Galileo y la Iglesia

Copernicanismo. Teología. Filosofía. Ciencia. Heliocentrismo. Antropocentrismo. Geocentrismo. Dominicos. Inquisición. Bellarmino. Caja Negra

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Galileo y la iglesia I.

La prohibición del copernicanismo

Filósofos y teólogos

El ámbito académico, con su petulante ortodoxia, había ya lanzado su ofensiva contra Galileo, parecían tan solo fanáticos conservadores de poco monta.

Por el contrario la relación con los sectores más influyentes de la iglesia parecía haber comenzado auspiciosamente, dada la buena acogida que en Roma había tenido por parte de distinguidos cardenales y de los astrónomos del collegio romano.

Pero resulto que aquellos filósofos humillados por Galileo lograron comprometer a frailes prelados y teólogos, con lo cual el conflicto adquirió un sesgo más grave.

Galileo pensaba en 1611 que la antigua filosofía natural había perimido y debía ser sustituida. El informe de Clavius al cardenal Bellarmino corroboraba la exactitud de las observaciones telescópicas, aunque no la interpretación heliocéntrica que de ellas hacia Galileo. Cuando la opinión copernicana fue censurada oficialmente en 1616 se inclino por adoptar el sistema de compromiso de Tico Brahe, conciliable con el aristotelismo y la escritura.

Distinta fue la actitud de los dominicos, cuyo secular conservatismo impedía aceptar a sus miembros, en cuestiones naturales, opiniones ajenas al pensamiento de Aristóteles y santo Tomas de Aquino, se desato en Roma una polémica entre dominicos y jesuitas, con reciprocas acusaciones de herejía.

La denuncia de los Dominicos

En su escrito destinado a refutar la posibilidad del movimiento de la Tierra, redactado por delle Colombe, el autor señalaba una serie de pasajes bíblicos que a su juicio contradecían las afirmaciones de Copérnico.

La afirmación de que la Tierra se mueve, más no el sol debía por lo tanto ser considerada una opinión temeraria, por otra parte en ningún lugar de la Biblia se afirma que la luna sea una suerte de segunda Tierra, como se desprendía de la interpretación que Galileo daba a sus observaciones telescópicas.

El escrito de delle Colombe no fue considerado digno de replica por parte de Galileo.

El canónigo Paolo Gualdo, de Padua, le escribía acerca de los riesgos que podría entrañar la defensa de la opinión copernicana si se la entendía "como verdadera con una seguridad absoluta", en particular porque lo contrario "se viene pensando desde que el mundo es mundo".

En noviembre de 1612 el dominico florentino Nicolo Lorini denunciaba la incompatibilidad de la escritura con la opinión de Copérnico. Luego el ignorante fraile se atemorizo y pidió disculpas por escrito a Galileo.

El joven Tomasso Caccini lanzo una acusación publica y detallada contra el arte diabólico y herético de las matemáticas, entre cuyos cultores mencionaba explícitamente a Galileo.

Galileo contraataco y reclamo por la conducta de Caccini ante el general de la orden dominica, quien presento sus excusas haciéndose cargo de las necedades, pero intervino Lorini quien envío una copia de la carta a Castelli a un cardenal del santo oficio junto con sus denuncias, los así llamados galileistas sostenían "preposiciones que nos parecen sospechosas o temerarias", tales como afirmar que la Tierra se mueve y los cielos están quietos, en la carta se introdujeron modificaciones destinadas a comprometer a Galileo, sin embargo la falsificación fue descubierta, más por entonces la maquinaria inquisitorial había comenzado ya a funcionar.

En el mayor secreto se inicio entonces una investigación que involucro como testigo a Caccini para atestiguar contra Galileo.

La ciudad de Florencia, revelo Caccini se había convertido en un nido de galileistas que predicaban doctrinas y sostenían la inexistencia de Dios.

La carta a castelli fue leída cuidadosamente pero finalmente no se hallo motivo para inculpar a Galileo.

La controversia copernicana seguía tomando estado publico, en el propio seno de la iglesia comenzaba a perfilarse dos facciones, intransigente la una, conservadora la otra.

Cuál era el contenido de la carta a Castelli? Se trata nada menos que de una seria incursión de Galileo en las arenas movedizas de la teología de su época.

La carta a Castelli adelantaba alguna de las tesis fundamentales de Galileo en materia de relaciones entre ciencia y dogma cristiano. Señalaba que el lenguaje bíblico y el científico remiten a una misma verdad, y proceden ambos de la palabra de Dios; cuando una conclusión científica ha sido declarada fuera de toda duda, compete a los interpretes hallar el autentico sentido de las afirmaciones de los textos sagrados en aquellos casos en que estos parecen contradecirla.

