Generación del 27

Literatura Española del Siglo XX. Autores. Escritores. Luis de Góngora. Culteranismo. Grupo delimitado. Jorge Guillén. Pedro Salinas. Rafael Alberti. Federico García Lorca. Dámaso Alonso. Pepín Bello. Gerardo Diego. Luis Cernuda. Vicente Aleixandre

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GENERACIÓN DEL 27

Introducción

La generación se reúne para celebrar del tricentenario de la muerte de Góngora. En este momento se toma conciencia de lo que debe ser el poeta (Góngora es el maestro) y la poesía (reencuentro con el barroco) y, por otro lado, un rechazo de la tradición académica del historicismo del XIX y del Modernismo. El nombre que mejor cuadra a esta generación es el de generación de vanguardia, son ellos los que traen los ismos, creando un vanguardismo original mezclado con un profundo conocimiento de la tradición. Con respecto a la vanguardia, como base y telón de fondo se encuentra, por un lado, el cubismo que influyó en la técnica y el futurismoque influyó en los temas.

Los poetas de la Generación del 27 son ricos y universitarios, con la excepción de Alberti. En general, son liberales. Tienen escasa preocupación por lo religioso, con la excepción de Diego. Están algo preocupados por lo trascendente: Dámaso y Altolaguirre. Poseen un sentido de la vida lúdico y deportista y, asimismo, una gran libertad sexual. Entre ellos hay una activa presencia de la mujer. Ellos mismos son críticos de su propia literatura. Es una generación que no va contra nadie.

Entre los numerosos rasgos que identifican la trayectoria humana y artística de los componentes de la Generación del 27, sobresalen el vínculo de la amistad que los unió, la síntesis de recursos expresivos procedentes tanto de la literatura tradicional como de las vanguardias que supuso su obra, y la búsqueda de un lenguaje metafórico que alejase la literatura de la realidad cotidiana. La dedicación, casi unánime entre los miembros de la Generación del 27, a la investigación y a la enseñanza de la literatura fue el origen de numerosas conferencias, tratados y ensayos; asimismo, algunos autores escribieron teatro y narrativa, pero el género más cultivado por todos fue la lírica.

Lírica

La lírica de la generación del 27 presenta una evolución bastante homogénea ya que, en casi todos los integrantes del grupo, se distingue en una primera etapa, en la que se da prioridad a los logros estéticos, y una segunda etapa, que refleja las preocupaciones del ser humano y la defensa de causas de tipo social. En la primera etapa se mezclan rasgos procedentes de la poesía de Juan Ramón Jiménez (poesía conceptual y pura), de los vanguardismos (sobre todo el creacionismo y el ultraísmo) y de la poesía tradicional (canciones, romances, admiración por algunos poetas cultos, etc.). En la segunda etapa, de influencia surrealista, la poesía se llena de imágenes inquietantes y de gran belleza, que imitan las que se producen en el mundo de los sueños. Después de la Guerra Civil, el grupo se separa. Para los que salen de España el tema más importante es el exilio, y el de la angustia existencial para los que se quedan en el país.

Temas y formas

Universo, destino, muerte, avances técnicos, desarrollo urbano, eclosión artística.

- Ciudad: visión futurista, impregnada de optimismo. Amaron la ciudad, valoraron el confort, el cine, la publicidad y observaron el aspecto negativo de este desarrollo.

- Amor: plenitud del individuo y admiten todas las manifestaciones posibles. El choque entre esto y la realidad en que vivían provocó muchas veces dolor.

- Artes: tema de creación poética por la influencia de las vanguardias.

- Naturaleza: unas veces como entorno, otras como parte del yo poético.

Cultivaron la imagen y la imagen visionaria que relaciona los objetos por las emociones que despiertan. Combinaron la práctica de formas métricas tradicionales con la del verso libre y la consecución del ritmo por el lugar que ocupan las palabras en el poema.

Vanguardias

Marcadas por los siguientes hechos:

1909: Ramón Gómez de la Serna publicó la traducción del Manifiesto futurista. 1910, firmó la Primera proclama futurista a los españoles en la revista Prometeo. Esto dejó su huella en la elección de temas.

1918: llegó a España Vicente Huidobro, fundador del creacionismo. 1919, Primer manifiesto ultraísta en Cervantes: se anunciaba la publicación de Ultra.

1925: traducción del Manifiesto surrealista de Breton. El surrealismo impulsado por Juan Larrea fue la vanguardia de mayor influencia.

Ultraísmo y creacionismo

Parten del predominio de la lírica y el rechazo de la poesía que intenta imitar la realidad.

- Ultraísmo: Rafael Cansinos-Assens dar a conocer las últimas tendencias del arte. Supresión de elementos narrativos y sentimentales, sólo aceptables bajo el prisma de la ironía. Rompieron el discurso lógico y dieron importancia a la percepción y a la metáfora. Introdujeron innovaciones tipográficas hasta llegar al caligrama. Producción escasa, tarea teórica. Guillermo de Torre, Pedro Garfias y Jorge Luis Borges.

- Creacionismo: lo introdujo Huidobro. Eliminación de la anécdota y los sentimientos; creación de una realidad propia que emocionase al lector. El poeta era un ser con potencialidades divinas. Recursos:

- Superposición de imágenes: como el cubismo pictórico. Sin referentes reales, basadas en asociaciones fónicas o relaciones semánticas inusuales.

- Creación del ritmo: a través de la disposición tipográfica y espacial en la página. Cuidada selección y posición de las palabras.

Poesía

La poesía de la Generación del 27 presenta diversos temas de los cuales se nombran ejemplos a continuación.

La poesía deshumanizada

La poesía deshumanizada y pura marca la primera etapa de la generación que va hasta 1927.

Es una poesía que se apoya en la sinceridad, en la autenticidad y en el rechazo de los excesos sentimentales. El poeta se coloca a sí mismo como ajeno a la acción del poema.

Pedro Salinas apuesta por este tipo de poesía en temas como No quiero que te vayas o ¿Porqué te entregas tan pronto? y en obras como Presagios, su opera prima. De la que se extrae el siguiente fragmento sin titulo:

¡Cuánto rato te he mirado
sin mirarte a ti, en la imagen
exacta e inaccesible
que te traiciona en el espejo!
«Bésame», dices. Te beso,
y mientras te beso pienso
en lo fríos que serán
tus labios en el espejo.
«Toda el alma para ti»,
murmuras, pero en el pecho

siento un vacío que sólo
me lo llenará ese alma
que no me das.
El alma que se recata
con disfraz de claridades
en tu forma en el espejo.

Esta temática también la toca Jorge Guillén en poemas como Más allá, Cualquier día o Las doce en el reloj.

La poesía surrealista

La primera etapa deshumanizada dio paso después a una poesía rehumanizada y sobre todo surrealista, convirtiéndose esta tendencia en una de las directrices clave de la poesía de esta Generación.

Es Vicente Aleixandre uno de los máximos exponentes de la poesía surrealista tal y como demuestra en los poemas El vals, Vida o Criaturas de la aurora.

Uno de los primeros poetas de la generación en incurrir en el surrealismo fue Rafael Alberti, desarrollando un surrealismo vanguardista y legando grandes obras como Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos o Sobre los ángeles. En poemas como Huésped de las tinieblas y Buster Keaton busca por el bosque a su novia que es una verdadera vaca encontramos los tonos surrealistas de Alberti.

La estancia en Nueva York de Federico García Lorca marca su etapa más surrealista en la que surgen poemas tan conocidos como La aurora, Vuelta de paseo o New York. Oficina y denuncia.

La poesía popular

Son dos los poetas que, indiscutiblemente, elaboran una poesía con tintes populares.

Uno de ellos es Rafael Alberti, que riega su obra con innumerables poemas de temática popular, especialmente marinera. Marinero en tierra es una obra que recoge poemas de este tipo, como, por ejemplo, Si mi voz muriera en tierra o el fragmento expuesto a continuación:

-Madre, vísteme a la usanza
de las tierras marineras;
el pantalón de campana,
la blusa azul ultramar
y la cinta milagrera.

-¿Adónde va, marinero,
por las calles de la tierra?

-¡Voy por las calles del mar!

También se tizna de toques populares la obra de Federico García Lorca en obras como Romancero Gitano. Romance de la pena negra, Romance de la luna, luna, Canción del jinete, Baladilla de los tres ríos o San Miguel son ejemplos de esta poesía.

La poesía desarraigada

La guerra civil española (1936-1939) y el exilio posbélico de algunos de los escritores de la generación propició la aparición de una literatura pesimista y desarraigada

Dámaso Alonso es uno de los más influenciados por estos hechos como demuestra en sus obras Oscura noticia e Hijos de la ira y en poemas como Mujer con alcuza, Dedicatoria final o la famosísima Insomnio.

El Lenguaje

La Generación del 27 también se define por unos usos determinados del lenguaje:

Renovación lingüística:

Los autores de la Generación del 27 adoptarán una serie de conductas lingüísticas que renovarán la poesía que elaboran.

Algunos de estos recursos son el lenguaje no poético (La invasión de las siglas de Dámaso Alonso) y la métrica y versificación libre (Ven siempre, ven de Vicente Aleixandre).

Figuras retóricas:

Las figuras retóricas más utilizadas por la Generación del 27 son la metáfora (Rafael Alberti llama “Flor bailable del aire” a la mariposa en Un arabesco para Aitana); las comparaciones (Vicente Aleixandre compara los dientes con marfil resguardado en Poema a una muchacha muerta); las hipérboles (ninguna más famosa que la mítica frase de Guillén “El mundo está bien hecho”); las repeticiones (como, por ejemplo, el estribillo que Federico García Lorca compone en Baladilla de los tres ríos); las anáforas (como las que Dámaso Alonso inserta al final de Dedicatoria final (las alas) en las que repite varias veces para que no...)¸ la personificación (como la que Gerardo Diego representa en Romance del Río Duero)

La métrica y las estrofas:

Mayormente, estos autores componen versos de arte mayor, aunque también existen poemas escritos íntegramente en arte menor, como algunos de Manuel Altolaguirre y varios romances de varios autores.

La irregularidad métrica y mezcla de versos de ambos artes es la forma básica en la que se presentan los poemas de la Generación, llegando a darse irregularidades muy pronunciadas, como las del poema El vals de Vicente Aleixandre o Un fantasma recorre Europa de Rafael Alberti.

De entre las estrofas clásicas, las que más abundan son los romances y los sonetos. Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego y Manuel Altolaguirre, entre otros, cuentan en su repertorio con varia obras clásicas.

Así mismo, los versos libres adquieren elevada importancia entre estos autores, como se comprueba en numerosos poemas de Vicente Aleixandre, Luis Cernuda o Rafael Alberti.

Teatro

La Guerra Civil (1936-1939) interrumpió la línea de renovación teatral que, tras Ramón María del Valle-Inclán, continuaron algunos dramaturgos. Dentro de la Generación del 27, destaca, sobre todo, la figura de Federico García Lorca, aunque también escribieron obras dramáticas Pedro Salinas y Rafael Alberti. Entre los que no pertenecieron a dicha generación, pero son coetáneos de la misma, se encuentran Alejandro Casona, cuyo teatro tiene rasgos poéticos; Enrique Jardiel Poncela, que cultiva un teatro humorístico, y Max Aub, que experimentó con las vanguardias.

Rafael Alberti:

- En algunas de sus obras concibe el escenario como forma de lucha para la concienciación y divulgación de ideales. Ej. El hombre deshabitado.

- En otras obras domina el sentido poético, con una fuerte carga simbólica. Ej. La gallarda.

Miguel Hernández

- Se estrena con un auto sacramental en verso: Quién te ha visto y quién te ve y Sombra de lo que eras.

- Más tarde melodramas sociales: Los hijos de la piedra y El labrador de más aire.

Pedro Salinas

- Ya en el exilio escribió varias piezas a medio camino entre el teatro comercial y el de protesta, en las que mezcla la realidad e imaginación y el papel preponderante de los diálogos, los cuales son sus notas más destacadas.

- Sus dos obras largas Judit y el tirano y El director, se centran en dos problemas que preocupaban al poeta.

