mandó construir un impresionante conjunto de fortificaciones militares, canalizaciones hidráulicas, puertos seguros y una mejor base de poder para sí mismo.

    5.4 - Luchas intestinas en Francia

    Los ingleses no eran el único problema de Carlos VII: el hambre y las pestes venían persiguiendo a su dinastía desde el principio. El comienzo del S. XIV había encontrado a toda Europa sumida en una profunda crisis económica. Esta crisis se había ensañado especialmente con Francia y afectaba en especial a la producción agrícola, las fábricas industriales y el comercio, que en el S. XIII habían sido los más importantes de Europa. Ahora, tras los centenarios saqueos e incendios provocados por los invasores, Francia pasaba mucha hambre y la peste volvió a aparecer. Así, los nobles de la Casa de Anjou, viendo que el monarca pretendía proseguir la guerra hasta las últimas consecuencias, comenzaron a conspirar contra él y convencieron a su hijo Luís de que se plegara a la conjura. Carlos consiguió sortear el peligro que amenazaba aislarlo y dejarlo sin poder. Para acrecentarlo, estableció una ventajosa alianza con Suiza y con varios reinos de Alemania. A pesar del respiro que este apoya le dio, era consciente de que continuaba gobernando un país inestable, muerto de hambre, que ya casi no producía cereales, cercado por la peste y con la presente espada de Damocles representada por su poderoso vecino inglés que en cualquier momento podía decidir invadirlo y atacar de nuevo.

    5.5 - Los problemas de Inglaterra

    Su enemigo no se encontraba en mejor forma. De la victoria de Agincourt pasaran a la derrota en París. Enrique VI era aún menor de edad, y enfrentaba los mismos problemas que Carlos: luchas, recelos y rivalidades entre los nobles y príncipes reales de su casa. Buscando descomprimir la situación internacional, el jovencito solicitó y obtuvo la mano de Margarita de Anjou, sobrina de su rival Carlos VII, con la que se casó en 1444. Una vez casados, la posibilidad de una paz de compromiso basada en los lazos familiares se veía cercana. Sin embargo, de las dos facciones en que se habían dividido los ingleses, una estaba a favor de la paz pero la otra a favor de la guerra. Par colmo de la desgracia inglesa, Enrique VI comenzó a seguir los pasos de Carlos VI, el enemigo de su padre. Poco a poco comenzó a evidenciar síntomas de locura, que pronto se convirtieron en una clara, permanente e incapacitante demencia.

    5.6 - El fin de la guerra y la victoria de Francia

    Las reformas y mejoras realizadas por Carlos VII rindieron sus frutos: lentamente la presión francesa comenzó a hacer retroceder al enemigo y fue poniendo sitio y reconquistando todas las posesiones inglesas en tierra francesa. Si el apoya de Borgoña, los ingleses debieron de entregar Normandía en 1450 y Aquitania en 1453. Para ese año la única posesión inglesa en el continente fue Calais. Una vez desaparecidos los motivos del conflicto, la guerra terminó silenciosamente sin ni siquiera firmar un tratado que certificara la paz nunca alcanzada en más se un siglo.

    6 - Las consecuencias

    Enfermo Enrique VI, Inglaterra quedó en manos de Somerset y York, enemigos enfrentados ideológicamente. Guiados por intereses personales, no se preocuparon por consolidar la paz sino que embarcaron a su país en una guerra civil dinástica. En Francia, la monarquía y el absolutismo fueron consolidados por Luís XI, hijo de Carlos VII. Luego de grandes conquistas, la Casa de Valois se extinguió igual que la de los Capetos. Estas caídas empezaron a ponerle fin a los estados feudales y comenzaron la Europa Moderna.

    7 - Principales batallas de la Guerra de los Cien Años

    - Batalla de Sluys (victoria inglesa)

    - Batalla de Crecy (victoria inglesa decisiva)

    - Sitio de Calais (victoria inglesa decisiva)

    - Batalla de Saintes (victoria inglesa)

    - Batalla de Ardres (victoria francesa)

    - Combate de los Treinta (victoria francesa)

    - Batalla de Poitiers (victoria inglesa decisiva)

    - Batalla de Auray (victoria inglesa)

    - Batalla de Nájera (victoria anglocastellana)

    - Batalla de Montiel (victoria francocastellana)

    - Batalla de Agincourt (victoria inglesa crucial)

    - Batalla de los Arenques (victoria inglesa)

    - Batalla de Jargeau (victoria francesa)

    - Batalla de Beaugency (victoria francesa)

    - Batalla de Patay (victoria francesa)

    - Batalla de Castillón (última batalla de la guerra, victoria francesa final)

    8 - Personajes relevantes

    8.1 - Anteriores a la guerra

    - Carlos IV de Francia

    - Eduardo I de Inglaterra

    - Eduardo II de Inglaterra

    - Enrique II de Inglaterra

    - Enrique III de Inglaterra

    - Felipe II de Francia

    - Felipe IV de Francia (el Hermoso)

    - Felipe V de Francia (el Largo)

    - Felipe VI de Francia (Felipe de Valois)

    - Guillermo el Conquistador

    - Hugo Capeto

    - Jacques de Molay

    - Leonor de Aquitania

    - Luís VI de Francia

    - Luís VII de Francia

    - Luís VIII de Francia

    - Luís IX de Francia (San Luís)

    - Luís X de Francia (el Obstinado)

    8.2 - Contemporáneos a la guerra

    - Arturo, conde de Richemont

    - Bertrand du Guesclin

    - Carlos V de Francia

    - Carlos VI de Francia

    - Carlos VII de Francia

    - Carlos d'Albret

    - Conde de Arundel

    - Enrique II de Castilla

    - Enrique VI de Inglaterra

    - Enrique VII de Inglaterra

    - Enrique de Beaufort

    - Felipe de Borgoña

    - Pilles de Rais

    - Humberto de Gloucester

    - Juan II de Francia

    - Juan de Gante

    - Juana de Arco

    - Mariscal Boucicault

    - Juan Sin Miedo

    - Pedro el Cruel

    - El Príncipe Negro

    - Ricardo II de Inglaterra

    - Ricardo de Cork

    - Sin Juan de Cornwall

    8.3 - Posteriores a la guerra

    - Luís XI de Francia

    - Margarita de Anjou

    - Ricardo III de Inglaterra

    9 - Otras guerras y campañas de la Guerra de los Cien Años

    - Guerra de San Sardos

    - Guerra de sucesión bretona

    - Guerra civil de Castilla

    - Campaña del Loira