Generación del 27

Literatura española siglo XX. Poesía y lírica. Estilo generacional. Autores. Salinas. Alonso. Prados. Alberti. Lorca. Diego. Altolaguirre. Cernuda

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ANTOLOGÍA DE LA “GENERACIÓN DEL 27”

AUTORES

La lectura a la que se debe esta tarea, Antología de la “Generación del 27”, es, como su título indica, una síntesis de la obra poética de los principales autores de dicha generación. Comprende, por lo tanto, una selección de poemas de: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Emilio Prados, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Rafael Alberti y Manuel Altolaguirre.

PEDRO SALINAS

Es el más veterano de todos los autores de la generación. Nació en Madrid en 1892 y murió en Boston en 1951.

Estudió en Madrid filosofía y letras y fue lector de español en la Sorbona (1914-17) y en Cambridge (1922-23). Ocupó en Sevilla la cátedra de literatura (1918-23) y pasó luego a las universidades de Murcia y Madrid. Al estallar la Guerra Civil se trasladó a los Estados Unidos y fue profesor de español en el Wellesley College (1936) y la Universidad John Hopkins de Baltimore (1939), de donde pasó a la Universidad de Puerto Rico (1942-45).

Su primer libro de poemas fue “Presagios” (1923), y en él se nota ya la predilección del poeta por el verso de medida variable, casi siempre sin rima. El tema único de casi toda su obra lírica es el amor, un amor en el que la mujer aparece tocada de todas las referencias a su existencia material y evocados aquellos objetos de su entorno que justifican la propia existencia del ser amado a través de lo cotidiano que la rodea.

Después de su primer libro fueron apareciendo: “Seguro azar” (1929), “Fábula y signo” (1931), “La voz a ti debida” (1934), “Razón de amor” (1936), “Error de cálculo” (1938) y “Todo más claro” (1949). Escribió también narraciones: “Víspera del gozo” (1926), “La bomba increíble” (1950) y “El desnudo impecable y otras narraciones” (1951); piezas escénicas: “La fuente del arcángel” (1951) y “La cabeza de Medusa” (1952); y ensayos críticos: “Reality and the Poet in Spanish Poetry” (1940), “Jorge Manrique o Tradición y originalidad” (1947), “El defensor” (1948) y “La poesía de Rubén Darío” (1948).

JORGE GUILLÉN

Nació en Valladolid en 1893 y murió en Málaga en 1984.

Lector de español en la Sorbona (1917-23) y en Oxford, ejerció la docencia en las universidades de Murcia, Sevilla y Madrid, y en el Wellesley College (Massachussets.) donde se estableció después de la Guerra Civil.

Presenta una obra poética de extraordinaria unidad, en torno a la experiencia de la subida del espíritu desde las impresiones cotidianas hasta la intuición de la profunda unidad de todo lo existente, y aun del mismo Ser, en su sentido más abstracto y universal. Este leitmotiv, a través de variadas versiones y formas, centra toda su primera época lírica, recogida en las ediciones, progresivamente aumentadas, de su libro “Cántico”, en 1928 y 1936. Pero en la edición posterior y definitiva de este libro, ya con el subtítulo de “Fe de vida”, y en sus posteriores producciones, que se han de reunir bajo el título de “Clamor”, se hace presente la antítesis de aquella primera experiencia, que parecía un feliz éxtasis de contemplación: ahora aparece el dolor, la fugacidad de las personas y cosas amadas, la limitación de la vida. Y es interesante advertir cómo el lenguaje que el poeta había elaborado con perfección y nitidez, como un sistema de signos matemáticos, para expresar aquella primera visión del Ser redondo, perfecto y verdadero, luego quiere plegarse a un nuevo sentir contrapuesto; quizá la misma violencia de este viraje dado a su voz permite a Jorge Guillén expresar mejor la honda angustia que ha sucedido a su inicial actitud de dicha en la observación de la plenitud del «mundo en mediodía».

En 1967 publicó su tercera serie de poemas, “Homenaje”, y en 1973, “Y otros poemas”. En 1976 le fue otorgado el premio Miguel de Cervantes, el primero que se concedió, y un año más tarde, el Gran Premio de la Academia dei Lincei, de Italia. Retirado en el clima benigno de la costa mediterránea andaluza, el gran poeta castellano conservó hasta sus días finales la misma lúcida alegría de vivir que se respira en su poesía. Su última obra es “Final” (1982), el quinto volumen de sus obras completas.

GERARDO DIEGO

Nació en Santander en 1896 y murió en Madrid en 1987.

Estudió filosofía y letras en las universidades de Deusto, Salamanca y Madrid y desde 1920 hasta 1966, fecha en que se jubiló, ejerció la docencia como catedrático de literatura en los institutos de Soria, Gijón, Santander y Madrid.