- El triunfo de la parte humana del hombre sobre sus inclinaciones inhumanas.

- La discutible posibilidad de alcanzar una existencia feliz.

Alejandro Casona

- La vocación pedagógica de su teatro está presente en su producción de los años republicanos. Ej. Retablo jovial.

- En el exilió escribió algunas obras, que se estrenaron primero fuera de España y luego en ella. Ej. La dama del alba, La barca sin pescador y Los árboles mueren de pie. En ellas hay:

- Mezcla de realidad y fantasía.

- Personajes poco individualizados.

- Un lenguaje excesivamente afectado.

- Trama del argumento: los sueños, el espacio donde los ilusos y los locos creen que sus fantasías son ciertas y del que deben enfrentarse con la realidad.

Max Aub

- Autor de una singular producción teatral que comienza antes de la guerra con una serie de obras vanguardistas y antirrealistas.

- Tras el teatro propagandístico escrito durante la Guerra Civil, comienza en el exilio una etapa de madurez, centrada en los horrores de las guerras, en las que alcanza un lenguaje dramático eficaz y original.

- Su mejor drama es San Juan.

Enrique Jardiel Poncela

- Renovación del teatro cómico, con sus obras Angelina y el honor de un brigadier y Cuatro corazones con freno y marcha atrás.

- Su influencia no se dejará sentir hasta finalizada la guerra.

El teatro de Federico García Lorca

No resulta fácil establecer la frontera entre la obra lírica y la obra dramática de este autor ya que en sus poemas se emplea a menudo el diálogo y en las piezas teatrales son frecuentes pasajes de una gran fuerza lírica. En cualquier caso, los personajes del teatro de Federico García Lorca responden a la misma concepción del mundo que el poeta muestra en su producción lírica pues luchan ante la adversidad injusta y llena de normas que coartan la libertad.

Las obras más representativas de García Lorca son:

- Bodas de sangre es la primera que Lorca estructura de forma sencilla, yendo directamente a la tragedia. Aparte de su fuerza, hay tres aciertos indiscutibles: en primer lugar, la mezcla de prosa y verso. En segundo, la recreación del tema tan querido por el autor, el del campesino y en tercer lugar, el lirismo presente en las simbolizaciones.

- Yerma es muy distinta a Bodas..., sin embargo el ambiente si empareja a las dos obras, no tiene acción alguna.

- La casa de Bernarda Alba forma trilogía con las anteriores. Hay mucho ambiente también y es una obra donde demuestra la fuerza del sexo. Sin embargo, supera a las otras dos en cuanto busca un nuevo y definitivo cambio en la dramaturgia lorquiana. Es más desnuda, más sencilla de lenguaje, con menos manierismo y menos versos. La abuela loca representa la libertad.

En el estilo dramático de Federico García Lorca hay que destacar el uso indistinto del verso y la prosa, el carácter universal y simbólico de algunos personajes, un lenguaje poético, lleno de imágenes, y la presencia de algunos elementos del teatro clásico, como el coro, o del teatro popular, como las canciones.

Autores

Pedro Salinas (1891-1951)

Pedro Salinas nace en 1892 en Madrid. Allí estudia Filosofía y Letras y Derecho y posteriormente se doctora en Letras. Su vida está dedicada a la docencia universitaria: comienza como lector de español en la Sorbona (1914-1917). En 1918 gana una cátedra en la Universidad de Sevilla y es allí donde tiene como alumno a Cernuda. Luego pasa a la Universidad de Murcia y en 1922 a Cambridge. A su regreso a España es nombrado profesor de la Escuela Central de Idiomas y funda la Universidad de Verano de Santander donde ejerce como secretario general. Exiliado a raíz de la guerra civil, fue profesor en distintas universidades americanas y en Puerto Rico. Además de poeta, fue un brillante crítico literario. Murió en Boston en 1951.

Poética

Dice Salinas, “La poesía es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino: eso es todo” en una cita que resume su concepción de la poesía como modo de acceso a las honduras de la realidad, a la esencia de cosas y experiencias vitales.

Los tres elementos básicos de su creación aparecen en otras declaraciones suyas: “Estimo en la poesía, sobre todo la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio.” Mientras los dos primeros elementos están presentes en toda gran poesía, la referencia al ingenio merece ser comentada. En Salinas el sentimiento y la inteligencia (o el ingenio) se hermanan de modo singular el ingenio (la inteligencia) le permite ahondar en los sentimientos, en lo vivido, para descubrir lo que hay más allá de las anécdotas concretas; es decir, para acercarse a lo absoluto.

Recurre a paradojas, sutiles juegos de palabras, observaciones insólitas, condensación de conceptos… como recursos para hacer que el lenguaje se pliegue ante esa empresa suya de ahondamiento en la realidad. La lengua poética de Salinas, de una gran perfección artística, se presenta con una forma aparentemente espontánea, sencilla y escueta. Así Lorca llegaría a denominar “prosías” a sus poemas. Esta sencillez era resultado de un proceso de depuración rigurosa y selectiva: prefiere los versos cortos sin rima consiguiendo el ritmo con la constancia del metro y con la repetición de palabras, estructuras sintácticas y conceptos. En todo caso se trata de una lengua y unos versos rigurosamente trabajados en los que las palabras se sitúan en el verso con meditada exactitud, cargadas de sentido y de profundas resonancias.

La poesía de Salinas alcanza singulares cualidades: ingenio, belleza… Sin embargo, lo más destacable es su autenticidad. En Salinas se da un profundo equilibrio humano en el que se hermanan la mente, la sensibilidad y el corazón. Y, por encima de todo, Salinas queda como gran poeta del amor, dentro de su grupo poético.

Obra

Presagios (1923), Seguro azar (1929) y Fábula y signo (1931) configuran un primer momento en la obra de Salinas. Los tres pueden inscribirse en una línea de poesía pura. La huella de Juan Ramón Jiménez es perceptible en muchos poemas. También hay en estos libros influencia del Futurismo y Ultraísmo en temas de la vida moderna (la máquina de escribir, el radiador de calefacción, la bombilla eléctrica, …) pero intentando ver en esas realidades inmediatas un sentido profundo, una búsqueda de lo absoluto. En este momento inicial ya aparece el diálogo creador que va a definir toda su obra: el yo lírico del poeta dialoga con el tú de las cosas.

Vienen luego sus dos obras más importantes: La voz a ti debida (1934) y Razón de amor (1936). Con ellas adquiere Salinas su talla definitiva y su condición de gran poeta del amor. Pocos le igualan en la sutileza con la que supo ahondar en el sentimiento amoroso. El tema de estos libros es el amor que trasciende los detalles cotidianos y se adentra en la esencia de su propia realidad. El amor como plenitud y sentido de la vida, que enriquece al yo del propio ser y al tú de la persona amada. Una vez más, trasciende las puras anécdotas para encontrar la quintaesencia más gozosa de las relaciones amorosas. Su visión es decididamente antirromántica: la amada no es la enemiga; el amor no es desdenes, sufrimiento, frustración. En Salinas el amor es una prodigiosa fuerza que da plenitud a la vida y confiere sentido al mundo. Es enriquecimiento del propio ser y enriquecimiento de la persona amada. Es un acontecimiento jubiloso: “¡Qué alegría vivir / sintiéndose vivido …!” El amor le hace amar la vida y decir que sí al mundo: “¡Sí, todo con exceso: / la luz, la vida, el mar!”

Sólo en el segundo libro aparece a veces un tono más grave y en ciertos poemas habla de los límites del amor o de su posible (quizá inevitable) final.

Los últimos libros de poemas fueron escritos en el exilio: El contemplado (1946), una meditación lírica ante el mar de San Juan de Puerto Rico, y Todo más claro (1949), el libro más amargo de Salinas, expresión de su propia situación personal de exiliado y del mundo conflictivo que le rodea. En 1955, después de su muerte, se publica en España Confianza. Refleja una lucha entre su fe en la vida y los signos angustiosos que ve a su alrededor. De esta última etapa, es de destacar el poema Cero, suscitado por el horror de la bomba atómica. Así incorpora Salinas a su poesía el eco de las angustias del siglo XX.

Gerardo Diego (1896-1987)

Vida

Nació en Santander y simultaneó sus estudios de bachillerato con los de piano, instrumento del que llegará a ser un consumado intérprete. A los trece años realizó sus primeros intentos poéticos. Doctor en Filosofía y Letras, en 1920 obtuvo una cátedra de instituto y publicó su primer libro de poemas, El romancero de la novia. Ganó el Premio Nacional de Literatura en 1925 por su libro Versos humanos. Comenzó a publicar las revistas Carmen y Lola, de carácter vanguardista, en 1927. En 1932 recopiló la influyente antología Poesía española contemporánea (1915-1932), e inició sus tareas como crítico musical en varios diarios. En 1939 se trasladó al instituto Beatriz Galindo de Madrid, donde permaneció hasta su jubilación, en 1966. Fue elegido, por unanimidad, miembro de la Real Academia Española en 1947. Volvió a obtener el Premio Nacional de Literatura en 1956. En 1979 se le concedió el Premio Cervantes. Murió en Madrid en 1987 y está enterrado en el cementerio de Pozuelo de Alarcón.

Obra

Su poesía, caracterizada por una fecunda variedad, suele dividirse en dos tendencias. Una que sigue los derroteros de la tradición, y otra que le hace ser un avanzado vanguardista. El propio poeta dirá: “Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela (nueva) para mi uso personal e intransferible”.

Con todo, su obra adquiere un carácter unitario superando esas diferencias formales entre poesía de “creación” y poesía de “expresión” que se funden en una aventura poética de creación en plena libertad. Y así, el impulso experimental está presente incluso en sonetos de corte tradicional donde aparece un constante deseo de renovación y de búsqueda.

Dentro de la poesía “de expresión” destacan libros como Versos humanos (1925) y Nocturnos de Chopin (1963), donde se advierte una influencia simbolista y una tendencia, presente en gran parte de su poesía a traducir las sensaciones originadas por la audición de la música. Utiliza con frecuencia el romance, lo que indica influencia del Juan Ramón Jiménez primero, considerado uno de los grandes maestros por los poetas más jóvenes. Otras obras importantes dentro de esta tendencia son Ángeles de Compostela (1940), Alondra de la verdad (1941), Canciones (1959) y Odas morales (1966), todas ellas muy logradas en el aspecto formal.

La crítica, sin embargo, considera que la mayor importancia de Gerardo Diego reside en su obra vanguardista, que inicia desde muy joven y se prolonga durante toda su vida, llegando a desarrollar al respecto una teoría en la que se desmarca de otras experiencias vanguardistas como el surrealismo o el ultraísmo, corriente en la que podría incluirse uno de sus libros iniciales como Evasión (1919). Imagen (1922) es un poemario donde el poeta se dedica a la consecución de una imagen compleja que no refleja nada, sino que es apariencia de sí misma. Manual de espumas (1924), Fábula de Equis y Zeda (1932), Poemas adrede (1932) y Limbo (1951) lo presentan como un poeta creacionista que supera al propio Vicente Huidobro, con gran sentido del juego léxico que, sin embargo, sugiere unos planteamientos inquietantes. En ellos la audacia de sus rimas no tiene parangón en la poesía en lengua española, su puntuación crea climas desconcertantes y la palabra poética termina por resultar absoluta, libre e independiente.

En 1989 apareció, en dos tomos, su Poesía completa, que él mismo había preparado antes de su muerte.

Vicente Aleixandre (1898-1984)

Nació en Sevilla, pasó la infancia en Málaga y a los trece años se trasladó a Madrid. Se licenció en Derecho y Comercio en la Universidad de Madrid, y fue profesor de Derecho Mercantil de 1920 a 1922. En 1925, contrajo la tuberculosis que le mantuvo en un sanatorio de la sierra de Guadarrama, próxima a Madrid, alejado durante varios años de la vida cultural y social. Durante esta grave enfermedad, empezó a escribir poesía. A partir de entonces se entregó por completo a la literatura.

