Goya y el arte en su época

Historia del Arte. Neoclasicismo. Arquitectura. Escultura. Pintura

  • Enviado por: Alfonso
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NEOCLASICISMO

El Neoclasicismo representa la 2ª oleada recuperadora d la anti­güedad greco-latina en la historia dl arte. El Renacimiento lo precedió en esta nostálgica empresa cultural.

El s. XVIII donde da su aparición el neoclasicismo, es una etapa d grandes transformaciones y revoluciones. El pensamiento q se desarrollaría en este siglo, tendría grandes repercusiones en el aspecto social e histórico dl ser humano, ya q imperarían ideas como: el amor al ser humano, la confianza en el hombre y la solidaridad d los hombres entre sí.

Es en este siglo tb se desarrolla la corriente cultural llamada Ilustración, la cual se caracteriza x la revisión x la razón, d la experiencia, d la concepción dl mundo y dl hombre, en todos los terrenos.

El enciclopedismo, la renovación d las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, son características d esta época. Se clama x la muerte dl absolutismo y la separación d poderes. Se insinúa la necesidad d proclamar los Derechos dl Hombre y dl Ciudadano. Tb se lucha x el derecho d los pueblos a ostentar su soberanía: oleadas revolucionarias determinan la independencia d los EEUU y la serie d emancipaciones d los estados iberoamericanos, q culminó en el s. XIX. La culminación será la Revolución francesa.

El gusto neoclásico aparece en Italia en los años centrales dl s. XVIII, como un rechazo intelectual a los efectos ilusionistas dl barroco tardío. Los hallazgos arqueológicos aparecidos en Pompeya y en Herculano ac­tuaron d motor d arranque. Coleccionistas y aficionados franceses e ingleses compran en Italia estatuas y relieves antiguos, q exhiben lue­go en sus gabinetes privados d París y Londres. Xo el fin último dl movimiento neoclásico era perfeccionar la sociedad a través d los va­lores clásicos dl arte, inculcando a los pueblos la razón y la moralidad.

En su desarrollo se escalonan dos etapas. La 1ª tiene su epicentro en la Roma d 1755 y aparece representada x dos teóricos alemanes: Winc­kelman, el padre d la arqueología y d la historia dl arte, y Mengs, el pin­tor filósofo.

Winckelman era un teólogo protestante q se hizo cató­lico xa ocupar la plaza d bibliotecario y conservador d las antigüedades griegas y romanas dl Museo Vaticano. Publicó su obra Reflexiones en torno a la imitación d la pintura y es­cultura d los griegos, q pronto será considerada como el ideario esté­tico dl nuevo estilo. Mengs fue pintor y tratadista. Como pintor rompe con la tradición d los techos d perspectiva fingida barroca optando x fórmulas claras y pre­cisas. Y como tratadista sostuvo q el arte era superior a la naturaleza, d modo q el pintor debía depurar con la imaginación y el intelecto las im­perfecciones d la realidad.

La 2ª fase se abre en 1770 y viene marcada x la aceptación y la difusión a escala internacional d sus principios a través d las academias.

Las academias

Las academias contribuyeron a q la pintura, la escultura y la arqui­tectura se convirtieran en «nobles artes li­berales», y q el artista se transfor­mara en un profesional independiente. Estas instituciones estaban acogi­das a la protección dl Estado y regidas x un claustro d profesores-aca­démicos pertenecientes a las diferentes disciplinas artísticas. Los objetivos fueron dobles: establecer sesiones periódicas entre sus miembros, con el fin d tratar problemas técnicos d su profesión, e inculcar a los alumnos la co­rrecta educación neoclásica.

El sistema educativo académico se basaba en el cultivo dl dibujo y cons­taba d un programa reglado en tres cursos. El nivel + elemental se im­partía en la sala d principios. En esta aula eran admitidos todos los aspi­rantes, q copiaban partes anató­micas simples, como ojos, nariz, boca y orejas, según patrones recogidos en cartillas. Un 2º escalón estaba en la sala dl yeso y en la sala dl maniquí, donde respec­tivax se copiaban los moldes en escayola d la estatuaria antigua y se instruían en el tratamiento d los ropajes. Finalx, en la sala dl mo­delo vivo, los alumnos + aventajados se ejercitaban en la reproducción dl cuerpo desnudo al natural. Quienes superaban correctax es­ta última prueba eran considerados artistas.