El romancero de la novia” (1918) es su primera entrega poética, con una expresión formal sencilla que aparecerá intermitentemente en el resto de su obra. En “Imagen” (1922) ensaya con acierto el creacionismo que animara el chileno Vicente Huidobro, y en los libros que le siguen inmediatamente, “Soria” (1923), “Manual de espumas” (1924), “Versos humanos” (1925), “Fábula de equis y zeda” (1932) y “Poemas adrede” (1932), seguirá apareciendo la facilidad de adaptación del poeta a las medidas rítmicas más arbitrarias, a los temas más diversos, todo ello presidido por la sonora musicalidad de los versos, a la que no es ajena su condición de pianista. Esa gracia lúdica que circula a través de muchos de sus poemas, su libérrima retórica e incluso su deleitosa huida del universo real de los objetos y los acontecimientos, se repiten otras veces disciplinadas a la preceptiva clásica en sonetos perfectos, como ocurre en su libro “Alondra de verdad” (1941), o en otras formas tradicionales que el poeta dominó magistralmente.

No en balde fue un admirador sin reservas de Góngora, a quien rindiera público homenaje desde las páginas de la revista Carmen por él fundada. En una constante de madurez y de búsqueda, publicó en una etapa posterior: “Mi Santander, mi cuna, mi palabra” (1962), “Canciones a Violante” (1962), “Nocturnos de Chopin” (1962), “La suerte o la muerte” (1963), “El jándalo” (1964), “Poesía amorosa” (1965), “El Cordobés dilucidado” y “Vuelta del peregrino” (1967), “Cementerio civil” (1972), “Palma de mano abierta” (1973) y “Poesía de creación” (1974). Como antólogo, publicó: “Antología poética en honor de Góngora” (1927) y “Poesía española 1915-31” (1932). En 1925 obtuvo el premio Nacional de Literatura junto con Rafael Alberti y en 1979, con Borges, el Miguel de Cervantes. En 1947 había ingresado en la Academia Española. Dos años después de su muerte apareció Poesía con su obra completa.

EMILIO PRADOS

Nació en Málaga en 1899 y murió en México en 1962.

Fundador de la revista “Litoral” junto a Manuel Altolaguirre. Estudió filosofía en Alemania, donde conoció a Husserl y Heidegger y se interesa por los poetas románticos alemanes. Conoce a Picasso en un viaje a Paris y se interesa por el surrealismo. Se adhirió a la causa republicana durante la Guerra Civil, y al término de ésta se exilió en México.

Su poesía, expresada dentro de los esquemas del canto popular andaluz, tiene una imagen clara y esencial. Así aparece en su primera obra: “Tiempo” (1925), “Canciones del farero” (1926), “Vuelta” (1927), “Llanto en la sangre” (1937), “Cancionero menor para los combatientes” (1938), ; y la que produjo en su etapa mexicana: “Mínima muerte” (1939), “Memoria del olvido” (1940), “Jardín cerrado” (1946) y “Dormido en la yerba” (1953). En estos últimos libros es visible su preocupación por la muerte, la soledad y la ausencia, y están teñidos de su angustiosa nostalgia de España.

VICENTE ALEIXANDRE

Nació en Sevilla el 26 de abril de 1898 y murió en Madrid el 14 de diciembre de 1984. Estudió derecho e intendencia mercantil.

Su primer libro impreso, “Ámbito”, fue publicado en 1928. Hay una gran diferencia entre ese contenido “Ámbito” y los libros posteriores, ya en completo desacuerdo con la primera parte de la «Generación del 27». Aleixandre da al público, ahora, los gritos y las visiones desmesuradas de su segundo libro publicado, “Espadas como labios” (1932). Inútil buscar en él historia o encadenación racional; es una poesía que no tiene -literalmente- «sentido común», su sentido es exclusivamente poético. Es evidente que en “Espadas como labios” ha penetrado profundamente el surrealismo, que se da también en otros compañeros de generación (Alberti, Lorca, Cernuda), cuando ésta llega a lo que se puede llamar su segunda etapa.

Pero es necesario tener en cuenta que hay un libro de Aleixandre escrito mucho antes que “Espadas como labios”, aunque aparecido unos años más tarde (en 1935). Es el que lleva por título “Pasión de la Tierra”, de poemas en prosa.

La destrucción o el amor” obtuvo el premio Nacional de Literatura en 1933 (fue impreso en 1935). En este libro el mundo es un abrasado estío, en el que predominan los colores enterizos, la vegetación salvaje, las fieras. El verso libre de Aleixandre llega aquí a una extraordinaria belleza de palabra y de representación, que existirá también, pero aplacada hacia la delicia, en “Sombra del Paraíso” (libro escrito antes de la guerra española, pero sólo publicado en 1944). El poeta escribe desde su cansancio, como perdido miembro de la difusa humanidad; y ante él se abre un instante la pura visión de la limpidez anterior a toda tristeza, de lo eternamente impoluto. El paraíso entrevisto brilla un momento, y se niega. Pero esas vislumbres han bastado para condensar en esas páginas una clara belleza inmarchitable, la mañana virginal de la Creación.