Fue uno de los escritores e intelectuales de la Generación del 27 que en 1927 rindieron un homenaje a Luis de Góngora, ante la negativa de las autoridades académicas de celebrar el tricentenario de la muerte del gran poeta del siglo de oro español. Ha sido un escritor que ha influido sobremanera en las generaciones poéticas posteriores, por la fuerza y fervor de su obra, a pesar de que algunos poetas no se daban cuenta de ello, especialmente los sociales de la generación del 50; y es que su enfermiza salud le hizo llevar una vida alejada de mundanales ruidos, en su casa de Madrid de la calle Velintonia, que en los últimos años de su vida fue un centro de tertulias literarias a la que acudían intelectuales y poetas. El Premio Nobel, en 1977, se le concedió “por su gran obra creadora, enraizada en la tradición de la lírica española y en las modernas corrientes poéticas iluminadoras de la condición del hombre en el cosmos, y de las necesidades de la hora presente”.

Obra

Considerado el gran autor español de la poesía pura, el primer libro que publicó fue Ámbito, de 1928, donde muestra interés por la naturaleza y ofrece el conocimiento que posibilita la pasión. En los siguientes, Espadas como labios, de 1932, y Pasión de la tierra, de 1935, incorpora plenamente el surrealismo a la poesía castellana, y el poeta aparece como el que transmite los mensajes del cosmos.

En Sombra del paraíso, de 1944, la naturaleza, asunto fundamental en su poesía hasta entonces, se tiñe con tonos elegíacos al cantar el mundo que había perdido el poeta debido a la Guerra Civil española. Mundo a solas, de 1950, y Nacimiento último, de 1953, también son mucho menos herméticos y expresan un universo dolorido, aunque equilibrado.

Historia del corazón, de 1954, supuso el inicio de lo que el propio Aleixandre consideró un nuevo ciclo en el que, según sus propias palabras: “expresaba la difícil vida humana, su quehacer valiente y doloroso”. El poeta vuelve a contemplar la realidad, no desde el punto de vista del cosmos, sino del hombre histórico en su poemario de 1962, titulado En un vasto dominio. Poemas de la consumación, de 1968, exalta la juventud, a la que considera la única realidad valiosa de la existencia desde una vejez donde acecha la muerte. De un estilo elíptico y descarnado se puede caracterizar probablemente toda la obra de Aleixandre, que culmina en Diálogos del conocimiento, de 1974, y, póstumamente, En gran noche, de 1991, que incluye varios poemas inéditos. Su obra en prosa, Los encuentros, de 1958 y 1985, se ocupa de escritores españoles, desde Pío Baroja y Miguel de Unamuno a sus contemporáneos y amigos más jóvenes.

Tras su muerte, Alejandro Duque se encargó de recopilar toda su obra dispersa e inédita y preparó la edición de Nuevos poemas varios (1987) que el autor no había recogido en Obras completas de 1968. En 1998, año del centenario de su nacimiento, se realizó otra nueva edición de las Obras completas. En 2002 se publicó su Correspondencia a la Generación del 27 (1928-1984), el conjunto de cartas escritas por Aleixandre a poetas como Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre, Jorge Guillén, García Lorca o Gerardo Diego, entre otros.

Federico García Lorca (1898-1936)

Nació Fuentevaqueros, un pequeño pueblo de la vega granadina, hijo de un hacendado agrícola, y una maestra que le enseñó las primeras letras.

Desde muy pequeño manifestó un enorme interés por las canciones y juegos infantiles populares de la época, inspirados en la cultura de los sirvientes, criadas y jornaleros de su pueblo. Sobre esas primeras experiencias infantiles, García Lorca se manifestaría ya de adulto, en relación a la tristeza y melancolía de las nanas españolas, diciendo: "Son las pobres mujeres las que dan a los hijos ese pan melancólico y son ellas las que lo llevan a las casas ricas. El niño rico tiene la nana de la mujer pobre que le da al mismo tiempo, en su cándida leche silvestre, la médula del país". Lorca asimiló la rica e inagotable cultura popular y luego la pulió y elevó en un estilo depurado, al calor de las tendencias más vanguardistas del momento.

En 1914 empieza sus estudios (derecho, filosofía y letras) en la Universidad de Granada y los compagina con lecciones de guitarra y piano. Se inscribe en el centro artístico de Granada y frecuenta la tertulia “El Rinconcillo” en el Café Alameda.

Ante todo Lorca fue un artista completo, interesado por todas las facetas de la creatividad humana: poesía, teatro, música, dibujo...

Con su profesor Martín Domínguez Berrueta viaja por Baeza, Úbeda, Córdoba, Ronda y luego por toda España, descubriendo los tesoros culturales del país e interesándose por las tradiciones antiguas y las costumbres populares, que siempre combinó con las formas artísticas más modernas.

En 1917 se inicia su amistad con el compositor Manuel de Falla con quien organiza en 1922 en Granada el I Concurso de Cante Jondo. Lorca asume la responsabilidad de divulgador del concurso, para lo cual imparte conferencias divulgativas en las que pide al pueblo su participación, por “deber de ciudadanía”, e insta a que se haga un esfuerzo por rescatar el “primitivo canto andaluz” de las profundidades del descrédito al que había estado destinado. También invita a los poetas del 27 a reflexionar sobre la incompetencia cultural que había relegado el cante: "Mientras que Rusia ardía en amor a lo popular y en Francia temblaba la ola del impresionismo, en España, país casi único en tradiciones y bellezas populares, era cosa ya de baja estofa la guitarra y el cante jondo. A los gitanos debemos la creación de estos cantos, alma de nuestra alma... la construcción de estos cauces líricos por donde se escapan todos los dolores y los gestos rituarios de la raza. Y son estos cantes, señores, los que desde el último tercio del siglo pasado y lo que llevamos de este, se ha pretendido encerrar en las tabernas malolientes o en las mancebías".

En 1919 se traslada a Madrid para continuar sus estudios, y allí conoce, entre otros, al poeta Juan Ramón Jiménez y al cineasta Luis Buñuel, muy influido por el surrealismo. Si Andalucía aporta a Lorca la tradición popular, Madrid le transmite las novedades formales que llegan del extranjero.

En la capital escribe sus primeras obras literarias, el Libro de poemas (1921) y su primera obra de teatro Mariana Pineda (1925). Durante ese período, intima también con el pintor surrealista Salvador Dalí.

Obra fundamental de esta primera época (aunque publicada en 1931) es el Poema del cante jondo, cuyo núcleo central lo constituye el profundo dramatismo de la canción andaluza, sobre la que García Lorca ha proyectado su dolor de vivir.

En 1927 publica su libro Canciones en las Ediciones Litoral que dirigen sus amigos Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Estos primeros libros de poemas, aunque en contacto con el ultraísmo y la poesía pura, tienen un fuerte sabor nacional, andaluz, y una clara influencia de la lírica popular tradicional.

En 1928 crea en Granada una revista literaria, Gallo de la que publicó dos números que armarán mucho ruido en el mundo cultural. El segundo número contiene un "Manifesto anti-artístico catalán" firmado por Salvador Dalí.

Aquel año publica su Romancero gitano, un poemario cumbre de toda la literatura universal. Compuesta por 18 poemas que oscilan entre los 36 y los 124 versos, en ellos se funden los motivos populares andaluces y el simbolismo más refinado, lo narrativo con lo lírico sobre la base de los romances castellanos tradicionales.

La visión del mundo andaluz que ofrece García Lorca en esta obra está cargada de dramatismo. Lorca estiliza magistralmente los elementos populares a través de unas imágenes de brillante colorido y musicalidad, alcanza una enorme calidad poética al tratar los temas eternos de la poesía: la pasión sexual, la vida y la muerte.

Al terminar sus estudios, viaja por los Estados Unidos, donde sigue estudiando y dando conferencias en la Universidad de Columbia de Nueva York. De allí sale para Cuba, que le impresiona favorablemente. Los poemas de ese período están reunidos en el libro de poemas Poeta en Nueva York, publicado tras su muerte en 1940, donde Lorca adopta la técnica surrealista para expresar su rechazo por la civilización moderna, por las sociedades industrializadas, deshumanizadas, insolidarias y promotoras de injusticias sociales. En la gran metrópoli ve el gigantismo, la mecanización, la incomunicación, la abigarrada mezcla de pueblos. Para enfrentarse con ella, desarrolla un nuevo estilo, el surrealismo y no quiere permanecer impasible sino perfila su propio alineamiento. Poeta en Nueva York es ante todo un libro de protesta y de reivindicación social. Se trata, no obstante, de una obra hermética, en la que además el poeta se manifiesta abierta y contundentemente a favor de los oprimidos.

Al volver a España, crea con Eduardo Ugarte el teatro universitario ambulante “La Barraca” con el que montan obras del teatro clásico español. Esta fue una de las preocupaciones constantes de Lorca: acercar la cultura, y el teatro en particular, a las gentes del pueblo en las que se inspiraba. Como él mismo reconoció: "El teatro es algo muy serio... si el teatro está en decadencia, para volver a adquirir su fuerza debe volver al pueblo del que se ha apartado. Además, el teatro es cosa de poetas... sin sentido trágico no hay teatro... y el pueblo sabe mucho de eso".

Luego realiza un viaje por América del Sur, obteniendo otro triunfo clamoroso en Buenos Aires en 1933 con su estreno de Bodas de sangre. Su fama recorre ya todo el mundo y los éxitos continúan con sus otras obras teatrales, de las que Yerma será representada más de cien veces.

Intensa fuerza dramática tiene también su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías escrito en 1935, elegía compuesta en memoria de un torero muy famoso, amigo del poeta, mecenas del mundo artístico, muerto en agosto de 1934 en la plaza de Manzanares (Madrid).

El poema es una larga y sentida elegía dividida en cuatro partes, en el que de nuevo se funden los elementos populares y tradicionales con los cultos y vanguardistas.

De 1935 son, asimismo, El diván de Tamarit y los once Sonetos del amor oscuro, que completan su obra lírica.

En febrero de 1936 participa en los actos políticos a favor del Frente Popular, demostrando que su alineamiento no era sólo sobre el papel. Lorca toma partido decididamente, como reconoció abiertamente dos años antes, en una entrevista concedida al diario madrileño El Sol: "Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. En el mundo ya no luchan fuerzas humanas, sino telúricas. A mí me ponen en una balanza el resultado de esta lucha: aquí tu dolor y tu sacrificio, aquí la justicia para todos, aún con la angustia del tránsito hacia el futuro que ya se presiente pero se desconoce, y descargo el puño con fuerza en este platillo".

Los fascistas no olvidaron sus posiciones a favor de los oprimidos. El 13 de julio de 1936 García Lorca se traslada de Madrid a Granada, donde le sorprende el levantamiento militar. Allí es detenido por los fascistas el 17 de agosto, que lo asesinan cobardemente dos días después en Víznar (Granada) arrojando su cadáver en algún barranco de la Sierra Nevada.

Rafael Alberti (1902-2002)

Nació en El Puerto de Santa María (Cádiz) en 1902. Se trasladó muy pronto a Madrid donde quiso dedicarse a la pintura, afición que nunca olvidará del todo. Trabó amistad con otros miembros de la Generación y comenzó a escribir poesía. Se afilió al Partido Comunista y durante la Guerra Civil desarrolló una importante actividad cultural al servicio de la causa republicana. Estuvo exiliado en Argentina y, antes de regresar a España, en Italia.

Alberti es un autodidacta, conocedor de la literatura española, admirador de Gil Vicente, el Romancero y Cancionero, Gracilazo, Góngora, Lope, Bécquer, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Su más destacada característica es la versatilidad, la variedad de tonos y estilos que pueden apreciarse en su obra: lo popular y lo culto, lo surrealista y lo clásico, la poesía pura y la humana. Es, como Lorca, un poeta neopopularista que sintetiza magistralmente lo popular y lo culto. Toda la poesía de Alberti evidencia una gran maestría formal que se caracteriza por la capacidad verbal e imaginativa, la fluidez y musicalidad, la eficacia de las imágenes y los efectos plásticos. A lo largo de su obra hay una vuelta continua a las raíces, una búsqueda ininterrumpida de la “arboleda perdida” (Ricardo Senabre); la nostalgia, primero, de su mundo infantil perdido (El Puerto de Santa María, el mar) y de su patria, después, cuando está en el destierro.

