Globalización

Relaciones internacionales. Modernidad y postmodernidad. Capitalismo. Mercado mundial. Problemas sociales y culturales. Identidad. Exclusión social

  • Enviado por: El remitente no desea revelar su nombre
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 80 páginas
publicidad
publicidad

La globalizacion

Descripción del escenario de la globalización:

Acerca de la fecha en que habría comenzado la globalización, varios autores la sitúan en el siglo XVI, al iniciarse la expansión capitalista y la modernidad occidental. Otros en cambio sostienen que el origen es a mediados del siglo XX, cuando las innovaciones tecnológicas y comunicacionales articulan los mercados a escala mundial. “Esta conjunción de cambios tecnológicos y mercantiles sólo adopta formas globales cuando se establecen mercados planetarios de las comunicaciones y del dinero, y se consolida al desaparecer la Unión Soviética y agotarse la división bipolar del mundo (Albrow, 1997; Giddens, 1997; Ortiz, 1997)”.

Tales diferencias se relacionan con las distintas maneras con que los teóricos entiende el proceso de la globalización. Quienes le atribuyen un origen más remoto privilegian el aspecto económico, mientras los que argumentan la aparición reciente de este fenómeno le dan más importancia a sus dimensiones políticas, culturales y comunicacionales. “Por mi parte, entiendo que hay buenas razones para sostener, de acuerdo con la expresión de Giddens, que “somos la primera generación que tiene acceso a una era global” (Giddens, 1997)”

Sin embargo, atender al fenómeno de la globalización implica, primero, remontarse a la modernidad y a la crisis de ésta.

En el contexto de la modernidad:

La modernidad surge con la ruptura del orden medieval; época donde el hombre creía estar de paso en el mundo a fin de ser probado sobre si era digno o no de merecer la otra vida, la verdadera salvación. Todo giraba en torno a la creencia de un ser superior, Dios, quien a través de sus enseñanzas bíblicas les proporcionaba la seguridad, estabilidad y certezas a los hombres.

Era una época teocéntrica, donde la iglesia y el credo religioso desempeñaban un papel fundamental en la trascendencia de las personas como una forma de salvación. La religión se convirtió en el único dogma cristiano legitimizado por la ciudadanía, en la posibilidad de conocer el mundo y entregar las respuestas necesarias a las interrogantes planteadas.

El cristianismo, además afirmó el sentido de pertenencia y la identidad de los feligreses. Permitió a los hombres reconocerse bajo un patrón común que sentaría las bases morales y establecería el orden ante un discurso unificante, consensual y homogenizador.

El Estado también desempeñó un rol fundamental en la época medieval. Fue el encargado de organizar y estructurar la vida de los hombres bajo el dominio de naciones paternalistas y gobiernos benefactores que se encargaron de cohesionar a la sociedad y establecer principios normalizadores de la vida.

Todo este orden medieval se resquebrajó por diversos motivos. Algunos autores como Jesús Martín Barbero plantean que las innovaciones tecnológicas y la privatización de los medios de comunicación generaron el término del paradigma medieval del Estado y la influencia que éste ejercía.

Para otros teóricos, como José Alberto Huergo, la crisis medieval fue producto de una racionalización y tecnificación del saber. La ilustración y la revolución industrial crean un nuevo paradigma que enfatiza el uso de la razón, la ciencia y la experimentación como instrumentos para conocer la realidad y permitir el desarrollo y la emancipación de los pueblos.

La Ilustración en el siglo XVIII promovió el uso del lenguaje como propuesta emancipadora de los pueblos y permitió difundir un relato que estructurara el nuevo mundo. El siglo de las luces es el surgimiento de nuevas ideas revolucionarias, fomentadas por autores como Voltaire, Rousseau, Montesquiere y Diderot, quienes fomentan la justicia, la libertad y la independencia de las colonias. Los conceptos planteados por estos teóricos permiten la aparición de las narraciones críticas, que posibilitarán el establecimiento de la democracia y la refundación de la historia.

La palabra, los signos y los relatos durante la modernidad desempeñan un papel fundamental en el establecimiento de un discurso sólido y en la irrefutabilidad del conocimiento -amparado en lo físico-matemático- como lugar de verdad, legitimidad de la razón y la certeza.

También se postula que uno de los puntos de partida de la modernidad -y por ende fin de la edad media- es la Reforma Protestante iniciada en la segunda década del siglo XVI por Martín Lutero

Bajo este contexto nace la modernidad como causa de una crisis y colapso del sistema tradicional, como un cuestionamiento a su estructura (organización feudal, inmovilidad social, sistema claustral), como una deslegitimación de su poder y vigencia ante la aparición de nuevas formas de racionamiento.

Es la destrucción de las órdenes antiguas y el triunfo de la racionalidad. Es la ruptura del mundo sagrado, es la negación absoluta de toda trascendencia (mitología como meta-lenguaje). Modernidad es en fin: racionalización contra subjetivación, razón contra pasión o sentimiento, ciencia contra religión.

"El pasaje de la sociedad tradicional a la moderna ha concluido entones de una manera imprevista e imprevisible: con una radical y desconcertante ruptura existencial. El lugar de las viejas creencias no fue ocupado por otras del mismo tipo. Por el contrario fue institucionalizado el pluralismo de los valores"

"Ser moderno es formar parte de un universo el que, como dijo Marx, todo lo que es sólido se evapora en el aire".

La idea de modernidad está ligada al concepto de progreso. Lo moderno se identifica con todo lo nuevo y presupone, con ello, un principio revolucionario de ruptura, esto es, de crítica, renovación y cambio. “La modernidad es una edad histórica de transformaciones y quebrantamientos; es consustancial con la crisis".

La palabra moderno deriva “modo” o “moda”, entendido como algo que está de paso, a la espera de la aparición de algo todavía más nuevo y así hasta el infinito.

“A esta época iniciada en el siglo XVII con Galileo y Descartes, en que por primera vez en la historia de los pueblos se desea ignorar la tradición de la manera más radical para poner la vista en el futuro, se llama, como ya se dijo, época moderna; en ella ningún hombre querrá ser visto como permaneciendo en el ayer, o sea, anticuado, sino en la avanzada de lo que se estila, se piensa o se quiere”.

La modernidad se basa en ciertas convicciones tales como:

  • La creencia absoluta en la exclusividad de la razón para conocer la verdad, sospechando de todo conocimiento proveniente de la fe, de la tradición y de toda intuición no comprobada.

  • La aspiración a que tales conocimientos se traduzcan en fórmulas de tipo físico matemático que cualquiera pueda comprender fácilmente y que por eso mismo marquen el máximo de objetividad, pues todo lo meramente subjetivo es desechable.

  • El concepto de que lo real no sólo es susceptible de matematizarse, sino también de ser comprobable experimentalmente según métodos rigurosos.

  • El postular la libertad incondicionada del hombre para regir su destino. De ahí la obligación de combatir toda forma de sujeción a la monarquía absoluta, al poder económico de grupos o clases, al poder supremo del Estado.

  • El creer que la infelicidad humana deriva hasta ahora del empañamiento de la razón por las supersticiones -entre ellas las creencias religiosas-, lo que ha hecho imposible el gozo de la libertad, la configuración autónoma del propio destino.

  • La creencia en la superioridad absoluta del hombre por sobre todos los otros seres de la creación.

  • El pensar que la democracia es la forma mejor de construir una sociedad para seres de esta clase.

  • Se habla de modernidad desde el advenimiento al mercado mundial en 1500. A partir de esta fecha, este proceso histórico se divide en distintas etapas. La primera dura hasta 1790 carece de un vocabulario común porque no es reconocida por la mayoría de los teóricos que abordan este tema. La segunda fase, que se extiende a lo largo del siglo XIX, se caracteriza por la diversidad de visiones acerca de la modernidad, donde convergen distintas posturas; los espirituales, quienes no reniegan el pasado clásico y los materialistas que enfatizan el uso de la razón y la ciencia. Pero a pesar de esto existía un universo homogéneo, más o menos unificado que conservaba el recuerdo de la experiencia vivida en un mundo pre-moderno. La tercera época se extiende hasta mediados del siglo XX donde la experiencia clásica de la modernidad sufre una drástica transformación, ya que se olvida completamente el pasado, se borran las raíces y parte de la historia.

    Ahora se postula una nueva etapa, que según Marshall Berman, se caracteriza por la época de los grandes descubrimientos físicos (cambian nuestras imágenes de universo), la industrialización, trastornos demográficos, crecimiento urbano, sistemas de comunicación masivos, estados nacionales poderosos, movimientos sociales de gentes y de pueblos y el mercado mundial capitalista. Todas estos procesos mundiales son las causas de lo que el autor denomina "Torbellino de la modernidad"

    "Esta atmósfera de agitación y turbulencia, de vértigo y embriaguez psíquica, de expansión de las posibilidades experimentales y destrucción de las fronteras morales y de los lazos personales de autoensanchamiento y autodescomposición, fantasmas de la calle y el alma, es la atmósfera en que nace la sensibilidad moderna"

    El autor lo llama torbellino porque lo identifica como una "revolución continua de la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales y una inquietud y un movimiento constante".

    En la modernidad a diferencia de la edad media, existe movilidad social; ahora se puede pertenecer a varios grupos, sin importar raza, religión o lengua. Dentro de este contexto, la ciudadanía adquiere un papel preponderante, ya que posee mayor libertad de consciencia lo que le permite optar y tomar sus propias decisiones. Ahora estamos frente a una sociedad plural donde el cristianismo no es el único dogma a seguir.

    En el período medieval la sociedad estaba completamente normada y cualquier intento por salirse de las estructuras y reglas, significaba una crisis. En cambio en este período el conflicto es una constante, no es considerado como algo negativo sino por el contrario adquiere valor, ya que si hay crisis hay confrontaciones, nuevas visiones, rupturas y, por lo tanto, progreso.

    Es en este momento que la razón del hombre adquiere importancia y el individuo está confiado de que por medio de ésta podrá dar respuesta a los problemas de su existencia. Esta seguridad se produce cuando los sujetos toman consciencia de que todo a su alrededor es producto de obras humanas.

    En el fenómeno de la racionalización el hombre se cree capaz de cambiar el mundo, siente que es autónomo, conocedor de la verdad, que puede encontrar respuestas a todo porque ahora tiene una visión totalizadora de la realidad, ya que es él quien la maneja, la experimenta, descubre y si quiere la cambia. Es en este escenario donde nacen las ideologías como el marxismo, el anarquismo y el capitalismo, que buscan crear "ese" mundo ideal. "En las ideologías políticas se ha creído ciegamente, intuyéndose que conducirán al paraíso en la tierra si se luchaba por ellas; la mayoría a seguido sus portavoces, a Lenin, Stalin, Hitler, y Mussolini por ejemplo, sin admitir que aquello fuese sólo un sueño".

    Esta es una época marcada por una fe ciega en el hombre y sus creaciones y las utopías son el principal reflejo de este período; marcado por los sueños, las esperanzas y los anhelos de un futuro basado en la ciencia y la técnica como métodos para alcanzar una realidad perfecta, en donde el individuo sea el gobernador de todo.

    Las ideologías, ya no las mitologías, serán las encargadas de mantener una imagen integrada. La principal de ella es la ideología del progreso y del futuro. "El mundo moderno da por hecho la desagregación de la realidad en una serie de prácticas o discursos autónomos, pero trata de recuperar de un modo u otro su coherencia".

    Sin embargo durante la modernidad es el capitalismo, como ideología, el que logra imponerse. Es a partir de la tercera fase, o sea, en el siglo XX donde se consolida el capitalismo y se perfila como sistema económico mundial, generando una nueva forma de desarrollo y crecimiento. El hombre moderno ve en este modelo económico un sistema de progreso, que le permitirá tener un mejor status y sistema de vida.

    En este sistema capitalista el Estado pierde su carácter paternalista, centralizador y con esto el control que tenía ante los ciudadanos disminuye. En este período el Estado es un administrador de la nación, regulando a través de leyes los derechos y deberes de los ciudadanos, ya no impone normas de manera arbitraria. Existe también una división de los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), por lo tanto la autoridad ya no radica en un solo ente. Ahora los ciudadanos son capaces de elegir, tienen voz y voto a la hora de decidir quienes los representarán.

    "El Estado centralizador, tradicionalmente ajeno a cumplir su papel de cohesionador de la sociedad, se define hoy como un Estado que oscila entre la modernización y el enflaquecimiento de sus funciones. Un Estado cada vez menos soberano y más vulnerable para enfrentar los oligopolios a la hora de tomar las decisiones fundamentales del desarrollo económico - social de las naciones".

    Cabe señalar que la modernidad, como ruptura del pasado clásico y creación de una nueva historia trasciende el ámbito político y económico. También abarca la arquitectura, la danza, la música, la literatura, la filosofía, la sociología y las ciencias. En cada uno de estas áreas vemos el "sentimiento modernizador" que busca la experimentación, la innovación y la ruptura de un pasado que se ha querido olvidar.

    Sin embargo todas los cambios abruptos y las transformaciones repentinas traen consigo, tarde o temprano, una crisis. La modernidad no ha estado al margen de esto.

    La Modernidad en crisis:

    La modernidad amplió la percepción que se tenía del mundo, cambió la visión teocéntrica por una antropocéntrica, pero también generó posiciones antagónicas a ellas; denominadas antimodernas (ligadas al clasicismo). Estas tensiones provocaron en gran parte la crisis de la modernidad. Pero también influyó el constante conflicto que existía entre los materialistas (racionalidad) y los espiritualistas (que comulgaban con las ideas clásicas). Estos últimos añoraban los valores que se habían perdido con la modernidad, creían que los postulados de la edad media no debían perderse, pues buscaban humanizar la historia.

    Como la modernidad fue una ruptura con el pasado no se consideraron muchos de los aspectos positivos que tenía la época anterior. Con esto nos referimos a que se olvidaron de las raíces, las tradiciones, la cultura popular, las creencias y mitos, dejado atrás la memoria histórica, los grandes relatos que conformaron, que unificaron al mundo en un momento dado. Este quiebre tan radical negó las experiencias anteriores y transformó al hombre en un ser desconectado con su pasado.

    Creemos que el intenso desarrollo de la ciencia y de la técnica fue un factor importante en el cuestionamiento de la modernidad y la crisis de ésta, ya que al llegar a su máximo esplendor durante la II Guerra Mundial -creación de la bomba atómica, armamentos desarrollados, tecnología de punta- el hombre se da cuenta que esta avalancha de conocimientos, encausada por la modernidad, lo ha llevado a la deshumanización.

    Los movimientos opositores a la modernidad creían que si bien ella había enriquecido al hombre en la conquista de las ciencias, al mismo tiempo lo había empobrecido porque lo ha desnaturalizado: "el amor, la imaginación, los sentimientos, los deseos, las ambiciones, o sea, lo que constituye la trama viva de la existencia y la vuelve dramática pero que no es matematizable, se ha considerado en segundo orden para la ciencia y sólo de interés privado para la persona singular y para nadie más".

    Entre los movimientos que se contraponen con lo moderno esta el Romanticismo, corriente artístico e intelectual europeo que se extiende aproximadamente desde 1800 hasta 1850. "Casi en los días de la Revolución Francesa, acontecimiento capital según los modernos para la liberación del hombre, y donde en verdad se proclama su autonomía definitiva, se inicia el Romanticismo, tendencia que no añora el futuro sino el pasado y da más trascendencia al sentimiento que a la razón". Si bien este movimiento frecuentemente es asociado al género literario, su influencia fue mucho más allá ya que abarcó varios aspectos de la vida y, muy especialmente, los principios que regían la manera de pensar de la época. "Arremetió contra la fría comprensión de la realidad, creando un tipo de vida en que el desinterés sustituyó al utilitarismo y a la materialidad de la vida cotidiana, le indicó un camino por donde escapar de sus groseras preocupaciones y marchar por él hacia el ideal".

    Frente a esto la modernidad se presenta como una paradoja, ya que por una parte ha unido al hombre, poniendo énfasis en la racionalización como principio único del saber, por otra lo ha desintegrado, generando conflicto, contradicción, ambigüedad y angustia, pues ya no existe un sustento valórico común, una ética normalizadora universal. El hombre está solo frente al mundo. El individuo es un ser que lucha contra sí mismo, ahora es él contra la razón. Está extraviado, desamparado en una sociedad donde prima el individualismo por sobre todas las cosas.

    Para Marx Weber, en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" (1904), el modernismo es similar a una "jaula de hierro", donde el hombre es incapaz de escapar. "Así, la sociedad moderna no sólo está encerrada en una jaula, sino que toda la gente que está adentro vive determinada por sus rejas; somos seres sin espíritu, sin corazón, sin identidad personal o sexual, casi podríamos decir sin ser". Es así como se empezó a sentir el hombre, si bien en un inicio fue el individuo el que confió en sus capacidades, en su intelecto para moldear el universo, cambiar las cosas, transformar lo que deseara, finalmente fue la modernidad la que le impidió ser plenamente libre porque el hombre se dejó llevar por las tecnificación del saber sin darse cuenta de las consecuencias que esto acarrearía. El hombre se convirtió en una máquina, olvidándose finalmente de su esencia.

    En esta coyuntura de “crisis” el sujeto se cuestiona el poder que supuestamente tenía para controlar el mundo, su capacidad de dominar la ciencia. Se da cuenta que la razón no lo es todo, siente incertidumbre frente a su propia figura y al mundo. Es un hombre pesimista, solo, triste porque no tiene claro el sendero a seguir.

    En este período el hombre se siente solo ante el mundo, hay un vacío normativo interno (alma) y externo. "Habiendo perdido las preferencias y adversiones propias, el individuo se siente como privado de alma. Y no sólo eso. Además el mundo externo (el lugar donde había encontrado siempre una respuesta a sus incertidumbres) no lo ayuda. Ese mundo no está en condiciones de darle los nuevos puntos cardinales, porque aún no existe la afirmación de nuevas creencias".

    El vacío normativo externo, anteriormente mencionado, está relacionado con la caótica realidad mundial; hay guerras, hambruna, incertidumbre, conflictos sociales, cuestionamientos ideológicos y desigualdad. Después de la II Guerra Mundial el escenario internacional está dominado por potencias hegemónicas (Estados Unidos y la Unión Soviética), que exacerban el saber científico utilizando la razón con la finalidad de destruir al enemigo. Estas naciones intentan controlar al mundo, establecer su ideología, normar la vida, reduciendo al individuo a su mínima expresión.

    En tanto, el ámbito interno del hombre está ligado solamente al conocimiento, a la producción de bienes materiales y a reproducir los deseos y necesidades de una sociedad consumista. "Los pueblos se reconocen a sí mismos por sus mercancías; encuentran su alma en sus automóviles, aparatos de sonidos, casas de dos pisos, equipos de cocina". Es por esta razón que se produce un quiebre en la vida de los hombres, ahora cuestionan el uso otorgado durante la modernidad a la razón.

    Finalmente en esta crisis la sociedad se desintegró, provocando un gran desequilibrio en el sujeto, en sus concepciones históricas, en las religiosas, en la libertad, en la integridad y en la moralidad. Se dio cuenta que nada de eso ya queda, que la modernidad lo había arrastrado hacia un vacío existencial profundo, que se había olvidado de sí mismo, que ya no tenía identidad, ahora era sólo un ser racional, sin principios morales claros, ni una ética establecida. "La crisis señala más bien la desintegración profunda de aquella unidad ética, estética y científica que configuraba la conciencia moderna del pensamiento del siglo XVII hasta nuestra época".

    El teórico, Marshall Berman, cree que se debe volver a la modernidad del siglo XIX porque en ese período el hombre aún tenía un claro sentido de vida, una identidad marcada, una sensibilidad especial. “Puede resultar, entonces, que retroceder sea una manera de ir adelante; que recordar los modernismos del siglo XIX nos dé la visión y el coraje para crear los modernismos del sigloXXI”.

    Pero ya era tarde para dar marcha atrás, la crisis se había desatado y el hombre ahora estaba en búsqueda de una brújula, algo que lo orientara y le mostrara el camino que debía seguir.

    La era de la globalización:

    Hablar de globalización implica hablar de muchos fenómenos que se desarrollan al interior de ella, pero antes es necesario situarnos dentro del contexto y las circunstancias en que ésta se da.