Llega ahora una época en que se produce el aislamiento casi completo de Aleixandre, de la estética y la técnica superrealista. Ello es evidente en “Historia del corazón” (1954); Las imágenes son ahora «posibles», están dotadas de una lógica interna, que las hace más directamente abiertas para la comprensión; y aun hay poemas o pasajes donde la visión metafórica es menos frecuente. Es también evidente un aumento de la temperatura afectiva hacia el hombre y hacia su conjunto: el pueblo. Hay también una parte del libro formada por recuerdos infantiles.

Es notable la múltiple conformación del libro “En un vasto dominio” (1962).

Los dos libros últimos de Aleixandre constituyen otra neta zona ampliamente separada de lo inmediatamente anterior, sobre todo en lo que esto se caracterizaba, salvo excepciones, por la claridad, la imagen lógica, la descripción y a veces el realismo. Estos dos últimos libros de Aleixandre son “Poemas de la consumación” (1968) y “Diálogos del conocimiento” (1974). El primero contiene una serie de poemas en general breves, cuyo tema principal es la vejez, y, considerados desde ella, la juventud, el amor, la vida, la muerte...

También escribió libros de prosa: “Encuentros”, “Nuevos encuentros”, etc.

Fue elegido académico de la Real Academia Española en 1949. Y en 1977 se le concedió el premio nobel de literatura

FEDERICO GARCÍA LORCA

Nació en Fuente-Vaqueros (Granada) el 5 de junio 1898 y murió en Víznar (Granada) en la madrugada del 19 al 20 de agosto de 1936.

Inició sus primeros estudios en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús de Granada, para continuar los de derecho y filosofía y letras en la Universidad de la misma ciudad. De ese tiempo data su gran amistad con el compositor Manuel de Falla y la publicación de su primer libro de prosa poética, “Impresiones y paisajes” (1918). En 1919 se había establecido en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde permanecería de forma casi continua hasta 1928 y donde tendría ocasión de crear lazos de amistad con artistas como Luis Buñuel y Salvador Dalí, y con escritores como José Moreno Villa y Rafael Alberti. Con “El maleficio de la mariposa” (1920) se inicia en el arte dramático con un rotundo fracaso, y, al año siguiente, publica su “Libro de poemas”, recopilación de versos juveniles que no tuvo tampoco trascendencia. En 1927 escribe el drama “Mariana Pineda”, pero es en 1928, con su “Romancero gitano”, cuando alcanza renombre nacional; el libro está concebido en una forma musical, lleno de imágenes y de ricas metáforas que los rapsodas populares hacen llegar fácilmente a su auditorio, aunque se trate de una poesía culta y refinada.

En 1929, terminada ya su farsa teatral “Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín”, marchó a los Estados Unidos y Cuba, viaje que tendría una repercusión posterior en su obra “Poeta en Nueva York”, donde traduce las imágenes de sus visiones en espléndidos versos surrealistas, y por el conocimiento directo que le diera la isla de la poesía y el folclore negros. Sucesivamente van apareciendo su «farsa violenta» “La zapatera prodigiosa” (1930), el “Poema del cante jondo” (1931), donde sus conocimientos musicales servirían de apoyo a la imagen poética, y “Retablillo de don Cristóbal”.

En 1932 el ministerio de Instrucción Pública de la República había encargado al poeta la dirección con Eduardo Ugarte de «La Barraca», un teatro universitario itinerante con el que llevarían a todos los rincones de España el mejor teatro clásico. La experiencia duró hasta 1935, pero el poeta no se había distraído mientras tanto de su labor creadora, y así fueron apareciendo “Bodas de sangre” (1933), “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” (1934), “Yerma” (1934), “Seis poemas galegos” (1935), “Doña Rosita, la soltera, o El lenguaje de las flores” (1935) y “La casa de Bernarda Alba” (1936). Aunque su poesía está toda ella impregnada de una delicadeza extrema y de una sencilla transparencia que la acerca a veces a las canciones populares o infantiles, es en su teatro, y sobre todo en sus dramas como “La casa de Bernarda Alba” o “Yerma”, donde alcanza mayor altura su genio creador, dramas que se desenvuelven en una atmósfera rural presidida por el amor, los celos, la maternidad, el honor romántico y la muerte. Al estallar la Guerra Civil fue fusilado.

DÁMASO ALONSO

Nació y murió en Madrid.

Educado en el colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, se licenció en derecho y obtuvo el doctorado en letras por la Universidad Central. Fue profesor en numerosos universidades españolas y extranjeras. Fue galardonado, entre otros, con los premios Nacional de Literatura (1927), Fastenrath de la Real Academia Española y el Miguel de Cervantes (1978).

Su fama arranca de su edición de “Las soledades” de Góngora (1927). Al gran poeta cordobés siguió dedicando numerosos trabajos, como su ya clásico libro sobre “La lengua poética de Góngora” (1935), los “Estudios y ensayos gongorinos” (1955) y su edición, anotada, con un extraordinario prólogo, del “Polifemo” (1960).

Hizo lo propio con numerosos autores más y con obras que van desde las jarchas hasta Blas de Otero, e incluso incurre en la literatura francesa.