Hasta El Exilio

Inicialmente se dedicó a la pintura. Se trasladó a Madrid con su familia, y en 1924 se le concedió el Premio Nacional de Literatura por el primer libro que publicó, Marinero en tierra. Se trata de una obra compuesta de poemas donde lo popular, en una línea próxima al Romancero de Federico García Lorca, se equilibra con una lírica refinada que universaliza el mar, convertido en mito y arquetipo. En 1926 apareció La amante, relato poético de un viaje en automóvil, al que sigue, al año siguiente, un nuevo libro de poemas, El alba del alhelí. Las tres obras se inscriben dentro de la tradición de los poetas anónimos del romancero y Garcilaso de la Vega, aunque con una sensibilidad de poeta vanguardista.

En 1929, tuvo lugar un cambio importante en su poesía, cuando publicó Cal y canto, influido por Luis de Góngora y por el ultraísmo. También de ese mismo año es Sobre los ángeles. Considerada su obra maestra, es una alegoría surrealista, en la que los ángeles representan fuerzas dentro del mundo real, y producto de una intensa crisis personal relacionada con lo que el propio poeta califica como “amor imposible” y los “celos más rabiosos”. El tono apocalíptico se prolongó en Sermones y moradas (1930).

El surrealismo lo llevó a introducir asuntos personales en el ámbito de las cuestiones históricas, lo que supuso en él una inclinación hacia el anarquismo, como demuestra su elegía Con los zapatos puestos tengo que morir, de 1930. Posteriormente se afilió al Partido Comunista de España, y publicó, hasta 1937, un conjunto de libros que el autor denominó El poeta en la calle, aparecidos conjuntamente en 1938. También de la misma época son sus obras de teatro, entre las que destaca Fermín Galán (1931). Posteriormente, y dentro de la misma línea de carácter surrealista y político, escribió El adefesio, de 1944, y, de 1956, Noche de guerra en el Museo del Prado. De 1962 es su adaptación teatral de la novela La lozana andaluza, de Francisco Delicado. En Rafael Alberti es destacable también su afición por la corrida de toros, que lo ha llevado a realizar carteles taurinos, escribir poemas notables sobre el tema, e incluso salir a los ruedos en la cuadrilla de Ignacio Sánchez Mejías.

Desde El Exilio

Con su compañera, la también escritora María Teresa León, se vio obligado a exiliarse después de la derrota de la República en la Guerra Civil española. Vivió en Argentina hasta 1962. A partir de ese año residió en Roma, donde trabó amistad con Giuseppe Ungaretti, Pier Paolo Pasolini y Vittorio Gassman. No regresó a España hasta 1977; fue elegido diputado por la provincia de Cádiz en las primeras Cortes democráticas. El poeta recogió su vida durante los años de destierro en La arboleda perdida (1959 y 1987).

Entre la poesía no política de Alberti posterior a 1939, destacan Entre el clavel y la espada, de 1941, y A la pintura, de 1948, un brillante intento de describir un arte en términos de otro. En Retornos de lo vivo lejano, de 1952, y Baladas y canciones del Paraná, libro de poemas publicado el año siguiente, incluye canciones muy cercanas a las de Marinero en tierra, que ofrecen un universo nostálgico del que no está ausente la ironía. Algo que vuelve a ocurrir en el primer libro que publicó a su regreso a Europa, Roma, peligro de caminantes, de 1968.

Al lado de estos poemarios, están los poemas más estrictamente políticos inspirados por las circunstancias, como las muy conocidas Coplas de Juan Panadero, de 1949, y La primavera de los pueblos, de 1961. Entre la producción de Alberti posterior a su regreso a España, cabe destacar el libro de carácter erótico Canciones para Altair, publicado en 1989. Ha recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Lenin de la Paz, en 1966, y el Premio Cervantes, en 1983.

"Si mi voz muriera en tierra..."

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!

LITERATURA DESDE LA POSGUERRA HASTA NUESTROS DÍAS

Introducción

El período literario que se extiende desde la Guerra Civil española (1936-1939) hasta la actualidad se suele fraccionar en décadas para facilitar la comprensión de su complejidad.

- En la década de los años cuarenta, la muerte y el exilio empobrecieron el ambiente literario de España. En esta etapa tiene mucho peso la censura y los autores, que forman dos grupos, según su afinidad o su rechazo al régimen político, optan por tratar en sus obras temas religiosos o de la vida íntima y cotidiana. En el estilo se distinguen básicamente dos tendencias: una, de respeto por las formas clásicas, y otra, más espontánea y directa.

- En la década de los cincuenta aproximadamente, los autores reflejan poco a poco en sus obras el mundo que les rodea. El realismo es considerado una forma de denuncia social y alcanza a otras manifestaciones artísticas, como el cine y la pintura.

- A partir de la década de los sesenta aparecen nuevas tendencias literarias que se alejan del realismo.

- En la década de los setenta se instaura en España un régimen político democrático y se revitalizan todas las áreas de la cultura. Se generaliza en todos los géneros literarios la aparición de vanguardismos y las lenguas peninsulares experimentan un gran impulso.

- A partir de la década de los ochenta se puede decir que algunos autores y autoras de la posguerra se han convertido ya en clásicos y que en el panorama literario coexisten varias tendencias estéticas y temáticas que, aunque todavía son difíciles de clasificar por falta de perspectiva histórica, demuestran su gran vitalidad.

Lírica

La lírica, que fue el género literario más cultivado y más innovador de la literatura castellana de las primeras décadas del siglo XX, fue tal vez el que más causó las consecuencias negativas de la Guerra Civil, ya que la muerte de algunos poetas, como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández, y el exilio de otros, como Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Luis Cernuda, etc., interrumpió su natural evolución.

No obstante, las conexiones de los poetas de la posguerra y de las décadas siguientes con los de las generaciones anteriores se establecieron poco a poco y entre los que más influyeron se podrían citar a Dámaso Alonso, componente de la Generación del 27 que permaneció en España después de la guerra y cuya obra Hijos de la ira dará paso a la poesía de temática existencial; a Miguel Hernández, considerado por algunos críticos el último representante de la Generación del 27 y de quien parte la poesía de temática social, y a Antonio Machado, perteneciente a la Generación del 98 y cuya sensibilidad para expresar el paisaje y su relación con el estado de ánimo fue ampliamente imitada.

La novela de los primeros años de posguerra

En la inmediata posguerra se hace evidente la ruptura de la natural evolución literaria. Así, la novela no puede enlazar con la narrativa social de los años 30, prohibida por el franquismo, ni parece válida la estética deshumanizada de los años 20. En ese panorama de desconcierto abundan tres tipos de narraciones, todas de estilo tradicional: ideológica, realista y humorística. Hasta los años 50 no comienzan los indicios de renovación. En la década de 1940 sólo hay casos excepcionales y aislados, como Camilo José Cela, Carmen Laforet y Miguel Delibes.

1942: La familia de Pascual Duarte de C. J. Cela

1944: Nada de Carmen Laforet (Premio Nadal)

Estas dos novelas comparten el tono sombrío y existencial, que contrasta con el triunfalismo o la actitud evasiva, general en la novela de éxito de la inmediata posguerra. A estas nuevas voces se les unen poco después otras como la de Miguel Delibes y Ana María Matute. En general, estos novelistas coinciden en reflejar el desolado mundo de la posguerra desde una perspectiva pesimista y existencial; por eso abundan en sus narraciones los personajes desorientados, tristes y frustrados.

La familia de Pascual Duarte, de Cela, provoca una polémica en torno al tremendismo. Se le acusaba de deformar la realidad al subrayar lo más desagradable. En 1942, suponía un revulsivo, pues la truculencia y la visión desolada del mundo contrastaba con una narrativa triunfalista. La novela narra un cúmulo de crímenes y de atrocidades que parecen verosímiles por el tipo de protagonista y por el ambiente. Como un nuevo pícaro, Pascual Duarte narra su biografía para que entendamos cómo ha llegado a ser un condenado a muerte.

La limitación intelectual de Pascual, el destino que parece dominar la obra y el ambiente bárbaro e injusto convierten a esta criatura en un asesino víctima.

La obra refleja un radical pesimismo, cercano al existencialismo. La publicación de una novela tan desgarrada en un momento de censura política y moral muy estricta, sólo se explica por ser Cela un excombatiente franquista y porque los sucesos se sitúan en la España de posguerra. Toda su obra refleja pesimismo ante el mundo y el ser humano (P. Baroja). Su tono es distanciado y burlón, con humor negro, desgarrado y cruel. Refleja una visión deformada del mundo.

Miguel Delibes se da a conocer con su novela La sombra de ciprés es alargada. Será en 1950 cuando vea la luz El camino y con ella el habitual estilo sobrio y sencillo con el que pretende plasmar el mundo rural castellano. No obstante, el tono crítico y de denuncia ha ido incrementándose progresivamente en sus obras, como se puede comprobar en su mejor novela Cinco horas con Mario. Otras obras importantes son Las ratas, Los santos inocentes y El príncipe destronado.

Gonzalo Torrente Ballester no alcanzó la fama hasta la década de los setenta. La variedad de temas y de registros empleados serán los rasgos más característicos de sus novelas. Sus temas favoritos son la critica de los negocios y del mundo arte en “off-side”, la confusión entre realidad y fantasía en “La saga/fuga de J. B.”.

La novela de la década de 1930 y la novela de exilio

La novela de los años 30 (como la poesía) había tendido hacia la rehumanización y el compromiso social, tras abandonar la deshumanización de los años 20. En esta línea se encuentra la literatura de Ramón J. Sender, Max Aub, Francisco Ayala, Rosa Chacel, quienes al acabar la guerra marchan al exilio por su apoyo a la República. Su obra se realiza al margen de la literatura que se hace en España y, en general, tratan con insistencia sobre el tema de la guerra

Los Novelistas Del Exilio

Los aspectos que tenían en común todos eran: la rememoración del conflicto bélico y la de la España que abandonaron, la presencia de los nuevos lugares y la reflexión sobre temas que afectan a la propia naturaleza y la existencia humana.

- Ramón José Sender es el más conocido, cuyas obras se pueden encuadrar dentro de una tendencia realista y social. El tema de España y el de la guerra.

- Rosa Chacel se caracteriza por tener unas obras con gran cuidado estético. Destacan Memorias de Leticia Valle y Barrio de Maravillas.

- Max Aub: el tema principal es el hombre, como ser social, político y moral. Sus relatos tienen un corte tradicional Las buenas intenciones y La calle de Valverde, y en ciclo narrativo sobre la Guerra Civil tiene una serie llamada Campos.

- Francisco Ayala escribe novelas de corte moralista en las que pretende reflejar los vicios

del hombre contemporáneo y criticar aspectos políticos y sociales desde una perspectiva

humorística. Destacan Muertes de perro y El fondo del vaso.

Novela en la década de los 40

La primera publicación que rompe con la tendencia triunfalista y amable que, tras la Guerra Civil, había impuesto en la narrativa el nuevo régimen político para ocultar la miseria física y moral del pueblo español es La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. La renovación estética y temática que supuso esta novela se vio confirmada con la aparición de otras más en las que, con el mismo tono pesimista, se detallan reflexiones personales acerca de la propia existencia. Entre este tipo de novelas destaca universitaria en Barcelona de posguerra, intenta orientar su vida en medio de la miseria humana y económica que la rodea.

Características

- Reflejo amargo de la vida cotidiana desde un enfoque existencial.

- Temas: por lo general son tristes (soledad, muerte, frustración, inadaptación).

- Abundan personajes marginados, desarraigados o desorientados y angustiados.

Todo ello revela el malestar del momento, un malestar que es social pero del

que no puede hablarse porque lo impide la censura.