    Hay diversas posturas acerca de cuándo se inicio el proceso de la globalización. Algunos teóricos postulan que ésta comenzó en el siglo XVI con la expansión del capitalismo como sistema económico preponderante y el inicio de la modernidad occidental. Unos en cambio creen que la modernidad llega a su fin cuando el Estado nacional pierde la capacidad de organizar la vida social y material de las personas, "la globalización es el resultado imprevisto de las tensiones que se venían gestando al interior mismo de proyecto moderno". Otros la sitúan a mediados del siglo XX, cuando el desarrollo tecnológico y comunicacional logra traspasar las fronteras, unificándose así los mercados mundiales. Para estos últimos la globalización se consolida al desaparecer la Unión Soviética, cambiando el orden mundial y estableciéndose como única fuerza el capitalismo.

    A nuestro juicio la globalización cobra valor cuando el capitalismo comienza a expandirse por todo el mundo, pues es en este minuto cuando presenciamos la integración global de los mercados.

    El reconocimiento del capitalismo como sistema económico único y válido se da con la caída del Muro de Berlín, que trae como consecuencia más inmediata el fin de la “Guerra Fría”, terminando de esta manera con el conflicto este-oeste, capitalismo v/s socialismo que se había impuesto anteriormente. Ahora el sistema mundial estaría gobernado bajo una misma ideología, la capitalista, proclamada por Estados Unidos.

    Este sistema económico postula, en términos generales, la transnacionalización de la producción de bienes y servicios, la liberalización de los mercados y la especialización, competitividad y productividad, basados en la ley de oferta y demanda.

    Con este modelo las naciones comienzan a basar su economía en el consumo, en las exportaciones e importaciones. Así las sociedades se hacen cada vez más interdependientes y conectadas, surgiendo una sociedad global.

    Este modelo encuentra sustento en una serie de normas, reformas y principios que “buscan globalizar la producción, circulación y mercados, aprovechando la oportunidad de condiciones más ventajosas para obtener beneficios en todas partes, y conseguir el apoyo estatal para el aumento de la productividad y competitividad de las economías nacionales”

    Pero estos intercambios no son sólo materiales, pues implican una interacción cultural e ideológica, y es aquí donde la globalización encuentra una base sustentable que le permite desarrollarse.

    Frecuentemente se habla de globalización a partir de la internacionalización de la producción, del comercio y las finanzas, refiriéndose a ella como un proceso fuertemente ligado al ámbito económico; sin embargo la globalización abarca mucho más que eso. También comprende lo cultural, lo social, lo político, lo ideológico y todo lo que concierne al hombre. Para el Cientista Político, Jorge Heine, la globalización es “el aumento de los flujos de bienes, servicios, capital e información a través de las fronteras a lo largo y ancho del mundo”.

    El énfasis en lo económico se ha prestado para malos entendidos u opiniones sesgadas. Si bien fue el factor que detonó el origen -capitalismo- no es actualmente la única característica de este fenómeno global. Hoy vemos como las diferentes culturas convergen no sólo en la unificación de los mercados mundiales, sino que en nuevos sistemas de vida donde los vínculos con lo foráneo son una constante.

    Al universalizarse los mercados, las naciones se sienten parte del mundo, ya no se quedan simplemente con lo que pasa en su territorio, también les interesa saber lo que ocurre a nivel mundial. Las causas de esto se encuentran en que el fenómeno de la globalización ha significado también una enorme contracción del tiempo y del espacio, ya que al derribarse las fronteras mundiales, las naciones interactúan entre sí, sintiendo la cercanía que esto provoca, ya que con las nuevas tecnologías, las distancias ya no importan, se puede estar en todas partes y al mismo tiempo. El espacio geográfico pierde total relevancia y el territorio se convierte en algo accesorio.

    Por todo esto, creemos que la globalización no se puede reducir simplemente al ámbito económico; si bien es éste aspecto el que la impulsa, no es el único que ella abarca. “El proceso de globalización se refiere a la intensificación de las relaciones sociales universales que unen a distintas localidades de tal manera que lo que sucede en una localidad está afectado por sucesos que ocurren muy lejos y viceversa”. Es así como las dimensiones se amplían incluyendo además las esferas políticas y culturales.

    No hay una única definición de lo que es la globalización, pero si incorporamos la mayoría de los postulados que existen sobre ella, podemos decir a grandes rasgos que “es un fenómeno universal iniciado a mediados del siglo XX que postula la unificación de las naciones desde una perspectiva económica, política y cultural”

    Desde una perspectiva económica la globalización ha generado una internacionalización de los mercados, entendida como un proceso de integración a una red de intercambio global, donde existe movilidad de bienes, servicios y factores productivos, generando una apertura mundial del comercio. En este ámbito las empresas han segmentado la producción en distintas etapas, capacitando a sus trabajadores en una tarea específica.

    Con la revolución de las tecnologías desaparecen los empleos tradicionales (mano de obra) y aparecen otros basados en los servicios y en el conocimiento. Por este motivo el hombre ha necesitado capacitarse, perfeccionarse y adecuarse a los nuevos tiempos, con la finalidad de evitar ser reemplazado por una máquina. El individuo ahora le imprime un valor agregado a su trabajo para ser más competitivo y no quedarse fuera de este sistema.

    En la actualidad, los grandes centros de poder son los que rigen el mercado y la economía mundial. Ellos marcan las pautas económicas y los demás países deben atenerse a sus interese y disposiciones. Este poderío alcanzado por las grandes potencias no sólo se remite al ámbito financiero, sino que también es producto de la capacidad científica que ellos han alcanzado y la superioridad tecnológica que tienen.

    "La informatización está sustentada en el saber científico-tecnológico concentrado en unos pocos y en el monopolio financiero-industrial de las grandes corporaciones". Esto se traduce finalmente en la existencia de una gran brecha entre los países desarrollados y los sub-desarrolados o en vías de desarrollo. Con esto podemos apreciar que el proceso globalizador, que busca la homogeneización en distintos ámbitos, no lo consigue, generando una cultura heterogénea y desigual. "Lo que suele llamarse globalización se presenta como un conjunto de procesos de homogeneización y, a la vez, de fraccionamiento articulado del mundo, que reordenan las diferencias y desigualdades sin suprimirlas".

    Si bien el capitalismo ha proclamado un discurso integrador, que busca el consenso en términos políticos y económicos, ha generado fragmentación y una estructura social desigual que no es coherente con la tendencia "homogeneizadora" que postula. Aunque al respecto hay muchos que creen que este sistema económico impulsó el nacimiento de una "aldea global" en la que las fronteras pierden su significado tradicional como tendencia unificadora; otros teóricos no están de acuerdo con esta afirmación planteando la existencia de un "conventillo global" (quién Lucha), entendido como un conjunto disímil de personas, etnias y emigrantes que habitan y albergan en un mismo escenario.

    En cuanto a la esfera política, es necesario mencionar que la democracia -sistema político amparado por el capitalismo- ha logrado sobrevivir a lo largo de los años convirtiéndose en una ideología universal. Con este régimen hay una mayor autonomía de los ciudadanos, lo que les ha permitido participar de alguna forma en decisiones políticas.

    Con la democracia, los habitantes de una nación eligen a sus gobernantes para que los representen pensando en el interés público y el bien común. Sin embargo, con la globalización el poder gubernamental se encuentra sujeto a las leyes y normativas establecidas internacionalmente. Tal es el caso de algunas instituciones y organismos mundiales encargados de velar por la seguridad, los derechos humanos y la paz mundial como el TPI (Tribunal Penal Internacional), la ONU (Organización de Naciones Unidas), la OEA (Organización de Estados Americanos), entre otros. Pero aquí nuevamente observamos las grandes diferencias que se generan, ya que a la hora de juzgar a una de las grandes potencias, como Estados Unidos, estas entidades "hacen vista gorda" de la problemática existente.

    En este contexto asistimos a una crisis del Estado-Nación como entidad soberana pues las relaciones de poder y las prácticas de control se han visto transformadas producto del desdibujamiento de las fronteras y la incapacidad de éste para organizar la vida social y material de las personas. "Como las órdenes del Estado no pueden hacerse cumplir plenamente y como algunas de sus promesas, encarnadas en el Estado de Bienestar, no pueden mantenerse, tanto su autoridad como legitimidad están en entredicho".

    Hoy el Estado enfrenta el desafío de no poder controlar lo que antes era de su dominio, porque actualmente está supeditado al modelo económico mundial. “El proceso de globalización empezó expandiendo a las naciones-estado por todo el mundo, pero terminó por minar su independencia. Esto se debe en parte a la creciente internacionalización de la economía y el surgimiento de bloques comerciales, lo que hace cada vez más difícil para las naciones seguir políticas significativamente diferentes a las del resto del mundo o de su grupo”. Al reducirse el poder del Estado, todos los ciudadanos se ven perjudicados porque ya no tienen un ente regulador fuerte, ni firme, ya no existe un poder concentrado capaz de tomar decisiones de manera autónoma velando por el bien común, ahora el Estado debe abordar con cautela cada tema que se le presente y resolverlo de una manera adecuada, para así no tener conflictos con las grandes naciones, que finalmente son las que entregan las pautas mundiales.

    El fenómeno de la globalización no puede estar al margen de la cultura, entendida desde un punto de vista tecnológico como una red de intercambios virtuales y espacios electrónicos sin necesitar de un lugar geográfico preciso. Esta nueva civilización de masas se sostiene sobre los avances tecnológicos y comunicacionales de las sociedades occidentales desarrolladas. Estos adelantos informacionales dependen de la capacidad de conocimiento e información para actuar en los recurrentes intercambios globales.

    Según Manuel Castell este nuevo escenario es denominado "sociedad red", identificada como una nueva estructura social vinculada a la cultura de la virtualidad y la era de la información global. Este fenómeno trasciende el tiempo y el espacio, convirtiéndose en una nueva forma de vincularse con el mundo. “Un nuevo sistema de comunicación que cada vez habla más de un lenguaje digital universal, está integrando globalmente a la producción y a la distribución de palabras, sonidos e imágenes de nuestra cultura y acomodándola a los gustos de las identidades y temperamentos de los individuos".

    Esta revolución tecnológica indujo a la aparición del informacionalismo, donde el flujo de información y comunicación a escala global se ha constituido como cimiento de esta nueva sociedad, pues la generación de la riqueza, el ejercicio del poder y la creación de códigos culturales han pasado a depender de la capacidad tecnológica de las personas y las sociedades.

    Este desarrollo informático ha llegado a las sociedades más avanzadas acentuando la brecha con aquellos que no lo son. En ningún caso queremos plantear que el desarrollo tecnológico sea responsable de las condiciones de pobreza o el analfabetismo del tercer mundo, pero sí un factor que acentúa las diferencias, oponiéndose a la idea de globalización.

    En esta realidad, los medios de comunicación se han transformado en el sustento de esta cultura global, pues es a través de ellos donde se genera la mayoría de nuestros estímulos simbólicos. Con esto nos referimos a que actualmente la comunicación social difunde una gran cantidad de signos e imágenes que trastornan la manera de identificar al mundo.

    A través de los media, el sistema capitalista encuentra la principal, y a veces única, forma de penetrar en la consciencia de la ciudadanía, inculcándoles un sentido de vida y una nueva forma de concebir la realidad. Este fenómeno se traduce en un proceso de dominación de las potencias, ya que los mensajes de ellas están relacionados con la ideología del capitalismo imperante.

    Si bien los medios de comunicación ostentan un papel relevante en esta era de la información, ellos son un canalizador porque el real poder, como capacidad de imponer la conducta, radica en las redes de intercambio, de información y manipulación de símbolos que propugnan las potencias mundiales.

    En la actualidad los dueños de los medias son grandes conglomerados internacionales o grupos económicos importantes de cada nación, quienes monopolizan la producción de noticias, series de televisión, películas, creando una construcción ideológica ajustada a sus propios intereses, comulgando con las ideas capitalista y con una globalización, entendida como la unificación de las naciones independiente del costo que ella tenga.

    En esta producción mediática vemos como la cultura norteamericana es la más predominante, ya que al ser Estados Unidos el principal impulsor del sistema económico capitalista, los medios se encuentran invadidos de su mensaje "norteamericanizador". Esto lo podemos apreciar en las distintas "industrias culturales", como en el cine, con las películas de Hollywood; en la literatura, con Bárbara Woods; en la música, con Britney Spears; en las series televisivas, como Friend`s; en las cadenas de comida rápida, como Mc D`onalds, entre otros fenómenos. Todos estos se han transformados en íconos del capitalismo y pretenden influir en los individuos con conceptos tales como "el sueño americano", "en Estados Unidos todos los hombres son libres", "en Estados Unidos se encuentran las mejores oportunidades laborales", "todo lo norteamericano es bueno" y tantos otros emblemas que se anidan en los mensajes difundidos por los medios de comunicación. La industrialización de la cultura norteamericana ha traspasado las fronteras, inundando los mercados mundiales.

    Como hemos visto la globalización está en todas partes, influyendo y cambiando la vida de las personas. No hay ni un ámbito que no sea tocado por ella, aunque sea tangencialmente; por esto el hombre ha debido adaptarse y el que no lo ha hecho ha quedado al margen, constituyéndose como minoría o siendo discriminado.

    Creemos que no se puede negar que este proceso ha traído múltiples consecuencias, no muy positivas por cierto, al contrario, la globalización ha significado el nacimiento de muchos “vicios” que antes no existían en la sociedad o se daban en menor medida.

    Los vicios de la globalización:

    La globalización es entendida por algunos como un proceso de evolución, donde las naciones se unen en post de un futuro mejor. En este período los avances tecnológicos son una tónica y se cree que ellos le facilitarán la vida al hombre; también otra suposición es que con la unificación del mundo los países más desarrollados les traspasarán su experiencia a otros, logrando finalmente un mundo homogéneo, donde ya no existan desigualdades.

    Pero este convencimiento es diametralmente opuesto a quienes entienden la globalización como un proceso que multiplica las diferencias, engendrando nuevas desigualdades, ya que al tener como objetivo principal la homogeneización del mundo, no entienden la riqueza de lo heterogéneo y lo imposible que es la unificación total de las naciones porque hay culturas, idiosincrasias, historias y desarrollos muy distintos. Esta postura, a la cual nosotras adherimos, plantea que la globalización conlleva una serie de vicios que perjudican a los países y no les permite seguir creciendo.

    Como hemos visto el fenómeno de la globalización trastoca todos los ámbitos del acontecer mundial; las relaciones personales no están al margen de ello. Existen diversos tipos de relaciones, pero las que aquí nos interesa destacar son las primarias, entendidas como el establecimiento de vínculos directos entre las personas, y las secundarias, que son los roles y funciones desempeñados en la vida social. Lo que ha ocurrido ahora es que estas relaciones han sido desplazadas por las “terciarias”, es decir, aquellas mediadas por tecnologías y grandes organizaciones, donde el individuo: escribe a una institución, llama a una oficina, manda un e-mail o escribe un fax. El hombre ha perdido el contacto con otros hombres y hoy las interacciones son cada vez más despersonalizadas.

    Con la revolución tecnológica y los avances científicos el sujeto se ha acostumbrado a trabajar con las máquinas; su contacto con ellas se ha vuelto cada vez más directo e imprescindible, pues le ha proporcionado la eficiencia y rapidez tan necesaria en este período donde el hombre se ha vuelto totalmente competitivo e individualista. Estas herramientas lo han ayudado a elaborar con prontitud su trabajo y le ha facilitado la aproximación con otros hombres a través de la web u otros avances informáticos. Pero las maravillas tecnológicas, producidas “gracias” a la globalización tienen como consecuencia más directa la perdida del contacto personal con otros sujetos.

    Ahora las personas privilegian la rapidez por sobre el contacto personal, sienten que viven en una sociedad tan acelerada que ya no queda tiempo para interactuar con el otro. Las relaciones personales han quedado en el olvido, y para algunos son una perdida de tiempo, sin entender que son ellas las que van trazando el tejido social que toda nación debe tener para que su sociedad crezca.

    La individualización del hombre es el último fin, éste se encuentra extraviado en la sociedad, una sociedad que ya no es la comunidad que antes lo acogía. Para Karl Marx esto se verifica porque “el capitalismo es un sistema sin seguridad, donde prospera el hombre egoísta, el hombre en cuanto a miembro de la sociedad civil, es decir un individuo replegado sobre sí mismo en su interés privado y sobre su arbitrio privado”.

    Ahora la persona se ha convertido en un ser desorientado que no tiene vínculos estrechos con los demás, ni con su pasado, sus tradiciones y la historia.

    La globalización ha implicado una destradicionalización de las naciones. Al incorporar todo lo foráneo y al formar parte de esta esfera global, el hombre ha dejado a un lado sus tradiciones, se ha olvidado de sus raíces; esas que le dieron las bases de su cultura. Con la perdida de las fronteras y la unificación de las naciones el individuo se rodeó de otras culturas, de otras idiosincrasias, las que de alguna manera lo fueron moldeando. Por otro lado, el desmedido afán progresista de los países en vías de desarrollo por parecerse a los primer mundistas ha hecho que los primeros copien las costumbres, los estilos de vida, las modas que los países hegemónicos han impuesto.

    Todo este proceso mundial ha generado que las identidades de una nación se desterritorializen, es decir se ubiquen fuera de los límites de la nación. Hoy los países, los pueblos y ciudadanos se reconocen como parte de un todo, de una comunidad mundial conformada por varias localidades -de diferentes razas, lenguas y nacionalidades- que intentan integrarse a la sociedad global con la finalidad de encontrar y definir parte de aquel fragmento que les corresponde.

    La identidad, concebida como relato histórico y memoria, hace alusión a la conciencia discursiva de los ciudadanos, ligada a las construcciones axiológicas (juicios de valor), históricas y sociológicas de una nación. Estas narraciones de la realidad permiten que los ciudadanos se formen una idea acerca de su país, de sus mártires, de su legado como un relato que constituye parte de su semblanza.

    Pero también la identidad está relacionada con una conciencia práctica que supone las acciones que realizan las personas en su vida cotidiana. Este tipo de construcción identitaria genera aquellos rasgos propios de una comunidad. Así por ejemplo la chilenidad está caracterizada por algunos acontecimientos típicos que se realizan todos los años para el dieciocho de septiembre; comer empanadas, tomar chicha, ir a las fondas y bailar cueca entre otros.

    De acuerdo a estas dos construcciones -discursiva y práctica- la identidad está constituida por un sistema de creencias, actitudes y comportamientos que le son comunicados a cada miembro del grupo por pertenecer a él. “Esa realidad colectiva consiste en un modo de sentir, comprender y actuar en el mundo y en las formas de vida compartidas”.

    Para Jorge Larraín, la identidad es “un proceso de construcción en que los individuos o los grupos se van definiendo a sí mismos en estrecha relación con otras personas y grupos”. Según este autor la configuración de ésta tiene un doble sentido; primero los individuos se definen a sí mismo en torno a categorías sociales compartidas como la religión, el género, la clase, etnia y sexualidad. Segundo, la identidad implica una referencia a “los otros”, entendidos como aquellos con respecto a los cuales el sujeto quiere diferenciarse.

    Como se puede observar, la construcción de la identidad no es un proceso fácil, ya que requiere del tiempo suficiente para que los habitantes de una nación se reconozcan como parte de ella. “La identidad es una construcción que se relata. Se establecen los acontecimientos fundadores, casi siempre referidos a la apropiación de un territorio o a la independencia de estos. Se van sumando las hazañas en las que los habitantes defienden ese territorio, ordenan sus conflictos y fijan los modos legítimos de vivir en él para diferenciarse de los otros”.

    Es así como la identidad comenzó a configurarse a través de las narraciones, los libros, los museos, los rituales cívicos y los discursos políticos, que fueron durante mucho tiempo los dispositivos con que se formuló el reconocimiento de cada nación, consagrando su retórica narrativa.

    Sin embargo no es hasta la primera mitad de siglo XX cuando algunos medios de comunicación como el cine, la radio y la televisión comienzan a organizar los relatos de la identidad y el sentido ciudadano en las sociedades nacionales, permitiendo diferenciar a los pueblos a través de los hábitos, los modos de hablar y la vestimenta. Las comunicaciones por radio ayudaron a que los grupos de diversas regiones de un mismo país, antes desconectados y lejanos, se reconocieran como parte de un todo. Por otro lado la televisión comenzó a vincular las zonas distintas permitiendo informar los acontecimientos y dar a conocer la realidad de un país a un público que antes no podía acceder a ella.