Como poeta inicia su obra con “Poemas puros, poemillas de la ciudad” (1921), “El viento y el verso” (1925), donde, sin mucha dificultad, pueden encontrarse temas que cristalizarán más tarde en sus otros libros, mucho más densos e importantes. En 1944 aparecen “Oscura noticia” e “Hijos de la ira”. Este último libro, compuesto de poemas en versículos sobrecogedores, ha sido decisivo para el desarrollo de la poesía española en los últimos años, como reconocen numerosos críticos. Liquidó una lírica de tipo más o menos neoclásico y lanzó a los jóvenes poetas a la búsqueda de una poesía que expresase la angustia del tiempo. El poeta confesaba por otra parte no sentirse muy tentado por una lírica llena de perfección formal, sino por otra muy distinta: «Hoy es sólo el corazón del hombre lo que me interesa: expresar con mi dolor o con mi esperanza el anhelo o la angustia del eterno corazón del hombre. Llegar a él según las sazones por caminos de belleza o a zarpazos». “Hijos de la ira” es un libro sobrecogedor, preñado de angustia y de consuelo frente al mundo, escrito en un lenguaje directo y muy hiriente. Su libro “Hombre y Dios” (1955) gira alrededor de este tema, el hombre frente a Dios, en diálogo eterno. Dámaso Alonso no fue un poeta existencialista, como él lo demostró, sino un hondísimo español preocupado por trasladar a la lírica temas muy nuevos y también muy viejos dentro de la poesía española, en una forma muy actual y heridora. En 1972 se inició la publicación de sus Obras completas.

LUIS CERNUDA

Nació en Sevilla y murió en Ciudad de México.

Hizo en su ciudad natal los primeros estudios y en la Universidad, donde comenzó su carrera de leyes, tuvo como profesor al poeta Pedro Salinas. Éste le pondría en contacto con Emilio Prados y Manuel Altolaguirre y en el suplemento de la revista Litoral, que dirigían ambos, publicó su primer libro de versos, “Perfil del aire” (1927). Esta entrega poética está marcada por la influencia de Lorca, Guillén y Alberti y por una gracia expresiva típicamente meridional. De su estancia en Francia, donde ejerció por algún tiempo la docencia, son sus libros “Un río, un amor” (1929) y “Los placeres prohibidos” (1931), en los que afirma ya su acento personal inclinado al erotismo y la melancolía, en una versificación liberada de ataduras formales, quizá bajo la influencia del surrealismo galo. “Donde habite el olvido” (1933) es una obra escrita por el poeta en la época en que participara en las Misiones Pedagógicas, entidad fundada por la República.

Adherido a ésta al estallar la Guerra Civil, hubo de exiliarse, primero en Gran Bretaña, donde fue profesor universitario (Surrey, Glasgow, Cambridge, Londres), y después en Estados Unidos y México. En las obras que escribiera en su forzada expatriación -“Como quien espera el alba” (1944), “Vivir sin estar viviendo” (1949), “Con las horas contadas” (1956), “Desolación de la quimera” (1962)- están presentes la nostalgia de la patria lejana y la tristeza de la soledad, pero del verso fluye un dramatismo sereno y profundo, como liberado de la contingencia anecdótica. Son libros también notables de CernudaLas nubes” (1943), “Ocnos”, una biografía en prosa poética, y “Poemas para un cuerpo” (1957), además de sus excelentes ensayos críticos “Estudios sobre la poesía española contemporánea” (1957) y “Poesía y literatura” (1960).

RAFAEL ALBERTI

Nació en Puerto de Santa María (Cádiz).

Sus primeros libros, de cancioncillas aparentemente gozosas y despreocupadas -“Marinero en tierra” (1925, premio Nacional de Literatura), “La amante” (1926), etc.-, pronto dieron paso, a través de la pirotecnia de “Cal y canto”, al crítico estallido de “Sobre los ángeles” (1929). Después, una poesía deliberadamente agitada y mezclada, así como la entrega a la política militante, quieren aplazar la más honda problemática y producen una cierta apariencia de retorno a la superficialidad primera. Pero en versos como los de “Ora marítima” (1953) y “Entre el clavel y la espada” (1940), persiste la tensión entre un tono que quiere ser gracioso, casi deportivo y humorístico, y una inquietud que siempre cala más hondo. Entre su vasta obra cabe citar, además: “Consignas” (1933), “El poeta en la calle” (1935), “De un momento a otro” (1937), “Capital de la gloria” (1937), “Romancero de la guerra civil” (1937-38), “Coplas de Juan Panadero” (1949), “A la pintura” (1952), “Retornos de lo vivo lejano” (1952), “Baladas y canciones del Paraná” (1954), “Abierto a todas horas” (1964) y “Sonetos romanos” (1965). Para la escena ha escrito: “El hombre deshabitado” (1931), “Fermín Galán” (1931), “El adefesio” (1944), “El trébol florido” (1946), “Noche de guerra en el Museo del Prado” (1956), “Abierto a todas horas” (1979), “Fustigada luz” (1980) -una recopilación de su obra última- y “Versos sueltos de cada día” (1982). En 1983 le fue concedido el premio Cervantes de Literatura.