Tremendismo y Humanismo

La Guerra Civil supuso una ruptura traumática en la vida cultural. Las nuevas condiciones políticas afectaron a la producción literaria. A la narrativa la condicionaron varios factores:

- Censura: se produjo en los temas políticos. Incluso la sufrieron

aquellos escritores a fines al Régimen.

- Autocensura: algunos autores se sometieron a ella voluntariamente

para no tener problemas con las autoridades: Cela - La Colmena.

- Prohibición de escritores: tanto escritores españoles como extranjeros

fueron prohibidos por el Régimen: Galdós, Clarín, Unamuno, Kafka, Joyce,

Zola ó Hemingway. Lo cual impedía a los jóvenes conocer a los mejores

modelos.

- Agotamiento creador: se produce el agotamiento de algunos

escritores: Baroja, Azorín. La muerte de Unamuno y Valle-Inclán. El exilio

de jóvenes valiosos, ayudó a la ruptura con la narrativa anterior a la

Guerra Civil.

Novela en la década de los 50

Se puede hablar de realismo social, en el sentido de utilizar la sociedad como tema o de utilizarlo como denuncia social. Aparece La Colmena donde se ofrece una visión despiadada de la vida madrileña, el personaje es colectivo.

Se puede señalar como iniciadoras de este tipo de novela otras dos de Delibes como son El camino y Mi idolatrado hijo Sissi. En ambas se trata la realidad española: un pueblo castellano y una familia burguesa respectivamente.

Los temas más frecuentes son: el recuerdo de la guerra, la dura vida del campo, el ambiente burgués que nos presenta una juventud desocupada, el mundo del trabajo, la vida urbana de los suburbios...

Surgen novelistas como: Carmen Martín Gaite, Aldecoa, Juan Goytisolo, Fernández Sánchez, Ana María Matute, Hortelano...

Características:

- Reflejo amargo de la vida cotidiana desde un enfoque existencial.

- Temas: por lo general son tristes (soledad, muerte, frustración, inadaptación).

- Abundan personajes marginados, desarraigados o desorientados y angustiados.

Todo ello revela el malestar del momento, un malestar que es social pero del

que no puede hablarse porque lo impide la censura.

Técnicas y estilo

En la novela social lo fundamental es el contenido pero no se deja de lado el propósito de renovación. Se pueden señalar las siguientes características:

- La estructura suele ser sencilla, de tipo lineal. Respecto al tiempo utilizan cortos espacios de tiempo (un día o menos).

- Se prefiere el personaje colectivo, así como el personaje representativo de una clase o grupo más que como individuo. No se busca caracterizar a los personajes

- Se produce la desaparición del autor, el novelista no comenta sino que se limita a recoger los datos

- Destaca la importancia del diálogo: se intenta reproducir el habla de los personajes. El lenguaje es sencillo y directo

Entre las obras más sobresalientes están El Jarama de Sánchez Ferlosio. Se trata de una

obra sobre el ocio de unos jóvenes trabajadores. Se trata de una pandilla de chicos y chicas

que deciden pasar un domingo a orillas del Jarama. Casi no hay acción, charlan, se ríen, se

aburren... excepto al final en que ocurre una desgracia. Una de las chicas muere ahogada. El

protagonista es el diálogo porque recoge el diálogo coloquial.

Estructura

Se prefiere la narración lineal, la sencillez y concisión en las descripciones. Muchas novelas concentran la acción en muy poco espacio de tiempo. El Jarama de Sánchez Ferlosio, 1956.

Prefieren el personaje colectivo y junto a este la presencia del personaje

representativo tomado como síntesis de una clase social o un grupo. Rechazan

la novela psicológica. Esto conduce a las técnicas derivadas del objetivismo y

de su modalidad conductista. La mirada del novelista suele semejarse a la de una cámara cinematográfica y los diálogos parecen grabados con un magnetófono. El novelista no comenta por lo que se ha llegado a hablar de la desaparición del autor. El diálogo ocupa un lugar preferente. El lenguaje adopta normalmente el estilo de la crónica. Poseen un concepto utilitario del arte en consonancia con la literatura comprometida: Jean Paul Sartre.

La novela en la década de los 60

A partir de 1960, el realismo comienza a dar paso a la imaginación. Los novelistas comienzan a estar influenciados por otros escritores europeos e hispanoamericanos. Esta etapa narrativa se abre con la publicación en 1962 de Tiempo de silencio de Martín Santos. En esta época se dan a conocer Juan Benet y Juan Marsé. El primer libro de Benet pasó inadvertido. Su siguiente novela Volverás a Región se trata de una novela experimental, está formada por anécdotas contadas de manera fragmentaria, no sigue un orden cronológico, casi no utiliza dialogo, tiene largos monólogos.

Juan Marsé comienza escribiendo dentro del realismo social sobre una sociedad burguesa en la que la juventud está desorientada. Así publica Ultimas tardes con Teresa donde enuncia las peripecias de un joven ladrón que simula ser militante político para enamorar a una joven burguesa. Utiliza numerosas novedades técnicas. Así en Señas de identidad utiliza monólogos interiores, diferentes puntos de vista, uso de diferentes personas narrativas, introduce informes policiales, artículos periodísticos...

Posición del autor y punto de vista

Frente al narrador omnisciente aparece la desaparición del autor. Renuncian

a la omnisciencia. Ese punto de vista puede ser único o múltiple. Único si se ven las

cosas desde un único personaje. Múltiple enfoca la historia desde diversos personajes, así esos diversos enfoques pueden dar interpretaciones distintas y hasta contradictorias de la misma realidad. Es la técnica del escepticismo (William Folkner).

Frente a la desaparición del autor, muchos autores han reclamado su derecho a intervenir, a comentar por lo que reaparece el narrador omnisciente.

El tratamiento de la anécdota.

Hay una seria tendencia que relega el argumento a un plano secundario y hasta prescinden de toda acción. En otros casos se reducen a meros soportes de tipo ambiente o idea, cuando no es pretexto para el discurso o hacer un juego de lenguaje. Cuando la anécdota adquiere cierta importancia su enfoque presenta una variedad inusitada.

Frente al realismo la novela actual da entrada a lo imaginativo, irracional, onírico... Modelo Kafka, Folkner, Vargas Llosa.

Cuando la anécdota se carga de significación simbólica se hace alegoría o parábola y aparece la novela mítica. Modelo Joyce. Se buscan anécdotas propias de géneros

considerados viejos o marginales Ej. policíaca, folletín, caballerías ó picaresca, transformados con diversos enfoques.

Tiempo de la novela

El desorden cronológico es uno de los rasgos estructurales más característicos de la novela actual, a veces tal desorden se debe a un intento de reproducir los caprichosos mecanismos de la memoria, otros pueden percibirse la influencia del montaje cinematográfico, flash-back, otras veces es caótico y de habla del laberinto o rompecabezas temporal, por tanto la ausencia de desenlace, el desarrollo discontinuo de la acción son cuestiones referentes a la estructura interna de la novela.

Personajes

Éstos pueden llegarse hasta la destrucción del personaje. El protagonista de la nueva novela, puede presentar rasgos muy peculiares. Un personaje en conflicto con su ambiente y consigo mismo deseará de encontrar su identidad. Un personaje anulado.

Los personajes de la narración

El relato en tercera persona puede corresponder al narrador omnisciente pero no es obligatorio que el autor restrinja su punto de vista a un solo personaje.

Además de prestarse especialmente al análisis de ese protagonista en crisis.

Prolifera la segunda persona narrativa en unos casos es un personaje al que el narrador se dirige. Ej. Cinco horas con Mario de Delibes o Mrs Cadwell de Cela.

En otros el narrador protagoniza el dialogo consigo mismo. En la novela actual se llegan a combinar estas varias modalidades. En una novela escrita en tercera persona puede aparecer la primera mediante los monólogos y pueden utilizarse las tres personas narrativas alternativamente.

Ej.: La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes.

Diálogos y monólogos

Disminuye el papel del dialogo a favor del estilo indirecto libre y el monólogo interior.

Con el estilo indirecto libre asistimos de forma inmediata al surgir de los pensamientos en la mente del personaje es de gran valor para reproducir soliloquios en tercera persona.

El monólogo interior consiste en reproducir en primera los pensamientos callados de un personaje tal como surgirían de su conciencia. Recoge un pensamiento total o parcialmente incontrolado. A lo que responde un lenguaje hecho de elipsis y de juegos verbales.

Este recurso es muy importante para explorar la conciencia, la subconciencia, aunque se utilizó en el S. XIX. Su desarrollo se debió a Joyce, Folkner, y en España a Cela, Delibes, Goytisolo y Luis Martín Santos.

Descripciones

Adquieren un valor en sí mismo. Las hay minuciosas, en que los objetos adquieren una importancia que se negaba a la acción o a los personajes. Otras veces es metafórica o simbólica. La realidad aparece trasmutada poéticamente o sirve para poner de relieve la problemática presentada.

Elementos discursivos

Frente al objetivismo que excluía los comentarios de tipo ideológico, las formas más complejas de novela les dan entrada desde diversos modos (diálogos, monólogos, o digresiones). Las digresiones se realizan de una parte con la reaparición de la voz del autor con lo que esta ya no se priva de comentar lo que sucede. De otra parte la novela tiende a absorber elementos de otros géneros como el ensayo, así se habla de novela ensayo o humanística. Pérez de Ayala o Luis Martín Santos.

Renovación estilística

Se tiende a borrar las fronteras entre prosa y verso. El lenguaje poético aparece constantemente en la novela, mediante secuencias poemáticas. La función poética adquiere una presencia que nunca tuvo en la prosa narrativa. Se exploran todas las posibilidades de la frase, desde muy corta hasta muy larga y compleja. Se incorporan nuevos elementos como informes, expedientes, textos periodísticos, anuncios…

Artificios tipo gráficos como ausencia de puntuación, usos de distintos tipos de letras, disposiciones especiales de párrafos y líneas.

La nueva novela y el lector

La novela de las últimas décadas muestra una extraordinaria complejidad que reserva al lector sorpresas y dificultades.

La renovación supone un nuevo concepto del lector, y exige nuevas formas de lectura.

El lector no puede limitarse a ser un receptor pasivo, ha de decirse que todo esto se corresponde con las nuevas exigencias que plantea la música, el cine, pintura…

A partir de 1960 comienzan a manifestarse signos de cansancio en el realismo dominante, nuestros autores tienen cada vez más en cuenta las aportaciones de los grandes novelistas extranjeros, y pronto causará un fuerte impacto la nueva novela hispanoamericana.

Ej.: 1967 Cien años de soledad de García Márquez.

En 1962 aparece Tiempo de silencio considerado por la crítica como la obra inaugural de la nueva etapa de nuestra narrativa.

De 1962 a 1972 se suceden aportaciones decisivas en la línea de la renovación.

Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé.

Señas de identidad de Juan Goytisolo

Volverás a Región de Juan Benet

Parábola del Naufragio de Miguel Delibes

San Camilo 1936 de Camilo José Cela

La saga y fuga de JB de Torrente Ballester

Hay autores conocidos en los 40, 50, y nuevos.

Novela desde los años setenta hasta la actualidad

Aparece un nuevo grupo de escritores, la Generación del 68, que tenía las siguientes características: se inician en la narrativa experimental pero pronto evolucionan a otras formas como el relato, además la anécdota vuelve a cobrar gran importancia. La novela se desvincula del compromiso social y político, y los problemas del hombre aparecen tratados desde su individualidad.

En 1975 se publica La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, que introduce recursos como la mezcla de materiales narrativos, el desorden cronológico, la parodia y la variedad de registros estilísticos.

Otro autor importante es Francisco Umbral, aunque en su caso resulta difícil encuadrarlo en una corriente o grupo literario, ya que sus novelas se pueden considerar narraciones en el sentido tradicional del género, y por otro lado presenta una clara voluntad esteticista y de estructuración artificiosa. Umbral tiene la capacidad de saber combinar tonos muy diversos. Algunas de sus obras son Las ninfas, Males Sagrados y Trilogía de Madrid.

