Friedrich Nietzsche

Biografía. Filosofía. Contexto cultural. Época. Obra. Muerte de Dios. Nihilismo

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EL CONTEXTO CULTURAL: LA EPOCA DE NIETZSCHE

“Yo no soy un hombre, soy dinamita” dejó escrito Nietzsche en Ecce Homo. Si lo más representativo de una época es lo que podemos denominar su cultura, la dinamita de Nietzsche va dirigida, en nombre de la vida, contra una cultura decadente, vieja y sin vigencia que, según su criterio, dominaba la sociedad en que existió. Frente a esta cultura, Nietzsche hará su propia propuesta formulada en la llamada cultura del superhombre.

Federico Guillermo Nietzsche nació en Röcken (Sajonia), hijo de un pastor luterano. Su vida transcurrió entre el 15 de Octubre de 1844 y el 25 de Agosto de 1900, fecha en que murió en Weimar, víctima de una apoplejía. A lo largo de buena parte de su existencia sufrió de fuertes dolores de cabeza, problemas en los ojos, y otras enfermedades que culminaron en el año 1888 en un estado de demencia esquizofrenica, de la que no se recuperaría hasta su desaparición. Esto hará que el período intelectualmente fecundo de Nietzsche haya que situarlo entre los años que van desde 1871 hasta 1888. La parte central de estos años, concretamente entre 1869 y 1879, viviría en Basilea como profesor de Filología Clásica en la Universidad.

Desde el punto de vista filosófico cabe destacar algunas influencias detectables en el pensamiento de Nietzsche. En primer lugar, la de Kant que critica con rigor las pretensiones racionales de la metafísica, no la que luego acepta un nuevo planteamiento de la moral y de la religión, aunque sea sobre bases más autónomas e interiorizadas. En segundo lugar tenemos a Schopenhauer, para el que el mundo es voluntad de existir, deseo ciego de perdurar. Destaca este autor que tras la razón hay algo más fuerte que ella, que es lo que nos mueve a razonar. En tercer lugar hay que señalar las influencias que sobre Nietzsche ejerció Richard Wagner a través de su poesía y de su música. En un principio Wagner fue el modelo de creador de un arte al servicio de una nueva humanidad en la que se restaura el pathos trágico de la Antigüedad. Pero más tarde, Nietzsche ve en Wagner una nueva forma de la vieja cultura, sintiéndose intelectualmente traicionado y rompiendo sus relaciones con él. En 1888 Nietzsche escribe El caso Wagner, en donde dice que su música ha dejado de ser flauta de Dionisos para convertirse en un fenómeno más de la decadencia universal.

LA OBRA DE NIETZSCHE

Toda la producción de Nietzsche hay que situarla entre los años 1871 y 1888. Su primer libro es El nacimiento de la tragedia, obra muy mal acogida por la crítica con que estudia el mundo griego. Después vino Consideraciones intempestivas. En esta época establece la distinción entre el espiritu apolíneo y el espiritu dionisiaco.

En 1876 se inicia una segunda etapa en la que cabe destacar su admiración por Voltaire. A ella pertenecen Humano, demasiado humano, publicado en 1878, y El caminante y su sombra, de 1880. En 1881 escribe Aurora y al año siguiente La gaya ciencia, obras que Nietzsche hace una crítica desde su perspectiva de la moral y la religión. Son libros en los que predomina el estilo aforístico. La mala visión que en esta época tenía el autor le hacia ir acumulando notas que iba dictando a Heinrich Köselitz, amigo al que llamaba Peter Gast (Pedro Huésped. Estas notas eran publicadas sin la apariencia de un discurso hilado, sino en fragmentos de variada extensión.

Así habló Zaratrusta, quizá el libro más importante de Nietzsche, ve luz entre 1883 y 1885. Se habla en él del acabamiento de nuestra cultura

-Dios ha muerto- y se profetiza una posterior con el advenimiento del Superhombre y de la idea del Eterno Retorno.

