Generación musical del 27

Historia de la música del Siglo XX. Neoclasicismo. Gerhard. Halffter. Bautista. Bacarisse. Remacha. Pittaluga. García Ascot. Malecón Molins. Crítica de Adolfo Salazar

  • Enviado por: Virginia
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La Generación musical del 27


La historia de la música española en el siglo XX es la crónica de un formidable esfuerzo de puesta al día, de aclimatación urgente a cuantos estilos, técnicas y tendencias se habían sucedido en Europa y América, ya durante el siglo XIX, sin el concurso ni la mirada atenta de nuestro país. En ese proceso de modernización Falla fue pionero, pues a través de él supimos del Impresionismo (Noches en los jardines de España), Neoclasicismo (El Retablo de Maese Pedro, Concierto para clave) y de la posibilidad de erigir un nacionalismo de corte universalista como el que, por ejemplo, el húngaro Bartók o el ruso Stravinsky estaban practicando. Pero el magisterio de Falla había de ser asimilado y trascendido, y esa fue la función histórica cubierta por la llamada Generación del 27. En ella se encuadran músicos nacidos en torno a 1900 que iniciarían su carrera en los años veinte y a los cuales tocaría en suerte representar en la historia de la música española el período neoclásico, aunque algunos no serían indiferentes a otros estímulos provenientes del exterior. Por eso, como señala Tomás Marco en su Historia de la música española: s. XX: “en esta generación pueden convivir neoclasicismo, intentos atonales, dodecafonismo y casticismo en una amalgama que, después de todo, no es tan incoherente y que refleja a las mil maravillas las convivencias folklóricas, neoclásicas, vanguardistas y surrealistas de los poetas del 27”. La Generación está básicamente constituida por el llamado Grupo de Madrid o de Los Ocho -Ernesto y Rodolfo Halffter, Gustavo Pittaluga, Rosa García Ascot, Salvador Bacarisse, Julián Bautista, Fernando Remacha y Juan José Mantecón- y por el Grupo catalán, que haría su presentación en 1931 bajo el nombre de “Grupo de Artistas Catalanes Independientes” integrado por Roberto Gerhard, Baltasar Samper, Manuel Blancafort, Ricardo Lamote de Grignon, Eduardo Toldrá y Federico Mompou.

Las figuras mayores

Roberto Gerhard
(1896-1970) fue el músico más difundido a escala internacional de toda la Generación del 27 y, sin duda alguna, el más importante compositor español del siglo XX después de Falla. La formación musical de Gerhard entronca con lo más robusto del nacionalismo musical de principios del XX. Estudió piano con Granados y Frank Marshall en Barcelona, y trabajó la composición con Pedrell entre 1916 y 1920. Después de mucha reflexión decide ampliar horizontes y solicita a Schoenberg convertirse en alumno suyo. Schoenberg lo acepta, y desde 1923 hasta 1928 estudia con el maestro austríaco, primero en Viena y luego en Berlín, llegando a convertirse en su asistente. En 1928 regresa a Austria, traduciendo libros de teóricos e historiadores de la música. En 1929 está de nuevo en Barcelona, donde a partir de 1931 trabaja como profesor de música de la Escola Normal de la Generalitat de Catalunya. Allí se centra en la Sección de Música de la Biblioteca de Cataluña, llegando a editar a músicos catalanes del s. XVIII. En 1939 cruza la frontera francesa cuando las tropas franquistas entran en Barcelona. Después de una breve estancia en París se instala en Cambridge (Inglaterra), lugar en el que, prácticamente, pasaría el resto de su vida.
Lamentablemente, la escasez en lo material le impidió una dedicación plena a la composición.

Ernesto Halffter
(1905-1989) fue discípulo directo de Falla. Madrileño de nacimiento aunque con antecedentes germánicos -prusianos propiamente- por parte de padre. De formación prácticamente autodidacta -ni él ni su hermano Rodolfo pasaron por el Conservatorio- estudió el piano con Fernando Ember. En otoño del año 1923 presenta a Falla un trío y un cuarteto, obras en las cuales el maestro, según cuenta Adolfo Salazar, “no tardó en descubrir y en afirmar la cualidad netamente española del joven músico”. Trabaja en Granada con Falla. La Junta de Ampliación de Estudios le permite seguir estudiando en París, donde, por mediación del maestro gaditano, conocerá a Ravel. Viaja por Alemania. En 1924 Falla le hace director de la Orquesta Bética de Sevilla, conjunto con el que abordará el repertorio clásico y moderno. Fue director del Conservatorio de Sevilla hasta 1936. Casado con la pianista portuguesa Alicia Cámara, pasará unos años en Lisboa, pero terminará regresando a España una vez acabada la Guerra Civil.