MANUEL ALTOLAGUIRRE

Nació en Málaga en 1905 y murió en Burgos en un accidente de tráfico acontecido en 1959.

Tras cursar estudios universitarios se dedicó a «empresas» de poesía, ayudado por su esposa, la poetisa Concha Méndez. Dirigió numerosas revistas (“Litoral”, “Ambos”, “Poesía”, “Héroe”, “Caballo Verde”), algunas de ellas decisivas para la historia del movimiento poético del año 1927. De la imprenta de Altolaguirre salieron libros de García Lorca, Alberti, Aleixandre, Prados, etc., que él mismo compuso. En 1939 pasó a La Habana, donde prosiguió su entusiástica labor publicando la colección “El Ciervo Herido”.

Como poeta, cuenta Altolaguirre con numerosos títulos: “Las islas invitadas y otros poemas” (1926), “Ejemplo” (1927), “Escarmiento”, “Vida poética”, “Lo invisible” (1930), “Soledades juntas” (1931), “La lenta libertad” (1936) y “Fin de un amor” (1949). Nacido a la vida poética bajo el signo de Juan Ramón Jiménez, Altolaguirre se distingue entre los poetas de su generación por una «calidad de acento» -como ha dicho un crítico-. Debajo de sus palabras late siempre una nostalgia romántica, que el poeta expresa en un tono menor, con imágenes extraídas de la vida cotidiana. Así consigue un efecto de cordialidad pocas veces conseguido por la poesía contemporánea. Escribió además una antología de la poesía romántica española y una biografía de Garcilaso de la Vega.

AUTOR DE LA ANTOLOGÍA

Los autores de la antología que he leído son varios, por eso hablaré del autor de la edición que se puede encontrar en la biblioteca del instituto: Vicente Gaos.

Vicente Gaos fue un poeta y crítico español, nacido en Valencia en 1919 y murió en 1980. Perteneció a una familia de artistas e intelectuales cuya influencia se tradujo siempre en sus actividades literarias como poeta, crítico, y ensayista sus Hermanos fueron el filósofo José Gaos y el poeta Alejandro. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid, y Doctorado por la Universidad Nacional de México, entre 1948 y 1956 trabajó como profesor de literatura española en los Estados Unidos. Hizo una edición anotada del Quijote ; escribió estudios literarios como “La poética de Campoamor”, “Poesía y técnica poética” y “Temas y problemas de literatura española”. Lo que verdaderamente le dio a conocer fue su poesía, con títulos como: “Arcángel de mi noche”, “Sobre la tierra”, “Luz desde el sueño” y su mejor libro “Profecía del recuerdo”, en el que abandonó todas las antiguas influencias, desde Garcilaso hasta Unamuno, y se mostró totalmente original. Más tarde escribió “Mitos para un tiempo de incrédulos”, “Concierto en mí y en vosotros”, “Un montón de sombras” y “Última Thule”. Sus Poesías completas aparecieron en 1959 y se reeditaron en 1974. Recibió los premios Adonais 1943, Ágora 1963 y en forma póstuma, el Nacional de Poesía 1980.

TEMAS

Los temas tratados por la Generación del 27 son diversos y dependen de cada autor.

PEDRO SALINAS

Pedro Salinas escribe, mediante la poesía pura, sobre temas amorosos, tal y como hace en “Pregunta más allá” y ese es considerado su tema predilecto.

También encontramos entre sus obras poemas existencialistas como “Todo más claro” , añoranzas, como “La desterrada” y críticas sociales, como “Cero” e incluso temas dedicados a objetos “Don de la materia

JORGE GUILLÉN

La poesía pura de Jorge Guillén destaca por su entusiasmo ante el mundo y la vida y su optimismo llenándose de alegorías a la luz, la primavera y al amor más positivo, tal y como representa en “Perfección” o “Mientras el aire es nuestro

A este optimismo se oponen obras como “Clamor”, en las que el existencialismo se adueña de la temática poética de este autor, tal y como se puede comprobar en poemas como “Cualquier día

GERARDO DIEGO

La obra de Gerardo Diego se sustenta del creacionismo, el surrealismo, el ultraísmo y la mayoría de las tendencias vanguardistas de la época tal y como plasma en poemas como “Rosa mística”, “Estética” o “Primavera”; Y a su vez cultiva la poesía más tradicional y clásica en versos como “Romance del Duero” y “El ciprés de Silos

DÁMASO ALONSO

La poesía de Dámaso Alonso tiene unos comienzos románticos y neopopularistas, que se observan en poemas como “Ciencia de amor” o “Cancioncilla

Más tarde su poesía se torna existencialista y crea poemas como “Insomnio

Finalmente su obra se centra en la temática de los diálogos con Dios, tal y como demuestra en “Hombre y Dios

VICENTE ALEIXANDRE

Vicente Aleixandre comienza escribiendo una poesía pesimista, creando poemas como “Unidad en ella

Posteriormente su obra se vuelve sobre temas más solidarios, como “En la plaza

Finalmente su obra alegorizará la juventud en poemas como “Adolescencia

FEDERICO GARCÍA LORCA

En la poesía de Federico García Lorca predominan temas como el amor y los temas existencialistas y ambos llegan a entremezclarse.

