Funciones sociales del deporte

Educación. Tiempo libre. Prevención y tratamiento de enfermos. Tercera edad. Anorexia y bulimia. Docencia. Competitividad. Profesionalidad

  • Enviado por: Octavio Martín Martín
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 54 páginas
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2º D INEF

Febrero del 2002

ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN Página 3

2. FUNCIÓN EDUCATIVA "El deporte educa" Página 4

2.1 Relación de interacción con todas las demás. Página 4

2.2 Dónde y quién (lo practica) Página 5

2.2.1 Escuelas de enseñanza básica y media Página 5

2.2.2 Escuelas de deporte. Página 5

2.3 Por qué, para qué y cómo (lo practica) Página 6

3. FUNCIÓN "OCIOSA" "El deporte cubre tiempo de ocio" Página 9

3.1 Dónde y quién. Página 9

3.1.1 Practicantes Página 9

3.1.2 Consumidores Página 9

3.2 Por qué, para qué y cómo. Página 10

4. FUNCIÓN TERAPÉUTICA "El deporte cura" Página 13

4.1 Dónde y quién Página 13

4.1.1. Deporte y prevención Página 13

4.1.2. Enfermos y Tercera edad Página 13

4.2 Por qué, para qué y cómo Página 15

5. FUNCIÓN INSTRUMENTAL "El deporte alienado" Página 17

5.1 Dónde y quién Página 17

5.2 Por qué, para qué y cómo Página 18

6. FUNCIÓN PROFESIONAL "El deporte como profesión" Página 20

6.1 Dónde y quién Página 20

6.1.1. Docentes Página 20

6.1.2. Equipos médicos Página 22

6.1.3. Medios de comunicación Página 23

6.1.4. Políticos y directivos Página 25

6.1.5. Alto rendimiento Página 29

6.2 Por qué, para qué y cómo. Página 30

7. RELACIÓN DE LA COMPETITIVIDAD CON OTROS ÁMBITOS Página 31

7.1 Escuelas de deporte Página 31

7.2 Clubes Página 33

7.3 Profesionalismo Página 35

8. VALORES IMPLÍCITOS DEL DEPORTE. Página 38

8.1 Deporte y valores (deporte como medio) Página 38

8.2 Crítica al "negocio" Página 42

8.3 Crítica a la educación impartida (deslocalización de objetivos)

Página 47

8.4 Crítica a los "no profesionales" Página 50

9. BIBLIOGRAFÍA Página 53

1. INTRODUCCIÓN

En este trabajo se quiere tratar el mundo del deporte desde una perspectiva global. Particularmente, está centrado en analizar qué aporta el deporte a la sociedad, o más bien, qué podría aportar.

Hay que tener en cuenta que, “como institución social en una sociedad moderna, el deporte afecta, de un modo u otro, prácticamente a todos los individuos.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 124); y que se relaciona (directa o indirectamente) con una gran cantidad de actividades humanas.

Por tanto, como el mundo del deporte es tan amplio, es casi imposible hacer una clasificación acertada. O mejor dicho, cada autor apostaría por una. La clasificación aquí presentada pretende tocar todos los problemas actuales que afectan o se relacionan con nuestro mundo.

Es cierto que cada uno de los problemas sociales aquí criticados y discutidos merece un tratamiento especial y particular. Pero decidí no especificar el tema porque considero que hubiera necesitado una documentación mucho más exhaustiva que la requerida en este tipo de trabajo. Así pues, se podría decir que paso con grandes zancadas sobre todos los temas que creo convenientes, pero no especializo el análisis en ninguno.

A lo largo de todo el escrito subyace la idea fundamental que me movió a elegir el tema: el deporte, sea la motivación primaria la que sea, puede cumplir todas las funciones en el individuo que aquí se plasman: “puede que se haga deporte por motivos que nada tengan que ver con la salud: por placer, por amor al riesgo de la aventura, como válvula de escape o por amor a la competición.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 57) Pero, de todas formas, “la actividad física es beneficiosa para todo el mundo, a todas las edades, desde la infancia a la vejez, para el individuo que goza de buena salud y para el aquejado por una enfermedad crónica o una minusvalía. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 12)

2. FUNCIÓN EDUCATIVA "El deporte educa"

2.1 Relación de interacción con todas las demás.

Como ya se ha dicho antes, el deporte se ve en muchos lugares, y se presenta de diversas formas, pues se trata de una disciplina muy rica y variada. Es por esto por lo que una educación correcta dentro de este ámbito es fundamental para que, se practique donde se practique, y se manifieste como se manifieste, el deporte sirva al individuo para darle placer y educarle.

Si desde la infancia nos educan “deportivamente”, podemos estar seguros de que nuestra relación posterior con el deporte, no solo no va a causar graves conflictos, sino también de que nos va a enriquecer como seres humanos.

Hay que tener en cuenta que el deporte afecta a todos, más o menos directamente, pero a nadie le pasa por alto: unos lo practican, otros van a verlo como espectáculo, aparece en la prensa, la gente habla de él, etc. Como institución social, influye en la interacción de la persona con la sociedad y con el resto de personas (Consejo de Europa, 1996, pag. 124). Esta es la razón por la cual en la educación básica de las escuelas debe cuidarse este aspecto. No obstante, no basta con educar en la escuela, sino que es necesario que los adultos se formen, y se les siga educando en las actividades físicas posteriores: hay que educar siempre, y hay que saber que siempre nos estamos educando.

Por eso desde el principio de nuestras vidas, cuando somos más vulnerables, debemos concienciarnos (o nos deben concienciar) de que el deporte es algo más que un gusto, una afición, una herramienta…, es una forma de vida. Solo así la gente se dará cuenta de lo necesario que es hacer deporte, y hacerlo bien. De este modo se abre el camino hacia la continuidad de la práctica; si te acostumbran desde pequeño a comer todos los días, ¿por qué no te pueden acostumbrar a hacer ejercicio? La persona, ante esa costumbre, sabe que cuando hace deporte, tenga la edad que tenga, se está educando.

De esta manera, el ideal de sociedad deportiva es aquel en el que cualquier individuo que practicara un deporte (que, por supuesto, sería todo el mundo) lo hiciera de una manera educada, es decir, respetando la naturaleza, al contrario (si lo tuviera) y a las normas o al encargado de representarlas.

Pero si este ideal es difícil de conseguir, no hay que renunciar a él y hay que intentar aproximarse lo máximo posible. El objetivo más inmediato se convierte entonces en evitar los problemas derivados de la carencia de educación deportiva (no solo física, que también falta): violencia, competitividad prematura y mal enfocada, ignorancia de la práctica más adecuada para cada persona etc. Y la manera de lograr ese objetivo es empezar por relacionar cualquier actividad deportiva con la educación.

El hecho de que aquí solo se mencionen las escuelas de enseñanza básica y media y las escuelas de deporte como residentes únicos de la educación física, no quiere contradecir lo dicho hasta ahora. Únicamente refleja la realidad (triste), porque, lamentablemente, no se suelen ver actitudes educantes fuera de estos ámbitos (cuando deberían existir).

2.2 Dónde y quién (lo practica)

2.2.1 Escuelas de enseñanza básica y media

Es en la escuela donde tenemos el primer contacto con el mundo de la educación física. Su uso para los distintos aprendizajes va disminuyendo progresivamente a medida que la edad del alumno aumenta, hasta solo presentarse en la asignatura específica de educación física.

Además, las horas dedicadas a esta disciplina están disminuyendo cada vez que aparece un nuevo plan de estudios.

Por otra parte, está el problema de la falta de educación a través de lo físico en el resto de asignaturas. Los profesores de las distintas asignaturas deberían tomar conciencia de la utilidad de las actividades físicas y juegos para enseñar una gran cantidad de contenidos. Esto es particularmente significativo en primaria; en esta etapa ya hay muchos centros que utilizan el método lúdico mayoritariamente para enseñar. Pero, parece que llegada cierta edad (como los 10 años), los niños “son ya muy mayores para estar todo el día jugando”.

Estos son los principales lastres que tiene la educación física y que deberían ser corregidos para que el deporte y la actividad física tuvieran una función realmente educativa, capaz de prolongarse y no quedar estancada en la infancia; en otras palabras, para que todo el mundo supiera que el deporte y la actividad física nos educan siempre, y que a través de su uso se pueden aprender otras muchas cosas no necesariamente relacionadas con el deporte.

2.2.2 Escuelas de deporte.

Existen multitud de actividades extraescolares relacionadas con el deporte. Mayoritariamente se practica fútbol, judo, baloncesto, gimnasia rítmica.

En los lugares donde más podemos ver estas escuelas de deporte es en los colegios privados. Pero también se encuentran incluidas dentro de los patronatos deportivos de barrios o ciudades y dentro de programas e iniciativas de los colegios públicos.

Al hablar de escuelas de deportes, rápidamente se piensa en niños; esta asociación de ideas es producto de una realidad fehaciente, ya que a partir de ciertas edades ya no se habla de escuelas, sino de clubes o simplemente de equipos. Esta es una cuestión de fondo que se tratará en el punto 7.

2.3 Por qué, para qué y cómo (lo practica)

En las primeras edades no se es consciente de las respuestas a estas preguntas. Los niños no saben por qué tienen X horas de educación física, ni conocen los efectos que el deporte produce a largo plazo. Simplemente, les gusta. Es por esto por lo que su contestación debe realizarse desde la perspectiva adulta.

¿Por qué hacer ejercicio? ¿para qué hacerlo? ¿Por qué nos tenemos que acostumbrar desde pequeños? A estas preguntas se les pueden dar multitud de respuestas, y más si quien responde es entendido en la materia. Sin embargo, las contestaciones que aparecen aquí, son textos sacados del Consejo de Europa que resumen los efectos de la educación físico-deportiva:

  • Hay una gran cantidad de consecuencias de una buena educación, entendida ésta como aquella que permite el desarrollo integral del individuo como ser humano y ser social. Con respecto al tema que ocupa, una buena educación tiene mucho de educación física, y de educación a través de lo físico: “el deporte encierra un interés muy grande desde un punto de vista pedagógico, sobre todo cuando sabemos que (…) los deportes organizados (clubes) -además de la escuela (…)- constituyen el principal ambiente de socialización “pública” de los jóvenes.” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 124)

  • “Existe una correlación tenue, aunque repetida, entre el ejercicio repetido con regularidad durante un periodo largo y la mejora de las funciones cognitivas.” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 55)

  • “La aptitud física adecuada que se deriva de la práctica regular de una actividad física se traduce en la mejora de la forma, el reforzamiento de la autonomía funcional y la independencia psicológica, contribuyendo así a una mejor calidad de vida.” (Consejo de Europa, 1996. Pag 12)

  • “Para algunos, el deporte y el ejercicio pueden, hipotéticamente, forjar la personalidad. Para Furnham (1990), el deporte y las actividades de ocio pueden tener el efecto de favorecer el modo de vida, en relación, por ejemplo, con los hábitos alimenticios, la bebida, el tabaco, el sueño y el descanso.” (Consejo de Europa, 1996. Pag 108)

  • “Para mucha gente, la práctica de una actividad física es un modo sencillo de adquirir y conservar una mejor higiene de vida. De ahí a decir que el ejercicio y el deporte pueden tener una influencia positiva concreta en los comportamientos en general solo hay un paso que habría que franquear con mucha prudencia. Quizá, para el individuo, la actividad física sea un estímulo que le lleve a modificar el resto de sus costumbres para proteger mejor su salud.” (Consejo de Europa, 1996. Pag 57)

  • “Es posible que los efectos psicofísicos y psicosociales del ejercicio regular y del deporte contribuyan indirectamente a reducir el consumo de alcohol y de drogas, así como la delincuencia, sobre todo en el caso de los niños.” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 57)

Pero cuidado; educar no es cosa fácil; no vale con decir: “pongo a los niños a jugar al fútbol en el patio todo el día, y así soluciono el mundo, porque como el deporte es tan bueno…”. Educar es una de las profesiones más difíciles que existen (por una gran cantidad de factores que se enumerarán en el punto 6.1.1 y 6.2.), y como dedicación difícil, entre ser “bueno” y ser “malo” hay una gran gama de capacidades y aptitudes dentro del colectivo docente. De tal manera que, desgraciadamente, existen bastantes profesionales (que no lo son en realidad) que, más que educar, maleducan, porque, igual que una buena educación ayuda (en una gran proporción) a provocar todo lo mencionado anteriormente, una mala educación puede provocar todo lo contrario; la educación físico-deportiva puede: integrar y excluir; crear un sentimiento de identidad hacia un grupo, o un sentimiento de rechazo a todo grupo que no sea el propio; democratizar o fomentar la tiranía y la cultura de la imposición; armonizar o provocar la agresión; proteger el medio ambiente, o degradarlo (Consejo de Europa, 1996. Pag. 100).

Parlebas (1987) realizó una interesante investigación (…): sus resultados le permiten concluir que, cuando la estructura es favorable, la actividad física produce cambios en las relaciones interindividuales que mejoran sensiblemente la estructura socioafectiva del grupo. El comportamiento motor puede modificar, evidentemente, las relaciones interpersonales, pero esos cambios no son sistemáticos ni se producen necesariamente. (Consejo de Europa, 1996.Pag 115)

Sin embargo, el hecho de saber que es muy difícil educar, que la profesión exige mucho sacrificio y dedicación (cercana a la devoción) no debe desanimar, sino todo lo contrario. Se tiene que insistir en mejorar, y más cuando se sabe que los resultados son posibles, no son utópicos, porque se sabe que “diversos métodos pedagógicos específicos pueden inculcar el juego limpio y estimular los comportamientos favorables a la vida en sociedad (altruistas).” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 101)

Por eso el deporte es tan importante en la educación, ya no solo en las primeras edades, sino en todas. Porque “el deporte constituye teóricamente (…) el modelo ideal de aprendizaje del comportamiento social.” (Consejo de Europa, 1996. Pag 130); y porque “los cambios en los progresos de socialización de los individuos que practican una actividad física solo pueden tener lugar gracias al aprendizaje social. Es una dimensión del aprendizaje que (…) se apoya en la interacción con otros participantes, interacción verbal y no verbal.” (Consejo de Europa, 1996. Pag 109)

A la pregunta de ¿cómo? Es más difícil contestar. Como ya se ha dicho, el modo de educar encierra numerosas dificultades. Pero, hay una directriz fundamental que no se debe olvidar: como bien es sabido, el aprendizaje en las primeras edades se basa en el aprendizaje motor, y el desarrollo cognitivo e intelectual va íntimamente ligado al desarrollo motor. Por supuesto, también sabido es que el mejor desarrollo motor para un niño es el que proviene del juego: “la importancia del movimiento para el proceso de socialización es particularmente innegable en los niños. El juego es indisociable del desarrollo cognitivo y moral del ser humano; por medio de él, el niño, desde el principio de su vida, se entrena en papeles diferentes y aprende a percibirse a la vez como igual a los otros y diferente de ellos.

Todos los teóricos e investigadores lo dicen: el juego favorece un desarrollo adecuado de las facultades motrices, sociales y cognitivas del niño.” (Consejo de Europa, 1996. Pag 102).

“En el caso de los niños pequeños, la importancia del movimiento para la socialización es prácticamente indiscutible. Piaget (1970) puso de manifiesto la relación entre el juego y el desarrollo cognitivo y Kohlberg supo relacionar el desarrollo cognitivo con el desarrollo moral. Cada forma lúdica permite a los niños participar en distintos papeles sociales y aprender funciones preciosas del contexto social general. Mead señaló que, en el niño, el juego puede servir de poderoso agente de socialización. En la fase siguiente, cuando comienza a participar en juegos organizados, el niño aprende a percibir los papeles que desempeñan los otros, es decir a percibir lo que hacen los otros para inspirarse en ello y hacerlo él mismo. Y, por supuesto, todo ello se desarrolla en relación con la finalidad común, que consiste en que el niño se convierta en miembro de la colectividad. De este modo, el niño aprende a comprender los papeles del adulto, a preocuparse por los demás y a cooperar con ellos. Asimismo, empieza a descubrir qué actitud adoptar ante los adversarios.” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 114)

A medida que aumenta la edad de los alumnos (sea en los colegios o en las escuelas de deporte) se hace más difícil la actuación a través de la educación física, y particularmente, del juego. Sin embargo, hay que seguir buscando los mejores métodos y contenidos a aplicar en las clases con el fin de lograr el objetivo fundamental ya tantas veces repetido: educar física y deportivamente.

3. FUNCIÓN "OCIOSA" "El deporte cubre tiempo de ocio"

3.1 Dónde y quién.

3.1.1 Practicantes

Actualmente existen multitud de actividades recreativas relacionadas con el deporte. Es muy difícil que alguien no pueda cubrir su tiempo de ocio con lo que más le gusta. Hoy cada uno puede elegir la actividad más apropiada para él, según sus gustos, sus capacidades, sus relaciones, su personalidad o sus necesidades (Elias, 1992. Pp 59,60).

Además, hay actividades para todos los grupos de edad, para los dos sexos, con diferentes grados de competitividad y de seriedad, para cualquier época del año, etc.