Rodolfo Halffter
(1900-1987) constituye un caso de singular capacidad de evolución dentro de un grupo en el que el exilio fue en ocasiones causa de disipación de energías o de anquilosamiento. Músico de formación esencialmente autodidacta, aunque recibió consejos de Falla, su andadura creativa se inicia en el marco de un nacionalismo avanzado de corte neoclásico que alcanza una de sus cumbres en el ballet Don Lindo de Almería (1935). Desempeñó funciones directivas en el ámbito de la política cultural durante la República (Presidente de la Junta Organizadora de la Enseñanza Musical). En 1939, al finalizar la contienda civil, se traslada con su familia a México. Allí es bien recibido, y con el tiempo llegará a ser catedrático de Análisis Musical en el Conservatorio Nacional de Música y gerente de Ediciones Mexicanas de Música. En el país centroamericano, el estilo de Rodolfo Halffter se irá transfigurando lentamente, asimilando con decisión y originalidad el serialismo y otros aspectos de la vanguardia -incluida la aleatoriedad- sin prescindir de aquellos elementos identificativos de su lenguaje.

Julián Bautista
(1901-1961) es una autor importante dentro de la Generación del 27, por lo que la situación de casi absoluto olvido en la que se encuentra su obra sea especialmente injusta. Fue Bautista un “músico nato”, de talentos y aptitudes demostrados desde muy temprano. Se formó en el Conservatorio de Madrid -centro en el que llegaría con el tiempo a impartir clases de Armonía-, donde la influencia más destacable fue la que ejerció sobre él Conrado del Campo, cuyo magisterio recibiría a partir de los catorce años. En aquellas lecciones coincidiría con Salvador Bacarisse y Fernando Remacha, sus condiscípulos. Según nos refiere Rodolfo Halffter, los tres “frecuentaban las memorables series de conciertos de la Orquesta Filarmónica, dirigida por el maestro Pérez Casas, en el Circo Price. Estos conciertos, que iniciaron en Madrid el tipo de concierto popular, fueron, con los consejos de su profesor, la escuela viva de composición del trío de amigos, núcleo germinador de nuestro grupo”.
Julián Bautista fue uno de los elementos más activos en los comienzos de la Generación. Hay que decir que gran parte de su producción anterior a la contienda se perdió durante la misma, a causa de los bombardeos de la aviación italoalemana sobre Madrid.

Salvador Bacarisse
Salvador Bacarisse (1898-1963). Su estética puede ser calificada de versátil, en la significación propia de esta palabra, es decir, poco definida. Impresionismo, Neoclasicismo, Postromanticismo se alternan o se solapan en el curso de un itinerario artístico al que el desarraigo perjudicó.
Nace Bacarisse en Madrid, hijo de un comerciante francés establecido en esta ciudad. Por deseo paterno completó estudios de Derecho y Filosofía y Letras, al tiempo que realizaba los estudios de piano en el Conservatorio Superior: los de piano con Manuel Fernández Alberdi, y los de Armonía y Composición con Conrado del Campo. En 1923 gana por primera vez el Premio Nacional de Música con el poema sinfónico La nave de Ulises, obra en la que se hace notar sensiblemente la influencia de la por entonces auténtica deidad tutelar del compositor: Claude Debussy. Bacarisse fue un formidable animador del Grupo de Los Ocho, y dejó constancia de su talento organizativo en muchos otros ámbitos: por ejemplo, desde 1925 se encargó de los programas de Unión Radio, para seleccionar la música de la emisora como director artístico. De las obras anteriores al exilio cabe citar Heraldos (1923), obra para piano que provocó gran escándalo por su escritura politonal; el ballet Corrida de feria (1930), compuesto a petición de Antonia Mercé, “Argentina”; la ópera Charlot (1933); La tragedia de Doña Ajada (1929), para orquesta; tres cuartetos de cuerda (1930, 1932, 1936) y una Sonata en trío (1932).

Fernando Remacha
Fernando Remacha (1898-1984) pueden dividirse en dos períodos, trágicamente separados por la Guerra Civil española. La primera fase, hasta 1936, comprende los años de formación, el acercamiento a las vanguardias europeas, su perfeccionamiento como compositor fuera de España, las primeras obras de madurez. La segunda, aunque en modo alguno estéril, está marcada por la desolación de un exilio interior que vino a frustrar, en parte, las aspiraciones de uno de los talentos más brillantes de la música española del siglo XX.
Remacha inicia su formación en su Tudela natal, donde estudia violín a partir de los nueve años con el maestro de capilla de la catedral. A los once, el futuro compositor se traslada con su familia a Pamplona, donde residirá brevemente antes de marchar a Madrid.
En 1923 se licencia de sus estudios de composición con Conrado del Campo y gana el Premio de Roma, lo que le permite pasar cuatro años de estudios en Italia. Aquí, Remacha se perfecciona con quien representa, junto a Alfredo Casella, la renovación de la música italiana del momento: Gian Francesco Malipiero. Malipiero, fascinado por la música de la tradición histórica de su país.
A partir de 1928 se establece en Madrid, donde oposita, con éxito, a una plaza de viola en la Orquesta Sinfónica que dirige Arbós. Desarrolla igualmente su faceta de intérprete formando parte de la pequeña orquesta de Unión Radio, primera emisora española. En la capital compone Remacha obras importantes como la Suite para orquesta de cuerda (1931), que recibe el Premio Nacional de Música en 1932.