Galileo sabia que la carta seria copiada y difundida y que finalmente llegaría a manos de su destinatario real, el mayor teólogo de la época, Roberto Bellarmino, así ocurrió y con esto la controversia alcanzaría su más alto nivel intelectual.

Ciencia y teología

No ha sido el propósito de los autores bíblicos abarcar todo cuanto se pueda saber a propósito de otras ciencias y por tanto ningún teólogo puede afirmar con fundamento que la verdad acerca de cuestiones naturales ha de buscarse en la Biblia y no en los libros de Arquímedes, Ptolomeo, Boecio o Galeno, los teólogos por lo tanto no deberían arrogarse autoridad en tales materias, que nunca estudiaron ni practicaron.

Luego Galileo aborda la cuestión más comprometida, vinculada a la presunta contradicción entre las afirmaciones científicas y las que provienen de la escritura.

Así como dios ha inspirado el texto bíblico que no contiene teorías físicas o astronómicas sino claves para el destino moral del hombre, también ha redactado el libro de la naturaleza, el primero esta destinado a todos los hombres, el segundo solo es accesible a través de lo que Galileo llama "las demostraciones necesarias y las experiencias sensibles" (con referencia a la metodología científica) y por lo tanto a quienes hayan desarrollado, luego de un riguroso entrenamiento, la capacidad de descifrarlo.

Ambos libros proclaman un a verdad única, pero es necesaria admitir que la escritura recurre a un lenguaje metafórico.

Para Galileo la ciencia habría de tener la ultima palabra en cuestiones naturales. Las conclusiones de la ciencia no son materia opinable, se imponen a la aceptación incondicional.

Las argumentaciones de Galileo pretenden reclamar autonomía para la ciencia ante la potestad del pensamiento teológico, pero a la vez ofrecer a cambio un marco regulatorio de dialogo entre la investigación y el dogma. Pretendía logra la libertad de investigación en términos que no perjudicaran al pensamiento teológico a medida que la ciencia se fuese desarrollando.

La reacción de los sectores de decisión eclesiástica ante ellas, en aquel momento, fue una suerte de portazo en las narices de su autor.

Galileo pensaba que las "nuevas verdades" que progresivamente harían surgir la ciencia con el tiempo podrían afectar la dignidad de la Biblia si se insistía en la interpretación literal de esta, más para bellarmino la verdad era ya conocida, no cabia por tanto incrementarla sino protegerla del error.

Dos visiones del mundo inconmensurables se hallaban en juego, en aquel momento pasaron la uno junto a la otra, majestuosamente, sin rozarse siquiera. Más ello no habría de ocurrir entre hombre e instituciones, como se pondría de evidencia de inmediato

La intervención de Bellarmino

Principal contendor de Galileo en estos años de controversia, Bellarminio concibia a la iglesia de Roma como un superestado cuya autoridad universal debía primar sobre el poder terrenal de los príncipes. Había combatido la herejía protestante y a la vez a la creciente influencia de las monarquías nacionales, era el mayor experto del mundo católico en materias de teologías cristianas alternativas surgidas de la reforma.

El realista Galileo no estaba dispuesto a discutir sobre meras hipótesis de matemático o remitirse, en cuestiones naturales a la autoridad de los textos establecidos, afirmaba que la teoría copernicana podía ser rechazada o aceptada pero que en este ultimo caso debía ser entendida como una descripción real del mundo. Más mientras dini intercedía ante Bellarmino y Galileo comenzaba a escribir la carta a la gran duquesa, el fraile carmelita Paolo Antonio Foscarini publicaba su pequeño libro lettera sopra l´opinione de i pitagorici e del Copérnico, episodio que cambiaría el curso de los acontecimientos.

Temeroso de ser censurado por sus superiores, foscarini había enviado un ejemplar a Bellarmino para su consideración e, involuntariamente, desempeño para el teólogo papal el mismo papel que Castelli había desempeñado para Galileo.

Allí donde Galileo percibe dos libros, la Biblia y el de la naturaleza Bellarmino admite solamente uno.

Seria una actitud muy peligrosa afirmar la realidad del heliocentrismo a partir de una tal prueba. Bellarmino descree que halla pruebas en el segundo sentido y ante la duda no aceptara reinterpretaciones de la Biblia a propósito del movimiento terrestre. Su admisión de que eso podría ocurrir en el futuro ante la eventual existencia de estas clases de prueba de la realidad suena a diplomacia y es cuanto menos insincera.

Pero Bellarmino exige de la ciencia un instrumentismo ajeno a la búsqueda de la verdad y a la revelación de la real estructura del mundo, tarea reservada a la filosofía escolástica y a la teología.