Podemos encontrar actividades recreativas relacionadas con los deportes multitudinarios, con la montaña, con la danza, con los deportes de riesgo, con los deportes acuáticos etc.

Todas estas posibilidades nos las brindan los patronatos municipales, los ayuntamientos, los centros culturales, los clubes especializados, las asociaciones, los colegios, las universidades. Pero lo más importante, y algo que la mayoría de la gente no tiene en cuenta, es que para realizar algo en el tiempo de ocio se puede tener iniciativa. No siempre hace falta que nos den en la mano la actividad que queremos; nosotros mismos podemos organizar un montón de cosas. También es verdad que, a veces, las iniciativas no pueden ser llevadas a cabo por problemas de subvenciones o de instalaciones, pero este problema será comentado en el apartado 6.1.4

3.1.2 Consumidores

La otra forma de ociosidad relacionada con el deporte consiste en ver espectáculos deportivos (sean de profesionales, en grandes estadios o en lugares con poco aforo, de aficionados o de familiares), ver deporte por la televisión, escucharlo por la radio, buscarlo en Internet o leerlo en la prensa.

Esta parte del deporte es muy importante, porque a una gran parte de los deportistas les gusta ser observados y enseñar a los demás sus habilidades; en el caso de los deportes más populares, es más importante, pues los deportistas viven de enseñar al público sus capacidades. Además, es bonita (en ocasiones, como todo) la interacción que se vive entre los espectadores y los deportistas. A veces esta interacción solo se da con un espectador o con muy pocas personas, relevantes para la persona que se encuentra en el terreno de juego. Evidencias de esto se encuentran todos los días, e incluso se pueden ver por la televisión (cuando un futbolista dedica un gol a su hijo). Hablo de interacción porque, igual que el deportista inspira al público a animar, “el público transmite lo que siente a sus vecinos de asiento, a los demás y a los jugadores por medio de movimientos, incluidos los de la lengua, los labios y las cuerdas vocales.”(Elias, 1992. Pag 67)

Sin embargo, también este aspecto del deporte encierra problemas, y es que “es difícil decir hasta qué punto la asistencia al espectáculo deportivo aporta una contribución a la socialización (y si esta contribución sólo es positiva o puede ser también negativa).” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 113) En materia de socialización, hay una cuestión nunca resuelta: la identificación de los espectadores con un equipo en juegos organizados y en todos los deportes en los que se enfrentan dos equipos adversarios. (Consejo de Europa, 1996. Pag 112). Y es que, es verdad que es emocionante ver esa relación entre el ambiente y el/los deportista/s. Pero cuando esa relación no se entiende bien, cuando otros la manipulan o cuando influye negativamente por lo que sea, deja de ser bonita, para pasar a dar pena. No obstante, este problema será analizado posteriormente en los puntos 6.1.3., 6.1.4, 6.2, 8.2 y 8.3.

3.2 Por qué, para qué y cómo.

Cada persona tiene unas razones para empezar a practicar deporte. Normalmente, según los grupos de edad suelen repetirse algunos. Los estudios de los que nos habla el Consejo de Europa (1996, pag. 136) “ponen de manifiesto que los niños tienen razones diferentes para iniciar la práctica de un deporte, pero mencionan de forma más especial algunas como el aprendizaje y el perfeccionamiento de sus aptitudes, el gusto por la competición, el hecho de estar entre amigos, el placer, la búsqueda de una buena salud física, el gusto por los desafíos y la experiencia del éxito. (…) Hay que señalar que, en todos los estudios, los motivos estrechamente ligados a la práctica del deporte en sí (divertirse) aparecen en cabeza.” “En general, hay muchos estudios que revelan que el placer o el entretenimiento son las principales razones invocadas por los jóvenes para participar en un deporte. (Consejo de Europa, 1996. Pag. 143)

“Brodkin (1988) estudió un conjunto amplio de edades (de 6 a 60 años). El análisis factorial reveló que los adultos mayores otorgaban a algunos factores, como el “trabajo en equipo”, el “gusto por las reuniones” y el “gusto por la competición”, menos importancia que los demás grupos de edad, mientras que los preadolescentes y los adolescentes subrayaban rotundamente la importancia de un factor como la categoría social. A los niños, les parecía muy importante el hecho de participar para agradar a otras personas relevantes, mientras que los niños más pequeños y los adultos mayores subrayaban la importancia del factor diversión. Con respecto a los factores salud-bienestar y afiliación, no se observó ninguna diferencia significativa entre los distintos grupos de edad. Sin embargo, Duda y Tappe (1989) descubrieron que los adultos mayores de 40 años eran más proclives a hacer ejercicio por razones de salud que los participantes más jóvenes.” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 137)

Pero, a pesar de la gran variedad de actividades que se pueden realizar, también es cierto que hay mucha gente que no hace nada y le gusta más el zapping, el ordenador, las consolas o simplemente el famoso “sillon ball”. Es muy posible que el problema de estas personas sea doble:

  • No han sido bien educados en el deporte, y no lo tienen como una costumbre necesaria.

  • No estén suficientemente bien informados sobre las posibilidades que tienen.

El primer problema ya ha sido comentado en el apartado 2, y el segundo se tratará en el apartado 6.1.3. De cualquier manera, según un estudio realizado, “el resultado confirma que es muy posible que el carácter sedentario se deba más a factores psicológicos que a obstáculos materiales.” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 94)

Pero más allá de las razones que las personas den como causas por las que hacen deporte, hay una teoría que dice que el deporte sirve como válvula de escape para la gente de las sociedades modernas. Esta teoría, acuñada por Norbert Elias y Eric Dunning, la muestro resumida en los siguientes textos extraídos de su obra:

La supervivencia y el éxito social en las sociedades comparativamente avanzadas de nuestra época dependen hasta cierto punto de una coraza segura, ni demasiado fuerte ni demasiado débil, de autocontrol individual. Hay en tales sociedades sólo un marco comparativamente reducido para la exhibición de los sentimientos fuertes, las antipatías profundas o el rechazo hacia otras personas, mucho menos para la ira candente, el odio mortal o el impulso irrefrenable de golpear a alguien en la cabeza. Quienes sufren fuertes perturbaciones o son presa de sentimientos que no pueden controlar terminan en el hospital psiquiátrico o en la cárcel. Los estados de elevada excitación se consideran anormales en una persona (…). No obstante, contener los sentimientos fuertes, mantener un control estable de los impulsos, los afectos y las emociones constantemente a lo largo de toda una vida, tiende a suscitar tensiones en el individuo. (…)

Por lo que se ve, la mayoría de las sociedades humanas desarrollan algún remedio para las tensiones por sobreesfuerzo y el estrés que ellas mismas generan. En el caso de las sociedades con un nivel de civilización relativamente avanzado, es decir, con restricciones relativamente estables, uniformes y moderadas y con fuertes demandas subliminales, puede observarse una considerable variedad de actividades recreativas con esa función, una de las cuales es el deporte. (Elias, 1992. Pp 55,56)

En las sociedades más diferenciadas de nuestro tiempo es muy amplio el espectro de actividades recreativas y grandes las diferencias entre ellas, si bien la mayoría comparte las mismas características estructurales básicas. Estas características comunes indican la función que tales actividades recreativas cumplen en sociedades altamente diferenciadas y complejas. (…) Las ocupaciones durante el ocio permiten por regla general que sus estados de ánimo y sus pulsiones, afectos y emociones fluyan con más libertad en un espacio imaginario especialmente creado por estas actividades, el cual en cierto modo trae a la memoria aspectos de la realidad no recreativa. (…) Las actividades recreativas están diseñadas para invocar directamente a los sentimientos de las personas y para excitarlos, si bien en diferentes maneras y con diferente intensidad. (Elias, 1992. Pag 57)

Si preguntamos de qué manera las actividades recreativas suscitan sentimientos en nosotros o nos provocan excitación, descubrimos que generalmente lo hacen creando tensiones. El peligro imaginario, el miedo y el placer, la tristeza y la alegría miméticas son desencadenados y quizá disipados por la puesta en escena de los pasatiempos. Éstos evocan estados de ánimo diferentes y quizá contrapuestos, como los de dolor y júbilo, agitación y paz espiritual. Así pues, los sentimientos que en nosotros despierta la situación imaginaria de una actividad recreativa son de la misma naturaleza que los que se suscitan en las situaciones de la vida real -es lo que la palabra “mimético” significa-. (Elias, 1992. Pag. 57)

Muchas de estas actividades recreativas, entre ellas el deporte como actividad que se practica o se observa en tanto que espectador, están pensadas para producir un de-control controlado y deleitable de las emociones. Ofrecen tensiones miméticas placenteras que con frecuencia (aunque no siempre) conducen a una emoción ascendente y a un clímax de exaltado sentimiento con ayuda de los cuales, como sucede cuando el equipo favorito gana una competición deportiva, puede resolverse felizmente la tensión. (…)

Pocas sociedades humanas, por no decir ninguna, existen sin un equivalente de nuestras actividades recreativas, (…) sin instituciones sociales que, por así decirlo, proporcionan alivio emocional contrarrestando las tensiones y los esfuerzos de la vida ordinaria. (Elias, 1992. Pag. 59,60)

Bien, con esto, solo queda por contestar al cómo se practica el deporte de ocio. Las primeras palabras ya están dichas, puesto que si se ha dicho que la diversidad es una de las características de estas actividades, es evidente que la manera de llevarlas a cabo variará dependiendo de los mil factores que rodean a la persona y a la actividad (dentro de esa estructura común que todas las actividades recreativas tienen en las sociedades modernas, según Norbert Elias nos contaba más arriba).

En lo que sí hay que insistir, es en que hay que ser practicante, no solo consumidor. Uno puede interesarse por el deporte, buscar información, conocer las noticias de su equipo preferido, pero lo que no puede dejar de ser es deportista. Además, contando con que tenemos a nuestra disposición multitud de recursos, sería un error quedarse anclado en la inactividad. Hacer deporte es necesario, consumirlo no, máxime como nos lo presentan los medios de comunicación (pero de esto ya se comentará en el apartado 6.1.3).

4. FUNCIÓN TERAPÉUTICA "El deporte cura"

4.1 Dónde y quién

4.1.1. Deporte y prevención. Tratamiento de enfermos.

Todas las personas estamos incluidas en la contestación a la pregunta ¿quién utiliza el deporte como prevención? Porque el deporte, bien dirigido, es bueno para la salud. El problema, evidentemente, surge cuando no está bien dirigido, pero esta cuestión será tratada cuando hablemos de los culpables de ello: los “no profesionales” (apartado 8.2) y los responsables de fomentar en la población la actividad deportiva, es decir, los políticos (apartado 6.1.4).

Por otra parte, los enfermos son otro mundo. Existen muchas terapias que incluyen actividad física como parte del tratamiento. Casi todos los problemas de los deportistas (esto es, causados haciendo deporte) se recuperan activamente a través de la fisioterapia y de ejercicios muy básicos de rehabilitación.

Sin embargo, la prevención y la rehabilitación a través del deporte son mundos relacionados íntimamente. La razón de esta afirmación se encuentra en que, de la misma manera que las actividades físicas previenen de muchas insuficiencias, patologías y problemas de salud en general, la inexistencia o la insuficiencia de esas actividades físicas derivan en las insuficiencias, patologías y problemas de salud en general mencionadas. Por ejemplo, si haces ejercicio, quemas grasas y es mucho más difícil que te pongas gordo, y mucho menos, que acabes siendo obeso; pero si no haces ejercicio, lo normal es que engordes, y es muy posible que acabes siendo obeso, con todas las dificultades que ello acarrea.

Esta es la razón por la que, en el apartado 4.2. todo está “en el mismo saco” (se habla de deporte para prevenir y para mejorar la situación del enfermo porque todo va estrechamente unido). Aunque otra cosa es ponerse en una situación concreta para analizar. Entonces sí hay que tener en cuenta que un enfermo no puede hacer el mismo ejercicio ni de la misma manera que una persona sana.

No se hace una clasificación de los tipos de enfermos que utilizan el deporte como terapia, ni de las enfermedades que el deporte, si no imposibilita su aparición, la dificulta mucho, porque todo esto se enumera abajo (4.2) cuando se contesta a las preguntas ¿para qué y por qué se utiliza el deporte como prevención y como terapia?

4.1.2. Tercera edad

Se ha decidido tratar la tercera edad a parte del resto por lo especial que tiene esa edad y, fundamentalmente, porque es la edad más olvidada por la educación física cuando es igualmente necesaria. Es una pena que no se forme a los hijos de las ancianas para cuidar de sus madres cuando sean mayores. Hay que tener en cuenta que no todas las personas mayores pueden ir a una residencia o a un centro de la tercera edad donde les cuiden el ámbito físico.

Ya hay multitud de estudios que avalan esta opinión. Aquí aparece un resumen de los más importantes recogido del Congreso de Europa (1996):

La capacidad de los músculos para reaccionar al entrenamiento es impresionante. (…) Las investigaciones llevadas a cabo con personas ancianas o muy ancianas han demostrado que el aumento de la fuerza muscular va acompañado por la mejora de la coordinación, del equilibrio, del tiempo de reacción y de la flexibilidad (Puggaard et al., 1994).

Es posible aumentar o mantener la aptitud muscular mediante programas eficaces y sin riesgo para la salud. (…) Unas sesiones de entrenamiento relativamente espaciadas (2 veces por semana) pueden ser suficientes para aumentar la fuerza y las funciones neuromusculares de personas mayores inactivas (Puggaard et al., 1994). (Pag 29)

Parece que, en las personas de edad, también existe una correlación entre la disminución de la aptitud motriz y el riesgo de caídas (Wolfson et al., 1986; Gehlsen y Whaley, 1990). (…)

Los estudios transversales muestran que, en relación con los sujetos inactivos, los individuos que hacen ejercicio con regularidad consiguen, en general, niveles superiores de aptitud motriz en todas las dimensiones (Eckert, 1989; Iverson et al., 1990; Elward y Larsson, 1992; Wagner y LaCroix, 1992). Quizá esto explique por qué padecen menos fracturas por caídas (Sorock et al., 1988) y otras clases de accidentes (Law et al., 1991). (Pag. 30)

La práctica de ejercicio físico en el marco del tratamiento de la obesidad tropieza con una serie de obstáculos. Con frecuencia, los obesos tienen unas capacidades funcionales debilitadas; están poco motivados y el ejercicio físico parece hacerles más mal que bien. Es difícil prescribir el ejercicio en el marco del tratamiento de la obesidad y las posibilidades son extremadamente reducidas en el caso de los grandes obesos. Esto no impide que algunos ejercicios elementales vengan muy bien. (Pag. 42)

Los beneficios del deporte y de la actividad física moderada también están demostrados en las personas de edad (…): ayuda a combatir la depresión, la angustia, el estrés, los trastornos del sueño, el abuso de alcohol y de los medicamentos. (Pag. 103)

Henschen et al. (1992) han comprobado la evolución positiva de ciertos rasgos de personalidad de los jugadores de baloncesto en silla de ruedas (menos tensión y menos ansiedad) y, en consecuencia, una mejor aptitud para la socialización. Klein (1989) constata (…) que la actividad física puede contribuir a atenuar las dificultades de socialización cuando se estimula por medio de ella el esfuerzo que permitirá darse a conocer. (Pag. 113)

La vejez trae consigo diversos problemas, que son principalmente de dos clases: ante todo, está la deficiencia de todas las funciones y la predisposición a las enfermedades. Pero también aparecen muchas dificultades ante las situaciones típicas de la vida en sociedad. Espacialmente a raíz de la jubilación, con la pérdida de categoría social que de ella se deriva, pueden producirse diversos trastornos, relacionados con un aislamiento parcial, que desembocan a veces en depresión, ansiedad, etc. (Pag. 118)

El ejercicio físico puede desempeñar, por tanto, una función importante en ambos planos. Puede frenar el declive de las aptitudes fisiológicas y contribuir, de este modo, a preservar la conciencia y la estima de uno mismo. Pero el ejercicio físico también puede ejerce una influencia positiva directa en los contactos sociales de las personas ancianas y tener un efecto terapéutico en su estado mental, hacerlas más optimistas, atenuar la depresión, etc. (Pag. 118)

Los gerontólogos tienen la prueba de que el modo de vida favorece la longevidad, al menos, en un 35% (algunos autores presentan incluso un porcentaje más elevado). (…) La experiencia demuestra que, en las personas de la tercera edad, el movimiento desempeña una función importante en el modo de vida. (Pag. 118-119)

Vaillani y Asu (1985) (…) concluyen diciendo que conviene recomendar el ejercicio físico sobre todo a los individuos que padecen depresión y señalan los ejercicios más adecuados para las personas ansiosas. (…) Bennett (1982) también. Estos resultados se refieren de modo especial a la depresión exógena, que es la más frecuente en las personas de edad. Kasyna (1982) ha registrado igualmente una reducción de la ansiedad de mujeres ancianas al practicar una actividad física. (Pag. 119)

No obstante, los resultados disponibles nos permiten decir que (…) Las personas ancianas buscan, sobre todo, el contacto con el mundo social que están perdiendo; para ellas, lo importante es tener ocasión de comunicar y de comprender. (Pag. 120)

4.2 Por qué, para qué y cómo.

La verdad es que contestar a estas preguntas es lo más fácil de todo. Quién no sabe que el ejercicio físico y el deporte son buenos para la salud. Hasta los investigadores lo saben: “los investigadores de las distintas disciplinas afectadas están de acuerdo en que una actividad física regular puede producir un efecto beneficioso para la salud.” (Consejo de Europa, 1996. Pag. 12)

Resumiendo las palabras del Consejo de Europa (1996, pp. 12-118), donde se describe más detalladamente todo lo siguiente, se puede decir que cientos de estudios (longitudinales, transversales, epidemiológicos, retrospectivos, prospectivos, etc. en los cuales se comparan resultados obtenidos en gente activa con los de gente sedentaria) sobre este tema vienen a concluir en una serie de resultados. Estos resultados nos dicen que hacer ejercicio físico y deporte regularmente durante toda la vida, ayuda a mejorar la salud (véanse los resultados específicos más abajo) de todas las personas, sean niños, jóvenes, adultos o ancianos; sean chicos o chicas; sean gordos o flacos… y que además, en la mayoría de los casos, los efectos que provoca el ejercicio son imposibles de conseguir de otra manera.