    “Los medios masivos fueron los agentes de las innovaciones tecnológicas, nos sensibilizaron para usar los aparatos electrónicos en la vida doméstica y liberalizaron las costumbres con un horizonte más cosmopolita; pero a la vez unificaron los patrones de consumo con una visión nacional”. El problema aquí suscitado fue producto de que los medios de comunicación eran de capitales nacionales, lo que los impulsó a difundir el conocimiento de “lo propio” e incentivar el consumo de los bienes característicos de un país.

    Debido a esto la identidad de las naciones, durante este período, radicó en un fuerte sentido de lo nacional, en un todo homogeneizante, desvinculado de los acontecimientos internacionales y de la cultura mundial.

    Todo este escenario se desvaneció en los años ochenta debido a la apertura de las economías de cada país a los mercados globales y a los procesos de integración que redujeron el papel de las culturas nacionales. Es así como la trasnacionalización de la tecnología y la comercialización de diferentes bienes disminuyó los referentes tradicionales de la identidad. Ahora, bajo el dominio de las redes globalizadas de producción y circulación de símbolos, se establecen las tendencias y los estilos de las artes, las líneas editoriales, la publicidad y la moda, entre otros.

    Hoy nos encontramos ante un mundo desterritorializado, sin fronteras claras, sin límites. “Hoy estamos en un mundo donde se han perdido las identidades legitimadoras, donde estamos siendo testigos del surgimiento de un mundo hecho exclusivamente de mercado, de redes, individuos y organizaciones estratégicas”.

    En este escenario han perdido vigencia las costumbres, las tradiciones, las leyendas, mitos, folclore y valores nacionales. Han cedido frente a la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación (satélite y redes ópticas) que promueven las culturas-mundo como espectáculo multimedia.

    En las naciones convergen diversos sistemas culturales, se interceptan e interpretan. La identidad es políglota, multiétnica, migrante, hecha con elementos cruzados de varias culturas.

    Por esto la globalización afecta enormemente en la identidad porque en primer lugar, pone a individuos, grupos y naciones en contacto con una serie de “otros”. Esto ha generado la separación de las relaciones sociales de los contextos locales de interacción. Además esos “otros” no son conocidos por su presencia física, sino que a través de los medios de comunicación, especialmente las imágenes televisadas. En segundo lugar, la globalización interviene en la identidad producto de que sus grandes transformaciones sociales tienden a desarraigar identidades culturales ampliamente compartidas, alterando las categorías en las cuales los sujetos construían su identidad. Ahora se acaba la autonomía de las naciones-estado que existía en la modernidad, en este período el nacionalismo (identidad nacional) era parte importante de la idiosincrasia de los países. La globalización termina en gran parte con este nacionalismo, obligando a los Estados a integrarse a un mercado internacional amparado por patrones mundiales de comercialización y bajo la influencia de las nuevas tecnologías. Sin embargo, aquellas etnias o grupos que no han querido integrarse han quedado marginadas del sistema.

    En el contexto de la globalización existen también otros vicios, fuertemente influenciados por un imperativo económico. El hombre se ha vuelto un ser materialista, exitista, hedonista y superficial, donde la espiritualidad ha sido desplazada por la cosificación, es decir, la valorización de objetos materiales que pueden generar un efecto placentero inmediato. “La eficiencia es hoy considerada como el valor más significativo del desarrollo, frente a conceptos de solidaridad o justicia que parecen caducos”.

    El hombre ha perdido valores básicos como la solidaridad, el amor por el prójimo, la generosidad, la sencillez, la paciencia, la tolerancia, entre tantos otros; transformándose en una máquina más dentro de este proceso globalizador. Hoy el hombre es un ser que no piensa, no se cuestiona, no reflexiona, es egoísta, vive el aquí y el ahora porque sus sueños ya han muerto y ya no hay un objetivo, una misión, algo por qué seguir, por qué mirar a futuro. Sólo se quedan en lo material: trabajar para tener una casa, ganar dinero para consumirlo en un mall, buscar ascender laboralmente para conseguir estatus y tantos “sueños” tergiversados, que finalmente hacen al hombre un ser, solamente, material.

    En esta sociedad el individuo se ha preocupado de contar sus logros y al hablar de valores pareciera que “se pierde el tiempo” o se “hace el ridículo”, creyendo incluso que son posturas retrógradas y anticuadas. A aquellos que se atreven a hablar de valores y principios, en estos tiempos se los tilda de nostálgicos, de poco progresistas, sin comprender que existen valores universales que nada tiene que ver con la moda y la época. Los valores son algo del pasado, del presente y del futuro, están siempre en todos los tiempos y en todas las naciones porque ellos son una necesidad para la convivencia.

    En la actualidad vivimos en una “sociedad de riego”, es decir, estamos en una etapa donde el progreso puede convertirse en autodestrucción, ahora la distribución de bienes también conlleva una repartición de males.

    Esta problemática, en la era de la globalización, se traduce en delincuencia, drogadicción, narcotráfico, alcoholismo, terrorismo, confrontaciones militares, formas autoritarias de control civil, contaminación ambiental, piratería, violación a los sistemas de seguridad informativos (hackers), entre otros.

    Dentro de esta amplia gama de vicios, la delincuencia, la drogadicción, el terrorismo y el narcotráfico se han transformado en una de las principales amenazas al orden y la seguridad ciudadana.

    La calle, antiguamente principal centro sociabilizador, se ha convertido en un lugar inseguro donde los asaltos, los robos, las riñas callejeras y las violaciones forman parte de la cotidaneidad. Las noticias difundidas por los medios de comunicación nos informan diariamente de estos sucesos, generando alerta, temor e intranquilidad en las personas, quienes ya no se sienten seguras ni en sus propios hogares. La ciudad se ha convertido en un centro de peligro, ya nadie sabe si al salir de su casa regresará (Argentina, con los “secuestros express”; Colombia con las guerrillas y Brasil y Venezuela, con altos índices de delincuencia y secuestros; son ejemplos vivos de lo que aquí señalamos).

    Otros importantes males presentes en la sociedad están ligados a la drogadicción y el narcotráfico. Durante las últimas décadas, el uso de las drogas se ha extendido como un fenómeno global que no distingue país, raza, edad, género o condición social. Hoy la droga ha llegado a todos lados estratos sociales y circula clandestinamente por todos los países, traspasando las fronteras y violando los sistemas de seguridad. En este período hay redes de narcotráfico organizadas mundialmente que internacionalizan la droga. En la actualidad la comercialización de ésta se torna más fácil, hay más acceso a las fronteras, más medios por donde ingresarla y sin duda Internet ha facilitado las cosas para montar verdaderas estratagemas de narcotráfico por medio de la web.

    Desgraciadamente en estos días el terrorismo se vuelve algo cotidiano y constantemente vemos en los medios de comunicación como estas imágenes impresionan a algunos, mientras que otros las ven impávidos porque ya nada les impacta. Una muestra notoria de que la globalización ha sido una de las causas del terrorismo son los atentados del 11 de septiembre en EEUU; en esta tragedia podemos darnos cuenta que este fenómeno ha generado anticuerpos importantes en algunos grupos que se han sentido desplazados, disgregados y discriminados por ella, ya que se dan cuenta que este proceso global es sólo para algunos. Si se estableciera de alguna forma la relación entre los atentados terroristas y la globalización podríamos decir lo siguiente:

    • La dinámica de exclusión del proceso de globalización estaría generando una reacción contraria en que el Islam desempeñaría el papel de la religión de los pobres.

    • Los Estados en su confinado espacio nacional, ya no garantizan, por sí solos, la seguridad de su población.

    • Polarización económica del mundo.

    • La revolución de la informática y las telecomunicaciones permite que los países en desarrollo se integren al mercado mundial, pero puede ser tremendamente excluyente para los países no desarrollados o en vías de desarrollo.

    • Sociedad de redes (todos entrelazados): mayores resentimientos por parte de los países menos desarrollados que no han podido acceder a este tipo de tecnología.

    Todo esto hace que el terrorismo se desarrolle aún más, ya que quienes desatan estos actos vandálicos son grupos resentidos por este proceso global del que se han sentido excluidos, o grupos que “gracias” a la globalización han podido llevar a cabo sendas atrocidades.

    Otro vicio que trae la globalización es que al estar inmerso en una “sociedad de red” estamos expuestos a las violaciones de seguridad informativas, quedando muchas veces a la merced de los hackers (“piratas virtuales”), quienes se encargan de producir graves incidentes en los sistemas computacionales generando consecuencias devastadoras en algunas empresas. Otros piratas son los expertos copiadores de CD, DVD o cassette, quienes encuentran aquí un nicho importante para desarrollar esta labor ilegal que lo único que generan son pérdidas importantes a los verdaderos mercados industriales. Con los avances tecnológicos la reproducción se realiza de manera fácil y rápida; por esto se ha convertido en un quehacer bastante lucrativo para muchas personas. Con la globalización se destruyen los espacios privados y el hombre queda vulnerable ante cualquier agente externo que busque su propio beneficio, como es el caso de los piratas virtuales y de los reproductores.

    Un factor que no se puede olvidar es que la mundialización implica también devastación ecológica. Las grandes firmas se apoderan del medio ambiente valiéndose de medios desmesurados; se aprovechan sin frenos ni escrúpulos de riquezas naturales que representan el bien común de la humanidad. Como aquí lo más importante es producir riquezas, sin importar los costos, ni de donde se obtengan, las empresas multinacionales destruyen la naturaleza de manera desmedida, creyendo que esto comporta un bien superior, sin entender el gran daño que le hacen a la humanidad y al medio ambiente mundial, pues al destruir bosques se está destruyendo el equilibrio natural.

    “La consecuencia de la globalización es la destrucción de lo colectivo, la apropiación de las esferas pública y social por el mercado y el interés privado. Actúa como una mecánica de selección permanente, en un contexto de competencia generalizada. La globalización viene acompañada de un impresionante proceso de destrucción”

    En este proceso de mundialización desaparecen las industrias pequeñas en todas las regiones, ahora se instalan las multinacionales, siendo imposible competir con semejantes poderíos económicos. Esto sin duda tiene consecuencias directas en la población: aumento de la cesantía; feroz explotación de hombres que aún se mantienen en sus trabajos, ya que como existe una gran masa de cesantes los empleadores se aprovechan de esta situación reduciendo sueldos o exigiéndoles más horas de trabajo, sabiendo que no tienen otra opción; la especialización como requisito para optar a algún empleo; malas condiciones de vida; disminuye la natalidad y por ende, existe un envejecimiento general de la población y una reducción al acceso a la educación (en los países donde ella no es gratuita).

    Todos estos factores han generado altos niveles de estrés, debido al ritmo acelerado de vida y la incertidumbre laboral que se tiene. En la actualidad la depresión se ha transformado en la “enfermedad del siglo”; esto principalmente porque el hombre se siente sobrepasado por las exigencias que impone el medio y no sabe como enfrentar esta situación. Hoy es recurrente hablar de la depresión o el estrés como enfermedades que son parte de nuestra sociedad, se ha convertido en algo común y ya no se le toma el peso necesario, porque al ser tan recurrente pierde el valor y la importancia que ella tiene. Nadie se cuestiona, en profundidad, las causas de ésta, se la plantea simplemente como la enfermedad del siglo, pero la gente no se da cuenta de la gravedad de asumir la depresión como algo cotidiano, ya que con eso la estamos legitimando en vez de ir a las causas y cambiar las formas de vida, los hábitos, poniéndole un freno real.

    Como último vicio y más importante, porque de una u otra manera engloba a los demás, es que el fenómeno de la globalización genera grandes desigualdades en las naciones, ya que al buscar la unificación mundial se pretende llegar a cada uno de los países de igual modo sin preocuparse de las divergencias que existen al interior de una nación, por tanto, lo que se produce finalmente es una suma de fraccionamientos. Esta heterogeneidad se da en todos los ámbitos.

    “La globalización llega a todos los rincones del planeta, ignorando o pasando por alto tanto los derechos y reglas de individuos y empresas como la independencia de los pueblos o la diversidad de regímenes políticos”

    Creemos que la globalización es cada vez más excluyente. Un claro y notorio ejemplo de esto es que en nuestro planeta, el quinto país más rico de la población dispone del 80% de los recursos, mientras el quinto más pobre dispone de menos del 0,5%. Esto se traduce en que el número de personas que viven en la pobreza es más grande que nunca, y la distancia en términos relativos entre los países desarrollados y en desarrollo nunca fue más importante. La brecha que separa el Norte del Sur es hoy tan exorbitante, que resulta difícil imaginar cómo podría desaparecer.

    En conclusión, la globalización construye sociedades duales: de un lado un grupo de privilegiados que tienen una mejor calidad de vida, sistemas de salud dignos, altos niveles de educación, mejores oportunidades laborales, acceso a las nuevas tecnologías e investigación científica constante y, del otro, una inmensa masa de desempleados, marginados, pobres, analfabetos y una población con recursos escasos para entregar óptimos servicios.

    Los años ´90 están marcados por la exclusión social. Con todos los riesgos que ello supone, ya que el crecimiento de la pobreza y la desaparición de toda esperanza de salir de ella favorece el aumento de la violencia en los países en desarrollo. “En Brasil, por ejemplo, alrededor de 600.000 personas han muerto asesinadas en los últimos 20 años. En países como Japón o Francia, el número de personas asesinadas es, respectivamente, de 2 y 3 por cada 100.000 personas. En Brasil es de 58 y en Colombia… ¡de 78 personas asesinadas por cada 100.000! En ciertas ciudades esa proporción es aún más trágica: en Cali es de 88, y en ciertos barrios de San Pablo ¡de 102! En ciertas ciudades de América Latina, más del 50% de las personas interrogadas declaran que ya no salen de su casas por la noche, lo que comporta un desastre económico para muchos comercios y empresas”

    Otro aspecto de esta inequidad que es abordado por Manuel Castells, es que la tendencia hacia la desigualdad social y la discriminación se basa en la individualización del trabajo, quedando los sectores más débiles de la mano de obra abandonados bajo el impacto de la profesionalización y la especialización que hoy exigen los mercados laborales. También esta heterogeneidad está vinculada a la desaparición gradual del Estado de Bienestar, privando así de una red de seguridad a la gente que no puede alcanzarla de forma individual.

    La globalización es un proceso que arrastra grandes consecuencias a todo nivel. Ella está plagada de vicios y estos se producen principalmente porque muchos la quieren ver como un proceso que unifica, que homogeniza a las naciones, sin comprender que el mundo es un espacio heterogéneo, donde cada persona es distinta y única. Para analizar esto más a fondo es importante hacer un parangón entre la homogeneidad y heterogeneidad, y, las distintas teorías que se postulan al respecto.

    Homogeneidad v/s Heterogeneidad:

    Actualmente vivimos un mundo internacionalizado, unido, vinculado a procesos trasnacionacionales y globales producto de un modelo económico que ha implantado una visión homogénea, integrada de la realidad. Este contexto implica la difusión a través de los medios de comunicación de un discurso integracionista, entendido como “una avalancha de argumentos, legislaciones, acuerdos y otras figuras que proclaman el consenso en torno a un proyecto político y económico moldeado desde afuera".

    Este fenómeno globalizador, mediado por las nuevas tecnologías de la comunicación e información y los centros financieros dominantes, ha generado una nueva ideología, un pensamiento único que está socavando las raíces locales, las tradiciones, la cultura popular y con ello desmantelando las identidades nacionales (nacionalismos). Pero a pesar de esto las culturas nacionales persisten como resistencia frente al proceso homogeneizador, como una forma de velar y consolidar aquellos aspectos propios y característicos de un país que está siendo amenazado.

    Vemos entonces como ante la trasnacionalización económica se siguen manteniendo vigente algunas culturas regionales, aunque éstas han dejado de ser las principales productoras de cohesión social. Es así como el cine global de Hollywood deja lugar a películas latinoamericanas, europeas y asiáticas que, por su manera de representar las problemáticas locales, captan el interés de múltiples públicos. Sin embargo, hasta en estos films existe una reproducción ideológica del discurso hegemónico.

    Los nacionalismos en esta sociedad global constituyen una forma de diversidad ya que son producto de una variedad de culturas e identidades que habitan y coexisten en un mismo territorio. Así por ejemplo, en Brasil existen distintas razas -negros, mulatos, blancos y chinos- que conforman la identidad carioca.

    Esta multirracialidad se genera a partir de las grandes migraciones poblacionales, de masas itinerantes empobrecidas que buscan en las grandes ciudades oportunidades laborales y mejores condiciones de vida. Vemos entonces cómo en este contexto globalizador, “supuestamente homogéneo” se van entremezclando diversas culturas, procesos políticos y transformaciones sociales que marcan una desintegración no coherente con la teoría unificadora. “El futuro no es sólo monocultura, el mundo está crecientemente conectado, aunque no unificado económica y culturalmente”

    Una opinión similar es la de Alain Touraine, quien postula que “hemos pasado de los modelos integrales a una situación internacional donde las diferentes dimensiones de la vida económica, social y cultural se han dispersado”. De acuerdo a esta tesis, el mundo no tiende a unificarse, sino a fragmentarse y a dividirse. Es una realidad heterogénea constituida por un conjunto disímil de personas, etnias y emigrantes que conviven en el mundo desigual y con excluyentes formas de vida.

    Se adhiere también a esta tendencia José Joaquín Brunner, quien no está de acuerdo con la existencia de un patrón uniforme de organización de la vida política, económica, social y cultural. "Más bien la propia difusión y globalización da lugar a procesos de diferenciación e hibridación cada vez más extendidos a partir de la organización de los procesos básicos de la sociedad: socialización y comunicación, trabajo y producción, generación y distribución de oportunidades de vida, y control hegemónico del poder".

    Las teorías anteriormente señaladas postulan un quiebre, un rechazo a las posturas homogenizantes; entendidas como una forma exclusiva de pensamiento y una visión integrada de la realidad producto de la unificación de los mercados y la conexión de la sociedad a través de redes informáticas.

    Sin embargo, otros teóricos plantean una confrontación entre la homogeneidad/heterogeneidad, entre lo mundial/particular, entre lo global/regional, concibiendo a ambas posturas como inseparables a la hora de identificar y analizar la sociedad actual. Roland Robertson, no desecha la homogenización, pero señala que lo global abarca todos los aspectos de la condición humana; las ideas, los discursos del Estado-Nación y la soberanía, inscritos en procesos globales y nacionales. “Existe una relación entre lo local y lo global. No se puede abarcar cada una de ellas sin contemplar a ambas”.

    En esta misma línea se encuentran los planteamientos de José Cisneros Espinoza, quien propone una dualidad entre ambas posturas. "La separación no resulta fácil, más todavía cuando se empiezan a multiplicar las luchas y contradicciones al interior de cada sociedad local y se dan alianzas entre grupos de culturas distintas, simultáneamente a la aparición de problemas, intereses y necesidades que requieren de soluciones globales". Esta problemática implica un aumento de los movimientos reivindicadores de la cultura propia, de una etnia o de una nación y, por otro lado una expansión del fenómeno global. Para Cisneros esto se traduce en "la problemática de la cultura global propia".

    Adhiere a esta postura B. R. Barber, quien argumenta la existencia de dos principios que están en continua tensión: el “McMundo” de globalización homogeneizante contra el “mundo Jihad” particularizante. Este autor define la globalización como lo opuesto a la localización, ya que actúa bajo el dominio de los mercados internacionales, los recursos, la información, la tecnología y la ecología, factores que han contribuido a encoger el mundo y borrar las fronteras de lo nacional. Si bien estas características hacen alusión a la homogenización, no podemos dejar de mencionar que al considerarlos como una unidad cada uno de ellos tiene un aspecto local, diversificador.

    La situación anterior se podría asimilar como parte de un sistema; cada unidad es diferente a las otras pero forma parte de un todo, ya que son construidas conforme a acciones y procesos externos vinculados a dinámicas cada vez más globales. Tal es el caso de las sociedades nacionales que adquieren su forma como resultado de procesos extrasocietales (extralocales).

    Este escenario nos permite afirmar que no tiene sentido definir lo global excluyendo los aspectos locales, ya que ambos se complementan, se cruzan.