La temática amorosa está presente en poemas como “Alba

Los tonos existencialistas se comprueban en poemas como “Noiturnio do adoescente morto”, “Poemas de la soledad en Columbia University” o “En la muerte de Jose de Ciria y Escalante

LUIS CERNUDA

Su obra gira en torno a la incompatibilidad entre la realidad y el deseo, naciendo de esta idea poemas como “Diré cómo nacisteis”, “Donde habite el olvido”, “Que ruido tan triste” o “Aplauso humano”.

También dedica poemas a críticas sociales y temas existencialista, provenientes, principalmente del sentimiento de desterrado que siente y manifiesta en poemas como “Impresión de destierro

RAFAEL ALBERTI

La obra de Rafael Alberti está teñida de nostalgia y de críticas sociales.

La añoranza de su tierra natal gaditana marcaría su primera época, en la que se enmarcan poemas como “Un arabesco para Aitana” o “Pirata

Durante la Segunda República, la Guerra Civil y la inmediata posguerra se centra en la crítica social, escribiendo poemas como “Defensa de Madrid, defensa de Cataluña” o “Un fantasma recorre Europa

Y durante su exilio la añoranza de su tierra y su infancia llenan poemas como “Lo que dejé por ti” o “Retornos frente a los litorales españoles

EMILIO PRADOS

Emilio Prados cultiva la temática amorosa y existencialista.

Los temas amorosos están presentes en poemas como “Inscripción en la arena

Pero la obra poética de Emilio Prados se centra mayormente en temas como la preocupación por la muerte, la soledad, la ausencia y la nostalgia de España, tal y como representa en poemas como “Cantar del dormido en le yerba” o “Ciudad de la sangre

MANUEL ALTOLAGUIRRE

A Manuel Altolaguirre nunca le atrajeron demasiado las vanguardias y por esa razón su obra gira en torno a los sempiternos temas románticos y de la expresión más íntima del sentimiento, naciendo así poemas como “Playa”, “Separación” o “Fuera de mí

LA POESÍA

La poesía de la generación del 27 presenta diversos temas de los cuales se nombran ejemplos a continuación.

LA POESÍA DESHUMANIZADA

La poesía deshumanizada y pura marca la primera etapa de la generación que va hasta 1.927.

Es una poesía que se apoya en la sinceridad, en la autenticidad y en el rechazo de los excesos sentimentales. El poeta se coloca a sí mismo como ajeno a la acción del poema.

Pedro Salinas apuesta por este tipo de poesía en temas como “No quiero que te vayas” o “¿Porqué te entregas tan pronto?” y en obras como “Presagios”, su opera prima. De la que se extrae el siguiente fragmento sin titulo:

¡Cuánto rato te he mirado
sin mirarte a ti, en la imagen
exacta e inaccesible
que te traiciona en el espejo!
«Bésame», dices. Te beso,
y mientras te beso pienso
en lo fríos que serán
tus labios en el espejo.
«Toda el alma para ti»,
murmuras, pero en el pecho
siento un vacío que sólo
me lo llenará ese alma
que no me das.
El alma que se recata
con disfraz de claridades
en tu forma en el espejo.

Esta temática también la toca Jorge Guillén en poemas como “Más allá”, “Cualquier día” o “Las doce en el reloj

LA POESÍA SURREALISTA

La primera etapa deshumanizada dio paso después a una poesía rehumanizada y sobre todo surrealista, convirtiéndose esta tendencia en una de las directrices clave de la poesía de la Generación

Es Vicente Aleixandre uno de los máximos exponentes de la poesía surrealista tal y como demuestra en los poemas “El vals”, “Vida” o “Criaturas de la aurora

Uno de los primeros poetas de la generación en incurrir en el surrealismo fue Rafael Alberti, desarrollando un surrealismo vanguardista y legando grandes obras como “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos” o “Sobre los ángeles”. En poemas como “Huésped de las tinieblas” y “Buster Keaton busca por el bosque a su novia que es una verdadera vaca” encontramos los tonos surrealistas de Alberti.

La estancia en Nueva York de Federico García Lorca marca su etapa más surrealista en la que surgen poemas tan conocidos como “La aurora”, “Vuelta de paseo” o “New York. Oficina y denuncia

LA POESÍA POPULAR

Son dos los poetas que, indiscutiblemente, elaboran una poesía con tintes populares.

Uno de ellos es Rafael Alberti, que riega su obra con innumerables poemas de temática popular, especialmente marinera. “Marinero en tierra” es una obra que recoge poemas de este tipo, como, por ejemplo, “Si mi voz muriera en tierra” o el fragmento expuesto a continuación:

-Madre, vísteme a la usanza
de las tierras marineras;
el pantalón de campana,
la blusa azul ultramar
y la cinta milagrera.