De igual modo, se afirma que la actividad física es una terapia en una gran cantidad de problemas de salud (tan eficaz como cualquier otra) y el mejor método de prevención de la salud. Por otra parte, incluye un beneficio “de regalo”, que no es otro que, con la actividad física como terapia y/o prevención, se aprovechan todas las demás ventajas de la actividad física regular.

Según los resultados de los citados estudios, el ejercicio físico y el deporte:

  • En positivo:

        • Aumenta y mejora las capacidades funcionales: aptitud muscular (fuerza, potencia y resistencia de los músculos), tono muscular, agilidad, equilibrio, coordinación neuromuscular, función cardiorrespiratoria (capacidad aeróbica y resistencia);

        • Mejora las estructuras: densidad y composición óseas, estructura y función de las articulaciones, flexibilidad, eliminación de grasas;

        • Mejora aspectos psicosociales: bienestar general psicológico y social, función cognitiva, buenas costumbres (hábitos alimentarios, cuidar el sueño etc.), imagen de uno mismo (a cualquier edad), socialización, optimismo, categoría social, en la actividad doméstica, en el trabajo, en la vida cotidiana.

  • En negativo:

  • Reduce la mortalidad y la morbilidad por: placas de ateroma, trombosis cardiovasculares, insuficiencias coronarias, accidentes cerebrovasculares;

  • Frena el proceso de deterioro: deficiencia en las funciones, predisposición a enfermedades

  • Reduce y protege la predisposición a enfermedades: cánceres (sobre todo el de colon y el que afecta a los órganos genitales femeninos), enfermedades respiratorias virales agudas, trastornos del sueño, artrosis, enfermedades corrientes del sistema muscular, osteoporosis, dolores cervicales y lumbares (especialmente en trabajadores sedentarios como oficinistas), hipertensión, obesidad, enfermedades cardiovasculares y trastornos metabólicos en diabéticos, disfunciones del metabolismo,

  • Reduce en el plano psicológico de: la ansiedad, la angustia, el aislamiento, depresiones, trastornos psicológicos;

  • Reduce la probabilidad de: riesgo de aparición de diabetes no insulinodependiente, otros factores de riesgo (como la fibrinolisis), costumbres nocivas (como el tabaquismo o el abuso de alcohol o de medicamentos), falta al trabajo por enfermedad;

  • Invierte el declive por inactividad.

5. FUNCIÓN INSTRUMENTAL "El deporte alienado"

5.1 Dónde y quién

Lo primero que hay que aclarar es la denominación de “deporte alienado”. Este término se explica porque el deporte que se va a describir a continuación responde a un comportamiento patológico (en sus diferentes niveles y fases), y como tal, no hace bien a las personas. Por tanto, no responde al modelo de deporte que se describe en el resto de este documento.

Hay que tener en cuenta que el deporte puede ser bueno o malo. Solo es cuestión de cómo, cuánto y por qué se practica. Evidentemente, las personas a que nos referimos en estos casos (respondiendo a las anteriores preguntas): no conocen los efectos de los ejercicios que llevan a cabo (por ejemplo, es muy común ver a una anoréxica haciendo abdominales para adelgazar), no saben qué cantidad de ejercicio hacer (en muchos casos se hace ejercicio compulsivamente) y desconocen la verdadera razón de su práctica (su enfermedad). Así pues, al hacer deporte, están poniendo en peligro su salud ya que obligar al cuerpo a esforzarse en una dirección inadecuada conlleva cierto riesgo: “Cualquier actividad física lleva consigo cierto grado de riesgo, más o menos grande según las condiciones del ejercicio, el esfuerzo que requiere, la forma física y el grado de entrenamiento del individuo que lo practica. (…)

La práctica deportiva ocasiona lesiones y accidentes que representan una carga considerable para la sociedad y las víctimas (…). El riesgo puede reducirse considerablemente adaptando la cantidad de entrenamiento a la aptitud del individuo.” (Consejo de Europa, 1996. pp. 57,58 y 61)

Por tanto, me parece acertado denominar a este tipo de práctica como alienada porque se trata de utilizar el deporte para algo para lo que no está pensado ni es recomendable. Es sacar el deporte de su contexto y llevarlo a un mundo que nada tiene que ver con él. Para comprender mejor el término, quizá sea recomendable recordar porqué hablaba Marx del trabajo alienado, y hacer una analogía con el deporte (guardando las distancias, por supuesto).

Las personas que utilizan el deporte alienado tienen un problema grave con su autoestima, su autoconcepción y su autoimagen. Las enfermedades que acusan, son principalmente tres: la anorexia, la bulimia y el vigorismo.

En realidad, anorexia y bulimia se podrían incluir como la misma enfermedad, porque una lleva a la otra y la otra a la una constituyendo un ciclo que no es otro que el de los trastornos alimenticios provocados por la obsesión de adelgazar. Se trata de un trastorno que afecta mayoritariamente al sexo femenino. “La anorexia mental es el principal trastorno alimenticio con repercusiones en la actividad física. Se caracteriza por una imagen totalmente deformada de su propio cuerpo, por el temor enfermizo a engordar y por la voluntad feroz de permanecer delgado. El sujeto afectado deja de comer y se convierte en hiperactivo. (…) Es probable que el deporte o el ejercicio no sea la causa primordial de este trastorno, pero su práctica puede llevar a la anorexia a sujetos frágiles que, de antemano, no se aceptan ni se aman. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 63-64)

El vigorismo es un nuevo trastorno que ha surgido hace pocos años, y que acusa mayoritariamente (casi únicamente) el sexo masculino. La obsesión en este caso consiste en aumentar la masa muscular hasta el límite y hacer ejercicio físico desproporcionada y obsesivamente. Además, este problema suele ir acompañado por trastornos alimenticios, que consisten en comer solo lo que se cree que aumenta la masa muscular, o tomar diversas sustancias farmacológicas y drogas con el mismo fin. “Se habla de comportamiento obsesivo y de dependencia cuando un individuo practica el ejercicio de forma obsesiva, convirtiéndose para él en una especie de droga que persigue cueste lo que cueste, sin tener en cuenta su salud, su bienestar, su vida afectiva y profesional etc. Si se le priva del ejercicio, se hunde y se deprime por completo. Muchos obsesos del deporte también son fanáticos de su programa de entrenamiento, vigilando su progreso y sus resultados de forma maníaca, culpabilizándose por la menor falta. (…)

La participación intensa en el deporte puede precipitar la aparición de esta situación. Si se les impide hacer deporte, los sujetos caen en la disforia y la angustia.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 63-64)

Estas enfermedades suelen afectar a personas con poca personalidad y con un carácter poco formado y muy vulnerable. Si bien es cierto que las características personales y la educación recibida son factores muy influyentes en la aparición de estas enfermedades, no son los únicos. Existen otros factores extrapersonales, que se analizan seguidamente.

5.2 Por qué, para qué y cómo.

En realidad, el porqué de estas enfermedades no está todavía lo suficientemente estudiado, pero se conocen algunas causas que con seguridad están detrás de dichos trastornos.

Ya se han comentado los factores personales. Los otros a que se hace mención son, principalmente, la imagen de belleza que enseñan los medios de comunicación y la falta de educación y de cultura física.

A pesar de que ya se ha hablado de la educación, con respecto a este tema hay que aportar algún apunte más. Dentro de la educación física, uno de los objetivos que se deberían buscar, sobre todo al tratar con adolescentes (época más frecuente de aparición de estas enfermedades, o de alguno de sus síntomas), es el de aprender a amar al propio cuerpo, o por lo menos, a respetarlo. Los alumnos deberían saber cómo responde el cuerpo cuando se le quiere llevar a ciertos límites (como pueden ser la extremada delgadez o la extremada musculatura). Por otra parte, se impone una formación en materia de nutrición que contenga conocimientos básicos sobre una manera saludable de alimentarse.

A pesar de que no exista suficiente documentación con la que haya podido trabajar, me atrevo a lanzar la siguiente opinión: a nadie le gusta todo su cuerpo cuando se mira al espejo desnudo. Personalmente, no conozco a nadie que en la intimidad se sienta a gusto con lo que ve cuando se desnuda delante de un espejo. ¿Por qué? Quizás para responder a esto sí que haga falta un análisis exhaustivo de este problema social. Pero lo que sí parece cierto, es que a través de una educación dirigida a corregir este trastorno de la autoimagen se puede conseguir algo.

De una manera general, la educación en este tema debe estar enfocada a respetar nuestro cuerpo y el de los demás, y a saber ver la belleza de una manera más abierta, no conformarnos con el modelo de belleza que nos venden.

El otro factor social mentado es la imagen de belleza que se vende por los medios de comunicación. A través de la publicidad y de los programas de televisión se reduce la belleza del ser humano a una chica (o chico) joven, que tiene cierta altura, cierto peso y ciertas medidas.

Y no solo es eso, sino que cada día se ofrecen al mercado cientos de productos adelgazantes y mágicos para lograr ser como los modelos que salen en la televisión.

Como todo esto que se vende no es más que un mercado, y como todo lo que se incluye dentro de la economía de mercado está cortado por el mismo patrón, es fácil saber que lo único que se pretende conseguir es más dinero a costa de la gente. Las tácticas utilizadas para convencer a la gente son (en orden de gravedad): el lenguaje, el tono y la ambientación unidireccional, la falta de información, la información sesgada, la desinformación e incluso el engaño (algunas de estas tácticas se describirán en el punto 6.1.3). Todo para convencer a la gente de algo que no se corresponde con la realidad (los flacos acaban por convencerse de que tienen que adelgazar o estar más “cachas”), o para utilizar la realidad para unos fines del todo inmorales.

Ante este panorama, se impone una formación a todo el mundo en general (porque las víctimas no solo son jóvenes) sobre la manera de recibir la información que nos llega por los medios.

6. FUNCIÓN PROFESIONAL "El deporte como medio de vida"

6.1 Dónde y quién

6.1.1. Docentes

En el apartado 2.1 se ha hablado de la necesidad de formar continuamente, de relacionar la educación con cualquier manifestación deportiva. Pues bien, ¿quién se encarga de dirigir esa relación, de hacer interaccionar esos dos ámbitos? La respuesta es sencilla: los docentes de la educación física.

El mundo de la docencia de la educación física y deportiva lo constituyen, principalmente, los maestros de infantil y primaria, los maestros de educación física, los licenciados en educación física y deportes, los doctores y catedráticos de cualquier ámbito de la educación física, los técnicos superiores en actividad física y deportes, los entrenadores de cualquier deporte; y secundariamente, los profesores en secundaria y bachiller (de otras asignaturas que no sea educación física) y los monitores de tiempo libre.

Es cierto que el deporte se puede practicar sin tener a nadie detrás que te diga cómo se hace y que dirija. Pero también es cierto que, si se quiere estar seguro de que la forma de práctica que escojas por tu propia cuenta te reporta los beneficios que pretendes, es necesario que desde la infancia te eduquen correctamente para lograr esa autonomía que da la seguridad de saber que lo que estás haciendo es saludable para ti.

Y, hasta que no estés seguro de que tienes los suficientes conocimientos como para lograr ese grado de autonomía, lo mejor es recurrir a un docente profesional. No se quiere decir aquí que para hacer un equipillo de baloncesto y apuntarte en la liguilla del barrio haga falta tener un entrenador profesional. Lo que se quiere proponer es que, antes de apuntarse a lo que sea, hay que pedir consejo y recomendaciones a un especialista que te pueda aconsejar qué es lo mejor para tí, y qué es lo que no debes hacer nunca. Si no se funciona de la manera propuesta, se corre el riesgo de practicar una actividad física inadecuada que derive en lesiones, enfermedades, infartos, o que sencillamente, defraude o desilusione una vez puesta en práctica, por no saber lo suficiente sobre esa actividad. “Según Balz (1989) es más importante la experiencia concreta y la evaluación que el razonamiento verbal. Pero establecer que la influencia del deporte produce resultados positivos plantea numerosas dificultades: se trata, en efecto, de un factor de socialización incierto y ambivalente, y su forma de difusión a otros campos de la vida es, a veces, contradictoria y está cargada de afectividad. Por eso, Balz recurre a la enseñanza: el deporte y la actividad física pueden favorecer la socialización si están bien dirigidos.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 109)

El docente no solo tiene que informar y dirigir. Como ya se ha dicho, su función es educar, es decir, integrar todas las funciones didácticas con la función humana y educativa. En este sentido, el docente debe ser un modelo en cuestión de actitud y comportamiento, pero en las clases debe evitar que todos los alumnos tengan que hacer todo exactamente como él .No se trata de un adiestramiento, sino que se debe trabajar la autonomía y la expresión de la propia personalidad y creatividad. El docente tiene que lograr que en sus clases, sean de lo que sean, que cada uno participe y aporte algo al grupo, que se trabaje la imaginación y la personalidad. Y, al tiempo, tiene que mostrar, con la manifestación de una actitud positiva, motivante, saludable y democrática, un modelo de funcionamiento y actuación, para que los alumnos vean que lo que se enseña es un modo de vida, no simples palabras que puedan caer en saco roto.

Hay que tener en cuenta que los educadores en general, y los profesores y entrenadores (en especial en edades tempranas) en particular, tienen una influencia muy significativa sobre los alumnos. Las posibilidades de influir en toda su personalidad, en su modo de vida, en sus comportamientos, etc. son muy elevadas. Por tanto, lo que hay que intentar es aprovechar esa posibilidad para, a través de unos contenidos atrayentes de por sí (actividad físico-deportiva), lograr unos objetivos fuera de la actividad en sí: relación, cooperación, sociabilidad, democracia, etc. “El aspirante a uno u otro rol, que posee cierto número de cualidades personales más o menos interesantes, está influido por las personas que ostentan una función relevante (agentes de socialización) dentro de distintos sistemas sociales (escuela, familia, grupo de iguales y comunidad). Las personas significativas en esos sistemas, como los padres, los amigos, los entrenadores y los profesores, pueden prodigar apoyo y estímulo o hacer de modelos.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 139)

“Grossarth, Maticek, Eysenk et al. (1990), cuando hablan de la formación de actitudes son, en gran parte, producto de la reacción del individuo ante otras personas investidas de un valor importante para él (por ejemplo su entrenador, su director deportivo, otros deportistas, el público, etc.). Estos autores subrayan que “es posible moderar las actitudes negativas y reforzar las positivas mediante un entrenamiento de la autonomía, consistente en hacer que el deportista tenga más seguridad en sí mismo y sea más independiente de las nefastas presiones ejercidas por otras personas, ya sean presiones reales o imaginarias”. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 109)

Otro tema del que hay que hablar es la formación de estos docentes. En ésta es primordial que se haga hincapié no solo en la pedagogía de las actividades físicas; es igualmente necesario que se incida en la pedagogía de las cualidades morales. Al final de su formación, “los dirigentes deben ser hombres y mujeres lúcidos, con el fin de cultivar cualidades morales en sus deportistas. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 101)

Es básico que las nuevas generaciones de profesionales del ámbito cambien la perspectiva tradicional de la educación física (la tan llamada “gimnasia” de los colegios). Actualmente, “es importante la concienciación de los responsables para estimular el desarrollo de las cualidades morales deseables en los participantes y que ciertas disposiciones pedagógicas especiales pueden ejercer efectos positivos en el aprendizaje del juego limpio y la promoción de un comportamiento (de ayuda) prosocial. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 149)

Por otra parte, no solo se necesita la concienciación personal de los profesionales: “si queremos mejorar la conciencia social y la ética, debemos dar más espacio a estas cuestiones en la formación de los docentes y de los entrenadores. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 101)

El objetivo de una formación ética ya se ha comentado. Pero es muy común planteárselo, y cuando no se consigue el objetivo, venirse abajo, creer que no vale la pena preocuparse por esas cuestiones, y caer en el sistema tradicional. Lo más normal es acomodarse y olvidarse de todo lo que se está comentando. Todo el mundo (o al menos, una parte de la gente) sale de sus estudios diciendo que va a intentar cambiar las cosas. Pero a los pocos años (en muchos casos, meses) de docencia, se cansan y caen en el activismo.