    El antropólogo, Renato Ortíz plantea que los intelectuales de la globalización propiciaron la universalización del pensamiento y del gusto, lo que posibilitó la generalización mundial de las computadoras, las tarjetas de crédito, las ropas Benneton y las muñecas Barbie. Este pensamiento unificador se modificó cuando se percibe que la homogenización es contraria a lo local. Es en este momento cuando las empresas trasnacionales propician un complemento entre ambas, una integridad entre el mercado mundial -oferta y demanda internacional de bienes- y las diferencias locales y regionales de cada país o cultura. “La Coca-Cola sólo sacó provecho del mercado español cuando redujo el tamaño de las botellas ajustándolas a los refrigeradores existentes en ese país; una campaña publicitaria realizada en Alemania, con ídolos del basquetboll estadounidense, tuvo poca repercusión porque los deportistas eran desconocidos por los europeos; los jeans en Brasil son más apretados para realzar las curvas femeninas”.

    A nuestro juicio, la globalización es un proceso ideológico potente, amparado por el sistema capitalista predominante en el mundo. Este fenómeno es difundido por los países primer mundistas, encabezados por Estados Unidos, quienes intentan imponer un patrón común donde las naciones se unifiquen desde una perspectiva económica, política y cultural.

    El discurso integracionista de la globalización promete el desarrollo y progreso de todas las naciones, que interconectadas entre sí, podrán acceder a una mejor calidad de vida con mayores oportunidades: en la educación, la salud, el trabajo, la seguridad ciudadana, la investigación, el acceso a la tecnología y a la información y la obtención de bienes y servicios. Estos beneficios proclamados por el sistema global lo han hecho un proyecto fuertemente atractivo, logrando el interés y la aprobación de la mayor parte de la ciudadanía. Este discurso hegemónico se concretiza principalmente a través de los mensajes emitidos por los medios de comunicación que, en este mundo “globalizado”, llega a todos los rincones del planeta.

    Sin embargo, estas grandes promesas globales se diluyen a la hora de comprobar la existencia de un mundo fragmentado, desigual y heterogéneo, donde las posibilidades no son iguales para todos. Las naciones tienen un estado de desarrollo diferenciado, donde las oportunidades, en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, siguen siendo sólo para una elite.

    Por esto creemos que la globalización, entendida como homogeneización no es un fenómeno real, pues es imposible la unificación del mundo porque éste es heterogéneo. En él coexisten distintas culturas, distintas costumbres, idiosincrasias, economías, razas, religiones, lenguas, etc. No negamos que estamos viviendo una nueva era, la “sociedad de red” -entendida como la interconexión de la sociedad a través de redes de información y flujos financieros- y que ésta ha trastocado a las distintas naciones, pero estos vínculos no implican homogeneización, sino que una unión de las personas a través de las nuevas tecnologías comunicacionales.

    También es importante señalar que para que exista una interacción real es necesaria la confrontación de ideas y posturas, una crítica, una reflexión. Pero en esta aldea global hay una unidereccionalidad de los mensajes, un discurso anti-divergente, lo que impide que este fenómeno sea verdadero y consistente.

    “Al unificar los mercados económicos e interrelacionar simultáneamente los movimientos financieros de todo el mundo, al producir para todos las mismas noticias y parecidos entretenimientos, se crea por todas parte la convicción de que ningún país puede existir con reglas diferentes de las que organizan el sistema-mundo. Si este relato ha sido tan persuasivo en muchas sociedades es porque efectivamente existen bancos, empresas y organizaciones no gubernamentales mundializados, y también redes de consumidores integradas como “comunidades” transnacionales de usuarios de tarjetas de crédito y servicios de computación, espectadores de películas, información y videoclips. Convertida en ideología, en pensamiento único, la globalización -proceso histórico- se ha vuelto globalismo, o sea imposición de la unificación de los mercados y reducción al mercado de las discrepancias políticas y las diferencias culturales. Al subordinar estos dos escenarios de la diferencia a una sola visión de la economía, lo político se diluye y el Estado parece casi innecesario”.

    III- Conceptualización

    La Era Posmoderna:

    Con la crisis de la modernidad se reconocen los límites del saber, es decir el hombre se da cuenta que la lógica y la ciencia no son conocimientos totalizantes. Con ello terminan las certezas y comenzamos una época donde todo lo que rodea a la sociedad es inestable.

    A partir de entonces, podemos apreciar la imposibilidad de asignar a la existencia individual, a la evolución o a la historia una verdad absoluta. Es el fracaso por reconstruir una visión única de la realidad, ya que con el fin de la modernidad se reanudan nuevas formas ideológicas del pasado -de carácter regresivo- que son causa de la incapacidad para enfrentar las inseguridades provocadas por el derrumbe del discurso mítico previo a la era moderna.

    El término posmoderno fue utilizado por primera vez con énfasis por los críticos de los años '60, pero recién en los '70 el término se generalizó refieriéndose primero a la arquitectura, la danza, el teatro, el cine y la música. Al respecto, José Joaquín Brunner afirma que el concepto adquirió carta de ciudadanía cuando empezaron a ser usados de manera reiterada, ya no sólo por los analistas especializados sino también por la prensa y los mass media. "Desde ese momento pasaron a formar parte del vocabulario con que nuestra época reflexiona sobre sí misma y busca definir su identidad".

    "Se supone que la posmodernidad habría aparecido tal vez por fatiga luego de tres siglos de incesantes transformaciones cada vez más aceleradas sobre todo en unas ciencias y un arte que a pesar de lo positivamente asombrosos de sus resultados, en el fondo no han hecho más feliz a nadie ni han mejorado la conducta humana (…). Se habría perdido entonces el deseo de ahondar en la realidad del hombre como ser individual y social, se miraría con escepticismo la fe en la razón, propia de los siglos XVIII, XIX y XX, y no habría, por lo mismo, voluntad alguna para darse explicaciones sobre la totalidad de la realidad y sus sentidos".

    Con el agotamiento de la modernidad se entra entonces, en otra etapa aún no bien definida que muchos la denominan posmodernidad. Este término es utilizado con la finalidad de realizar una categoría unitaria "así como se habla de renacimiento, barroco o medioevo, yo creo que lo posmoderno es un acto de ubicación académica". El término "post" se refiere a un después, a un futuro, entendido como la transición de la era moderna a una nueva donde sus dimensiones no están claras. Algo nace pero no se está seguro de qué, "de allí justamente esa obsesión por las cosas pos: sociedad posindustrial, posempírica, posestructuralisra, posideológica, posgutemberg, posracionalista, poscapitalista, posmarxista, posliberal. Ya se habla incluso de la postelefonía y de la postelevisión".

    En torno a esto existe un serio debate donde se encuentran dos posiciones opuestas; los “modernos críticos” y los “posmodernos”. Existen autores como Jürgen Habermas y Ralf Dahrendorf considerados “modernos críticos” que reconocen la crisis de la modernidad, pero como un punto de conflicto que no supone la muerte de ésta sino que es parte de su propia dinámica. “Los modernos críticos ven en los postmodernos entusiastas una moda intelectual de la década de los ochenta que, como toda moda, estaría marcada por la frivolidad y la inconsistencia”. Para estos la postmodernidad no sería una teoría válida, sino un concepto poco trascendente que no tiene sustento, ya que no hay una argumentación sólida que la avale. Más aún consideran que de la modernidad se encuentra firme y que el “postismo” se ha convertido en una suerte de enfermedad de autor. “Resulta cada vez más frecuente que los escritores quieran inculcarnos la idea de que acaban de acontecer hechos sin precedentes pero como resulta que no pueden informar sobre ellos, se contentan con afirmar que estamos viviendo, como consecuencia, un tiempo post-sobre-algún-otro”.

    En contraposición a los “modernos críticos” se encuentran los postmodernos que proclaman el colapso de la modernidad, de sus bases culturales y de sus paradigmas en ciencias sociales, en política, en arte y en filosofía. Los teóricos Jean-Franois Lyotard, Frederic Jameson y Jean Baudrillard, entre otros, adhieren a esta postura. Para ellos la posmodernidad es una nueva etapa, un período que surge producto de la crisis de la modernidad y del agotamiento de la razón como verdad única. Ellos no intentan desmitificar la modernidad, sino que buscan comprobar que ésta ha perdido su mística y que ahora se da paso a otro período.

    La posmodernidad entrega una estructura de la conciencia del mundo actual o los signos de nuestra cultura, ella se caracteriza por:

  • Pérdida de vigencia de las ideologías, de los metarrelatos y de todo interés por lo teórico.

  • La realidad para el posmoderno ha dejado de ser un valor de uso, cuyo descubrimiento, contemplación y manejo enriquece la vida de los hombres, para convertirse en un mero valor de cambio, similar al dinero, en algo que vale en la medida que pueda ser cambiado por otra cosa.

  • En la ética, preocupa solo la casuística, resolver en acuerdo al buen sentido o a la opinión mayoritaria cualquier situación concreta, dejando de lado el análisis de principios y teorías. Se aceptan todas las posiciones sin necesidad de justificarlas con rigor racional, y no por respeto al pluralismo, sino porque en cierto modo pareciera que todo da igual.

  • Búsqueda primaria de lo hedónico, sin sacrificarse en ahondar las situaciones y sin considerar las consecuencias remotas de lo que se hace.

  • Percepción de la realidad en superficie, donde el límite de todo aparece difuminado, sin que preocupe demasiado la precisión de áreas de conocimiento, de profundización o de acción.

  • Poco respeto por la vida en sí, la cual ya no se mira como sagrada, sino más bien bajo el aspecto de proporcionar agrados y placeres. El hombre posmoderno maximiza los derechos y en cambio tiene una mirada benévola, comprensiva y silenciosa para la evasión de deberes; esta etapa es la que algunos autores llaman "eticidad sin moralidad" en la cual se dejaría de lado la discusión de los grandes principios en que se fundamenta una moral y se llegaría a un acuerdo en la regulación de las costumbres y también de las acciones profesionales, a base más bien de un mero consenso.

  • La meta de la existencia no es su realización heroica, buena o feliz sino su trivialización, su no crear problemas, el dejar transcurrir el tiempo sin mayores preocupaciones.

  • En las técnicas posmodernas con el "boom" de la informática el supuesto objeto creado se vuelve sobre el sujeto creador y lo influye por dentro, recreándolo en cierto modo. Ahora el objeto se vuelve contra el sujeto, lo modifica y lo cambia.

  • En la posmodernidad se ha debilitado la antigua importancia de lo objetivo, disminuyendo al extremo la distancia entre la realidad y la realidad fantaseada, y así a la fantasía, le ha sido más fácil impregnarlo todo.

  • El hombre posmoderno es un sujeto que ha perdido el interés por las ideologías. Este fenómeno tiene distintas causas; una de ellas se remonta a los años '80, ya que con la caída del Muro de Berlín, desaparece el socialismo, sistema ideológico que hasta ese minuto tenía al mundo dividido entre este v/s oeste, socialismo v/s capitalismo. A partir de ese momento el capitalismo se instaura como sistema único y mundial; con esto el hombre se olvida de las ideologías, deja de soñar, abandona las grandes utopías que alguna vez tuvo porque ahora es el capitalismo la única doctrina que se ha presentado como válida … y él así lo ha asumido.

    Ahora el hombre está interesado en lo inmediato, en aquello que le proporcione respuestas rápidas y concretas, por eso las ideologías para él se han vuelto creencias innecesarias y está demás seguir soñando, lo importante es vivir el ahora y el ahora es el capitalismo. El sujeto se ha acomodado a un sistema que le proporciona "bienestar" y si eso no ocurre adhieren igual porque es el que impera.

    En cuanto a los metarrelatos -entendidos como las categorías trascendentales que la modernidad forjó para interpretar, normar y predecir la realidad- como la progresión de la razón, la emancipación del hombre, el autoconocimiento progresivo o la autonomía de la voluntad, que en la modernidad configuraron el discurso unificador, ahora según Lyotard (máximo exponente de la posmodernidad), están en crisis porque se deslegitiman. Esta decadencia sería producto, principalmente, del auge de las técnicas y nuevas tecnologías que se logra a partir de la II Guerra Mundial y el despliegue del capitalismo avanzado. Con esto el hombre moderno se da cuenta que la razón no lo es todo, cuestionándose la base que en algún minuto sustentó a los grandes metarrelatos. “Esto no quiere decir que no haya relato que no pueda ser ya creíble. Su decadencia no impide que existan millares de historias, pequeñas o no tan pequeñas, que continúen tramando el tejido de la vida cotidiana”

    Martín Hopenhayn asocia la pérdida de los metarrelatos a los siguientes factores:

  • Revolución de paradigmas de las ciencias exactas y naturales, porque éstas descubren los límites de sus presunciones y procedimientos de verificación, y el consiguiente impacto en los paradigmas de las ciencias sociales.

  • La aceleración del cambio tecnológico y la consecuente diversificación de procesos y productos, lo que impide percibir el cuerpo social en unidades homogéneas.

  • El auge y la difusión de la informática, que conlleva a una proliferación de signos y lenguajes que pulverizan el modelo de racionalidad única.

  • La pérdida de centralidad del sujeto en la fase actual del desarrollo histórico, en la que la complejidad de las estructuras y la fragmentación cultural tornarían inconcebible una identidad genérica, a partir de la cual promover la emancipación de la humanidad, el autoconocimiento colectivo o cualquier utopía global.

  • La despersonalización del saber (nuevos procesos productivos) y la multiplicación de la información a niveles de total inconmensurabilidad; todo lo cual impide preservar la idea del sujeto “portador” del conocimiento.

  • El éxtasis comunicacional provocado por el efecto de la información y de las telecomunicaciones, en virtud de los cuales las fronteras nacionales y las identidades regionales quedan disueltas bajo el paso vertiginoso de las comunicaciones.

  • Asistimos entonces a la pérdida del protagonismo del sujeto moderno como enunciador racional de la verdad y de la transparencia de los sentidos por medio de los metarrelatos. Así entonces, se pierden las bases fundamentales que sustentaban a la modernidad; aquellas que le dieron vida y la hicieron viable.

    En este período el individuo está falto de sueños y de grandes convicciones. Se transforma en una persona que se deja llevar, nada simplemente a favor de la corriente sin cuestionarse mucho lo que ocurre a su alrededor. Piensa que hay que vivir sin complicarse mayormente; para él reflexionar más allá de lo aparente es un ejercicio que lo agota y que no está dispuesto a realizar.

    Este hombre posmoderno ahora toma la realidad como algo práctico, la aprehende en la medida que le sirve y que le facilite la vida. Es una percepción superficial e individualista, pues ya no le interesan concepciones globales sobre qué es el hombre o el mundo. Para Lyotard no hay un discurso unicomprensivo (metateoría o una fundamentación última) sino que una pluralidad de juegos de lenguaje, de formas de vida, de transiciones y acuerdos que son necesarios restablecer una y otra vez sin la necesidad de llegar a un consenso general. De acuerdo a esto podemos decir que en la posmodernidad no existen convenciones ni acuerdos que puedan calificarse de racional o irracional, bueno o malo, sino que cada sujeto tiene la posibilidad de distinguir entre aquello que es verdadero o falso. "En eso consiste, justamente, la posmodernidad; en una cultura no canónica, hecha de combinaciones inverosímiles".

    Durante la modernidad existía un conocimiento totalizante, planificador, controlador, objetivizante, sistematizante y unificador; lo que difiere enormemente con este período, donde la razón radica en la subjetividad del hombre porque a él ya no le importa validar su opinión con la de otros hombres, no busca la objetividad porque no se cuestiona nada, sólo actúa en pos de sus propios intereses. "No se trata aquí de un mundo sin sujeto, sin "sí mismo", se trata más bien de un mundo en que los seres humanos pueden ser ellos mismos o no serlo de diferentes modos". En la posmodernidad la razón es empírica-crítica o pragmática, es decir, la capacidad de formular nuevas reglas se descubre a medida que el hombre la necesite, todo está en función de la utilidad y los beneficios que ella le pueda otorgar.

    La razón ahora es cuestionada, pero no desde un punto de vista cognoscitivo, sino que en virtud de sus enunciados. “Lo que yo digo es más verdadero que lo que tú dices, porque con lo que yo digo puedo ser más, ganar más tiempo, llegar más lejos”, es decir, que la esencia de la razón ya no radica en los absolutos o en los conocimientos científicos, sino que en el poder que tiene la palabra: saber narrativo. “El saber en general no se reduce a la ciencia, ni siquiera al conocimiento. El conocimiento sería el conjunto de los enunciados que denotan o describen objetos”. De acuerdo a esto el aspecto lingüístico adopta gran relevancia porque actualmente vivimos en un mundo pluridiscursivo, en donde los “juegos de lenguaje”, como los denomina Lyotard, son una constante. “El espíritu posmoderno concibe el mundo como una intrincada e infinita red de textos que remiten unos a otros. Vivimos entre micronarraciones. Todo se convierte en objeto de comunicación. Incluso, las propias identidades personales son concebidas como un baile de máscaras; cada uno construye conversacionalmente su biografía”

    Esta diversidad de lenguajes ha generado que el paradigma de la modernidad, como configuración de un lenguaje universal, haya fracasado. Se ha perdido la unicidad de la sociedad, la existencia de un todo que albergara un discurso único; ahora asistimos a un proceso donde la diversidad lingüística comienza a vislumbrarse.

    Pero la posmodernidad está marcada también por otros aspectos, que guardan relación con las características esenciales que distinguen al hombre posmoderno. Algunos autores como Armando Roa lo han caracterizado como un individuo que vive el día a día, sin preocuparse mayormente del futuro. Él dice que se puede reducir en una frase lo que es ser pomoderno: "¡No estoy ahí con nada; no pesco nada, nada me toca, no estoy ni ahí!". De allí que estudios científicos como la fertilización asistida, la manipulación del genoma humano y la clonación no causen tanto revuelo en el mundo y se sigan realizando como experimentos necesarios para el progreso y avance de la humanidad, sin cuestionárselos más allá desde una perspectiva ética. El hombre posmoderno tiene poco respeto por la vida en sí, ya no la mira como un bien preciado, sino que la valora sólo en la medida que le sirva y le proporcione agrados y placeres. Esto se da principalmente porque el individuo busca lo hedónico, sin importar las consecuencias que esto le pueda traer, lo fundamental es su propia satisfacción y por eso está dispuesto a todo.

    En este período no hay una demarcación clara entre el bien y el mal, ahora las decisiones se toman de acuerdo a lo que convenga. Los valores ya son cosas del pasado y la vigencia de ellos sólo reside en cada persona, por lo tanto se tornan en extremo relativos. Cada uno es dueño de una ética particular; cada quien sabe que hacer con su vida, cuáles son los límites de ésta -si es que existen- y hasta dónde se puede llegar; en definitiva se ha ido creando una nueva forma ética, un nuevo concepto valórico donde el hombre y sólo el hombre es el gobernador de su vida.

    La ciencia ahora se presenta como un medio para seguir creando, una instancia que le puede proporcionar grandes satisfacciones al hombre y que sin duda le puede facilitar la vida. "De ahí que el final del siglo, al pasar de la modernidad a la posmodernidad, nos encuentre con un vigoroso desarrollo de la ciencia y de la técnica, con la posibilidad incluso de hacer del hombre lo que se quiera a través del manejo del genoma, y sin embargo, con una escuálida presencia de la ética, en circunstancia de que sin una ética a la altura de la ciencia, el hombre corre el serio riesgo de trivializarse y perecer".

    Ahora la conducta ética no pretende justificarse en principios, sino que existe un relativismo cambiante y sin coherencia en el comportamiento adoptado para las diferentes situaciones; en la actualidad sólo importa lo que es más cómodo y genera bienestar al hombre. Podríamos hablar entonces de "éticas de bolsillo" destinadas a resolver situaciones individuales e inmediatas. En este período ya no existe una ética universal, ni valores trascendentales, el hombre ha dejado de creer en aquellos principios que antes lo sustentaban; en la actualidad todo es transable y cada individuo tiene su propia escala de valores de acuerdo a lo que le convenga y a las situaciones que se le presenten. La posmodernidad no tiene esa nostalgia por la totalidad, ni la unidad. "En una palabra es una modernidad que acepta la perdida de sentido, de valores, y de una realidad con una jovial osadía". Las personas, por lo general, han perdido la capacidad de asombro; ya nada las impresiona, nada las toca, nada las perturba. Todo puede ser, la ficción se ha vuelto realidad y cualquier cosa es esperable.