Poco a poco la experimentación narrativa deja de ser el interés principal de los novelistas y la obra La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, marca el retorno a la novela tradicional. No obstante, en la actualidad el panorama narrativo español presenta una gran variedad de temáticas y de estilos: novela policíaca (Manuel Vázquez Montalbán), novela fantástica (Ana Mª Matute), novela histórica (Eduardo Mendoza), novela experimental (Juan José Millás), etc.

Asimismo, el cuento tiene numerosos representantes, desde los primeros años de la posguerra (Ignacio Aldeoca, Ana Mª Matute, Jesús Fernández Santos...) hasta la actualidad (Antonio Muñoz Molina, José Mª Merino, Álvaro Pombo...).

Teatro

Introducción

La vitalidad que había demostrado el género dramático español se vio mermada después de la Guerra Civil por la muerte de algunos autores, por el exilio de otros, por el rigor con el que el franquismo aplicó la censura y por el creciente protagonismo del cine.

Dentro del país, y debido a razones ideológicas, en los primeros años de la posguerra no todas las tendencias teatrales que habían coexistido antes de 1936 van a seguir su evolución natural ni experimentarán el mismo tratamiento por parte de los organismos oficiales. Así pues, mientras el teatro de estética vanguardista y de tono crítico parece olvidarse, se potencia el teatro tradicional o la representación de las obras clásicas del Siglo de Oro. Asimismo, se rechazan las obras de los autores que en su momento defendieron la República y, en general, se opta por un teatro de evasión pues algunos temas, como la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial o el nazismo, se eluden y sólo son tratados por autores que viven en el exilio.

A partir de la década de los cincuenta, el teatro vuelve a ofrecer al público, aunque tímidamente, la posibilidad de reflexionar sobre la realidad que le rodea y, en los sesenta, se va conquistando, gracias en muchos casos a un lenguaje alegórico, la libertad de expresión.

No obstante, no es hasta la década de los setenta cuando el teatro y sus gentes adquieren un mayor reconocimiento social y artístico. En las últimas décadas, gracias al esfuerzo de las editoriales y de algunos organismos públicos, a la profesionalización del oficio de actor, a la diversificación de estilos, a la incesante demanda de una sociedad con grandes parcelas para el ocio y, sobre todo, a la iniciativa de diversos grupos teatrales independientes, el teatro se ha revitalizado.

Paradójicamente, el cine y la televisión que, en sus primeros tiempos, perjudicaron al teatro, se han ido convirtiendo en sus aliados ya que algunos textos dramáticos se han convertido en películas y numerosas representaciones teatrales han conseguido mayor divulgación gracias a la televisión.

Teatro en la década de los cuarenta

El teatro de los primeros años de la posguerra española tomó caminos básicos, el drama ideológico y la comedia, cuyo origen se encuentra en autores que ya eran reconocidos antes de la guerra, Jacinto Benavente y Carlos Arniches, y cuya figura primordial era distraer al público de los problemas de la vida cotidiana, es decir, alejarlo de la realidad.

En el drama ideológico, concebido como un vehículo educativo, se divulgó el pensamiento conservador de aquellos años. Su autor más representativo fue José Mª Pemán.

En la comedia, destacan la alta comedia, de estilo comedido y elegante y protagonizada por las clases acomodadas, y el sainete, de estilo más espontáneo y que refleja las costumbres de las clases populares. Los autores que destacaron en la alta comedia fueron, además del propio Jacinto Benavente, Edgar Neville, López Rubio...; en el sainete, se continuaron representando con éxito las obras de autores ya consagrados antes de la guerra, como Carlos Arniches o los hermanos Álvarez Quintero. Dentro del teatro humorístico, merece una mención especial la figura de Enrique Jardiel Poncela ya que su original manera de tratar las situaciones hasta convertir en normal lo inverosímil y su particular uso del lenguaje lo convierten en un precedente del teatro del absurdo.

Teatro de la década de los cincuenta

En los años cincuenta, tanto en la comedia como en el drama, se iniciaron algunos cambios significativos que indican cierto alejamiento del teatro oficial y de las posturas frívolas y evasivas.

Por un lado, Miguel Mihura estrena Tres sombreros de copa (1952), donde emplea el humor absurdo para burlarse de una sociedad llena de convenciones y con muy pocas opciones para el ejercicio de la libertad individual. Por otro lado, en el ámbito del drama, dos estrenos inician el llamado realismo social: en 1949 Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, y en 1953 Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre. En ambas obras se abordan los problemas de la sociedad española desde una postura de compromiso.

Teatro en la década de los sesenta

En esta década quedan claramente delimitados dos modos de entender el género dramático: el comercial y el comprometido e innovador, que deriva del teatro del realismo social y que, como aquél, mantiene, a pesar de las dificultades, una postura crítica ante los problemas sociales, a la vez que busca nuevas formas de expresión.

En la primera corriente tenemos a autores como Alfonso Paso, Jaime de Armiñán o Jaime Salom; en la segunda, a Lauro Olmo, Carlos Muñiz, Martín Recuerda, Antonio Gala o Fernando Arrabal, cuya evolución se desarrolla en Francia, donde se exilia.

El teatro desde los años setenta a la actualidad

Con la llegada de la democracia desaparece la censura y se hace posible la representación de las obras de autores que habían permanecido en el exilio, como Max Aub o Rafael Alberti. Al mismo tiempo, se hace más fluido el contacto con el teatro renovador extranjero y se generaliza el empleo de una estética vanguardista que había tenido tímidos ejemplos en la década anterior y en la que destacan autores como Francisco Nieva, Romero Esteo, José Ruibal...

A medida que se avanza en la década de los ochenta, se observa en el género dramático la coexistencia de una gran variedad de estilos que abarcan desde el teatro experimental al teatro realista. Las representaciones de autores que obtuvieron su reconocimiento en décadas anteriores, como Antonio Buero Vallejo o Antonio Gala, se alternan con las de los autores nuevos, como Fernando Fernán Gómez, José Luis Alonso de Santos o José Sanchis Sinisterra. Los grupos de teatro independiente estrenan con regularidad y proliferan los festivales de teatro, cuya programación ofrece al público la posibilidad de acceder tanto al teatro clásico grecolatino (Mérida), al del Siglo de Oro (Almagro) o el teatro experimental o de vanguardia (Tárrega).

En general podría decirse que una característica común en el teatro actual es su compromiso social ya que mantiene, con variada intensidad según los casos, el tono crítico y el tratamiento de ciertos temas considerados polémicos, como la sexualidad, la política, las instituciones, la guerra...

Ensayo

El ensayo tras la guerra civil hasta 1975

Tras la Guerra Civil Española podemos destacar tres rasgos generales que marcarán el ensayo de esta época:

- Creciente especialización temática, que sitúa a sus autores a la vanguardia de sus respectivas disciplinas.

- Renovación terminológica que, en filosofía y ciencia, ensancharon las posibilidades expresivas del español.

- Nuevo y singular acercamiento entre las culturas hispana y americana por el exilio allí de la mayoría de los escritores contrarios al régimen.

El ensayismo español se pude clasificar en:

- La reflexión histórica: cuestionando la identidad de la nación española. Destacan R. Menéndez Pidal, A. Castro, C. Sánchez Albornoz...

- La escuela filosófica española: moderniza el estudio de la lengua y literatura. Pidal, Amado y Dámaso Alonso

- El ensayo científico: médicos y científicos dedicados a la reflexión histórica y literaria. Gregorio Marañón, Pedro Laín Entralgo

- El ensayo filosófico: se complemento y desarrollo de las ideas de Ortega y Gasset María Zambrano, Julián Marías...

El ensayo de la democracia

Con la llegada de la democracia y la libertad el ensayo de estas dos décadas se centra en las siguientes cuestiones:

- Recuperación de la razón y el pensamiento laico frente a la visión religiosa del mundo.

- Exaltación de la libertad frente a las nuevas y viejas formas de opresión.

- Recuperación de la cultura liberal y democrática.

- Superación del secular aislamiento intelectual de España.

- Reivindicación nacionalista por parte de comunidades como Cataluña, País Vasco o Galicia.

De los ensayistas más importantes de estas dos últimas décadas cabe destacar a Eugenio Trías, Fernando Savater, Luis Racionero, J.A. Marina, Castilla del Pino o García de Cortázar.

Poesía

La poesía en los años 40

Poesía arraigada:

Muestra una visión optimista y esperanzadora del mundo y de la vida, se escribe con un lenguaje depurado y se prefiere las formas clásicas, especialmente el soneto. Sus temas dominantes son el sentimiento religioso, el paisaje, el amor, la familia, las cosas bellas, los objetos humildes y sin importancia.

Autores:

Luis Rosales:

- Del pastor ciego que abrió sus ojos a nueva vida

Leopoldo Panero:

- Señor, el viejo tronco se desgaja

Dionisio Ridruejo:

- Cuaderno de Roma, guía de Castilla la Vieja

- Entre literatura y política

- Casi unas memorias

Rafael Morales:

- Cántico doloroso al cubo de basura

Poesía desarraigada:

Es aquélla en el que el poeta se encuentra lejos de la armonía y serenidad, y se muestra en conflicto con el mundo y la realidad social que le toco vivir. Con un lenguaje violento y a veces tremendista exponen sus angustias y sus inquietudes históricas, muestran la solidaridad con el hombre y piden de manera exasperante a Dios una respuesta a su dolor.

Autores

Victoriano Cremer

Eugenio de Nora:

- Cantos de destino

- Pueblo cautivo

- Amor prometido

Ángela Figueroa:

- Salve España

Carlos Bousaño:

- Subida al Amor

- Primavera de la muerte

- Noche del sentido

- Invasión de la realidad

La poesía en los años 50

La pesia social:

Se caracteriza por su carácter testimonial y por su intenso compromiso social y político: denunciar injusticias sociales, y analizar los problemas de España, siempre desde una óptica de solidaridad con los demás hombres, frente al intimismo y los problemas individuales.

Autores:

Blas de Otero:

- A la inmensa mayoría

- Fidelidad

Gabriel Celaya:

- España en marcha

La poesía en los años 60

Empieza a percibirse un rechazo de la poesía social y aparecen nuevas formas de poesía experimental en la que se advierte una mayor preocupación por la forma.

La poesía en los años 70

La poesía tubo un numero abrumador de creadores, nacidos después de 1950, que siguen las más diversas tendencias, aunque pueden señalarse dos características:

- Una preocupación por renovar el lenguaje poético: esteticismo, barroquismo, refinamiento y culturalismo.

- Una aversión por la poesía comprometida y de tipo social.

Autores de los años 60 y 70:

José Agustín Goytisolo:

- El retorno

- Salmos al viento

- Claridad

Jaime Gil de Biedma

- Según sentencia del tiempo

- Compañeros de viaje

- Moralidades

- Poemas póstumos

Ángel Gonzáles

- Áspero mundo

- Grado elemental

- Palabra sobre palabra

- Tratado de urbanismo

Claudio Rodríguez:

- Siempre será mi amigo

- Alto jornal

Autores

Camilo José Cela (1916-2002)

Introducción

Camilo José Cela Trulock nació en Iria Flavia, en las proximidades de Padrón (La Coruña), en 1916. Antes de la guerra empezó los estudios de Medicina, pero asistió también a clases en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid como por ejemplo las de Pedro Salinas.

Tras la guerra pasó a estudiar Derecho, pero tampoco terminó la carrera. Fue funcionario en una oficina sindical en la que, según parece, escribió su Pascual Duarte. Un largo reposo por enfermedad le permitió leer intensamente a los clásicos. Restablecido, y alentado por el éxito de su primera novela, se dedica por entero a la literatura en la que pronto alcanza un puesto singularísimo. Camilo José Cela fue fundador y director de la revista Papeles de Son Armadans y en 1957, ingresa en la RAE. Vive en Madrid y en Palma de Mallorca. Entre 1977 y 1979 fue senador por designación real. Igualmente fue coronado con numerosos premios literarios tales como: el Premio Nacional de Literatura 1984, el Premio Príncipe de Asturias 1987. En 1989, el Nobel de Literatura corona su carrera.