Y es que la profesión es muy difícil y cansada. No te puedes relajar, no puedes caer en el activismo, tienes que trabajar antes y después de la puesta en acción ya que debes planificar (tienes trabajo antes de ir al trabajo), tienes que evaluar tu trabajo (te llevas trabajo a casa), y en clase debes atender a mil factores, estar pendiente de todo el mundo, ser psicólogo, pedagogo, padre, sabio, educador…

Pero también es muy fácil hacer la profesión fácil, es decir, olvidarse de todo y no tomárselo en serio. Para muchos, lo mejor es ir a clase, hacer “lo de siempre”, y evaluar a los alumnos según los patrones tradicionales (en gran medida, erróneos). También es sencillo no hacer una adecuada programación de objetivos y actividades (un proyecto de curso) ni realizar una autoevaluación al final de cada curso. También contra esto deberíamos luchar todos los que nos incluimos dentro de este mundo.

6.1.2. Equipos médicos

Otra serie de personas implicadas en la función de fomento de la actividad física y de los deportes está constituida por los responsables de la recuperación de la salud. En este grupo se incluyen médicos deportivos, otros médicos, fisioterapeutas, enfermeros, masajistas, etc.

Todos ellos, conociendo el cuerpo mucho más profundamente que nadie, sabe de sobra (o debería saber) que la actividad deportiva es un importante medio de prevención de la salud, como ya se ha expuesto. Por tanto, entre una de sus responsabilidades se incluye la de aconsejar a la gente: “es necesario insistir de modo muy especial en la función de los profesionales de la salud, cuyo asesoramiento cualificado puede constituir un factor determinante para crear la motivación; con su probada aptitud para prodigar consejos y ayuda, pueden sugerir a los individuos -enfermos o sanos- que modifiquen su forma de vida.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 19)

Otra cuestión a tratar en este apartado, es la capacidad que estos profesionales tienen que poseer para animar a un deportista cuando se ha lesionado. Una lesión supone un bache a la hora de querer volver a hacer deporte. Así pues, es necesario que un médico (sobre todo si es deportivo) conozca la manera de motivar a alguien que ha sufrido un trastorno al estar practicando una actividad física para que siga practicando deporte, aunque no necesariamente sea el que hacía.

6.1.3. Medios de comunicación

Hablar de los medios de comunicación es hablar de un mundo tan complejo como diverso. En relación al deporte, es evidente que los medios han incrementado en los últimos tiempos su programación deportiva (Consejo de Europa, 1996. Pág. 99). ¿Por qué? Pues porque lo pueden vender muy bien. Y es que hay que tener en cuenta que los medios de comunicación no son un servicio público. Son únicamente un negocio, y como tal, lo único que persiguen es el dinero.

El tratamiento que recibe el deporte dentro de este planteamiento, es el de un medio para conseguir dinero. Así, se valen del fenómeno social que es el deporte, como fenómeno de masas de importancia creciente (Consejo de Europa, 1996. Pág. 99) para enganchar con la gente y poder vender más.

Con este modo de enfocar el asunto, se impone describir la manera en que los medios nos ofrecen el deporte. La cuestión es fácil si se piensa siempre con la mentalidad típica del mercado de crecimiento ilimitado, “caiga quien caiga”. Para hallar la respuesta a la pregunta de ¿qué aparece en los medios? la pregunta que hay que hacerse es ¿qué vende? Bajo mi punto de vista, lo único que aparece es el deporte espectáculo, de élite. Los deportes minoritarios, y en general, los que no llevan detrás un mercado, no salen en los grandes medios de masas.

Teniendo en cuenta la influencia que ejercen los grandes medios en la población, resultan previsibles las repercusiones que esto tiene en la sociedad a nivel deportivo. Si lo único que se ve es la competición de élite, los modelos que se repetirán en la calle serán los mismos. Así, poco a poco se va restringiendo el mundo del deporte a lo que nos enseñan, lo cual es un error (este problema se comentará más en el punto 7). Las consecuencias de todo esto son múltiples.

Ante todo, hay que comentar la discriminación de unos deportes y la exaltación de otros, y muy especialmente, el fútbol. Si bien es cierto que el deporte está considerado por los especialistas (historiadores, analistas, sociólogos, etc.) como el deporte rey, esto no es excusa para hacer lo que se está haciendo con él. El mundo del fútbol se ha convertido en un teatro movido por los hilos del dinero y de los intereses comerciales. Mientras, una inmensa mayoría de deportes sufren el abismo (económico, político y social) que los separa del fútbol así como la relegación a un segundo plano dentro de la prensa deportiva y de la sociedad de a pie.

Otra consecuencia, comentada en el consejo de Europa (1996, Pág. 137) es la falta de ánimo de mucha gente que no se ve capaz de llegar al nivel deportivo que ve por la televisión; y ante esta falta de ánimo, no practica ninguna actividad física (debido a los paralelismos entre deporte y ejercicio, y entre deporte y competición de élite). La gente cada vez más, asocia el deporte al modelo mostrado, el cual, constituye una parte del mundo deportivo, pero en absoluto es lo único que hay. Una gran cantidad de actividades que se pueden calificar como deportivas no son consideradas por la gente como tales no la razón de que no aparecen en los medios (la gente no come con ellas en la mesa).

Otro problema actual a comentar habla de la influencia de los medios en las relaciones espectadores-deportistas, y de las hinchadas entre sí. Es observable en cualquier telediario, resumen de noticias, reportajes, etc. que lo que más aparece es un lenguaje y unas imágenes que se orientan más hacia la maldad dentro del terreno de juego. Por tanto la gente se cree que el deporte es eso: violencia, maltrato, dureza, aspereza en los modos, etc., y reproduce esos esquemas en las gradas (y aún fuera de ellas, en las calles y en el deporte de aficionado o de ocio).

Por otra parte, es de todos sabido que muchos periódicos y cadenas televisivas son tremendamente parciales. Apoyan al equipo de fútbol de la ciudad donde tienen más tirada o audiencia. El problema es que, el modo de informar que tienen y su filosofía de trabajo son muy parecidos a los de la prensa del corazón (con esto quiero decir que es el mismo periodismo rastrero y basura). Provocan enfrentamientos entre clubes, entre hinchadas y entre los mismos medios de comunicación. Y en medio de todo esto, maltratan a los futbolistas no dejándoles trabajar a gusto, y se olvidan del resto de deportes dedicándoles un espacio ínfimo comparado con lo que deberían tener.

La explicación es que, lo que se muestra, tiene más “morbo” que cualquier otra cosa. Como la violencia, los gestos maleducados, los insultos, es lo que llama la atención del espectador, esto es lo que aparece; como aparece eso, pues es de lo mismo de lo que se habla; y pasa, como anteriormente se ha dicho, que, al solo salir eso, pues eso es lo que hay, lo que se pide y lo que se ve fuera de los estadios; es decir, se produce un círculo vicioso.

Publicidad

El mundo de la publicidad es un ámbito asociado directamente con los medios de comunicación. También en este caso se puede hablar en un tono parecido al utilizado para los medios, porque se trata igualmente de un negocio. Las consecuencias que afectan al deporte de la política adoptada por las empresas publicitarias son múltiples.

Dentro de esta búsqueda de negocio anteriormente mencionada, se puede observar cómo los medios publicitarios se inventan numerosos productos valiéndose de la creciente audiencia de programas deportivos: “la demanda de espectáculos deportivos y la atención cada vez mayor que les prestan la televisión y la radio, así como la prensa, han dado lugar a un mercado de servicios deportivos.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 158) Esto quiere decir que, el mundo de la mercadotecnia relacionada con artículos deportivos, se inventa productos aunque en realidad no tengan ninguna utilidad.

Pero no solo es esto. Existen mil trucos publicitarios que se basan en la información machacante y unidireccional, la desinformación, la información sesgada y los engaños que persiguen como único fin vender el producto. Además, el hecho de ser tan repetidos los anuncios (aparecen en todas las retransmisiones) provoca que las personas nos acabemos por creer lo que nos dicen (o, por lo menos, hacen que se nos pase por la cabeza lo que ellos proponen).

Algunos de estos trucos son: arreglos de los modelos mediante programas informáticos, para adelgazarlos, limpiarles los dientes, aclararles la voz, etc.; uso de un lenguaje científico que, aunque realmente esté diciendo tonterías, o mentiras, es muy efectivo para que la gente ignorante crea lo que se dice casi religiosamente; juegos de luces, sonidos y efectos especiales para lograr una ambientación que evoque situaciones perfectas, pero irreales. Y un experto publicista nos podría describir muchos más. Pero lo que se quiere decir con esto es que, lo que se está haciendo es meter en la cabeza de la gente un mundo tan perfecto como irreal, y que, por supuesto, nada tiene que ver con el deporte. Se venden productos adelgazantes (que no lo son realmente), complementos mágicos, artículos para ejercitarse, zapatillas mágicas, etc., que a lo único que llevan es al fomento de problemas sociales como los trastornos alimenticios, ignorancia con respecto al propio cuerpo, consumismo masivo, gasto de dinero inútilmente, etc.

Por otra parte, “Los anunciantes necesitan un soporte, que encuentran cada vez más en los deportes.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 159) Diversos deportistas famosos salen frecuentemente en anuncios sirviendo de modelos para la venta de productos para nada relacionados con su profesión como champús, bollería, coches, etc. esto no es más que una contribución a ese mundo perfecto que nos venden. Dicho de otra manera, los medios y la publicidad crean ídolos, modelos perfectos, y una vez que estamos convencidos de que representan todo lo deseable, los aprovechan para vendernos lo que quieran.

En realidad, tanto si nos referimos al mundo de la prensa deportiva como al de la publicidad se observan una serie de consecuencias. De todas ellas se podría hablar largo y tendido, pero por no ocuparnos estos temas específicamente, únicamente los dejaremos expuestos tal y como se ha hecho, sin profundizar. Hay que señalar que, aparte de las consecuencias comentadas, existen más.

Por otra parte, tampoco seríamos justos si responsabilizáramos solo a los medios de los anteriores problemas. Si bien es cierto que la influencia de éstos es muy importante, existen otros factores que también afectan, como la educación o la mentalidad consumista.

6.1.4. Políticos y directivos

Dentro de este grupo se incluyen todos los políticos relacionados con el mundo de la cultura y el deporte, todos los dirigentes o personal adjunto de los clubes deportivos, todas las empresas y todas las asociaciones relacionadas que, de alguna manera, tienen la capacidad de dirigir los cauces del desarrollo del deporte dentro de la sociedad.

Todos los mencionados tienen la responsabilidad de posibilitar a todo el mundo la práctica deportiva, en la forma que cada uno quiera. En teoría, cada persona debería poder hacer la actividad que quisiera (Consejo de Europa, 1996. Pág. 148). De forma especial, al ser el deporte una institución social, y una actividad humana, el Estado es el máximo responsable de que lo anteriormente se cumpla: “es primordial que el Estado garantice a todos los ciudadanos el acceso al deporte, tanto en la escuela como en calidad de ejercicio recreativo y campo de perfeccionamiento profesional. Deben ofrecerse posibilidades para cada nivel de actividad deportiva. Esta responsabilidad incumbe tanto más al Estado en cuanto que el deporte es para cada país un componente importante de la calidad de vida y de la cultura.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 100)

Sin embargo, la realidad es muy distinta. El Estado no funciona bien cuando la una gran parte de la población no tiene en cuenta al deporte como una actividad básica y necesaria en la vida de toda persona (ya que cumple muchas funciones vitales ya comentadas, como educativa, recreativa, de mejora de la salud, socializadora, etc.). Esta falta de concienciación es un problema de base que tiene dos causas principales que se comentan a continuación:

  • La falta de horas de educación física en el programa educativo, y la consideración tradicional que a esta asignatura se le tiene.

  • “Hay que velar muy especialmente por que se conceda un elevado grado de prioridad, en los programas escolares, a la educación física y a la educación para la salud, y debe procurarse que, en las escuelas, se promuevan la idea y la práctica regular de los deportes y de las actividades de ocio.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 19)

    “Las experiencias llevadas a cabo en el medio escolar en determinados países muestran que una sesión de actividad física cotidiana produce efectos muy positivos. La tendencia, bastante generalizada, a reducir el tiempo dedicado a la educación física en los currícula solo puede llevar a degradar la forma física de los jóvenes. Por tanto, es muy importante que los gobiernos, las colectividades locales y las organizaciones populares se manifiesten enérgicamente a favor del deporte de los jóvenes.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 102)

    Quizá si se logra conceder esta prioridad a la educación física, además de dejar de considerar a esta asignatura como una “maría”, se logre una buena parte de las propuestas que aquí se proponen. Pero, el Estado, en lugar de esto, hace todo lo contrario, es decir, reducir horas. Esto solo puede provocar que la salud general de la población empeore y que los valores que desarrolla el deporte bien dirigido no se cuiden como deben. Los niveles de práctica de actividad física de la población europea han bajado por este descenso en las horas lectivas (Consejo de Europa, 1996. Pág. 141). “Por eso muchos investigadores especializados en este campo afirman que hay demasiados jóvenes que no hacen ejercicio con suficiente frecuencia ni intensidad para contribuir al mantenimiento o la mejora de la salud o para aprender las aptitudes físicas que les permitan participar en actividades deportivas corrientes en la sociedad -que, por tanto, constituyen una parte importante de la herencia cultural-.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 141)

    Se ha hablado de herencia cultural. No en muchos lugares se habla de deporte y cultura como términos interrelacionados. Pero lo cierto es que el deporte también es cultura. Quizá si lo consideramos como tal, podamos explicarnos la segunda causa a la que nos referíamos antes.

  • El ingreso del deporte en el sistema capitalista, y por tanto, su inclusión en la economía de mercado.

  • El deporte actualmente, y sobre todo si se mira desde la política y los dirigentes, es un objeto comercial, y es un error intentar explicarlo como otra cosa. Como tal, ha perdido la parte que le toca en la educación (como ya se ha explicado), en la salud, en el ocio, en la transmisión de valores, en la cultura, etc. Y como tal, su estructura ha cambiado con respecto a lo que era hace unas décadas. Actualmente, importa en el deporte todo lo que se refiere a las repercusiones económicas. Así, en primer lugar, “la gestión deportiva se ha convertido en una profesión. (…) En los deportes activos y, sobre todo, en los grandes clubes deportivos y en las organizaciones con fines lucrativos que ofrecen instalaciones deportivas, hacen falta gestores. En segundo lugar, el deporte como espectáculo necesita especialistas en gestión y, en tercer lugar, es preciso asegurar la gestión y la administración de la infraestructura deportiva. El deporte comercial adquiere cada vez mayor importancia en las sociedades urbanas muy desarrolladas, que suponen una gran concentración de espectadores potenciales. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 155) No hay más que irse a un estadio para corroborar esto. Todo es espectáculo, grandiosidad, parafernalia; hay cien partidos del siglo, mil “mejores momentos en la temporada”, millones de mosaicos, billones de premios “al más guapo”, etc. sin ir más lejos, solo tenemos que ver el derroche que está realizando el club de fútbol Real Madrid para conmemorar su centenario. ¿Es que nadie se ha parado a preguntar cuántos millones se están gastando innecesariamente?

    Esto anterior quizá se refiera más a los clubes y asociaciones privadas. Pero, ¿y el Estado? Pues es igual. El deporte es una realidad comercial. No interesa preocuparse de todo lo que acompaña al deporte en cuanto a valores, educación, salud, etc. el deporte se mira desde el ángulo de ¿qué puede aportar al Estado para enriquecerlo? Se pasa, entonces, de hablar de valores, a hablar de inversiones, de educación a empleo, de salud a instalaciones, de fomento a producto nacional bruto: “La incidencia del deporte en el producto nacional bruto y en el empleo es importante, incidencia a la que no es ajena la comercialización del deporte.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 156)

    “La participación en el deporte y la demanda relacionada con el deporte llevan consigo la construcción de instalaciones y la creación de empleo en los clubes y federaciones deportivas autónomas, en las empresas privadas, incluidas las editoriales de obras sobre deportes, en los medios de comunicación y en el sector público.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 156)

    “La construcción y el posterior funcionamiento de las instalaciones llevan consigo la creación de puestos de trabajo que, a su vez, tienen efectos positivos en otras actividades comerciales y de servicios.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 157)

    “Las inversiones en instalaciones deportivas y en infraestructuras (aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, puertos) producen los mayores gastos relacionados con los acontecimientos deportivos. Estos gastos corren a cargo de las entidades locales, las empresas privadas y el estado, y es previsible que tengan repercusiones económicas en una ciudad o región e, incluso, en todo un país, contribuyendo a atraer a inversores locales y extranjeros, a dinamizar la empresa local y, a veces, a estimular la industria y los empleos locales.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 157)

    Todo este sistema conlleva una serie de consecuencias. Muchas de ellas ya han sido comentadas en puntos anteriores: ignorancia en los campos de educación y salud, ocio; permisión y apoyo de la política de los medios de comunicación; y los problemas que todo esto genera. A continuación, se relatan otras tantas, quizá menos generales, pero no menos importantes.