    En la posmodernidad la objetividad se pierde como valor. El pensador Von Foerster plantea que "el mundo que tenemos que tener en cuenta es un mundo subjetivo dependiente de la descripción que incluye al observador". El hombre es un sujeto que actúa de acuerdo a su experiencia y para él esos son los hechos importantes, los que provienen del propio sujeto. Esto no es más que la muestra de un individualismo que se arrastra desde la modernidad y que en este período se desata con gran fuerza. El hombre se cree todopoderoso y la objetividad sólo es real en la medida que él así lo estime.

    El individualismo, antes mencionado, también se refleja en el desmedido interés por la tecnología, por la ciencia, esto se justifica porque ellas dan origen a bienes que le facilitan la vida al hombre, la hacen más placentera y fácil. "El posmoderno en ningún caso verá en la ciencia algo redentor del hombre, como pensó el siglo XIX y en general toda la modernidad, sino algo útil, fuente de técnicas creadoras de una vida cada vez más atractiva y placentera". Por otra parte la tecnología se ha hecho "imprescindible" para el hombre, porque en un mundo, que se rige por la contingencia, la inmediatez y la eficiencia, el individuo no puede quedarse al margen de la vanguardia tecnológica. Pero esto ha significado una respuesta contraria, ya que ahora que la ciencia se ha vuelto tan importante en la vida del hombre, ella de cierto modo le rige la vida. Ya no es el individuo quien domina cien por ciento a la ciencia, sino que es la ciencia quien lo domina. Esto ha generado una relación de dependencia entre el objeto y el sujeto, quedando éste último a merced del objeto.

    Otra de las características de la posmodernidad que difieren con la modernidad es que la clásica diferencia sujeto-objeto cambia; ya no hay un sujeto que como observador imparcial estudie a su objeto modificándolo a su antojo, el individuo racional ya no hace y deshace de acuerdo a lo que busca conseguir. En las técnicas posmodernas -con la aparición de la informática- el supuesto objeto creado se vuelve sobre el sujeto influyéndolo por completo. "Los progresos de la informática, de la televisión, cambian las conductas, los modos de pensar, los proyectos, sin que en un cierto instante se pueda decir, frente a una manera de ver la realidad, cuánto pertenece al hombre y cuánto a las tecnologías". Esto nos demuestra que en la modernidad el hombre, como sujeto racional, dominaba al mundo y a través del raciocinio era capaz de modificarlo a su antojo, en cambio, en la posmodernidad el hombre es dominado por la tecnología, los avances científicos y las nuevas técnicas, él ahora es un sujeto dominado por el objeto que en algún minuto creó.

    Podríamos decir que en la posmodernidad se atacaron cuatro ideas que fueron claves en la modernidad. La primera de ellas es la “idea de progreso”, ahora para los posmodernos la historia no marcha de manera ascendente; es discontinua, con múltiples direcciones, por lo tanto existe una constante incertidumbre respecto del futuro. “No hay una racionalidad interna y única que regula el movimiento de la historia, sino múltiples fuerzas inconjugables en la razón comprehensiva, y que dan resultados imprevistos, provisorios, parciales dispersos”. La segunda es la “idea de vanguardia”, ya que como no hay una racionalidad y direccionalidad únicas en la historia, menos se reconoce como legítima la aspiración de un grupo que se adjudique la interpretación racional de la historia. Ahora nadie puede establecer orientaciones totalizadoras de nada, menos de la historia.

    La tercera es a “idea de integración modernizadora o modernización integradora”, que se refiere al cuestionamiento que hacen los posmodernos a las utopías ilustradas e industrialistas -base valórica de la modernidad- que entienden el desarrollo como homogeneización progresiva; esto es objetado por los posmodernos porque creen que esta percepción es bastante extemporánea a la luz de la “proliferación de la variedad” en estos tiempos. Por último están “las ideologías”, entendiendo por ellas una “visión integrada del mundo que permite explicar una gran variedad de fenómenos en base a unos pocos principios básicos, desde los cuales se proyecta una imagen deseada de orden, considerada universalmente válida, y que puede coincidir en mayor o menor medida con el orden vigente”. Los posmodernos descalifican las ideologías porque para ellos no son más que imágenes de un orden social ideal que utilizan recursos autoritarios para imponer orientaciones sobre la sociedad. Esta crítica ideológica se capitaliza en crítica al marxismo y a las versiones socialistas; los posmodernos se oponen a las utopías igualitarias y ven el capitalismo la única ideología que ordena sin coerción, garantizando la diversidad de gustos, proyectos, lenguajes, estrategias. “La desregulación económica, la privatización progresiva aparecen como políticas casi ad hoc para la plena actualización de “individualismo lúdico” que pregona el discurso postmoderno”.

    Entonces, el relato posmoderno declara la obsolescencia del ideal de progreso de la razón histórica, de las vanguardias, de la modernización integradora, de las ideologías, de las utopías. Pero al mismo tiempo que acaba con estos ideales modernos proclama la exaltación de la diversidad, el individualismo cultural, la multiplicidad de lenguajes, la incertidumbre sobre el futuro, la muerte de las certezas y el relativismo axiológico, entre otros postulados. “La vaguedad de esta propuesta no inquieta a sus portadores, pues encaja perfectamente con la idea de la indeterminación respecto del futuro que, para la sensibilidad posmoderna, marca el compás de los tiempos”

    La posmodernidad acaba con las ilusiones de la modernidad. Lo podríamos caracterizar como el pensamiento de la incertidumbre, de la duda. "El clima posmoderno al que hemos ingresado, equivale a estar en un ambiente que no promete nada, donde el sentido de la historia se confunde y donde reina la incertidumbre y el temor al futuro". En esta etapa el hombre vive el aquí y el ahora, no se proyecta, no piensa en el mañana, nada tiene sentido porque para él el futuro es algo incierto, ya no hay un terreno firme que pisar. El hombre se ha encargado de sobrevivir, más que de vivir; al preocuparse sólo del ahora el individuo está inmerso en un mundo acelerado que no le deja tiempo para la reflexión, para proyectarse, soñar … el hombre ha perdido la esperanza.

    "Ser posmoderno es comprender, a partir de esa asunción radical de la contingencia, que el futuro no existe; o bien, como dice Baudrillard, que ya ha arribado. No hay nada ya que podamos esperar, la historia poco a poco se ha ido reduciendo al ámbito de la actualidad". Este pensamiento tan drástico y negativo sobre la vida genera en el hombre un hondo pesimismo, ya nada puede deducirse por las leyes, ya la razón no juega el rol de antes, todo es inestable, hay caos, por lo tanto incertidumbre. Este es el contexto actual, bajo estas circunstancias vive el hombre, sumido en la más profunda de las desesperanzas. Sólo vive el día a día y no busca proyectarse más allá de eso porque ya no cree en un futuro, no cree en algo superior. El individuo busca la satisfacción fácil, lo útil, lo lucrativo, lo que le produce un beneficio rápido; ya no se interesa tanto por los demás, ahora busca su propia ganancia.

    El hombre actual vive en la era de los fines, todo se acaba, todo se termina rápido, las cosas se esfuman con facilidad. Es el fin de la historia, el fin de las utopías, el fin de las ideologías, el fin de las certidumbres. El pesimismo se ha impuesto y difícilmente se pueda convencer al hombre que los fines están en sus propias mentes, que los términos y las rupturas son creaciones humanas y que nada llega a su fin, sino que son procesos que van y vuelven, ciclos que se cierran y se abren. Lo único que está claro y que nadie se atreve a discutir es que el hombre ya no tiene las certezas de antes, dejó atrás las convicciones clásicas que lo sostenían, creyendo en un ser todopoderoso que era capaz de todo, omnipotente y omnipresente.

    Fin de las Certidumbres:

    La posmodernidad es un período de incertidumbre, ahora todo se cuestiona, incluso la razón, esa poderosa arma con la que contaba el hombre moderno para responder a sus inquietudes. Hoy hay temor e inestabilidad, ya que la ciencia ha dejado de ser el saber que confiere a las personas una verdad totalizante y única. En esta era, nada es predecible, todo se vuelve más complejo, más opaco y difícil de comprender.

    Ahora vivimos en un período donde los acontecimientos no son deducibles por las leyes científicas, ya que éstas no pueden entregar al hombre un conocimiento cabal de la realidad, del universo, del cosmos. En una sociedad cada vez más globalizada surgen nuevas interrogantes y dudas que se tornan inexplicables para los ojos de la razón occidental. “Así mientras los temores de ayer, hace mil años, nacían de las calamidades y la impotencia del conocimiento, los miedos de hoy, en cambio, son los del capitalismo tardío, de la alta modernidad, de una civilización dominada por el conocimiento y la comunicación”.

    Pero no sólo hay incertidumbre sino también soledad y angustia frente a las reflexiones y los descubrimientos de la ciencia tradicional que desligaron al hombre de su entorno, lo aislaron, impidiéndole percibir otras verdades que no estuvieran confiadas a las "certezas" que proveían de la razón instrumental.

    Este paradigma de la ciencia tradicional se deslegitima a partir de los planteamientos de Ilya Prigogine, quien postula que la naturaleza del hombre es histórica, es decir hay un pasado, un presente y un futuro, tiempos que desempeñan roles distintos en la vida de las personas. “Lo que era ayer, ya no lo es mañana. Los imperios desaparecen. Las noticias se transmiten, literalmente, a la velocidad de la luz. Los ídolos se evaporan antes siquiera que hayamos alcanzado a identificarlos. Es el ritmo endemoniado del video-clip. Todo lo que parecía sólido se esfuma en el aire”

    Prigogine parte cuestionándose la concepción y el rol que los teóricos antiguos, encabezados por Newton, concebían del tiempo, entendido como una visión determinista "lo que hoy es ley, lo fue ayer y lo será mañana". Para estos científicos clásicos no existe una diferencia entre el pasado y el futuro, no hay una línea de tiempo, ésta es irrelevante. "En la época de Newton, las leyes de la física eran aceptadas como la expresión de un conocimiento ideal, objetivo y completo. Puesto que dichas leyes afirmaban la equivalencia entre pasado y futuro, cualquier tentativa de atribuir una significación fundamental a la flecha del tiempo parecía una amenaza a este ideal"

    La tesis de Prigogine se basa en la física de no equilibrio y la dinámica de los sistemas inestables (teoría del caos), concepciones que le permiten reformular la dimensión atemporal -postulada por la ciencia tradicional- y concebir la relatividad del tiempo, entendida como la inexistencia de un conocimiento absoluto, de certezas. Ahora hay sólo posibilidades. "Hoy creemos estar en un punto crucial de una nueva aventura, en el punto de partida de una nueva racionalidad que ya no identifica la ciencia y la certidumbre, probabilidad e ignorancia".

    Es a partir de las concepciones físicas que se modifican las antiguas nociones del tiempo -referidas al orden y la estabilidad de los sistemas- reconociéndose el papel que desempeñan las fluctuaciones y la inestabilidad en la vida del hombre. "Esta formulación rompe la simetría entre el pasado y el futuro que afirma la física tradicional. Ésta vinculaba conocimiento completo y certidumbre, que en ciertas ocasiones iniciales apropiadas garantizaban la previsibilidad del futuro y la posibilidad de retrodecir el pasado. Apenas se incorpora la inestabilidad, la significación de las leyes de la naturaleza cobra un nuevo sentido. En adelante expresan posibilidades".

    Los planteamientos de Prigogine no son mera teoría, ya que se internan en la naturaleza, en la creación del universo, del cosmos y del mundo, intentando explicarla al individuo. Al respecto postula que la ciencia debe describir la condición histórica de una manera menos previsible y más aleatoria, acercándola a una imagen del universo similar a la visión de la condición humana.

    Consideramos que este autor aspira a comprometerse con el hombre, con ese hombre que durante tanto tiempo la ciencia lo tuvo al margen de un universo regido por leyes deterministas. Prigogine postula un nuevo acercamiento, una unión entre las personas y su naturaleza, una imagen del mundo totalmente diferente a aquel cosmos frío y mecanicista que rigió el conocimiento tradicional. "Asistimos al surgimiento de una ciencia que ya no se limita a situaciones simplificadas, sino que nos enfrenta a la complejidad del mundo real; una ciencia que permite que la creatividad humana se vivencie como la expresión singular de un rasgo fundamental, común en todos los niveles de la naturaleza".

    Es así como la física moderna, que durante siglos rechazó la idea de lo casual y el orden hoy debe enfrentarse a uno de los conceptos más fértiles del pensamiento científico-filosófico: el caos, entendido como la inestabilidad y la incertidumbre. Esta nueva percepción del hombre y su entorno impide pronosticar los sucesos "un batir de alas de una mariposa en un lugar del planeta puede provocar una tempestad en el otro lado del globo".

    Esta manera de concebir la vida implica que la ciencia debe renunciar a la posibilidad de predecir con seguridad cualquier acontecimiento. Esta forma de comprender lo caótico justifica la dificultad de establecer leyes históricas sobre la creación del cosmos y del universo, ya que la comprensión del mundo para Prigogine es utópica.

    Ya nada es comprensible a primera vista. El mundo, conformado por complejos sistemas globales y altamente sofisticados, genera una percepción de riesgo que es provocada por la propia capacidad de intervención humana en la sociedad y en la naturaleza. “Son incertidumbres nuevas, de mayor alcance y más profundas. Como el miedo al holocausto nuclear, o a quedar un día sin atmósfera que respirar, o al narcotráfico, o a las oscilaciones de la economía con sus efectos sobre el empleo y el bienestar”.

    Vemos entonces como existe una incertidumbre generalizada producto de un saber que no puede predecirse a través de las leyes que rigieron el conocimiento científico de antaño y por la aparición de procesos globales -de carácter tecnológico comunicacional- que tienen una complejidad todavía mayor para el hombre. “Las tecnologías disponibles y las ciencias en las que se fundan, han cambiado para siempre nuestra representación del mundo y nuestra manera de estar en él, al costo sin embargo de destruir nuestras certezas y dejarnos sumidos en la perplejidad”.

    Esto causa un gran revuelo en la vida del individuo, porque ya no hay un hilo conductor que los oriente, ya no existe una finalidad única. Hoy todo puede ser, nada queda descartado porque la incertidumbre está en el ambiente, ahora es parte de nosotros mismos, tanto así que incluso se plantea el fin de la historia.

    Fin de la Historia:

    La crisis de la modernidad y luego la posmodernidad ha desatado enormes cambios en el hombre, lo ha hecho cuestionarse y replantearse muchas cosas que creyó, en algún minuto, tenerlas claras. A tanto ha llegado esta controversia que incluso uno de los temas que se discute en la actualidad es el fin de la historia. Pero este término de la historia no se refiere a la muerte de sucesos en el mundo, sino que se trata de algo aún más relevante y conflictivo; la agonía del pensamiento humano.

    Por el fin de la historia se entiende la idea que en algún minuto planteó Hegel y que fue explicitada en la primera mitad de este siglo por Alexandre Kojève -discípulo e intérprete de Hegel- y revivida hoy en Estados Unidos por Francis Fukuyama en su libro “El fin de la Historia y el último hombre”. El filósofo Hegel planteó que el Espíritu humano había terminado de evolucionar desde los estadios ínfimos (en los cuales vivía inmerso en lo mítico y esclavizado a la naturaleza) hasta los estadios altos (en donde la inteligencia es la base de todo y el hombre sólo tiene como tarea futura ordenar mejor las estructuras económicas, políticas y sociales), por lo tanto el desarrollo del pensamiento humano había llegado a su término.

    “Esto no significaba que hubiera un fin de los acontecimientos derivados de los nacimientos, muertes e interacciones sociales de la humanidad, o que habría un tope al conocimiento de hecho referentes al mundo. Hegel, sin embargo, había definido la historia como el progreso del hombre hacia más elevados niveles de racionalidad y libertad, este proceso tenía un punto terminal lógico al alcanzarse absoluta conciencia de sí mismo”.

    Pero la pregunta radica ahora en por qué se llega a ese fin, cuál es la causa del término de la historia. Siempre tiene que haber un hecho que desencadene otro, un motivo detrás que explique una situación.

    Uno de los motivos está precisamente en la historia misma, vista como proceso de cambios, desarrollo y evolución de la humanidad. “Puede decirse sin riesgos que el siglo XX nos ha convertido a todos en hondos pesimistas históricos”. Esta frase nos sitúa en el período histórico donde se comenzó a plantear el fin como consecuencia de una desesperanzadora sensación de la ciudadanía, que contrastaba enormemente con el optimismo que existía en el siglo XIX. En este último siglo se creía que la ciencia mejoraría la vida, haciendo retroceder la enfermedad y la pobreza; que la naturaleza se vería forzada a servir a la felicidad humana; que el gobierno libre y democrático se extendería a todos los países del mundo. “El extremo pesimismo de nuestro siglo se debe, por lo menos en parte, a la crueldad con que se hicieron trizas estas anteriores esperanzas”.

    La desilusión fue grande al darse cuenta que la razón no era todo poderosa, que la ciencia no sólo produciría cambios positivos, que la naturaleza no reaccionaría siempre a favor del hombre. Esta idea negativa que invadía al sujeto hizo que él mismo se cuestionara el sentido de la historia y el término de ésta desde una perspectiva progresiva.

    En este siglo nacieron también dos crisis distintas, pero paralelas: por una parte la “crisis política” (guerras mundiales, bombas atómicas, ideologías divergentes) y la “crisis intelectual del racionalismo occidental” (falta de consenso intelectual, lo que se traduce en discrepancias ideológicas potentes y con consecuencias insospechadas). Estas crisis se potenciaron aún más en el siglo XX con la división ideológica del mundo; capitalismo v/s socialismo. Nadie imaginó que los años `90 traerían grandes sorpresas; por un lado el colapso del comunismo y por otro las dictaduras de derecha y de izquierda se hundieron. La crisis del autoritarismo y de la planificación centralizada socialista dejó sólo una ideología como válida “la democracia liberal”, ya que sus principales rivales -fascismo y comunismo- habían sido derrotados. En este contexto, también se anidó como sistema económico único y válido el capitalismo, que fue el que perduró después de la crisis, el que venció al socialismo, el que finalmente se impuso. En este aspecto Francis Fukuyama plantea el fin de la historia, ya que al prevalecer la democracia como único sistema de gobierno, que se ha mantenido a lo largo de los años, la historia ha llegado a un término en este sentido, porque no hay nada superior a esto, no hay un sistema mejor.

    “Al llegar al final de la historia no quedan ya competidores ideológicos serios para la democracia liberal. En el pasado hubo quienes rechazaban la democracia liberal porque la consideraban inferior a la monarquía, la aristocracia, la teocracia, el fascismo, el totalitarismo comunista o cualquier ideología en la que creyeran. Pero ahora, fuera del mundo islámico, parece haber un consenso general que acepta la pretensión de la democracia liberal de ser la forma más racional de gobierno, o sea, el Estado que satisface más plenamente ya el deseo racional, ya el reconocimiento racional”.

    En “El fin de la Historia y el último hombre” se afirma que la caída del comunismo y el consecuente triunfo de las democracias liberales marcan el comienzo de la “etapa final” en la que no habrá más lugar para batallas ideológicas. En este sentido la historia habría terminado. El autor plantea que durante el siglo XX hubo formas de gobierno que compitieron con la democracia liberal, como el fascismo o el comunismo, pero uno a uno fueron cayendo y la única que se ha sostenido a lo largo del tiempo y a la cual se desea llegar es la democracia liberal. Esto no significa que todos los países tengan democracias liberales, pues para ello se debe cumplir con tres requisitos: que tenga una economía de mercado, un gobierno representativo y que mantenga los derechos jurídicos.

    La idea de Hegel era que la libertad democrática estaba libre de conflicto, por tanto con ella culminaba el progreso del hombre, en este ámbito. La historia, entonces, terminaba con el estado liberal moderno. El éxito de la democracia liberal radica principalmente en el grado de conformidad que existe entre los pueblos (comunidades morales preexistentes con creencias comunes acerca del bien y del mal, la naturaleza de lo sagrado y de lo profano) y el Estado (creación política con propósitos definidos). Bajo este sistema el pueblo debe aprender valores democráticos como: ser participante, racional, secular, móvil, empático y tolerante; los pueblos deben valorar y amar la democracia.

    Kojève dice “hemos llegado al fin de la historia porque la vida en el Estado universal y homogéneo es completamente satisfactoria para sus ciudadanos”. Con esto quiere decir que el mundo democrático liberal moderno está libre de contradicciones.