X su parte, los arquitectos se educaban proyectando edificios según la preceptiva d los teóricos: Vitruvio, Vignola, y, sobre todo, Palladio; dando origen al «neopalladianismo» y enrique­ciéndose las principales capitales europeas y estadounidenses con monu­mentos inspirados en la visión q este arquitecto veneciano tuvo d la an­tigüedad grecorromana.

Las academias d Bellas Artes surcaron las grandes ciudades ilustradas. Las + prestigiosas fueron las d Roma, París, Londres, y Madrid. Las academias convocaban anualx concursos xa estimular a los artistas jóvenes, exponiendo en público las obras gana­doras y premiando a los vencedores con diplomas, medallas y becas en el extranjero.

La arquitectura neoclásica: Juan d Villanueva

Juan d Villanueva es el prototipo dl arquitecto neoclásico europeo. Se forma en la Academia d San Fernando y obtiene una beca xa ampliar sus estudios en Roma. A los 26 años, regresa a España empapado dl “neopalladianismo”

Es nombrado arquitecto dl monasterio dl Escorial. En razón d su cargo proyecta, en 1773, la Casita d Arriba y La Casita d Abajo xa los hijos d Carlos III: 2 villas d recreo palladianas en la sierra madrileña.

EN 1784 edificaba tb xa el futuro Carlos IV la Casita dl Príncipe, en el Real Sitio dl Pardo, en el q abandona la planta central optando x un diseño rectangular.

Estos encargos le valieron el ascenso a Maestro Mayor dl Ayuntamiento d Madrid, en un periodo en q la principal preocupación d Carlos III era mejorar la arquitectura municipal d Madrid. Villanueva realiza entonces 3 obras prodigiosas: El Palacio d las Ciencias (hoy museo dl Prado), el Observatorio astronómico y el desaparecido Cementerio general dl Norte, primer camposanto d la península q responde a los fines ilustrados d salubridad pública. Característica esencial d Villanueva en estas obras serán los pórticos hexástilos, cuya solución toma en préstamo d la edilicia palladiana

La escultura: Antonio Canova

El italiano Antonio Canova es el mayor representante dl movimiento neoclasicista. Hijo y nieto d canteros rechaza ya la idea dl artesano gremial a favor dl artista creador. Así lo acredita en “Dédalo e Ícaro”, una alegoría d la escultura, donde bajo los pies d Dédalo, descansan las herramientas dl oficio, mientras Ícaro se pega las alas d cera q permiten al estatuario volar. Se marchó a Roma xa estudiar los modelos d la antigüedad clásica. La fascinación x la escultura antigua indica a Canova la dirección d su arte. “Teseo y el Minotauro” y “Perseo con la cabeza d Medusa” son ejemplos brillantes d su producción mitológica. Otra clave d su estilo es la calidad sensorial q transmite a sus estatuas, apoyada en un lustroso acabado q luego patinaba con piedra pómez. Paralelax, realiza los sepulcros parietales d los pontífices Clemente XIII y Clemente XIV, labra en la iglesia d los Agustinos el Monumento funerario d María Cristina d Austria, q termina x franquearle las puertas d todas las cortes europeas.

Canova acude en 1802 a París reclamado x Napoleón, donde retratará al emperador, a su madre y a su hermana Paulina Bonaparte Borghese, recostada semidesnuda sobre un diván y efigiaza como Venus victoriosa, al haber sido elegida reina de la belleza. D ahí q sostenga la manzana mitológica dl troyano París en la mano. Ésta es su obra maestra. A la caída d Napoleón regresará a París xa recuperar los tesoros vaticanos expoliados x los franceses.

Enterado los ingleses d su presencia en Francia, le invitan en 1815 a Londres xa q opine sobre los mármoles dl Partenón q había trasladado al museo británico. El impacto d Grecia fue tremendo. X su efecto realiza ls 3 Gracias.

El último d los grandes encargos le llega dl Congreso d representantes d Carolina dl Norte, q desean una estatua d George Washington, xa colocarla en el parlamento. En 1821, enviaba un retrato sedente d Washington, vestido como un emperador romano. Washington aparece renunciando al poder y, con este gesto Canova pretende encarnar la virtud d la honestidad dl pueblo americano. Un incendio destruyó la obra.