Producción literaria

Su producción novelística refleja un gran dominio del lenguaje y un expresionismo narrativa teñido de humor y tremendismo. Su primera novela, La familia de Pascual Duarte, escrita con crudo realismo, marca un hito importante en la novela española de posguerra. Pabellón de reposo recoge las impresiones directas del escritor durante su estancia en un sanatorio para enfermos tuberculosos. La Colmena cuya primera edición se publicó en Buenos Aires descubre el tono existencial del Madrid de la época. En Viaje a la Alcarria la mal disimulada ternura de los personajes contrasta con la visión realista del adusto paisaje. Del Miño al Bidasoa, Primer viaje andaluz, Judíos, moros y cristianos y Viaje al Pirineo de Lérida están inspiradas también en la inquietud viajera, Destacan así mismo los “apuntes carpetovetónicos” entroncados en la permanente España negra de Solana. Baroja y Valle Inclán: El gallego y su cuadrilla. Tobogán de hambrientos. El ciudadano Iscariote Reclús, Historias de España, Izas, rabizas y colipoterras, Nuevas escenas matritenses, etc.
Ha cultivado también la poesía, el teatro, (María Sabina, El carro de heno o El inventor de la guillotina), el ensayo (La Generación del 98) y la lexicografía (Diccionario secreto).

Variedad de su obra
Su producción es muy extensa. Estos son sus diversos sectores:

- Su obra poética no ha merecido gran atención. Cela inició su labor en 1936 con un libro de versos, Pisando la dudosa luz del día (no publicado hasta 1945). El Cancionero de la Alcarria es otra obra lírica.

- Ha escrito novelas cortas (Timoteo el incomprendido, Café de artistas, El molino de viento, etcétera) y cuentos recogidos en diversos volúmenes (Esas nubes que pasan, El bonito crimen del carabinero, Baraja de invenciones, etc.).

- A veces resulta difícil distinguir entre un cuento suyo y lo que él ha llamado “apunte carpetovetónico”. Es éste “algo así como un agridulce bosquejo, entre caricatura y aguafuerte [...] de un tipo o de un trozo de vida peculiares de un determinado mundo: lo que los geógrafos llaman, casi poéticamente, la España árida”. Bajo esta definición se amparan textos muy particulares; a veces, con cierta línea narrativa; otras, simple descripción; casi siempre, con una estilización cuyos antecedentes estarían en Quevedo o en Valle (y que tendría un paralelo en la pintura de un Goya o un Gutiérrez Solana). Dichos apuntes se hallan coleccionados en varios volúmenes (El gallego y su cuadrilla, Nuevo retablo de don Cristobita, etc.) eminente en tales apuntes, que se hallan coleccionados en varios volúmenes (El gallego y su cuadrilla, Nuevo retablo de don Cristobita, etc.).

- Los libros de viajes constituyen otro peculiar sector de su obra. De sus múltiples “vagabundajes” por tierras de España han surgido libros inolvidables que van de Viaje a la Alcarria (1948) a Viaje al Pirineo de Lérida (1965), pasando por Del Miño al Bidasoa y Judíos, moros y cristianos (por Ávila y Segovia) o Primer viaje andaluz. Tales obras son, en cierto modo, herederas del fervor noventayochista por paisajes y gentes (a lo que añade Cela su sensibilidad y su desparpajo personales); pero, a la vez, abrieron un camino que seguirían no pocos autores de la generación siguiente, deseosos de dar testimonios críticos de la realidad española.

- Hizo numerosos ensayos y artículos (en parte, recogidos en libros como Mesa revuelta, Cuatro figuras del 98, etc.), un libro de memorias titulado La cucaña, su muy particular dedicación lexicográfica (Diccionario secreto), etc.

Trayectoria novelística: sus comienzos

Lo primero que ha de señalarse es la sorprendente diversidad de construcción de sus novelas: cada una de ellas responde (como dijo Cela) a una distinta “técnica de novelar”. De tal manera que, si hay algo que define su trayectoria de novelista, en conjunto, sería la experimentación de formas narrativas.

De algunas de sus novelas se ha preguntado incluso la crítica hasta qué punto pueden llamarse “novelas”. Cela salió al paso de esta pregunta, diciendo en el prólogo a Mrs. Caldwell: “Novela es todo aquello que, editado en forma de libro, admite debajo del título y entre paréntesis, la palabra novela. Tras esta perogrullada, se oculta una afirmación del carácter abierto del género y de sus posibilidades de metamorfosis. Cela ha afirmado en muchas ocasiones que la novela se resiste a encerrarse en una definición. Ha reivindicado el derecho del novelista a buscar nuevas estructuras. Y ha ejercido tal derecho a lo largo de su trayectoria.

La familia de Pascual Duarte (1942), su primera novela, fue también el primer gran acontecimiento en la novelística de la posguerra. Se trata ya, en cierto modo, de un experimento violento y amargo, hecho a base de “sumar acción sobre la acción y sangre sobre la sangre”. Hubiera parecido imposible construir una novela creíble con tal cúmulo de atrocidades. Pero el novelista parece haber esta jugando a un “más difícil todavía” y ha salido vencedor de una auténtica proeza literaria: la de dar verdad a lo que, en tales proporciones, es inverosímil.

Pero hay más, la novela ilustra una concepción del hombre: criatura arrastrada por la doble presión de la herencia y del medio social. Pascual, según Marañón, es “un infeliz que casi no tiene más remedio que ser, una y otra vez, criminal”. El mismo protagonista confiesa sentirse “un hombre maldito”, condenado de antemano; sobre él pesa una especie de fatum que convierte su vida en “un osario de esperanzas muertas”. Todo ello tiene, sin duda, raíces sociales concretas, pero es más visible el pesimismo existencial del autor.

Con esta primera novela, Cela se revelaba ya como un hábil constructor del relato y un magistral prosista. El Pascual Duarte suscitó (junto a notorias indignaciones) un gran entusiasmo y dio origen al tremendismo.

Miguel Delibes (1920- )

Nacido en Valladolid en 1920, es licenciado en Derecho por la Universidad de su ciudad natal.

Ha compaginado la literatura con la docencia, como catedrático de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio de Valladolid, y el periodismo profesional.

En 1936, terminado el bachillerato, ingresó en la Escuela de Comercio al tiempo que estudiaba modelado y escultura en la Escuela de Artes y Oficios. En 1938 se enroló como marinero voluntario en el crucero “Canarias”. Finalizada la guerra, regresó a Valladolid.

A partir de 1940, estudió Derecho y Comercio y comenzó a prestar su colaboración como dibujante caricaturista en el diario El Norte de Castilla. En 1944 ingresó como redactor en el citado diario. Continuó con el dibujo de caricaturas, que firmaba con el seudónimo de MAX; asimismo realizaba críticas de cine. En 1952 fue nombrado subdirector del repetido diario y en 1958, director, cargo que ocupará hasta 1963.

Miembro de la Real Academia Española, elegido el 1 de febrero de 1973 para ocupar el sillón "e". Tomó posesión el 25 de mayo de 1975.

Ha adaptado al teatro tres de sus novelas: Cinco horas con Mario, La hoja roja y Las guerras de nuestros antepasados; y otras al cine: El camino, Mi idolatrado hijo Sissí, El príncipe destronado, Los Santos Inocentes, El disputado voto del señor Cayo, La sombra del ciprés es alargada y en 1997 Antonio Jiménez Rico llevó a las pantallas Las ratas.

La mayor parte de su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas: ruso, inglés americano, alemán, italiano, francés, sueco, checo, irlandés, japonés, israelí, etc.

Ha recibido los más importantes premios de literatura en lengua castellana, entre ellos:

- Nadal en 1948 por La sombra del ciprés es alargada.

- Fastenrath de la Real Academia en 1957 por Siestas con viento sur.

- Premio de la Crítica en 1962 por Las ratas.

- Príncipe de Asturias en 1982.

- Premio de las Letras de la Junta de Castilla y León en 1984.

- Nacional de las Letras en 1991.

- Premio de Literatura en Lengua Castellana "Miguel de Cervantes" en 1993.

- En 1999 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de narrativa por El Hereje, premio que también se le concedió en 1955 por la obra Diario de un cazador.

Investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid (1983), Complutense de Madrid (1987), El Sarre - Alemania (1990) y Alcalá de Henares (1996)

Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa. 1985.

En 1993 la Diputación Provincial de Valladolid le otorga la Medalla de Oro de la Provincia.

En 1999 se le concede la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

La característica principal de este autor es la sencillez y la claridad expresivas.

En sus obras predominan los ambientes rurales y los personajes sin recursos, cuyas actuaciones pasan desapercibidas en una sociedad que valora el triunfo, las falsa apariencias o el falso progreso. Para Delibes los ancianos y los niños representan la verdadera sabiduría y, muchas veces, pone en boca de estos personajes sus opiniones acerca de lo que no le gusta del mundo.

Miguel Delibes ha recorrido diversas etapas de la novelística española. El camino se sitúa en el realismo social; Cinco horas con Mario, en el experimentalismo, y El hereje, su última publicación, es una novela histórica. Otros títulos de este autor son Las ratas, Los santos inocentes, El príncipe destronado... Por otro lado, conviene recordar que tanto el cine como el teatro han adaptado con éxito numerosas obras de este autor, lo que demuestra su atractivo temático.

LITERATURA HISPANOAMERICANA DEL SIGLO XX

Introducción

No es posible referirse a la literatura de los países hispanoamericanos sin tener en cuenta la complejidad de su historia y de su cultura. Su enorme extensión geográfica, sus riquezas naturales, la diversidad de su pueblo y sus peculiares relaciones con Europa, África o Estados Unidos, forman parte de la temática de una producción literaria abundante y de una gran calidad, en la que el idioma castellano, a pesar de ser un factor común, presenta algunas variantes.

En el siglo XIX, con la llegada del Romanticismo, culminaron los movimientos independistas en América y los autores hispanoamericanos reflejaron en sus obras el interés por desentrañar las identidades de sus respectivos países; a partir de entonces, al mismo tiempo que buscaron la expresión de lo propio, participaron activamente de las mismas corrientes artísticas europeas (Realismo, Modernismo y vanguardias). El resultado fue la aparición de un gran número de figuras capitales que hoy ya forman parte indispensable de la literatura universal, como Rómulo Gallegos, Rubén Darío, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda...

Los géneros literarios más representados en la obra de los autores hispanoamericanos son la lírica y la narrativa. No obstante, mientras que la lírica recorrió puntualmente los diversos movimientos artísticos del siglo XX, la narrativa se mantuvo durante mucho tiempo bajo las normas del Realismo y no inició hasta la segunda mitad del siglo su renovación y su momento de esplendor.

Lírica

En los primeros años del siglo XX predominó ene el género lírico el movimiento modernista. En aquella época, en la que destacó la figura de Rubén Darío, los poetas hispanoamericanos mostraron una considerable aceptación de las normas dictadas por Europa. No obstante, cuando el Modernismo quedó agotado, apareció una lírica de expresión sencilla y temas cotidianos que atestiguaba una mayor cercanía entre la voz del poeta hispanoamericano y su propio país. A este período pertenecen Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y las primeras obras de César Vallejo y de Pablo Neruda.

A partir de los años veinte, llegaron sucesivamente a Hispanoamérica la influencia de los vanguardismos, la de Juan Ramón Jiménez y, por último, la de la Generación del 27. Esto no significó que la lírica hispanoamericana se convirtiese en una mera receptora de las tendencias europeas; al contrario, algunos de sus representantes, como Vicente Huidobro, que fundó un movimiento de vanguardia llamado creacionismo, o Pablo Neruda, César Vallejo y Octavio Paz, han influido a su vez en los autores europeos.

Finalmente, podría decirse que, al mismo tiempo que la lírica hispanoamericana ha mantenido a lo largo de todo el siglo XX una fuerte relación con la temática y la estética de origen europeo, han surgido, a partir de los años cuarenta, una serie de poetas que nos descubren la singularidad de su sociedad mestiza y de su realidad política. Así pues, lo indio, lo africano y lo hispano se mezclan en la obra de Nicolás Guillén y las reivindicaciones sociales aparecen en la poesía de Nicanor Parra.