    En síntesis lo que plantea Francis Fukuyama es que si toda la historia nos lleva finalmente a la democracia liberal, el sentido común nos indica, que la democracia liberal tiene muchas ventajas respecto a sus rivales del siglo XX: el fascismo y el comunismo. Por tanto la historia ya ha terminado, la evolución del pensamiento humano no puede progresar hacia algo superior, porque lo superior ya está entre nosotros.

    Con esta teoría planteada por el norteamericano confirmamos la idea posmoderna de la muerte de las ideologías, como el término de un pensamiento progresivo que evoluciona y se desarrolla o como el nacimiento de nuevas creencias o doctrinas. Por eso al plantear la muerte de la historia se postula implícitamente la muerte de las ideologías y el asentamiento de la democracia liberal y del capitalismo como sistemas políticos y económicos, respectivamente, ideales en esta sociedad contemporánea.

    Esta sociedad de fines que se ha desarrollado en este período, es planteada a nivel global en todo el mundo. Mucho sabemos de ella en términos generales, pero poco en lo específico, en lo que nos compete estrictamente a nosostros los latinoamericanos; por esto es necesario describir y ahondar aún más en este tema desde una perspectiva mucho más cercana que nos permita conocer como se viven estos fenómenos (crisis de la modernidad, globalización y posmodernidad) en esta región.

    ¿Cómo se ha abordado la crisis de la modernidad y el tema de la globalización en Latinoamérica?

    Para comprender la realidad actual en América Latina es necesario hacer una revisión histórica que nos permita concebir nuestra identidad desde el paradigma de la civilización occidental de la cultura europea dominante durante tres siglos de conquista, colonia y post-colonialismo.

    Esta larga dominación convirtió a Latinoamérica en la única región del mundo que estuvo sujeta por tanto tiempo a una administración colonial; lo que se tradujo en una pobre experiencia de autogobierno y en una variada herencia cultural constituida por un mestizaje lingüístico, racial, urbano y nacional.

    En las trece colonias continentales británicas en América del Norte la situación fue muy distinta. Ellas tempranamente instalaron sistemas comunales de autogobierno y los colonos se adueñaron de los principios democráticos de la Revolución Británica de 1688. Estas comunidades no se sentían sometidas a un sistema opresor, sino que desde su descubrimiento fueron independientes a la corona e impusieron sus propios principios.

    Creemos que lo anterior fue fundamental en la formación de los estados nacionales como organismos autónomos, con reglas claras, con derechos y deberes ciudadanos, con todo lo que implica una nación bien constituida. También, gracias a esta forma de enfrentar la colonización, se configuró una clara identidad en estos pueblos; fenómeno que fue disímil en América Latina. En esta región los colonos estuvieron sometidos y dominados por los conquistadores provenientes de Europa. La mayoría de los nativos no hicieron mayores esfuerzos por revelarse, sino que aceptaron esta realidad como propia y la asumieron tal cual; en tanto los conquistadores impusieron sus reglas y establecieron un régimen de administración y organización político, económico y social. Esto ha tenido consecuencias hasta nuestros días, porque aún los latinoamericanos no logramos sentirnos parte de un todo, no conseguimos unirnos bajo un mismo estandarte, no nos reconocemos ni menos nos identificamos con un territorio, una raza y una forma de ser común. Este hecho ha repercutido considerablemente en la actualidad y también nos ha permitido entender el desarrollo y la reacción de Latinoamérica frente a fenómenos contingentes como la globalización y la posmodernidad.

    Antes de entrar en esos ámbitos es necesario considerar algunos planteamientos teóricos sobre los pueblos como el realizado en los años `70 por Darcy Ribeiro. Él conceptualizó y creó una tipología que distingue cuatro grandes configuraciones histórico- culturales: los pueblos testimonios (como Guatemala y Perú) que de alguna manera son los representantes modernos de viejas civilizaciones originales sobre las cuales se batió la expansión europea; los pueblos nuevos (como Brasil, Cuba y Parauay) surgidos de la conjunción, deculturación y fusión de matrices étnicas, africanas, europeas e indígenas, con o sin una economía de plantación; los pueblos transplantados (Uruguay y Argentina) o naciones modernas creadas por la migración de poblaciones europeas hacia los nuevos espacios mundiales. Una cuarta configuración es la de los pueblos emergentes, estos se darían en otros continentes, por ejemplo en las nuevas naciones africanas, pero no en el nuestro, donde a lo más hubo el intento emancipador por parte de los mapuche del siglo XIX, reprimido por la sociedad dominante.

    Estos pueblos están constituidos por tres componentes; uno sería el testimonial o autóctono-indígena, el más antiguo y radical de todos; otro, el componente trasplantado desde Europa, como resultado de su expansión-invasión dominadora y colonialista: aunque en América Latina estuvo marcada principalmente por lo ibérica. El tercer componente sería el de los grupos subordinados traídos como fuerza de trabajo, primero del Africa como esclavos y luego de países asiáticos como los chinos en Perú y los hindúes en el Caribe y Guyana.

    De acuerdo a lo anterior, es posible señalar que los estados de América Latina han tenido que construir su nación a partir de una amplia diversidad cultural, siendo esta heterogeniedad una de sus principales características en el proceso de configuración identitaria. Como consecuencia de esto vemos que hay una síntesis de lo viejo y lo nuevo, una hibridación entre las culturas nativas versus las foráneas, una unión que constituye finalmente la identidad cultural de nuestra región. “Se trata de una etapa en que campea lo múltiple y lo heterogéneo, y que, por ende, no se pueden reducir los diversos modos de ser argentino, brasileño, ecuatoriano o mexicano a un paquete fijo de rasgos arcaicos, a un patrimonio monocorde y ahistórico”.

    Entonces, podríamos decir que en Latinoamérica existe una falta de integración social producto de comunidades con desarrollo desigual y con polos de rezago y exclusión interna; de sociedades muy inequitativas, con las peores distribuciones del ingreso en el mundo. Este es un rasgo característico desde el inicio de la conquista y la colonización, que perdura hasta nuestros días. Por ejemplo, después de la independencia en Argentina se generó la expulsión del indio y la conquista del desierto en la región pampeana, entre 1820 y 1870, que culminó con la apropiación de las tierras más ricas del país en manos de unos pocos. Situación similar aconteció en Brasil donde la Ley de Tierras de 1850 concentró aún más la propiedad en los grandes latifundistas. Estos modelos nos sirven para graficar un fenómeno de desigualdad que ha sido la tónica en América Latina.

    Para Martín Hopenhayn la integración en esta región es un tema pendiente, al respecto sostiene que se trata de “sociedades con identidad cultural nunca resuelta en el encuentro de lo moderno-occidental y lo premoderno-indígena, o entre cultura letrada y oral, entre blancos y no-blancos”. A partir de esto es posible distinguir que la identidad latinoamericana se ha estructurado a partir de polos, de dicotomías plurales y excluyentes entre la elite/popular, la tradición/modernidad, lo nacional/extranjero, lo religioso/secular, entre otros. Por esta razón creemos que nos ha sido muy difícil reconocernos e identificarnos como miembros de una misma región.

    Respecto a este tema, el teórico Bernardo Subercaseaux, plantea que el proyecto de integración cultural latinoamericano pasa por tres posibles escenarios:

  • Uno caracterizado por el imperio del crecimiento desigual en el cual las industrias culturales serán los constructores de la identidad nacional-global, en términos de consumidores-ciudadanos. A este panorama actual, Subercaseaux lo identifica como “proyecto operante”, ligado a la globalización, a la massmediatización, al mercado de las industrias culturales y a las empresas como protagonistas del intercambio cultural. Este proyecto permitiría que Latinoamérica se integrara y unificara bajo la supremacía del mercado mundial. Esto se puede ilustrar a través de los medias, tal es el caso de la señal de MTV en América Latina, algunos grupos musicales, “best sellers” y las telenovelas, entre otros ejemplos.

  • Otro escenario está caracterizado por la construcción de identidades contestatarias, en donde los “outsiders”, marginales y descontentos participarán en el Estado ampliado gracias a las nuevas tecnologías. Estos movimientos nacen como fenómenos contrarios a la globalización, pues ven en ella una pérdida de vigencia y deterioro de la nación en cuanto a contenedora de lo social. Los proyectos contestarios se alimentan, en gran medida, de sectores que fueron maltratados o excluidos en los procesos de construcción de la nación o que no están “ni ahí” con ella: los grupos indígenas, los jóvenes descontentos por la falta de oportunidades, las mujeres disconformes con un mercado que favorece en mayor medida a los hombres, los grupos anti-globalización, los ecologistas y muchos otros.

  • Una tercera dimensión está caracterizada por una hibridación de los anteriores contextos, en el cual el mercado regional será un paraguas que frenará las industrias culturales transnacionales en provecho de lo propio, lo multidiverso latinoamericano en una combinación de industria cultural más regulación estatal y una cuota de proteccionismo. A pesar de que hay supuesta unificación, ésta ya no conlleva una utopía fuerte como se daba en los procesos de integración en el pasado moderno, puesto que hoy no existe un proyecto con capacidad convocadora que pueda sustituir el mundo capitalista.

  • Dentro de este contexto, podemos decir que en la integración latinoamericana coexisten, con mayor o menor fuerza, estos tres escenarios, ya que si bien hay un sector importante de la región que pretende unificarse industrialmente, independiente que el costo sea el decaimiento de su propia industria, hay otro grupo que se opone tajantemente a la totalización, por considerarla nociva y destructora de identidades.

    Es en estas circunstancias donde se desarrolla también el fenómeno de la globalización, repercutiendo enormemente en el tema de la identidad y en todos los aspectos que conciernen al hombre. “La globalización ha ejercido siempre una extraordinaria influencia sobre América Latina. No es, probablemente, exagerado sostener que, en los cinco siglo transcurridos desde las epopeyas de Colón y Vasco da Gama hasta la actualidad, América Latina es la región del mundo en que la globalización ha impactado más profundamente” Esta influencia se da en el ámbito político, económico y social.

    En lo político, podemos decir que América Latina ha tenido dificultades en construir instituciones participativas y estables, al estilo norteamericano, o regímenes progresivamente abiertos como la experiencia británica y las democracias continentales europeas. Este desequilibrio se puede ejemplificar en los siguientes países: la crisis económica y la sucesión de presidentes en Argentina; la guerrilla y el narcotráfico en Colombia; los golpes de Estado en Venezuela; los seis presidentes que ha tenido Ecuador en los últimos seis años; la inestabilidad política de Paraguay y los problemas económicos de Brasil y Uruguay.

    Una de las principales causas de la inestabilidad institucional y política se debe a que esta región ha vivido un proceso reciente de transición desde los regímenes autoritarios a los democráticos ('70-'80); lo que les ha impedido consolidarse y afianzar la democracia alcanzada. Esta circunstancia explica en parte el porqué de la inestabilidad, ya que al tener una historia demasiado reciente en el tema de la democracia, los países latinoamericanos aún mantienen presentes muchos resabios autoritarios. Ejemplo de esto son los ejércitos, que en muchos países actúan bajo un “poder de facto”, impidiendo el desarrollo y el progreso democrático. Otro aspecto es que los países de la región tienen pocos años de democracia, en relación a los primer mundistas, lo que genera una brecha abismante entre ambos bloques, ya que en los países “centrales” tiene una mejor organización democrática liberal, permitiéndole a la ciudadanía contar con mejores condiciones de vida (educación, salud, seguridad, oportunidades laborales, etc.)

    La inestabilidad también se debería a una desigualdad en la concentración de la riqueza y el ingreso, produciendo inequidades y movimientos contestatarios, que dificultan la administración de los gobernantes y la estabilidad de las naciones en cuestión.

    Según el Cientista Político, Jorge Heine, la fragilidad de los gobiernos latinoamericanos se debe principalmente a: los “los movimientos sociales inorgánicos”, entendidos como grupos de personas descontentas con el sistema, que se unen y se manifiestan en post de una causa común. También a las “culturas políticas” mal diseñadas que no consideran las demandas de los ciudadanos, quienes se sienten poco representados por los gobernantes. Esta cultura política pone gran énfasis en los conflictos y no en los acuerdos, el consenso y la cooperación. Otro factor sería los “derechos de las personas”, tanto civiles, políticos y sociales. En la región los derechos civiles son débiles, estamos muy atrasados en el gran tema de las desigualdades; también son frágiles los derechos sociales como la salud, la educación, los sistemas de pensiones.

    Para Heine el tema de fondo que también genera desequilibrio es el problema de la integración social, o sea, “ciudadanización”, es decir que la gente se sienta parte de una colectividad mayor, con responsabilidades y derechos. La ciudadanización es el sentimiento de pertenencia de las personas y ése, según el teórico, es el desafío de América Latina. “No basta más ingresos per cápita o más desarrollo económico, es necesario preocuparse del tejido social, porque si no esto se desmorona como pasó en Argentina”

    Entonces, podemos decir que si bien el fenómeno de inestabilidad política tiene causas históricas, éste se potencia y cobra mayor sentido con el proceso globalizador. Frente a esto, creemos que es fundamental que los países que participen de esta unificación mundial tengan una estabilidad, un equilibrio social interno, una organización y administración política, económica y social afiatada que les permita entregar a sus ciudadanos las mejores condiciones de vida. Consideramos que estos requisitos tan esenciales no se han podido llevar a cabo en nuestra región, por lo tanto al ingresar a este sistema mundo totalizante la nación se desequilibra aún más, perdiendo el control y deslegitimándose. Con esto no queremos decir que los países tercermundistas no pueden ingresar a este sistema globalizador, al contrario, si quieren pueden hacerlo pero teniendo claro cuáles son sus debilidades, sus problemas como nación, sus incapacidades, su idiosincrasia, su cultura y sus valores; sin pretender igualarse a los países desarrollados o adaptarse a una realidad que no es la propia. De lo contrario se acrecentarán las desigualdades y nos distanciarlos aún más, en vez de lograr la supuesta homogeneización.

    Todo lo anteriormente señalado se traduce en una incapacidad para establecer relaciones simétricas con los países centrales, mercados financieros y las empresas transnacionales, “entre otras cosas, cabe esperar desequilibrios macroeconómicos persistentes y una dependencia continua del crédito externo para financiar el déficit público y la balanza de pagos. Esto es un problema que se instaló en la mayor parte de América Latina desde la independencia y perdura, acrecentado, hasta nuestros días”.

    Desde el punto de vista económico es importante entender cómo funciona el mercado latinoamericano, que tiene como principal característica ser altamente dependiente. A grandes rasgos podemos decir que América Latina tiene economías vulnerables y abiertas, exportadoras de productos primarios y comprometida con una estrategia de crecimiento hacia afuera.

    A lo largo de su historia, América Latina ha basado su economía en las exportaciones de materias primas, subordinándose a la demanda internacional que tienen estos bienes. Hay que considerar que las materias primas poseen bajo valor agregado -como los productos agrícolas, mineros y pesqueros- en comparación a los bines manufactureros producidos por los países industrializados, lo que acentúa la brecha.

    Según un estudio realizado por la CEPAL, el 65 a 70 % de la población en los países en desarrollo es agrícola. En cambio, en Estados Unidos sólo un 5% de ella realiza este tipo de actividades. La diferencia que existe entre los países desarrollados y los en desarrollo, es que los primeros aplican a sus procesos productivos la tecnología, el conocimiento y la investigación; en cambio los segundos no tienen los recursos necesarios para incorporar tecnologías y por ende deben acudir al “derrame tecnológico” de los países desarrollados para conocer y adquirir nuevos productos sin costo alguno.

    Los países centrales cuentan con cuantiosos bienes de capital, una amplia industria, una producción diversificada (varios sectores productivos) y homogénea (porque la productividad del trabajo alcanza niveles relativamente similares en dichas actividades). La periferia en cambio, se inscribe en la economía mundial especializándose en la producción primario exportadora, tendiendo por eso a presentar un abanico de actividades más exiguo. Todo esto genera un deterioro de los precios de intercambio y de los ingresos; estos en los países del centro tienden a crecer más que la productividad del trabajo, ya que se benefician de los aumentos productivos de la periferia. En cambio, estos últimos tienen un ingreso por habitante (per cápita) menor a su producción, pues transfieren sus incrementos de productividad a los del centro a través del bajo precio de sus exportaciones.

    Además el requerimiento de estos productos primarios es discontinuo, por lo que cada crisis internacional se traduce en una contracción de esa demanda, aumentando así su vulnerabilidad Debido a ello nuestra región se encuentra a merced del contexto internacional, es decir, de las crisis, las guerras y las inestabilidades económicas internas de las grandes potencias. Todo les afecta, todo influye.

    Es cierto que con la globalización y el fenómeno de homogeneización que trae implícita, cualquier hecho mundial de características negativas afecta a todos los países, pero las repercusiones que produce en una región con estas características de dependencia son mucho más graves, pudiendo incluso devastar económicamente a un país.

    Producto de este fenómeno global se han hecho innumerables intentos de integración económica. En América latina se han realizado diversos tratados -bilaterales y multilaterales- de cooperación y libre comercio. Sin embargo estos pactos económicos, como el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), Área de Libre Comercio de la Américas (ALCA), Tratado de Libre Comercio (TLC) no han podido reducir la asimetría existente entre los países más competitivos y los menos.

    En síntesis vemos que la brecha entre los países en desarrollo y los desarrollados es fuerte, ya que los primeros dependen en gran medida de los bienes manufacturados, de la tecnología, del conocimiento y la investigación provenientes de los países centrales. Todo esto refleja que América Latina, requiere inversión en educación, un mayor desarrollo en la investigación científica y tecnológica para alcanzar los niveles deseados de aprehensión tecnológica, modernización y mejoramiento del capital humano.

    Con la globalización vemos como esta desigualdad se incrementa aún más porque al integrarnos a los mercados mundiales las diferencias en este ámbito son más notorias. Además los países subdesarrollados al constatar los avances, en todas las disciplinas del saber, de las naciones centrales y al formar parte de esta aldea global, se ven en la necesidad de desarrollar nuevas políticas económicas que estén acordes a este nuevo sistema. Sin embargo, estas estrategias muchas veces son ajenas a la realidad Latinoamericana, ya que en algunas ocasiones no se cuenta con los recursos ni la tecnología necesaria para llevar a cabo dichas propuestas, no hay una capacitación permanente de la mano de obra, no hay inversión en las áreas científica y de investigación y se carece de incentivos, por parte de los privados, para ejecutar grandes proyectos producto del temor generalizado que existe por ser una región excesivamente dependiente del mercado internacional y de sus repercusiones.

    Lo económico no puede estar disociado del aspecto social, porque involucra el desarrollo humano, el bienestar de los ciudadanos, la satisfacción de las personas, ya que sin recursos económicos difícilmente se les podrá entregar a los ciudadanos una calidad de vida satisfactoria. La globalización no se ha encargado de hacer masiva la entrega de recursos, al contrario, vemos como día a día esos bienes quedan en manos de unos pocos. Es por esto que si existen enormes desigualdades en América Latina desde un punto de vista económico, las disparidades sociales son aún mayores.

    “Las encuestas reflejan que (en América Latina) la población está clamando por cambios, a través de la democracia, no por otra vía, que permitan enfrentar los agudos problemas sociales”. El primero de ellos es el de la “pobreza”; en la región se dan dos importantes coincidencias: las cifras de población existentes por debajo del umbral de pobreza son muy altas y, por otra parte, durante los últimos 20 años existe una tendencia al crecimiento de esas cifras. La pobreza es extensa, diversificada y se caracteriza por una rigidez determinada, entre algunas causas, por las precarias condiciones y proyecciones existentes respecto de los niveles de educación e ingresos. Un importante porcentaje de la pobreza de la región afecta a niños y adolescentes, quienes viven en una condición permanente de riego. En 1997 del 44% de la población latinoamericana que representaba los menores de 20 años, el 54% de ellos eran pobres.

    “América Latina es considerada la región más desigual del planeta... Lo cierto es que hoy en la región la riqueza se concentra cada vez más en grupos con una mayor propensión al consumo y con una menor propensión a la inversión que la que tuvieron los grupos de elite de los países hoy desarrollados”

    El teórico Bernardo Kliksberg distingue cinco grandes tipos de desigualdades existentes en la región:

  • Inequidad en la distribución de los ingresos. En la región el 30% de la población recibe sólo el 7,5% del ingreso; mientras sólo el 5% de la población es dueña del 25% del ingreso nacional.