La pintura: Jacques-Louis David

David representa al pintor político, comprometido con los ideales d la Revolución Francesa y con el Imperio napoleónico, q no duda en poner su arte al servicio d la propaganda.

En 1785 pinta en Roma “El juramento d los Horacios”, q se convierte en el manifiesto d la pintura neoclásica europea. Representa la promesa q hacen los 3 hermanos Horacios, designados x suerte ante el pueblo romano, xa enfrentarse a otros tantos albanos y decidir en un combate los destinos d Roma y Alba. David se centra en el momento en q ls hermanos reciben las espadas d su padre. El cuadro glorifica las virtudes d patriotismo y sacrificio.

Llama la atención el abandono intencionado d la narración literaria d la historia xa concentrarse en la expresión pasional d un instante dramático. Técnicax abusa dl claroscuro, mientras q la composición d los personajes en un mismo plano deriva d los bajorrelieves clásicos.

A la anterior obra le sigue “La muerte de Sócrates”, donde el padre d la Filosofía esta a punto d beber la cicuta, rodeado d doce discípulos como Cristo en la Sagrada Cena. La injusticia d su condena guarda relación con los mártires políticos d la Revolución Francesa, a quienes tb representa. Tal es el caso d “Marat asesinado”.

Cuando la Revolución estalla, David es nombrado diputado. Identificado el Antiguo Régimen con el barroco, las clases medias y populares ven entonces en el Neoclasicismo el espíritu d una nueva época. David impone tb las modas: peinados cortos y sueltos en los hombres, túnicas a la romana en las vestimentas femeninas y diseño clásico en el mobiliario. Caído Robespierre, fue encarcelado y, tras recobrar la libertad, rindió culto a las glorias imperiales d Bonaparte con su célebre retrato ecuestre d “Napoleón cruzando los Alpes” y “La coronación d Napoleón en Notre-Dame”

Después d Waterloo, huye a Bruselas, donde aclara los tonos neutros d su paleta anticipando el Romanticismo.

Un creador independiente: Goya

El aragonés Francisco Goya es un pintor genial difícil d encasillar. Vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, sirviendo a 4 reyes. Cultivó el Neoclasicismo y el Romanticismo y anticipa los cambios radicales q va a experimentar la sensibilidad pictórica contemporánea: la ligereza d su pincelada preludia el impresionismo, sus fantasías oníricas desembocan en el surrealismo y su desgarrado mundo interior abre paso al expresionismo. Dominó todas las técnicas: la pintura mural y d caballete, los cartones xa tapices y el grabado; y abundó en todos los géneros: el retrato, el bodegón el cuadro religioso e histórico…

Se presentó dos ve­ces al concurso d la Academia d San Fernando en busca d una beca xa ir a Italia, xo el jurado rechaza sus cuadros. Ante la adversidad, de­cide pagarse personalx el viaje a Italia. De regreso a Zaragoza, trabaja en la bóveda del Coreto de la basílica del Pilar y se ca­sa con Josefa Bayeu. Su cuñado y padrino d bodas, Francisco Bayeu, es un artis­ta d éxito, y en 1775 reclama a Goya xa q se desplace a la Corte.

Rondando los treinta años, Goya es contratado por la Real Fábrica de Santa Bárbara para diseñar los cartones que sus artesanos convertirán en tapices. La moda impone lo pintoresco y Goya da un recital de tipos costumbristas: toreros, tonadi­lleras, actrices y gente del pueblo de Madrid. Son los mano­los y manolas, majos y majas. Consecuentex, la aris­tocracia madrileña encargará tb a Goya cuadros d diversión xa decorar sus gabinetes d lectura y salas d conversación. La cucaña y El columpio, pinta­dos xa el palacete d la Alameda, q poseen los Duques d Osuna, responden a este gusto garboso y colorista

La influyente Casa d Osuna le proporciona tb un encargo reli­gioso: los cuadros d la vida d San Francisco d Borja, xa la Catedral d Valencia.