Novela

Los argumentos de las novelas hispanoamericanas recrearon preferentemente, hasta los años cuarenta, acontecimientos que se producían en el mundo rural y que ofrecían la posibilidad de reflejar las costumbres y los tipos humanos con gran realismo. Una variante de la novela realista hispanoamericana es la que denuncia el trato injusto del indio por parte del hombre blanco.

Hacia mediados del siglo XX aparece un grupo de novelistas (Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo...) que se alejan de la manera tradicional de narrar pues emplean saltos temporales y nuevos puntos de vista. Asimismo, sus argumentos se desarrollan en ambientes predominantemente urbanos y, aunque parten de la realidad, están llenos de ingredientes mágicos. La obra de los novelistas del llamado realismo mágico prepara el terreno para que se produzca el florecimiento definitivo de la novelística hispanoamericana a partir de 1960.

La generación que protagonizó el llamado “boom de la narrativa hispanoamericana” entre los años sesenta y ochenta está formada por autores como Gabriel García Márquez, Carlos fuentes, Mario Vargas Llosa... Todos ellos poseen en común una visión crítica de la sociedad y una voluntad de continuar las innovaciones formales que había comenzado a introducir la generación anterior.

Los condicionantes socio-políticos que soportan estos países influyen notablemente en la nueva novela surgida en los últimos tiempos. La represión, la tortura, el exilio, así como la tristeza que imprime la grave crisis económica, son temas habituales de estos escritores que, sin embargo, ya no muestran la imagen de grupo literario que ofrecían anteriormente.

Es cierto que el tema central de la literatura hispanoamericana de este siglo ha sido el de la búsqueda de la propia identidad. Esta búsqueda se ha visto motivada en parte por la temible presencia de EEUU. Los hispanoamericanos, acaso con mayor intensidad que en otros continentes, han de soportar, entre otras agresiones la enorme presión idiomática del inglés, lo que se refleja en una cierta actitud defensiva, manifestada a través de los numerosos ejemplos de experimentación lingüística que aparecen en la nueva narrativa.

La paulatina desaparición de la novela comprometida, por causas anteriormente expuestas, no ha impedido que se manifieste la preocupación por las distintas realidades autóctonas. Pero ahora la narrativa se presenta menos solemne, más irreverente e iconoclasta y la problemática individual ocupa el lugar que antes detentaba lo estrictamente social. El erotismo, el humor, la soledad, la mujer… son los nuevos temas de una novelística que ha alcanzado un alto grado de madurez.

Realismo mágico

Es un género de ficción cultivado principalmente por los novelistas iberoamericanos durante la segunda mitad del siglo XX. El término fue acuñado al parecer por el novelista cubano Alejo Carpentier al formular la siguiente pregunta: ¿Qué es la historia de América Latina sino una crónica de lo maravilloso en lo real?. Lo hizo en el prólogo a su novel El reino de este mundo, publicada en 1949. Posteriormente Reid lo introdujo en el vocabulario de la crítica. El venezolano Arturo Uslar Pietri empleó exactamente el término “realismo mágico en literatura de la segunda mitad de siglo, es esencialmente ecléctico”. Funde la realidad narrativa con elementos fantásticos y fabulosos, no tanto para reconciliarlos como para exagerar su aparente discordancia. El reto que eso supone para la noción común de la realidad lleva implícito un cuestionamiento de la verdad que a su vez puede socavar de manera deliberada el texto y las palabras, y en ocasiones la autoridad de la propia novela.

Poesía

En el terreno de la poesía, numerosos autores reflejaron en su obra las corrientes que clamaban por una renovación radical del arte, tanto europeas como españolas, entre las cuales se contaba el ultraísmo, denominación que recibió un grupo de movimientos literarios de carácter experimental que se desarrollaron en España a comienzos del siglo. En ese ambiente de experimentación nació es creacionismo, que concebía el poema como una creación autónoma independientemente de la realidad cotidiana exterior. En el Caribe surgió un importante grupo de poetas, entre los que se encontraba el cubano Nicolás Guillén, que se inspiraron en los ritmos y el folclore de los pueblos negros de la zona.

La chilena Gabriela Mistral, creó una poesía especialmente interesante por su calidez y emotividad, mientras que en México en grupo de los Contemporáneos, que reunía a poetas como Jaime Torres Bodet, se centró esencialmente en la introspección y en temas como el amor, la soledad y la muerte.

Teatro

El teatro continuó su proceso de maduración en gran cantidad de ciudades latinoamericanas, en especial en México y Buenos Aires, en las que se convirtió en un importante vehículo cultural, y vivió un periodo de afianzamiento en otros países, como Chile. En México pasó por una completa renovación experimental, representada por el Teatro de Ulises y el Teatro de orientación activados por Xavier Villaurrutia y Salvador Novo y que culminaría con la obra de Usigli y continuaría con la de un nuevo grupo de dramaturgos con Emilio Carballido a la cabeza. Por otro lado, entre los más destacados autores de teatro argentinos se encuentra Conrado Nalé Roxlo.

Ensayo

Los ensayistas posteriores al modernismo han sido muy activos, han adoptado una dirección nacionalista y más universal, y han ofrecido una gran variedad de puntos de vista intelectuales. La generación del Centenario de la Independencia de 1910 tuvo representantes como José Vasconcelos, conocido por su sueño utópico de una “raza cósmica”, el erudito dominicano Pedro Henríquez Ureña, autor de Ensayos en busca de nuestra expresión y Alonso Reyes, supremo mexicano universal, humanista completo y autor de Visión de Anáhuac. Por otro lado, el ensayista colombiano Germán Arciniegas sobresale como un cualificado intérprete de la historia en El continente de siete colores y el argentino Eduardo Mallea autor de Historia de una pasión argentina, destaca entre los novelistas de este país.

Autores

Pablo Neruda (1904-1973)

Seudónimo, luego nombre legal, de Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, poeta chileno, considerado uno de los más importantes del siglo XX.

Hijo de un ferroviario, y huérfano de madre cuando solo había vivido un mes, escribía poesía desde muy joven (el seudónimo comenzó a usarlo cuando apenas tenía dieciséis años). Gabriela Mistral lo inició en el conocimiento de los novelistas rusos, que el poeta admiró toda su vida. Estudió para convertirse en profesor de francés, sin llegar a lograrlo. Su primer libro, cuyos gastos de publicación sufragó él mismo con la colaboración de amigos, fue Crepusculario (1923). Al año siguiente, su Veinte poemas de amor y una canción desesperada se convirtió en un éxito de ventas (ha superado el millón de ejemplares), y lo situó como uno de los poetas más destacados de Latinoamérica.

Entre las numerosas obras que le siguieron destacan Residencia en la Tierra (1933), que contiene poemas impregnados de trágica desesperación ante la visión de la existencia del hombre en un mundo que se destruye, y Canto general (1950), un poema épico-social en el que retrata a Latinoamérica desde sus orígenes precolombinos. La obra fue ilustrada por los famosos pintores mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

La extensa obra de Pablo Neruda atraviesa todas las etapas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Del Modernismo de sus primeros pasó a la sencillez de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. De las vanguardias recogió, sobre todo, los rasgos del surrealismo cuya obra más representativa es Residencia en la Tierra. Su preocupación por los aspectos sociales y por los acontecimientos políticos, tanto de España como de América, se observa en España en el corazón y en Canto general. En sus últimas obras predominan los temas relacionados con la vida cotidiana, de la que destaca los placeres sencillos, Odas elementales, y con el sentimiento amoroso, Cien sonetos de amor.

Como obra póstuma se publicaron, en el mismo año de su fallecimiento, sus memorias, con el nombre de Confieso que he vivido. Poeta enormemente imaginativo, Neruda fue simbolista en sus comienzos, para unirse posteriormente al surrealismo y derivar, finalmente, hacia el realismo, sustituyendo la estructura tradicional de la poesía por unas formas expresivas más asequibles. Su influencia sobre los poetas de habla hispana ha sido incalculable y su reputación internacional supera los límites de la lengua.

En reconocimiento a su valor literario, Neruda fue incorporado al cuerpo consular chileno y, entre 1927 y 1944, representó a su país en ciudades de Asia, Latinoamérica y España. De ideas políticas izquierdistas, fue miembro del Partido Comunista chileno y senador entre 1945 y 1948. En el año 1970 fue designado candidato a la presidencia de Chile por su partido y, entre 1970 y 1972, fue embajador en Francia. En 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura y el Premio Lenin de la Paz. Antes había obtenido el Premio Nacional de Literatura (1945).

Gabriel García Márquez (1928- )

Vida

Nació en Aracataca, pero muy pronto se marchó a vivir a Bogotá. Allí se inició en el periodismo, aunque también estudió derecho. Fue redactor de El Universal, un periódico de Cartagena de Indias durante 1946, de El Heraldo en Barranquilla entre 1948 y 1952, y de El Espectador en Bogotá a partir de 1952. Entre 1959 y 1961, trabajó para la agencia cubana de noticias, La Prensa, en Cuba, la Habana y Nueva York. Debido a que era de izquierdas, se enfrentó con el dictador Laureano Gómez y con su sucesor, el general Gustavo Rojas Pinilla, y tubo que pasar las décadas de 1960 y 1970 exiliado en México y España.

Como otros escritores del boom de la Literatura latinoamericana defendió la Revolución cubana, pero, a diferencia de muchos de ellos, sigue apoyando a Fidel Castro y manteniendo polémicas en la prensa y en encuentros con otros escritores sobre la actual situación cubana, especialmente en lo que respecta a los derechos humanos.

Ya premio Nobel, aceptó tomar parte en la dirección de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, junto con el cineasta argentino Fernando Birri. Ha intervenido en varios guiones cinematográficos, tanto de obras suyas como originales.

Obra

Sus primeras novelas reflejan el ambiente de violencia e intolerancia que Colombia vivía en el momento en que las escribió: La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961) y Los funerales de la Mamá Grande (1962). En estas primeras obras se percibe una evolución estilística que pasa de la prosa barroca y elaborada de La hojarasca y de algunos de los cuentos de Los funerales de la Mamá Grande al laconismo y la frase desnuda al estilo de Graham Green o de Ernest Hemingway. El coronel, es una obra dramática historia en la que ya aparecen algunos de los personajes que reaparecerán en su obra más conocida: Cien años de soledad.

Cien años de soledad (1967) narra la historia de la familia Buendía a lo largo de cien años y del pequeño lugar Macondo que acaba sepultado y destruido por las guerras y el progreso. El nombre de Macondo era el de un lugar próximo a Aracataca, y García Márquez lo convirtió en uno de los referentes geográficos literarios inolvidables, como William Faulkner había hecho con su condado de Yoknapatawpha en Mississippi.

Esta novela, escrita en dieciocho meses durante su exilio en México, muestra ya la escritura y estilo consolidado del autor y sus mundos y obsesiones. Todo parece arrancar de las leyendas y relatos fantásticos aprendidos en su infancia que le permitieron desarrollar una gran imaginación llena de imágenes obsesivas: es el mundo mágico que se le suele atribuir a este autor.

Otras obras narrativas importantes suyas son El otoño del patriarca (1975), en torno al poder y la corrupción de los políticos; Crónica de una muerte anunciada (1981), la historia de un asesinato en una pequeña ciudad latinoamericana; El amor en los tiempos del cólera (1985), una historia de amor que se desarrolla también en Latinoamérica, y El general en su laberinto (1989), una narración ficticia de los últimos días del revolucionario y hombre de estado Simón Bolívar.

También es autor de varios libros de cuentos como La increíble y triste historia de Eréndira y de su abuela la desalmada (1972) o Doce cuentos peregrinos (1992). García Márquez ha despertado admiración en numerosos países occidentales por la mezcla de realidad y fantasía que lleva a cabo incluso en sus textos periodísticos, como Noticia de un secuestro (1996), un reportaje novelado sobre el narcoterrorismo colombiano. En 1998 publicó su autobiografía.

Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982 y fue invitado por el gobierno colombiano a regresar a su país, donde ejerció de intermediario entre el gobierno y la guerrilla a comienzos de la década de los ochenta.

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