Del resto de la Producción nietzscheana cabe destacar Más allá del bien y del mal, de 1886, La genealogía de la moral, 1887, Crepúsculo de los ídolos, 1889, El Anticristo, de 1888, y Ecce Homo, una autobiografía esclarecedora de muchos aspectos de su pensamiento, que se publicó en 1908.

Las doctrinas de este período parten de la concepción de la vida como dolor, lucha e irracionalidad que había aprendido de Schopenhauer, pero, rechazando la actitud de resignación ante ello, propone la aceptación de la vida tal y como es, espontáneamente, de lo cual espera que surja la transformación del dolor en alegría. De este punto de partida deriva una apasionada y radical crítica a los valores de la cultura europea, en cuanto nacen de la negación de aquello que la vida ofrece. Esta crítica se aplica en primer lugar al cristianismo, resultado de la rebelión de una casta inferior, la de los hombres sometidos, y el exponente más claro de la moral de la resignación (ascetismo, piedad), pero también aquellas ideologías que, negando el cristianismo, dan una versión distinta de los mismos valores (igualitarismo liberal o socialista). El rechazo de los valores establecidos, supone la no-aceptación del pensamiento racional y científico, considerando falso e ilusorio el objetivismo de la ciencia, propone la intuición y la imaginación artística como representación del mundo.

El resultado de la moral establecida es el empobrecimiento del hombre y el diagnostico que da a la cultura que lo sostiene, la decadencia.

Nietzsche considera que su destino es abrir una perspectiva: la vuelta a la vida y la subversión de todos los valores, realizada por la voluntad fuerte y creadora que acepta el riesgo de la destrucción, la voluntad de poder. La realización de este ideal es el superhombre

LA MUERTE DE DIOS

¿No habéis oído hablar de aquel loco que, en pleno mediodía, encendió una linterna y recorrió la plaza gritando con todas sus fuerzas: “¡Busco a Dios!? (…) ¿Se ha perdido?, preguntó alguien (…) ¿Se ha escondido?” Voy a decíroslo.

Nosotros lo hemos matado, ¡vosotros y yo!¡Todos nosotros somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos hecho esto? (…) ¡Dios ha muerto! ¡Dios sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!.

¿Cómo hallar consuelo nosotros, asesinos entre todos los asesinos? Lo más santo y lo más poderoso que hasta ahora el mundo poseía ha sucumbido ensangrentado ante las hojas de nuestros puñales. ¿Quién será capaz de borrar esta sangre que nos mancha? (…) No tendremos que convertirnos en dioses para aparecer dignos de ella.

Nunca se ha perpetrado una acción tan grande, y todo lo que nazca detrás de nosotros pertenece, pues, en virtud de esa acción, a una historia más sublime, más elevada de lo que hasta ahora ha sido la historia.

La gaya ciencia

  • Con la máxima de Dios ha muerto, Nietzsche hace referencia a la caída del estilo de pensamiento dogmático y platónico que crea un dominio de las ideas por encima del hombre, un ámbito de lo sobrehumano que gobierna toda la vida del hombre a través de la moral, la religión y la metafísica.

  • Estas son formas de esclavitud que el hombre ha creado al generar unos ideales que termina adornando y ante los que se doblega.

  • La idea de Dios va perdiendo fuerza directora en la historia ya desde el Renacimiento y la Ilustración, pero con Nietzsche va a descender a sus cotas más profundas.

  • La concepción platónica de la existencia pone más énfasis en la otra vida, en otro mundo que en ésta. Huye de la vida y, por tanto, impide un desarrollo auténtico del hombre. El hombre no puede hacerse así en libertad, sino que tiene que seguir los designios que le imponen las ideas. Hay un miedo a la vida que hace del hombre un ser débil y dependiente de la bóveda celeste que ha puesto sobre su cabeza.

  • Nietzsche considera que lo único verdaderamente real es este mundo en el que estamos, mientras que el otro, el que el hombre ha inventado, es el que es aparente.

  • Cuando el hombre se da cuenta de que no tiene justificación a la creación de ese mundo superior y director de su propia existencia, cuando descubre que no hay un ser responsable de la moral o que respalde la autoridad o que garantice el poder, entonces constata que Dios ha muerto, porque ha muerto aquello en lo que se condensan todos los valores que sustentaban la forma antigua de entender la vida.