    • Hacer deporte está muy caro, y resulta excesivamente difícil. Montar un equipo y que te concedan una plaza el las ligas públicas es muy costoso y complicado. Por ejemplo, mi equipo (en Alcorcón) de fútbol está en la liga de 3ª regional, liga perteneciente a la Federación Española de Fútbol, cuesta alrededor de 500.000 pesetas al año, y eso que solo entrenamos dos días en semana.

    La desorganización y la burocracia incompetente que rodea a todo lo que es organización deportiva permite continuas injusticias a todos los niveles; desde que no puedas denunciar el carácter dictatorial de muchos árbitros, hasta que ni siquiera te den la posibilidad de jugar en la liga de tu ciudad, “porque hay demasiados equipos” (y digo yo, ¿cuándo hay demasiados equipos?)

    Pero no solo es eso. Los precios de las instalaciones públicas son elevadísimos. En este caso no hay preferencia en los deportes, todos te hacen rebuscar en el bolsillo. Léase como ejemplo una experiencia personal: resulta que es tradición en el colegio donde yo soy monitor-profesor de fútbol organizar un partido entre los padres y los profesores. Pues bien, cuando preguntamos si estaban disponibles las pistas de fútbol, nos anunciaron el precio que debíamos pagar: 4.000 pesetas para jugar una hora. De este modo, resulta admirable observar cómo la política deportiva apoya cualquier tipo de iniciativa para animar a la gente a hacer deporte y para divertirse. Evidentemente, por tratarse de este caso particular, lo pagamos. Pero, ¿y si en lugar de padres hubiéramos sido niños sin tanto poder adquisitivo, o si un día quieres jugar al fútbol, otro al tenis, otro al voleibol? ¿Acaso tienes que estar ahorrando un mes para ir a hacer deporte?

    • A parte de la falta de cultura deportiva en general, se evidencia una despreocupación y una falta de fomento alarmante. “Por lo menos, el 40% de los sujetos que nunca o casi nunca hacen ejercicio declara que, sin duda, haría más ejercicio si estuviera mejor informado, si se abrieran caminos para peatones y pistas por las que se pudiera circular en bicicleta y se pudieran utilizar las instalaciones deportivas de los centros docentes. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 94)

    Hablando de esta falta de información, se puede comentar una cuestión que afecta a los adultos una vez han sobrepasado cierta edad. Resulta que no a todas las edades se pueden llevar a cabo los mismos esfuerzos. Es vergonzoso ver a ancianos correr una maratón, sabiendo que desconocen en absoluto que no están mejorando su salud, sino acelerando su artrosis (además de empeorando muchas más funciones fisiológicas). “El esfuerzo penoso, excesivo, brutal y nefasto, desde el punto de vista biomecánico, que exigen ciertos deportes muy duros (…) puede provocar lesiones. En consecuencia, hay que situar el esfuerzo dentro de una horquilla óptima de movimiento y de presión articular para preservar las cualidades estructurales y funcionales.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 31) No es cuestión de prohibir nada a nadie, pero lo mínimo que exige un comportamiento moral es que, si sabes que esa persona se está perjudicando con lo que hace, por lo menos infórmala.

    • Dentro del conjunto de directivos del deporte se ha incluido antes a los medios de comunicación. Actualmente, los medios mueven cantidades ingentes de dinero, y se asocian a la política. Por esto, también tienen la capacidad de influir desde ese lado al deporte. Las federaciones y los clubes son súbditos de los grandes medios. “Se plantea también el problema de la pérdida de autonomía del deporte cuando hay que modificar las reglas o la duración de los partidos para satisfacer las exigencias de los emisores. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 159)

    • Por último, se denunciará una realidad vergonzante, de la que también son máximos responsables los directivos de los grandes clubes. Esta realidad a la que me refiero, es el apoyo de las hinchadas ultra por las directivas. Es increíble que todos los días nos encontremos con enfrentamientos en las gradas y luchas callejeras provocadas por esta gente, y que esto esté apoyado desde arriba. ¿Cómo es posible apoyar al fascismo, al nazismo, a la violencia en general? No lo sé. Este tema, por falta de documentación, no se analizará más a fondo, pero me ha parecido necesario mentarlo al menos.

    6.1.5. Alto rendimiento

    Todos los deportistas profesionales están incluidos en este grupo. Ya se ha hablado de la diferencia entre el fútbol y los otros deportes. En España, el único deporte que se acerca (muy de lejos) al fútbol, es el baloncesto. Saliéndose de estos dos deportes, resulta muy complicado vivir del deporte si no eres uno de los mejores.

    No nos damos cuenta de que en la tele solo salen los mejores diez tenistas españoles, o los mejores jugadores de voley, o los mejores en…lo que sea. Pero nunca aparecen todos. Nunca salen los que dedican todo su tiempo y dinero, y que además aguantan una falta de preocupación vergonzosa.

    Deportistas de alto nivel hay en todas las especialidades y hay que concienciar que no sabemos nada sobre ellos. Lo poco que conocemos nos llega a cuentagotas, y nos habla de personas que frecuentemente son devotos del deporte que suelen dejar de estudiar, o en otros casos son grandes engañados y tentados por el éxito que les han vendido, y en otros casos son personas que, siguiendo con otras ocupaciones (empleos o estudios), sacan ese montón de horas necesarias para entrenar en su especialidad.

    Aquí, no se va a comentar otro problema que el que ya se ha mencionado. Por falta de información y por no haber tenido contacto personal con el mundo del alto rendimiento, no comentaré otros asuntos. No se pretende hablar sin saber, como lo hacen frecuentemente los periódicos, ni se quieren dar opiniones infundadas, solo se quiere recordar que existen un montón de personas dedicadas en pleno al deporte, y que nadie se acuerda de ellas.

    6.2 Por qué, para qué y cómo.

    Las preguntas que se proponen para repasar los ámbitos profesionales anteriores ya han sido contestadas. Debido a la heterogeneidad de las profesiones relacionadas con el deporte, no ha parecido adecuado separar los comentarios en dos apartados.

    Además, la explicación al por qué y al para qué, es sencilla: cada uno elige cual va a ser su profesión. En lo que más se ha incidido es en el cómo, y en sus consecuencias.

    Por tanto, en este apartado solo se recordará por encima todo lo expuesto anteriormente. Y es que es necesario hacer una perspectiva general, capaz de integrar todo lo dicho. Es posible que esa sea la palabra clave: integración. Es necesario que desde todos los lugares que se relacionan con el deporte se dé una integración, sobre todo en cuanto a objetivos. Éstos, cualquier profesional debería tener claro cuales son. No se trata de definir la función que cada uno tiene en su profesión; se trata de tener conocimiento de que, si todos (la sociedad) nos proponemos algo, es posible cambiar las cosas. Lo que hay que lograr es formar otro sistema de funcionamiento general; y esto, si no se intenta desde todos los ángulos a la vez, no se conseguirá. Toda la sociedad profesional debe concienciarse de los problemas sociales generados por el deporte, y aquellos problemas que se pueden solucionar a través de la actividad física. Y, una vez concienciada, ponerse en marcha.

    7. RELACIÓN DE LA COMPETITIVIDAD CON OTROS ÁMBITOS

    Todo el sistema actual se basa en la competitividad. El deporte de hoy ha perdido una gran parte de su riqueza, porque el reduccionismo a que se ha visto sometido ha acabado con bases fundamentales de su esencia. Las causas de este reduccionismo ya han sido criticadas; nos referimos, por supuesto, a la educación (metiendo aquí todo lo referente a herencia cultural, tradiciones, etc.) y a los medios de comunicación.

    El deporte se está viendo reducido a un modelo general, basado en la competitividad agresiva y ambiciosa, carente de valores éticos. En este apartado se propone repasar cómo afecta esta competitividad en los diferentes ámbitos deportivos, desde la infancia hasta la adultez. Tomando las palabras de Norbert Elias (1992, Pág. 247), “El tema de este ensayo es lo que para mí constituye la tendencia dominante en todo el mundo dentro del deporte moderno: la tendencia, en todos los niveles de participación pero de forma más patente en el deporte de alto nivel, hacia una creciente competitividad, seriedad en la participación y búsqueda de triunfos. Dicho con otras palabras, la tendencia a que me refiero implica la erosión gradual pero aparentemente inexorable de las actitudes, valores y estructuras del deporte como “afición” y su correlativa sustitución por las actitudes, valores y estructuras “profesionales”, sea cual sea el sentido del término.”

    7.1 Escuelas de deporte

    En este apartado puedo hablar desde mi experiencia personal, ya que, como ya he dicho, soy profesor de fútbol. Si, profesor, aunque no sea un término corriente. Y si no, que se lo pregunten a mis niños, ya que son ellos los que llaman “profe”. Muchas veces me pregunto por qué cuando pasan a ser adolescentes dejan de llamar profesores a los monitores-entrenadores de fútbol, o de lo que sea. ¿Por qué solo se consideran escuelas aquellas asociaciones donde hay niños? ¿Por qué jóvenes de 20 años van a “entrenar” en lugar de “a la escuela a aprender”? Digo yo que, igual que hay escuelas de música o de idiomas donde van adultos, las podría haber de deportes. Quizá si se lograse seguir siendo considerados como profesores significaría un síntoma de que las cosas habrían cambiado. Por tanto, aquí se hablará de niños, pero solo haciendo caso a la realidad, pero en realidad deberían estar incluidas todas las deportistas (menos, quizá, las profesionales).

    Todo responsable de educar a niños debe conocer las consecuencias de sus acciones con ellos. El grado de influencia de los monitores y profesores deportivos en las primeras edades (sobre todo) es elevadísimo. Con esto quiero decir que el camino que nosotros les enseñemos va a ser uno de los que podrán elegir. Evidentemente, todos los responsables en educarles deberíamos no mostrarles nunca algunos de estos caminos, como pueden ser la violencia, la irrespetuosidad, el avanzar pisando a los demás, etc. La manera de comportarse y de actuar, y en definitiva, la personalidad se forja con nuestra colaboración directa.

    “Ciertos factores son determinantes con respecto a la socialización: el grado de cooperación entre los individuos, la calidad del liderazgo, el espíritu de competición, la importancia concedida a la victoria, la parte que se deja a la actividad individual espontánea y la libertad de elección y de decisión, el peso de las estructuras formales. Otros factores favorecen la socialización armoniosa de los niños: primacía de la tarea sobre el resultado, conciencia de la finalidad del entrenamiento y visión a largo plazo.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 102-103)

    “La alegría, la falta de angustia y de sentimientos negativos dependerán, no obstante, de las ambiciones con respecto al éxito, de los móviles que empujan al deportista y del clima en el que se practique el deporte.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 102)

    ¿Qué se quiere decir con esto? Pues que, dependiendo de la motivación que les demos a lo niños, ellos van a disfrutar de unas cosas o de otras. Se les puede enseñar que solo se es feliz si se gana, o se les puede enseñar que solo el hecho de participar en un grupo es del todo satisfactorio.

    Con respecto a la pura competición, ésta no es mala en sí. “Las competiciones deportivas permiten que los seres humanos venzan a otros en un combate físico sin dañarlos físicamente. La resolución de la tensión y del esfuerzo de la batalla en la victoria puede producir un efecto vigorizante y purificador. La persona puede sentir con gozo y sin mala conciencia la confirmación de la propia valía, un acrecimiento justificado de su autoestima en la seguridad de que fue una lucha limpia. En ese sentido, el deporte proporciona amor a uno mismo sin remordimiento.” (Norbert Elias, 1992. Pág. 65)

    Pero este amor deviene en egoísmo, envidia y no aceptación deportiva de la derrota (todos los cuales derivan en otros problemas a corto y a largo plazo) cuando la única meta es ganar. Es el viejo lema de “hay que saber perder, pero es más importante saber ganar”. Solo así se consigue que dos grupos de personas que se enfrenten acaben unidos amistosamente. “La noción de juego limpio es esencial: solo puede concebirse la socialización a través del deporte si adquiere dimensiones morales. Pero la tiranía del éxito provoca desviaciones cada vez más numerosas, no solo en el deporte profesional, sino también allí donde el deporte tiene la función de modelo, es decir, entre los jóvenes.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 101)

    Desgraciadamente, en los clubes y equipos, y aún en muchas escuelas de deporte infantil el entrenador sigue adoptando ese rol de persona dura y siempre cabreada para que le tengan respeto. Es muy triste ver a una persona que se enfada con un niño porque no es capaz de llevar a cabo una actividad. Lo veo todos los sábados en los partidos, y resulta absolutamente vergonzoso ver cómo un chico no puede, y se le exige más, con el único fin de ganar. Ese es el problema, que lo único que se les exige es ganar. Se les puede exigir aprender, respetar, esforzarse, y millones de cosas (todas las que sean pedagógicamente aceptables), pero no ganar, porque va a crecer pensando que éxito y victoria son sinónimos. “Solo bajo la presión de los adultos, los niños comprenden con bastante rapidez de qué se trata y adoptan progresivamente la actitud de la competición. Tratan cada vez más de jugar bien y de ganar, se interesan menos por el juego limpio y por el simple placer de jugar (Volkwein, 1993). (Consejo de Europa, 1996. Pág. 116)

    Y, en crear ese interés, tienen su función fundamental los profesores. Más allá de enseñarles a tirar más fuerte, está el enseñarles a comportarse en sociedad. “Gracias al contacto con sus contemporáneos, con sus entrenadores, etc., el individuo se dota progresivamente de nuevas perspectivas y de nuevos valores, lo que contribuye a modificar su personalidad. Se sabe perfectamente que no es fácil de demostrar estos cambios.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 108-109) Pero hay que creer que son posibles y luchar por conseguirlos. Hay que perseguir sistemáticamente el desarrollo de la moral, dentro de un comportamiento ético. Porque “es difícil hablar de la socialización sin referirse al desarrollo de la personalidad y, sobre todo, de los valores morales. (…) En relación con la moral, el deporte pregona la famosa exigencia de “juego limpio”. El problema consiste en saber si un deportista “adquiere una tendencia a comportarse de acuerdo con sus esquemas de moral teórica más maduros, aunque los imperativos y estrategias convencionales de la victoria empujen a adoptar otro comportamiento” (M. R. Weiss, 1986).” (Consejo de Europa, 1996. Pág., 111)

    “No cabe duda de que el juego limpio tiene una relación muy estrecha con la socialización y puede decirse que la socialización a través del deporte solo es posible con el desarrollo sistemático de los caracteres morales.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 111)

    7.2 Clubes

    La organización en clubes para practicar deporte resulta una idea magnífica. Desde siempre las asociaciones han aportado más al individuo que la solitariedad. El contacto con otras personas siempre es enriquecedor. Pero es que, además, el hacho de pertenecer a un club resulta especialmente agradable. “El ambiente deportivo (y en especial, “el espíritu de club”) genera otra mentalidad en materia de moral.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 101)

    Cuando te sientes a gusto en un equipo, es emocionante. Estás esperando la hora del siguiente partido, de la siguiente reunión, del próximo entrenamiento, etc. Vas con ilusión, y eres capaz de expresarte plenamente. Además, nunca faltan iniciativas que, por típicas, no dejan de ser agradables, como salir de noche, quedar padres e hijos e irse de cena, o hacer una excursión, o jugar un partido, etc. “Orlick (1980) subraya igualmente que, en el deporte, y sobre todo en los deportes de equipo, se aprende el sentido de la cooperación. Los deportistas aprenden a trabajar juntos y a forjar la cohesión. Este autor habla de la buena comunicación, del respeto mutuo, del sentimiento de acercamiento, del ambiente amistoso como elementos que contribuyen a mejorar las sesiones de entrenamiento, a hacer agradables los desplazamientos y más satisfactorias las competiciones. Por desgracia, también constata que “la armonía entre los miembros del equipo no siempre es el distintivo del equipo”. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 109)

    Rigel (1985) se interesa por el deporte practicado en los clubes. Con él los contactos se hacen más frecuentes, se establecen nuevas relaciones y mejora la capacidad de comunicación. El deporte favorece también la higiene social. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 117)

    Este tipo de relaciones son más frecuentes en los clubes pequeños. Es lógico que, si tú conoces a todos los miembros de tu asociación, te resulta más fácil entablar relación con ellos, y comprometerte con el grupo, que si en tu club hay mil o diez mil socios. “Hay una correlación entre la forma de organizar el deporte y el grado de compromiso de los participantes. Un estudio realizado en el Reino Unido muestra que el tamaño medio de los clubes deportivos es de 39 personas. En Francia se obtuvieron resultados similares. El compromiso de los miembros de estos pequeños clubes es muy grande. Heinemann (1994) ha descubierto en un estudio alemán que el compromiso de los miembros es elevado en los clubes pequeños y débil en los grandes clubes.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 169)

    Sin embargo, no todo es tan bonito como se pinta. Si bien es cierto que el ambiente de club favorece unas relaciones especialmente amistosas, también es cierto que el grado de relación depende del tipo de club del que se hable. Los factores que definen este tipo de club tienen que ver con los responsables de dirigirlo en todos sus aspectos, de los cuales ya hemos hablado; de las circunstancias que lo rodean, como presupuesto, grado de participación, objetivos planteados, lugar disponible, etc.; de los propios participantes y sus circunstancias; y de la cultura de club. Esto último sí que es una característica propia de esta clase de asociaciones. La cultura de club se entiende si realizamos una analogía con la cultura dentro de nuestra sociedad (donde la sociedad es el club). “Los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por Smith ponen en evidencia la existencia de una subcultura propia de cada actividad, subcultura que inspiran los jugadores más antiguos de las divisiones superiores. El problema de las subculturas de este tipo consiste en que pueden llevar a la transferencia de modelos comportamentales violentos de los deportes de élite a los deportes que practican los niños y los jóvenes (…). En el estudio de Enhilas (1974) sobre los jugadores de fútbol masculinos (de edades entre 15 y 18 años), se descubren las mismas tendencias. En Alemania Pilz (1992) ha llevado a cabo varios estudios sobre el juego limpio entre los jugadores de fútbol. Los resultados obtenidos revelan que, cuanto mayores son los jugadores, mayor es su tendencia a transgredir las reglas con el fin de ganar. Basándose en esos datos, el autor afirma que el club de fútbol parece ser un agente muy eficaz de socialización -o de selección- de una moral “tramposa” centrada en los resultados, en una sociedad cada vez más dominada por los “cálculos utilitarios”. (Consejo de Europa, 1996. Pp. 144-145)

    “El estudio de Nilsson (1993) se centró en jugadores de fútbol de distintas edades, repartidos en cuatro clubes suecos de élite. El objetivo consistía en analizar los procesos de socialización y las distintas culturas de club, así como sus efectos en sus valores y en el comportamiento de los jugadores. (…) Se pusieron en evidencia marcadas diferencias entre los cuatro clubes, lo que indica que la cultura de club ejerce una fuerte influencia en los valores de los jugadores y en la percepción de lo que se entiende como una forma “correcta” de jugar al fútbol. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 147)

    Se puede observar cómo bajo estos estudios y sus resultados planea el problema que nos ocupa: la competitividad. Está claro que en un club de montaña, donde lo único que se busca es divertirse en la naturaleza y disfrutar de ella con tus amistades, no existe este problema. En este caso se hablaría de otro tipo de culturas: existirían clubes disciplinados o descuidados en cuanto al horario, culturas de club típico de gente pudiente o humilde, etc. Pero no se habla de competitividad como anteriormente.