Puesto que Bellarmino no admite que existen pruebas acerca de la realidad del heliocentrismo también recomienda prudencia en la aplicación de nuevas reinterpretaciones del nuevo texto bíblico. Ceder en este punto tan grato a los protestantes seria sentar un peligroso antecedente y tener que proceder, a medida que se desarrollara la ciencia, a la reinterpretacion permanente de nuevas y nuevas verdades obtenidas a través de las "demostraciones necesarias y las experiencias sensibles" de la ciencia galileana. Y quizá tener que aceptar en el futuro que la metodología en ciernes, que Galileo decía reservar exclusivamente al ámbito de la mecánica o la astronomía, debiese ser admitida también en lo social, lo político, lo ético y aun lo religioso.

Que clase de pruebas hubiesen vuelto aceptable la realidad del copernicanismo para Bellarmino? Es probable que el teólogo papal pensara en pruebas absolutas, al modo filosófico de la que ninguna teoría científico ha logrado disponer jamas.

Con el tiempo la iglesia acepto las tesis hermeneuticas de Galileo sin necesidad de que la ciencia haya podido presentar pruebas en ninguno de los dos sentidos que menciona la carta de Bellarmino.

Ninguna teoría científica puede garantizar con certeza que solo ella salva los fenómenos adecuadamente y que no será reemplazada por otra más eficaz en el futuro.

Polémicas en Roma

Galileo contaba en Roma con el apoyo de importantes y cultos prelados, entre ellos dini, los cardenales del monte y Barberini, y un protegido de este, monseñor Giovanni Ciampoli. Pero Galileo era consciente a la vez de la animadversión que despertaba en oros sectores de la iglesia y el rencor unánime de los académicos universitarios.

A raíz de la publicación del libro de foscarini y la replica de Bellarmino, Galileo que iba camino de despertar la sospecha en los sectores intelectuales de la iglesia cuyo apoyo trataba de obtener, y decidió finalmente marchar a Roma, defender ahí públicamente sus razones y dejar a salvo su buen nombre.

Instalado en Roma comenzo a desplegar allí una inmensa actividad proselitista en apoyo del copernicanismo y de la nueva ciencia en general.

En una de las reuniones Galileo mostró por medio de un dispositivo experimental, que el tercer movimiento que Copérnico asignaba a la Tierra era innecesario. Este movimiento llamado declinación justificaba la invariabilidad de la dirección del eje terrestre con respectos a las estrellas fijas.

Se tiene la impresión que la defensa del copernicanismo era en cierto modo una respuesta a los placeres intelectuales de la novedad y la perversión.

La fascinación que ejercía ante auditorios masivos incapaces de asimilar su pensamiento debió actuar como un boomerang, pues con frecuencia el estado emotivo que supone el dejarse cautivar por la brillantez de un discurso o de una argumentación impide el acceso a la comprensión.

No fue para la iglesia el menor de los equívocos (y quizá su tragedia) el haber procedido ante el surgimiento de la ciencia moderna como si se tratase de una nueva forma de protestantismo.

Mientras tanto la polémica copernicana en particular debido a la actividad de agitación de Galileo ya había ganado la calle.

Era imposible detener el rumor y la murmuración originados por la filtración de la controversia dentro y fuera de la iglesia en una ciudad donde abundaban espías, intrigantes, observadores oficiales y privados.

En el seno de la iglesia arrecio el ataque de los dominicos y los jesuitas pese a sus expectativas previas no ofrecieron el apoyo esperado.

Grienberger se limito a asegurar que las pruebas a favor del copernicanismo eran convincentes. En enero de 1616 Galileo redacto sus teorías de las mareas basada en los movimientos de rotación y revolución de la tierra.

El 19 de febrero de 1616 Bellarmino convoco a once expertos en teología del santo oficio en calidad de calificadores casi todos dominicos o jesuitas y cuatro días más tarde estos se expidieron de tal modo que solo cabia esperar la prohibición oficial del copernicanismo.

La caja negra

La controversia se resolvía con la condena de las dos preposiciones siguientes, A- el sol es el centro del mundo y por tanto esta privado de movimiento propio B- la tierra no es el centro del mundo ni esta inmóvil sino que se mueve, incluso de movimiento diurno.

La primera preposición contradice lo que sostenía Galileo acerca del sol, al cual asigna un movimiento de rotación. En la segunda la afirmación de que la tierra se mueve toda de por si es muy imprecisa aunque probablemente pretenda referirse a su movimiento de revolución alrededor del sol. En opinión de los calificadores la primera era filosóficamente necia y absurda y formalmente herética, la segunda merecía el mismo tipo de consideración desde el punto de vista filosófico y además se la consideraba errónea con relación a la fe. La compleja estructura del pensamiento astronómico y cosmológico vinculada a siglos de investigación y en particular las argumentaciones de Copérnico y Galileo, quedaban fuera de toda consideración, pues el discurso de los calificadores es puramente filosófico.