  • El descubrimiento de que Dios ha murto y de que es el propio hombre el que tiene que vivir conduce a una reconversión del propio hombre y de sus actitudes ante la vida. Ahora ya no tiene que buscar sus valores fuera, sino dentro de sí mismo. El hombre de ve lanzado hacia lo infinito, pero este ya no esta situado encima del hombre, sino dentro de sí mismo.

  • Este fenómeno ha sido generado por la propia cultura europea, de tradición cristiana y platónica.

  • El fenómeno de la muerte de Dios es, en principio, sólo constatable para aquellos poseedores de suficiente espíritu crítico. Para ellos un sol -Dios- se ha comenzado a poner y las dudas han comenzado a aflorar. La frescura de la vida comienza a cobrar fuerza frente a la vejez de la visión tradicional.

Por lo menos para aquellos pocos cuyos ojos y cuya suspicacia en sus ojos es lo bastante fuerte y fina para este espectáculo, precisamente parece que algún sol se haya puesto, que una antigua y profunda confianza se ha trocado en duda. Nuestro viejo mundo tiene que parecerles a éstos cada día más vespertino, más desconfiado, más extraño y más “viejo”.

El gay saber

  • Las consecuencias de la muerte de Dios no son todavía previsibles incluso para aquellos que son conscientes del hecho. Mucho de lo que estaba construido sobre la fe en Dios tendrá que derrumbarse en el futuro. Por ejemplo, la moral europea.

  • La moral europea tradicional se opone a la vida porque va en contra de los instintos vitales y a favor de los valores de un mundo ideal que se supone distinto de éste. Esto es un síntoma de su decadencia y conduce al nihilismo, a una situación en la que el hombre queda sin sentido, desorientado y sin rumbo determinado para toda su vida. La crítica de Nietzsche apuntaba hacia la sustitución del orden impuesto al hombre desde fuera por otro extraído de su propio interior y basado en la exaltación de la vida y de un pleno desarrollo.

Pero en lo esencial puede uno decir que el acontecimiento mismo es mucho mayor, mucho más lejano y más apartado de la capacidad de muchos que cuanto su conocimiento si quiera se permitiera tener por alcanzado. Y no hablemos de que muchos sepan ya lo que propiamente ha acontecido con esto, y con todo cuanto en lo sucesivo tiene que desmoronarse, una vez que esta fe se ha corrompido, porque estaba edificado para ella; por ejemplo, toda nuestra moral europea.

El gay saber

  • Ha llegado la hora de que los propios hombres -en este sentido habla Nietzsche de nosotros- comiencen a construir sus vidas sin necesidad de asumir designios sobrehumanos. Las consecuencias del oscurecimiento que supone la muerte de Dios no han hecho más que comenzar a sentirse, pero hay que esperar el futuro más humano sin miedo. El miedo forma parte del sentimiento de culpa que la moral tradicional ha colocado en el interior del hombre para que sienta la necesidad de liberarse. El hombre -dice Nietzsche- ya es libre, siempre ha sido libre y siempre lo será porque no hay ninguna ley exterior a él que le impida serlo.

Esta amplia plenitud con sus consecuencias de ruptura, destrucción, hundimiento, derrumbamiento que ahora tenemos ante nosotros, ¿quién sería capaz de adivinar ya hoy bastante de todo ello, para tener que hacerse el maestro y pregonero de esta ingente lógica de horror, el profeta de un oscurecimiento y eclipse de sol, cuales no hubo probablemente nunca sobre la tierra? … Nosotros mismos, adivinadores de enigmas por nacimiento, quienes esperamos por así decirlo sobre las montañas, situados entre hoy y mañana y tendidos en la contradicción entre hoy y mañana. Nosotros, primicias y primogénitos del siglo futuro, a quienes debieron haber llegado ahora ya a la cara propiamente las sombras que han de envolver enseguida a Europa, ¿en qué consiste, pues que nosotros mismos, sin una justa participación en este oscurecimiento, esperemos con ansia su llegada, sobre todo sin preocupación y sin temor por nosotros?