    La idea del club es la de juntarse unas cuantas personas que buscan lo mismo: disfrutar haciendo lo que más les gusta en su tiempo libre. Esto lleva a otros valores como el espíritu de grupo, la capacidad de sacrificio por los demás, la confianza, etc. Pero, lamentablemente, esta idea ha degenerado y se ha pasado a ese modelo único y restringido del que hablábamos antes: “Generalmente los clubes deportivos son organizaciones sin ánimo de lucro: su objetivo principal es el entretenimiento, casi todos sus miembros son aficionados en el sentido tradicional de la palabra. Pero, a menudo, los clubes activos en deportes populares de competición se orientan en parte hacia el deporte profesional: la mayoría de los deportistas es (más o menos) profesional.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 169)

    7.3 Profesionalismo

    Dentro de este mundo se observa, mucho más que en otros, un fenómeno del que nos habla en Consejo de Europa (1996, Pág. 110): la activación social: “es el fenómeno por el que la actividad de otros individuos inspira el deseo de conseguir marcas aún más elevadas, pudiendo inducir un cambio de comportamiento. Hay individuos que rinden más cuando se enfrentan a competidores en el marco de un esfuerzo físico, que coordinan mejor sus movimientos y que prevén las acciones de los demás miembros del grupo. Cratty da la siguiente explicación: “En la acción motriz influyen habitualmente las incidencias sociales relacionadas con la situación inmediata y el contexto cultural general en el que se desarrolla la acción. A medida que el individuo adquiere un saber técnico, no solo se preocupa por los detalles de la tarea que efectúa, sino también por la actuación que la cultura ambiente espera de él.”

    Pero este fenómeno se ha convertido en el fundamento de las competiciones profesionales. El mundo de las competiciones deportivas se ha convertido en una selva, regida en su evolución por una selección natural. Según esta selección, solo sobreviven los más fuertes, hábiles, altos, etc., en definitiva, los más capacitados para cumplir los objetivos que mueven la práctica competitiva del deporte actual.

    “El análisis de él (Rigauer), el deporte moderno en un producto “burgués” (…) de la clase dominante para su propio placer. (…). El deporte se está caracterizando cada vez más por la búsqueda de éxitos. Esto se ve en la tendencia a batir marcas, en las horas de entrenamiento agotador invertidas en ese fin y en la aplicación de métodos científicos con tal de mejorar la actuación de los deportistas. Además, algunas técnicas de entrenamiento por “fases” y “circuitos” reproducen el carácter enajenante y deshumanizador de la producción en cadena. (…) El papel del deportista se está reduciendo (…), tendencia doblemente manifiesta en los deportes de equipo (satisface las demandas de un plan táctico ya prescrito).” (Dunning, 1992. Pág. 254)

    La dedicación al deporte como medio de vida, como profesión, ha dejado de ser divertida. Se supone que uno debe trabajar en lo que le gusta. Y, si bien es cierto que los deportistas aman su disciplina, también es cierto que podrían amarla mucho más. Está bien que se busque siempre la mejora, e incluso que el objetivo sea ganar a los demás. Pero de eso a someterse a una disciplina militarista hay una gran diferencia.

    Actualmente se les exige a los deportistas esfuerzos excesivos. Los intereses económicos y de prestigio, y la necesidad de reconocimiento del deportista para su propia supervivencia (un atleta que no es conocido no tiene para vivir del atletismo) hacen que el deportista se exija resultados que a veces no están a su alcance, y que, aunque estuvieran, no serían recomendables. Es cierto que este es el sistema de cualquier actividad profesional sea el ámbito que sea. Actualmente, lo que funciona es el espíritu del pisoteo a los demás para ascender yo. Se está convirtiendo en la cultura del crecimiento ilimitado y a costa de lo que sea. Pero no quiere decir que sea aceptable. Sobre todo, el mundo del deporte debería huir de este tipo de filosofía.

    Las consecuencias de este modo de ver la competición profesional son variadas. Algunas de ellas son:

    • Los problemas psicológicos que afectan a algunos deportistas frecuentemente, y que hasta hace uno años no se han observado. Éstos son: la depresión (Consejo de Europa, 1996. Pág. 55), la ansiedad, el aislamiento (por el exceso de horas dedicadas a su profesión), la soledad, etc.

    • La competitividad aplastante, no solo entre equipos, sino también en el interior del mismo equipo (Consejo de Europa, 1996. Pág. 110). Esto lleva a terminar con todos esos valores de los que se hablaba cuando nos referíamos a los clubes. Aunque los jugadores de un equipo se suelan llevar, en general, bien, es moneda de cambio hoy ver enfrentamientos bruscos en los entrenamientos, enfados en los partidos, falta de diálogo, falta de empatía y de apoyo al débil (selección natural), etc.

    • La búsqueda de elementos ajenos al deporte en sí para mejorar las capacidades físicas. Evidentemente, a lo que me refiero aquí es al problema el doping. Estoy de acuerdo con la investigación en el campo de la medicina para mejorar y para evitar problemas físicos. Y en cuanto al doping, es un tema muy resbaladizo. Lo rechazo porque su uso se incluye dentro de esa filosofía de mejora a costa de lo que sea, de anteponer los intereses económicos y de prestigio a los de salud o respeto al medio; pero, si lo miro desde dentro de esa filosofía, lo entiendo. Puedo entender que un tío al que se le exige entrenar 5 o 6 horas al día y tirarse 20 días compitiendo al límite de su capacidad se dope. También entiendo que otro tío que tiene que jugar un partido de fútbol (aunque el doping en este deporte es el gran invento de los medios y es una absoluta mentira) cada tres días se tome sustancias que le ayuden a soportarlo. Es como si le pides a un coche que te dé la vuelta al mundo sin que tenga ningún problema técnico, y sin reponer gasolina. Pero este tema es muy amplio y no estoy suficientemente documentado como para extenderme más en él. Solo dejo mi opinión (fundada) de que, metidos en el mundo actual, lo entiendo, pero visto desde el punto de vista que defiendo a lo largo de todo este trabajo, lo rechazo.

    8. VALORES IMPLÍCITOS DEL DEPORTE.

    En realidad, en este apartado se incluye un compendio de lo que se ha estado diciendo a lo largo del trabajo. Quizás en cada apartado se incide más en unas cuestiones que en otras, pero, como se podrá observar, las citas y las tesis lanzadas en un lugar tendrían perfecta cabida en cualquiera de los otros.

    8.1 Deporte y valores (deporte como medio)

    La idea del deporte es que es un medio estupendo para enseñar y para aprender. El deporte, en un altísimo porcentaje, gusta, y es una fuente de gozo. Entonces, la cuestión es utilizar ese placer para educar. El deporte tiene esa facultad que quizá solo las artes tienen, y que consiste en sentir algo inefable cuando lo practicas. Evidentemente, aquí nos referimos al deporte ideal, no por ello inexistente. Es ese que tenemos el gusto de practicar cuando todo el contexto que lo rodea es idóneo para nosotros. Es ese que nos permite desarrollarnos íntegramente, con el que disfrutamos de verdad.

    El deporte cumple todas las funciones que en este escrito se muestran. Pero es que, además, hay un valor añadido en el deporte que, por no tener término (es eso inefable que antes mencionaba), no se encuentra en muchos lugares descrito. Consiste en ese aspecto romántico, hedonista y catártico que se revela cuando lo practicamos.

    Pero no solo es eso. Lo maravilloso del deporte es que, bien dirigido, educa de por sí, es decir, aunque el docente no se lo plantee como objetivo específico, el deporte educa de todas formas (Consejo de Europa, 1996. Pág. 102)

    Otro de los valores que acompaña al deporte es la diversión. Hay que pensar que esta actividad está pensada para disfrutarla. “El propósito de los grupos deportivos, “si es que tienen alguno, es proporcionar placer a la gente”. (Dunning, 1992. Pág. 251) Donde hay actividad deportiva, hay placer. Por tanto, cuando no se observa éste (o, por el contrario, se ve lo opuesto) nos tenemos que plantear que ahí existe una desviación.

    Y es que resulta muy fácil que los valores que todos nos planteamos como ideales a conseguir gracias a nuestra disciplina se trunquen y se desvíen. La explicación de estas desviaciones está en que, el deporte levanta pasiones; hace aflorar los sentimientos. Y lo hace de una manera especial: según las palabras de Norbert Elias (1992, pp. 65,66): “Pero si el deporte comparte con otras muchas actividades recreativas su carácter mimético, la capacidad de despertar emociones similares a las que se experimentan en otras situaciones y aún la posibilidad de la catarsis, se diferencia de la mayoría de ellas, y sobre todo de las artes, por el papel central que en los deportes desempeñan las luchas in toto entre los seres humanos. En todos los tipos de deporte los seres humanos luchan entre sí directa o indirectamente.”

    Se ha hablado del carácter de lucha, y del mimetismo. Es cierto que el deporte tiene mucho de lucha, pero bien entendida (en la actualidad, también mal entendida en muchos casos). Y también es cierto que el deporte tiene algo de mimetismo con respecto a las otras realidades cotidianas. La relación entre mimetismo y lucha, términos que no es muy común verlos relacionados, está en que “la naturaleza mimética de un enfrentamiento deportivo (…) se debe a que ciertos aspectos de la experiencia emocional asociada con una lucha física real entran en la experiencia emocional que brinda la lucha “imitada” de un deporte. (…) El deporte permite a la gente experimentar con plenitud la emoción de una lucha sin sus peligros y sus riesgos. El elemento miedo presente en la emoción, aunque no desaparece por completo, disminuye en gran medida, con lo cual se potencia enormemente el placer de la lucha.” (Elias, 1992. Pág. 65)

    De este modo, gracias a la actividad física nuestros sentimientos pueden ver la luz sin la represión que ejerce el resto de la vida cotidiana en sociedad. En este sentido, “el deporte comparte la función de controlar un placentero de-control de los sentimientos (los movimientos físicos de los ejecutantes ocupan el centro de la atención). (Elias, 1992. Pág. 66)

    “Algunos filósofos (…) analizan las razones por las que el deporte gusta a los individuos. Constatan de manera casi unánime que tanto las personas ordinarias como los deportistas excepcionales sienten unas emociones que, en otro caso, les sería más difícil conseguir. (…) Por tanto, parece que las emociones constituyen el vínculo entre la actividad física y la influencia que ejerce en la integración social. No obstante, las emociones que suscita el deporte deben poder dominarse. Dado que la agresividad está profundamente enraizada en el inconsciente del hombre por naturaleza, es bueno que ciertas actividades adecuadas a la humanidad liberen esta agresividad sin hacer mucho daño a otros. En consecuencia, cobra una importancia extraordinaria el hecho de respetar las reglas. (…) Pilz (1990), dice que, desde el punto de vista sociológico, el deporte no necesita una justificación (como la salud o la victoria), porque aporta emociones que son preciosas de por sí.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 114) Vuelve aquí a mencionarse ese aspecto inefable a que nos referíamos anteriormente.

    En este apartado se presta una exposición de los valores y beneficios que la actividad deportiva nos brinda. Siguiendo al Consejo de Europa, se hablará (y se ha hablado) repetidas veces de socialización. Globalmente, me quiero referir al reflejo educacional que el deporte podría tener en la sociedad, por tanto, al hablar de educación, entran en este concepto otros como cultura, herencia, valores sociales, ética, moral, inserción social, aceptación de papeles y roles sociales, comprensión de la realidad y del entorno, etc.

    El deporte es interesante porque afecta tanto al cuerpo como al espíritu. “Las investigaciones actuales sobre la socialización a través del deporte demuestran de forma convincente que la mayor parte de los deportes y de las actividades físicas mejoran y realzan el bienestar físico, psicológico y social de los jóvenes, de los adultos y de los ancianos.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 103)

    El deporte socializa por el movimiento mismo, y por la naturaleza de los contactos sociales que acompañan las distintas actividades deportivas. Favorece el aprendizaje de los papeles del individuo y de las reglas de la sociedad y la solidaridad. Es básico en la adquisición de valores culturales, actitudes individuales y colectivas. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 101)

    En relación al plano psicológico y a la personalidad, los estudios realizados han demostrado que el ejercicio físico y el deporte pueden favorecer la autoimagen, la autoestima, la ansiedad, la depresión, las tensiones, el estrés, la autoconfianza, la energía, la eficacia, el bienestar, la cólera, la fatiga y la transparencia de espíritu (Consejo de Europa, 1996. Pp. 111 y 120)

    La gran ventaja que tiene el deporte es su variedad de posibilidades. Existen muchísimos deportes, y variantes dentro de ellos. Por tanto, cada persona puede estar segura de que alguno le gustará. “Podría decirse que cada deporte tiene una fisonomía propia. Cada uno atrae a gente con determinados rasgos de personalidad.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 54) Esto es observable si se atiende a las diferentes motivaciones de los adultos para hacer ejercicio, que reveló un estudio: “Las motivaciones de los adultos que hacen deporte son complejas y variadas: estima, conocimiento o dominio de sí mismo, auto disciplina, sentido de la responsabilidad, imagen corporal, forma física, comunicación con los demás, inserción, bienestar general, perfeccionamiento profesional, asiduidad y, cómo no, mejor salud. (…) Hay numerosos indicios que invitan a pensar que, con independencia de la motivación inicial, la practica de un deporte refuerza determinados elementos socializadores, como el gusto por el trabajo y el optimismo. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 103)

    ¿Por qué esta relación tan estrecha entre valores sociales y deporte? Pues porque, “desde el punto de vista sociológico, se considera al deporte como una institución social (Ikulayo, 1992) (…). Existen reglas y reglamentos específicos, formas de sanciones, identificaciones de funciones, relaciones culturales y sociales, sistema de comunicación, principios generales e ideologías.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 108)

    Y es que, como ya se ha afirmado en este documento, el deporte tiene una estructura de sociedad. Y se tiene que entender como tal. Así, podemos mencionar la política que acompaña al deporte como la que acompaña a cualquier sociedad, y atribuirle nuevamente los valores éticos que buscamos, es decir, los democráticos: “Rigel (1985) pone el acento en el efecto de socialización política que atribuye al deporte y a la actividad física: los campos de deportes pueden convertirse en lugares de formación cívica y de aprendizaje de la democracia.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 109)

    Este efecto social del deporte, como ámbito pedagógicamente adecuado para el aprendizaje de la vida en sociedad se tiene que aprovechar al máximo. Me refiero aquí a su utilización con esos grupos minoritarios de la sociedad que no viven la comunidad de la misma manera, cada uno por sus razones. Según ciertos estudios, se puede afirmar que “el deporte (…) estimula la integración de las minorías étnicas y les devuelve su orgullo, mejora la existencia de los minusválidos (sobre todo en el caso de los trastornos psíquicos graves) y facilita la reinserción de los delincuentes. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 103)

    Sin embargo, no todo el mundo cree en este cuento de hadas. “K. Weiss declara que “el deporte casi no puede dominar ni educar a la sociedad; sirve más bien para reflejar los intereses y los problemas de la sociedad, incluidas sus desviaciones y su violencia”. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 108)


    “Es obvio que no podemos responder con un simple “si” o “no” a la cuestión básica de saber hasta qué punto el deporte y la actividad física constituyen un ambiente que promueve la socialización. (…)

    No hemos encontrado ningún estudio longitudinal sobre los procesos de socialización derivados de la actividad física y, prácticamente, carecemos de observaciones que permitan una eventual explicación. (…)

    No obstante, los resultados disponibles nos permiten decir que (…): El deporte y la actividad física ofrecen una ocasión excepcional para entrar en contacto con otras personas y comunicarse con ellas, desempeñar funciones diferentes, adquirir determinadas competencias sociales (como la tolerancia, el respeto a los demás), aceptar distintas actitudes en relación con la actividad en cuestión (lo que favorece el desarrollo de la personalidad), experimentar emociones que no son tan fáciles de conseguir en otros campos de la existencia, aceptar ciertos elementos positivos del modo de vida (alimentarse, descansar, etc.), aceptar el objetivo que se fije el equipo (y expresarlo mediante la cooperación, la cohesión, etc.) y moverse socialmente para obtener resultados -no son sino los procesos más generales-. (…)

    En resumen, aunque no tengamos la prueba científica de que el deporte y la actividad física constituyen efectivamente un buen ambiente para favorecer la socialización, el conjunto de indicios extraídos de la práctica, incluidos los resultados de investigaciones y la lógica de la argumentación, permiten aceptar la afirmación. Pero, en especial referencia a los jóvenes, conviene recomendar que se canalice y dirija esta actividad, se les enseñen los conocimientos técnicos y las actitudes aplicables a la vida en colectividad, etc. (Consejo de Europa, 1996. Pp. 119-121)

    Quiero añadir a esta selección de textos del Consejo de Europa un apunte más. Antes he dicho que no todos creen en ese cuento de hadas. Yo también creo que, de momento, es un cuento de hadas. Pero también creo que ese cuento no hay que perderlo de vista. Más bien, hay que tenerlo permanentemente en nuestro horizonte. Si renunciamos a él (algo común en esta profesión, consecuencia del acomodamiento), corremos el peligro de dejar las cosas funcionar como hasta ahora. Por tanto, hay que creer en ese cuento que, si bien está cerca de la utopía (y más si lo integramos en la sociedad actual), no puede dejar de ser nuestro punto de mira y nuestra referencia.