-¿Adónde va, marinero,
por las calles de la tierra?

-¡Voy por las calles del mar!

También se tizna de toques populares la obra de Federico García Lorca en obras como “Romancero Gitano”. “Romance de la pena negra”, “Romance de la luna, luna”,”Canción del jinete”, “Baladilla de los tres ríos” o “San Miguel” son ejemplos de esta poesía.

LA POESÍA DESARRAIGADA

La guerra civil española (1.936-1.939) y el exilio posbélico de algunos de los escritores de la generación propició la aparición de una literatura pesimista y desarraigada

Dámaso Alonso es uno de los más influenciados por estos hechos como demuestra en sus obras “Oscura noticia” e “Hijos de la ira” y en poemas como “Mujer con alcuza”, “Dedicatoria final” o la famosísima “Insomnio

EL LENGUAJE

La “Generación del 27” también se define por unos usos determinados del lenguaje:

RENOVACIÓN LINGÜÍSTICA

Los autores de la “Generación del 27” adoptarán una serie de conductas lingüísticas que renovarán la poesía que elaboran.

Algunos de estos recursos son el lenguaje no poético (“La invasión de las siglas”-Dámaso Alonso) y la métrica y versificación libre (“Ven siempre, ven”-Vicente Aleixandre)

FIGURAS RETÓRICAS

Las figuras retóricas más utilizadas por la “Generación del 27” son la metáfora (Rafael Alberti llama “Flor bailable del aire” a la mariposa en “Un arabesco para Aitana”); las comparaciones (Vicente Aleixandre compara los dientes con marfil resguardado en “poema a una muchacha muerta”); las hipérboles (ninguna más famosa que la mítica frase de Guillén “El mundo está bien hecho”); las repeticiones (como, por ejemplo, el estribillo que Federico García Lorca compone en “Baladilla de los tres ríos”); las anáforas (como las que Dámaso Alonso inserta al final de “Dedicatoria final (las alas)” en las que repite varias veces para que no...)¸ la personificación (como la que Gerardo Diego representa en “Romance del Río Duero”)

LA MÉTRICA Y LAS ESTROFAS

Mayormente, estos autores componen versos de arte mayor, aunque también existen poemas escritos íntegramente en arte menor, como algunos de Manuel Altolaguirre y varios romances de varios autores.

La irregularidad métrica y mezcla de versos de ambos artes es la forma básica en la que se presentan los poemas de la generación, llegando a darse irregularidades muy pronunciadas, como las del poema “El vals” de Vicente Aleixandre o “Un fantasma recorre Europa” De Rafael Alberti.

De entre las estrofas clásicas, las que más abundan son los romances y los sonetos. Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego y Manuel Altolaguirre, entre otros, cuentan en su repertorio con varia obras clásicas.

Así mismo, los versos libres adquieren elevada importancia entre estos autores, como se comprueba en numerosos poemas de Vicente Aleixandre, Luis Cernuda o Rafael Alberti.

OPINIÓN

AUTORES

No tengo ningún autor favorito en especial ya que pienso que cada uno presenta unas características que lo diferencian de los demás e incluso que diferencian distintas etapas de su poesía.

La poesía de Pedro Salinas y Jorge Guillén me gusta bastante porque la encuentro sencilla de leer y de entender.

La de Pedro Salinas la encuentro sencilla porque suele estar formada por versos de mediano tamaño, que ayudan mucho más a la comprensión que unos largos o demasiado cortos. Asimismo, la mayoría de los poemas son cortos, por lo que no resulta complicado seguir la trama.

La poesía de Jorge Guillén es aún más fácil de entender ya que a las características de la poesía de Pedro Salinas se le añade la habitual separación en estrofas de los poemas, que proporciona más ayuda para entender los poemas.

En cuanto a los temas tratados por ambos autores, suelen ser bastante amenos.

La poesía de Gerardo Diego es más difícil de entender, ya que utiliza versos más largos y los poemas suelen ser más extensos. Además se le contrapone la diversidad de temática y de recursos que, a pesar de ser un aliciente para la lectura debido a la riqueza de temas que proporciona al lector, llega a dificultar la lectura si en un libro como, por ejemplo, la edición que he leído, te mezclan todos los poemas como si los hubiesen colocado de mala gana. Por eso pienso que la mezcla entre los diversos estilos de Gerardo Diego no es positiva para disfrutar plenamente de su poesía ya que lo que se forma es un completo mare mágnum que llega a hacerse incomprensible.

La poesía de Emilio Prados, aunque es sencilla de leer y parece ser sencilla de entender, me aburre un poco ya que los temas son siempre los mismos, o al menos eso me parece a mí.

Leyendo esa poesía siento que en el fondo yo no tengo la misma opinión que Emilio Prados o que tal vez veo las mismas cosas desde otro punto de vista.

La poesía de Aleixandre me estresa. Realmente me parece que no sé si estoy leyendo en verso o en prosa y que hay versos que no sé si es que se prolongan durante cuatro líneas o es que a Vicente Aleixandre le motivaba ese tipo de estructura. Estas estructuras hacer que pierda el hilo del poema y que al final no sepa qué he leído.