Al día siguiente de expedirse los expertos, los cardenales del santo oficio tomaron nota de la evaluación de aquellos y el papa dio instrucciones a Bellarmino para que citara a galileo y le impusiera el abandono de las opiniones censuradas. De negarse Galileo a aceptar la imposición formal del comisario debía ser encarcelado a la espera de futuras decisiones. Galileo acato y prometio obedecer.

Galileo regreso sin inconvenientes a la residencia del embajador toscano, pero no abandono Roma. A los pocos días se dio a conocer un decreto por el cual se incorporaban al índex todos aquellos libros en los que se defendiese la realidad del movimiento terrestre y la inmovilidad del sol. Explícitamente se prohibía el de foscarini pero al de Copérnico se lo consideraba suspendido.

Se leyó en decreto en claustros y universidades y los libros prohibidos fueron secuestrados.

Se murmuraba en efecto que Galileo habría sido obligado a adjurar sus teorías y sometido a penitencias ante lo cual a su pedido Bellarmino le extendió un certificado de buena conducta en el que niega la veracidad de esos rumores y los califica de calumnias.

A la espera de tiempos mejores

Las aguas se apaciguan y el escándalo, con el asentimiento de Galileo había sido evitado. No había mención a su persona, el heliocentrismo no había sido declarado herético y el del libro de Copérnico no se corregían más que unas diez líneas.

Pues no estaba en el temperamento de Galileo abandonar su proyecto. Por el momento obtaria por el silencio, pensaba, pero seguramente más adelante había de darse una nueva oportunidad. Mientras tanto comenzaría a redactar un libro que había prometido a sus lectores Sidereus nuncius en el que expondría su "sistema del mundo". En el incluiría todo argumento a favor del heliocentrismo copernicano. La oportunidad llego pero Bellarmino y Paulo V habían fallecido, y los antagonistas del campo teológico habían de ser otros, el libro fue escrito y celebrado con éxito en Italia y fuera de ella, pero las consecuencias fueron desastrosas para Galileo.

La polémica Galileo Bellarmino: Realismo, Instrumenstalismo y mal entendidos

En su articulo tres concepciones sobre el conocimiento humano Karl Popper afirma que actualmente se ha adoptado la ciencia de Galileo pero no su realismo, pues en materia filosófica, la mayoría de los físicos adhieren al instrumentalismo de Osiander y Bellarmino. Esta concepción, a juicio de Popper se ha convertido en un "dogma oficial" solo rechazado por unos pocos físicos como Einstein y Erwin Schrudinger.

Muestra que la polémica Galileo Bellarmino ha quedado resuelta, pero el debate entre realistas e instrumentalistas prosigue en la actualidad. Estos últimos creen que los llamados "términos teóricos" de una teoría no son sino rótulos o ficciones sin significado que permiten realizar deducciones empleando el andamiaje lógico de aquella. Los realistas, por el contrario, afirman que al menos en cierto casos, los términos teóricos designan entidades reales no observables; la ciencia aspira en alguna medida a ofrecer descripciones de un mundo que tiene una existencia independiente de nuestro conocimiento de el. A las teorías se les podrá aplicar alguna noción de verdad y falsedad en la medida que describan o no ese mundo real.

En 1908, Pierre Duhem católico intransigente sostenía que el desarrollo de la física había demostrado la pertinacia del enfoque instrumentalista. Estos habían captado "el exacto significado del método experimental", mientras que Kepler y Galileo habían errado al adoptar una posición realista, que Duhem consideraba nociva.

Más allá de la cantidad y diversidad de pruebas astronómicas o mecánicas en favor del heliocentrismo que Galileo hubiese podido presentar, este hubiese sido acusado de "sostener como verdadera la falsa doctrina que algunos enseñan de que el sol es el centro del mundo y esta inmóvil y la Tierra se mueve", pues parece claro que no fue la ausencia o existencia de "apariencia salvadas" lo que guío el proceder de los teólogos de entonces sino la convicción de que ningún descubrimiento científico, entendido como afirmación acerca de la realidad física, debía contradecir el contenido de la escritura.

El objetivo central de Galileo no consistía en convertir la iglesia al copernicanismo sino en lograr que la teología no obstaculice la libre investigación científica.

Los mencionados críticos de Galileo no afirman simplemente que este carecía de suficientes pruebas en el sentido de "apariencias salvadas" sino que al no haber aceptado el copernicanismo como mera "hipótesis" y adoptado con arrogancia la posición realista, obro apresuradamente y perjudico a su iglesia. Incluso algunos de ellos señalan que la afirmación de que la Tierra realmente se mueve solo fue posible mediante la acumulación de pruebas ópticas y mecánicas de las que se dispuso luego en los siglos XVIII y XIX, dicho de otro modo se sugiere que Bellarmino de haber conocido tales pruebas quizás no hubiese exigido la adopción del punto de vista instrumentalista y Galileo no hubiese sido sometido a proceso.

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