    8.2 Crítica al "negocio"

    Como ya se ha explicado anteriormente, el deporte es una de esas partes de la vida humana merecedora de salirse del sistema, y ser considerada como estrictamente necesaria, y, por tanto, preservada de intereses. Sin embargo, como también se ha dicho, la realidad es que el mundo del deporte, y en especial en de alto nivel (por ser el tratado en los medios de comunicación) es un negocio más.

    Desgraciadamente, el hecho de maltratarlo no parece importar a los políticos. Es muy posible que ni tan siquiera ellos conozcan la necesidad deportiva en la sociedad. Por si no lo saben, (aunque ellos no leerán esto), “la actividad física regular es uno de los factores fundamentales de una buena salud, de la capacidad funcional y del bienestar; esta afirmación se apoya en observaciones científicas irrefutables. Esta virtud del ejercicio físico es fundamental y única; pueden aprovecharla personas de todas las edades. Entre las responsabilidades importantes de todo gobierno está la de dar a todo el mundo la posibilidad de mejorar su salud mediante el deporte y el ejercicio físico. De ahí la necesidad de elaborar una política europea racional de promoción de la salud mediante el deporte para todos (…), conseguir aumentar en proporciones importantes la participación de las personas y los grupos.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 16)

    Es cierto que “la aportación de los sectores públicos y sin ánimo de lucro, constituye una garantía fundamental, asegurando unas posibilidades considerables de “deporte para todos”. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 154) Pero esta aportación se antoja, a todas luces, insuficiente. Además, la sociedad carece de un fomento adecuado, así como de ayudas para iniciativas de asociaciones. Por otra parte, hacer deporte saliéndose de lo establecido (clubes, competiciones regionales o nacionales, etc.) está excesivamente caro. “En Europa, el deporte obtiene sus medios de financiación en proporciones diversas de distintas fuentes, entre las que podemos citar a los participantes y a los consumidores, el Estado, los sistemas escolares, las colectividades públicas locales y distintas clases de empresas privadas e iniciativas sin ánimo de lucro. Por regla general (…) en numerosos países de Europa la financiación privada del deporte es superior a la pública.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 154)

    “En todos los países europeos estudiados, el consumo familiar constituye la aportación financiera más importante al deporte, por delante de todas las demás fuentes de financiación (Estado, entidades locales, empresas). (…)

    En la actualidad, en Europa, el presupuesto del Estado es una fuente menor de financiación del deporte, y la parte correspondiente a la financiación pública (Estado y entidades locales) en la financiación total varía desde el 5,6% de Suiza al 46,8% de Hungría, concentrándose la de varios países en torno al 30% (Alemania, Bélgica, Finlandia y Portugal).” (Consejo de Europa, 1996. Pp. 163-164)

    Después de citar estos datos, creo que a todos nos surge la pegunta ¿qué lugar ocupa el deporte en los planes y programas políticos? ¿Cómo está considerado el deporte? ¿Acaso no es tan importante hacer deporte como andar, ver, comer o respirar? Uno de los problemas quizá es que se considera al deporte popular como una actividad de ocio, y no es cierto. Una cosa es que ocupe el tiempo de ocio, y otra cosa es relacionar esa idea con la que dice que se trata de algo, que por ocioso, es imprescindible.

    Pero el gran problema, junto con esta falta de concienciación (producto de una educación no dirigida a crear y fomentar esa idea) está en el trato que recibe el mundo deportivo en la sociedad política. Surge nuevamente aquí la idea de que el deporte es un negocio. Y lo es para todos: para los practicantes, porque gastan (con lo que no suele ser un buen negocio), para el Estado porque invierte poco y recibe mucho, y para las empresas, porque es una fuente de riqueza indiscutible.

    Si vamos parte por parte, primero hay que hablar de los practicantes, que, si adoptamos la terminología mercantilista, son los consumidores. Es vergonzoso que tengamos que pagar por mantener nuestra salud. Igual que la sanidad es gratuita (por lo menos en una medida aceptable), igualmente debería ser hacer deporte. Las instalaciones y las inscripciones en cualquier actividad pública tienen que resultar accesibles y prácticamente gratuitas a todo el mundo. Es inaceptable que la elección de hacer deporte o no, o de hacer uno u otro dependa de las condiciones económicas personales.

    Esto nos lleva directamente a comentar algo acerca del Estado. Éste, debería facilitar a todo el mundo una práctica deportiva con garantías, basándose solo en los principios éticos que todo poder debe sostener, en este caso, refiriéndonos a la preservación de la salud general, así como a la mejora de todas las características humanas referidas ya. El deporte como empresa pública debe desaparecer. No es posible un deporte adecuado a la sociedad si lo único que se espera de él es que dé dinero (o que gaste lo menos posible). No es cuestión de despilfarrar en todo, sino de asegurar un mínimo aceptable de posibilidades a todo el mundo.

    Y, por último, están las empresas privadas. A pesar de la necesidad del aumento presupuestario dedicado a deportes que el Estado debe cumplir, las empresas privadas constituyen una parte necesaria en este mundo. Sería una empresa imposible para el Estado el crear asociaciones para todos los deportes. Además, se hacen necesarios diferentes modos y lugares para fomentar el deporte. Sin embargo, en la actualidad, “aunque la penetración de capitales de las empresas en el deporte sea indiscutible, su motivo principal no siempre consiste en contribuir al bienestar. En el comportamiento de las empresas para con el deporte suelen estar presentes, y son a veces primordiales, los motivos comerciales, publicitarios y financieros.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 164) Este aspecto es lo principalmente criticable. Las empresas, al igual que el Estado, pero con una actitud mucho más salvaje, únicamente buscan el negocio. Solo entienden el lenguaje del dinero.

    El deporte actual, pues, solo se entiende si se mira desde el agujero de las antiguas monedas. Desde esta perspectiva, tenemos una actividad que mueve cantidades increíbles de dinero. “El deporte sostiene la industria y distintos mercados, la creación de empleo, el desarrollo económico regional y la inversión en instalaciones deportivas. De él se derivan incluso consecuencias de mayor amplitud, al crear flujos económicos y relaciones sociales y mercantiles que no existirían sin la presencia del fenómeno deportivo.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 154)

    “La demanda de artículos deportivos abre mercados y salidas a una industria de gran envergadura. En cuanto a la demanda de servicios deportivos, hay que tener en cuenta los aspectos siguientes: organización de encuentros deportivos, publicidad y patrocinio y retransmisión televisada de encuentros.” Consejo de Europa, 1996. Pág. 158)

    “La práctica deportiva promueve la demanda de bienes y servicios en otros sectores. La construcción de instalaciones deportivas requiere la participación del mercado de la construcción y de obras públicas. Los deportistas consumen productos dietéticos y bebidas. Cada Mundial de fútbol, cada edición de los Juegos Olímpicos, supone un aumento del número de operaciones de venta y alquiler de material de TV y video, en comparación con otros meses del año. Industrias de vanguardia encuentran un mercado marginal en el deporte: óptica -desde gafas deportivas hasta cámaras-, instrumentos de medida (…), electrónica (…), satélites (…), química (…) o medicina e industria farmacéutica.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 174)

    Así pues, el deporte se integra perfectamente en la economía e mercado. En esta, la única ley científica válida es: todo lo que pueda dar dinero es bueno, sin tener en cuenta ética, ni solidaridad, y en muchos casos, ni leyes. El potencial que contiene el deporte es, como se acaba de expresar, enorme.

    ¿A qué lleva esto? Pues a un montón de cosas. Centrándonos en el mundo del negocio, tema que tratamos en este punto, se puede hablar de varias consecuencias.

    La más grave es la explotación. Este problema, como no lo vemos, no suele ser muy tratado ni mencionado. Pero quizá sea el más grave y el que mayormente atenta contra la humanidad. Las empresas, buscando el máximo de rentabilidad, buscan en los países del tercer mundo la mano de obra para gastar menos. Hay que pensar hasta qué punto se les pagará mal el trabajo a los obreros para que resulte más barato crear fábricas en esos países, pagar a los trabajadores y transportar toda la mercancía que fabricarla aquí. Los datos nos dicen que “en 1991, el calzado de deporte se importó a Francia, principalmente, de Corea del Sur, Tailandia, Indonesia, Taiwán, China, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia y Rumania, así como de Italia, España y Portugal. (…)

    A veces, el traslado de la producción se efectúa mediante la creación de filiales, pero es más frecuente hacerlo mediante subcontratas internacionales a productores del Tercer Mundo, en especial en lo que se refiere a ropa y calzado deportivos.

    Lo esencial de la producción mundial de balones se fabrica en Pakistán, India y Taiwán; la de neumáticos de bicicleta en Malasia; el 90% del calzado deportivo que se fabrica en el mundo es de Corea y de Taiwán, igual que el 80% de las raquetas y el 90% de las pelotas de tenis. Adidas ha tenido que cerrar cinco fábricas en Europa y trasladar a Asia, Túnez y Hungría el 70% de su producción para hacer frente a la competencia.” (Consejo de Europa, 1996. Pp. 175-176)

    La otra consecuencia que tiene que ver con el mundo del negocio (repito, las consecuencias en valores y educación se omiten, por ser tratadas en otros puntos) es la del cambio estructural que ha sufrido el deporte. De este cambio y sus consecuencias adicionales nos habla magistralmente Eric Dunning (1992, pp. 254-257): “Incluso los administradores deportivos, cada vez más, son funcionarios de jornada completa y no deportistas quienes toman las decisiones sobre lo que hay que hacer. El resultado, concluye Rigauer, es la constante restricción en la toma de decisiones individuales y el dominio de la mayoría por una élite burocrática.

    De este diagnóstico se desprende que el deporte cada vez servirá menos para proporcionar alivio de las tensiones del trabajo. Rigauer arguye que se ha vuelto exigente, orientado hacia el éxito y enajenante. Aun perdura la creencia de que funciona como contrapeso del trabajo, pero esto es una “ideología encubridora” para ocultar a los participantes su verdadera función, que no es otra que la de reforzar en la esfera recreativa la ética del trabajo duro, el éxito y la lealtad de grupo necesaria para el funcionamiento de una sociedad industrial avanzada. En este sentido, según Rigauer, el deporte contribuye a mantener el statu quo y a reforzar el dominio de la clase gobernante.

    A primera vista, estos tres diagnósticos -que el deporte se está volviendo más “serio”; que la “exhibición” está predominando y destruyendo el ingrediente “juego”; y que el deporte cada vez se distingue menos del trabajo- parecen descripciones adecuadas de una corriente importante en el deporte moderno. Sin embargo, cuesta creer, por ejemplo, que los deportes hayan mantenido su popularidad, que la hayan aumentado, como de hecho ha ocurrido en todos los país del mundo, si en ellos el factor juego se hubiese atrofiado hasta el punto en que afirma Huizinga, o si, como alega Rigauer, se hubiesen vuelto tan enajenantes y represivos como el trabajo, o si, para terminar, se hubiese dañado tan seriamente como diría Stone el equilibrio entre exhibición y juego.

    Rigauer no hace ningún intento por analizar empíricamente la manera en que se ha producido la alegada correspondencia estructural entre el deporte y el trabajo. Tampoco distingue entre formas de trabajo, formas de deporte y países diferentes, ni intenta determinar si son distintos o no los grupos que proponen, por una parte, valores orientados hacia el éxito y, por la otra, valores que resalten el factor recreativo, el placer proporcionado por el deporte. Como tampoco los cambios que han tenido lugar con el paso del tiempo entre el equilibrio de estos valores.

    El análisis de Stone, al igual que el de Huizinga, resalta los nocivos efectos de la democratización de los deportes.

    El elemento lúdico, en cualquier deporte, tenderá más a verse seriamente amenazado cuando los jugadores dependan de los espectadores -o de agentes externos tales como grupos con intereses comerciales y el Estado- para obtener beneficios económicos y de otro tipo.

    El placer de jugar queda subordinado a la realización de jugadas que agraden a las masas. El deporte comienza a perder su incertidumbre, su espontaneidad y su capacidad de innovación lúdica y se convierte en una especie de ritual, predecible y aun predeterminado en cuanto al resultado final.

    Esto nos lleva a pensar en la posibilidad de que exista relación entre el proceso civilizador y la tendencia, en los deportes, hacia una creciente seriedad en la participación.”

    “Oposiciones a esta tendencia ha habido varias veces (…), por mantener un deporte de aficionados, centrado en el jugador, basado en la organización voluntaria y en un deporte en el que las reglas están destinadas a garantizar el placer de los jugadores más que el de los espectadores, en el que la organización de los clubes, a nivel regional y nacional, es entendida como un pasatiempo no remunerado, y en el que no hay estructura de competición formal. No obstante, el intento por conservar tal estructura ha fracasado de forma manifiesta.” (Dunning, 1992. Pág. 247)

    Y es normal que haya fracasado. La cultura mercantil no solo no acepta ni fomenta todo lo que se salga de su filosofía, sino que acaba con ello. Siempre se buscan los trucos, las políticas de engaño y los juegos legales y burocráticos para que todo funcione tal y como ellos quieren.

    Pero, cabe preguntarse, ¿de qué se valen? Pues de que una gran parte de la gente no está educada correctamente. Gracias a los medios de comunicación se muestra la realidad que este sistema quiere, y se da como la única realidad. Por tanto, se convence a las personas, básicamente, de lo quieran.

    Esto resulta especialmente fácil en el deporte. Al ser éste una actividad popular, al alcance del consumo de todos, se le resalta la parte que más interesa para sus intereses. “Probablemente es el carácter oposicional por naturaleza del deporte, o sea, el hecho de ser una lucha por el triunfo entre dos o más equipos o individuos, lo que explica su preeminencia como centro de la identificación colectiva. Esto significa que se presta a la identificación de grupos en una variedad de niveles tales como los niveles de ciudad, región o país. El elemento oposicional es decisivo, puesto que el enfrentamiento sirve para reforzar la identificación como grupo, es decir que el sentimiento de “nosotros” como grupo, como unidad, se refuerza ante la presencia de otro grupo percibido como “ellos”, el equipo contrario.

    Esto lleva a que la presión social ejercida sobre los deportistas en todos los países del mundo para que se esfuercen por ganar en las competiciones internacionales es otro factor que incide en la destrucción del elemento lúdico del deporte. Además, es el aumento del prestigio nacional que puede obtenerse triunfando en el deporte internacional lo que ha contribuido principalmente a que los gobiernos intervengan en las cuestiones deportivas.” (Dunning, 1992. Pág. 268)

    Ese es otro tema, es decir, las modificaciones de conducta en los deportistas así como la pérdida de autonomía del deporte. Éste, por influencia decisiva de los medios de comunicación, “se ha transformado en una de las principales, si es que no en la principal fuente de identificación, significado y gratificación en sus vidas.” (Dunning, 1992. Pág. 247) La publicidad y la información dirigida hacen crear a la gente un vínculo irreal entre sus vidas y su equipo preferido que hace que determinadas personas lleguen al extremo de dejarse la vida en los espectáculos deportivos. Numerosos ejemplos de muertes absurdas aparecen en los periódicos frecuentemente.