Además, su forma de escribir no se adapta a mi forma de leer un poema lo que hace que no sepa representar adecuadamente lo que él intenta expresar.

La poesía de Federico García Lorca me parece difícil de leer y entender, pero es una poesía que me gusta, ya que la encuentro amena y musical, sobre todo la que tiene tintes populares. Y aunque algunos temas no me gusten mucho, la verdad es que encuentro los poemas interesantes y cercanos.

Con Dámaso Alonso me pasa un poco lo mismo que con Vicente Aleixandre. Lo único que me ayuda a comprender un poco mejor a Dámaso Alonso es que en cada poema se repite hasta la saciedad, así que comprendiendo una sola vez lo que dice ya se comprende lo que sigue diciendo otras tantas veces.

La poesía de Luis Cernuda me gusta mucho, ya que la encuentro algo mística y excéntrica. Es como si Cernuda viviese en un cuento, en mundo aparte y nos contase su vida sin percatarse de que nosotros no vivimos en ese mundo. Así que veo la poesía de Cernuda como un sosiego para el alma que te permite evadirte de este mundo por unos instantes.

El que sí vive en un mundo aparte es Rafael Alberti. Realmente no sé si me gusta o no me gusta su poesía porque no entiendo absolutamente nada de lo que pretende expresar mediante ella. Mientras leo sus poemas no sé si estoy leyendo una obra de arte tan sumamente perfecta que mi mente y mi imaginación no dan para tanto como para comprenderla o es que me están tomando el pelo.

Y por último, la poesía de Manuel Altolaguirre me parece normalilla dentro de lo que cabe y no me desagrada, pero tampoco llega a resultarme muy conmovedora.

POEMAS

Es difícil decidirse por un poema en concreto de cada autor teniendo tantos entre qué elegir, y mucho más difícil decidirse por uno de entre toda la antología, pero yo pienso que el poema que más me gusta de toda la antología en uno de Jorge Guillén titulado “Resumen”:

Me moriré, lo sé, Quevedo insoportable,
No me tiendas eléctrico tu cable.

Amé, gocé, sufrí, compuse. Más no pido.
En suma: que me quiten lo vivido.

Lo que hace que prefiera este poema sobre el resto quizás sea su extrema sencillez, pero también su contenido, no tanto su tema, si no las palabras que utiliza para desarrollarlo y la forma de explicarse, que hace que me identifique notablemente con el poema.

También puede haber ayudado a esta predilección el hecho de que fuera uno de los primeros poemas que leí de la antología mientras echaba un vistazo fugaz al libro

A parte de este también me gustan otros muchos poemas:

De Pedro Salinas me gusta uno titulado “Amiga” y otro titulado “Pregunta más allá”. Ambos son poemas breves, con temas fáciles, pero que recogen mucha poesía en su sencillez.

De Jorge Guillén también me gusta mucho “Una sola vez”, también por la cantidad de sensaciones que recoge en un poema tan breve.

De Gerardo Diego me gusta mucho “Rosa mística” ya que lo encuentro muy suave y muy dulce e “Insomnio” ya que me resulta un soneto muy novedoso en cuanto a la forma de expresión que utiliza y al alejamiento del típico barroquismo de los sonetos.

De Emilio Prados me gusta “Canción” ya que es un poema muy positivo y que desborda esperanza.

De Vicente Aleixandre me ha gustado un poema que para mí es el más extraño que he visto desde los albores de mi nacimiento ya que parece que está escrito en prosa. De hecho, nunca diría que es un poema si no hubiese estado incluido en una “Antología poética”. El poema en cuestión es uno titulado “El mar no es una hoja de papel”, que a parte de su peculiar estructura, está repleto de imágenes surrealistas y figuras retóricas que los hacen bastante agradable de leer y que permiten interpretarlo por varios caminos diferentes según el significado que le des a sus palabras.

También llamó mi atención un poema titulado “Para quién escribo” por lo trivial de su tema, y otro titulado “Dos vidas” también por su innovación.

De Federico García Lorca me gustó mucho “Canción del jinete” por el misterio que desborda, así como “Gacela del amor desesperado” porque encierra mucho sentimiento en la sencillez de unos pocos versos y “Noiturnio do adoescente morto” porque el roce hace el cariño y a través de mi insistencia por querer traducir este poema ya me gusta aun sin entender completamente lo que dice.

De Dámaso Alonso me gusta mucho “La invasión de las siglas” por su comicidad ante la realidad de lo que Pedro Salinas le comentó como “Un siglo de siglas”

De Luis Cernuda me resulta difícil escoger un poema porque para mí todos tienen un toque mágico que hace que ninguno sobresalga ni ninguno se quede por debajo.

De Rafael Alberti me gusta “Buster Keaton busca por el bosque a su novia, que es una verdadera vaca” porque es como un cuento.

Y de Manuel Altolaguirre me gusta “Soneto en elogio del sentimiento místico” por el giro que da a las habituales connotaciones de los elementos del poema.