La actividad d Goya como pintor d cartones le permite vivir en la corte, conocer las colecciones reales y ampliar las enseñanzas adquiridas en Italia. Los tejedores rechazan sus complicadas composiciones y se quejaban d la lentitud d Goya en la elaboración d los mismos. Dadas las limitaciones formales Goya se tiene q ajustar a esquemas compositivos simples y a reducir la multiplicidad d tonos, aunq sin duda es su periodo + colorista. Su pincelada se hace fluida y la influencia neoclásica es indudable. Entretanto, Goya no descuida el género q le iba a aupar a la fama: el retrato. Retratos colectivos e individuales, d cuerpo entero y d bus­to, d personajes d pie, sentados, recostados y ecuestres. Representó a los grandes arquitectos neoclásicos; a los literatos e intelectuales ilustrados; al director dl Banco d San Carlos; y a la no­bleza femenina: las condesas d Chinchón y Haro, las duquesas d Osuna y Alba… Retratando con maestría inigualable a condes, marqueses y duques, consigue ser nom­brado primer pintor d cámara d Carlos IV, d quien realizará, en Aranjuez, su grupo familiar, efigiándose el artista en la penumbra a imi­tación d Velázquez en Las meninas.

En 1792 viaja a Sevilla, donde queda sordo. Pasa la convalecencia en Cádiz. Cuatro años después regresará a Andalucía xa decorar el oratorio religioso d la Santa Cueva gaditana, Y allí vivirá seis meses como invitado d la duquesa e Alba. Goya retrató a la joven viuda Cayetana como Maja vesti­da y Maja desnuda.

Pero la sordera y el destierro q sufren sus amigos ilustrados marcan un antes y un después en la obra d Gaya. En adelante, adoptará 2 orientaciones antagónicas: las amaneradas y plácidas pinturas d encargo, frente a las es­pontáneas y desgarradas estampas d Los caprichos, Los desastres, Los dispa­rates y los cuadros d su Serie negra.

La insuperable obra gráfica d Gaya se inicia en 1799 con la serie Los caprichos, concebida en forma d libro ilustrado. Es una sátira sin piedad d los vicios y debilida­des sociales: la concentración d poder, el abuso sobre los débiles… en suma, arremete contra la sinrazón y la injusti­cia. Gaya editó personalx los grabados. La jerarquía, prohibió su venta.

La invasión napoleónica y la Guerra d la Independencia quedarán re­flejadas en los dramáticos grabados q componen Los desastres. En ellos recoge las espantosas impresiones d la contienda, repro­bando la crueldad d ambos bandos.

Goya representa La carga d los mamelucos en la Puerta dl Sol, mostrando la violencia dl estallido popu­lar ante la caballería africana q auxiliaba a Napoleón, y Los fusilamientos d La Moncloa, q ilustra la represión francesa a los patriotas, el horri­ble sacrificio d víctimas inocentes ante el pelotón d ejecución

Asimismo, el terror d la contienda encuentra imborrable eco en El coloso donde Bonaparte es un dios d la guerra ante el q todos huyen despavoridos.

Preso dl desencanto x los desmanes d la guerra y la posguerra, se refugia brevex en el mundo d los toros y alumbra La tauromaquia. Entre 1814 y 1816 graba las suertes dl toreo, inmortalizando faenas gloriosas y lidiadores heroicos.

Este espejismo feliz se quiebra con una nueva enfermedad dl pintor. En 1819 sana y compra una finca en la ribera dl Manzanares, la «Quinta del sordo», donde busca refugio y retiro junto a la joven Leocalia Zorrilla. Allí, d noche, a la luz d las velas q coloca sobre su sombrero, decora las paredes con un mundo d aquelarres, brujas, machos cabríos y el duelo a ga­rrotazos entre españoles. Son las expresionistas Pinturas negras, salvadas gracias a Emile D´Erlanger, q encargó al restaurador dl Prado pasarlas a lienza. La denominación d stas pinturas se debe al predominio d los colores mortecinos, como el negro, el gris y el marrón.

Reflejo d esta misma desazón son los grabados d su última serie: Los disparates, una colección d pesadillas q re­flejan lo absurdo d la existencia.

En 1823 se restauraba la monarquía d la mano de Fernando VII. Goya retrata a este rey xo siente miedo. Le recuerdan q había realizado xa el ayuntamiento d Madrid una Alegoría d la villa d Madrid presentando al pueblo un retrato de José Bonaparte como rey d los españoles. Por si fuera poco, es acusado d obsceno ante el Santo Oficio x la Maja Desnuda. La situación se hace incomoda y busca exilio en Francia, donde todavía tendría tiempo d pintar La lechera d Burdeos: el adelanto + claro dl impresionismo.