  • Inequidad en el acceso a activos productivos, principalmente en lo que respecta a la extrema desigualdad de la distribución de la tierra.

  • Inequidad en el acceso a crédito, que afecta principalmente a la pequeña y mediana empresa.

  • Inequidad en el sistema educativo

  • Inequidad en el acceso a las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías e Internet. También llamada “Brecha Digital” o analfabetismo cibernético, por cuanto la mayoría de la población no cuenta ni con los recursos ni con la capacitación necesaria para su uso.

  • Esta desigualdad social también se refleja en los factores educativos, demográficos, patrimoniales y ocupacionales. En cuanto a los primeros vemos que el acceso a la educación es restringido y dispar, persistiendo incluso índices de analfabetismo en la región. En materia demográfica, aunque existe un sector pobre de la población que reside hoy en las áreas urbanas, la pobreza y especialmente la indigencia han tendido ha mantenerse en niveles más altos en las zonas rurales. Otro factor que ha contribuido a esta desigualdad en la distribución de la población es la fuerte emigración campo-ciudad en busca de mejores oportunidades de vida. En el factor patrimonial y ocupacional éste presenta un estancamiento y retroceso, pues casi en todos los países de la región se ha presentado un aumento en el desempleo, una baja generación de puestos de trabajo y una fuerte brecha de las remuneraciones entre las diferentes ocupaciones.

    “Vivimos en un mundo donde hay contrastes inquietantes. En promedio los países ricos reúnen un 23% de la población mundial pero cuentan con el 85% del ingreso global. Su producto per cápita es casi seis veces superior al de los países en desarrollo. En esta parte del mundo, más de mil millones de personas carecen de los servicios esenciales. La polarización en materia científico-teconológica, motor del desarrollo capitalista, es todavía mayor, al igual como son abismales las diferencias en la distribución del conocimiento y la educación”. Estos porcentajes quedan aún más graficados en el cuadro sobre distribución de la desigualdad social, en donde se abordan distintos factores relacionados a este tema y se compara cada una de ellos en términos estadísticos en relación a los países desarrollados y en vías de serlo, tal es el caso de América Latina.

    CUADRO

    DISTRIBUCIÓN DE LA DESIGUALDAD GLOBAL

    ALREDEDOR DE 1993 *** (buscar uno más actual)

    DIMENSIÓN PAÍSES PAÍSES

    DESARROLLADOS EN DESARROLLO

    Población sobre el total mundial (%) 23.0 77.0

    Participación en ingreso mundial (%) 85 15

    PNB per cápita (US$) 15.291 2.591

    Valores de IDH (promedio mundial 0,759) 0.916 0.570

    Pobres sobre respectiva población (%) 8 33

    Pobres sobre respectiva población (número) 100 millones 1.2 mil millones

    Esperanza de vida al nacer (años) 76.1 61.5

    Mortalidad por maternidad

    (x 100.000 nacidos vivos) 40 (OECD) 350

    Personas contagiadas por VIH (%)

    (Total mundial 17 millones) 10 90

    Población analfabeta mayor 15 años (número) 12.9 millones 871.8 millones

    Tasa bruta de matrícula combinada primaria,

    secundaria y terciarias (%) 80 54

    Participación sobre total de científicos e

    ingenieros en labores I y D 1990 (%) 85 15

    Participación sobre total de gasto en I y D

    1990 (%) 96 4

    Gasto público promedio por alumno todos

    (continuación de Cuadro)

    DIMENSIÓN PAÍSES PAÍSES

    DESARROLLADOS EN DESARROLLO

    Los niveles matriculados (US$) 3727 223

    Participación total de artículos científicos

    Registrados por el SCI (%) 95 5

    Televisores x 1000 habitantes 492 57

    Radiorreceptores x 1000 habitantes 961 177

    Circulación de diarios y otros impresos

    (Kgs x habitante) 69 4.8

    Consumo de energía (índice) 100 11

    Deuda externa 1993 (US$) .../... 1.800.000

    Servicio deuda externa sobre ingreso

    Exportaciones 1993 (%) .../... 22

    Fuentes: PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 1995; UNESCO, Anuario Estadístico 1993; UNESCO, World Education Report 1995 y Scientific American, August 1995

    América Latina está caracterizada por: pobreza, desigualdad, informalidad e inestabilidad que afectan a grandes segmentos de la población. Además hay problemas de salud, nutrición y educación, limitando el progreso y el desarrollo de la región. “La desigualdad social, y sus expresiones locales, son fuente permanente de malestar en el mundo contemporáneo” La región se ha integrado a la nueva economía global manteniendo estas desigualdades, acentuando los costos sociales y económicos propios de los procesos de transición. “Aunque el desarrollo material ha avanzado a una velocidad sin precedentes durante las últimas cuatro décadas, y el ritmo de crecimiento de los países en desarrollo ha sido tres veces superior al que tuvieron hace un siglo los países industrializados, los contrastes entre el norte de la abundancia y el sur en desarrollo son, efectivamente, inquietantes”.

    Esta situación no deja de ser alarmante porque si la globalización acentúa aún más las diferencias, no sabemos hasta donde llegaremos con esto, hasta que punto la brecha entre el norte y el sur se acrecentará, lo que traerá finalmente consecuencias desastrosas para América Latina.

    “El mundo se precipita de bruces hacia una integración cada vez mayor, conducida principalmente por una filosofía de rentabilidad de mercado y eficiencia económica. Debemos añadir el desarrollo humano y la protección social a la ecuación. La cuestión es poner los intereses del hombre en el centro del debate de la globalización, de acabar con la polarización entre los conectados y los desconectados, de conectarse en la interdependencia de las personas y no sólo en los flujos monetarios, hacer que la globalización trabaje para las personas y no sólo para los beneficios, en definitiva: lograr que la globalización se revista de un rostro humano”

    Si bien la globalización, en teoría, busca la unificación de las naciones en post de un desarrollo universal y homogéneo, vemos como la brecha entre los países desarrollados y los tercermundistas, entre los que se encuentra América Latina, ha aumentado considerablemente. “La persistencia del subdesarrollo latinoamericano y la situación de nuestros países a fines del siglo XX sugieren que, en el largo plazo, han prevalecido las malas sobre las buenas respuestas al dilema del desarrollo en el mundo global”.

    Este fenómeno de unificación ha generado males en las sociedades latinoamericanas. Éstos son los llamados “vicios de la globalización”, que abarcan todo los ámbitos del acontecer humano.

    La vulnerabilidad económica en la región es uno de los vicios más evidentes. Ésta se manifiesta principalmente con la dependencia que tenemos respecto de las economías de las grandes potencias, quedando supeditados a ellas. Ellos imponen las reglas e implantan políticas monetarias de acuerdo a sus propios intereses, lo que muchas veces va en desmedro de los países en vías de desarrollo. Esta indefensión también se acrecienta con las crisis internacionales, con la deuda externa, con las transnacionales y las inversiones extranjeras que si bien generan utilidades al país, proporcionan empleos, aportan conocimientos y tecnología e invierten en bienes de capital, contribuyen a aumentar la dependencia externa. Un ejemplo claro es lo que sucede en nuestro país, donde gran parte de las instituciones bancarias, de las compañías de telecomunicaciones y la distribución o generación de algunos servicios básicos como el agua, la luz y el gas están en manos de grandes empresas transnacionales.

    “La globalización ha dado origen no sólo a una creciente interdependencia, sino también a marcadas desigualdades internacionales cuyas características distintivas son la concentración del capital y la generación de tecnología en los países desarrollados, y su fuerte gravitación en el comercio de bines y servicios. Estas asimetrías características del orden global constituyen la base de las profundas desigualdades internacionales en términos de distribución del ingreso”. Estas disparidades de ingreso entre regiones y países han sido una característica de la economía mundial en los dos últimos siglos. En efecto la diferencia que existía entre el producto por habitante de las regiones subdesarrolladas y de las desarrolladas, en el siglo XIX, era cercano a tres veces, en cambio, en la actualidad éste ha aumentado a veinte veces, generando un crecimiento sostenido de la pobreza que tiene como consecuencias más directa: falta de educación, pocas oportunidades laborales, escaso y a veces nulo acceso a la salud, condiciones paupérrimas de vida (hacinamiento, carencia de alcantarillados, indigencia, desnutrición, entre otros), discriminación, resentimiento y muchas veces la evasión de la realidad con vicios como droga y el alcohol.

    Esta inequidad en la distribución de los ingresos es una situación que se reitera en cada uno de los países latinoamericanos. La riqueza se concentra en un pequeño sector de la población, mientras que existen otros desprotegidos y marginados que vive en la pobreza; dejando en entredicho las promesas de la globalización que señalan la igualdad de oportunidades, el progreso y beneficios para todos. Con la globalización se han acrecentado las diferencias, porque al querer pertenecer a un sistema totalizante de mundo que promete una realidad homogénea, no reparan en las realidades particulares de cada nación, que muchas veces no se acomodan a estas propuestas mundializadoras.

    La dependencia económica y la inequidad de la distribución del ingreso generan en las personas “incertidumbre” porque ahora ya no sólo dependemos de nosotros, sino que del orden mundial, de las pautas impuestas por países desarrollados. Ya no hay certezas de nada, esto ha generado un gran temor en los ciudadanos, nada es estable, todo puede cambiar a pasos agigantados. “(…) el miedo a la miseria, el miedo al otro, el miedo a las epidemias, el miedo a la violencia, el miedo al más allá (...) hay ahora una inquietud, una angustia, crispada al fondo de nosotros”

    Estas incertidumbres también provienen del rápido desarrollo tecnológico y de los complejos sistemas que aquí se ocupan, altamente sofisticados, lo que produce en el hombre inseguridades y recelos al enfrentarse a nuevos conocimientos e innovaciones tecnológicas, porque no sabe si será capaz de comprenderlos y utilizarlo. “Las tecnologías disponibles, y las ciencias en que se fundan, han cambiado para siempre nuestra representación del mundo y nuestra manera de estar en él, al costo sin embargo de destruir nuestras certezas y dejarnos sumidos en la perplejidad. Paradojalmente, el conocimiento nos ha vuelto más inseguros; no menos”.

    Otra fuente de incertidumbre emana de la presión demográfica y del irresistible avance de las sociedades. A modo de ejemplo, entre 1995 y 2000 se agregaron a la población mundial, anualmente, 112 millones de personas. “La ciudades continuarán creciendo, los suburbios urbanos tendrán más habitantes, los desplazamientos masivos dentro y entre países tenderán a aumentar. Todo esto produce temor e inseguridad”. Esto produce miedo en las personas porque se dan cuenta que nada es estable, que las fuentes laborales se reducen, que los servicios primarios pueden ser insuficientes, entre otras consecuencias.

    Todas estas inestabilidades son producto de que la era global trae consigo el incremento de complejidades, una mayor diversidad, una constante innovación; que al hombre le resulta difícil de asumir y adaptarse, ya que estos cambios no le entregan una seguridad porque saben que no son definitivos y que el terreno que está pisando es imprevisible. Esta situación surge debido a la rapidez y continua producción de novedades que caracterizan esta época y que dejan al hombre paralizado, sin saber hacia donde va, sin un futuro certero y con un gran temor a la decadencia.

    Otro de los vicios que se manifiestan con la globalización es la falta de identidad, el debilitamiento de las tradiciones y la apropiación de costumbres foráneas, venidas principalmente de Estados Unidos. “Lo atemorizante de todo esto tiene que ver, precisamente, con la pérdida de seguridad de las tradiciones, fenómeno que se puso en movimiento con la cultura moderna pero que ahora desemboca en una radical incertidumbre (otra de las incertidumbres manufacturadas), respecto del valor y del sentido de las experiencias elaboradas en el pasado”.

    Cómo no se va a generar un desgaste o pérdida de la identidad si con la globalización se ha adoptado lo foráneo sin siquiera adaptarlo a nuestra realidad, sin pensar que nuestras propias tradiciones y valores son las que hacen que nos diferenciemos y nos integremos socialmente. El discurso globalizador a buscado la unificación de las naciones, independiente de las peculiaridades de las mismas, generando una fuerte crisis identitaria en toda Latinoamérica.

    “Se sostiene habitualmente que la globalización, incluso la modernización, no pasaría de ser un proceso de norte-americanización de la cultura a nivel mundial”. La industrialización de la cultura estadounidense ha traspasado las fronteras e inundado los mercados mundiales, generando en cada país una simpatía extrema por ésta, lo que se traduce en la pérdida de la propia industria con consecuencias destructoras para la nación, porque se dejan a un lado las tradiciones, los códigos, símbolos, el propio lenguaje …, la identidad. Podríamos decir que gran parte de la región está norteamericanizada, acostumbrada a los Mc Donald, a las películas Hollywoodenses, a las series del canal Sony, etc.

    Creemos que este fenómeno no es algo fortuito, sino que la globalización -impulsada por Estados Unidos- busca ir más allá de lo netamente económico, quiere traspasar su cultura para unificar a las naciones desde todo punto de vista. Esta “súper potencia” pretende manejarlo todo, tener el mundo en sus manos, que cualquier cosa esté a su alcance para hacer y deshacer según estime conveniente. Estados Unidos ha izado una bandera propia, la de la supremacía, y ve en nuestra región un importante nicho para desarrollar al máximo todos sus afanes imperialistas porque sabe que, querámoslo o no, dependemos, en gran medida, de ellos.

    Este vicio repercute en muchas áreas, pero si lo abordamos desde una perspectiva social, podemos decir que con la “norteamericanización” se ha producido una desintegración social al interior de las naciones latinoamericanas. Esto lo podemos graficar en un estudio de desarrollo humano, realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) este año en nuestro país, donde se examina la identidad cultural chilena preguntándose ¿Qué significa ser chileno?; más de la mitad de los chilenos respondió: “no hay tal cosa como los chilenos”. Con esto nos damos cuenta que no existe una clara identidad, los ciudadanos no se sienten parte de algo, no hay nada que los contenga, no se sienten partícipes de una nación, no son habitantes activos, al contrario, se dejan llevar por fenómenos universales y se sienten más parte del mundo que de su propio territorio.

    Este mundo del que hablamos reside en Estados Unidos, pues es éste país el que representa a todo el globo, porque allí está la gran potencia, la que maneja al mundo, la economía y la que da las pautas políticas y culturales; quien no las cumpla tendrá como enemigo a esta gigantesca nación capaz de aniquilar a cualquiera.

    La desintegración social anteriormente mencionada también se presenta en las estructuras que son el soporte de la vida de las personas, tal es el caso de la familia y la comunidad. La pérdida de estos núcleos tradicionales dan paso a relaciones más superfluas, de tipo contractual, frágiles, inhóspitas y frías. El hombre ya no establece vínculos estrechos, tampoco se siente parte de una comunidad; el individuo ahora está desamparado y centrado en sí mismo. “El individualismo arranca a la persona de un horizonte de significados compartidos y de sus ligazones comunitarias; todo se vuelve elección personal. El mundo experimenta un desencantamiento, el sujeto se absorbe sobre sí mismo. Es la cultura del narcisismo y del intercambio, sin grandes pasiones ni motivaciones trascendentes”

    El individualismo valida la supremacía de la razón instrumental, es decir, todo queda sujeto al cálculo y los beneficios que el mercado le puede entregar al hombre. Ahora las personas se convierten en un medio, en un instrumento, que permite lograr ciertos objetivos, olvidándose de los sentimientos que éstas tienen y de los verdaderos vínculos que existieron en algún momento. La fraternidad, el amor, la amistad, la solidaridad, el compromiso, hoy parecen utopías. En la actualidad prima la rapidez, la eficiencia, la conveniencia, lo práctico, porque el objetivo principal se basa en los beneficios que las cosas puedan proporcionarnos; creando así a un ser posmoderno egoísta, donde el otro ya no tiene cabida.

    Este egoísmo no es sólo entre los individuos, sino también con la naturaleza y el entono. Hoy vemos como el progreso trae consigo daños ambientales irreparables y el hombre en su loco afán de sacar provecho de todo no ha hecho nada por detener esta espantosa destrucción. Los índices de contaminación en las ciudades, de las aguas, la extinción de algunas especies, la talación masiva de bosques, es una alarma latente en la era posmoderna. “A nivel global la explotación y la gestión productiva de la naturaleza generan efectos devastadores. Según un estudio sólo desde 1950 en adelante, el mundo abría perdido un quinto de la capa superficial de las tierras arables, un quinto de sus bosques tropicales húmedos, y algunas decenas de miles de sus especies y plantas. Desde el momento que se imponen las fuerzas de la globalización, tales riesgos se extienden a escala internacional”.

    Entonces, podemos decir que el desarrollo puede generar destrucción y una serie de males que atentan contra la vida, porque la globalización mide su efectividad en base a índices económicos, a productividad, sin preocuparse del costo social que ello tiene. El deterioro del medio ambiente no es algo externo a la acción o a la vida social humana, sino que está impregnado y rodeado por ella; con esto queremos resaltar la importancia que tiene la naturaleza en nuestro entorno, ya que en su conjunto hombre-naturaleza forman parte indisociable del mundo.

    Los desequilibrios ecológicos afectan directamente la vida de las personas, ya que al ser alterados, la existencia humana se pone en jaque. Ésta es otra más de las paradojas de la globalización, pues si bien busca el progreso y el bienestar de las naciones, al mismo tiempo las corroe, dejando al descubierto las consecuencias nefastas que trae consigo.

    Podríamos seguir enumerando múltiples vicios que genera el fenómeno de la globalización, pero hemos optado por acotarlos y ahondar en aquellos que, a nuestro de ver, consideramos más significativos y generales en nuestra región, pues a partir de ellos se desprenden una serie de otros males presentes en esta era global.

    La vulnerabilidad y dependencia económica, las desigualdades, la pobreza, la inequidad en la distribución de los ingresos, las incertidumbres, la falta de identidad (norteamericanización), la desintegración social, el individualismo y la destrucción del ecosistema, entre muchos otros, son algunas de las problemáticas a las que nos vemos enfrentadas hoy en día a la hora de analizar y reflexionar en torno a este contexto mundializador.

    En este proceso globalizador no pueden quedar al margen las nuevas tecnologías de la comunicación, pues son éstas las principales difusoras de este fenómeno mundial que, a nuestro modo de ver, ha traído mayores inconvenientes que beneficios para la sociedad.

    En esta investigación creemos que es importante resaltar y destacar la responsabilidad que tienen los medios de comunicación y los periodistas en la proliferación de este proceso de unificación.

    Sociedad de la Información y Globalización:

    A finales del siglo XX se comienza a hablar de la sociedad de la información producto del rápido desarrollo de las tecnologías en general y, en particular, aquellas vinculadas a la información y la comunicación. Es durante este siglo que el flujo de informaciones a escala global se ha constituido como una característica regular y omnipresente en la vida social.

    "Empieza a transitarse hacia un mundo de información abundante. De la sociedad de masas se pasa así a la sociedad de públicos, compuesta por consumidores incesantes de imágenes, textos e información". Tal es la importancia de este proceso, que esta época es denominada la "Era de la Información", ya que está conformada por una red mundial de conocimientos que se hacen imprescindibles a la hora de interactuar en esta nueva sociedad.

    Este escenario da origen a la comunicación global, entendida como un proceso unificador de las comunicaciones.

    Entre las principales dimensiones de los procesos de comunicación global se encuentran:

    1. Los conglomerados de comunicación a gran escala que durante el siglo XX se han transformados en industrias mediáticas, asumiendo un carácter trasnacional. Time Warner, Grupo Bertelsmann o News Corporation son los nombres de los mayores conglomerados de comunicación. Casi todos tienen su sede en Norteamérica, Europa Occidental, Australia o Japón; muy pocos tienen su centro de operaciones en países del tercer mundo, pese a ser importantes mercados para sus bienes y servicios.

    2. El desarrollo de las nuevas tecnologías tienen un importante rol en la globalización de la comunicación, ya que han incrementado la capacidad de transmitir y almacenar la información. Tal es el caso del despliegue de los sistemas de cables, la utilización de los satélites y el uso de sistemas digitales de procesamiento, almacenamiento y recuperación de la información.

    Es importante considerar que este avance técnico y el sistema social en el que estamos insertos están estrechamente conectados y no se pueden entender el uno sin el otro. Vemos entonces, como en la vida cotidiana de las personas la información juega un rol primordial ya que les permite estar conectados con el mundo, contrayendo el espacio y el tiempo.