El gay saber

  • Para el que se siente verdadero hombre y no tiene que recurrir a elementos extramundanos que le impidan desarrollar su propia vida, las consecuencias de la muerte de Dios no son ni mucho menos perniciosas, sino todo lo contrario. La nueva situación aparece como una nueva luz, una aurora. Los espíritus libres se sienten llenos de esperanza.

Puede que estemos aún demasiado bajo las consecuencias inmediatas de este acontecimiento, y estas consecuencias inmediatas, sus consecuencias, no son para nosotros, al contrario de lo que se pudiera esperar, tristes y tenebrosas en absoluto, antes bien como una nueva especie de luz difícil de describir, como una felicidad, un alivio, un sustento, una aurora… Efectivamente nosotros filósofos y “espíritus libres” ante la noticia de que el “viejo Dios ha muerto” nos sentimos como iluminados por una nueva aurora; nuestro corazón se inunda entonces de gratitud, de admiración de presentimiento y de esperanza.

El gay saber

EL NIHILISMO DE NIETZSCHE

En esta palabra se advierte una dualidad de sentidos. En efecto, designa, por una parte, la situación contemporánea en la cual los valores “supremos”, es decir, absolutos, están aquejados de nulidad e inutilidad. Por otra parte, se aplica tanto al desarrollo como a la “lógica” interna de toda la historia llamada “europea” desde Platón. En este segundo sentido, el nihilismo tiene más continuidad histórica que la “decadencia”, que marca momentos de “relajamiento” de la voluntad de poder (la civilización alejandrina contra la antigua Grecia; el cristianismo contra la Roma imperial; la Reforma contra la el Renacimiento).

El nihilismo está, por así decirlo, siempre presente, siempre en marcha, durante y después del momento de su explosión violenta. Coincidiendo con la humanidad misma del hombre, se la puede llamar con justicia “el estado normal de la humanidad”. (Un tipo de hombre que no conociera el nihilismo, ¿sería, no obstante, un hombre?) Pero constituye también, y sobre todo, en cuanto a enfermedad específica del hombre contemporáneo, un “estado patológico transitorio”.

El nihilismo, en efecto, asalta al hombre y a la cultura mucho más como experiencia y sentimiento de un estado crítico vuelto brutalmente actual que como pensamiento crítico que el hombre y la cultura vuelven contra las creencias, los valores o los ideales. Porque, antes de abrumar pesadamente, el nihilismo se aproxima, dice Nietzsche, “como el más inquietante de todos los huéspedes”, se instala insidiosamente como el sentimiento en un primer momento entristecedor y después atemorizador. Todos los antiguos sentidos (morales, religiosos, metafísicos), se ocultan, se alejan, se niegan: “faltan las metas”.

Una expresión pronunciada por Zaratustra y reproducida en La gaya ciencia, la expresión “Dios ha muerto”, resume este derrumbamiento de todos los valores. Porque la pérdida de la fe religiosa no es más que uno de los signos de la ruina de todo lo ideal. No solamente de todo lo ideal, sino también de toda inteligibilidad, de toda idea. Con Dios desaparece la garantía también de todas las identidades estables, incluida la del yo. Todo vuelve al caos. Por eso Nietzsche compara este acontecimiento con una catástrofe natural, con un diluvio, con un seísmo, pero la mayoría de las veces con un eclipse de Sol. El Sol inteligible se oscurece; la Tierra ha roto su relación con él. Convertido en astro errante, sufre de este eclipse y de su propio oscurecimiento. Este es el “nihilismo total”, que no es la primera ni la última forma de nihilismo.

El hombre, después de haber matado a Dios, es decir, reconocido la vaciedad del “mundo verdadero”, ocupa su lugar, se encuentra obsesionado por su gesto iconoclasta: no podrá adorarse a sí mismo, acabará por volver contra sí su impiedad y destruir este nuevo ídolo.

La única manera de que nihilismo llegue a ser una forma de pensar divina, será anulando todas las diferencias metafísicas y haciendo una supresión radical del “mundo verdadero”, es decir, negando al Dios único (representante cristiano de este mundo).