Gustavo Pittaluga
(1906-1975), hijo del Dr. Gustavo Pittaluga, catedrático de microbiología de la Universidad Central de Madrid, se desempeñó como compositor, director y crítico. Estudió Derecho. En el campo musical su formación fue prácticamente autodidacta, aunque recibió consejo y apoyo de Óscar Esplá. En 1930 decide dedicarse íntegramente a la música. Se trata de la primera presentación pública del Grupo en cuanto tal. Va a Paris. En abril de 1931, coincidiendo con la proclamación de la República, vuelve a España.
El ballet La romería de los cornudos (estrenado en 1930) es la obra más conocida de Pittaluga. Se trata de una obra temprana -compuesta, según él, a los veinte años-, y prácticamente la única que ha sobrevivido en las salas de concierto. Otras páginas significativas son su Concierto militar (1935) para violín y orquesta y su Petite suite (1933). En el exilio su producción disminuyó y se hizo menos arriesgada y más nacionalista. De ese período destacan su Llanto por García Lorca (1944), Homenaje a Falla (1954) y Diferencias sobre la gallarda milanesa y el canto del caballero (1950), para orquesta.

Rosa García Ascot

Miembro de la Generación del 27, estrenó y divulgó la producción pianística de sus compañeros y la suya propia. La práctica totalidad de su obra compositiva, de orientación neoclasicista, permanece inédita salvo la Suite para orquesta, y Española para guitarra (UME), de programación frecuente en los años de la II República, y los Preludios para piano, 1938.

Juan José Malecón Molins

Nace en Vigo, 1896 y fallece en Madrid, 1964. Compositor y crítico. Estudia derecho en la Universidad Central de Madrid. Como otros miembros del grupo, su formación es en buena medida autodidacta y desde joven comienza a interesarse por la crítica musical ejerciendo como crítico en "La voz" desde 1920, firmando con el seudónimo "Juan del Brezo".

Otra teoria del trabajo: El Grupo de Madrid, o de los Ocho; Ernesto y Rodolfo Halffter, Gustavo Pittaluga, Rosa García Ascot, Bacarisse, Julián Bautista, Fernando Remacha y Juan José Mantecón Molins.

La crítica de Adolfo Salazar
No se puede intentar una interpretación del momento musical español al margen de Salazar, quien desde la crítica, determino en gran medida el acontecer musical de los años 20 y los 30. Las tesis de la critica de Salazar y su trascendencia serian las siguientes: Defensa del nuevo hacer musical ejemplificado en Falla, Debussy, Stravinsky y Ravel, y por ello de una música que progresa desde el nacionalismo vanguardista al impresionismo y de aquí al neoclasicismo. La trascendencia de Salazar se aprecia no solo en su función de comentarista de los conciertos sino también en la capacidad de determinarlos e influirlos.

Salazar fue el transmisor de cuanto sucedía en Europa. Revisaba cada nueva obra a la luz de criterios vanguardistas y de la aportación que cada obra significaba, influyendo para que algunas fuesen incluso modificadas después del estreno. Salazar provoco, en gran medida, la explosión critica y cultural que se da en ese momento.

La figura de Manuel de Falla               
        La influencia de Falla se ejerce de manera diferente, ante todo con su magisterio directo sobre Ernesto y Rodolfo Halffter y Rosita García Ascot y menos directo sobre el resto, inspira en la mayor parte de los compositores de la línea avanzada de ese momento. La figura de Falla pasa a ser casi mítica a partir de los años 20. Mas allá del valor intrínseco de su obra, aparece como el espejo en el que se mira la juventud, que necesitaba el impulso de un guía. Falla constituyó el símbolo máximo de las tres estéticas que definen a la generación del 27: nacionalismo vanguardista, impresionismo y neoclasicismo. El tratamiento que Falla hace del folclore es determinante para la generación, excluyendo el caso de Samper y Toldrá con una estilo nacionalista mas puramente definido.  La influencia de Falla es vital en el nuevo sentido formal, en cuanto que evita lo rapsodico, las grandes formas, e impone cierta realidad purista, la música como objeto sonoro que agota su esencia en la pura estructura formal.     

Definición estetica

La riqueza de contenidos estéticos es una de las realidades que definen y demuestran la movilidad cultural de la música de este momento. La España del momento está dividida desde el punto de vista musical en estéticas vivas y estéticas muertas, en las que la música se seguía expresando en códigos sin ninguna valía creadora. Contra estas estéticas, nacionalismo retrogrado y neorromanticismo, surgirá la generación del 27. Si tuviéramos que citar los movimientos estéticos que conviven en estos momentos la lista seria muy larga: neorromanticismo, nacionalismo decadente y nacionalismo vanguardista, impresionismo, neoclasicismo y apariciones fugaces de tendencias vanguardistas en la línea del atonalismo y dodecafonismo. Dentro de todas estas variantes, hay una constante, la llamada a la necesidad de cierto nacionalismo, que variara según el uso de la estética a que se le someta, o la intensidad con que se use.