    Una vez convencidos, y creado este mundillo, las personas se han convertido en los clientes. Y, siendo ellas las que vacían el bolsillo, no es conveniente tenerlas enfadadas (o solamente de la manera que ellos quieren); ya se sabe, “el cliente siempre tiene razón”. Y para lograr esto, no importa que la gente maltrate a los deportistas e influya negativamente en sus comportamientos. El problema de los espectadores, es que toman los espectáculos deportivos como un objeto más de consumo. No se dan cuenta que lo que “consumen” son personas. Hace poco asistí a una escena lamentable. Un jugador del equipo de fútbol del Real Madrid pasó hace poco por un estado depresivo y su médico le recomendó descanso. Este jugador tenía, entre otros problemas, una falta de confianza en sí mismo causada porque su manera de jugar es un tanto tosca y poco elegante, y el público se lo echaba en cara. Pues bien, en su reaparición, el público se siguió burlando de él cuando intentó una jugada personal (y le salió), digna de un buen jugador. Es decir, sabiendo por lo que pasó ese jugador, su mismo público no solo no se compadeció de él y le apoyó, sino que aprovechó ese bache por el que pasó para seguirse burlando de él y hundirle más en su herida.

    Todo esto, por supuesto, le pasa por alto a casi todo el mundo. No se denuncia en la prensa ni se refleja en la directiva. Incluso se llega al punto de que las directivas, para tener contentos a los hinchas, apoyan a los grupos violentos porque se supone que es una ayuda para el club.

    De esta manera, la pérdida de autonomía del deporte asusta. El espíritu consumista de los espectadores y comercial de las entidades provoca incluso la creación de nuevos espectáculos (Consejo de Europa, 1996. Pág. 172) dignos del circo romano (sí, aquel que trataba a todo el que saltaba a la arena como un desperdicio inmerecedero de llamarlo humano).

    8.3 Crítica a la educación impartida (deslocalización de objetivos)

    La educación física tiene que perseguir ciertos objetivos. Esta afirmación parece una perogrullada, pero se hace necesaria, y más cuando estamos viendo en la sociedad que todo el sistema educativo falla. Los objetivos no creo que haga falta repetirlos, porque se hallan impresos a lo largo de todo este escrito.

    Lo cierto es que estos objetivos a que nos referimos tienen que ser nuestra mirilla a la hora de saber para qué sirve lo que estamos haciendo, porque si no, si nos olvidamos de ellos estamos dejando pasar la oportunidad de educar, y estamos remitiendo esta responsabilidad en otras personas o ambientes.

    El peligro potencial de despreocuparnos de educar o de no plantearnos unos objetivos claros está en que los niños se maleduquen. “Como han señalado diversos autores, (…) a priori el deporte no es ni bueno ni malo, pero tiene la propiedad de producir efectos positivos o negativos. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 142)

    Está claro que, actualmente, el modo de concebir la actividad física está tomando unos caminos no muy saludables. “El descenso del nivel de actividad es, probablemente, el resultado de una modificación de los hábitos lúdicos de niños y jóvenes, hábitos que incluyen en la actualidad muchos más elementos de actividades sedentarias, como ver películas en vídeo, los juegos informáticos, etc.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 141) No hay más que preguntar a un niño cuáles han sido sus regalos de cumpleaños o de Reyes Magos. Hoy día se regalan DVD, ordenadores, consolas, juegos para ellos, juguetes del todo estúpidos que acaban con la imaginación y la creatividad, etc. Mientras, los niños se aburren mucho más que antes porque no se les motiva con nada. En este apartado entra el papel de la actividad física variada y planificada. El programa educativo hasta primaria dice que todos los contenidos se pueden cumplir mediante el exclusivo uso de juegos. ¿Por qué no se fomenta eso?

    Lo que está pasando, es que los niños no se educan igual y los profesores se cansan de ellos porque son unos maleducados. Así se crea un círculo vicioso que provoca, además de todas las consecuencias sociales de una mala educación, con respecto al deporte, que éste sea cada vez menos practicado: “varios estudios llevados a cabo en diferentes países nos revelan que, desde los diez años, los niños y los adolescentes se interesan menos por el deporte y que numerosos jóvenes, sobre todo las chicas, no se entrenan con frecuencia ni con bastante intensidad para (…) participar en actividades deportivas colectivas.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 102)

    El mensaje que se quiere transmitir ya está dicho. Pero, resumiendo: “Debe promoverse un cambio cultural que lleve a los participantes a aceptar la actividad física como un elemento fundamental de la vida cotidiana. El éxito, en este aspecto, se traducirá en una mejora de la salud individual y pública, contribuyendo a mejorar la calidad del medio ambiente.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 17)

    Hay que entender que, si dejamos que un niño se eduque con los juegos de videoconsola, con la tele y con los juguetes cada vez más inútiles que salen al mercado, las consecuencias pueden ser (y, de hecho, en muchos casos, ya lo son) terribles.

    Los valores que un niño asimila son muchos y muy variados, y sus influencias educacionales contienen gran cantidad de variantes. Estamos seguros de que, entre los valores que un niño aprende de la televisión y todo lo anterior, está la violencia, la competitividad y la adoración a ídolos falsos. A continuación se hablará de estos valores, porque en todo el documento no nos hemos detenido en ellos, lo cual no quiere decir que solo existan éstos y que a todos les afecten por igual.

    En cuanto a la competitividad, hay que señalar que, si no se educa ni se dirigen las actividades físicas, el niño que se vea inferior, se desmotivará. Es común insultar al gordito y reírse de él porque no es capaz de saltar como los otros. Es precisamente contra eso contra una de las cosas que un profesional debe luchar. Si no, en el deporte infantil se repite el modelo profesional que ya se ha explicado: la autoselección, o la selección natural: los que disponen de mejores condiciones, seguirán haciendo deporte, (Consejo de Europa, 1996. Pág. 30) los que no, se retirarán pronto. Un educador debe plantearse como objetivo principal el que a todo el mundo le guste el deporte. Y para ello debe evitar las exclusiones fomentando el espíritu de grupo, la cohesión, la confianza, las ayudas desinteresadas y el aspecto socializador del deporte.

    La violencia es un tema de moda al hablar de sus implicaciones en el mundo del deporte. Una persona que ha aprendido ciertas normas sociales, y tiene una moral fundada en el respeto a todos, difícilmente se pegue con nadie nunca. Y esa persona puede disfrutar y desatar sus pasiones cuando juega a su deporte favorito, o ciando va al estadio a ver a su equipo preferido. Pero en todo momento sabe diferenciar lo que sobrepasa al juego, y sabe poner límites a su comportamiento. Sin embargo, otras personas no formadas en lo dicho, no saben poner esos límites. Entonces, si cuando disfrutan de un espectáculo deportivo “en tanto espectadores se producen tensiones; si (…) la represión impuesta sobre los sentimientos fuertes se debilita y sube sin hipocresía el nivel de hostilidad y de odio entre grupos diferentes, puede ocurrir que la línea divisoria que separa el juego de lo que no lo es o las batallas miméticas de las reales acabe por volverse borrosa. En tales casos, la derrota en el campo del juego puede evocar el amargo sentimiento de una derrota en la vida real y el deseo de venganza; o una victoria mimética, la imperiosa necesidad de que el triunfo se prolongue en las batallas que se libran fuera del terreno de juego.” (Elias, 1992. Pág. 58) Cuando esto sucede, las tensiones controladas y la excitación controlada (…) tienden a perder definición o a fundirse con las tensiones, distintas a ellas, propias de la sociedad en general. Hay ejemplos esclarecedores en el deporte entendido como búsqueda de éxitos. (Elias, 1992. Pp. 58, 59)

    Con estas citas se quiere abordar este problema como un problema social. Lo que quiero es atacar el problema de raíz. Frecuentemente se habla de los conflictos que generan unos grupos reducidos de personas, pero solo hay que ir a un estadio de fútbol para darse cuenta que las acciones de los grupos ultra reflejan los deseos de otra mucha gente. No todo el mundo está en contra de lo que hacen, porque inconscientemente se ven reflejados en las barbaridades que hacen, y así se libera el propio odio. “Así pues, el estallido recurrente de estrategias violentas entre el público futbolero quizá podría ser visto también, en un contexto más amplio, como síntoma de algún defecto en la sociedad en general, en lugar de simplemente en aquel sector determinado que goza cometiendo actos de violencia. (Elias, 1992. Pág. 72) El problema de base está en la educación, por eso lo incluyo en este apartado.

    El objetivo de erradicar la violencia del panorama social no se ha cumplido. Está deslocalizado en las escuelas, y la explicación y evidencia de ello lo podemos ver en el deporte, porque “el deporte debe reflejar, forzosamente, las normas y valores principales de una sociedad determinada.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 124) También quiero aclarar que, la violencia que se ha mentado es la de los espectadores, pero que el reflejo de esta actitud violenta enraizada en el mismo fracaso educativo del que he hablado, se observa en los participantes, y no solo del fútbol. En una gente en mayor medida, y en otra en menor, pero usualmente, está ahí, en todo el mundo del deporte y en el inconsciente de casi todos.

    El tercer problema que quería tratar aquí es el que he llamado “adoración de ídolos falsos”. Lo he querido llamar así porque el crecimiento del deporte espectáculo está provocando la creación de dioses, a los que se llega a idolatrar. En ellos se reflejan las aspiraciones de millones de personas que, desde pequeñas los enseñaron que iban a ser estrellas. En ellos se descargan tensiones, y a ellos se insulta cuando fallan como fallan los humanos. En el caso de España, esto ocurre con los futbolistas más famosos. Así pues, ahora se va al campo a adorar y a descargar el estrés, de la misma manera que antes se iba a la iglesia a adorar a Dios, y a confesarse para limpiarse la conciencia.

    Este fenómeno nos lo explica Eric Dunning (1992, pp. 266,267) al hablar del cambio en las ideas y en los hechos ocurrido entre el trabajo y el ocio, y del incremento de la importancia social del deporte en tres aspectos: “el deporte ha cobrado fuerza como una de las principales fuentes de emoción agradable; se ha convertido en uno de los principales medios de identificación colectiva y; ha llegado a constituirse en una de las claves que dan sentido a las vidas de muchas personas.

    Las sociedades urbanas industrializadas se caracterizan por un alto grado de rutinización y civilización, con presiones y controles multipolares, sus miembros están en consecuencia continuamente presionados a ejercer una fuerte restricción emocional en su vida diaria, con lo cual la necesidad de actividades recreativas desrutinizadoras como los deportes es particularmente intensa en tales sociedades. No obstante, este proceso desrutinizador, esta excitación de las emociones en público que la sociedad permite, está a su vez sometida a controles civilizadores. En otras palabras, el deporte es tanto para los jugadores como para los espectadores un reducto social, en el que puede generarse emoción agradable en una forma socialmente limitada y controlada.

    Con todo, la excitación generada puede ser intensa, especialmente en los acontecimientos deportivos de alto nivel que atraen a grandes cantidades de personas y es probablemente esto lo que constituye la base experimental de la percepción generalizada del deporte como un fenómeno “sagrado”.

    Probablemente no sería exagerado decir que, al menos para ciertos grupos de la sociedad actual, el deporte se ha convertido en una actividad cuasi-religiosa y que, hasta cierto punto, ha venido a llenar el vacío dejado en la vida social por el declive de la religión.”

    Así pues, es responsabilidad de la educación crear un conocimiento de qué es el deporte, y hasta donde debe llegar. También como ya se ha dicho, en este fenómeno influyen en gran medida los medios de comunicación, por tanto, se debería incluir en los contenidos educativos una formación en medios de comunicación.

    8.4 Crítica a los "no profesionales"

    Los “no profesionales” a que me refiero son todos aquellos que, teniendo una responsabilidad moral en la dirección de actividades físicas, no la cumplen. En este caso, hay que mencionar, tanto a los que tienen capacidad para influir positivamente en la práctica de las personas, como a los que, sin tener esta capacidad, hacen como si la tuvieran e imparten consejos inadecuados.

    “En la actualidad, se conocen suficientemente las formas de actividad física que tienen un efecto beneficioso en las enfermedades mencionadas anteriormente y en la mayoría de los factores de riesgo ligados a esas enfermedades, para poder prescribir una actividad que mejore la mayor parte de los componentes de la aptitud física relativa a la salud y reducir la acción de los factores biológicos de riesgo. (Consejo de Europa, 1996. Pág. 13)

    Por tanto, “la actividad física orientada a la salud es segura. En cambio, el riesgo aumenta cuando se practica de forma irregular (intensidad, frecuencia, duración, hábitos el sujeto…).” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 14) “La prescripción de un régimen de actividad física adecuada debe precisar el tipo de ejercicio, su frecuencia, su duración y sus intensidades relativa y absoluta.” (Consejo de Europa, 1996. Pp. 13, 14)

    Entre los profesionales que no llevan a cabo esa responsabilidad moral están los médicos, que no aconsejan enfervorizadamente el ejercicio físico; los entrenadores que anteponen los resultados a la salud de los individuos; los entrenadores que no tienen los suficientes conocimientos para elaborar un plan físico; todos aquellos que dan consejos sin estar seguros de que lo que dicen es estrictamente cierto y adecuado, etc.

    Las consecuencias de esto, según los estudios, son artrosis aceleradas, paradas cardiacas, dolores musculares, incapacidad articular, mal funcionamiento en algún proceso (o en varios) fisiológico, etc. sin hablar del plano psicológico. En general, todo lo que el ejercicio adecuado previene o mejora, el mal ejecutado lo estropea.

    Pero, en este apartado también se quería hacer mención a todos los que no cumplen con su responsabilidad moral en otro aspecto. Estamos hablando de todos los que repiten el modelo competitivo en la educación físico-deportiva de base; de todos los que no promueven y fomentan el tan hablado y deseado “deporte para todos”; a todos los que dirigen su atención, sus elogios y lo mejor de sí mismos a los más capaces, en lugar de igualar sus esfuerzos con todos, incluidos los eternos olvidados: los gordos, los torpes, las niñas, los rebeldes, los pasotas; en definitiva, a todos los que se rinden con los niños realmente difíciles e imponen la competitividad prematura y salvaje ante la humanidad.

    Según “Sonstroem (1984) (…) : a los individuos de carácter dubitativo, tímido, poco ambicioso, etc., les resulta especialmente útil tener, gracias a la práctica de una actividad física o de un deporte, la posibilidad de encontrarse con otras personas, aprender a conocerlas, comunicarse en un ambiente en el que no desempeñe una función importante su baja autoestima (que se manifiesta en el trabajo o en la escuela), porque esto puede favorecer la expansión de su concepción de sí mismos y facilitarles los contactos sociales.” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 118)

    En este sentido, los mayores responsables son los padres, monitores, profesores, y demás personas que e alguna manera tienen la capacidad de influir en la formación de la personalidad y los hábitos comportamentales de los niños. Si nos aseguramos de que nuestros hijos siempre están cuidados por un profesional capacitado, estaremos seguros de que cuando sean mayores practicarán deporte con seguridad: “Los adultos, entrenadores o padres, influyen en el placer que sienten los jóvenes en la práctica de un deporte. (…) Un estudio sobre las prácticas de los directivos puso de manifiesto que los deportistas cuyos entrenadores adoptaban de forma manifiesta una actitud positiva apreciaban más el deporte y a sus compañeros de equipo que los deportistas que recibían menos estímulos y cuyos entrenadores adoptaban una actitud más punitiva (Smith y Smoll, 1984).” (Consejo de Europa, 1996. Pág. 143)

    Quiero resaltar este aspecto porque mi experiencia personal con niños me dice que es fundamental la integración de todos en un grupo donde reine la confianza y la amistad. Así como otros entrenadores desechan a los torpes, a mí (y a otros) me afectan. Creo que nunca me he sentido peor en el plano profesional que cuando un chaval se desapuntó del equipo por falta de motivación. Significó un fracaso personal que, quizá es el causante del lenguaje un tanto doctrinal emitido en este escrito, pero que me sirvió para concienciarme de todo lo que he venido apoyando.

    BIBLIOGRAFÍA

    -CONSEJO DE EUROPA (1996): La función del deporte en la sociedad. Salud, socialización, economía. Madrid, Consejo Superior de Deportes.

    -DUNNING, Eric (1992): "La dinámica del deporte moderno: notas sobre la búsqueda de triunfos y la importancia social del deporte". En ELIAS y DUNNING, Deporte y Ocio en el proceso de la civilización. Madrid, Fondo de Cultura Económica.

    -ELIAS, Norbert (1992): "Introducción". En ELIAS y DUNNING, Deporte y Ocio en el proceso de la civilización. Madrid, Fondo de Cultura Económica, pp.31-82.