    "Acabamos el siglo y comenzamos el siguiente con un espectacular avance tecnológico que se ha hecho notar en todos los campos pero muy especialmente en el de la comunicación". En esta sociedad, donde abunda la información, juega un rol preponderante la utilización de símbolos, que acompañan el mensaje que los medios quieren difundir. “La frecuente sensación de que habitamos en ciudades que son como bosques de símbolos, donde nos hayamos expuestos cada día a una mayor abundancia de mensajes, y donde todo se presta a lecturas superpuestas y a dispares interpretaciones, da a nuestra época su particular tonalidad; algo así como un clima altamente artificial e incierto”. La variedad de símbolos y su velocidad de rotación, su producción en masa y su consumo inmediato refuerzan también el anterior sentimiento de inestabilidad, ya que no logran mantenerse en el tiempo (falta de fijeza) y carecen de profundidad.

    “Las tradiciones son devoradas con la misma rapidez que las novedades, alcanzando ambas su punto de fuga antes de haber cristalizado en la conciencia de la gente. Quizás sea esa una de las experiencias más típicamente posmodernas; la experiencia de que todo se reduce a situaciones -juegos de lenguaje- cuyo sentido es difícil captar (…) Abrigamos la secreta esperanza de poder seducir, y luego quedarnos, con el sentido de lo que pasa, antes de verlo esfumarse en el aire”. La fugacidad es una de las características de esta sociedad multimediada. La multiplicidad de mensajes genera que la idea-concepto y la posterior reflexión de éstos se pierdan y se esfumen rápidamente antes de ser procesados a conciencia por los receptores. Debido a este fenómeno, la audiencia se convierte en un agente pasivo, poco analítico, sin tiempo para meditar sobre los acontecimientos noticiosos; lo que se traduce en una alta influencia ejercida por los medios de comunicación, ya que éstos bombardean diariamente a la audiencia con una variedad de información cargada de ideología provocando que se internalice en el inconsciente colectivo del público.

    Por otra parte, también se puede afirmar que esta sobreabundancia informativa conlleva a la desinformación, a la falta de pluralidad y de transparencia, porque pese a que la libertad de expresión es uno de los principales derechos que defienden las democracias occidentales y donde no hay cabida para la censura, en la práctica sucede todo lo contrario, ya que existe una "censura implícita" que tiene como objetivo la homogeneización del pensamiento en pos de la ideología imperante. "La censura no funciona hoy suprimiendo, amputando, prohibiendo, cortando. Funciona al contrario: funciona por demasía, por acumulación, por asfixia. ¿Cómo ocultan hoy la información? Por un gran aporte de ésta: la información se oculta porque hay demasiada para consumir y, por tanto, no se percibe la que falta".

    Es en esta sobreabundancia de información, movilizada por los medios de comunicación, donde se construye la opinión pública -entendida como la suma teórica de las opiniones sostenidas por un público en cierto momento, generando adhesión -en la mayoría de los casos a través de la pasividad - o rechazo al mensaje difundido por los mass media. “Ahora, finalmente, la opinión pública se constituye a partir de la oferta de asuntos o temas movilizados por los medias y opera como una expresión evaluativo de la sociedad civil que oscila entre la dependencia y la autonomía; la manipulación y el descontento; el conformismo y el malestar”.

    Las repercusiones y consecuencias que ha traído esta “sociedad de la información” han sido variadas y muchas veces opuestas. Este fenómeno ha provocado una verdadera revolución en el hombre y ha generado que muchos teóricos se replanten el papel que desempeñan los medios de comunicación en este nuevo orden mundial.

    "Las reacciones que trajo consigo la comunicación masiva han sido dispares. Para algunos, representa una contribución al progreso de los pueblos y una señal de avance democrático. Para otros, en cambio, presagian sólo males: insubordinación plebeya, vulgarización de alta cultura, una presión que lleva vivir al día y a preocuparse de hechos intrascendentes".

    Lo anterior puede ser argumentado por la "primacía de lo visible sobre lo inteligible que lleva, según Sartori, a un ver sin entender y ello supone el fin, la muerte, del pensamiento abstracto, de la imaginación y de la invención de ideas distintas. Estamos asistiendo pues, al nacimiento de un no pensamiento o postpensamiento que ha arrinconado la palabra y que confunde el conocimiento con la acumulación de datos informativos y estampas visuales"

    Frente a este escenario nosotras creemos que con el fenómeno de la globalización los mensajes divulgados por los medios de comunicación, en manos de los grandes centros de poder, apuntan a homogeneizar el pensamiento, ya que detrás de sus discursos existe una ideología e ideas conceptos tales como globalización, consenso y capitalismo, que en la mayoría de las veces se encuentran implícitas, generando finalmente la unificación del mundo.

    Sin embargo, existen teóricos como Vattimo que postulan que en el nacimiento de una sociedad posmoderna los mass media desempeñan un papel determinante, pues muestran un mundo más caótico y diversificado, a través de la presentación de las diferencias humanas encarnadas en las minorías étnicas, sexuales, religiosas, culturales y estéticas, entre otras. Su posición es totalmente opuesta a los postulados de otros autores como es el caso de José Joaquín Brunner -al cual adherimos- quien señala que si bien la industria de los medios juega un papel determinante en la cultura contemporánea, hay que considerar que forma parte de un fenómeno industrial (la industria de las comunicaciones) que representa en forma selectiva e industrialmente organizada las diferencias locales. "Hay múltiples instancias en que la sociedad de la comunicación generalizada nos confronta con la representación de esa diferencia radical; la de mujeres mutiladas por la guerra, niños raquíticos, comunidades asoladas por la enfermedad, pueblos bombardeados, militantes torturados, gente ametrallada por terroristas (…) pero puede ser una clásica instancia del uso del sentimiento (discurso) moral para movilizar el apoyo a favor de la acción social (uso comunicacional) (…). No es una minoría la que toma la palabra, sino un medio occidental que construye un discurso que, tanto sirve para movilizar el sentimiento de compasión, como para afirmar la propia superioridad moral" .

    Hoy podemos ver diariamente a través de los medios que sus mensajes son "aparentemente" heterogéneos ya que muestran distintas posturas, realidades diversas, confrontación y conflicto. Sin embargo esta diversidad es sólo de forma y no de fondo, ya que su discurso implícito es homogéneo pues tiende a unificar el mundo por medio de un patrón común; la ideología democrática liberal sustentada en las bases de la globalización.

    Este fenómeno al ser global, requiere de un mundo consensual, unificado mundialmente para crear la convicción generalizada de que ningún país pueda subsistir con reglas diferentes a las del sistema ideológico imperante. Es en este contexto donde los medios de comunicación al producir las mismas noticias, sustentadas bajo el mismo discurso contribuyen, peligrosamente, en la creación de un pensamiento único. "Son los medios de comunicación social los que difunden la información que construyen las realidades, aquello que es porque nos dicen que existe. Por eso la razón siempre dedujo que la información es poder"

    Frente a esto es necesario considerar que los medios de comunicación se encuentran supeditados al sistema económico ya que su gran mayoría son manejados como "empresas periodísticas" y son propiedad de los grandes conglomerados financieros. "Si existe un poder primero y todopoderoso en nuestro mundo de hoy ése es el poder del mercado, la economía como discurso de lo eficaz, racional y, por tanto, "real". Por supuesto, la comunicación y el periodismo como ejecutor no sólo están dentro de su hegemonía sino que además son su vehículo de propaganda y su escudo de actuación".

    Por esto es necesario analizar y replantearse el rol que desempeña el periodista y los medios de comunicación en este nuevo escenario global, donde la sobreinformación y la difusión de un mensaje único y homogéneo está generando una falta de cuestionamiento, reflexión y análisis de los contenidos transmitidos por los medios. "Este es el panorama que tenemos por el momento: incierto, abierto, con la necesidad de hablar con un lenguaje que pareciendo indefinido sin embargo quiere definir más: entre mentira y verdad se haya la no-verdad. Y este es verdaderamente el sentido actual de la desinformación".

    GARCÍA Canclini, Néstor. 1999. La Globalización Imaginada. 1° ed. Buenos Aires, Argentina. Editorial Pidós. 45 p.

    Idem

    Teoría postulada por Armando Roa en su libro “Modernidad y Posmodernidad”

    Según la “Enciclopedia Católica” la Reforma Protestante es: “el movimiento religioso que hizo su aparición en la Europa Occidental en el siglo XVI, y el cual, mientras clamaba ostensiblemente por una renovación interna de la Iglesia, condujo realmente a una gran revuelta contra ella y a un abandono de las principales creencias religiosas”. Su máximo propulsor fue Martín Lutero, en Alemania.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 109 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 93 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 218 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 93 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 20- 21p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 94p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 98 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 35p

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 146 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. Averiguar la página (Modernismo y revolución. Perry Anderson)

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 30 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2°ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 28 p.

    Nueva enciclopedia SOPENA. 1962. Diccionario Ilustardo de la lengua Española, Tomo IV. Barcelona, España. Editorial Sopena.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 79 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 195 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 80 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 220 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 89 p.

    palacios (buscar***)

    CASTELLS, Manuel. 1997. La Era de la Información, economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad real. Carmen Martínez Gimeno. 1° ed. Madrid, España. Alianza Editorial. 45 p.

    GIDDENS, Anthony. 1990. The Consequences of Modernity. California, Estados Unidos. Santanford University Press. 34 p.

    BARBERO, Martín. 1998. En torno a la Identidad Latinoamericana. México. Coroso Editores. 104 p.

    GARCÍA Canclini, Néstor. 1999. La Globalización Imaginada. 1° ed. Buenos Aires, Argentina. Editorial Pidós. 49 p.

    Herbert Marshall McLuhan fue el primero en hablar del mundo como una “aldea global”, el año 1969 en su obra “La galaxia de? Gutenberg”. A partir de un análisis de los medios de comunicación, y en particular de la televisión, en plena explosión de la sociedad de masas, el sociólogo canadiense McLuhan, se refirió de forma novedosa a las transformaciones que los “media” electrónicos iban a introducir en la cultura, en el arte, en la enseñanza y en las costumbres y modos de vida de los años noventa. “La tecnología de la comunicación transforma todas las relaciones sociales y convierte al mundo en una aldea global, en la que el espacio y el tiempo son abolidos y los hombres tienen que aprender a vivir en estrecha relación”. ARREGLAR

    Según Monereo (QUIÉN ES) el Estado de Bienestar es “aquella forma de organización del poder político en la comunidad que comporta una responsabilidad de los poderes públicos en orden a asegurar una protección social y bienestar básico para sus ciudadanos. Implica la provisión de una serie de servicios sociales, incluyendo transferencias, para cubrir las necesidades humanas básicas de los ciudadanos de una sociedad compleja y cambiante y la responsabilidad estatal en el mantenimiento de un nivel mínimo de vida a todos los ciudadanos pertenecientes a una comunidad política”

    CASTELLS, Manuel. 1998. La Era de la Información, economía, sociedad y cultura. Volumen III: Fin de Milenio. Carmen Martínez Gimeno. Madrid, España. Editorial Alianza. 89 p.

    Jorge Larraín, Globalización e Identidad Nacional. QUÉ ES ESTO?

    CASTELLS, Manuel. 1997. La Era de la Información, economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad real. Carmen Martínez Gimeno. 1° ed. Madrid, España. Alianza Editorial. 28 p.

    “Globalización y cultura Latinoamericana” Ver texto (Desarrollo y Sociedad, Palacios)

    “Globalización e Identidad Nacional”, Jorge Larraín.

    “Consumidores y ciudadanos conflictos multiculturales de la globalización” (Néstor García Canclini). DE DÓNDE SALIERON????

    Según Manuel Castells “es aquella introducida por las instituciones dominantes de la sociedad para extender y racionalizar su dominación frente a los actores sociales”

    CASTELLS, Manuel. 1998. La Era de la Información, economía, sociedad y cultura. Volumen II: El poder de la identidad. Carmen Martínez Gimeno. Madrid, España. Alianza Editorial. 30 p.

    Globalización y cultura latinoamericana. Palacios (BUSCAR INTERNET)

    BECK, Ulrich; GIDDENS, Anthony; LASH, Scott. 1997. Modernización Reflexiva, política, tradición y estética en el orden social moderno. Madrid, España. Alianza Editorial.

    REMONET, Ignacio. 2000. Efectos de la Globalización en los países en desarrollo. Le Monde Diplomatique. Artículo de la Edición Cono Sur. Nº14: 13-15 p.

    Idem.

    Idem.

    Idem.

    ULLOA, Alejandro. “Identidad cultural e integración en América Latina” en Op.Cit. de Martín Barbero. 103 p.

    CLIFFORD, James.“The Predicament of Culture” en Op. Cit. de Martín Barbero. 85 p.

    La Globalización: ¿Espantajo ideológico?” de dónde salió???

    BRUNNER, José Joaquín. “América Latina en la encrucijada de la Modernidad" en Op. Cit. de Martín Barbero. 22 p.

    CISNEROS Espinoza, José. “Identidad cultural e intercambio global” en Op. Cit. de Martín Barbero. 155 p.

    CISNEROS Espinoza, José. “Identidad cultural e intercambio global” en Op. Cit. de Martín Barbero. 149 p.

    cita de Renato Ortiz en “Consumidores y ciudadanos: conflictos multiculturales de la globalización” que es esto????? Néstor García Canclini.

    GARCÍA Canclini, Néstor. 1999. La Globalización Imaginada. 1° ed. Buenos Aires, Argentina. Editorial Pidós. 180 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 40 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 244 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 50 p.

    HOPENHAYN, Martín. “El debate posmoderno y la dimensión cultural del desarrollo” en rellenar con los autores ordenasdos alfabéticamente. Martín Hopenhayn en libro “Imagénes desconocidas” pag 61. Averiguar

    Término utilizado por Enrique M del Percio en su libro “Tiempost Modernos”

    DEL PERCIO, Enrique. 2000. Tiempost Modernos una teoría de la dominación. Buenos Aires, Argentina. Editorial Grupo Editor Altamira.173 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 41-48 p.

    LYOTARD, Jean-Francois. 1987. La Condición Posmoderna. Antolín Rato. Madrid, España. Editorial Cátedra S.A. 31 p.

    El debate posmoderno y la dimensión cultural del desarrollo. Martín Hopenhayn. Imágenes desconocidas. 62 (Investigador asociado del Instituto Latiniamericano de Planificación Económica y Social (ILPES) Averiguar

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 161 p.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 342 p.

    LYOTARD, Jean-Francois. 1987. La Condición Posmoderna. Antolín Rato. Madrid, España. Editorial Cátedra S.A. 43 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 52-53 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 60 p.

    Término utilizado por Armando Roa en Modernidad y Posmodernidad.

    ANDERSON, P.; BERMAN, M.; BURGER, P.; DE VENTOS, X.R.; HABERMAS, J.; HUYSSEN, A.; LASH, S.; LYOTARD, J.F.; RELLA, F.; SUBIRATS, E.; WELLMER, A.; VIANO, C.A. 1993. El Debate Modernidad Posmodernidad. Nicolás Cosullo. 4° ed. Ediciones El Cielo por Asalto. 326 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 51-52 p.

    ROA, Armando. 1995. Modernidad y Posmodernidad, coincidencias y diferencias fundamentales. 2° ed. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 45-46 p.

    “El Debate Posmoderno y la Dimensión Cultural del Desarrollo”, Martín Hopenhayn, en Imágenes Deconocidas. 62 BUSCAR

    Definición de Martín Hopenhayn

    Hopenhayn 63 BUSCAR

    Hopenhayn 63 BUSCAR

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 47 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 53 p.

    Frente a la visión optimista neoliberal de la existencia de un mercado autónoma, los frankfurtianos de la segunda generación" de la Escuela de Frankfurt consideran que en su fase actual, el capitalismo ha necesitado introducir la regulación estatal para continuar su pervivencia. El capitalismo tardío entonces, es el que organiza el mercado utilizando al Estado como un mecanismo más. De manera que, según esto, los beneficios son adjudicados al mercado y las pérdidas son asumidas por el Estado. Por tanto, el Estado deviene en un mecanismo de equilibrio económico y social. Pero, las fluctuaciones y oscilaciones de la economía especulativa supondrá la existencia de una permanente y continua crisis. Crisis que es estudiada pormenorizadamente por Jürgen Habermas en su obra Problemas de legitimación en el capitalismo tardío y por Claus Offe en Contradicciones en el Estado del Bienestar.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 38 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 42 p.

    PRIGOGINE, Ilya. 1996. El Fin de las Certidumbres. Pierre Jaumet. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 10 p.

    PRIGOGINE, Ilya. 1996. El Fin de las Certidumbres. Pierre Jaumet. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 14 p.

    PRIGOGINE, Ilya. 1996. El Fin de las Certidumbres. Pierre Jaumet. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. 12 p.

    PRIGOGINE, Ilya. 1996. El Fin de las Certidumbres. Pierre Jaumet. Santiago, Chile. Editorial Andrés Bello. Contraportada

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 39 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 40 p.

    FUKUYAMA, Francis. 1992. El Fin de la Historia y el Último Hombre. P. Elías. Barcelona, España. Editorial Planeta. 105 p.

    FUKUYAMA, Francis. 1992. El Fin de la Historia y el Último Hombre. P. Elías. Barcelona, España. Editorial Planeta. 29 p.

    FUKUYAMA, Francis. 1992. El Fin de la Historia y el Último Hombre. P.Elías. Barcelona, España.. Editorial Planeta. 31p.

    Definición: productividad de la economía orientada por el mercado y la libertad política democrática. REVISAR

    FUKUYAMA, Francis. 1992. El Fin de la Historia y el Último Hombre. P.Elías. Barcelona, España. Editorial Planeta. 289 p.

    Néstor García Canclini en “La telaraña cultural en América Latina y México: oportunidades y desafíos FONCA/ISUNAM, México. Capítulo la “Globalización y Cultura Latinoamericana” BUSCAR

    Ibid BUSCAR

    “... de las personas que viven en situación de pobreza absoluta, la mayoría son mujeres. Normalmente, las mujeres reciben un salario medio inferior al de los hombres. En todas las regiones del mundo la tasa de desempleo es superior para las mujeres que para los hombres. En casi todos los países, las mujeres trabajan más horas que los hombres y una proporción de su tiempo no es ni siquiera remunerada”. Informe sobre Desarrollo Humano, México 1995.

    FERRER, Aldo. 1998. América Latina y la Globalización. Revista CEPAL: cincuenta años reflexiones sobre América Latina y el Caribe

    “Globalización u occidentalizión?: el mundo en el cambio de siglo” Curso de Formación Integral impartido por el Cientista Político, Jorge Heine. BUSCAR

    FERRER, Aldo. 1998. América Latina y la Globalización. Revista CEPAL: cincuenta años de reflexiones sobre América Latina y el Caribe.

    KLIKSBERG, Bernardo. 2001. Diez falacias sobre los problemas sociales en América Latina. Revista del CLAD Reforma y Democracia Nº19. 123-162 p.

    Idem

    Idem

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 120 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 124 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 121-122 p.

    Informe sobre Desarrollo Humano 1999.

    FERRER, Aldo. 1998. América Latina y la Globalización. Revista CEPAL: cincuenta años de reflexiones sobre América Latina y el Caribe.

    “Desigualdades y asimetrías del orden global” Capítulo III Pág. 77. Revista CEPAL BUSCAR

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 35 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1º ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 40 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1º ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 41 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1º ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 136 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1º ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 151 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1º ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 203 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1º ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 138-139 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1º ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 141 p.

    Casals, María Jesús. "El arte de la realidad"….. CÒMO CITAMOS EL ARTÌCULO?

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 15 p.

    Idem.

    CASALS, María Jesús; SANTAMARÍA, Luisa. 2000. El periodismo de opinión. 112 p. BUSCAR

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 111-112 p.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 96 p.

    Casals, María Jesús. El arte …. CÒMO CITAMOS UN ARTÍCULO??

    Vattimo, Jianni. 1992. La sociedad transparente. Editorial Paidós. Barcelona, España.

    BRUNNER, José Joaquín. 1998. Globalización cultural y Posmodernidad. 1° ed. Santiago, Chile. Editorial Fondo de Cultura Económica Chile S.A. 190 p.

    Idem.

    Casals, María Jesús. El arte de la realidad: prospectivas sobre la racionalidad periodística CÒMO CITAR???

    Idem

    16

    1